Las adicciones y la idolatría

Las adicciones y la idolatría
Por Ed Welch

Nota del editor:Este es el segundo capítulo en la serie de artículos de Tabletalk Magazine: Las adicciones

«Yo quiero»; así comienzan las adicciones. Luego, mediante pequeños pasos, el querer se convierte en necesidad. No existe una definición reconocida de adicción, pero la mayoría de las definiciones propuestas comparten un núcleo común. Las adicciones son búsquedas compulsivas de un objeto o estado mental deseado que, de manera general, no responde a las inevitables consecuencias dañinas de esas búsquedas compulsivas. La mayoría de las definiciones también incluyen cómo los comportamientos adictivos cambian los patrones cerebrales subyacentes.

Cada descenso a la adicción es único. Existen miles de maneras de caer en esta atadura. Sin embargo, hay observaciones generales que pueden ayudarnos a comprender y ayudar mejor a quienes tienen adicciones.

Los adictos suelen buscar una experiencia física alterada; cuanto más rápida e intensa, mejor. Por eso los estimulantes, la cocaína, los narcóticos, los opioides, los sedantes y el alcohol son populares. La comida, especialmente la «comida reconfortante», está en la lista, pero no tiene la eficiencia o intensidad de las sustancias ilícitas o con prescripción.

El sexo produce una de las experiencias sensoriales más potentes. Como tal, se ha perseguido a lo largo de la historia de la humanidad y ha provocado muchas tragedias, tanto para los adictos como para sus seres queridos. Dado que es fácilmente accesible en persona, de manera impresa y digital, todos los elementos sexuales son tentaciones importantes en la adicción.

Las redes sociales y los videojuegos son objetos de deseo más recientes, pero pueden consumir tanto que las escuelas primarias ya están patrocinando semanas en las que los niños renuncian de manera voluntaria al tiempo frente a la pantalla. Las redes sociales tienen poder a través de su promesa de conexión social y de estar en la moda en lugar de estar afuera. Los videojuegos ofrecen algo de poder social y la oportunidad de pasar tiempo en un universo alternativo. Tanto las redes sociales como los videojuegos aportan una estimulación neurológica al cerebro que supera lo que se puede experimentar en una conversación normal o en un buen libro.

Si bien el corazón humano desenfrenado siempre está clamando «quiero» y «quiero más», las adicciones son más prominentes en algunas culturas que en otras. Para maximizar nuestro potencial adictivo como seres humanos, una cultura debe incluir un énfasis en la libertad individual y en la indulgencia personal, y las sustancias adictivas más comunes deben estar disponibles de manera fácil. El tiempo de ocio es un añadido. En estos entornos, las adicciones florecerán y se multiplicarán.

Estas son observaciones generales que son bien conocidas y no dependen de una revelación especial. Existen otras observaciones que solo están disponibles a través del lente de la Escritura.

La percepción más esencial de la Escritura sobre las adicciones es que las adicciones tienen que ver con Dios. Las sustancias adictivas se convierten en «nuestro pronto auxilio en las tribulaciones» (Sal 46:1). Aunque es común que las discusiones sobre las adicciones se vuelvan hacia la espiritualidad, tales discusiones generalmente no hablan sobre la confianza en el Dios único y verdadero, y no suelen reflejar el hecho de que las decisiones adictivas tienen que ver con Dios. Aunque la literatura popular sobre las adicciones identifica las correcciones, nunca identifica el arrepentimiento ante el Señor.

Que la naturaleza de la adicción apunta hacia lo divino se presenta claramente en el relato bíblico de la idolatría. Aquí encontrarás el deseo humano descarriado y mucho más.

En primer lugar, las circunstancias importan en la idolatría (adicción). La historia primigenia transcurre durante el éxodo de Egipto. El corazón humano es, para usar la imagen de Juan Calvino, una fábrica perpetua de ídolos que no necesita provocación para trabajar. Pero los tiempos de incertidumbre y angustia crean la temperatura ideal. En otras palabras, generalmente podemos identificar las pruebas y tentaciones que preceden a la idolatría flagrante. En el desierto, el pueblo tenía alimentos y agua limitados, la perspectiva de que todos morirían y un líder que estaba aislado en una montaña con Dios y no podía ser contactado. Tal escenario era propicio para que los israelitas cometieran idolatría.

