La confianza en Dios en un mundo de sufrimiento

Autor: Ronald Rhodes

La confianza en Dios en un mundo de sufrimiento

a1Hay otras explicaciones inadecuadas para el problema del mal que podríamos examinar, pero no están tan extendidas en la actualidad y el espacio disponible no nos lo permite.

Después de haber establecido que la existencia de la maldad es de hecho compatible con la existencia de un Dios que es absolutamente Bueno y Todopoderoso, es apropiado que, para terminar, recalquemos que nuestro amante Padre celestial nos invita a confiar en él con la fe de un niño, mientras vivimos en este mundo de sufrimiento. A veces, como padre, he tenido que tomar decisiones con respecto a mi hijo o mi hija que implican un poco de dolor (como sería el caso de llevarlos al dentista). Desde la perspectiva de mis hijos, tal vez no entiendan por qué insisto tanto en esa consulta. Les aseguro que, a pesar de la molestia (o incluso el dolor), es por su propio bien que los llevo.

Los seres humanos a veces nos preguntamos por qué Dios permite que pasemos por algunas circunstancias tan dolorosas. Pero solo porque tengamos dificultad para imaginar qué razones pueden llevar a Dios a obrar de dicho modo no significa que no tenga sus razones. Desde nuestra perspectiva humana y finita, a menudo no podemos ver más que unos hilos del gran tapiz de la vida y de la voluntad de Dios. No podemos ver todo el cuadro. Por eso Dios nos invita a confiar en él (Hebreos 11). Dios sí ve todo el cuadro y no comete errores. Él tiene una razón para permitir las circunstancias dolorosas que se atraviesan en nuestra vida, aun cuando se escapen a nuestra comprensión.

Geisler nos da algo importante para pensar a este respecto: «Aun dentro de nuestra finitud, es posible que los humanos descubramos algunos propósitos buenos para el dolor, como podría ser una advertencia de un mal peor (basta con que un infante toque una sola vez los fuegos de una cocina para que no los vuelva a tocar), y para protegernos de la destrucción propia (las terminaciones nerviosas nos permiten detectar el dolor para que, por ejemplo, no continuemos sosteniendo una olla caliente). Si el ser humano finito puede descubrir algunos propósitos buenos para el dolor; seguramente un Dios Sabio e Infinito tendrá buenos propósitos para todo el sufrimiento». Tal vez no entendamos ese propósito ahora, en la temporalidad «del presente», pero sin duda que existe. Nuestra incapacidad para discernir por qué a veces nos pasan cosas malas no contradice la benevolencia de Dios, no hace más que exponer nuestra ignorancia.

Es bueno tener presente la dimensión del tiempo. De la misma manera que evaluamos una visita al dentista a la luz de los beneficios a largo plazo que dicha visita producirá, las Escrituras exhortan a los cristianos a apreciar los sufrimientos actuales a la luz de la eternidad. Como observó el apóstol Pablo: «De hecho, considero que en nada se comparan los sufrimientos actuales con la gloria que habrá de revelarse en nosotros» (Romanos 8: 18; 2 Corintios 4: 17; Hebreos 12:2; 1 Pedro 1:6-7).

Y no nos olvidemos que aun cuando tengamos que sufrir, Dios, como Gobernador Soberano del universo, puede hacer que el mal redunde para bien (Romanos 8:28).

Tenemos un ejemplo en la vida de José. Sus hermanos le tenían celos (Génesis 37:11), lo odiaban (v. 4,5,8), querían matar- lo (v. 20), lo metieron dentro de un pozo (v. 24), y lo vendieron como esclavo (v. 28). Sin embargo, más adelante, pudo decirles a sus hermanos: «En realidad fue Dios quien me mandó delante de ustedes para salvar vidas» (45:5), y «es verdad que ustedes pensaron hacerme mal, pero Dios transformó ese mal en bien para lograr lo que hoy estamos viendo: salvar la vida de mucha gente» (50:20).

A pesar de todas las cosas malas que le sucedieron, Dios tenía un propósito providencial al haberlas permitido.

