Viviendo como una iglesia – Clase 7: El descontento dentro de la iglesia

Viviendo como una iglesia

Por Capitol Hill Baptist Church (CHBC)

Clase 6: La comunión de la iglesia

  1. Introducción
    El descontento es algo con lo que todos los luchamos de vez en cuando, y el descontento con la iglesia puede ser particularmente difícil. Levanta la mano si alguna vez has sido parte de una iglesia perfecta. Si lo hiciste, puedo garantizarte que estás equivocado, porque tú eras parte de esa iglesia. Las personas que más amamos son quienes más pueden lastimarnos. El grupo en el que colocamos nuestras expectativas más altas, —¡el cuerpo de Cristo!— es el que más puede decepcionarnos.

Me pregunto si puedes recordar la última vez que estuviste profundamente decepcionado por otro miembro de la iglesia. O piensa en la última vez que sentiste que una iglesia te desilusionó. Tal vez han pasado meses desde que te uniste a una iglesia, y aún te sientes como un extraño. O, quizá, la congregación pasó por alto una determinada prioridad que era muy importante para ti. Dificultades como estas pueden conducir muy fácilmente al descontento. Y la manera en la que respondemos al descontento puede ser un gran enemigo de nuestra unidad como iglesia. O puede ser una fuerza increíble para bien. En minutos, hablaremos más acerca de cómo surge el descontento. Pero al iniciar, me gustaría reflexionar sobre cómo el descontento puede ser tan dañino. ¿De qué manera nuestra respuesta al descontento puede dañar la unidad en la iglesia? Otra pregunta: ¿Cómo una buena respuesta al descontento puede fortalecer a la iglesia?

Como en toda adversidad, sabemos que Dios nos da la gracia para luchar contra el descontento, y su propósito es usarlo para su gloria y para nuestro bien. Así que, ¿cómo podemos promover la unidad cuando encontramos descontento en la iglesia? Esto es lo que estaremos considerando el día de hoy.

Antes de seguir avanzando, permíteme aclarar algo. La clase de hoy no abordará cómo deberíamos responder a un pecado evidente en la iglesia. Dios mediante, estudiaremos ese tema luego cuando hablemos de la disciplina en la iglesia. La clase de hoy tampoco abordará el descontento que proviene de no estar de acuerdo con el liderazgo. Cubriremos esa pregunta la próxima semana en nuestra clase acerca del liderazgo.

En cambio, piensa en el tema de hoy como una especie de réplica de la semana pasada, en la que examinamos cómo podemos crecer en la unidad juntos a través de nuestro amor mutuo. Hoy veremos cómo respondemos a los aspectos de nuestra iglesia que no son necesariamente pecaminosos, pero que pueden ser causa de infelicidad y, por ende, una fuente potencial de desunión y descontento. Y vale la pena señalar que el descontento no siempre es malo. Es posible que una iglesia te haya decepcionado porque no da aporta mucho para las misiones. Ese podría ser un descontento piadoso. Pero aún así podríamos responder de un modo que sea dañino para la iglesia.

Por tanto, comenzaremos examinando el efecto negativo que el descontento puede tener sobre la iglesia. A continuación, veremos algunas ideas de cómo deberíamos lidiar con el descontento de una forma que honre a Dios, y después consideraremos dos categorías específicas del descontento. En todo esto, mi oración es que todos estemos mejor capacitados para «guardar la unidad del Espíritu en el vínculo de paz» como se nos ordena en Efesios.

Así que primero, ¿de qué manera puede el descontento afectar la unidad de la iglesia?

  1. El fruto amargo que proviene de una pobre respuesta al descontento
    Podríamos definir el descontento como el anhelo por algo mejor que la situación presente. Puede existir el descontento piadoso, sabemos con seguridad que este mundo está corrompido por el pecado y debería ser mejor; pero puede existir el descontento pecaminoso en el que nos rehusamos a confiar en la bondad de Dios y a ser agradecidos por su provisión en lugar de exigir más de lo que él ha ordenado. Además, incluso si nuestro descontento es piadoso, todavía podemos poner nuestra esperanza en las circunstancias y no en Dios para que éstas mejoren. Y el descontento, incluso cuando nace de deseos piados, puede producir frutos amargos si no respondemos como deberíamos. Así que veamos tres formas en las que el descontento, si no se maneja adecuadamente, puede perjudicar el testimonio de la iglesia:

A. El descontento puede provocar quejas y murmuración
Pablo nos advierte en el libro de Filipenses: «Haced todo sin murmuraciones y contiendas, para que seáis irreprensibles y sencillos, hijos de Dios sin mancha en medio de una generación maligna y perversa, en medio de la cual resplandecéis como luminares en el mundo» (2:14-15). Hazlo todo sin quejarte o murmurar nunca, es lo que la Biblia dice. Parte de la forma en la que nuestro testimonio debería ser convincente ante el mundo que nos rodea es que no nos quejamos (cf. Santiago5:9). Cuando no abordamos correctamente el descontento y, como consecuencia, nos quejamos, dañamos una de las características que nos caracteriza como cristianos. Lesionamos el testimonio de la iglesia.

B. El descontento puede provocar discordia
Cuando no somos felices sentimos la tentación de hablar al respecto. Sentimos la tentación de criticar. Buscamos apoyo intentando hacer que las personas vean las cosas desde nuestro punto de vista. Y sin importar la virtud de nuestra preocupación inicial, esta clase de comportamiento puede rápidamente causar divisiones y oposición dentro de la iglesia, algo que Pablo enlista junto a la idolatría, la hechicería y las enemistades cuando escribe acerca de los hechos de la naturaleza pecaminosa (cf. Gálatas 5:20). Debemos tener cuidado al abordar el descontento por la discordia que puede producir.

C. El descontento nos distrae de lo que realmente importa
Como individuos y como iglesia, nuestro deber es «aprovechar bien el tiempo» (Efesios 5:16). Pero el descontento consume nuestro tiempo y nuestra atención. Debilita nuestra energía. Monopoliza el tiempo y la atención de nuestros hermanos y hermanas, de nuestros ancianos y de nuestro personal. Puede distraernos de lo que en realidad importa.

Estas son algunas de las consecuencias que el descontento puede producir en nuestra vida como iglesia. Pero recuerda que el descontento también puede fortalecer al cuerpo. Cuando respondemos de una manera que es piadosa, cuando nos sometemos unos a otros por amor a Cristo y hacemos el arduo trabajo de amar, podemos glorificar a Dios grandemente. Demostramos que nuestra unidad no descansa sobre un acuerdo perfecto o personalidades compatibles, sino sobre la mutua esperanza y satisfacción que tenemos en Cristo. Para ver eso en acción, pensemos en formas en las que podemos abordar el descontento de una manera que glorifique a Dios.

  1. Cómo abordar el descontento en general
    ¿Cómo deberíamos abordar el descontento? Ofreceré cuatro sugerencias, pero esta no es una lista de cosas que hacer o una especie de fórmula. Como cualquier otra área de la vida cristiana, lo que necesitamos finalmente no es una lista de pasos de acción, sino entender cómo la gracia de Dios transforma la manera en la que respondemos al descontento. Queremos ser capaces de decir como Pablo: «He aprendido a contentarme cualquiera que sea mi situación» (Filipenses 4:11). Aquí tienes cuatro formas de aplicar la buena noticia de la paciencia de Dios para con nosotros, para que a través de su Espíritu y fortaleza podamos ser pacientes unos con otros.

A. Ora por la misericordia de Dios
Primero y principal, el evangelio nos dice que somos incapaces de hacer algo valioso en nuestras propias fuerzas, y eso incluye responder al descontento. Recuerda el Salmo 121: «Alzaré mis ojos a los montes; ¿De dónde vendrá mi socorro? Mi socorro viene de Jehová, que hizo los cielos y la tierra». Así que nuestra primera directriz es orar e invocar la misericordia de Dios. Es tonto pensar que somos lo suficientemente maduros para abordar el descontento nosotros solos. Cuando algo acerca de la iglesia o alguien en la iglesia te irrita, estás a punto de entrar en una batalla espiritual. Satanás quiere destruirnos con la amargura, el orgullo y la venganza. Podemos justificar ceder ante la tentación cuando sentimos que tenemos el derecho.

Por tanto, cuando te sientas descontento, ora. Necesitas orar. Estas librando una guerra que no puedes ganar por tu cuenta. Ora para que Dios te dé discernimiento y sabiduría a través de su Palabra. Ora para que identifique cualquier deseo pecaminoso que haya en tu corazón y lo reemplace. Ora para que encienda tu corazón con el amor de Cristo. Honraríamos más a Dios si intentáramos dejar de arreglar las cosas nosotros y pasáramos más tiempo suplicándole a Dios que nos arregle.

B. Examina tus deseos; confiesa y arrepiéntete de aquellos que son pecaminosos
Segundo, examina tu corazón para entender los deseos que se encuentran en la raíz de tu descontento. ¿Dónde hay pecado que debemos confesar? ¿Dónde hay deseos que deberían ser satisfechos en Cristo, pero que estamos buscando satisfacer incorrectamente en la comodidad o en el respeto de los demás? Santiago escribe en el capítulo 4: «¿De dónde vienen las guerras y los pleitos entre vosotros? ¿No es de vuestras pasiones, las cuales combaten en vuestros miembros? Codiciáis, y no tenéis; matáis y ardéis de envidia, y no podéis alcanzar; combatís y lucháis» (4:1-2a).

Santiago identifica la conexión entre el descontento y las circunstancias. A menudo nos sentimos descontentos porque hemos puesto nuestra esperanza en las circunstancias y no en Dios, pero las circunstancias cambian. Y Dios no cambia. Él es el mismo ayer, hoy y por siempre. ¿Hay una guerra o un pleito? Entonces hay deseos pecaminosos en tu corazón contra los que debes luchar.

Por ejemplo, quizá no eres feliz porque algunas personas son mejores amigos con un miembro específico de la iglesia de lo que tú eres. Entonces, ¿cuál es la raíz de ese descontento? ¿Es porque sientes que esa amistad sugiere un estatus especial que deseas? ¿Es porque estás celoso de una amistad que parece tan íntima? Pide a Dios que identifique el pecado en tu vida, y confiesa ese pecado. Piensa bien en la raíz del problema, en los deseos detrás de las emociones del descontento.

  • ¿Estás poniendo tu esperanza en la aprobación de las personas y no en la aprobación de Cristo por ti? El evangelio declara que la aprobación de Dios de ti en Cristo es suficiente.
  • ¿Estás frustrado porque parece que nadie en la iglesia entiende tus luchas y deseas ser escuchado? El evangelio declara que Dios te ve, te conoce, te perdona y te guía.
  • ¿Estás descontento porque sientes que mereces un mejor trato del que recibes? Recuerda el llamado del evangelio a entregar tu vida, y tus derechos, por amor a Cristo.

Esa es la directriz número 2, examina tus deseos y arrepiéntete.

C. Ve a los demás creyentes como Dios los ve a ellos
Tercero, debemos esforzarnos por ver a la iglesia y a todos como Dios lo hace. Eso significa que deberíamos ver a los demás a través del lente del amor, no de la decepción o de la desconfianza.

De nuevo, el evangelio es crucial aquí. Nos recuerda que en Cristo, Dios ha derramado sus riquezas del perdón sobre nosotros a pesar de nuestro pecado. A medida que crecemos en el entendimiento de la profundidad de su gracia y nuestros corazones se llenan de gratitud, podemos comenzar a ver a los demás como Dios los ve a ellos, como santos amados a quienes él ha lavado, limpiado y renovado. No son nuestros enemigos, sino nuestros queridos hermanos y hermanas. Sí, es posible que ellos puedan malinterpretarnos, defraudarnos, frustrarnos y decepcionarnos. Pero por el sacrificio de Cristo, Dios no se rinde ni se aparta de ellos, y nosotros tampoco deberíamos hacerlo.

¿Cómo podemos ver a otros no desde una perspectiva egoísta y descontenta, sino desde el ventajoso punto de Dios? Aquí tienes algunas ideas:

– Primero, ora por los demás y ámales en formas concretas. Cuando eres infeliz con alguien en la iglesia, ora por esa persona. Ora para que Dios prospere su deseo por él. Ora para que Dios te ayude a entender el valor que ellos portan como sus hijos.

Y expresa esa preocupación en otras formas de servicio. Envíales un correo electrónico alentador o provee para una necesidad física. Escoger amar a alguien a un nivel extremadamente práctico puede ser una de las mejores maneras de suavizar nuestros corazones en medio del descontento.

Ahora bien, podrías estar pensando: Pero si mi corazón dice cosas negativas en el interior mientras digo cosas estimulantes en el exterior, ¿eso no es hipocresía? No lo creo. Disciplinarte para trabajar por el bien de los demás, incluso cuando tus sentimientos se inclinan en otra dirección, es parte de lo que significa perseverar en amor como vimos la semana pasada, y Dios puede usar esa acción para suavizar nuestros corazones, para ganar ese afecto que hace falta.

– Segundo, considera lo valiosas que son las demás personas para Dios. En Filipenses 2:3, Pablo dice: «Nada hagáis por contienda o por vanagloria; antes bien con humildad, estimando cada uno a los demás como superiores a él mismo». ¿Por qué deberías considerar a los demás miembros de la iglesia como «superiores» a ti? ¿Es porque son más capaces o más piadosos? No. Es porque son posesión de Dios; él los ha comprado con su sangre. Son preciosos a los ojos de Dios. Gran parte del descontento egoísta inicia porque hemos elevado nuestro valor e importancia por encima de los que nos rodean.

Así, por ejemplo, digamos que soy impaciente con alguien porque esa persona nunca se ofrece a hacer algo en la iglesia. Y mi actitud es: ¿¡Cómo se atreve a creer que su tiempo es más valioso que el mío!? ¿Acaso no puede ver lo ocupado que estoy, pero sigo sirviendo? Haría bien en reenfocar mi preocupación lejos del valor de mi tiempo y hacia el valor de ese cristiano. Dios dio su vida por él. Así es como haré que mis pensamientos pasen del contentamiento al amor. Todavía puedo hablar con esa persona acerca de cómo servir en la iglesia es algo bueno, por su propio bien y por el bien del cuerpo, pero Dios mediante, mi motivación será el amor.

D. Habla… en amor.
La manera en la que compartes los detalles de tu descontento con otros afecta si ese descontento crece o mengua. Así que, ¿qué deberías hablar y cómo deberías hacerlo? Permíteme darte algunas sugerencias.

– Es un buena entrenamiento estudiar estas cosas que hemos hablado hasta ahora (la oración, examinar nuestros deseos, ver a los demás como Dios los ve, etc.), antes de hablar con alguien acerca de tu área de infelicidad. ¿Quieres confesar tu pecado o colaborar para animar a la iglesia? Si tu conversación no cae en alguna de esas categorías, entonces podrías estar en peligro de caer en la categoría de las quejas y las murmuraciones.

– Cuando pienses que es bueno hablar con alguien, habla constructivamente acerca de cómo pueden ambos servir mejor a la iglesia. Es probable que si simplemente usas una conversación para desahogarte o para afirmar tu descontento, el mismo se propague. La tentación de pecar en la ira puede ser bastante fuerte, y algo de lo que debemos protegernos.

– Reconoce tu responsabilidad como miembro de la iglesia. Hablaremos más acerca de esto en dos semanas (si Dios quiere), pero basta con decir que Jesús en Mateo 18 presenta pasos muy claros para lidiar con el pecado en la iglesia, y el primer paso es confrontar a la persona que sospechas de haber pecado. Con muy pocas excepciones, si conversas con alguien más acerca de ese pecado, entonces estás actuando como un chismoso y un calumniador. Algunas veces las personas se me acercan preocupadas por lo que alguien más está haciendo y esperan que yo, como miembro del personal, solucione el problema. Salvo muy pocas excepciones, mi consejo para la persona que se queja, es hablar con la persona ofensora directamente. Así es como deben funcionar las cosas en la iglesia.

– Ten cuidado de cómo hablas acerca del tema en público. Algunas cosas en la iglesias son inciertas y carecen de importancia; otras son importantes, pero inciertas, allí es donde necesitas a los ancianos; si algo es importante y claro a la vez, como la divinidad de Cristo, la autoridad de la Escritura, etc., entonces hablarlo públicamente, como en una reunión de miembros, incluso contra los pastores, es potencialmente algo bueno. Por supuesto, quieres recibir consejo al respecto acerca del tema con antelación, tanto de los ancianos como de los líderes que respetas fuera de esta iglesia. Pero si no entra dentro de la categoría de importante y claro de la Escritura, no deberías hablar en público en contra del liderazgo de los ancianos, en cambio, debes revisar tus pensamientos con los ancianos en privado.

Así que nuevamente, cuatro directrices para abordar el descontento: Ora. Entiende tus deseos y arrepiéntete de lo que es pecado. Ve a los demás como Dios los ve a ellos. Y habla en amor.

  1. Áreas específicas de descontento en la iglesia
    En lo que resta de nuestro tiempo, me gustaría ser aun más práctico al discutir cómo debemos abordar tres situaciones comunes en la iglesia que causan descontento.

A. La iglesia no atiende mis necesidades
Un área específica de descontento que a menudo podemos sentir es que la iglesia no atiende nuestras necesidades. Sin importar lo común que esto pueda ser, necesitamos reconocerlo por lo que es: una exigencia egoísta para que la iglesia nos sirva. Pero hemos hablado extensivamente en este seminario acerca del propósito de la iglesia. No es rodearnos finalmente de relaciones sociales en las que encontramos realización; su propósito supremo es glorificar a Dios al mostrar su poder en una comunidad diversa de creyentes unidos y llenos de amor. Así que para luchar contra esta forma de descontento, debemos aprender que nosotros no somos lo más importante. Dios lo es.

Y tenemos que aprender cuál es la fuente del gozo verdadero. A diferencia de cómo el mundo piensa, el gozo en la vida cristiana no proviene de ser un consumidor de las bendiciones, sino de ser un dador de las bendiciones. El propósito de la iglesia no es atender nuestras necesidades. La iglesia es un organismo vivo en el que nos damos para satisfacer las necesidades de los demás y edificarles en Cristo. ¿Seremos bendecidos por quienes nos aman, sirven y enseñan? Sí. ¿Habrá ocasiones en las que estemos tan débiles que no podamos servir a los demás y dependamos del amor de otros? Sí. Pero nuestra postura normal hacia el cuerpo es buscar el gozo supremo al entregar nuestras vidas por el gozo de otros.

B. La iglesia ha decepcionado mis expectativas de la comunión y el crecimiento
Segundo, podríamos desear servir en la iglesia desinteresadamente y, sin embargo, aún así sentir una decepción persistente por cómo están algunas cosas dentro de ella: la falta de comunión o la sensación de que no perteneces; o la falta de crecimiento. Quizá has sido miembro de la iglesia por algunos meses, y te cuesta hacer buenos amigos. Tal vez quieres servir, pero nadie parece reconocerlo, o no puedes servir de la manera en que te sientes mejor dotado. A lo mejor te frustra la cultura de citas que hay en la iglesia. ¿Cómo podemos lidiar con esta clase de descontento?

Siguiendo el patrón que establecimos anteriormente, debemos abordar situaciones como esta en oración. Deberíamos examinar nuestros corazones y determinar si estos sentimientos emanan de deseos egoístas y pecaminosos. Deberíamos hacer las preguntas difíciles: ¿Hay cosas que deba hacer de manera diferente para experimentar una mejor comunión en la iglesia o para aprovechar las oportunidades para crecer? Deberíamos preguntarnos eso y deberíamos preguntarle a quienes conocemos y confiamos, para recibir sus consejos y opiniones. Y luego deberíamos procurar los pasos de acción apropiados. Esto podría implicar hablar con un pastor para ver qué opina acerca de lo que deberías hacer. Si te cuesta hacer relaciones, puedo decir que probablemente haya muchas otras personas que se sientan de la misma forma, te animaría a tomar la iniciativa para acercarte a ellos; sé un amigo para ellos. Dios puede satisfacer tus buenos deseos, pero a veces lo hace de una manera distinta a la que nosotros habíamos planeado. Prepárate para que Dios responda tus oraciones de forma sorprendente.

Permíteme agregar algo más acerca de este tema. Gran parte de lo que esta batalla implica es entrenar nuestras mentes para entender los muchos beneficios y las bendiciones que Dios, en su misericordia, nos ha dado en la iglesia. Mark explicó esto hace unos años cuando dio este increíble ejemplo de cómo recibimos bendición tras bendición, y lo damos por sentado, haciéndolo a un lado y buscando más. Y todo ese tiempo, mientras clamamos por algo más, hay una pila enorme de bendiciones alzándose sobre nosotros que ignoramos. Ora para que Dios nos entrene para ver todas las bendiciones que nos ha dado en la iglesia; y eso afectará nuestro corazón y nuestra actitud en aéreas de descontento.

Habiendo dicho eso, puede que llegue el tiempo en el que encuentres que una iglesia en particular, a pesar de su fundamento en la Palabra de Dios, no es un lugar en el que estés creciendo espiritualmente. ¿Qué deberías hacer? Habla con quienes te rodean luego de haber orado y confesado cualquier pecado. Habla con los ancianos, busca su sabiduría y consejería. Lo último que deberías hacer es decidir por tu cuenta si necesitas una iglesia diferente, solo para descubrir que los mismos problemas aparecen en tu nueva iglesia. Cuando hables con alguien, recuerda ser cuidadoso con la manera en la que hablas acerca de tu descontento, no permitas que se convierta en una causa de discordia dentro de todo el cuerpo de Cristo.

C. No me agradan algunos miembros de la iglesia
Otra causa de descontento es simplemente la antipatía hacia otros miembros de la iglesia. Tal vez se trata de un problema de envidia o enemistad: resientes las bendiciones que Dios ha derramado sobre alguien más. O quizá sea un sentimiento básico de incomodidad porque alguien se comporta de una manera totalmente diferente a la que estás acostumbrado. A lo mejor alguien trabaja para una organización o partido político que detestas. ¿Cómo luchas con el descontento en áreas como esta?