La más común entre las pruebas y tentaciones identificadas en las adicciones modernas es que algunas personas están programadas para las adicciones, y que esa programación se complica aún más con la propia adicción. La Escritura no se opone a esta idea, especialmente cuando esa programación se toma como una causa contribuyente en lugar de algo irresistible. Pero, como es de esperar, la Escritura agrega más.

La Escritura añade al «mundo» como otra influencia sobre las adicciones. Esto incluye las formas en que la cultura, los amigos, los medios de comunicación, los profesores o los padres pueden contribuir a las adicciones. Considera, por ejemplo, aquellos que crecen en un barrio donde las personas más respetadas son traficantes de drogas. O considera la influencia de un hogar en el que la pornografía está disponible y es aceptable. Estas son tentaciones que son más de lo que la mayoría puede soportar. Sin embargo, la mayoría de las veces, el poder del mundo no nos agarra por el cuello. En cambio, ejerce su influencia a través de conversaciones casuales que sugieren que la buena vida se encuentra en seguir nuestros deseos.

La Escritura también incluye las dificultades de la vida como una provocación para las adicciones, y aquí nos acercamos especialmente a la historia del desierto. La vida es dura y está llena de conflictos. Casi cada momento es un recordatorio de que algo está torcido en nuestro mundo. En respuesta, buscamos alivio. Los únicos lugares posibles de refugio están en Dios mismo o en algo de Su creación. Los adictos se vuelven hacia la creación en lugar del Creador.

Cuando consideras estas dificultades en el cuidado de un adicto, a menudo descubres victimización, rechazo, vergüenza y muchas penas. En consecuencia, tus conversaciones pueden tratar más sobre el consuelo y el afecto de Dios por los desposeídos y menos sobre la relación con la sustancia adictiva.

Las adicciones, al menos en sus inicios, tienen sus razones. Son una forma de manejar la vida —a veces una vida muy difícil— con nuestras propias fuerzas. Los ayudadores sabios profundizan en los detalles de la historia de una persona que la llevaron a la adicción.

Segundo, la idolatría (adicción) tiene que ver con el deseo. El Antiguo Testamento se enfoca en la adoración real de ídolos, mientras que el Nuevo Testamento apunta a los deseos que subyacen a la idolatría. Resulta que somos gente de deseos, amores y antipatías. Nuestros deseos pueden ser buenos o idólatras, e incluso naturales. Por ejemplo, debemos desear o amar a Dios por encima de todo (Dt 6:5), ese es el mejor de los deseos. Somos propensos a desear lo que otros tienen, lo cual es un deseo codicioso o idólatra. Y al pueblo de Dios se le dijo que en la tierra prometida podían comer lo que quisieran (Dt 12:20), lo que es un deseo natural.

Los deseos idólatras comienzan de manera típica con una semilla de deseo que es natural y apropiada cuando se mantiene bajo control. Estos deseos pueden ser de finanzas adecuadas, salud, hijos obedientes, inclusión, placer, descanso y justicia. La idea clave de la Escritura es que estos deseos normales, e incluso buenos, tienden a crecer (Stg 1:15). A medida que se fortalecen, luchan contra nosotros como un gigante desatado que encuentra poca satisfacción (Ef 4:19; Stg 4:1). Cada vez que nuestros deseos se alejan de Dios, nuestros corazones se quedan con ganas de más.

Este cambio de enfoque, de los ídolos reales a los deseos subyacentes, nos lleva de forma inmediata a la red de la idolatría. Antes de considerar las idolatrías de las drogas, el sexo y el alcohol, que son las más llamativas, la Escritura nos recuerda los ídolos cotidianos que son las personas y el dinero. Vivimos buscando el respeto y la aprobación de los demás (Pr 29:25), y estamos obsesionados con los ingresos personales (Mt 6:24). Muchas de las idolatrías más flagrantes se basan en esos dos objetos de adoración.

Los ayudadores sabios saben que ellos mismos son propensos a los deseos idólatras y que, como los adictos, ellos también están bajo esta rica enseñanza sobre el deseo y su remedio.