Es seguro que al apóstol Pablo no le agradaba estar encarcelado, pero Dios tenía un propósito providencial al permitir que así sucediera. Al fin de cuentas, fue en la cárcel que escribió las epístolas a los Efesios, Filipenses, Colosenses, y a Filemón (Efesios 3:1, Filipenses 1:7; Colosenses 4:10; y Filemón 9). Resulta claro que Dios hizo que el sufrimiento de Pablo redundara para bien.

A veces el «bien» que Dios produce, a partir de nuestro sufrimiento, implica acercarnos más a él. Joni Eareckson Tada, que se quebró la espina dorsal en un accidente de nata- ción y quedó cuadripléjica, dice que su tragedia la acercó mucho más a Dios. Incluso se la cita diciendo que preferiría estar en una silla de ruedas con Dios antes que caminar sin él.

A veces el «bien» que Dios produce, a partir de nuestro sufrimiento, implica un cambio positivo en nuestro carácter. Pedro se refiere a esto cuando dice: «Esto es para ustedes motivo de gran alegría, a pesar de que hasta ahora han tenido que sufrir diversas pruebas por un tiempo. El oro, aunque perecedero, se acrisola al fuego. Así también la fe de ustedes, que vale mucho más que el oro, al ser acrisolada por las pruebas demostrará que es digna de aprobación, gloria y honor cuando Jesucristo se revele» (1 Pedro 1:6-7; paráfrasis moderna: «Al que quiere celeste, que le cueste»).

Todo esto pretende subrayar la necesidad de la fe en medio de este mundo de sufrimiento. Dios ciertamente está obrando su propósito en medio nuestro, y debemos confiar en él. Me agrada la manera en que Gary Habermas y J.P. Moreland lo han expresado. Nos animan a mantener una perspectiva «de arriba a abajo»:

«El Dios del universo nos invita a contemplar la vida y la muerte desde su posición eterna de privilegio. Si lo hacemos, veremos con qué prontitud puede revolucionar nuestras vidas: las angustias diarias, los dolores emocionales, las tragedias, nuestras respuestas y responsabilidades hacia los demás, las posesiones, la riqueza, e incluso nuestro dolor físico y la muerte. Todo esto y mucho más se comprenden y permite discernir las verdades del cielo. El testimonio reiterado del Nuevo Testamento es que los creyentes deberían considerar todos los problemas, y aun toda su existencia, a partir de una perspectiva que llamamos «de arriba abajo»: primero Dios y su reino, y luego los diversos aspectos de nuestra existencia terrenal».

Al comienzo del capítulo, mencioné que Greg, el hijo de mi hermano, había muerto trágicamente. Debo admitir que una de las cosas que más sostiene a toda la familia es esta perspectiva «de arriba a abajo». En el futuro, cuando finalmente lleguemos «al mejor de los mundos posibles» que Dios tiene provisto, esa ciudad celestial «de la cual Dios es arquitecto y constructor» (Hebreos 11:10), ¡nos reuniremos para nunca más separamos! La muerte, el mal, el dolor y las lágrimas serán una cosa del pasado lejano.

¿QUIÉN CREO A DIOS? Edición en español publicada por Editorial Vida – 2007 Miami, Florida

© 2003 por Ravi Zacharias y Norman Geisler

¿PUEDE LA REENCARNACIÓN EXPLICAR LA EXISTENCIA DE LA MALDAD?

Autor: Ronald Rhodes

¿PUEDE LA REENCARNACIÓN EXPLICAR LA EXISTENCIA DE LA MALDAD?

a1Muchas personas que creen en las ideas de la Nueva Era basan su ética en la reencarnación y el Karma. El proceso de reencarnación (renacimientos continuos) se repite hasta que el alma alcanza un estado de perfección y, entonces, se fusiona de nuevo con su fuente (<<Dios o el Alma Universal»). El Karma se refiere a la «deuda» que el alma acumula por causa de las acciones buenas o malas que cometió durante la vida (o en las vidas anteriores). Si uno acumula Karma bueno, él o ella, supuestamente, se reencarnarán en un estado más deseable.

