Miércoles 7 Junio Hacía que a todos, pequeños y grandes, ricos y pobres, libres y esclavos, se les pusiese una marca en la mano derecha, o en la frente; y que ninguno pudiese comprar ni vender, sino el que tuviese la marca o el nombre de la bestia, o el número de su nombre. Apocalipsis 13:16-17 ¡Alerta! Los actos terroristas se multiplican en nuestro planeta. Para limitarlos se hacen análisis rigurosos de numerosas informaciones: las imágenes registradas por cámaras, la geolocalización de los teléfonos móviles, el descifrado de mensajes codificados en Internet… A esto se añaden los nuevos pasaportes biométricos equipados con un chip que contiene numerosas informaciones sobre nuestra identidad.
Un periodista escribió: «Mientras tengamos unas garantías democráticas mínimas, este registro puede parecer un mal necesario. Pero, ¿qué pasaría si un régimen autoritario o incluso dictatorial llegara al poder?».
En este contexto el versículo de hoy, que se refiere a acontecimientos futuros, puede interpelarnos. De hecho, una dictadura que utilizara estos datos tecnológicos para asegurar su poder parece posible hoy en día. Pero los que creemos en Jesucristo sabemos que nuestro Salvador nos protegerá de tales acontecimientos. Prestemos atención a sus palabras:
“El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán… Velad, pues, en todo tiempo orando que seáis tenidos por dignos de escapar de todas estas cosas que vendrán” (Lucas 21:33-36).
Pablo escribió esta promesa a los creyentes de Tesalónica que se habían convertido “de los ídolos a Dios, para servir al Dios vivo y verdadero, y esperar de los cielos a su Hijo, al cual resucitó de los muertos, a Jesús, quien nos libra de la ira venidera” (1 Tesalonicenses 1:9-10).
¿Cómo identificar la doctrina de los falsos maestros?
Sugel Michelén
Sería imposible en un sólo artículo hablar detalladamente de las diversas doctrinas erróneas enseñadas por los falsos profetas. No obstante, en el pasaje de Mateo 7:15-23 nuestro Señor Jesucristo nos da una clave que nos ayudará a englobar sus enseñanzas.
¿Cuál es el contexto en que aparece esta advertencia sobre los falsos profetas? La invitación a entrar por la puerta estrecha, y la advertencia de que también existe una puerta ancha, que no es otra cosa que la oferta del enemigo de nuestras almas, quien nos asegura que podemos alcanzar el reino de los cielos sin tener que sufrir todos los inconvenientes que trae consigo el camino de Cristo (comp. Mt. 7:13-14).
El Señor está persuadiendo aquí a Su auditorio a entrar por la puerta estrecha, porque a pesar de ser estrecha, es la única vía de acceso al reino de los cielos. Y es en ese contexto que dice en el vers. 15: “Guardaos de los falsos profetas”. De donde deducimos que la característica general de los falsos profetas es que prometen salvación, pero rebajando al mismo tiempo las demandas del evangelio.
Ofrecen salvación sin tener que entrar por la puerta estrecha ni caminar por el camino angosto. Aquietan la intranquilidad de sus corazones con algo menos que una verdadera obra de gracia en el corazón; de manera que al final los pecadores se sienten tranquilos y en paz, a pesar de no ver en sus vidas las señales que acompañan el verdadero arrepentimiento y la verdadera fe.
¿Cuáles son los pasos que debe dar el pecador para entrar por la puerta estrecha? Arrepentirse de sus pecados, y creer en Cristo; tomar la decisión de divorciarse de su vida de pecado, y abrazar a Cristo tal como es ofrecido en el evangelio: Como el Sacerdote que te redime, como el Profeta que te revela la voluntad de Dios, y como el Rey que gobierna sobre tus pasiones y deseos.
Ese es el mensaje claro que encontramos en todo el NT (comp. Mr. 1:14-15; Hch. 20:18-21). Cualquier persona que enseñe un camino diferente para llegar al cielo que no sea a través de esa puerta estrecha del arrepentimiento y la fe, es un falso profeta aunque cite media Biblia en cada sermón.
La salvación que Cristo ofrece al pecador por medio de la fe no es simplemente un pasaje gratis al cielo, sino reconciliación con Dios y la liberación del dominio del pecado sobre nuestras vidas. Incluye el destronamiento del pecado y la entronización de la gracia, como dice Pablo en Rom. 6:14: “Porque el pecado no se enseñoreará de vosotros; pues no estáis bajo la ley, sino bajo la gracia”. Si estáis bajo la gracia el pecado no puede seguir reinando. Luchamos diariamente contra él, sigue siendo nuestro enemigo, pero ya no es nuestro rey. Y en ese mismo capítulo de Romanos, en el vers. 20, dice Pablo: “Mas ahora que habéis sido libertados del pecado y hechos siervos de Dios, tenéis por vuestro fruto la santificación, y como fin la vida eterna”. ¿Quiénes son los que tienen como fin la vida eterna? Aquellos que tienen ahora por fruto la santificación porque han sido libertados del pecado.
El falso profeta excluye de su mensaje este aspecto esencial del evangelio. Entretienen a los hombres con diversos temas, algunos muy útiles por cierto, pero no les hablan del arrepentimiento, no los enfrentan con sus pecados, no les hablan de esa fe en Cristo que nos lleva a abrazarlo tal como Él es ofrecido en el evangelio; no sólo como nuestro Sacerdote, sino también como nuestro Profeta y como nuestro Rey.
