Gente rara

Miércoles 23 Noviembre

El hombre se fue, y dio aviso a los judíos, que Jesús era el que le había sanado.

Juan 5:15

(Jesús dijo:) Me seréis testigos… hasta lo último de la tierra.

Hechos 1:8

Gente rara

Probablemente usted ha encontrado personas que le ofrecen un evangelio, un tratado o un calendario cristiano, sin preocuparse por las miradas críticas o burlonas… O ha escuchado cristianos hablando de Jesucristo a quienes los rodean e invitándolos a conocerlo. ¿Qué motiva a los creyentes a utilizar su tiempo y su energía para evangelizar a otros, a pesar de las reacciones hostiles? ¡Gente rara!, pensará usted…

Pero anunciar la buena nueva de la salvación de Dios por medio de Jesucristo es una de las grandes misiones de los creyentes, a quienes Jesús dijo: “Me seréis testigos”. El mensaje de gracia de Dios llena sus corazones, sus pensamientos, sus vidas. Todos los que han comprendido el amor de Jesús, su Salvador, desean mostrar y compartir su felicidad. Son motivados por el amor de Dios derramado en sus corazones por el Espíritu Santo (Romanos 5:5). Porque Dios “quiere que todos los hombres sean salvos y vengan al conocimiento de la verdad” (1 Timoteo 2:4).

La evangelización no es proselitismo, el cual se esfuerza en convencer y reclutar, por todos los medios, nuevos adeptos. Evangelizar es anunciar a Jesús el Salvador, dar a conocer una persona. Los que evangelizan son testigos del amor de Dios y del perdón que él concede a los que sienten el peso de sus pecados y se arrepienten. Conociendo esta felicidad para sí mismos, como los discípulos de Jesús, anhelan hablar de lo que llena su corazón. “Pedro y Juan respondieron diciéndoles: Juzgad si es justo delante de Dios obedecer a vosotros antes que a Dios; porque no podemos dejar de decir lo que hemos visto y oído” (Hechos 4:19-20).

Josué 11 – Hebreos 11:23-40 – Salmo 132:1-7 – Proverbios 28:11-12

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Probar el propósito remoto

Probar el propósito remoto
Por R.C. Sproul

«¿Por qué permitió Dios que sucediera?». Esta pregunta pretende probar el propósito remoto o final. La pregunta supone algo crucial para nuestra comprensión de Dios. Supone que Dios pudo haber evitado lo que sucedió. Si negamos esta verdad, negamos el carácter mismo de Dios. Si Dios no pudo haberlo evitado, ya no sería Dios. Al preguntar por qué, también asumimos algo más que es vital. Suponemos que hay una respuesta a la pregunta. Suponemos que Dios tuvo una razón o un propósito para lo que ocurrió.

La pregunta permanece: «¿Fue buena la razón o el propósito de Dios?». Plantear la pregunta es responderla, si es que sabemos algo acerca de Dios. Nos equivocamos en nuestro razonamiento. Establecemos objetivos inútiles. Nos apresuramos a pensar lo absurdo. Perseguimos fines pecaminosos. No sugiramos que Dios tiene el mismo tipo de intencionalidad viciosa.

El único propósito o intención que Dios tiene es completamente bueno. Cuando la Biblia habla del ejercicio soberano del beneplácito de Su voluntad, no hay indicio alguno de arbitrariedad o intención malvada. El beneplácito de Su voluntad es siempre la buena intención de Su voluntad. Su beneplácito siempre es bueno, Su voluntad es siempre buena y Sus intenciones son siempre buenas.

Coram Deo: vivir delante del rostro de Dios
¿Qué circunstancias pasadas o presentes en tu vida te han hecho preguntar «por qué»? Pídele a Dios que te muestre cómo Sus buenas intenciones se reflejan en estas situaciones.

El gozo de ser salvo

Martes 22 Noviembre

(Jesús dijo:) Regocijaos de que vuestros nombres están escritos en los cielos.

Lucas 10:20

Los discípulos estaban llenos de gozo y del Espíritu Santo.

Hechos 13:52

Vuélveme el gozo de tu salvación.

Salmo 51:12

El gozo de ser salvo

Jesús envió a sus discípulos a anunciar el Evangelio. Cuando volvieron estaban felices por los resultados de su misión. Pero el Señor los dirigió hacia un gozo más profundo, el de saber que sus nombres estaban escritos en los cielos. En efecto, ¡qué felicidad saber que pertenecemos al Señor, que somos salvos eternamente!

No obstante, mi gozo puede ser empañado, y a veces como apagado. Entonces, ¿debo deducir que ya no le pertenezco? No, porque no es el gozo el que me da la seguridad de ser salvo. Soy salvo por la obra de Cristo, y tengo esta certeza por la Palabra de Dios. Mi gozo depende de mi estado espiritual. La obra de Cristo no puede ser culpada; por lo tanto, nadie nos puede quitar nuestra salvación (Juan 10:28-29). En cambio, si nuestro estado espiritual no es bueno, puede suceder que no apreciemos más el privilegio de pertenecer a Dios, como un hijo que no quiere seguir más a sus padres.

