1/3 – Conocer vs sentir

Aviva Nuestros Corazones

Serie: Qué hacer cuando la vida duele

1/3 – Conocer vs sentir

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Carmen Espaillat : ¿Basas tus acciones más en lo que sabes o en lo que sientes? Aquí está Nancy Leigh DeMoss en la voz de Patricia de Saladín.

Nancy Leigh DeMoss: Nuestra conclusión es “Si no lo siento, no debe ser verdad”. En realidad, no decimos eso, pero, por lo general lo que sentimos nos importa más de lo que sabemos. Aquí es donde yo creo que muchas mujeres terminan afectadas emocional y espiritualmente. Porque ellas están confiadas en que sus sentimientos son un barómetro exacto de la verdad.

Carmen : Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss.

Todos pasamos por situaciones dolorosas. Durante toda esta semana, Nancy ofrecerá consejos prácticos sobre qué hacer cuando la vida duele. Durante los tiempos estresantes es importante actuar de acuerdo a la verdad que conocemos en lugar de cómo nos sentimos en esos momentos. ¿Como podremos aprender hacer esto? Aquí está Nancy para mostrarnos.

Nancy: Estamos hablando acerca de cómo algo que conocemos intelectualmente puede ser muy diferente de lo que llega al corazón. Yo creo que la victoria empieza con lo que sabemos. Si tú no conoces la verdad, entonces esta nunca va a llegar a tu corazón.

Hay mucha gente que conoce mucho de la verdad pero esa verdad nunca afecta la forma como se siente, o como vive, o actúa, o como responde. Pero una vez que conocemos la verdad, es en ese momento cuando necesitamos comprometernos con todo este proceso de santificación para cada área de nuestras vidas.

En primer lugar está lo que pensamos. La batalla empieza en la mente, porque mientras nos aferremos a las mentiras, éstas continuarán controlando la forma en la que nos sentimos y la forma en que vivimos. Pero una vez conocemos la verdad y la hemos aceptado intelectualmente, entonces necesitamos la función del Espíritu.

Y es el trabajo del Espíritu el santificar, limpiar, lavar, y renovar cada una de las áreas de nuestras vidas como son nuestras emociones, nuestra voluntad y nuestro comportamiento. Yo creo que para nosotras las mujeres, las emociones son nuestro punto débil. Porque muchas veces conocemos la verdad, pero porque no lo sentimos, nuestra conclusión es: “Bueno si no lo siento, entonces no debe ser verdad”.

Ahora, seguro que no lo diríamos así, pero por lo general lo que más nos importa a nosotras las mujeres es lo que sentimos, más aún que lo que sabemos es realmente la verdad. Yo creo que aquí es donde muchas de las mujeres terminan afectadas emocional y espiritualmente. Ellas están confiadas en que sus sentimientos son un barómetro exacto de lo que es la verdad. Yo creo que este es un principio que nosotras las mujeres debemos tener muy pendiente durante toda nuestra vida, y es no darle mucho crédito a nuestras emociones.

Los sentimientos en sí mismos no son malos; no son inherentemente pecaminosos, pero pueden ser muy engañosos. No hay un día que pase en el que yo no tenga que examinar mis emociones. Porque por lo regular mis emociones siempre tienden a llevarme a creer y hacer cosas que no son consistentes con la Palabra de Dios. Y yo quiero llegar a ser disciplinada en esta área de mis emociones.

Una cosa es disciplinar nuestros cuerpos, pero otra cosa es disciplinar nuestras mentes. Todas reconocemos que es muy difícil decirle a nuestras emociones “no van a gobernar mi vida”. Mis sentimientos pudieran ser algo como esto: Es que no tuve muchas horas de sueño en las últimas noches, o estoy en tal o cual etapa de mi vida, o estoy en ese día del mes’, o donde sea que nos dirijan. Tenemos que disciplinar nuestras emociones. Tenemos que ser muy disciplinadas en esta área.

Pero yo creo que la misma cosa que santifica nuestras mentes, la Palabra de Dios, es también lo que santifica nuestras emociones . Es un proceso. No sucede simplemente con seis semanas de citas de consejería. No sucede con sólo sentarte en la iglesia el Domingo en la mañana y escuchar la Palabra. Sucede cuando hago un compromiso de lavar todo mi ser con la Palabra de Dios, un día tras otro.

Es la Palabra: la que nos sana, nos limpia, nos renueva. Me doy cuenta que si no soy consistente con lo que yo llamo mega dosis de la Palabra en mi alma, mis emociones serán mucho más fuertes, estarán mucho más elevadas y fuera de proporción de lo que debieran estar. Y tenderé a hacerle caso a mis emociones. Porque son muy poderosas, particularmente en nosotras las mujeres.

He visto al Señor una y otra vez tomar control sobre mis emociones cuando estas están fuera de control. Es asombroso cómo un miembro de la familia puede decir algo sin importancia, algo que si dicho por otra persona, no te irrita tanto, no duele de la misma forma. Pero viene de esa persona de quien quieres tener aprobación, y eso hiere tus emociones. Tú sabes lo que es darle vueltas y vueltas en la cabeza a esa irritación por largo tiempo, obsesivamente, hasta que ya lo ves totalmente fuera de proporción, y ese pensamiento comienza a controlarte, comienza a dirigirte.

La próxima vez que ves esa persona, estas lista para matarla. Entonces te detienes y dices “Pero espera un minuto, son las emociones las que están manejando mi vida.

Y he visto al Señor muchas, muchas, muchas veces tomar la Palabra y usarla para controlar, para manejar, para dirigir mis emociones.

Me encanta lo que hago. Yo amo mi ministerio, amo a la gente, la mayoría del tiempo. Pero hay muchos momentos, cuando en mi propia fatiga, o mis debilidades, o por sentirme inadecuada e incapaz, no me siento a la medida de lo que Dios está esperando de mí, o no puedo responder a los retos que Él está poniendo en mi vida que muchas veces tienen que ver con mis relaciones.

Es ahí entonces cuando debo recurrir a la Palabra de Dios, de rodillas, y decir, “Señor, lava mis emociones”.

Dios puede hacerlo en un momento. Él puede hacerlo con un pasaje particular, con una palabra especifica, pero yo creo que la clave es que esto ocurre al pasar el tiempo. Ocurre en semanas y meses y años de fielmente permanecer en la Palabra de Dios, meditando en ella, memorizándola, recitándotela a ti misma y a otros, cantándosela de vuelta al Señor… O cualquier cosa que tengas que hacer para grabarla dentro de tu corazón.

Y ese es el fundamento. Cuando tienes esas emociones que van en todas direcciones, o esa palabra hiriente penetra, o cuando viene ese recuerdo de algo muy doloroso que te pasó en tu niñez… Tal vez alguien pecó contra ti, y ese recuerdo vuelve otra vez. Tal vez es el rostro de esa persona que arruinó tu matrimonio, esa ex pareja, ese maestro o esa niñera que lastimó tu hijo o tu hija. Esa imagen, ese rostro viene a tu mente y tus emociones solo desean castigarla. Tú quieres estar amargada, tú quieres estar enojada, quieres aferrarte, y alimentar y atesorar todos esos sentimientos.

Pero si tú has puesto el fundamento sólido de pensar bíblicamente acerca de Dios, acerca de ti misma, acerca de tus circunstancias, y de los propósitos y los planes de Dios, entonces durante el momento de crisis, o en el momento de estrés, o en esos momentos cuando las emociones están corriendo sin parar, podrás ir de regreso a la Palabra de Dios y rápidamente mantenerte aferrada a la Verdad.

Pero si tú no lo has estado haciendo por un largo tiempo, quizás semanas o meses, o años, entonces cuando estés en la crisis y abras tu biblia y le digas “Dios has algo con este problema”, quizás Dios te dé de Su gracia y te de justamente la palabra necesaria, el versículo que te ministre en ese momento. Pero no tendrás la reserva, no tendrás el pozo del cual puedas extraer las verdades para suplir y para llenar tus necesidades en ese momento. No puedo dejar de mencionar la importancia de esto.

A menudo digo que si tan solo tuviera un solo mensaje para compartir con las mujeres, seria el mensaje sobre la vida devocional. Y con esto no me estoy refiriendo simplemente a hacer devocionales.

Me refiero al hábito diario de tomarnos tiempo a solas con el Señor para cultivar nuestra relación con Él, para llegar a conocerlo en Su Palabra, respondiendo a Él en alabanza, en admiración, en oración, en humildad, en confesión y arrepentimiento, ingiriendo la Palabra. Gracias a la influencia de mis padres yo desarrollé el hábito de leer las Escrituras, ellos desde el momento en que se convirtieron a Cristo empezaron a leer las Escrituras diariamente. Y con ese ejemplo en mi hogar, he leído a través de las Escrituras ya no sé cuántas veces. No hay una sola forma correcta de hacerlo, pero si sé que mi necesidad es mucha. Entonces trato de entrar una mega dosis de las Escrituras dentro de mi sistema.

Cuando te resfrías, ¿has visto como te dicen que tomes mucha vitamina C y equinacea y que bebas mucha agua? Bueno ese es un ejemplo de lo que debes hacer con la Palabra, empiezas a meterla de forma masiva en tu sistema.

Bueno, si como estilo de vida estás consumiendo la Palaba de Dios, entonces no carecerás de reservas. Y los retos, y el dolor, y las heridas que vienen con la vida, porque vendrán (no puedes evitarlos), en la medida en que vengan a tu vida, tendrás la habilidad para responder a esos problemas porque tu corazón está aferrado a la verdad. Y eso no sucede de la noche a la mañana. No hay atajos para esto. Es un estilo de vida, muy parecido a la dieta física.

Una cosa es empezar una dieta de comida saludable por seis meses —lo cual no es una mala idea— pero sería mucho mejor si realmente te interesara tu condición general, tu condición física general; si te interesaras por tener un estilo de vida saludable.

Acabo de hacer un gran cambio en mi estilo de alimentación, y estoy comprometida en eso, no solo por un corto período de tiempo pero si el Señor lo permite, por el resto de mi vida. Y lo acabo de decir, así que ahora estoy obligada a hacerlo Pero sé que eso es lo que necesito y sé que eso es lo que va a hacer la diferencia. Ha sido un cambio drástico, pero sé que si lo hago solo por un poco de tiempo no habrá mucha diferencia. Tiene que ser una meta a largo plazo. Y eso es difícil.

El meternos en la Palabra de Dios cada día y dejar que ésta nos ministre y que nos lave es difícil. Estamos ocupadas y el tiempo para ello nunca llega. Necesitamos tomar decisiones, necesitamos ser responsables. Esto significa que algunas veces fallaremos — en ocasiones, o muchas veces— pero debemos levantarnos y continuar otra vez y decir, “No es una carrera de corta distancia la que estoy corriendo, es un maratón; es a campo traviesa; esto es algo a largo plazo”.

Estoy decidida a hacerlo y necesitamos comprometernos con ayudarnos unas a otras. Este es el compromiso que creo que realmente nos dará la gracia para obtener la sanidad de nuestras emociones dañadas y que nos dará las reservas para responder cuando nuestras emociones sean retadas.

Carmen: Nancy Leigh DeMoss está en medio de una de las series tituladas “Qué hacer cuando la vida duele”. Miembros de nuestra audiencia le han hecho a Nancy algunas preguntas difíciles. Aquí está ella respondiendo a la pregunta: ¿Qué haces cuando tus problemas parecen ser más reales que la Biblia?

Nancy Leigh DeMoss : Ahí es cuando tenemos que aconsejar a nuestro corazón de acuerdo a la Palabra de Dios. Tienes razón… A veces nos vemos en esa situación cuando valoramos mucho nuestras emociones. Nos volvemos muy débiles espiritualmente. El problema es que nos hemos acostumbrado a pensar que lo que sentimos es real, y es porque le hemos dado mucha importancia a nuestras emociones. Y muchas veces mis sentimientos no tienen conexión con la realidad.

Ahora bien, no es que las circunstancias no sean reales. Hay cosas que son dolorosas, hay cosas que son difíciles y hay retos. No es que estemos exagerando, bueno, aunque a veces sí somos emocionales sin razón. Pero a veces realmente hay razones relacionadas con nuestra salud, o con tiempos de pérdida y de sufrimiento.

El otro día estaba yo hablando con alguien acerca del número de funerales a los que he asistido durante mi vida; llorando con personas de mi propia familia, o junto a otras familias; experimentando pérdidas que van desde personas ancianas hasta bebés pequeños… Cosas que son inexplicables y difíciles de comprender cuando se trata de alguien cercano.

Esas son emociones naturales y no son necesariamente pecaminosas o malas. Lo que está mal es dejar que estas emociones dicten la forma en que voy a vivir o dejar que esas emociones me lleven a creer algo que no es verdad. El hecho de que esté sufriendo, que sienta perdida o que sienta dolor, no significa que Dios no está interesado, no significa que no voy a sobrevivir. Tal vez sienta que no voy a sobrevivir esto, pero eso no es verdad.

El hecho de que yo me sienta mal no es necesariamente malo o pecaminoso. Tal vez haya circunstancias que realmente me hagan sentir mal. Lo que es pecado es cuando yo permito que mis emociones sean las causantes de empezar a pensar cosas que no son verdaderas, y entonces que yo alimente esos pensamientos para después empezar a actuar en base a mis sentimientos.

Personalmente, muchas veces me tengo que obligar a mí misma a enfrentar los problemas y cuando no puedo hacerlo por mí misma —y ciertamente he estado ahí— he pedido a Dios que me rodee con personas que me ayuden a hacerlo. Porque para eso es el cuerpo de Cristo.

Durante esos tiempos es muy bueno tener una amiga misericordiosa o un amigo misericordioso; que pueda poner sus brazos alrededor tuyo y decirte “¿Sabes qué? Estarás bien, tú vas a sobrevivir”.

Pero te digo algo, por la manera en que estoy constituida y por mi forma de ser, en esos momentos, también necesito personas que puedan venir a decirme “Piensa solamente en lo que es verdad”. Personas que me reten y que me obliguen a enfrentar la verdad.

Y también ha habido ocasiones en las que he dejado que mis emociones se salgan de control. Te digo algo sobre mis emociones: si les doy una pulgada, se toman una milla. Y hay algunos pensamientos y sentimientos que no puedo darme el lujo de soltar.

El problema es como que a nosotras nos gusta vivir con esas emociones. Queremos alimentarlas. Queremos saborear otra vez esos pensamientos. Queremos pensar y pensar sobre ese dolor. Tenemos que llegar a ser disciplinadas espiritualmente y decir “Yo no puedo permitirme a mí misma continuar teniendo malos pensamientos en contra de esa persona, aunque lo que me hicieron sin duda alguna fue muy malo. Yo tengo que escoger el camino del perdón.

Recuerdo específicamente una situación en la que yo fui muy lastimada por algo que se dijo durante una reunión en la que yo estaba presente. Era una especie de acusación que fue dirigida hacia mí. Yo sentí que esto era totalmente injustificado; no era verdadero. Venía de alguien cuya aprobación era importante para mí. Esto fue hecho en público en una reunión y yo estaba muy dolida. Solo recuerdo haberme ido a mi casa llorando, me estaba doliendo muy profundamente. Luché por varias horas, hasta la mañana siguiente con este problema.

Una parte de mi (yo no lo hubiera admitido en ese momento) realmente quería estar enojada con esa persona. Quería aferrarme a ello, no quería liberarlo. Pero yo sabía en mi corazón que el único camino a mi libertad era dejarlo ir; escoger el camino del perdón. Creerías si te digo que a la mañana siguiente, durante mi tiempo de devoción — sé que sí lo creerás, porque Dios hace esto muy a menudo— estaba justo leyendo las Escrituras. Estaba en Mateo capítulo 5, en las bienaventuranzas, en el Sermón en el Monte, donde Jesús está hablando sobre el perdón.

Perdón. Él solo dijo, “hazlo”, y te diré que sentía que para mí era como si me estuviera forzando a abrir los dedos de mi puño cerrado, porque yo todavía estaba sintiendo muy intensamente las heridas de aquellas palabras y me sentía muy a la defensiva.

En mi mente estaba imaginándome maneras en las que pudiera aparentar ser espiritual mientras estaba hiriendo a esa persona como me había herido. Y yo quería aferrarme a ello. Quería asegurarme de que esa persona supiera cuánto mal me había hecho y cuánto me había lastimado y para ese entonces mis emociones estaban fuera de control.

Pero la Palabra de Dios me decía “Perdona, libéralo”. Mis sentimientos gritaban lo opuesto: aférrate sujétalo, ataca. En realidad no iba a tener un ataque de gritos, pero conocía algunas formas muy sutiles con las que podía hacer a esta persona sentir dolor. Pero Dios me dijo “NO” y entonces me encontré enfrentándome a una decisión.

Conocí la verdad durante noche anterior, pero no traté con ello inmediatamente sino que lo dejé seguir por horas, y algunas de nosotros hemos hecho esto no solo por horas, sino por semanas; por meses. Yo he estado ahí también. Algunas han vivido por años rehusándose completamente a perdonar. Entonces tus emociones se convierten en el “dios” de tu vida. Tú has quitado a Dios de Su trono —no que a Dios se le pueda quitar de Su trono— pero en tu vida tú estás actuando como si Él no fuera Dios.

Bueno, pues me acerqué a mi silla donde paso mi hora de comunión íntima con Dios, y me arrodillé allí y solo con un acto de mi voluntad dije “Yo perdono, lo dejo libre. Estoy cediendo el derecho de alimentar este dolor. Estoy cediendo el derecho de continuar viviendo en esto. Estoy cediendo el derecho a mi reputación, a lo que esta persona o cualquier otra persona de ese salón puedan pensar de mí. Me rindo por completo. Estoy dejando ir, liberando a esa persona”.

Y después, por supuesto, lo que más nos ayuda con esto, especialmente cuando esto involucra personas que nos han lastimado, es dar un paso más allá: cuando devolvemos bendición por maldición; cuando buscamos formas de invertir en las vidas de aquellas personas que nos han lastimado, buscando ver cómo esa persona nos habló de esa forma mostrando su necesidad de ser ayudada, y esto es lo que se ha revelado.

Por eso es que Romanos capítulo 12 versículo 20 dice “Si tu enemigo…” Esta hablando aquí acerca de regresar bendición por maldición. Entonces nos dice que vayamos un paso mas allá. “Si tu enemigo tuviere hambre dale de comer”.

Está diciendo realmente, “Tu enemigo está demostrando por la forma en que te ha tratado que él tiene una necesidad en su vida”. Trata de encontrar la forma de saber cuál es esa necesidad. ¿Está hambriento? ¿Está sediento? ¿Alguna vez, él o ella han recibido una bendición en su vida? ¿Qué necesidad están manifestando? Y después pídele a Dios que te muestre como puedes ser un instrumento de ayuda para llenar esa necesidad.

Tú puedes llegar a ser un instrumento de sanación en la vida de esa otra persona, pero yo creo que el poder está en como eso nos sana también a nosotros. Nos está liberando. En la medida en que empiezas a orar por aquellos enemigos, por aquellas personas que te han dañado; en la medida que oras por las bendiciones de Dios en las vidas de ellos, para hacerles bien, para amarlos, para bendecirlos, te darás cuenta que ya no puedes continuar odiando a la persona por quien estás orando.

Tú no puedes estar por un lado alimentando el enojo, los celos, la hostilidad, o los sentimientos competitivos y a la misma vez, orar para que Dios bendiga a esa persona. No hay espacio en tu mente para ambos pensamientos al mismo tiempo. Entonces reemplaza —desplaza y reemplaza— la negatividad, el enojo, la amargura, el resentimiento y las emociones fuera de control por pensamientos que son puros, verdaderos y buenos . A medida que inviertes en la vida de esa persona, Dios te libera de las ataduras de esas emociones.

Carmen: Este útil mensaje de Nancy Leigh DeMoss es parte de la serie Qué hacer cuando la vida duele.

El programa de hoy es un buen ejemplo de la misión de Aviva Nuestros Corazones. Estamos ayudando a las mujeres a encontrar libertad, plenitud y abundancia de frutos en Cristo. Sabemos que tú puedes ser liberada de la amargura sin importar qué situación dolorosa hayas tenido.

Tal vez conozcas a alguien más que esté pasando por una situación dolorosa en estos momentos, y quizás te gustaría compartir esta serie como una fuente de ayuda para ministrarles gracia a ellos en su hora de necesidad.

Nancy : Recientemente recibí una nota de un oyente masculino en Canadá él nos dijo:

“Sé que tu ministerio está orientado a las mujeres, pero he sido muy motivado por Aviva Nuestros Corazones, algunas veces las cosas se han visto muy sombrías y siempre hubo aliento para mí. No puedo apoyarlos económicamente pero están en mis oraciones.

No les puedo decir cuánto significan para mí esas oraciones de nuestros oyentes. Estamos absolutamente impedidos de hacer cualquier cosa sin la ayuda del Señor, por eso necesitamos tanto de que nuestros oyentes me presenten a mí y a este ministerio delante del Señor.

Quizás el Señor te tiene a ti en un lugar donde sí puedes aportar para Aviva Nuestros Corazones, puedes hacer una contribución en línea visitándonos en AvivaNuestrosCorazones.com o puedes llamar al 1-800-569-5959 desde los Estados Unidos o Canadá. Si llamas asegúrate de pedir que tu ofrenda se aplique al ministerio hispano.

Carmen: Bueno Nancy Leigh DeMoss estará de regreso para continuar con esta serie ella cubrirá muchos temas prácticos como que hacer cuando tu esposo te está lastimando, por favor continúa acompañándonos en Aviva Nuestros Corazones.

Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh Demos es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras son tomadas de La Biblia de las Américas a menos que se indique lo contrario.

Tomado de: Aviva Nuestros Corazones

Todos los Derechos Reservados

Disponible sobre el Internet en: http://www.avivanuestroscorazones.com

2/2 – Preparados para la batalla 

Aviva Nuestros Corazones

Serie: La batalla después de la batalla

2/2 – Preparados para la batalla

Carmen Espaillat : Aquí está Nancy Leigh DeMoss.

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Nancy Leigh DeMoss: Vas e impartes un estudio bíblico, Dios obra de una manera maravillosa y las vidas de las personas están siendo impactadas y animadas. Pero luego llegas a casa y le gritas a tus hijos. Pero ¿Cómo puede esto suceder? Pasa porque no estamos preparadas para la batalla después de la batalla. No te sorprendas.

Carmen : Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con la autora de “Mentiras que las mujeres creen, Nancy Leigh DeMoss, en la voz de Patricia de Saladín. ¿Alguna vez has estado sorprendida por tu propia inconsistencia? Un día estás caminando en comunión estrecha con Dios y el próximo estás impaciente, preocupada. ¿Por qué somos así? Nancy nos va a hablar acerca de esto como parte de la serie, La batalla después de la batalla.

Nancy: Hemos estado hablando esta semana acerca de las batallas espirituales que enfrentamos. Estamos viendo un texto, Génesis capítulo 14, donde Abraham enfrentó una gran batalla contra algunos reyes poderosos, pero Dios le dio una gran victoria, igual como Dios nos permite a nosotras tener victoria en algunas de las batallas que enfrentamos.

Y en el programa anterior vimos una segunda parte de este pasaje donde él llega a casa luego de la batalla, habiendo conquistado y habiendo tenido exitoso en derrotar estos poderosos reyes del Oriente para poder rescatar a su sobrino Lot, quien era un prisionero de guerra. Ahora Abraham regresa a casa, victorioso, probablemente regocijado y definitivamente exhausto. Este había sido un tiempo agotador en su vida. Él ahora enfrentará lo que yo llamo la batalla después de la batalla.

He sugerido frecuentemente porque lo he visto en mi propia vida que la batalla más estratégica, la batalla más crucial y a la que nosotras somos más vulnerables, que tenemos más probabilidades de perder no es la gran batalla visible donde todo el mundo está orando por nosotras o animándonos, y donde la adrenalina fluye en nosotras. Estamos en dependencia de Dios y ganamos esa batalla por Su gracia. Pero cuando llegamos a casa, volvemos a las realidades del diario vivir, y nos damos cuenta de que no estamos preparadas para vivir la batalla después de la batalla.

Cuando Abraham, o Abram como es llamado en el pasaje, regresó a su casa, el versículo 17 nos dice que «salió a su encuentro el rey de Sodoma en el valle de Save, es decir, el valle del Rey». Hay dos reyes en este pasaje. El rey de Sodoma es el primero que conocemos.

Como hemos estudiado en este pasaje, sabemos que Sodoma y Gomorra eran lugares llenos de pecado, así que pienso en el rey de Sodoma como la representación de los enemigos que enfrentamos en este mundo, en el sistema del mundo, nuestra carne, los deseos naturales de nuestra carne y Satanás mismo. Estos son todos enemigos con los que lidiamos día tras día.

Todo lo que el versículo 17 nos dice es que el rey de Sodoma salió a su encuentro. Antes de que nos den alguna explicación de lo que sucedió en ese encuentro con el rey de Sodoma, hay otra descripción de otro rey que sale a encontrarse con Abraham. El segundo rey es Melquisedec, rey de Salem. El rey de Sodoma sale a encontrarse con Abraham, pero antes de hablar con ese rey, Abraham tiene un encuentro con el rey de Salem. Él necesitará urgentemente este encuentro con el rey de Salem para estar preparado para hacer negocios y ganar la batalla después de la batalla con el rey de Sodoma.

Melquisedec es un nombre con el que probablemente estás familiarizada si has estudiado el Antiguo Testamento y el libro de Hebreos. Melquisedec sale a encontrarse con Abraham justo en el momento necesario. Déjame decirte que Dios sabe exactamente cuándo enviar los recursos que necesitamos para que salgamos victoriosas en la batalla después de la batalla.

El nombre Melquisedec significa «rey de justicia». Su nombre significaba «rey de justicia» y él era el rey de Salem que significa «el rey de paz». El rey de justicia y de paz.

Muchos comentaristas están de acuerdo en que esto probablemente fue lo que los teólogos llaman una “teofonía” que es una aparición en el Antiguo Testamento de Jesucristo pre-encarnado antes de Su venida al mundo como hombre. Cristo, quien es nuestro gran Sumo Sacerdote y nuestro gran Rey, el sacerdote-rey. También tenemos referencias de paz y justicia a través de toda la Biblia.

El Salmo 85 el versículo 10 nos dice que “la justicia y la paz se han besado”. ¿A quién se refiere? se refiere a Cristo tenemos justicia y paz. El Salmos 72 el versículo 3 nos dice que la paz viene con la justicia.

Antes de este momento, de este punto en la historia, es posible que Abraham no hubiera conocido a otros creyentes. Él estaba muy solo como creyente, así como tú lo pudieras estar en tu trabajo, en tu familia o en el mundo donde vives. Puedes pensar que andas sola en tu caminar con Dios o sentir que lo estás. Es algo hermoso ver como Dios usa este encuentro con el rey de Salem para fortalecer su fe y ministrarle gracia a Abraham en un momento de necesidad y darle el aliento que va a necesitar para enfrentar al rey de Sodoma.

Noten que Abraham no trata con el rey de Sodoma hasta no haber hablado antes con el rey de Salem, que es una figura de Cristo. Él es quien nos dará la gracia que necesitamos para lidiar con nuestros enemigos en el mundo, con nuestra propia carne y con el diablo. Es este encuentro con el rey de Salem que prepara a Abraham para tratar con el rey de Sodoma y ganar la batalla después de la batalla.

Vemos en el versículo 18 que dice: “Entonces Melquisedec, rey de Salem, sacó pan y vino; él era sacerdote del Dios Altísimo. Y lo bendijo”. Melquisedec bendijo a Abraham y dijo “Bendito sea Abraham del Dios Altísimo creador del cielo y de la tierra; y bendito sea el Dios Altísimo que entregó a tus enemigos en tu mano. Y le dio Abraham el diezmo de todo” (versículos 18- 20).

Y ahora vamos a profundizar en estos versículos y determinar qué fue lo que el rey de Salem le proveyó a Abraham para ayudarlo a ganar la batalla después de la batalla. La Escritura dice que él sacó pan y vino. Lo obvio es que él suplió refrigerio físico y alimento físico. Abraham estaba muy agotado. Dios se encargó de suplir sus necesidades físicas.

