La Caída del hombre

La Caída del hombre
By Dr Peter Masters

¿Qué tiene que ver la Caída con el ser humano hoy en día? Sin la Caída, nunca podremos entender realmente por qué Jesucristo murió en la cruz o la pecaminosidad de las premeditadas elecciones humanas. Aquí tenemos a Adán, a Eva y la única explicación creíble de la naturaleza humana.

“Pero la serpiente […] dijo a la mujer: ¿Conque Dios os ha dicho: No comáis de todo árbol del huerto?” (Génesis 3:1).

La Caída del hombre es la clave para entender la naturaleza humana y el estado del mundo. Aparte de esto no existe una explicación creíble para el estado humano, incluyendo, por ejemplo, la existencia de la conciencia humana: el conocimiento del bien y el mal que distingue a las personas de los animales y las pone muy por encima de ellos. Solo la Caída explica por qué, a pesar de que tenemos esta alarma moral inherente, no podemos obedecerla ni mantener los estándares que demanda. Aquí vemos solo uno de los misterios de la naturaleza humana, el cual ninguna literatura en el mundo, aparte de la Biblia, puede explicar.

Solo la Caída explica las crueles guerras y toda la hostilidad humana, sin mencionar la avaricia en todas partes, el egoísmo y el antagonismo hacia Dios. Enfocándonos en este último punto, ¿acaso no sería razonable que las personas acogieran la idea de que existe un Creador bueno, misericordioso y magnificente, que está dispuesto a conceder comunión con Él y darles gratuitamente una vasta gama de beneficios e incluso la vida eterna? ¿Por qué entonces tantas personas luchan por probar que Dios no existe, ni tampoco la vida después de la muerte, ni estándares, ni un bien supremo y final? No se puede explicar la naturaleza humana sin la Caída, ni tampoco el surgimiento del sufrimiento y la tragedia en el mundo.

Nada tiene sentido sin este concepto fundamental de una raza humana caída por medio del “pecado original”. Si la narración bíblica de la Caída no fuese verdadera historia revelada por Dios, aun así sería la obra de literatura más extraordinaria desde el comienzo de la escritura, porque refleja perfectamente lo que pasa en todo comportamiento humano a lo largo de los siglos. Su aparente simplicidad esconde una exactitud penetrante y profundas capas de significado, lo cual muestra tanto inspiración divina o genialidad literaria y psicológica en su más alto nivel. Resulta ser que la Biblia lo presenta como una historia literal y Cristo atestigua que es así.

El error más grande que uno puede cometer en la religión es pensar que uno es capaz de agradar a Dios con sus propios logros de justicia (o buenas obras), un error que proviene de un entendimiento inadecuado de lo que ocurrió en la Caída de la raza humana, con la consecuente corrupción del carácter humano. Solo la Biblia nos habla de la Caída del hombre y la necesidad de un Salvador. El problema de otras religiones es que no aceptan la Caída y la depravación humana, y entonces surge la idea de que las personas son capaces de satisfacer los requerimientos de Dios por sus propios actos meritorios, pero eso no puede hacerse.1

Algunos pueden pensar que la Caída del hombre es un tema negativo, deprimente y profundamente pesimista, pero es la puerta al realismo, pues demuestra la necesidad de un Salvador y de que Dios obre en nuestras vidas. A pesar de las muchas habilidades extraordinarias que Dios ha dado a la humanidad, y a pesar de los indudables logros de las personas a lo largo de los siglos, existe mucho sobre lo que se puede ser cínico en este mundo. Existe tanto antagonismo a lo que es moral y tanta vileza (o corrupción) y crueldad que no podemos más que admitir que la depravación humana es verdad.

En Génesis 3, vemos un “huerto” de dicha y de una belleza indescriptible. Adán y Eva han sido creados, la raza humana está en marcha, y el “aire” está lleno de pureza, felicidad, poder moral y sobre todo comunión con Dios. La primera pareja tiene perfecta armonía y experimenta toda sensación pura y agradable que la humanidad conoce. Su paraíso no tiene pecado, ni heridas, ni traiciones, ni tristeza, ni aflicción, ni decepciones, ni miedo, ni muerte o abandono, ni dolor o cansancio, solo energía sin límites y satisfacción intelectual ilimitada, pues este es un lugar bajo el poder protector y la misericordia inquebrantable de Dios todopoderoso. Nada se deteriora ni se descompone en este lugar de belleza imperecedera. Y aun así aquí tenemos la escena para el peor momento de traición inimaginable. ¿Qué es lo que pudo ocasionar esto?

En ese paraíso una serpiente le habló a Eva. ¿Una serpiente que habla? Sí, porque Satanás, un ángel del más alto rango que había caído del Cielo a causa del orgullo 2, entró en la misma, pero Eva no se alarmó de este fenómeno porque estaba acostumbrada a maravillas y cosas sorprendentes, y no tenía razón de sospechar de nada. Esa serpiente, en el principio, habría sido un animal hermoso y erguido, porque antes de la Caída no había nada siniestro o repugnante que pudiera verse 3 en realidad estaba poniendo incertidumbre en la mente de Eva acerca del significado exacto de las palabras de Dios y también plantando la duda acerca de si el mandato de Dios era razonable.

En el centro del Huerto, en medio de numerosos árboles frutales, habían dos que eran especialmente importantes: el árbol de la vida y el árbol del conocimiento del bien y del mal. Satanás le dijo a Eva: “¿Conque Dios os ha dicho: No comáis de todo árbol del huerto?”4, en realidad estaba poniendo incertidumbre en la mente de Eva acerca del significado exacto de las palabras de Dios y también plantando la duda acerca de si el mandato de Dios era razonable.

En respuesta, la mujer afirmó que podían comer de todo fruto excepto de uno de los del huerto: “Pero del fruto del árbol que está en medio del huerto dijo Dios: No comeréis de él, ni le tocaréis, para que no muráis”5. Pero al relatar el mandato de Dios, Eva, consciente o inconscientemente, lo diluyó, porque Dios había dicho: “Ciertamente morirás”6. Quizás Eva solo estaba siendo descuidada, pero volvió algo ciertísimo en algo meramente posible, y Satanás inmediatamente tomó ventaja de su concepto debilitado y contradijo directamente las palabras de Dios y dijo: “No moriréis”.7

¿Cuál era exactamente el fruto del árbol del conocimiento del bien y del mal? No era una manzana; una idea puesta de moda por la mitología griega. Era el símbolo de un mundo alternativo donde se podrían explorar los valores y experiencias contrarios a los estándares santos de Dios y uno podría dejarse llevar por ellos. Tal mundo no existía todavía, pero en el instante que Adán y Eva ejercieran la libertad de elección inherente a su naturaleza, y eligieran desobedecer a Dios, este otro mundo comenzaría a existir a su alrededor, un mundo donde lo opuesto de cada cosa valiosa y su privación estarían disponibles. En cierto sentido, un nuevo mundo de “antivalores” se produciría por la voluntad del hombre.

¿Cuán resbaladiza era la pendiente que llevó a la ruina? No era resbaladiza en absoluto, porque al haberles dado Dios una naturaleza perfecta que se deleitaba en la santidad, Dios les había fado toda facilidad a Adán y Eva para que mantuvieran su amor y lealtad a su Creador. Dios había comprimido los Diez Mandamientos con todos sus profundos requerimientos en un simple deber: No elijáis conocer lo que la vida sería sin Dios. Nuestros primeros padres tenían una libertad intelectual maravillosa, y toda felicidad, al cumplir único requerimiento de obediencia: Obedéceme y confía me mí no tomando jamás ese fruto.

Habiendo negado que Adán y Eva morirían al comer del fruto prohibido, la serpiente procedió a culpar a Dios de un motivo vil y bajo y también de envidia diciendo que Dios sabía que en el día que ellos comieren serían abiertos sus ojos y serían como Dios, sabiendo el bien y el mal.8

“Toma el fruto y seréis justo igual que Dios”, dijo Satanás, insinuando que Dios estaba impidiendo que accedieran a algo incluso más deseable que lo que tenían, donde incluso tendrían incluso una mayor libertad e igualdad con el Creador. Dios les estaba escondiendo ciertas cosas.

El pecado comenzó en el Huerto del Edén cuando Eva eligió creer la mentira, deseando algo más, otra cosa, y estando dispuesta a desconfiar de Dios y a desafiarle con el fin de tener lo que ella quería. ¿Pero no fue Eva simplemente una muchacha ingenua a quien Satanás embaucó y quien momentáneamente tropezó por la tentación? ¿No era una cándida inocente que fue subsiguientemente castigada por ser víctima de una mentira?9

Sabemos que Eva no solamente era hermosa sino que también, como Adán, era enormemente inteligente, porque Dios dijo respecto a toda su obra creativa que “era [buena] en gran manera”10. Capacidades intelectuales nunca fueron tan maravillosamente combinadas sino hasta la venida de Jesucristo. También podemos tener certeza de su gran inteligencia por otra razón: debido a que fueron los primeros en ser creados a imagen y semejanza de Dios y los antepasados de toda la raza humana, Adán y Eva poseían cualidades extremadamente elevadas. Ellos llevaban los genes originales de donde todo el mundo sería formado, y después de la Caída todas las variaciones serían imperfecciones en vez de mejoras.

Teniendo en cuenta que el origen de todos los talentos naturales se encontraban en Adán y Eva, podemos estar seguros que entendieron los aspectos de su tentación con una inmensa claridad antes de que realizaran su fatal elección.

