Cómo interpretar la Biblia: Diez principios

Andrés Birch

PREDICACIÓN EXPOSITIVA
Cómo interpretar la Biblia: Diez principios


La Biblia es la Palabra de Dios y la base de las creencias cristianas. Precisamente por eso es vital que interpretemos la Biblia de manera correcta. Creemos en “el libre examen”, pero no en “la libre interpretación”. “El libre examen” es el derecho y el deber de todo el mundo de leer y estudiar la Biblia. “La libre interpretación” es el derecho de todo el mundo de interpretar la Biblia como sea, como si todas las interpretaciones fuesen igualmente válidas. Pues, no es así; se puede interpretar la Biblia bien o mal, y para interpretarla bien, hay que conocer y respetar una serie de principios. ¿Cuáles son esos principios? Pues, aquí van diez principios básicos:

  1. La interpretación de la Biblia es una tarea espiritual

Ya que la Biblia no es un libro cualquiera, sino la Palabra de Dios escrita, aunque hay que usar la mente, la inteligencia, para interpretarla bien, no se trata de un ejercicio meramente intelectual, sino también de una tarea espiritual. Conviene una actitud de reverencia, humildad y fe. Y conviene orar antes, durante y después del trabajo de interpretar la Biblia.

  1. Hay que empezar buscando el sentido más natural
    Normalmente, ¡la Biblia significa lo que parece significar! No hay que buscar otro significado distinto del significado más natural, a no ser que exista alguna razón de peso para hacerlo. Algunas de las excepciones a esta regla son: (1) Cuando lo que parece significar contradice el resto de la Biblia; (2) Cuando lo que parece significar no tiene ningún sentido; y: (3) Cuando el lenguaje no es literal, sino metafórico (etc.). Pero hay que empezar buscando el sentido más natural de cada texto o pasaje.
  2. Cada parte de la Biblia debe ser interpretada a la luz de toda la Biblia
    Aunque los sesenta y seis libros que componen la Biblia fueron escritos por unas cuarenta personas diferentes, en lugares diferentes, a lo largo del milenio y medio entre Moisés y el apóstol Juan, en otro sentido hay un solo Autor divino de toda la Biblia. Por eso, y sin negar las características propias de cada autor humano, hay en la Biblia una coherencia interna que refleja la coherencia de Dios mismo. En la Biblia hay paradojas y aparentes contradicciones, pero no puede haber contradicciones en el sentido de afirmaciones o enseñanzas totalmente incompatibles entre sí, porque si las hubiera, serían contradicciones dentro del ser de Dios. A la hora de interpretar cualquier parte de la Biblia, debemos tener en cuenta la Biblia como un todo.
  3. Hay que interpretar cada texto dentro de su contexto histórico
    Cada libro de la Biblia fue escrito por un autor humano en particular (o por más de uno, como en el caso de Salmos y Proverbios), en un lugar en particular, en un momento de la historia en particular y con un propósito en particular. Por lo tanto, sería irresponsable pretender interpretar un pasaje bíblico sin tener en cuenta estos factores. Por eso tenemos que hacernos preguntas como: (1) ¿Quién escribió esto?; (2) ¿Cuándo lo escribió?; (3) ¿Para quién(es) lo escribió; (4) ¿En qué circunstancias lo escribió?; (5) ¿Con qué intención o propósito lo escribió?; y: (6) ¿Cómo lo entenderían aquellos primeros oyentes o lectores?
  4. Hay que interpretar cada texto dentro de su contexto literario
    Si conoces el programa de ordenador Google Earth y si sabes cómo funciona, sabrás que de ver el planeta en su totalidad te puedes ir acercando a tu continente, a tu país, a tu ciudad, a tu barrio, a tu calle ¡y hasta a tu casa! Ahora, imagínate que lo hicieras al revés; que empezaras fijándote en tu casa, luego en tu calle, luego en tu barrio, luego en tu ciudad, etc. Pues, eso sería como analizar un texto bíblico en su contexto literario. Por ejemplo, si el texto fuese Juan 3:16, empezarías fijándote en el contexto inmediato: Juan 3:16-21; luego te alejarías un poquito y mirarías Juan 3:16 como un versículo clave en la sección de Juan 3:1-21; luego te fijarías en el capítulo entero, y después en esa sección del Evangelio según Juan: Juan 2:12 – Juan 4:54; y así, sucesivamente. ¿Ves la diferencia entre el contexto histórico y el contexto literario? Es importante tener en cuenta ambos contextos.
  5. Hay que tener en cuenta el tipo de lenguaje de cada texto