Pero creo que hay una figura más profunda aquí que el pan y el vino. Es una imagen de comunión, de hermandad, de relación. Probablemente fue el único creyente que conoció, con excepción de su esposa, y estaba solo en un mundo impío. Pero Dios puso a alguien en su camino para decirle “No eres el único creyente. Puedes tener comunión. Hay un cuerpo aquí y vamos a participar juntos”.

Cuando leo este pasaje, pienso en Apocalipsis capítulo 3 en el versículo 20 donde se nos dice que Cristo vendrá y cenará con nosotros y nosotros con Él. Él quiere tener comunión y una relación estrecha con nosotras. La relación que Cristo nos ofrece con Él mismo es la que nos animará cuando salgamos y nos enfrentemos con los enemigos de este mundo.

Entonces veo en este cuadro un anticipo de la Cena del Señor, donde se ofreció por primera vez una comunión apuntando hacia el futuro como un tipo del día cuando Cristo diría, “Este es mi cuerpo que es molido por ti. Esta es mi sangre la cual fue derramada por ti. Quiero que coman de él. Te fortalecerá. Te nutrirá. Te redimirá, y será tu vida” (ver Mateo 26:26-29).

Luego vemos que Melquisedec bendice a Abraham. Él le recuerda a Abraham el Nombre de Dios y el carácter de Dios. Cuatro veces en el pasaje vemos referencia a El Eyon. Ese es el nombre hebreo de Dios que significa “Dios Altísimo”. Melquisedec está diciendo “Dios es el rey soberano sobre todos los reyes terrenales, los poderosos y todas las circunstancias”. El Eyon, el Dios Altísimo, es el dueño del Cielo y de la Tierra.

¿Cuál era la implicación de esto para Abraham en aquel momento? La implicación era “Abraham, tú perteneces a Dios porque Él posee todas las cosas en el Cielo y en la Tierra, todo este botín, todos estos despojos de la batalla le pertenecen a Él. Dios es el dueño del Cielo y de la Tierra. No son para ti. Son de Dios”. Le pertenecen a Dios.

Dios es el Dios Altísimo. Esto debió animar a Abraham, al recordar que si temía a las represalias de los reyes del Oriente, Dios era el Rey sobre todos los reyes y sobre todos los poderes de este mundo.

Entonces Melquisedec guió a Abraham a adorar a Dios. “Bendito sea el Dios Altísimo”. No puedes exaltar a Dios y exaltarte a ti misma al mismo tiempo. De hecho, Melquisedec le recordó a Abraham de quien había sido la victoria, no fuera a ser que Abraham pensara en tomarse el crédito para sí mismo. Melquisedec le dijo: “Bendito sea el Dios Altísimo que entregó a tus enemigos en tu mano”. Solo un recordatorio.

Pero todos necesitamos esos recordatorios. “Abraham, tú no ganaste esta batalla. Esta batalla no fue ganada en tus propias fuerzas. Esta batalla fue ganada en las fuerzas del Señor. Tú se lo debes todo a Él. Todo el crédito, toda la gloria es de Él. Ni se te ocurra tomarte el crédito. Acuérdate quién obtuvo la victoria”.

Después de esto, Abraham le da a Melquisedec una décima parte de todo, un diezmo sugiriendo primero agradecimiento a Dios por haber ganado esta victoria para Él. Y luego un reconocimiento de que los cielos y la tierra son de Dios, de que Él es el dueño de todo y que nada de esto me pertenece a mí; cualquier bendición que haya recibido proviene de Dios.

Así qué en este encuentro con el rey de Salem, Melquisedec, el rey de justicia, el rey de paz, un tipo, una imagen, tal vez hasta una aparición de Cristo mismo, Abraham es fortalecido. Abraham es animado. Y se le recuerda de dónde vino y quién es él. También se le recuerda quién es Dios. Y él es bendecido y va a necesitar todo lo que ha recibido en este encuentro para poder enfrentar al rey de Sodoma, quien no se ha ido.

El rey de Sodoma no se irá de tu vida. Mientras vivas en este planeta, vas a tener que enfrentar el mundo, la carne, y al diablo —nuestros tres enemigos—hasta que lleguemos al Cielo. No trates de batallar con el rey de Sodoma. No trates de negociar con el rey de Sodoma. No trates de enfrentar la batalla después de la batalla hasta no haber tenido un encuentro con el Señor Jesús.

Ahora, yo sé que después de los tiempos de mayores victorias espirituales para mi vienen los tiempos de mayor vulnerabilidad, los tiempos de mayores tentaciones, los tiempos donde estoy más propensa a ceder ante los deseos de mi carne.

Y es por esto que después de esas grandes victorias visibles necesito asegurarme de que tengo tiempo a solas con el Señor, necesito asegurarme de estar en Su presencia, de tener comunión con Él y dejar que Cristo ministre fortaleza, gracia y alimente mi corazón; tener comunión con Él y dejar que Él tenga comunión conmigo, participar de Él por la fe y que se me recuerde quién es Dios, que Él es el Dios Altísimo, quien posee los cielos y la tierra, que yo le pertenezco a Él y que todo lo que tengo y que todo lo que ha sido ganado en esta victoria espiritual, nada me pertenece, todo es de Él.

Tener esa reunión con el Rey de Salem, esa reunión es generalmente una reunión en privada. No toma lugar con muchas personas. En una multitud es precisamente cuando necesito alejarme de la multitud, alejarme de las actividades, de las reuniones, negocios, responsabilidades y estar a solas con el Señor, de rodillas en Su presencia, para que me fortalezca para la reunión con el rey de Sodoma.

Génesis capítulo 14 versículo 21 dice: “Y el rey de Sodoma dijo a Abram: Dame las personas (los prisioneros de guerra) y toma para ti los bienes”.

Y aquí hay una pista. En la batalla después de la batalla, el rey de Sodoma, que es la imagen de los diversos enemigos que enfrentamos: el mundo, la carne, el diablo, siempre nos dirán que seamos tomadores, que tomemos cosas. “Te mereces un descanso hoy. Has trabajado tan duro. Todos deberían ser muy buenos contigo ahora. Tus hijos deben simplemente callar y obedecerte, y decir que eres maravillosa, y hacerte la vida más fácil porque has luchado tan duro en esta batalla. Toma para ti».

Nota lo que Abraham hizo en el versículo 20, justo el versículo anterior. Él le dio a Melquisedec una décima parte de todo. Así es la gracia. Esa es la manera de Dios, ser una dadora. Tú dices “Ya he dado tanto, no puedo dar más”. Yo he estado ahí. “Es tiempo para que alguien me dé a mí ahora. Estoy cansada, gastada, exhausta. No tengo nada más que dar”. El camino de la gracia nos dice que sigamos dando, que Dios va a seguir renovándonos para que puedas seguir dando.

En cambio el camino de la carne, el camino del mundo, el camino del diablo, el camino del rey de Sodoma dice: “Toma algo para ti. Toma un receso. Toma el crédito. Toma la oportunidad para complacer tu carne. Te lo mereces. Peleaste tan duro en esta batalla”. Esto es ahora la batalla después de la batalla, y la tentación es tomar parte de los bienes para ti.

Pero Abraham rehúsa aceptar la oferta. Él le dice en el versículo 22 al rey de Sodoma, “He jurado al SEÑOR, Dios Altísimo [El Elyon], creador del cielo y de la tierra que no tomaré ni un hilo ni una correa de zapato, ni ninguna cosa tuya, para que no digas: «Yo enriquecí a Abram” (versículos 22-23).

Abraham no acepta la oferta del rey de Sodoma. Él se niega a satisfacerse después de la batalla. Él ha sido fortalecido en su reunión con el rey de Salem. Él puede decir “No gracias. No necesito los bienes”. ¿Por qué? “Porque pertenezco a El Eyon, el dueño de los Cielos y la Tierra. Él es mío. Todo en Él es mío. Soy suyo. Él es mi dueño. Todo es de Él. No necesito todos estos bienes que me puedes ofrecer. No tengo que ceder a tus peticiones. No acepto tu oferta”.

Ahora, él pudo haberse justificado de muchas maneras — de las mismas maneras en que yo me justifico al complacer mi carne después de haber entregado todo en una gran batalla. Pero él está dispuesto a resistir al rey de Sodoma, y una de las razones es porque había hecho un pacto ya con Dios.

Él dice: “He jurado al SEÑOR, Dios Altísimo, creador del Cielo y de la Tierra que no tomaré ni un hilo ni una correa de zapato, ni ninguna cosa tuya”. Él había hecho un pacto. Es por esto que es tan importante que él haya tenido esa reunión con el rey de Salem antes de haber hablado con el rey de Sodoma.

Haz un pacto con Dios acerca de los límites que Dios está poniendo sobre ti, acéptalos y ríndete a ellos antes de reunirte con el rey de Sodoma . Te puedo decir que después de entregarle todo al ministerio, trabajar, estudiar, enseñar, aconsejar, escribir— cuando regreso de estas batallas—cuando termino un libro, o finalizo una conferencia, o grabo una sesión, hay tres cosas que quiero hacer. No son nada espirituales. Quiero dormir, quiero comer y quiero ver televisión.

Muchas veces dormir es lo que debo hacer. Otras veces comer es lo correcto. Pero yo quiero abusar de ello. Yo quiero satisfacer los deseos de la carne más allá de lo que realmente necesito. Si lo hago, me doy cuenta que pierdo la batalla después de la batalla.

Uno de esos pactos que he hecho y que ha sido de mucha ayuda para mí en el ministerio al cual Dios me ha llamado es que no veo televisión cuando estoy sola. Para ti, tal vez eso no es de mucha importancia, especialmente si no vives sola. Pero para mí, eso ha venido a ser algo importante. No es una cosa legalista. Ha sido una gran bendición y una protección.

¿Sabes cuántas noches he pasado sola en habitaciones de hoteles luego de momentos llenos de emoción, momentos fructíferos, de un ministerio bendecido y mi carne lo que quiere es comer en exceso y satisfacer mis deseos? Pero lo que necesito en ese tiempo no es lo que la televisión, el rey de Sodoma, me va a ofrecer. Lo que necesito es lo que el rey de Salem ofrece. Necesito ser restaurada. Necesito reponerme. No consigo reponerme con la televisión. Necesito reponerme llenándome de la Palabra de Dios, del Espíritu de Dios y de la gracia de Dios.

Por lo tanto, habiendo hecho un pacto con el Señor, y al decirlo tanto públicamente me siento muy responsable, por lo que ni siquiera enciendo la televisión. Eso no es una opción para mí. Ya sabes… vienen los Juegos Olímpicos, las elecciones, las guerras y todo tipo de cosas. Y la gente te dice míralos. Yo les digo, con muy pocas excepciones a lo largo de los años, y cuando lo hago, me siento que tengo que rendir cuentas, «No, gracias.» No puedo hacerlo, no cuando estoy sola. Mi carne no puede ganar la batalla.

Tal vez esto no sea de gran importancia para ti pero si lo es para mí. Por eso he tenido que hacer este pacto. Hacer el pacto me prepara para la batalla después de la batalla. Eso no quiere decir que no he perdido muchas otras batallas después de la batalla. Estaba un poco indecisa sobre si grabar este material esta semana, porque expuse este mensaje hace varias semanas en una conferencia en una versión más corta un sábado en la mañana. Había estado ministrando la semana entera y llegue a casa, así como Abraham después de una gran batalla. Estaba extremadamente cansada.

Al día siguiente me encontré de varias formas haciendo exactamente lo que había dicho a todo el mundo que no hiciera en el mensaje de la batalla después de la batalla. Dejé que mi carne controlara mis reacciones y mis respuestas. Me dejé seducir por mi carne. No en maneras que eran necesariamente pecaminosas, sino en maneras que se volvieron pecaminosas para mí porque dejé que mi carne guiara mi vida. Estaba complaciendo mis deseos y no tomé el tiempo que necesitaba para reunirme con el Rey de Salem, antes de que el rey de Sodoma viniera por mí. Necesitaba la renovación que solo el Rey de Salem me podía dar en ese momento.

Pero porque no tomé ventaja de la necesidad y la oportunidad de reunirme con el Rey de Salem, me encontré en un lugar donde tuve que volver al Rey de Salem y decirle “Por favor restáurame. Refréscame. He sucumbido ante el rey de Sodoma. He dejado que mi carne gobierne mi vida en estos últimos días”.

La tentación es bajar la guardia, pensar que merecemos tomar algo para nosotras después que hemos dado todo. Así que mientras vemos este pasaje, déjame hacer algunas observaciones.

No te sorprendas cuando el rey de Sodoma venga a reunirse contigo después de una victoria. Espéralo. Recuerda que puedes tener la victoria en una batalla cuando todos te ven pero ser derrotada en una batalla privada que viene luego de la batalla pública.

La batalla después de la batalla puede ser tu mayor prueba de tu fe y es aquí cuando muchos creyentes pierden. Sin embargo, tarde o temprano, si pierdes estas batallas privadas y cedes satisfaciendo tu carne en privado, te vas a dar cuenta que no tienes la fuerza y ni la gracia de Dios para ganar entonces esas batallas grandes públicas.

Por eso, no respondas al rey de Sodoma—la carne, el mundo, el Diablo— hasta no haber tenido un encuentro primero con el Rey de Salem.No trates de ganar en tus propias fuerzas. En ese momento recuerda que el Rey de Salem te dará todo lo que necesitas para enfrentar al rey de Sodoma.

Jesús mismo te ministrará luego de la batalla. Él te ministrará por Su Nombre, el Rey de justicia, el Rey de paz. Te ministrará proveyendo refrigerio, alimento, comunión y una íntima relación. Te bendecirá y te recordará quién es Dios— El Eyon, el dueño del cielo y de la tierra.

• Te recordará que no tienes que ceder ante tu carne porque tienes todo. No tienes que tomar lo que el mundo te ofrece, que es realmente un sustituto barato de lo que ya es nuestro en Cristo.

• Te recordará quién ganó la victoria. Al hacer esto, Él te protegerá del temor.

• Te protegerá del orgullo.

• Entonces podrás, con el poder y las fuerzas de ese encuentro con el Rey de Salem, enfrentar al rey de Sodoma y ganar no solo la gran batalla, sino también la batalla después de la batalla.

Carmen : Esta es Nancy Leigh DeMoss con la serie La batalla después de la batalla.

¿Aprecias series como La batalla después de la batalla?

Aviva Nuestros Corazones ha sido de bendición para muchos, que se han mantenido fieles durante muchos años pero este ministerio se hace una realidad debido a la fidelidad de muchos oyentes que contribuyen mensualmente para ayudarnos a distribuir los mensajes internacionalmente.

Entonces Nancy tiene un mensaje importante para ti. Es fácil donar. Solo visita AvivaNuestrosCorazones.com, o llama al 1-800-569-5959. Si llamas, asegúrate de especificar que deseas hacer una donación para el ministerio en español.

Esperamos que tengas un bendecido fin de semana y que te goces junto a los santos el Día del Señor. Te esperamos de vuelta el lunes. Nancy comenzará la serie “Qué hacer cuando la vida duele”. Si conoces a alguien que está pasando por momentos difíciles, invítala a conectarse a este programa a partir del lunes.

Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss es un ministerio de alcance de Life Action Ministries… y mi mamá es una mujer verdadera.

Todas las Escrituras son tomadas de La Biblia de las Américas a menos que se indique lo contrario.

Tomado de: Aviva Nuestros Corazones

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1/2 – Tú nunca estás sola

Aviva Nuestros Corazones

Serie: La batalla después de la batalla

1/2 – Tú nunca estás sola

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Carmen Espaillat : Aquí está Nancy Leigh DeMoss

Nancy Leigh DeMoss: Pienso que muchas veces, cuando presentamos el Evangelio a las personas, los prejuiciamos, al sugerir que en la vida cristiana, cuando vienes a Cristo, vas a experimentar alegría, paz, felicidad y que todo será maravillo. Aunque no lo decimos necesariamente de esa forma, la implicación es que tu vida es dura ahora, pero cuando vengas a Jesús tu vida será fácil.

Carmen : Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones, con la autora del libro “Mentiras que las mujeres creen”, Nancy Leigh DeMoss, en la voz de Patricia de Saladín.

Hoy Nancy inicia una serie titulada La batalla después de la batalla; y ella retomará esta idea: A veces se les comunica a las personas, que cuando conocen a Cristo, instantáneamente, serán liberados de todos sus problemas.

Nancy Leigh DeMoss: Las personas entonces, algunas veces vienen a Cristo con algunas impresiones falsas o equivocadas y antes de que haya pasado mucho tiempo en su vida cristianos, ellos mismos se encuentran en medio de una batalla. Creo que si no están preparados para la batalla, esto puede ser bastante desilusionante. La batalla tiene lugar en muchos frentes, pero hay una gran cantidad de ilustraciones de guerras en la Escritura.

He hablado acerca de ser soldados. Ahora bien, confieso que, como mujer, que pienso que, “La batalla es el tipo de cosas que los hombres deben hacer”. Mi instinto es querer estar detrás de la escena y en el hogar. Pero si eres una hija de Dios, la Escritura dice, que estás en una batalla, y habrá ocasiones en que te encontrarás en la línea frontal de esa batalla.

Necesitamos entender algo de lo que implica esa batalla, quién está involucrado, cuáles son las partes y cómo funciona. No vamos a entrar en detalle sobre eso en esta sesión, pero quiero que veamos un pasaje del Antiguo Testamento que nos da una idea de algunos de los enemigos que enfrentamos y algunas de las maneras y los medios que Dios nos ha dado para combatir, para derrotar y superar esos enemigos.

Te pido que vayas por favor en tu biblia a Génesis capítulo 14. Y a medida que vamos avanzando en el texto, notaremos que Abraham, ha sido elegido por Dios. Él ha sido sacado de su trasfondo idólatra y pagano y ha sido escogido por Dios para ser el padre de un nuevo pueblo, una nación apartada por Dios, la raza judía—de donde vendría el Mesías.

En esta porción, que es un pasaje oscuro en la vida de Abraham, él enfrenta dos batallas. Ahora bien, una de ellas se describe dando a conocer ciertos detalles, esa es la batalla evidente. Esa es la batalla mayor. Capacitado por el poder de Dios, Abraham obtiene una victoria decisiva e impresionante en esta batalla.

Pero a esa batalla primera y muy evidente fue seguida, como veremos mañana, por otra batalla que he llamado “la batalla después de la batalla”. Esa segunda batalla fue más privada que pública. Fue más sutil. Pero creo que el resultado de la segunda batalla, fue aún mucho más estratégico y crítico que la victoria de la primera.

Así que empecemos con el versículo 1 de Génesis capítulo 14. Ahora, no leeré todos estos versículos, pero los versículos del 1-12 nos dan los antecedentes sobre la batalla principal, la batalla que se peleó comenzando el versículo 13. Entonces, echemos un vistazo a los primeros 12 versículos. En el versículo 1, tenemos a 4 reyes del Oriente, reyes de ciudades-estados o de ciudades-naciones, quienes se reunieron en una confederación. Entonces, esta es una confederación de cuatro reyes.

Uno de ellos, como notarán, se llamaba Quedorlaomer. Es un nombre largo, y es bastante difícil de pronunciar. Así que lo vamos a llamar el rey Quedor, a medida que voy leyendo el pasaje. Así que, hablaremos solamente acerca del rey Quedor y sus tropas. Él es el rey más prominente en esta confederación, tal y como se evidencia en el versículo 1. Son cuatro reyes encabezados por el rey Quedor.

Luego en el versículo 2, ellos hacen guerra contra cinco reyes, cuyos nombres no podemos ni siquiera pronunciar. En estos cinco reyes están incluidos los reyes de dos ciudades que reconocerás, los reyes de Sodoma y Gomorra. Así que, hay una batalla entre los cuatro reyes y los cinco reyes. El rey Quedor, sobre los cuatro reyes y, por el otro lado, los reyes de Sodoma y Gomorra junto a otros tres reyes. Estas dos confederaciones se enfrentan cara a cara. El rey Quedor y sus aliados ganan la batalla y conquistan a los cinco reyes por un período de doce años.

Pero en el año decimotercero, leemos esto en el versículo 4, los reyes de Sodoma y Gomorra y sus aliados se rebelan y deciden, “Hemos soportado esto por mucho tiempo. No continuaremos siendo vasallos del rey Quedor”. Así que ellos se rebelaron.

Pues bien, el rey Quedor no se va a resignar con esto. Él y sus aliados se preparan e inician una serie masiva de batallas. Arrasan por todo el Oriente. Realmente, lo que ves en los versículos 5, 6 y hasta el 9 es que ellos conquistan todo a su paso. Ellos fueron reyes victoriosos. Quiero decir, esta es una poderosa alianza militar que conquista todo a su paso. Finalmente, se dirigen a estas naciones confederadas que incluían a Sodoma y Gomorra y vencen a aquellas naciones también. Ellos salen victoriosos.

Ahora bien ¿por qué detallo todo esto? ¿Por qué la Escritura hace referencia a todos estos detalles? Porque cuando Abraham se involucra, veremos que la tarea que él enfrenta al tomar al rey Quedor y sus ejércitos, es una tarea formidable. Es una tarea casi imposible. El rey Quedor y sus aliados habían conquistado toda la región. Es decir, nadie había sido capaz de oponer resistencia contra ellos.

El rey Quedor y su grupo se apoderan del rey de Sodoma y del rey de Gomorra. Toman estas ciudades-estados como rehenes. Toman a sus hombres como prisioneros de guerra. Luego ellos se marchan a celebrar y hacen fiesta. Bajo su poder están todos estos prisioneros de guerra. Esto es lo que ocurre en los versículos del 1-12.

En el versículo 11 dice, “Entonces, tomaron [estos son los cuatro reyes, el rey Quedor y su grupo] todos los bienes de Sodoma y Gomorra, y todas sus provisiones, y se fueron”.

Ahora el versículo 12 dice: “Y tomaron también a Lot”. ¿Se te hace familiar ese nombre? ¿Qué hace Lot en Sodoma? Bueno, como sabemos por el versículo 12 Lot, quien era sobrino de Abram (hijo de un hermano de Abram), había hecho una elección, una elección pobre, una elección necia, basada en valores terrenales, valores temporales, al ir a una tierra que aparentemente lucía atractiva y placentera. Él fue y estacionó su tienda, si se pudiera decir eso, estacionó su tienda cerca de Sodoma y Gomorra. Podemos darnos cuenta en este capítulo, qué él estaba muy bien establecido en Sodoma, ya que cuando fue conquistada, él también fue tomado como prisionero de guerra.

Entonces en el versículo 12: “Y tomaron también a Lot, sobrino de Abraham, pues él habitaba en Sodoma”, para este tiempo él ya estaba viviendo en Sodoma, “Con todas sus posesiones, y partieron”.

El versículo 13, nos dice que alguien escapa y le informa a Abraham. “Y uno de los que escaparon vino y se lo hizo saber a Abraham el hebreo”. Esa es la primera vez en La Escritura donde se utiliza la palabra hebreo. Ellos le informaron que Lot, su sobrino, había sido capturado.

Nos ayuda a entender en este contexto, que para este tiempo Abraham estaba en sus ochenta. Pero vemos en Abraham, a alguien que es un hombre de Dios. Él ha sido elegido por Dios. Él ha sido elegido por Dios para un propósito. Él está muy consciente de su relación con Dios y del hecho de que él está en esta tierra por una razón. Él no puede solo sentarse y dejar a su sobrino en esta situación. Él debe hacer algo al respecto. Tú no puedes dejar que el enemigo tome el control de la situación.

Y Abraham sabe debido a su relación con Dios, que a pesar de que es prácticamente el único creyente en el planeta en ese momento, que Dios puede hacer cualquier cosa. Él sabe que está en desventaja, numéricamente hablando en el aspecto humanos, pero porque es un hijo de Dios, es un creyente en Dios, él tiene la omnipotencia a su disposición. Él actúa creo yo, basado en esa fe. Abraham es un hombre de fe.

Cada vez que él se enfrenta a lo imposible y a lo desconocido, no es porque él está desquiciado. No es porque él está fanfarroneando mientras piensa “Yo puedo manejar esto”. Él sabe y él conoce cuáles son sus debilidades. Él sabe cuáles son sus limitaciones. Él está en sus ochenta. Pero Él también conoce a su Dios. Y Él sabe que Dios puede hacer cualquier cosa.

Él no tiene ninguna garantía de que tendrá éxito. Él no conoce el final de la historia como nosotras la conocemos, pero aun así, actúa. Él tiene que intentar este rescate. Es lo que debe hacer porque es lo correcto. Él no puede sentarse y dejar que el mal controle esta situación. Ahora bien, Sodoma y Gomorra eran lugares perversos. Pero allí se encuentra un pariente suyo que ha sido atrapado en la línea de fuego, y él sabe que ese no era el lugar más espiritual para estar. Pero aun así, él ama a este joven y a su familia. Y Él decide actuar de una manera redentora. Así que Él da un paso al frente, y decide hacer lo que tenga que hacer para llevar a cabo este rescate.

Déjame decirte que mientras enfrentamos batallas espirituales, si miramos al enemigo, si ponemos nuestra mirada en las fuerzas y los ejércitos que nos rodean en este mundo, nunca vamos a actuar. Diremos que es imposible. Porque verdaderamente es imposible.

Pero si recordamos de Quien somos, Quien nos ha elegido, a Quien le pertenecemos, Quien nos ha dado Su Nombre y nos ha apartado para Él; si recordamos que pertenecemos a Dios, entonces podremos levantarnos y dar un paso de fe sin garantías de obtener éxito a corto plazo, pero sabiendo que al final de la carrera, mientras actuamos con fe, lo que estamos haciendo esuniéndonos a los brazos con la omnipotenciaDios ganará la batalla.

Llegamos al versículo 14. Nos dice, “Al oír Abram que su hermano había sido hecho cautivo”. Aquí aparece una frase interesante, porque Lot no era hermano de Abraham. Lot era su sobrino. Pero esta pequeña frase muestra algo del corazón de Abraham. Lot, fue quien mostró muy poco respeto hacia su tío, quien tomó decisiones temporales, decisiones materialistas, quien tenía distorsionado los valores, tenía una mente mundana y terrenal.

Pero Abraham el hombre de Dios y el hombre de fe, ve a su sobrino como su hermano. Él tiene un corazón para este hombre y está dispuesto a dar unos pasos extraordinarios en una batalla que puede perder, por lo que él sabe, con tal de rescatar a su hermano. Aquí hay una compasión y una preocupación, a pesar de que este hombre era un hombre que se había aprovechado de él.

«Al oír Abram que su hermano había sido hecho cautivo, movilizó a sus hombres adiestrados nacidos en su casa, trescientos dieciocho, y salió en su persecución hasta Dan” (versículo 14). Esta es una historia extraordinaria si tú puedes ver el panorama.

De nuevo, ten en mente que Abraham tiene 80 años o más. No es un jovencito. Tiene a Dios de su lado y eso es lo único que le da esperanza, eso es lo que le da esperanza.

Él inicia la persecución desde Hebrón, que es el lugar donde vive, hasta la zona de Dan, la cual está a 140 millas de distancia. Él toma estas tropas, a estos sirvientes nacidos en su casa y hombres que han venido a acompañarlo armados para la batalla. Eso suena como una multitud, pero esto es nada en comparación con la confederación de reyes del Este. Así qué, aquí esta este viejito de 80 años de edad con sus 318 criados, quienes van a enfrentar esta alianza militar masiva para poder rescatar a su hermano—a su sobrino—Lot.

Dice en el versículo 15 “Él y sus servidores los atacaron de noche, y después de derrotarlos, los persiguieron hasta Joba, al norte de Damasco”. Estos son otras 100 millas más allá de Dan.

Aquí es donde un mapa… por cierto, cuando estás haciendo un estudio bíblico, si tienes un mapa en la parte de atrás de tu Biblia, es bueno que lo uses. Esto hace que la Escritura cobre vida. No tienes que tener un título de seminario—porque yo no tengo uno—para usar esas herramientas. Si solo lees estas palabras en este pasaje y no tienes idea de dónde están ubicados estos lugares, tú pudieras pensar que estaban al doblar de la esquina. Pero no es así. Estamos hablando acerca de un total de 240 millas en dónde él persigue y ataca a esta poderosa maquinaria militar—El rey Quedor y sus aliados.

