La vida espiritual y el deporte

Lunes 17 Abril
El ejercicio corporal para poco es provechoso, pero la piedad para todo aprovecha, pues tiene promesa de esta vida presente, y de la venidera.
1 Timoteo 4:8
Amado, yo deseo que tú seas prosperado en todas las cosas, y que tengas salud, así como prospera tu alma.
3 Juan 2

La vida espiritual y el deporte
Marcos y Julián son dos jóvenes cristianos con caracteres muy diferentes. Uno es deportista y pasa las tardes entrenando; el otro prefiere quedarse tranquilo en casa, sin hacer ninguna actividad física. Cada uno analiza de forma muy diferente el versículo arriba citado:

– Marcos se centra en la palabra “provechoso” y no le da importancia a la expresión “para poco”.

– Julián insiste en la expresión “para poco”, a fin de excusar su pereza.

¡Cada uno insiste en la parte del versículo que más le conviene!

Marcos debería reflexionar en la continuación del versículo: “La piedad para todo aprovecha”. La piedad es un ferviente apego a Dios. Cuando uno hace deporte todas las tardes, le queda poco tiempo y energía para leer la Biblia y orar… Dar al deporte el primer lugar para el bien de nuestro cuerpo, puede ser perjudicial para nuestra vida espiritual y nuestra relación con Dios.

Julián haría bien en tener en cuenta que el ejercicio físico es útil, incluso si “para poco es provechoso”, pues él es responsable de cuidar su cuerpo.

Cristianos, es fácil retener de la Palabra lo que nos conviene. Sometamos nuestros pensamientos a ella, ¡en vez de someter la Palabra a nuestros pensamientos! Leámosla cuidadosa y completamente. Dejemos que ella regule nuestras vidas y nuestro tiempo. ¡Esta es la manera de tener una buena salud en todos los ámbitos!

Ezequiel 40:1-23 – 1 Pedro 2:11-25 – Salmo 45:1-5 – Proverbios 13:22-23

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La ceguera ESPIRITUAL de una generación PRIVILEGIADA | Sixto Dormi

Sixto Dormi obtuvo una maestría en Divinidad en The Master´s Seminary en el 2015 y desde entonces se desempeña como pastor de la iglesia Comunidad de Berea en la ciudad de Guayaquil. En el 2016 inició La Academia de Predicación Expositiva (LAPEX) en donde se prepara predicadores para interpretar y exponer correctamente las Escrituras.

¿Hacemos o importamos teología? | Sixto Dormi

¿Hacemos o importamos teología?

Por Sixto Dormi

Carlos Spurgeon advertía a los oídos de los pastores que las invenciones humanas no pueden consolar el corazón. Y tenía razón. Lo que el hombre invente con su mente, aunque sea ilustre y llamativo, jamás podrá brindar verdadera y permanente paz. En realidad, lo contrario es cierto. Lo que el hombre no puede inventar es lo que otorga consolación, y Su nombre es Dios.

En el siglo XXI estamos observando cómo las corrientes dentro de la iglesia evangélica promueven y aplauden nuevas formas de culto. El movimiento carismático ha desatado una ola de influencia en Latinoamérica que según las estadísticas, la gran mayoría de evangélicos pertenecen a iglesias pentecostales. Pero el movimiento carismático no es la única corriente dañina en nuestra región. En un continente aparentemente ingobernable (Latinoamérica), algunos dicen, este pide a gritos una “nueva” teología. La invención de una teología que esté más cerca de los pueblos latinoamericanos es lo que se busca en algunas instituciones teológicas de nuestro continente.

Para ser más claro, se intenta re-definir el estudio de la teología como tradicionalmente lo hemos conocido. Ya no es recomendable abrir un libro de teología sistemática y estudiarlo, porque estos libros fueron escritos por hombres extranjeros y “anticuados.” Estudiar las obras de Martín Lutero, Juan Calvino, Jonathan Edwards y más, es cometer una falta contra nuestros pueblos del sur porque ellos no comprendieron nuestras realidades. Lo que realmente necesitamos, dicen ellos, es una teología del pueblo y para el pueblo. Según esta propuesta, los evangélicos del sur debemos evitar importar la teología del norte (Estados Unidos y Europa) y buscar una teología que se acople a los latinoamericanos.

