Introducción al pragmatismo

Introducción al Pragmatismo
Por Tim Challies

El pragmatismo se ha convertido en una fuerza dominante en el ámbito cristiano. Quiero echar un breve vistazo a la historia del pragmatismo y luego, mostrar cómo ha influenciado a la iglesia. En los próximos días voy a escribir sobre las áreas del cristianismo donde ha tenido un impacto significativo.

El pragmatismo tiene sus raíces en la filosofía de hombres como John Stuart Mill, quién influenció formativamente a filósofos como John Dewey, quien aplicó el pragmatismo a la educación y William James, a la religión. Estos hombres enseñaron que la única manera de determinar la verdad era mediante resultados prácticos. El pragmatismo, fundado por los filósofos, se consolidó en la mentalidad occidental con la Revolución Industrial. El pragmatismo en la industria ha cambiado nuestra forma de vivir. James Boice dice: «El objetivo es encontrar la manera más rápida y menos costosa de fabricar productos y de hacer las cosas. El pragmatismo ha mejorado el nivel de vida de millones de personas que ahora disfrutan de las ventajas de tener una vivienda propia, ropa adecuada, agua corriente… y comida abundante». (Whatever Happened To The Gospel of Grace [Lo que pasó con el evangelio de la gracia] p.50) Esto se ha logrado, por supuesto, en detrimento de la calidad y la destreza.

El diccionario Webster define el pragmatismo como «la doctrina que afirma que las consecuencias prácticas son los parámetros para medir el conocimiento, el significado y el valor». En resumen, la verdad está determinada por las consecuencias. Que algo sea correcto o incorrecto, bueno o malo, depende de los resultados. Desde la época de la Reforma, los protestantes han afirmado la doctrina de la Sola Scriptura, que enseña que sólo la Biblia debe ser nuestra norma de moralidad y verdad. Esta norma tiene sus raíces en la iglesia primitiva y por supuesto, en la Biblia. Esto siempre ha sido una enseñanza fundamental del protestantismo. Sola Scriptura fue la doctrina fundamental de la Reforma, la doctrina de la que dependía todo lo demás.

El pragmatismo y la sola Scriptura son necesariamente opuestos, ya que cada uno pretende ser la clave para determinar la verdad. Como cristianos, necesitamos decidir si vamos a depender de la Escritura como la norma absoluta de la verdad o si vamos a determinar la verdad por las consecuencias. Aunque sería difícil encontrar un cristiano que diga «creo en el pragmatismo», esta filosofía se manifiesta en el ámbito cristiano de muchas maneras diferentes. Aunque la gente afirma la Sola Scriptura con su boca (o declaraciones doctrinales), la niega con sus acciones.

El pragmatismo ha asomado su fea cabeza en todo el mundo cristiano. Se encuentra en declaraciones sobre técnicas de evangelización, tales como «si sólo alcanza a una persona, vale la pena». Se encuentra en el libro de Rick Warren, Una vida con proposito, un libro de texto para el crecimiento de la iglesia, donde escribe: «Nunca critiques ningún método que Dios esté bendiciendo». También, dice: «Debemos estar dispuestos a ajustar nuestras prácticas de adoración cuando los incrédulos están presentes. Dios nos dice que seamos sensibles a las limitaciones de los incrédulos en nuestros servicios». Estas ideas no son bíblicas; están arraigadas en la percepción de los resultados. El pragmatismo se encuentra dondequiera que los cristianos están prestos a unirse a programas y se apresuran a cambiar sus servicios de adoración debido a lo que esperan que suceda por los cambios que hacen. En resumen, se encuentra en cualquier lugar donde se quita el énfasis de lo que dice la Escritura y donde se pone el énfasis en los resultados esperados.

Dios no siempre proporciona los resultados que nos gustaría ver. Hay misioneros que han pasado muchos años trabajando en el campo misionero y han visto muy pocos corazones y muy pocas vidas transformadas. ¿Significa esto necesariamente que su técnica es defectuosa? ¿Significa necesariamente que no están haciendo la voluntad de Dios? De ninguna manera. A veces, Dios decide producir resultados y otras veces, no. Aun Jesús experimentó resultados diversos cuando ministraba. En algunas ciudades, la gente lo escuchó y confió en Él mientras que otras lo rechazaron. Nuevamente, esto no significa que la técnica de Jesús fuera defectuosa o que estuviera siendo desobediente. Más que nada, Dios desea y espera la obediencia de Sus hijos. El pragmatismo no tiene respuesta a la pregunta de cómo determinamos la obediencia, ya que la obediencia sólo puede determinarse a través de las Escrituras.

El peligro obvio del pragmatismo en la iglesia es que perdemos nuestro enfoque en la norma absoluta que Dios nos ha dado en Su palabra. Cuando perdemos ese enfoque, la iglesia se encuentra en el terreno resbaladizo de asemejarse al mundo. Cuando desechamos las normas de Dios, debemos depender de nuestras propias normas, las cuales son profundamente defectuosas. Comenzamos a confiar en nosotros mismos y perdemos nuestra confianza en Dios. Próximamente estaré hablando de un área específica en la que el pragmatismo ha opacado a las Escrituras.

Este artículo se publicó originalmente en Challies.

Tim Challies
Tim Challies es uno de los blogueros cristianos más leídos en los Estados Unidos y cuyo Blog ( challies.com ) ha publicado contenido de sana doctrina por mas de 6000 días consecutivos. Tim es esposo de Aileen, padre de dos niñas adolescentes y un hijo que espera en el cielo. Adora y sirve como pastor en la Iglesia Grace Fellowship en Toronto, Ontario, donde principalmente trabaja con mentoría y discipulado.

“¿Qué queréis que os haga?”

Sábado 5 Noviembre

El Señor es muy misericordioso y compasivo.

Santiago 5:11

Él mismo tomó nuestras enfermedades, y llevó nuestras dolencias.

Mateo 8:17

“¿Qué queréis que os haga?”