    En la Biblia hay diferentes tipos de lenguaje. Por ejemplo, hay lenguaje narrativo, metafórico, poético, profético y apocalíptico. Y hay todo tipo de figuras del lenguaje: (1) Símiles (comparaciones explícitas): “¿No es mi palabra como fuego –declara el Señor– y como martillo que despedaza la roca?” (Jer. 23:29); (2) Metáforas (comparaciones implícitas): “Lámpara es a mis pies tu palabra” (Sal. 119:105); (3) Parábolas (metáforas más extensas): El buen samaritano; (4) Alegorías (metáforas más extensas y más complejas): El Sembrador y las cuatro tierras; etc. Son algunos ejemplos de los diferentes tipos de lenguaje que se encuentran en la Biblia, y hay que reconocerlos para interpretarlos correctamente.
  6. Hay que tener en cuenta las palabras de conexión
    Me refiero a esas palabras, muchas veces pequeñas y (aparentemente) sin mucha importancia, que hacen de puente entre dos frases, versículos, párrafos, secciones, etc. Con respecto a las palabras de conexión, existen dos peligros opuestos: (1) Darles más importancia de la que tienen; y: (2) Pasar por alto la importancia que sí pueden tener. Entre las muchas palabras de conexión que encontramos en la Biblia están las siguientes: “porque”, “por lo tanto”, “entonces”, “si”, “pues”, etc. En no pocas ocasiones estas palabras son parte de la clave para la correcta interpretación del texto.
  7. Hay que interpretar los textos menos claros a la luz de otros más claros
    No toda la Biblia es igualmente clara al intérprete. Es verdad que la Biblia es clara en sí misma, pero no siempre nos resulta tan clara a nosotros: (1) Porque nuestras mentes están afectadas por las consecuencias de la Caída; y: (2) Por la distancia (histórica, geográfica, cultural, etc.) entre el texto y nosotros. El apóstol Pedro habló de las cosas “difíciles de entender” en los escritos de Pablo (2 P. 3:15 y 16). (¡Gracias, Pedro!) Pues, debemos interpretar los textos más difíciles a la luz de otros más fáciles de entender, y no al revés. Un ejemplo sería: Mateo 16:18. Otros textos que arrojan luz sobre este texto (muy discutido) son: 1ª de Corintios 3:11; Efesios 2:20; Hebreos 6:1-2; 1ª de Pedro 2:4-8. Estos textos aclaran el tema de sobre qué fundamento se edifica la Iglesia.
  8. Hay que tener en cuenta la versión original de cada texto
    Las Biblias que usamos son traducciones de las lenguas originales, ¡y a veces son traducciones de otras traducciones! Hay muchas versiones de la Biblia que son muy fiables, pero creemos en la inspiración de los documentos originales. Y hay bastantes ocasiones cuando el original nos puede ayudar a interpretar la Biblia correctamente. Pero hay dos problemas: (1) No tenemos acceso a los originales; y: (2) Hay pocos expertos en las lenguas originales. Pero, por parte positiva: (1) Existen versiones de la Biblia muy fieles a los originales; (2) Existen tantos manuscritos de la Biblia (¡miles!) que podemos tener mucha confianza en las (buenas) Biblias que usamos; y: (3) Existen cada vez más ayudas –comentarios bíblicos, diccionarios bíblicos, Biblias interlineales, etc.– que nos pueden acercar más al texto original.
  9. Hay que tener en cuenta la dimensión cristológica
    A pesar de las características concretas de cada libro, hay un solo mensaje principal a lo largo de toda la Biblia: ¡Cristo, el evangelio, la salvación! El Antiguo Testamento apunta hacia el Cristo que va a venir y el Nuevo Testamento apunta hacia el Cristo que ya vino. Y hay que tener en cuenta esta dimensión cristológica a la hora de interpretar cualquier parte de la Biblia. Hay que evitar dos peligros: (1) El peligro de no ver a Cristo donde está; y: (2) El peligro de creer ver a Cristo donde quizás no esté. ¿Cómo podemos evitar estos dos peligros? (1) Aplicar los demás principios de interpretación; (2) Ver cómo los escritores del Nuevo Testamento interpretan el Antiguo Testamento; (3) Evitar la alegorización gratuita, la que no tenga ninguna base sólida; (4) Buscar paralelos verbales claros entre textos bíblicos y el Señor Jesucristo; (5) Distinguir entre la intención del autor, el significado para los lectores originales y una posible dimensión cristológica; etc. Hay muchos paralelismos entre José y Cristo para que sea pura coincidencia. Pablo da una interpretación cristológica a una serie de acontecimientos de tiempos de Moisés y los israelitas (1 Co. 10). Pero no hay pruebas claras de que el cordón de grana de Rahab (Jos. 2:17-22) se refiera a la sangre de Cristo. Y el libro de Cantar de los Cantares parece referirse –en primer lugar– al amor entre un hombre y una mujer.

