«Verá su descendencia, prolongará sus días y la voluntad del SEÑOR en su mano prosperará».

2 de abril

«Verá su descendencia, prolongará sus días y la voluntad del SEÑOR en su mano prosperará».

Isaías 53:10 (LBLA)

Abogue por el rápido cumplimiento de esta promesa todo aquel que ama al Señor. Cuando nuestros deseos están fundados y cimentados en las promesas de Dios, orar es trabajo fácil. ¿Cómo podría Aquel que dio la palabra dejar de cumplirla? La Veracidad inmutable no puede envilecerse con una mentira, ni la eterna Fidelidad degradarse con un olvido. Dios tiene que bendecir a su Hijo: su pacto le obliga a ello. Lo que el Espíritu nos inspira a pedir por Jesús es lo que Dios decretó que le daría. Cuando ores por el Reino de Cristo, deja que tus ojos contemplen el amanecer de ese bendito día que se acerca, cuando el crucificado se verá coronado en el mismo lugar donde los hombres lo rechazaron. Ten ánimo, tú que con devoción trabajas y te afanas por Cristo con tan pobres resultados: ¡esto no siempre será así! Tienes por delante mejores días. Tus ojos no pueden ver el feliz futuro; pero pide prestado el telescopio de la fe, limpia del cristal el vaho de tus dudas, mira a través del mismo y contempla la gloria que se aproxima. Lector, permíteme preguntarte si haces de esto el objeto de tus constantes oraciones. Recuerda que el mismo Cristo, que nos mandó pedir el pan nuestro de cada día, nos enseñó a decir primero: «Santificado sea tu nombre, venga tu reino, hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra». Que no todas tus oraciones tengan que ver con tus pecados, tus necesidades, tus imperfecciones, tus pruebas… Suban por la estrellada escala hasta Cristo mismo. Entonces, acercándote al propiciatorio rociado con sangre, ofrece continuamente esta oración: «Señor, ensancha el Reino de tu querido Hijo». Tal petición, fervientemente presentada, elevará el espíritu de todas tus devociones. Y recuerda que demuestras la sinceridad de tu oración trabajando para promover la gloria del Señor.

Spurgeon, C. H. (2012). Lecturas vespertinas: Lecturas diarias para el culto familiar. (S. D. Daglio, Trad.) (4a edición, p. 101). Moral de Calatrava, Ciudad Real: Editorial Peregrino.

«Entonces Rispa hija de Aja tomó una tela de cilicio, y la tendió para sí sobre el peñasco, desde el principio de la siega hasta que llovió sobre ellos agua del cielo; y no dejó que ninguna ave del cielo se posase sobre ellos de día, ni fieras del campo de noche».

31 de marzo

«Entonces Rispa hija de Aja tomó una tela de cilicio, y la tendió para sí sobre el peñasco, desde el principio de la siega hasta que llovió sobre ellos agua del cielo; y no dejó que ninguna ave del cielo se posase sobre ellos de día, ni fieras del campo de noche».