Luego en el versículo 16 nos dice, “Recuperó toda la hacienda, y a su hermano Lot con su hacienda, así como a las mujeres y a la gente”. Así que, he aquí a Abraham. Numéricamente en desventaja y sin esperanza. Él va en contra de esta fuerza, y él gana. Quiero decir, ¡estos son los cuatro reyes del Oriente quienes se habían llevado todo a su paso! Habían conquistado Sodoma y Gomorra, haciéndose aún más poderosos, y Abraham, sin duda el más débil, ¡gana! Es victorioso en esta importante batalla.

Y la única explicación es Dios. Ahora bien, esta fue una batalla muy pública. Fue una batalla muy visible. Fue una batalla muy importante. Pero existe un relato en Génesis capítulo 14 que no está a menudo muy relacionada con la parte que acabamos de leer en la primera mitad de este capítulo. No obstante, a mi entender, estas dos partes están muy relacionadas entre sí. Lo que vamos a ver hoy en Génesis capítulo 14, es la batalla después de la batalla.

La primera batalla es la más grande. La más evidente, la más visible. Es aquella donde Dios muestra una victoria clara y decisiva. Mientras pienso en esas grandes batallas que enfrentamos en diversas áreas de nuestra vida, puede ser que hayas regresado de una magnífica experiencia espiritual— es una experiencia en la cima de la montaña, en donde has visto a Dios hacer grandes cosas.

Has regresado de una gran experiencia espiritual, o de un periodo de gran bendición, entonces vienes de atravesar esa temporada, has sido alentada, estás emocionada, y entonces enfrentas la batalla después de la batalla. Yo diría que es la batalla después de la batalla la que es más sutil, es más peligrosa y crítica que la batalla que es más grande y evidente.

Génesis capítulo 14 versículo 16 nos dice que después de esta gran batalla, que después de esta gran victoria, “Abraham recobró todos sus bienes, también a su pariente Lot con sus posesiones, y también a las mujeres y a la gente”. Así que él había hecho guerra en contra de estos reyes del Oriente. Había liberado a Lot y a su familia, así como también a sus conciudadanos, habitantes de Sodoma y Gomorra y habían regresado.

Ahora es el reto. Ahora es cuando el verdadero reto comienza. Lo peligroso es que muy a menudo, no estamos preparadas para la batalla después de la batalla. Cuando vamos a la gran batalla, estamos recargadas. La adrenalina está fluyendo. Estamos dependiendo de Dios. Estamos orando. Tenemos a otras personas orando por nosotras. Pero olvidamos que después de la batalla, nosotras necesitamos permanecer ceñidas de fuerza espiritualmente. La batalla aún no ha terminado en realidad, aun cuando hayamos alcanzado la victoria mayor. Otra batalla estaba a punto de comenzar para Abraham.

Mientras trato de ponerme en los zapatos de Abraham y pensar en lo que tiene que haber sido para él regresar después de esta batalla, pienso que debió tener una mezcla de emociones en ese momento. Por un lado, le había tomado 240 millas de ida y 240 millas de vuelta. ¿Cómo se habría sentido físicamente? Quiero decir ¡puro agotamiento y cansancio!

Ten mucho cuidado cuando estás físicamente cansada. Muchas de ustedes madres, pueden recordar, lo que fue tener esos niños pequeños, los bebés, los infantes y esa temporada en la vida de una madre, en donde siempre estás cansada. Es ahí precisamente donde debes ceñirte de fuerza, porque el agotamiento físiconos puede hacer cobardes en la batalla privada en la batalla interna.

Abraham debió estar agotado y gastado emocionalmente. Pero por el otro lado, debió haber experimentado una sensación de regocijo. ¡Solo piensa por un momento en lo que acaba de pasar! ¡Qué historia! ¡Qué maravillosa victoria el Señor había ganado!

Lo que encuentro después de estas increíbles victorias,es un descenso natural. La adrenalina baja y ahora estás de vuelta a tu vida normal. Hay un descenso emocional que nos puede hacer muy vulnerables.

Quizás él estaba experimentado un gran sentido de logro. Pienso que fácilmente pudo haber sido tentado, como nos puede pasar a nosotras, a sentirse autosuficiente, a presumir y haber pensado “¡Mira lo que he logrado! ¡Tremendo hombre de 80 años que soy!”. Él había enfrentado a esos reyes a la edad de 80 años. Él pudo haber sido muy vulnerable al orgullo en ese momento.

Ni mencionar el hecho de que pudo temer a las represalias. El rey Quedor y los reyes del Oriente no eran un poder para estar jugando con ellos. ¿Y si ellos venían tras él? que pudo haber vuelto a un estado de agotamiento, cansancio, debilidad y sentir “Estoy aterrorizado de lo que puede suceder ahora”.

Bien pues, Abraham vuelve a casa y después de la batalla—de la gran batalla—nosotras también necesitamos regresar a nuestras casas. Necesitamos volver a nuestra vida normal, a situaciones reales de la vida cotidiana. Y cuando Abraham regresa a casa, dice la Escritura en el versículo 17, que después que Abraham regresó a casa “…Salió a su encuentro el rey de Sodoma… A su regreso después de derrotar a Quedorlaomer y a los reyes que estaban con él”.

Déjenme decirles que es en este punto cuando experimentamos, como Abraham lo hizo, la tendencia a bajarla guardiay a pensar que estamos libres o a salvo en casa. Y es en ese punto en donde necesitamos estar especialmente resguardadas, necesitamos estar especialmente sensibles a nuestra necesidad de la protección de Dios, porque es ahí donde somos más vulnerables a perder la batalla.

Recuerdo hace unos años, cuando tuve el privilegio de ser parte de un gran mover del Espíritu de Dios de un avivamiento. Todo vino de Dios. Solo Dios pudo haberlo hecho. Y es por esa clase de cosas por las que había estado orando y yo anhelaba ver. ¡Y Dios finalmente lo hizo!

Dios se movió de una forma extraordinaria en medio de un grupo de creyentes. Fui privilegiada de haber formado parte de esa semana y de haber evidenciado el poder de Dios y su Gloria. Sentí que estaba viviendo en la antesala del cielo durante una semana. Fue muy emocionante. Me sentí pequeñita Fue una gran batalla y Dios obtuvo una gran victoria.

Pues bien, regresé a casa después de esa semana y aterrice en South Bend, Indiana. Algunos amigos me fueron a buscar al aeropuerto para llevarme a casa. Cuando aterricé, ellos me dijeron –Yo sabía que unos amigos, muy buenos amigos mutuos se estaban quedando en mi casa, así que esa no sería la sorpresa. Sin embargo, lo que sería una sorpresa para mí, era que estos amigos que estaban en mi casa, habían llevado a su perro con ellos también.

Estaba feliz de que estas personas estuvieran en mi casa, pero no me puse contenta de oír que su perro también estuviera en mi hogar. Me puse furiosa. Me volví loca. Te digo que no recuerdo haber visto una caída tan rápida de las puertas del cielo a lo que… Bueno, déjame dejarlo a lo que realmente no fue imagen muy bonita.

Te diré lo que pasó. No estaba preparada para la batalla después de la batalla. El perro no era el problema. El problema era mi orgullo, mi falta de preparación, el haber comenzado a pensar que yo era la gran pieza porque había sido parte de lo que Dios había hecho durante esa semana. Dios sabía que yo necesitaba tener la humildad para entender quién era yo en realidad separada de Él. Pero como no estaba esperando la batalla después de la batalla, no estaba preparada. Fui atacada por sorpresa.

No te sorprendas después de una gran victoria espiritual. Acabas de experimentar el mejor momento de intimidad con el Señor que has tenido en meses.Diez minutos después, estás en la autopista tocándole bocina al conductor del carro que te queda en frente con una rabia explosiva por el tráfico. ¿Cómo esto es posible?

O vas y enseñas en un estudio bíblico Dios obra de una forma maravillosa y vidas son transformadas. Luego regresas a tu casa y le estás gritando a tus hijos. ¿Cómo puede ocurrir esto? Esto sucede porque no te has preparado para la batalla después de la batalla. No te sorprendas.

Carmen : Nancy Leigh DeMoss nos ha mostrado un panorama muy realista de lo que significa caminar con Dios. En ocasiones es una batalla. Nancy ha pintado un cuadro muy realista sobre esa batalla, pero también te ha mostrado la fuente de fortaleza que te ayudará a enfrentar la batalla con seguridad.

En Aviva Nuestros Corazones nosotras somos animadas a continuar adelante en la batalla por las mujeres que nos escriben. Ellas se encuentran en múltiples situaciones, pero nos encanta escucharlas a cada una. Aquí está Nancy.

Nancy: He conocido muchas mujeres, que me han dicho que escuchan Aviva Nuestros Corazones mientras hacen ejercicio. Una oyente en Austin, Texas, escribió:

“Me fascina escuchar tu programa. Por lo general, mientras lo voy escuchando pulso el botón de pausa mientras corro cuando quiero orar entonces voy alternando entre la oración y el programa”.

En realidad esto me anima porque te da la sensación de que esta mujer no solo está escuchando. Ella está ponderando la Palabra de Dios y dejando que la Palabra penetre en su vida, pidiendo a Dios que transforme su corazón.

Un grupo especial que escucha el programa nos ayuda a conectar a mujeres con la Palabra de Dios. Los llamamos nuestro grupo de patrocinadores. Ellos hacen posible que enseñanzas como éstas lleguen a ustedes cada día, a través de sus ofrendas de amor.

¿Quisieras orarle al Señor y preguntarle si es Su voluntad que tú seas parte de este grupo? Si Dios te mueve a ofrendar, llámanos al 1-800-569-5959. Especifíca que deseas hacer una ofrenda para el ministerio en español. También puedes hacer tu ofrenda en línea, visitando AvivaNuestrosCorazones.com.

Carmen: Y cuando entres, no dejes de suscribirte a nuestro correo de Conexión Diaria. Este es un aviso que llega todos los días a tu ordenador, con las ideas más importantes del programa de radio, así como los enlaces directos al programa y del blog.

Y recuerda también informarte de todo acerca de nuestra primera Conferencia de Mujer Verdadera en Santo Domingo. Todos los detalles los podrás encontrar en la página. AvivaNuestrosCorazones.com.

¿Alguna vez te has sorprendido de tu propia inconsistencia? Un día estás caminando en estrecha comunión con el Señor, y al siguiente estás impaciente, tensa. ¿Por qué ocurre esto? Nancy se ocupará de esto mañana continuando en la serie, La batalla después de la batalla. Por favor, sintoniza otra vez Aviva Nuestros Corazones.

Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras fueron tomadas de la Biblia de Las Américas a menos que se indique lo contrario.

Tomado de: Aviva Nuestros Corazones

Todos los Derechos Reservados

Disponible sobre el Internet en: http://www.avivanuestroscorazones.com

3/3 – Él te da paz

Aviva Nuestros Corazones

Serie: El Señor te bendiga y te guarde

3/3 – Él te da paz

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Carmen Espaillat: Si todos están en busca de paz, ¿por qué a veces es tan difícil encontrarla? Con nosotros Nancy Leigh DeMoss en la voz de Patricia de Saladín, ella está hablando sobre la única y verdadera fuente de paz, Dios mismo.

Nancy Leigh DeMoss: Y la paz de Dios, guardará vuestras mentes y corazones en Cristo Jesús. Es como una fortaleza. Es un lugar al que nadie más puede entrar. Nadie te puede atormentar o vencer en ese lugar. Es como el ojo de la tormenta. Es un fuerte alrededor de nuestras mentes y alrededor de nuestras emociones. De otro modo estarían atormentadas.

Carmen: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con la autora y oradora, Nancy Leigh DeMoss.

Podemos ver a Afganistán y a Irán, y a otros lugares del mundo y pensar: “¿Alguna vez tendrá paz esta tierra?” Pero la verdad es que el conflicto no solo afecta a las naciones del mundo. Lo vemos en los hogares y en los corazones de las personas. Nancy les mostrará la única fuente de paz verdadera, continuando con la serie El Señor te bendiga y te guarde.

Nancy: Creo que una de las cualidades y los dones más buscados hoy en día en este mundo es la paz. Cuando hablo con diferentes mujeres, pienso que esa es una de las cualidades en particular que más mujeres buscan. Quieren paz en sus corazones. Quieren paz en sus hogares. Quieren paz en sus relaciones. Quieren que sus mundos sean sosegados, en lugar de estresados.

¿No les parece sorprendente a cuántos lugares acudimos para encontrar paz, sin embargo la paz parece eludir a la mayoría de las personas? Si vemos a la mayoría de la gente a nuestro alrededor, a la mayoría de nosotras -y muchas veces tengo que incluirme yo misma en esa categoría- no son muchas las personas que podemos decir que son pacíficas, especialmente en este mundo en que vivimos, tan caótico, apresurado, estresado y con relaciones rotas.

Cuando venimos a la bendición a la oración sacerdotal en Números capítulo 6, llegamos ahora a una oración, a una petición por la paz de Dios. Me alegro tanto de que este punto se incluyera porque es una de las cosas que más necesitamos. Es una de las cosas que más anhelamos. Como esta petición es parte de una oración al Señor por su bendición, vemos la fuente de la verdadera paz. Aquellas de nosotras que hemos estado buscando la paz en los lugares equivocados, sin éxito alguno, cuando venimos a esta oración, encontramos que el Dios de esta oración, el Dios de la bendición, es el Dios de toda paz.

Hemos estado viendo esta bendición, esta oración sacerdotal en Números capítulo 6. Leámosla para que veamos esta petición en su contexto. El versículo 24 de Números capítulo 6 dice: “El Señor te bendiga y te guarde”. Es una oración por protección—por protección de la maldad, protección del maligno. Dios es nuestro guardador.

Luego vimos en la última sesión que también es una oración por la presencia de Dios. “El Señor haga resplandecer su rostro sobre ti… el Señor alce sobre ti su rostro” (versículos 25-26a). «Señor, queremos Tu sonrisa. Queremos Tu complacencia. Queremos Tu presencia en nuestras vidas”.

Luego vimos la petición por el perdón de los pecados. “Señor, que Tu gracia sea sobre nosotros” (paráfrasis). “Necesitamos Tu gracia, cuando vemos todo lo que la luz de tu rostro expone en nuestras vidas. Señor Danos tu perdón”.

Y ahora venimos a la última frase del versículo 26: “[que el Señor] te dé paz.” Que el Señor te bendiga. Que el Señor te dé paz.

Esa es la palabra shalom en hebreo. Es una palabra que era usada como un saludo común. ¡Shalom! El Señor te bendiga. La paz sea contigo. Es una palabra que habla de bienestar, de contentamiento. Es una palabra que habla de salud y seguridad, de amistad, paz con Dios, paz con los hombres, paz aquí en la tierra y paz en el cielo. Es una palabra que habla de plenitud.

Es una palabra que tiene que ver con nuestra relación de pacto con Dios. Él hace posible que dos facciones en guerra, es decir nosotros y Dios, se unan y tengan paz. De nuevo, vemos que Cristo es el cumplimiento de esta oración. Cristo es la bendición. Él es nuestra paz. Él es el que vino del cielo a la tierra y dio su vida en la cruz para poder tender un puente sobre la brecha infinita entre el cielo y la tierra.

Nunca hubiéramos podido acercarnos a Dios. Nunca hubiéramos podido pasar la eternidad en Su presencia. Nacimos torcidas, en dirección contraria a Dios. Éramos sus enemigas. Pero Jesús vino y cerró la brecha en la cruz del Calvario y dijo: “A través de mí ustedes pueden tener paz con Dios”.

Pero Él no solo nos da paz con Dios, sino que también nos promete que podemos tener la paz de Dios guardando nuestros corazones y nuestras mentes en un mundo perturbado, donde no hay mucha paz.

Y pienso en ese pasaje en el capítulo 14 del Evangelio de Juan cuando Jesús les hablaba a Sus discípulos mientras Él se preparaba para ir a la cruz y finalmente de regreso al Cielo. Él había vivido con ellos por tres años de ministerio aquí en la tierra. Ellos habían desarrollado una amistad y una relación cercana e íntima y ahora Él estaba tratando de ayudarlos a entender por qué se iba y que en este mundo tendrían aflicción.

Y comienza en Juan capítulo 14 versículo 1, en ese versículo tan familiar, donde Jesús les dice: “No se turbe vuestro corazón; creed en Dios, creed también en mí”.

Luego sigue en el versículo 27, y les da una bendición preciosa, un regalo precioso mientras Él se prepara para dejar esta tierra. Él les dice: “La paz os dejo, mi paz os doy; no os la doy como el mundo la da”. Creo que está diciendo que la paz que el mundo da es frágil. Hay acuerdos de paz, y premios de paz, y hay gente luchando por la paz mundial, pero en el mejor de los casos es una paz frágil.

Piensen por un momento en lo que está sucediendo en el Medio Oriente y los intentos de lograr que haya paz. Las personas firman un acuerdo y al día siguiente ya lo están rompiendo. Pero Jesús dice: “No os la doy como el mundo la da.” Él dice: “No se turbe vuestro corazón, ni tengan miedo” (Juan 14:27).

Luego el apóstol Pablo sigue con ese mismo tema en el Libro de Filipenses en el capítulo 4. Él les habla a personas que están pasando por verdaderas crisis en la vida. Él les dice: “Por nada estéis afanosos” (versículo 6). No dejen que nada les robe su paz.

“Antes bien,” sigue diciendo, “en todo mediante oración y súplica con acción de gracias, sean dadas a conocer vuestras peticiones delante de Dios” (versículo 6). ¿Y qué sucede cuando hacemos esto? ¿Cuál es el resultado? “Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento…” (Versículo 7). Esto es incomprensible.

¡Y cuántas veces no hemos experimentado nosotras mismas esa paz, al clamar al Señor y rendirle nuestras cargas, nuestro dolor, las cosas que nos atormentan, las cosas por las que estamos ansiosas! Clamamos a Él; le hacemos saber nuestras peticiones. Le damos las gracias, ¿y qué sucede? Recibimos una paz inexplicable.

Yo experimenté esa paz mientras estaba sentada en el funeral de mi papá, apenas algunos días después de que el partiera con el Señor. No significa que hubo paz sin lágrimas o sin un enorme sentido de pérdida. Pero con la pérdida, con el duelo, con las lágrimas hubo esa paz de Dios que no se puede explicar.

“Que sobrepasa todo entendimiento,” dice él, y la paz de Dios “guardará vuestras mentes y corazones en Cristo Jesús” (versículo 7). Es como una fortaleza. Es un lugar al que nadie más puede entrar. Nadie te puede atormentar o vencer en ese lugar. Es como el ojo de la tormenta. Es un fuerte alrededor de nuestras mentes y alrededor de nuestras emociones que de otro modo estarían atormentadas.

Y luego sigue en el versículo 8 diciendo: “Todo lo que es verdadero y honorable y justo y puro y amable, en esto piensen” (paráfrasis). Mediten en estas cosas. No mediten en sus circunstancias tormentosas. Mediten en las realidades eternas de la bondad de Dios, en Su fidelidad, en Su carácter, en Sus caminos. El Dios de paz, o como se le llama en el libro de Hebreos, el Dios de toda paz, estará contigo en medio de toda circunstancia, en medio de toda situación (ver Hebreos 13:20).

Ese tipo de paz, la paz de Dios, el Dios de paz que experimentamos es el fruto del Espíritu, ¿no es así? No es algo que podemos experimentar por nosotras mismas; es algo sobrenatural. Si fuéramos a experimentar lo que es natural, viviríamos en constante agitación. Pero podemos tener paz, paz con Dios, la paz de Dios y paz unos con otros en nuestras relaciones humanas, cuando estamos llenas del Espíritu Santo. El fruto del Espíritu es amor, gozo, paz (ver Gálatas 5:22).

Si quieres la paz de Dios, la quieres en tu corazón, en tus relaciones, en tu hogar, necesitas ser llena del Espíritu de Dios. Cuando eres llena de su Espíritu, estás operando no en tus propias fuerzas, no en tus propios esfuerzos, no en tu propia energía, sino en el poder, en la fuerza, y en la vida que Él da, encontrarás que Dios puede volver esas aguas turbulentas en aguas tranquilas.

Imagínate por un momento a Jesús de pie en esa barca contigo en ese tormentoso mar. Cuando sea la hora, a Su manera y según a Él le plazca, Él hablará y dirá: “Aquiétate.” Aun antes de que esas aguas se asienten, la tormenta a tu alrededor puede seguir con toda su furia. Puede que no le plazca detener las olas en ese preciso momento. Las Escrituras dicen que: “Él agita las olas y que Él la sosiega, que Él las aquieta” pero Él decide cuándo y qué hacer (paráfrasis de Jeremías 31:35). Pero aún cuando las olas se estén agitando, puede haber paz.

¿Alguna vez has notado que casi todas las Epístolas del Nuevo Testamento empiezan con una bendición? Si piensas en los primeros versículos de la mayoría de las cartas del Nuevo Testamento, recordarás que empiezan con un saludo, que es una bendición. Casi siempre se usan las palabras gracia paz.

Romanos capítulo1 versículo 7: “A todos los amados de Dios que están en Roma, llamados a ser santos: Gracia a vosotros y paz de parte de Dios nuestro Padre y del Señor Jesucristo”.

Primera a los Corintios capítulo 1 versículo 3: “Gracia a vosotros y paz de parte de Dios nuestro Padre y del Señor Jesucristo”.

Cuando Pablo hace estas oraciones y les da estas bendiciones a las iglesias a quienes les escribe estas cartas, en realidad él está invocando la bendición sacerdotal que hemos estado estudiando en Números capítulo 6.

Vamos a repasar la bendición. Dios le dice a Moisés: “Habla a Aarón y a sus hijos, y diles: ‘Así bendeciréis a los hijos de Israel. Les diréis: El Señor te bendiga y te guarde’» (versículos 23-24). Esa es una oración por la protección de Dios. “El Señor haga resplandecer su rostro sobre ti y alce sobre ti su rostro” (versículos 25-26, paráfrasis). Esa es una oración por la presencia de Dios.

Luego las otras dos peticiones: “El Señor tenga de ti misericordia,” que es una oración por el perdón de Dios, y finalmente. “El Señor te dé paz” (versículos 25-26). Gracia y paz. Esto me recuerda que Dios nos hizo sus sacerdotes. Esta no es una bendición que le pedimos a otra persona que ore por nosotras. Dios nos hizo sacerdotes capaces de orar esta bendición por otras personas.

Pero antes de que podamos hacer esta oración por otros, tenemos que recibirla nosotras mismas. Tenemos un Sumo Sacerdote en el cielo, al Señor Jesús, quien ha orado y está orando esta bendición sobre nosotras. Él ha orado que el Señor nos bendiga y nos guarde y haga resplandecer su rostro sobre nosotras, que tenga de nosotras misericordia y nos dé paz. Gracia y paz. Vienen a nosotras de parte de Dios. Él es quien bendice. Vienen a nosotras a través de Jesucristo Su Hijo.

Si estamos esperando que nuestros padres, una pareja o un hijo o un trabajo o una amiga o una iglesia sea el medio supremo para obtener gracia y paz en nuestras vidas, nos estamos preparando para una gran decepción. La paz y la gracia vienen a nosotras de parte del Señor.

Cuando Dios haya derramado Su gracia y Su paz sobre tu vida, entonces tendrás una copa llena, un tanque lleno, que al desbordarse ministrará gracia y paz y bendición a todos aquellos a tu alrededor.

Ahora bien, la plenitud de esta bendición, como hemos estado viendo, se completa en el Señor Jesucristo. Él es el que vino a esta tierra a bendecirnos. Hechos capítulo 3 nos dice que Dios lo envió para bendecirnos, apartándonos de nuestros pecados. Él es quien nos guarda de caer (ver el versículo 26).

Él es, de acuerdo a Hebreos capítulo 1, «el resplandor de la gloria de Dios» (versículo 3). Él es la imagen del rostro de Dios. Él es Dios hecho visible. Él es el rostro de Dios brillando sobre nosotras.

Él es el que vino y trajo gracia y verdad a nosotras aquí en la tierra cuando estábamos alejadas de Dios y éramos sus enemigas. Nos trajo gracia. Él es el Príncipe de paz. El Señor de paz. El Dios de toda paz.

Luego leemos en el versículo 27 del capítulo 6 de Números: “Así invocarán mi Nombre sobre los hijos de Israel, y yo los bendeciré”. ¿De quién es ese nombre? Es el Nombre de Jesús, el Nombre que es sobre todo nombre.

Jesús vino para poner el Nombre de Dios sobre nosotras, para marcarnos como pertenencia de Dios. De hecho, esa frase: “Así invocarán mi nombre sobre los hijos de Israel,” nos da la idea de una marca de propiedad. Ese concepto se menciona de nuevo en otros dos lugares clave de las Escrituras.

El primero es una profecía en Isaías que habla sobre la restauración de Israel a la tierra. Dice que en ese día la gente: “…Escribirá en su mano: ‘Del Señor soy’ y se llamará con el nombre de Israel» (44:5). Israel se dará cuenta de que le pertenece a Dios, de que ha sido guardado por Dios y que Su Nombre está sobre ellos. Habla de un tiempo de bendición cuando Israel será restaurado de la cautividad.

Pero en el libro de Apocalipsis, vemos otra referencia al nombre de Dios sobre Su pueblo. Es cuando el pueblo de Dios sea reunido finalmente alrededor del trono de Dios. Leemos en Apocalipsis 22 que “Ellos verán Su rostro, y [esta parte me encanta dice] Su nombre estará en sus frentes” (versículo 4). Una marca de propiedad.

No sé cómo se verá eso en nuestros cuerpos celestiales y glorificados. No creo que ni siquiera podamos imaginarlo. Pero habrá una marca de propiedad, habrá un sello. Estos son los que le pertenecen al Señor. Recuerden que esto ocurrirá después de un tiempo cuando muchos en la tierra habrán tomado en sus frentes la marca o el número o el nombre del Anticristo, de la Bestia.

Pero Dios ahora dice: “A aquellos que han perseverado, aquellos que se han mantenido, que han sido bendecidos, que han experimentado mi gracia y mi paz, a ellos les pondré Mi Nombre, el Nombre que está sobre todo nombre en sus frentes. O sea que es tinta indeleble de la que estamos hablando. “Mío. ¡Mío!” dice Dios: “Eres mía. Pondré Mi Nombre sobre Mi pueblo”.

Cuando vamos a ese último libro de la Biblia, el libro de Apocalipsis en el capítulo 22, el último capítulo, alcanzamos a ver un vistazo de ese estado final y bendecido del pueblo de Dios. La misma bendición que fue orada en Números capítulo 6: “El Señor te bendiga y te guarde; el Señor haga resplandecer su rostro sobre ti, y tenga de ti misericordia; el Señor alce sobre ti su rostro, y te dé paz” (versículos 24-26).

Eso fue lo que el apóstol oró en el Nuevo Testamento: “Gracia y paz sean a ustedes”, y lo que Jesús dijo: “Mi paz os doy”. Solo hemos experimentado una pequeña medida de esa bendición de este lado del cielo. Pero vivimos con la promesa de que en la plenitud del tiempo de Dios vendrá la consumación, la terminación, el cumplimiento total de esa bendición.

Se predice en Apocalipsis capítulo 22 en un lenguaje que apunta hacia esta bendición sacerdotal. En Apocalipsis 22 versículo 3 se nos dice: “Y ya no habrá más maldición”. No más maldición; si no hay maldición, ¿qué habrá? Bendición, bendición eterna, bendición infinita, bendición por siempre.

“El trono de Dios y del Cordero estará allí [en ese lugar en el Cielo], y Sus siervos le servirán. Ellos verán Su rostro, y Su Nombre estará en sus frentes. Y ya no habrá más noche, y no tendrán necesidad de luz de lámpara ni de luz del sol, porque el Señor Dios los iluminará, y reinarán por los siglos de los siglos” (versículos 3-5).