Conclusión
Esto no es más que una breve introducción al tema. Pero creo que estos principios nos ayudarán a “[usar] bien la palabra de verdad” (2 Ti. 2:15).

Andrés Birch es un misionero británico afincado en España desde 1983. Actualmente es pastor de la Iglesia Bautista Reformada de Palma de Mallorca, España. Puedes seguir a Andrés en Twitter.

Los cesacionistas y continuistas somos hermanos

Palabra de Vida Almería

Will Graham

Andrés Birch: Los cesacionistas y continuistas somos hermanos

Decimos que no nos gustan las etiquetas, pero acabamos usándolas, aunque sea solo con ciertas personas de confianza, porque ¡¿quién va a usar veinte palabras si con una sola vale?!

El término «continuista» sí está en el Diccionario de la lengua española, pero con otro significado; pero el término «cesacionista» no está, con ningún significado. Pero para un número creciente de cristianos «teológicamente despiertos», los dos términos sirven para dividir a los cristianos protestantes, evangélicos e incluso reformados entre los que creen que todos los dones del Espíritu Santo mencionados en el Nuevo Testamento son para todo el período entre Pentecostés y la (segunda) venida del Señor y los que creen que algunos de esos dones, sobre todo los que en el primer siglo estuvieron especialmente relacionados con los apóstoles, «cesaron» – o sea, fueron retirados por el Señor – cuando ya no había apóstoles, a partir de la muerte del apóstol Juan. Y así tenemos hoy creyentes e iglesias que son «continuistas» y otros que son «cesacionistas».

Sin entrar en detalles, se trata de dos posturas muy distintas, y con implicaciones prácticas bastante importantes. Pero el propósito del presente artículo es, en vez de resaltar las innegables diferencias que hay entre «continuistas» y «cesacionistas», subrayar el sorprendente grado de consenso que existe entre «continuistas» y «cesacionistas» centrados en el evangelio.

1. Todos creemos en la autoridad de la Biblia

Para todos los verdaderos creyentes y para todas las verdaderas iglesias, la Biblia es la autoridad suprema; ella siempre tiene la última palabra. «¡A la ley y al testimonio! Si no dijeren conforme a esto, es porque no les ha amanecido» (Is. 8:20). Los bereanos «eran más nobles…, pues recibieron la palabra con toda solicitud, escudriñando cada día las Escrituras para ver si estas cosas eran así» (Hch. 17:11). ¡Hasta las palabras de un apóstol (Pablo) fueron sometidas a la prueba de las Escrituras!

Aunque, en la práctica, es posible ser o «continuista» o «cesacionista» y no someterse a la autoridad de la Biblia, ninguna de las dos posturas es incompatible con un sometimiento a esa autoridad, y, en mi experiencia, todos los buenos «continuistas» y «cesacionistas» afirman y demuestran su compromiso con la autoridad de la Biblia.

2. Todos creemos en la suficiencia de la Biblia

La suficiencia de la Biblia significa que la Biblia sola es suficiente para revelar la verdad acerca de Dios y acerca del ser humano, para revelar todo lo que el ser humano necesita saber para poder ser salvado, y para revelar todo lo necesario para que las personas salvas puedan vivir sus vidas para la gloria de Dios. Para todo eso no hace falta ninguna otra fuente de revelación; la Biblia sola es (más que) suficiente.

Aunque algunos (tal vez muchos) «continuistas» demuestren, tanto por sus declaraciones como por sus hechos, no creer en la suficiencia de la Biblia, la culpa no la tiene la postura «continuista» en sí – es una postura compatible con un total compromiso con la suficiencia de la Biblia. Es posible creer que Dios puede hablar por medio de diferentes «palabras» hoy, sin considerar esas «palabras» necesarias en un sentido que socave la suficiencia de la Biblia.