Muchas personas que creen en los postulados de la Nueva Era explican la existencia de la maldad en nuestro mundo estrictamente en función del Karma. El escritor popular de Nueva Era, Gary Zukav, por ejemplo, dice que no debemos apresuramos a juzgar cuando la gente sufre cruelmente, porque «no sabemos qué cosas se están sanando (por medio del Karma) en estos sufrimientos». Lo que Zukav llama «justicia no crítica» nos exime de la necesidad de juzgar con respecto a la maldad aparente; la ley del Karma, al final, traerá la justicia.

¿Será posible que Zukav quiera hacemos creer que cuando las milicias en Ceilán dispararon contra una madre que estaba amamantando a su hijo y luego usaron los dedos de los pies del bebé para hacer tiro al blanco, de algún modo esto traía sanidad» a las almas de la madre y el niño? Cuando los chiitas de la Unión Soviética abrieron el vientre de una mujer armenia embarazada y desmembraron al feto (hechos reales registrados en el periódico), ¿Zukav realmente espera que confiemos en esta «justicia no crítica» en vez de sublevarnos moralmente? ¿Qué tienen de divino o sagrado estas acciones?

La doctrina de la reencarnación plantea numerosos problemas. En términos prácticos, debemos preguntamos: ¿por qué se castiga a los individuos por cosas que no recuerdan haber hecho en una vida anterior? Además, si (como se nos dice) el propósito del Karma es que la humanidad se desprenda de sus deseos egoístas, ¿por qué no hay ninguna mejora evidente en la naturaleza humana después de milenios de reencarnaciones? ¿Por qué continúa propagándose la maldad? Más aun, si la reencarnación y la ley del Karma son tan beneficiosas, desde el punto de vista práctico, como alegan quienes creen en la doctrina de la Nueva Era, ¿cómo se explican los permanentes problemas sociales y económicos, entre los que se encuentran la pobreza generalizada, el hambre, las enfermedades, y los espantosos sufrimientos que aquejan la India, justamente donde esta creencia se ha enseñado sistemáticamente durante toda su historia?

Es evidente que la reencarnación no es bíblica y que contradice lo que las Escrituras enseñan acerca de la muerte y la vida después de la muerte. Hebreos 9:27 es tajante: « Está establecido que los seres humanos mueran una sola vez, y después venga el juicio». Todos los seres humanos tienen una vida como mortales sobre la Tierra, mueren una vez, y luego enfrentarán el juicio. Los hombres y las mujeres no tendrán una segunda oportunidad reencarnándose en otro cuerpo (Lucas 16:19,31; 2 Corintios 5:8).

¿QUIÉN CREO A DIOS? Edición en español publicada por Editorial Vida – 2007 Miami, Florida

© 2003 por Ravi Zacharias y Norman Geisler

 

¿ACASO CREAMOS NUESTRAS REALIDADES?

Autor: Ronald Rhodes

¿ACASO CREAMOS NUESTRAS REALIDADES?

a1Muchos de los que se afilian a las ideas de la Nueva Era, creen que las personas crean, con el poder de la mente, todas sus realidades, las buenas y las malas. Los escritores populares de la Nueva Era, David Gershon y Gail Straub, señalan que «no podemos evitar crear nuestra realidad; cada vez que se nos ocurre un pensamiento estamos creándola. Cada creencia que tengamos va dando forma a lo que experimentamos en la vida». Con esto en vista, «si aceptamos la premisa básica de que nuestros pensamientos crean nuestra realidad, esto significa que necesitamos asumir la responsabilidad de crear toda nuestra realidad, las partes que nos agradan y las partes que no».

Un problema crítico con este punto de vista es que si los humanos (en tanto dioses) crean su propia realidad, como sostienen aquellos que se afilian a las ideas de la Nueva Era, no hay posibilidad de condenar a los individuos que infligen maldad a otros. Por ejemplo, debemos concluir que los millones de judíos que fueron ejecutados bajo el régimen de Hitler, crearon su propia realidad. Por ende, las atrocidades de Hitler no son condenables ni éticamente malas dado que él no fue más que una parte de la realidad que los propios judíos se crearon. De modo similar, no es posible condenar a los terroristas que hicieron explotar los aviones el II de septiembre, porque los pasajeros que allí viajaban crearon esa realidad.