En otras palabras, introducen su veneno a través de lo que dicen, pero también a través de lo que callan (comp. Ap. 22:18-19). Ellos no echan a un lado la Biblia completamente, pero le añaden y le quitan. Mantienen ciertas cosas esenciales de la Biblia, hablan de Cristo, de Su muerte en la cruz, de confiar en Él; pero todo esto viene a ser en su predicación un conjunto de frases sin sentido. “Debemos confiar en Jesús”, “debemos dejar que Jesús guíe nuestros pasos”, “debemos tener un encuentro personal con Jesús”.
Todo eso suena muy bien, pero ¿cuáles son las implicaciones prácticas de esas cosas? ¿Qué significa la guía de Jesús sobre nuestras vidas? ¿Cómo me afectará esto en mis negocios, en mi relación con el mundo que me rodea, en el uso de mis bienes? ¿Qué significa realmente confiar en Jesús? ¿Cuáles consecuencias vendrán a mi vida por confiar en Él? Esa es la parte que el falso profeta prefiere callar. Es por eso que el ministerio de los falsos profetas generalmente resulta muy consolador al principio.
Con esto no estoy diciendo que los verdaderos predicadores no deban consolar con la Palabra de Dios. Gracias a Dios que en la Biblia encontramos textos tan consoladores como Rom. 8:28 o el Salmo 23. Pero noten que la Biblia consuela al que debe consolar. Pablo señala en Rom. 8:28, por citar un texto, quiénes son los que tienen derecho a ampararse en esas palabras tan consoladoras: “Los que aman a Dios”. Y ¿quiénes son los que aman a Dios? El Señor responde a esto en Jn. 14:21-23: “El que tiene mis mandamientos, y los guarda, ése es el que me ama; y el que me ama, será amado por mi Padre, y yo le amaré, y me manifestaré a él. Le dijo Judas (no el Iscariote): Señor, ¿cómo es que te manifestarás a nosotros, y no al mundo? Respondió Jesús y le dijo: El que me ama, mi palabra guardará; y mi Padre le amará, y vendremos a él, y haremos morada con él. El que no me ama, no guarda mis palabras; y la palabra que habéis oído no es mía, sino del Padre que me envió”. El falso profeta se limita a citar la consolación, pero no lleva a su auditorio a examinar con objetividad sin tienen derecho a apropiarse de tales promesas.
En Jer. 6:14 el Señor nos advierte que los falsos profetas “curan la herida de mi pueblo con liviandad, diciendo: Paz, paz; y no hay paz”. Eso es lo que el pueblo quería oír, y por lo tanto es lo que los profetas falsos les decían (comp. Is. 30:9-10). Ahora, imaginen el contraste entre el mensaje de estos hombres, siempre tan consolador, tan tranquilizante, con el mensaje de Isaías (comp. Is. 1:10-18). Mientras los falsos profetas decían al pueblo que todo estaba bien y que no tenían nada de qué preocuparse, Isaías les decía que ellos no tenían garantía alguna de tener sobre ellos la bendición de Dios, mientras establece la base apropiada para recibir la bendición divina (comp. Is. 1:18-19).
Y ¡cuántos van hoy camino al infierno, tranquilos y confiados, sin haber entrado nunca por la puerta estrecha del verdadero arrepentimiento y la verdadera fe, y sin estar transitando por el camino angosto de una vida santa! Prestaron oídos a estos falsos profetas que hablan de paz cuando no hay paz, y ahora caminan tranquilos hacia las llamas del infierno (comp. Ez. 13:21-23). No son pocos, sino muchos, los que el día del juicio escucharán aquellas solemnes palabras del Señor: “Nunca os conocí; apartaos de mí, hacedores del maldad” (Mt. 7:23).
La Biblia advierte que muchos se enfrentarán con la muerte sumidos en una falsa paz; si no deseas pertenecer a ese grupo asegúrate de haber entrado por la puerta estrecha, y de que estás transitando en estos momentos por el camino angosto.
Sugel Michelén
Es miembro del concilio de Coalición por el Evangelio. Ha sido por más 35 años uno de los pastores de Iglesia Bíblica del Señor Jesucristo, en República Dominicana, donde tiene la responsabilidad de predicar regularmente la Palabra de Dios. Es autor de varios libros, incluyendo De parte de Dios y delante de Dios y El cuerpo de Cristo. El pastor Michelén y su esposa Gloria tienen 3 hijos y 5 nietos. Puedes seguirlo en Twitter.
Martes 6 Junio Yo te he conocido por tu nombre. Éxodo 33:12 Cree en el Señor Jesucristo, y serás salvo. Hechos 16:31 Un editorialista amante de las frases provocadoras escribió: «El Evangelio no se lee en la tercera persona del plural, sino en la segunda del singular». ¿Qué quiso decir con esto?
El Evangelio no es un relato histórico ni una doctrina religiosa, sino una noticia prodigiosa que Dios anuncia a todos. Habla al hombre a nivel personal. Se dirige a él de forma directa. ¿Qué atención presto a este mensaje divino? Cuando Dios me habla de su amor, ¿me siento incluido? ¿Puedo afirmar, como el apóstol Pablo, que el “Hijo de Dios” (una persona tan grande) “me amó y se entregó a sí mismo por mí” (una persona tan insignificante)? (Gálatas 2:20). Por mí, como si yo estuviera solo entre millones de mis contemporáneos. Por mí, cuya historia conoce, una historia que está lejos de ser siempre brillante. Por mí, que he cerrado mis oídos a su voz durante tanto tiempo…
Sí, abramos nuestros oídos, y sobre todo nuestro corazón. Sintámonos interpelados. Leamos los versículos más asombrosos de la Escritura, por ejemplo, Juan 3:16, e introduzcamos nuestro nombre: “De tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que ( … …) en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna”. Dejemos que la Palabra de Dios actúe, experimentando que ella es viva y penetrante como una espada. ¡Dejémonos atravesar por ella! “Porque la palabra de Dios es viva y eficaz, y más cortante que toda espada de dos filos; y penetra hasta partir el alma y el espíritu, las coyunturas y los tuétanos, y discierne los pensamientos y las intenciones del corazón. Y no hay cosa creada que no sea manifiesta en su presencia” (Hebreos 4:12-13).