3. Todos creemos en la soberanía de Dios

La soberanía de Dios significa que Dios, como Rey sobre todas las cosas, como el que está sobre el trono del universo, reina y gobierna sobre todos los seres, sobre todas las cosas y sobre todo lo que pasa, y que no hay nada que esté fuera de su control absoluto.

Me imagino que hay tanto «continuistas» como «cesacionistas» que no creen en la soberanía de Dios en ese sentido, pero, si es así, no creo que se deba a ninguna de las dos posturas como tales, sino a otro tipo de razones, como un excesivo énfasis en el libre albedrío del ser humano, etc.

A veces los «cesacionistas» acusan a los «continuistas» de no creer en la soberanía de Dios por insistir en que Dios siempre tiene que actuar de la misma manera. Y a veces los «continuistas» acusan a los «cesacionistas» de no creer en la soberanía de Dios por descartar la posibilidad de «palabras de Dios directas» hoy. Puede haber algo de verdad en ambas acusaciones, pero, insisto, no hay ninguna incompatibilidad necesaria entre ninguna de las dos posturas y la soberanía de Dios.

4. Todos creemos en un Dios que hace milagros

Existe una especie de «leyenda negra» por ahí de que los «cesacionistas» son los que no creen en milagros. Pero, curiosamente, ¡aún no he conocido a ningún «cesacionista» que crea en un Dios que no puede hacer milagros!

Claro, depende cómo se define el término «milagro». La concepción de un bebé parece un milagro, ¿verdad? Y hablamos de haber sido salvados de un accidente «por milagro». Y, como creyentes, sabemos que el mayor milagro de todos es el milagro de la salvación de un pecador. Pero, técnicamente, un milagro es un acontecimiento sobrenatural. En ese sentido, la concepción de un bebé (normal) no es un milagro, pero la de nuestro Señor Jesucristo sí que lo fue.

Ahora, en cuanto al tema que nos ocupa, no creo que nadie esté cuestionando el poder de Dios para hacer milagros hoy, sino más bien si los quiere hacer o no, hasta qué punto los hace y hasta qué punto son milagros todos los que se dice que lo son. Pero es un error diferenciar entre «continuistas» y «cesacionistas» como los que creen en milagros y los que no.

5. Todos creemos en un Dios que sana

Es probable que haya más «continuistas» que «cesacionistas» que creen en la continuación hoy de «dones de sanidades» (1 Co. 12:9), pero, creo que aquí también hay un importante consenso entre los hermanos de ambas posturas:

(1) Quien sana es Dios.

(2) Él puede sanar con o sin medios naturales.

(3) Dios puede sanar con o sin la imposición de manos, la unción con aceite, etc.

(4) Dios contesta nuestras oraciones por las personas enfermas – a veces sanándolas, otras veces de otra manera.

(5) La sanidad más importante es la sanidad espiritual – o sea, ¡la salvación!

6. Todos creemos en el Espíritu Santo

Otra «leyenda negra» es que durante muchos siglos el Espíritu Santo fue la persona olvidada de la Santa Trinidad; que el Espíritu Santo fue «recuperado» a principios del siglo 20; y que, hablando en general, los «continuistas» le dan más importancia al Espíritu Santo que los «cesacionistas».

Sobre este punto diré lo siguiente:

(1) Es muy probable que a lo largo de los veinte siglos del cristianismo muchos creyentes y muchas iglesias no le hayan dado al Espíritu Santo la atención y la importancia que se merece.

(2) Por otra parte, ha habido grandes teólogos y pensadores «cesacionistas» que han hablado y escrito muchísimo sobre el Espíritu Santo – para dar solo dos ejemplos: el reformador Juan Calvino era conocido como «el teólogo del Espíritu Santo»; y «el príncipe de los puritanos», John Owen, escribió más de mil páginas sobre el Espíritu Santo.

(3) La teología del Espíritu Santo es mucho más amplia que solamente el bautismo en el Espíritu Santo y los dones del Espíritu Santo, y muchos creyentes e iglesias parecen tener una idea bastante pobre del maravilloso Espíritu Santo.

A pesar de las diferencias de interpretación de la Biblia entre «continuistas» y cesacionistas» – y sin pretender quitarle importancia a esas diferencias – tanto los unos como los otros creen en el Espíritu Santo.