El pecado comenzó, por tanto, unos instantes antes de que el fruto fuese realmente tomado, y no solo una ofensa, sino muchas juntas unidas en un pecado múltiple de proporciones horrorosas. “¡Qué cosa tan pequeña,”, dicen los cínicos, “que todo el futuro de la raza humana se base en un pequeño acto de desobediencia: el comer de un solo fruto!”. Pero también se puede describir la horrorosa fuerza destructiva desencadenada en Hiroshima o Nagasaki como el resultado de una mera “fisión nuclear”. No miramos solo el hecho de tomar y el comer el fruto, sino todo lo que está inmediatamente detrás. No miramos el dedo apretando el gatillo, sino la mente que decidió llevar a cabo la acción.

Vemos en nuestros primeros padres una rápida oleada de actitudes pecaminosas, todas originales y sin precedentes, y todas generadas y permitidas por su voluntad: por su libertad de elección libre y sin coerción. Vemos una amalgama de ingratitud, incredulidad, deslealtad y orgullo, y todavía no hemos agotado con los pecados detrás del crimen.

El orgullo dijo: “Esto es a lo que tengo derecho y debería tener, y Dios lo está escondiendo de mí injustificadamente”, y así la raza humana apartó su mirada de Dios, y todos los valores opuestos, los antivalores, nacieron. Nunca antes habían estado en el mundo del hombre antes de ese terrible momento; pero Eva, y después Adán, los eligieron. En efecto dijeron: “Nosotros, a partir de ahora, nos alejamos de nuestro Creador”, y lo opuesto a la vida, el amor, la pureza y la belleza entraron en este mundo.

Si Eva eligió primero, Adán lo hizo peor, pues no necesitó un encuentro directo con Satanás. Se ha dicho que ella fue tentada y el cayó, pero es imposible e irrelevante atribuir grados de culpabilidad. Parece que Adán respaldó completa e incondicionalmente la propuesta de Eva de comer el fruto.

Todo el horror de su pecado múltiple se pone de manifiesto en la narración bíblica, especialmente en lo que respecta a los motivos de Eva. Leemos: “Y vio la mujer que el árbol era bueno para comer, y que era agradable a los ojos, y árbol codiciable para alcanzar la sabiduría; y tomó de su fruto, y comió; y dio también a su marido, el cual comió así como ella”11. De la narración se hace aparente que la advertencia de Dios fue sopesada en relación a su deseo, y fue rechazada. Para Eva todo giraba en torno a lo que era bueno para probar, bueno en apariencia y bueno para un campo de conocimiento completamente nuevo. Dios había declarado ese fruto malo, tan malo que los mataría, pero Eva (y después Adán) eligió creer lo contrario, que era muy bueno y que les otorgaría un estatus nuevo y deseable.

Vemos esto en nuestra sociedad presente, donde los valores de Dios se rechazan flagrantemente y se favorece lo que la gente quiere hacer para satisfacer sus diversas lujurias y codicias y también sus aspiraciones egoístas. Si Dios declara que algo produce muerte, el hombre, en un momento dado, lo legaliza y alardea de ello.

Los deseos de Eva son expresados en el Nuevo Testamento con estas palabras: “Porque todo lo que hay en el mundo, los deseos de la carne, los deseos de los ojos, y la vanagloria de la vida, no proviene del Padre, sino del mundo”12. Estos deseos fueron introducidos por Satanás en el Huerto del Edén para derribar la raza humana, y continúan siendo su triple estrategia de tentación central.

Eva escuchó la mentira de Satanás, la consideró y la aceptó; después tomó el fruto y comió: una serie de acciones diferentes. Del mismo modo, Adán, con acciones distintivas, recibió el fruto de Eva y comió. Estos pasos o etapas nos proveen de información pues nos señalan la naturaleza premeditada y bien considerada de sus acciones. Desde el momento en que Eva sopesó las palabras de la serpiente, contempló el fruto prohibido y quiso sus supuestos beneficios, hasta el momento en que arrancó ese fruto, pasaron unos cuantos segundos o tal vez un poco más, en los que un grupo de pecados se desarrollaron como una avalancha. El tiempo que pasó entre arrancar el fruto y comerlo también muestra la fija determinación de su desobediencia. Eva no fue ingenuamente inducida a un acto impulsivo mediante el engaño, sino que actuó deliberadamente de acuerdo con su libre elección. Fue un acto intencionado en el que decidió dejar a Dios de lado y desobedecerle.

Ya hemos señalado que la respuesta tanto de Adán como de Eva a Satanás involucraba siguientes los pecados: ingratitud hacia Dios, incredulidad, deslealtad y orgullo. Pero ahora, el hecho de tomar y comer del fruto añadió desobediencia, rebelión y rendición a la codicia, lo que puso a la raza humana en una total oposición a la voluntad y gobierno de Dios.

Nuestros padres habían sido creados perfectos y santos, y se les había dado una asociación de lo más cercana que se pueda imaginar con su Dios. El pecado no merodeaba en sus mentes o corazones ni siquiera en forma embrionaria ni tampoco eran inocentones incapaces de discernir las implicaciones de la mentira de Satanás. Sin embargo, eligieron creer la mentira, y desde ese momento el pecado nació, lo cual desembocó en comer el fruto, y entonces “fueron abiertos los ojos de ambos, y conocieron que estaban desnudos”13. Conocieron toda la gran fealdad de la lujuria, porque sus naturalezas se habían vuelto corruptas, y su pureza y santidad gloriosas habían sido destrozadas.

En ese momento la muerte entró en sus vidas justo como se les había advertido; una muerte doble. Por un lado, murieron espiritualmente porque su cercana comunión con Dios había sido destruida, y en el futuro estarían fuera de su reino, amabilidad y gobierno. Se habían convertido en enemigos de Dios, y en breve serían fugitivos.

Por otro lado, también habían muerto físicamente, pues aunque sus cuerpos estaban todavía vivos, el proceso de muerte física había comenzado, y sus días se verían limitados por el proceso de envejecimiento y muerte.

Muy pronto la alienada pareja oyó “la voz de Jehová Dios que se paseaba en el huerto, al aire del día; y el hombre y su mujer se escondieron”. Ya no podían caminar ahí sin tener temor, porque la culpabilidad ahora había formado una barrera aprensiva entre ellos y Dios. Sin embargo, el pecado aún no había terminado su oba destructora porque a pesar de la culpabilidad y el miedo rápidamente negaron lo que habían hecho mal, embarcándose en un proceso de autojustificación. Dios se acercó, pero ellos no lo buscaron. Dios habló, pero ellos no respondieron. Entonces la voz del Creador sonó por todo el Huerto: “¿Dónde estás tú?”14.

Dios, desde luego, sabía dónde estaban porque Él sabe todo, por lo que sus palabras eran un reto más que una pregunta. Adán respondió: “Oí tu voz en el huerto, y tuve miedo, porque estaba desnudo; y me escondí”.

“¿Quién te enseñó que estabas desnudo?”, preguntó la voz de Dios de forma escrutadora y para darle convicción, dándole así a Adán la oportunidad de confesarlo todo. “¿Has comido del árbol de que yo te mandé no comieses?”. Adán aún no se arrepintió sino que culpó a Eva y, después, a Dios mismo por haberle dado una esposa. Echarle la culpa Eva fue el primer acto de traición y deslealtad de una persona contra otra en la historia del ser humano. “La mujer que me diste por compañera me dio del árbol, y yo comí”.

Este diálogo constituye la descripción más exacta jamás escrita del continuo autoengaño de la raza humana. Pecamos, pero no es culpa nuestra, sino que es culpa de cómo nos han criado, nuestro ambiente o lo que otras personas nos han hecho. En la cultura victimista de hoy en día el “juego de echar la culpa a otro” se vuelve cada vez peor porque el orgullo es soberano e impide que la gente acepte su responsabilidad por su maldad.

En el caso de Adán y Eva toda la gama del pecado humano entró en el mundo a raudales porque se prefirió la mentira de Satanás en vez de la verdad de Dios, y se prefirió la autogratificacion en vez de la obediencia. Y, sin embargo, Adán en un principio no entendió el horror de su caída, ni sus implicaciones, y lo mismo pasa con nosotros. Hasta que no nos damos cuenta del gran abismo entre nosotros y Dios, y cuánto lo ofendemos, no podemos buscarlo adecuadamente. Solo un concepto claro del alcance de la Caída y de la pecaminosidad del corazón humano prepara a la gente para un verdadero arrepentimiento ante Dios.

Es muy probable que Adán y Eva se arrepintieran posteriormente, aunque la narración bíblica no dice nada al respecto.

Pero mientras estaban en el Huerto, Adán le echó la culpa a Eva y Eva a la serpiente. A través de la Caída llegó la muerte física, toda la biología cambió, y ahora en la naturaleza existen luchas salvajes y sin compasión y eso marcó la pérdida del favor especial de Dios, y también con la Caída llegó la era del trabajo duro y los problemas. La humanidad eligió la vida lejos de la bondad de Dios, y tal ambiente entró al mundo. Pero la sentencia de Dios no se dio sin una asombrosa promesa, pues el Señor dijo a la serpiente: “Y pondré enemistad entre ti y la mujer, y entre tu simiente y la simiente suya; ésta te herirá en la cabeza, y tú le herirás en el calcañar”15.