Nota del editor: Esta publicación es la primera parte de la serie Las Buenas Nuevas, publicada por la Tabletalk Magazine.
En cierto sentido, toda la Biblia es el evangelio. Al leerla desde Génesis hasta Apocalipsis, vemos la vasta extensión del maravilloso mensaje de Dios para la humanidad.
Pero muchos leen toda la Biblia y su comprensión del evangelio difiere ampliamente, no están claros, o simplemente están equivocados. Algunos hablan del evangelio en términos del favor de Dios derramando prosperidad financiera. Otros describen una utopía política en el nombre de Cristo. Y otros hacen hincapié en seguir a Cristo, proclamar Su reino o buscar la santidad. Algunos de estos temas son bíblicos, pero ninguno de ellos es el evangelio.
Afortunadamente, encontramos pasajes bíblicos que nos dicen, explícita y claramente, qué es el evangelio. Por ejemplo, el apóstol Pablo explica lo que es “de primera importancia” dentro del mensaje bíblico:
Ahora os hago saber, hermanos, el evangelio que os prediqué, el cual también recibisteis, en el cual también estáis firmes, por el cual también sois salvos, si retenéis la palabra que os prediqué, a no ser que hayáis creído en vano. Porque yo os entregué en primer lugar lo mismo que recibí: que Cristo murió por nuestros pecados, conforme a las Escrituras; que fue sepultado y que resucitó al tercer día, conforme a las Escrituras (1 Cor 15:1-4). Pablo les recuerda a los creyentes de Corinto el mensaje del evangelio y su relevancia integral para ellos. Ellos lo recibieron; ellos están cimentados en él; ellos están siendo salvados por él. Estos beneficios, sagrados y poderosos, fluyen en su vida diaria mientras se aferran a la Palabra del evangelio que Pablo les dio. Los corintios no merecen tal bendición, pero el evangelio anuncia la gracia de Dios en Cristo para los que no la merecen. El único fracaso catastrófico de los corintios sería la incredulidad. Con tantas cosas buenas que decir sobre el evangelio, no es de extrañar que Pablo lo califique como “de primera importancia” en sus prioridades.
¿Qué es, entonces, el evangelio? Primeramente, el evangelio es la buena noticia de Dios: que “Cristo murió por nuestros pecados”. La Biblia dice que Dios creó a Adán sin pecado, apto para gobernar sobre una creación buena (Gen 1). Entonces, Adán se separó de Dios y arrastró a toda la humanidad con él a la culpa, la miseria y la ruina eterna (capítulo 3). Pero Dios, en Su gran amor por nosotros, unos rebeldes ahora totalmente indignos de Él, envió un mejor Adán, que vivió la vida perfecta que nunca hemos vivido y murió la muerte criminal que no queremos morir. “Cristo murió por nuestros pecados” en el sentido de que, en la cruz, Él expió los crímenes que hemos cometido contra Dios, nuestro Rey. Jesucristo, muriendo como nuestro sustituto, absorbió en Sí mismo toda la ira de Dios contra la verdadera culpa moral de Su pueblo. No dejó deuda sin pagar. Él mismo dijo: “Consumado es” (Jn 19:30). Y siempre diremos: “¡El Cordero que fue inmolado es digno!” (Ap 5:12).
Segundo, el evangelio dice: “Él fue sepultado”. Esto hace énfasis en que los sufrimientos y la muerte de Jesús fueron completamente reales, extremos y definitivos. La Biblia dice: “Y fueron y aseguraron el sepulcro; y además de poner la guardia, sellaron la piedra” (Mt 27:66). Después de matarlo, Sus enemigos se aseguraron de que todos supieran que Jesús estaba más muerto que una piedra. No solo la muerte de nuestro Señor fue tan definitiva como la muerte puede ser, sino que también fue humillante: “Se dispuso con los impíos Su sepultura” (Is 53:9). En Su asombroso amor, Jesús se identificó por completo con pecadores enfermos como nosotros, sin omitir nada.
Tercero, el evangelio dice: “Él fue resucitado al tercer día”. Hace años, escuché a S. Lewis Johnson decirlo de esta manera: “La resurrección es el ‘¡Amén!’ de Dios al ‘¡Consumado es!’ de Cristo. Jesús fue “resucitado para nuestra justificación” (Rom 4:25). Su obra en la cruz logró expiar nuestros pecados, de manera obvia. Además, por Su resurrección, Cristo “fue declarado Hijo de Dios con poder”, es decir, nuestro Mesías triunfante que reinará para siempre (Rom. 1: 4). Solo el Cristo resucitado puede decirnos: “No temas, Yo soy el primero y el último, y el que vive, y estuve muerto; y he aquí, estoy vivo por los siglos de los siglos, y tengo las llaves de la muerte y del Hades” (Ap 1:17-18). Aquel que vive conquistó la muerte y ahora está preparando un lugar para nosotros: un cielo nuevo y una tierra nueva, donde todo Su pueblo vivirá gozosamente con Él para siempre.