Aunque esto suene patriota y algo llamativo, no es otra cosa que un eco de la teología de la liberación. Dicha teología, que comenzó desde del siglo XX en Latinoamérica, mira con sospechas el mundo occidental. Básicamente son ideas anti-colonialistas que saturan el estudio de la teología. Es la creencia de que todo lo proveniente del norte o el mundo occidental es malo, ya sea porque simplemente ignoran la realidad de nuestras costumbres o porque no las pueden entender. Es la teología de los “pobres” contra los opresores del primer mundo. Es por ello que la teología de la liberación es popular entre países del tercer mundo, los negros y el movimiento feminista.

Hay pastores que han recibido una fuerte influencia de esta nueva escuela teológica, también se sabe que algunos seminarios prominentes en latinoamérica que alguna vez defendieron la fe, ahora promueven esta misma visión. Teniendo esto en cuenta podemos formular la siguiente pregunta: ¿importamos teología o hacemos una propia? La respuesta es que sí debemos importar teología porque somos los herederos de una tradición teológica que se remonta hasta los apóstoles. Pero no debemos hacer una teología propia (latinoamericana) porque la teología no depende de la situación política o social de los pueblos. Más bien, hacemos teología interpretando fielmente lo que la Palabra de Dios enseña de forma literal.

Pero para responder con más detalle a la pregunta de si debemos importar teología, me limitaré a un solo elemento de esta: la tradición. Puesto que el tema central que aquí discutimos es el rechazo de la teología norteamericana, veremos que esto resulta en un serio problema porque rompe con una cadena de tradición teológica a la que hemos sido llamados a retener (2 Tes. 2:15). Esto no significa que debemos absorber aún la mala teología, necesitamos discernimiento y comparar todo con la Escritura, pero ir al extremo de rechazar escritos teológicos que son bíblicos es el principio del desastre.

Ahora, hay tradición mala y la Biblia la condena abiertamente. El Señor Jesús lo hizo (Mt. 15:2-9) y el apóstol Pablo también (Col. 2:8). Es la tradición de los hombres que invalidan los mandamientos de Dios y se originan en filosofías huecas. Pero hay la tradición buena. Por ejemplo, en 2 Tesalonicenses 3:6 dice:“Así que, hermanos, estad firmes, y retened la doctrina que habéis aprendido, sea por palabra, o por carta nuestra.” A la luz de la elección soberana de Dios sobre los tesalonicenses (2:13-14), Pablo los llama a “estar firmes” y a “retener” las enseñanzas que habían recibido de él y otros apóstoles de Jesús.

La palabra que usa Pablo para hacer referencia a la enseñanza que debían retener es parádosis. Esta palabra se la traduce como “doctrina;” sin embargo, podríamos traducirla también como “tradición. Literalmente significa “las cosas transmitidas.” Los primeros cristianos adoptaron esta palabra porque refleja fielmente la importancia de transmitir las verdades doctrinales a la siguiente generación. Pablo entendió cuán crítico sería para el cristianismo permanecer en las enseñanzas sobre las cuales se fundamenta nuestra fe.

De hecho, retener esta tradición es vital porque son las mismas enseñanzas que vienen de arriba. Los escritos canónicos de Pablo (así como el resto de la Escritura) para las iglesias no son el producto de su propia invención, ni recibieron la influencia de la situación política del momento o de un resentimiento social contra los poderosos, sino que él lo recibió directamente de Dios (1 Cor. 15:3). En Dios se originó el mensaje y nosotros debemos retenerlo, como el mismo apóstol encomendó a Timoteo (2 Tim. 2:2) para que este a su vez entregue a otros.

En vista del testimonio claro y contundente de Pablo en 2 Tesalonicenses 2:15, Dios nos manda a hacer justamente lo contrario a lo que oímos estos días; asirnos firmes y retener la tradición doctrinal y teológica. Debemos abrazar la buena teología que viene del norte por medio de siervos fieles, porque ellos la recibieron de hombres europeos usados por el Señor, y estos a su vez la recibieron de los primeros cristianos de Asia, quienes oyeron y aprendieron de los mismos apóstoles, quienes recibieron el mensaje directo de Dios. Nuestra herencia no son las invenciones de teólogos latinoamericanos, nuestra herencia es la herencia de los protestantes y la de los primeros cristianos. Lo que Latinoamérica realmente necesita es aferrarse a la cadena que viene de los apóstoles y pasarla a la siguiente generación.

Artículo tomado de: The Master´s Seminary

Sixto Dormi obtuvo una maestría en Divinidad en The Master´s Seminary en el 2015 y desde entonces se desempeña como pastor de la iglesia Comunidad de Berea en la ciudad de Guayaquil. En el 2016 inició La Academia de Predicación Expositiva (LAPEX) en donde se prepara predicadores para interpretar y exponer correctamente las Escrituras.