Una vez más, sigamos el patrón que hemos establecido. Ora para que Dios cambie tu corazón. Confiesa todo pecado y busca su perdón. Reconoce que el deseo de no amar es pecado, no es algo que podamos tildar a un lado como simple incompatibilidad. Aprende a orar por las personas que te desagradan, para que Dios las bendiga y les ayude a crecer. Considera que estos individuos, aunque hoy están rotos e imperfectos, están siendo transformados a la semejanza de Cristo con una gloria cada vez más grande. Amar a quienes consideras personas desagradables no es fácil, pero como miembros de una iglesia, es extremadamente importante, porque es a través de este tipo de relaciones que Dios se glorifica más.

  1. Conclusión
    En la raíz del descontento yace la idea de que las cosas serían mejor si cierta persona o cierta situación simplemente cambiara. Pero esa es la razón por la que precisamente debemos poner nuestra esperanza en Dios y no en nuestras circunstancias. Así que, alabado sea Dios porque no tenemos que aferrarnos a las esperanzas débiles y temporales de este mundo. Él se ha entregado a sí mismo como nuestro ancla. Él es soberano sobre nuestras circunstancias. Él seguía siendo soberano cuando Noé estaba siendo burlado, cuando José estaba en la fosa, cuando Israel se encontraba bajo esclavitud, cuando David estaba siendo perseguido, cuando Cristo estaba en la cruz. Su bondad siempre prevalece. Y en él podemos encontrar la alegría del contentamiento verdadero.

Viviendo como una iglesia – Clase 6: La comunión de la iglesia

Viviendo como una iglesia

Por Capitol Hill Baptist Church (CHBC)

Clase 6: La comunión de la iglesia

  1. Introducción
    Piensa en todos los lugares en los que las personas experimentan cualquier tipo de compañerismo y comunidad. La fiesta luego de un partido de fútbol… la barbería… una reunión familiar… la iglesia local. Hechos 2:42 dice que los primeros cristianos: «Perseveraban en la doctrina de los apóstoles, en la comunión unos con otros, en el partimiento del pan y en las oraciones». Eso nos lleva a la pregunta que quiero que discutamos al comenzar la clase: ¿En que se diferencia la comunión cristiana de las amistades y las relaciones del mundo?

Lo que realmente diferencia a la comunión cristiana del resto de las relaciones es el amor de Cristo.

En las primeras semanas de este seminario vimos cómo se crea la unidad en la iglesia a través de la institución de la nueva identidad que todos compartimos en Cristo en los diferentes aspectos de nuestra vida juntos, desde la membresía de la iglesia, hasta la predicación, la oración y la manera en la que gobernamos la iglesia. El día de hoy, estaremos conversando acerca de la comunión que existe dentro de la iglesia, específicamente, cómo los miembros de la iglesia se aman unos a otros en base al vínculo de la unidad que Dios ha formado en nosotros. ¿Cómo son las relaciones en una comunidad espiritual sobrenatural?

La próxima semana veremos el lado negativo: Cómo lidiar con el descontento en la iglesia cuando la comunión no marcha bien. Pero antes de llegar allí, queremos declarar positivamente cómo debe ser nuestra comunión para tener un testimonio convincente a un mundo que nos observa.

  1. ¿Qué caracteriza a las sanas relaciones en la iglesia?
    Así que consideremos primero la pregunta de cómo nosotros, como cristianos, debemos relacionarnos unos con otros. Específicamente: ¿Qué caracteriza a las sanas relaciones en la iglesia? La respuesta es simple y profunda a la vez: el amor. El amor de Cristo es lo que distingue a nuestra comunión de cualquier otra comunidad terrenal. Jesús dijo en Juan 13:34-35: «Un mandamiento nuevo os doy: Que os améis unos a otros; como yo os he amado, que también os améis unos a otros. En esto conocerán todos que sois mis discípulos, si tuviereis amor los unos con los otros».

¿Por qué es importante el amor? Porque Dios se glorifica cuando personas que tienen poco en común excepto Cristo, conviven en amor genuino. Esta es la razón por la que Pablo se emociona tanto en el capítulo 3 de Efesios, porque pueblos que anteriormente estaban en conflicto, como los judíos y los gentiles, ahora son una familia unida en la iglesia. Esta reconciliación sobrenatural hace que los ángeles en el cielo se postren en asombro.

Piensa en ello: ¿Por qué Dios muestra su gloria al mundo a través de nuestro amor en la iglesia? Porque nuestro amor modela, aunque sea solo un pálido reflejo, la unidad del amor en el Dios trino. Esto es exactamente por lo que Jesús ora al Padre en Juan 17:22-23: «La gloria que me diste, yo les he dado, para que sean uno, así como nosotros somos uno. Yo en ellos, y tú en mí, para que sean perfectos en unidad, para que el mundo conozca que tú me enviaste, y que los has amado a ellos como también a mí me has amado».

Nuestro amor mutuo, arraigado en nuestra comunidad en Cristo, es una imagen de la amorosa unidad de la Deidad.

Breve panorama del amor cristiano
Por tanto, si el aspecto clave de la comunión cristiana es el amor, pasemos algo de tiempo reflexionando sobre lo que conlleva el amor. «Amor» es una palabra y un concepto tan común que tenemos que asegurarnos de que no se convierta en algo sin importancia. La sencilla definición de Jonathan Edwards es útil aquí. El amor es: «esa disposición o afecto por el cual uno es querido por otro». Como cristianos, nos amamos unos a otros porque Dios nos ama. Ser hijo de Dios implica amar lo que Dios ama. Y Dios ama a la iglesia, la ama tanto que la compró con su propia sangre. Así, el amor de Dios enseña que el amor no es simplemente una emoción o un sentimiento. El amor de Dios modela, entonces, que el amor no es meramente una emoción o un sentimiento, es una disposición hacia otro que se expresa en acciones concretas para lograr el bien supremo de esa persona.

Si eso es lo que es el amor, quiero que notemos algunas cosas. La primera es que, el amor cristiano es difícil. El amor nace en nuestros corazones, y nuestros corazones son el peor lugar de todos porque somos pecadores. ¿Por qué hay tantas exhortaciones en el Nuevo Testamento para que los cristianos se amen entre sí? ¡Porque necesitamos escuchar esto una y otra vez! En nuestra carne, preferimos una conversación fácil en lugar de una difícil. Preferimos relajarnos en vez de servir. Preferimos satisfacer nuestras necesidades que renunciar a nuestras preferencias. Y las personas a las que estamos llamados a amar también son pecadores. Nos decepcionan, dicen cosas incómodas e insensibles, rechazan nuestros consejos… lo que, por cierto, debería ayudarnos a apreciar más cuán paciente y misericordioso es Cristo con nosotros, porque nosotros hacemos lo mismo.

Lo segundo que quiero que observemos es que, si bien el amor cristiano puede ser difícil, podemos mostrar tal amor por la gracia de Dios. Amamos porque Dios nos amó primero (cf. 1 Juan 4:19). ¿Qué significa eso? ¿Se trata de un intercambio? Algo como por ejemplo: «¿Invitaré a esa persona a cenar porque ella me invitó la semana pasada?». No. Significa que nuestra capacidad de amor proviene del amor de Dios para con nosotros. Dios es la fuente y el modelo de nuestro amor. De nuevo, Edwards lo expresa maravillosamente bien: «Es a partir de los soplos del Espíritu [Santo] que surge el amor del cristiano, tanto hacia Dios como hacia los hombres. El Espíritu de Dios es un espíritu de amor. Y, por tanto, cuando el Espíritu de Dios entra en el alma, el amor entra. Dios es amor, y el que tiene a Dios viviendo en él por su Espíritu, tendrá al amor viviendo en él».

La manera más espectacular en la cual Dios nos ha mostrando su amor es entregándonos a su hijo unigénito para que no perezcamos, sino que tengamos vida eterna. Así, leemos en 1 Juan 3:16: «En esto hemos conocido el amor, en que él puso su vida por nosotros, también nosotros debemos poner nuestras vidas por los hermanos».

En otras palabras, no podemos alcanzar la madurez para amar a los demás a no ser que nos esforcemos por alcanzar la madurez para comprender las dimensiones del amor de Dios. Mientras más apreciemos la magnitud del amor que Cristo nos has demostrado al morir por cada uno de nuestros pecados, más nuestras vidas estarán caracterizadas por el amor. ¿Quieres ser más amoroso? Jesús dijo: «Aquel a quien se le perdona poco, poco ama» (Lucas 7:47); cuando sabemos lo mucho que hemos sido perdonados, entonces nuestro amor fluye.

Y el tercer aspecto del amor cristiano es que, produce alegría. No solamente es difícil para los pecadores amar, es supremamente valioso. Amar a otros no solo les hace bien a ellos, nos da la clase de satisfacción para la que fuimos creados. El Salmo 133:1: «¡Mirad cuán bueno y cuán delicioso es habitar los hermanos juntos en armonía!». ¿Qué dice Juan en 2 Juan 12 cuando le escribe a una iglesia que conoce bien? «Tengo muchas cosas que escribiros, pero no he querido hacerlo por medio de papel y tinta, pues espero ir a vosotros y hablar cara a cara, para que nuestro gozo sea cumplido».

  1. ¿Cómo es la comunión amorosa?
    Manteniendo estos importantes principios en mente, quiero pasar el resto de la clase considerando cómo, en la práctica, podemos cumplir este mandamiento de amarnos unos a otros dentro de la iglesia. Cuando nuestra comunión se caracteriza por el amor de Cristo, ¿qué clase de comunión será? Identificaremos seis aspectos de la comunión amorosa.

6 aspectos de la comunión amorosa

(1) La comunión en la diversidad: El amor busca el entendimiento
Como ya hemos discutido en este seminario, la comunión de la iglesia es única porque implica una diversa clasificación de personas todas unidas en torno a Cristo. ¿Qué significa esto para nuestras relaciones en la iglesia? Significa que el amor busca el entendimiento. El amor alcanza a quienes son distintos a ti, a quienes son «preciados» para ti a causa del evangelio, y busca entender sus anhelos y sueños, sus luchas y pecados, sus trasfondos y batallas. Busca la reconciliación donde ha habido desapego y busca una cálida amistad donde el mundo ha trazado líneas de separación.

Este es el motivo por el cual Santiago 2 es tan firme en señalar que no deberíamos mostrar favoritismo personal. Es la razón por la que Pablo dice en Romanos 12:16 que no debemos ser orgullosos, sino que debemos asociarnos con los humildes.

¿Puedes imaginar una iglesia así? Una comunidad en la que las personas se esfuerzan por hacer amistades reales e importantes con quienes tienen un trasfondo cultural diferente, con quienes no están en su mismo rango de edad, con quienes se encuentran en una etapa diferente de la vida, con quienes tienen una personalidad distinta… ¿Todo con Cristo en el centro? Hablamos extensivamente acerca de esto hace unas semanas, por lo que no repetiré lo que ya dijimos, pero quiero señalar algunas advertencias. Primero: ten cuidado con los estereotipos. A lo que me refiero es, no busques acercarte a alguien diferente a ti solo para marcar tu casilla personal de diversidad. No, procura acercarte a otros porque Cristo murió por ellos y porque quieres verlos crecer.

Y segundo, sé sensible al intentar acercarte para conocer a personas que son diferentes, reconociendo que tu manera de buscar entablar una amistad con ellos proviene de tu propia personalidad y cultura. Un buen consejo que recibí luego de la última clase acerca de este tema fue recordar que si pretendes hacerle a la gente una larga lista de preguntas para conocerlas, eso puede ser intimidante para algunas personas, si siempre comienzas preguntándole a alguien de dónde se mudó y en dónde estudió, eso hace suponer que la persona no es de aquí y que estudió, ¡pero esas cosas no siempre son ciertas para todos! Esto es solo algo a considerar.

Alabado sea Dios porque hay muchos ejemplos del amor que traspasa fronteras en nuestra iglesia. Pienso en Homere Whyte invitando a familias a cenar cuando era un universitario soltero; el grupo que se reunió recientemente para hablar acerca del libro Bloodlines (Genealogías) y la reconciliación racial; cómo Maxine Zopf siemore asiste a todas las despedidas de soltera de mujeres más jóvenes, podría seguir y seguir.

(2) La comunión en el servicio: El amor requiere sacrificio
Segundo, nuestra comunión debería caracterizarse por un amor sacrificial. Somos una comunidad que se reúne no para ser servida, sino para servir. Escucha 1 Juan 4:10-11: «En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó a nosotros, y envió a su Hijo en propiciación por nuestros pecados. Amados, si Dios nos ha amado así, debemos también nosotros amarnos unos a otros».

Una forma de poder hacer esto en nuestra iglesia es llevando las cargas de otros, como dice Pablo que hagamos en Gálatas 6:2. Nuestro pacto congregacional declara que acordamos: «Llevar las cargas y los pesares de los demás». ¿Cómo? Esto significa estar al lado de alguien que atraviesa un tiempo difícil, espiritual, físico, el que sea y, literalmente, ayudarle a llevar su carga. Esto puede significar lidiar pacientemente con las luchas espirituales de alguien por un período de tiempo prolongado en una relación de discipulado. Es posible que signifique brindar recursos para ayudar a alguien que está en necesidad: alimentos, un préstamo, un aventón, entre otros. Puede significar renunciar a tus viernes por la noche para visitar a alguien que está enfermo. El servicio en la iglesia puede ciertamente implicar ofrecerse para ayudar en diferentes áreas: el cuidado de los niños, el sonido, el cuidado de los niños, la hospitalidad, el cuidado de los niños… Pero si eres la clase de persona que ama alistarse para «hacer cosas» en la iglesia, permíteme animarte a no ignorar el tipo de servicio que sucede principalmente en las relaciones personales que a menudo requieren más tiempo y pueden ser confusas.

Nuevamente, esto es, por la gracia de Dios, algo normal en nuestra iglesia; desde la máquina bien aceitada para proveer comidas para las familias que acaban de tener un bebé, o que están en enfrentando un tiempo de crisis hasta la forma en la que una multitud de miembros renunció a su servicio dominical para limpiar la propiedad de la señora Luisa y contribuir con su testimonio ante sus vecinos, hasta infinidad de otros ejemplos de amor como proveer a quienes están en necesidad con un lugar para alojarse, un empleo, un hombro para llorar toda la noche en el hospital.

(3) La comunión en la verdad: El amor conduce a la santidad
Tercero, una iglesia cristiana es una comunidad que anda en la verdad. A diferencia de otras comunidades, nosotros debemos caracterizarnos por una transparencia inusual y una honestidad audaz al hablar la verdad de la Escritura entre nosotros. Y hacemos esto por un deseo de ver a otros crecer en santidad. Jesús le preguntó al Padre en Juan 17:17: «Santifícalos es decir, hazlos más santos y puros en tu verdad, tu palabra es verdad». Pablo le dijo a los colosenses: «La palabra de Cristo more en abundancia en vosotros, enseñándoos y exhortándoos unos a otros sabiduría» (Colosenses 3:16).

Pensemos en dos aspectos de esta comunión en la verdad. El primero es la transparencia: decir las verdades embarazosas acerca de ti. Santiago 5:16: «Confesaos vuestras ofensas unos a otros, y orad unos por otros, para que seáis sanados». Esto no quiere decir que debes abrirte y confesar tus luchas más oscuras a todos los miembros de la iglesia, pero si no estamos abriéndonos con 1 o 2 personas, deberíamos preguntarnos por qué. ¿Tememos ser expuestos? ¿Ser reprendidos? ¿Tememos admitir que no tenemos todo bajo control? Considera que si escondemos nuestros pecados y faltas de quienes nos aman, les robamos la oportunidad de hacer un bien espiritual. Considera que si das ejemplo de transparencia, eso enseñará a otros lo que es humillarse, y les hará un bien espiritual.

El segundo aspecto es la proclamación: decir la verdad acerca de Dios y de su Palabra en todo tiempo, incluso cuando no es fácil que alguien la escuche. Pablo dice en Efesios 4:15: «Siguiendo la verdad en amor, crezcamos en todo en aquel que es la cabeza, esto es, Cristo». Esto incluye las interacciones normales en la iglesia. Incluye la relaciones de discipulado en las que nos reunimos con alguien del mismo género para leer un libro o estudiar la Biblia juntos con el único propósito de ayudarles a crecer espiritualmente.

Esto implica ejercer una supervisión espiritual mutua. Así, leemos en Hebreos 3:13: «Antes exhortaos los unos a los otros cada día, entre tanto que se dice: Hoy; para que ninguno de vosotros se endurezca por el engaño del pecado». Cultiva la capacidad de exhortar en amor. La mayoría de nosotros nos alejamos de esto porque queremos evitar la confrontación, pero esto es algo amoroso. El pecado aspira engañar y nuestras mentes son propensas a divagar. Deberíamos cuidar especialmente a quienes parecen estar alejándose de la verdad. Levítico 19:17 enseña: «Razonarás con tu prójimo, para que no participes de su pecado». Cuando leemos en Santiago 5:19: «Hermanos, si alguno de entre nosotros se ha extraviado de la verdad, y alguno le hace volver, sepa que el que haga volver al pecador del error de su camino, salvará de muerte un alma, y cubrirá multitud de pecados».

¿Conoces a amigos que, durante un tiempo, parecían estar particularmente activos en la iglesia y se han apartado, o incluso han dejado de asistir a la iglesia con regularidad? Te animaría a hacerles una llamada o a almorzar con ellos para ver cómo están y qué está sucediendo.

Por supuesto, no solo debemos hablar la verdad unos a otros cuando se trata de un asunto de pecado. Todo el libro de Proverbios demuestra el valor de amigos sabios que pueden abordar hábitos y patrones generales en nuestras vidas. Un amor genuino por los demás examinará estas áreas: ¿Aceptar ese trabajo le ocasionaría estrés a tu familia?; ¿Hacer ese viaje de negocios te pondrá en una posición de tentación?; ¿Están orientados tus hábitos de invertir tiempo y dinero completamente hacia lo que Dios valora?

Alabado sea Dios porque esta es una iglesia en la que hablamos unos a otros con la verdad. Me encanta escuchar a Michael Reeb citar la Escritura los miércoles en las noches de estudio. Amo toparme con Alex Schuh en una cafetería, ver que se está reuniendo con una mujer de la iglesia y que su Biblia está abierta. Me encanta ver cómo Jean Durso comunica regularmente palabras de estimulo y aliento cuando hablo con ella antes de la iglesia.

(4) La comunión en el perdón: El amor extiende misericordia
Cuarto, nuestra comunión no solo se diferencia por nuestra disposición a decir la verdad, pero también por nuestra disposición a perdonar y reconciliarnos cuando la comunión se ha roto. Pablo dice en Colosenses 3:13: «Soportándoos unos a otros, y perdonándoos unos a otros si alguno tuviere queja contra otro. De la manera que Cristo os perdonó, así también hacedlo vosotros».

El perdón de Cristo es la base para el nuestro. Cuando alguien peca contra nosotros, ¿cuál es nuestro instinto? Bien sea, alejarnos llenos de amargura: «Ya no quiero tener nada que ver con ellos; o ¡me vengaré y los haré pagar!». Pero ninguna de estas dos posiciones debería tener lugar en la iglesia. Dios no se ha apartado de esa persona, la ha adoptado en su familia. Y Cristo ya ha absorbido la justa ira de Dios por el pecado de esa persona, ya no es necesaria la «venganza». Así, los aspectos relacionales y judiciales del perdón de Dios hacen posible nuestro perdón. Como alguien a quien Dios le ha perdonando mucho, ¿cómo podríamos dejar que el pecado que Dios ya ha resuelto se interponga entre nosotros y nuestros hermanos y hermanas en Cristo? Recuerda la parábola del siervo infiel cuya deuda de un millón de dólares fue cancelada, pero que luego se indignó cuando alguien más no le pudo pagar a él una miseria. Perdonar desde una postura de misericordia, significa rehusarnos a dejar que el pecado se interponga en el camino de una relación amorosa, y rehusarnos a guardar rencor por el pecado de alguien.

¿Cómo podemos cultivar esta postura de misericordia, sabiendo que personas en la iglesia pecarán contra nosotros? Por un lado, deberíamos creer que los demás tienen buenas intenciones en sus palabras y acciones en lugar de saltar a conclusiones en nuestras mentes, sospechando algún intento malicioso. Una buena regla de oro es nunca suponer las intenciones de alguien. Sabes, pues percibir los hechos. Pero no siempre puedes percibir las intenciones. La humildad brinda el beneficio de la duda.

Considera que como cristianos pertenecemos a Cristo en la eternidad unos con otros. Un día habitaremos juntos en perfecta comunión, sin pecado entre nosotros. Por tanto, cuando veamos a otras personas en la iglesia, deberíamos recordar que estaremos eternamente unidos en Cristo. Estás amando a alguien que está en su camino a la perfección de Cristo en el que no habrá nada desencantador o abrasivo en él. Eso debería darnos paciencia y perspectiva, esta persona no siempre será difícil de amar.

(5) La comunión en el sufrimiento: El amor produce comodidad
Quinto, la comunión cristiana es única porque el sufrimiento destruye nuestra comunidad, nos une. Pablo dice en 2 Corintios 1, versículos 4-5:

«[Cristo] nos consuela en todas nuestras tribulaciones, para que podamos también nosotros consolar a los que están en cualquier tribulación, por medio de la consolación con que nosotros somos consolados por Dios. Porque de la manera que abundan en nosotros las aflicciones de Cristo, así abunda también por el mismo Cristo nuestra consolación».