Leer Mateo 20:29-34

Dos ciegos estaban sentados al borde del camino por donde Jesús pasaba. Ellos clamaron a él e insistieron a pesar de la oposición de la multitud. Él se detuvo, les preguntó qué necesitaban. “Ellos le dijeron: Señor, que nos sean abiertos nuestros ojos”. Entonces les devolvió la vista. Jesús siempre se ocupó de los enfermos, de los rechazados por la sociedad, de los decepcionados de la vida. Su compasión y su entrega son un modelo para nosotros.

Pero su objetivo era mucho más grande. Jesús “anduvo haciendo bienes y sanando a todos los oprimidos por el diablo, porque Dios estaba con él” (Hechos 10:38). La sanación que nos trajo no concierne solo a nuestro cuerpo, a nuestra condición material, sino también y, sobre todo, a nuestra alma. La necesidad más urgente de todo ser humano es ser liberado del pecado. Esta es la enfermedad más grave que existe, porque conduce a la muerte eterna, es decir, al alejamiento definitivo de Dios.

Aún hoy, aunque Jesús no está físicamente en la tierra, se acerca a usted y le dice: “¿Quieres ser sano?” (ver Juan 5:1-9). Si usted quiere ser libre de sus pecados y recibir el perdón de Dios, diríjase a él. Jesús dio su vida en la cruz para salvarnos. “Cristo padeció una sola vez por los pecados, el justo por los injustos, para llevarnos a Dios” (1 Pedro 3:18).

Él no obliga a nadie, pero siempre está dispuesto a recibir al que va a él. ¿Quiere que Jesús haga algo por usted?

Deuteronomio 29 – Juan 19:1-30 – Salmo 119:129-136 – Proverbios 26:27-28

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La llave: la revelación

Viernes 4 Noviembre
Dios, habiendo hablado muchas veces y de muchas maneras en otro tiempo a los padres por los profetas, en estos postreros días nos ha hablado por el Hijo, a quien constituyó heredero de todo, y por quien asimismo hizo el universo.
Hebreos 1:1-2

La llave: la revelación

Después de una mañana de clases pasé frente a la oficina del capellán. Allá, sobre un pequeño estante, se hallaban algunos libros. Mis ojos se posaron en el título de uno de ellos, compuesto por dos palabras: Llave y revelación.

Fue como un rayo de luz en mi espíritu. En efecto, desde hacía algún tiempo tropezaba con el tema de la existencia de Dios, y estaba desanimado. De repente la luz brilló. La verdadera pregunta no era: ¿Existe Dios?, sino: ¿Dios se reveló? En efecto, sin revelación yo permanecería indefinidamente en la duda.

Así, dos palabras en la cubierta de un libro me liberaron de mis reflexiones estériles. La llave para avanzar en la fe es la revelación, y esta se halla en la Biblia. Esto me condujo a un nuevo punto de partida para leerla con cuidado. Han pasado décadas, y esta lectura todavía sigue alimentando mi fe.

Por nuestras reflexiones personales permanecemos en el dominio humano. Pero Dios está por encima de nosotros, él está sobre todo. Para conocerlo es necesario que una puerta nos sea abierta, una puerta cuya llave es la revelación que él ha hecho de sí mismo. Sin ella el dominio de Dios permanece inaccesible.

Desde el principio hasta el fin de la Biblia, Dios se revela de diferentes maneras a los hombres, a veces lo hace directamente, pero sobre todo lo hace por medio de Jesucristo, quien “es la imagen del Dios invisible” (Colosenses 1:15). Su victoria, su gloria en el cielo y su reino son revelados en el último libro de la Biblia, el Apocalipsis, que significa “Revelación”.

Deuteronomio 28:38-68 – Juan 18:19-40 – Salmo 119:121-128 – Proverbios 26:25-26

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Membresía de la Iglesia

Serie: La Teología de La Iglesia

Introducción

Si estuvo con nosotros la semana pasada, recordará hablamos de la definición de Iglesia. Eso tiene que ser el punto de partida, ya que necesitamos saber lo que vamos a construir antes de empezar la construcción. Una de las cosas que notamos de la narrativa bíblica es que la intención de Dios ha sido el crear un pueblo para sí que mostraría su gloria, y como señalamos la semana pasada de Efesios 3:10, la iglesia no es una opción, sino la parte central del plan de Dios para mostrar su gloria. ¿Pero qué sucede cuando los que dicen representar a su nombre fallan en hacerlo?

Vaya conmigo a 1 Corintios 5:

1 Corintios 5.1-7: “De cierto se oye que hay entre vosotros fornicación, y tal fornicación cual ni aun se nombra entre los gentiles; tanto que alguno tiene la mujer de su padre. 2 Y vosotros estáis envanecidos. ¿No debierais más bien haberos lamentado, para que fuese quitado de en medio de vosotros el que cometió tal acción?

3 Ciertamente yo, como ausente en cuerpo, pero presente en espíritu, ya como presente he juzgado al que tal cosa ha hecho. 4 En el nombre de nuestro Señor Jesucristo, reunidos vosotros y mi espíritu, con el poder de nuestro Señor Jesucristo, 5 el tal sea entregado a Satanás para destrucción de la carne, a fin de que el espíritu sea salvo en el día del Señor Jesús. 6 No es buena vuestra jactancia. ¿No sabéis que un poco de levadura leuda toda la masa? 7 Limpiaos, pues, de la vieja levadura, para que seáis nueva masa, sin levadura como sois; porque nuestra pascua, que es Cristo, ya fue sacrificada por nosotros.”

¿Que está pasando aquí?

Un hombre se acuesta con la mujer de su padre y la congregación lo tolera.

Pablo llama a la iglesia a removerlo, para entregarlo a Satanás – no con el fin de su destrucción final, sino para la restauración (v5).

La pregunta que viene a nuestro estudio de hoy es, ¿de que hay que removerlo?

Bueno, eso es lo que necesitamos aclarar. La respuesta que creo que vamos a encontrar es de ser miembro de la iglesia, pero una vez más, tenemos que escuchar lo que la Escritura enseña en lugar de las ideas del hombre.