Un glorioso descendiente de Adán y Eva un día vendría, el cual heriría o aplastaría la cabeza de la serpiente. Dios hablaba, por supuesto, de Cristo, la segunda Persona de la Trinidad, quien vendría encarnado a esta Tierra e iría a la cruz del Calvario para expiar los pecados de todos aquellos que confiarían en Él. El crimen de Satanás al derribar la raza humana significaría que Cristo soportaría un sufrimiento indescriptible (ilustrado en que su “talón” sería herido o aplastado), pero al tener una naturaleza divina al igual que humana, Él resucitaría de los muertos.

Si desconocemos la gravedad del pecado de la Caída, no podemos ver la barrera montañosa entre nosotros y Dios. Sin la Caída, nunca podremos entender realmente la Cruz. Solo la Caída nos capacita para ver la tragedia de la elección premeditada del ser humano y su pecaminosidad y la infinita misericordia de Cristo el Salvador al venir a asegurar perdón y nueva vida a billones de personas a lo largo de la historia del mundo.

Hemos visto que en la narrativa de la Caída existen explicaciones para las actitudes humanas en todos los tiempos, porque las estrategias del tentador nunca cambian y los seres humanos responden igual que sus primeros padres. Al igual que Satanás sembró dudas en la mente de Eva acerca de Dios y sus mandatos, Él hace lo mismo con las personas hoy en día. No quiere que nadie crea en un Dios en quien se puede confiar o quien tiene una autoridad total sobre ellos.

A Él no le importa si la gente tiene un dios menor, con tal de que no sea el verdadero Dios. Por consiguiente pregunta: “¿De verdad Dios ha establecido estándares que la gente tiene que cumplir? ¿De verdad que Dios los va a castigar cuando mueran? ¡No! —dice Satanás—, la gente debería rechazar tales ideas y creer que tienen el derecho de hacer lo que les plazca siempre y cuando no afecten a otros.

“Dios os está escondiendo cosas y os está controlando”, insinuó Satanás a Eva, y continúa con lo mismo hoy en día diciendo: “La religión es poco razonable y restrictiva; aparta la moralidad; sé como Dios; sé tu propio Dios”.

Aunque Dios le había dicho a Eva que un fruto en concreto era mortal, ella decidió que era bueno para comer. También consideró que era agradable a los ojos, y enormemente deseable para la obtención de un conocimiento ilegal. En el momento en que ella desconfió de Dios, los pensamientos rebeldes se fortalecieron, y lo mismo ocurre con nosotros. Rechace la Biblia y los Diez Mandamientos y rápidamente se desaparece toda restricción moral, lujurias y codicias se imponen y la nueva sociedad liberalizada se vuelve cada vez peor. Al igual que pasó con Eva, las apariencias importan más que el carácter, y el deseo de tener cosas materiales está por encima que cualquier búsqueda del significado y propósito en la vida.

Decimos: “No quiero a Dios porque es injusto, restrictivo y cruel. No le escucharé ni le obedeceré. No creo su amenaza de castigo o muerte, y cuando muera seguro que iré al Cielo, en el caso de que exista tal lugar”. Esta última presunción comenzó en el Huerto del Edén, lo que muestra la arrogancia que se forma rápidamente con la aparición de la desobediencia a Dios.

El pecado es abominable para Dios, completamente irrazonable y destructivo en todos los sentidos. Desde el Edén, la naturaleza humana ha continuado en depravación, y aparte de la posibilidad de perdón a través de Cristo, todo el mundo vive y muere bajo la advertencia de muerte.

La depravación humana no excluye toda bondad porque Dios ha determinado que algunos sentimientos y características positivas queden en cierta medida incluso en corazones corruptos y desobedientes, de forma que el mundo no sea totalmente insoportable, y también para dar a la gente tiempo para que se arrepienta. Sin embargo, todo lo que hacemos está profundamente contaminado por la Caída.

Hay deseos y motivos que son orgullosos y egoístas en todo lo que hacemos, y esta es la razón por la que el mundo es como es, y los conflictos y las penas nos persiguen incluso en las etapas más felices de la vida. La “montaña rusa” emocional de la vida que las telenovelas de televisión presentan es una verdadera representación de la humanidad, excepto que estas no se atreven a reproducir la realidad completa de la violencia, privación, inmoralidad y miseria que predomina por todo el mundo.

La doctrina bíblica de la “depravación total” no significa que las personas sean 100% malas, sino que están manchadas y corrompidas en cada área de la mente, corazón y voluntad. Inevitablemente el orgullo rechaza esto, pero la verdad es que no puede negarse. La Caída del hombre es la razón de cada aspecto horrible de la vida en el mundo a lo largo de la historia, y sin el amor de Cristo y la salvación que Él trae, estaríamos completamente sin esperanza y sin Dios en el mundo.

La Caída es la razón por la que existe un mundo en el que la enfermedad y la muerte acaban con las vidas a menudo con gran sufrimiento, y arrebatan, incluso a bebes y niños de la felicidad, y dejan a sus padres en gran dolor. El pecado original ocasionó la Caída y nuestra impiedad continua y premeditada respalda el paso que dieron nuestros primeros padres.

¿Dónde está Dios en la tragedia y el dolor? Las personas que buscan a Cristo y su amor perdonador definitivamente lo encuentran. A través de Cristo recibimos reconciliación con Dios, una nueva vida, un nuevo propósito, fortaleza proveniente de lo alto y seguridad eterna. Con esta nueva vida los padres pueden rodear a sus hijos gravemente enfermos con amor por Dios, sembrando en ellos la misma confianza en Cristo y certeza de la eternidad, de forma que la enfermedad y muerte sean el portal al Cielo, y exista confianza en Dios y Él sea alabado por su gran salvación.

Notas a pie de página

1 El Corán contiene una versión extremadamente tardía (600 d.C.) de la tentación de Adán y su esposa pero relaciona su falta a una mala conducta personal, pronto perdonada y sin consecuencias para la humanidad, así que no hay caída de la raza humana y la redención no es necesaria y las personas son capaces de agradar a Dios por sus propias obras justas.


2 Lucas 10:18; Isaías 14:12
3 Génesis 3:14
4 Génesis 3:1
5 Génesis 3:3
6 Génesis 2:17
7 Génesis 3:4
8 Génesis 3:5
9 Los grandes teólogos del pasado hablaban del Huerto del Edén diciendo que fue el tiempo de la “inocencia” del hombre, pero al decirlo no implicaban ingenuidad. Se referían más bien solo a que había sido creado libre de toda maldad, antes de la Caída.
10 Génesis 1:31
11 Génesis 3:6
12 1 John 2:16
13 Génesis 3:7
14 Génesis 3:9
15 Génesis 3:15

Quiero morir (4) – Jonás

Sábado 22 Octubre
Vio Dios… que se convirtieron de su mal camino; y se arrepintió del mal que había dicho que les haría, y no lo hizo. Pero Jonás se apesadumbró en extremo, y se enojó. Y oró al Señor… te ruego que me quites la vida; porque mejor me es la muerte que la vida.
Jonás 3:10; 4:1-3
Quiero morir (4) – Jonás
Leer Jonás 4
Dios envió al profeta Jonás a Nínive para que advirtiera a sus habitantes sobre el juicio inminente que los amenazaba. A pesar de su desacuerdo, Jonás finalmente llevó el mensaje. Los habitantes de Nínive tomaron conciencia de sus pecados y se arrepintieron. Dios los perdonó y no ejecutó su juicio contra ellos.

Pero Jonás estaba herido en su orgullo: lo que él había anunciado no se había cumplido. Ofendido, reprochó a Dios su misericordia y pidió la muerte… “¿Haces tú bien en enojarte?”, le respondió Dios con paciencia. Preocupado más por su reputación que por la gloria de Dios, Jonás se enojó. Sabía muy bien que Dios es misericordioso y lento para la ira, ¡pero Jonás no compartía en absoluto estos sentimientos!

Jonás seguía enojado: una planta que lo había protegido del sol ardiente acababa de secarse, comida por un gusano; el calor lo agobiaba. Entonces volvió a desear la muerte. Y Dios le hizo la misma pregunta. De hecho, a Jonás le preocupaba más la planta que los habitantes de Nínive. Entonces Dios le habló de su misericordia por la gente de esta ciudad, en especial por sus numerosos niños, e incluso por sus animales. La historia de Jonás nos da una importante lección: el orgullo y el egoísmo pueden llevarnos a reaccionar exageradamente, no según la gracia y la paciencia divina. Esforcémonos para manifestar mejor la compasión de nuestro Dios, “el cual quiere que todos los hombres sean salvos” (1 Timoteo 2:4).

Deuteronomio 16 – Juan 10 – Salmo 119:17-24 – Proverbios 25:27-28

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¿Cómo debemos LIDIAR con nuestras EMOCIONES?

Cuarta Temporada
ENTENDIENDO LOS TIEMPOS
Las emociones impactan profundamente todas las áreas de nuestras vidas, ya que ellas pueden tomar control de nosotros, sea para bien o para mal.

Una emoción es un sentimiento muy intenso de alegría o de tristeza. Puede ser temor, enojo, ansiedad o falta de interés, y esto producido por un hecho por una idea o por un recuerdo.

Todos nosotros lidiamos con las emociones, ya que éstas determinan la forma como respondemos en las diferentes situaciones que se presentan en nuestras vidas.

Ese tema en este programa de Entendiendo los Tiempos, con Sugel Michelén y Eduardo Saladín.

«Pero yo confío en tu gran amor; mi corazón se alegra en tu salvación»(Sal. 13:5).

SALMO 13

«Pero yo confío en tu gran amor; mi corazón se alegra en tu salvación»
(Sal. 13:5).