En tercer lugar, la idolatría practicada (adicción) es esclavitud y tragedia. Con el tiempo, los idólatras adquieren las características del objeto amado. Como tales, los idólatras se vuelven cada vez más vacíos al imitar algo que no tiene vida; mienten porque aquello que persiguen les hace promesas que no puede cumplir (Is 44:20), y la vida se convierte en una tragedia (Pr 23:29-35). Lo que no está claro es la fuente del poder del objeto, ya que se trata simplemente de una piedra o un palo de madera. Sin embargo, detrás de ese palo hay un mundo de gobernantes y autoridades que están aliados con el diablo. Aparentemente, el diablo se complace en ser adorado por medio de un representante.

Por lo tanto, la adicción es una esclavitud voluntaria. Los adictos toman decisiones. Ellos tienen el control. Están comprometidos con su forma de administrar la vida. No obstante, también están esclavizados y fuera de control. Están dominados por el triunvirato del mundo, la carne y el diablo. Es por eso que los expertos en adicciones ya no esperan a que alguien toque fondo para intervenir, porque no hay fondo que aporte claridad o empodere a una persona descontrolada y esclavizada.

En cuarto lugar, la liberación de la idolatría (adicción) comenzó en el ministerio de Jesús y continúa a medida que confiamos en Él, descubrimos los muchos beneficios de la cruz y la resurrección, y recibimos el Espíritu de Jesús. Dios en el Edén comenzó a llamar a Su pueblo a salir de la idolatría. Esta obra se volvió inconfundible cuando Jesús fue al desierto por nosotros y confió en Su Padre a través de las pruebas y tentaciones más terribles. Luego, como el sustituto perfecto por Su obediencia activa y pasiva, llevó el castigo de la ley, ascendió para llevarnos al Padre y nos dio el Espíritu Santo de poder. Ahora, en Cristo somos capaces de luchar contra los antiguos amos en lugar de sucumbir a lo inevitable. La batalla parece avanzar en pequeños pasos, y podemos sentir la tentación de los dioses antiguos por más tiempo del que nos gustaría, pero con la comunión de la iglesia de Cristo, fijamos nuestros ojos en Jesús e insistimos en conocerlo hasta que podamos decir con el salmista: «fuera de Ti, nada deseo en la tierra» (Sal 73:25), y nuestros amigos sean bendecidos y puedan decir que nos hemos «[convertido] de los ídolos a Dios para servir al Dios vivo y verdadero» (1 Ts 1:9).

El pueblo de Dios ha recibido las palabras de Dios. Estas palabras nos abren los ojos para que podamos ver cómo todavía forjamos ídolos de todo tipo, y estas palabras nos señalan a Jesús, a quien podemos anunciar unos a otros, con paciencia y bondad, y conocer al Dios que habla verdad y da vida abundante.

Publicado originalmente en Tabletalk Magazine.
Ed Welch
El Dr. Ed Welch es un miembro de la facultad en el Christian Counseling & Educational Foundation (CCEF). Ha sido consejero por más de treinta años y es autor de varios libros, entre ellos Addictions: A Banquet in the Grave [Las adicciones: Un banquete en la tumba].

¿Qué es el nuevo pacto?

Lucas Alemán es Director de educación en español y profesor de Antiguo Testamento en The Master’s Seminary

Tiene una licenciatura summa cum laude en idiomas bíblicos (B.A.) por The Master’s University, dos maestrías summa cum laude (M.Div. y Th.M.) y un doctorado (Ph.D.) por The Master’s Seminary. Actualmente sirve no solo como director ejecutivo de la Sociedad Teológica Cristiana sino también como director de los ministerios en español de The Master’s Fellowship. Es anciano en la Iglesia Bíblica Berea en North Hollywood, California, y el editor general y uno de los autores de La hermenéutica de Cristo así como uno de los contribuidores de la serie En ti confiaré y El orgullo. Nacido en Buenos Aires, Argentina, Lucas emigró a los Estados Unidos en el 2008, donde conoció a su esposa Clara de origen brasileño. Juntos tienen tres hijos, Elias Agustín, Enoc Emanuel y Emet Gabriel.