En esa promesa tenemos esperanza. Tenemos confianza. No importa lo que estés viviendo en este momento, no importa lo que esté pasando en tu casa, en tu lugar de trabajo, en tu mundo, en tu iglesia y en este mundo— no importa lo que esté pasando, tú tienes la promesa de la bendición de Dios, Su presencia, Su favor, Su rostro, Su atención, Su nombre, Su poder que te cuida, Su trato misericordioso con nosotras, y Su paz. Él es la fuente y el medio de toda, toda, toda suprema bendición.

Permíteme hacer esta oración por ti. “Que el Señor te bendiga y te guarde. Que el Señor haga resplandecer Su rostro sobre Ti y tenga de Ti misericordia. Que el Señor alce la luz de Su rostro sobre ti, y te dé paz”.

Nancy : Dios dice que cuando hacemos esa oración, Él promete “que pondrá Su Nombre sobre su pueblo y lo bendecirá.” Amén.

Carmen: Hoy Nancy ha desglosado la frase en esta bendición sobre la paz de Dios.

¿Sabías que alguien ha orado por ti hoy? ¿Cómo lo sé? Bueno porque un grupo especial de radioescuchas se ha comprometido a orar por este programa y sus radioyentes.

Nancy: Y no puedo decirles cuán enormemente valiosas son estas oraciones para mí, para nuestro ministerio y para nuestros radioescuchas. Este equipo intercesor está compuesto por un grupo especial de hermanas que han sido bendecidas por el ministerio por Aviva Nuestros Corazones y se han comprometido a hacer tres cosas:

Primero, estas hermanas interceden. Segundo, nuestro equipo interactúa. Ellas comparten este mensaje con otras mujeres que necesitan escucharlo. Y en tercer lugar, ellas apoyan a Aviva Nuestros Corazones todos los meses con una contribución financiera.

Al interceder, al interactuar o invertir, este grupo de amigas del ministerio ofrecen a Aviva Nuestros Corazones un fundamento vital de apoyo constante.

Si escuchas regularmente el programa de Aviva Nuestros Corazones y crees en lo que Dios está haciendo a través del ministerio, quisiera pedirte que consideres unirte a nosotras a un nivel más profundo. Comunícate con nosotros si quieres ayudar nuestro ministerio de alguna de estas formas. Para más información acerca de cómo puedes ser parte de lo que Dios está haciendo entre las mujeres de América Latina, y para ofrendar, visita AvivaNuestrosCorazones.com.

Carmen : Continúa con nosotros mañana. Nancy nos estará hablando acerca de cómo confiar en el Señor en tiempos de tentación y debilidad.

Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss es un ministerio de alcance Life Action Ministries.

Todas las Escrituras fueron tomadas de La Biblia de las Américas, a menos que se indique lo contrario.

Tomado de: Aviva Nuestros Corazones

Todos los Derechos Reservados

Disponible sobre el Internet en: http://www.avivanuestroscorazones.com

2/3 – Que Su rostro resplandezca sobre ti

Aviva Nuestros Corazones

Serie: El Señor te bendiga y te guarde

2/3 – Que Su rostro resplandezca sobre ti

El Sehttps://www.avivanuestroscorazones.com/podcast/aviva-nuestros-corazones/que-su-rostro-resplandezca-sobre-ti/

Carmen Espaillat : ¿Conoces del movimiento de Mujer Verdadera?

Jonathan Jerez: Yo creo que el movimiento Mujer Verdadera es una gran ayuda a la mujer hispana.

Carmen: Este es el director de adoración Jonathan Jeréz.

Jonathan Jeréz: Lamentablemente la mayoría de las mujeres cristianas de hoy no viven el rol bíblico de la mujer o lo hacen de manera muy deficiente. El mundo ha convencido a las mujeres cristianas de que ellas son inútiles en su hogar, de manera que muchas ni siquiera saben de lo que se trata el trabajo arduo en la casa y por el contrario lo ven como una pérdida de tiempo y un desperdicio de sus talentos, cuando en realidad hay mucha recompensa en ello.

Si eres una mujer de habla hispana que estás en una posición de liderazgo o influencia dentro de tu iglesia o simplemente tienes un corazón una pasión por enseñar a otras mujeres la verdad de la Palabra de Dios acerca del diseño bíblico para la mujer y hacer discípulos, te invito a la primera Conferencia Mujer Verdadera para Latinoamérica que se llevará a cabo los días 26, 27 y 28 de Febrero del 2015 en Santo Domingo, República Dominicana.

Carmen : Y ahora volvamos con Nancy, quien está en medio de la serie, El Señor te bendiga y te guarde, basada en el texto del libro de Números.

De acuerdo a la Biblia, debemos pedirle a Dios que Su rostro resplandezca sobre Su pueblo. Aquí está Nancy Leigh DeMoss.

Nancy : Si tienes la sonrisa de Dios, puedes sobrellevar la mala cara y el rechazo de cualquier ser humano.

Carmen : Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss en la voz de Patricia de Saladín.

¿Qué significa realmente está palabra “bendecida”? Nancy comenzó a definir en sesiones anteriores el concepto de lo que es una bendición, y hoy continuará en una serie llamada, El Señor te bendiga y te guarde.

Nancy : Mientras pienso en bendiciones, me doy cuenta que con frecuencia lo que considero como bendiciones no son realmente las mayores bendiciones.

Estamos viendo la bendición sacerdotal en Números capítulo 6, comenzando en el versículo 24, “El Señor te bendiga y te guarde”- y es una oración con la que estamos tan familiarizadas. Estamos comenzando hoy a ver algunas bendiciones y peticiones específicas que Dios le pide al sacerdote que las ore sobre las personas.

Mientras vemos estas bendiciones particulares que se piden, se darán cuenta que en esta oración no se incluyen algunas de las cosas que usualmente consideramos bendiciones.

Aquí no se pide nada material. No se ora por buena salud, por dinero, o por una casa más grande. Algunas considerarían una bendición el tener un esposo y quizás digan, “Esa es una bendición que realmente me gustaría tener”.

Algunas que ya tienen el esposo modificarían esto y dirían, “Bueno, lo que me gustaría tener es un esposo que sea un hombre de Dios”. Esa es una bendición que me gustaría tener. Esas cosas son bendiciones, y no hay nada de malo en tenerlas.

Y no está mal pedir estas cosas, pero es interesante que las bendiciones anheladas aquí en Números capítulo 6 son más significativas que aquellas que son terrenales, que son bendiciones temporales.

Yo creo que en esta oración, en esta bendición, hay varias peticiones que de obtenerlas, pudiéramos seguir adelante sin necesitar otras muchas bendiciones.

Dios nos da otras bendiciones, y gracias a Él por esto. No hay nada de malo en disfrutar las bendiciones del Señor. Debemos disfrutarlas, pero lo que vemos en esta bendición, en esta oración, es el corazón de Dios en términos de lo que realmente importa, lo que son las prioridades.

Déjenme leerles, entonces, las bendiciones, y luego vamos a ver la primera petición.

Entonces el Señor habló a Moisés, diciendo: “Habla a Aarón y a sus hijos, y diles: “Así bendeciréis a los hijos de Israel. Les diréis: “El Señor te bendiga y te guarde; el Señor haga resplandecer su rostro sobre ti, y tenga de ti misericordia; el Señor alce sobre ti su rostro, y te dé paz. Así invocarán mi nombre sobre los hijos de Israel, y yo los bendeciré.” (Números 6:22-27).

Al hacer estas peticiones, y pedir estas bendiciones; estamos pidiéndole al Yo Soy quien es quien puede complacer estas peticiones. Eso te lo garantizo. No puedes hacerle a nadie más en la Tierra estas peticiones y esperar recibirlas.

Tu esposo no puede hacer estas cosas por ti. Tu mejor amigo, tu pastor, consejero, no puede, en última instancia, hacer estas cosas por ti. Si quieres estas bendiciones, tienes que pedírselas al Señor.

Por eso empieza diciendo, “El Señor te bendiga”. Y entonces la primera petición específica. “El Señor te guarde.”

Esta es una petición de protección del mal, de protección del maligno . Es interesante aquí, al mirar la frase entera, “El Señor te bendiga y te guarde,” ver que por un lado, Dios está proveyendo bendiciones para Su pueblo. “El Señor te bendiga…”

Y por el otro lado, “El Señor te guarde” – Se le pide que nos cuide, que nos guarde y te proteja del enemigo que nos quiere robar las bendiciones. Es decir que el Señor nos da Sus bendiciones, y entonces que el Señor mismo nos guarda; que el Señor provea protección para nosotras del maligno y de aquellos que pudieran tratar de robarnos las bendiciones.

El propósito de esta protección era guardar a Israel en su relación de pacto con Dios, de guardarles de caer, de mantenerlos en alto, sostenerlos, protegerlos. Vemos en las Escrituras que el Señor era el guardador de Israel, así como el Señor es nuestro guardador.

El pasaje que viene a mi mente cuando pienso en que soy guardada por el Señor, es el Salmos 121. Salmos 121 dice en los versículos 4-8,

He aquí, no se adormecerá ni dormirá el que guarda a Israel. El Señor es tu guardador…. El Señor te protegerá de todo mal; El guardará tu alma. El Señor guardará tu salida y tu entrada desde ahora y para siempre.

Esto nos dice a nosotras que el Señor es quien nos guarda. Amigas, les diré que mientras más crezco en el Señor, mientras más camino en la vida, más consciente estoy de que no puedo cuidarme a mí misma. El hecho de que hoy continúe siendo una hija de Dios no es porque yo me haya aferrado a Él.

Es porque Él es quien me guarda, y esto debe hacernos sentir seguras y debe confortar nuestros corazón cuando estemos en medio de esas etapas de la vida y pensemos, “No puedo sostenerme”. A fin de cuentas, tu salvación, tu preservación no depende de que te mantengas. Depende de que el Señor es tu guardador, el Señor te sostiene.

No puedes depender de otros para que te guarden. No tienes la seguridad de que tu esposo siempre caminará con el Señor. No puedes saber si tu pastor siempre caminará con el Señor. Nuestra confianza tiene que estar en el Señor que nos guarda. Que el Señor es nuestro guardador.

Esa palabra guardar es una palabra que significa “mantener a salvo; conservar; preservar cuidadosamente”.

No importa las circunstancias en que te puedas encontrar, así como los hijos de Israel cuando se encontraron por años deambulando por el desierto. Dios está atento.

● Él es un centinela.

● Él está despierto.

● Él sabe lo que está sucediendo.

● Él es siempre nuestro guardador.

Al llegar a esta magnífica oración sacerdotal del Señor Jesús en el Evangelio de Juan en el capítulo 17, vemos este tema del Señor protegiéndonos.

Jesús ora mientras se prepara para ir a la cruz, Él ora por Sus discípulos, y Él ora por nosotros, y ¿qué es lo que Él ora?

Nuestro gran sumo Sacerdote ora por estas mismas bendiciones para nosotras, “El Señor te guarde.” Jesús dice en Juan capítulo 17 en el versículo 9, “Yo ruego por ellos; no ruego por el mundo, sino por los que me has dado; porque son tuyos”.

Versículo 11: “Ya no estoy en el mundo, pero ellos sí están en el mundo, y yo voy a ti, “dijo Jesús, “voy al cielo”. Pero ellos tendrán que quedarse aquí y lidiar con este mundo malo. Y Jesús ora, “Yo voy a ti. Padre Santo, guárdalos en Tu Nombre”.

Versículo 12:

Cuando estaba con ellos, los guardaba en tu nombre, el nombre que me diste; y los guardé y ninguno se perdió, excepto el hijo de perdición, para que la Escritura se cumpliera.

Versículo 15, Jesús le dice a Su Padre, “No te ruego que los saques del mundo [mientras estén en el mundo], sino que los guardes del maligno”. Protégelos. No solo que le des una ruta de escape, sino que mientras estén en este mundo malo, Tú los cubras. Protege sus almas. Guarda sus corazones.

Y Él dice, “No ruego solo por estos,” es decir, por los discípulos que vivían entonces, –y personalmente me encanta esta parte– “sino también por los que han de creer en mí por la palabra de ellos” (versículo 20). ¿Quiénes son estos? Estos somos nosotras.

Jesús oró por nosotras. Él oró, “Padre, guárdalos en Tu Nombre. Guárdalos a salvo. Mantenlos fieles. Mantelos protegidos. Guárdalos de pecar.

Y entonces Él oró, “Guárdalos de este mundo malo”. De Satanás –Satanás es como un león rugiente, siempre acechando, buscando a quien devorar. Él está activo. Él está vivo. Él está bien. Él ya ha sido vencido, pero Él no lo ha admitido todavía.

Hay muchas ocasiones, particularmente cuando me estoy preparando para enseñar un material nuevo, que libro una lucha interna en mi corazón por varias razones. Algunas veces, cuando la verdad que me preparo para exponer es muy importante, me siento como si estuviera en medio de una batalla espiritual, porque voy a tratar con algo tan vital, tan clave para ayudar a las mujeres a ser libres, que tengo la impresión algunas veces que el maligno está haciendo todo lo que puede para hacerme caer, para hacerme pecar, para inhabilitarme para exponer esta verdad y no poder enseñarla efectivamente.

Cuando me doy cuenta de esto, resulta ser tan alentador saber que Jesús oró para que yo fuera guardada del maligno, que Él ha puesto un cerco de protección alrededor de mí, y que el maligno, Satanás, así como es de poderoso, no me puede tocar porque estoy protegida por Dios.

Estoy protegida. “El Señor te bendiga y te guarde”. Y pienso en esa bendición en el libro de Judas cuando dice: “Y a aquel que es poderoso para guardaros sin caída” (versículo 24). ¡Oh cuán agradecida estoy por esto!

Si Dios no me guardara de caer, todo lo que haría sería caerme. Pero Él puede guardarme. Él puede protegernos de caer y presentarnos sin falta, sin mancha, delante de la presencia de Su gloria con gran gozo.

Al único sabio Dios, nuestro Salvador, sea gloria, dominio, y poder por siempre. Al mirar hacia toda la eternidad y a la perspectiva de pasarnos la eternidad con Cristo, lo que nos mantiene desde ahora y hasta entonces es el poder de Dios.

“El Señor te bendiga. El Señor te guarde”. Entonces venimos a esta petición, o a este par de peticiones, en el versículo 25 de Números capítulo 6.

“El Señor haga resplandecer su rostro sobre ti, y tenga de ti misericordia; el Señor alce sobre ti su rostro.” En esta oración para que Dios nos guarde, para que Dios nos proteja, vemos una oración por protección. “El Señor te bendiga y te guarde.” El Señor te proteja del maligno. El Señor te proteja del mal.

Ahora vemos una petición por la presencia de Dios , no solo Su protección, sino también por Su presencia. “El Señor haga resplandecer Su rostro sobre ti, “y entonces la frase paralela en el versículo 26, “El Señor alce sobre ti su rostro”.

Recuerden en el libro de Éxodo cuando Dios le dijo a Moisés, “Quiero que guíes a los hijos de Israel a la Tierra Prometida, y yo les daré provisión; yo les protegeré”.

Dios les dio una lista de cosas – “Yo les enviaré Mi ángel para que vaya con ustedes” – y Moisés le dijo, “Espera un minuto, Señor”, “¿Y qué de Tu presencia?”

“Si tenemos todos Tus regalos y todas Tus bendiciones, pero no te tenemos a Ti, no quiero ir, tengo que saber, Señor, que Tú estás con nosotros en esto”.

Es tan importante para nosotras pedirle al Señor, por nosotros y por los demás, que la presencia de Dios esté en nuestras vidas. Este es el concepto que es presentado aquí cuando dice, “El Señor haga resplandecer Su rostro sobre ti”.

El “rostro de Dios” significa la presencia de Dios. Cuando el rostro de Dios “brilla sobre Su pueblo,” esto significa que Dios se complace en Su pueblo.

Matthew Henry dijo, “Esto parece aludir a la sonrisa de un padre sobre su hijo.” Vemos a estos jóvenes atletas, en estos juegos de básquetbol de las escuelas secundarias donde los muchachos anotan los primeros dos puntos de su vida.

Y este joven ha estado sentado en el banco por 3 años. Y ahora está en su último año de bachillerato, y finalmente entra en el último cuarto del juego, hace un canasto y anota. ¿Hacia dónde él mira? Él mira a su entrenador o mira a su papá sentado en los bancos. Él quiere ver la sonrisa de su papá.

Nos pasamos gran parte de nuestras vidas mirando las caras de las personas en quien buscamos aprobación para ver si la hemos ganado.

Porque la cara de una persona nos dice tanto. Proverbios capítulo 16 en el versículo 15 dice que, “En el resplandor del rostro del rey hay vida, y su favor es como nube de lluvia tardía.”

Queremos ver a aquellos en autoridad, a aquellos que son importantes para nosotros y queremos ver en sus caras que todo está bien. “Tú eres aceptada. Tú puedes entrar en Mi presencia”.

La petición de esta oración no es por satisfacción de ningún rostro humano, sino para la satisfacción del rostro de Dios, saber que Dios nos mira, y que Dios se ha complacido, que Él se sonríe con nosotros, con Su pueblo como un padre se sonríe con su hijo.

Leemos en el libro de Éxodo que Dios habló a Moisés cara a cara, como un hombre habla con un amigo. Esto es una señal de que, “Tú eres bienvenido. Ven ante Mi presencia. Yo te doy la bienvenida para estar aquí”.

Y mientras pensamos en el rostro de Dios, nos damos cuenta que en esta vida, siendo lo que es, a veces tenemos que lidiar con el ceño fruncido o con la desaprobación de los demás.

Puede que algunos nos rechacen. Puede ser que nuestros padres nunca nos hayan mirado con gracia en sus rostros, y esto puede ser un recuerdo o una imagen que guardamos hasta estos días.

Puede ser que sus esposos no les sonrían, no les miren con aprobación. Pero quiero decirles algo: si tienen la sonrisa de Dios, pueden sobrevivir las malas caras y el rechazo de cualquier figura humana.

Ahora bien esto no quiere decir que no importa. No significa que esto no duela, pero en última instancia, la complacencia, la aceptación que necesitamos buscar, la bendición que necesitamos es la sonrisa de Dios.

La amistad con Dios – piensen en este versículo 2da a los Corintios capítulo 4 en el versículo 6 que nos dice,

…Dios, quien dijo, “De las tinieblas resplandecerá la luz,” es el que ha brillado en nuestros corazones para darnos la luz del conocimiento de la gloria de Dios en el rostro de Jesucristo.

Como verán, cuando Jesús vino a esta Tierra, Dios se hizo hombre. Pudiéramos decir que Él estaba poniéndole un rostro humano a Dios. En la cara de Cristo, vimos la gloria de Dios. Jesús era Dios sonriéndole a Su pueblo y haciéndose carne para que pudiéramos ver las bendiciones y el favor de Dios.

Déjenme decirles que el rostro de Dios también puede ser algo aterrador. El Salmo 104 el versículo 29 dice, “Escondes tu rostro, se turban”. Cuando Dios esconde Su rostro…Pensamos en el rostro de Dios como brillante, santo, y luminoso, ¿y qué le hace la luz a la oscuridad? La expone.

Al encender la luz en un lugar oscuro, podemos comenzar a ver los insectos y los gusanos y todo lo que sale arrastrándose, corriendo para esconderse.

A algunas cosas no les gusta que las expongan a la luz. Cuando pienso en el rostro de Dios, en sentido humano, es como esos amigos que casi pueden ver a través de ti. En esos casos nos sentimos como que, “Ellos saben lo que estamos pensando.”

Bueno, pues estamos lidiando con Uno con U mayúscula, que puede ver a través de nosotras, delante de quien todas las cosas están desnudas y al descubierto a Su vista , dice en Hebreos capítulo 4 en el versículo 13. El estar delante de la presencia de Dios, si nuestros corazones no son puros, es algo aterrador.

¿Recuerdan en el Huerto del Edén después de que Adán y Eva pecaron contra Dios, qué hicieron ellos? Ellos se escondieron de la presencia del Señor Dios. Esta palabra presencia es la misma palabra que se usa en Números capítulo 6 y que es traducida como, “rostro o semblante”. Ellos se escondieron del rostro de Dios.

“No nos mires. No podemos soportar tu mirada”. Han visto esto, tal vez con sus hijos cuando han hecho algo malo, y no quieren mirarles a los ojos.

Y tú le dices, “Mira a mami a los ojos,” pero tienen miedo. Porque son culpables. Ellos lo saben. Cuando nosotros somos culpables delante de Dios, cuando experimentamos lo que dice el Salmo 90 en el versículo 8, “Has puesto nuestras iniquidades delante de ti, nuestros pecados secretos a la luz de tu presencia,” estar en esa situación resulta algo aterrador.

Por eso es que necesitamos la siguiente petición dentro de esta bendición. “El Señor haga resplandecer Su rostro sobre ti” (Números 6:25). Me recuerda el Salmo 67 el versículo 1 donde tenemos una oración similar, “Dios tenga piedad de nosotros y nos bendiga, y haga resplandecer su rostro sobre nosotros”.

Entonces habiendo ya orado por la protección y por la presencia de Dios, y porque el rostro de Dios brille sobre nosotros, ahora la oración es por el perdón de Dios – por perdón de nuestros pecados que han sido expuestos a la luz de Su rostro. Que “Dios tenga piedad de nosotros”.

Como cuando decimos la oración que Jesús nos enseñó a orar, “Perdona nuestras ofensas” (Mateo 6:12). “Ten misericordia de nosotros pecadores. Necesitamos de tu gracia”. Y la gracia en su naturaleza misma es inmerecida.

No la merecemos. No la podemos ganar. El resultado de la satisfacción de Dios es Su gracia. Su pacto de misericordia es fundamental para nuestra salvación, el darnos cuenta que Dios ha hecho resplandecer Su rostro sobre nosotros. Necesitamos que Su misericordia y Su gracia vengan sobre nosotras.

Pienso en este pasaje del León, la Bruja, y el Ropero donde Aslan es el gran león, el poderoso y feroz león. Él es el rey de las bestias; él es el señor de los bosques. En esta historia, Lucy, la niña, le pregunta al Sr. y a la Sra. Castor la primera vez que escucha hablar de Aslan, “¿Es seguro estar con él?”

El Sr. Castor le respondió, “¿Quién dijo algo acerca de seguro? Claro que no. Pero él es bueno. Él es el rey. Eso sí te digo”. Qué retrato de la gracia de Dios. ¿Es Él seguro? Bueno, si los pecadores vienen ante Su presencia y está sobre ellos el juicio, la ira y el terror del Señor, esto debería aterrarnos si estamos separadas o apartadas de Su gracia.

Pero cantamos de esa gracia, hablamos sobre ella, pero ¿realmente nos apropiamos de ella?

Por su gracia miro que peque y su ley divina quebrante, mi alma entonces contempló por fe al Salvador, Mi alma allí divina gracia halló, Dios allí perdón y paz me dio, del pecado allí me liberto, el Salvador

Cantamos acerca del Calvario, que es donde esta gracia fue derramada.

Maravillosa gracia vino Jesús a dar, más alta que los cielos, más honda que la mar, más grande que mis culpas, clavadas en la cruz, es la maravillosa gracia de Jesús… (Maravillosa Gracia))

¿Dónde? En el Calvario. Allí fue que Dios hizo que Su rostro resplandeciera sobre nosotros.

El terror de Su rostro eventualmente se transformó en la sonrisa y el favor de Su rostro que estuvieron en la cruz de Cristo donde Él nos mostró Su gracia. Allí fue donde Él dijo, “Yo soy el Dios de toda gracia, y quiero bendecirles con esta gracia”.

Enséñanos, Padre, a conocer acerca del terror del Señor y lo que significa vivir bajo el escrutinio de tu mirada, que todo lo encuentra y que todo lo sabe.

Y entonces, por Tu gracia, que Tu ceño de justicia sea transformado en Tu sonrisa de justicia. Y así oramos Señor, bendícenos y guárdanos y haz que Tu rostro resplandezca sobre nosotros y que Tu gracia sea sobre nosotros. En Nombre y por la causa de Cristo oramos esto, amen.

Carmen: Nancy nos ha compartido hoy acerca de una increíble oración:”Que el rostro de Dios resplandezca sobre ti.” Oramos pidiendo esto para los oyentes de Aviva Nuestros Corazones.

Si has estado escuchando el programa por un período de tiempo y aprecias lo que Dios está haciendo a través del ministerio, ¿considerarías apoyarnos a un mayor nivel? Sé parte de nuestro ministerio. Puedes encontrar más detalles visitando AvivaNuestrosCorazones.com. Allí podrás encontrar muchos recursos que te ayudarán en tu caminar con el Señor.

Si todo el mundo está buscando obtener la paz, ¿por qué será que a veces es tan difícil de encontrar? Contestaremos esto en nuestro próximo programa de Aviva Nuestros Corazones.

Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss es un ministerio de alcance de Life Action Ministries. Y yo quiero que mi mamá asista a la Conferencia de Mujer Verdadera.

Todas las Escrituras fueron tomadas de la Biblia de Las Américas de no ser que se indique lo contrario.

Tomado de: Aviva Nuestros Corazones

Todos los Derechos Reservados

Disponible sobre el Internet en: http://www.avivanuestroscorazones.com

1/3 – La bendición sacerdotal

Aviva Nuestros Corazones

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Serie: El Señor te bendiga y te guarde

1/3 – La bendición sacerdotal

Carmen Espaillat: ¿Qué es una bendición? Escucha a esta mujer explicándolo a partir de su propia experiencia.

Mujer: Al final de la vida de mi padre cuando estaba en el hospital, la familia se congregó alrededor de él. Él nos pidió que le llevaramos a su única bisnieta. Cuando se la colocaron en sus brazos él citó Números 6:24-26, “El SEÑOR te bendiga y te guarde; el SEÑOR haga resplandecer su rostro sobre ti, y tenga de ti misericordia; el SEÑOR alce sobre ti su rostro, y te dé paz”.

Yo me senti muy orgullosa de él por haber hecho eso, por ver cómo su mente estaba tan enfocada en el Señor y en dejar un legado.

Carmen: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss, en la voz de Patricia Saladín.

Nancy quiere ofrecer una bendición para todo tiempo y momento de nuestras vidas. Probablemente has escuchado antes la palabra bendición pero ¿sabes realmente lo que significa? Nancy va a ofrecernos una perspectiva fresca de esto en la serie El Señor te bendiga y te guarde.

Nancy Leigh DeMoss: Si tienen en sus iglesias un boletín con el programa de los cultos, habrán observado que a veces al final aparece esta palabra: bendición. ¿Qué queremos decir cuando decimos que van a dar una bendición al final de un servicio? ¿Qué significa esa palabra? La palabra bendición significa «hablar bien, hablar palabras de paz o de bendición».

Hoy quiero que estudiemos una de las bendiciones más maravillosas en toda la Palabra de Dios. Hay varias bendiciones en la Escritura. Al final de muchas de las epístolas del Nuevo Testamento, encontrarás algunas hermosas bendiciones que nos animan en nuestro caminar diario.

Al final de 1ra a los Corintios, Pablo dice: «La gracia de nuestro Señor Jesucristo sea con vosotros. Mi amor sea con todos vosotros en Cristo Jesús» (1 Corintios 16:23-24). Y al final de Romanos dice, «La gracia de nuestro Señor Jesucristo sea con vosotros» (Romanos 16:20).

Y así, una y otra vez en las Escrituras vemos bendiciones -alguien habla una palabra de bendición. Y puedo imaginármelo, como en el caso de algunas iglesias, cuando el pastor inclusive levanta sus manos como Cristo levantó sus manos mientras se preparaba para volver al cielo al final de su ministerio terrenal.

Él levantó sus manos sobre sus discípulos y les habló palabras de bendición. En ese caso fue una bendición de despedida, que es como a menudo lo hacemos al final de los cultos de la iglesia y la forma en que aparece al final de muchas de las epístolas del Nuevo Testamento.