«En verdad estoy tan triste que no puedo expresar mi gran dolor a ninguna persona, no puedo comer, ni beber, ni dormir». Esto fue lo que la esposa de Martin Lutero escribió después de que él muriera. Así es el dolor. Es mucho más que un sentimiento. El dolor se toca, se materializa. Y, de inmediato, nos hace cuestionar a Dios.

El salmista David comienza con cinco preguntas y en cuatro de ellas inicia diciendo: «¿Hasta cuándo…?» (vv. 1-2). Esto pone de manifiesto la agonía por su dolor. Grita con desesperación porque se siente abandonado por su Dios. La paciencia se ha agotado, la esperanza se ha esfumado y el dolor se ha transformado en un gigante invencible.
En los días alegres y cálidos de nuestra vida, el tiempo pasa volando con sus alas extendidas. Pero, en las jornadas del invierno del dolor, sus alas se cierran y se estaciona indefinidamente. Las horas se sienten como días y los días como meses. Así se siente el salmista. No ve el momento en que termine su dolor.
Pero es interesante que, en medio de este escenario, David pide a Dios algo que nos sorprende: «… Ilumina mis ojos. Así no caeré en el sueño de la muerte» (v. 3). No pide un cambio superficial. No pide que sus enemigos sean destruidos (aunque no pecaría si pidiese eso). Él pide que la mano providente de Dios venga y abra sus ojos de fe para que, en medio de su aflicción y oscuridad, vea la luz refulgente de Su gloria. Es como si dijera: «No permitas que la oscuridad de la maldad nuble mis ojos y me impida ver tu gloriosa santidad». Él desea ver a Dios porque, cuando ve esa bella gloria, su corazón pasa de la agonía a la alegría, del lamento al canto. En los versículos finales, podemos observar que Dios contestó su oración y el verano llegó con sus alas extendidas (vv. 5-6).
La belleza de la luz se disfruta después de un periodo de os- curidad y, para usar una frase del poeta escocés Robert Pollok, «el recuerdo de las tristezas pasadas endulza el gozo presente». La música que sale del corazón del salmista es gloriosa porque emana de un corazón cautivo por la gloria de su Dios en medio de la oscuridad.

Permíteme compartirte dos principios para cualquiera que sea tu doloroso invierno:
En el invierno del dolor, clama a Dios que alumbre tus ojos.
Más que cualquier otra cosa, necesitas ver la gloria de Dios. Y recuerda que esa gloria se manifestó en Cristo (2 Cor. 4:6).
En el invierno del dolor, Dios es el Alfarero y tú eres el barro. Las manos de Dios están trabajando en ti. Quizás sientes que necesitas saber qué está haciendo. Pero Él sabe lo que hace y tú necesitas recordar que todo obra para tu bien y Su gloria. Él no se equivoca. Él nunca falla. Él termina a la perfección lo que inicia (Jer. 18).

Consejos sobre el ministerio a los adictos

Nota del editor:Este es el sexto capítulo en la serie de artículos de Tabletalk Magazine: Las adicciones

La idea de ministrar a personas con adicciones probablemente resulte intimidante para la mayoría de los cristianos. Las adicciones suelen dar lugar a otros pecados relacionados, como mentir o robar, que hacen que sea desagradable o incluso peligroso estar cerca de alguien que sufre una adicción. Para cuando su problema sale a la luz, la vida de muchos adictos está fuera de control y es difícil imaginar que se puedan reunir los recursos y la energía necesarios para ayudar realmente a alguien con una adicción. Este ministerio puede parecer del tipo que requiere una formación o experiencia especial. Ciertamente, no es algo que el miembro «promedio» de la iglesia pensaría en emprender y muchas congregaciones se paralizan cuando se trata de trabajar con personas que luchan contra la adicción.

Dos categorías bíblicas pueden ayudarnos a entender lo que ocurre en la vida de alguien cuando está en las garras de una adicción:

Primero, los adictos son idólatras. La adicción es fundamentalmente una adoración. La Biblia nos dice que cualquier cosa a la que la gente acuda en busca de consuelo, confort y esperanza, esa cosa está desempeñando funcionalmente el papel de Dios en sus vidas. Un adicto es alguien que busca algo destructivo, algo que no es el único y verdadero Dios para eliminar el aburrimiento, el dolor, la soledad o la ansiedad de la vida. La alegría de los adictos cuando están en presencia de la cosa que anhelan —ya sea el juego, el alcohol, las drogas o la pornografía— tiene todas las señales de la adoración.

Segundo, los adictos son esclavos. Esto es quizás lo que más pensamos cuando pensamos en la adicción. La diferencia entre alguien que simplemente se entrega a un vicio y alguien que consideraríamos un adicto es que este último es incapaz de detenerse, incluso cuando piensa que quiere hacerlo. La persona adicta está esclavizada por un amo al que parece que hay que obedecer cada vez que le llama.

Estas dos categorías representan una forma de entender la adicción muy diferente a la que se suele tener en el mundo. En la mayoría de las comunidades médicas y psiquiátricas se toma como una verdad sagrada que los adictos sufren una enfermedad y, por lo tanto, no son totalmente responsables de sus comportamientos. Sin embargo, aunque la adicción suele tener un componente físico muy real, la comprensión cristiana del pecado nos obliga a insistir en que Dios hace responsables a los adictos de sus comportamientos y elecciones.

Esta comprensión también ayuda a cerrar la brecha que podemos sentir entre nosotros mismos y los adictos a los que ministramos, porque cuando miramos la Biblia, vemos que las mismas cosas que son verdaderas para los adictos son verdaderas para todos los pecadores. Por naturaleza y sin Cristo, todo hombre, mujer y niño es culpable de adoración falsa (Ro 1:21-23). Todos nos exaltamos a nosotros mismos y miramos a la creación en lugar de al Creador para encontrar significado y ayuda; todos somos idólatras. Además, aparte de Cristo, todos somos esclavos del pecado (Jn 8:34). No podemos evitar pecar y por nuestra cuenta no podemos hacer nada para cambiar esta situación (Ro 1:28-31; Ef 2:1-3).

Si miramos las cosas desde ese punto de vista, vemos que tenemos un punto básico en común con alguien que está luchando con una adicción. Sus comportamientos destructivos pueden hacerlos parecer muy diferentes de nosotros, pero en realidad tenemos las cosas más importantes en común. En Adán, todos somos esclavos idólatras del pecado; de hecho, se podría decir que todos somos adictos al pecado. Podríamos tener la tentación de mirar a alguien que es adicto al alcohol, o a las drogas, o a la pornografía, o al juego y pensar: «Esta persona es demasiado diferente a mí; no puedo ayudarla». Pero, en cambio, deberíamos pensar: «Esta persona es fundamentalmente igual que yo. Aparte de Cristo, todos somos esclavos del pecado y la idolatría».

Una vez que vemos que el problema de la adicción es realmente el problema del pecado, vemos que la solución a la adicción es la misma que la solución al pecado: el mensaje del evangelio. Los adictos necesitan que el amor de sus corazones sea reordenado por la gracia de Dios. Necesitan tanto asumir la responsabilidad de su pecado en el arrepentimiento como reubicar su esperanza en Cristo. Esa es, en última instancia, la única esperanza para los adictos y es una esperanza más que suficiente. Al tratar de ministrar a los adictos, las iglesias no necesitan nada más de lo que ya tienen en el evangelio y en la iglesia que el evangelio crea.

Sin embargo, dicho todo esto, debemos admitir que ministrar a las personas atrapadas en el pozo de las adicciones presenta algunos desafíos especiales. Con este fin, aquí hay cuatro cosas prácticas a tener en cuenta al tratar de ayudar a las personas en estas circunstancias:

  1. No descuides a las familias. A menudo, los cónyuges e hijos de un adicto experimentan un gran estrés emocional y económico. Los programas de adicción a veces ponen a la persona adicta en el centro del universo, pero sus familias a menudo son víctimas inocentes que merecen apoyo y compasión.
  2. Ten cuidado con las falsas soluciones. Muchos de los programas de tratamiento más populares no abordan un problema central para los adictos: su propia idolatría, egoísmo, falta de autocontrol y malas decisiones. En su lugar, a veces se anima a los adictos a cambiar sus adicciones insanas por obsesiones menos peligrosas o socialmente más aceptables.
  3. Calcula el costo. Que una iglesia acompañe a un adicto será costoso en términos de tiempo y energía. A menudo, los únicos amigos de un adicto son otros adictos. La iglesia debe proporcionar una comunidad alternativa en la que los adictos puedan estar rodeados de personas espiritualmente sanas y aprender a vivir para algo más que para ellos mismos.
  4. Ten expectativas razonables. No hay muchas personas que cambian por completo y de inmediato. Si tú y yo cambiamos lentamente, ¿por qué esperar que los adictos no lo hagan? No te rindas cuando surjan contratiempos, sino que persevera en llevar el evangelio a sus vidas.

Publicado originalmente en Tabletalk Magazine.
Mike Mckinley
El reverendo Mike McKinley es el pastor principal de Sterling Park Baptist Church en Sterling, Virginia, autor de The Resurrection in Your Life [La resurrección en tu vida] y coautor de La iglesia en lugares difíciles.

