Una ilustración de contentamiento – 5/5

Aviva Nuestros Corazones

Nancy Leigh DeMoss

Una ilustración de contentamiento – 5/5

Carmen: Aquí está Nancy DeMoss de Wolgemuth.

Nancy DeMoss de Wolgemuth: El contentamiento no se fundamenta en un cambio en mis circunstancias, sino que se basa en un cambio en mí. Es la voluntad de aceptar las elecciones de Dios.

Carmen: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss de Wolgemuth en la voz de Patricia de Saladín. Nancy ha venido desarrollando una serie llamada, Cultiva contentamiento en el corazón.

Nancy: Una de las cualidades más hermosas que cualquiera de nosotras puede tener como mujer cristiana es el contentamiento. Hemos visto que un corazón satisfecho es un corazón agradecido. Es un corazón que expresa gratitud. Se trata de un corazón confiado, un corazón rendido a la voluntad de Dios. Es un corazón que está libre de sí mismo, es un corazón que está lleno de Dios, un corazón que está centrado en Dios.

Y doy gracias al Señor por las personas que Él me ha permitido conocer a lo largo de mi vida que son personas con contentamiento. Algunas de las mujeres más hermosas y llenas de gracia que he conocido son así porque tienen un espíritu satisfecho. Han cultivado el contentamiento en sus corazones. Y permíteme decir, por cierto, que esto no es algo natural. Es algo que Dios tiene que desarrollar en nosotras, pero es algo que tenemos que permitir que Él desarrolle en nosotras.

Tengo una pequeña placa en mi casa que tiene solo esas tres palabras: «Dios es suficiente». Y es un recordatorio que necesito constantemente. Que Dios realmente es suficienteLa pregunta es, «¿Realmente creemos eso?» ¿O creemos que necesitamos a Dios más algo o alguien más? Que necesitamos a Dios, más una casa más grande. O necesitamos a Dios más un coche mejor. Necesitamos a Dios, más las nuevas modas y estilos de la ropa. Necesitamos a Dios, más a los niños, que además estén caminando con Dios. Necesitamos a Dios, más un marido. O necesitamos a Dios más un marido que sea un líder espiritual.

Ahora bien, esto ha sido un reto para mi aprenderlo y aún estoy aprendiendo, para experimentar esa realidad en mi propia vida. Y creo que Dios nos ama tanto, que Él está tan comprometido con nuestro aprendizaje, y Él es tan suficiente, que a veces nos presiona en circunstancias en las cuales encontramos que las cosas de las que hemos dependido simplemente ya no están ahí, o no son suficientes, o no nos satisfacen. Y de estas decepciones a veces se desprende la más grande convicción de que Dios es suficiente, de que Dios es bondadoso.

A comienzo de la década de mis 20, me uní a un ministerio del cual todavía tengo la bendición de ser parte. Pero en aquellos primeros años, comencé a viajar a tiempo completo ministrando a mujeres en conferencias en seminarios. Pasé muchos años viajando a tiempo completo, todo el año, doce meses al año. Los primeros ocho años de viajar los pasé viviendo exclusivamente en habitaciones de hoteles.

Ahora, para aquellas de ustedes que no tienen que viajar mucho, esto puede sonar atractivo o exótico. Y les puedo decir que así fue durante las primeras ocho semanas de esos ocho años. Yo amaba lo que hacía. Me encantaba el ministerio. Me encantaba la gente, servir a las personas y servir al Señor, pero después de ocho años, este asunto del hotel empezó a afectarme. Y me encontré desarrollando un gran cansancio por la constante rutina. Comiendo en restaurantes, viviendo en hoteles, viviendo en ciudades diferentes, aeropuertos, aviones. Y los viajes empezaron a afectarme realmente.

Y me encontré sintiéndome muy desorientada. Me despertaba en medio de la noche tratando de recordar dónde estaba. A veces mientras hablaba en una ciudad diferente, y en la mitad de una conferencia quería recordar el nombre de la ciudad y simplemente me quedaba en blanco. Me encontraba desorientada. Entonces se añadían los asuntos prácticos de viajar. Volvía a dejar un par de zapatos en alguna ciudad y una caja de libros en esta otra ciudad. Y en un momento pude darme cuenta de que estaba resintiendo lo que en un momento era motivo de gratitud, como lo era la provisión de Dios de un lugar donde pasar la noche.

Y en medio de este tiempo me encontraba enfocada en lo que tenía que yo no quería, y lo que quería que yo no tenía. Como hemos visto en las sesiones anteriores, la falta de un espíritu agradecido nos lleva invariablemente a cometer otros pecados. Yo tenía descontento en mi corazón, y luego comencé a expresar ese descontento —a murmurar, a quejarme, a reclamar. Me encontré a mí misma haciendo comparaciones entre lo que otros tenían que yo no tenía y que yo creí que quería.

En este caso, algunos de mis colegas en el ministerio, algunas de estas personas que me acompañaban en el ministerio tenían remolques en los que viajaban. Vehículos recreativos, que si vives en ellos no son tan recreativos. Pero empecé a codiciar estos remolques y a pensar: «Si tan solo pudiera tener un nido, un lugar en el que pudiera poner mis cosas y dejarlas ahí, entonces yo sería feliz». Y sentí envidia de los que tenían algo que yo no tenía.

Como es el caso del descontento, centrarme en lo que no tenía me hizo más miserable, y estoy segura de que hice a algunas otras personas miserables también durante este tiempo. Un verano en particular casi ocho años después de esta vida de hotel, estaba pasando parte del verano en una propiedad que poseía nuestro ministerio que es para campamentos. Me estaba quedando en el remolque de alguien a orillas de aquella propiedad.

En mi tiempo de quietud, una mañana pude ver cómo yo había albergado este espíritu de descontento, lo había alimentado y estaba creciendo. Sabía que era hora de volver a la rutina, entonces estaría de vuelta a la vida de hotel, y yo estaba realmente refunfuñado de todo esto en mi espíritu. Y llegué en mi lectura diaria al libro de Números capítulo 11, versículo 1. La Escritura dice: «Aconteció que el pueblo se quejó a oídos de Jehová; y lo oyó Jehová, y ardió su ira, y se encendió en ellos fuego de Jehová, y consumió uno de los extremos del campamento » (RV). Y yo que estaba sentada en el extremo de este campamento en un tráiler prestado. Ni siquiera tenía que ir al versículo 2. Todo lo que necesitaba era ese versículo 1 de Números capítulo 11.

Y de pronto, el temor del Señor vino sobre mí, y me di cuenta de lo que había estado haciendo. Me di cuenta de que desde hacía meses había tenido la semilla del descontento creciendo, arraigándose en mi corazón y produciendo frutos muy feos. Me di cuenta de que Dios había oído esto: que Él no estaba agradado. Tuve la sensación de que si Dios decidiera en ese momento enviar fuego en aquél lugar y yo quedara atrapada en él, Dios estaría justificado. Ahora, Dios también es muy misericordioso, y Él no actuó de esa manera en ese momento. Pero me acerqué al Señor quebrantada, con convicción y arrepentimiento.

Y le dije: «¡Oh Señor! He pecado tanto contra ti, tan grandemente. Por favor, perdóname. Por favor, perdóname por no tener un espíritu agradecido, por comparar lo que otros tienen que yo no tengo, y por exigir de Ti que cumplas con mis deseos y mis expectativas, por no estar satisfecha con lo que me has provisto».

Hice un pacto con el Señor en ese momento que por los próximos—creo que dije treinta días—no habría murmuraciones, ni expresaría descontento. Ahora, esa sería una gran manera de vivir durante toda la vida. Pero no pensé que estaría preparada para hacer ese compromiso de por vida, pero hice un esfuerzo consciente por los próximos treinta días—y es algo que ahora se ha convertido más bien en un estilo de vida—de estar agradecida sin importar las circunstancias.

Y no voy a entrar en todos los detalles, pero dentro de los próximos meses, Dios me proveyó un vehículo recreativo, una casa rodante, en la que viví en los años siguientes. Y te voy a decir, cuando esa casa rodante fue puesta en el terreno por primera vez, pensé que estaba en el paraíso. ¡Estaba tan emocionada! Posteriormente, tuve la oportunidad de construir una casa mucho más grande que la casa rodante, pero ninguna casa nunca ha sido tan especial para mí como esa casa rodante.

Quizás yo pude haber obtenido ese tráiler muchos meses antes. Yo hubiera podido exigir y hallar la manera. Porque de hecho cualquier cosa en la que insistamos, muy frecuentemente podemos encontrar la manera de conseguirla, pero nunca la hubiera podido disfrutar. Si Dios no me hubiera llevado primero al punto de rendirme y decirle: «Señor, si quieres que viaje por el resto de mi vida viviendo en habitaciones de hotel, comeré en los restaurantes, y haciendo todo lo que conlleve viajar, Tú eres suficiente. Voy a elegir el camino del contentamiento”.

Porque llegué a ese punto primero, luego Dios proveyó la casa rodante. . . No era algo que yo estaba pidiendo. No era algo que estaba esperando. Fue un regalo increíble, asombroso, lleno de la gracia de Dios. Yo tenía una capacidad mucho mayor para disfrutarla porque había llegado al lugar donde dije: «Señor, Tú eres suficiente. Yo ya no necesito una casa rodante para ser feliz. Todo lo que necesito es a Ti. Dios es suficiente».

Y Dios me ha enseñado algunas lecciones muy importantes que sigo aplicando en mi vida diaria. Una de las cosas más importantes que aprendí fue que si tengo un corazón descontento, no hay nada, ninguna circunstancia que puede hacerme feliz. Si hay una raíz de descontento en mi corazón, no hay ningún lugar, ninguna cosa, o ninguna persona que me pueda hacer feliz.

Por otro lado, si tengo en esencia un corazón satisfecho, no hay ninguna circunstancia o persona que puede hacerme infeliz. Ves, la clave de mi felicidad no está en manos de mis circunstancias o de las personas en mi vida. La clave de mi felicidad y mi gozo se encuentra en mi corazón y en mis decisiones para con Dios.

Si tengo un corazón descontento y vivo en un palacio, no voy a ser feliz. Pero si tengo un corazón satisfecho, puedo vivir como lo hizo el apóstol Pablo en la cárcel y nada me puede quitar o robarme el gozo.

Otra de las cosas que Dios me mostró a través de esa experiencia fue que si yo no me conformo con lo que tengo, nunca voy a estar satisfecha con lo que quiero. Si no estoy satisfecha con lo que tengo, con lo que Dios ya ha provisto, entonces todas las cosas que creo que quiero o necesito no tendrán el poder de hacerme feliz. Oigo a las mujeres solteras, las mujeres que nunca han estado casadas, expresar, «Si solo pudiera tener un marido, entonces yo sería feliz». El hecho es que si una mujer que nunca ha estado casada no está satisfecha solo con Dios, entonces no hay ningún marido que pueda hacerla feliz.

Ahora, eso no quiere decir que no pueda ser el plan de Dios darte un marido. Esto no quiere decir que es pecado tener un anhelo insatisfecho. Lo que es pecaminoso es cuando demandamos que Dios cumpla ese anhelo a mi manera y en mi tiempo. Dios puede cumplir ese anhelo o puede permitir que yo le ofrende a Él ese anhelo como sacrificio. Pero no puedo llegar al punto donde le exija a Dios hacer lo que yo quiero que haga en mi tiempo. Porque si no estoy satisfecha con lo que Dios ya ha provisto, no hay nada que me puede hacer realmente feliz.

Y en este lugar hay mujeres que están casadas que tal vez piensan que si tuvieran un marido diferente, o que si el marido que tienen fuera diferente de alguna forma en particular, entonces tendría una vida más feliz. Déjame decirlo de nuevo, si no estás satisfecha con el esposo que Dios te ha dado, no hay ningún marido o ningún tipo de hombre que pueda hacerte realmente feliz porque, de nuevo, la felicidad no es el fruto de mis circunstancias. No está determinada por las personas o circunstancias que entran en mi vida. Es el resultado de la rendición a la elección de Dios para mi vida.

Y hay otra cosa que Dios me ha enseñado de una manera práctica acerca de todas las áreas del contentamiento, y es que el contentamiento es una opción. Es una elección, y puede ser aprendida. No es algo natural que algunas personas tengan más contentamiento. Pueden lucir como personas más contentas, pero están más satisfechas, porque han hecho la elección de estar satisfechas.

Quizás has podido reconocer durante las últimas tres sesiones que de hecho tienes un corazón descontento. Estás viendo algunas de las características de la   murmuración, la queja, el reclamo, un corazón insatisfecho.

Déjeme decirte, que puedes aprender a estar satisfecha. No importa cuál sea tu pasado, no importa lo mucho que puedas haber fallado en esta área en el pasado, por el poder del Espíritu de Dios, si eres una hija de Dios, puedes aprender el camino del contentamiento, porque la satisfacción no se basa en un cambio en mis circunstancias. Por el contrario, se basa en un cambio en mí, en la voluntad de aceptar las elecciones de Dios. El contentamiento está basado en un fiel y amoroso Dios que nunca cambia.

En el cuarto capítulo del libro de Filipenses, Pablo dijo: «He aprendido a estar satisfecho en cualquier situación.»He aprendido. Ahora bien, si vamos a aprender el contentamiento, eso significa que vamos a tener que experimentar algunas circunstancias en las que nuestra respuesta natural va a ser murmurar, estar insatisfecha acerca de lo que esperamos, ¡así que espéralo! Si quieres desarrollar esta hermosa y rara joya de un espíritu de contentamiento, espera a que Dios te lleve a la escuela con relación a este tema y provea circunstancias en tu vida que no serán fáciles de aceptar.

Pablo experimentó muchas de esas circunstancias mientras estaba fuera sirviendo al Señor, pero dijo: » ¡He aprendido! ¡He aprendido! He ido a la escuela en este tema. He aprendido a estar satisfecho en cualquier circunstancia. Sé lo que es vivir en la pobreza, y sé lo que es vivir en la abundancia. He aprendido el secreto de estar contento en cualquier situación. Ya sea bien alimentado o con hambre, ya sea que viva en la abundancia o en necesidad «(ver Fil. 4:12).

Y en el versículo siguiente, en Filipenses capítulo 4, versículo 13, uno de esos versículos muy conocidos de la Biblia que fue escrito acerca del tema del contentamiento. Y tú lo conoces. Que dice: «Todo lo puedo en Cristo que me fortalece.» Yo puedo hacerlo todo. Y ¿Qué es eso todo? El todo del que Pablo está hablando allí es: «Yo puedo elegir el contentamiento en medio de cualquier situación y toda circunstancia, porque Cristo es quien me fortalece».

Ya ves, algunas de nosotras podemos escuchar una sesión como esta y nos marchamos pensando: «¡Voy a cultivar el contentamiento aun me lleve a la muerte!» Y puede ser, porque no es natural. Tenemos que reconocer que, naturalmente, yo no soy una persona contenta. Mi respuesta natural a las pruebas de la vida será el quejarme, murmurar, reclamar al igual que los hijos de Israel lo hicieron una y otra vez.

Pero Pablo dice: «Yo tengo un poder viviendo dentro de mí, la vida de Cristo, que me puede permitir y me va a permitir, si lo dejo, dar gracias, estar contenta en cualquier circunstancia y situación.»

Y hablamos hace varias sesiones sobre Fanny Crosby, la escritora de himnos ciega, y cómo expresaba gratitud porque Dios le había permitido llegar a ser ciega a la edad de seis semanas como resultado de un error, por un descuido médico. Tengo en mi casa una pequeña placa que tiene estas primeras palabras escritas por Fanny Crosby. Simplemente, «Toma el mundo, pero dame a Jesús».

Algunas de ustedes conocen esta antigua canción, y así es como dice la primera estrofa,

Toma el mundo, pero dame a Jesús. Todos los gozos del mundo no son más que palabras. Pero Su amor dura para siempre. A través de la eternidad es el mismo.

Las personas van y vienen. Las circunstancias cambian, suben y bajan. Habrá tormentas en la vida, pero hay una realidad inmutable en medio de todo eso. Es que Dios es. Solo eso: Él es, y Él es suficiente. Su amor es eterno. Él nunca cambia. Por eso, cuando estés en medio de la tormenta, no te desanimes, anímate, deja que tu espíritu esté en reposo. Deja que Dios cultive en ti la rara joya del contentamiento cristiano, sabiendo que verdaderamente Dios es suficiente.

Y a medida que llegamos al final de esta serie sobre el contentamiento, permíteme preguntarte: «¿Dónde te encuentra Dios?» ¿Te ha encontrado Él con un corazón descontento? ¿Murmurando sobre Su disposición? ¿Descontenta con la situación en la que te encuentras? O por lo contrario, ¿Tienes un corazón satisfecho? ¿Estás contenta con la provisión de Dios? ¿Podrías decir?: «Es suficiente. Lo que Dios me ha dado es suficiente. Dios ha prometido suplir todas mis necesidades, y si hay algo que no tengo, entonces debe ser algo que no es necesario— por lo menos en este preciso momento. Y si Dios sabe que es una necesidad, entonces Él lo suplirá».