Fiel hasta el final

Lunes 10 Octubre
(Jesús dijo a Pedro:) Yo he rogado por ti, que tu fe no falte; y tú, una vez vuelto, confirma a tus hermanos.
Lucas 22:32
Él (Dios) dijo: No te desampararé, ni te dejaré.
Hebreos 13:5
Fiel hasta el final
“Tuvimos el gozo de pasar algunas horas con Wang Ming Dao, uno de los evangelistas chinos más conocidos. Él estuvo prisionero durante años bajo el régimen brutal de Mao Tsé Toung. Al comienzo, encarcelado debido a su fe en Cristo y considerando que no soportaría un encerramiento de por vida, se había retractado, por lo cual fue liberado. Pero apenas recobró la libertad, su conciencia fue trabajada. Reconoció la gravedad de su falta al haber negado a su Maestro. Avergonzado por esta cobardía manifestada hacia su Salvador, pensó que si el propósito de Dios para él era verdaderamente el encierro, debía someterse con confianza. Entonces, con un celo renovado por su Señor, recorrió las calles de Pekín proclamando: “¡Me llamo Pedro y negué a mi Maestro!”. Como era de esperarse, fue detenido inmediatamente. Durante diecinueve años sufrió por Cristo tras las rejas.

Al final de nuestra visita nos propuso cantar un himno que lo había reconfortado en la prisión:

El Señor me conduce a lo largo
del camino;
¿De quién más tendré necesidad?
¿Puedo dudar de su compasión
Que ha sido siempre mi compañía?
¡Qué paz celestial, qué consuelo divino
Permanecer en él por la fe!
Suceda lo que suceda, no tengo ningún temor
Porque Jesús hace todo divinamente bien”.
Deuteronomio 4:25-49 – Juan 4:1-30 – Salmo 115:1-8 – Proverbios 25:1-3

© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
ediciones-biblicas.ch – labuena@semilla.ch

¿Qué es el tribunal de Cristo?

Director de educación en español y profesor de Antiguo Testamento en The Master’s Seminary

Tiene una licenciatura summa cum laude en idiomas bíblicos (B.A.) por The Master’s University, dos maestrías summa cum laude (M.Div. y Th.M.) y un doctorado (Ph.D.) por The Master’s Seminary. Actualmente sirve no solo como director ejecutivo de la Sociedad Teológica Cristiana sino también como director de los ministerios en español de The Master’s Fellowship. Es anciano en la Iglesia Bíblica Berea en North Hollywood, California, y el editor general y uno de los autores de La hermenéutica de Cristo así como uno de los contribuidores de la serie En ti confiaré y El orgullo. Nacido en Buenos Aires, Argentina, Lucas emigró a los Estados Unidos en el 2008, donde conoció a su esposa Clara de origen brasileño. Juntos tienen tres hijos, Elias Agustín, Enoc Emanuel y Emet Gabriel.

El objetivo de Dios

Domingo 9 Octubre
En una o en dos maneras habla Dios; pero el hombre no entiende… Óyeme tú a mí; calla, y te enseñaré sabiduría.
Job 33:14, 33
El objetivo de Dios
En el siglo 17, en el ejército de Cromwell, jefe militar de Inglaterra, el reglamento exigía que cada soldado llevara consigo un ejemplar de la Biblia. Un joven delincuente se había enrolado en esa tropa con la esperanza de obtener un botín. Como todos sus compañeros, tuvo que llevar una Biblia con él. Después de una jornada de rudas batallas, queriendo tomar pan de su mochila, puso la mano sobre el libro y descubrió un misterioso hueco redondo en la cubierta. Observó bien y notó que una bala había atravesado una parte del volumen, pero se había detenido en la página de Eclesiastés 11. Con asombro leyó estas palabras: “Alégrate, joven, en tu juventud, y tome placer tu corazón en los días de tu adolescencia… pero sabe, que sobre todas estas cosas te juzgará Dios” (v. 9).

¡Dios le hablaba! Fue consciente de que había rozado la muerte. Sin ese libro, probablemente estaría muerto y habría entrado en la eternidad sin estar preparado para encontrar a Dios. En ese mismo instante creyó en Jesús el Salvador y, desde entonces, lo siguió fielmente hasta el fin de su larga vida. Él solía decir: “Debo la vida a mi Biblia, la vida del cuerpo que ella preservó en el campo de batalla, y la vida de mi alma, que hallé en Jesucristo”.

Dios habla a los hombres de mil maneras: por medio de un accidente, un fracaso, una liberación, una decepción, o quizá por el relato que usted acaba de leer… El objetivo de Dios es alcanzar la conciencia y el corazón de sus criaturas. “Hijo mío, está atento a mis palabras; inclina tu oído a mis razones. No se aparten de tus ojos; guárdalas en medio de tu corazón; Porque son vida a los que las hallan, y medicina a todo su cuerpo” (Proverbios 4:20-22).