Cada día, a cada hora

Viernes 21 Octubre
Dios, Dios mío eres tú; de madrugada te buscaré; mi alma tiene sed de ti, mi carne te anhela, en tierra seca y árida donde no hay aguas.
Salmo 63:1
El Señor estuvo a mi lado, y me dio fuerzas.
2 Timoteo 4:17
Cercano está el Señor a los quebrantados de corazón; y salva a los contritos de espíritu.
Salmo 34:18
Cada día, a cada hora
Augusto Glardon fue misionero en la India hace más de un siglo; tuvo que sufrir pruebas muy duras: terribles fiebres causadas por las enfermedades tropicales, angustia debida a la presencia de fieras salvajes en el curso de sus giras de evangelización… y más tarde, la muerte de su pequeño hijo de cinco años. En un cántico titulado “Tengo sed de tu presencia”, expresó a Dios su impotencia y su dolor, pero también su fe en ese Dios cercano a nuestra condición humana:

Tengo sed de tu presencia,
Divino Jefe de mi fe.
En mi debilidad inmensa
¿Qué haría yo sin ti?
Cada día, a cada hora,
¡Oh, tengo necesidad de ti,
Ven, Jesús, y vive
Siempre más cerca de mí.
Durante los días tormentosos
De oscuridad, de terror
Cuando decae mi ánimo,
¿Qué haría yo sin ti?
¡Oh Jesús, tu presencia,
Es la vida y la paz,
La paz en el sufrimiento
Y la vida por siempre.
Deuteronomio 15 – Juan 9 – Salmo 119:9-16 – Proverbios 25:25-26

© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
ediciones-biblicas.ch – labuena@semilla.ch

¿Qué es una Iglesia?

Serie: La Teología de La Iglesia

Clase 1

Introducción

En enero de 2012, Jefferson Bethke, un joven de 22 años de edad, de Seattle, publicó un video en YouTube titulado “Por qué odio a la religión, pero amo a Jesús.”1 Rápidamente hizo estallar Internet, llamando la atención de The Washington Post, CNN, CBS, y muchos otros medios de comunicación – a partir de esa semana, ha sido visto más de 28 millones de veces.

¿Por qué toda esta atención? Esto refleja que hoy en día, la espiritualidad es muy popular, pero la religión, no tanto. Cuando pensamos en la religión, pensamos en reglas, dogmas, sacerdotes, instituciones. Queremos a Jesús, pero no todas las restricciones que vienen con él. Para algunos, cuando el tema de la “iglesia” aparece, sus ojos dan vuelta y les deja un mal sabor en la boca.

¿Por qué? Para algunos, la Iglesia ha perdido su camino y ha hecho la vista gorda en la comunidad y el mundo en que vivimos y se ha vuelto irrelevante; el barco se hunde, es hora de bajarse. Para otros, el problema reside no tanto en la institución, sino en su gente. La Iglesia es un lugar lleno de hipócritas, de gente que se cree perfecta, de gente de mente cerrada y enjuiciadora. La Iglesia es aburrida: la gente se aferra a tradiciones que les hacen sentir bien y empujar a otros a través de la culpabilidad legalista.

¿Qué tan importante es la iglesia? ¿No es de Jesús que se trata todo esto de todos modos? ¿Por qué no acabamos de deshacernos de todo el equipaje y volver a pensar cómo hacemos las cosas?, ¿verdad? Además, ¿no era Jesús el que dijo: “Donde dos o tres están reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos”2?

Suena correcto decir, “No me gusta la religión, pero amo a Jesús.” No es de extrañar que el video se hiciera viral como lo hizo. Pero ¿es verdad? ¿Es la experiencia de alguien la que nos hace sentir que la iglesia es irrelevante y una pérdida de tiempo? ¿Pueden los cristianos estar bien con Dios, y desestimar la Iglesia?

Para responder a estas preguntas, tenemos que pensar cuidadosamente acerca de lo que la Biblia dice acerca de la iglesia; pensar en la teología de la iglesia. Lo que vamos a encontrar es que lejos de ser opcional, la iglesia es fundamental en el plan de Dios. Lejos de ser algo que está reservado para los estudiosos en torres de marfil, la teología de los asuntos de la iglesia es para ti y para mí, porque Dios ha hablado.

Entonces, ¿hacia dónde nos vamos a dirigir en las próximas 6 semanas? Comenzaremos hoy mirando a la pregunta fundamental: ¿Qué es una iglesia? Si no sabemos lo que estamos construyendo, vamos a hacer un lío; las definiciones son importantes. A partir de ahí vamos a construir definiciones al examinar la membresía de la iglesia (Semana 2), la disciplina (Semana 3), y las ordenanzas (Semana 4).

Si estos asuntos son importantes para una iglesia saludable, entonces tiene sentido que existan personas que les importen esos temas, por lo que en la semana 5 miraremos el gobierno de la iglesia y los roles que tanto la congregación y los líderes de la iglesia tienen.

Por último, vamos a hablar de lo que la iglesia debe hacer cuando se reúne (Semana 6). En todas estas cosas no estamos tan preocupados por lo que el último libro con la última idea que trae; queremos saber la opinión de Dios; para ver lo que dice acerca de la iglesia y cómo debemos organizar nuestras vidas junto. Empecemos…

¿Qué es una iglesia?

Imagine que tomará un vuelo esta próxima semana. Podría ser por el trabajo, para visitar a la familia, o para unas vacaciones. Cualquiera que sea la razón, el avión despega, llega a su altitud de crucero y la luz del cinturón de seguridad se apaga – usted es libre de moverse por la cabina. ¿Qué pasa si usted descubre en ese momento que el piloto está sentado junto a usted y frenéticamente pasa las páginas del manual del avión tratando de averiguar cómo aterrizar una vez que llegue al destino? Puede que aprenda todo lo que necesita en el viaje, pero nunca ha intentado un aterrizaje anteriormente.

A veces estamos tan ansiosos por empezar a trabajar en una actividad que nos emociona, que nos saltamos los detalles que aparecen en el camino; detalles como las definiciones. Sin embargo, las definiciones son importantes. Al igual que estoy seguro de que el deseo del piloto era conocer el plan de cómo se hace un aterrizaje antes de que él se fuera con usted en el asiento del lado, es importante para nosotros considerar la definición de la iglesia antes de despegar.

Así que ¿por dónde empezamos?

La palabra “iglesia” aparece más de 100 veces en el NT3, por lo que puede ser un buen lugar para comenzar y para descartar lo que no es una iglesia.

Una iglesia no es un edificio. Podemos caminar por un edificio y decir: “Esa es una bonita iglesia”, pero esa no es la idea del NT. El edificio podría quemarse de la noche a la mañana y todavía sería una Iglesia. Es por eso que en Romanos 16, Pablo puede saludar a la iglesia que se reunía en la casa de Priscila y de Aquila (Romanos 16: 3-5.) El edificio (la casa) no era la iglesia, sino las personas que se habían reunido. La palabra griega “iglesia” en el NT es “ekklesia” que significa reunión o una asamblea. La iglesia es fundamentalmente un conjunto de personas.
Ahora, si se forma un grupo aleatorio de amigos cristianos que se juntan para ver un partido de fútbol, ¿hace que sean una iglesia? No. La iglesia es una asamblea. La iglesia no es simplemente un grupo aleatorio de cristianos4; es mucho más.
Existe una Iglesia Universal – que es una manera de hablar respecto de todos los verdaderos cristianos de todos los tiempos y de todos los lugares. No podemos ver quienes son en realidad de la iglesia ahora, pero Dios si puede y un día la iglesia universal se juntará5 en un solo lugar – de toda lengua, tribu y nación que juntos adorarán a Dios.

Hay veces que en el NT se usa la palabra “iglesia” en un sentido universal. Por ejemplo, cuando Pablo escribe en Efesios 1 donde dice que Jesús es la cabeza de la Iglesia (Ef. 1: 22-23), no se refiere simplemente a la iglesia en Éfeso, quiere decir, la Iglesia universal. Pero la mayoría de las referencias de la iglesia en el NT tienen a la iglesia local en mente: la iglesia en Éfeso, Corinto, Colosas, en el Ponto, Galacia, Capadocia.

Así que la iglesia no es un edificio, es una asamblea… pero es mucho más que solo una asamblea. Entonces, ¿cómo aclaramos lo que es una iglesia local entonces? Una definición útil que servirá como punto de partida para nosotros es la siguiente:

“Una iglesia local es un grupo de cristianos que se reúnen regularmente en el nombre de Cristo para afirmar y supervisarse unos a otros respecto a su pertenencia en Jesucristo y su reino por medio de la predicación del Evangelio y de las ordenanzas del mismo6“

Ahora, vamos a desempaquetar esta definición con mayor detalle en las próximas semanas, pero quiero destacar un aspecto de ella: “Jesucristo y su reino” ¿Qué tiene que ver el reino de Dios con la iglesia local? ¡Bastante! El Reino de Dios es un tema importante en el NT, en particular en los Evangelios. Ahora, cuando se lee sobre el reino de Dios, una manera de pensar en ello es la siguiente: el pueblo de Dios, en el lugar de Dios, bajo el gobierno de Dios.

El pueblo de Dios, en el lugar de Dios, bajo el gobierno de Dios está en el corazón de la definición de la iglesia. ¿Por qué? Debido a que es otra manera de hablar acerca de la adoración, y amigos, la iglesia existe para el culto. Entonces, ¿cómo adoramos a Dios juntos en una iglesia local?

La iglesia muestra la imagen de Dios

Para responder a esto, voy a caminar a través de la historia de la Escritura para mostrar la forma en que reflejamos la imagen de Dios. Esa es nuestra palabra clave: imagen.

Creación
En primer lugar, la creación. Génesis 1. Dios crea las plantas y los animales “cada uno según su especie.” Cada manzana sigue el modelo de otra manzana; cada cebra según la cebra anterior. Pero luego, en el versículo 26, leemos esto: “Entonces dijo Dios: Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza.” “Nosotros tenemos el modelo de Dios. Nosotros representamos de manera única a Dios.