Cuando la hija de la profesora de teatro de Shirley MacLaine, en una colisión frontal, sufrió quemaduras que le desfiguraron el rostro, MacLaine se preguntó: «¿Por qué tuvo que elegir morir de esa manera?» . El apologista cristiano, Douglas Groothuis, después de leer el libro de MacLaine, It’s AU in the Playing [Todo es parte del juego], relata cómo el libro presenta a «Shirley llorando frente a su televisor mientras mira los efectos de un volcán chileno que mató a veinticinco mil personas. ¿Por qué llorar? ¿Acaso no eligieron esa muerte?».

Cuanto más ahondamos en las explicaciones que la Nueva Era postula para explicar la maldad, tanto más absurdas nos resultan.

 

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© 2003 por Ravi Zacharias y Norman Geisler

¿PUEDE EL PANTEÍSMO DE LA NUEV A ERA EXPLICAR LA EXISTENCIA DE LA MALDAD?

Autor: Ronald Rhodes

¿PUEDE EL PANTEÍSMO DE LA NUEV A ERA EXPLICAR LA EXISTENCIA DE LA MALDAD?

a1Tengo un amigo, Jim, que ha leído algunos de mis libros sobre apologética y el movimiento de la Nueva Era. Un día se vio aquejado por una enfermedad física concreta y fue a ver a un doctor que le habían recomendado. Irían por la mitad del examen cuando, Jim, comenzó a sospechar que el médico podría ser un promotor de la medicina de la Nueva Era. El, que no se caracteriza por andarse con vueltas, le dijo: «¿Usted es dios?», a lo que el médico le respondió con entusiasmo: «Por supuesto, y usted también y todo el mundo». Jim salió del consultorio más rápido que un rayo.

El panteísmo es el punto de vista que propugna que Dios es todo y todo es Dios. La palabra panteísmo deriva de dos palabras griegas: pan («todo») y theos («Dios»). El panteísmo considera que la realidad está permeada por la divinidad. El dios del panteísmo de la Nueva Era es una «cosa» impersonal y amoral opuesta al «ser» personal y moral del cristianismo. Según esta perspectiva, la distinción entre el creador y la creación se desdibuja completamente.

Si es cierto que «todo es uno» y que «todo es Dios», como sostiene la visión del mundo de la Nueva Era, la distinción entre el bien y el mal, al final, desaparece. David Spangler, promotor de las ideas de la Nueva Era, afirma que la ética de su creencia «no se basa en … la dualidad de los conceptos del «bien» y el «mal»». No hay un mal moral absoluto ni un bien moral absoluto. Todo es relativo. Por supuesto, hace mucho tiempo que los filósofos han señalado la debilidad filosófica de dicho punto de vista, porque es lo mismo que decir que la única verdad absoluta es que no hay absolutos.

Cuando una persona afiliada a las ideas de la Nueva Era me dice que no hay absolutos, siempre le pregunto si está absolutamente seguro de ésto.

Uno de los principales problemas de la cosmovisión panteísta de la Nueva Era es que no explica adecuadamente la existencia de la realidad de la maldad en el mundo. Si Dios es la esencia de todas las formas de vida de la creación es necesario concluir que tanto el bien como la maldad tienensu origen en la misma esencia (Dios). En otras palabras, las manifestaciones de la maldad como la Primera y la Segunda Guerra Mundial, Hitler, los asesinatos, el cáncer, o las violaciones, son una parte de Dios.

La Biblia, en cambio, enseña que Dios es Bueno y no malo (1 Crónicas 16:34; Salmo 118:29: 136:1; 145:8~9; Mateo 19:17). El Dios de la Biblia es luz y «en él no hay ninguna oscuridad» (1 Juan 1:5; cf. Habacuc 1:13; Mateo 5:48). Es particularmente convincente el argumento en griego, que literalmente se traduciría: «Y en él no hay ninguna oscuridad, absolutamente ninguna». Juan no lo podría haber expresado con más fuerza.