Deuteronomio 4:1-24 – Juan 3:22-36 – Salmo 114 – Proverbios 24:30-34

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Quiero morir (2) – Elías

Sábado 8 Octubre
Elías… deseando morirse, dijo… oh Señor, quítame la vida… los hijos de Israel han dejado tu pacto… y solo yo he quedado… Le dijo el Señor… Yo haré que queden en Israel siete mil, cuyas rodillas no se doblaron ante Baal.
1 Reyes 19:2, 4, 14-15, 18
Quiero morir (2) – Elías
Leer 1 Reyes 19
Elías, el profeta de Dios, acababa de enfrentarse a centenares de falsos profetas, demostrando de manera espectacular que Dios era el único y verdadero Dios (1 Reyes 18). Entonces Jezabel, la reina idólatra, lo amenazó de muerte, y Elías huyó para salvar su vida. Caminó durante un día y luego se sentó debajo de un enebro. Pensando que estaba solo en medio de un pueblo desobediente a Dios, se desanimó. Decepcionado de los otros y de sí mismo, dijo: “Basta ya… quítame la vida”. Pero Dios tenía otro plan para su siervo. ¡Elías no moriría miserablemente debajo de ese arbusto! ¡Un carro y caballos de fuego lo llevarían pronto al cielo sin que pasara por la muerte! (2 Reyes 2:11).

Un ángel lo despertó y lo alimentó hasta que llegó a Horeb, “el monte de Dios”. Allí Dios le habló con una voz “apacible” y delicada que le llegó directamente al corazón. Y supo que estaba muy lejos de ser el único fiel.

La experiencia de Elías también puede ser la de un cristiano. Después de una victoria espiritual ganada con la ayuda de Dios, la fe se relaja. Y bajo la presión de las circunstancias, en lugar de contar con el Señor, uno se ensimisma. Se cree el único… Escuchemos entonces atentamente la voz llena de gracia del Señor. Entendamos que no estamos solos en el combate (1 Pedro 5:9). Y recordemos que el Señor puede venir de un momento a otro para llevarnos con él al cielo, sin que pasemos por la muerte, como lo hizo con Elías (1 Tesalonicenses 4:17).

(continuará el próximo sábado)
Deuteronomio 3 – Juan 3:1-21 – Salmo 113 – Proverbios 24:28-29

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La Moralidad Condena

La Moralidad Condena
por John MacArthur


La moralidad por sí sola no es una solución; condena tanto como la inmoralidad. La moralidad no puede convertir el corazón de piedra en carne, no puede romper las cadenas del pecado, ni puede reconciliarnos con Dios. En ese sentido, la moralidad por sí sola es tan vacía para salvar como cualquier religión satánica.

Jesús se enfrentó a las personas más religiosas y externamente morales en su mundo, en particular a los sacerdotes, escribas y expertos en la ley del Antiguo Testamento. Él declaró: “No he venido a llamar a justos, sino a pecadores” (Mr. 2:17). Y en Mateo 23 pronunció sus acusaciones más fuertes contra el orden religioso de la época: el partido de los fariseos. Estos eran los hombres más piadosos de la nación, que guardaban meticulosamente la ley de Dios y seguían fielmente la tradición rabínica.

Jesús les advierte: “¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas!” (v. 13). La palabra “ay es el equivalente a decir “malditos son”. Jesús está pronunciando condenación y juicio sobre ellos, y repite la misma frase una y otra vez en los versículos que siguen; los llama “guías ciegos” en el versículo 16, ya que llevaban a Israel por mal camino a través de su moral vacía y piadosa.

Ni cambio social ni moralismo fueron alguna vez el mensaje de los profetas del Antiguo Testamento. Nunca fueron el mensaje del Mesías ni de los escritores del Nuevo Testamento. Ese nunca ha sido en absoluto el mensaje de Dios para el mundo. Es más, Isaías nos asegura que “todas nuestras justicias [son] como trapo de inmundicia” (Is. 64-6). La moralidad del ser humano en su máxima expresión no es más que trapos inmundos y contaminados.

Además, en Romanos 3:10-12 se nos advierte: “No hay justo, ni aun uno… No hay quien haga lo bueno, no hay ni siquiera uno”. Por tanto, cualquier justicia imaginaria que el hombre tenga, cualquier moralidad superficial que exhiba, solo es una farsa. No hay nadie justo, no importa con qué tipo de apariencia piadosa nos presentemos.