Caída
Paso 2: la caída y Génesis 3. Las personas deciden no representar el gobierno de Dios. Buscaron representar a su propia agenda. Ahora somos culpables (porque hemos quebrantado la ley de Dios), y también somos corruptos. El espejo está doblado, se podría decir, por lo que una falsa imagen de Dios es retratada.

Israel
Paso 3, Israel. Dios, en su misericordia, tenía un plan para salvar y utilizar a un grupo de personas para lograr su propósito original para la creación: mostrar su gloria. En Éxodo 4, incluso se llama a esta nación su “hijo7. ”

¿Por qué un hijo? Debido a que los hijos se parecen a sus padres. Ellos reflejan a sus padres.

Los Diez Mandamientos que le da a este hijo están relacionados con la imagen del hijo de su Padre. No tendrás otros dioses delante de mí. No harás una imagen de Dios. Ustedes deberán actuar de una manera que refleje Mi carácter.

Y si este hijo, Israel, adora a otras imágenes y falla en mostrar la imagen de Dios, el será expulsado de la tierra. Lo cual, como es sabido, es exactamente lo que sucedió.

Cristo
Paso 4. Cristo. En Mateo 3, Jesús es bautizado. Y, ¿qué dice El Padre desde el cielo? “Tú eres mi Hijo, a quien amo; en ti me complazco”.

Ahora, por fin, tenemos el Hijo perfecto que satisface perfectamente a su Padre. Quién perfectamente refleja a su padre. “El que me ha visto, ha visto al Padre” (Juan 14: 9).

De tal palo tal astilla.

Así que no es extraño que los autores del Nuevo Testamento lo llamen la “imagen del Dios invisible” (Col. 1:15) y “la imagen misma de su sustancia” (Hebreos 1: 3). Aquí está un hombre que ahora refleja perfectamente a Dios para todos nosotros.

Iglesia
Piense en Romanos 8:29. “Para aquellos que de antemano conoció, también los predestinó para ser hechos conforme a la imagen de su Hijo.” O 1 Corintios 15:49: “Y así como hemos traído la imagen del terrenal, traeremos también la imagen del hombre celestial.”

Nuestro trabajo como cristianos es mostrar el carácter, semejanza e imagen y la gloria del Hijo y del Padre en el cielo.

El padre es un pacificador, por lo que, iglesia, seamos pacificadores.
El Padre ama a sus enemigos, por lo que, iglesia, amemos a nuestros enemigos.
El Padre y yo somos uno, por lo que, iglesia, seamos uno.
De tal Padre, tal Hijo, y tales sus hijos.

Gloria
1 Juan 3: 2, “Pero sabemos que cuando él se manifieste, seremos semejantes a él, porque le veremos tal como él es.” Un día Dios va a rehacer la creación, en los cielos nuevos y la tierra nueva. La ciudad donde habita Dios con el hombre, descenderá del cielo, y entonces seremos espejos perfectos que reflejen su imagen.

Aquí está el resumen de la historia:

Dios creó a la humanidad para mostrar la excelencia de quién es.
Adán y Eva no lo hicieron.
Tampoco lo hizo el pueblo de Israel.
Pero Jesús lo hizo. Jesús vino a revelar a Dios, y Jesús vino a salvar.
Ahora la iglesia está llamada a reflejar el carácter y la gloria de Dios a todo el universo. Está llamada a declarar en palabra y acción su gran sabiduría y obra de salvación.
¿Cómo adoramos? ¿Cómo podemos responder a Su excelencia? Tenemos la imagen de él. Reflejemos su gloria.

Volvamos brevemente a nuestra definición:

“Una iglesia local es un grupo de cristianos que se reúnen regularmente en el nombre de Cristo para afirmar y supervisarse unos a otros respecto a su pertenencia en Jesucristo y su reino por medio de la predicación del Evangelio y de las ordenanzas del mismo8“

Si usted lee a través del NT, verá una serie de imágenes que se utilizan para describir a la iglesia local. Podríamos argumentar que también son parte de la definición de la iglesia – por ejemplo, la iglesia se describe como:

Un cuerpo (1 Corintios 12: 12-27)
Una familia (1 Timoteo 5: 1-2)
Un rebaño de ovejas (1 Pedro 5: 2)
Una casa (1 Pedro 2: 5)
Un sacerdocio (1 Pedro 2: 9)
Este es el punto: una iglesia local vive junto con la estructura y el propósito establecido en la definición (reunirse para supervisar la membresía o pertenencia unos a otros en Jesucristo), están preparados para vivir juntos en una forma tal que esas imágenes (cuerpo, familia, rebaño) se conviertan en una realidad. En otras palabras, la iglesia refleja cada vez más diferentes aspectos de la imagen de Dios.

Dos implicancias.

Permítanme mostrar dos lecciones a partir de lo anterior para saber cómo y qué debemos pensar acerca de la iglesia.

Implicancia 1: La iglesia local es el punto focal del gran plan de Dios para mostrar su gloria a las naciones.

Pensemos, por un momento, cómo Pablo construye el libro de Efesios. Comienza, en capítulo 1, con una hermosa descripción de nuestra salvación por gracia solamente, para la sola gloria de Cristo. El capítulo 2 comienza con el evangelio que nos salvó. Y a continuación, a medio camino en el capítulo 2, Pablo lanza el punto de aplicación principal del Evangelio: que judíos y gentiles son uno en Cristo. Dos grupos que por razones étnicas, teológicas, sociales y políticas estaban enemistados están ahora unidos. De hecho, Pablo usa los dos enlaces más comprometidos que conocemos – el vínculo de la familia y de la etnicidad – para describir la iglesia unida. Somos la nueva familia de Dios. Somos la nueva humanidad de Dios.

Personas que no tienen nada en común, pero en Cristo viven juntas como si tuviesen todo en común. ¿Cuál es el propósito de Dios en todo esto? Efesios 3:10,

“… para que la multiforme sabiduría de Dios sea ahora dada a conocer por medio de la iglesia a los principados y potestades en los lugares celestiales.”

No deje pasar esto. ¿Cómo se va a dar a conocer Dios a un mundo que observa su multiforme sabiduría? A través de la iglesia. Es la obra sobrenatural de Dios en nosotros, no sólo individualmente, sino colectivamente como un cuerpo, como la iglesia, que se convierte en esta plataforma. Lejos de opcional, la iglesia es fundamental en el plan de Dios.

Implicancia 2: La iglesia local debe ser distinta del mundo.

Los propósitos de Dios para la iglesia se llevan a cabo cuando los creyentes son diferentes del mundo. Esto no sólo significa diferentes tipos de personas de diferentes orígenes que aprenden a vivir y se aman. También significa diferente en el sentido de la santidad. En 1 Pedro 1 leemos: “…como hijos obedientes, no os conforméis a los deseos que antes teníais estando en vuestra ignorancia; sino, como aquel que os llamó es santo, sed también vosotros santos en toda vuestra manera de vivir; porque escrito está: Sed santos, porque yo soy santo.9” Las iglesias son sólo para los pecadores. Si no eres un pecador, no eres bienvenido en la iglesia. Y sin embargo, las iglesias son sólo para los pecadores arrepentidos. Si la iglesia no es diferente del mundo, ¿Qué tiene de buena? No me importa cuál sea el mensaje que predica; una iglesia que se parece que el mundo sólo difama a ese mensaje.

Preguntas de discusión

1) Si la iglesia está llamada a reflejar a Dios, ¿Qué debería reflejar la iglesia acerca de Dios? ¿Cuáles son las cosas que una iglesia puede mejorar para tratar de reflejar a Dios de esa manera?

2) Sobre la base de lo que hemos hablado esta mañana, ¿Por qué una iglesia decidiría no usar múlti-sitios o multi-servicio?


1 https://www.youtube.com/watch?v=1IAhDGYlpqY

2 Mat. 18:20

3 113 veces en la versión ESV; ekklesia aparece 114 veces.

4 Un ejemplo diferente a esto aparece en Hechos 19:32 donde ekklesia es usada para describir la asamblea (o multitud) que perseguían a los cristianos.

5 e.g. Rev. 7:9

6 Church Membership, por Jonathan Leeman, pg. 52. (Membresía de la Iglesia)

7 Éxodo 4:22

8 Church Membership, por Jonathan Leeman, pg. 52. (Membresía de la Iglesia)

9 1 Pedro 1:15-16

Por CHBC
Capitol Hill Baptist Church (CHBC) es una iglesia bautista en Washington, D.C., Estados Unidos

La mortificación de las adicciones

La mortificación de las adicciones
Por Jeremy Pierre

Nota del editor:Este es el quinto capítulo en la serie de artículos de Tabletalk Magazine: Las adicciones

Como diácono, estaba a cargo de los terrenos de nuestra iglesia y las malas hierbas eran mis peores enemigos. Las malas hierbas son las matonas del mundo de las plantas domésticas. Roban los preciosos recursos necesarios para el crecimiento de la hierba y las flores y no se disculpan por ello. Así que deben morir. Un jardinero acepta este deber y diseña su plan. Pero no todas las malas hierbas son iguales y no todas morirán con los mismos esfuerzos. Algunas son lo suficientemente pequeñas como para arrancarlas con las manos. Algunas requieren una herramienta manual. Otras requieren implementos aun más pesados, como palas, machetes e incluso ojivas nucleares.