2 Samuel 21:10

Si el amor de una mujer hacia sus hijos muertos pudo hacer que ella prolongase su triste vigilia por tan largo tiempo, ¿nos cansaremos nosotros de considerar los sufrimientos de nuestro bendito Señor? Ella ahuyentó las aves de rapiña. ¿No disiparemos nosotros de nuestras meditaciones los pensamientos mundanos y pecaminosos que manchan nuestras mentes y los sagrados temas en los cuales estamos ocupados? ¡Fuera, pájaros de maligno vuelo! ¡Dejad el sacrificio! Rispa soportó sola y sin refugio los calores del verano, el rocío de la noche y las lluvias. El sueño había huido de sus humedecidos ojos; su corazón estaba demasiado lleno como para dormitar. ¡Ved cómo amaba a sus hijos! ¡Así resistió Rispa! ¿Y nos retiraremos nosotros ante el primer inconveniente o la primera prueba? ¿Somos tan cobardes que no podemos resignarnos a sufrir con nuestro Señor? Rispa ahuyentó aun a las fieras con un coraje nada común para su sexo. ¿Y no estaremos nosotros prontos a hacer frente a cualquier enemigo por amor de Jesús? A estos hijos de Rispa los mataron manos extrañas, sin embargo ella lloró y veló. ¿Qué deberíamos entonces hacer nosotros, ya que por causa de nuestros pecados se crucificó a nuestro Señor? Nuestras obligaciones son ilimitadas: nuestro amor debiera ser ferviente y nuestro arrepentimiento completo. Velar con Jesús tendría que ser nuestra ocupación; permanecer cerca de la cruz, nuestro solaz. Aquellos horribles cadáveres bien podían espantar a Rispa, especialmente por la noche; pero en nuestro Señor, al pie de cuya cruz estamos sentados, no hay nada repugnante, sino que todo es atractivo. Nunca hubo una belleza viviente tan encantadora como la del Salvador agonizante. Jesús, nosotros velaremos contigo aún un poco más, y tú revélate benignamente a nosotros: entonces sobre nuestras cabezas no habrá tela de cilicio, sino que estaremos sentados en un pabellón real.

Spurgeon, C. H. (2012). Lecturas vespertinas: Lecturas diarias para el culto familiar. (S. D. Daglio, Trad.) (4a edición, p. 99). Moral de Calatrava, Ciudad Real: Editorial Peregrino.

«Examinemos nuestros caminos y escudriñémoslos, y volvamos al SEÑOR».

30 de marzo

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«Examinemos nuestros caminos y escudriñémoslos, y volvamos al SEÑOR».

Lamentaciones 3:40 (LBLA)

La esposa que tiernamente ama a su esposo ausente ansía su regreso; una prolongada separación de su señor es para su espíritu como media muerte. Así acontece con las almas que aman mucho al Salvador: tienen que ver su faz; no pueden soportar que él esté en los montes de Beter y las deje privadas de su comunión. Una mirada de reproche, un dedo levantado, será penoso para los hijos amantes que temen ofender a su tierno padre y que solo son felices con su sonrisa. Querido amigo, así sucedió una vez contigo. Un texto de las Escrituras, una amenaza, un toque de la vara de la aflicción y, enseguida, fuiste a los pies de tu Padre clamando: «Muéstrame por qué pleiteas conmigo». ¿Pasa lo mismo ahora o estás contento con seguir a Jesús de lejos? ¿Puedes contemplar sin alarmarte que se ha interrumpido tu comunión con Cristo? ¿Eres capaz de tolerar que tu Amado ande en dirección contraria a la tuya, porque tú caminas en dirección opuesta a la de él? ¿Han hecho tus pecados separación entre ti y tu Dios y tu corazón está tranquilo? ¡Oh, permíteme exhortarte cariñosamente!, porque es penoso que podamos vivir en paz sin el presente disfrute del rostro del Salvador. Esforcémonos por sentir lo malas que son estas cosas: el poco amor a nuestro agonizante Salvador, el poco gozo en nuestro precioso Jesús, el poco compañerismo con el Amado… Celebra una verdadera Cuaresma en tu alma mientras te lamentas por la dureza de tu corazón. ¡No detengas el lamento! Recuerda dónde recibiste la salvación. Ve enseguida a la cruz: allí, y solo allí, puedes lograr que tu espíritu se aliente. No importa cuán duros, cuán insensibles, cuán muertos hayamos llegado a estar. Vayamos otra vez con todos los andrajos, la pobreza y la contaminación de nuestra condición natural. Abracemos aquella cruz; fijémonos en aquellos lánguidos ojos; bañémonos en aquella fuente llena de sangre: esto nos hará volver al primer amor; esto restaurará la sencillez de nuestra fe y el afecto de nuestro corazón.