Las personas pueden cambiar sus vidas. Pueden tener un momento de crisis y decidir alejarse de la inmoralidad o la adicción y empezar una nueva vida. Hasta cierto punto, pueden limpiar sus acciones simplemente mediante la aplicación del esfuerzo humano y una gran determinación. Si suficientes individuos hacen eso, puede haber una ligera mejoría moral en la sociedad humana. Pero reformar la conducta no tiene nada que ver con la relación entre las personas y Dios; carece de medios para sacarlas de la esclavitud del pecado y llevarlas al reino de Cristo. Lo mejor que la moralidad puede hacer es convertir a la gente en otro grupo de fariseos condenados. La moralidad no puede salvar a nadie de la culpa ni alimentar la autentica piedad. Los fariseos y las prostitutas comparten el mismo infierno.

La presión a favor de la moralidad cultural o incluso la justicia social es una distracción peligrosa de la obra de la iglesia. Desperdicia inmensas cantidades de recursos valiosos, incluso tiempo, dinero y energía. Efesios 5:16-17 insta a los creyentes a “[aprovechar] bien el tiempo, porque los dias son malos. Por tanto, no seáis insensatos, sino entendidos de cuál sea la voluntad del Señor”. Y la voluntad del Señor no es una cultura gobernada por equidad social ni por fariseísmo institucionalizado.

La palabra evangélico se deriva de la expresión griega para “evangelio”. Originalmente se aplicaba a cristianos que entendían que el evangelio es el núcleo y la misma esencia de la doctrina cristiana, y por tanto debe protegerse a toda costa. Sin embargo, la palabra evangélico está hoy pintada con tantos colores sociales y políticos que se ha convertido en un término político rechazado por la mayor parte de la sociedad e incluso por los cristianos más practicantes.

(Adaptado de El Llamado de Cristo a Reformar la Iglesia )

El espíritu de perdón

Viernes 7 Octubre
Del Señor nuestro Dios es el tener misericordia y el perdonar.
Daniel 9:9
El espíritu de perdón
2 de abril de 2015. La universidad de Garissa, en Kenia, fue víctima de un ataque perpetrado por el grupo terrorista Shebabs, en el cual 148 personas cristianas perdieron la vida. Ciku Muriuki, una presentadora radial, dirigió el siguiente mensaje a los asesinos:

“Ustedes se han atribuido la muerte de 148 estudiantes. Tengo tristeza por todas esas familias privadas de sus seres queridos, pero no estoy triste por los desaparecidos. Supongo que ustedes escogieron deliberadamente este tiempo de Pascua, cuando Cristo dio su vida por todos nosotros, incluidos ustedes. Tal vez a ustedes no les importe…

Ese día, una multitud enfurecida insultó a Cristo y lo ridiculizó, pidiendo su muerte. Soldados romanos lo abofetearon, lo golpearon, le pusieron una corona de espinas en su cabeza y lo clavaron cruelmente en una cruz. No obstante, ellos habían visto sus milagros y escuchado sus enseñanzas. ¿Por qué tanta crueldad? Jesús miró a sus asesinos y dijo: “Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen” (Lucas 23:34). Los hombres son responsables de haberlo matado, pero fue él quien voluntariamente dio su vida por nosotros, que pecamos deliberadamente o por ignorancia.

Fue también por ustedes que Cristo murió; por ustedes quienes mataron a mis hermanos y hermanas cristianos… Jesús murió, pero resucitó. Y lo mismo sucederá con los estudiantes cristianos que ustedes masacraron. Ellos resucitarán, porque la vida eterna es prometida a los que creen el él… Cristo murió en la cruz por ustedes también, para salvarlos, si ustedes se arrepienten”.

Deuteronomio 2 – Juan 2 – Salmo 112 – Proverbios 24:27

© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
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¿Te aburres cuando oras? Prueba orar la Biblia

¿Te aburres cuando oras? Prueba orar la Biblia
Josué Barrios

Pocas cosas han sido tan edificantes para mí como la práctica de orar la Biblia.

Este método ha sido de mucha utilidad para incontables cristianos a lo largo de la historia; Dios puede usarlo para llevarte a profundizar en tu vida de oración.