La Iglesia representa el cielo

Vamos a Mateo 16. En la primera parte del capítulo, nos encontramos con la advertencia de Jesús a los apóstoles de no confiar en las enseñanzas de los líderes de Israel (Mat. 16: 1-12). Eran justos ante sus propios ojos, y así se perdieron de conocer a Jesús – su orgullosa autosuficiencia los cegó de ver a Jesús realmente como es. Entonces, Jesús le habla a Pedro y dice en Mateo 16:15: “¿Quién decís que soy yo?” Simón Pedro responde “Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente”, y Jesús afirma respuesta de Pedro:

18 Y yo también te digo, que tú eres Pedro, y sobre esta roca edificaré mi iglesia; y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella.

19 Y a ti te daré las llaves del reino de los cielos; y todo lo que atares en la tierra será atado en los cielos; y todo lo que desatares en la tierra será desatado en los cielos.

(Mateo 16.18-19).

Esta es la primera de las dos veces que Jesús habla de la iglesia en los Evangelios. Y observe cómo Él conecta la iglesia (v18) con las llaves del reino de los cielos (v19). La semana pasada observamos que el reino de Dios o el reino de los cielos es el pueblo de Dios en el lugar de Dios bajo el gobierno de Dios. Entonces, ¿cuál es la conexión entre este reino de los cielos que Jesús habla en v19 y la iglesia en v18? Bueno, la iglesia tiene el objetivo de mostrar en la tierra quien está y quien no está en el reino de los cielos.

En concreto, cuando Jesús habla con Pedro, está interesado en un qué y un quién. ¿Qué es una confesión correcta, y quien es un confesor correcto?

Jesús ejerce esa autoridad hacia Pedro, pero luego va un paso más allá. Jesús da a Pedro y a los apóstoles esta misma autoridad: la autoridad delante de un confesor, para escuchar su confesión, y para anunciar un juicio oficial en nombre del cielo.

Es o no es una confesión correcta.
Y eso es o no es un verdadero confesor.
Quiero asegurar que entendamos esto: El que está usando estas llaves del reino tiene la autoridad del cielo, no para hacer un cristiano, sino para declarar que es un cristiano, lo que hacemos a través del bautismo y la Cena del Señor.

En Mateo 16, se dice que los apóstoles tienen las llaves. Luego, en Mateo 18, Jesús pone las llaves en las manos de la iglesia local. Observemos:

Mateo 18.15-18

15 Por tanto, si tu hermano peca contra ti, ve y repréndele estando tú y él solos; si te oyere, has ganado a tu hermano.

16 Más si no te oyere, toma aún contigo a uno o dos, para que en boca de dos o tres testigos conste toda palabra.

17 Si no los oyere a ellos, dilo a la iglesia; y si no oyere a la iglesia, tenle por gentil y publicano.

18 De cierto os digo que todo lo que atéis en la tierra, será atado en el cielo; y todo lo que desatéis en la tierra, será desatado en el cielo.

Un hombre ha sido confrontado un par de veces debido a su pecado. Él no escucha. Así que en el verso 17 Jesús dice: “dilo a (Quien? …) La iglesia.” No a un pastor, no a un comité, no a una sesión o presbiterio, sino a la iglesia. La última instancia de apelación es la iglesia.

La iglesia local tiene la autoridad del cielo para proteger el “qué” y el “quién” del Evangelio… quién y qué en la tierra representa al cielo. Se tienen las llaves – y ¿qué hacemos con las llaves? Ellas abren o cierran puertas o – en otras palabras atar y desatar (como en v18).

Jesús ha autorizado a la iglesia local para pararse frente a un confesor, para considerar la confesión del confesor, a considerar su vida, y para anunciar un juicio oficial en nombre del cielo. ¿Es esta confesión correcta? ¿Es este un verdadero confesor? Al igual que hizo Jesús con Pedro.

Las Llaves se ejercen a través del Bautismo y la Cena del Señor

Al atar y desatar… ejercemos las llaves… a través del bautismo y la Cena del Señor. Observe Mateo 18:20. Jesús explica esta actividad de usar las llaves en los versículos 17 y 18 con una explicación del “para” en el versículo 20: “Porque donde están dos o tres congregados en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos.”

¿Qué significa eso de que se reúnen en su nombre? Jesús está hablando de ese lugar donde se ejerce el bautismo. A su vez a Mateo 28:18: “Toda autoridad en el cielo y la tierra me ha sido dada. Por lo tanto, vayan y hagan discípulos, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.” La iglesia, ya que tiene la autoridad de las llaves, tiene la autoridad para bautizar.

El bautismo es un símbolo de una realidad espiritual – una imagen de nuestra unión con Cristo, tanto en su muerte y resurrección. Pero el bautismo no sólo simboliza nuestra unión con Cristo, sino que además es la forma en que el creyente se asocia con el pueblo de Dios.

El bautismo es la puerta por así decirlo y se hace una vez. La Cena del Señor se hace regularmente1. En estas imágenes del Evangelio, estamos dibujando líneas de demarcación del que está dentro y fuera. ¿Recuerda Mateo 18 o 1 Corintios 5? Cuando alguien dice creer en el nombre de Cristo, pero se niega a abandonar su pecado, su afirmación pierde credibilidad y la iglesia está llamada a remover su afirmación de ser cristiano y de excomulgarle; impedirle el acceso a la Cena del Señor. Ahora bien, esto puede ser difícil, pero es importante que la iglesia siga la Escritura en esto porque la iglesia está llamada a representar, a reflejar la imagen de Dios – la gloria de Dios es supremamente importante; y es importante para el individuo, ya que estamos declarándonos unos a otros la verdad sobre nuestro estado ante Dios en lugar de engañar o halagarnos.

El bautismo y la Cena del Señor son signos de juramento por los cuales damos juramentos o votos unos a otros. Profesamos a Cristo, y afirmamos unos a otros como cristianos y miembros unos de otros en la iglesia2.

Es a través del bautismo y la Cena del Señor que nosotros como cristianos individuales trabajando juntos constituimos una iglesia local y sus miembros. Y Jesús autoriza a los cristianos a hacer esto por que nos da las llaves.

¿Recuerdan la definición de la Iglesia local que mencionamos la clase anterior?

“La iglesia local es un grupo de cristianos que se reúne regularmente en el nombre de Jesús para confirmar y supervisar oficialmente la membresía mutua en Jesucristo y en su Reino a través de la predicación del Evangelio y la práctica de las ordenanzas del Evangelio.”