 
Spurgeon, C. H. (2012). Lecturas vespertinas: Lecturas diarias para el culto familiar. (S. D. Daglio, Trad.) (4a edición, p. 98). Moral de Calatrava, Ciudad Real: Editorial Peregrino.

«Lo llamé, y no me respondió».

29 de marzo

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«Lo llamé, y no me respondió».

Cantares 5:6

La oración a veces aguarda, a semejanza de un peticionario que está a la puerta, hasta que el Rey sale a colmar su seno de las bendiciones que busca. Cuando el Señor ha dado una gran fe, por lo general la ha probado con grandes demoras y permitido que las palabras de sus siervos volvieran a sus propios oídos como si estuvieran llamando a un Cielo de bronce. Sus siervos han golpeado en la puerta de oro, pero esta ha permanecido cerrada, como si sus goznes se hubiesen aherrumbrado; y, al igual que Jeremías, han clamado: «Te cubriste de nube para que no pasase la oración nuestra» (Lm. 3:44). Así, los verdaderos santos han continuado por mucho tiempo en paciente espera, sin recibir contestación, no porque sus oraciones no fuesen fervorosas, ni porque fuesen inaceptables, sino porque así le agradó a él, que es soberano y da según su voluntad. Si a él le place ordenar que nuestra paciencia sea ejercitada, ¿no hará como guste con los suyos? Los mendigos no deben elegir el momento, el lugar o la forma en que se les concederá el favor. Sin embargo, debemos tener cuidado de no considerar las demoras en la oración como negativas: los cheques de Dios con fechas atrasadas se pagarán puntualmente. No podemos permitir que Satanás debilite nuestra confianza en el Dios de la verdad, señalando nuestras oraciones no contestadas. Las peticiones no contestadas no indican que no hayan sido oídas. Dios tiene nuestras oraciones en un archivo: no se las llevará el viento, sino que están bien guardadas en los archivos del Rey. Es este un registro en la corte celestial donde cada oración queda asentada. Creyente que has sido probado, tu Señor tiene una redoma en la cual guarda las costosas lágrimas de dolor sagrado, y un libro en donde tus santos gemidos quedan recogidos. Pronto tu súplica prevalecerá. ¿No puedes conformarte con esperar un poco? ¿No será el tiempo del Señor mejor que el tuyo? Él aparecerá pronto para gozo de tu alma, te quitará el cilicio y la ceniza de tu larga espera, y te vestirá con el lino escarlata y fino del deleite pleno.

Spurgeon, C. H. (2012). Lecturas vespertinas: Lecturas diarias para el culto familiar. (S. D. Daglio, Trad.) (4a edición, p. 97). Moral de Calatrava, Ciudad Real: Editorial Peregrino.

«Como incienso agradable os aceptaré».

Charles Spurgeon  H

28 de marzo

«Como incienso agradable os aceptaré».

Ezequiel 20:41

Los méritos de nuestro gran Redentor son como olor suave para el Altísimo. Ya sea que hablemos de la justicia activa de Cristo o de su justicia pasiva, hay en ellas la misma fragancia. Su vida activa, por la cual honró la ley de Dios e hizo que cada precepto brillase como preciosa joya en el puro engaste de su propia persona, desprende un suave olor. Así es también con su obediencia pasiva: cuando soportó con callada sumisión hambre y sed, frío y desnudez y, al fin, sudor de grandes gotas de sangre en Getsemaní; cuando dio su espalda a los heridores y sus mejillas a los que le mesaban la barba, y fue colgado en el cruel madero para que sufriese la ira de Dios en nuestro lugar. Estas son dos cosas fragantes delante del Altísimo; y, en consideración de sus obras y de su muerte, de sus sufrimientos en lugar del pecador y de su obediencia vicaria, el Señor nuestro Dios nos acepta. ¡Qué dulce aroma debe de haber en él para superar nuestra carencia de aroma! ¡Qué suave olor para quitar toda nuestra hediondez! ¡Qué poder purificador en su sangre para borrar pecados como los nuestros! ¡Y qué gloria en su justicia para hacer que criaturas tan inaceptables como nosotros fuesen aceptas en el Amado! ¡Observa, creyente, cuán segura e inmutable debe de ser nuestra aceptación cuando se encuentra en él! Cuídate y no dudes nunca de tu aceptación en Jesús. No puedes ser aceptado sin Cristo; pero una vez que has recibido sus méritos no puedes dejar de serlo. A pesar de todas tus dudas, temores y pecados, el ojo bondadoso del Señor nunca te mirará con ira. Aunque él vea pecado en ti —en ti mismo—, sin embargo, cuando te mira a través de Cristo, no descubre ninguno. Siempre eres acepto en Cristo; siempre eres bendito y amado para el corazón del Padre. Eleva un cántico, pues, y a medida que veas el humeante incienso de los méritos del Salvador subir delante del Trono de zafiro en esta noche, deja que el incienso de tu alabanza ascienda también con él.