7. Todos creemos en la necesidad del Espíritu Santo

El Espíritu Santo es Creador, junto con el Padre y el Hijo. El Espíritu Santo es el que regenera a los espiritualmente muertos. El Espíritu Santo es el que santifica, guía, capacita y llena a los creyentes. El Espíritu Santo es el que vivifica los huesos secos. ¡Nadie puede ser salvo sin el Espíritu Santo! ¡Ningún creyente puede crecer espiritualmente sin el Espíritu Santo! ¡Ninguna iglesia puede funcionar – o existir – sin el Espíritu Santo! Y una de las mayores necesidades hoy, tanto dentro como fuera de la Iglesia, es precisamente un gran derramamiento del Espíritu Santo. Y creo que todo esto lo firmarían por igual tanto «continuistas» como «cesacionistas» – por lo menos los que yo conozco.

8. Todos creemos en los dones del Espíritu Santo

Es evidente que existen diferencias entre «continuistas» y «cesacionistas» sobre el tema de los dones del Espíritu Santo. Creo que la principal diferencia tiene que ver con el propósito de Dios para algunos de los dones del Espíritu Santo – si Él los dio solo para la era apostólica o para todo el tiempo hasta la venida del Señor. Y no tiene que ver tanto con el carácter sobrenatural de algunos de los dones, sino más bien con los dones de revelación, como la profecía, el don de lenguas con interpretación y otras «palabras del Señor» más o menos directas.

Pero aun los «continuistas» no están diciendo que todo lo que se presenta como «palabra del Señor» lo sea; hay que ejercer el don del discernimiento, juzgar cada manifestación a la luz de la Biblia y separar lo bueno de lo malo.

No pretendo minimizar las diferencias entre las dos posturas, pero quizás en la práctica el abismo entre las dos no sea tan grande como a veces parece.

9. Todos creemos en el orden en la iglesia

Creo que todos los que amamos la Palabra de Dios y el evangelio lamentamos todas las manifestaciones que se están dando de una casi total falta de orden en según qué iglesias y lugares. Creemos en el dicho de Pablo de hacer todo «decentemente y con orden» (1 Co. 14:40). El caos no honra al Dios de orden. Pero no sería justo – sería una caricatura – equiparar la postura «continuista» con el desorden – no tiene por qué ser así. Había una serie de desórdenes en Corinto, pero el remedio que propuso el apóstol Pablo no era el desuso de ninguno de los dones, sino el uso correcto de todos ellos.

En esto también hay un consenso entre «continuistas» y «cesacionistas»: creemos en el orden; creemos que no es suficiente tener la postura correcta; la práctica también tiene que ser bíblica y correcta.

Conclusión

Nos ha tocado vivir un tiempo emocionante. Sí, están pasando cosas preocupantes, poco bíblicas y que no honran al Señor. Pero, por otra parte, el Señor está obrando, la Iglesia se está reformando, el evangelio de Cristo se está predicando y se está extendiendo una preciosa comunión y colaboración entre iglesias y creyentes igualmente comprometidos con el Señor, con su Palabra y con el evangelio.

Sin duda, Satanás intentará dividirnos. ¿Cómo? Pues, aprovechándose de nuestras diferencias secundarias para sembrar malentendidos, caricaturas, ofensas y divisiones. ¡No será la primera vez! ¿Qué debemos hacer?

(1) Ser humildes.

(2) Considerar a nuestros hermanos mejores que nosotros mismos.

(3) Comprometernos a orar más los unos por los otros.

(4) Ayudarnos los unos a los otros a crecer en nuestro conocimiento de la Palabra y exhortarnos los unos a los otros a traducir ese conocimiento en un carácter verdaderamente cristiano.

(5) Saber mantener lo principal como lo principal y lo secundario como lo secundario.

(6) Aprovechar las percepciones de otros hermanos para corregir nuestros propios desequilibrios (¡que todos los tenemos!).

(7) Hacer un pacto entre nosotros, sobre la base del verdadero evangelio de Cristo, para seguir luchando juntos por el evangelio.

Artículo publicado con el permiso del autor.

Andrés Birch sirve como pastor en la Iglesia Reformada Bautista (Palma de Mallorca).

Pastor Will Graham

Casado con Ágota y padre de dos hijas, Will Graham (1985) sirve como pastor evangélico, profesor y blogger en la cuidad española de Almería (ubicada en el extremo sureste de la península).

Escribe semanalmente en sus blogs en Protestante Digital Evangelical Focus y colabora con Unión BíblicaCoalición por el Evangelio Pasión por el Evangelio.

¡Bienvenidos a su página oficial!

https://pastorwillgraham.com/

Soli Deo gloria.