Por eso disfruté bastante leer Orando la Biblia, de Donald Whitney, hace algunos años atrás. Ha sido uno de los libros que más impacto práctico han tenido en mi día a día. Estas son algunas cosas que este libro breve y muy útil nos enseña:

1) La presencia del Espíritu Santo fomenta la oración.
Debemos empezar por lo más importante: ningún método será útil para alguien sin el Espíritu Santo. Whitney nos recuerda eso, hablando sobre Romanos 8:15 y Gálatas 4:6.

Cuando alguien nace de nuevo, el Espíritu Santo le da a esa persona nuevos deseos orientados hacia el Padre, una nueva orientación celestial en donde clama: «¡Abba, Padre!». En otras palabras, todos aquellos en quienes habita el Espíritu Santo desean orar. El Espíritu santo hace que todos los hijos de Dios crean que Dios es su Padre y los llena con un deseo permanente de hablar con Él (loc. 140).

Como creyentes, necesitamos recordar la asombrosa realidad de que el Espíritu no está simplemente con nosotros. Él mora en nosotros conduciéndonos a vivir dependientes de Dios (Ro 8.9).

2) El problema en nuestras oraciones puede ser nuestro método.
¿Por qué a veces divagamos tanto al orar y luchamos contra el aburrimiento mientras hablamos con el Señor del universo?

Whitney nos explica que una de las principales causas de este problema es nuestra tendencia a presentar nuestras peticiones ante Dios usando las mismas palabras una y otra vez.

El problema no es que oremos por las mismas cosas de siempre, sino que usemos las mismas palabras cada vez que oramos por las cosas de siempre. Parece que casi todas las personas empiezan a orar así tarde o temprano y eso se vuelve aburrido; y cuando la oración es aburrida, no sentimos ganas de orar. Cuando no sentimos ganas de orar, es difícil orar, al menos de manera enfocada y concentrada (loc. 126).

El autor argumenta que, si tenemos el Espíritu Santo y aún así nos cuesta disfrutar nuestras vidas de oración, el problema entonces no somos nosotros. El problema es nuestro método.

Lee también: La oración es más que un emoji 🙏🏻

3) Es posible tener una vida de oración significativa.
Debido a nuestras frustraciones, podríamos llegar a pensar que una vida de oración significativa solo está al alcance de algunos cristianos privilegiados o algo así. Eso es algo que Whitney refuta rotundamente:

El Señor tiene a Su pueblo alrededor de todo el mundo y entre ellos hay creyentes de cada tipo de descripción demográfica. A pesar de ello, por Su Espíritu, Él les da a todos ellos el deseo de orar. ¿Se lo daría a todos si la oración significativa fuera solo para algunos?… A pesar de Su amor por Su pueblo, un amor demostrado a través de la encarnación y crucifixión de Su Hijo, un amor que se hizo evidente al proveer el Espíritu Santo, la Biblia y la Iglesia, ¿idearía Dios, entonces, un medio de comunicación ente Él y Sus hijos que la mayoría encontraría frustrante, aburrido y monótono? (loc. 268)

¡La respuesta a esa pregunta es un firme no! Todo creyente puede tener una vida de oración satisfactoria, deleitándose en Dios cada día.

4) El método de orar la Biblia es realmente simple.
La solución a la rutina aburrida de decir siempre las mismas cosas acerca de siempre lo mismo es muy sencilla: «Cuando ores, ora a través de un pasaje de las Escrituras, de manera particular a través de un salmo» (loc. 281).

Cada pensamiento que entra en tu mente mientras estás leyendo un pasaje de la Escritura —aun si tal pensamiento no tiene que ver con el texto que está delante de ti en ese momento— es algo que puedes llevar delante de Dios (loc. 340).

Whitney nos explica que orar la Biblia no es precisamente interpretarla, sino más bien usar el lenguaje del texto para hablar con nuestro Padre sobre lo que viene a nuestra mente. De esta manera ampliamos el vocabulario que usamos al orar y divagamos menos, pues estamos siendo guiados por el text, en lugar de simplemente hablar y hablar sin dirección alguna.

5) Los Salmos son el mejor lugar desde el cual orar la Biblia.
Aunque podemos orar a lo largo de toda la Biblia, Whitney nos muestra que los Salmos son especiales para esta actividad.