Tuve la oportunidad de conversar con el ex gurú Rabi Maharaj, que se explayaba sobre la insatisfacción ética que le producía una cosmovisión monástica, panteística, especialmente en lo pertinente al problema de la maldad.

«Cada vez estaba más convencido que Dios, como Creador, distinto y separado del universo que había creado, se oponía al concepto hindú que Dios era todo, de que el creador y la creación eran una y la misma cosa. Si solo había una realidad, entonces (Dios) era el mal además del bien, tanto la muerte como la vida, el odio como el amor. Eso hacía que nada tuviera sentido, la vida era un absurdo. No era fácil mantener la cordura y la idea de que el bien y el mal, el amor y el odio, la vida y la muerte, eran una sola Realidad».

Rabi optó por la única salida lógica que tenía: ¡se hizo cristiano!

 

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¿ES LA MALDAD SOLO UNA ILUSIÓN?

Autor: Ronald Rhodes

¿ES LA MALDAD SOLO UNA ILUSIÓN?

a1Algunas personas, en particular las afiliadas a las ciencias mentales, arguyen que el mal es una ilusión. Mary Baker Eddy, fundadora de la Ciencia Cristiana, argumentaba que la materia, el mal, la enfermedad y la muerte no tienen realidad y que son ilusiones de la mente mortal. Dentro de la Corriente Unitaria del Cristianismo, Emily Cady, escribió de modo similar: «El mal no existe… El dolor, la enfermedad, la pobreza, la vejez, y la muerte no son reales, y no tienen poder sobre mí» Ernest Holmes, fundador de la Ciencia Religiosa, escribió: «Todo el mal aparente es resultado de la ignorancia, y desaparecerá de tal grado que nadie más pensará en este, ni creerá en este, ni lo sufrirá».

Si el mal no es más que una ilusión, sin embargo, ¿por qué combatirlo? Aunque Mary Baker Eddy sostenía que el sufrimiento de la enfermedad corporal y la muerte no eran más que ilusiones, es un hecho histórico que, en los últimos años de su vida, estuvo bajo atención médica, recibió inyecciones de morfina para aliviarle el dolor, usó lentes, tuvo extracciones de dientes, y al final murió, «retractándose» de todo lo que había profesado creer y enseñar.

Cuando las personas dicen que el mal es una ilusión, creo que tengo derecho a preguntarles si de noche cierran con llave las puertas de sus hogares. (Si lo hacen, les pregunto por qué). ¿Dejan acaso las llaves dentro de sus autos cuando lo estacionan en la avenida principal del centro? (Si no lo hacen, ¿por qué?). ¿Se abrochan los cinturones de seguridad cuando viajan en auto? (¿Por qué?). ¿Van al dentista? (¿Por qué? ¿No quedamos en que el dolor de muelas era una ilusión?). ¿Le colocan chalecos salvavidas a sus hijos pequeños cuando se bañan en la playa? (¿Por qué?). ¿Les advierten a sus hijos pequeños que no se acerquen demasiado al fuego cuando hacen un asado al aire libre? (¿Por qué?). ¿Apoyan las leyes contra los pederastas? (¿Por qué?). Si el mal no es más que una ilusión, estas acciones serían completamente inne- cesarias y nadie tendría de qué preocuparse.

Explicar la maldad aduciendo que no es más que una ilusión es contraria a toda experiencia humana y lógica. Limitarse a negar la existencia del mal no elimina su realidad. Esta explicación del mal es en sí la peor de las ideas ilusorias. Jesús, sin duda, creía en la realidad del mal. En la oración del Padre Nuestro, no dijo que oráramos: «Líbranos de la ilusión del mal», sino que nos enseñó a orar: «Líbranos del mal».