Por falta de paciencia y de dominio propio ante las dificultades, quizás, o porque estamos demasiado absorbidos por los afanes de la vida, podemos alejarnos de Dios nuestro Padre. Así nuestro gozo se pierde. Nuestra salvación no se puede perder porque ella depende de la obra de Cristo por nosotros. Si el Espíritu de Dios es contristado en nosotros, no disfrutamos el gozo de ser salvos. Cuando un hijo de Dios no se halla en un buen estado interior, su comunión con el Padre se interrumpe; sin embargo, él sigue siendo un hijo de Dios. Si confiesa su pecado, la comunión se restablece y el gozo vuelve.

Josué 10:22-43 – Hebreos 11:1-22 – Salmo 131 – Proverbios 28:9-10

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¿Aniquilación o transformación?

WILL GRAHAM

En el mundo teológico, ha existido bastante debate en cuanto a los efectos del fuego escatológico sobre la tierra. La cuestión se puede resumir en la siguiente pregunta: ¿aniquilación o transformación?

Es decir, ¿el fuego mencionado por el apóstol Pedro aniquilará por completo el planeta como creían los luteranos o transformará la tierra como en el caso de los reformados?

El debate se centra principalmente en 2 Pedro 3:12-13 donde habla el apóstol sobre la venida de Dios diciendo, “en el cual los cielos, encendiéndose, serán desechos y los elementos, siendo quemados, se fundirán. Pero nosotros esperamos, según sus promesas, cielos nuevos y tierra nueva, en los cuales mora la justicia”.

¿Qué vendrá? ¿Aniquilación o transformación?

Yo aquí me ubico en la escuela reformada. Creo que todo el consejo de Dios nos habla sobre una poderosa transformación mediante la cual el fuego purificador de Dios libra la creación de la maldición del pecado.

Será el mismo mundo que antes; pero liberado y transformado.

En cierto sentido, el ejemplo del diluvio de Noé nos viene muy bien para explicar esta idea. En un sentido, es cierto que aquel mundo “pereció anegado en agua” (2 Pedro 3:6); pero aun así, seguía siendo el mismo planeta después del juicio purificador.

Las aguas no acabaron con el mundo en los días de Noé.

Otro ejemplo será la regeneración de un cristiano. Es cierto que, espiritualmente hablando, llegamos a ser nuevas criaturas cuando Dios nos salva por su soberana gracia.

No obstante, no nos convertimos en otras personas. Seguimos siendo nosotros con la misma altura, la misma edad, la misma nacionalidad, el mismo acento y el mismo nombre y apellido. No somos aniquilados.

Y la misma regla se aplica a nuestra glorificación futura. Recibiremos un cuerpo glorificado pero seguiremos siendo nosotros. Jesucristo no se convirtió en otra persona el día que recibió su cuerpo glorificado.

Existía una marcada continuidad entre su cuerpo humilde y su cuerpo glorificado.

A nivel puramente lingüístico, Pedro emplea la palabra griega kainos y no el vocablo neos cuando alude a los nuevos cielos y la nueva tierra. Juan, de hecho, en Apocalipsis 21:5 utiliza el mismo término donde el Señor dice, “He aquí, yo hago nuevas todas las cosas”.

Por medio del fuego, nace un mundo renovado pero no otro mundo totalmente diferente.

En palabras del comentarista William Hendriksen, “De en medio de la conflagración grande ha nacido un universo nuevo. La palabra usada en el original implica que era un mundo nuevo pero no otro mundo.

Es el mismo cielo y la misma tierra, pero rejuvenecidos gloriosamente: no hay maleza, ni espinas, ni cardos, etc.”.1

Otro dato lingüístico clave en el pasaje de Apocalipsis es el verbo hacer. Dios hace nuevas todas las cosas. No utiliza el verbo crear, sino hacer.

Es decir, el hacer significa dar forma a algo que ha sido creado. En este caso, los cielos y la tierra.

Y además de estos dos datos lingüísticos, está el asunto teológico desarrollado por Pablo en Romanos 8. Allí el apóstol a los gentiles enseña claramente que la creación será libertada de la esclavitud a la corrupción. No será aniquilada; sino libertada (8:21).

¿Qué tipo de liberación sería si la creación fuese aniquilada? La creación está con dolores de parto; no con dolores de muerte ni de aniquilación (8:22).

Con todo, creo que es mucho más sabio aferrarnos a la postura reformada en cuanto a la renovación de la tierra.

Así que, en respuesta a la pregunta: ¿aniquilación o transformación?, contestaría con una rotunda: ¡transformación! ¡Renovación! ¡Liberación!

Al igual que la creación renovada en los días del diluvio, así habrá una tierra libertada después de haber pasado por el fuego del juicio del Señor.

1 HENDRIKSEN, William, Más que vencedores, p. 204.

Los dos versículos de Patrick

Lunes 21 Noviembre

Lo que de Dios se conoce les es manifiesto, pues Dios se lo manifestó. Porque las cosas invisibles de él, su eterno poder y deidad, se hacen claramente visibles desde la creación del mundo, siendo entendidas por medio de las cosas hechas, de modo que no tienen excusa.