Esto quiere decir que nuestras relaciones deben caracterizarse por una compasión y una amabilidad que son un reflejo de la compasión de nuestro Salvador. Jesús amó de esta manera, me encanta el relato en Marcos 1:40-41: «Vino a él un leproso, rogándole; e hincada la rodilla, le dijo: Si quieres, puedes limpiarme. Y Jesús, teniendo misericordia de él, extendió la mano y le tocó, y le dijo: Quiero, sé limpio».

Jesús no tuvo que tocar al leproso para sanarlo, sino que lo hizo para expresar compasión y para demostrar que él no puede contaminarse, sino que él limpia al sucio y al abatido.

Como la iglesia, nosotros somos el cuerpo de Cristo. Experimentamos lo que Jesús experimenta. Esto significa que sufriremos y significa que seremos consolados por su Espíritu. Los cristianos no fueron hechos para sufrir solos. Si estás sufriendo, una de las formas en las que Dios quiere consolarte es a través de la iglesia. Si conoces a alguien que está sufriendo, es probable que ahora no sea el tiempo para esa palabra de reprensión, sino para el toque compasivo semejante al de Cristo. Es el tiempo para la palabra suave, el abrazo, la oración, para sentarse con alguien y escuchar.

Ofrecer consuelo a alguien que sufre realmente no es la clase de cosas que puedes marcar de tu lista ni es algo en lo que puedes alistarte. Primero debes construir relaciones, y luego cuando lleguen las pruebas, debes estar listo para estar disponible. Cuando nos reunimos los domingos, miro alrededor y veo a muchos que están sufriendo, con dolor y enfermedad, con infertilidad, con corazones rotos y duelo, con desesperación, con crisis financieras… pero también veo a muchos que hacen de su habito ofrecer consuelo a través de la oración, de su presencia, de ayuda práctica o simplemente cantando un poco más fuerte para que las canciones de ánimo puedan rodear a quienes se sienten demasiado débiles para cantar.

(6) La comunión como un solo cuerpo: El amor considera el todo
Finalmente, existe un sexto aspecto a considerar. Hemos hablado acerca de amar a los demás como miembros individuales de nuestra iglesia. Pero la Escritura nos llama a amar y a estar comprometidos con toda la congregación, no solo con un subconjunto. 1 Corintios 10 resalta la realidad de que tomar la Cena del Señor juntos como iglesia nos une como un solo cuerpo. ¿Pero cómo podemos ser fieles para amar a toda la congregación cuando simplemente no es factible conocer bien a todos los miembros de la iglesia? Cuatro sugerencias breves:

Primero, ora por el directorio de la iglesia, una página o dos cada día. Esa es una excelente forma de amar y servir a toda la congregación. Si no conoces las necesidades particulares de algunos miembros, entonces ora por ellos de manera general, usa algunas de las oraciones que vemos a Pablo orar en el Nuevo Testamento.

Segundo, podemos amar a toda la congregación al edificar a algunas personas a través del discipulado, la enseñanza, etc., para que a su vez ellos puedan tomar lo que han aprendido y ministrar a otros en la congregación. Por tanto, haz que sea una parte clave de tu discipulado, enseñarle a quienes discípulas cómo discipular a otros. Otro aspecto de esto es cuando sirves cuidando de los niños, amas a todas la congregación al permitir que muchos padres sean discipulados por la enseñanza de la Palabra. Gracias por hacer eso.

Tercero, una de las cosas más amorosas y prácticas que podemos hacer es dar nuestras ofrendas fiel y generosamente por el bien de toda la congregación.

Y cuarto, podemos comprometernos a asistir a las reuniones de miembros. Que no te engañen todos los folletos y las gráficas de presupuesto, estas reuniones no tratan únicamente de negocios. Aquí es donde mostramos amor a los miembros nuevos al afirmar su profesión de fe, y a los miembros que se van al aceptar sus dimisiones. Es donde supervisamos la misión y la salud de la iglesia, es decir, es donde mostramos amor por toda la congregación e interés por lo que hace el cuerpo.

  1. Conclusión
    Al preparar esta clase, observé que los apuntes acerca de este material tenían los nombres de muchas personas que fueron grandes ejemplos de amor en esta iglesia. Pero las notas eran de hace algunos años, y muchas de esas personas ya no están. Dios ha hecho que salieran o las ha llamado a casa. Eso fue aleccionador para mí. Me recordó que, siempre y cuando Dios esté con nosotros en esta tierra, seguiremos amándonos hasta el último día. Nosotros en CHBC nos derramaremos en amor por más personas cada año incluso cuando cada año, algunos de nuestros hermanos y hermanas digan adiós. Ese es nuestro llamado lleno de gozo. Y aun en el último día, ¿qué permanecerá cuando este mundo con todo su brillo y glamur pase? El amor. Pablo dice que las profecías se acabarán y cesarán las lenguas y la ciencia, pero el amor nunca dejará de ser (cf. 1 Corintios 13:8). Jonathan Edwards dijo: «El cielo es un mundo de amor». Allí, nuestro amor por los demás será perfecto y completo porque fluirá eternamente de Aquel que es Amor.

Viviendo como una iglesia – Clase 5: El gobierno de la iglesia

Viviendo como una iglesia

Por Capitol Hill Baptist Church (CHBC)

Clase 4: El gobierno de la iglesia

1. Introducción
Quiero iniciar haciendo una pregunta relacionada con quién toma las decisiones en nuestra iglesia. Si eres miembro de CHBC, cuando asistes a las reuniones de miembros, a menudo puede dar la sensación de que los ancianos son quienes toman las decisiones y lideran a la iglesia. Si ese es el caso, ¿cuál es el rol de la congregación en la toma de decisiones?

Eso es en lo que queremos considerar el día de hoy: el gobierno de la iglesia. No estoy seguro de que muchos de nosotros despertamos a mitad de la noche preocupados por el gobierno de la iglesia. Con toda honestidad, el gobierno de la iglesia no es algo en lo que la mayoría de los cristianos piensan. Es como un pistón en el motor de un carro. Sabemos que es importante, pero no pensamos mucho en ello. Sin embargo, si no estuviera allí o estuviera roto, definitivamente lo notaríamos.

Esa es la razón por la que queremos dedicar toda una clase para hablar acerca del gobierno de la iglesia, ya que es una parte fundamental para que la iglesia se mantenga fiel a su misión dada por Dios durante muchas, muchas décadas. Y mientras más conocemos cómo funciona el gobierno de la iglesia, podemos ajustar mejor la manera en la que vivimos como miembros de una congregación para promover la unidad de la misma.

Para comenzar, definamos qué es el gobierno de la iglesia. El gobierno de la iglesia es el sistema a través del cual se toman las decisiones en la iglesia, donde reside la autoridad. Así que, por ejemplo, ¿de la pregunta acerca de qué debería contener nuestra declaración de fe? La forma en la que decidimos esa pregunta depende de nuestro sistema de gobierno. El gobierno de la iglesia puede ser una gran herramienta para la unidad, o un gran oponente de la unidad en la iglesia. Si piensas en quién detenta la autoridad para la toma decisiones en una familia, demuestra cuán crucial es este concepto: cuando los niños quieren comer helado en la cena y quedarse despiertos hasta la 1 de la madrugada, necesitan que se les recuerde que mamá y papá están a cargo, no ellos. Asimismo, necesitamos saber quién detenta la autoridad en la iglesia.

El gobierno de la iglesia es importante porque Dios escribió al respecto en su Palabra. Por lo que él recibe la gloria cuando seguimos sus instrucciones. Y cuando lo hacemos, la autoridad correcta debería proteger y hacer prosperar la unidad de la iglesia.

Dicho eso, permíteme presentar un breve bosquejo para nuestro tiempo esta mañana. Veremos los dos principales oficios de liderazgo en la iglesia dados en la Escritura, los ancianos y los diáconos. Luego estudiaremos el rol de la congregación como la máxima autoridad en la toma de decisiones. Al considerar estos temas, queremos enfocarnos especialmente en la unidad: cómo organizar la iglesia según la Escritura promueve la unidad, y cómo podemos cada uno vivir dentro de esa organización para incrementar el amor y el testimonio de nuestra iglesia.

Los oficios bíblicos en la iglesia
Primero veamos los cargos en la iglesia que se describen en la Biblia: los ancianos y los diáconos.

No pasaré mucho tiempo describiendo estos oficios porque muchos de nosotros estamos familiarizados con ellos y habríamos sido presentados a ellos en las clases de membresía. Sin embargo, para nuestros fines de hoy quiero enfocarnos en el beneficio que estas estructuras de autoridad proveen para la unidad en la iglesia.

A. Los ancianos

Comencemos con el oficio de anciano. El término anciano (o, en griego, presbuteros), se usa de manera intercambiable para supervisor u obispo (Episkopus) y pastor (Poimenas)[1]. (cf. Hechos 20-17-37).

Los ancianos son responsables de la supervisión espiritual de la iglesia. Por eso, en Hechos 20:28, Pablo les dice a los ancianos de Éfeso: «Mirad por vosotros, y por todo el rebaño en que el Espíritu Santo os ha puesto por obispos, para apacentar la iglesia del Señor, la cual él ganó por su propia sangre».

Vemos en Hechos 6 que los ancianos deben dedicarse especialmente a la oración y al ministerio del mundo. También son responsables de gobernar el cuerpo de la iglesia. 1 Timoteo 5:17: «Los ancianos que gobiernan bien, sean tenidos por dignos de doble honor»; (cf. 1 Pedro 5:2-5).

Ahora bien, con ese trasfondo en mente, permíteme sugerir cuatro formas de tener un obispado bíblico que promueva y proteja la unidad de la iglesia:

Primero, este modelo de liderazgo delega la autoridad en quienes están más capacitados para ejercerlo. Encomienda los principales deberes de la predicación y la enseñanza, junto con la autoridad para tomar decisiones importantes, a quienes reúnen ciertos requisitos establecidos en 1 Timoteo 3 y Tito 1:6-9 (1 Timoteo 5:17; Hebreos 13:17)[2]. Así como es probable que no le confíes tu cuidado médico a alguien sin un doctorado médico, la iglesia se asegura de que a quienes se les encomiende las responsabilidades más significativas reúnan cierto criterio bíblico que determine su carácter y capacidad de servicio. Esto fomenta la unidad porque reconocemos un estándar común que los ancianos deberían cumplir.

Segundo, el liderazgo de los ancianos coloca la responsabilidad especial por la salud espiritual de la membresía en manos de quienes tienen una responsabilidad especial ante Dios. Así en Hebreos 13:17, leemos que los ancianos: «velan por vuestras almas, como quienes han de dar cuenta». Esto quiere decir que si tenemos ancianos piadosos, ellos nos guiarán como hombres que temen a Dios primero, no a nosotros. Dios los responsabiliza de obedecer. Efesios 4:12-13 dice que el trabajo de los pastores es preparar a la iglesia para obras de servicio para que todos podamos llegar a la unidad en la fe.

Una tercera forma en la que el liderazgo promueve la unidad es por medio del mandamiento de Dios para los miembros de «obedecer» a sus pastores y «someterse a su autoridad» (cf. Hebreos 13:17). Cuando nos sometemos juntos a la autoridad, eso fomenta la unidad. ¿Por qué? Piensa en esta postura de sumisión: la sumisión hace que seamos más humildes y menos orgullosos, más respetuosos y menos desafiantes. Al igual que en el hogar, o en nuestra propia relación con Dios, reconocer con humildad la autoridad correcta trae beneficios. Hebreos 13:17 dice: «Obedeced a vuestros pastores, y sujetaos a ellos; para que lo hagan con alegría y no quejándose, porque esto no es provechoso».

Ahora bien, a muchas personas, principalmente en mi generación, les incomoda la idea de la autoridad en cualquier parte, sin mencionar la iglesia. La autoridad puede ser abusada. Puede ser desviada pecaminosamente. Pero Dios inventó la autoridad. Es por nuestro bien como congregación. También es por el bien de los miembros individualmente, porque aprender a confiar en la autoridad es bueno para nosotros espiritualmente. En la iglesia, cuando la autoridad de los ancianos se usa con el consentimiento de la congregación por su bien, la congregación se beneficiará a medida que Dios edifica a su iglesia.

Como miembros, estamos llamados a someternos; pero, por otro lado, los ancianos están llamados a ejercer su autoridad correctamente. Así, en 1 Pedro 5, dirigiéndose a los ancianos, Pedro les dice: «Apacentad la grey de Dios, no como teniendo señorío sobre los que están a vuestro cuidado, sino siendo ejemplos de la grey» (versículos 2-3). Los ancianos deben caracterizarse por usar su autoridad de una manera que demuestre que entienden que la iglesia no les pertenece a ellos, sino a Cristo. Deben tener un corazón de siervo y exhibir esa misma humildad que exhibió Cristo.

Cuarto y por último, el modelo bíblico del liderazgo de los ancianos promueve la unidad al establecer una pluralidad de ancianos, en lugar de hacer que el liderazgo de la iglesia descanse pesadamente sobre los hombros de un solo hombre. En Hechos 14:23, leemos: «Y constituyeron ancianos en cada iglesia, y habiendo orado con ayunos, los encomendaron al Señor en quien habían creído».

(cf. Hechos 14:23; 16:4; 20:17; 21:18; Tito 1:5; Santiago 5:14; Filipenses 1:1.)

Y muchos otros versículos respaldan esta idea de un liderazgo plural. ¿De qué manera el tener varios ancianos fomenta la unidad?

Por una parte, es más probable que las decisiones tomadas por los ancianos de manera colectiva y no por un solo anciano sean más apoyadas por toda la congregación. Piensa en Proverbios 15:22: «Los pensamientos son frustrados donde no hay consejo; mas en la multitud de consejeros se afirman». Contar con una pluralidad de ancianos significa que los ancianos deben ser humildes al relacionarse entre sí, y su humildad debe ser un modelo para toda la iglesia. Por otra parte, una pluralidad de ancianos aumenta la confianza de los miembros en el proceso de toma de decisiones mientras que aligera la carga del pastor de tener que soportar todas las críticas por una decisión.

Además, la pluralidad de ancianos permite que el liderazgo conozca mejor a la congregación. Es más fácil que varios ancianos conozcan y cuiden de diferentes partes de la congregación que un solo pastor. Con una pluralidad de ancianos, es menos probable que los miembros de la iglesia se sientan olvidados, o que sientan que no tienen acceso al liderazgo.

Aplicación:

Entonces, ¿cómo este entendimiento del oficio de anciano cambia la manera en la que vivimos como miembros de la iglesia para que podamos desarrollar nuestra unidad como congregación?

Primero, y esto es obvio, deberíamos obedecer a nuestros ancianos y sujetarnos a su liderazgo. La autoridad de los ancianos en este asunto está vinculada a la fiel enseñanza de la Escritura, por tanto, Hebreos 13:7 dice: «Acordaos de vuestros pastores, que os hablaron la palabra de Dios».

Ahora, ¿esto significa que un anciano puede decirte que compres un carro azul en vez de uno rojo? No. Los ancianos tienen autoridad para guiar a la congregación al explicar la Palabra de Dios y aplicarla en circunstancias específicas. Ellos brindan sabiduría piadosa sobre principios y verdades bíblicas. Por lo que los miembros deberían obedecerlos. En unas semanas, dedicaremos gran parte de nuestra clase a la pregunta de qué hacer cuando no estamos de acuerdo con ellos. Pero, por lo general, debemos obedecerlos.

Segundo, esfuérzate por hacer que los ancianos trabajen con alegría y no quejándose. Sabemos de Hebreos 12:17 que esto no es bueno. Así que, busca formas de animar a los ancianos y de orar por ellos. Parte de eso implica la percepción que creamos de los ancianos ante los demás, especialmente ante creyentes más nuevos; la manera en la que hablan acerca de los ancianos con otras personas, y la forma en la que se acercan a los ancianos en las reuniones de miembros. Esto no quiere decir que nunca hagamos preguntas de los ancianos o les pidamos que expliquen a qué se refieren, significa que lo hacemos de un modo que supone lo mejor, y ayuda a que otros se alinean a la manera en la que los ancianos lideran.

Tercero, considera las capacidades de quienes son presentados como posibles ancianos. Aunque deberíamos darle gran peso a las recomendaciones que hacemos a los ancianos de un nuevo anciano prospecto, también deberíamos esforzarnos por conocerlos. Si no conoces a un posible anciano, busca la oportunidad entre el tiempo en que la persona es nominada y cuando la congregación vota por él (aproximadamente dos meses), habla con él, hazle preguntas. De hecho, la constitución de nuestra iglesia dice que solo podemos votar en contra de reconocer a un anciano prospecto si hemos hablado con ese anciano con tiempo de antemano acerca de nuestras inquietudes. La razón detrás de ello es simple: Si tienes alguna clase de preocupación por la capacidad de ese individuo de liderar a esta congregación que sea lo suficientemente significativa como para que retengas tu voto, podría ser una buena razón para que los ancianos remuevan la nominación de esa persona.

En todo esto, recuerda que nuestros ancianos sirven como pastores supervisados por el Gran Pastor. No serán perfectos como Jesús lo es. Cuando lideran como Jesús, debemos animarles. Deberíamos seguirles como ellos siguen a Cristo.

B. Los diáconos

La segunda clase de oficio claramente establecida en la Escritura es el oficio de diácono. En el Nuevo Testamento, la palabra diakonos puede traducirse como diácono o servidor, que se refiere al servicio en general. Los diáconos se encargan de los detalles prácticos de la vida de la iglesia tales como la administración, el mantenimiento y el cuidado de los miembros de la iglesia con necesidades físicas (cf. Hechos 6:1-6).

Los requisitos para los diáconos aparecen en 1 Timoteo 3:8-12, y son similares a los requisitos de los ancianos. Sin embargo, existen dos diferencias notorias. A diferencia de los ancianos, los diáconos pueden ser mujeres y hombres. En segundo lugar, en contraste con los ancianos, a los diáconos no se les exige ser aptos para enseñar (cf. 1 Timoteo 3).

Entonces, ¿de qué manera un entendimiento bíblico correcto de la relación entre diáconos y ancianos fomenta la unidad dentro de la iglesia? En Hechos 6, vemos algo de la raíz de la distinción en los roles y las responsabilidad de los diáconos y de los ancianos. En el capítulo 6, versículo 1, leemos que los judíos griegos se quejaban de los judíos hebreos porque sus viudas estaban siendo desatendidas en la distribución diaria de los alimentos.

Y así, en base a la recomendación de los apóstoles, la iglesia eligió diáconos para hacer que la distribución de la comida entre las viudas fuera más equitativa (versículos 2-5). De allí, vemos tres formas en las que los diáconos contribuyen a la unidad de la iglesia.

Primero, los diáconos cuidan de todos los miembros de la iglesia. Su trabajo entre las viudas en Hechos 6 era importante porque el descuido físico de las viudas griegas estaba causando desunión espiritual. Un grupo de cristianos estaba comenzando a quejarse en contra de otro grupo, y de una forma específicamente peligrosa, entre líneas culturales. Esto parece ser lo que, en particular, llamó la atención de los apóstoles, los diáconos resolvieron la situación y preservaron la unidad.

Segundo, los diáconos en Hechos hicieron posible que los apóstoles dedicaran su tiempo al ministerio de la Palabra y a la oración. En los versículos 2-4 de Hechos 6, leemos:

«Entonces los doce convocaron a la multitud de los discípulos, y dijeron: No es justo que nosotros dejemos la palabra de Dios, para servir a las mesas. Buscad, pues, hermanos, de entre vosotros a siete varones de buen testimonio, llenos del Espíritu y de sabiduría, a quienes encarguemos de este trabajo. Y nosotros persistiremos en la oración y en el ministerio de la palabra».

Actualmente, los diáconos desempeñan el mismo rol en el apoyo del ministerio de los ancianos. Nuestros ancianos a menudo pueden pasar 1 o 2 horas en oración en sus reuniones precisamente porque los diáconos coordinan gran parte del ministerio de la iglesia. Esta es una imagen viva de la unidad: los diáconos procurando servir con humildad mientras que los ancianos enseñan y dirigen, cada uno abrazando el rol que Dios les ha dado.

Finalmente, una tercera manera en la que los diáconos cultivan la unidad es distribuyendo el trabajo en toda la congregación. Esto evita que una cantidad desproporcionada del trabajo caiga solo sobre unos pocos miembros; y permite que todos los miembros tengan la oportunidad de participar en el gozo de servir a los demás.

¿Cuáles son algunas de las implicaciones del trabajo de los diáconos para el resto de nosotros? Un par de comentarios:

Primero, este entendimiento de los diáconos debería orientar nuestra elección de los diáconos. Si los diáconos son quienes deben estimular la unidad, entonces quienes sirven en esta área deberían ser «unidores y no divisores». No deberían preocuparse por proteger su territorio, no deberían ser la clase de personas que siempre están alardeando de sus grandes ideas. No son como una segunda casa de legislatura, compitiendo con los ancianos. En cambio, vienen en nombre de toda la congregación a servir necesidades particulares, sí, pero con el propósito de contribuir a todo el cuerpo.

Segundo, como miembros, debemos apoyar a los diáconos ofreciendo nuestra ayuda en sus distintos ministerios. Al hacerlo, promovemos la unidad en la iglesia al animar a los diáconos, servir a la congregación y ayudar a distribuir el trabajo equitativamente. Hablaremos más detalladamente acerca de servir en la iglesia en la semana 11.

El congregacionalismo
Bien, hasta ahora hemos considerado los oficios de la iglesia establecidos en la Escritura. ¿Pero qué hay de la forma de gobierno de la iglesia? ¿Quiénes deben tener la última palabra en asuntos de la iglesia?

Cuando leemos la Biblia, vemos que es la congregación la que tiene la autoridad suprema en tres asuntos particularmente significativos en la vida de la iglesia: la disciplina, la membresía y la doctrina. Así, el peso de la Escritura respalda una forma de gobierno congregacional (y con ello, me refiero a que la congregación es la corte de apelación final).