Pero cuando vamos al Antiguo Testamento, hay una bendición en particular, que es especialmente conocida. He escuchado esta bendición muchas veces en los últimos años. Yo se la he dicho a muchas personas. En los últimos días, la he estado estudiando y he encontrado que hay en ella mucha riqueza y enseñanzas frescas del Señor que han ministrado una bendición especial a mi vida. Quiero que tomemos tiempo para estudiar esta hermosa bendición.

Si tienes tu Biblia, por favor ábrela en Números capítulo 6. Quiero leer a partir del versículo 22 hasta el final del capítulo. Números capítulo 6, versículo 22:

“Entonces habló el SEÑOR a Moisés, diciendo: Habla a Aarón y a sus hijos, y diles: «Así bendeciréis a los hijos de Israel. Les diréis: ‘El SEÑOR te bendiga y te guarde; el SEÑOR haga resplandecer su rostro sobre ti,
y tenga de ti misericordia; el SEÑOR alce sobre ti su rostro, y te dé paz.’ Así invocarán mi nombre sobre los hijos de Israel, y yo los bendeciré.”

Ahora, vamos a desglosar este pasaje palabra por palabra, frase por frase. Esa es la forma en la que debemos estudiar las Escrituras. Simplemente te detienes y meditas en una frase una oración una parte de esa frase y le pides al Espíritu Santo que te ayude a pensar en otros pasajes de las Escrituras que se relacionan con ese pasaje, que arrojan luz sobre él, para entender qué es lo que Dios está diciendo Luego, y a medida que estudiamos, le pedimos a Dios que la aplique a nuestros propios corazones.

Esta es una bendición sacerdotal. Dios habló a Moisés, y le dijo: «Esto es lo que vas a decirles a Aarón y a sus hijos que deben hacer». Ahora, ¿quién fue Aarón en relación a Moisés? Aarón fue el hermano mayor de Moisés. Pero Aarón también tuvo un papel muy especial. Él fue el primer Sumo Sacerdote de Israel. Así que Dios le dijo a Moisés: «Ve a tu hermano y dile que como sacerdote sobre mi pueblo él es el que debe bendecirlos». Él debe ofrecer una bendición sacerdotal.

Algunas personas llaman a esta bendición, la bendición de Aarón. Eso significa que llegó a través de Aarón. Aarón debía bendecir al pueblo de Israel y esta es la bendición que Dios le instruyó que impartiera.

Ahora bien, al estudiar esta bendición, veremos que se basa en una relación de pacto. Las personas que están siendo bendecidas, no son los moabitas ni los amonitas ni los hititas ni todos los «itas» que viven en la tierra de Canaán, hacia donde los hijos de Israel se dirigen.

Hay un sentido en el que Dios bendice justos e injustos. Él manda la lluvia a los que somos sus hijos, así como también a aquellos que no son sus hijos y Él le regala el sol a ambos también. Hay algunos favores y algunas bendiciones generales y comunes que Dios ofrece a todos, pero hay ciertas bendiciones que Dios reserva para aquellos que son Sus hijos.

Esta fue una bendición especial para Israel. A la luz del Nuevo Testamento, creo que es una bendición que se puede aplicar a nosotras como hijas de Dios también.

Ten en cuenta que no es el sacerdote quien inicia esta bendición. Es Dios quien la inicia. Vemos que Dios es la fuente, el manantial de toda bendición. La bendición es una idea de Dios. Dios lo penso. Dios piensa en ello. Él es quien tomo la iniciativa de bendecir a los hijos de Israel. Y él es quien toma la iniciativa de bendecirnos en nuestras vidas.

En cuanto al contexto inmediato en el libro de Números, vemos que los hijos de Israel están en el desierto. Acaban de salir de Egipto, donde fueron esclavos por 400 años. Han sido librados por Dios a través del derramamiento de la sangre del cordero Pascual. Dios los ha librado de Egipto. Él los llevó a través del Mar Rojo, los libró de sus enemigos, los egipcios. Ellos han estado en el monte Sinaí, donde han recibido la Ley de Dios, y ahora es el momento en que van entrar en la Tierra Prometida.

Lo que Dios sabe en este momento –pero que los hijos de Israel desconocen- es que van a pasar los próximos 30 años – tal vez como dos millones de judíos –deambulando por la tierra a través de este desierto árido. Dios sabe que van a necesitar esta bendición.

Dios sabe en qué desierto te encuentras en este momento. Dios sabe el desierto por el que transitarás en un año o en dos o en 38 años a partir de ahora. Dios prepara sus bendiciones a la medida, de forma que sean exactamente lo que Él sabe que necesitaremos en ese momento y en esa etapa de la vida.

¿Qué iban a necesitar los hijos de Israel en ese desierto? Bueno, iban a necesitar protección. Iban a necesitar provisión. ¿Quién iba a alimentar a todos estos judíos? ¿De dónde iban a conseguir alimento para cada día? De hecho, ellos le dijeron a Dios una vez, «¿Puedes preparar una mesa en el desierto?» ¿Cómo se alimentan dos millones de personas en un desierto donde no hay restaurantes de comida rápida?

Ellos iban a necesitar provisión. Iban a necesitar de la presencia de Dios. Iban a necesitar la bendición de Dios. Ellos no podrían sobrevivir sin eso.

No importa dónde tú o yo estemos caminando, realmente estamos siempre en un lugar en la vida donde no podemos sobrevivir sin la bendición de Dios. Necesitamos Su bendición y Dios lo sabe. Así que por eso envió esta bendición para llevar aliento y esperanza y paz a sus hijos en medio de circunstancias difíciles de su vida.

Dios sabía que iba a ser difícil. Él sabía que llegarían a lugares donde no habría agua, o donde no habría nada de comer, o donde serían amenazados por los enemigos. Dios les dijo de antemano, «He preparado una bendición para ustedes». Esa era una bendición que acompañaría a los hijos de Israel y que los cubriría durante todos esos años de vagar por el desierto, y luego más adelante en la tierra prometida y durante todas las batallas que enfrentarían allí.

Esta bendición era un recordatorio:

● del amor de Dios por Sus hijos

● de Su devoción hacia ellos

● de Su atención

● de que Dios estaba pensando en ellos

● de que Él estaba consciente de ellos

● de que Él tenía sus ojos puestos sobre ellos

● de que Él conocia sus necesidades, incluso antes de que ellos las supieran.

Probablamente ellos no se daban cuenta de lo rápido que estarían en necesidad, desesperadamente, pero Dios si lo sabía.

Esta bendición es dada por Dios a través de Sus sacerdotes a S u pueblo y consiste realmente en una serie de peticiones, pero también es una promesa. Es una promesa de que tendrán el favor de Dios, que Él pondrá Sus ojos sobre Su pueblo; que Él atenderá sus necesidades.

Hemos dicho que ese es el contexto inmediato: los hijos de Israel en el desierto necesitan desesperadamente la bendición de Dios y sus promesas. A medida que exploramos esta bendición y comenzamos a estudiarla juntas, vamos a ver que esta bendición del Antiguo Testamento apunta hacia una bendición muy importante que veremos en el Nuevo Testamento.

Creo que uno de los lugares claves en el Nuevo Testamento, donde leemos acerca del cumplimiento de esta bendición, se encuentra en el Evangelio de Juan capítulo 17, donde el Señor Jesucristo, nuestro gran Sumo Sacerdote, ora una bendición por los creyentes del Nuevo Testamento. En una próxima sesión, hablaremos sobre algunos de los paralelismos entre la oración sacerdotal de Cristo por nosotros, y esta bendición del Antiguo Testamento.

Al leer esta bendición que viene por medio de Aarón, el sumo sacerdote, y sus hijos, se nos recuerda que tenemos un gran Sumo Sacerdote. Su Nombre es Jesucristo. Es Él que pronuncia estas palabras de bendición para nosotros. No solo es Él quien nos bendice, sino que también Él es el cumplimiento de las peticiones de esta bendición. Él es la bendición. Él nos bendice, pero también Él es el cumplimiento de esa bendición. Todo se ha cumplido en Él.

Al leer esta bendición, no solo vemos que Dios bendijo a los hijos de Israel, sino que también Dios nos está bendiciendo con estas palabras del Antiguo Testamento; palabras que se repitirán en esencia en el Nuevo Testamento, y también se nos da un modelo que podemos usar para bendecir a otras personas. Bendecimos a los demás como hemos sido bendecidos. No necesitamos tener un sacerdote para hacerlo, un sacerdote terrenal, en el sentido de la religión terrenal porque tenemos un Sumo Sacerdote en el Cielo hoy que está orando por nosotros.

Esta oración, esta bendición, como aparece en Números capítulo 6, en realidad contiene algo que podría lucir como la imagen dos sujetalibros. En el versículo 22, leemos, «Entonces habló el SEÑOR a Moisés, diciendo: Habla a Aarón y a sus hijos, y diles: «Así bendeciréis a los hijos de Israel, les diréis».

Luego tenemos la bendición. Es decir que Dios instruye a Moisés que le diga a Aarón el sacerdote que así es como él debe bendecir al pueblo. Bendecirás al pueblo de Israel. Estas son las palabras que debes hablarles.

Luego tenemos la bendición. Al final tenemos el versículo 27, el colofón o el sujetalibros del otro lado. «Así invocarán mi nombre sobre los hijos de Israel, y yo los bendeciré». Así que Dios le dice al sacerdote: «Bendice al pueblo, y al hacerlo, yo los bendeciré».

Ahora, ¿qué implica eso? Implica que cuando se imparte la bendición de Dios sobre la vida de otras personas, lo que realmente estamos haciendo es creando un escenario, creando una oportunidad para que Dios pueda, de hecho, bendecir estos individuos. Míralo en el versículo 22. «Bendice al pueblo de Israel. Así le dirás a ellos». A continuación, fijate lo que dice al final: «Y yo los bendeciré». Es increíble.

Piénsalo por un momento. ¿Qué pasaría en la vida de tu pareja, de tus hijos, de tus amigos si Dios hiciera solamente las de cosas que tú hablaras sobre estas personas? Si Dios fuera a bendecir o a maldecir en la misma medida en que tú bendices o maldices a la gente que te rodea, y si Dios fuera sólo a cumplir las cosas que tú pediste, los buenos deseos que expresaste, las oraciones de bendición que oraste por las personas, ¿qué tanto serían bendecidas estas personas?

Al hablar de bendecir, dirás: «El problema es que, yo no soy un sacerdote». Bueno, de acuerdo con el Nuevo Testamento, todos hemos sido constituidos sacerdotes para Dios. No dependemos de algún clérigo para llevar a cabo esta función. Esto es algo que como creyentes del Nuevo Pacto todos podemos hacer. Podemos hablar bendición en la vida de los demás. Cuando lo hacemos, de hecho nos convertimos en un canal, en un conducto de la bendición de Dios en la vida de otras personas.

Así que tenemos estos dos sujetalibros. Tú los bendices, y luego yo los bendeciré. Luego, en el centro tenemos esta oración, que en realidad está en forma poética, en hebreo. Son tres frases, cada frase dividida en dos partes. Tres coplas. «El SEÑOR te bendiga y te guarde.» Esa es una copla. La segunda es: «El SEÑOR haga resplandecer su rostro sobre ti y tenga de ti misericordia.» Otra copla. Luego la tercera copla, «el SEÑOR alce sobre ti su rostro y te dé paz”.

Ahora bien, en realidad hay seis peticiones. Se le pide al Señor que haga algo por la persona. En esto consiste la bendición.

● Que el Señor te bendiga.

● Que el Señor te guarde.

● Que el Señor haga resplandecer Su rostro sobre ti.

● Que el Señor tenga misericordia de ti.

● Que el Señor alce Su rostro sobre ti.

● Que el Señor te dé paz.

Nota la repetición en esta bendición. Esa es una de las formas más comunes en la poesía hebrea. En primer lugar, te darás cuenta de dos ocasiones en las que esta bendición habla sobre el rostro de Dios. Las palabras cararostro o faz— son la traducción de la misma palabra hebrea para la palabra «cara». Es una imagen de la presencia de Dios. Dos veces habla de la palabra cara, faz o rostro o presencia de Dios.

Al leer esto, nos damos cuenta de que cuando algo se repite en la Escritura, sobre todo en el estilo de la poesía hebrea, significa que ahí hay un énfasis.

Al ver la repetición aquí: el Señor haga resplandecer Su rostro sobre ti, el Señor te muestre Su rostro, Su cara, Su presencia sobre ti- nos damos cuenta de que la bendición suprema es la de disfrutar de Su presencia. La bendición suprema es entrar a la presencia de Dios. Ese es el objetivo de los propósitos redentores de Dios, que podamos tener una comunión íntima con Él.

Así que la bendición aquí es obtener el favor de Dios; que puedas experimentar Su presencia. Esto se destaca al ver la forma en que se repite la idea de buscar Su rostro.

Pero también te darás cuenta que en las peticiones hay otra cosa que se repite. Se repite tres veces. Lo vemos en los versículos 24, 25 y 26: Y es el Nombre del Señor. Se repite el nombre, Yahvé, en hebreo. Jehová. Tres veces. Creo que esta es una representación velada en el Antiguo Testamento de la Trinidad. El Padre te bendiga. El Hijo te bendiga. El Espíritu Santo te bendiga. Tres personas, un solo Dios.

Cada una de estas tres personas tiene una función. Es el Padre que nos mantiene; ‘El Señor te bendiga y te guarde’. Es el Hijo que muestra gracia hacia nosotros; ‘El Señor haga resplandecer Su rostro sobre ti y tenga de ti misericordia’. Ese es el ministerio del Señor Jesucristo en nuestras vidas. Entonces, ¿quién es que nos da la paz? El Espíritu Santo. ‘El Señor alce sobre ti su rostro y te dé paz’. Así que aquí vemos el ministerio del Dios trino. Que el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo te bendigan.

Esta oración es realmente uno de los mejores regalos que podemos otorgar a los demás. No quiero decir eso solo por las palabras que contiene la oración, aunque es una gran bendición, sino por la idea de bendecir a los demás en el nombre del Señor; es un regalo maravilloso poder recibir del Señor y luego poder extender la bendición a los demás. Uno de los mayores regalos que puedes otorgar a tu esposo, a tus hijos, a tus amigos es la bendición de Dios.

Ahora nota, antes de adentrarnos en los detalles de esta oración, que se trata de una bendición que debe ser audible, debe ser hablada. “Habló el SEÑOR a Moisés, diciendo: Habla a Aarón y a sus hijos, y diles: «Así bendeciréis a los hijos de Israel. Les diréis…» Esta instrucción viene solo por esa pequeña palabra, pero creo que hace hincapié en que tenemos que utilizar nuestras palabras, nuestra boca para bendecir.

Ahora bien, hay otras maneras en que puedes bendecir. Puedes bendecir:

● con actos de servicio y amabilidad

● puedes bendecir con un espíritu dulce

● con otras expresiones de amor

Al pensar en las personas que Dios te ha llamado a bendecir, asegúrate de que que estés hablando bendición sobre sus vidas.

“Dirás a ellos, el Señor te bendiga y te guarde…”

Al mirar estas peticiones diferentes, permiteme hacerte esta pregunta: Si pudieras pedirle a Dios cuatro cosas para ti -piensa en todas las cosas que quieres, todo lo que necesitas, todo lo que te gustaría tener, todas las cosas que te gustaría ver que Dios hiciera por ti- …Pero si tuvieras que limitar la lista, reducirla a cuatro cosas, sabiendo que Dios te daría las cuatro cosas que pidas, ¿qué incluirías en tu lista?

Piensa por un momento en las personas que amas: tu pareja, tus hijos, tus nietos, tus padres, tu pastor, tus amigos. Si solo pudieras pedir cuatro bendiciones para tu esposo o para tus hijos y sabes que Dios haría lo que le pidas, ¿qué estaría en tu lista?

Creo que una oración como esta es de gran ayuda. Estoy tan contenta de que la tenemos en las Escrituras, porque nos recuerda qué es lo realmente importante; lo que debemos tener en nuestra lista. Esta no es la única bendición en la Escritura, y no es la única forma ‘correcta’ por la que podemos pedir. Pero nos recuerda que esto es lo que realmente importa. Esta es la lista de Dios. Esta es Su lista de cómo Él quiere bendecir a Su pueblo.

¿No te gustaría unirte con Dios al decir: «Yo quiero ser bendecido en la forma que Tú, Dios, quieres bendecir? Quiero bendecir a los demás de la manera que Tú quieres bendecirlos».

Así que a medida que avanzamos a través de esta bendición, de esta oración, vamos a ver cuatro bendiciones específicas. Viene en la forma de seis frases, pero se reducen a cuatro bendiciones específicas que estamos pidiendo al Señor, para nosotras mismas y para los demás. Así que veamos desde el principio: “El Señor te bendiga”. Estamos reconociendo de nuevo aquí que es el Señor que está impartiendo la bendición. El Señor te bendiga.

A menudo les escribo a los demás. . . Después de un montón de notas. Al final me despido «bendiciones». A menudo le digo a la gente al despedirlos, «Bendiciones sobre ti». El estudiar este texto me ha dejado ver que lo que estoy diciendo en realidad es «el Señor te bendiga». Es Él el que al final bendice. ‘Bendecirás al pueblo. Dirás a ellos, el Señor te bendiga’. Él es la fuente de toda bendición. Todo viene de Él.

Pienso en ese pasaje de Génesis capítulo 48, cuando Jacob bendijo a su hijo José cuando él estaba a punto de morir. Dijo que el Señor lo había bendecido, y por eso lo estaba bendiciendo a él. Si deseas bendecir a los demás, entonces primero debes recibir la bendición de Dios. Tienes que permitir que Dios te bendiga. Él quiere hacerlo de esta manera que estaremos viendo y de otras maneras también.

Y es que cuando bendecimos a Dios, cuando hablamos bien de Él. Cuando Dios nos bendice, Él nos hace el bien. Él cumplirá las peticiones que se le pidan. Esta bendición resume los beneficios de pacto que Dios quiere mostrar a Su pueblo.

Los judíos del Antiguo Testamento esperarían que un padre hablara palabras de bendición sobre sus hijos. Dios está diciendo: «Ustedes son Mis hijos, y quiero bendecirlos». Así que al pensar acerca de las personas en tu vida, en tu hogar, al hablar con tu marido y con tus hijos; diles: «El Señor te bendiga». Pídele al Señor que los bendiga y diles «Estoy orando que el Señor te bendiga».

Te diré que, aun si no tuvieres otra razón en la vida para ser feliz, si has sido bendecida por el Señor, entonces tienes más que suficiente. La bendición del Señor es la que enriquece, y no añade tristeza con ella. Que el Señor las bendiga.

Carmen: Esa es Nancy Leigh DeMoss, desglosando una de las bendiciones más famosas en la Biblia. Está en Números capítulo 6. Este mensaje es la primera parte de la serie, El Señor te bendiga y te guarde.

Te invitamos a visitarnos en AvivaNuestrosCorazones.com para obtener más recursos como estos.

Y cuando visites la página aprovecha para enterarte acerca de todo lo relativo a nuestra primera conferencia de Mujer Verdadera para América Latina, a celebrarse en febrero del año entrante en Santo Domingo, República Dominicana.

Carmen: De acuerdo a la Biblia debemos pedir que el rostro de Dios ilumine a Su pueblo. Averigua lo que ésto significa cuando Nancy Leigh DeMoss continúe describiendo la bendición sacerdotal que aparece en el libro de Números capítulo 6. Esto será en la próxima entrega de Aviva Nuestros Corazones.

Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras fueron tomadas de La Biblia de las Americas a menos que se indique lo contrario.

Tomado de: Aviva Nuestros Corazones

Todos los Derechos Reservados

Disponible sobre el Internet en: http://www.avivanuestroscorazones.com

 

5/5 – Más que una lista

Aviva Nuestros Corazones

Serie: La hermosura de un corazón modesto

5/5 – Más que una lista

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Carmen Espaillat: Enseñarles a nuestros niños eficazmente sobre la modestia significa empezar de adentro hacia afuera.  Con nosotras, Nancy Leigh DeMoss, en la voz de Patricia de Saladín.

Nancy Leigh DeMoss: No empieces con una lista.  Empieza con los principios de la Palabra de Dios.  Enséñales a tus hijos, desde que sean bien pequeñitos, lo que Dios piensa y cuáles son los principios que deben regir nuestras vidas en lo que respecta a la modestia.

Carmen: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones, con Nancy Leigh DeMoss en la voz de Patricia de Saladín.

Queremos que nuestros hijos reciban instrucción formal en matemáticas, lenguaje e historia.  Tal vez tomen clases formales de piano , ballet o pintura.  Quizás sean miembros de un equipo para aprender fútbol o gimnasia.  Y entonces, ¿quién les está enseñando sobre la modestia?  Con nosotras, Nancy Leigh DeMoss.

Nancy: Uno de los principios más importantes que encontramos repetidamente una y otra vez, particularmente en el Antiguo Testamento, es la importancia de que los padres les enseñen a sus hijos los caminos de Dios.

Amigas, si ustedes no les enseñan a sus hijos a pensar bíblicamente, no esperen que el mundo les enseñará a pensar de la manera correcta.  ¡Qué responsabilidad tan grande tienen como padres, como mamá en este caso, de enseñarles a sus hijos los caminos de Dios!

Esto también es cierto en lo que respecta a la modestia, el enseñarles a sus hijos a tener un corazón que se incline hacia la modestia y entender la importancia y la necesidad de tener modestia y lo que significa ser modestos en cada área de sus vidas, incluyendo cómo se visten.

Hemos estado hablando sobre cómo enseñarles a los hijos en estas áreas, y hemos dicho que es vital que ustedes sean un ejemplo consistente de sus propios estándares de modestia, cómo la viven, y el tipo de entretenimiento que disfrutan y aprueban para sí mismas y para sus hijos.

¿Pero saben algo? No es suficiente solo con ofrecer el ejemplo.  Si ustedes primero no ponen el ejemplo, el siguiente punto no podrán hacerlo de forma efectiva.  Aun dando el buen ejemplo continúan teniendo la responsabilidad de capacitar a sus hijos en lo que está bien y lo en que está mal. Y déjenme decirles que en lo que respecta a la modestia, al igual que en muchas otras áreas de la crianza de los hijos, no empiecen con una lista.

Empieza con los principios de la Palabra de Dios. Enséñales a tus hijos, desde que son bien pequeñitos, lo que Dios piensa y cuáles son los principios que deben regir nuestras vidas en lo que respecta a la modestia, cosas de las cuales hemos hablado en Aviva Nuestros Corazones como:

  • El principio de la propiedad: tu cuerpo no es tuyo; le pertenece a Dios una vez que eres hija de Dios.
  • El principio del Señorío: Jesús es Señor sobre todo.
  • El principio de la ciudadanía: si eres hija de Dios, perteneces a un Reino diferente; no perteneces a este mundo.
  • El principio de la mayordomía: (claro, no puedes usar todas estas palabras con tu hijo de 4 años, pero le estás enseñando estos principios.) Dios te ha confiado algunas cosas, como por ejemplo tu cuerpo.  Él te ha confiado belleza, y eres responsable de usarla en formas que sean agradables al Señor.

Y enseñar las implicaciones de la modestia en todas las áreas que hemos venido hablando en diferentes momentos de esta serie.

Deuteronomio capítulo 6 dice que Dios nos ha dado mandamientos y reglas.  Moisés se las enseñó al pueblo de Israel, y le dijo: “Deben obedecer estas leyes.  Y al hacerlo, deben asegurarse de que lo están haciendo como resultado de un corazón que ama a Dios”.

“Ama al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu fuerza” (v. 5) para que tu obediencia no sea rígida y legalista, sino que tu obediencia fluya de un corazón que ama a Dios.

Y luego les dice: “Y estas palabras que yo te mando hoy, estarán sobre tu corazón; y diligentemente las enseñarás a tus hijos” (vv. 6-7).

Ahora bien, no está diciendo que te sientes durante una hora al día y digas: “Vamos a enseñarte a ser modesta,” o “voy a enseñarte a obedecer los principios de la Palabra de Dios”.

Hay momentos, momentos formales y estructurados, en que debes sentarte y enseñarles a tus hijos los caminos de Dios; pero se enseña más en el transcurso de la vida diaria, usando momentos y oportunidades apropiados para instruir en los caminos de Dios —cuando piensas que tus hijos no están prestando atención— que lo que se enseña en los momentos formales y estructurados.

Por eso es que Deuteronomio capítulo 6 sigue diciendo: “Y hablarás de ellas cuando te sientes en tu casa y cuando andes por el camino, cuando te acuestes y cuando te levantes” (v. 7). Todo el día, todos los días, comunica a tus hijos los caminos de Dios de manera natural.

Doy gracias al Señor porque mis padres lo hicieron.  Pienso en mi papá, quien en el día a día hablaba sobre los caminos de Dios.  No recuerdo que fueran sermones ni cátedras, porque era algo que entretejía con nuestras vidas diarias.

El texto dice:

“Y las atarás como una señal a tu mano, y serán por insignias entre tus ojos. Y las escribirás en los postes de tu casa y en tus puertas” (vv. 8-9).

Pídele al Señor que te dé, como madre, maneras creativas de enseñarles a tus hijos, desde que sean bien pequeñitos, lo que significa ser modestos o modestas, porque es importante y porque es una forma bendecida de vivir.

La semana pasada estaba interactuando con mi amiga Holly Elliff, quien tiene hijos de diferentes edades, y le pedí que compartiera algunas ideas que pudiera tener como madre acerca de este tema de enseñarles a los hijos lo que significa ser modestos.

Le pedí que compartiera hoy con nosotras algunas de esas ideas que ella me envió por correo electrónico, porque pensé que sería más útil que ustedes oyeran lo que ella tiene que decir sobre la importancia de la forma en que les enseñamos estas cosas a los niños. ¿Holly?

Holly Elliff: Pienso, como decía Nancy hace un minuto, que esto se da “en el transcurso de lo cotidiano.” y creo que probablemente una de las cosas más importantes que he aprendido es que si espero a que llegue un momento en que piense que mis hijos están listos para escuchar lo que tengo que decir, puede que ese no llegue nunca.

Así que en el transcurso de lo cotidiano, ya sea en el carro, en el supermercado, durante la enseñanza en casa o de camino a recoger a alguien. . . Cuando llegan esos momentos, cuando tenemos una oportunidad de enseñar la verdad, entonces debemos aprovecharlos.

El otro día, mientras íbamos en el carro, vimos una valla publicitaria interesante y empezamos a hablar sobre ella.  En la cultura hebrea, uno de los principales métodos de enseñanza no era decirle a alguien cuál era la verdad, sino hacerle preguntas para que pudiera descubrir la verdad por sí mismo.

No sé si les pasa a ustedes, pero si aprendo algo por mí misma, si voy a la Palabra de Dios y lo estudio por mí misma, entonces me apropio un poquito de eso, y es de mucho más valor para mí porque puedo entonces enseñarlo con más facilidad a otra persona.

Así que les hago preguntas a mis hijos sobre cosas  que nos encontramos y hago que las razonen, y luego les doy algunas referencias en las Escrituras donde pudiera hablarse sobre el tema, y solo les digo: “¿Qué piensan que significa este versículo? ¿Piensan que tiene alguna relación con eso? ¿Ven alguna conexión entre lo que Dios dijo aquí y lo que estamos hablando?” y hago que me digan lo que están pensando, lo que están viendo o lo que están escuchando.

Y mientras lo haces, entonces lo que sucede es que empiezas un patrón en tus hijos de ser como los cristianos de Berea, de convertirse en estudiosos de la Palabra.

Puede que no sepan dónde está el versículo; puede que no sepan lo que Dios dice, pero si empiezan a cuestionar, “¿Qué dice Dios aquí?” entonces el patrón se quedará con ellos el resto de sus vidas, aun cuando hayan crecido y se hayan casado y yo ya no esté ahí para decirles cuál es la verdad. Si se convierten en estudiosos de la Palabra, siempre tendrán un recurso para encontrar la verdad.

El otro día estábamos viendo televisión.  Mis hijos tenían la televisión encendida.  Yo estaba en la cocina, y escuché algo en la televisión que no me sonaba familiar, así que entré al salón, miré algunos minutos, y luego les pregunté, “¿Qué están mirando?”