Spurgeon, C. H. (2012). Lecturas vespertinas: Lecturas diarias para el culto familiar. (S. D. Daglio, Trad.) (4a edición, p. 96). Moral de Calatrava, Ciudad Real: Editorial Peregrino.

«Y ella dijo: Sí, Señor; pero aun los perrillos comen de las migajas que caen de la mesa de sus amos».

Charles Spurgeon  H

27 de marzo

«Y ella dijo: Sí, Señor; pero aun los perrillos comen de las migajas que caen de la mesa de sus amos». Mateo 15:27

Esta mujer halló aliento en su desgracia, al pensar en Cristo de una forma elevada. El Maestro había hablado acerca del pan de los hijos. «Ahora bien —arguyó ella—, como tú eres el dueño de la mesa de la gracia, sé que también eres un administrador generoso y que, sin duda, hay abundancia de pan en tu mesa. Habrá tal abundancia para los hijos que quedarán también migas que se arrojen al suelo para los perros, y los hijos no lo pasarán peor porque los perros se alimenten». Ella pensaba en Jesús como en uno que mantenía una mesa tan buena que todo lo que ella necesitaba era una migaja en comparación. Recuerda, sin embargo, que la necesidad de la mujer era que el demonio saliera de su hija. Esto era para ella una cosa grande; pero, como tenía un alto concepto de Cristo, se dijo: «Para él esto es nada: solo como dar una migaja». Ese es el camino real hacia el aliento. El tener pensamientos exagerados en cuanto a tus pecados, solo puede llevarte a la desesperación; pero el tener un alto concepto de Cristo te dirigirá al puerto de paz. «Mis pecados son muchos; pero, ¡ah!, a Jesús nada le cuesta el quitarlos todos. El peso de mi culpa me aplasta como aplastaría a un gusano el pie de un gigante; pero esa culpa no es más que una partícula de polvo para él, porque él ya llevó la maldición de la misma en su cuerpo sobre la cruz. El darme plena redención será una insignificancia para él; aunque el recibirla sea para mí una infinita bendición». La mujer abre muy ampliamente la boca de su alma, esperando grandes cosas de Jesús, y él la llena con su amor. Querido lector, haz tú lo mismo. Ella reconoció lo que Cristo le decía, pero se asió fuertemente de él y extrajo argumentos aun de las duras palabras del Señor. Ella creyó grandes cosas de él y así lo conquistó. Ganó la victoria creyendo en él. Su caso es un ejemplo de fe victoriosa: si queremos vencer como ella lo hizo, debemos imitar sus tácticas.

Spurgeon, C. H. (2012). Lecturas vespertinas: Lecturas diarias para el culto familiar. (S. D. Daglio, Trad.) (4a edición, pp. 95–96). Moral de Calatrava, Ciudad Real: Editorial Peregrino.

«Cuando venga en la gloria de su Padre con los santos ángeles».