Así que, primero, sabemos gracias a Mateo 18 (versículos 15-17), que la congregación tiene la última palabra en asuntos de disciplina. Si un miembro ha pecado contra otro, y se rehúsa a escuchar incluso luego de ser confrontado por otros miembros, Jesús dice en Mateo 18:17: «Dilo a la iglesia».

Asimismo, en 1 Corintios 5, vemos que solo la congregación tiene la autoridad para disciplinar a los miembros. Pablo dice en 1 Corintios 5:4: «En el nombre de nuestro Señor Jesucristo, reunidos vosotros y mi espíritu, con el poder de nuestro Señor Jesucristo, el tal sea entregado a Satanás para destrucción de la carne, a fin de que el espíritu sea salvo en el día del Señor Jesús». También, en 2 Corintios 2 (versículos 6-8), Pablo insta a toda la iglesia a readmitir a alguien que había sido expulsado previamente de la iglesia en Corinto, y que aparentemente se había arrepentido, así que vemos en este ejemplo que la congregación también posee la máxima autoridad sobre asuntos de membresía.

Por último, este es el caso en relación con asuntos de doctrina. En Gálatas 1:8 Pablo dice a los cristianos en las iglesias, no solo a los pastores: «Mas si aun nosotros, o un ángel del cielo, os anunciare otro evangelio diferente del que os hemos anunciado, sea anatema». Y muchas otras veces en el Nuevo Testamento, se responsabiliza a la iglesia por malas enseñanzas, no a los líderes (cf. 2 Timoteo 4:3-4). Por tanto, la iglesia es finalmente responsable por asuntos doctrinales.

La pregunta para nosotros es: ¿Esta autoridad congregacional ayuda a nuestra unidad como congregación?

Creo que la respuesta es sí. Por un lado, esta autoridad nos da como miembros una gran cantidad de mayordomía en la iglesia local. Hay una responsabilidad, un sentido de que tenemos que responderle a Jesús por la manera en la que desempeñamos nuestro rol. Si la salud de la iglesia dependiera finalmente de los líderes, podríamos sentarnos y relajarnos. Pero si depende de nosotros, deberíamos estar interesados en la salud del cuerpo, lo que debería llevarnos a cuidarnos y amarnos los unos a los otros, y hacer todo lo que podamos para procurar la unidad.

Esta autoridad también fomenta la unidad al permitir que la congregación proteja la pureza del evangelio, que es lo que nos une como cristianos. La congregación sirve como una cerca para proteger a la iglesia contra falsas enseñanzas o disciplinar a un miembro que está en pecado impenitente. Piensa en el observador que está por encima de alguien que está levantando pesas con una carga extremadamente pesada. Si el levantador de pesas está en peligro, el observador ejerce su autoridad, interrumpe el ejercicio y se hace cargo. Al igual que ese observador, la congregación está llamada a salvaguardar el evangelio y asegurarse de que se conserve. Y este arreglo tiene sentido. La historia nos enseña que es más probable que se descarríen algunos líderes de la iglesia que toda una congregación de creyentes regenerados que conocen el evangelio y están llenos del Espíritu Santo[3].

Eso nos lleva a nuestro último tema de hoy: el equilibrio entre el liderazgo de los ancianos y el congregacionalismo. Hemos visto que la Escritura enseña la idea del liderazgo de los ancianos en la iglesia (de hecho, Hebreos 13 declara que los miembros deben obedecer a sus líderes y sujetarse a su autoridad (cf. 1 Timoteo. 5:17)) y, sin embargo, hemos visto que la Escritura delega a la congregación la última palabra en ciertos asuntos de importancia. Esta tensión hace surgir dos preguntas:

La primera es: ¿Qué hay de los otros asuntos que se dan en la vida de la iglesia además de la disciplina, la doctrina, la membresía y las disputas personales? Así que, por ejemplo, en situaciones como: ¿Deberíamos hacer renovaciones en parte del edificio o proveer recursos para un misionero en el extranjero? ¿Debería la congregación tener la última palabra en esta clase de asuntos? Bien, el Nuevo Testamento no aborda esta pregunta. Por lo que, cuánto debería involucrarse una congregación corporativamente en asuntos de presupuesto, misiones, entre otros, es algo que debe tratarse con discreción y prudencia. Nuestra constitución, por ejemplo, exige una votación congregacional para aprobar el presupuesto anual; para escoger a los ancianos, elegir a los diáconos y convocar al pastor principal y a los pastores asociados, entre otras cosas.

La segunda pregunta es: ¿Cómo podemos obedecer el mandamiento bíblico de obedecer y sujetarnos a nuestros líderes y, al mismo tiempo, ejercer nuestra responsabilidad como miembros de guardar la pureza del evangelio?

Bien, una manera útil de pensar en esto es considerar la importancia y la claridad del problema.

Por ejemplo, digamos que el tema acerca de si la Biblia es la Palabra de Dios inspirada, o si solo partes de la Biblia son inspiradas. El asunto es importante y claro, la Biblia en su totalidad es inspirada. Esta es la clase de asunto doctrinal que si los ancianos enseñan algo falso, la congregación no debería posponer. Aquí es donde la congregación tiene el deber de intervenir como el observador para preservar la integridad del mensaje del evangelio.

Por otra parte, ¿qué pasa si la congregación debería aprobar la recomendación de los ancianos de que un posible miembro sea admitido en la membresía? Esto también es algo serio, pero en la mayoría de los casos, no será tan claro para toda la congregación porque no todos los miembros pueden conocer el testimonio de esa persona íntimamente. Esta es la clase de área en la que es más importante para la congregación confiar en los ancianos. En muchos sentidos, es en esta clase de problemas donde los ancianos sirven más particularmente a la iglesia al hacer el trabajo específico de entrevistar y considerar a los posibles miembros. Debido a que la membresía requiere la aprobación congregacional, debemos informar esa decisión lo antes posible, y si tenemos una buena razón para dudar de la recomendación de los ancianos, deberíamos avisarles, pero generalmente, esta es un área en la que debemos confiar en los ancianos.

Entonces, ¿cómo podemos nosotros, como miembros, contribuir a la unidad participando en el proceso de toma de decisiones de la iglesia? Déjame sugerir dos modos de hacerlo:

Primero, deberíamos tomar seriamente la responsabilidad que tenemos de proteger a la iglesia de las falsas doctrinas y del error. Me encanta cómo se describe a los bereanos en Hechos 17:11: «Y estos eran más nobles que los que estaban en Tesalónica, pues recibieron la palabra con toda solicitud, escudriñando cada día las Escrituras para ver si estas cosas eran así». Si crees que existe un error doctrinal que se esté enseñando desde el pulpito, entonces eres responsable de aprender más al respecto, e ir a hablar con un anciano en persona para averiguar lo que el pastor o los ancianos creen acerca de ese punto. Si alguna vez llegan a alejarse de nuestra declaración de fe, la congregación debe intervenir.

Segundo, deberíamos considerar seriamente los privilegios y las responsabilidades de nuestra membresía, incluyendo nuestro privilegio de votar. Por tanto, deberíamos asistir a las reuniones de los miembros de la iglesia, que se llevan a cabo cada dos meses, y deberíamos participar en las diferentes votaciones que vengan. Esta es otra manera en la que podemos promover la unidad en la congregación. Al votar junto con el resto de la congregación en asuntos importantes tales como la aprobación del presupuesto o la elección de nuevos ancianos, demostramos nuestra conformidad (suponiendo que estamos de acuerdo) con los ancianos y el resto de la iglesia en estos asuntos.

Conclusión
Al reflexionar sobre nuestra autoridad como iglesia, no olvidemos que solo poseemos esta autoridad porque Cristo delegó su autoridad en nosotros. Él venció a la muerte por nuestros pecados y fue levantado a la vida por nuestra justificación. Debemos seguir su ejemplo de humildad al gobernar esta iglesia, su iglesia, para la gloria de Dios.

[1]Aunque algunas iglesias desde el siglo II A.D., han utilizado la palabra «obispo» para referirse a un solo individuo con autoridad sobre muchas iglesias, esto fue una posterior evolución del término y no se encuentra en el Nuevo Testamento.

[2]La Biblia es clara en que únicamente los hombres pueden servir como líderes. En 1 Timoteo 2:11-14, leemos que la mujer no debería enseñar o tener autoridad sobre el hombre. También puedes ver 1 Corintios 14:34-36; 11:2-16. Cualquiera que sea la autoridad exacta de la que Pablo intentó hablar aquí como inapropiada, claramente involucra a las mujeres enseñando.

[3]Históricamente, así es como han funcionado las cosas por lo general. Si el liderazgo nacional de una iglesia con gobierno jerárquico adopta una falsa doctrina, ese error puede ser impuesto en las iglesias locales, creando desunión y disputa entre los miembros de la iglesia. Así que, si bien queda claro que ninguna forma particular de política eclesial previene a las iglesias de equivocarse, políticas más centralizadas parecen tener un peor historial que el congregacionalismo en mantener un testimonio fiel, vital y evangélico. Además, considera lo que sucede cuando una iglesia congregacional cae en un error doctrinal. Con el tiempo, es probable que simplemente muera, no tiene la capacidad de imponer ese error en otras iglesias.

Viviendo como una iglesia – Clase 4: La predicación y la oración

Viviendo como una iglesia

Por Capitol Hill Baptist Church (CHBC)

Clase 4: La predicación y la oración

1.Introducción
La vida de nuestra iglesia debe ser evidentemente sobrenatural. Es decir, cuando las personas dan un vistazo a nuestra iglesia, deberían ver la profundidad y la amplitud de nuestras relaciones, algo que va más allá de lo que pueden explicar solo a través de medios naturales.

Dios ha revelado sus medios normales para hacer lo sobrenatural. En particular, el día de hoy queremos considerar los medios sobrenaturales de Dios para edificar su iglesia por medio de la oración y la predicación.

La predicación es uno de los medios normales de la gracia sobrenatural. Piensa en Romanos 10:17: «Así que la fe es por el oír, y el oír, por la palabra de Dios». El amor sobrenatural es resultado de la fe sobrenatural, ¿cierto? La predicación es el medio ordinario mediante el cual Dios otorga el don sobrenatural de la fe a su pueblo.

A continuación, como ya mencioné, el otro medio de la gracia que queremos estudiar es la oración. Jesús nos dijo en Juan 14:13: «Y todo lo que pidiereis al Padre en mi nombre, lo haré, para que el Padre sea glorificado en el Hijo. Si algo pidiereis en mi nombre, yo lo haré». Por tanto, otra manera de ver a Dios obrar sobrenaturalmente en nuestras congregaciones es acercándonos a él en oración sabiendo que en Cristo, Dios escuchará nuestra alabanza, nuestra confesión, nuestro agradecimiento y nuestras súplicas.

Durante el resto de nuestro tiempo quiero que examinemos cada uno de estos medios individualmente. ¿Cómo podemos ser parte de una comunidad en la iglesia con una unidad sobrenatural? Principalmente, escuchando la Palabra de Dios y orando. Comenzaremos con la Palabra de Dios.

  1. La predicación

A. La predicación importa
El hecho de que la predicación es el medio de Dios para llevar a cabo lo sobrenatural no debería sorprendernos. Al fin y al cabo, Dios siempre ha creado a su pueblo con su palabra. En el principio Dios creó todas las cosas por el poder de su palabra. Dios creó al pueblo de Israel por la palabra de su ley en el monte Sinaí. Dios da vida por medio de su palabra, por ejemplo; la visión de Ezequiel de un valle de huesos secos. Allí leemos:

«Profeticé, pues, como me fue mandado; y hubo un ruido mientras yo profetizaba, y he aquí un temblor; y los huesos se juntaron cada hueso con su hueso… Y profeticé como me había mandado, y entró espíritu en ellos, y vivieron, y estuvieron sobre sus pies; un ejército grande en extremo» (Ezequiel 37:7, 10).

Imagina a un hombre hablando a huesos secos para que cobraran vida.

La palabra de Dios, hablada a través del profeta Ezequiel, es lo que trae a su pueblo a la vida. Esto es exactamente lo que vemos en el Nuevo Testamento. Jesús, la palabra de Dios hecha carne, enseñó al pueblo de Dios. Es la predicación del evangelio por parte del apóstol Pedro en Hechos 2 lo que primero enciende a la iglesia, y es la enseñanza fiel de los apóstoles la que la sostiene.

La Palabra de Dios es fundamental para la identidad de su pueblo. El cristianismo se trata primariamente de una experiencia espiritual, o de una comunidad cordial o de actos de servicio, aunque ciertamente implica estas cosas. Se trata antes que nada de un mensaje que puede ser respaldado en base a hechos históricos: «que Cristo fue sepultado, y que resucitó al tercer día, conforme a las Escrituras, y que apareció a Cefas, y después a los doce» (1 Corintios 15:4-5). Esta es la buena noticia: el evangelio. Y predicar ese mensaje es la fuente de nuestra vida como iglesia y de la vida eterna para cada uno de nosotros.

B. Específicamente la predicación expositiva
Puedes predicar y ver que nada sobrenatural acontece. No toda predicación es fiel. Y no todas las personas son oyentes fieles. Solo piensa en toda esa gente que escuchó a Jesús en persona, y después se alejó sin ningún cambio en sus vidas. Por tanto, primero quiero hablar acerca de qué clase de predicación debería verse como normal, y luego qué sucede cuando esa predicación se cruza con la comunidad del pueblo de Dios.

¿Qué clase de predicación creará sobrenaturalmente al pueblo de Dios de la nada? En una palabra, la predicación que es expositiva. Aquella que nos «expone» un pasaje de la Escritura. Cuando decimos que un sermón es «expositivo», queremos decir que está diseñado para explicar un pasaje en particular de la Palabra, de manera que la enseñanza principal del sermón es la enseñanza principal del pasaje.

La alternativa es lo que las personas llaman la predicación «temática», en la cual el predicador determina la enseñanza principal que quiere comunicar, y puede usar o no la enseñanza principal del pasaje bíblico para apoyar ese punto. La predicación temática no es de ninguna manera mala, tenemos sermones temáticos en esta iglesia, ¡nuestro pastor Mark predicó un sermón temático esta mañana! Sin embargo, un programa de predicación que es predominantemente expositivo hará que una congregación crezca mejor y con resultados más duraderos. ¿Por qué? Porque cuando un predicador enseña expositivamente, avanzando a través de sucesivos pasajes de la Escritura semana tras semana, la congregación entiende mejor la Escritura en su contexto general.

Permíteme explicar esto dando tres ventajas específicas de la predicación expositiva:

– Cuando el pastor predica una serie de pasajes, fundamentando cada sermón en la enseñanza principal de un pasaje de la Escritura (en lugar de un tema), la palabra de Dios marca la pauta para el sermón. En lo práctico, la predicación expositiva obliga al predicador a abordar versículos que puedan incomodarle o que no encajan tan claramente con su teología.

– La predicación expositiva es una mejor forma de enseñar la Biblia. Cuando el pastor predica un pasaje de la Escritura en contexto, tomando la enseñanza del pasaje como la enseñanza del mensaje, él y la congregación a menudo escuchan cosas de parte de Dios que desconocían cuando el pastor empezó a estudiar el pasaje.

– Y tercero, la predicación expositiva le enseña a los miembros de la congregación cómo leer y estudiar la Biblia por sí mismos. Cuando el sermón semana tras semana enseña a la iglesia a ser expositores y aplicadores fieles de la Palabra de Dios, la Biblia se filtrará en cada aspecto de la vida en comunidad.

C. Predicación = La Palabra de Dios + el pueblo de Dios

Pero si solo nos detenemos allí, aun no habremos trazado todo lo que la predicación hace en la iglesia. Porque predicar no consiste solo en exponer la Palabra de Dios; consiste en exponer la Palabra de Dios al pueblo de Dios. Así que, ¿qué ocurre cuando la Palabra de Dios se topa con el pueblo de Dios? He aquí tres cosas a considerar.

– La aplicación
Más obviamente, aplicamos la Palabra de Dios. Considera el peso de la responsabilidad que descansa sobre nuestros hombros, los que tenemos el privilegio escuchar predicaciones centradas en el evangelio cada semana. Oro para que en el Último Día nosotros en esta iglesia veamos el fruto de dicha predicación en nuestras vidas.

Hay algunas cosas que podemos hacer para aplicar mejor los sermones. Podemos leer el mensaje en nuestros tiempos devocionales. Podemos orar por el predicador y por nuestra aplicación. Podemos tomar notas.

Pero incluso por encima de esas cosas, deberíamos meditar sobre la aplicación del sermón como un esfuerzo colectivo en vez de uno individual.
Una buena pregunta a considerar es: ¿Trabajas de manera fiel y humilde para ayudar a aplicar la verdad que recibiste en las vidas de tus hermanos y hermanas en Cristo? ¿Conocen tu vida lo suficientemente bien, y conoces tú las suyas, que puedes ayudarles a aplicar un sermón de una forma que quizá ellos no hayan pensado? Aquí tienes algunas ideas de cómo podrías hacer esto: (1) habla después del servicio/en el almuerzo acerca del sermón; (2) desarrolla puntos de aplicación en un grupo pequeño; (3) en relaciones de discipulado; (4) en devocionales familiares. (5) En lugar de intentar recordar páginas de apuntes de cada sermón, escoge una o dos cosas cada semana que aplicarás en oración a tu vida, y habla con otras personas al respecto. Dios nos da un banquete todas las semanas. Pongámoslo en práctica.

– La contextualización
Pero eso no es lo único que ocurre cuando la predicación se lleva a cabo en el contexto de la comunidad. La Palabra se aplica a necesidades específicas de nuestra congregación; a nuestros defectos; a la forma en la que Dios se ha estado moviendo entre nosotros; con nuestra demografía particular en mente.

– La autoridad
La predicación en una iglesia debería explicar, interpretar y aplicar la Escritura. Así que en cierto sentido su autoridad descansa sobre la Escritura. Pero sabemos que como seres humanos pecaminosos, podemos fallar en explicar e interpretar la infalible Palabra de Dios. La predicación va más allá de eso. Verás, la predicación en la iglesia está respaldada por el testimonio unánime de toda una comunidad de cristianos, cada uno con sus propios pecados, pero cada uno habitado por el Espíritu vivificador de Dios. Cuando la iglesia funciona como debería, entonces las palabras predicadas un domingo por la mañana son confirmadas tácitamente por los Ancianos, y finalmente por la congregación en general. Si un predicador comenzara a predicar lo que la iglesia considera contrario a la Escritura, entonces los miembros tienen el deber de actuar.

Mark lo ha dicho muchas veces: «Si comienzo a predicar un evangelio diferente, despídanme».

La congregación es la autoridad final en dichos asuntos doctrinales, vemos eso claramente en Gálatas 1 cuando Pablo demanda a la iglesia en general el exigir una verdadera predicación, y lo vemos puesto de forma negativa en 2 Timoteo 4:3, cuando Pablo advierte a Timoteo que algunos pueden empezar a exigir enseñanzas falsas, y así podemos tener gran confianza en la verdad de lo que escuchamos predicado en una iglesia sana porque está respaldada por el testimonio de una comunidad de cristianos. Mientras más conoces a la comunidad de una iglesia, más puedes confiar en su predicación. Una buena predicación producirá una buena comunidad.

Podemos ser parte de la comunidad sobrenatural de la iglesia local por medio de la predicación, cuando escuchamos un buen sermón, lo aplicamos a nosotros y a otros, y apoyamos la predicación correcta. Pero también sucede a través de la oración, que es el siguiente punto para el resto de nuestro tiempo juntos.

  1. La oración
    Quiero usar el resto de nuestro tiempo para pensar acerca de la oración en lo que se refiere a la iglesia local.

Creo que todos entendemos que la oración es importante. Pero cuando reflexionamos sobre la oración, lo primero que nos llega a la mente, al menos en mi caso, es la oración privada. No obstante, la Biblia también llama muy claramente a los cristianos a orar juntos. Piensa en la oración del Padre Nuestro que Jesús nos da en Mateo 6:

«Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu nombre. Venga tu reino. Hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra. El pan nuestro de cada día, dánoslo hoy. Y perdónanos nuestras deudas, como también nosotros perdonamos a nuestros deudores. Y no nos metas en tentación, mas líbranos del mal».

Cuando Jesús nos dio un modelo para la oración, lo hizo de una forma que la encomienda incluso más para nuestro tiempo juntos como cuerpo que para nuestro uso privado. Una de las principales maneras en las que podemos orar como congregación es cuando nos reunimos como iglesia. Así que empecemos examinando por qué la oración congregacional es tan importante.

A. ¿Por qué es importante la oración corporativa?

– Dios usa nuestra oración juntos para hacer avanzar su reino.
Oramos juntos porque, sencillamente, tenemos que hacerlo. Oramos por necesidad, porque necesitamos que Dios actúe. Así como lo vemos en el libro de Hechos. Allí, la iglesia primitiva tuvo una serie de obstáculos que vencer, incluyendo la persecución, pero continuó expandiéndose. En varias ocasiones vemos que cuando la iglesia enfrentaba persecución, se reunía para orar. Así, en Hechos 4, leemos que Pedro y Juan salieron de la cárcel y la iglesia se reunió para escuchar su informe. Creerías que con sus líderes en prisión, las personas orarían por su cuenta en lugar de arriesgarse a reunirse. Pero la oración corporativa era lo suficientemente importante que los creyentes se reunían para orar juntos, alabar a Dios por su soberanía y pedirle valentía ante las amenazas. Lucas nos dice: «Cuando hubieron orado, el lugar en que estaban congregados tembló; y todos fueron llenos del Espíritu Santo, y hablaban con denuedo la palabra de Dios» (Hechos 4:31).

Y esto no se limita a las circunstancias particulares de la iglesia primitiva. A lo largo de la historia hemos visto la obra de Dios especialmente activa cuando su pueblo se reúne para orar.