Y ellos me dijeron: “Es un programa nuevo”.

Pregunté: “¿Es bueno?”

Dijeron: “Bueno, sí, pensamos que está bien.”

Dije: “Bueno, no sé nada de este programa; voy a sentarme aquí con ustedes un minuto.”

Mi primera reacción fue decir inmediatamente: “No, no vamos a ver esto.  Vamos a apagarlo.”  Pero dije, “Bien, vamos a darle diez minutos.”

Así que me senté con ellos en el salón, y vimos juntos el programa durante unos diez minutos.  Y pude darme cuenta, durante esos diez minutos, de que se estaban poniendo nerviosos porque cada cierto tiempo, cuando sucedía algo en el programa, se volteaban y me miraban.  Y volvía y sucedía algo más, y se miraban entre sí, y luego me miraban a mí de nuevo.

Y cuando se cumplieron los diez minutos, bajamos el volumen de la televisión y dije, “Bien, ¿qué piensan de este programa? ¿Le vieron algún problema?”

Y empezaron a decir: “Bueno, sí, no son muy amables unos con otros en la forma que se hablan, y como que son irrespetuosos”. Y empezaron a decir uno por uno los problemas que tenía el programa.

Ahora, lo que sucedió fue que ellos empezaron a hacer esas preguntas.  Yo no tuve que sentarme y decirles: “No vamos a ver esta película porque yo lo digo”.

Hay veces en que digo: “No, porque yo lo digo,” y quiero que obedezcan.  Por ejemplo si están a punto de tocar una olla caliente, quiero que se detengan cuando yo lo diga.  Pero para mí es igual de importante que aprendan a ser hombres y mujeres que harán preguntas de Dios, que irán a Su Palabra y encontrarán respuestas.

Así que mientras transcurre el día a día, debemos ser intencionales sobre entrenarlos a pensar bíblicamente.

Nancy: Holly, una de las cosas que noté de lo que dices en este correo es que no solo quieres enseñarles a tus hijos a obedecer ciegamente – aunque no es del todo malo aprender a obedecer a Dios y a nuestras autoridades solo porque debemos obedecer.

Pero Holly tú dices que buscas algo en tus hijos que va más allá de eso.  Tú quieres entrenar sus corazones, pastorear sus corazones, y enfocarte más en sus corazones que en su comportamiento.

De modo que yo les diría a ustedes, en esta área de la modestia, asegúrate de no permitir que la ropa de tus hijos sea más importante que sus corazones.  Eso es lo que buscas, porque puedes hacer que se pongan cierta ropa, pero la preocupación es cuando ellos salgan de tu casa… Y puede que ni siquiera sea cuando ellos crezcan; puede ser cuando lleguen a la escuela y se quiten lo que hiciste que se pusieran.  Cuando no puedas verlos, ¿qué le van a dictar sus corazones?

Si su corazón busca agradar al Señor, y si su corazón busca tomar decisiones que están basadas en la Palabra de Dios, entonces habrás entrenado de verdad a tus hijos no solo a vivir por tu lista de reglas mientras estén al alcance de tu vista, sino a  realmente haber cultivado un corazón para Dios.

Y, en ese sentido, estás capacitando a tus hijos que no sólo se conformen a una lista que tú has redactado, sino que realmente harán la diferencia en su cultura y en su generación.  No será tu fe.  No será tu religión.  No serán tus normas; sino que serán sus normas, su fe y su corazón el agradar al Señor.

Holly: Nancy me gustaría agregar algo con relación a la vestimenta, y es lo siguiente, si yo puedo lograr que mis hijas se paren frente al espejo y eventualmente se hagan  las mismas preguntas que yo les haría, entonces se habrán apropiado de esa norma para sí mismas, lo cual es muy valioso.

Nancy: Y quisiera agregar que es tan importante que empieces cuando son niños.  No empieces a enseñarles estos principios a tus hijos cuando tengan 15 años y de repente tengas un problema con la forma en que se están vistiendo.  Eso de seguro causará toda una escena en tu casa, quizás hasta una explosión.

Pon el fundamento a tiempo. Es sorprendente, cuando a los niños se les enseña lo que es debido lo que es correcto, cuando a las niñas se les enseña, repito, no de forma despótica, sino de manera simple, de manera pura, a no levantarse el vestido cuando son pequeñas, por ejemplo, estas son cosas que se quedarán con ellas para siempre.  Son principios y fundamentos que habrás puesto desde su niñez.

Ahora me gustaría atar a esto el principio de involucrar a tu esposo y padre de tus hijos siempre que sea posible.  Sé que hay algunas de ustedes que están criando a sus hijos como madres solteras, y Dios les dará la gracia de poder entrenar a sus hijos de esa manera, siempre que sea necesario.

Pero si hay un papá en la casa… Y esperamos que haya un papá que esté involucrado; y aun si no lo hubiera, puede haber otros hombres a quienes puedas involucrar de formas apropiadas en las vidas de tus hijas.

Le pedí sus opiniones sobre el tema a un papá que conozco, y él dijo lo siguiente:

Siempre reto a los hombres a que ellos tienen el deber de aprobar o desaprobar la ropa que visten las mujeres de su casa.

Y a propósito, sé que tenemos algunos papás que escuchan a Aviva Nuestros Corazones.  Me gustaría apelar a ustedes, hombres, como mujer, y decirles que: “Nosotras los necesitamos.  Como mujeres, los necesitamos.  Necesitamos que asuman su función, que tomen su lugar.”  Y a ustedes mujeres, permítanme decirles: “Permitan que el papá, permitan que el esposo, ejerza la función apropiada en esta área.”

Este papá continuó diciendo:

La razón por la cual es un deber del hombre es porque un hombre sabe lo que atraerá la atención de otro hombre.  Tanto como una madre quiera ayudar a su hija a vestirse modestamente, ella simplemente no ve de la forma que un hombre ve.

Estamos configuradas diferente.  Las mamás deben enviar a sus hijas a sus padres para que éstos les den su aprobación final.  Amigas, acudan ustedes también a sus esposos para sus opiniones y para su aprobación de la ropa que tienen puesta.

Y luego este papá dijo algo que considero que es muy sabio.  El continuó diciendo:

Instituí lo siguiente en mi casa ahora que mis hijas tienen dos y seis años.  Cada vez que tienen una ropa nueva, hacemos un pequeño desfile de modas para papá.

Él continuó diciendo,

 Sé que es muy poco lo que una niña de dos o seis años pudiera ponerse que se pudiera considerar inmodesto. Pero en realidad lo que me preocupa no es lo que visten ahora, sino que me di cuenta de que si quería instituir esto cuando ellas tuvieran doce o dieciséis años, se iban a reír en mi cara.  Empezando ahora, mi esperanza es que cuando tengan esa edad, sigan acudiendo a mí ya que ha sido un patrón normal en nuestra casa.

Algunas de ustedes tienen niñas pequeñas.  Y pensé que estas son  palabras tan sabias.  Así que incentiven a sus esposos dejenle saber que desean y necesitan que se involucren en el proceso de entrenar a sus hijas.

Y esto es cierto tanto para las madres como para los padres, y es de especial importancia, pienso, que los padres se den cuenta de esto, que deben afirmar a sus hijas en lo que respecta a la verdadera belleza espiritual y un carácter piadoso, y no enfatizar desmedidamente la belleza física.

Papás, significa tanto para una hija tener un papá que la afirme en lo que es la modestia, porque ella puede ir a la escuela o al mundo y no encontrar a nadie más que la afirme por ser modesta.  Pero si ella sabe que su papá la afirma por eso y su mamá también, entonces no se verá tan propensa a buscar la aprobación de hombres que valoran la inmodestia.

Y a ustedes mamás, y papás también, créanlo o no, vayan de compras con sus hijas.  No las manden sólo con sus compañeras a tomar todas sus decisiones de compras.

Obviamente, estamos hablando de diferentes edades y fases, y vas a querer entrenar a tus hijas de tal forma que para la fecha que tengan cierta edad  —y no les voy a decir qué edad porque no sé cuál es en su casa— pero debe llegar un punto en que ellas puedan ser enviadas a ir de compras a hacerlo, y lo harán sabiamente, tomarán decisiones sabias.

Pero desde temprano, haz que sea una costumbre ir de compras con tus hijas.  Compra en oración, y eso tendrás que hacer si quieres encontrar cosas que realmente se ajusten a las normas bíblicas de la modestia, y date cuenta de que va a tomar más tiempo y quizás más dinero vestir a tus hijas modestamente que si compras ropas de moda o inmodestas.  Porque así es como es.

Tengo una amiga llamada Devi Titus quien es una mujer piadosa.  Es una mujer virtuosa.  De hecho, ella fundó hace años la revista llamada, “Virtud” o  Virtue en inglés.   Puede que algunas de ustedes la recuerden.

Esta mujer tiene un verdadero corazón para la modestia y para la piedad, y le pedí que compartiera algunas ideas que pudieran ser útiles para las madres en lo que respecta a entrenar a sus hijas. Permítanme leerles algunas de las cosas que ella escribió.

Fija límites de lo que se permite y de lo que no se permite, y deja que tus hijas escojan dentro de esos límites.  Dale opciones de expresión en cosas que no involucren asuntos morales o espirituales.  Está bien que tengan sus propios gustos.

Si escogen algo que es inapropiado o que está fuera del límite, pregúntales (por ejemplo, con relación a un escote): “¿Piensas que esto es muy revelador?”

Si te dicen que “no” y tú piensas que “sí”, recuerda, es por eso que tú eres su madre.  Aún necesitan que las ayudes a regir sus corazones hasta que sus virtudes internas se hayan formado.  Toma tú la decisión por ellas.

Incentiva y apoya a tus hijas, y permanece dispuesta a continuar buscando hasta encontrar la ropa adecuada.

Ahora, madres, permítanme decirles a modo de precaución, algunas de ustedes tienen hijas adolescentes, si no han estado cultivando una relación con sus hijas, si no tienen su corazón y si no les han enseñado los principios de la modestia desde que eran niñas, no empiecen de golpe diciendo: “Hoy vamos a aprender sobre la modestia y a practicar la modestia”.

Y algo que también es muy importante: Enfócate en el panorama general, y recuerda que esto es un reto a largo plazo. Mantener este enfoque es mucho más importante que un argumento específico sobre esa pieza particular de ropa.  Recuerda que estás discipulando a tus hijas para ser mujeres de Dios.

Y eso es difícil.  Es difícil para ti y es difícil para ellas.  Es un reto, y habrá ocasiones en que ellas se sentirán tan sobrecogidas por el deseo de ser aceptadas, el deseo de encajar, y no es que eso esté del todo mal.  Pero hay líneas que tú debes sabes que ellas no podrán cruzar, y eso significa que en ocasiones tendrás que soportar malas caras o la ira de tus hijos.

Ahora, no lo provoques por tu espíritu.  No los provoques innecesariamente.  Pero, si se enojan porque no están de acuerdo contigo. . .Bueno.

Puedo recordar en mi adolescencia algunos desacuerdos que tuve con mi mamá y con mi papá en áreas específicas.  Me alegro tanto de que mis padres estuvieron dispuestos a enfrentar el reto, y estuvieron dispuestos, cuando fuera necesario, a permanecer firmes y en otras ocasiones a ceder, a darse cuenta de que esto no era un asunto de quien tuviera la razón. Algunas veces era cuestión de preferencia, y ellos me lo dicen ahora, o mi mamá me lo dice ahora, que había momentos en que ellos solo decían: “Esta no es una batalla que pensamos que tenemos que pelear ahora con nuestros hijos”.

Dios te dará la sabiduría de cuál es cuál.  Pero recuerda que estás haciendo algo, cuando permaneces firme, cuando mantienes la línea, estás haciendo algo por un bien mayor, y eso es el corazón, la vida, el futuro de tu hija o de tu hijo.

Deuteronomio capítulo 6 dice que obedezcas estas leyes para “que te vaya bien” (v. 3). No pelees la batalla para ganar el argumento. Porque si eres una persona con un espíritu propenso a las discusiones, estás pecando, estás equivocada.  No esperes que tu hijo o tu hija quieran obedecer a Dios si de la forma que estás tratando con la situación estás violando los mismos principios de la Palabra de Dios.

Tito capítulo 2 dice, “Enseña a las jóvenes,” entrena a tus hijas, “A ser prudentes, puras… Para que la Palabra de Dios no sea blasfemada… Para que adornen la doctrina de Dios nuestro Salvador” (vv. 3-5, 10).

Eso es lo que buscas.  ¡No te des por vencida! Recuerda el producto final, y camina hacia allá. Confía en que Dios obrará en el corazón de tus hijas e en el corazón de tus hijos mientras les enseñas lo que es correcto, lo que es apropiado, y lo que adorna el Evangelio de Cristo.

Carmen: Estamos escuchando a Nancy Leigh DeMoss motivando a las madres a invertir la verdad bíblica de manera efectiva en los corazones de sus hijos.  También escuchamos a Holly Elliff.

Ese mensaje es parte de una serie llamada La hermosura de un corazón modesto. Hoy es el último programa de esta serie. Si faltaste a cualquiera de las sesiones, puedes escucharlas visitando AvivaNuestrosCorazones.com.

Estas enseñanzas prácticas son posibles gracias a radioescuchas como tú, que aportan sus ofrendas.  Aquí tenemos a Nancy para hablarte sobre la gran diferencia que hará tu aporte.

Nancy: Hace ya más de un año que Dios abrió puertas sorprendentes para empezar a difundir Aviva Nuestros Corazones en español.  Gracias al Señor esta iniciativa ya se está llevando a cabo, pero nuestro anhelo  es que se expanda para poder ministrar a cientos de miles de mujeres cuya lengua primaria es el español, ya sea en este país o en diferentes países de América Latina.

Mientras oramos y evaluamos esta oportunidad, le pedimos al Señor que confirme su dirección a través de la provisión de fondos.  Tu asistencia tendrá un gran efecto sobre nuestra habilidad para movernos hacia adelante con el ministerio en español, al igual que otras oportunidades de expandir el alcance de este programa.

Apelamos a nuestras hermanas hispanas de los EEUU quienes tienen familiares en América Latina y que quisieran que fueran expuestos a estas enseñanzas específicamente diseñadas para la mujer. De modo que, sea que hayas ofrendado anteriormente o no para este ministerio, espero que consideres, en oración, el ayudarnos a cumplir esta meta.

Carmen: Por favor, llámanos al 1-800-569-5959 desde EEUU o Canadá si te ves movida por  Dios a ayudar en esta iniciativa. Si nos llamas para dar tu ofrenda, asegúrate de pedir que se aplique al ministerio hispano.

¡Gracias por acompañarnos hoy en Aviva Nuestros Corazones!

Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss es un ministerio alcance de Life Action Ministries… ¡Y quiero ser  una mujer verdadera!

Todas las Escrituras han sido tomadas de la Biblia de las Américas a menos que se indique lo contrario.

Tomado de: Aviva Nuestros Corazones

Todos los Derechos Reservados

Disponible sobre el Internet en: http://www.avivanuestroscorazones.com

4/5 – Modelando la modestia

Aviva Nuestros Corazones

Serie: La hermosura de un corazón modesto

4/5 – Modelando la modestia

https://www.avivanuestroscorazones.com/podcast/aviva-nuestros-corazones/modelando-la-modestia/

Carmen Espaillat: Nancy Leigh DeMoss pregunta: «¿Ven tus hijos la modestia modelada en casa?»

Nancy Leigh DeMoss: Antes de comenzar a enseñarlo, antes de empezar a insistir, antes de empezar tu lista de reglas para tus hijas acerca de la modestia, asegúrate de que ellos te han visto a ti modelando una verdadera modestia, que han visto lo que significa tener un corazón modesto, tener un comportamiento modesto, y vestir con modestia.

Carmen: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss, en la voz de Patricia de Saladín. ¿A qué edad deben empezar las madres a enseñar a sus hijas sobre la modestia? Nancy nos hablará sobre esto como parte de nuestra serie, La hermosura de un corazón modesto.

Nancy: Tito capítulo 2 nos da un mandato para nuestras vidas como mujeres, ya seamos jóvenes o mayores: nos dice que como mujeres mayores tenemos un papel de formación y como mujeres jóvenes una función de aprendizaje. Aunque todas nosotras somos una mujer mayor para alguien, y todas nosotras somos una mujer más joven para alguien. Por lo tanto, en ambos casos debemos ser tanto profesoras como alumnas.

La Escritura dice en ese pasaje que las mujeres mayores deben enseñar a las mujeres más jóvenes algunas habilidades muy prácticas de la vida -entre éstas cómo amar a sus esposos. Eso es muy práctico, y se necesita entrenamiento. No siempre ocurre de manera natural. Bueno, tal vez en la luna de miel, pero más allá se necesita algo de enseñanza y de ayuda. ¿Cómo puedo amar a este hombre, y cómo puedo amar a estos niños?

Entrenar a las mujeres jóvenes a amar a sus hijos, a cómo tener dominio propio, a ser puras, cómo trabajar en su hogar, cómo ser bondadosas, sujetas a sus propios maridos, para que la Palabra de Dios no sea blasfemada (Tito 2:2-3 parafraseado).

Sé que muchas de ustedes son madres, y están entrenando a sus hijas, algunas de las cuales todavía son pequeñas, otras adolescentes, algunas que ya han salido del hogar, han salido del nido y ahora son jóvenes adultas. A cualquier edad que tengan tus hijas, este debe ser parte del plan de estudios que debes enseñarles, incluso a las niñas pequeñitas, a las jóvenes; esto de cómo amar a sus maridos.

Y tú me dirás: «Bueno, mi hija de ocho años de edad, no tiene un marido a quien amar». Pero probablemente algún día sí lo tendrá. Así que por la manera en que amas a tu esposo, le estás enseñando a tu hija de ocho años de edad, cómo amar a su esposo algún día.

Luego viene esto de ser puras. Cada aspecto de lo que significa ser una mujer de Dios es parte de tu responsabilidad como madre el enseñárselo a tus hijas.

Quiero que nos centremos de manera más práctica aquí, para hablar sobre algunas ideas para las mamás sobre cómo entrenar a sus hijas en el área de la modestia, y en particular con relación a la modestia en el vestir.

Ahora bien, hemos dicho en Aviva Nuestros Corazones que la modestia es, ante todo, un asunto del corazón, y eso va a ser evidente en lo que vamos a decir. Pero todo este asunto del corazón siempre tiene una aplicación y un efecto, un impacto sobre los aspectos prácticos de la forma en que vivimos, la forma en que vestimos, la forma en que nos comportamos. Una de las mayores necesidades de las mujeres hoy en día es aprender a vestirse de una manera que refleje un corazón modesto.

Si tus hijas están obteniendo su punto de vista sobre la modestia o su punto de vista de lo que es correcto, de lo que es aceptable, de la cultura a su alrededor, nunca aprenderán a ser modestas, porque no hay nada de modestia en esta cultura.

Esta cultura enseña a las mujeres a ser agresivas, a ser descaradas, a ser asertivas, a desplegarse y mostrarse a sí mismas y sus cuerpos en formas que tienen la intención de atraer la atención sexual, de ser el centro de atracción. No enseña para nada a las mujeres a ser modestas, y ¿por qué habría de hacerlo? Se trata del mundo.

Los caminos de Dios y los caminos del hombre son opuestos, de modo que no podemos esperar que este mundo, esta cultura, le enseñe a tus hijas cómo ser damas o a tus hijos como ser caballeros cristianos. No esperes que este mundo enseñe a tus hijos a ser modestos de corazón y en comportamiento y en su vestimenta. Ese es tu trabajo como madre.

Ahora al hablar sobre la modestia, me vienen a la mente algunas preguntas que se nos han hecho sobre estos temas: «¿Cómo podemos enseñarle estas cosas a nuestras hijas?»

De modo que solo quiero compartir algunas cosas de mi propio corazón, pero también quiero compartir algunas cosas de conversaciones que he tenido con un gran número de madres -quiero ofrecerles algunas sugerencias prácticas para cultivar un corazón inclinado a la modestia en sus hijos -pero sobre todo en sus hijas- aunque también tus hijos deben poder apreciar la importancia de la modestia para saber cómo tratar una mujer de manera apropiada.

¿Cómo cultivas un corazón inclinado a la modestia en la vida de tus hijos? Bueno, como punto de partida permítanme decirles, que es muy importante que los padres comuniquen, por lo que dicen y por el ejemplo de sus vidas, la importancia y el significado y la alegría de vivir para la gloria de Dios.

Para empezar, ni siquiera mencionaría la palabra modestia. Me gustaría empezar con Dios y decir: «¿Por qué es importante que el principio fundamental de nuestra vida sea el vivir para la gloria de Dios? Y ¿qué significa vivir para la gloria de Dios?» Tus hijos necesitan sentir y percibir y creer que tú tienes la convicción de que esa es la manera de vivir que trae gozo.

Te diré, yo crecí en escuelas cristianas, crecí en las iglesias evangélicas. He visto a muchos de mis compañeros en los últimos años, y también he visto los niños creciendo en las generaciones siguientes. Ellos se crían en hogares cristianos, en iglesias cristianas, y luego que salen de la casa y salen de la iglesia rechazan el Cristianismo.

Creo que una de las razones principales, uno de los asesinos de la fe de los jóvenes que crecen en los círculos cristianos, es que no ven que haya gozo en la fe de sus padres. Muy probablemente tus hijos terminen rechazando tu religión si ven que es una religión carente de gozo. ¿Por qué desearían abrazarla si todo lo que tienes es una lista de reglas? ¿Una lista de cosas que no pueden hacer? ¿Una lista de cosas que tienen que hacer?

Ahora bien, hay un montón de mandamientos en la Escritura, y son los mandamientos que necesitas enseñar a tus hijos. Jesús nos dijo que enseñáramos las cosas que Él nos manda a hacer. Tenemos que enseñar la obediencia.

Pero en primer lugar tus hijos necesitan sentir que crees que caminar con Dios y vivir la vida para la gloria de Dios es la forma más maravillosa de vivir. Si no lo crees, ellos no van a entender, solo por lo que dices con tus labios, que esta es la forma correcta de vivir.

Especialmente en la generación de los jóvenes de hoy -ellos andan tras la autenticidad, ellos andan tras lo que es genuino, no quieren nada falso, rechazan la hipocresía. De manera que algunos de ellos están rechazando el Cristianismo, pero en realidad no es el Cristianismo. Ellos rechazan lo que sus padres llaman Cristianismo.

Así que asegúrate de que estás comunicando a tus hijos lo que significa vivir para la gloria de Dios y por qué hay gozo en ello. Y después, pide a Dios que te ayude a ser un ejemplo piadoso en cada área de tu vida; que te ayude a ser un ejemplo de lo que significa amar a Dios y obedecer a Dios.

Si tus hijos te ven desobedeciendo a Dios, quizá nadie en la iglesia lo sabe, pero tus hijos sí lo saben. Si ellos saben que tienes mal genio, y ellos saben que no tienes un espíritu dócil, manso ni tranquilo como mujer, ¿por qué, entonces, aceptarían lo que dices sobre la forma en que ellos se deben vestir, o sobre cualquier otra área de la vida, si tú con tu ejemplo es que no estás obedeciendo a Dios en varias áreas?

Ahora, puede que no seas descarada en tu desobediencia, pero tus hijos se dan cuenta. Si eres una persona que no perdona, si estás guardando rencor, si tienes una lengua suelta, ¿por qué piensas que tus hijos van a aceptar cuando insistas en cuanto a la forma de vestir?

Asegúrate de que estás amando y obedeciendo a Dios y que tus hijos están viendo tu ejemplo . Claro, no estamos diciendo que debas hacerlo perfectamente -pero tus hijos no están esperando eso. Ellos sí esperan que cuando falles, cuando caigas, tienes que ser lo suficientemente humilde para reconocerlo y decirle: «Me equivoqué. ¿Podrían por favor perdonarme? »

Necesitan ver un ejemplo -no solo en términos generales- de que amas y obedeces a Dios, sino que necesitan ver un ejemplo en tu vida de lo que significa ser modesta. Antes de comenzar a enseñarlo, antes de empezar a insistir en la modestia, antes de empezar tu lista de reglas para tus hijos acerca de la modestia, asegúrate de que ellos te han visto modelar la modestia verdadera, lo que significa tener un corazón modesto, modelar un comportamiento modesto, y vestir con modestia.

Y déjenme decirles, que esto es especialmente importante en el hogar, porque puede ser que la gente en la iglesia piense que eres una mujer muy modesta en la forma de vestir y de conducirte, pero tus hijos saben que eres una arpía, o tus hijos saben que no vistes con modestia en el hogar. Así que asegúrate de que estás dando un ejemplo piadoso allí.

Detente y piensa, solo por un momento, sobre las áreas que el Señor ya ha traído a tu mente que no son consistentes, las formas que tal vez no son de buen ejemplo para tus hijos.

Ahora bien, no te desanimes. Ponte de acuerdo con Dios sobre el asunto, y luego pídele que te dé el valor y la gracia para hacer los cambios prácticos que necesitas hacer para que tus hijos puedan ver un ejemplo de cristianismo genuino en tu casa.

Al pensar en la consistencia, permíteme enfatizar especialmente todo lo relativo al entretenimiento, y el tipo de entretenimiento que apruebas para ti y para tus hijos.

Tú como madre (y los papás también) son responsables de asegurarse de que sus hijos están siendo protegidos. En particular con los niños más pequeños, porque antes de que ellos aprendan a discernir el bien del mal, tu eres responsable de ayudarlos a tomar esas decisiones.

El entretenimiento es un área en la que hoy estamos tan influenciados tan sutilmente por una cultura que es contraria a los caminos de Dios. Es más sutil, porque nos reímos de ese entretenimiento, nos divertimos con el entretenimiento. Es divertido, de manera que no pensamos en lo peligroso que puede ser el estar expuestos a esa filosofía, al comportamiento, a lo que se está promoviendo en cuanto a la cosmovisión del mundo.

Asegúrate de que como madre estás consciente del tipo de entretenimiento que disfrutas y que va de acuerdo a lo que dices creer sobre lo que está bien y lo qué está mal. Oye, no digas que crees que las mujeres deben tener un espíritu tierno y sereno y ser sumisas a la autoridad y luego irte y reírte de un entretenimiento que promueve a las mujeres boconas, arrogantes, engreídas y rebeldes. Porque hay una incoherencia allí, y tus hijos necesitan ver que hay consistencia entre lo que dices que crees y lo que haces.

Incluso muchas de las películas de niños -definitivamente, el entretenimiento es una zona en donde hay que tener mucho cuidado- hay una gran cantidad de estas películas infantiles que hacen alarde de la inmodestia, y pensamos que es gracioso. Tus hijos no son tontos. Si piensas que es gracioso en la Sirenita o alguna otra película que promueve la inmodestia, o la desobediencia, entonces no esperes que tus hijos salten de alegría y te digan: «Oh, sí, déjame ver cuán modestamente puedo vestir para complacer a mi mamá” Porque hay una inconsistencia ahí.

Y en este asunto de las películas, por ejemplo. Una esposa y también madre me habló recientemente. Ella tiene un número de hijos de edad adolescente y más pequeños y ella me expresó su asombro al ver que muchas madres envían a sus hijos al cine (y me refiero a las madres, pero también incluyo a los padres) sin saber a dónde sus hijos van, y sin saber lo que van a ver.

Y esto eran solo los amigos de sus hijos… «Estoy sorprendida de los padres» me dijo ella (ella viene de una iglesia evangélica sólida) «Ellos están llevando a sus hijos a ver películas de clasificación R».

Hay inconsistencia en los padres que profesan creer el Evangelio y que luego permiten que sus hijos vean películas sexualmente explícitas; películas que promueven filosofías violentas o no bíblicas.

Estuve sosteniendo una conversación con un grupo de padres y algunos de sus hijos, y les pregunté a los jóvenes, «¿Por qué creen ustedes que los padres permiten que sus niños vean estas películas?»

Uno de los chicos me dijo: «Oh, porque los padres piensan: ‘Mis hijos nunca harán ese tipo de cosas´.» Pero ¿Qué te hace pensar eso? Si ellos se dan cuenta de que tú piensas que este entretenimiento no tiene nada de malo, ¿qué te hace pensar que se mantendrán alejados de ese tipo de comportamiento?