¿Estás satisfecha con la presencia de Dios en tu vida? ¿Es Él suficiente para ti? ¿Estás contenta con el plan de Dios para tu vida? Ya sea que puedas verlo y entenderlo, resolverlo o no, ¿estás satisfecha de saber que Él sabe? ¿Estás satisfecha de vivir con incertidumbre, si fuera necesario? Pero contenta de saber que Él tiene un plan en la que Él está trabajando y decir: «Señor, ¡Sí! Lo acepto. Lo abrazo le doy la bienvenida a Tu plan en mi vida. Tu eres suficiente”.

Gracias Señor por lo que nos has mostrado sobre Tu corazón y Tus propósitos. Gracias por la grandeza de Tu provisión. Señor, confesamos que muchas veces caemos en el pecado del descontento. Que te probamos necia y malvadamente, que dudamos, murmuráramos contra ti.

Señor, te pedimos perdón por nuestro descontento, por nuestra murmuración y manera de quejarnos. Te pedimos que verdaderamente nos transformes por el poder de Tu Espíritu Santo, que Tú cultives en nosotras un corazón satisfecho, un corazón agradecido, un corazón confiado, un corazón rendido y sumiso, un corazón abnegado y un corazón que reconoce que Tú eres nuestro mayor bien. Teniéndote a Ti, lo tenemos todo, tenemos suficiente.

Gracias Padre por lo que nos has dicho, y por el cambio que se producirá en nuestras vidas a medida que te permitamos hacer ese trabajo. Y yo oro en el nombre de Jesús, amén.

Carmen: Este mensaje de Nancy Leigh DeMoss concluye una serie llamada, Cultiva contentamiento en el corazón. Durante la serie hemos visto que quejarse es un pecado grave, con consecuencias duraderas. También hemos visto el poder y el gozo de la satisfacción divina. Si te has perdido algunas de las series, espero que visites www.AvivaNuestrosCorazones.com para escuchar los mensajes. Para dar hace falta cultivar el contentamiento. Si no estás contenta con lo que tienes, podrías usar tu dinero para obtener siempre más cosas para ti misma en lugar de invertir en otros.

Nancy: Cuán agradecidas nos sentimos por la forma como Dios usa las verdades de Su Palabra para traer aliento, esperanza y gracia a las vidas de personas que la necesitan. Cada oyente tiene una historia particular y los programas contribuyen a fortalecerles y a ministrarles en las diversas situaciones en las que se encuentran.

Este ministerio se hace una realidad debido a la fidelidad de muchos oyentes que contribuyen mensualmente para ayudarnos a distribuir los mensajes internacionalmente.

Te animamos a contribuir financieramente con nuestro ministerio. Puedes hacerlo por internet visitando www.AvivaNuestrosCorazones.com o llamando al 1-809-569-5959, desde EEUU y Canadá. Tu participación con este ministerio es muy valiosa para nosotros. Pero más que nada necesitamos de tus oraciones. ¿Te comprometerías a orar por nuestro ministerio? Si estos mensajes han sido de bendición para tu vida, ¿por qué no los compartes con otras de tus amigas? Ayúdanos a contribuir a discipular a otras mujeres con este mensaje, ayudándoles a formar la imagen de Cristo, y conviértete en una de nuestras embajadoras. ¡Contamos contigo!

Carmen: Esta semana vimos que debemos cultivar el contentamiento en el corazón… pero ¿qué pasa cuando lo que vemos a nuestro alrededor es pérdida? Acompaña a Nancy en nuestra próxima serie, a partir del lunes.

Por favor, regresa a Aviva Nuestros Corazones.

Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss de Wolgemuth es un ministerio de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras fueron tomadas de la Biblia de las Américas a menos que se indique otra fuente.

Cultiva contentamiento en el corazón

Tenemos algunos artículos en Español disponibles en esta página de www.AvivaNuestrosCorazones.com. Usted puede imprimirlos y usarlos. Visite este enlace para que vea los temas disponibles: PDF Downloads.

Derechos Reservados. Aviva Nuestros Corazones. Escrito por Nancy Leigh DeMoss. Usado con permiso. www.AvivaNuestrosCorazones.com.

Un corazón confiado y libre de egoísmo – 4/5

Aviva Nuestros Corazones

Nancy Leigh DeMoss

Un corazón confiado y libre de egoísmo – 4/5

Carmen: Nancy DeMoss de Wolgemuth dice que cuando manifiestas contentamiento….

Nancy DeMoss de Wolgemuth:. . . no solo estas mostrando tu propio nivel de paz, en vez de frustración, sino que estás en gran medida afectando las vidas de tus hijos que están aprendiendo cómo responder a las dificultades de la vida y sus desafíos.

Carmen: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss en la voz de Patricia de Saladín.

No puedes quejarte y estar agradecida al mismo tiempo. Esperamos que cada una de nosotras pueda cultivar el contentamiento para quejarnos menos y mostrar más gratitud. Aquí está Nancy para explicar por qué esto es tan importante.

Nancy: Estamos pensando en cómo cultivar contentamiento en el corazón, y estamos viendo las características de un corazón que lo ha experimentado. En la última sesión, vimos que un corazón satisfecho es un corazón agradecido, que aprende a reconocer y expresar su agradecimiento por las bendiciones de Dios.

Solo te animo de nuevo a tomar tiempo cada día para decir: «Gracias, Señor», y para enumerar, delante de Dios, las bendiciones específicas que Él ha traído a tu vida y que tantas veces damos por sentadas o ignoramos.

A veces me pregunto si Dios solo me diera las bendiciones por las que yo le agradezco, ¿cuántas bendiciones tendría en el futuro? Si Él no hace nada por mí más que lo que le he agradecido, tendría mi vida bendición o estaría deprivada de sus bendiciones?

Un corazón satisfecho es un corazón agradecido, un corazón con gratidud. Queremos ver a continuación que un corazón satisfecho es también un corazón confiado. Es un corazón que confía en el carácter de Dios, confía en la providencia de Dios, confía en el plan de Dios y sabe que todo lo que Dios hace es bueno.

Una señora me escribió y me dijo: «He estado descontenta con mi vida familiar, en especial con mi marido y con lo que creo que él debería estar haciendo en nuestra familia».

Esta es un área, por cierto, de descontento entre muchas mujeres. Es una trampa peligrosa en la cual caer. Es un hábito peligroso que muchas mujeres desarrollan y no se dan cuenta de que lo han desarrollado—el tener expectativas insatisfechas en el hogar.

Déjame decirte, por cierto, no hay marido creado por Dios que sea el marido perfecto. No hay marido que pueda satisfacer todas las expectativas de su esposa. Y, por cierto, no hay tampoco algo como la esposa perfecta, que puede satisfacer todas las expectativas de su marido tampoco.

Así que Dios sabía lo que necesitabas cuando eligió ese marido para ti, y Dios tiene la intención de utilizar incluso sus asperezas para ayudarte, darte forma y moldearte. Pero cuando te centras en las formas en que tu marido o tus hijos o tus padres no cumplen tus expectativas, te vas a encontrar frustrada.

Esta señora llegó a decir: «Mi falta de satisfacción muestra que no confío en Dios y Su provisión. He recordado que mi marido es la elección perfecta de Dios para mí, y tengo que confiar en que Él sabe lo que está haciendo en mi vida».

Esa es una declaración simple, pero es de eso de lo que se trata la vida—el creer que Dios conoce lo que está haciendo en nuestras vidas.

Alguien ha dicho que la voluntad de Dios es exactamente lo que elegiríamos si supiéramos lo que Dios sabe. Ahora, no sabemos lo que Dios sabe. Eso es lo que lo hace a Él Dios y a nosotros no. Pero cuando estemos en la eternidad con el Señor y miremos hacia atrás, hacia esta vida, tendremos una perspectiva que no podemos tener ahora. Veremos desde esa perspectiva celestial eterna, «¡Sí! Dios sabía exactamente lo que estaba haciendo. No cometió ningún error. Él estaba tejiendo un tapiz. Había un sendero adelante por el cual Él me estaba llevando, y era lo correcto. Era bueno. Y, sí, si yo hubiera sido Dios, habría tomado exactamente esas mismas decisiones, si yo hubiera sabido entonces lo que sé ahora».

Ahora no podemos ver todo eso. No tenemos esa perspectiva total, y no la vamos a tener en esta vida. Así que tenemos que confiar en lo que no podemos ver, y esa es la fe que agrada a Dios. ¿Quieres agradar a Dios con tu vida? Entonces Dios te pondrá en circunstancias donde no podrás ver el resultado, no podrás ver la razón, cosas que no tienen sentido. Solo tienes que confiar, y un corazón confiado será en última instancia, un corazón contento.

Me llamó mucho la atención hace unos años una serie de artículos que salieron en el periódico local. Un artículo en especial de esta serie tenía el siguiente titular. Decía: «Amor, Honor, Compromiso: Nace el bebé amenazado de cancer”.

Todd Stilson es un médico que vive en nuestra área. Su esposa Jane era farmacéutica. Al principio de su segundo embarazo, ella fue diagnosticada con una forma mortal de cáncer de mama. Los médicos le aconsejaron abortar al bebé con el fin de que pudiera luchar contra el cáncer de Jane. Ella sabía que si no abortaba al bebé, luego sus esperanzas de vida serían muy cortas.

La pareja dijo que la decisión más fácil a la que se enfrentaban en todo este proceso fue la decisión de que no podrían abortar el bebé. Se negaron a pesar de los consejos médicos que les habían dado. Ambos, sabiendo el resultado, probablemente, creyeron que tanto el embarazo como el cáncer eran de Dios, y ellos aceptarían los dos. Este artículo en particuar, escrito justo después de que su bebé naciera, expresó la confianza de esta pareja en la voluntad de Dios y Su plan para sus vidas.

Permítanme leerles algo de lo que decían. El artículo decía:

Esta pareja ora para que Dios intervenga ya sea a través de la ciencia o del poder sobrenatural, pero están preparados a aceptar un No por respuesta.

«Nosotros confiamos en la providencia del Señor», dijo Todd en voz baja.

La pareja ha tenido sus momentos de miedo y de tristeza, pero «en medio del dolor y del sufrimiento, puede haber una verdadera paz «, decía. «Esta historia es mucho más grande que nosotros», dijo Todd. «Esta historia es sobre lo que Dios está haciendo en nuestras vidas. Mi deseo es que cuando la gente nos vea, esto haga que quieran conocer al Dios que servimos. Jane y yo iremos y vendremos», dijo Todd. «Las personas van y vienen. Pero el Señor no lo hace. Él es eterno. Él es para siempre».

Siete meses más tarde, poco antes de que Jane se fuera a estar con el Señor, en otro artículo publicado Todd dijo:

«Creemos que Dios está en control y Él no comete errores. No fue un error que Jane estuviera embarazada, y no fue un error que tuviera cáncer de mama. Nosotros vamos a confiar en Él».

«Dios tiene promesas», dijo Jane. «Él nunca ha abandonado a Su pueblo».

Los Stilsons tienen buen ánimo y siguen siendo muy optimistas al hablar de la vida. La depresión, como el aborto, para ellos no parece ser una opción.

«Cuando nos enteramos de que el cáncer se había extendido a los huesos, ese fue un golpe muy grande», dijo Jane. «Los médicos no pueden curarme. Esa fue la mayor decepción, pero no estoy deprimida. El Señor ha sido mi fortaleza».

Ella admite: «Estábamos muy decepcionados, y lloramos [cuando recibimos este informe], pero yo sabía que tenía que seguir adelante. Clamé la Palabra de Dios, y eso me dio mucha paz. Él está en control total de la situación «, dijo. «Esto está realmente fuera de mis manos, y me obliga tener una total dependencia de Él».

¿Sabes cuál es el hecho? De todos modos todo está fuera de nuestras manos. Tú y yo nos esforzamos para tener el control, y las mujeres nacemos controladoras. Queremos tener todo arreglado y funcionando correctamente bajo nuestra dirección y control, pero el hecho es, que no podemos controlarlo. Puedes mantener a tu hijo a tu alcance, pero no puedes controlar la salud de ese niño, el desarrollo de ese niño, su temperamento y carácter. En última instancia, dependemos de Dios para nuestro próximo aliento.

Un corazón satisfecho es un corazón que   confía en que Dios sabe lo que está haciendo, y en que Dios no comete errores. Como el salmista dijo: «Dios es bueno, y todo lo que Él hace es bueno».

Así que un corazón satisfecho es un corazón agradecido, es un corazón confiado, y es un corazón rendido y sumiso.

Ahora, esas no son palabras que vienen fácilmente a nosotras, pero si queremos tener contentamiento, entonces tenemos que tener un corazón rendido, sumiso. Ese es el corazón que dice: «Señor, esto no es lo que yo hubiera elegido si hubiera sido Dios, pero yo no soy Dios. Reconozco que, si te complace, me complacerá. ¿Es esto lo que crees que es mejor? Entonces solo digo: «Sí, Señor. Me rindo. No se haga mi voluntad, sino la tuya».

Es ahí realmente cuando vamos a la cruz, cuando nuestra voluntad se alinea con la voluntad de Dios. Sacrificamos nuestra propia voluntad, y decimos: «No tengo que hacerlo a mi manera. En lo profundo de mi corazón, lo que realmente quiero es hacerlo a la manera de Dios».

He aprendido mucho acerca de la belleza de un corazón rendido y sumiso a través de algunos de los escritos de Elisabeth Elliot. Permíteme que te lea de su libro, Mantén un corazón en quietud (Keep a Quiet Heart, en inglés) lo que ella tiene que decir acerca de todo este asunto de la queja frente a la sumisión. Ella dice:

Aquellas cosas que nos llevan a la queja pudieran ser esas mismas cosas que el Alfarero desea usar para moldear la arcilla a la imagen de Su Hijo. Esas cosas que nos llevan a la queja pudieran ser la respuesta a nuestras oraciones de ser conformadas a la imagen de Jesús.

Luego hace una lista de cuáles pudieran ser esas cosas:

Un dolor de cabeza, un insulto, una larga fila en la caja, [te darás cuenta de que no hace falta gran cosa para que lo hagamos]. Rudeza de alguien o fallar en no dar las: «Gracias», la incomprensión, la decepción, la interrupción.

Como lo dijo Amy Carmichael: «Mira en todo esto una oportunidad para morir», es decir la posibilidad de renegar de ti misma y decir «sí» a la voluntad de Dios, para ser semejante a Él en Su muerte—no un morboso complejo de mártir, pero sí un apacible y feliz contentamiento con la certeza de que la bondad y la misericordia nos seguirán todos los días de nuestra vida.

Luego, sigue con este pequeño, pero creo que muy importante punto:

¿No podrían nuestros niños aprender piedad si vieran en nosotros el ejemplo del contentamiento en lugar de la queja, la aceptación en lugar de la rebeldía y la paz en lugar de la frustración?

Recuerda, cuando eliges confiar, someterte, dar gracias, estás, no solo determinando tu propio nivel de paz frente a la frustración, estarás en gran medida afectando las vidas de tus hijos que están aprendiendo cómo responder a las dificultades y los desafíos de la vida.

Quiero que veamos otras dos características de un corazón satisfecho. Si queremos ser personas satisfechas, necesitamos un corazón desinteresado—un corazón abnegado—llegar a un punto en nuestras vidas donde lo único que nos importe es que Dios sea glorificado

La disposición a renunciar a este impulso que tengo de querer ser feliz, de que todo en la vida me salga bien… claro, es un sentimiento natural. Esa es una manera natural de pensar. Pero la manera sobrenatural de vivir de los hijos de Dios es la muerte del yo, la muerte de mis propios impulsos, ideales, aspiraciones y esperanzas.

El apóstol Pablo entendió y aprendió lo que era tener un corazón desprovisto de egoismo, abnegado. Un corazón abnegado es un corazón que puede ser llenado con Cristo, y que trae gloria a Dios.

Filipenses capítulo 4, es un pasaje familiar, pero cuando leí este versículo, me sorprendió que Pablo pudiera hacer una declaración como ésta. Él dice: «he aprendido el secreto tanto de estar saciado como de tener hambre, de tener abundancia como de sufrir necesidad» (v. 12) ¿Te imaginas poder decir que «he aprendido el secreto de estar satisfecho en cualquier situación? Bien alimentado o con hambre, ya sea que vivas en la abundancia o en necesidad. «Pablo sabía mucho de todo eso. Él sabía mucho sobre el hambre, de querer y de necesitar.

Estaba leyendo esta mañana 2 Timoteo capítulo 2 en mi tiempo de quietud, donde Pablo habla de todas las aflicciones que tuvo que soportar, pero ahora le dice a los Filipenses, escribiendo desde una celda de la cárcel romana, «He aprendido un secreto que me ha enseñado cómo puedo estar contento en cualquier circunstancia. . . incluyendo en esta miserable cárcel romana».

¿Cuál era el secreto de Pablo? Bueno, si nos remontamos al capítulo 1 del libro de Filipenses, te das cuenta de que Pablo había entendido por qué razón estaba vivo.

En Hechos capítulo 20, Pablo dijo que hay una manera diferente. Este era uno de los versículos favoritos de mi papá, y oímos mucho citar este verso a medida que crecíamos. Pablo dijo: «considero que mi vida carece de valor para mí si tan solo acabo la carrera y completo la tarea que el Señor Jesús me ha dado, la tarea de dar testimonio del evangelio de la gracia de Dios» (v. 24 parafraseado).