Romanos 1:19-20

Los dos versículos de Patrick

Patrick quedó tetrapléjico debido a un grave accidente. Después de varios meses de rehabilitación, llegó a lo que sería su nuevo “hogar”: una institución para personas de movilidad reducida. En ese momento solo había una habitación para dos personas, la cual tuvo que compartir con Claudio, un enfermo de miopatía. Patrick era ateo. Claudio era creyente, y a veces un amigo suyo iba a leer con él un texto de la Biblia. Entonces Patrick pedía que su cama fuera movida al pasillo, porque él no quería escuchar nada de la Biblia. Pero un día no hubo quien empujara la cama, y Patrick se vio obligado a escuchar. Fue así como se volvió creyente.

Aproximadamente un año después de su conversión, encontré a Patrick. En seguida me dijo: “¡Te voy a leer dos versículos importantes!”. Entonces puse su Biblia ante él; con un palillo en la boca volteó las páginas y me mostró los dos versículos citados en el encabezamiento. Luego me explicó: “Muchas cosas nos separan: yo era un obrero, y tú un profesional; yo vivía sin Dios, y tú conoces a Jesucristo desde tu infancia. Sin embargo, este texto nos pone en una perfecta igualdad. Incluso no viendo más que el mundo que nos rodea, las estrellas y la naturaleza, podemos comprender que hay un Dios, honrarlo y agradecerle. Aquí no se trata de creer, sino de reflexionar (con nuestra inteligencia humana). Tanto para el sabio más grande como para un niño, la existencia de Dios es evidente. Pero algunos rechazan esta evidencia…”.

¿Usted ya consideró la creación de Dios?

Josué 10:1-21 – Hebreos 10:19-39 – Salmo 130 – Proverbios 28:7-8

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Lo que Dios aborrece

Domingo 20 Noviembre

No imites lo malo, sino lo bueno. El que hace lo bueno es de Dios; pero el que hace lo malo, no ha visto a Dios.

3 Juan 11

Lo que Dios aborrece

“Seis cosas aborrece el Señor, y aun siete abomina su alma: los ojos altivos, la lengua mentirosa, las manos derramadoras de sangre inocente, el corazón que maquina pensamientos inicuos, los pies presurosos para correr al mal, el testigo falso que habla mentiras, y el que siembra discordia entre hermanos” (Proverbios 6:16-19).

Dios aborrece, pues, todo lo que llena la actualidad (conflictos, guerras, mentiras…). Además, el ser humano, debido a lo que es, no puede obrar de acuerdo con el pensamiento de Dios. Es gobernado por su corazón malo, por la buena opinión que tiene de sí mismo y por su tendencia a elevarse por encima de los demás. A menudo es el juguete de Satanás. Crucificando a Jesús, el único justo, los hombres mostraron de qué son capaces.

Los líderes de la época declararon: “Nada digno de muerte ha hecho este hombre” (Lucas 23:15). Sin embargo, Pilato, bajo la presión de la multitud y para preservar su puesto de gobernador, lo entregó para ser crucificado. “¿Acaso el que aborrece la justicia debe gobernar? ¿O al Justo y al Poderoso querrás tú condenar?” (Job 34:17, V.M.). No obstante, fue lo que sucedió hace un poco más de 2000 años. Dios permitió esto porque Cristo, el único justo, debía llevar el castigo que nosotros merecíamos. En la cruz Jesús fue hecho pecado por nosotros (2 Corintios 5:21). Fue “hecho por nosotros maldición (porque está escrito: Maldito todo el que es colgado en un madero)” (Gálatas 3:13). Hizo todo esto para que seres aborrecibles -lo que nosotros éramos- se convirtieran, por la fe en el amor de Cristo, en hijos de Dios, hechos capaces de agradarle (1 Juan 3:1).

Josué 9 – Hebreos 10:1-18 – Salmo 129 – Proverbios 28:5-6

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El dorso de la alfombra

Sábado 19 Noviembre

Aunque… si es necesario, tengáis que ser afligidos… para que sometida a prueba vuestra fe… sea hallada en alabanza, gloria y honra cuando sea manifestado Jesucristo.

1 Pedro 1:6-7

El dorso de la alfombra

En las afueras de El Cairo visitamos un taller de artesanos donde jóvenes obreros fabricaban alfombras tejidas. Sentados frente a un cuadro tendido de hilos de colores, cada uno se dedicaba a seguir un dibujo que tenía ante sus ojos. Pero el trabajo nos parecía mal hecho: veíamos hilos entrelazados de todos los colores más o menos bien anudados, de longitud desigual.

El jefe del taller vio nuestra sorpresa, nos hizo un recorrido por el telar, y allí todo quedó explicado. Lo que nosotros habíamos visto era el reverso. Por el lado derecho el dibujo aparecía perfecto. Los hilos estaban cuidadosamente separados; nada de nudos ni de puntas de hilo que sobresalían.