¡Contemos nuestros días!

Domingo 16 Abril
Enséñanos de tal modo a contar nuestros días, que traigamos al corazón sabiduría.
Salmo 90:12
Y su señor le dijo: Bien, buen siervo y fiel; sobre poco has sido fiel, sobre mucho te pondré; entra en el gozo de tu señor.
Mateo 25:21
¡Contemos nuestros días!
«Hoy es mi cumpleaños… Nuestros días se suman unos a otros, cada vez más rápido, y esta suma solo terminará cuando Jesucristo nos llame a su presencia. ¡Y en ese transcurso continuo, corremos el riesgo de olvidar el valor único del día de hoy!

Tenemos la impresión de que el tiempo se nos escapa, que siempre nos falta… Quizá porque desperdiciamos muchas horas en cosas que no son necesarias, en cosas que no valen la pena, y nosotros los cristianos no nos centramos en lo que debe ser nuestro mayor deseo, es decir, en vivir para al Señor.

A menudo estamos estancados en una rutina llena de cosas inútiles. Pidamos al Señor que nos muestre cuáles son las cosas que nos hacen perder nuestro tiempo, y que nos ayude a dejarlas a un lado. Leyendo los evangelios vemos cómo un encuentro con Jesús transforma la vida. Nuestra vida cambió cuando creímos en el Señor Jesús, pero cada día podemos experimentar este cambio.

Volvamos a leer la parábola de los talentos en Mateo 25:14-30. Dios confió talentos, dones y cualidades a cada uno de nosotros. Es un regalo lleno de promesas, pero también implica una responsabilidad: emplearlos para su servicio y su honor.

Señor, enséñame a contar mis días para que mi prioridad sea conocerte mejor y hablar de ti a mi alrededor, hasta el día en que me llames a tu presencia: en el gozo de mi Señor».

Malou
Ezequiel 39 – 1 Pedro 2:1-10 – Salmo 44:17-26 – Proverbios 13:20-21

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¿Qué es el relativismo cultural?

El Relativismo Cultural es la visión de que todas las creencias, costumbres y ética son relativas al individuo en su contexto social. En otras palabras, el «bien» y el «mal» son específicos de la cultura; lo que se considera moral en una sociedad puede considerarse inmoral en otra, y, puesto que no existe una norma universal de la moralidad, nadie tiene el derecho de juzgar las costumbres de otra sociedad.

El relativismo cultural es ampliamente aceptado en la antropología moderna. Los relativistas culturales creen que todas las culturas son dignas en su propio derecho y son de igual valor. La diversidad de culturas, incluso aquellas con creencias morales contradictorias, no debe ser considerada en términos de correcto o incorrecto o bueno y malo. El antropólogo de hoy considera que todas las culturas son expresiones igualmente legítimas de la existencia humana, para ser estudiadas desde una perspectiva puramente neutral.

El relativismo cultural se relaciona estrechamente con el relativismo ético, que considera la verdad como variable y no absoluta. Lo que constituye el bien y el mal está determinado únicamente por el individuo o la sociedad. Puesto que la verdad no es objetiva, no puede haber ningún estándar objetivo que se aplica a todas las culturas. No se puede decir si alguien tiene razón o no; es una cuestión de opinión personal, y ninguna sociedad puede emitir un juicio sobre otra sociedad.

El relativismo cultural no ve nada intrínsecamente malo (y nada intrínsecamente bueno) con cualquier expresión cultural. Así que las antiguas prácticas Mayas de automutilación y sacrificio humano son ni buenas ni malas; son simplemente distintivos culturales, similares a la costumbre estadounidense de tirar fuegos artificiales para el cuatro de julio. El sacrificio humano y los fuegos artificiales — ambos son simplemente diferentes productos de una socialización separada.

En enero de 2002, cuando el Presidente Bush se refirió a las naciones terroristas como un «eje del mal», los relativistas culturales fueron mortificados. Que cualquier sociedad llame a otra sociedad «mala» es un anatema para los relativistas. El movimiento actual de «entender» el islam radical — en lugar de combatirlo – es una señal de que el relativismo está ganando terreno. El relativista cultural cree que los occidentales no deben imponer sus ideas sobre el mundo islámico, incluyendo la idea de que los atentados suicidas contra civiles son malvados. La creencia islámica en la necesidad de la yihad es tan válida como cualquier creencia en la civilización occidental, afirman los relativistas, y los Estados Unidos es tan culpable por los ataques del 9/11 como los terroristas.