De aceptar el punto de vista de la Ciencia Cristiana que el mal es una ilusión, estaríamos negando nuestras propias experiencias sensoriales y personales. Vale la pena notar que las Escrituras a menudo nos exhortan a prestar atención a la experiencia empírica que nos aportan nuestros cinco sentidos. Frente a la duda de Tomás, Jesús le pidió que pusiera sus dedos en las cicatrices de los clavos para demostrarle que efectivamente había resucitado de entre los muertos (Juan 20:27). En Lucas 24:39, Jesús resucitado le dijo a sus seguidores: «Miren mis manos y mis pies. ¡Soy yo mismo! Tóquenme y vean; un espíritu no tiene carne ni huesos, como ven los tengo yo». En 1 Juan 1:1, leemos que Juan y los apóstoles hablaron de «lo que hemos oído, lo que hemos visto con nuestros propios ojos, lo que hemos contemplado, lo que hemos tocado con las manos, esto les anunciamos respecto al Verbo que es vida». Los mismos sentidos que nos permiten testificar con tanta convicción del Cristo resucitado, testifican de la rea~ lidad del mal en nuestro mundo, no solo a un puñado de personas, sino universalmente y en todas las edades.

 

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¿COMPRUEBA LA EXISTENCIA DE LA MALDAD QUE DIOS ES FINITO?

Autor: Ronald Rhodes

¿COMPRUEBA LA EXISTENCIA DE LA MALDAD QUE DIOS ES FINITO?

a1La idea de un Dios finito se popularizó a principios de la década de los ochenta cuando el rabino Harold Kushner, escribió el éxito de ventas When Bad Things Happen to Good People [Cuando le pasan cosas malas a la gente buena]. Al considerar la muerte prematura de su hijo, Kushner, llegó a la conclusión que Dios quiere que los justos tengan vidas felices pero que a veces no puede hacer que eso suceda. Hay algunas cosas que simplemente están fuera del control de Dios. Dios es Bueno, pero no es lo suficientemente Poderoso para hacer efectivo todo el bien que desearía. En resumidas cuentas, Dios es finito. Kushner, escribe: «Reconozco sus limitaciones. Dios está limitado por las leyes de la naturaleza y por la evolución de la naturaleza humana y la libertad moral de la persona». Se lamenta de que «incluso Dios tiene problemas para mantener a raya el caos y para limitar el daño que puede provocar la maldad».

La idea de un Dios finito implica un Dios que, debido a su finitud, solo puede ser un ser contingente que a su vez necesita una causa. Dicho Dios no es digno de nuestra adoración. Tampoco es digno de nuestra confianza, porque no hay ninguna garantía de que podrá derrotar el mal en el futuro.

La finitud no toma en consideración que los tiempos de Dios no son los tiempos humanos. Como señalamos anteriormente, el hecho de que él todavía¡no haya vencido al mal no significa que no lo eliminará en el futuro (2 Pedro 3:7,12; Apocalipsis 20:22). No estamos en el mejor de todos los mundos posibles, pero es la mejor manera de llegar al mejor de los mundos posibles.

Esta idea de finitud es contraria al testimonio bíblico de Dios. Las Escrituras nos presentan un Dios que es un ser Omnipotente. Dios tiene poder para hacer todo lo que quiera y hacer cumplir su voluntad. Cincuenta y seis veces las Escrituras declaran que Dios es Todopoderoso (p.ej. Apocalipsis 19:6). El poder de Dios es grande (Salmo 147:5), la grandeza de su poder es incomparable (2 Crónicas 20:6; Efesios 1:19-21). Nadie puede oponerse al poder y la mano de Dios (Daniel 4:35). Nadie puede desbaratar las acciones de Dios (Isaías 43:13), y nadie podrá impedir lo que haya determinado (Isaías 14:27). Para Dios nada es imposible (Mateo 19:26; Marcos 10:27; Lucas 1:37), y no hay nada difícil para él (Génesis 18:14; Jeremías 32:17, 27). El Todopoderoso reinará (Apocalipsis 19:6), y un día derrocará al mal.

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© 2003 por Ravi Zacharias y Norman Geisler

¿NO SERÍA MEJOR QUE DIOS ACABARA CON LA MALDAD DE UA VEZ POR TODAS?

Autor: Ronald Rhodes

Algunas soluciones inadecuadas al problema de la maldad.