Ves, Pablo llegó a un lugar, y tenemos que llegar al mismo lugar, donde dijo: «Vivo o muerto, hundido o nadando, en palacio o en la prisión, con comida o con hambre, con amigos o—como leí esta mañana en mi tiempo de quietud—aunque todos me abandonen, no importa. Todo lo que importa—he resuelto el problema—lo único que importa es que Cristo sea magnificado”.

¿Has llegado a ese lugar en tu vida? Ahora, en cierto modo no es algo que debes resolver, de una vez por todas y ya. Es algo que tiene que ser vivido todos los días, pero en un sentido, hasta que no llegues a esa convicción fundamental, vas a estara luchando contra esto toda tu vida.

¿Has resuelto el problema de “Cristo es mi vida”, que yo no estoy viviendo esta vida para mí? No se trata de mí. Se trata de Cristo, de lo que le agrada y de lo que le trae gloria.

Una vez que tengas ese corazón generoso, entonces podrás llegar a tener contentamiento en cualquier circunstancia y en cualquier situación.

Aquí en el público veo a una mujer sonriendo, cuya familia sé que vive en un remolque—un pequeño y estrecho remolque— mientras construyen una casa. Hemos hablado un poco acerca de los desafíos que esto ha representado para su familia. He visto la respuesta de su corazón, aunque ha sido difícil, aunque hemos tenido que derramar algunas lágrimas por esta circunstancia, yo sé que en el corazón de esta mujer existe esa conviccion fundamental de que lo que realmente importa es que Cristo sea magnificado.

Eso te da perspectiva, si vives en un remolque, en un palacio o en una prisión —esto te da perspectiva sobre las circunstancias que enfrentas el día de hoy.

Ahora hay otra característica de un corazón satisfecho que quiero que veamos, y es que un corazón satisfecho es un corazón centrado en Dios —un corazón centrado en Dios, es un corazón que se centra en la bondad de Dios, en Su fidelidad y Su amor .

Una mujer me escribió y compartió conmigo algo que Dios le estaba mostrando acerca de este tema del contentamiento. Ella dijo: «Mi marido acaba de salir de la cárcel y ahora está en rehabilitación. Anoche me sentía tan enojada y amargada por lo que no tenemos y lo que hubiéramos podido tener si tan solo él no se hubiera extraviado».

¿Oíste eso «si tan solo»? Allí estaban las circunstancias que sentía se estaban escapando a su control, pero luego dijo: «Dios me habló a través de tu charla acerca del descontento. A pesar de mi situación, yo sé que Dios me ama, y ​​Él es mi todo».

Ella ilustra algo que veo muy poderosamente escrito en el Salmo 73. Vamos allí. Solo vamos a darle un vistazo rápido, pero quiero darles una visión general de un hermosa porción acerca de un corazón centrado en Dios. Si pudiera resumir este texto—hay dos portalibros: el primer verso y el último verso. Ambos hablan de la bondad de Dios.

El primer verso dice: «Ciertamente es bueno Dios para con Israel. Para con los limpios de corazón».

Esa es la línea de fondo. Esa es la declaración de un hecho. Esto es cierto ya sea que lo creas o no. Es cierto sin importar a qué circunstancias   estés enfrentando hoy en tu vida. Dios es bueno, y el último verso nos recuerda eso.

«Pero en cuanto a mí, el acercarme a Dios es el bien.» O, como otra traducción dice: «La cercanía de Dios es mi bien.» Ese es mi mayor bien —el hecho de que Dios exista y que Él esté involucrado en mi vida.

Ahora bien, entre esos dos portalibros hay tres grandes párrafos en este salmo. Permíteme resumirlos para ti.

En los versículos 3-12, lees la palabra «ellos» o «suyo» trece veces. Aquí el salmista está mirando hacia el exterior, y está centrado en la gente. Él dice: «Sentí envidia de los arrogantes. Vi la prosperidad de los impíos. Ellos no tienen ningún problema, sus cuerpos están sanos y fuertes. Ellos están libres de las cargas comunes al hombre, ya que no se ven afectadas por los males humanos. Por lo tanto, el orgullo es su collar, se cubren con la violencia”.

Él mira a otras personas, y compara su situación a la de ellos. Ellos escapan de todo tipo de cosas, y luego prosperan. Ellos pecan, y no parecen cosechar las consecuencias. Cuando el escritor de este Salmo observa a los demás, se ve a sí mismo siendo celoso y estando descontento.

Y, comenzando en el versículo 13, él cambia su enfoque. Ya no está mirando hacia el exterior. Ahora él está mirando hacia adentro, y ves las palabras «yo» o «mí» o «mío» dieciséis veces en el párrafo. Él dice: «Porque en vano—verso 13 —guardé mi corazón puro. En vano he lavado mis manos en inocencia. Durante todo el día me golpean. He sido azotado todo el día, etc. «(parafraseado).

Y continúa, y su atención se centra en sí mismo. Cuando mira hacia el interior, el resultado es la autocompasión y la amargura. De hecho, él describe la amargura en los versículos 21 y 22. Él dice: «Se llenó de amargura mi alma,
y en mi corazón sentía punzadas. Tan torpe era yo, que no entendía; Era como una bestia delante de ti».

Ahora, en el último párrafo, comenzando en el versículo 23, él torna su enfoque hacia arriba, se enfoca en Dios, y seis veces en ese párrafo, habla acerca del Señor, Tú. “Yo siempre estuve contigo; me tomaste de la mano derecha. Me has guiado según tu consejo».

¿Ves? Él pone de nuevo su perspectiva en lo eterno, y el resultado es un corazón satisfecho, confiado y seguro. Dice en el versículo 25: » ¿A quién tengo yo en los cielos sino a ti? Y fuera de ti nada deseo en la tierra. Mi carne y mi corazón desfallecen; mas la roca de mi corazón y mi porción es Dios para siempre».

¿Qué está diciendo? Dios es suficiente. Tú eres suficiente. La cercanía de Dios es mi verdadero bien.

Gene y Sherry Foltz son dos amigos que han sido misioneros por muchos años en Tailandia. Sirven con una misión de fe. Levantan su sustento financiero. Ellos no tienen salario garantizado.

Hace algún tiempo, su familia estaba en necesidad de un vehículo, y en un momento de precariedad, llamaron a nuestro ministerio para compartir esta necesidad y nos pidieron que oráramos con ellos sobre eso. Dos meses más tarde, recibí esta carta de Gene y Sherry, que comenzaba haciendo referencia a esa llamada en la que habían compartido esta necesidad con nosotros. Esto fue lo que Gene compartió en esa carta. Él dijo:

Supongo que en el fondo yo estaba dudando de la bondad de nuestro Dios. Tendemos a veces a esperar ciertas cosas del Señor, casi como si las mereciéramos. Después de todo, he estado en el ministerio por veinte y tantos años, y me he sacrificado mucho en nombre de Dios. Lo interesante es que lo vi venir. Yo sabía que estaba mal. Yo sabía lo que quería decir cuando le dije al Señor que caminaría por fe, pero todavía lucho con confiar en Él completamente cuando las cosas se ponen difíciles. Satanás trata continuamente de erosionar la confianza en las promesas de la Palabra de Dios.

Hemos pasado tres meses sin un vehículo a excepción de una moto, y estamos bien. Hemos tenido algunos percances, nos hemos quedado en la lluvia un par de veces, y me canso de usar cascos con este calor asiático, pero en general estamos contentos.

No comparto esto para hacerles sentir lástima por nosotros. En realidad, sentimos todo lo contrario. Dios nos ha bendecido ricamente con bendiciones espirituales. Tenemos paz no importa si tenemos o no un vehículo. Dios nos lo puede dar, y estaríamos agradecidos. Y podría no hacerlo. Una cosa sí sabemos: Dios nos ama entrañablemente, y Él cuida de sus ovejas. Estamos siendo cuidados.

Carmen: Si te quejas, esto puede tener un gran efecto en tus compañeros de trabajo o en la familia, y al mostrar gozo, afectas también a los demás. Nancy Leigh DeMoss nos ha estado mostrando por qué en la serie, Cultiva contentamiento en el corazón. Ella estará de regreso.

Queremos invitarte a visitar nuestra página de internet www.AvivaNuestrosCorazones.com. Allí puedes encontrar recursos que te ayudarán en tu caminar con Dios.

¿Quieres aprender a ser agradecida y a cultivar el contentamiento para poder contagiar a los que te rodean? Aquí tienes el primer paso: Obten una copia del libro de Nancy “Sea Agradecido: Tu Camino al Gozo”.

¿Es posible tener contentamiento aun cuando sufres reveses increíbles? Vamos a escuchar algunas historias de gente que dice, “Sí. Es posible”.

Ahora, para concluir este programa aquí está Nancy.

Nancy: Quizás el dia de hoy no es un día perfecto y hay dias que son de mayor gozo que otros. Tambien hay días que son dolorosos y quizas hoy estés haciéndole frente a algunas dificultades financieras o a algunas situaciones familiares difíciles.

Bueno, no importa lo que este día tiene para ti, quiero asegurarte que tienes un Padre celestial que te ama y que está atento a tus circunstancias. Quiero recordarte que en todas las vueltas y revueltas y los valles de la vida, nuestra perspectiva puede ser transformada por una auténtica gratitud. Dios ha derramado bendiciones sobre todos nosotros, incluyendo aquellas situaciones dolorosas que se convierten en regalos cuando nos acercan a Él.

Espero que tomes el tiempo para agradecer de todo corazón al Señor por todo lo que Él ha hecho en tu vida, e incluso si tus ojos se llenan de lágrimas, levanta los ojos hacia Él y dale gracias por Su fidelidad y Su pacto de amor.

Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss de Wolgemuth es un ministerio de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras fueron tomadas de la Biblia de las Américas a menos que se indique otra fuente.

Cultiva contentamiento en el corazón

Los resultados del descontento – 3/5

Aviva Nuestros Corazones

Nancy Leigh DeMoss

Los resultados del descontento – 3/5

Leslie Basham: Aquí está Nancy Leigh DeMoss.

Nancy Leigh DeMoss: La vida es dura, y nos da muchas oportunidades para estar descontentas. Pero el corazón satisfecho, el corazón contento, dice: «Reconozco que aun en medio de estas circunstancias dolorosas y difíciles,  hay un Dios que sigue siendo bueno.»

Leslie: Esto es Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss, en la voz de Patricia  de Saladín.

Nancy continúa la serie, Cultiva contentamiento en el corazón.

Nancy: Hemos estado hablando de este tema del descontento —murmuraciones, quejas, lamentos. Muchas de nosotras vivimos en el mundo de «y si tan solo». Si tan solo tuviera esto, o si solo no tuviera esto. Si solo me hubiera pasado esto a mí, o si solo no me  hubiera pasado esto a mí.

Creo que fue Elisabeth Elliot, quien definió el sufrimiento como tener lo que no queremos y querer lo que no tenemos, y realmente esto podría aplicarse también a todo este asunto del descontento.

¿Cuáles son algunas de las cosas acerca de las que nosotras como mujeres estamos descontentas, sobre cuáles cosas  murmuramos? Las  Posesiones—no son suficientes o no son suficientemente agradables, demasiado viejas o no están al día. Podemos aplicar esto a la ropa, a la casa, a los muebles, a  los electrodomésticos. Algunas de nosotras estamos apenas terminando de redecorar una habitación antes de querer comenzar con la siguiente, solo para mantener todo siempre luciendo actualizado.

Algunas de nosotras ni siquiera tenemos espacio para lo que tenemos, así que construimos espacios para almacenamiento, más closets, o conseguimos una casa con más armarios para poder guardar estas cosas que ni siquiera  usamos.

Es fácil quejarse y lamentarse acerca de nuestra ubicación geográfica, sobre el clima, donde nos ha tocado vivir, acerca de la comunidad en que vivimos, el tamaño de la ciudad.

Muchas de nosotras murmuramos acerca de asuntos relacionados con nuestra situación familiar, nuestro estado civil. Las mujeres solteras se quejan de que desean casarse, y he escuchado tantas mujeres casadas que se quejan de que desearían no estar casadas, o estar casadas con un tipo diferente de marido.

He oído numerosas mujeres expresar descontento con maridos que no son muy expresivos, que son poco comunicativos, a los que no les es fácil expresar afecto físico.

¿Y qué acerca del asunto de los niños? Demasiados niños, o los niños no son suficientes. ¿Ves?, la tendencia es que, no importa lo que tengamos, pensamos que nos sentiríamos más felices si tuviéramos algo diferente.

He tenido una especie de resfriado durante las últimas semanas. Se me acaba de quitar. Y probablemente no pueda contar el número de veces que me detuve a expresarle a alguien lo mal que me sentía. Me encontré murmurando y quejándome incluso de los problemas del resfriado.

Otra son las cuestiones de la apariencia física nos dan material para quejarnos. Características que no cambian— yo mido  5’1”. Mi altura no ha variado desde que tenía doce años. Hay desventajas en ser pequeña, hay algunas ventajas, pero también hay desventajas. Cualquier cosa que compres tendrás que hacerle ruedo o subirle las mangas, y eso se convierte en algo de lo que puedo quejarme. Entonces veo a las mujeres que son muy altas, y tienen problemas diferentes que también son motivos de queja.

Tal vez sea una cuestión de tu trabajo, de tu trabajo o del trabajo de tu marido,  el deseo de un trabajo, o el deseo insatisfecho de tener un trabajo en particular. Quejas relacionadas con: el pago, o las personas con las que trabajamos, la carga de trabajo, las exigencias o las expectativas.

Cada etapa tiene sus retos la madre que tiene como algunas de ustedes niños pequeños  en edad preescolar pero luego como otras que están en la temporada del nido vacío, cuando sus hijos ya están grandes dispersos y en la que desearían poder verlos más.  Algunas de ustedes tal vez están cuidando a sus padres ancianos con problemas físicos difíciles.

En cada una de estas etapas de la vida podemos llegar a estar descontentas e infelices podemos empezar  a murmurar y a quejarnos y el peligro es que siempre vamos a estar buscando algo distinto a lo que tenemos y que siempre estaremos esperando la próxima etapa de la vida.  

Para algunas de ustedes en este momento la vida es una sucesión constante de recoger juguetes y de cambiar pañales y para algunas de ustedes en esta etapa de la vida sus maridos están viajando mucho, algunas de ustedes pueden estar deseando que sus maridos viajaran un poco más y espero que esto no sea cierto de ninguna de las que están aquí.  El peligro es que siempre estaremos “pensando si tuviera algo diferente, si algo cambiara,  podría ser una persona feliz.» Como vimos con los hijos de Israel en las últimas sesiones, murmurar tiene consecuencias serias, graves y a veces mortales.

¿Qué  hace la  murmuración? Cuando miramos a los hijos de Israel, vemos también algunas de las consecuencias que podemos experimentar. Como hijos de Dios, la murmuración nos mantendrá fuera de la Tierra Prometida, como  hizo con los israelitas. Toda una generación nunca entró en la tierra que “fluye leche y miel” que Dios había preparado para ellos, porque no podían estar contentos con el lugar donde se encontraban. Dios no les permitió experimentar lo que realmente querían.

El descontento les robó a ellos el gozo, y nos roba a nosotros el gozo. Hace que la  conciencia de la presencia de Dios se aparte, que huya de nosotros. Uno de los ejemplos de las murmuraciones de los hijos de Israel que no tomamos en cuenta, tiene lugar en el libro de Números, cuando Miriam y Aarón, los hermanos de Moisés, murmuraron contra Moisés.

Y uno pensaría que si había alguien que podría tener  derecho a quejarse a murmurar, serían el hermano de Moisés y su hermana. Pero las Escrituras dicen que cuando se quejaron, la ira del Señor se encendió  contra ellos y  Dios se alejó.  La nube de la gloria de Dios Shekinah se apartó del tabernáculo.

¿Quieres la presencia de Dios en tu casa? ¿Quieres  el sentido de cercanía de Dios en tu vida? ¿En el ambiente en que te mueves? Dios dice: «Yo no me voy a quedar en un lugar donde hay quejas». Perdemos el sentido de la conciencia de la presencia de Dios cuando nos quejamos.

El descontento y la murmuración llevan al desaliento, a la depresión, a la desesperación. Creo que, en muchos casos, la depresión crónica es el fruto de un corazón ingrato, descontento, quejoso y alimentamos nuestra propia desesperación y nuestro propio desaliento murmurando sobre lo que no tenemos o lo que tenemos que nos hubiera gustado no tener.

Entonces, como hemos visto con los hijos de Israel, cuando murmuramos esto no solo nos afecta a nosotros, sino que envenena a todos los que nos rodean. Afecta  todo el entorno que nos rodea. Es contagioso. Como resultado, hace que sea difícil para los que están en  nuestro entorno. Otras personas quizás no nos digan esto, pero cuando nos andamos quejando, la gente no va a querer estar cerca de nosotros. Le haremos la vida difícil o miserable a todo el que nos rodea.