El Señor nos dio los Salmos para que le diéramos los Salmos de vuelta a Él. Ningún otro libro de la Biblia fue inspirado con ese propósito expreso (loc. 464).

Así como muchos cristianos han podido encontrar en los Salmos cómo adorar y clamar al Señor, nosotros también podemos hacerlo. Dios inspiró un salmo para cada anhelo de nuestros corazones y cada circunstancia en nuestro caminar.

Lee también: ¿Qué tiene que ver la oración con la lectura de la Biblia?

Si tenemos todo un libro en la Biblia lleno de alabanzas y oraciones para meditar en ellas y ponerlas en nuestras bocas, ¿por qué no orar más a menudo la Palabra?

Una versión de este artículo apareció primero en Coalición por el Evangelio.

El ministerio a los adictos

El ministerio a los adictos
Por Burk Parsons

Nota del editor:Este es el primer capítulo en la serie de artículos de Tabletalk Magazine: Las adicciones

Como pastor, a menudo aconsejo a personas con adicciones. Tras servir en el ámbito de la iglesia local durante más de veinte años, encuentro que ministrar a los adictos y sus familias es una de las cosas más difíciles, complicadas y tristes que hago. Cada semana, predico la Palabra de Dios a personas que nunca han sido adictas y que tal vez nunca lleguen a serlo, personas que fueron adictas, a los propios adictos y a futuros adictos. Hay algunos adictos que saben que son adictos, otros que están buscando ayuda para su adicción, y otros que no saben que son adictos o no quieren admitirlo. Algunos piensan que nunca se convertirán en adictos porque no tienen una «personalidad adictiva». Otros piensan que nunca se convertirán en adictos porque sus padres no eran adictos. Y algunos temen convertirse en adictos porque piensan que tienen una personalidad adictiva o porque muchos en su historia familiar fueron adictos. Sea cual sea el caso, todos nosotros nos hemos visto afectados de alguna manera por adictos o por adicciones.

Las estadísticas revelan que la prevalencia de las adicciones está creciendo rápidamente en todo el mundo, incluso entre niños que, sin saberlo, se están convirtiendo en adictos a los medicamentos conductuales y psicotrópicos. Estamos más familiarizados con las adicciones a las sustancias ilegales, los medicamentos, el juego y la pornografía. Sin embargo, estamos menos familiarizados con las adicciones al sexo, a las pantallas (videojuegos, televisión, teléfonos inteligentes, etc.) y a las autolesiones. Además, hay muchas personas que luchan con adicciones que muchos de nosotros erróneamente consideramos como «inofensivas», como comer en exceso, comprar, hacer ejercicio, trabajar, las redes sociales y las adicciones a Internet. Ya sean públicas o privadas, grandes o pequeñas, externas o internas, las adicciones son reales y, en última instancia, son asuntos del corazón en las vidas de los portadores de la imagen de Dios.

Todas las adicciones tienen consecuencias y deben ser tomadas en serio. No debemos subestimar la importancia de las adicciones en nuestras vidas o en las de los demás. Es más, no debemos convertir las adicciones en algo insignificante y limitarnos a ridiculizar y amenazar a los adictos, dejándolos a su suerte y abandonándolos en sus adicciones. Si ignoramos una adicción, las consecuencias pueden ser devastadoras. Debemos ser compasivos y valientes cuando nos acercamos unos a otros. Debemos orar, confesar, confrontar, admitir, intervenir, hacernos amigos y amar. Como familia de Dios, no debemos rendirnos con los que luchan contra las adicciones, ya que dependemos de la obra transformadora y renovadora del Espíritu Santo a través del evangelio de Jesucristo, quien ha vencido al mundo.

Publicado originalmente en Tabletalk Magazine.
Burk Parsons
El Dr. Burk Parsons es pastor principal de Saint Andrew’s Chapel [Capilla de San Andrés] en Sanford, Florida, director de publicaciones de Ligonier Ministries, editor de Tabletalk magazine, y maestro de la Confraternidad de Enseñanza de Ligonier Ministries. Él es un ministro ordenado en la Iglesia Presbiteriana en América y director de Church Planting Fellowship. Es autor de Why Do We Have Creeds?, editor de Assured by God y John Calvin: A Heart for Devotion, Doctrine, and Doxology, y co-traductor y co-editor de ¿Cómo debe vivir el cristiano? de Juan Calvino.