Los relativistas culturales generalmente se oponen a la obra misionera. Cuando el Evangelio penetra corazones y cambia vidas, sigue siempre un cambio cultural. Por ejemplo, cuando Don y Carol Richardson evangelizaron la tribu Sawi de los Países Bajos Nueva Guinea en 1962, los Sawis cambiaron: específicamente, dejaron sus costumbres antiguas del canibalismo y la inmolación a las viudas en las hogueras funerarias de sus maridos. Los relativistas culturales pueden acusar a los Richardson del imperialismo cultural, pero la mayoría del mundo estaría de acuerdo que terminar el canibalismo es algo bueno. (Para la historia completa de la conversión de los Sawis, así como una exposición de la reforma cultural en lo que se refiere a las misiones, véase el libro de Don Richardson Niño De Paz.)

Como cristianos, valoramos todas las personas, independientemente de la cultura, porque reconocemos que todas las personas son creadas a la imagen de Dios (Génesis 1:27). También reconocemos que la diversidad de la cultura es algo hermoso y que las diferencias en comida, ropa, idioma, etc., deben ser preservadas y apreciadas. Al mismo tiempo, sabemos que, por causa del pecado, no todas las creencias y prácticas dentro de una cultura son piadosas o culturalmente beneficiosas. La verdad no es subjetiva (Juan 17:17); la verdad es absoluta y existe una norma moral a la que todas las personas de todas las culturas deben rendir cuentas (Apocalipsis 20:11-12).

No es nuestro objetivo como misioneros occidentalizar el mundo. Por el contrario, es llevar la buena noticia de salvación en Cristo al mundo. El mensaje del Evangelio prenderá la reforma social en la medida en que cualquier sociedad va a cambiar cuyas prácticas son contra el estándar moral de Dios – la idolatría, la poligamia y la esclavitud, por ejemplo, llegarán a su fin al prevalecer la Palabra de Dios (ver Hechos 19). En cuestiones amorales, los misioneros tratan de preservar y honrar la cultura de las personas que ellos sirven.

Permisos de publicación autorizados por el Ministerio Got Questions para Alimentemos El Alma

Tomado de GotQuestions.org. Todos los Derechos Reservados

Disponible sobre el Internet en: https://www.gotquestions.org/Espanol/

¿Y si tuviera que morir ahora?

Sábado 15 Abril

Para mí el vivir es Cristo, y el morir es ganancia.

Filipenses 1:21

Buscad al Señor… al que… vuelve las tinieblas en mañana.

Amós 5:68

¿Y si tuviera que morir ahora?

Testimonio

Dios siempre me había parecido muy lejano. Pero cuando mi padre murió de un cáncer, y poco después uno de mis primos murió en un accidente de tránsito, no pude eludir el tema por más tiempo. ¿Qué es la muerte? El hecho de que nadie pueda escapar de ella me asustaba muchísimo, por ello me preguntaba: «¿Si muriese ahora, adónde iría?». Sabía lo que la Biblia enseña respecto al más allá. Si en este momento tuviese que morir, no sería salvo. Debía “hacer las paces” con Dios para estar seguro de tener la vida eterna.

El verano siguiente fui a un campamento de jóvenes cristianos esperando hallar esa paz que tanto buscaba. Allí, por fin, comprendí el mensaje de la Biblia: Cristo murió para reconciliarme con Dios el Padre y darme su paz. Él llevó mis pecados y sufrió en mi lugar el castigo que yo merecía. Mi pecado fue puesto sobre Cristo en la cruz, y él, quien era inocente, fue condenado por ello. Mediante la fe comprendí lo que Cristo había hecho por mí; experimenté el amor de Dios por mí y mi vida fue transformada totalmente. Antes, el miedo a la muerte me horrorizaba, pero ahora que Cristo está en mi vida simplemente puedo decir, como el apóstol Pablo: “Para mí… el morir es ganancia”, porque sé a dónde iré después de esta vida terrenal. ¡Estaré con mi Creador y Salvador, quien me amó y se entregó a sí mismo por mí!.

David

Jesús se hizo hombre “para destruir… al que tenía el imperio de la muerte… y librar a todos los que por el temor de la muerte estaban… sujetos a servidumbre” (Hebreos 2:14-15).