Todos hemos conocido personas así, pero me pregunto si alguna de nosotras se mirara en el espejo o tuviéramos amigos cercanos que sean lo suficientemente honestos con nosotras me pregunto si encontraría que nos hemos convertido  en quejosos  igual que la persona de la que no queríamos estar cerca.

Hemos visto que la murmuración nos hace vulnerables a otros pecados— incluso pecados tan graves como la inmoralidad, la rebelión. Porque cuando estamos insatisfechos,  nos encontramos justificando otros pecados —pecados, como el comer en exceso, o el gastar en exceso. Muchas veces  un corazón insatisfecho es el que nos lleva a estos  excesos.

Y al ver a los hijos de Israel, hemos visto que cuando murmuramos quizás terminemos con lo mismo que veníamos exigiendo en nuestros momentos de  murmuración. Las Escrituras dicen que Dios les dio a los hijos de Israel lo que ellos pedían, pero envió fragilidad a sus almas. Otras traducciones dicen que Él envió una enfermedad devastadora entre ellos. Así que ten cuidado con lo que dices cuando  murmuras porque Dios  puede decir: «Voy a dejar que  tengas lo que  insistes en tener».

Y vimos también que la murmuración tiene graves consecuencias no solo en nuestras vidas, sino en la de nuestros hijos, en la de la siguiente generación. Dios dijo a los hijos de Israel: «No solo van a morir en este desierto, sino que sus hijos se verán obligados a vagar en este desierto durante cuarenta años a causa de su infidelidad.»

Detente y piensa acerca de eso por un momento. Si no estás satisfecha con la provisión de Dios, pudieras estar de alguna manera dándole  forma a las circunstancias de tus hijos en el futuro. Dios les dará gracia para responder y hacerle frente a esas circunstancias, pero podrías estar creando un clima y un ambiente que conducirá a tus hijos a ser culpables de los mismos pecados, y los conducirá a sufrir las  consecuencias  como resultado de tu insatisfacción con Dios.

John Wesley dijo que nuestro trabajo consiste en darle al mundo una opinión correcta de Dios. Cuando murmuramos le damos al mundo una opinión equivocada de Dios. Guiamos al  mundo a creer que Dios no es realmente bueno y que Él no es suficiente.

Jeremías Burrows era un pastor puritano del siglo XVII. Él escribió un libro maravilloso llamado “La rara joya del contentamiento cristiano”. Y me encanta ese título. En ese libro él da esta definición de contentamiento. Él dice, «El contentamiento cristiano es ese espíritu lleno de gracia, dulce, reflexivo, callado, que libremente se somete, y se deleita en la sabia paternidad de Dios en cualquier condición.»

Es una frase larga pero déjenme repetirla «El contentamiento cristiano es ese espíritu lleno de gracia, dulce, reflexivo, callado, que libremente se somete, y se deleita en la sabia paternidad de Dios en cualquier condición.»

Ahora, eso no quiere decir que las circunstancias o las condiciones en las que nos encontremos sean necesariamente de por sí buenas o fáciles. Lo que significa es que confiamos en que Dios es soberano, que Él es un Padre sabio y amoroso, y que Él se preocupa por nosotros, y que incluso cuando nos enfrentamos a estas circunstancias difíciles o dolorosas, Él sigue siendo bueno.

Pienso en algunas amigas que tengo que en este momento están pasando por dificultades matrimoniales increíbles, difíciles,  mujeres que viven con maridos muy difíciles. Pienso en unos amigos que están enfrentando  algunas situaciones importantes en relación con sus hijos. Pienso en una pareja que se acaba de enterar que su hijo de dos años de edad tiene una enfermedad terminal importante, y es posible que en cuestión de años vean a este niño morir. La vida es dura y la vida nos da muchas oportunidades de estar descontentos.

Pero un corazón que ha cultivado el contentamiento, dice: «Reconozco que aún en medio de estas circunstancias dolorosas y difíciles hay un Dios que sigue siendo bueno. Él sigue siendo soberano. Él todavía está en control.»

Leemos en el libro del Deuteronomio que Dios causó hambre a los hijos de Israel, que los condujo a veces a lugares donde las aguas eran amargas. ¿Esto ocurrió porque Dios era malo, vengativo o descuidado con  sus hijos? ¿Se quedó dormido en medio de su trabajo? No, nunca. «El que te guarda nunca se adormecerá nunca dormirá». Él está despierto. Él está atento. Él te está escuchando. Él te está mirando. Él te está cuidando.

Pero Dios tiene un plan en mente que es más grande que nosotros. Porque, verás, no se trata de nosotros. No se trata de nuestra felicidad, en última instancia. Se trata de la gloria de Dios. Se trata de darle al mundo una opinión correcta de Dios. Para que Dios cumpla Sus propósitos, hay momentos en los que Él nos permite pasar por situaciones que no podemos entender, que no tienen sentido para nosotros, y que hacen que nuestros ojos se llenen de lágrimas. Tú has estado allí.

Y mientras hablo de estas circunstancias quizás algunas de ustedes en este salón estarán pasando por estas situaciones de las que estamos hablando hoy en día. Algunas de ustedes  han pasado por ellas en el pasado reciente. Hay una imagen que les viene a la mente. Quizás hay un individuo. Hay una circunstancia, y  dicen: «Es muy difícil atravesar por esto». Pero el contentamiento cristiano es ese espíritu interno, dulce, reflexivo, tranquilo, lleno de gracia, que libremente se somete y se deleita en la sabiduría paternal de Dios en cada situación.

Y ahora quiero que veamos por encima en las próximas sesiones, cinco características de un corazón satisfecho. Vamos a tomarlos una a la vez. Quiero que veamos, en primer lugar, que un corazón satisfecho, un corazón contento,  es un corazón agradecido.

A medida que los hijos de Israel se preparaban para entrar en la Tierra Prometida, Moisés les recordó todo lo que Dios había hecho por ellos a través de sus años en el desierto. En Deuteronomio capítulo 2, Moisés mira hacia atrás. Él reflexiona. Les recuerda lo que Dios ha hecho. Y él les dice: » Por cuarenta años el SEÑOR tu Dios ha estado contigo; nada te ha faltado» (v. 7).

Eso era cierto. Sus zapatos ni siquiera se desgastaron durante cuarenta años. Tenían comida que comer todos los días. Contaron con la presencia de Dios para conducirlos, para guiarlos. Sí, ellos andaban errantes. Sí, estaban dando vueltas en círculos, pero Dios estaba allí. Dios estaba satisfaciendo sus necesidades. Dios proveyó para dos millones de judíos— mujeres, hombres y niños—en ese desierto. No había centros comerciales. No había supermercados. ¡Durante cuarenta años!  ¡Todo fue milagroso!

Pero te das cuenta al leer los pasajes del Antiguo Testamento, una cosa que brilla por su ausencia. Nunca oyes a los hijos de Israel, diciendo: «Gracias». No les oímos decirlo. Cuando Dios les dio, lo daban por sentado. Y la próxima vez que tuvieron una necesidad, vuelven a murmurar y a quejarse. Insistieron en murmurar acerca de lo que no tenían más que estar agradecidos por lo que tenían. De manera que un corazón satisfecho es un corazón agradecido.

Necesitamos  aprender a expresar gratitud por las bendiciones de Dios. Creo que este es uno de los grandes remedios para la depresión, para la desesperación, el desaliento, la frustración, uno de los remedios más grandes para un corazón descontento.

No se puede murmurar y dar gracias al mismo tiempo. Simplemente no puedes hacerlo. Yo  encuentro, básicamente, que en cada circunstancia y situación de la vida, tengo una de dos alternativas. Puedo adorar o puedo quejarme, pero no puedo hacer las dos cosas al mismo tiempo.

Que hago para aprender a reconocer las bendiciones—bueno contarlas,  nombrarlas una por una. Contar mis muchas bendiciones y nombrarlas una por una es una gran cura para tantas luchas emocionales crónicas y mentales que tenemos como hijos de Dios. Aprender a decir «gracias».

Ahora, a veces nos duele, cuando haces cosas por los demás, cuando haces cosas por tus hijos, y ellos no te lo agradecen. Ellos no se dan ni cuenta de todas esas cosas que estás haciendo detrás de la escena sólo para que la vida se les mantenga en marcha. Hay veces que, como mamá, sientes, «si alguien por aquí expresara agradecimiento, eso haría mi trabajo un poco más fácil.»  Veo que algunas sonríen y  algunas asienten.

Pero a medida que me encuentro siendo herida a veces por la ingratitud de los demás, Dios me lleva de nuevo a esta pregunta: «¿Me diste las gracias por las cosas que he estado haciendo tras bambalinas para ti?»  Me parece que muchas veces Dios ha hecho decenas y decenas y tal vez cientos de cosas por mí que no me he detenido a reconocer y mucho menos a apreciar.

¿Cuándo fue la última vez que te detuviste a contar tus bendiciones? A nombrarlas una por una. Algunas de esas bendiciones son obvias. Es fácil dar gracias a Dios cuando se tiene dinero en el banco, cuando el sol está brillando, cuando tus hijos están locos por ti, cuando tu marido piensa que eres maravillosa. Pero también hay algunas otras cosas difíciles de agradecer a Dios.

Una mujer escribió y me dijo: «He aprendido cuán grave es murmurar contra Dios. Me he quejado de no tener una lavadora y una secadora, me he quejado de mi pelo (que era rizado antes del embarazo y ahora es lacio), me he quejado sobre mis estrías, etc. Pero he aprendido a dar gracias a Dios porque tengo ropa, tengo pelo, y un bebé hermoso. Me ha dado una perspectiva celestial y eterna para sustituir lo temporal”.

Fue en 1820, por un error por un descuido médico dejó a una bebé de seis semanas de edad ciega de por vida. Durante los años siguientes, sin embargo, se hizo evidente que a pesar de su discapacidad, tenía una capacidad inusual para escribir poesía y  música. Desde el principio, su vida y su poesía revelaban la belleza y la fragancia de un corazón lleno de contentamiento, de un corazón agradecido.

Su primer poema, escrito a los ocho años de edad, decía así. Ella dijo:

¡Oh, qué niña tan  feliz soy, aunque no puedo ver! Estoy decidida que en este mundo contenta estaré. ¡Cuántas bendiciones disfruto que otras personas no tienen!  ¡Llorar o suspirar porque soy ciega, no podré, ni lo haré!

Puede que no sea una gran poesía, pero es una gran teología. Esa niña, como muchas de ustedes saben, se llamaba Fanny Crosby. Ella creció y se convirtió en la compositora amada de los Estados Unidos. Escribió más de 9,000 himnos.  Y más tarde en su vida Fanny escribió en su autobiografía, «parecía destinada por la providencia del Dios bendito que yo fuera ciega toda mi vida, y le doy gracias por la dispensación».

El médico que le destruyó la vista nunca se perdonó. Se mudó lejos de la zona, pero Fanny se negó a  sentir amargura hacia él. Ella escribió esto de nuevo en su autobiografía. Ella dijo:

Si pudiera encontrarlo ahora, le diría: «Gracias, gracias», una y otra vez por convertirme en ciega. A pesar de que pudo haber sido un error por parte del médico,  no fue un error de Dios. Sinceramente, creo que era Su intención que debía vivir mis días en la oscuridad física con el fin de estar mejor preparada para cantar sus alabanzas e incitar a otros a hacerlo.

Un corazón agradecido.

Y es que, el no dar gracias a Dios  lleva a una serie de otros pecados y problemas. De hecho, creo que el pecado de la ingratitud es el primer paso para muchos otros pecados más graves.

Si vamos al libro de Romanos al capítulo 1, donde tienes esta larga lista de características de una cultura caída de una cultura  depravada (y gran parte de ella  describe nuestra cultura de hoy en día, con su exceso moral o inmoralidad excesiva), y si lees a través de esta larga lista de grandes pecados, ¿sabes qué pecado encabeza esa lista? Ellos se olvidaron de ser agradecidos. Se olvidaron de ser agradecidos.

El olvidarnos de dar gracias a Dios conducirá a la amargura, a la desesperación y a la esclavitud. Pero el dar gracias a Dios conducirá a la libertad, al gozo y a una  mayor bendición.

¿Tienes tú un corazón agradecido? ¿Has dado las gracias a Dios por las bendiciones obvias que están a tu alrededor día tras día, que tendemos a dar por sentadas? ¿Hay algunas cosas en tu experiencia que requieran dar un sacrificio de alabanza, algo por lo que Dios está esperando que tú puedas decir: «Gracias, recibo esto, yo te presento esto,  lo recibo de tu amor y de tu mano»? Cultivar una actitud de gratitud creo que  realmente es el primer paso para desarrollar un corazón con contentamiento.

Leslie: Esa es Nancy Leigh DeMoss. Ella ha te ha estado invitando a reemplazar la queja por la gratitud. Esta es una manera eficaz de dar ese primer paso: obtener una copia del libro Sea Agradecido de Nancy: Tu camino al gozo. Puedes realmente aprender a dar gracias en todas las situaciones. Eso es lo que las mujeres han aprendido al leer este libro. Nancy ha oído de una mujer tras otra que ha sido afectada por este libro.

Nancy: Una mujer escribió y nos dijo: «Tu libro me estaba mirando directamente a la cara cuando entré en la librería.» Ese libro fue Sea Agradecido. Ella compró un ejemplar y dijo: «Tengo 63 años y he aprendido mucho de tu libro. He sido desafiada con temas que nunca antes había considerado.

Bueno, tal vez tú al igual que esta mujer  nunca has considerado lo importante que es el tema de la gratitud. Realmente creo que todo el mundo luce diferente cuando  lo ves a través de los ojos de la gratitud. La actitud de gratitud puede transformar tu perspectiva y tus relaciones.

Permítanme decirles «gracias», «gracias» por su apoyo a este ministerio. Significa personalmente mucho para mí, y eso significa mucho para aquellos cuyas vidas se verán afectadas en los próximos días como resultado de su generosidad.  Muchas gracias.  Te invitamos a conseguir una copia de este libro Sea Agradecidoque tenemos en españoles un libro que podrá cambiar tu vida y tu perspectiva desarrollando en ti un corazón agradecido.

Leslie: ¿Ya visitaste nuestra página de www.AvivaNuestrosCorazones.com? Allí podrás encontrar recursos, leer e interactuar en el blog y escuchar algunos programas que aún no  has escuchado.  Entra a la página y dinos cómo te están ayudando estos programas de radio.  También puedes seguir nuestra página de Facebook, Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss y mantenerte al tanto de noticias del ministerio, así como ser edificada con las publicaciones.  Y recuerda, comparte con otras sobre este programa y ayúdanos a propagar el mensaje de esperanza, libertad, abundancia y plenitud que encontramos en  Cristo.

No se puede abrazar totalmente el contentamiento a menos que confíes en el Señor para  todo. Descubre el  porqué cuando Nancy continúe con la serie Cultiva contentamiento en el corazón. Eso será mañana en Aviva Nuestros Corazones.

Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras son tomadas de La Biblia de las Américas a menos que se indique lo contrario.

Cultiva contentamiento en el corazón

Tú puedes cultivar el contentamiento en el corazón – 2/5

Aviva Nuestros Corazones

Nancy Leigh DeMoss

Tú puedes cultivar el contentamiento en el corazón – 2/5

https://www.avivanuestroscorazones.com/podcast/aviva-nuestros-corazones/tu-puedes-cultivar-el-contentamiento-en-el-corazon/

Leslie Basham: Nancy Leigh DeMoss dice que quejarse es una condición grave del corazón.

Nancy Leigh DeMoss: Cuando me quejo, estoy diciendo que rechazo la voluntad de Dios,  la autoridad  de Dios y el derecho de Dios a gobernar mi vida.

Leslie: Esto es Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss, en la voz de Patricia de Saladín.

Si hay algo que conduce a una madre a la locura, es escuchar a sus hijos  quejarse. Es fácil para los adultos decirle a los niños que cultiven el contentamiento,  y luego, empezar a quejarse  ellos mismos.

Este problema nos afecta  casi a todas. Nancy está aquí para ofrecernos  una perspectiva bíblica que nos será de gran utilidad.

Nancy: Estamos examinando la forma como respondemos a los problemas, a los desafíos y decepciones de nuestras vidas y a la forma en que tendemos a murmurar y quejarnos, cuando Dios no hace las cosas como entendemos que creemos que debería hacerlas.

La  última vez que estuvimos  juntas,  revisamos  cuatro ocasiones en la vida del pueblo de Israel, justo después que salieron de Egipto.  Dos meses después de haber sido redimidos de Egipto, vimos cuatro casos en los que se enfrentaron con obstáculos, donde encontraron una situación difícil o imposible.

Después de que los hijos de Israel habían pasado por esas cuatro ocasiones que leemos en el libro del Éxodo, Dios guió los hijos de Israel al Monte Sinaí. Si sabes la historia del Antiguo Testamento, sabrás que se establecieron allí durante once meses. Ahí fue donde Dios les dio la Ley. Pero cuando llegamos al libro de  Números, comenzando en el capítulo 11, nos encontramos con que los hijos de Israel no han sido sanados de la murmuración y de la queja.