– Dios se glorifica a través de la unidad de nuestra oración.
Como hemos escuchado en clases anteriores, la unidad entre el pueblo de Dios da gloria a Dios. Esa es la razón por la que en Efesios, capítulo 4, Pablo llama a toda la iglesia a mantener la unidad del Espíritu en el vínculo de la paz. Orar juntos es una manera de cumplir este mandamiento al congregarnos visiblemente como el pueblo de Dios para orar.

La unidad que demostramos cuando buscamos a Dios juntos en oración es particularmente extraordinaria.

Dos cosas a observar en particular: (a) orar juntos es un medio de la gracia de Dios en el cual crecemos espiritualmente cuando escuchamos a otros comprometerse con la oración; y (b) la oración corporativa también puede servir como un testimonio poderoso para los no cristianos que ven el amor y el compromiso que los cristianos tienen entre sí en sus oraciones.

– La oración corporativa nos une.
La oración corporativa no solo se beneficia de nuestra unidad; en realidad nos ayuda a crear la unidad. Cuando oramos juntos, estamos, de cierto modo, dejando atrás nuestros deseos egoístas y nos enfocamos en Dios y en los demás. Así, por ejemplo, los domingos por la noche, oramos unos a otros de varias formas: agradecemos a Dios por su gracia en la vida de las personas; oramos por la salud física de otros; por su bienestar espiritual; oramos por sus ministerios, etc. Tanto orar por otros, como escuchar a otros orar por nosotros, naturalmente nos acerca más a medida que aprendemos más unos de otros y, al sentir el efecto de esas oraciones en la obra hecha por el Espíritu Santo. Escucharás a personas describir el servicio de oración como nuestro tiempo familiar. Y una razón fundamental por la que esta descripción es que tenemos ese tiempo de oración unida juntos.

Aquí tienes una idea de cómo podemos respaldar esa unidad: considera si hay peticiones de oración o testimonios acerca de la gracia de Dios que podrías compartir con la congregación que podría acercarnos y ayudarnos como cuerpo a maravillarnos ante el poder y la misericordia de nuestro Dos. Piensa en la oración corporativa como un servicio a esta congregación. Para algunos de nosotros, eso podría sentirse un poco extraño. Somos personas bastante privadas que pensamos que si otras personas oran por nosotros eso sería una carga. No obstante, la Biblia no ve las cosas de esta manera. Hay un pasaje grandioso en 2 Corintios 1 en el que Pablo comparte una situación particularmente difícil.

«Porque hermanos, no queremos que ignoréis acerca de nuestra tribulación que nos sobrevino en Asia; pues fuimos abrumados sobremanera más allá de nuestras fuerzas, de tal modo que aun perdimos la esperanza de conservar la vida. Pero tuvimos en nosotros mismos sentencia de muerte, para que no confiásemos en nosotros mismos, sino en Dios que resucita a los muertos; el cual nos libró, y nos libra, y en quien esperamos que aun nos librará, de tan gran muerte; cooperando también vosotros a favor nuestro con la oración, para que por muchas personas sean dadas gracias a favor nuestro por el don concedido a nosotros por medio de muchos» (2 Corintios 1:8-11).

Ese último versículo da en el clavo: «para que por muchas personas sean dadas gracias a favor nuestro por el don concedido a nosotros por medio de muchos». ¿Era una carga para estos creyentes orar por Pablo? Absolutamente no. Era una bendición animarlo y compartir el gozo de su continua liberación en Dios. ¿Qué hubiese pasado si Pablo hubiese decidido que sus problemas eran una molestia para la iglesia? Deberíamos agradecer a Dios que no lo hizo.

Por tanto, piensa cómo puedes compartir tus necesidades con otros para que puedan acercarse como creyentes y ser alentados por la increíble obra de Dios. ¿Estás luchando con tu fe? ¿Estás luchando en el trabajo? ¿Estás luchando en tu matrimonio? ¿Estás luchando con la evangelización? Recuerdo que cuando un hermano en esta iglesia compartió un domingo por la noche que estaba batallando con su fe en Dios, su honestidad fue un buen ejemplo para nosotros, y cuando la iglesia lo cubrió en oración, fuimos capaces de alabar a Dios mientras nuestras oraciones eran contestadas. Deja que otros te acerquen a nuestro Señor en oración. Es un privilegio para ellos.

– La oración corporativa nos enseña cómo orar
Me pregunto si alguna vez has notado que nuestros servicios por la mañana siguen el mismo esquema que muchos cristianos usan en sus tiempos devocionales. Siguen el camino del evangelio: vemos la santidad de Dios, nuestro pecado, la obra de Cristo en la cruz y nuestra respuesta. Y nuestra oración corporativa sigue el modelo CASA: Confesión, Adoración, Súplica y Agradecimiento, aunque no siempre en ese orden. ¿Por qué? Porque oramos juntos en parte para enseñarnos cómo orar. Permíteme que explique a lo que me refiero.

Es una buena disciplina solo enfocarnos en alabarle. Por lo que nuestras oraciones de alabanza nos enseñan qué significa centrar nuestra mirada únicamente en la hermosura de Dios y deleitarnos en él. Asimismo, la confesión es incómoda, y rápidamente pasamos a pedirle a Dios que nos cambie. Pero cuando hacemos eso, perdemos la oportunidad de explorar nuestros corazones y reconocer lo que realmente hay allí. Tener un tiempo extendido solo para confesar el pecado hace que la seguridad del perdón que leemos en la Biblia, y el cántico que entonamos en respuesta, sea mucho más alegre. Y también podemos aprender de las oraciones de súplica y agradecimiento. En la oración de súplica, por ejemplo, Mark orará por mucho más que solo nuestras necesidades, que es donde sentimos la tentación de enfocarnos. Él ora por nuestro gobierno, por la iglesia perseguida, por las misiones, por la evangelización, por nuestra iglesia, y termina orando por los puntos de su sermón. Si lo sigues cuidadosamente mientras somos guiados en oración, espero que eso mejore tu propia vida de oración.

– Ora por tu iglesia
Antes de culminar nuestro tiempo juntos, permíteme darte algunas consideraciones de cómo puedes orar diariamente por tu iglesia. Espero que a medida que estas cosas se vuelvan parte de tu rutina diaria, veas grandes cosas suceder en tu iglesia.

– Ora por el predicador.
Piensa en Pablo al escribirle a los efesios: «[Oren] por mí, a fin de que al abrir mi boca me sea dada palabra para dar a conocer con denuedo el misterio del evangelio, por el cual soy embajador en cadenas; que con denuedo hable de él, como debo hablar» (Efesios 6:19-20). Si el gran apóstol Pablo necesitó que oraran por él para predicar, ciertamente nuestros predicadores también lo necesitan.

– Ora por el directorio de membresía.
Sé que has escuchado esto antes. Y sé que implica orar por muchas personas que no conoces. Pero la buena noticia es que al orar por ellos, los conocerás más rápido. Y así como Pablo oró por los cristianos en Roma que nunca llegó a conocer, orar diariamente por personas con las que no tienes una conexión en particular solo porque son miembros de tu iglesia, honra a Dios maravillosamente.

– Ora por tu iglesia como un todo.
La cultura de nuestra iglesia está conformada por los hábitos, expectativas y comportamientos que llegan a caracterizarla como iglesia. Es posible que hayas notado que Mark hace que oremos por muchas cosas diferentes los domingos por la noche, como orar para que podamos tener una unidad verdadera en nuestra diversidad. Para que podamos entablar relaciones trasparentes entre nosotros, para que podamos ver la hospitalidad como una parte importante de seguir a Cristo. Todo esto en base a una lista que elaboré hace algunos años en mi esfuerzo por capturar las diferencias de la cultura que Dios ha edificado en nuestra iglesia.

  1. Conclusión
    ¿De qué manera esperamos que lo sobrenatural obre en nuestra iglesia? Celebramos la predicación regular de la Palabra de Dios, y oramos. Esos son los medios que Dios usa naturalmente para hacer lo que es sobrenatural. Sus medios normales de gracia.

Cerremos en oración.

Viviendo como una iglesia – Clase 2: La membresía

Viviendo como una iglesia

Por Capitol Hill Baptist Church (CHBC)

Clase 2: La membresía

Introducción
Me gustaría iniciar con una pregunta: ¿En qué se diferencia el compromiso que contraemos con otras personas en la iglesia de los otros compromisos que hacemos en la vida?

La semana pasada empezamos considerando la gloria de la iglesia. Nuestra iglesia está compuesta de personas cuyo conocimiento, amor y paciencia es limitado. Tenemos diferentes personalidades, diferentes expectativas, diferentes trasfondos, diferentes maneras de comunicarnos y diferentes prioridades. Mezclas todo eso y parece que es probable que termines en problemas. Pero gracias al poder del evangelio, en realidad obtienes una proclamación colectiva de la gloria de Dios.

¿Cómo es eso posible? Es posible cuando nos amamos unos a otros con un compromiso que es evidentemente sobrenatural. ¿Cómo es ese compromiso? Responderemos esa pregunta en el transcurso en dos semanas. El día de hoy, estudiaremos la profundidad de ese compromiso. Y la siguiente semana veremos la amplitud del mismo, amar a aquellos con los que tenemos poco en común, excepto Jesús.

Así que consideremos la profundidad de este compromiso. Una aclaratoria: En resumidas cuentas, realmente esta es una clase que trata acerca de la membresía de la iglesia. Podrías estar pensando: «Ya soy miembro. Me convenciste. ¿Debería irme ahora?». ¡No! Es mi deseo que al explicar lo que es la membresía, y cómo se diferencia de otros compromisos, seamos renovados y podamos recordar la dulzura única del profundo compromiso que tenemos entre nosotros en esta iglesia. Y lo que aprendamos nos ayudará a ser mejores miembros de la iglesia. Para ello, quiero dedicar algo de tiempo para hacer una distinción entre el compromiso natural de este mundo, que denominaremos: «COMPROMISO BASADO EN LA COMODIDAD», y el compromiso de la membresía de la iglesia, al que llamaremos: «COMPROMISO BASADO EN EL LLAMADO».

El compromiso basado en la comodidad
El compromiso es algo que nuestro mundo entiende. Los fanáticos de Redskins están comprometidos con los Redskins. Las personas se comprometen con sus trabajos, con sus destinos favoritos para vacacionar, con sus países. Y las personas se comprometen con sus iglesias. Pero la razón exacta por la que las personas se comprometen con sus iglesias puede variar un poco.

Diría que es común para las iglesias hacer que las personas se comprometan con ellas de la misma manera que lo harían con cualquier otra cosa en el mundo, a través de un compromiso basado en la comodidad. Permíteme ilustrar esto con un ejemplo secular: cómo podrías comprometerte en comprar productos de la marca Apple. Al principio, una computadora Mac es solo otra computadora y un iPad es solo otra pantalla. Pero tal vez termines pidiendo prestado la computadora Mac de un amigo para revisar un correo y te das cuenta de que la pantalla no se cuelga tanto como lo hace en tu computadora. Difícilmente podrías considerarte un usuario de Mac comprometido en este punto, pero estás intrigado. Así que cuando tu computadora finalmente muere, haces algunas compras en línea y decides darle a Mac una oportunidad, incluso si cuesta un poco más. Después tus amigos comienzan a notar que estás usando una computadora Mac, y los que parecen más emocionados son personas bastante geniales. Luego de que te acostumbras a ella, encuentras que realmente te gusta la manera en la que funciona y lo intuitivo que es todo. También la forma en que encajas mejor cuando trabajas en una cafetería. De repente, te das cuenta de que has estado hablando mucho acerca de tu computadora porque tu tía te da un iPad como regalo de navidad, que se convierte en una parte inseparable de tu cerebro. Antes de que lo notes, estás yendo a convenciones de Mac, vistes a tus hijos con trajes de Apple, y te preguntas cómo habías podido vivir sin tener todos tus dispositivos sincronizados.

¿Y cómo pasó? Ciertamente no sucedió todo de una sola vez y, de hecho, ni siquiera buscabas convertirte en un fanático de la marca Apple. Pero mientras más te adentrabas, más atractivo parecía todo, hasta que ya estabas en lo profundo.

Para muchos cristianos, así es como luce la iglesia. Comienzan enfatizando que no tienen ninguna expectativa con la iglesia, y la anuncian como un gran lugar para prosperar moralmente, educar a sus hijos, encontrar una comunidad, sentirse seguros, cómodos y atendidos. Luego te unes a un grupo pequeño y conoces a algunas personas que te agradan. En algún punto en el camino te conviertes en un miembro, pero la membresía no es el objetivo en sí. La meta es que dentro de algunos años, realmente te hayas comprometido con tu iglesia principalmente porque te gusta y lo ves como algo fácil.

Eso es lo que llamamos un compromiso basado en la comodidad. Funciona para los consumidores; funciona para las iglesias.

El modelo expuesto, sea la marca Apple o una iglesia, es el compromiso visto como un proceso. Con el tiempo, ves que la iglesia local suple tus necesidades y comienzas a sentirte más cómodo allí. Y mientras más cómodo te sientes, te comprometes más a profundidad. Así, suavizamos el camino a nuestras iglesias y resaltamos los beneficios de estar más involucrados. Con suerte, podremos atraer a las personas como consumidores y con el tiempo verlas convertirse en proveedores. Este es el compromiso basado en la comodidad, y se trata un proceso. Se caracteriza por un amplio, general e impreciso trato de la Palabra de Dios… y como podrás imaginar, a menudo puede llegar a fomentar el testimonio cristiano lo cual es muy débil.

El compromiso basado en el llamado
No obstante, no denigremos el compromiso basado en la comodidad en general, es natural correr hacia lo que es cómodo. Sin embargo, deberíamos hacer una diferencia entre dicho compromiso y lo que aspiramos en nuestras iglesias. El compromiso basado en el llamado se diferencia porque tiene una profundidad y una riqueza que el compromiso basado en la comodidad no puede reproducir. Consideremos algunas de estas diferencias:

A. El Nuevo Testamento describe a todos los cristianos como profundamente comprometidos con su iglesia local de maneras que son significativas, a veces dolorosas y bastante deliberadas. Toma las palabras de 1 Juan como un ejemplo: «Nosotros le amamos a él, porque él nos amó primero. Si alguno dice: Yo amo a Dios, y aborrece a su hermano, es mentiroso. Pues el que no ama a su hermano a quien ha visto, ¿cómo puede amar a Dios a quien no ha visto?» (1 Juan 4:19-20).

Para Juan, el amor entre los creyentes es una señal de la fe salvadora. Compara eso con el compromiso basado en la comodidad, y verás que la Biblia nos llama a amar a los demás, la comodidad exige que nos amemos a nosotros y prioriza nuestras preferencias.

B. Una pregunta interesante de diagnostico que puedes hacerte es: ¿Por qué vas, y sigues yendo a la iglesia? ¿Qué te motiva a pasar gran parte de tu fin de semana en ese lugar? El compromiso basado en la comodidad podría señalar razones sociales, personales y profesionales. El compromiso basado en el llamado se enfoca en la obediencia a Dios y en un deleite en su iglesia como uno de sus principales motivadores.

El motivo de nuestra comunidad debería decir algo acerca de nuestra fe en Cristo. Nuestro compromiso como miembros de una iglesia deberá distinguirse del compromiso del mundo. Nuestras interacciones deberían parecerse más a las de Cristo y menos a las de nuestros compañeros de trabajo, amigos o vecinos.

El compromiso basado en el llamado se compromete primero, y luego hace preguntas sobre los beneficios recíprocos. El compromiso basado en el llamado busca la unidad de Cristo y crece con la diversidad como trasfondo.

C. Tercera distinción: La relación. Solía asistir a una iglesia en Sydney. Era una gran iglesia que dedicaba gran parte de su tiempo a pensar en formas de alcanzar a tanta gente como fuera posible. Querían atraer a las personas sin importar lo que hiciera falta. Realmente tenían buenas intenciones, el problema era que sin compromiso habían muy pocas relaciones profundas, ciertamente no existía una cultura de comunidad o un enfoque en un discipulado personal. Todo era superficial, ya sabes, es más cómodo de esa manera, y al final así es como florecerían la relaciones auténticas… desafortunadamente ese no era el caso.

Insólitamente, es con la formalidad de la membresía que se forman las relaciones profundas. Esto no significa que una relación verdadera no pueda darse sin la membresía de la iglesia, pero prácticamente… con cada miembro nuevo que se aprueba en nuestra membresía queda tan claro como el día a quiénes estamos llamados a amar, queda claro a quiénes debemos proteger, queda claro con quiénes debemos iniciar una relación en nuestra iglesia local. Ellos se han comprometido de manera obvia y pública con nuestra congregación, y nosotros nos hemos comprometido con ellos de la misma forma.

Una iglesia que se edifica en torno a la membresía es evidentemente diferente. Requiere de un compromiso significativo. Decides prometer amar a un grupo de cristianos de manera profunda y sacrificial incluso antes de realmente conocerlos bien. Así, tu compromiso no se basa en sentimientos de apego, de comodidad o de pertenencia, aunque esperamos que esas cosas se den eventualmente, sino que es un compromiso que haces simplemente porque es parte de seguir a Jesús. Puedes encontrar relaciones auténticas en una congregación que se toma en serio la membresía de la iglesia.

Por tanto, esta idea del compromiso basado en el llamado es un compromiso mutuo sencillamente porque forma parte de ser llamados a la familia de Dios. Comprometerse con otros creyentes por medio de la iglesia local es lo que caracteriza a un cristiano. Observa nuevamente el pasaje que leí en 1 Juan. Dice que toda persona amada por Dios, salvada por Dios, ama a otros cristianos en respuesta.

Eso quiere decir que tenemos que dejar de ver el compromiso con la iglesia local como un proceso y debemos comenzar a verlo como un acontecimiento. El acontecimiento es nuestra salvación y el compromiso es algo que se deriva inevitablemente. Eso no significa que todos nuestros compromisos con la iglesia local deben ser significativos, hay mucho espacio para el crecimiento. Quiere decir que hacemos un compromiso por adelantado, por lo que significa ser cristiano.

En ese sentido, encontrarás mucho del compromiso basado en la comodidad en iglesias cuyo compromiso se basa en el llamado. No hay nada de malo con el compromiso basado en la comodidad, el problema surge cuando se convierte en nuestro principal enfoque para hacer vida en la iglesia. Si esperamos facilitar nuestro caminar en la iglesia y ver que el compromiso basado en la comodidad surta efecto con el tiempo, tendremos una comunidad consumista, con relaciones superficiales, para nada diferente al mundo. En cambio, deberíamos reconocer que Dios nos llama a comprometernos de manera profunda y significativa con una iglesia local cuando nos llamó a la salvación. Si esa es nuestra actitud hacia la iglesia, encontraremos una comunidad que sea honesta acerca de lo que significa ser cristiano y que sirva como un rico catalizador para las relaciones cristianas.

El compromiso que es significativo
¿Cuáles son algunos de los componentes elementales de este compromiso del que hemos estado hablando? ¿Cómo es? Aquí tienes cuatro partes básicas a considerar:

A. El compromiso sacrificial. Romanos 12:13-16 nos dice que compartamos «las necesidades de los santos; practicando la hospitalidad… Gozaos con los que se gozan; llorad con los que lloran. Unánimes entre vosotros». Si mi esposa y yo no podemos tener hijos, debería alegrarme cuando otro miembro de la iglesia quede embarazado. Si acabo de conseguir un nuevo empleo, debería acompañar en su tristeza a la hermana que perdió el suyo. Debería dar mi dinero, mi tiempo y mi hogar para cuidar de otros en mi iglesia, simplemente porque ellos forman parte del pueblo de Dios. Amar de esta manera no es únicamente para un grupo de cristianos élite; esto es lo que significa ser cristiano.

B. El compromiso de reunirnos. Hebreos 10:25 nos dice que la vida cristiana consiste en no dejar de congregarnos, como algunos tienen por costumbre, sino en exhortarnos; y tanto más, cuando vemos que aquel día se acerca. Ser cristiano implica reunirnos con otros cristianos regularmente. El autor de Hebreos no visualiza otra categoría de cristianos.

C. El compromiso de esimularnos mutuamente. Utilizando ese mismo pasaje, el versículo 24 nos dice que debemos considerarnos unos a otros «para estimularnos al amor y a las buenas obras», algo que claramente se lleva a cabo por medio del versículo 25. Y esa clase de estimulo en el libro de Hebreos implica mucho más que una sacudida de manos momentanea al cruzar la puerta. Como vemos en el capítulo 3, el estimulo es el antídoto para la incredulidad. Estimular significa fortalecer la fe de otros. Un cristiano no solo está comprometido con su bienestar espiritual, también se compromete a ayudar a otros a luchar por la fe.

D. El compromiso de protegernos mutuamente. Mateo 18. Jesús dice que si un hermano peca contra mí, debo hablar con él al respecto. Si no se arrepiente, debo llevar conmigo a uno o dos hermanos. Y si todavía sigue sin arrepentirse, debo comunicarselo a la iglesia. «Y si no oyere a la iglesia, tenle por gentil y publicano». En otras palabras, expulsalo de la iglesia. La última barrera para el autoengaño en este mundo es la iglesia local. Nadie más puede decirme tan fuertemente que la fe que profeso con mi boca se contradice con mi vida. Y es interesante que esta autoridad no se otorga al pastor, o a los ancianos, sino a la iglesia. Por supuesto, protegernos mutuamente del autoengaño de la inmoralidad o de la falsa doctrina es algo que hacemos bajo un liderazgo sabio y amoroso. Pero finalmente, el Nuevo Testamento delega la responsabidad de cuidarnos unos a otros a toda la iglesia.

Cristiano, Dios te ha llamado a hacer estas cosas: Amar a otros cristianos sacrificialmente. Reunirte con ellos con regularidad. Estimularlos a la fe. Y protegerlos del pecado y del autoengaño. Hacer estos compromisos no es algo que debamos dejarselo a los cristianos maduros; es lo que la Biblia supone que todo cristiano debe hacer. Así es la profundidad de este compromiso.