Este es el evangelio de la inmensa gracia de Dios hacia pecadores como nosotros. Cualquier otra cosa que se pudiese decir, solamente nos diría más sobre la poderosa obra de Jesucristo. Permanezcamos firmes en la Palabra que se nos predicó. Si creemos en este evangelio, no creeremos en vano.
Publicado originalmente en la Tabletalk Magazine. Ray Ortlund El Dr. Ortlund es pastor principal de Immanuel Church en Nashville, Tenn., presidente de Renewal Ministries, y autor de varios libros, incluyendo When God Comes to Church.
Lunes 5 Junio El Hijo del Hombre (Jesús) vino a buscar y a salvar lo que se había perdido. Lucas 19:10 Bajo los escombros Durante un terremoto en Armenia (Asia), una escuela se derrumbó como un castillo de naipes. Parecía que no había sobrevivientes. Sin embargo, un hombre comenzó a buscar en las ruinas. Era el padre de un niño enterrado bajo los escombros. Con frecuencia había prometido a su hijo: «Siempre estaré a tu lado cuando me necesites, pase lo que pase».
No escuchó a otros padres que le decían que sus esfuerzos serían inútiles, sino que siguió buscando. ¡Era más fuerte que él, amaba tanto a su hijo que no podía abandonarlo! Después de más de 36 horas de búsqueda, cuando acababa de remover con gran dificultad un enorme bloque de cemento, oyó varias voces. Entonces llamó a su hijo, y la respuesta llegó de inmediato: «¡Papá, soy yo! ¡Ayúdanos!». Poco después logró rescatar a su hijo y a otros trece niños totalmente agotados, que estaban en un hueco, milagrosamente protegidos bajo los escombros. ¡Qué alegría, estos niños se salvaron!
Esta historia nos hace pensar en el amor de Dios por nosotros los seres humanos. Dios está cerca de nosotros y quiere salvarnos. Por supuesto, no estamos enterrados bajo las ruinas, sino bajo el inmenso peso de nuestros pecados, los cuales nos separan de Dios y nos cierran el camino al cielo. Su Hijo Jesucristo vino a nosotros como nuestro Redentor. Murió por nosotros en la cruz; todo el que cree en él recibe el perdón de los pecados y la vida eterna.
“Pacientemente esperé al Señor, y se inclinó a mí, y oyó mi clamor. Y me hizo sacar del pozo de la desesperación, del lodo cenagoso; puso mis pies sobre peña, y enderezó mis pasos” (Salmo 40:1-2).
Cualidades Bíblicas de un Líder de la Iglesia Como pastor, oro regularmente para que Dios provea a nuestra iglesia local con buenos líderes. Oro especialmente para que Dios ponga, dentro de nuestra comunidad, hombres cuyos dones espirituales e interés pastoral indiquen que Dios los ha llamado a ser ancianos u obispos (las palabras se utilizan de manera intercambiable en la Biblia; vea, por ejemplo, Hechos 20). Si llega a hacerse claro que Dios ha dotado a cierto hombre en la iglesia, y si después de orar, la iglesia reconoce sus dones, entonces deberemos designarlo como anciano. Todas las iglesias han tenido individuos que llevan a cabo las funciones de anciano, aún si no usan esa palabra especificamente. Los nombres más comunes del Nuevo Testamento para este oficio fueron “episkopos” (supervisor) y “presbíteros” (anciano). Cuando los evangélicos de hoy escuchan la palabra “anciano” pueden inmediatamente pensar en “presbiteriano”; aún así cuando los congregacionalistas surgieron por primera vez en el siglo XVI, enfatizaron tambien el oficio de anciano. Los ancianos podían ser encontrados en las iglesias bautistas en América en los siglos XVIII y XIX. W. B. Johnson, el primer presidente de la Convención Bautista del Sur, escribió un libro sobre la vida de la iglesia en el cual él defiende fuertemente la idea de una pluralidad de ancianos en la iglesia local. De alguna forma esa práctica, nunca universal, dejó de usarse casi enteramente entre los bautistas. De ahí en fuera, a través de la falta de atención a las Escrituras o a la presión de la vida durante la colonizacion (cuando las iglesias estaban naciendo a una velocidad impresionante), la práctica de cultivar tal liderazgo congregacional se detuvo entre las iglesias bautistas. Pero las discusiones para revivir este oficio bíblico continuaron entre las publicaciones bautistas. Mas tarde, en los inicios del siglo XX, las publicaciones bautistas se referian a los líderes con el título de anciano; para cuando el siglo XX terminaba, la idea parecía desvanecerse; hoy en dia es inusual para una iglesia bautista tener ancianos. Hoy existe una tendencia para regresar a este oficio bíblico, y por una buena razón. Fue necesario en los tiempos del Nuevo Testamento y es necesario ahora. La Biblia claramente muestra una pluralidad de ancianos en cada iglesia local. Aunque nunca sugiere un número específico de ancianos para una congregación en partícular, el Nuevo Testamento se refiere a “ancianos” (en plural) dentro de las iglesias locales (i.e. Hechos 14:23; 16:40; 20:17; 21; 18; Tito 1:5; Santiago 5:14). Cuando lea a través de Hechos y de las epístolas; vera que siempre se habla de más de un anciano. Probablemente el asunto más importante en mi ministerio pastoral ha sido el reconocimiento de un grupo de hombres en nuestra iglesia como ancianos. Me ha ayudado inmensamente en mi trabajo pastoral, saber que a esos hombres los ha reconocido la congregación como dotados y piadosos. Nos reunimos, oramos, y hablamos sobre asuntos; y al hacerlo, aportan sus conocimientos y sabiduria. Así que mi propia experiencia testifica de la utilidad de la práctica NeoTestamentaria de tener, cuando sea posible, más ancianos en una iglesia local, que un solo pastor. Y tratar de que sean personas que estén arraigadas en la congregación, no simplemente