Para que no seamos demasiado duras con ellos, ¿Qué tiempo se necesita para curarnos? Justo cuando pensamos que realmente deberíamos tener confianza en la bondad de Dios, cuando debíamos ser capaces de alabarle por  fe, algo más sucede, y nos agarra con la guardia baja, y nos encontramos una vez más quejándonos, murmurando, y dudando de Dios.

En los primeros cuatro casos, Dios ha sido muy misericordioso. En todas las ocasiones realizó un milagro. Vamos a ver, que a partir de Números 11, Dios comienza a responder de manera diferente a sus murmuraciones y a sus quejas. A partir de este momento, casi cada vez que murmuran, Dios enviaba  juicio.

Y dices: «¿Por qué la diferencia? ¿Por qué en los primeros cuatro casos Él hizo un milagro,  como si Él ignorara sus murmuraciones? ¿Y por qué, de repente, a partir de Números capítulo 11, luego de que llegaron al Monte Sinaí…? ¿por qué de repente Dios responde con ira y juicio ante sus murmuraciones?»

Al meditar en estos pasajes, me parece que en esos primeros meses, al salir de Egipto, Dios sabía que eran inmaduros. Dios sabía que en realidad no le conocían, y Dios quería darles la oportunidad de llegar a conocerlo. Ahora habían visto la obra de Dios, habían visto Sus milagros, habían experimentado Su gracia, Su poder, Su bondad y Su amor. Ahora en este punto, ellos sabían más, y eran más responsables.

Quiero decirle estas palabras a aquellas de nosotras que hemos estado caminando con el Señor, tal vez por algunos  años—somos más responsables por lo que hacemos en la medida que conocemos lo que Dios puede hacer, cuando lo vemos actuar a nuestro favor.  Pero ahora verás una respuesta de Dios muy diferente a sus murmuraciones.

Las Escrituras nos dicen en Números capítulo 11, que «el pueblo se quejó.» En este caso, no nos dice de qué se quejó, y es casi como si no importara. Siempre podemos encontrar algo de qué quejarnos. No da ninguna razón.

Al parecer enfrentaban algún tipo de dificultad.  Y a pesar de que no nos señalan ninguna razón para esa murmuración, hay una vívida descripción de la respuesta de Dios a sus quejas. Las Escrituras dicen:

Aconteció que el pueblo se quejó a oídos de Jehová; y lo oyó Jehová, y ardió su ira, y se encendió en ellos fuego de Jehová, y consumió uno de los extremos del campamento.  Y llamó a aquel lugar Tabera, porque el fuego de Jehová se encendió en ellos. (vv. 1, 3 RV)

Esa palabra, Tabera, significa «quemar». Dios envió una plaga.  Puedes imaginarte a los hijos de Israel—que de alguna manera se habían acostumbrado a murmurar, y se habían acostumbrado a que Dios viera sus murmuraciones—y ¡de repente! Hay una plaga, hay fuego,  hay llamas.

Uno se pregunta si estarían pensando: “¿Qué tiene  Él? ¿Qué provocó a Dios?” Dios había oído sus murmuraciones todo el tiempo, pero ahora Dios está diciendo: «Mira, sabes mucho. Has estado a mí alrededor lo suficiente.  Has visto mis obras.  Has visto mi gracia. Quiero que sepas que tomo en serio tus murmuraciones. »

Números capítulo 11, continuando en este pasaje, comenzando con el versículo 4, dice que había una multitud mixta entre los israelitas. Estos eran extranjeros, no-israelitas que salieron de Egipto junto con los Israelitas en el éxodo, y comenzaron a anhelar otros alimentos. Algunas de sus traducciones dicen que eran el «populacho».

Ellos eran quejosos, de esos que siempre hay en algunos grupos, en cualquier iglesia y en cualquier familia. A menudo hay un quejón, alguna llorona y observa cómo infectan a todos los demás a su alrededor. Cuando esta multitud mixta comenzó a exigir otro tipo de alimentos, afectó—e  infectó— a todos los demás.

Y la Palabra dice que, de nuevo, los israelitas comenzaron a lamentarse, y dijeron: “¡Si al menos tuviéramos carne para comer! Nos acordamos del pescado que comíamos en Egipto de forma gratuita.” ¿Quién les estaba cobrando ahora? No era como que ahora  tuvieran  que pagar por la comida.

Están comparando su situación actual con la que tenían en Egipto. «Recordamos los pepinos, los melones, los puerros, las cebollas y el ajo.» Eso no suena muy apetitoso para mí, y puede que para ti tampoco. Pero estaban recordando los alimentos exóticos que habían tenido en Egipto, y dijeron: “y ahora nuestra alma se seca; pues nada sino este maná ven nuestros ojos” (vv. 4-6).

Tenían comida, pero se aburrían con el tipo de comida que tenían. «Queremos variedad, queremos especias, queremos algo diferente.» El pasaje continúa  diciéndonos que el Señor se enojó mucho, y Moisés también estaba disgustado y le dijo a Dios: «No puedo yo solo soportar a todo este pueblo.»  ¡Dios, tienes que hacer algo! Y Dios de hecho lo hizo; Él hizo algo.

En el versículo 18, Moisés dijo a los hijos de Israel (estamos en Números capítulo 11),

El Señor les escuchó cuando se lamentaron: «¡Si sólo tuviéramos carne para comer! ¡Estábamos mejor en Egipto!»  Ahora el Señor les dará carne, y se la comerán. No la van a comer por un día, dos días, cinco, diez o veinte días, sino durante un mes entero —hasta que les salga por las narices y la detesten— porque  han rechazado [algunas traducciones dicen que  «han despreciado»] al Señor, que está entre vosotros, y se han lamentado ante Él diciendo: “¿Por qué salimos de Egipto?”(vv. 18-20).

El pasaje continúa diciéndonos que Dios envió codornices en abundancia, más codornices que las que podían manejar, pero escucha esta descripción, comenzando en el versículo 33 —es muy gráfica.

Mientras la carne estaba todavía entre sus dientes y antes de que pudiera ser consumida [antes siquiera de que hubieran tragado una mordida] la ira del Señor se encendió contra el pueblo, y los hirió con una plaga muy grande. Por lo tanto, el lugar fue llamado Kibrot-hataava (vv. 33-34).

Ahora bien, quizás el nombre no significa nada para ti, pero es una frase hebrea que significa literalmente «tumbas del deseo.» Terminaron muriendo y siendo enterrados, algunos de ellos, debido a su codicia, debido a sus exigencias de que Dios cumpliera sus deseos.  

«Allí sepultaron a la gente que había anhelado otros alimentos» dice el versículo 34.

Siguiendo adelante, hayamos  otro caso en Números capítulo 14, y vemos de nuevo un patrón muy similar. Ahora llegamos a un lugar llamado Cades-barnea, y se enfrentan con un reto imposible. Los espías han sido enviados a verificar la salida de la tierra de Canaán, y de los doce que entraron, diez regresaron y dijeron: «No podemos hacerle frente a esto. Hay gigantes en la tierra. Esto es demasiado difícil para nosotros.”

Las Escrituras dicen en el capítulo 14 versículo 1,

Entonces toda la congregación gritó, y dio voces; y el pueblo lloró aquella noche. Y se quejaron contra Moisés y contra Aarón todos los hijos de Israel; y les dijo toda la multitud: ¡Ojalá muriéramos en la tierra de Egipto; o en este desierto ojalá muriéramos! ¿Y por qué nos trae Jehová a esta tierra para caer a espada? «(Vv. 1-3).

¿Te suena familiar? Es solo la estrofa siguiente, de la misma canción.

Nuestras mujeres y nuestros niños sean por presa. . .  Y se dijeron unos a otros: «Designemos un capitán, y volvámonos a Egipto.» (v. 3).

Treinta y ocho años más tarde, Moisés estaba revisando el incidente con los hijos de Israel, con estos quejosos, mirando hacia atrás.  Y así fue que comentó sobre esta situación. Él dijo, «Y murmurasteis en vuestras tiendas, diciendo: «Porque el SEÑOR nos aborrece, nos ha sacado de la tierra de Egipto para entregarnos en manos de los amorreos y destruirnos» ( Dt. 1:27).

¿Ves cómo atacaron el carácter de Dios? Ellos dijeron: «¡Dios nos odia! Y es por eso que Él nos ha hecho esto a nosotros.» ¿Puedes imaginarte llegar a un punto en nuestras vidas donde fijemos la vista en un Dios que nos ha mostrado misericordia increíble, amor, bondad, lo miremos a la cara y le digamos: «Tú nos odias. Es por eso que nos has ocasionado esto”.

Pero ¿no es eso lo que el enemigo nos lleva a hacer, a dudar del amor y de la bondad de Dios? El Señor le dijo a Moisés (¿cómo responde Dios a esto?).

El Señor le dijo a Moisés: «¿Hasta cuándo me desdeñará este pueblo? ¿Y hasta cuándo no creerán en mí a pesar de todas las señales que he hecho en medio de ellos? Los heriré con pestilencia y los destruiré.” (Num 14:11-12).

A medida que leemos, encontramos que Moisés intercedió por ellos y Dios perdonó a los hijos de Israel, pero habría algunas consecuencias bastante graves. El pasaje continúa—y todavía estamos en Números capítulo 14—Dios dice:

¿Hasta cuándo tendré que sobrellevar a esta congregación malvada que murmura contra mí? He oído las quejas de los hijos de Israel, que murmuran contra mí. Diles: Vivo yo—declara el SEÑOR—que tal como habéis hablado a mis oídos, así haré yo con vosotros (vv. 27-28).

¿Qué habían dicho ellos? «¡Ojalá hubiéramos muerto en la tierra de Egipto! ¡Ojalá hubiéramos muerto en este desierto!» Y dijo Dios: «¿Quieres morir? Te voy a dar lo que has pedido. Así dice Dios,

En este desierto caerán vuestros cuerpos —cada uno de ustedes de veinte años de edad o más que se contó en el censo y que ha murmurado contra mí. Ninguno de ustedes va a entrar en la tierra. . .  Sus cuerpos caerán en este desierto. Tus hijos serán pastores aquí por cuarenta años, sufriendo por su infidelidad (vv. 29, 32-33).

En algunas  traducciones la palabra infidelidad se traduce como «tus fornicaciones.» Así de serio tomó Dios esto.

Sus hijos van a sufrir por su [adulterio espiritual] por su infidelidad, hasta que el último de sus cuerpos sea encontrado en el desierto. . . Ustedes van a sufrir por sus pecados, y sabrán lo que se siente  tenerme en su contra.

Ciertamente esto haré a toda esta perversa congregación que se ha juntado contra mí. En este desierto serán destruidos, y aquí morirán (vv. 33-35). 

Así vemos, que la raíz del pecado que causó consecuencias increíbles en los hijos de Israel fue el pecado del descontento. . . descontento con Dios, con Su presencia, con Su provisión, y con Su plan.

Quiero que veamos algunas de las características de un corazón descontento o insatisfecho, porque hemos visto que el apóstol Pablo dijo: «Estas cosas sucedieron como ejemplo para nosotros.» Fueron escritas para advertirnos. «No murmures», dice Pablo en 1 a los  Corintios capítulo 10  “como algunos de ellos murmuraron y perecieron en el desierto» (v. 10).

¿Cuáles son algunas de las características del descontento? En primer lugar, quiero que veas que el descontento es una condición del corazón. Es un asunto del corazón. Ahí es donde comienza. No empieza al ser expresado verbalmente—comienza con un corazón internamente descontento con Dios. Es la actitud de un corazón insatisfecho con lo que Dios ha provisto.

Dios ha suplido nuestras necesidades, pero dentro de cada uno de nosotros, hay una parte que dice: «Yo quiero más.» Hay un anhelo de más, el anhelo por lo que Dios no ha provisto. Dios proveyó maná y los hijos de Israel, dijeron: «Queremos más variedad en nuestro menú.»

Cuando Dios provee, la inclinación de nuestro corazón, es decir, «Dame más.» Es natural a nuestra carne. Frecuentemente, nuestro descontento se centra en lo  temporal y no en lo eterno. Mira las cosas por las cuales los hijos de Israel murmuraron. Tenían que ver con el agua, con la comida, con los egipcios.

Eran  visibles, reales. Ellos perdieron de vista las realidades invisibles y eternas.  Tenían sus ojos puestos en lo que podían ver, lo que podían tocar, y estaban siempre anhelando  más de lo temporal, pero perdieron la perspectiva de lo eterno.

¿Qué es eterno?  El carácter de Dios, el corazón de Dios, la bondad de Dios, el plan de Dios,  pero es verdad que en este mundo en el que vivimos,  tiende a enfocarse en la ropa, en lo  temporal, en la provisión física. En el tipo de casa en que vivimos, en el trabajo que tenemos, en las personas que nos rodean.

Nos fijamos y obsesionamos con las cosas que podemos ver. Cuando hacemos eso, cuando nos estamos enfocando en las realidades visibles y temporales, perdemos de vista las grandes realidades eternas. Perdemos la perspectiva.

Pero el descontento generalmente implica comparación. Nos comparamos con la manera en que solíamos ser. Nos acordamos de cómo era Egipto. Teníamos todos aquellos alimentos estupendos para comer. Se habían olvidado de que habían sido siervos miserables de Faraón, esclavos de Faraón  todos esos años.

Pero se acordaron de las pocas cosas buenas acerca de la manera en que solían ser, y  compararon. Nos comparamos con la manera en que les va a otros, las cosas que otros tienen que nosotros no tenemos—las experiencias que otros son capaces de disfrutar que no llegamos a experimentar.

Todo este pecado del descontento en mi propia vida, me resulta  muy fácil alimentarlo por cosas como catálogos, centros comerciales. . . Estoy satisfecha con lo que tengo. Estoy contenta con la ropa que tengo. Tengo algo que ponerme todos los días. Solo en Estados Unidos  podemos  ir a un armario lleno y desbordado y decir: » No tengo nada que ponerme».

Mientras me quede en mi casa y en mi pequeño círculo, me conformo con lo que tengo, hasta que entro en una tienda por departamentos, y empiezo a ver todas las cosas nuevas que no sabía yo que no  tenía, que  no sabía que necesitaba hasta que las vi anunciadas.

Somos alimentados por la publicidad, la televisión, otras personas pasan a ser nuestro estándar de lo que necesitamos. Creemos que lo que tenemos está bien, pensamos que el coche que conducimos está bien, creemos que el trabajo que tenemos está muy bien, hasta que nos fijamos en lo que otras personas tienen, y empezamos a comparar. El corazón descontento duda de la bondad de Dios,  pone en duda el amor de Dios, duda de Sus promesas, duda de Su poder y el corazón descontento duda que la presencia de Dios sea suficiente para mí. Cuando tenemos un corazón descontento, nos encontramos como los hijos de Israel: empezando a creer las mentiras acerca de Dios. Empezamos a creer cosas que no son ciertas acerca de Dios, y sabemos que no son ciertas.

Porque el descontento también nos hace irracionales. No nos deja pensar con claridad, y nosotros hacemos también lo que los hijos de Israel  hicieron. Leemos en Deuteronomio capítulo 1 que los hijos de Israel, dijeron: «Dios nos odia. Él nos quiere destruir”.

¿Puedes  imaginar  que seamos capaces de mirar a los ojos de nuestro amoroso Padre celestial para decirle, «Yo sé que no me quieres de verdad. Sé que me odias.  Sé que  me quieres destruir?» Nunca podrías decir esas palabras en voz alta, pero ¿alguna vez has tenido la tentación de sentirte de esa manera, como cuando te encuentras en una situación imposible, sintiendo que Dios no te ama, que Dios te odia?

Así que nos encontramos a nosotras mismos creyendo cosas acerca de Dios, y tal vez incluso en última instancia, diciendo cosas acerca de Dios que no son ciertas. Cuando tenemos un corazón insatisfecho, nos olvidamos de la provisión anterior de Dios. Nos olvidamos de lo que Él ha hecho. Es por eso que es tan importante,  lo he podido ver en mi propia vida, el mantener un registro de las bondades de Dios, para anotarlas con regularidad: «¿Qué ha hecho Dios por mí?»

En el último par de años, he estado más o menos regularmente llevando un diario de agradecimiento, de gratitud  y hago  el ejercicio—no lo hago cada mañana—pero muchas mañanas comienzan con sólo anotar cinco cosas por las que estoy agradecida.

No todas son cosas grandes o inmensas.  Agradezco a Dios por mi salvación y por algunas otras cosas realmente increíbles; le doy gracias a Dios cuando sale el sol de la mañana porque que es un recordatorio de su fidelidad, y de que Él cumple Sus promesas.

Le doy gracias a Dios que tengo que comer hoy. Le doy gracias a Dios por una almohada, por una cama, por mantas cuando hace frío, por el calor en el invierno, o por el aire acondicionado en el verano.

Entonces, cuando me siento tentada a murmurar,  a pensar que no tengo lo que necesito, puedo volver atrás y revisar este registro de la provisión anterior de Dios. Pero cuando tenemos un corazón insatisfecho, estamos tentadas a olvidar lo que Dios ha hecho en el pasado.

Cuando tenemos un corazón insatisfecho, dudamos que Dios proveerá en el futuro. Dudamos de que Él proveerá lo que necesitamos en el camino. Cuando tenemos un corazón descontento, rechazamos lo que Dios está ofreciéndonos ahora mismo—Su provisión actual.