Si nos detenemos aquí, seguimos sin entender completamente la profundidad del compromiso que debemos encontrar en la iglesia local. Porque el compromiso bíblico en una iglesia no solo es importante, también se formaliza.

El compromiso que es formal
¿Es el compromiso cristiano en la iglesia local relativamente fluido y amorfo? ¿O nos llama la Escritura a formalizarlo? Para responder esa pregunta, observa cuidadosamente la manera en la que Pablo describe a la iglesia en 1 Corintios 5. Él explica que la iglesia no tiene la responsabilidad de juzgar a los pecadores impenitentes en el mundo, pero sí posee esa responsabilidad dentro de la iglesia. «Porque ¿qué razón tendría yo para juzgar a los que están afuera? ¿No juzgáis vosotros a los que están dentro? Porque a los que están fuera, Dios juzgará» (5:12-13a).

Lo que quiero que notes es la linea que separa lo que está «afuera» y lo que está «dentro» de la iglesia. De un lado de la línea están los que se llaman a sí mismos creyentes y someten esa profesión al juicio de la iglesia. Del otro lado, están los que no han hecho tal compromiso. Así que algunas personas hoy día hablan acerca de tener una comunidad definida en su núcleo en lugar de una comunidad definida por sus límites. En vez de obsesionarnos por quién está «dentro» y quién está «afuera», solo enséñale a las personas y anímalas, sin importar su estado espiritual, a buscar más de la buena comida espiritual. El problema es que, eso parece contradecir la forma en la cual el Nuevo Testamento describe a la iglesia.

También vemos esto cuando la Biblia habla acerca de los líderes de la iglesia. Debemos someternos a nuestros líderes (cf. Hebreos 13:17) porque ellos un día rendirán cuentas por nosotros. Pero si la afiliación con una iglesia no es de ninguna manera formal, ¿cómo saben estos líderes por quién habrán de rendir cuentas? ¿Y cómo podemos decidir nosotros a quiénes someternos?

Ya sea al lidiar con la disciplina o el liderazgo en la iglesia, queda claro en la Biblia que el compromiso con la iglesia tiene cierto nivel de formalidad. Los creyentes saben con quién se están comprometiendo; la iglesia y sus líderes saben de quiénes son responsables. Esto es lo que llamamos membresía de la iglesia, usando la ilustración de Pablo de la iglesia como un cuerpo y de nosotros como sus miembros. Ahora, ¿qué diferencia hace esta formalidad? Es importante por dos razones:

A. El compromiso formal sirve como una afirmación del compromiso informal. Encuentro que la analogía del matrimonio es útil aquí. Así es como Tim Keller describe la aplicación marital de esta verdad:

Cuando la Biblia habla acerca del amor, lo mide principalmente no en base a cuánto deseas recibir, sino en base a cuánto estás dispuesto a dar de ti a alguien. ¿Cuánto estás dispuesto a perder por el bien de esta persona? ¿A cuánto de tu libertad estás dispuesto a renunciar? ¿Cuánto de tu valioso tiempo, emociones y recursos estás dispuesto a invertir por esta persona? Y por eso, los votos matrimoniales no solo son útiles, también sirven como una prueba. En muchos casos, cuando una persona le dice a otra: «Te amo, pero no arruinemos esto casándonos», esa persona realmente está diciendo: «No te amo lo suficiente para cerrar todas mis opciones. No te amo lo suficiente para entregarme a ti por completo». Decir: «No necesito un pedazo de papel para amarte», es decir básicamente: «Mi amor por ti no ha alcanzado el nivel del matrimonio»[1].

Cierto. Existen todo tipo de discontinuidades entre el matrimonio y la membresía de la iglesia. Pero una de las formas en las que ambos son similares es en la interrelación del compromiso formal e informal. Si alguien dice que desea cumplir todos los mandamientos de la Biblia que implican el «unos a otros» en el contexto de su iglesia, pero se niega a comprometerse formalmente a hacerlo a través de la membresía, ¿qué clase de compromiso realmente pretende hacer? Usando las palabras de Keller, su amor por su iglesia no ha alcanzado el nivel de la membresía. El compromiso formal deja en claro quién verdaderamente toma la decisión de amar a su iglesia como lo describe la Escritura.

B. El compromiso formal hace visible el compromiso informal. La membresía en una iglesia local anuncia que esa persona ha hecho compromisos informales bastante importantes, lo cual ayuda a desarrollar relaciones mucho más rápidamente. Alguien podrá tener todo el deseo de amarte a la manera de Romanos 12, Hebreos 10 y 1 Corintios 5. Pero si no es miembro de tu iglesia, no tienes forma de saberlo. Cuando la membresía es significativa, hace que el compromiso informal sea visible para que las relaciones puedan crecer a un ritmo más acelerado.

Sugerencias prácticas
Pasemos el resto de nuestra clase examinando detenidamente maneras en las que esta visión bíblica del compromiso puede ser más práctica.

A. Únete a una iglesia. Algunos de nosotros, o algunos de nuestros amigos, todavía sopesan si la membresía realmente importa. En esas conversaciones, creo que es útil regresar a lo que significa ser cristiano. Seguir a Jesús es amar a otros que siguen a Jesús. Eso es lo que ocurre inevitablemente cuando somos perdonados de nuestros pecados. No se trata solo de una disposición general de amor, sino de un compromiso específico de amar a un grupo específico de cristianos, a una iglesia local.

B. Invierte en las relaciones. Luego están aquellos de nosotros que nos unimos, pero aparte de aparecer cada domingo para los servicios, unirse a la iglesia realmente no cambia nuestras vidas. Como ya hemos visto en esta clase, relacionarse con una iglesia local de manera bíblica significa confesar nuestros pecados para que otros puedan ayudarnos a luchar por la fe. Significa confesar nuestras batallas para que otros puedan ayudarnos de forma práctica. Signfica hacer preguntas complicadas y, en ocasiones, incómodas al cuidar de nuestros hermanos y hermanas. Y significa que la oración forma parte integral de cada relación.

¿Cómo podemos saber cuando esto no pasa? Te daré cuatro categorías:

El miembro casual que asiste con regularidad, pero que no hace mucho más que eso. Sus amigos más cercanos no están en la iglesia. (Comprometido).
El miembro fuerte parece involucrado, al menos en términos de servir a los demás. Pero por una presunción que le hace pensar que él o ella nunca está en necesidad, nunca deja que las personas le ayuden. (Vulnerable).
El miembro estático empieza con buenas relaciones en la iglesia, pero cuando los meses se convierten en años y los años en décadas, esas relaciones nunca se expanden. Y en una iglesia tan dinámica como la nuestra, esa comunidad congelada casi siempre deja de ser una comunidad (Activo).
El miembro consumidor tiene relaciones, pero queda claro desde una perspectiva mundana por qué cada relación sería importante para él o ella. No aspira, como dije anteriormente, a amar a otros de una manera que sea extraña al mundo, simplemente porque ha sido amado por Cristo. (Dado).
C. Comprométete a amar a todo el cuerpo. Creo que existe un verdadero peligro para nosotros en una era que está definida por el consumidor y, sin embargo, obsesionada con la comunidad. Podríamos estar en una comunidad real y satisfactoria en una subcultura de la iglesia, y nunca salir para comprometernos con la iglesia más ampliamente. Eso no quiere decir que necesitamos tener relaciones profundas con todos y cada uno de los miembros de la iglesia. Deberíamos encontrar que nuestras relaciones no están confinadas a un grupo pequeño en particular, o a un tipo de personalidad, o trasfondo étnico o profesión.

Si todos tomamos la iniciativa de incluir en nuestras amistades a personas que son muy diferentes a nosotros, veremos que en vez de una iglesia conformada por subculturas impenetrables, tendremos una iglesia donde las redes de relaciones se extienden y ensanchan para cubrir a toda la congregación.

Una diferencia verdaderamente práctica entre una comunidad basada en el llamado y una comunidad basada en la comodidad es que la comunidad que se basa en el llamado nos expande para formar relaciones que no son cómodas. Y eso es necesario para que esa red relacional sea tan inclusiva como debe ser.

Conclusión
Si observas cómo el Nuevo Testamento describe a la iglesia local, este es un pilar que sostiene a una comunidad bíblica: la profundidad del compromiso. Nuestra cultura nos dice que nos comprometamos solo hasta donde nos sintamos cómodos. Bueno, al igual que esa versión distorcionada del matrimonio, el compromiso basado en la comodidad en la iglesia no funciona muy bien. Es posible que atraiga a una multitud rápidamente, pero no produce mucha profundidad. Y sin profundidad, fracasa en ser el faro de luz sobrenaturalmente atractivo en un mundo de tinieblas. Incluso aunque ese modelo de compromiso de ser luz parece el mejor para alcanzar a este mundo para Cristo, a la larga, se suaviza en comparación a una comunidad verdaderamente sobrenatural. Por tanto, debemos aspirar a un compromiso basado en el llamado, donde nos comprometemos a amar a todas las personas desconocidas en una nueva glesia simplemente porque han sido llamadas por Dios para salvación, y llamadas por Dios para ser amadas. Y con eso como fundamento, las relaciones florecerán.

Ese es uno de los pilares: la profundidad del compromiso. El segundo es la amplitud del compromiso, el cual es nuestro tema para la próxima semana.

[1] Keller, Tim. The Meaning of Marriage (El significado del matrimonio), New York: Dutton. Print. Pág. 78.

Viviendo como una Iglesia – Clase 1: La unidad

Viviendo como una iglesia

Por Capitol Hill Baptist Church (CHBC)

Clase 1: La unidad

Introducción
Bienvenido a la primera de trece clases que tendremos acerca de cómo vivir juntos como iglesia. Soy Matt, pastor asistente aquí en la congregación. Esta mañana espero transmitir una idea de lo que me gustaría lograr juntos. Sin embargo, antes de comenzar a hablar, quiero hacer una pregunta: ¿Por qué es importante la unidad para la iglesia local? [¿Qué se te ocurre?… ¿Iglesias discutiendo por el color de la alfombra?].

Genial. Ahora bien, empecemos esta clase del tema de la unidad de manera muy sencilla. En resumen, esta clase existe por tres simples verdades que encontramos en la Escritura:

Dios ha llamado a los cristianos a estar con él para siempre, pero nos ha dejado temporalmente en este mundo reunidos en iglesias locales.
Él ha escogido usar nuestras vidas unidos en iglesias como el principal método para mostrar su gloria.
Somos pecadores.
Las primeras dos verdades funcionan bien juntas, pero la tercera verdad complica las cosas considerablemente. Algún día, el mundo entero se postrará ante Dios y reconocerá que él es el Señor. Pero por ahora, Dios en su sabiduría, ha delegado la misión de desplegar la gloria de su perfecto carácter a personas bastante imperfectas, que forman parte de su Iglesia. La interrogante de cómo puede suceder eso es el enfoque de esta clase. Específicamente, nuestra meta es entender las oportunidades y las responsabilidades que tenemos como miembros de la iglesia. ¿Cómo es que, pecadores como nosotros, podemos reunirnos como una iglesia local donde abunda la unidad? Y no se trata de una unidad forzada que niega las diferencias, subestima las dificultades, o compromete el mensaje del evangelio, sino de una unidad real que actúa como un testimonio convincente del poder del evangelio. ¿Cómo es que, como pecadores, podemos responder al pecado entre nosotros sin ceder a las habladurías y a las calumnias? ¿Cómo podemos confiar en nuestros líderes y, al mismo tiempo, reconocer que también son pecadores? ¿Cómo podemos amar a las personas que nos hacen sentir incómodos porque son tan diferentes a nosotros? ¿Cómo podemos criticar a una iglesia imperfecta sin quejarnos?

Para aquellos de nosotros que hemos estado en una iglesia durante cierto tiempo, es probable que hayamos notado que estos objetivos son difíciles de alcanzar. Con mucha frecuencia, las iglesias se convierten en lugares de división, quejas y amargura. Muy a menudo, las iglesias fracasan en reflejar al mundo que nos observa el poder del evangelio que debería obrar en ellos. Nuestra meta para esta clase es explorar un plano práctico de lo que hace que una iglesia sea sana y unida: una sana doctrina que se expresa en un amor unificador que glorifica a Dios. Mi oración es que cada uno de nosotros salga de esta clase con un mejor entendimiento de lo que la Biblia dice que es una iglesia unida, y con algunas ideas muy claras de lo que todos podemos hacer para fomentar la unidad entre nosotros.

Para la clase de hoy, empezaré abordando la idea de la unidad, empleando principalmente la descripción que encontramos en Efesios 3 y 4 de lo que significa ser una iglesia. A continuación, veremos algunas versiones falsas de la unidad, las compararemos con la unidad verdadera, y hablaremos acerca de la razón por la que la unidad en la iglesia es tan importante.

Efesios 3-4: La meta de Dios para la iglesia
Comencemos respondiendo una pregunta fundamental: ¿Cuál es el plan de Dios para la iglesia local? El apóstol Pablo lo explica en los capítulos 2 y 3 del libro de Efesios. Si tienes una biblia, acompáñanos. Inicia con el evangelio, en Efesios 2:1-10. Estábamos «muertos en [nuestros] delitos y pecados» (2:1). Pero Dios «nos dio vida juntamente con Cristo» (2:5). «Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe» (2:8-9).

Pero ese evangelio no termina con nuestra salvación; conduce a algunas implicaciones bastante disruptivas. Implicación #1: la unidad. Como Pablo escribe sobre judíos y gentiles al final del capítulo 2, Dios derribó la pared intermedia de enemistad «para crear en sí mismo de los dos un solo y nuevo hombre, haciendo la paz, y mediante la cruz reconciliar con Dios a ambos en un solo cuerpo, matando en ella las enemistades. Y vino y anunció las buenas nuevas de paz a vosotros que estabais lejos, y a los que estaban cerca; porque por medio de él los unos y los otros tenemos entrada por un mismo Espíritu al Padre» (2:15b-18).

Observa que solo el evangelio crea esta unidad, es por medio de la cruz que Cristo acabó con su enemistad. Después de todo, ¿qué más podría unir a dos pueblos con historias, etnicidades, religiones y culturas tan diferentes?

Ahora, ¿cuál es el propósito de esta unidad entre judíos y gentiles? Ve al capítulo 3, versículo 10:

Su propósito era «que la multiforme sabiduría de Dios sea ahora dada a conocer por medio de la iglesia a los principados y potestades en los lugares celestiales».

Toma a un grupo de judíos y gentiles que no comparten nada en común salvo una aversión de siglos los unos por los otros (una sombra de lo que en nuestro contexto podrían ser los demócratas liberales y los republicanos libertarios), reúnelos en una iglesia local donde se cruzan entre sí regularmente, y las cosas explotarían, ¿cierto? ¡No! Por lo único que tienen en común, el vínculo de Cristo, viven juntos en asombroso amor y unidad. Una unidad que es tan inesperada, tan diferente a la manera en la cual opera nuestro mundo, que incluso los «principados y potestades en los lugares celestiales» se sientan y observan.

Increíble, ¿no? La unidad es notable entre dos dimensiones. Es notable por su amplitud. Esto quiere decir, que se expande para incluir a pueblos tan opuestos como lo eran los judíos y los gentiles. Esto glorifica a Dios al alcanzar a personas que, sin un poder sobrenatural, nunca estarían unidos. Recuerda Efesios 2:18: «Porque por medio de él los unos y los otros tenemos entrada por un mismo Espíritu al Padre».

En segundo lugar, esta unidad es notable por su profundidad. No se limita a unir a personas para que se toleren entre sí, sino para estar tan comprometidas que Pablo puede llamarles un nuevo hombre (2:15) y una nueva familia (2:19). Pablo busca los lazos más profundos del mundo natural, los lazos étnicos y familiares para describir esta nueva comunidad en la iglesia local.

La unidad con una amplitud y profundidad asombrosa hace que la gloria de un Dios invisible sea visible. Esta es la declaración de propósito final para la unidad de la iglesia en Éfeso. Esta es la declaración de propósito final para la unidad en nuestra iglesia. Y estos dos conceptos serán realmente importantes para este seminario básico. De hecho, tendremos una clase entera dedicada a la profundidad de la unidad al reflexionar sobre el compromiso de la membresía de la iglesia. Y una clase entera acerca de la amplitud de la unidad al meditar sobre la diversidad como una marca que define a la iglesia local.

Este es nuestro llamado como iglesia. Pero ese llamado tiene cierta competencia, la cual quiero exponerte ahora.

La unidad falsa
La unidad organizativa

Un problema que tenemos siempre que comenzamos a hablar acerca de la unidad cristiana es que algunos la definen como la idea de que todos los que se consideran cristianos deberían organizarse juntos, o al menos cooperar juntos, como un solo cuerpo reconocido. Dicen que la existencia de las distintas denominaciones le demuestra al mundo que no estamos unidos.

Uno de los desafíos que presenta esta corriente de pensamiento es que no da lugar para poder discrepar en amor. Podemos disentir de nuestros hermanos y hermanas presbiterianos con relación al bautismo, por ejemplo, y continuar haciendo juntos toda clase de buenas obras por el evangelio. En ese sentido, las denominaciones realmente exhiben nuestra unidad en el evangelio con más fuerza que si simplemente pretendiéramos que nuestros desacuerdos carecen de importancia. La conferencia que nuestro pastor ayuda a dirigir llamada «Juntos por el evangelio» es un buen ejemplo de esto.

Otro problema con esta idea es lo que sería el objetivo final de esa «unidad». Hay muchos que se llaman a sí mismos «cristianos», pero que no estarían de acuerdo con nuestra iglesia en cuanto a cosas fundamentales tales como quién es Dios, qué deben hacer las personas para ser salvas, incluso si es necesario ser salvos del pecado. Eso quiere decir que la unidad organizativa por sí sola confunde por completo al mundo acerca de la naturaleza del cristianismo y del evangelio. Ciertamente es algo bueno colaborar con los demás por el bien de un objetivo común, trabajar con católicos romanos para proteger los derechos de los no nacidos, por ejemplo. Sin embargo, aunque ese sea un tipo de unidad, no es la unidad sobrenatural del evangelio de la cual habla Pablo en Efesios.

La unidad extraevangélica

La segunda falsificación de la unidad cristiana verdadera es más sutil, y creo que estamos en mayor riesgo por ello. Así que empecemos con un ejemplo. Imaginemos que llega un maestro de una escuela pública de D.C., y se une a nuestra iglesia. ¿Con quién entablará amistades naturalmente? ¿Quién lo entenderá mejor lógicamente? Otros maestros, por supuesto. Por lo que le presento a otros maestros, y quizá eventualmente formamos un grupo pequeño para maestros. Seguramente se integrará rápidamente a esa comunidad y crecerá. Unidad creada, misión cumplida, ¿cierto? No del todo.

Lo que ocurrió es posiblemente más un fenómeno demográfico que un fenómeno evangélico. Los maestros se inclinan hacia otros maestros independientemente de si son cristianos o no. Y no hay nada de malo en desear estar con personas con experiencias de vida similares. Es absolutamente natural y puede ser espiritualmente beneficioso. Pero si esto es la suma total de lo que llamamos «iglesia local», temo que hemos creado algo que existiría incluso sin Dios.

En comparación a lo que vemos en Efesios, esta unidad es algo que llamaré unidad «extraevangélica». En una comunidad extraevangélica, casi todas las relaciones están fundamentadas en el evangelio y algo extra. Tomemos como ejemplo a Sam y Joe; ambos son cristianos, pero la verdadera razón por la que son amigos se debe a que ambos son solteros de 40 años, o a que comparten una pasión por combatir el analfabetismo, o a que ambos son enfermeros. En la unidad extraevangélica, usamos la similitud para construir una colectividad.

Compara esta comunidad con una comunidad que revela el evangelio. En una comunidad que da a conocer el evangelio, muchas relaciones nunca existirían de no ser por el poder del evangelio, ya sea por la profundidad del cuidado mutuo o porque las partes en la relación tienen poco en común, excepto Cristo. Claro, las relaciones basadas en la afinidad también pueden prosperar en la iglesia, pero no son el enfoque. Se dan de manera natural. En cambio, nos concentramos en ayudar a las personas a salir de sus zonas de confort para que edifiquen relaciones que no serían posibles sin lo sobrenatural.

Piensa en un globo que ha sido frotado contra tu camiseta para cargarlo con electricidad estática. Luego sostenlo por encima de la cabeza de alguien con cabello delgado y ligero. ¿Qué sucede? El cabello sube hasta el globo. No puedes ver la electricidad estática, pero su efecto, la reacción antinatural del cabello, es inconfundible. Lo mismo pasa con la unidad que da a conocer el evangelio. No puedes ver el evangelio; simplemente es cierto. Pero cuando fomentamos la unidad que es obviamente sobrenatural, hacemos que el evangelio sea visible. Me pregunto si puedes pensar en las relaciones que tienes en tu iglesia solo porque Cristo los ha unido. Puedo pensar en muchas de esas relaciones en mi vida y en la vida de otros que he observado. No te relacionarías con esa persona en el mundo, pero porque están en Cristo, tienen un cuidado, una preocupación y un afecto familiar el uno por el otro. ¡Ese amor hace que la electricidad del evangelio sea visible al mundo!

¿Quiere decir esto que deberíamos evitar cualquier relación en la que compartamos algo más además de Cristo? ¿No debería ser amigo de otros hombres casados en la iglesia a los que les guste el rock and roll y el béisbol de los New York Mets? No, Dios usa nuestras similitudes naturales. Y todas las iglesias tienen cierto tipo de cultura, cierto tipo de sensación, cierto idioma principal, e incluso cierta mayoría cultural. Sería deshonesto sugerir lo contrario, decir que una congregación realmente no comparte nada más en común salvo Cristo. Los gustos parecidos se atraen entre sí, y eso es natural. Pero algo importante a considerar es si dejaremos que las diferencias se conviertan en una barrera para la comunión, o una invitación para participar conjuntamente en glorificar al evangelio. ¿Insistiremos en el ministerio por similitud, lo cual se siente natural? O bien, si reconocemos nuestra tendencia hacia las semejanzas, ¿estableceremos nuestra aspiración en una comunidad donde personas diferentes disfruten una comunión extraordinaria solo por el vínculo sobrenatural del evangelio?