personal exterior contratado por la iglesia. Esto no significa que yo no tenga algún papel distintivo como pastor, pero soy fundamentalmente un anciano, una de las personas que Dios ha dotado para dirigir a la iglesia unidos. ¿Cómo encontramos tales líderes en nuestra iglesia? Oramos por sabiduría, estudiamos la Palabra de Dios, especialmente 1 Timoteo y Tito. Vemos quien satisface esos requisitos. No simplemente buscamos que tengan influencia en la comunidad local. En el Nuevo Testamento, encontramos indicaciones de que el predicador principal es diferente del resto de los ancianos. En el Nuevo Testamente existen varias referencias a la predicación y a los predicadores que no aplican a todos los ancianos en la congregación. Por ejemplo, en Corinto, Pablo se dedica exclusivamente a predicar en una manera que no lo podrían hacer los ancianos laicos en una iglesia. Probablemente la iglesia solo podía pagarle a un número limitado de ancianos de tiempo completo (Cf. Hechos 18:5; 1 Corintios 9:14; 1 Timoteo 4:13; 5:17). Los predicadores parecen dedicarse exclusivamente a predicar (Romanos 10:14, 15), en cambio los ancianos parecen ser parte de la comunidad local (Tito 1:5). Debemos recordar, sin embargo, que el predicador (o pastor) es también uno de los ancianos de su congregación. Esto significa que muchas decisiones que involucran a la iglesia, pero que no requieren la atención de todos los miembros, no recaeran únicamente sobre el pastor, sino sobre todos los ancianos. Mientras que esto algunas veces parece difícil, tiene inmensos beneficios como: complementar los dones del pastor, corregir algunas de sus deficiencias, validar su buen juicio, y crear un apoyo congregacional para las decisiones; dejando a los líderes menos expuestos a posibles críticas injustas. Esto también hace que el liderazgo esté más arraigado, sea más permanente y maduro. Esto tambien anima a la iglesia a tomar más responsabilidad por el crecimiento espiritual de sus miembros y ayuda a que la iglesia sea menos dependiente de sus empleados. Muchas iglesias modernas tienen la tendencia a confundir a los ancianos, ya sea con gente contratada por la iglesia o con diáconos. El diaconado también es un oficio en el Nuevo Testamento, establecido en Hechos 6. Mientras que una distinción absoluta entre los dos oficios es difícil, las resposabilidades de los diáconos son los detalles prácticos de la vida de la iglesia: administración, mantenimiento y cuidado de los miembros con necesidades. Actualmente, en muchas iglesias, los diáconos han tomado un rol espiritual, pero mucho ha sido dejado simplemente al pastor. Sería para beneficio de la iglesia distinguir el papel del diácono y el del anciano. ¿Qué se pensará de un líder de la iglesia? Os Guiness, en “Cenando con el Diablo”, lamenta que muchas iglesias hayan caído presas de las influencias seculares en la forma en que escogen a sus líderes. El escribe: “En contraste a la falacia conservadora ampliamente difundida de los ochentas, el reto más importante de la modernidad no es el secularismo, sino la secularización. El secularismo es una filosofía; la secularización es un proceso. Donde la filosofía es obviamente hostil y toca solo a algunos, el proceso es visible en gran parte y toca a muchos. Siendo abiertamente hostil, el secularismo raramente engaña a los cristianos. Siendo mucho más sutil, la secularización a menudo engaña a los cristianos antes de que se den cuenta, incluyendo a aquellos en el movimiento de crecimiento de la iglesia. ¿De qué otra forma puede explicar uno el comentario del hombre de negocios japonés a un visitante australiano? ‘Cuando me reúno con un líder budista, me encuentro con un hombre santo. Cuando me encuentro con un líder cristiano, me reúno con un gerente.’ ” En lugar de buscar líderes por sus cualidades administrativas, tenemos que buscar gente de carácter, reputación, con habilidad para manejar la Palabra de Dios, y que puedan mostrar el fruto del Espíritu en sus vidas. Esa es la clase de personas que deberíamos reconocer y en cuyas manos deberíamos poner la responsabilidad de liderear a una congregación. Parte de encontrar a un líder de iglesia es encontrar a alguien en quien podamos confiar y quien pueda confiar en nosotros como congregación; alguien que pueda tener suficiente fe en las decisiones y compromisos hechos por la congregación, y que sienta que puede trabajar con cada miembro. Pienso eso porque Pablo en 1 Timoteo 3 enfatiza como el anciano debe tratar con su familia, y eso revela mucho acerca de él y de como trabajaría como anciano. También es interesante notar cuantas veces estas cualidades tienen que ver con darse uno mismo al servicio de los demás. Los ancianos tienen que estar enfocados en los demás. Deben ser irreprochables, particularmente en su conducta publica. Ellos deben tener un matrimonio y vida familiar ejemplar; deben ser prudentes en todas las cosas, “respetables, hospitalarios, capaces de enseñar”, no violentos, pendencieros, o codiciosos; no convertidos recientemente y respetados por aquellos fuera de la iglesia. Los diáconos también deben estar irreprensibles, ejemplares en su vida familiar, templados en todo, no codiciosos, no mentirosos, sino gente que honestamente guardan las verdades de la fe. Tal debe ser el caso de aquellos quienes serán los pastores de la iglesia de Dios. Como buenos pastores, ellos no deben de trasquilar al rebaño por interés propio, sino deben atender y cuidar a cada una de las ovejas. Esto es algo de las cualidades bíblicas de los líderes de la iglesia.