Ezequiel 38 – 1 Pedro 1:13-25 – Salmo 44:9-16 – Proverbios 13:18-19

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Esclavos de Cristo | Michael Riccardi 


Michael Riccardi

Cuando empecé a predicar el libro de Filipenses hace un par de años, me di cuenta que Pablo y Timoteo son identificados de inmediato como esclavos de Jesucristo (Filipenses 1:1). Aun cuando la mayoría de las versiones escriben «siervos», la palabra griega es doulos, la cual es mejor traducida como «esclavo.»

Pablo sabía que los Filipenses habían estado luchando con problemas de firmeza en medio de conflictos (Filipenses 1:27-30; 4: 1), la unidad entre creyentes (Filipenses 2:1-2; 4:2-3), la humildad (Filipenses 2:3-9) y la alegría en medio de persecución (Filipenses 2:17-18; 3:1, 4:4 al identificarse como un esclavos de Cristo al comienzo de la carta. Por esa razón Pablo les quiso recordar que el mismo también era esclavo de Cristo.

Es interesante notar que el ser «esclavo» es una auto-designación favorita de los apóstoles y otros escritores de la Biblia. Santiago afirma este título en el versículo de apertura de su epístola (Santiago 1:1), lo mismo es cierto de Pedro (2 Pedro 1:1), Judas (Judas 1) y Juan (Apocalipsis 1:1). Además, Pablo repite que él es doulos de Cristo en otras cartas: Romanos, 1 Corintios, Gálatas, Efesios, Colosenses, 2 Timoteo y Tito. El término se utiliza por lo menos cuarenta veces en el Nuevo Testamento para referirse al creyente, y el equivalente hebreo se usa más de 250 veces para referirse a los creyentes en el Antiguo Testamento. Podemos concluir con seguridad que el Señor quiere que su pueblo se vean a sí mismos de esta manera.

Cinco paralelos

¿Qué significa ser un esclavo en el sentido bíblico? John MacArthur, en su excelente libro titulado Esclavo, nos da cinco paralelos entre el cristianismo bíblico y la esclavitud del primero siglo. El primero es: propiedad exclusiva. Los esclavos eran propiedad de sus amos. Como Pablo les dice a los creyentes en 1 Corintios 6:19-20: «Ustedes no son sus propios dueños; fueron comprados por un precio.» Como puede notar, los cristianos no existen en un mundo autónomo y sin reglas; nosotros no somos los dueños de nuestro destino, ni los capitanes de nuestras almas. Fuimos comprados con un precio, por lo que pertenecemos a aquel que ha pagado ese precio.

«Por lo tanto,» dice Pablo en 1 Corintios 6:20, ya que habéis sido comprados por precio, «honren con su cuerpo a Dios.» Propiedad exclusiva implica sumisión completa. Si pertenecemos a Cristo, si él es dueño de nosotros, entonces lo que debe gobernar nuestra vida no es nuestra voluntad, sino la voluntad de nuestro Amo.

En tercer lugar, uno de los paralelos entre un esclavo y el cristiano es: singular devoción. Ningún esclavo obedece a otros amos, pues su principal preocupación es llevar a cabo la voluntad de la persona a quien pertenece. Nuestro Amo, el Señor Jesús mismo, nos recuerda en Mateo 6:24: «Nadie puede servir a dos señores, pues menospreciará a uno y amará al otro, o querrá mucho a uno y despreciará al otro.» El esclavo de Cristo está dedicado a su Amo.

En cuarto lugar, un esclavo demuestra una total dependencia a su amo para la provisión de sus necesidades básicas de la vida. De la misma manera, el cristiano debe depender humildemente por completo de nuestro Maestro (Mateo 5:3; 1 Pedro 4:11). Y por último, el esclavo era personalmente responsable ante su amo. Y de la misma manera, nosotros somos responsables delante de Cristo, y un día le daremos cuentas (2 Corintios 5:9-10).

Una unión increíble

Al contemplar estas cinco características, espero que no penséis en la esclavitud a Cristo como un trabajo pesado. Esta no es una relación tiránica, despótica alimentada por el miedo y la sumisión forzada. La imagen no es de alguien cuya voluntad es constantemente frustrada por los caprichos de su amo, sino de alguien cuya voluntad es, con el tiempo y la exposición repetida a su Amo, conformada amorosamente y felizmente a la voluntad de su Amo. Alexander Maclaren llamó a esto: «la fusión y absorción de mi propia voluntad a su voluntad… yo hago lo que él quiere, no lo que yo quiero… Conforme él me enseña y me muestra más de sí mismo, más quiero conformarme a lo que él quiere.»