Ahora, un par de cosas están llegando a un mayor enfoque. Es oficial, ya que sólo a la iglesia se le ha concedido la autoridad de las llaves – no a un individuo o a un subcomité. Es una reunión, pero esta reunión se define adicionalmente con el propósito de afirmar y supervisar la membresía de cada uno en Cristo y Su reino. Es a través del Evangelio porque así es como Dios trae a la vida a los cristianos y las ordenanzas porque ese es el instrumento de la iglesia para ejercer las llaves.

¿Para quién es la Membresía de la Iglesia?

Ahora toda esta charla sobre las llaves y atar y desatar plantea una pregunta importante: ¿Cuál es el criterio bíblico para entrar? Y eso es una pregunta importante porque de lo que estamos hablando es de algo más que acomodar – es una cuestión de eternidad. ¿Es igual como un club de campo donde se necesita saber si las personas son adecuadas o conducen un determinado tipo de auto? ¿Es como los militares donde tiene que ser capaz de hacer un cierto número de flexiones y levantamientos de peso? Para responder a esto, vamos a centrar nuestra atención de nuevo al Evangelio de Mateo.

¿A quién, en Mateo, hace Jesús un ciudadano del cielo, es decir, un miembro de la iglesia?

5.3 Bienaventurados los pobres en espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos.

7.21 No todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos.

10.32 A cualquiera, pues, que me confiese delante de los hombres, yo también le confesaré delante de mi Padre que está en los cielos.

18.4 Así que, cualquiera que se humille como este niño, ése es el mayor en el reino de los cielos.

Estas son las personas a las que la Iglesia debe recibir: los pobres en espíritu, los que siguen la voluntad de Dios, aquellos que reconocen a Cristo, el que se humilla como un niño pequeño.

¿Ves el patrón? El cristianismo, y por lo tanto, ser miembro de la iglesia, no es para los fuertes. No es para aquellos que tienen sus asuntos ordenados. Y que están decididos a seguir su propia voluntad… hacerlo a su manera. Es para aquellos que han intentado… y han fracasado.

Es para los adolescentes que tenían ciertos ideales morales, pero luego fueron a la universidad y cayeron en pecado.
Es para las madres que han tratado con todas sus fuerzas ser las madres perfectas, y se han decepcionado a si mismas.
Es para los jubilados que están llegando al final de su carrera y al mirar atrás, se dieron cuenta, “Todo giraba en torno a mi mismo, y mis ambiciones egoístas. Y ahora, ¿que tengo?”
El cristianismo, y por lo tanto ser miembro de la iglesia, es para las personas que han llegado al final de sí mismos. Es por eso que en Mateo 9:12 Jesús dijo: “Los que están sanos no tienen necesidad de médico, sino los que están enfermos. … Porque no he venido a llamar a justos, sino a pecadores”.

El Padre celestial ha elegido, increíblemente, representarse a sí mismo en la tierra no con los moralmente perfectos, sino con los moralmente en bancarrota. Es decir, usa a la persona que sabe que él o ella es un pecador, que odia este hecho, y luego se aparta de ese pecado y pone su confianza en la justicia de Cristo.

Amigos, este es el corazón del cristianismo. Hemos sido creados para el bien. Hicimos el mal. Cristo vivió la vida humilde, mansa, y perfecta que deberíamos haber vivido y, a continuación, murió en la cruz como un sacrificio para pagar el castigo que merecíamos por hacer el mal. Y ahora, llama a cada uno que sea pobre en espíritu, que tenga hambre y sed de su justicia, a abandonar ese pecado, y seguirle como Salvador y Rey.

Triángulo de la Membresía

Muy bien, así que, ¿Qué pasa si después de todo esto de las llaves del reino y atar y desatar todavía tiene preguntas sobre la membresía de la iglesia? Es decir, ¿donde está la membresía de la iglesia de verdad en la Biblia? Una forma útil para responder a esta pregunta es leer a través del NT con esta pregunta en mente: ¿Qué enseña la Biblia acerca de cómo debe relacionarse el cristiano con la iglesia local?

Amarse unos a otros

Romanos 15.1 “Así que, los que somos fuertes debemos soportar las flaquezas de los débiles, y no agradarnos a nosotros mismos.”

Romanos 12.13, 15-16 “compartiendo para las necesidades de los santos; practicando la hospitalidad.” “Gozaos con los que se gozan; llorad con los que lloran. Unánimes entre vosotros; no altivos, sino asociándoos con los humildes. No seáis sabios en vuestra propia opinión.”

Alentarse unos a otros

Hebreos 10.24-25 “Y considerémonos unos a otros para estimularnos al amor y a las buenas obras; no dejando de congregarnos, como algunos tienen por costumbre, sino exhortándonos; y tanto más, cuanto veis que aquel día se acerca.”

Cuidarse unos a otros

1 Corintios 5 y Mateo 18.

Obedecer a los líderes

Hebreos 13.17 “Obedeced a vuestros pastores, y sujetaos a ellos; porque ellos velan por vuestras almas, como quienes han de dar cuenta; para que lo hagan con alegría, y no quejándose, porque esto no os es provechoso.”

Entonces, ¿ve usted cómo el NT nos llama a relacionarnos entre nosotros dentro de la iglesia?

Pero esto plantea una pregunta secundaria: ¿a qué iglesia? En otras palabras, Hebreos 13 nos llama a obedecer a nuestros pastores – pero, ¿a que pastores? ¿Cada pastor de cada iglesia? Los ancianos son responsables ante Dios por las almas que velan, pero ¿cuales cristianos? La congregación tiene la responsabilidad de afirmar una profesión de fe y de remover o disciplinar a alguien cuando hay pecado sin arrepentimiento – pero, ¿a que personas se aplica? Lo que todo esto supone es una iglesia local – una membresía donde hay un “dentro” y un “afuera”. La membresía es simplemente un compromiso consciente respecto a los demás cristianos (al amor, cuidado, aliento), una sumisión a su autoridad como congregación y para los ancianos que dan supervisión.

¿Alguna pregunta?