La unidad que importa, aquella que logra los propósitos de Dios en sí, es demostrablemente sobrenatural. No es una unidad que se construye alrededor del evangelio en adición a otro vínculo de similitud. Es la unidad que da a conocer el evangelio.

¿Qué es la unidad?
Habiendo visto estas dos falsificaciones, ¿qué es la unidad cristiana verdadera? La unidad cristiana verdadera de la que Pablo habla en su carta a los efesios podría definirse como una acción, un propósito, una fuente y un contexto.

La acción es amar. Específicamente, amar con ese amor hacia nuestros hermanos y hermanas en Cristo que traspasa los límites sociales. Piensa en las palabras de Jesús: «Si amáis a los que os aman, ¿qué mérito tenéis? Porque también los pecadores aman a los que los aman».

Segundo, el propósito es la gloria de Dios en la vindicación de su evangelio. La unidad que existe por cualquier otro propósito puede ser valiosa, pero no es la unidad cristiana que estamos explorando en esta clase.

Tercero, la fuente: el amor de Cristo. «Nosotros amamos porque él nos amó primero». El amor que es sobrenatural solo puede explicarse a través del poder de Dios que obra en nosotros. Si la unidad es impulsada por el amor con el que el mundo está familiarizado y puede explicar, ¿de qué manera mostrará eso la sabiduría de Dios a los «principados y potestades en los lugares celestiales»? No, la unidad que glorifica a Dios y justifica la sabiduría del evangelio es la unidad que se alimenta de saber cuánto hemos sido perdonados en Cristo. ¿Recuerdas las palabras de Jesús en Lucas 7? «Aquel a quien se le perdona poco, poco ama». Y aquel a quien se le perdona mucho, mucho ama. Si en cualquier momento esta clase se convierte en solo una lista de cosas por hacer, cosas que sabes que deberías hacer y probablemente puedes hacer si trabajas arduamente, entonces vamos rumbo a la dirección equivocada. La unidad que nos interesa, esa unidad que es sobrenatural, tiene en su fuente un profundo entendimiento de lo mucho que hemos sido perdonados. La unidad cristiana no solo debe tener como meta el evangelio, sino que en su núcleo, debe nutrirse del mensaje del evangelio. Cualquier otra cosa es simplemente obra de seres humanos.

Y, por último, un contexto: un amor que, si bien no se limita a la iglesia local, trabaja de manera más práctica en ese contexto. Esas cuatro partes componen la definición que ves en el folleto: Amor que da a conocer el evangelio y que glorifica a Dios para con todos los hermanos y hermanas en Cristo, alimentado por nuestro perdón en Cristo que se expresa más claramente en la asamblea de la iglesia local.

Esa es la unidad cristiana, el plan de Dios para dar a conocer la sabiduría del evangelio a todos los pueblos.

¿Qué está en riesgo?
He estado diciendo que debemos apuntar hacia la clase de unidad correcta en nuestra iglesia. Que si no lo hacemos, realmente comprometemos los propósitos de Dios para la iglesia. ¿Pero cuáles son los riesgos exactamente? Si nuestra unidad se basa en vínculos naturales y no en el evangelio sobrenatural, ¿qué perdemos? Comencemos con la misión de la iglesia tal como se declara al final del libro de Mateo.

En Mateo 28, Jesús comisiona a su iglesia cuando le dice a sus discípulos:

«Toda potestad me es dada en el cielo y en la tierra. Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo; enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado; y he aquí yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo».

A riesgo de simplificar demasiado, existen dos impulsos vitales de esta Gran Comisión. Debemos compartir el evangelio con todas las naciones (incluyendo la nuestra), bautizando a quienes creen. Dicho de otro modo, evangelizar. Y debemos formar seguidores de Jesús: enseñando a cada generación de convertidos todas las cosas que él nos ha mandado. En otras palabras, discipular.

Cuando edificamos una unidad de la iglesia local que no es evidentemente sobrenatural, ponemos en juego ambos elementos de nuestra comisión. Comprometemos nuestra evangelización y comprometemos nuestro discipulado.

A. Comprometemos la evangelización

Las palabras de Jesús en Juan 13 describen nuestro poder en la evangelización. «En esto conocerán todos que sois mis discípulos, si tuviereis amor los unos con los otros». Y no se trata de un amor cualquiera, pues el versículo anterior establece el estándar de este amor: «Como yo os he amado, que también os améis unos a otros». Se trata de un amor con la profundidad de la cruz; un amor tan amplio como para llegar del cielo a la tierra. El amor que caracterizará a los creyentes ante los ojos del mundo como seguidores de Jesús es la misma clase de amor costoso, sobrenatural y que exalta a Dios que Jesús nos muestra.

Ahora bien, ¿puede existir amor en una comunidad conformada alrededor de algo más que no sea el evangelio? Por supuesto que sí. Piensa en la clase de comunidad que encontrarías en Alcohólicos Anónimos o en el Club Rotary, o en la página de Facebook de tu banda favorita. Puedes encontrar amistades allí, incluso afecto, lo que es maravilloso y real. ¿Pero es este el amor inexplicable sin Dios que Jesús describe en Juan 13? No, es el amor que el mundo reconoce. No obstante, el amor de Juan 13 y Efesios 3 es sobrenatural. Cuando la comunidad de la iglesia local desafía la explicación natural, confirma el increíble poder del evangelio[1].

Entonces, ¿cuál es el costo de la comunidad en la iglesia local que no es evidentemente sobrenatural? Volviendo a Juan 13:35: suprimimos lo que Dios quiere que sea la confirmación del evangelio. Evangelizar sin una comunidad sobrenatural es como empujar agua cuesta arriba. Es como «mostrar y contar» sin la parte de «mostrar». Puesto que servimos a un Dios de gracia, él todavía se complace en salvar almas cuando anunciamos el evangelio. Sin embargo, sin una comunidad sobrenatural, la evangelización no cuenta con el principal testimonio que Dios ha dado para manifestar el poder del evangelio al mundo.

B. Comprometemos el discipulado

Da un vistazo a Efesios 4:14-15. Pablo dice que la meta de nuestra vida juntos en la iglesia local es: «que ya no seamos niños fluctuantes, llevados por dondequiera de todo viento de doctrina, por estratagema de hombres que para engañar emplean con astucia las artimañas del error, sino que siguiendo la verdad en amor, crezcamos en todo en aquel que es la cabeza, esto es, Cristo».

Eso es lo que queremos ver en nuestra iglesia, ¿cierto? Un cuerpo de creyentes firmemente establecidos en nuestra obediencia a Cristo, la segunda parte de la Gran Comisión. Incluso si somos golpeados por falsas doctrinas y por artimañas humanas, nos aferramos con firmeza al fidedigno mensaje del evangelio. Esto que ves aquí es madurez y santidad. Crecemos en Cristo.

Ahora, ¿de dónde proviene esto? Pablo brinda una hermosa cadena en los versículos precedentes que demuestra cómo el crecimiento proviene de Cristo. Versículo 7, Cristo da dones a la iglesia. Versículo 11, esos dones son líderes tales como profetas, evangelistas, pastores y maestros que enseñan a su pueblo la Palabra. Su trabajo, versículo 12, es: «perfeccionar a los santos para la obra del ministerio», hasta que, versículo 13: «todos lleguemos a la unidad de la fe». ¿Lo ves? Por tanto, ¿quiénes son llamados por Dios para la obra del ministerio? ¿Los ancianos, en primer lugar? ¿Los ancianos que trabajan a tiempo completo en la iglesia, o el equipo pastoral? Estas personas poseen un rol importante, ¡pero el ministerio es la obra de los santos! Es el trabajo de cada cristiano. Eso significa que si eres miembro de una iglesia local, la santidad y el crecimiento del resto de los miembros es, de cierta manera, tu responsabilidad. Así como también lo es la unidad del cuerpo.

Entonces, ¿qué rol desempeña la unidad sobrenatural aquí? Es responsabilidad de los miembros discipularnos unos a otros para que seamos más semejantes a Cristo, pero no podemos efectuar este trabajo si las marcas que caracterizan a la iglesia son división, tensión, amargura, evitación y el egoísmo. La unidad es el terreno fértil en el cual este crecimiento puede ocurrir.

Y falso, la unidad «extraevangélica» tampoco hará el trabajo. Pablo dice en 1 Corintios 12 que existen muchas partes, pero un solo cuerpo (v. 20), y que él nos ha dado diferentes dones precisamente «para que no haya desavenencia en el cuerpo, sino que los miembros todos se preocupen los unos por los otros». Si solo compartes con las orejas, entonces no puedes recibir la influencia provechosa de los ojos, de los codos y de los pies.

Supongamos que tenemos una iglesia donde la comunidad es bastante inexistente, donde las personas aparecen para el tiempo del sermón, pero no se relacionan más allá de eso. Una comunidad sin profundidad. O imaginemos que en vez de una iglesia, tengo a un montón de amigos cristianos de mi antiguo equipo deportivo con los que me reúno semanalmente para rendir cuentas y animarnos mutuamente. Una comunidad sin amplitud. ¿Qué hay de malo en ellas?

Bueno, ninguna es evidentemente sobrenatural. Y sin una comunidad sobrenatural, nos costará cumplir la tarea de evangelizar y nuestra tarea de presentarnos unos a otros perfectos en Cristo. Dios es un dios increíblemente lleno de gracia y bondad. Así que no puedo decir que necesariamente fracasaremos, pero la unidad sobrenatural es el medio a través del cual Dios desea que llevemos a cabo la Gran Comisión.

Conclusión
Esa es nuestra introducción al tema de la unidad que desarrollaremos el resto del seminario. Durante las próximas doce semanas, veremos maneras prácticas de cómo podemos edificar una iglesia cuya unidad proteja y refleje el mensaje transformador del evangelio. Como dice el Salmo 133:1: «¡Mirad cuán bueno y cuán delicioso es habitar los hermanos juntos en armonía!». Espero que esa sea tu experiencia con la comunión que has experimentado en tu iglesia, y espero que tu oración sea que el Señor nos permita crecer y perseverar en la unidad.

[1]Me pregunto si esto podría explicar el interesante patrón del libro de Hechos. A medida que lees Hechos, notarás muy rápidamente que casi siempre, cuando el evangelio llega a una nueva región, viene acompañado por lo que Lucas llama «señales milagrosas». Estas señales ameritaban una explicación (cf. Hechos 2:12), y cuando la explicación llega, es el evangelio. Así, el libro comienza con la señal de lenguas en Pentecostés cuando el evangelio se predica por primera vez en Jerusalén. Luego cuando llega a Samaria, Lucas nos dice: «la gente, unánime, escuchaba atentamente las cosas que decía Felipe, oyendo y viendo las señalas que hacía» (8:6). El resto del libro sigue el mismo patrón: señales milagrosas a donde sea que el evangelio llega.

Pero cuando la narrativa vuelve a visitar estas ciudades, una vez que existe la iglesia local, deja de describir las señales milagrosas. Lucas se limita a escribir acerca de dos temas: el avance de la predicación del evangelio y el fortalecimiento de la iglesia.

¿Qué sucede? Aquí tienes una hipótesis: Cuando el evangelio entra por primera vez en una región, el Espíritu permite señales milagrosas. Una vez que el evangelio se establece, el Espíritu permite una comunidad milagrosa. Estas señales milagrosas eran un medio temporal para confirmar la verdad del evangelio. Temporal, hasta que el medio de confirmación permanente estuviese listo y en marcha: la comunidad milagrosa de la iglesia. E incluso en 1 Corintios 14, el único lugar donde vemos dones como el don de lengua en una iglesia establecida, Pablo deja en claro que la prioridad de los dones es edificar a la iglesia.

Por CHBC
Capitol Hill Baptist Church (CHBC) es una iglesia bautista en Washington, D.C., Estados Unidos

Consejería bíblica y esquizofrenia | Manuel Carbonell

Consejería bíblica y esquizofrenia

Manuel Carbonell

Según las estadísticas, una de cada 100 personas sufre de esquizofrenia; por lo que como pastores, líderes o miembros de nuestras iglesias debemos estar preparados para acompañar a los que padecen esta enfermedad y a sus familiares. Con este objetivo en mente, primero trataré de responder a la pregunta: ¿qué entendemos por esquizofrenia?; luego analizaremos cuáles son sus causas y cómo podemos ayudar a una persona y a su familia en esta situación.

¿Qué es la esquizofrenia?
Primeramente es importante definir qué es la esquizofrenia, ya que hay muchos malos entendidos. Algunos piensan que los esquizofrénicos son personas que tienen múltiples personalidades o que son personas poseídas por múltiples demonios. La esquizofrenia es una enfermedad y no una condición espiritual, aunque
indudablemente dicha enfermedad afecta al individuo en todo su ser, incluyendo su alma. En la esquizofrenia se presentan alucinaciones, delirios, trastornos del pensamiento, trastornos de los movimientos y alteraciones en los afectos (no es necesario que todos estos estén presentes para ser diagnosticado con esquizofrenia). Lo más común son las alucinaciones que son generalmente auditivas, aunque también pueden ser visuales, olfativas o táctiles. Esto significa que estos individuos escuchan, ven, sienten o huelen cosas que no son reales. También presentan delirios, que son falsas creencias. Estos individuos creen en sus ideas delirantes incluso después de que otras personas les demuestren que no son reales ni lógicas. Por ejemplo, algunos creen que son figuras históricas famosas, o que hay personas que están persiguiéndolas para hacerles algún mal. Además de alucinaciones y delirios, también puede haber trastornos en el pensamiento.
Caracterizado por pensamiento desorganizado e ilógico. Esto se pone en evidencia cuando el habla de la persona es confusa.

Los trastornos del movimiento se pueden manifestar como movimientos agitados del cuerpo. Una persona con este tipo de trastorno puede repetir ciertos movimientos una y otra vez.
En el otro extremo, una persona puede volverse catatónica. La catatonia es un estado en el que la persona no se mueve ni habla con los demás.
También la esquizofrenia puede manifestarse con la interrupción de las emociones y los comportamientos normales. Estos síntomas son más difíciles de reconocer como parte de este trastorno, ya que muchas
veces se confunden con los de la depresión u otras condiciones.
Estos síntomas incluyen: “Afecto plano” (la persona no mueve el rostro o habla con una voz desanimada y monótona). También presentan falta de satisfacción en la vida diaria acompañado por disminución en la comunicación, incluso cuando la persona se ve forzada a interactuar. Muchas veces hasta descuidan la higiene personal básica.

¿Que causa la esquizofrenia?
En rigor de verdad, la causa de la esquizofrenia todavía no es totalmente clara, aunque hay algunas teorías que aparentemente van por buen camino. En general se cree que hay un problema con un neurotransmisor llamado dopamina, y sus receptores a nivel cerebral. La evidencia más fuerte a favor de esto, radica en
que hay drogas que también actúan a este nivel como las anfetaminas, que producen síntomas similares a los que presentan los esquizofrénicos. Por otro lado, lo que sí se sabe hace mucho tiempo es que la esquizofrenia tiene un fuerte componente genético.
La enfermedad ocurre en un 1% de la población general y en un 10% de las personas que tienen un parentesco de primer grado con alguien que padece del trastorno, como un padre o un hermano. Las personas que tienen
un parentesco de segundo grado con alguien que padece la enfermedad (tíos, abuelos o primos)
también tienen más probabilidades de desarrollar esquizofrenia que la población general. El riesgo es mayor para un gemelo idéntico de una persona con esquizofrenia. En este caso, existe entre un 40 y 65% de desarrollar el trastorno. El dato interesante que confirma la predisposición genética es que hijos de esquizofrénicos, criados en hogares adoptivos conservan porcentajes similares de prevalencia de la enfermedad. Ahora, ¿cómo evaluamos esta información? Tenemos que entender que la genética juega un papel muy importante en el desarrollo en la enfermedad, sin embargo no es determinante ya que no es en el 100% de los casos que la enfermedad se transmite, como ya hemos visto.
Sin duda hay otros factores que, sumados a la genética, influyen en el desarrollo de la enfermedad, los cuales simplemente no sabemos cuáles son.

¿Cómo ayudar?
Debemos entender que no es necesario ser un experto para poder ser de ayuda y, como veremos más adelante, en el proceso de consejería y acompañamiento de aquellos que padecen esquizofrenia debe estar involucrado la mayor cantidad posible de miembros de la iglesia local.

  1. Animar a buscar la atención médica
    Lo primero que debemos hacer es exhortar a que esté bajo el cuidado y supervisión de un médico psiquiatra. Aquí hay un asunto fundamental, no debe abandonar la medicación (a no ser por prescripción médica).
    Esto es muy importante ya que los medicamentos tienen como efecto el cese o disminución de los
    síntomas que altera la percepción de la realidad como las alucinaciones y delirios (aunque a veces con muchos efectos adversos). El hecho de que haya continuidad en el tratamiento nos permite poder hablar con el hermano ola hermana que está en mejores condiciones para recibir ayuda.
  2. Evitar hablar de posesión demoníaca o cosas similares
    El segundo principio a tener en cuenta es que debemos evitar hablar de posesión demoníaca o cosas por el estilo. Esto solamente tendrá el efecto negativo de reforzar sus delirios y no aportará al proceso de acompañamiento. Recuerdo un muchacho que creía que sus padres eran demonios y que él estaba
    literalmente en el infierno. Estas ideas se fueron con la medicación y él ahora entiende que eso no era real. Hubiera sido inútil entrar en una discusión sobre el asunto. Hubiese sido como entrar en dialogo con alguien que está ebrio.
  3. Acompañar en el proceso de adaptación.
    Otro factor a tener en cuenta es que debemos acompañar en el proceso de adaptación.
    Recordemos que muchos esquizofrénicos debutan con alucinaciones o delirios, por lo que son hospitalizados en instituciones psiquiátricas. Es en el proceso de volver a sus hogares y aprender a vivir con esta enfermedad crónica incapacitante que es necesario que la iglesia esté presente. Aquí es donde
    los recursos que Dios nos ha dado como comunidad son de increíble beneficio. Nuestro Dios ha puesto en la iglesia individuos con diferentes dones para la edificación de su cuerpo. En casos con esquizofrenia, es donde la misericordia y contención de la congregación debe sostener al hermano. Aquí aplica esa exhortación hecha por Pablo en la primera carta a los Tesalonicenses: “Y os exhortamos, hermanos, a que amonestéis a los indisciplinados, animéis a los desalentados, sostengáis a los débiles y seáis pacientes con todos” (1 Ts.5:14). Creo que este pasaje se aplica perfectamente a nuestra discusión. El hermano esquizofrénico necesita el apoyo y contención de la iglesia. El objetivo es ayudarle a llevar una vida lo más cercano a la normalidad que sea posible. Y comprender muchas tareas desde las más simples como ayudarle con su higiene y cuidado personal, hasta las más complejas como ayudarle a conseguir trabajo y ser independiente económicamente. Aquí es muy importante recordar que muchas veces estos individuos son abandonados por sus familiares y amigos, y la mayoría de las veces es la iglesia su único o principal vínculo afectivo. En la medida de lo posible se le debe incluir en las actividades de la iglesia. Aquí es donde el amor fraternal ha de reinar. Con respecto a esto de la inclusión en el cuerpo tenemos que tener ciertas precauciones, no sería sabio involucrarles en ministerios que incluyan niños. En general los esquizofrénicos medicados no son peligrosos, pero nunca podemos saber con un 100 de certeza, primero si toman la medicación y segundo si no presentarán una crisis. No solamente existe el riesgo de daños, sino también de consecuencias legales para la iglesia.
  4. Recordar el proceso de santificación
    Otros asunto a tener en cuenta es que nuestro hermano a pesar de estar incapacitado por su enfermedad, todavía sigue siendo un pecador que debe ser amonestado y que está en un proceso de santificación. El hecho de que haya sido diagnosticado de esquizofrenia, no lo hace irresponsable
    moralmente ante Dios. Él o ella necesitan la reprensión o el consejo oportuno de sus hermanos con el objetivo de avanzar en su proceso de maduración en la vida cristiana. La esquizofrenia sí es una enfermedad que le ha discapacitado, pero esto no le da una excusa ni un pase libre para comportarse como se le dé la gana. Recuerdo un joven que luchaba con la pereza, y que luego del consejo y ánimo de parte de los hermanos pudo terminar su colegio secundario y ahora se encuentra trabajando por cuenta propia.
  5. Recordar a la familia
    Otra cosa a tener en cuenta es que la familia del enfermo necesita el apoyo de la iglesia, a veces más que el enfermo mismo, porque son más conscientes de lo que la enfermedad implica. Dicho apoyo no difiere del que se le debe dar a familias con hijos con discapacidad o cualquier otro tipo de enfermedad crónica debilitante. Ahora en otro sentido, las enfermedades psiquiátricas todavía son un estigma hoy en día, y lamentablemente incomprendidas en nuestras iglesias. Es por eso que el cuidado pastoral incluye informar acerca de la enfermedad, trabajar sobre temas como la culpa, el desaliento e incomprensión.
  6. Mantener el evangelio en el centro
    Por último, y no por eso menos importante, debemos recordar que como todo proceso de consejería el evangelio debe ser el centro. Las buenas nuevas de Jesús y su obra en la cruz debe ser recordada vez tras vez en el proceso de acompañamiento.
    Solamente el evangelio brinda esperanza y promesa de una vida libre de esquizofrenia. Es en la consumación del reino de Dios que ya no habrá tristeza, ni dolor, ni enfermedad.