 Charles Spurgeon H

26 de marzo

«Cuando venga en la gloria de su Padre con los santos ángeles». Marcos 8:38

Si hemos sido partícipes con Jesús en la afrenta, lo seremos también en el esplendor que le rodeará cuando venga de nuevo en gloria. ¿Eres tú, querido amigo, uno con Cristo Jesús? ¿Te liga a él una unión vital? Entonces hoy estás con él en la afrenta: has tomado su cruz y sales con él fuera del campamento llevando su vituperio. Sin duda, estarás con él cuando se cambie la cruz por la corona. Júzgate a ti mismo esta noche, pues si no estás con él en la regeneración, tampoco lo estarás cuando venga en su gloria. Si te retraes del aspecto oscuro de la comunión, no entenderás su brillante y feliz período, cuando el Rey venga y todos sus santos ángeles con él. ¡Qué dices!… ¿ángeles con él? No obstante, él «no socorrió a los ángeles, sino que socorrió a la descendencia de Abraham» (He. 2:16). ¿Están los santos ángeles con Jesús? Ven, alma mía: si tú, en verdad, eres su amada, no puedes quedarte lejos de él. Si sus amigos y vecinos están llamados repetidamente a ver su gloria, ¿qué piensas tú, siendo su desposada? ¿Estarás lejos? Aunque este sea un día de juicio, sin embargo, no es posible que te halles lejos de aquel corazón que, habiendo admitido en su intimidad a los ángeles, te ha recibido también a ti en esa misma relación. ¿No te ha dicho él, oh alma mía: «Te desposaré conmigo en justicia, juicio, benignidad y misericordia» (Os. 2:19)? ¿No han proferido sus propios labios: «Yo te desposaré y mi placer está en ti»? Si los ángeles, que son solo amigos y vecinos, van a estar con él, es también muy cierto que su amada Hefzi-bá, en quien se halla todo su deleite, estará junto a él y se sentará a su diestra. Aquí hay una estrella matutina de esperanza para ti, de tan marcada brillantez que bien puede iluminar la más oscura y desolada de las experiencias.

Spurgeon, C. H. (2012). Lecturas vespertinas: Lecturas diarias para el culto familiar. (S. D. Daglio, Trad.) (4a edición, p. 94). Moral de Calatrava, Ciudad Real: Editorial Peregrino.

Charles Haddon Spurgeon

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Charles Haddon Spurgeon

De los predicadores ingleses del siglo 19 el más popular y ampliamente conocido es, sin lugar a dudas, Charles Haddon Spurgeon.

¿Cuál fue el secreto del éxito de Spurgeon? Era un hombre dotado de una poderosa voz, un dominio del lenguaje sencillo y gráfico, y un gran intelecto. Poder, fervor de concepción y apasionamiento en su llamado han hecho de sus sermones algo único, siempre saturados de cristiana entrega. Pero el más importante ingrediente en el éxito de Spurgeon fue su profundo entendimiento de su Señor y Salvador y su confianza absoluta en su grande gracia y amor. De este ingrediente proviene su necesidad de que otros conozcan, amen y adoren al Señor Jesús, tal como él lo hizo.

Es nuestro deseo divulgar los sermones de Spurgeon en todos los países en donde se habla español. Nuestra intención es traducir en primer lugar aquellos sermones que, hasta donde llega nuestra información, aún no se han traducido. En la medida de lo posible, tratamos de guardar la entonación y el estilo coloquialmente sabroso que caracterizaba su predicación.

Rogamos a nuestro Señor, que se ha dignado usar tantas y tantas miles de veces a Charles Haddon Spurgeon, para traer a la salvación a un sinnúmero de almas, que bendiga estas traducciones, también para salvación de innumerables almas que hablan español.

1834-1855
LOS AÑOS DE FORMACIÓN

alimentemos_el_almaLa biografía del más notable predicador del siglo diecinueve, Charles Haddon Spurgeon, es espléndida. En esta nueva sección biográfica de nuestro sitio dedicado a él, presentaremos los hechos relevantes en cada año de su vida, con la excepción de los años de formación, que incluiremos en forma condensada.