Ahora, cuando se trata de la modestia, y es ahí donde nos estamos enfocando de manera particular. Un área realmente importante corresponde al tipo de revistas y de catálogos que tienes en tu casa, especialmente aquellas de ustedes (bueno, cualquiera de nosotras), que tienen hijos.

Hay muchos catálogos hoy en día -especialmente aquellos que son de ropa de mujer- que no querrás dejarlos en sitios accesibles donde tu marido y tus hijos estén expuestos. Parte de tu papel como esposa y como madre es ayudarlos y protegerlos moralmente.

Ahora, eso no significa que tendrías que volverte paranoica acerca de esto o estar aterrorizada de si tu hijo ve o vio algo que no debería haber visto. Tus hijos necesitan ver que una forma natural de vivir para ti es que te deleitas en pensar en cosas que son excelentes y puras, buenas e irreprochables, y eso excluye la mayoría de los anuncios de ropa interior, una gran cantidad de los periódicos, y muchos catálogos.

Una mujer me dijo esta semana «Me encontré cancelando suscripciones a las revistas para mujeres que realmente no habían sido tan malas, pero las imágenes no eran algo que debemos tener por ahí en casa en nuestra mesa de la sala».

Escucha, ¿permitirías que una mujer voluptuosa, a medio vestir, entrara y se sentara en tu mesa de la sala de estar y dijese?: «Voy a permanecer aquí durante un mes, y luego me voy». ¿Acaso no es eso lo que hacemos con las revistas?

Quizás necesites pensar dos veces en las cosas a que te suscribes, asegurándote de que eres consistente con lo que dices y con lo que haces, no sólo en público, sino también en casa, en privado. Una vez más, especialmente si tienes hijos, es muy importante enseñar a tus niños que hay una diferencia entre los hombres y las mujeres, y también cómo proteger y cuidar esas diferencias.

Mi padre nos decía esto de la siguiente forma: «Yo quiero que sean damas y caballeros cristianos.» Eso significa que hay formas en que los niños y las niñas son diferentes, se nos enseñaba, como niños y niñas, a manejarnos de manera diferente, de acuerdo a nuestro género.

Así que enseña a tus hijas a ser modestas en la presencia de su padre, y también de sus hermanos. Porque la modestia no debe ser algo que de repente aparezca en tu vida de familia. Debe ser un estilo de vida; siempre debes estar pensando en formas en las que debes ser discreta.

Podría sonar, cuando digo estas cosas, como si estuviéramos hablando de estar tensas o de estar siempre ansiosas, o de estar atemorizadas de que tus hijos van a ver algo que no deberían ver. De ser así, realmente podrías estimular más curiosidad en tus hijos. Porque el fruto prohibido parece dulce, según Proverbios, por lo que trata de no hacer un gran revuelo de estas cosas al punto de que tus hijos deseen aquello que les estás prohibiendo.

De alguna manera mis padres fueron capaces de hacer esto con un gran equilibrio, y estoy muy agradecida por ello. Nunca hubo grandes revuelos por estas cosas; era simplemente el estilo de vida de nuestra familia… Bueno y algo que nos ayudó mucho mientras crecíamos fue no haber tenido un televisor.

Simplemente no traían a nuestra casa las cosas que eran cuestionables en términos de las normas de la modestia o las normas bíblicas. Si íbamos a ir a ver una obra de teatro o alguna forma de entretenimiento, mis padres, créelo o no, iban y lo investigaban primero.

Ellos nos protegían. Ellos querían asegurarse de que nuestros corazones eran guardados, y este era el estilo de vida de nuestra casa. No había un estándar en el hogar y otro estándar cuando estábamos en la iglesia. Este era nuestro estilo de vida.

Y luego asegúrate que, con respeto a la consistencia, no tengas una doble moral para tus hijos. Porque tus hijos serán rápidos en notarlo.

Tuve un intercambio de correo electrónico la semana pasada con una mujer que trabaja con los jóvenes de su iglesia. Y ella me dijo: «Una de las cosas que escucho de estos jóvenes es, ‘¿Por qué mis padres son tan inconsistentes? Por ejemplo, ¿por qué mis padres me regañan a mí acerca de la ropa que me pongo cuando voy a salir, pero luego me compran un vestido revelador para ir al baile de graduación? ¿No es esto un doble estándar? »

Ahora, es sorprendente que sean precisamente los jóvenes que se percaten de este doble estándar. Estamos diciéndoles: «No puedes salir por la puerta vestida de esta manera», sin embargo, compras un vestido revelador para el baile de graduación. ¿Cuál es la diferencia, qué diferencia hay? ¿Qué lo hace correcto? ¿Qué es una ropa formal? ¿Qué es un traje de baño? ¿Está bien porque es ropa casual?

Tenemos que determinar delante del Señor lo que es modesto, y luego hacerlo un estilo de vida. Una de las mujeres jóvenes que nos escucha vino a mí durante el receso de la grabación y me dijo: «¿Me puedes dar pautas un poco más específicas en algunas de estas áreas?»

Le dije: «Sabes, una de las razones por la que no hago eso es porque la Biblia no lo hace».

No te puedo dar una lista, pero puedo recomendarte lo que esta joven está haciendo, y eso es pedirle al Señor, «¿Qué consideras apropiado?» Y luego vivirlo. Modélalo para tus hijos, y pídele al Señor que te proteja de tener una doble moral en estas áreas.

Cuando volvamos en la próxima sesión, quiero hablar sobre la importancia de no solo modelar un ejemplo constante y permitir que tus hijos vean que eres constante en estas áreas, sino también la importancia de enseñar y entrenar a tus hijos sobre lo que significa vestir con modestia, enseñarles no solo las reglas, no solo la lista, sino la importancia de dar a tus hijos una base bíblica para su pensamiento; enseñarle los principios bíblicos que deben gobernar su forma de pensar.

Así que vamos a volver sobre este tema en la próxima sesión y vamos a hablar sobre la importancia de realmente enseñar a tus hijos, según lo que la Escritura dice en Deuteronomio capítulo 6 versículo 7. «Y diligentemente las enseñarás a tus hijos» (paráfrasis). Hablaremos más acerca de cómo hacer eso.

Señor, necesitamos tanta sabiduría para saber cómo vivir estas cosas en nuestros hogares, en nuestras relaciones como familia. Te pido por las mamás y por los papás, para que tengan sabiduría y el discernimiento y la discreción, y que a la vez estén llenos de Tu Espíritu Santo en su búsqueda para hacer frente a estas áreas con sus hijos y con sus hijas, a partir de las edades más tempranas, que enseñen, que entrenen y que dirijan de tal manera que sus hijos que tengan hambre y sed de caminar en Tus caminos.

Te pido que el ejemplo que establezcamos, como generación, sea convincente y atractivo para los que vienen detrás de nosotros. Te lo pido en el Nombre de Jesús, Amén.

Carmen: Nancy Leigh DeMoss ha estado ofreciendo algunos consejos prácticos. ¿Cómo entrenas eficazmente a tus hijos a elegir ropa modesta y a comportarse apropiadamente? Ese mensaje es parte de una serie llamada, La hermosura de un corazón modesto. La modestia va más allá de la ropa. Es un asunto del corazón.

Te invitamos a visitar nuestra página para que te informes sobre todos los detalles acerca de nuestra primera conferencia Mujer Verdadera en América Latina. Visita AvivaNuestrosCorazones.com para más informes.

También te recordamos que si te has perdido algún mensaje de esta serie, o cualquier otra serie pasada, solo tienes que visitar www.AvivaNuestrosCorazones.com. Puedes leer las transcripciones y/o escuchar el audio.

Bueno, ¿quién tiene la mayor influencia sobre tus hijos cuando se trata de la modestia?

Nancy: Uno de los principios más importantes que encontrarás repetido una y otra y otra vez, en el Antiguo Testamento en particular, es la importancia de que los padres enseñen a sus hijos los caminos de Dios.

Amigas, si no enseñan a sus hijos a pensar bíblicamente, no esperen que el mundo les vaya a enseñar a pensar de una manera correcta. ¡Qué responsabilidad la tuya, como madre, de enseñar a tus hijos los caminos de Dios!

Eso es cierto en esta área de la modestia por igual, en la enseñanza que debes darle a tus hijos y a tus hijas, sobre tener un corazón inclinado hacia la modestia, y de entender la importancia y la necesidad de la modestia y lo que significa ser modesto en todos los ámbitos de sus vidas, incluyendo la vestimenta.

Y déjenme decirles que cuando se trata de esta área de la modestia, como en muchas otras áreas de la crianza de los hijos, no comiences con una lista.

Comienza con los principios de la Palabra de Dios. Enseña a tus hijos, desde las edades más tempranas, lo que Dios piensa y cuáles son los principios que deben regir nuestra vida con respecto a la modestia , como por ejemplo:

● El principio de la propiedad: Tu cuerpo no es tuyo, sino que pertenece a Dios, una vez que eres hija de Dios.

● El principio de señorío: Jesús es Señor de todo.

● El principio de la ciudadanía: Si eres hija de Dios, perteneces a un Reino diferente, no eres de este mundo.

● El principio de la mayordomía.

Ahora bien, no puedes usar todas estas palabras con tu hija de cuatro años de edad. Pero estarás enseñando los principios. Dios te ha encomendado algo a ti: un cuerpo, y te ha encomendado la belleza. Eres responsable de usarlos, en formas que sean agradables al Señor.

Carmen: Nancy te ayudará a reflexionar bien sobre esto la próxima vez. Por favor, vuelve a Aviva Nuestros Corazones.

Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss es un ministerio de alcance de Life Action Ministries Y yo quiero que mi mamá asista a la conferencia de Mujer Verdadera.

Todas las Escrituras fueron tomadas de la Biblia Las Américas a menos que se indique lo contrario.

Tomado de: Aviva Nuestros Corazones

Todos los Derechos Reservados

Disponible sobre el Internet en: http://www.avivanuestroscorazones.com

3/5 – Reflejando la gloria de Dios

Aviva Nuestros Corazones

Serie: La hermosura de un corazón modesto

3/5 – Reflejando la gloria de Dios

https://www.avivanuestroscorazones.com/podcast/aviva-nuestros-corazones/reflejando-la-gloria-de-dios/

Carmen Espaillat: Cuando estamos comprando ropa, hay cosas más importantes que considerar que simplemente el color y el precio. Aquí está Nancy Leigh DeMoss, en la voz de Patricia de Saladín.

Nancy Leigh DeMoss: ¿Cuál es la motivación de tu corazón?, ¿Cuál es la actitud de tu corazón?, ¿Es humilde? ¿Es modesto?, ¿O estás tratando de hacer alarde de tus riquezas, de tu belleza, o peor aún, ¿estás tratando seducir a los hombres sexualmente?.

Carmen: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss. Ella continúa con la serie, La hermosura de un corazón modesto.

Nancy: Vamos a continuar viendo en el día de hoy una de esas porciones de la Palabra de Dios muy, muy prácticas y especificas—una de esas que también ha sido tema de mucha controversia y debate, y, en mi opinión, también de mucho malentendido.

Así que si tienes tu Biblia, déjame animarte para que la abras en la 1era Carta a Timoteo. Esta semana estamos caminando “donde los ángeles temen pisar”. Aquellas de ustedes que han estado escuchando Aviva Nuestros Corazones saben que aquí no tememos a la controversia, porque sentimos que nuestro llamado es a ayudar a las mujeres a que sean contraculturales.

Estamos hablando aquí en el contexto inmediato acerca de como se supone que la mujer debe conducirse en la iglesia. Pero en el contexto más amplio de toda la Palabra de Dios, realmente estamos hablando de cómo se supone que la mujer debe conducirse, y punto.

Me encanta lo balanceada que es la Escritura. Pablo nos habla en solo esos dos versículos acerca de nuestro atavío, de nuestra ropa, de nuestra apariencia; pero también nos habla sobre nuestras actitudes; y acerca de nuestras acciones.

Desde hace unos días hemos estado hablando acerca de este asunto de la vestimenta, donde el apóstol dice que la mujer debe adornarse a sí misma con atavío respetable. Esto es con ropa apropiada —que su apariencia externa debe ser bien ordenada. Debe ser decente. Debe ser apropiada.

¿Quiere decir eso que siempre tenemos que salir a la calle viéndonos impecables, y solo luciendo la imagen misma de la elegancia y de la hermosura?, No, claro que no. Hay momentos donde es apropiado vestir más casual. Pero hay otros lugares donde no es apropiado. Ahí es donde debemos estar más conscientes de lo que realmente es apropiado.

Así que eso es lo que el apóstol está diciendo aquí. “Vístanse en una manera adecuada para su profesión de piedad, como conviene a las mujeres que profesan piedad”. Y ¿Qué es piedad? Es ser como Dios. Como puedes ver, estamos dándole al mundo una impresión de Dios, una imagen de quien es Dios. ¿Qué le estamos diciendo con nuestra apariencia física a las personas que no pueden ver a Dios? Ellos están obteniendo su imagen de Él cuando nos ven a nosotras.

Por lo que el apóstol dice, “Debe de ser con una apariencia respetable, y la actitud de corazón con la que te adornas a ti misma, debe ser de modestia y dominio propio”. Hemos hablado de esas dos actitudes de corazón en las últimas dos sesiones.

Ahora Pablo habla de otro extremo que se remonta a algunos detalles más acerca de nuestra ropa, y él dice lo opuesto a lo que ha estado hablando. “Se supone que debes estar adornada con ropa decorosa, con pudor y modestia, (y aquí ahora hay una comparación y un contraste) no con peinado ostentoso, no con oro, o perlas, o vestidos costosos”.

Ahora, hay algunos que han dicho que eso significa que la mujer no debe usar joyería, o que la mujer no debe nunca usar ropa bonita, o que nunca deben arreglarse el pelo. Hay un pasaje similar en 1era de Pedro capítulo 3 que las personas a menudo lo toman con esta misma interpretación y esos principios (vers. 3-4).

Pero no creo que sea lo que el apóstol está diciendo aquí en lo absoluto. Piensa por un momento en las personas a quienes el apóstol les está hablando. Era a la iglesia de Éfeso.

Éfeso era una ciudad rica y comercial, y parece que quizás algunas de las mujeres que eran cristianas en esa ciudad estaban quedando enredadas en las últimas modas y estilos. Estaban obsesionadas en competir las unas con otras buscando llamar la atención. Lo hacían con lo que llevaban puesto—ropa de última moda, lo mejor, lo más caro.

Mientras estudiaba este tema, me encontré con algunas descripciones de algunas de las modas que las mujeres usaban en esos días. Una de las esposas del emperador Calígula tuvo un vestido que un historiador Romano describe que valía unos cientos de miles de dólares según los estándares actuales. Así que hubo mujeres que realmente se excedían a la hora de gastar dinero en ropa. En contraste a esto, las personas trabajadoras comunes y corrientes solo podían tener uno, dos o quizás tres vestidos en toda su vida porque la ropa era cara.

Entonces lo que el apóstol está diciendo aquí es que, “En materia de adornarte y de vestirte, no te dejes atrapar por los extremos”.

Él no está prohibiendo ponerse ropa o joyas. Él está diciendo que, “hagas lo que hagas, no dejes que sea algo que vaya desviar la atención de las personas del Señor. No des lugar a que al entrar a la iglesia, todos estén mirando tus joyas, o todos estén mirando tu peculiar vestuario porque es extremo, o porque es extremadamente costoso, o es llamativo, o es ostentoso. No dejes que tu ropa sea el centro de atención”.

Esto tiene que ver, a propósito, también con el maquillaje—Kosmeo— esto de adornarse; se refiere a la apariencia externa. Todas hemos conocido mujeres que en ocasiones tenemos que preguntarnos cómo lucirían realmente sus rostros debajo de toda esa pintura.

Él se estaba refiriendo específicamente a algunas prácticas que tenían en el tiempo del Nuevo Testamento. Alguna de las mujeres se hacían unos peinados muy elaborados e intrincados, donde tenían oro y perlas y otras joyas alrededor de sus cabellos. Quiero decir, ¡eran espectaculares! Además todo el mundo estaba hablando de sus peinados, y esto distraía de la adoración a Dios.

Y entonces, también, algunas mujeres llevaban vestimentas que eran tan costosas ,que las personas en la iglesia que no podían permitirse el lujo de tener este tipo de ropa, se volvían envidiosas. Estaban incitando a otros a pecar con el tipo de vestimenta que llevaban.

Eso no quiere decir que todo el mundo tiene que ser pobre. No es pecado ser pobre. Pero tampoco es pecado gastar dinero en ropa si Dios te ha dado la provisión y la libertad para hacerlo.

Leí una nota de John Wesley que realmente me ministró cuando estaba estudiando para este tema. No la tengo frente a mí, pero el sentido era el siguiente: “Si tú gastas un centavo más de lo que Dios quiere que gastes en tu ropa, recuerda que estás robando el dinero que Dios podría haber querido que le dieras a los pobres”.

Solo dije, “¡Ouch!, ¿no es eso verdad?

Él está hablando aquí de dejar que la actitud de la modestia y del dominio propio gobierne tu manera de arreglarte el pelo, tu manera de vestir. Él no está diciendo que es malo llevar perlas, ni que es malo tener un vestido costoso; pero al comprar asegúrate que tus motivaciones son correctas, que no estás buscando llamar la atención sobre ti misma, que no estás poniendo a las personas a pecar al lucir seductora o por ser una distracción.

Hubo un padre de la iglesia del siglo cuarto—que quizás algunas de ustedes están familiarizadas con su nombre estoy hablando de Crisóstomo—y he aquí lo que él escribió:

“¿Cuál es entonces la ropa modesta? (y recuerden que esto es en el siglo cuarto.) Tal es aquella que cubre completamente y decentemente, y no con ornamentos superfluos, porque el uno es decente y el otro no.

¿Cómo? ¿Te acercas a Dios para orar con el cabello elaboradamente trenzado y ornamentos de oro? ¿Viniste a una gala? ¿A un carnaval? En tales lugares esas cosas costosas tal vez pudieran ser adecuadas. Aquí, ninguna de esas cosas es deseable.

Has venido a orar, a pedir perdón por tus pecados, a rogar por tus ofensas, suplicando al Señor y con la esperanza de que sea propicio o misericordioso para contigo. Deshazte de tal hipocresía.”1

En otras palabras, él está diciendo: “Deja que tu apariencia externa refleje el porqué has venido a la iglesia”. ¿Y por qué has venido a la iglesia?

• ¿Fue para llamar la atención?

• ¿Fue para ser el centro de atención?

• ¿Cuál es la motivación de tu corazón?

• ¿Cuál es la actitud de tu corazón?

◦ ¿Es humilde?

◦ ¿Es modesta?

◦ ¿O estás tratando de ostentar tu riqueza, de ostentar tu belleza, o aun peor, de atraer a los hombres sexualmente?

Una mujer que se enfoca en adorar a Dios debe pensar con cuidado en cómo debe vestirse, y su corazón le debe dictar como ha de ser su vestuario y su apariencia.

Pablo cierra este pasaje diciendo, “En lugar de estar vistiendo vestidos extravagantes y adornos extremos, mejor adórnate a ti misma (como mujer) de lo que es apropiado de una mujer que profesa santidad. ¿Con qué Pablo? Con buenas obras”. A través de toda la Escritura encontrarás que las buenas obras —obras de misericordia— son un adorno muy importantes que nosotras las mujeres debemos utilizar para adornarnos a nosotras mismas: sirviendo, ocupándonos de las necesidades físicas de nuestros maridos y de nuestros hijos.

Amigas , ¿cuándo hacen esto ustedes? Lo haces cuando cocinas para tu familia, cuando te aseguras de que tu familia tenga ropa que le sirva y que esté limpia; cuando te aseguras de que tu hogar se mantenga limpio y ordenado, cuando eres hospitalaria en tu hogar, cuando le llevas comida a una madre que ha pasado por una cirugía, o cuando ayudas con la escuela en el hogar a esa madre que tiene las manos llenas con unos cuantos pequeñitos. Cuando te extiendes a ti misma, cuando extiendes tu corazón y tus manos en las buenas obras, ¿sabes lo que estás diciendo?, ¿sabes lo que estás haciendo? Estás adornando el Evangelio. Estás haciendo de Cristo alguien creíble. Estás reflejando un corazón que es modesto y puro y que tiene dominio de sí mismo. Estás reflejando el corazón de Jesús.

De manera que en nuestra apariencia, en nuestras actitudes, en nuestras acciones —en nuestro todo— nada es insignificante. Todo es importante. Y otra vez déjame decirte como mujer joven que eres: es importante para ustedes que son adolescentes que cultiven la modestia, que cultiven actitudes piadosas. Te prometo que si haces de este tu currículo, si estudias, y te enfocas durante tus años de adolescencia, encontrarás mucho más gozo y bendición más tarde en tu matrimonio y en tu familia de lo que jamás hayas soñado sea posible.

Así que Pablo dice, “Mujeres, adórnense a sí mismas. Sean hermosas. Pónganse sus cosméticos, Kosmeo. Adórnense, y así es como lo deben hacer: con prendas de vestir respetables, con modestia y dominio propio, no con trenzas elaboradas y oro o perlas o atuendos costosos sino con lo que sea apropiado para la mujer que profesa piedad —con buenas obras”.

Y a ustedes jovencitas, quisiera simplemente decirles que solo quisiera tenerlas a ustedes solas unos minutos y poder mirarlas a los ojos y, número uno, decirles que son hermosas; y número 2, solo motivarlas a que estén dispuestas a pagar el precio ahora, para evitar tener que pagar un precio alto más tarde por resistirse a tomar decisiones piadosas en esta área en el tiempo oportuno.

Permítanme decirles también, que si tienen una madre o un padre que se interesa en la forma en que ustedes se visten, aunque quizás ellos no lo sepan expresar de la mejor manera para que puedas recibirlo fácilmente. Quizás el momento que eligen hacerlo no es siempre el correcto, y puede haber algunas tensiones allí, y todo eso es entendible. Pero si tienes una madre o un padre que se interese en la manera en que te vistes, agradécele al Señor, y agradécele a tus padres.

No quiere decir que todas sus ideas acerca de la vestimenta son las únicas buenas o correctas, pero significa que Dios te ama tanto, te ha amado lo suficiente para poner a alguien en tu vida para que sea una fuente de protección. Solo quisiera retarte a recibir con un espíritu de humildad el consejo de tus padres.

No hace mucho tiempo hablé con una joven acerca de un tema totalmente ajeno a este. Sus padres le estaban aconsejando (y habían adoptado una posición muy fuerte en su vida para ser una mujer soltera de 30 años) acerca de algo que ella no estaba de acuerdo con ellos. Y sus padres eran unos padres piadosos, pero…al escucharla, pensé que yo misma no estaba necesariamente de acuerdo con ellos tampoco.

Pero me agradó el corazón de esta joven. Ella decía: “Quiero honrar a mis padres, y sé que ellos quieren lo mejor para mí”. Le dije: “ Aun si tus padres tengan o no la razón en este tema en particular, no es realmente tan importante como el hecho de que hayas recibido con humildad el consejo de ellos en tu vida”.

Ahora, eso no quiere decir, madres, que es apropiado para ustedes manejar todos los asuntos de sus hijos, ya sea que tengan 30 o 16 años o lo que sea. Es necesario que puedas liberar a tus hijos para que ellos aprendan a ir donde el Señor para obtener esas respuestas, y que tú no estés sobre-controlando sus vidas. Tú quieres que ellos sean adultos. Y quieres que ellos piensen bíblicamente por sí mismos.

Pero devuelta a ustedes, las hijas. Si respondes en humildad al consejo de tus padres, Dios bendecirá tu vida una y otra y otra vez. Si tuviera un mensaje para los jóvenes en el día de hoy, sería: “Lean el libro de Proverbios y miren que tonto es despreciar el consejo y que sabio es y cuántas bendiciones tendrían si reciben el consejo de Dios”.

Hay aspectos de los consejos de mis padres que yo recibí cuando era una joven, pero hay algunos aspectos de sus consejos que yo rechacé en mi corazón. Y si pudiera regresar el tiempo y hacerlo todo de nuevo otra vez, quisiera ser más sabia y decir: “no es que ellos sean Dios; no es que ellos lo sepan todo; no es que ellos lo manejan todo bien…”

¿Ven?, lo que hacía era criticar la forma como ellos lo manejaban, o el hecho de que uno de mis padres tal vez estaba siendo muy emocional acerca de un tema en particular, cualquiera que fuese el tema. Ahora yo solo pienso que Dios me amó lo suficiente para darme padres a quienes les importaban las cosas pequeñas, como lo era mi ropa.

Escuchen, yo perdí a mi padre el fin de semana que cumplí mis 21 años. Me desperté esa mañana, me despedí de él…Estaba partiendo para un viaje, y no sabía que no lo vería nunca más. ¡Y qué no daría yo ahora por tener más de los consejos de mi papá!

Mientras pienso hacia atrás, uno de los momentos que tuvo mayor influencia en mi vida, en cuanto a todo este tema de la modestia, fue un día cuando bajé las escaleras cambiada para un recital de piano vestida con un traje formal. No tenía ninguna intención inmoral, que mi corazón pudiera apercibirse, en cuanto a lo que tenía puesto. Pero mi papá dijo: “Hay un problema con ese escote; no creo que sea apropiado”. Así que tuvimos que hacer unos cambios de último minuto. Pero miro hacia atrás a esa experiencia y le agradezco al Señor que tuve un padre que le importó.

Cuando tenemos ese tipo de consejo, pudiéramos responder a ello con resistencia. Pero, ¿sabes a que se reduce en última instancia? Usualmente no es el asunto en sí, —no es el tema de la ropa— es nuestro orgullo, y que queremos hacer las cosas a nuestra manera, como nos parece bien.

Como alguien dijo anteriormente… Una mujer adulta fue que dijo: “Simplemente no quiero que las personas me digan cómo vestirme”. Y, ¿no es eso lo que queremos decir en pocas palabras? Cuando se trata de este asunto, no queremos que Dios nos diga cómo vestirnos, mucho menos otro ser humano. Pero el corazón sumiso dice: “Recibo este consejo. Tengo un espíritu humilde”.

En esta época de la vida en que me encuentro ahora en mis 50, donde no paso mucho tiempo con jóvenes adolescentes. Quisiera estar entre ellas más a menudo. Pero si solo pudiera rogarte acerca de algo, sería que quiero que sepan que estoy experimentando increíbles bendiciones, alegrías y libertades en mi vida hoy en día porque, en la mayoría de las veces, el Señor me ayudó a responder a los consejos que recibí cuando era adolescente.

No me había percatado en ese momento lo importante que esto era. Quiero decir, yo sabía todo eso de “honrar padre y madre”. Lo estaba haciendo. Pero yo no estaba pensando lo que eso implicaría para mí 30 años más adelante.

Tú probablemente no estás pensando 30 años hacia el futuro, a la hora de manejar este asunto o de que si estás de acuerdo o no con tus padres, o a la hora de lidiar con este asunto de la ropa: ¿Cómo va a afectar esto mi matrimonio? ¿Cómo va esto a afectar a mis hijos? No es gran cosa. ‘Oye, soy mucho más modesta que todas mis amigas de la escuela’, pudieras pensar.

No hagas de los demás jóvenes de la escuela tu estándar. No hagas de lo que está en las tiendas tu estándar. Encuentra lo que le complace a Él, dice Pablo. Encuentra lo que le place a Dios y escoge hacerlo, y serás bendecida (mira Hebreos 13:21).

Quizás tú me consideres como una mujer mayor que simplemente está hablando de cuán buena es la voluntad de Dios. Si la voluntad de Dios es buena. Yo amo la voluntad de Dios. Pero no siempre me gusta hacerla en el preciso momento, pero cuando llego al otro lado de ella, es tan buena. Y, ¿sabes qué? cuando llegues a mi edad, no te importará lo que todos los demás lleven puesto. Si estás creciendo en el Señor, te vuelves segura en Él.