Preguntas de discusión

1) ¿No es todo esto de “dentro” y “afuera” algo sin amor? ¿Cómo debemos pensar en el amor en el contexto de la membresía de la iglesia?

2) ¿Cuáles son las cosas que una iglesia puede hacer para mantener la línea que diferencia la iglesia y el mundo clara?

3) ¿Cómo podemos fomentar una cultura de discipulado?


[1] 1 Cor. 11:26
2 Ver 1 Cor. 10:16-17

Por CHBC
Capitol Hill Baptist Church (CHBC) es una iglesia bautista en Washington, D.C., Estados Unidos

Sacramentos divinamente instituidos

Sacramentos divinamente instituidos
Por R. Scott Clark

Nota del editor: Este es el sexto capítulo en la serie especial de artículos de Tabletalk Magazine: La historia de la Iglesia | Siglo XVI

Aveces, los defensores del catolicismo romano, los noticieros e incluso los guías turísticos de las catedrales británicas y europeas nos dan la impresión de que la Reforma se coló en la iglesia y se robó cinco sacramentos antiguos cuando nadie estaba mirando. Eso es totalmente falso. Solo a finales del siglo XIII hubo un reconocimiento oficial de algo parecido a lo que hoy conocemos como el sistema sacramental católico romano. Los laicos fueron privados caprichosa y tiránicamente del cáliz el año 1281 en el Concilio de Lambeth y de nuevo en el Concilio de Constanza (1415). Aunque retuvo la copa, Roma reconoció que nuestro Señor nos dio pan y vino en la Cena del Señor. Cuando las iglesias protestantes confesionales y magisteriales rechazaron los cinco sacramentos romanos inventados por la iglesia (la confirmación, la penitencia, el matrimonio, la ordenación y la extremaunción) y devolvieron la copa a los laicos, lo que hicieron fue rechazar innovaciones de doscientos cincuenta años de antigüedad desarrolladas gradualmente durante el periodo medieval y que habían sido impuestas sobre los cristianos de la Baja Edad Media sin justificación bíblica. Los protestantes le estaban devolviendo a la iglesia los dos sacramentos instituidos por Cristo. También estaban devolviéndole la práctica universal de la antigua iglesia cristiana.

Las dos grandes ramas de la Reforma protestante, los luteranos y los reformados, estuvieron de acuerdo en que solo hay dos sacramentos divinamente instituidos: el bautismo y la Cena del Señor. Concordaron en que ambos son sacramentos del evangelio, representaciones visibles de la buena nueva que se predicaba en los púlpitos protestantes. Concordaron en que, en el evangelio, Dios declara justos a los pecadores solo por Su libre favor (sola gratia) y que la salvación se recibe por la fe sola (sola fide). Concordaron en que los sacramentos son medios de gracia (media gratiae) por los que Dios fortalece y anima a los creyentes. Concordaron en que el bautismo es la señal y el sello de Cristo del lavamiento de los pecados por la gracia sola, que debe administrarse a los creyentes y a sus hijos (aunque discrepaban en cuanto a su eficacia), y que la Cena es Su institución para nutrir la fe de los creyentes profesantes. También concordaron en que la doctrina católica romana del sacrificio conmemorativo y propiciatorio de Cristo en la Cena es un ataque idólatra contra la obra consumada de Cristo. Sin embargo, a pesar de estar de acuerdo en algunos de los aspectos más esenciales de los sacramentos, las dos grandes tradiciones de la Reforma discreparon en varios puntos.

A diferencia de la tradición luterana, los reformados desarrollaron una visión exhaustiva de los pactos bíblicos que sirvió como marco para entender los sacramentos. A principios de la década de 1520, Ulrico Zuinglio y otros teólogos concluyeron que existe un solo pacto de gracia en la historia redentora, administrado de diversas formas, en el que Dios ha prometido ser el Dios de Abraham y el Dios de sus hijos.

Los reformados también llegaron a distintas conclusiones sobre la Cena del Señor. Concordaron en que, en la Cena, los creyentes son alimentados por Cristo, pero no podían aceptar la confesión luterana de que el cuerpo de Cristo está «verdaderamente presente» en, con y bajo los elementos. Para los reformados, esa noción no refleja la enseñanza bíblica sobre la ascensión de Cristo, la promesa del Espíritu Santo y la consustancialidad (de la misma esencia) entre la humanidad de Cristo y la nuestra.

A mediados del siglo XVI, los habitantes de Ginebra y Heidelberg y las iglesias reformadas francesas, belgas y neerlandesas continuaron desarrollando la postura de Zurich en lo que respecta a la Cena. Desde principios de la década de 1540 y hasta su muerte, Juan Calvino enseñó que, en la Cena, Cristo alimenta al creyente con Su verdadero cuerpo y Su verdadera sangre mediante la fe, por la operación misteriosa del Espíritu Santo. La Confesión Francesa (1559), la Confesión Belga (1561) y el Catecismo de Heidelberg (1563) confiesan esta doctrina sublime.

El redescubrimiento de la antigua doctrina y práctica cristiana de los sacramentos fue tan esencial para la Reforma que las iglesias reformadas de Europa y las Islas Británicas hablaron del uso correcto de los sacramentos como «marcas» de la iglesia verdadera. En el artículo veintinueve de la Confesión Belga, las iglesias de habla francesa y neerlandesa confesaron que hay tres marcas de una iglesia verdadera: la predicación pura del evangelio, la «administración pura de los sacramentos» y el ejercicio de la disciplina de la iglesia. La frase «administración pura» de los sacramentos era una forma rápida de rechazar tanto a los anabaptistas como a Roma.

Durante la celebración en 2017 de la Reforma, es posible que hayas escuchado a los guías turísticos decir que los reformadores eliminaron sacramentos de la iglesia. Nada puede ser más falso. La Reforma no fue vandalismo, sino la restauración de una perla de gran valor: los dos sacramentos instituidos por nuestro Salvador con las buenas noticias de las que son sellos y señales.

Publicado originalmente en: Tabletalk Magazine

R. Scott Clark
El Dr. R. Scott Clark es profesor de historia de la Iglesia y de teología histórica en el Westminster Seminary California y ministro asociado de Escondido United Reformed Church. Es autor de Recovering the Reformed Confession [Recuperar la confesión reformada].