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Mike Riccardi, graduado de The Master’s Seminary con una Maestría en Divinidad y en Teología, es el pastor de evangelismo local de la iglesia Grace Community Church en Los Ángeles, California.

¿Qué precio tiene el ser humano?

Viernes 14 Abril
Y pesaron por mi salario treinta piezas de plata. Y me dijo el Señor: Échalo al tesoro; ¡hermoso precio con que me han apreciado! (profecía concerniente a Jesús, vendido por Judas)
Zacarías 11:12-13
Porque habéis sido comprados por precio; glorificad, pues, a Dios en vuestro cuerpo.
1 Corintios 6:20

¿Qué precio tiene el ser humano?
Desde el punto de vista humano, el valor de una persona es muy variable. Los grandes clubes de fútbol están dispuestos a gastar cantidades exorbitantes de dinero para comprar un jugador. Por otro lado, algunos tiranos masacran sin escrúpulos a hombres, mujeres y niños, como si su vida no valiese nada.

Jesús mismo fue estimado en treinta piezas de plata, es decir, el precio de un esclavo. Fue el dinero que Judas recibió por haberlo entregado a los jefes religiosos. Un profeta resumió este vil acto con estas palabras: “No lo estimamos” (Isaías 53:3). Este profundo desprecio y odio dieron como resultado la crucifixión de Jesús.

Los hombres son responsables de su muerte. Pero en la cruz, Jesús pagó con su vida el inmenso precio para salvar al hombre. ¡Él sufrió el abandono, la ira de Dios contra el pecado, la muerte! Jesucristo “se dio a sí mismo en rescate por todos” (1 Timoteo 2:6). Los creyentes fuimos comprados a gran precio: la vida de Cristo, su sangre derramada en la cruz. “Fuisteis rescatados de vuestra vana manera de vivir… no con cosas corruptibles, como oro o plata, sino con la sangre preciosa de Cristo” (1 Pedro 1:18-19). Dios aceptó este sacrificio, que responde perfectamente a su santidad y a su justicia. ¡No rechacemos su gracia! El precio que pagó para salvarnos está a la medida de su amor: es infinito.

Seamos conscientes del valor que tenemos ante sus ojos, y tratemos de agradarle.

Ezequiel 37 – 1 Pedro 1:1-12 – Salmo 44:1-8 – Proverbios 13:16-17

© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
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Diciendo la Verdad Sobre el Hombre | Cameron Buettel

Diciendo la Verdad Sobre el Hombre
by Cameron Buettel

Durante una entrevista en 1970, el Dr. Martyn Lloyd-Jones concluyó que la doctrina de la evolución del hombre es fundamentalmente errónea en dos aspectos: “Critico la visión moderna del hombre por dos motivos: uno es que le da demasiado crédito al hombre en ciertas áreas. Y segundo, que no le da suficiente crédito al hombre en otras áreas”.

Jones se refería a las dos verdades bíblicas que los evolucionistas niegan rotundamente. Ellos identifican al hombre como “simplemente un animal” y se niegan a reconocer que fue creado a imagen de Dios. Por otro lado, la sabiduría secular de nuestros días declara al hombre moralmente neutral y se niega a reconocer lo que es tan dolorosamente obvio: que todas las personas son pecadoras por naturaleza.

Hechos a la Imagen de Dios

La Biblia deja claro que la humanidad no es simplemente una especie de animal que compite en la lucha por la supervivencia. Las Escrituras declaran que Dios hizo al hombre para que fuera la cúspide de Su creación:

“Entonces dijo Dios: Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza; y señoree en los peces del mar, en las aves de los cielos, en las bestias, en toda la tierra, y en todo animal que se arrastra sobre la tierra. Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó. Y los bendijo Dios, y les dijo: Fructificad y multiplicaos; llenad la tierra, y sojuzgadla, y señoread en los peces del mar, en las aves de los cielos, y en todas las bestias que se mueven sobre la tierra” (Génesis 1:26-28).

No hay nada sin sentido o aleatorio en la existencia humana. Fuimos diseñados originalmente para dominar el mundo que Dios creó. El hombre, como portador de la imagen de Dios, tiene una misión divina que lo diferencia por completo del reino animal.

Pero, ¿qué significa exactamente que el hombre fue creado a imagen de Dios?