Eso fue lo que los hijos de Israel le dijeron a Dios: «¡Nosotros detestamos este miserable alimento!» Olvidaron  cómo Él les había provisto en el pasado,  pusieron en duda que Él les proveería en el futuro, y  dijeron: «En cuanto a lo que tenemos ahora, lo detestamos. No nos gusta. Nosotros no lo queremos”.

Cuando tenemos un corazón insatisfecho, no somos capaces de ver los propósitos de Dios, y no somos capaces de aceptar los designios de Dios,  de ver  que Dios tiene un plan en el que Él está trabajando, que Él está cumpliendo. Él está queriendo mostrarnos Su grandeza, Su poder, Su misericordia y Su amor. Él está queriendo conformarnos y moldearnos. Él está queriendo hacernos verdaderos creyentes. Él está queriendo edificar nuestra fe, pero cuando tenemos un corazón insatisfecho, rechazamos los propósitos de Dios. Decimos, en efecto, «No me importa cuál es Su plan. Yo quiero lo que quiero y lo quiero ahora.» Cuando tenemos un corazón insatisfecho, nos encontramos invariablemente siendo conducidos a otros pecados. No se limita al corazón.

Terminamos expresando nuestro descontento por medio de la murmuración, verbalizamos nuestro descontento, expresándolo a Dios y a los demás. Y tal vez no somos tan rápidas en expresárselo a Dios como lo somos en expresárselo a  los demás. Así que nos encontramos a nosotras mismas expresando nuestros lamentos a los demás—y es increíble todas los motivos que podemos encontrar para quejarnos.

Ya hablaremos en las próximas sesiones sobre algunas de las cosas por las que nos quejamos. El pecado del descontento en última instancia conduce al pecado de la murmuración, a expresar nuestro descontento con Dios. El pecado de descontento va mano a mano con otro pecado muy grave. Y ese pecado es el pecado de rebelión.

En Deuteronomio, Moisés le dice a los hijos de Israel, como se reflejó en esos años la murmuración, él les dice, «se rebelaron contra Dios.» Cuando me quejo, estoy diciendo: «Yo rechazo las elecciones de Dios, la autoridad de Dios y el derecho de  Dios a gobernar  mi vida. No quiero Su plan para mi vida. Me rebelo contra esto”.

Pero esa es una batalla que no podemos ganar. Dios hará Su voluntad en nuestras vidas, pero podemos ir pateando y gritando, o podemos ir en  sumisión,  entrega y  fe.

Leslie: Es tan fácil caer en la queja, pero como Nancy Leigh DeMoss nos ha estado mostrando,  no tienes que dejarte controlar por el descontento. ¿Quieres explorar con Nancy. . . escudriñar con ella en la Biblia sobre el tema de la gratitud? Obtén una copia de su libro Sea Agradecido: Tu camino al gozo. Explora este tema con Nancy, y reemplaza las actitudes del descontento. Nancy, es alentador saber cuántas mujeres se han visto profundamente afectadas por este libro.

Nancy: Sí, Leslie, ha sido una alegría increíble ver como Dios ha usado las sencillas verdades de este libro para impactar las vidas de las personas de maneras realmente transformadoras. Una mujer de Wisconsin escribió después que su pequeño grupo en la iglesia comenzó a estudiar “Sea Agradecido”. Ella dijo: «Nunca pensé que era una ingrata hasta que empecé a leer este libro.» Y entonces  dijo, «Sonó en mi vida como un violín. Diagnosticar el problema es la mitad de la solución. Muchas gracias por este libro.»

“Sea Agradecido” no solo diagnostica el problema,  muestra cómo caminar agradecidos día por día, sin importar la temporada o las circunstancias difíciles que puedan ser parte de tu vida en este momento.

Quiero aprovechar esta oportunidad para dar las más  sinceras «gracias» a todos nuestros amigos, que hacen posible este ministerio con sus oraciones y su fiel apoyo financiero. Dios está usando su inversión para hacer una diferencia eterna en la vida de muchos. Muchas gracias.

Leslie: Puedes donar cualquier cantidad a Aviva Nuestros Corazones llamando al 1-800-569-5959, o has tu donación en www.AvivaNuestrosCorazones.com, o simplemente visítanos para que te beneficies de los recursos que allí podrás encontrar.

¿Cuáles son las causas del descontento? Mañana le echaremos un vistazo. Por favor, acompáñanos en  Aviva Nuestros Corazones.

Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras son tomadas de La Biblia de las Américas a menos que se indique lo contrario.

 

En el desierto – 1/5

Aviva Nuestros Corazones

Nancy Leigh DeMoss

En el desierto – 1/5

https://www.avivanuestroscorazones.com/podcast/aviva-nuestros-corazones/en-el-desierto/

Leslie Basham: ¿Por qué tuvo el pueblo de Dios que vagar por el desierto durante cuarenta años? Aquí está Nancy Leigh DeMoss.

Nancy Leigh DeMoss: El pecado que destruyó a los hijos de Israel y los mantuvo fuera de la Tierra Prometida en realidad  tenía  una sola raíz, y  esta era el pecado del descontento.

Leslie: Esto es Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss en la voz de Patricia de Saladín.

Aquí está Nancy en la serie, Cultiva contentamiento en el corazón.

Nancy: Durante las siguientes sesiones, quiero compartir con ustedes desde mi corazón y desde la Palabra de Dios  lo que  creo que es una de las mayores razones por  la que tantos de nosotros, los cristianos, pasamos la vida vagando en un desierto espiritual, en lugar de disfrutar la vida abundante que sabemos que Jesucristo vino a darnos.

Vayamos a la Biblia a la carta de 1ra a los Corintios en el capítulo 10. Y vamos a estar viendo algunos pasajes, pero este pasaje nos dará el punto de partida, 1ra a los Corintios capítulo 10. En la primera parte de este capítulo, Pablo comienza haciendo una lista de algunas  bendiciones. Algunas son espirituales y algunas son bendiciones físicas que fueron vividas por la nación judía que Dios redimió de Egipto. Él comienza en el versículo 1 de 1ra a los Corintios capítulo 10 y dice:

“Porque no quiero que ignoréis, hermanos, que nuestros padres todos estuvieron bajo la nube, y todos pasaron por el mar. . . «

Ahora, quiero que tomes en cuenta  la palabra «todos», ya que aparece varias veces en estos versículos. Los hijos de Israel (esto se remonta a los días del Antiguo Testamento) estuvieron todos bajo la nube. Esa es una referencia a la nube de la gloria Shekinah de Dios que acompañó a los hijos de Israel cuando salieron de Egipto  hacia la Tierra Prometida. «Y todos pasaron el mar» (v. 1).

¿Qué mar es ese? El Mar Rojo. Cuando Dios los liberó, caminaron por tierra seca. Entonces recordarás cómo los egipcios se ahogaron en ese mismo mar que había sido un camino seco para los hijos de Israel.

Todos comieron también el mismo alimento espiritual y bebieron la misma bebida espiritual, pues bebían de la roca espiritual que los acompañaba, y la roca era Cristo (v. 3-4).

Ahora bien, sabemos que Dios proveyó agua física de las rocas del desierto para saciar la sed los hijos de Israel, Dios proveyó maná, pan del cielo, y Dios proveyó carne, codornices cuando necesitaban  comer. Así que había literalmente provisión física. Sin embargo, esta provisión física de Dios era realmente una ilustración de necesidades más profundas que Dios conoce—nuestras necesidades espirituales. Las Escrituras dicen aquí que  Cristo  fue la fuente de esa provisión. La provisión de Dios fue Cristo mismo.

Así que aquí vemos cuáles eran las bendiciones espirituales que los hijos de Israel disfrutaban. Todos ellos disfrutaron de estas bendiciones, las bendiciones físicas y las bendiciones espirituales. Dios los guió a todos, Dios los liberó a todos, Dios proveyó para todos ellos,  todos ellos experimentaron estas bendiciones.

Sabemos  cuando llegamos al Nuevo Testamento, que tú y yo como hijas de Dios hemos sido redimidas, y hemos sido bendecidas, y según nos dice Pablo en Efesios capítulo 1 con toda bendición espiritual en los lugares celestiales en Cristo.

Así que no importa cómo luzca nuestra vida aquí en la tierra hoy en día, el hecho es, que por la fe que abrazamos, hemos recibido toda clase de bendiciones espirituales. Todos los que estamos en Cristo hemos experimentado toda clase de bendiciones espirituales que Dios tiene para dar, y eso es porque estamos en Cristo.

Ahora bien, cuando llegamos al versículo 5 de 1ra a los Corintios capítulo 10, vemos un giro en el pensamiento. Pablo dice en el versículo 5,

Sin embargo, Dios no se agradó de la mayor parte de ellos, pues quedaron tendidos en el desierto…

Todos ellos experimentaron todas esas grandes bendiciones, pero con la mayoría de ellos, Dios estaba disgustado, y acabaron yéndose a la ruina y a la destrucción. Ahora, cuando se dice que Dios no estaba contento con la mayoría de ellos, se plantea la pregunta en mi mente: ¿Con cuántos de ellos no estaba Dios complacido?

Pues bien, las Escrituras nos lo dicen. En Números capítulo 1 leemos que aproximadamente 600.000 hombres mayores de veinte años salieron de Egipto, cuando fueron redimidos de Israel. Ahora, cuando  agregas las esposas a ese número, eran fácilmente un millón de adultos los que fueron liberados de Egipto.

Pero cuarenta años más tarde, otro conteo fue hecho. Uno lee sobre ello más adelante en el libro de  Números, a ese punto  solo tres de ese  millón de adultos vivieron para entrar en la Tierra Prometida. Sólo tres de un millón. Con todos los demás habían sido destruidos en el desierto.

Por cierto, si  haces un pequeño cálculo, podrás darte cuenta de que hubo un promedio de más de setenta funerales cada día durante cuarenta años en el desierto. Esas son muchas muertes.  Dios no estaba contento.

Ahora, Pablo nos dice en el versículo 11 en 1ra Corintios capítulo 10, que «estas cosas les sucedieron como ejemplo, y fueron escritas como enseñanza, como advertencia para nosotros”. Eso nos dice que es importante que entendamos qué fue lo que pasó  en el desierto. Por qué casi un millón de personas perecieron en el desierto; tenemos que aprender de su ejemplo y ser advertidos sobre la base de lo aprendido.

Así que la pregunta es:

• ¿Qué podemos aprender de su ejemplo?

• ¿Acerca de qué se supone que debamos ser advertidos?

• ¿Con qué cosas no se complace Dios?

• ¿Y por qué nunca entraron a la Tierra Prometida—un millón de adultos, con  excepción de tres?

Y eso plantea la siguiente pregunta:

• ¿Por qué muchos cristianos de hoy vagan por el desierto, dando vueltas en círculos en su vida cristiana, en lugar de disfrutar de la Tierra Prometida, y de la vida abundante que Cristo Jesús vino a darnos?

Pablo lo explica, comenzando en el versículo 6, por qué los israelitas perecieron en el desierto. Si resumes ese versículo él dice que hay dos cosas que ellos hicieron. En primer lugar, dice que codiciaron lo malo que Dios había prohibido.

Leemos en el versículo 6.

“Mas estas cosas sucedieron como ejemplos para guardarnos de poner nuestro corazón en las cosas malas, como ellos lo hicieron. No sean idólatras, como algunos de ellos, según está escrito: ‘El Pueblo se sentó a comer y a beber, y se levanto a jugar.’”

Ni forniquemos, como algunos de ellos fornicaron—y en un día cayeron veintitrés mil (vv. 6-8).

Ahora bien, Pablo dice que uno de sus problemas era que anhelaban las cosas malas que Dios había prohibido. Ellos siguieron tras los ídolos, y siguieron tras la inmoralidad sexual. Estas son las cosas malas que nunca deberían haber anhelado. Pero tenían otro problema,  este era que ellos anhelaban cosas buenas y legítimas que Dios no les había dado, y luego se quejaban cuando no conseguían lo que querían. Y ese va a ser el foco de nuestra discusión. El versículo 9 nos dice:

“Ni provoquemos al Señor, como algunos de ellos le provocaron—y fueron destruidos por las serpientes. Ni murmuréis, como algunos de ellos murmuraron—y fueron destruidos por el destructor” (vv. 9-10).

Ahora todos sabemos que no es bueno codiciar las  cosas malas. Pero me pregunto cuán a menudo recordamos que es también algo grave ante los ojos de Dios  pedirle  cosas buenas a Dios que Él ha optado por no darnos, y luego  murmurar, quejarnos,  quejarnos y quejarnos cuando no conseguimos lo que queremos. El pecado que destruyó a los hijos de Israel y los mantuvo fuera de la Tierra Prometida en realidad se reduciría a una misma raíz.  El pecado del descontento.

El descontento—querían algo que Dios no les había dado, que no era el tiempo para Dios dárselo. Insistieron en tener  las cosas que ellos querían, que Dios no les había proporcionado, y las Escrituras dicen que Dios considera esto un pecado muy serio. No murmuréis como algunos de ellos murmuraron, y fueron destruidos en el desierto. Y por eso Pablo dice:

“Estas cosas les sucedieron como ejemplo, y fueron escritas como enseñanza para nosotros, para quienes [el cumplimiento] ha llegado el fin de los siglos» (v. 11).

Y entonces Pablo nos dice de una manera muy práctica a nosotros como creyentes del Nuevo Testamento,

¡Por tanto, el que cree que está firme, tenga cuidado, no sea que caiga! No os ha sobrevenido ninguna tentación que no sea común a los hombres; (v.12-13).

Este es un versículo muy común, la mayoría de nosotros estamos familiarizados con él. Pero, ¿te has detenido a darte cuenta del contexto de este versículo?

Se encuentra en el contexto de hablar del pecado de la queja y la murmuración, de reclamar y lloriquear. Pablo dice: » Vas a caer en la tentación de quejarte. Vas a tener la tentación de murmurar. ¡Todos lo hacen!”, Pero.

Dice el versículo 13, “fiel es Dios, que no permitirá que vosotros seáis tentados más allá de lo que podéis soportar, sino que con la tentación proveerá también la vía de escape, a fin de que podáis resistirla”.

Ahora vamos de nuevo al libro de Éxodo y leemos en Éxodo capítulo 13, el momento donde Dios liberó a todo los hijos de Israel después de 400 años de estar en cautiverio, en la esclavitud, en la servidumbre. Dios los libertó por Su gran poder. Él los rescató y los llevó fuera de Egipto. Los condujo por el desierto. Los llevó a un desierto, y sabemos entonces que Dios guió a los hijos de Israel al mar Rojo.

Y  recuerdas que con el Mar Rojo delante de ellos, cordilleras a ambos lados, y el ejército egipcio respirándole detrás del cuello; y es entonces en Éxodo capítulo 14 que los hijos de Israel se encuentran ahora en un lugar en el que estaban cercados sin esperanza. No había salida, a menos que  Dios  interviniera a su favor. Así que no habían bien salido de Egipto, y ahora en  cuestión de días  llegarían al Mar Rojo. No había manera aparente de escapar, y se llenaron de temor.

Leemos en el capítulo 14 en el versículo 11 que los hijos de Israel dijeron a Moisés:

¿”Acaso no había sepulcros en Egipto para que nos sacaras a morir en el desierto?  ¿No es esto lo que te hablamos en Egipto, diciendo: «Déjanos, para que sirvamos a los egipcios»? Porque mejor nos hubiera sido servir a los egipcios que morir en el desierto (vv. 11-12).

Ahora bien, si sabes algo acerca de lo que precede a este capítulo, ¿acaso era cierto que los hijos de Israel dijeron a Moisés cuando estaban en Egipto, «Queremos permanecer en Egipto. Nos encanta estar aquí. Nos encanta servir a Faraón. Nos encanta ser sus esclavos»?¡No! Durante años habían gritado por haber sido entregados a la esclavitud, y Dios escuchó sus llantos y los liberó.

Pero ahora, cuando  se enfrentan el reto de salir por primera vez de Egipto. En lugar de clamar al Señor que los había liberado y pedirle al Señor que ahora los librara de nuevo, comienzan a murmurar, a quejarse y reclamar contra Moisés, que era el representante de Dios. «Hubiera sido mejor para nosotros servir a los egipcios que morir en el desierto» (v. 12).

Ahora, ¿cuál fue la respuesta de Dios ante la murmuración y las quejas de los hijos de Israel? Pues el versículo 30 nos dice: «Aquel día salvó el SEÑOR a Israel de mano de los egipcios; e Israel vio a los egipcios muertos a la orilla del mar» (v. 30).

Y así llegamos al capítulo siguiente, Éxodo capítulo 15. Encontramos que después de cruzar el Mar Rojo y de haber pasado tres días en el desierto, han tenido una gran fiesta que tuvo lugar después de que atravesaron el Mar Rojo. Ellos están alabando a Dios, algo fácil de hacer cuando acabamos de experimentar el poder de Dios y la liberación.