¿NO SERÍA MEJOR QUE DIOS ACABARA CON LA MALDAD DE UA VEZ POR TODAS?

a1Algunos escépticos pueden verse tentados a postular que un Dios Todopoderoso no debería invertir toda la historia humana encargánose del problema de la maldad. No cabe duda que Dios podía liquidar la maldad en un instante, pero esta opción tendría implicaciones definitivas y funestas para todos nosotros. Como puntualizó Paul Little: «Si Dios acabara hoy mismo con la maldad, lo haría de manera concluyente. Su acción tendría que incluir nuestras mentiras e impurezas, nuestra falta de amor, nuestra incapacidad de hacer el bien. Supongamos que Dios decretara que, a partir de la medianoche, acabaría con la maldad en el universo, ¿quién de nosotros quedaría después de medianoche?

Aunque la solución final de Dios para el problema de la maldad está pendiente, como he argumentado, él ya ha tomado recaudos para que el mal no cunda caóticamente. En realidad, Dios nos ha dado gobiernos humanos para contrarrestar la ilegalidad (Romanos 13:1,7).

Estableció la iglesia para que fuera una luz en medio de la oscuridad, con el fin de fortalecer a su pueblo y aun para restringir, mediante el poder del Espíritu Santo, la propagación de la maldad en el mundo (p.ej. Hechos 16:5; 1 Timoteo 3:15).

En su Palabra, Dios nos ha provisto una norma moral para guiamos y conducirnos por el camino de rectitud (Salmo 119).

Nos ha dado el núcleo de la familia para traer estabilidad a esta sociedad (p.ej. Proverbios 22:15; 23:13), ¡y muchísimo más!

 

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© 2003 por Ravi Zacharias y Norman Geisler

¿QUÉ PROPÓSITO TIENE DIOS AL PERMITIR LA MALDAD?

Autor: Ronald Rhodes

¿QUÉ PROPÓSITO TIENE DIOS AL PERMITIR LA MALDAD?

a1A Dios no le sorprende que el ser humano se aproveche del libre albedrío que le dio y lo desobedezca. C.S. Lewis sugiere que Dios, en su omnisciencia, «vio que de un mundo de criaturas libres, aunque hubieran caído, podría hacer surgir … una felicidad más profunda y un esplendor más radiante que nunca hubiera sido posible en un mundo de autómatas». O, como bien puntualiza Geisler, el que cree en Dios no tiene que alegar que nuestro mundo presente sea el mejor de los mundos posibles, sino que es el mejor camino hacia el mejor mundo posible:

«Si Dios ha de preservar la libertad y derrotar a la maldad, esta sería la mejor manera de hacerlo. La libertad se preserva en la medida de que cada persona determine libremente su destino. La maldad se vence en tanto que quienes rechazan a Dios son apartados de los demás, las decisiones de cada persona se convierten en permanentes. Quienes eligen a Dios serán confirmados y el pecado dejará de ser. Quienes rechazan a Dios están en cuarentena eterna y no podrán trastocar el mundo perfecto que se ha instaurado. Se habrá logrado el propósito final de un mundo perfecto con criaturas libres, si bien la manera de llegar a ese estado requerirá que aquellos que abusan de su libertad sean expulsados».

Un factor importante y crítico implícito en la sugerencia de que este no es el mejor de los mundos posibles pero es el mejor camino hacia el mejor de los mundos posibles es que Dios todavía no ha acabado su obra. Con demasiada frecuencia la gente cae en la trampa de creer que, como Dios todavía no ha acabado con la maldad, no está haciendo nada en absoluto. Mi viejo colega, Walter Martin, solía decir: «Ya leí el último capítulo del libro, y ¡ganamos!». Un día no habrá más maldad. El que la maldad todavía no haya sido liquidada no significa que jamás lo será.

En vista de estos factores, la existencia de la maldad en el mundo es compatible con la existencia de un Dios que es absolutamente Bueno y Todopoderoso. Podemos resumir los hechos de la siguiente manera:

1. Si Dios es absolutamente Bueno, vencerá a la maldad.
2. Si Dios es Todopoderoso, puede vencer a la maldad.
3. La maldad todavía no ha sido derrotada.
4. Por lo tanto, Dios puede y un día vencerá a la maldad.