Había una mala hierba en particular en el terreno de la iglesia que se burlaba de mí. Era como un árbol, se extendía muy por encima de mi cabeza, creciendo desde un sistema de raíces bien establecido, entretejida en los cimientos mismos del edificio de la iglesia. Cada temporada, tomaba un hacha, una pala e incluso veneno. Nada la mataba. Cada vez que yo reducía el crecimiento visible, volvía a crecer. El problema principal era que su sistema de raíces se había integrado en los cimientos del edificio. Y esa es una gran ilustración de cómo las adicciones se distinguen de los pecados habituales y normales de la vida.

La muerte única de una adicción
Al considerar cómo una persona puede matar las adicciones en su vida, los diferentes niveles de esfuerzo que se requieren para estos tipos diferentes de malas hierbas sirven como una buena ilustración. Como mis colegas escritores ya han establecido en esta serie de artículos de Tabletalk, las adicciones siempre involucran cierta idolatría del corazón que, cuando se persigue de manera repetida, condiciona el alma y el cuerpo de tal modo que la libertad de la persona se tuerce, se inclina hacia un objeto particular y, lo que es peor, se inclina lejos de Dios. Cuando esto sucede, el tipo de pecado más arraigado se apodera de las motivaciones de una persona. Las adicciones no son como un montón de pequeñas malas hierbas al aire libre, sino más bien como una mala hierba integrada en los cimientos de un edificio. Las adicciones enhebran sus raíces por medio de las expectativas y los deseos del alma, así como de los impulsos y anhelos del cuerpo.

De manera que, cuando hablamos de matar las adicciones, debemos tener cuidado con lo que queremos decir. Lo que no quiero decir es que matar las adicciones es como arrancar una pequeña mala hierba, con raíz y todo, para que deje de ser una amenaza. Lo que sí quiero decir es que matar las adicciones es como ir a la guerra contra la espesa enredadera de raíces que ha penetrado hasta los cimientos. Se trata de reducir de manera constante cualquier signo de crecimiento para que, al no tener hojas brotando que capten la energía solar, las raíces debiliten su sujeción estructural a los cimientos.

Como aquella mala hierba, las adicciones no mueren con una acción decisiva puntual. Mueren durante un largo período de tiempo. Por supuesto, debemos reconocer que Dios puede liberar a alguien de manera definitiva de la atracción de una adicción particular con un acto milagroso, y a veces lo hace. Pero ¿por qué se requiere generalmente un proceso complicado a lo largo del tiempo en lugar de una simple acción en un momento dado? La respuesta es teológica.

Dios nos diseñó para conformarnos, en cuerpo y alma, a aquello que perseguimos. Cuando perseguimos una y otra vez un objeto particular como reemplazo de Dios, condicionamos nuestros cuerpos y almas a la forma de eso que perseguimos. En términos físicos, el comportamiento adictivo opera en nuestro hardware neurobiológico, nuestras dependencias químicas y nuestros antojos corporales. Las estructuras de nuestros cuerpos se vuelven dependientes de sustancias que normalmente no se necesitan para mantener la vida. En términos del alma, el comportamiento adictivo se moldea a sí mismo en nuestra concepción del gozo, la satisfacción y el asombro; nos vemos comprometidos a encontrar esos valores inmateriales en las cosas materiales. Adoramos las cosas creadas en lugar del Creador; nos comprometemos a encontrar el valor de Dios en un objeto particular que no es Dios (Ro 1:21-25).

Un cuerpo y un alma condicionados por tales búsquedas socava la libertad de elección personal. Eso no quiere decir que un adicto sea menos culpable por su comportamiento, ni que su comportamiento sea menos voluntario. Todo es voluntario, pero de una manera extendida en lugar de una forma puntual. Lo que quiero decir es que deberíamos pensar en las adicciones como voluntarias, como una amplia serie de elecciones en lugar de una elección singular en un determinado viernes por la noche.

Muerte por medio de una búsqueda
Si pensamos de esta manera en la naturaleza voluntaria de las adicciones, crearemos un plan de acción más realista y efectivo contra ellas. En lugar de tratar las adicciones como algo de lo que una persona puede decidir deshacerse en un solo momento viniendo a Jesús, debemos pensar en el tratamiento de las adicciones como una serie de nuevas opciones que se acumulan en una nueva búsqueda. Entonces, matar las adicciones significa ayudar a alguien que está luchando a pensar en su responsabilidad con una fuerza verbal específica hacia ella: no decirle «tienes que matar esta adicción», sino más bien «tienes que estar matando esta adicción». Es una práctica, no una simple acción. Es una nueva búsqueda que mata a una vieja.

¿Cómo matamos una búsqueda con otra? Es útil pensar en una búsqueda como una serie de tareas. Son tareas, no pasos. Decir pasos implicaría una secuencia estricta. Pero hablamos más bien de las acciones regulares que una persona necesita tomar para mortificar las adicciones.

  1. Encuentra las raíces en los cimientos y reconoce su fuerza. En otras palabras, sé honesto con Dios, contigo mismo y con los demás acerca de cuán arraigados se han vuelto los deseos por el objeto en particular.

Los deseos tienen un componente físico y otro espiritual, y se abren paso de manera profunda en las estructuras del cuerpo y el alma. Si bien se ha de reconocer las dificultades externas únicas que pueden haber provocado la búsqueda adictiva, no obstante, un adicto debe reconocer su debilidad física y espiritual. La dependencia física de una sustancia a menudo requiere desintoxicación mediante asistencia médica como parte del tratamiento inicial. El cuerpo ha sido condicionado para necesitar la sustancia y los antojos que experimenta una persona se basan en la estructura misma de su cuerpo. Un adicto debe reconocer que el deseo es en parte una consecuencia fisiológica del comportamiento pasado y, por lo tanto, no es una guía confiable para el comportamiento presente. Cuando siente algo como si fuera una «necesidad», no es porque en verdad lo sea, sino porque ha condicionado su cuerpo para pensar que lo es.

Pero los deseos no son solo físicos, también son espirituales. Compiten con los deseos de lo que Dios dice que es bueno y, por lo tanto, no son neutrales. No solo quieren el objeto en sí, sino algo más profundo de lo que el objeto promete proporcionar: satisfacción duradera, escape del dolor, paz estable. Un adicto debe ver el valor más profundo que promete el objeto superficial, luego arrepentirse de sus oscuras lealtades y reconocer su impotencia para cambiarlas.

Reconocer la idolatría y la impotencia traerán dolor y miedo. El dolor y el miedo son en verdad respuestas adecuadas a la realidad de lo que está en juego: el corazón está inclinado a adorar un objeto que lo destruirá. ¿Te imaginas cómo se regocijaría la familia de un adicto al ver que el dolor y el miedo marcan su vida como un patrón de vigilancia en vez de que sean solo parte de su remordimiento? Tal sobriedad mental es una señal de vida (1 Ts 5:5-11).

Este es el evangelio para los adictos: debido a que Jesús provee toda la justicia que necesitan, pueden reconocer con seguridad ante Dios todas las cosas dolorosas y aterradoras sobre ellos mismos. Pueden tener en los cimientos raíces que otros no tienen, pero esa no es razón para alejarse de Dios. De hecho, la única salida de la adicción pasa por esta tarea dolorosa de reconocimiento. Deben desarrollar el hábito de describir estos deseos a Dios en oración. A medida que las personas expresan las particularidades de su necesidad de perdón y fortaleza, encontrarán las particularidades de la gracia para ayudarlos en tiempos de necesidad (He 4:14-16).

  1. Recorta el crecimiento visible de las raíces. En otras palabras, sé vigilante, ante Dios y los demás, con las conductas que refuerzan las búsquedas adictivas. Tal vigilancia honesta sobre los deseos aumentará el estado de alerta sobre las conductas que refuerzan dichas búsquedas. No todas las conductas adictivas se relacionan de manera directa con la adquisición del objeto de la adicción en sí. Las conductas pueden ser tanto condicionantes como explícitas en su búsqueda del objeto. Por ejemplo, un alcohólico puede ir a un bar un jueves por la tarde, pero también puede condicionarse a sí mismo con otras conductas, como el exceso de trabajo. El alcohol se convierte en un falso refugio de escape.

Al igual que con los deseos, un adicto tiene que ser honesto con Dios acerca de sus conductas. No solo con la conducta de ceder, sino con las miles de pequeñas elecciones que lo llevan a ello. Parte de reconocer estos comportamientos ante Dios es reconocerlos ante el pueblo de Dios (He 3:12-13). Para poder permanecer alerta, un adicto necesitará personas que estén lo suficientemente presentes de manera regular en su vida para notar estos comportamientos. Esta es la parte más difícil del ministerio a las personas que luchan contra las adicciones: el nivel de supervisión es difícil de mantener, especialmente en situaciones en las que los círculos habituales de la persona socavan el cambio y refuerzan los viejos patrones. Ayudar a un adicto requiere una apreciación de los aspectos sociales de la adicción. Para tener éxito, un adicto debe colocarse en condiciones relacionales ideales en la medida de sus posibilidades.

  1. Cultiva algo más que sea hermoso. En otras palabras, haz pequeños actos de obediencia que establezcan una búsqueda nueva que honre a Dios. En un mundo de luz solar y agua, el crecimiento se va a dar. La pregunta es, ¿qué tiene prominencia en los recursos limitados de tiempo, atención y energía de una persona? Un adicto necesita ayuda para establecer alguna búsqueda de reemplazo. Aquí tenemos que pensar de manera holística. No se trata solo de hacer que lea la Biblia y ore más, sino de ver cómo la búsqueda de Dios en esas cosas obliga a otras búsquedas en las ocupaciones regulares de la vida. Una persona que encuentra a Dios en privado es libre de disfrutar las cosas buenas de la tierra sin estar atado a ellas (1 Ti 4:4-5). Un adicto necesita volver a aprender que el deleite proviene de muchas fuentes distintas al objeto que lo ha capturado.