Nosotros, los seres humanos, tenemos una visión imperfecta y limitada de nuestra existencia terrenal. De la mía a menudo solo veo el reverso: tristezas, dificultades, preocupaciones… En cambio, Dios ve el “derecho”. Él trabaja en mi vida y sabe lo que hace.

Como a su discípulo Pedro, que no comprendía sus intenciones, Jesús nos dice: “Lo que yo hago, tú no lo comprendes ahora; mas lo entenderás después” (Juan 13:7).

Nos hacemos preguntas sobre el sentido de una u otra prueba. Estemos seguros que ella corresponde al plan de Dios, quien quiere formar la vida de cada uno para su gloria. Tal vez sea necesario esperar el cielo para comprender cuál es el objetivo de Dios y conocer las respuestas a nuestros numerosos “porqués”. Hasta entonces, confiemos en su sabiduría y en su amor.

Josué 8 – Hebreos 9:15-28 – Salmo 128 – Proverbios 28:3-4

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Dios ama al pecador

Viernes 18 Noviembre

Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros.

Romanos 5:8

(Dios declara:) Nunca más me acordaré de sus pecados y de sus iniquidades.

Hebreos 8:12

Dios ama al pecador

Dios aborrece el pecado que nos separa de él (Isaías 59:1-2). En su Palabra declara que todos somos pecadores: “Todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios” (Romanos 3:23). El pecado, palabra que hace reír a muchas personas, es una acción, un sentimiento o pensamiento contrario a lo que Dios ordena. En particular, es desobedecer a las leyes divinas reveladas, haciendo lo que es malo o injusto a los ojos de Dios (1 Juan 3:45:17). La Biblia también habla de los pecados que consisten en no hacer lo que es justo (Santiago 4:17). Generalmente el pecado conlleva una falta de amor, porque la ley divina se resume en un mandamiento: “Amarás a tu prójimo como a ti mismo” (Romanos 13:9).

Así, aunque es posible vivir toda una vida sin cometer un crimen o un adulterio, o incluso sin robar ni engañar voluntariamente, sin embargo, todos nosotros hemos pecado. En nuestro corazón, en lo más profundo de nosotros mismos, nace el pecado, consecuencia de alguna codicia. Luego se produce el acto malo llamado pecado.

Pecar es oponerse a las normas perfectas de Dios, quien es santo, aborrece el pecado y juzgará todo mal. Pero Dios también es amor. Él ama a los pecadores aunque nos parezca imposible. La Biblia lo confirma: “Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros”. Y Dios perdona al que, reconociéndose pecador, acepta la salvación y la gracia que se ha manifestado “a todos los hombres” por medio de Jesucristo el Salvador (Tito 2:11).

Josué 7 – Hebreos 9:1-14 – Salmo 127 – Proverbios 28:1-2

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Ordenanzas

Serie: La Teología de La Iglesia

Ordenanzas

Introducción

¿Por qué son importantes las ordenanzas, es decir, el bautismo y la cena del Señor?

Esto es debido a que muestran de forma visible la comunidad de la iglesia local.

Una forma de describir los problemas de la iglesia evangélica moderna es que hemos olvidado la importancia de ver.

Por un lado, algunas iglesias se han vuelto demasiado centradas en la atracción. Ellos hacen de todo para atraer a una multitud de modo que la gente pueda escuchar el Evangelio. Pero el deseo de la gente para oír se ha traducido en una comunidad que no es digna de ver.
Por otro lado, algunas iglesias creen que debido a que predican la palabra correctamente, han hecho lo más importante. Tal vez a través de impulsos legalistas o conformistas, su comunidad ha perdido la vitalidad que vemos en la Escritura. Por lo que la gloria de lo que oímos desde el púlpito no se refleja en la congregación que está reunida alrededor de esa predicación.
Esta asociación entre oír y ver es fundamental mientras llegamos a la idea de las ordenanzas, porque son lo que destaca a la comunidad de la iglesia; la cual es (como el libro de Mark Dever propone) el Evangelio hecho visible. Muchos historiadores señalan que, incluso más que ser un debate acerca de la justificación con algunas implicaciones para la Cena del Señor y el bautismo, la Reforma fue un debate sobre las ordenanzas; con algunas implicaciones para la justificación. Hoy en día, estas ordenanzas parecen tan periféricas a la iglesia, que pueden parecer extrañas. Espero que para el final de la clase, tengamos una mayor comprensión de por qué la gente estaba dispuesta a morir por estas verdades.

¿Qué son las ordenanzas?

Las “ordenanzas” se refieren al Bautismo y a la Cena del Señor. Exactamente, ¿que son?