Un día, en el futuro, Cristo regresará, despojará a los malvados de su poder, y todos los hombres y las mujeres deberán rendir cuentas de lo que hicieron durante su estadía en la Tierra (cf. Mateo 25 :31-46; Apocalipsis 20: 11-15). La justicia al fin prevalecerá. Quienes lleguen a la eternidad, sin haber confiado en Jesucristo para su salvación, entenderán lo bien que Dios se encargó del problema de la maldad.

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¿CUÁL ES EL ORIGEN DE LA MALDAD?

Autor: Ronald Rhodes

¿CUÁL ES EL ORIGEN DE LA MALDAD?

a1La creación original fue «muy buena» (Génesis 1:31). No había pecado, no existía la maldad, no había sufrimiento ni muerte. Hoy, en cambio, el mundo está sumido en el pecado, la maldad, el sufrimiento y la muerte. ¿Cómo se llegó a este estado? Las Escrituras enseñan que el descenso comenzó cuando Adán y Eva se aprovecharon del libre albedrío que Dios les había dado y le desobedecieron (Génesis 3).

Algunas personas se preguntan por qué Dios no podría haber creado al ser humano de manera tal que nunca hubiera podido pecar, no dando cabida así a la maldad. El hecho es que dicho escenario implicaría que no fuéramos verdaderamente humanos. No tendríamos la capacidad para tomar decisiones ni para amar libremente. Este escenario hubiera requerido la creación de robots capaces de actuar solo conforme a lo que estaban programados, como esas muñecas que hablan cuando halamos una cuerda y dicen: «Te amo» Paul Little señala que con dicha muñeca «no habría insultos, jamás habría conflictos, ¡nadie diría ni haría nada que pudiera entristecerte! Pero, ¿quién querría vivir en ese estado? Tampoco existiría la posibilidad del amor. El amor es voluntario. Dios podría habemos hecho como robots, pero habríamos dejado de ser hombres. Aparentemente pensó que valía la pena correr el riesgo de creamos como nos creó».

El amor no puede programarse; debe expresarse libremente. Dios quería que Adán y toda la humanidad mostraran amor eligiendo libremente la obediencia. Por eso, Dios le dio a Adán y a todos los demás seres humanos el libre albedrío. Geisler tiene razón cuando dice que «el amor forzado es una violación; y Dios no es un violador divino. No hará nada que coaccione las decisiones de los hombres». Una elección libre, sin embargo, deja abierta la posibilidad de una elección errónea. Como lo expresa J.B. Phillips: «La maldad es algo inherente al riesgo implícito en el don del libre albedrío».

En vista de los hechos bíblicos, podemos concluir que el plan de Dios tenía el potencial para la maldad cuando concedió la libertad de elección a los seres humanos, pero que el origen concreto de la maldad fue resultado de un hombre que se apartó de la voluntad de Dios y prefirió concentrarse en sus propios deseos egoístas.Norman Geisler y Jeff Amanu, señalan: «Mientras que Dios creó el hecho de la libertad, son los humanos los que ejercen los actos de la libertad. Dios hizo posible el mal, las criaturas lo hicieron efectivo». Desde que Adán y Eva hicieron efectiva la maldad, aquella primera vez en el Jardín de Edén, la naturaleza del pecado se ha transmitido a todo hombre y mujer (Romanos 5:12; 1 Corintios 15:22), y es debido a la naturaleza pecaminosa que hoy continuamos ejerciendo nuestro libre albedrío para hacer efectiva la maldad (Marcos 7:20-23).

Es más, los males naturales, como los terremotos, los tornados y las inundaciones, radican en el mal uso que damos a nuestro libre albedrío. No debemos olvidar que como vivimos en un mundo caído, estamos sujetos a desastres de la naturaleza que no habrían ocurrido si el hombre no se hubiera rebelado contra Dios en un principio (Romanos 8:20- 22) En el Jardín de Edén no había ni desastres naturales ni muerte hasta después del pecado de Adán y Eva (Génesis 1-3). No habrá desastres naturales ni muerte en el cielo nuevo y la tierra nueva, cuando Dios, de una vez por todas, ponga fin a la maldad (Apocalipsis 21:4).

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