Toda la Escritura es inspirada por Dios

Jueves 3 Noviembre

Cristo amó a la iglesia, y se entregó a sí mismo por ella, para santificarla… a fin de… que fuese santa y sin mancha.Efesios 5:25-27

Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia.
2 Timoteo 3:16

Escuchar lo que el Espíritu dice a las iglesias (o asambleas)
Leer Apocalipsis 2-3

Finalizando el primer siglo, el apóstol Juan escribió el libro del Apocalipsis, dirigido a siete iglesias (o asambleas, congregaciones de cristianos) del Asia Menor de la época (Turquía actual). Era una provincia romana caracterizada por el culto al emperador y la persecución a los cristianos, que ya eran numerosos.

En el primer capítulo Juan expone cómo, en una visión, vio a Jesús en medio de esas iglesias. En los capítulos 2 y 3 podemos leer lo que escribe a cada iglesia. Esas cartas forman un conjunto, como con frecuencia las series de 7 en la Biblia; por ejemplo, los siete días de la creación en el primer capítulo de Génesis. Ellas presentan un cuadro general de la Iglesia en aquel momento. Estas cartas evocan también las etapas de la historia de la cristiandad hasta que el Señor Jesús venga para llevar consigo a los que han creído en él. En esa época, como hoy, muchos cristianos eran perseguidos, otros eran tentados a hacer compromisos con el mundo, otros toleraban enseñanzas que desviaban a los fieles.

En esas cartas el Señor Jesús expresa su aprobación, anima, advierte sobre los peligros, muestra los errores, exhorta a cambiar y hace una promesa a los vencedores. Hoy su mensaje se dirige a cada cristiano. Jesús nos habla porque nos ama (cap. 3:19). Escuchemos lo que su Espíritu dice a las iglesias (cap. 2:7), sean ricas o pobres espiritualmente, pequeñas o grandes, que vivan en paz o sean perseguidas.

(continuará el próximo jueves)
Deuteronomio 28:1-37 – Juan 18:1-18 – Salmo 119:113-120 – Proverbios 26:23-24

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Dios te dará más de lo que puedes soportar

Dios te dará más de lo que puedes soportar
MITCH CHASE

Los cristianos pueden hacer las afirmaciones más extrañas cuando consuelan a los que sufren. ¿Qué le dices a alguien cuya vida se está desmoronando? Si solo tienes unos minutos preciosos con alguien que ha perdido su trabajo, casa, cónyuge, hijo o todo su sentido y propósito, ¿qué consuelo le ofreces?

Puede que recurramos a la sabiduría convencional en lugar de ir a las Escrituras y acabemos diciendo algo como esto: «No te preocupes, esto no pasaría en tu vida si Dios no creyera que puedes soportarlo». La persona que sufre podría oponerse mientras mueve la cabeza y pone las manos en alto. Pero insistes: «Mira, en serio, la Biblia promete que Dios nunca te dará más en la vida de lo que puedas soportar». Ahí está: sabiduría convencional disfrazada de verdad bíblica. Has prometido lo que la Biblia nunca promete.

Tentaciones y pruebas
El apóstol Pablo escribe: «No les ha sobrevenido ninguna tentación que no sea común a los hombres. Fiel es Dios, que no permitirá que ustedes sean tentados más allá de lo que pueden soportar, sino que con la tentación proveerá también la vía de escape, a fin de que puedan resistirla» (1 Co 10:13). Su punto es específico: está escribiendo sobre la «tentación», una trampa que se esfuerza al máximo al tratar de arrastrarnos al pecado. Utilizando una metáfora de depredador, Dios advirtió a Caín que «el pecado yace a la puerta y te codicia, pero tú debes dominarlo» (Gn 4:7). El pecado nos acecha, pero Dios es fiel. El pecado desea vencernos, pero hay una vía de escape misericordiosa. El pecado pone el anzuelo, pero para el creyente —¡alabado sea Dios!— el pecado no es irresistible.

El pecado nos acecha, pero Dios es fiel. El pecado desea vencernos, pero hay una vía de escape misericordiosa

Ahora bien, si la gente aplica las palabras de Pablo sobre la tentación a los sufrimientos generales, puedes ver de dónde viene la frase «Dios nunca te dará más de lo que puedas soportar». No dudo de la sinceridad y las buenas intenciones de los que usan esta frase, pero la sinceridad no es suficiente. Incluso los amigos de Job tenían buenas intenciones.

Errores gemelos
Hay al menos dos errores en la idea no bíblica de «Dios nunca te dará más de lo que puedas soportar». Primero, juega con la virtud cultural de justicia. En segundo lugar, orienta al que sufre hacia adentro en lugar de hacia Dios.

  1. Pruebas que son… ¿Justas?
    Si les vas a dar a tus hijos cajas para que las suban al carro, primero haces evaluaciones visuales y de peso que tienen en cuenta su edad y su fuerza. No sobrecargas sus brazos y ves cómo se estrellan contra el suelo con las cosas desparramadas por todas partes. Eso sería injusto. El dicho «Dios nunca te dará más de lo que puedas soportar» tiene un tono de justicia que instintivamente nos gusta. Hay algo agradable en la idea de que la balanza está equilibrada, que Dios ha evaluado lo que podemos soportar y permite unas pruebas adecuadas.

Pero hay un problema evidente con ese concepto de «justicia» que sustenta esta sabiduría convencional: Dios ya ha sido «injusto», porque no nos ha tratado como merecen nuestros pecados. Ha sido paciente, comprensivo, bondadoso y abundante en amor. El sol brilla y la lluvia cae incluso sobre los injustos (Mt 5:45). Dios trasciende las categorías [humanas] de justo e injusto hasta tal punto que no estamos en condiciones de evaluar Sus acciones o sopesar Su voluntad. Sus caminos no están sujetos a la norma de justicia de nuestra cultura.