El Bautismo se define en nuestra declaración de fe: “Creemos que el bautismo cristiano es la inmersión en agua del creyente, en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo; para manifestar en un emblema solemne y hermoso, nuestra fe en el Salvador crucificado, sepultado y resucitado, cuyo efecto, es nuestra muerte al pecado y resurrección a una nueva vida.” Se oyen ecos de Romanos 6:3-4, “¿no sabéis que todos los que hemos sido bautizados en Cristo Jesús, hemos sido bautizados en su muerte? Porque somos sepultados juntamente con él para muerte por el bautismo, a fin de que, así como Cristo fue resucitado de entre los muertos por la gloria del Padre, así también nosotros andemos en novedad de vida.” El bautismo no salva; se trata de un ” emblema solemne y hermoso” de nuestra fe que salva por la gracia de Dios. Es un cuadro de nuestra muerte, sepultura y resurrección en Cristo.

Nuestra declaración de fe también describe la Cena del Señor: “los miembros de la iglesia por el uso sagrado del pan y el vino, conmemoran juntos el amor de Cristo hasta Su muerte; precedidos siempre por un solemne auto-examen.” Lo llamamos la Cena del Señor; los cristianos también la han llamado la Comunión (del latín communion, compartir en común, a causa de nuestro compartir con Cristo y unos con otros) y la Eucaristía (de la palabra griega “eucharistia” que es “acción de gracias” porque Jesús tomó el pan y “dio gracias “antes de partirlo). Algunos cristianos lo llaman simplemente ” la fracción del pan.” Tiene sus precursores en la cena de la Pascua del Antiguo Testamento, e incluso antes de eso, cuando el sacerdote Melquisedec ofreció pan y vino para Abram como “sacerdote del Dios Altísimo” (Génesis 14:18). Nuestra declaración de fe añade la frase, “siempre precedido por un solemne auto-examen” a causa de la enseñanza de Pablo en 1 Corintios 11:28, “Por tanto, pruébese cada uno a sí mismo, y coma así del pan, y beba de la copa.”

Desde la Asamblea de Westminster en la década de 1640, los cristianos reformados han hablado de las ordenanzas o algunos utilizan el término sacramento; tanto como “señal” y “sello” del pacto. Como “señales” son una indicación externa de una realidad interior. La realidad interior de nuestra fe. Y la señal es muy potente. Para citar Westminster, “Hay en cada sacramento una relación espiritual o unión sacramental entre la señal y la cosa significada; de donde llega a suceder que los hombres y efectos del uno se atribuyen al otro.” Nosotros sabemos esto a partir de la lectura del libro de los Hechos. Así en Hechos 2, Pedro no le dice a la multitud en Pentecostés, “arrepiéntanse y crean” sino “arrepiéntanse y bautícense.” No es que el bautismo salve; eso lo hace la fe. Pero el bautismo está tan estrechamente ligado a la fe que a veces se usa como sinónimo de fe.

Y entonces como “sellos” las ordenanzas verifican las promesas que Dios nos da en el Evangelio. Así es como Juan Calvino lo escribió:

Los sacramentos traen consigo promesas clarísimas; y tienen dé especial, más allá de la Palabra, que nos representan al vivo las promesas como en un cuadro.1

Volviendo a Westminster, la Confesión de Westminster establece cuatro objetivos para las ordenanzas en la Escritura:

Ellos representan a Cristo y sus beneficios para nosotros. Y, como Calvino acaba de recordarnos, lo hacen de una manera única visual y física.
Confirman nuestro interés en él. Nos recuerdan que Cristo ha muerto y resucitado para la remisión de nuestros pecados.
Marcan de forma visible la Iglesia respecto del mundo. Es decir, cuando usted se sienta y mira la Cena del Señor por ejemplo, lo que se está viendo es una instantánea de, lo mejor que podemos saber, la verdadera iglesia.
Nos dedican al servicio de Dios en Cristo, de acuerdo a su Palabra. Que es una de las razones por la que renovamos nuestra Alianza juntos antes de tomar la Cena del Señor como una iglesia.
Para el resto de nuestro tiempo, vamos a trabajar a través del bautismo y la Cena del Señor, respondiendo principalmente a la cuestión de por qué son importantes.

¿Por qué importa el bautismo?

Digamos que me hago cristiano. Pero nunca me bautizo. Todavía puedo ir al cielo, ¿verdad? Entonces, ¿qué daño hace usted como resultado de esta omisión?

[Respuestas: estoy desobedeciendo a Cristo lo que le deshonra; pierdo la oportunidad de anunciarlo públicamente; pierdo la confirmación de una iglesia local de acuerdo a que mi profesión parece genuina; pierdo un recordatorio visual de mi muerte a mí mismo y de la vida nueva en Cristo; otras personas pierden la oportunidad de ver en dicho recordatorio su propia salvación; los no cristianos se pierden una representación visual del Evangelio, etc.]
Ahora, presumiblemente, una comprensión de los beneficios debe informar como hacemos el bautismo como iglesia. ¿Ha visto el bautismo practicado y aplicado de un modo que subvierten estos propósitos? Por el momento, vamos a dejar de lado la cuestión del bautismo de niños y sólo pensar en el bautismo de creyentes.