Spurgeon nació en Kelvedon, Essex, el 19 de Junio de 1834. Fue convertido a Cristo en una visita inesperada, debido a una tremenda tormenta de nieve, a una capilla metodista ubicada en Artillery Street, Colchester, el día 6 de Enero de 1850. Recibió el bautismo por inmersión en el río Lark, en Isleham, el día 3 de Mayo de 1850. Predicó durante unos meses en los campos alrededor de la ciudad de Cambridge. Muy pronto se convirtió en Pastor de la Capilla Bautista de Waterbeach, en 1852. Un año más tarde aceptó una invitación para predicar en una iglesia de mucha tradición, ubicada en New Park Street, Londres.

¿Cuál fue el secreto de este éxito tan temprano? La explicación cristiana es la soberanía de Dios y la influencia del Espíritu Santo. Sin embargo, a nivel humano, los hechos esquemáticos que hemos presentado tienen que ser contemplados con mayor detenimiento.

Charles fue el primogénito de diecisiete hijos. Cuando sólo contaba con dieciocho meses de edad, su padre fue a vivir a Colchester donde se encargaba de la contabilidad de un comercio de carbón. Mientras llevaba registros contables ejerció el pastorado de una iglesia independiente en una ciudad cercana llamada Tollesbury. Charles fue enviado a vivir con su abuelo en la localidad de Stambourne. El abuelo también era un pastor devoto, santo y digno de una iglesia independiente. Durante la semana era agricultor y los domingos predicaba. Hizo esto durante cincuenta años.

Desde muy temprana edad, Charles leyó los libros de teología de su padre y de su abuelo. Cuando tenía once años de edad asistió a una escuela en Colchester y más tarde pasó dos años en una escuela de Maidstone. Posteriormente se convirtió en ayudante de maestro en una escuela de Cambridge, y seguramente hubiera sido admitido a la Universidad de Cambridge si se hubiera permitido la entrada a los no-conformistas. En lugar de convertirse en un estudiante, enseñó en una escuela en esa famosa ciudad universitaria.

Spurgeon nunca asistió a ninguna escuela teológica. En una ocasión se le había concedido una cita con el director de un prestigiado seminario, pero por una equivocación de una sirvienta que olvidó informarle a Spurgeon que el director lo esperaba en un salón contiguo, la entrevista nunca se realizó.

En ese entonces ya era Pastor en Waterbeach y su congregación había crecido de un puñado de miembros hasta contar con más de cuatrocientos. Su primer sermón, cuando contaba con sólo dieciséis años de edad, había sido bendecido en Teversham. Fue en la casa de unos campesinos, y continuó predicando hasta que fue a Waterbeach. Durante dos años, la capilla de esa localidad tuvo que ampliarse sustancialmente para albergar a todos los que querían escucharlo. Venían de lejos para oír sus sermones.

Un día le correspondió ser un conferencista especial para un evento de la Unión de Escuelas Dominicales en Cambridge. Un tal señor George Gould participaba en la reunión y después de escucharlo recomendó de manera especial a Spurgeon a su amigo Thomas Olney, un diácono de la Capilla New Park Street, en Londres. Después de cuatro visitas a la Capilla New Park Street, Spurgeon aceptó la invitación para fungir como ministro bajo prueba durante seis meses. En unas pocas semanas y después de una reunión especial de la iglesia, se le pidió a Spurgeon que fuera su pastor permanente. En Abril de 1854 se convirtió en el pastor de New Park Street Chapel.