ACERCA DEL AUTOR
Manuel Carbonell es médico de profesión y tiene una Maestría del Westminster Theological Seminary

¿Por qué nuestra iglesia pasó de una política presidida por ancianos a un congregacionalismo dirigido por ancianos? | Blake White

¿Por qué nuestra iglesia pasó de una política presidida por ancianos a un congregacionalismo dirigido por ancianos?
Nuestra congregación ha pasado recientemente de un modelo de gobierno de iglesia «regido por ancianos» a un «congregacionalismo dirigido por ancianos». Al hablar con amigos pastores de diversas corrientes, muchos se quedan perplejos sobre por qué lo hicimos.

«¿Quieres decir que los ancianos tenían la confianza de la congregación y podían dirigir libremente y…cambiaron eso?».

«¿Por qué pasar de la eficiencia a la ineficiencia?». «¿Por qué involucrar a las ovejas cuando los pastores pueden hacerlo?».

En pocas palabras, porque Jesús lo dijo. Cuatro palabras nos obligaron a hacer el cambio: «dilo a la iglesia» (Mt. 18:17). El contexto del mandato de Jesús es el pecado impenitente en la iglesia. Él da tres pasos para abordar el pecado, y el último paso es decírselo a la iglesia y considerar al pecador impenitente como un pagano y un recaudador de impuestos.

En otras palabras, tratarlos como alguien que ya no pertenece a la comunidad del pacto.

Jesús solo utilizó la palabra «iglesia» dos veces en los cuatro Evangelios. Estos versículos contienen algunas de las enseñanzas más importantes que Jesús dio sobre la iglesia, y será mejor que escuchemos y prestemos atención a sus instrucciones.

Es sorprendente que Jesús no mencione a los líderes de la iglesia en su enseñanza acerca de cómo manejar el pecado en la iglesia. No dice: «dilo a su familia» o «dilo su grupo pequeño» o «dilo al personal de la iglesia». Dice: «dilo a la iglesia». La Escritura es clara que cuando los miembros deben ser removidos por un pecado continuo, debe ser hecho por los miembros en la congregación reunida, no por los ancianos en la sala de conferencias.

El Rey Jesús dice que la aceptación y la excomunión de los miembros está por encima del grado de pago de los líderes. Él ha dado las llaves del Reino a la congregación reunida (Mt. 16:19, 18:17-20; 1 Co. 5:4).

Así que, aunque es mucho más complicado, el congregacionalismo dirigido por los ancianos nos permite a mí y a los demás ancianos presentarnos ante Cristo en el día del juicio con la conciencia limpia, sabiendo que procuramos obedecer todo lo que él ordenó en relación con el cuerpo del que él es la cabeza.

CÓMO PASAR AL CONGREGACIONALISMO DIRIGIDO POR LOS ANCIANOS
Ese es el «por qué», ahora el «cómo». Llegué a South Side Baptist hace cinco años con el compromiso de «predicar, orar, amar y permanecer». Me puse a trabajar orando por mi gente, conociendo a mi gente, y predicando lentamente a través de los libros de la Biblia. También inmediatamente, guié al personal a través de Las nueve marcas de una Iglesia sana de Mark Dever.

Comencé a enseñar y modelar el discipulado personal y animé a otros a hacer lo mismo. Por la gracia de Dios, una cultura de discipulado comenzó a formarse mucho antes de lo que esperaba. Efesios 4:12-16 fue un impulso constante. Todavía lo es.

La buena literatura ha sido vital. Desde el principio, establecí una mesa de libros y regalé buenos libros cada vez que pude. Como los hábitos de lectura de nuestro país siguen disminuyendo, los libros más pequeños han sido súper útiles. Cambiamos nuestros horarios de servicio para tener 30 minutos entre la Escuela Dominical y el servicio y le pedimos a la congregación que usara el tiempo para edificarse unos a otros. También compramos copias de How to Walk Into Church [Cómo entrar en la iglesia] de Tony Payne para cada hogar de los miembros.

En mi segundo año, llevé a los ancianos al 9Marks Weekender organizado por High Pointe Baptist Church en Austin, Texas. ¡Esto fue inmensamente fructífero! Tanto, que desde entonces he llevado una camioneta de la iglesia llena de hombres. La eclesiología inmersiva enseñada por hombres mejores que yo, pero que decían las mismas cosas, movió la pelota rápidamente. Además, ¡los libros de regalo!

Cambié nuestra lectura de iniciación de ancianos del libro Liderazgo bíblico de ancianos, de Alexander Strauch a una serie de libros que incluían: Los ancianos de la Iglesia, de Jeramie Rinne, ¿Qué es una iglesia sana? de Dever, y El enrejado y la vid, de Payne y Colin Marshall. Como ancianos, también leímos: La membresía de la iglesia y La disciplina en la iglesia, de Jonathan Leeman; durante nuestras reuniones, leímos Those Who Must Give an Account [Como quienes han de dar cuentas, editado por John Hammett y Benjamin Merkle.

Los ancianos estaban ahora a bordo. Estuvimos de acuerdo en que habíamos «despedido a nuestros miembros de la iglesia» y que debíamos devolverles su trabajo. Yo acababa de empezar a predicar de Mateo con la vista puesta en los capítulos 16 y 18; era el momento adecuado. Además, había un problema con ciertos miembros que tenía el potencial de avanzar hacia la excomunión, y necesitábamos ordenar la iglesia correctamente mientras las cosas estaban calmadas.

Así que primero enseñé el congregacionalismo a los diáconos y a los líderes de los grupos hogareños, para ver cómo lo recibían y aclarar cualquier duda.

Tenía la esperanza de que pudieran funcionar como amortiguadores mientras presentábamos este cambio a toda la congregación. Luego prediqué una serie de siete semanas llamada «La membresía importa». Los sermones fueron:

La comunidad del nuevo pacto: básicamente la membresía regenerada de la iglesia a partir de Jeremías 31:31-34.

El liderazgo de la iglesia: la Iglesia debe ser dirigida por una pluralidad de ancianos calificados espiritualmente, llamados a pastorear un rebaño particular. Seis llamados: supervisar, pastorear, enseñar, equipar, modelar y multiplicar.

Las llaves del Reino: Mateo 16 y 18.

La disciplina en la iglesia: un sermón «toposicional» acerca de 1 Corintios 5.

Una cultura del discipulado: Efesios 4:12-16 (de nuevo), el sacerdocio de todos, el ministerio de cada miembro.

La misión de la iglesia: El corazón de Dios para las naciones.

Descripción del trabajo de un miembro de la iglesia: 15 marcas, adaptando y ampliando una brillante charla dada por John Folmar en el Weekender en Austin.

Durante esta serie, también tuvimos dos sesiones de preguntas y respuestas los domingos por la noche para aclaraciones y muchos detalles prácticos que los sermones no pudieron tratar. En medio de la serie «La membresía importa», compramos 250 copias del libro de Leeman, La autoridad de la congregación para dar a cada hogar de los miembros.

CONCLUSIÓN
Ya hemos tenido tres reuniones de miembros, y han sido increíblemente alentadoras. Debido a las claras enseñanzas de Jesús en Mateo 16 y 18, nuestros miembros no ven la votación de nuevos miembros como un deber inútil y superficial, sino más bien como un ejercicio importante y significativo de las llaves del Reino delegadas por Jesús.

Mientras que el Señor ya estaba produciendo una cultura de discipulado entre nosotros, la capacitación de los miembros para hacer su trabajo (el congregacionalismo dirigido por ancianos) ha echado gasolina a ese fuego. Hay un renovado y mayor sentido de responsabilidad, compromiso y amor entre los miembros de South Side. El plan de Jesús para el discipulado está dando sus frutos.

Traducido por Nazareth Bello

9 Marcas de Una Iglesia Saludable | 9marks

La Misión de las 9 Marcas

Creemos que la iglesia local es el punto focal del plan de Dios para manifestar su gloria a las naciones.

-Nuestra visión es simple: iglesias que reflejen el carácter de Dios.

-Nuestra misión es cultivar y animar iglesias caracterizadas por estas nueve marcas:

  1. Predicación Expositiva

Esta es la predicación la cual expone lo que la Escritura dice en un pasaje en particular, explicando cuidadosamente su significado y aplicándolo a la congregación. Es un compromiso escuchar la Palabra de Dios y recuperar y recuperar la centralidad de ella en nuestra adoración.

  1. Teología Bíblica

Pablo encarga a Tito a “enseñar lo que este de acuerdo a la sana doctrina” (Tito 2:1). Nuestra preocupación de ser no solo con el como enseñamos, sino que es lo que enseñamos. La Teología Bíblica es un compromiso de conocer al Dios de la Biblia tal y como El se ha revelado en la Escritura.

  1. Entendimiento Bíblico de las Buenas Nuevas

El evangelio es el corazón del cristianismo. Pero las buenas nuevas no son que Dios quiera satisfacer las necesidades de las personas o el ayudarlas a desarrollar una auto-imagen mas sana. Nos hemos rebelado pecaminosamente en contra de nuestro Creador y Juez. Pero el bondadosamente envió a Su Hijo a morir la muerte que merecíamos por nuestro pecado, y El ha acreditado la absolución de Cristo a aquellos que se arrepienten de sus pecados y creen en la muerte y resurrección de Jesús. Esas son las buenas nuevas.

  1. Entendimiento Bíblico de la Conversión

El cambio espiritual de cada persona necesita es tan radical, tan cerca a la nuestra raíz, que solo Dios puede hacerlo. Necesitamos que Dios nos convierta. La conversión no necesita ser una experiencia emocionalmente candente. Pero si debe evidenciarse de fruto santo si ha de ser lo que la Biblia considera una verdadera conversión.

  1. Entendimiento Bíblico del Evangelismo

El como alguien comparte el evangelio esta cercanamente relacionado al como el entiende el evangelio. Presentarlo como algo adicional que proporciona a los no cristianos algo que ellos naturalmente desean (i.e. gozo o paz) es presentar una media verdad, lo cual provoca falsas conversiones. Toda la verdad es que nuestra necesidad mas profunda es la vida espiritual, y que la nueva vida solo viene al arrepentiros de nuestros pecado y creer en Jesús. Presentamos el evangelio abiertamente, y dejamos la conversión a Dios.

  1. Entendimiento Bíblico de la Membresía

La membresía debe reflejar un compromiso vivo a una iglesia local en asistencia, dar, oración y servicio, de otro modo sería sin sentido, sin valor e incluso peligroso. No debemos permitir mantener la membresía de personas en nuestras iglesias por razones sentimentales o por una falta de atención. Ser miembro es estar intencionalmente viajando juntos como extranjeros en un este mundo mientras nos dirigimos a nuestro hogar celestial.

  1. Disciplina Bíblica de la Iglesia

La disciplina de la iglesia nos da los parámetros de la membresía de la iglesia. La idea hoy en día parece negativa a las personas –“¿no nos prohíbe el Señor juzgar?” Pero si no podemos decir como un cristiano debe vivir, ¿Cómo podemos decirle a el o ella como vivir? Cada iglesia local realmente tiene una responsabilidad bíblica de jugar la vida y la enseñanza de sus líderes, y aun de sus miembros, especialmente al grado en que cada uno pueda comprometer el testimonio de la iglesia al evangelio.

  1. Promoción del Discipulado y Crecimiento Cristiano

Existe hoy una penetrante preocupación con el crecimiento de la iglesia –no solamente con el crecimiento numérico, sino con el crecimiento de los miembros. Aunque muchos cristianos miden otras cosas, la única señal observable de crecimiento es una vida de santidad creciente, teniendo su raíz en una abnegación cristiana- estos conceptos son casi extintos en la iglesia moderna. Recuperar el verdadero discipulado para hoy edificará a la iglesia y promoverá un testimonio mas clara al mundo.

  1. Entendimiento Bíblico del Liderazgo

En lo que a menudo están de acuerdo los bautistas del siglo dieciocho y los presbiterianos es con respecto que si debe haber una pluralidad de ancianos en cada iglesia local. Esta pluralidad de ancianos no es solo bíblica, sino práctica –tiene un gran beneficio en complementar los dones del pastor para asegurar una guía apropiada de la iglesia de Dios.

Al identificar y promover estas nueve marcas, no intentamos imponer una lista exhaustiva y autoritativa. Hay otras marcas importantes de las iglesias saludables, como la oración y el compañerismo. Las cuales queremos seguir también nosotros, y queremos que usted las siga también con nosotros. Pero estas nueve marcas son las que creemos que son las mas descuidadas hoy en la mayoría de las iglesias locales, con las mas dañinas ramificaciones. Únase a nosotros en cultivar iglesias que reflejen el carácter de Dios.

Tomado de http://www.9marks.org

Detectar, evaluar y formar líderes para los ministerios de la iglesia | Por Joel Kurz

Detectar, evaluar y formar líderes para los ministerios de la iglesia
«¡Ayuda! ¡No veo a ningún líder!»

Conozco ese sentimiento. Los pastores a menudo luchan con encontrar líderes para los ministerios de la iglesia. Los necesitamos, pero no los vemos. E incluso si los viéramos, seríamos incapaces de formarlos lo suficientemente rápido como para satisfacer las crecientes demandas ministeriales.

Después de algunos años de pastorado, es fácil cansarse de esto. Como un mago prestidigitador que juega con nuestra mente: «Ahora los ves, ahora no»; nos preguntamos: «¿Adónde se fueron todos los líderes? ¿Qué ha pasado con todos los prospectos emocionantes de ayer?». Pensamos que se quedarían y ayudarían con el trabajo. A medida que enumeramos los nombres de los posibles líderes ministeriales que se esfumaron a lo largo de los años, nos sentimos tentados a sentirnos desanimados.

La falta de líderes sobrecarga al personal —especialmente a los pastores— y desanima a los líderes ministeriales que necesitan ayuda. Limita nuestra capacidad para alcanzar a los perdidos, cuidar de los que sufren y hacer discípulos.

Necesitamos encontrar y formar líderes. ¿Pero cómo?

NO ESTÁS SOLO, PERO DEBES ORAR
Empecemos por las malas noticias: los obreros son pocos. Este ha sido un problema durante al menos dos mil años. En Mateo 9, el corazón de Jesús se conmovió por las multitudes que andaban como ovejas sin pastor: «Entonces dijo a sus discípulos: A la verdad la mies es mucha, mas los obreros pocos» (Mt. 9:37). Que esto te sirva de aliento: No estás solo.

Cuando (pecaminosamente) comparamos nuestros ministerios con otros, podemos suponer que ellos tienen más líderes, mejores obreros y una ayuda inagotable. Propongo que esto es simplemente falso. Todos luchamos con encontrar y entrenar nuevos obreros. «Pocos obreros» es la realidad de todos. Estamos juntos en esto.

¿Entonces qué hacemos? Oramos. Es importante notar lo que Jesús no dijo. No dijo: «Los obreros son pocos, así que vayan a reclutar a otras iglesias, inicien una pasantía o lancen un programa anual de capacitación». No, el programa principal de Jesús para el desarrollo del liderazgo es la oración. Los obreros son pocos; «rogad, pues, al Señor de la mies, que envíe obreros a su mies» (Mt. 9:38).

Pastor, ¿estás orando por líderes ministeriales? Mientras tu corazón se conmueve por las ovejas y arde de deseo por la mies, ¿te postras ante el Dios de la mies en oración y le ruegas por obreros? ¿Oras por ojos para ver a quién puedes formar, incluso ahora, en tu propia congregación?

TIENES LO QUE NECESITAS, PERO DEBES FORMAR
Ya están entre nosotros. Al orar por obreros, reconozcamos que Dios ya ha dado a la iglesia lo que necesita. Los futuros obreros por los que oramos pueden estar entre nosotros. Somos un solo cuerpo, con muchos miembros. «[Tenemos] diferentes dones, según la gracia que nos es dada» (Ro. 12:6).

En Efesios 4, Dios da miembros a la iglesia con el propósito de equipar «a los santos para la obra del ministerio». En Tito 2, el pastor Tito recibe instrucciones de formar en la fe a los ancianos para que «enseñen a los jóvenes» (Tit. 2:4).

El ejemplo del Nuevo Testamento nos anima a mirar hacia adentro, estar agradecidos por quienes ya tenemos, y entrenarlos para hacer la obra del ministerio. Puede que el superhéroe líder ministerial de tus sueños no llegue. Sin embargo, tienes una congregación entera de tías, tíos, abuelos, estudiantes, jubilados y obreros comunes y corrientes, gente normal que Dios ha rehecho como bloques de construcción para su templo.

DOS PRINCIPIOS

  1. Empieza por las personas, no por los programas

Si puedo ofrecer humildemente algunos consejos: No empieces con un programa de prácticas. No empieces con un programa de liderazgo. No empieces con la contratación de personal externo. Si aún no estás haciendo el trabajo de formar a los santos, empieza por ahí.

También quiero decir esto como una palabra de aliento. No necesitas un programa milagroso. Has sido dotado con miembros regenerados a quienes Dios ha dado particularmente para su iglesia. Hay un tiempo y lugar para reclutar obreros de otras iglesias (si el Señor quiere, en asociación con esas iglesias). Puede que con el tiempo sea prudente iniciar una pasantía o construir una cantera. Pero primero, confía en que Dios ya ha equipado a la iglesia con futuros líderes ministeriales.

  1. Forma a aquellos que responderán a tu formación, y que luego formarán a otros

Antes de organizar un programa formal de prácticas, Mark Dever explicaba así su proceso de descubrimiento de nuevos aprendices:

«Tomándome muy en serio la preparación de mis sermones; orando por la evangelización y el discipulado; tratando de modelar eso al hacerme amigo de los no cristianos; compartiendo el evangelio con ellos; haciéndome amigo de los miembros de la iglesia y tratando de ayudarles a crecer en Cristo; observando quién responde a mi trabajo, quién capta el modelo y quién empieza a repetir lo que yo hago con otros; orando en particular por esos hermanos»1.

on the day before my wedding with my friends at “Mittag”
Personalmente, me vuelco en todos los que puedo, y luego veo quién responde. Desmitificamos así el desarrollo del liderazgo. Comienza con la formación a través del ejemplo, explica qué haces y por qué lo haces, y luego dedica tiempo y recursos adicionales a aquellos que:

Responden a tu trabajo.

Captan el modelo.

Empiezan a reduplicar lo que haces con los demás.

¿QUÉ HACEMOS?
¿Cómo debo formar a los líderes de mi ministerio? Volvamos a las instrucciones de Pablo para el pastor Tito:

  1. Fórmalos con tu ejemplo (Tit. 2:7)

No conozco un mejor «programa» que pasar tiempo con el que está siendo capacitado. Cuando participes en una tarea en particular, llévalos contigo. Muéstrales cómo doblas los boletines y se los pasas. Cuando trabajes en el presupuesto anual, no lo hagas solo. Cuando asistas a una comida de trabajo o a una sesión de consejería, si es oportuno, ve con un aprendiz. Deja que te vean en tus mejores y peores momentos. Cuando te vean en tu peor momento, modela arrepentimiento y humildad.

  1. Enséñeles a ser moderados (Tit. 2:2)

Esto significa tener autocontrol y una mente clara. El ministerio a menudo está lleno de drama y decisiones impopulares. Una mente sobria es importante. El extremismo es una amenaza. Considera utilizar estudios de casos de dilemas ministeriales con el aprendiz. Guíalo a través de los principios de la sabiduría bíblica.

  1. Enséñales a ser dignos de respeto (Tit. 2:8)

La santidad personal es de suma importancia. Cuando un líder ministerial fracasa, no siempre es por falta de habilidad. Fracasan debido a distracciones pecaminosas, tentaciones, la inhabilidad de refrescarse en la Palabra, o fallas morales. Además, algunos líderes serían más eficaces si simplemente crecieran en autoconciencia, accesibilidad, compasión, calidez y habilidades sociales. Muchos hombres piadosos sufren simplemente porque parecen distantes, duros o indiferentes. Es sabio corregir las formas en que el aprendiz pierde involuntariamente el respeto de los demás.

  1. Enséñales a dominarse a sí mismos (Tit. 2:6)

Pablo reformula esta amonestación para las mujeres mayores: «no calumniadoras, no esclavas del vino». La persona que es competente en su trabajo, pero falla en su dominio propio destruirá su ministerio. ¿Cuántas iglesias han sufrido porque un líder ha tenido un temperamento fuerte y una lengua suelta? El dominio propio no es algo que se puede enseñar en una clase o evaluar en un examen. Se coge, se enseña, y se corrige a través de la vida juntos.

  1. Instrúyelos para que sean sanos en la fe, el amor y la perseverancia (Tit. 2:2)

Pablo vuelve a redactar esto para las mujeres: «maestras del bien». ¿Cómo? En primer lugar, en tu propia enseñanza, muestra integridad y seriedad (2:7). Personalmente, mi objetivo es enseñar a los aprendices a leer la Biblia. Solo si leen la Biblia correctamente, podrán enseñarla correctamente.

También deben leer y discutir buenos libros sobre doctrina y teología bíblica. Lean la Biblia juntos y enseña el estudio inductivo de la Biblia a lo largo del camino. Discute los sermones con el aprendiz y recibe sus comentarios. Mientras escribo esto, he hecho una pausa para pedirle a Alton, uno de los miembros de nuestra iglesia, su opinión acerca del texto de mi sermón para este domingo. Procura incorporar la formación a sus pautas habituales de ministerio y a sus conversaciones cotidianas.

Sí, los obreros son pocos. No estás solo. Pero la buena noticia es que ya tienes lo necesario para empezar a formar. No es ninguna ciencia. No necesitas un nuevo programa ni una costosa residencia. Simplemente transmite a otros lo que has recibido (2 Ti. 2:2). Confía en que Dios levantará servidores para su iglesia y enviará obreros a la mies. ¡Y qué cosecha tenemos ante nosotros!