[Respuestas: iglesias que no requieren el bautismo para ser miembro: ¿Qué están diciendo con esto? Que la obediencia es una parte opcional de seguir a Jesús; iglesias que hacen el bautismo en masa: hacen que sea menos visible el testimonio de lo que Dios ha hecho; no se hace en el marco con conexión a una iglesia: ¿Qué quieren decir con el acto del bautismo?; no es explicado: el signo visual no se traduce para nosotros]
¿Quién debe ser bautizado?

Ahora, se dará cuenta de que toda esa discusión que acabamos de tener asume que el Bautismo es sólo para los creyentes. Pero, por supuesto, esto es algo que ha sido objeto de debate desde hace cientos de años, y trabajamos estrechamente con iglesias que están en desacuerdo en esto con nosotros. Así que ¿por qué creemos que el bautismo es sólo para los creyentes? Bueno, podríamos hablar de esto durante semanas. Pero te voy a dar un breve resumen del argumento.

Argumento a favor del bautismo de niños

Para comenzar, tenemos que entender el argumento del otro lado de este debate. Algunos Bautistas son sorprendidos (algunos que están sin preparación), por lo bueno del argumento. Y nunca nos hace ningún bien discutir desinformados o con un mal entendido de la otra postura que en realidad nadie cree. Ahora, la mayoría de la gente de hoy en día que bautizan a sus bebés lo hacen porque creen que el bautismo quita el pecado original, debido a que son católicos romanos. Y ellos no creen en la salvación por la fe sola. No voy a tratar con ellos en este momento. En su lugar, quiero tratar con aquellos que están de acuerdo con nosotros en el evangelio, como los presbiterianos y anglicanos, y sin embargo todavía bautizan a los niños. Para usar un término técnico, es un “paidobautista.”

En resumen, el argumento es que el bautismo es la continuación del nuevo pacto de la señal y el sello de la circuncisión. Un paidobautista señalará que en el Antiguo Testamento, Dios quiso que los niños fuesen parte del pacto que hizo con Israel, y el signo y el sello de ese pacto era la circuncisión. La circuncisión no era sólo para los niños, pero se aplica principalmente a los niños. Y este rito era tan importante que el Señor dice a Moisés en Éxodo 12 que ningún varón no circuncidado debe participar en la Pascua.

Así que cuando llegamos al Nuevo Testamento, la fuerte presunción es que los niños seguirán siendo incluidos en el pacto, a menos que tengamos clara enseñanza de lo contrario. Pero ahora, el signo y sello del pacto es el bautismo, no la circuncisión. Así que ahora se aplica a todos los niños, no sólo a los bebés varones. No es sorprendente, pues, en Hechos 2 cuando Pedro proclama “Arrepentíos, y bautícese” como he leído antes, él sigue con “Porque la promesa es para ustedes y para sus hijos.” Caso cerrado.

Argumento para el bautismo solo de Creyentes

Entonces, ¿Qué puede decir un bautista a eso? Bueno, permítanme resumir en unos pocos puntos. Y debo mencionar que la controversia no es si los creyentes deben ser bautizados. Prácticamente ninguna persona en la tierra que se hace llamar cristiano no estaría de acuerdo con eso. Se trata de si solos creyentes deben ser bautizados.

Te voy a dar algunas declaraciones sobre esta cuestión.

Cuando el Nuevo Testamento describe lo que representa el bautismo, describe la vida nueva en Cristo. Leamos esos versos de Romanos 6 que acabo de mencionar. Somos resucitados a una nueva vida, se dice. El supuesto es que la persona que está siendo bautizada ha sido cambiada. Ha sido regenerada.
Cuando el Nuevo Testamento pone en paralelo el bautismo y la circuncisión, hace un paralelo del bautismo no con el viejo pacto de la circuncisión de la carne, sino con la circuncisión del corazón. A modo de contexto, es útil recordar que a través del Antiguo Testamento, Dios le recuerda periódicamente a su pueblo que en lo que él está más interesado no es en la circuncisión de la carne, sino la circuncisión del corazón. Miremos cuidadosamente Colosenses 2 para ver donde está el paralelo.
11 En él también fuisteis circuncidados con circuncisión no hecha a mano, al echar de vosotros el cuerpo pecaminoso carnal, en la circuncisión de Cristo;

12 sepultados con él en el bautismo, en el cual fuisteis también resucitados con él, mediante la fe en el poder de Dios que le levantó de los muertos.

Cuando alguien dice “en ausencia de cualquier enseñanza en sentido contrario, debemos seguir considerando los bebés que no hayan sido salvos aún como miembros de la alianza.” Pero Colosenses 2 es bastante claro que enseña lo contrario, ¿no es así? La continuidad no es entre la circuncisión y el bautismo, sino entre la circuncisión del corazón y el bautismo. Es entre la fe salvadora y el bautismo.