Aunque el tema de imago Dei es un tema teológico profundo en sí mismo, contiene una verdad inherente que es vital para el evangelismo: El hombre es una criatura moral que debe rendir cuentas a Dios. James Montgomery Boice resaltó esa implicación crítica:

“Un elemento que le pertenece a aquel que fue creado a la imagen de Dios es la moralidad. La moralidad incluye además dos elementos: la libertad y la responsabilidad. Ahora bien, la libertad que poseen los hombres y las mujeres no es absoluta. Incluso al principio, el primer hombre, Adán, y la primera mujer, Eva, no fueron autónomos. Eran criaturas y tenían la responsabilidad de reconocer su condición mediante su obediencia”[1].

Comprender que hemos sido creados a imagen de Dios conlleva un sentimiento de honor, pero también conlleva una gran responsabilidad. Nuestra moralidad inherente no respalda nuestros principios morales. Más bien, nos condena por nuestra incapacidad de comportarnos moralmente. Nuestro conocimiento del bien y del mal, y el hecho de que continuamente violamos esa moralidad, nos apunta a la realidad histórica de la caída de Adán.

Caídos

¿Somos pecadores porque pecamos, o pecamos porque somos pecadores? Tenga cuidado con la respuesta a esa pregunta porque no es un juego de palabras. Sólo hay una respuesta que es bíblicamente cierta.

Cuando Adán cayó en el Jardín, su pecado se transmitió a la naturaleza de todos sus descendientes. No son nuestros pecados los que nos hacen pecadores. Nuestros pecados revelan nuestra verdadera naturaleza pecaminosa. John MacArthur explica:

“Toda la humanidad estaba sumida en esta condición de culpabilidad debido al pecado de Adán. ‘Porque, así como por la desobediencia de un hombre los muchos fueron constituidos pecadores’ (Romanos 5:19). Esta es la doctrina del pecado original, una verdad que Pablo explica en Romanos 5:12-19…Demostramos nuestra complicidad voluntaria a la rebeldía de Adán cada vez que pecamos. Y como nadie con la excepción de Jesús ha vivido jamás una vida sin pecado, nadie está realmente en posición de dudar de la doctrina del pecado original, y mucho menos de considerarla injusta”[2].

El pecado original es una verdad bíblica que puede demostrarse empíricamente. Cuando la Biblia nos dice que todo el mundo es pecador (Romanos 3:23), esto ratifica lo que la suma de nuestra experiencia de vida ya ha demostrado. El pecado original es la razón por la que tenemos desde guerras mundiales hasta cerraduras en nuestras puertas. Por eso la gente se enferma y muere. ¡Es por eso que estamos muriendo! No hay ningún lugar donde huir de la realidad y del impacto del primer acto de rebeldía de Adán en el Jardín. Y no hay forma de eludir nuestros propios crímenes de complicidad posteriores.

Culpables y Sin Excusa

El fracaso del hombre en honrar y obedecer a su Creador nunca se ha debido a la ignorancia por parte de la humanidad, ni a la falta de pruebas por parte de Dios. “Porque las cosas invisibles de él, su eterno poder y deidad, se hacen claramente visibles desde la creación del mundo, siendo entendidas por medio de las cosas hechas, de modo que no tienen excusa” (Romanos 1:20).

Cuando proclamamos al Dios de las Escrituras a los pecadores, no estamos tratando de suplir su falta de educación teológica. Estamos presentando una verdad que resuena claramente con lo que ellos ya saben instintivamente. La Palabra de Dios nos dice que los pecadores no están desinformados acerca de la verdad de Dios, sino que suprimen esa verdad “con injusticia” (Romanos 1:18). En pocas palabras, el problema principal del hombre siempre ha sido el amor al pecado, no la falta de educación.

“Pues habiendo conocido a Dios, no le glorificaron como a Dios, ni le dieron gracias, sino que se envanecieron en sus razonamientos, y su necio corazón fue entenebrecido” (Romanos 1:21). Dios hace responsable al hombre pecador por no haberle adorado correctamente. Y en el Día del Juicio, le tendremos que rendir cuentas por no haberlo hecho (Hebreos 9:27).

Ese juicio se extenderá a todas nuestras acciones (Apocalipsis 20:11-12), palabras (Mateo 12:36-37) e incluso, pensamientos (Mateo 5:27-28; 1 Corintios 4:5). No habrá dónde esconderse, ni nada que ocultar en el Día del Juicio.