  1. El poder… ¿Adentro?
    El sufrimiento no pregunta si estás preparado. Puede llegar lentamente o con fuerza, pero no pide permiso, y no le importa la conveniencia. Nunca es un buen momento para que tu vida se arruine. Pero el dicho «Dios nunca te dará más de lo que puedas soportar» me dice que tengo todo lo que se necesita. Me dice que puedo soportar todo lo que venga. Me dice que Dios permite las pruebas de acuerdo con mi capacidad de soportarlas. Piensa en lo que hace esta sabiduría convencional: dirige a la gente hacia dentro.

Cuando nuestras fuerzas flaquean bajo cargas aplastantes, la respuesta no está dentro de nosotros

Sin embargo, la Biblia nos dirige hacia Dios. Como dice el salmista: «Dios es nuestro refugio y fortaleza, nuestro pronto auxilio en las tribulaciones. Por tanto, no temeremos aunque la tierra sufra cambios, y aunque los montes se deslicen al fondo de los mares; aunque bramen y se agiten sus aguas, aunque tiemblen los montes con creciente enojo» (Sal 46:1-3). Cuando nuestras fuerzas flaquean bajo cargas aplastantes, la respuesta no está dentro de nosotros. Dios da poder a los débiles y aumenta las fuerzas de los débiles (Is 40:29). El poder viene de Él a los que esperan en Él.

Hacia dónde nos dirigen las pruebas
Las pruebas vienen en todas las formas y tamaños, pero no vienen para mostrar lo mucho que podemos soportar o cómo tenemos todo controlado. El sufrimiento abrumador vendrá a nuestro camino porque vivimos en un mundo quebrantado con personas quebrantadas. Cuando llegue, tengamos claro de antemano que no tenemos lo que hace falta. Dios nos dará más de lo que podemos soportar, pero no más de lo que Él puede.

El salmista pregunta: «¿De dónde vendrá mi ayuda?» (Sal 121:1), y nosotros debemos ser capaces de responder como él. Debemos saber y creer, en lo más profundo de nuestros huesos, que «Mi ayuda viene del Señor, que hizo los cielos y la tierra» (v. 2). Cuando lleguen las pruebas, confía en que la ayuda del Señor llegará. Esta noticia es útil para los que sufren, ya que estamos diciendo algo verdadero sobre Dios en lugar de algo falso sobre nosotros mismos.

Pablo recordó un momento en que Dios le dio más de lo que podía soportar. Él escribió en una de las cartas a los corintios: «Porque no queremos que ignoren, hermanos, acerca de nuestra aflicción sufrida en Asia. Porque fuimos abrumados sobremanera, más allá de nuestras fuerzas, de modo que hasta perdimos la esperanza de salir con vida» (2 Co 1:8). Pablo y sus compañeros habían estado bajo circunstancias que superaban sus fuerzas para soportar: «De hecho, dentro de nosotros mismos ya teníamos la sentencia de muerte» (v. 9).

Luego proporciona una visión crucial de su desesperación. ¿Por qué él y sus compañeros recibieron más de lo que podían soportar? «A fin de que no confiáramos en nosotros mismos, sino en Dios que resucita a los muertos» (2 Co 1:9). Dios te dará más de lo que puedes soportar para que Su gran poder se manifieste en tu vida. De hecho, un mayor peso de gloria está aún por llegar: «Pues esta aflicción leve y pasajera nos produce un eterno peso de gloria que sobrepasa toda comparación» (2 Co 4:17).

Puede que no consideres que los sufrimientos abrumadores sean «leves» y «pasajeros», pero piensa en tus pruebas en términos de un trillón de años a partir de ahora. En medio de la aflicción, a veces lo más difícil de sostener es una visión de lo eterno. Pablo no está tratando de minimizar tu aflicción; está tratando de maximizar tu perspectiva.

El sufrimiento no tiene la última frase del guión. Dios te dará más de lo que puedes soportar en esta vida, pero el peso de gloria que viene será mayor de lo que puedes imaginar.

Publicado originalmente en The Gospel Coalition. Traducido por Equipo Coalición.
Mitch Chase (PhD, Seminario Teológico Bautista del Sur) es pastor de la Iglesia Bautista de Kosmosdale y profesor adjunto en el Boyce College en Louisville, Kentucky.

Es el autor de Behold Our Sovereign God (Contempla a nuestro soberano Dios), The Gospel Is for Christians (El evangelio es para creyentes), y 40 Questions About Typology and Allegory (40 preguntas sobre tipología y alegoría). Está casado con Stacie, y tienen cuatro hijos. Puedes seguirlo en Twitter.

La centralidad de la adoración

La centralidad de la adoración
Por Jeffrey Jue

Nota del editor: Este es el quinto capítulo en la serie especial de artículos de Tabletalk Magazine: La historia de la Iglesia | Siglo XVI

l hecho de que Martín Lutero redescubriera la doctrina de la justificación por la fe sola sirvió como el fundamento teológico de la Reforma protestante. Lutero llegó a esa posición ortodoxa tras un cuidadoso estudio de la Biblia con la convicción de que la Escritura sola es la autoridad suprema, y no la Iglesia católica romana. La ortodoxia (la doctrina correcta) condujo a la ortopraxis (la práctica correcta), que incluye una correcta comprensión bíblica de la adoración. La Reforma protestante del siglo XVI puede describirse acertadamente como una reforma del culto en la iglesia. Los reformadores, entre ellos Lutero, Ulrico Zuinglio y luego Juan Calvino, recalcaron que el culto en la iglesia es vital para el cristiano, pero estaban preocupados por una serie de prácticas de la Iglesia católica romana. Eso los motivó a escudriñar la Escritura, la autoridad suprema, para instruir a la iglesia respecto a cómo practicar la adoración bíblica.

Muchos protestantes usan el término principio regulador de la adoración para describir el principio bíblico que define cómo la iglesia debe adorar a Dios. En pocas palabras, el principio establece que, en la adoración colectiva, la iglesia debe seguir únicamente las instrucciones de la Escritura. En cierto sentido, toda la vida cristiana está sujeta a un «principio regulador», porque siempre debemos vivir de acuerdo con la Escritura. Pero, desde luego, hay muchas áreas de la vida que no se abordan directamente en la Escritura, por ejemplo, ¿a qué escuela debo asistir?, ¿con quién debo casarme?, ¿qué carrera debo elegir? En esos casos, debemos deducir buenas y necesarias consecuencias de la Escritura para que nos ayuden a tomar decisiones sabias, como nos enseña la Confesión de Fe de Westminster 1:6. Sin embargo, el principio regulador de la adoración va más allá y explica que solo las cosas prescritas específicamente en la Escritura están permitidas en la adoración colectiva. En otras palabras, muchos reformadores insistieron en que el culto debe celebrarse exclusivamente según las instrucciones directas y específicas de la Escritura.