Muy pronto la capilla no pudo albergar a la creciente congregación. Esa capilla no había visto tanta bendición en muchos años. La influencia de un padre y de un abuelo piadosos, de una madre llena de oración, de las obras de los autores puritanos de los que se rodeaba siempre (y que devoraba con avidez) y de la educación que recibió de un perceptivo director de escuela (a una temprana edad podía leer Latín, Hebreo y Griego) todo esto contribuyó, durante los años formativos de su vida, para que Charles Haddon Spurgeon se convirtiera en el Príncipe de los Predicadores, primero en la Capilla New Park Street, y luego en el Tabernáculo Metropolitano que él mismo construyó.

http://www.spurgeon.com.mx/mcharles.html

“Y en el lugar en donde les fue dicho: Vosotros no sois pueblo mío, les será dicho: Sois hijos del Dios viviente.” Oseas 1:10.

7 de Septiembre

“Y en el lugar en donde les fue dicho: Vosotros no sois pueblo mío, les será dicho: Sois hijos del Dios viviente.” Oseas 1:10.

a1La gracia soberana puede convertir a los extraños en hijos, y el Señor declara aquí Su propósito de tratar así con los rebeldes, y hacerlos conocer lo que Él ha hecho. Amado lector, el Señor ha hecho esto en mi caso; ¿ha hecho algo semejante en tu caso? Entonces juntemos nuestras manos y nuestros corazones para alabar Su nombre adorable.

Algunos de nosotros éramos tan decididamente impíos, que la Palabra del Señor decía en verdad a nuestra conciencia y a nuestro corazón: “Vosotros no sois pueblo mío.” En la casa de Dios, y en nuestros propios hogares, cuando leíamos la Biblia, esta era la voz del Espíritu de Dios en nuestra alma: “Vosotros no sois pueblo mío.”

Era verdaderamente una triste voz condenatoria. Pero ahora, en los mismos lugares, oímos una voz, procedente del mismo ministerio y de la Escritura, que dice:“ois hijos del Dios viviente.” ¿Podemos estar lo suficientemente agradecidos por esto? ¿No es maravilloso? ¿Acaso no nos proporciona esperanza para otros? ¿Quién está fuera del alcance de la gracia todopoderosa? ¿Cómo podríamos perder la esperanza por alguien, puesto que el Señor ha obrado un cambio tan maravilloso en nosotros?

El que ha guardado esta grandiosa promesa, mantendrá cualquier otra; por tanto, prosigamos con cánticos de adoración y confianza.

La Chequer el Banco de la Fe; Traducción de Allan Román.

“Aguarda a Jehová; esfuérzate, y aliéntese tu corazón; sí, espera a Jehová.” Salmo 27:14.

6 de Septiembre

“Aguarda a Jehová; esfuérzate, y aliéntese tu corazón; sí, espera a Jehová.” Salmo 27:14.

a1¡Aguarda! ¡Aguarda! ¡Aguarda a Jehová! Él es digno de que se le espere. Él no defrauda al alma que espera.

Mientras esperen, mantengan el ánimo. Esperen una gran liberación, y estén prestos a alabar a Dios por ella.

La promesa que debería alentarlos, está en el centro del versículo: “aliéntese tu corazón.” Esto va de inmediato al lugar donde necesitan ayuda. Si el corazón está sano, todo el resto del sistema trabajará bien. El corazón necesita tranquilidad y aliento; y estos elementos vendrán si está fortalecido. Un corazón potente descansa y se regocija y bombea fuerza al hombre entero.

Nadie más tiene acceso a esa secreta urna de vida, el corazón, para suministrarle fortaleza. Solamente el que lo hizo puede fortalecerlo. Dios está lleno de fortaleza, y, por eso, puede impartirla a quienes la necesitan. Oh, tengan valor; pues el Señor les impartirá Su fortaleza, y estarán tranquilos en la tempestad, y alegres en la aflicción.

El que escribió estas líneas, puede expresar como David: “Sí, espera a Jehová.” En efecto, ciertamente, lo digo. Sé por una larga y profunda experiencia que es bueno que aguarde a Jehová.

      La Chequera del Banco de la Fe. Traducción de Allan Román.