Ahora han pasado tres días en el desierto, y han llegado a un lugar donde no hay agua.  Es una situación bastante grave para  un millón de adultos y niños, no tener nada que beber. Es obvio que no pueden pasar mucho tiempo en esta situación. Y luego, cuando llegan al agua, en un lugar que llamaron Mara, que significa amargo, porque el agua estaba contaminada, encuentran que era agua amarga que no podían beber.

Entonces, ¿cuál es su respuesta? ¿Cuál crees que sería su respuesta después de haber visto a Dios derrotar al ejército egipcio entero y llevarlos a través del Mar Rojo? Uno pensaría que dirían: «Oh Señor, Tú lo has hecho antes, puedes hacerlo de nuevo. Te alabamos porque sabemos que Tú eres capaz de proveer para nuestras necesidades en esta circunstancia”.

Pero no, esa no es la respuesta. El versículo 24 nos dice, en Éxodo capítulo 15, » Y murmuró el pueblo contra Moisés, diciendo: ¿Qué beberemos?’ Se volvieron a Moisés y le dijeron:» Tú nos metiste en este lío, tienes que sacarnos de esto”. «El versículo 25 nos dice: «Entonces Moisés clamó al SEÑOR, y el SEÑOR le mostró un árbol; y él lo echó en las aguas, y las aguas se volvieron dulces.»

Una vez más, Dios hace un milagro. Él oye sus quejas, Él escucha sus murmuraciones, y como respuesta Dios hace un milagro. Él endulzó las aguas amargas. Y justo después de esto, Él los lleva a un lugar que es un oasis,  Elim. Un lugar donde hay doce fuentes de agua.

Mira, los pozos de agua y  el oasis, estaban justo delante de ellos. Dios tenía en la mente proveerles. Sabía lo que iba a hacer para satisfacer sus necesidades, pero en lugar de confiar en Él, se quejaron, reclamaron, murmuraron. Luego Dios por Su misericordia y por Su gracia realizó un milagro para auxiliarlos en su momento de necesidad.

Bien podrías pensar: «Seguramente habrán aprendido la lección.»  Vamos al capítulo siguiente, Éxodo capítulo 16. Todo esto ocurre a los dos meses de haber salido de Egipto. Luego de los dos meses de haber salido de Egipto, ellos tienen todas estas experiencias de tener que enfrentase  a los obstáculos. Siempre vemos su respuesta. Ahora vienen a un lugar llamado el desierto de Sin. En este desierto pasan por  la experiencia de no tener alimentos. Primero no  tenían agua, ahora no tienen comida. El versículo 2 nos dice:

Y toda la congregación de los hijos de Israel murmuró contra Moisés y contra Aarón en el desierto. Y los hijos de Israel les decían: ¡Ojalá hubiéramos muerto a manos del SEÑOR en la tierra de Egipto cuando nos sentábamos junto a las ollas de carne, cuando comíamos pan hasta saciarnos; pues nos habéis traído a este desierto para matar de hambre a toda esta multitud! (vv. 2 – 3).

A veces nuestras emociones algunas veces nos hacen irracionales. Nos hacen creer, pensar y decir cosas que no son realmente ciertas, que sabemos que no son ciertas. En primer lugar, no tenían ningún deseo de morir en Egipto. Sí tenían alimentos para comer en Egipto, pero  eran  esclavos de aquel  que les proveía la comida. Ellos experimentaron grandes dificultades a pesar de que faraón satisfacía su necesidad de alimento. Y en segundo lugar, acusan a Moisés de haberlos sacado al desierto con la intención de matarlos de hambre.  ¿Ves, como  la incredulidad, la murmuración y el descontento nos hacen creer cosas que no son ciertas? Nos hacen acusar falsamente a Dios y a los siervos de Dios cuando nos encontramos con estas circunstancias.

El pasaje continúa diciéndonos que Dios oyó sus murmuraciones, como Dios siempre escucha mis murmuraciones y las tuyas. Cuando nos quejamos, Dios nos oye. Las Escrituras dicen en los versículos 7 y 8 de Éxodo capítulo 16 que sus quejas eran contra Él, contra Dios. Ellos pensaban que estaban murmurando contra Moisés y Aarón, pero Dios dice: «En verdad vuestras murmuraciones son contra mí.”

Entonces, ¿qué hizo Dios esta vez en respuesta a sus murmuraciones? Bueno, la Biblia nos dice que Dios hizo llover maná y codornices. Él realizó otro milagro. Ellos murmuran, y Dios hace un milagro para satisfacer sus necesidades. Dice en el versículo 12,  «Al caer la tarde comeréis carne, y por la mañana os saciaréis de pan; y sabréis que yo soy el SEÑOR vuestro Dios.»

Así que una vez más, Dios aprovechó la oportunidad de su necesidad, su carencia, para revelar Su poder, Su amor, Su bondad y Su grandeza. El propósito de Dios era que Él quería que los hijos de Israel  llegaran a conocerlo. Él quería que ellos supieran como Él era. Para que supieran lo que Él era capaz de hacer. Habían vivido todos esos años en Egipto sin realmente conocer a Dios, y Dios estaba trayendo estas pruebas a sus vidas como lo hace en nuestras vidas porque Él quiere que veamos lo que Él puede hacer cuando no tenemos otros recursos disponibles.

El siguiente capítulo, Éxodo capítulo 17, y ya hemos estado en los capítulos 14,  15, y en el capítulo 16,  ahora llegamos al siguiente capítulo.  Podríamos  pensar: «Seguramente ya habrán aprendido. Han visto mucho de la bondad y el poder de Dios. “Entonces  llegaron a un lugar llamado Refidim, donde una vez más, no había agua.  Podrías pensar que esta vez dirían: «¡Oh Dios! Nos proveíste agua antes, hiciste   las aguas amargas dulces,  nos llevaste a ese oasis,  así que esta vez vamos a confiar en ti. Señor, solo  muéstranos lo que tienes para nosotros. ¿Nos suplirías el agua que necesitamos?» Podrías pensar que es como responderían, ¿verdad?

No esta vez. Una vez más, vemos en  los versículos 2 y 3, » Entonces el pueblo contendió contra Moisés, y dijeron: Danos agua para beber. Casi se pueden escuchar sus voces y sus demandas, como si dijeran: «Hazlo ahora. Hazlo ahora,  danos lo que queremos”.

Y Moisés les dijo: ¿Por qué contendéis conmigo? ¿Por qué tentáis al SEÑOR? Pero el pueblo tuvo sed allí, y murmuró el pueblo contra Moisés, y dijo: ¿Por qué nos has hecho subir de Egipto para matarnos de sed a nosotros, a nuestros hijos y a nuestros ganados?

Esto suena como un disco rayado. Una vez más, el mismo tipo de respuesta. ¿Y cómo responde Dios a sus murmuraciones? Sin embargo, por cuarta vez Dios hace un milagro, de nuevo. En el versículo 6 Dios le dijo a Moisés: “Golpearás la peña, y saldrá agua de ella para que beba el pueblo.»  Entonces, ¿cómo responde Dios a sus murmuraciones? En cada uno de estos cuatro eventos—cuando se encontraban en el Mar Rojo, cuando llegaron a las aguas amargas, cuando no tenían comida, cuando no tenían agua —cada vez que murmuraban, reclamaban, o se quejaban, ¿qué hacía Dios? Él hacía un milagro. Él conoció  sus necesidades. Y Él reveló Su poder.

Estos milagros son signos de la misericordia de Dios y de Su gracia. Y ¿no es así como a menudo Dios hace con nosotros? Frente a una situación difícil, nos quejamos, estamos descontentas con lo que tenemos, queremos algo que no tenemos, y una y otra vez mientras miras atrás ¿puedes recordar los momentos de tu vida en los que Dios vino y se acerco a ti de todas maneras? Cuando Él proveyó tus necesidades. No porque fuéramos agradecidas, no porque expresáramos  fe. Éramos inmaduras, infantiles y exigentes, y dijimos: «Dios, llena mis necesidades ahora.» En algunos casos podemos mirar hacia atrás y ver como Dios tuvo misericordia de nosotras. Él no nos dio lo que merecíamos por nuestras murmuraciones, hizo un milagro. Él proveyó nuestras necesidades.

En la siguiente sesión, vamos a ver que Dios no siempre respondió con milagros. Él quería que sus hijos crecieran y aprendieran cómo responder en fe. Pero en estas primeras etapas de sus experiencias con Dios, Él quería que ellos vieran Su gracia, para que pudieran ver Su poder, y que llegaran a conocerlo.

Padre, ¿cómo agradecerte  que nos trates con misericordia?  Tú no nos das lo que merecemos. Muchas veces cuando  murmuramos, cuando somos incrédulas, cuando nos asaltan las dudas, cuando  te acusamos falsamente a Ti o a Tus siervos, vienes y nos dices: “Voy a satisfacer tus necesidades de todos modos. Voy a suplirte. Voy a hacer un milagro”.

Señor, y al mirar hacia atrás, te doy las gracias por esos momentos en los que nos has  demostrado Tu poder, Tu bondad, Tu amor y Tu gracia. No  lo merecemos Señor, pero estamos muy agradecidas. Te pedimos: ¿»Podrías  enseñarnos a desarrollar un corazón agradecido y cultivar un corazón que se contente con Tu provisión.»? Te lo pedimos en el nombre de Jesús, amén.

Leslie: Es tan fácil dejarse llevar por las quejas, y pretender que no es un pecado. Yo sé que el mensaje de Nancy Leigh DeMoss ha dado convicción a una gran cantidad de oyentes sobre este importante tema. Una forma de evitar quejarse es cultivar una actitud de agradecimiento. Nos gustaría ayudarte a aprender a dar gracias activamente en todo tiempo. Nancy te muestra cómo hacerlo en su libro, Sea Agradecido”.

Nancy, este libro  ha hecho una gran diferencia en las vidas de tantas mujeres.

Nancy: Es realmente alentador Leslie. Escuchamos a una mujer que fue diagnosticada con fibromialgia. Decir:

“Sea Agradecido”  realmente me desafió a tener contentamiento y paz durante esta prueba. Como  dices en el libro,  estoy  mejor de lo que merezco. Yo solía tener una actitud de autocompasión. Me sentía tan frustrada cuando no podía levantarme de la cama porque me dolía mucho el cuerpo. Pero ahora estoy muy agradecida por los días en los que puedo levantarme de la cama. En los días en que no puedo levantarme de la cama,  paso más tiempo con el Señor. Ella dice: Gracias a tu libro, Sea Agradecido, y a esta situación, Dios me ha enseñado mucho sobre mí y sobre mi necesidad de Él.

Ahora tu situación puede ser diferente a la de esta oyente, pero no importa en qué circunstancia o etapa de la vida estés, aprender a mostrar gratitud va a transformar tu vida tal como lo hizo con esta mujer.

Si deseas contribuir con nuestro ministerio y ayudar a otras mujeres como esta, sólo tienes que llamarnos al 1-800-569-5959. Si prefieres hacer una donación en línea, simplemente visítanos en www.AvivaNuestrosCorazones.com.

Leslie: ¿Cómo reacciona Dios cuando Su pueblo se queja? Mañana Nancy te llevará de vuelta al Antiguo Testamento para ver los resultados de las quejas de la gente. Por favor, acompáñanos  de regreso en Aviva Nuestros Corazones.

Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras son tomadas de La Biblia de las Américas a menos que se indique lo contrario.

 

 

Un concurso de belleza nada inocente

Un concurso de belleza nada inocente

Serie: Ester: Mujer de Dios en el tiempo de Dios

Carmen Espaillat: Nancy Leigh DeMoss escucha las preguntas de muchas mujeres.

Nancy Leigh DeMoss: ¿Por qué me puso Dios en este matrimonio? ¿Por qué Dios me puso en este trabajo? ¿Por qué Dios me puso en esta comunidad? ¿Por qué me puso Dios en este país, en este lugar, en estas circunstancias? No lo sabemos, pero confiamos en la providencia de Dios y en que Él tiene un propósito en ponernos ahí.

Carmen: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss, en la voz de Patricia de Saladín. Las noticias están llenas de historias sobre las injusticias cometidas en todo el mundo contra la mujer. Esto no es nada nuevo.

Hoy escucharemos sobre una adolescente atrapada en una cultura que no respetaba a la mujer.

Espero que te sientas animada a ver cómo Dios permaneció con ella mientras se movía en ese mundo tan peligroso. Nancy está continuando una serie llamada «Ester, una mujer de Dios en el tiempo de Dios».

Nancy: En estos últimos programas hemos estado en el primer capítulo de Ester, que toma lugar durante el tercer año del reinado del rey Asuero. En este capítulo vemos que la reina Vasti resiste la orden del rey de presentarse en esta fiesta que estaba llena de lascivia y borrachera. Ahora ella ya no está en el trono.

Este primer capítulo tuvo lugar mientras Asuero estaba preparándose para lanzar una guerra ofensiva contra los griegos. El rey no sustituye a Vasti de inmediato, sino que sale a invadir a Grecia, de modo que cuando retomamos el capítulo dos, dice «Después de estas cosas» (versículo 1), en realidad es cuatro años después.

Lo que pasó entre el capítulo uno y el capítulo dos es que el rey sufrió una derrota humillante frente a los griegos y es en ese contexto que llegamos al capítulo dos al versículo uno

Después de estas cosas, cuando el furor del rey Asuero se había aplacado, él se acordó de Vasti, de lo que ella había hecho y de lo que se había decretado contra ella.

Entonces los cortesanos al servicio del rey, dijeron: «Búsquense para el rey jóvenes vírgenes y de buen parecer. Y que el rey nombre oficiales en todas las provincias de su reino para que reúnan a todas las jóvenes vírgenes y de buen parecer en la fortaleza de Susa, en el harén, bajo la custodia de Hegai, eunuco del rey, encargado de las mujeres, y que se les den sus cosméticos. Y la joven que agrade al rey sea reina en lugar de Vasti. Y esto le pareció bien al rey, y así lo hizo» (hasta el versículo 4).

Debemos reconocer que este no era un concurso de belleza ingenuo de «Miss Persia». Estas mujeres están circunscritas al harén del rey. De acuerdo a un historiador antiguo, había unas 400 mujeres allí, o quizás más.

Este era un proceso horrible y degradante. Estas jóvenes estaban acostumbradas a satisfacer la lujuria de este rey lascivo, arrogante, alcohólico e iracundo. Una vez habían estado con el rey, si él no las aprobaba, si no quería que fueran su reina, ellas no podrían casarse jamás.

Se convertían entonces en concubinas y eran confinadas a ser prisioneras en su harén y destinadas a pasar el resto de sus vidas en la soledad; nunca podrían casarse. Esta no era una vida precisamente feliz ni sana.

Ahora, en el párrafo siguiente, empezando con el versículo cinco del capítulo 2, el tono que hemos visto hasta ahora, que es muy secular, muy mundano, muy arrogante, ese tono cambia completamente.

Leemos en el versículo cinco:

Y había en la Fortaleza de Susa un judío que se llamaba Mardoqueo, hijo de Jair, hijo de Simei, hijo de Cis, benjamita, que había sido deportado de Jerusalén con los cautivos que habían sido deportados con Jeconías, rey de Judá, a quien había deportado Nabucodonosor, rey de Babilonia (versículos 5-6).

Desglosemos esto por un momento. Aquí tenemos a Mardoqueo. La Biblia lo identifica como un judío en Susa. Déjenme decirles que hay algo malo con esta imagen. Él está en tierra extranjera.

Los judíos pertenecían a palestina. Aquí está Mardoqueo, judío, en una tierra pagana. No encaja, pero Dios lo va a usar y le va a dar un propósito.

Al igual que Mardoqueo nosotras no pertenecemos a esta tierra. Fuimos hechas para otro lugar. Se llama el cielo. No encajamos aquí en esta tierra, pero Dios quiere usarnos para que seamos de bendición, para cumplir sus propósitos, y para ayudar a traer Su reino a este mundo.

Vemos también que Mardoqueo era de la tribu de Benjamín. ¿A quién más conocen que era de la tribu de Benjamín? Al primer rey de Israel, al rey Saúl.

El bisabuelo de Mardoqueo había sido deportado de Judá por el rey de Babilonia, Nabucodonosor, y Mardoqueo era de la tercera o cuarta generación que había crecido en lo que ahora era Persia. Él vivió en la capital de Susa. Fue puesto allí providencialmente por Dios por razones que él no tenía forma de entender durante ese tiempo.

Él no podía ver. Él no sabía por qué Dios lo había puesto como judío, como extranjero, en medio de este imperio persa. Él no encajaba. Los judíos no encajaban en Persia. No es ahí donde pertenecían, pero Dios providencialmente había colocado allí a Mardoqueo; Él tenía un propósito para su vida.

Podría decirse que posiblemente ustedes no vean, que no sepan; es más, que no podemos ver, no sabemos, todos los propósitos e intenciones que Dios tiene con nuestras vidas en esta tierra. ¿Por qué Dios me puso en este matrimonio? ¿Por qué Dios me puso en este trabajo? ¿Por qué Dios me puso en esta comunidad? ¿Por qué Dios me puso en este país? ¿En este lugar? ¿En estas circunstancias? No lo sabemos, pero confiamos en la providencia de Dios que él tiene un propósito para ponernos allí.