Recuerdo lo que era sentirse insegura, como una joven adolescente con sobrepeso que nunca se sintió realmente bien acerca de su cuerpo ni tampoco acerca de la clase de educación física, por ejemplo… Eso era la peor cosa del mundo para mí. Pude haber escrito un libro acerca de las mil y una maneras de cómo librarse de la clase de gimnasia… La mayoría de ellas no muy honestas que digamos. Supe lo que significó ser una joven en secundaria y preparatoria que nunca se sintió como que pertenecía allí.

¿Y sabes qué? Todavía sigo estando fuera de onda. Pero hoy, no me interesa, porque estoy completa, satisfecha. Estoy mirando las mujeres de mi edad, muchas de las cuales han estado casadas varias veces—sus vidas están destrozadas; se han practicado múltiples abortos, están endurecidas y son miserables, y son infelices, y yo digo: “¡ Oh Señor, por tu gracia, de lo que me libraste, por Tu gracia, de lo que me libraste! Quiero decir, que no fue nada que yo hice. Solo recibir consejos piadosos.

Y puedo decir, para aquellas de ustedes, especialmente ustedes jóvenes que han escogido el camino de la modestia: tal vez no siempre les guste, pero han escogido escuchar los consejos de sus padres y del Señor, y están haciendo elecciones modestas —las aplaudo. Se requiere una gran cantidad de coraje para hacer eso hoy en día. Miro algunas de ustedes jóvenes adolescentes y digo que son hermosas. Quiero decir, realmente lo son por dentro y por fuera.

Annemarie Sauter: Nancy Leigh DeMoss ha estado ofreciendo consejos prácticos para las jóvenes sobre su vestimenta y su corazón. Esto fue parte de la serie:La hermosura de un corazón modesto. Si no has escuchado la serie completa te invitamos a hacerlo visitando AvivaNuestrosCorazones.com.

¿Ya escuchaste la gran noticia? Estoy feliz de anunciar que en menos de un año tendrás la oportunidad de ser parte de la primera Conferencia Mujer Verdadera en América Latina.

El ministerio Aviva Nuestros Corazones presenta Mujer Verdadera 2015, y esta conferencia viene a la República Dominicana los días 26, 27 y 28 de febrero.

Espero que puedas asistir y que traigas a muchas mujeres contigo.

Pastor Salvador Gómez D : Yo entiendo que la mayor necesidad de las mujeres hoy el día de hoy es sin lugar a dudas la necesidad espiritual de Cristo, de Dios y de Su Palabra.

Annemarie Sauter: Este es el pastor Salvador Gómez D.

Pastor Salvador Gómez D : La humanidad se ha ido apartando de la senda que Dios ha trazado para el buen funcionamiento de ella y la mujer entonces al alejarse de Dios al crear su propia senda, al practicar lo que no necesariamente es lo que le conviene a ella misma ni a la generación que ella trae al mundo, entonces trae confusión a su propia vida, trae desorden a la familia y todas estas consecuencias son de las cosas que estamos viviendo en la sociedad al día de hoy.

La mujer cristiana en nuestro contexto está muy influenciada por las emociones ha podido departamentalizar lo que sabe de lo que practica y en ese sentido podemos encontrar en nuestras congregaciones mujeres que conocen las escrituras o conocen las historias de las escrituras, conocen la esencia de lo que Cristo describe que es el discipulado cristiano, sin embargo a la hora de elegir cómo vivir, cómo desempeñar su papel dentro de la familia, las emociones entonces ocupan un lugar primordial.

Se relega el deber cristiano, se relega el rol asignado por Dios, por lo que son sus gustos y sus preferencias personales, eso trae desde luego un desorden en el funcionamiento de cualquier familia. Una mujer que no cumple con su rol no va a poder ser la esposa que Dios diseñó, una mujer que descuida los principios bíblicos respecto a la crianza de los hijos, no será la madre que Dios diseñó, y estas cosas traen consecuencia a la sociedad y a la iglesia de manera particular.

En resumen la gran necesidad de la mujer es Dios y Su Palabra.

La Conferencia de Mujer Verdadera está diseñada para mujeres que tienen un corazón para alcanzar otras mujeres con la verdad de la Palabra de Dios.

Así que si eres una maestra bíblica, si eres líder de un grupo pequeño, esposa de pastor, o simplemente una mujer que ama ayudar a otras mujeres, esta conferencia va a ser de mucho beneficio para ti.

Entre los charlistas en esta conferencia estarán, Nancy Leigh DeMoss, Crawford & Karen Loritts y Mary Kassian. Dannah Gresh estará dirigiendo una noche especial para jóvenes solteras.

Josh Davis, Jonathan & Sarah Jerez y Dámaris Carbaugh estarán dirigiéndonos en tiempos especiales de adoración.

Si deseas obtener más información y registrarte, visita AvivaNuestrosCorazones.com.

Espero que puedas venir para buscar al Señor junto a nosotras, en la Conferencia de Mujer Verdadera, aquí en la República Dominicana.

¿Cuando debemos empezar a entrenar a nuestros hijos sobre la modestia? ¿Y si les dijera que alrededor de los 3 años? ¿Porque empezar tan temprano? Nancy nos hablará de esto en nuestro próximo programa. Por favor, acompáñanos de nuevo en Aviva Nuestros Corazones.

Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss es un ministerio de alcance Life Action Ministries.

Todas las Escrituras fueron tomadas de la Biblia Las Américas a menos que se indique lo contrario.

1 John MacArthur. Commentary on 1 Timothy.

Tomado de: Aviva Nuestros Corazones

Todos los Derechos Reservados

Disponible sobre el Internet en: http://www.avivanuestroscorazones.com

2/5 – El mayor encanto de una muje

Aviva Nuestros Corazones

Serie: La hermosura de un corazón modesto

2/5 – El mayor encanto de una mujer

https://www.avivanuestroscorazones.com/podcast/aviva-nuestros-corazones/el-mayor-encanto-de-una-mujer/

Carmen Espaillat: Aquí Nancy Leigh DeMoss en la voz de Patricia de Saladín con algunos consejos de belleza contracultura acerca de la belleza..

Nancy Leigh DeMoss: El mayor encanto de una mujer viene a través de un corazón modesto, y un corazón modesto se expresa a través de un comportamiento modesto, vestimenta modesta, reacciones modestas y actitudes modestas.

Carmen: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy leigh DeMoss en la voz de Patricia de Saladín.

Hablando de modestia y de todo lo que tiene que ver con la feminidad bíblica… ¿has escuchado hablar del movimiento Mujer Verdadera? Hace unos años Dios puso una carga en el corazón de Nancy para iniciar un movimiento contra-cultura para rescatar el diseño bíblico de la mujer. Y este anhelo dio inicio a las conferencias True Woman o Mujer Verdadera en el 2008.

Si tienes posibilidades de viajar hasta Indianápolis en octubre este es un evento que no te querrás perder, acompaña a Nancy en la conferencia True Woman 2014, los días 9, 10 y 11 de Octubre, organiza un grupo de mujeres de tu iglesia o comunidad y regístrate al visitar reviveourhearts.com. Tendremos traducción al español.

La modestia consiste en más que simplemente la cubierta externa de la piel. Nancy comenzó demostrándonos esto en el programa anterior de esta serie. Hoy escucharemos la segunda parte.

Nancy: ¿Eres una mujer modesta? ¿Qué queremos decir con eso? ¿Qué significa ser una mujer modesta? Hemos estado estudiando juntas la 1era carta del apóstol Pablo a Timoteo el capítulo 2 los versículos 9-10 y hemos hablado sobre la apariencia, las actitudes, y las acciones que Dios quiere que tengamos como mujeres cristianas.

Déjame decirte, por cierto, que lo que estoy diciendo para las mujeres aplica de igual manera para las jóvenes y para las niñas. Tenemos en nuestra audiencia algunas jovencitas de bachillerato, y estoy tan agradecida por ustedes. ¡Cómo me hubiese gustado haber podido aprender mejor algunas de estas cosas cuando tenía la edad de ustedes!

Probablemente no estuviera luchando con algunos de estos temas en la medida en que lo estoy haciendo en el día de hoy—si hubiese tenido como adolescente una mayor comprensión de lo que significa tener un corazón modesto.

Hemos visto que el apóstol Pablo dice que si somos mujeres que profesamos conocer a Cristo— si profesamos ser piadosas, si hemos hecho una profesión de fe— debemos demostrar eso, y demostraremos eso en nuestra apariencia externa, en la manera como nos vestimos.

Hablamos en la última sesión sobre las mujeres adornándose con un atavío respetable. Eso significa “adecuadamente y decentemente”, bien arreglada y apropiada. Eso tiene que ver con la manera como nos vestimos, lo que esperamos sea un reflejo de un corazón bien ordenado.

Y ahora él viene y habla en el versículo 9 no solamente sobre nuestro atavío o nuestra apariencia sino también sobre nuestras actitudes. Él dice, “Quiero que las mujeres se adornen con modestia y dominio propio”.

Si tienes la Biblia de las Américas, dice «con pudor y modestia.» En la Nueva Versión Internacional dice «con decencia y propiedad». Y a mí me gusta la versión Reina Valera porque una de las palabras que usa te hace cuestionarte. Dice que las mujeres deben estar adornadas «con pudor y modestia».

Así que iniciemos aquí. ¿Qué significan estas palabras? Estas son dos actitudes del corazón que deben caracterizar a la mujer en cuanto a lo que apariencia se refiere; esa debe ser su actitud cuando ella viene a adorar a la iglesia.

Cuando escuchamos la palabra modestia, primero que nada puedo decir que es una palabra que no se escucha hoy muy frecuentemente. Es una palabra que probablemente evoca algunas imágenes negativas en las mentes de muchas personas. Cuando hablamos de modestia, muchos tienen la imagen de una mujer que es como una maestra de escuela que es agria y sin gracia. Nunca se ríe. Usa ropa que la cubre desde la barbilla y llega hasta los tobillos y hasta sus puños. Ella es muy correcta y formal y muy anticuada, quizás desaliñada. Déjame decirte que necesitamos deshacernos de todas esas imágenes porque son malas concepciones de una hermosa palabra.

El mayor encanto de una mujer viene a través de un corazón modesto; y un corazón modesto se expresa a través de un comportamiento modesto, vestimenta modesta, reacciones modestas, y actitudes modestas.

He estado estudiando esta palabra modestia y se han escrito muchos comentarios maravillosos sobre la misma. Permítanme compartir con ustedes algunos elementos que he recogido de varias fuentes, de guías de estudio, y de comentarios sobre lo que significa ser modesto, modesta. Viene de la palabra griega, aidos. Aidos es la palabra que significa «decoro, decencia».

Es una palabra que denota algunos elementos de timidez —timidez hacia los hombres, o modestia en nuestro enfoque hacia Dios en el sentido de sobrecogimiento y reverencia. Es una mujer que no simplemente se lanza a una situación. Ella sencillamente no se lanza a los hombres. Ella sencillamente no viene irrespetuosamente a la presencia de Dios. Ella es modesta en su acercamiento a Dios y hacia los demás.

La palabra tiene que ver con modestia mezclada con humildad. Vemos aquí una actitud humilde, y en la raíz de esta palabra, aidos, hay envuelta una idea de vergüenza — no en un sentido negativo, sino en un sentido positivo.

Está hablando sobre una mujer que es piadosa, quién estaría avergonzada si cualquier cosa en sus actitudes o en su vestimenta fuera alguna vez a causar deshonra a Cristo o alguna vez pudiera causar distracción a otros creyentes, o aun si pudiera alguna vez causar que algún hombre pecara en sus pensamientos o en su moralidad.

Ese es el concepto de timidez. Ella sabe cómo sonrojarse. Ella sabe cómo avergonzarse adecuadamente. Una mujer modesta no está cómoda cuando la gente está hablando indiscretamente, cuando están hablando en público sobre asuntos sexuales privados. Ella se siente incómoda en medio de esto, y ciertamente ella misma no habla de esta manera, ni de estos temas. Ella es discreta. Ella es reservada.

De hecho, escucha algunas de estas definiciones del diccionario de la palabra modesta o modestia. Significa poseer «un estimado modesto de los talentos propios, habilidades, y valor». Ves humildad en eso. Te ves a ti misma como realmente eres.

Significa «una aversión a llamar la atención hacia uno mismo». Tú no entras a un lugar y tienes que tener a todo el mundo centralizado alrededor de ti. Seguro conoces algunas personas quienes sencillamente entran en una habitación y son el alma de la fiesta. —No hay nada de malo con tener una personalidad extrovertida—. Esta es una persona, una mujer modesta, quien no está tratando de lograr que las personas se fijen en ella. Ella no está inclinada a tratar y a llamar la atención hacia ella misma. Ser modesta, de acuerdo al diccionario, significa «mostrar pudor o decoro en el lenguaje, en la vestimenta y en el comportamiento». Es estar libre de ostentación.

Cuando pienso en palabras como extravagancia u ostentación, puedo pensar en algunos tipos de ropa, incluso algunos estilos de peinados que son extremos, que llaman la atención en sí mismos. O algunos tipo de joyas— tú sabes que cuando miras por primera vez lo que ves en esta persona quizás son sus aretes. No puedes ni siquiera ver su cara, porque tiene estos aretes que son enormes. Ahora ¿Qué tamaño de aretes es considerado como poco recatado? Eso no te lo podría decir.

Es ahí cuando tienes que postrarte frente al Señor y decirle, «¿Es modesta mi vestimenta, mi bisutería, mi comportamiento, mis modales, mi vocabulario? ¿Demuestran un pudor apropiado? ¿Está libre de extravagancia u ostentación?»

Cuando pienso en esta definición del diccionario, pienso en lo opuesto de la mujer de Proverbios 7. Proverbios 7 dice que esta mujer es “alborotadora y rebelde” (v.11). Ella definitivamente no es una mujer modesta. De hecho, lo opuesto de modestia, en cierto modo, es vanidad— una mujer que es orgullosa, una mujer que muestra su “mercancía”, sus tesoros, su vestimenta, sus riquezas, su opulencia. Ella está haciendo alarde de su opulencia. Ella no es modesta.

Esta palabra implica el rechazar cualquier cosa que sea desagradable al Señor o que pueda hacer que otra persona peque. Una persona que es modesta cree lo que dijo Jesús cuando dijo «Es mejor estar muerto que causar que otro creyente peque» (ver Mateo 18:6).

Así que cuando me estoy vistiendo en la mañana, mientras preparo mi corazón en la mañana, debo preguntarme, «¿Me estoy vistiendo con modestia? ¿Muestra mi apariencia exterior la modestia?»

Déjame hacerte algunas preguntas en las que estuve pensando que quizás te ayuden a aplicar este asunto y hacerte la pregunta, «¿Soy una mujer modesta?»

¿Me visto con ropas respetables, de forma ordenada, decente, que no causa distracción o tentación a otros?

¿Tengo una perspectiva humilde de mí misma?

¿Tengo una perspectiva alta de Dios?

¿Soy culpable de anunciarme o de promocionarme a mí misma? Si soy culpable de anunciarme o promocionarme a mí misma, entonces no soy una mujer modesta. No tengo un Corazón Modesto.

¿Soy reservada adecuadamente en la manera que hablo, en mi lenguaje? ¿O hablo demasiado? La mayoría de nosotras como mujeres tenemos que luchar con esto. La respuesta para la mayoría de nosotras es que sí, que hablamos demasiado.

La otra noche estuve cenando con dos mujeres, colegas mías en Aviva Nuestros Corazones. No había estado con ellas desde hacía largo tiempo, y tuvimos una cena muy agradable.

Pero le dije a alguien después, «Hablé demasiado». Quiero decir, tuvimos un gran tiempo pero en mi corazón yo sabía que había hablado demasiado. Y la persona a quien se lo dije me preguntó, «¿Y pecaste?»,

Le dije, «Tú sabes, que probablemente lo hice».

No sé si estas mujeres pensaron que pequé, pero la Escritura dice, «En las muchas palabras no falta pecado» (Proverbios 10:19). Hablar demasiado no es modesto. No es moderado. No es mesurado querer ser el alma de la fiesta o el centro de atención; ser bulliciosa, no es moderado o modesto.

¿Eres reservada apropiadamente en tu vestimenta, en tu comportamiento? ¿Estás libre de ser ostentosa? ¿Eres discreta? ¿O eres lo opuesto? A continuación algunas de las palabras opuestas a ser modesta: demasiado atrevida, arrogante, agresiva, controladora, dominante.

No tienes que tener un volumen alto de voz para ser todas estas cosas. Déjenme preguntarles como madres, las que son madres, en sus hogares, como adolescentes… , ¿encuentras que eres controladora y dominante? Eso no es modesto. ¿Eres renuente a llamar la atención sobre ti misma?

El Señor ha estado realmente hablándome sobre esto recientemente. Soy tan bendecida de tener compañeros y amigos de oración que me aman y quienes oran por mí. Las personas siempre me preguntan, “¿Cómo estás? ¿Cómo van las cosas? ¿Cómo puedo orar por ti? ¿Cómo le va a Aviva Nuestros Corazones?» Y me emociona mucho su interés.

Pero ¿sabes de qué me he dado cuenta? Que como resultado de eso, la mayor parte de la conversación gira alrededor de mí, sobre lo que me interesa y lo que ha estado pasando en mi vida.

El Señor me ha estado desafiando sobre esto. Porque si tengo un corazón modesto, cuando entro en una conversación, debo pensar, “¿Cómo puedo ser una bendición para esta persona? ¿Cómo puedo preguntarle sobre sus intereses, acerca de lo que está ocurriendo en su vida?”

Estoy comenzando a evaluar mis conversaciones de esta manera. ¿Hablamos todo el tiempo sobre mí en esta conversación? O hablamos sobre lo que es de interés para esta otra persona. Eso es modestia.

En cuanto a la vergüenza o el pudor: ¿Te aflige el solo pensar en la posibilidad de ofender a Dios o causar que alguien peque? Eso es el resultado de un corazón modesto. ¿Odias el pecado? ¿Eres intencional sobre hacer todo lo que puedas para evitar causar que otra persona peque, en relación a tu vestimenta, o con relación a tu vocabulario, o a tu comportamiento? Todo eso es lo que fluye de un corazón modesto.

Carmen: Nancy Leigh DeMoss volverá pronto con la segunda parte del programa de hoy. Ella ha estado ayudándote a desarrollar una comprensión bíblica profunda sobre la modestia. El programa de hoy es parte de una serie llamada, La hermosura de un corazón modesto. Para leer la transcripción, o escuchar el audio, solamente visita AvivaNuestrosCorazones.com. Nancy está de vuelta con la próxima característica de un corazón modesto: dominio propio.

Nancy: Esta semana estamos estudiando uno de los pasajes, que para nosotras como mujeres, es uno de los más contraculturales de toda la Palabra de Dios. Quiero pedirles que vayan, si pueden, a 1era de Timoteo capítulo 2 los versículos 9-10. Hemos hablado de cómo el contexto de este pasaje es primero enseñar a los hombres. El versículo 8 le indica a los hombres cómo están supuestos a comportarse en la iglesia y cómo están supuestos a proveer liderazgo espiritual al Cuerpo de Cristo. Entonces los versículos 9 y 10 le indica a las mujeres cómo comportarse ellas mismas dentro de la familia de Dios.

Pablo dice, «Las mujeres se vistan con ropa decorosa». Eso tiene que ver con el atuendo, con nuestra apariencia. Nuestra apariencia debe ser respetable, decente, bien ordenada, bien arreglada. Entonces él dice que debe también ser con una actitud de corazón de «pudor y modestia, no con peinado ostentoso, no con oro, o perlas, o vestidos costosos, sino con buenas obras, como corresponde a las mujeres que profesan la piedad».

En esos dos pequeños versículos, el apóstol nos está hablando a nosotras. El Espíritu Santo, a través de Pablo, está hablando sobre nuestra apariencia, nuestras actitudes, y nuestras acciones. Mira esa palabra, pudor o dominio propio. El fruto del Espíritu es dominio propio. A la vez que nos gobierna, este produce esa actitud en nuestro corazón. Es una palabra que significa «moderación.» Algunas de las traducciones dicen sobriedad, y significa “consistencia de mente”. “sanidad mental, dominio propio”.

Es la ilustración de alguien que no es extravagante, que no es estrafalaria, no es dada a los extremos, sino que de buena gana, intencionalmente, escoge restringir sus deseos pecaminosos por medio del poder del Espíritu Santo. Escoge no exhibir su orgullo a través de una vestimenta ostentosa o de estilos extremos. Es una mujer que está dispuesta a limitar su propia libertad y a demostrar una vida restringida, auto controlada con restricciones apropiadas sobre todas sus pasiones y deseos.

Pablo habla aquí de una mujer que ejercita el autocontrol sobre sus pasiones sexuales y ejercita control sobre su comportamiento y sobre su vestimenta, sobre sus actitudes y su manera de tratar con los hombres de tal manera que no excite inapropiadamente las pasiones de otros hombres.

Ahora, una cosa es para ti excitar las pasiones de tu esposo. Eso es apropiado. Pero hacerlo con otros hombres es otra cosa— y nosotras las mujeres lo hacemos en tantas maneras sutiles. Flirtear por ejemplo es una violación a este principio, de esta actitud de corazón de dominio propio. Una muchacha provocadora dice, “¿Qué tengo que hacer para llamar su atención?” Y vemos a las mujeres hoy ser tan agresivas, lanzándose a sí mismas sobre los muchachos.

Algunas de ustedes tienen hijos en sus hogares por lo que saben de lo que les estoy hablando, lo que es tener a las muchachas llamándolos. Tengo madres que me han dicho, que como padres ellos dicen, “No está permitido en nuestro hogar”. Tuve una mamá quien recientemente me dijo: tuvimos que decirle a esas muchachas que están llamando, “Esta no es la manera que nuestros hijos hacen esto. Si él quiere hablar contigo, él te llamará”.

Ahora, sé que eso suena anticuado hoy en día. De hecho, para la mayoría de las mujeres jóvenes de hoy, eso suena como que eres de otro planeta. No está ni siquiera en la pantalla del radar de las mujeres jóvenes el pensar de esta manera día hoy. Es por eso que necesitamos modelarlo.

¿Qué significa tener control de mi misma? ¿Qué significa ser cuidadosas en cómo halagamos a los hombres para no expresar inapropiadamente admiración por ellos?

Yo trato con esto en este ministerio, porque trabajo con muchos hombres casados. Dios me ha bendecido con algunos hombres piadosos maravillosos alrededor de mí en Aviva Nuestros Corazones y también en nuestros ministerios asociados. Aprecio tanto sus corazones y su labor. Quiero tener un espíritu agradecido, lo quiero expresar, pero lo quiero hacer de una manera que sea apropiada, una manera que sea moderada. Esa manera tiene que ver con nuestro vocabulario, con nuestro contacto físico, con lo que hacemos con nuestros cuerpos. Tiene que ver con la manera en como usamos nuestros ojos.

Les digo, que aun cuando salgo a correr o a caminar para ejercitarme, trato de pasar modestamente por el lado de los hombres que encuentro en mi camino, se que la modestia y el dominio propio me enseñan a no mirar a esos hombres directo a sus ojos. Me enseña a desviar la vista. Ahora bien, no tienes que hacer esto de manera grosera. Pero significa que no vas a comprometer tu alma o tu espíritu con un hombre que no es tu esposo. Eso requiere de autocontrol.

Las mujeres de hoy no saben lo que es el dominio propio, el autocontrol. Están ahí, solamente hablando y haciendo y actuando en maneras que no son en nada controladas. Es el resultado de no tener una mente sana, de no tener una mente disciplinada o controlada, de no tener sentido común, de no tener un radar espiritual, como dijo un escritor, este le diría a una persona lo que es bueno y apropiado.

¿No es eso lo que a tantas mujeres les hace falta hoy? Tener un radar espiritual. No hay radar espiritual. Observo la manera en la que algunas mujeres se meten en problemas con los hombres. Estoy hablando de mujeres dentro de la iglesia. Y digo, «¿Dónde estaba tu sensatez espiritual? ¿Cómo te metiste en esa situación?»

Ahora, sé que la carne es la carne y la tentación siempre está ahí. Pero te digo que, si tienes autocontrol, dominio propio, encontrarás que hay una gran cantidad de situaciones en las que nunca terminarás envuelta porque habrás hecho elecciones sabias y moderadas— con tu lengua, con tus ojos, con tu espíritu, con tu contacto físico. Vamos a hacernos algunas preguntas y dejemos que sea Dios quien evalué nuestros corazones.

¿Soy yo una mujer autocontrolada?

¿Eres tú una mujer que ejerce autocontrol?

¿Tienes una manera sana de pensar?

¿Eres moderada y medida en tus hábitos alimenticios, en tus hábitos de bebida, o en tus hábitos de ejercicio?

Quizás tu respuesta es «¡Oh no! Ahora has comenzado a entrometerte». Bueno, yo solamente me entrometo donde el Espíritu Santo se entromete conmigo. Mientras pienso en esta cualidad, si voy a comer en exceso, obsesivamente, descontroladamente, eso es una evidencia de que no tengo esta cualidad de autocontrol en mi corazón.

¿Está tu lengua controlada y restringida por el Espíritu de Dios?

¿Eres una de esas personas que simplemente suelta cualquier cosa que le viene a la mente? Simplemente lo dices.

Oh… ¡Cuántas veces nos metemos en problemas las mujeres por esto! En tu hogar es donde esto es tan importante porque estás diciendo cosas en tu hogar que nunca soltarías en la iglesia, por rabia o frustración. Como mamá, como esposa, como joven adolescente, necesitas autocontrol cuando estás lidiando con los miembros de tu familia.

¿Tienes dominio propio en cuanto al uso de tu tiempo?

¿Eres propensa a tener arranques emocionales, a airarte?

¿Tienes control y disciplina sobre tu cuerpo, sobre tus apetitos físicos: la comida, el sexo, tu moral, el alcohol, las drogas?

¿Hay algunos hábitos que te esclavizan, hábitos que no son hábitos piadosos?

¿Estás dispuesta a restringirte a ti misma de extremos?

¿En la manera que gastas el dinero?

¿En los tipos de ropa que compras?

¿En tus hábitos de trabajo o haciendo los quehaceres dentro del hogar?

¿Eres disciplinada para hacer el trabajo cuando se necesita que se haga? O ¿eres como yo soy muchas veces, una persona que deja todo para más tarde?

Cuando te encuentras a ti misma en la fecha límite, conviertes la vida de todo el mundo en un nerviosismo porque no tuviste autocontrol sobre tu agenda.

¿Eres restringida y correcta en tus relaciones con los hombres? ¿En tu conducta con los hombres?

Tú dices, «Bueno eso suena como que no podemos tener ninguna diversión. Esto de ser rígida, disciplinada. ¿A quién le gusta esa palabra?»

Déjame decirte, la mayor libertad en la vida viene cuando estamos bajo el control del Espíritu Santo. Ahí es cuando puedes realmente disfrutar la vida. Ahí es cuando puedes disfrutar relaciones saludables y plenas en el Cuerpo de Cristo.

Son las mujeres que no tienen autocontrol las que terminan con sus vidas destrozadas en millones de pedazos, sentadas en la oficina de un terapista, llamándonos diciendo «Se me ha derrumbado la vida… ¿Hay algo que puedan hacer para volverla a componer otra vez?»

Un corazón con dominio propio es lo que traerá libertad, alegría y paz en tu vida. También te ayudará a adornar el Evangelio y hacerlo creíble.

Carmen Espaillat: Nancy Leigh DeMoss ha estado describiendo la belleza del autocontrol. Esa es solamente una de las características que llegan al corazón de la modestia. El programa de hoy es parte de la serie llamada, La hermosura de un corazón modesto.

¿Qué buscas cuando estás comprando ropa? ¿Precio? ¿Color? En nuestra próxima entrega, Nancy nos ayudará a reflexionar sobre esto a través de la continuación de la serie, La hermosura de un corazón modesto. Por favor regresa a Aviva Nuestros Corazones.

Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss es un ministerio de alcance Life Action Ministries. Y mi mamá es una mujer verdadera.

Toda la Escritura está tomada de la Biblia de las Américas a menos que se indique lo contrario.

Tomado de: Aviva Nuestros Corazones

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