Domingo 4 Junio No imites lo malo, sino lo bueno. El que hace lo bueno es de Dios; pero el que hace lo malo, no ha visto a Dios. 3 Juan 11 El baluarte de la conciencia En junio de 2017, al presidir las ceremonias del aniversario de la masacre de los aldeanos de Oradour-sur-Glane en 1944, el presidente francés declaró: «El único baluarte contra la locura asesina es nuestra conciencia».
Esta facultad nos permite discernir entre el bien y el mal. El hombre la adquirió cuando decidió desobedecer a Dios y escuchar a Satanás: “El día que comáis de él, serán abiertos vuestros ojos, y seréis como Dios, sabiendo el bien y el mal” (Génesis 3:5). Al dejarse seducir, el hombre se convirtió en una criatura responsable de sus actos, capaz de distinguir entre el bien y el mal. Sin embargo, ¡cuántos actos de maldad, robos y crímenes se cometen en el mundo! Aunque se supone que conocemos el bien, tenemos la tendencia a hacer el mal. Nuestra conciencia se siente incómoda con el mal, y en esto es un freno, pero ella no nos da la fuerza para evitar hacer lo malo.
Nuestra desobediencia a Dios corrompió nuestro ser interior. Debemos confesar esto ante él. Si creemos en Jesucristo, en su muerte en la cruz, y lo aceptamos como nuestro Salvador, recibimos una nueva vida capaz de discernir lo que es bueno, lo que agrada a Dios. “Pondré mis leyes en la mente de ellos, y sobre su corazón las escribiré” (Hebreos 8:10).
Por otra parte, el Espíritu de Dios da fuerza a esta nueva vida: “Que (el Padre) os dé, conforme a las riquezas de su gloria, el ser fortalecidos con poder en el hombre interior por su Espíritu” (Efesios 3:16). Entonces el creyente puede evitar el mal y hacer el bien con la ayuda divina.
“Aborreced lo malo, seguid lo bueno” (Romanos 12:9).
El propósito de nuestra salvación no es nuestra salvación en sí misma. El propósito de nuestra salvación es la gloria de Dios. “Por amor Mío, por amor Mío, lo haré” —dice Dios a través del profeta Isaías acerca de Su plan de salvación— “Mi gloria, pues, no la daré a otro” (Is 48:11). Y dice exactamente lo mismo a través del profeta Ezequiel. Hablando de la promesa del nuevo pacto, Dios declara: “No es por ustedes, casa de Israel, que voy a actuar, sino por Mi santo nombre, que han profanado entre las naciones adonde fueron” (Ez 36:22).
Esa es la razón por la que Dios ha obrado a través de Su Hijo. Efesios 2 nos muestra la obra divina de salvación corporativa e individual. Pero es en Efesios 1 donde se nos muestra el motivo: “para alabanza de Su gloria” (Ef 1:6, 12, 14). Y Efesios 3 nos enseña que no solo nuestra salvación individual da gloria a Dios, sino también nuestra salvación como pueblo. El propósito de Dios es que “la infinita sabiduría de Dios puede ser dada a conocer ahora por medio de la iglesia a los principados y potestades en los lugares celestiales” (Ef 3:10). Este es el “propósito eterno” de Dios (Ef 3:11).
Este nuevo hombre, la iglesia local, no se parece a nada que el mundo haya podido conocer. Su unidad no está basada en la etnicidad, ni en la cultura, ni en el estatus social, sino en una persona —Jesucristo—, Aquel que es la revelación de la sabiduría de Dios (1Co 1:22-30; Col 2:2-3). Y ahora, en Cristo, la iglesia se convierte en la revelación de la sabiduría de Dios para un mundo que nos observa.
Nosotros solos no podemos revelar la sabiduría del Dios que ha reconciliado a las personas consigo mismo, y a los unos con los otros. Necesitamos a la iglesia local, allí donde los que una vez fueron enemigos practican el amor y el perdón entre ellos, aun cuando pueden encontrar muchas razones para no hacerlo.
Así pues, cuando malentendemos el propósito de nuestra salvación, nos metemos en problemas. Si pensamos que Jesús nos salvó para hacernos felices, para que alcancemos nuestras metas, o para que seamos económicamente prósperos, tendremos la tentación de abandonar a Jesús si estas cosas no se materializan rápidamente en nuestras vidas. En vez de pensar que la salvación gira alrededor de la gloria de Dios, daremos por sentado que la vida cristiana gira alrededor nuestro, de nuestros dones, de nuestro llamado y de la manera en la que podemos realizar nuestros sueños. Y esto hace que la iglesia local se convierta en el escenario para mostrar nuestro potencial, en la plataforma para enseñar nuestros dones y en el auditorio para exhibir nuestra vanidad.
Este libro ha sido escrito para ayudar a las iglesias a entender correctamente la diferencia que la doctrina bíblica de la conversión hace en la enseñanza, el evangelismo, el discipulado, la membresía y cualquier otra faceta de la vida como iglesia local.
Pero todo cambia cuando entendemos que nuestra salvación gira en torno a la gloria de Dios. Entonces la vida cristiana deja de ser el lugar donde reivindico “mis derechos como creyente”, para convertirse en el lugar donde pongo mi vida al servicio de los demás. La iglesia deja de ser un escaparate donde exhibo mi llamado y mis dones, para convertirse en una comunidad donde reflejo la gracia de Dios. Lo más irónico de todo es que encontramos la “vida feliz y plena” cuando en vez de buscarla, buscamos a Dios y encontramos en Su gloria la plenitud para la cual fuimos creados.