No existen claros ejemplos de bautismo infantil en el Nuevo Testamento. De hecho, las referencias al bautismo hablan de conversión. Así, Pedro en Hechos 2 que ya he mencionado, habla de “arrepentimiento” y ser bautizado. Afirmamos, como él dice, que esta promesa es para sus hijos: ellos pueden arrepentirse y ser bautizados, sin ningún problema. Pero no ser bautizados, sin arrepentirse. Y, como se lee más adelante, la promesa no es sólo para nuestros hijos. Es “para sus hijos y todos los que están lejos, para todos cuanto el Señor nuestro Dios llama a sí mismo.” Tenemos que pensar en nuestros hijos en la misma categoría de todos los que están lejos, con el deseo de que el Señor nuestro Dios debe llamar a sí mismo.
El único ejemplo de bautismo en el Nuevo Testamento que no describe los destinatarios del bautismo al oír la Palabra o creer es Lidia en Hechos 16. Y como mujer, que viaja siendo comerciante fuera de casa, es la menos probable de haber tenido niños pequeños con ella.

No existen referencias conocidas a bautismo infantil en la iglesia temprana, aunque hay muchas referencias al bautismo de los adultos. La primera referencia que vemos que el bautismo infantil es con Tertuliano alrededor AD200 que es en realidad un argumento en contra de esta practica. La primera defensa del bautismo de niños que tenemos no es hasta Cipriano alrededor de AD250 y que estaba discutiendo por ello si era salvífico o no. No es el argumento para el bautismo de niños que oímos hoy. Uno esperaría que si el bautismo infantil estaba muy extendido y si no era universalmente aceptado (que claramente no lo era), entonces encontráramos muchas referencias a ello en los escritos de los líderes de la iglesia primitiva, pero no es así.
¿Qué es la Cena del Señor?

Para el resto de nuestro tiempo, me gustaría cambiar nuestra atención a la Cena del Señor. Y un buen lugar para comenzar es con la pregunta “¿qué es?”

Pues bien, la Cena del Señor, como hemos visto anteriormente, es una comida de pan y vino para conmemorar la muerte de Cristo, la que nos asegura nuestro perdón por parte de Dios. Esto es lo que Pablo escribe en 1 Corintios 11:

24 y habiendo dado gracias, lo partió, y dijo: Tomad, comed; esto es mi cuerpo que por vosotros es partido; haced esto en memoria de mí.

25 Asimismo tomó también la copa, después de haber cenado, diciendo: Esta copa es el nuevo pacto en mi sangre; haced esto todas las veces que la bebiereis, en memoria de mí.

26 Así, pues, todas las veces que comiereis este pan, y bebiereis esta copa, la muerte del Señor anunciáis hasta que él venga.

27 De manera que cualquiera que comiere este pan o bebiere esta copa del Señor indignamente, será culpado del cuerpo y de la sangre del Señor.

28 Por tanto, pruébese cada uno a sí mismo, y coma así del pan, y beba de la copa.

Lo que vemos en 1 Corintios 11 es que la cena del Señor tiene un significado que está enraizado con el pasado, el presente y en el futuro.

El pasado

La Cena del Señor es un recuerdo de lo que Cristo hizo en la cruz. Eso es lo que nos dijo que sería: “Haced esto en memoria de mí” Y ese recordatorio es bueno para nuestras almas. Usted puede recordar que los católicos ven la cena del Señor como una “re-presentación” del sacrificio de la cruz de Cristo. El pan y el vino se convierten en el cuerpo físico y la sangre de Jesús en la boca. Eso no es lo que significa “recuerdo”. Lutero enseñó que había una “presencia real” de Cristo en la cena. En contraste con esto, la tradición reformada enseña que de lo que participamos no es más que el pan y el vino. Que Cristo está realmente presente, pero su presencia es espiritual y no física. Por lo tanto hablamos de “alimentarse de él en su corazón por la fe” cuando tomamos la Cena del Señor.

(Nota: Catecismo Católico, 1366. En 1367: el sacrificio de Cristo y el sacrificio de la Eucaristía son un único sacrificio.

“Transubstanciación” se confirmó en el IV Concilio de Letrán en 1215. La idea básica es un concepto Aristotélico que la “sustancia” puede ser una cosa y los “accidentes” (o forma externa) puede ser otra.

“Consubstanciación” enseña que el cuerpo y la sangre de Cristo se unen con los elementos de la Eucaristía.)

¿La creencia de que la Cena del Señor es un “mero memorial” de la muerte de Cristo, como los bautistas han creído generalmente, la convierte en sin importancia? ¡Ciertamente no! En toda la Biblia, Dios llama a su pueblo a recordar. Eso es lo que era la Pascua, después de todo: un tiempo para recordar la salvación del pueblo de Dios. Y la salvación que recordamos en Cristo es mucho mayor que eso. No es la salvación de la esclavitud temporal en Egipto, sino la esclavitud eterna al pecado. Si pensamos que el recordar gran evento en la historia es importante, ¡Cuánto más memoria requiere este! No es apenas un “mero” memorial.

(Nota: Muchos historiadores establecen una distinción entre la idea de “presencia espiritual” de Calvino y Westminster y la idea de “Memorial” de Zwinglio y la mayoría de los bautistas. Los dos están muy cerca, y cualquier diferencia esta, sin duda, envuelta exactamente en cómo los dos defensores de los dos puntos de vista describen su comprensión. Por el bien del tiempo, los he unido en la categoría básica de: la tradición “reformada”.)