¿Sabes qué? Nunca maté esa estúpida mala hierba. Pero llegué al final de mi período diaconal sin que hiciera más daño en los cimientos y en el pasto que los rodeaba. ¿Cómo? Nunca dejé de matarla. Dios no promete la muerte instantánea de la adicción ni que será fácil de combatir. Lo q ue Él promete a los que confían solo en Él es que siempre tendrán la fuerza para mantenerse matándola. Y que al final, esta no ganará.

Publicado originalmente en Tabletalk Magazine.
Jeremy Pierre
El Dr. Jeremy Pierre es decano de estudiantes y profesor asistente de Consejería Bíblica en el Southern Baptist Theological Seminary en Louisville, Ky., pastor en Clifton Baptist Church y coautor de The Pastor and Counseling [El pastor y la consejería].

¿Qué libertad?

Miércoles 19 Octubre
Así que, si el Hijo (de Dios) os libertare, seréis verdaderamente libres.
Juan 8:36
La libertad con que Cristo nos hizo libres.
Gálatas 5:1
Mas ahora que habéis sido libertados del pecado y hechos siervos de Dios, tenéis por vuestro fruto la santificación, y como fin, la vida eterna.
Romanos 6:22
¿Qué libertad?
Muchos hombres han arriesgado su vida, y a veces la han perdido, buscando la libertad. Hoy hay más libertad política en muchos países que hace un siglo. Pero, ¿es esta la verdadera libertad? ¿No estamos todos sometidos a múltiples influencias y, en consecuencia, esclavizados, prisioneros de muchas maneras, sin darnos cuenta?

Jesucristo nos mostró lo que es la verdadera libertad. Los evangelios nos revelan a un hombre perfecto: su prioridad no era agradar a los demás. Ninguna de sus palabras, ninguno de sus actos, fueron motivados por el miedo a los otros. Su amor a Dios y a los hombres era el único móvil de su vida. Incluso sus detractores le dijeron: “Sabemos que eres amante de la verdad, y que enseñas con verdad el camino de Dios” (Mateo 22:16).

Jesús proclamó: “Conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres” (Juan 8:32).

Pero, ¿de qué libertad se trata? Para los que han creído en Jesucristo, la libertad es poder hacer lo que agrada a Aquel a quien aman. Fueron librados “de la potestad de las tinieblas” (Colosenses 1:13), del poder del pecado. Ya no son, como en otro tiempo, “esclavos de concupiscencias y deleites diversos” (Tito 3:3). Ahora les es dada la fuerza para agradar a su Señor, pero, ¿cómo? Pidiéndola por medio de la oración, leyendo la Biblia y siendo conscientes de su debilidad.

Deuteronomio 13 – Juan 8:1-30 – Salmo 118:21-29 – Proverbios 25:20-22

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Ningún bien tengo fuera de Tí

“Yo dije al Señor: Tú eres mi Señor; ningún bien tengo fuera de ti” (Salmos 16:2).

En salmos 16 David toma refugio en el Señor. Tomar refugio incluye la oración de David para que Dios lo guarde. En otras palabras, la oración “protégeme” (Salmos 16:1) es en sí misma un refugio en Dios. Pero David no sólo le pide a Dios que lo guarde. También habla y declara la verdad a Dios. Él se regocija en Jehová, su refugio (Salmos 16:2).

La última frase del verso 2 está llena de profundas verdades teológicas y combustible para la adoración. Entonces, ¿Qué quiere decir David cuando dice “ningún bien tengo fuera de tí?

Dios es la fuente de toda bondad

Cada cosa buena viene del Dios que es Bueno. Dios es el hacedor y sustentador de todos las cosas creadas. Por eso, en Génesis 1, Él crea y luego evalúa su obra: “Y vio Dios todo lo que había hecho, y he aquí que era bueno en gran manera” (Gn 1:31).

Anselmo de Canterbury (1033-1109), el brillante teólogo medieval, vio en esta verdad evidencia convincente de la existencia de Dios. Él veía que todos estaban de acuerdo en que hay una gran variedad de bienes en el mundo. Hay bienes físicos, bienes intelectuales, bienes relacionales. Esto es un hecho básico de la realidad. Y a partir de este hecho, Anselmo pregunta, “¿Qué hace a los bienes buenos?”, y concluye que las cosas buenas no son buenas por sí solas. En su lugar, debe haber un bien mayor que haga todas las otras cosas buenas también.

En otras palabras, Anselmo razonó que debe haber un bien supremo que es la fuente de todas las otras bendiciones. Al hacerlo, él seguía los pasos de David en Salmos 16. David confiesa que hay un Bien Supremo que hace a todas las otras cosas buenas. Y Jehová es este bien supremo. O, como David dijo en otro pasaje, Dios es mi “supremo gozo”, literalmente, el gozo de los gozos (Salmos 43:4). David sabe que su refugio es el gozo fundacional sobre el cual todo gozo es construído.

La bondad de Dios es única

Todos los bienes creados son finitos, temporales y cambiantes. Pero Dios es infinito, eterno, e inmutable. El apóstol Santiago celebra esta realidad: “Toda buena dádiva y todo don perfecto viene de lo alto, desciende del Padre de las luces, con el cual no hay cambio ni sombra de variación” (Stg 1:17).

Los bienes creados hacen sombra. No importa cuán buenos sean, no son bienes infinitos. Son limitados y desaparecen. Pero Dios no tiene sombra, y Él no cambia. Su bondad no tiene límite. La suya es una bondad absoluta y esencial.

Dios es la bondad misma

Las perfecciones de Dios no son sólamente cualidades que Él casualmente tiene. Son esenciales en Él. Son nuestras descripciones humanas de Su ser, Su esencia, Su naturaleza, lo que lo caracteriza. Ésto es lo que significa que Dios sea santo. Sus atributos son completamente perfectos y distintos de los atributos derivados y dependientes de Sus criaturas.

Llamamos a un hombre “justo” porque cumple con el estándar de justicia. Llamamos a un hombre sabio porque se conforma al camino de la sabiduría. Pero Dios es el estándar. Él es el camino. Él no es solamente justo; Él es la justicia misma. Él no es solamente sabio; Él es la sabiduría misma. Él no es solamente fuerte; Él es la fuerza misma. Él no es solamente bueno; Él es la bondad misma. O, nuevamente, el Señor no es solamente justo, sabio, fuerte y bueno. Él es el Justo, Sabio, Fuerte y Bueno.

Esto significa que Dios sea Dios, que Dios sea Jehová, Yo Soy Quién Yo Soy. Por eso Jesús puede decir “Nadie es bueno, sino solo uno, Dios” (Mr 10:18). Él es la fuente de toda bondad, el orígen de todo placer y gozo. Él es infinito, eterno, inmutable, incansable, autosuficiente y suficiente, sin límite ni disminución.

Dios no necesita de mi bondad

Porque Dios es la fuente de toda bondad, mi bondad no lo beneficia de ninguna manera. Él está sobre toda necesidad y mejora. Como Pablo dice, “no mora en templos hechos por manos de hombres, ni es servido por manos humanas, como si necesitara de algo, puesto que Él da a todos vida y aliento y todas las cosas” (Hch 17:24-25).

En este salmo, David revela el hecho de que él no tiene nada para ofrecer a Dios sino su pobreza, su debilidad, su necesidad. Él no tiene don que darle a Dios para devolverle. El Señor es suficiente, y lo es porque Él es suficiente y puede serlo para mi. Esto es porque no tiene necesidad, y puede satisfacer las mías. Lo es porque Él es la Bondad Suprema en la que me puedo refugiar.

Las gotas y el océano

Finalmente, no perdamos el hecho de que estas grandes verdades teológicas son profundamente personales para David. David no solamente confiesa que Jehová es el Señor; él dice “Tú eres mi Señor”. Qué maravillas están implicadas en ese pequeño pronombre posesivo. La fuente eterna e infinita de la bondad, de alguna forma, me pertenece. En Su suficiencia infinita, Él se condesciende y me permite llamarlo “mío”. Mi Señor, mi Maestro, mi Rey.

Y esto significa que Dios no es solamente la mayor y suprema Bondad. Él es mi Bondad. Y que Él sea mi mayor bondad debe ser mi mayor placer. Mi bienestar y felicidad se encuentran en Él, y sólo en Él. Jonathan Edwards (1703–1758) expresó esta gloriosa verdad tan bien como nadie más en su sermón La verdadera vida del Cristiano: Una travesía hacia el cielo:

“Dios es el bien mayor de la criatura sensata. Su disfrute es nuestra felicidad, y es la única felicidad con la que nuestras almas pueden estar satisfechas. Ir al cielo, completamente disfrutar de Dios, es infinitamente mejor que las mejores comodidades que pueda haber aquí: mejor que padres y madres, esposos, esposas, o niños, o que la compañía de cualquiera de nuestros amigos terrenales. Estas no son sino sombras; pero Dios es la sustancia. Son rayos de luz dispersos; pero Dios es el sol. Son pequeñas corrientes; pero Dios es la fuente. Son gotas; pero Dios es el océano”. (Las Obras de Jonathan Edwards, 17:437-38).

Este artículo se publicó originalmente en inglés en https://www.desiringgod.org/articles/i-have-no-good-apart-from-you