No somos salvos siendo sinceros, ni teniendo sentimientos profundos, ni amando a Dios, ni haciendo buenas obras. Somos salvos por la obra de gracia de Dios en Cristo. Cuando la iglesia entiende esto y expresa dicha realidad, mostramos al mundo entero que la conversión cristiana no tiene nada que ver con cambiar de partido político o nuestra escala de valores. No es un simple cambio de opinión o mentalidad. La conversión cristiana significa ser rescatado. Ser rescatado de la muerte para pasar a la vida, de la ira para alcanzar perdón, de la esclavitud para obtener libertad. Y es un rescate obrado por Dios. Solo Él puede hacerlo.
El escritor de himnos Charles Wesley lo expresó de forma magnífica:
Mi alma, atada en la prisión, anhela redención y paz. De pronto vierte sobre mí la luz radiante de Su faz. Cayeron mis cadenas, ¡vi mi libertad y le seguí!.
La conversión es principalmente una acción de Dios y, en segundo lugar y con mucha diferencia, es una acción nuestra. Debemos ser salvos, y a través de Cristo lo somos. Pero la conversión también implica nuestra acción. Nos levantamos, caminamos y perseveramos. En el siguiente capítulo nos vamos a centrar en nuestra responsabilidad.
Este artículo sobre ¿Por qué y para qué nos quiere salvar Dios? fue adaptado de una porción del libro La conversión, publicado por Poiema Publicaciones.
Sábado 3 Junio En otro tiempo erais tinieblas, mas ahora sois luz en el Señor; andad como hijos de luz (porque el fruto del Espíritu es en toda bondad, justicia y verdad). Efesios 5:8-9 El fruto del Espíritu (6) La benignidad El quinto sabor del fruto del Espíritu es la benignidad. Esta virtud es muy parecida al siguiente sabor del fruto: la bondad. Es un estado de ánimo que lleva a realizar actos de bondad.
Ser benigno con alguien es, según la etimología de la palabra, desearle lo mejor, sin ideas preconcebidas. La benignidad es lo contrario a los celos o el resentimiento. Un pensamiento benévolo no tiene prejuicios, ni superioridad; es liberador, no encierra al otro. La benignidad también se manifiesta en la forma de hablar: una palabra recta y sincera, una palabra que anuncia el bien. La benignidad es visible en actos generosos y se une a la bondad.
Puede existir lo que se ha llamado «trampas de la benignidad», cuando esta se convierte en complacencia con el mal, en cobardía o, aún peor, en manipulación. La auténtica benignidad cristiana tiene cuidado de dejar a la otra persona su libertad. La reconoce en su diferencia, la acoge como amada por Dios, dando así testimonio de un Dios que vino para salvarnos, pero que no se impone.
La benignidad se pone en práctica mostrando interés por nuestro prójimo. Recordemos siempre que ella no es el resultado de nuestros esfuerzos, sino el fruto del Espíritu de Dios en nuestros corazones.
“El ojo misericordioso será bendito, porque dio de su pan al indigente” (Proverbios 22:9).
“Yo libraba al pobre que clamaba, y al huérfano que carecía de ayudador… al corazón de la viuda yo daba alegría. Yo era ojos al ciego, y pies al cojo. A los menesterosos era padre” (Job 29:12-16).
(continuará el próximo sábado) 2 Reyes 4:25-44 – Romanos 10 – Salmo 67 – Proverbios 16:21-22
Los Verdaderos Pastores Conocen a sus Ovejas by Jeremiah Johnson
El otro día, mientras estaba sentado ante un semáforo en rojo, observé cómo un joven instalaba minuciosamente una pequeña cámara en un parque local. Ajustó el trípode varias veces, hasta conseguir el ángulo perfecto para grabar la acrobacia que estaba a punto de realizar. Esperó a que una pareja de ancianos saliera del encuadre antes de agacharse, colocando sus brazos entrelazados alrededor de su torso y lanzándose a dar una voltereta hacia atrás.
Sin embargo, algo salió mal. Él no completó el giro y se tambaleó toscamente al aterrizar. Cuando cambió el semáforo para seguir en marcha, él se preparó para otro intento.
Toda la escena fue muy breve, pero fue un recordatorio divertido de un punto que no tenemos en cuenta lo suficiente: Las redes sociales no son la vida real.
Tú No Eres Tu Avatar
Ojalá esto sea un alivio para usted. Nadie, por mucho que profese valorar las virtudes modernas de la autenticidad y la transparencia, va a mostrarle hasta el último detalle de sus vidas. Por muy perfectamente ordenados que estén los muebles y la decoración, siempre hay un montón de ropa sucia en algún lugar fuera de la vista. Como el acróbata aficionado que observé ese día, siempre hay tomas fallidas y secuencias que terminan en un archivo que nunca se publica.
Las vidas perfectas que usted ve en Internet no son reales. Están cuidadosamente seleccionadas y editadas para presentar la versión de la realidad que esas personas quieren que usted vea, y a menudo envidia.
Esa pareja que viaja a lugares lejanos y exóticos –ellos no muestran la falta de sueño que padecen ni lo demacrados que están cuando llegan a casa. Las personas que hornean postres elaborados y exquisitos no le enseñan todos los pasteles que no suben y todas las galletas que se queman. Los culturistas y los modelos fitness no publican sus selfies durante un ataque particularmente desagradable de gripe estomacal.