El presente

Pero la Cena del Señor no es simplemente mirar al pasado. Pablo lo describe como diciendo algo acerca de una realidad presente. Cuando tomamos la cena, es sólo después de examinarnos a nosotros mismos. Examinarnos a nosotros mismos para estar seguros de que estamos en una relación correcta con Dios, y una relación correcta unos con otros. Más allá de eso, en el versículo 29, dice que comer y beber sin “discernir” el cuerpo, comemos y bebemos juicio sobre nosotros mismos; juicio que al parecer había conducido a la muerte a algunos en la iglesia de Corinto. ¡Esto no es cosa de risa! “Discernir el cuerpo” es algo más que el simple reconocimiento de lo que representan los elementos. Es un reconocimiento de lo que el cuerpo de la congregación representa; que juntos representamos a Cristo mismo, y la forma en que tratamos a los demás representa al mismo Cristo.

Así que la Cena del Señor muestra que en el presente yo, como individuo estoy caminando con el Señor. Y muestra que como un cuerpo, estamos caminando en una unidad que proclama la verdad sobre quién es Cristo. Es una imagen instantánea de la congregación celestial, aunque no sea perfecta, tanto en quién está participando y en cómo nos relacionamos unos con otros.

El futuro

Usted probablemente ha notado el tiempo futuro en la enseñanza de Pablo: en la toma de la cena nosotros “proclamamos la muerte del Señor hasta que El venga.” Es una cena a la espera de su venida final, un ensayo general, por así decirlo, del banquete mesiánico que está por llegar. Es por eso que la Cena del Señor sea alegre y también sombría. Estamos capturando todas estas emociones en esta muestra de lo que Cristo ha hecho, está haciendo, y hará.

Lo que hace la Cena del Señor

Si eso es lo que es, ¿Qué logra la Cena del Señor? En otras palabras, si alguien era cristiano, pero nunca participó de la Cena del Señor, ¿qué se perdía?

He aquí una lista casi exhaustiva de todas las formas en que Dios nos da gracia a través de la Cena del Señor:

Es una oportunidad regular para el auto-examen. Pablo nos dice que nos examinemos a nosotros mismos para ver si estamos en la fe; este es un buen momento para hacerlo.
Es una oportunidad regular para comprobar nuestras relaciones en la iglesia. Es maravilloso ver a los cónyuges, o amigos, acercarse afuera justo antes de la cena del Señor para conciliar algunas diferencias. Eso es exactamente lo que Pablo tiene en mente cuando nos dice que “discernir el cuerpo” mientras comemos y bebemos.
Es un poderoso recordatorio de nuestro perdón. Estamos viendo algo que representa lo que Jesús hizo por nosotros hace muchos cientos de años.
Es un recordatorio de la naturaleza pasajera de lo físico y la naturaleza eterna de lo espiritual. Cuando comemos el pan, recordamos que el hombre no vive sólo de pan. La cena está tendiendo un puente entre lo que es temporal hacia lo eterno.
Es una imagen del cielo. Lo que un estímulo para mirar a su alrededor durante la cena y obtener una visión y una pista de lo que será el cielo. Es muy alentador
Es una advertencia de juicio para aquellos que no participan. Tal vez alguien ha estado disciplinado o “excomulgado”. O tal vez por razones pastorales le han aconsejado no participar. O tal vez usted no puede participar debido a relaciones no resueltas en la iglesia. Lo que podría ser un indicio de los cielos también se convierte en una pista del infierno. Y eso es muy poderoso.
Es un recordatorio de lo que está en juego en nuestra unidad como Congregación. La unidad no es importante sólo porque hace que la vida en una iglesia sea más agradable. Es importante porque es una imagen de Cristo. Y en ninguna parte vemos con más claridad al cuerpo de Cristo que cuando está alrededor del cuerpo de Cristo.
Y estoy seguro de que hay un significado que simplemente no entendemos. Jesús tomó esto muy en serio; fue uno de los últimos actos de su ministerio terrenal. Y Pablo lo tomó en serio también. Cuando estemos en el cielo algún día descubriremos que es un medio de gracia en formas que nunca comprendimos aquí en la tierra.
Así que tomemos nota de algunas de ellas para pensar la próxima vez que se tomemos la Cena del Señor. ¿Cuál de estos has pasado por alto? ¿Qué has infravalorado? Vamos a trabajar juntos para hacer esta cena lo que Cristo quiere para nosotros.

Discusión

Con todo esto dicho, y con las otras clases como telón de fondo, vamos a hablar de algo que puede ser un problema especialmente espinoso en las iglesias bautistas: el número de miembros de creyentes que creen en el bautismo de niños. Nuestra declaración de fe está escrita para excluir a las personas con esta creencia de la membresía. Lo que significa que estamos excluyendo un poco a gente de la familia de Dios que, sin duda, se unirán a nosotros en el cielo. ¿Es esto una cosa permisible y correcta?

1 Calvino, Institución 4.15.5

El cambio es posible 

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Noviembre 17
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