¿Cuáles son las prescripciones específicas para el culto que se encuentran en la Escritura? Hay cinco elementos clave. En primer lugar, hay que leer la Biblia (1 Ti 4:13). En segundo lugar (y esto era muy significativo para los reformadores), el culto debe incluir la predicación de la Palabra (2 Ti 4:2; Ro 10:14-15). En la Iglesia católica romana medieval, la predicación perdió prestigio porque se elevó la prioridad de la misa en el culto. Los reformadores recalcaron que la predicación es central y que es un medio de gracia para fortalecer a los creyentes en su santificación. En tercer lugar, en el culto deben ofrecerse oraciones (Mt 21:13; Hch 4:24-30). En cuarto lugar, los sacramentos deben ser administrados correctamente (Mt 28:19; 1 Co 11:23-26). Recuerda que los reformadores determinaron que la Biblia solo enseña dos sacramentos: el bautismo y la Cena del Señor. Por último, también se incluye el canto como elemento de la adoración (Ef 5:19).

El elemento del canto en el culto es un ejemplo de algunas de las diferencias que tuvieron los reformadores en su comprensión de la adoración bíblica. Lutero amaba la música y compuso varios himnos, entre ellos el célebre «Castillo fuerte es nuestro Dios». Creía que cantar los salmos bíblicos y también himnos nuevos era una parte importante del culto. Además, Lutero creía que la era del Nuevo Testamento daba más libertad en la adoración que el Antiguo Testamento. Por otro lado, Juan Calvino tenía una comprensión mucho más estricta del principio regulador en lo que respecta al canto en la adoración pública. Calvino sostenía que solo debían cantarse las palabras de la Escritura en el culto. Así, el libro de los Salmos se metrificó y cantó en muchas iglesias reformadas influenciadas por Calvino. El legado del planteamiento de Calvino también se aprecia en los puritanos del siglo XVII, como vemos en el Directorio para el culto público elaborado por la Asamblea de Westminster.

Podríamos reprochar a Calvino por ser tan estricto al apropiarse del principio regulador, pero debemos recordar el contexto en que trabajaron Calvino y los otros reformadores. Los reformadores consideraron idólatras muchas de las prácticas de la Iglesia católica romana. El uso de iconos y reliquias, la prioridad de la misa y las oraciones a los santos y a María eran prácticas que hacían que la gente dejara de adorar al Dios vivo y verdadero para adorar a otra persona u objeto físico. Para los reformadores, estas prácticas violaban claramente la enseñanza de la Escritura. En consecuencia, para restaurar el culto verdadero y combatir la idolatría, Calvino y otros teólogos siguieron y a veces aplicaron una visión más estricta del principio regulador.

La restauración de la adoración bíblica es un fruto directo de la Reforma. En muchos sentidos, los cultos de la mayoría de las iglesias evangélicas protestantes de la actualidad, especialmente por su centralidad en la predicación, tienen sus raíces en la Reforma. Al igual que en la Reforma, hoy en día sigue habiendo desacuerdo sobre la aplicación del principio regulador. Sin embargo, el desacuerdo sobre esta cuestión debe motivarnos a volver a la Escritura, nuestra autoridad suprema, para que nos instruya en cuanto a cómo debemos adorar a nuestro Dios.

Publicado originalmente en: Tabletalk Magazine

Jeffrey Jue
El Dr. Jeffrey K. Jue es director, vicepresidente ejecutivo y titular de la cátedra Stephen Tong de teología reformada en el Westminster Theological Seminary de Filadelfia. Es anciano docente de la Iglesia presbiteriana en América (PCA).

Deseo partir (6) Pablo

Miércoles 2 Noviembre

Para mí el vivir es Cristo, y el morir es ganancia… teniendo deseo de partir y estar con Cristo, lo cual es muchísimo mejor; pero quedar en la carne es más necesario por causa de vosotros… para vuestro provecho y gozo de la fe.

Filipenses 1:2123-25

Deseo partir (6) Pablo

Leer Filipenses 1

El apóstol Pablo había servido a Jesucristo, su Señor y Maestro, con devoción; trabajó sin cesar por los cristianos. Pero constató con tristeza que “todos buscan lo suyo propio” (Filipenses 2:21). Entonces, desde el fondo de su prisión romana, a pesar de su edad escribió a los cristianos de Filipos: “Y en esto me gozo, y me gozaré aún… será magnificado Cristo en mi cuerpo, o por vida o por muerte. Porque para mí el vivir es Cristo, y el morir es ganancia” (Filipenses 1:1820-21).

¿Cuáles eran sus motivaciones? ¿Trataba de escapar a los sufrimientos? ¿Estaba decepcionado de los cristianos, o herido en su amor propio y desanimado por estar confinado en una cárcel? ¿Se creía el único fiel, y estaba listo a rendirse? ¿Lamentaba haber nacido? ¡En absoluto! Su carta refleja el gozo y la paz. Con insistencia invita a sus lectores a regocijarse “en el Señor siempre”. Pablo sabía que la muerte lo llevaría a estar en compañía de su amado Salvador. Lo que él deseaba era “estar con Cristo”. Sin embargo, no pedía la muerte. “No sé entonces qué escoger. Porque de ambas cosas estoy puesto en estrecho” (Filipenses 1:22-23). Él no pensaba en sí mismo, sino en los otros; sabía que todavía podía ser útil a los cristianos.

Que nuestro Dios nos conceda tener las mismas motivaciones que Pablo. Él tenía una sola razón para vivir, la cual resume así: “Para mí el vivir es Cristo”. ¡Por Cristo vale la pena soportar todo!

Deuteronomio 27 – Juan 17 – Salmo 119:105-112 – Proverbios 26:21-22

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