Usted hace lo mismo. Usted no publica todas las fotos de su pareja en la playa—sólo las mejores. Lo mismo ocurre con las fotos familiares, las historias que comparte sobre sus hijos y mascotas, y los comentarios públicos que hace sobre deportes, política y actualidad. Todo ha sido editado y seleccionado para maximizar la respuesta que recibirá de sus amigos y seguidores en Internet.
Incluso, si usted fuera más honesto públicamente sobre sus fracasos y errores que esas personas influyentes en línea, no hay manera de que un perfil de Facebook o una cuenta de Instagram pueda resumir la totalidad de lo que usted es y lo que usted cree. Sin duda, usted tiene pensamientos y opiniones que nunca compartiría con otras personas, porque algunas cosas simplemente no son aptas para ser publicadas, ni siquiera en Twitter.
Usted No Puede Pastorear las Ovejas que No Conoce
Todo esto se aplica a los promotores de la meta-iglesia, quienes con engaños prometen que pueden alimentar, guiar y discipular a un rebaño digital.
La tarea que Dios ha encomendado a sus pastores está claramente definida en las páginas de las Escrituras. Pablo encargó a los ancianos de Éfeso con estas palabras:
“Por tanto, mirad por vosotros, y por todo el rebaño en que el Espíritu Santo os ha puesto por obispos, para apacentar la iglesia del Señor, la cual él ganó por su propia sangre. Porque yo sé que después de mi partida entrarán en medio de vosotros lobos rapaces, que no perdonarán al rebaño. Y de vosotros mismos se levantarán hombres que hablen cosas perversas para arrastrar tras sí a los discípulos” (Hechos 20:28-30).
Pero el trabajo de pastor es imposible para quien ni siquiera conoce a las ovejas. No es un trabajo que pueda hacerse a distancia, a intervalos intermitentes. La idea de un pastor que intenta proteger a sus ovejas de los lobos hambrientos a través de una llamada de FaceTime o una reunión por ZOOM es motivo de risa.
Pero como explica John MacArthur en un artículo titulado “More Than Just a Preacher“ (Más Que Un Simple Predicador), la vocación del pastor es mucho más que proteger a sus ovejas de amenazas externas.
Las ovejas carecen de instinto de supervivencia. Son tan humildes y mansas que, si se las maltrata, fácilmente se les aplasta el espíritu, y pueden simplemente rendirse y morir. El pastor debe conocer el temperamento individual de sus ovejas y tener cuidado de no infligirles un estrés excesivo. En consecuencia, un pastor fiel ajusta su consejo a la necesidad de la persona a la que ministra. Debe: “Amonestar a los ociosos, alentar a los de poco ánimo, sostener a los débiles, y ser paciente para con todos” (1 Tesalonicenses 5:14).
Una vez más, eso simplemente no puede suceder si todo lo que el pastor sabe acerca de un miembro de su congregación es lo que publican en las redes sociales. Y en muchos de estos llamados rebaños digitales, es probable que ni siquiera lo sepan. Los miembros de la meta-iglesia a menudo no son más que un nombre de usuario y un avatar. Eso podría significar una simulación de dibujos animados de la persona real, pero ¿cómo podría alguien más en la meta-iglesia saber si incluso esos vagos detalles corresponden con la realidad?
Francamente, el metaverso no trata de simular la realidad—sino de evitarla. Demasiado de lo que ocurre en las redes sociales y en las interacciones basadas en la web tiene que ver con el escapismo. Para algunos, se trata de construir una fachada para parecer más simpáticos, atractivos e interesantes de lo que son en la vida real. Para otros, se trata de dar rienda suelta a los aspectos de su personalidad que no encajan en el mundo real, diciendo y haciendo cosas que nunca harían en persona o delante de amigos y familiares. El relativo anonimato y oscuridad de la web no es una ayuda para cuidar y discipular al pueblo de Dios. Al contrario, es una barrera casi impenetrable para las funciones bíblicas de la iglesia y el trabajo de un pastor piadoso.
Además, también impide que las ovejas lleguen a conocerlo de verdad. Como explica John, las ovejas no pueden seguir a un líder que no pueden observar.
Pedro desafió a sus compañeros ancianos a “apacentar el rebaño de Dios entre vosotros” ejerciendo “cuidado sobre esta” (1 Pedro 5:2). Dios les confió la autoridad y la responsabilidad de guiar al rebaño. Los pastores son responsables de cómo lideran, y el rebaño de cómo sigue (Hebreos 13:17).
Además de enseñar, el pastor ejerce el cuidado del rebaño por medio del ejemplo de su vida. Ser pastor implica estar entre las ovejas. No se trata tanto de un liderazgo desde arriba como de un liderazgo desde adentro. Un pastor eficaz no pastorea a sus ovejas desde la retaguardia, sino que las guía desde el frente. Ellas le ven e imitan sus acciones.
El valor más importante del liderazgo espiritual es el poder que tiene una vida ejemplar. Primera de Timoteo 4:16 instruye a un líder de la iglesia a: “Tener cuidado de sí mismo y de la doctrina; persiste en ello, pues haciendo esto, te salvarás a ti mismo y a los que te oyeren”.
Las ovejas no ganan nada con un pastor al que sólo ven de vez en cuando, e incluso entonces, sólo desde una gran distancia y a través de varias barreras. Bíblicamente hablando, eso no es un pastor. Nadie dotado y llamado al cuidado del rebaño de Dios sería tan displicente y descuidado en el desempeño de tan elevadas obligaciones.