Amonestar vs. Agradar

Los evangelistas fieles nunca consuelan a los pecadores que no se han arrepentido. Por el contrario, debemos amonestarlos. Debemos exponer lo terrible y ofensivo del pecado confrontándolos con una norma objetiva de justicia. Puesto que el pecado se define bíblicamente como infracción de la ley (1 Juan 3:4), John MacArthur aboga por el uso de la ley de Dios al exponer el pecado, diciendo:

“Jesús y los apóstoles no dudaron en usar la ley en su gestión evangelizadora. Ellos sabían que la ley revela nuestro pecado (romanos 3:20) y es un tutor para conducirnos a Cristo (Gálatas 3:24). Es la manera en que Dios hace que los pecadores entiendan su propia incapacidad. Claramente, Pablo entendió el lugar crucial de la ley en los contextos evangelísticos. Pero muchos hoy creen que la ley, con su exigencia inflexible de la santidad y la obediencia, es contraria e incompatible con el evangelio.

“¿Por qué deberíamos hacer tales distinciones donde las Escrituras no la hace? Si las Escrituras advirtieran en contra de predicar el arrepentimiento, la obediencia, la justicia o el juicio para los incrédulos, eso sería diferente. Pero la Biblia no contiene tales advertencias. Todo lo contrario…Si queremos seguir un modelo bíblico, no podemos ignorar el pecado, la justicia y el juicio porque son los temas por los cuales el Espíritu Santo condena al incrédulo (Juan 16:18). ¿Podemos omitirlos del mensaje y todavía llamarlo el evangelio?”[3].

Algunos sostienen que es mejor predicar sobre el amor de Dios que sobre el pecado del hombre. Puede parecer una idea mucho más agradable y atractiva, pero la Escritura revela el amor de Dios por medio de la pecaminosidad humana: “Mas Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros” (Romanos 5:8). No predicar sobre el pecado deja sin sentido el amor de Dios y sin propósito la cruz de Cristo.

Si queremos proclamar fielmente el evangelio, tenemos que dejar que la gloriosa luz de la obra salvadora de Cristo brille sobre el pecado del hombre. La cruz nunca será considerada como la solución al pecado del hombre, a menos que primero el problema sea explicado. Y el problema principal se muestra gráficamente en el contraste entre la santidad de Dios y la pecaminosidad del hombre. Cuanto más polarizamos estas dos verdades, más profunda es la representación de la obra redentora de Cristo. Consideraremos esto en el siguiente blog.

¡Nuestro peso es insuficiente!

Jueves 13 Abril

Pesándolos a todos igualmente en la balanza, serán menos que nada.

Salmo 62:9

Pesado has sido en balanza, y fuiste hallado falto.

Daniel 5:27

¡Nuestro peso es insuficiente!

Leer Daniel capítulo 5

Este pasaje de la Biblia habla sobre la memorable noche en la cual el ejército persa se preparó para tomar por sorpresa la ciudad de Babilonia. En el palacio, el rey Belsasar hizo una gran fiesta con toda su corte. De repente se produjo algo espantoso: unos dedos de hombre aparecieron y escribieron cuatro palabras en la pared… Estas palabras significaban: ¡Contado, contado, pesado, dividido! Cuatro palabras que, interpretadas por Daniel, mostraban que el rey moriría y que Babilonia sería tomada por sus enemigos. La vida del rey terminaría pronto. Pesado en la balanza de Dios, ese poderoso monarca fue hallado demasiado liviano. Su imperio sería dividido y dado a los medos y a los persas. ¡La sentencia divina se cumplió esa misma noche!

¡Pesado y “hallado falto”! ¿No es impresionante descubrir que Dios tiene una balanza infalible para evaluar nuestras acciones, palabras y pensamientos? ¡No pensemos que podremos dar el peso adecuado mediante nuestras capacidades naturales, nuestra buena voluntad, nuestras buenas relaciones sociales y nuestras buenas obras! ¿Qué hay, pues, tan importante en el otro platillo de la balanza de Dios, que le impide inclinarse a nuestro favor? Es Jesucristo, su persona y sus obras. Todo lo que viene de un hombre carece de valor con respecto a las perfecciones de Jesucristo. Entonces, ¿cómo hallar el favor de Dios? Presentándonos ante él, conscientes de nuestra insuficiencia, pero con la certeza de que Jesús reviste con sus perfecciones morales a todo el que cree en él. ¡Estas perfecciones morales son las únicas que pueden satisfacer las exigencias divinas!

Ezequiel 36:13-38 – 2 Tesalonicenses 3 – Salmo 43 – Proverbios 13:14-15

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