Ahora, el versículo siete nos dice que Mardoqueo:

«…estaba criando a Hadasa, es decir, Ester, hija de su tío, pues ella no tenía ni padre ni madre. La joven era de hermosa figura y de buen parecer, y cuando su padre y su madre murieron, Mardoqueo la tomó como hija suya.»

O sea que Mardoqueo estaba criando a su sobrina huérfana. La había adoptado. La vigilaba. Cuidaba de ella, lo que veremos a medida que sigamos avanzando en el capítulo.

Él cumplió la responsabilidad de un padre hacia una hija; es decir, cuidarla. Es su hija adoptiva. Ester es judía, y los judíos, como veremos, serán una minoría despreciada en el reino.

Dice que ella es joven. Ayer busqué esa palabra en el idioma original, y dice que la palabra «joven» significa doncella. Habla de una muchacha que esté entre la infancia y la adolescencia. Ella era una jovencita, probablemente una adolescente.

Me alegro tanto de que haya mujeres más jóvenes que estén escuchando Aviva Nuestros Corazones todos los días, y me gustaría retar a algunas de ellas a que digan: «Señor, no sé cuál es Tu propósito para mi vida. No sé por qué me hiciste. No sé por qué me pusiste en esta familia, en este tiempo, pero sé que tienes un propósito. Quiero rendirme a ti para cualquiera que sea tu propósito en mi vida».

Vemos que ella es una joven. Vemos que es hermosa. Ese es un detalle pequeño, pero se hace importante. Así es como ella termina en el palacio.

¿De dónde obtuvo Ester su belleza? Dios se la dio. Eso fue parte de la providencia de Dios en su vida.

Ella era huérfana. Tanto su madre como su padre habían muerto. Ella no tenía otra familia que no fuera Mardoqueo, y uno piensa en todas las cosas en la historia de esta jovencita que uno diría que no fueron cosas ideales, cosas que pudieron haberla hecho decir: «No hay esperanza para mí. No valgo la pena».

Si hay una joven que pudiera tener problemas con la imagen de sí misma, aparte de su belleza física, era ella, y aun su belleza física pudo haberle causado problemas de imagen porque ella pudo haber pensado «la única razón por la que me quieren es por mi belleza». Ella era una mujer que tenía muchas razones para no salir adelante.

De modo que con este telón de fondo de la corte real y todos los oficiales del imperio medo-persa, este par, Mardoqueo y Ester, deben haberse sentido terriblemente insignificante, sin oportunidad de influenciar a un rey, y mucho menos a todo un imperio. Según leemos en el primer capítulo, pareciera que Asuero tenía todo el poder, toda la influencia en sus manos.

Así que él solo chasquea sus dedos, y zoom, la reina ya no está; chasquea sus dedos y la gente trae bebidas; chasquea sus dedos, y toda la nación se pone en atención. Él es quien tiene el poder. Pero algo de lo que no se daba cuenta Asuero era de que él, al igual que Mardoqueo y que Ester, todos estaban en manos de un Dios que tiene todo el poder.

Dios tiene todo el poder. Así que aparte de ser insignificantes, resultó que Ester y Mardoqueo iban a jugar un papel vital en la liberación del pueblo de Dios y por lo tanto la continuación de la nación a través de la cual nacería el Mesías. Su simple valentía, su fe y su devoción les permitió ser instrumentos en manos de un Dios soberano que siempre está obrando para cumplir Sus propósitos en este mundo.

Versículo ocho:

«Y sucedió que cuando el mandato y el decreto del rey fueron oídos, muchas jóvenes fueron reunidas en la Fortaleza de Susa bajo la custodia de Hegai; y Ester también fue llevada al palacio del rey, bajo la custodia de Hegai, encargado de las mujeres.»

El rey dio una orden. Traigan a las mujeres. Es uno de los cinco decretos reales hechos por el rey en el libro de Ester.

No sabemos si Ester fue llevada voluntariamente o si fue en contra de su voluntad. He tratado de descifrarlo. He leído este texto una y otra vez al igual que toneladas de comentarios, bueno, tal vez no tantos, pero sí unos cuantos.

No lo sabemos, pero diría, basándome en lo que conocemos hoy sobre Asuero y en lo que sí sabemos del texto, dice que fue llevada, que él hizo un decreto, y yo tendría la tendencia de pensar que ella fue reclutada en contra de su voluntad. Eso es lo que me parece que tiene sentido en este pasaje con todo el resto del pasaje. No sabemos si el rey ejercía autoridad absoluta y negarse o resistirse pudiera haber significado muerte al instante.

No obstante, sea que haya ido por su propia voluntad o que haya sido coaccionada, como pienso que fue el caso, sabemos esto: Sabemos que Dios, en su providencia, trajo lo bueno de lo malo.

Recuerda que Ester no conoce el final de la historia. Nosotras sí sabemos el final de la historia, pero ella no. Trata de ponerte en sus zapatos, en sus sandalias, si es posible, y escucha mientras vemos el versículo ocho.

Y sucedió que cuando el mandato y el decreto del rey fueron oídos [es decir, que todas estas hermosas mujeres debían ser reunidas de todo el reino para participar en una competencia, por así decirlo, para ser la próxima reina], muchas jóvenes fueron reunidas en la fortaleza de Susa bajo la custodia de Hegai; y Ester también fue llevada al palacio del rey, bajo la custodia de Hegai, encargado de las mujeres.

La joven [es decir, Ester], le agradó [es decir, a Hegai, quien estaba a cargo del harén. Ella ganó su favor, y noten esa palabra «favor» porque la verán repetidamente en el libro de Ester.], por lo que se apresuró en proveerle cosméticos y alimentos; le dio siete doncellas escogidas del palacio del rey, y la trasladó con sus doncellas al mejor lugar del harén (versículos 8-9)

Aquí tenemos a esta jovencita adolescente, que llega a este cambio total, inesperado y radical en toda su vida, en todas sus circunstancias. El curso completo de su vida fue alterado radicalmente en un instante.

Pensarás que debió ser suficiente que haya perdido a ambos padres. No sabemos cómo sucedió eso, pero cuando ella era pequeña, perdió a sus padres. Ustedes pensarán: «¿Qué más le puede suceder a esta joven?» y lo que pasa es que tan pronto llega al palacio, rápidamente halla el favor de todo aquel que la conoce.

Acabamos de leer en el versículo nueve que ella rápidamente halló el favor de Hegai, el principal chambelán o eunuco del rey. Si vamos al versículo 15 del mismo capítulo, veremos que ella también halló favor frente a todo el que la veía, y luego en el versículo 17 dice que cuando fue al rey, también halló su favor. Tres veces en este capítulo, ella halló el favor de la gente que la rodeaba.

Ahora, ¿cómo halló ella el favor de las personas y por qué? ¿Qué hacía ella que sobresaliera? Bueno, sabemos que inicialmente fue escogida por su impresionante apariencia física. Ella era bella. Eso dicen las Escrituras, pero pienso que debe haber habido algo más.

No pienso que ella simplemente fuera más atractiva sexualmente que las demás jóvenes. Primero, la mano de Dios estaba en su vida. Dios concede favor.

Pienso sobre el pasaje décadas antes en el libro de Daniel, cuando Daniel fue llevado cautivo al mismo palacio, y en Daniel capítulo uno nos dice que: «Dios concedió a Daniel hallar favor y gracia ante el jefe de los oficiales» (versículo 9). ¿De dónde provino el favor? El favor proviene de Dios.

Dios es el Rey. Dios reina y anula o desautoriza a todos los reyes del universo. Dios le concedió favor a Daniel, y creo que fue Dios quien le concedió favor a Ester porque Dios tenía un plan que era más grande que Daniel, más grande que el rey de Babilonia, más grande que Ester, más grande que el rey Asuero.

Dios tenía un plan para cumplir sus propósitos redentores en este mundo. Daniel era parte de este plan, al igual que Ester. Dios los puso en el palacio y les concedió favor.

Ella halló favor porque la mano de Dios estaba en su vida, pero pienso que hay también otra razón, y es porque ella tenía algo más que belleza física. Ella tenía belleza interior. Ella era una mujer con aplomo.

Mientras leemos el relato completo, vemos que ella es una joven extraordinaria, con un carácter digno de admiración. Su carácter le halló favor. Pienso que ella era una joven encantadora.

Proverbios capítulo 3 nos dice, «La misericordia y la verdad nunca se aparten de ti; átalas a tu cuello, escríbelas en la tabla de tu corazón. Así hallarás favor y buena estimación ante los ojos de Dios y de los hombres» (versículos 3-4).

No se aparten de ti la misericordia y la verdad. Ten un corazón encantador, un corazón piadoso, un espíritu piadoso.

Proverbios capítulo 13 nos dice que, «El buen entendimiento produce favor» (verso 15). Pienso que Ester era una mujer que tenía la cabeza en su sitio. Tenía sensatez, y era Dios quien le permitía ser así. Esa también era la gracia de Dios en su vida, pero les diré algo. Les garantizo que ella no halló favor frente a Hegai y también con el rey y los demás siendo una mujer quejumbrosa, llorona, temperamental, controladora, egocéntrica o regañona. Ese tipo de mujer no halla favor con nadie.

Todo el tiempo recibimos noticias a través de Aviva Nuestros Corazones de mujeres que están pasando por circunstancias duras y difíciles, como Ester cuando estaba en el harén de este rey malévolo y pagano. Hay mujeres que escuchan a Aviva Nuestros Corazones, tal vez algunas de ustedes hoy, que están en matrimonios muy difíciles, en ambientes de trabajo difíciles, ambientes escolares muy difíciles. Vivimos en un mundo malvado y caído, y algunas de estas mujeres, por la forma en que reaccionan a sus circunstancias, pierden el derecho a ganar favor.

Creo que una mujer de Dios puede hallar favor en la peor de las circunstancias si tiene un espíritu encantador, si tiene un corazón piadoso y si tiene un carácter piadoso. Eso es lo que leemos sobre Daniel en ese mismo palacio. Daniel capítulo 6 dice,

«Pero este mismo Daniel sobresalía entre los funcionarios y sátrapas porque había en él un espíritu extraordinario, de modo que el rey pensó ponerlo sobre todo el reino» (versículo 3).

¿Quieres hallar favor delante de Dios y delante de los hombres? Entonces desarrolla un espíritu extraordinario, un espíritu excelente, así como tenía Daniel. Ahora, tener un espíritu excelente no significa que nunca terminarás siendo cautivo, como Daniel o como Ester. Pero significa que Dios podrá obrar en tu vida para lograr sus propósitos cuando tienes ese espíritu excelente.

Pienso que Ester no se dejó influenciar por el espíritu de la gente a su alrededor, sino que se hacía cada vez más y más piadosa, a medida que se desarrollaba la historia. Había algo que se destacaba, algo que era cautivador e impresionante sobre ella, digno de admiración y favor, que iba más allá de su belleza física. Déjenme recordarles que Dios siempre está obrando en todo lugar, aun en el harén de un rey pagano.

Y esto es difícil de entender, ¿no es así? Les digo, no existe ningún lugar donde vivamos o trabajemos o sirvamos o tengamos una función que sea tan oscuro que Dios no pueda estar ahí. Dios está en los lugares más improbables, en tu trabajo secular, en tu familia, en la universidad. Dios es capaz de manifestar su presencia.

Ahora, el versículo 10 nos dice que,

Ester no dio a conocer ni su pueblo ni su parentela, porque Mardoqueo le había mandado que no los diera a conocer. Y todos los días Mardoqueo se paseaba delante del patio del harén para enterarse de cómo estaba Ester y qué le sucedía» (versículos 10-11).

Este es un pequeño paréntesis, tal vez, en este pasaje, pero pienso que vale la pena hacer la observación.

Vemos aquí la relación padre/hija entre Mardoqueo y su hija adoptada, su prima menor Ester, y cómo el rol de padre es instruir, proteger, dirigir y supervisar las vidas de los hijos. La preocupación de Mardoqueo por Ester no terminó cuando ella salió de la casa. Él siguió conectado con ella, lo mejor que pudo. Todavía tenía un sentido de responsabilidad hacia ella.

Ella era su hija. Él la crió como su hija. Déjenme decirles, jovencitas, su mamá siempre será su mamá. Ustedes siempre les importarán a sus padres.

Ahora, ellos no siempre lo harán a la perfección. A veces muestran esa atención de formas equivocadas, pero es propio de un padre preocuparse y cuidar de sus hijos. Era propio de Mardoqueo.

Solo puedo imaginarlo caminando frente a esa corte del harén tratando de averiguar la más mínima noticia. ¿Cómo le va? ¿Qué estará haciendo? Porque, claro está, Ester estaba aislada en ese harén.

Ella no podía salir a hablar con la gente fuera del palacio, pero Mardoqueo era diligente. No era como decir «ojos que no ven, corazón que no siente». Él quiere saber lo que ella estaba haciendo. Él desea estar conectado, y Ester se queda conectada en su corazón.

Mardoqueo le dice a Ester en el momento que ella se va: «No les digas de tu origen». Ahora, no sabemos por qué él dijo esto. Sabemos que había sentimientos antisemíticos en el reino en esos días, y que probablemente lo prudente era que él le diera este consejo, «No les digas de tu origen; no des a conocer a tu propia gente o tu parentela».

No obstante, Ester se sometió al consejo que recibía de Mardoqueo. Continuó siguiendo su consejo, siendo obediente al mismo, aun después de ya no estar bajo su cuidado directo.

Puedo decirles, jovencitas, que he encontrado gran protección y bendición en mi vida como resultado de tomar decisiones, aun como adulta, siguiendo los consejos que mis padres me enseñaron cuando era joven. Algunas de estas cosas, si se las dijera, ustedes dirían, «pero tú eres adulta, toma tus propias decisiones».

Yo tomo mis propias decisiones, y ¿saben lo que decido con mayor frecuencia? Seguir el consejo que recibí de mis padres cuando era joven. De modo que aquí vemos a Ester como una joven que es sumisa. Ella es receptiva. Recuerda lo que se le ha enseñado. Lo pone en práctica una vez llega al punto en que puede hacer lo que ella quiera.

Recuerdo cuando tenía 17 años y mis padres me dejaron ir de Filadelfia al otro lado de los Estados Unidos en California para mis dos últimos años de estudios en la Universidad del Sur de California. No me puedo imaginar cómo me dejaron hacerlo. Ciertamente Dios me protegió, pero quiero decirles que otra cosa que me protegió fue el hecho de que yo escogí, a los 17 años, cuando podía hacer lo que quisiera (podía ir a los lugares que quería; mis padres no estaban ahí para supervisarme), pero Dios me ayudó a tomar las decisiones correctas de acuerdo a lo que mis padres me habían enseñado.

No sé cuántas veces Dios ha protegido mi vida de cosas que pudieron haber sido influencias peligrosas, mortales o engañosas, por haber escogido escuchar el consejo de mis padres. De modo que Ester es discreta. Ella llega al palacio del rey, y no habla sobre su identidad ni su origen. Creo que en parte Dios la bendice y pone su favor sobre ella porque ella escoge permanecer bajo el consejo y la sabiduría que recibió al crecer bajo el cuidado de Mardoqueo.

Carmen: Nancy Leigh DeMoss nos ha estado ayudando a que la historia de Ester cobre vida, recordándonos el suspenso y drama de esta historia. El programa de hoy es parte de una serie llamada Ester: una mujer de Dios en el tiempo de Dios.

Te ayudará a ir más allá de las enseñanzas de escuela dominical sobre una mujer que llegó a ser reina. También te ayudará a ponerte en el lugar aterrador de esta adolescente en un mundo injusto. Lo que es más importante, te ayudará a ver la mano de Dios guiando a Ester a través de cada prueba.

Esta serie te guiará a ti también y te ayudará a aprender más de Su providencia. Si te has perdido alguno de los programas puedes escucharlos en AvivaNuestrosCorazones.com. También espero que te entusiasmes con la guía de estudio que nuestro equipo elaboró, llamada Ester, la reina exiliada. La lectura diaria tomará un tema de Ester, y te ayudará a relacionarlo con tu vida y tu relación con Dios.

Puedes adquirirlo al visitar nuestra página, AvivaNuestrosCorazones.com.

Hemos estado viendo la actitud chauvinista del rey Asuero. Mañana, contrastaremos esa actitud con la visión de Dios de la belleza y el valor de la mujer. Ahora, oremos con Nancy.

Nancy: Señor, te doy gracias porque tú concedes tu favor, y obras aún en las circunstancias más difíciles o improbables. Tu obras te mueves y logras tus propósitos.

Señor, gracias por la influencia piadosa y por las personas que traes a nuestras vidas para entrenarnos, Te pido que nos enseñes y nos muestres cómo vivir Tu consejo. Señor, Te oro por las mujeres que nunca tuvieron padres piadosos, como tampoco influencia o entrenamiento, para que puedan recibirlo de Tu Palabra y puedan vivir en obediencia al consejo de Tu Palabra.

Gracias, Señor, por Tu providencia, por cómo la vemos en esta historia y como estamos aprendiendo a verla en nuestras propias vidas. Gracias, Señor, en el Nombre de Jesús. Amén.

Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss es un ministerio de alcance de Life Action Ministries .

Todas las Escrituras fueron tomadas de la Biblia de Las Américas a menos que se cite otra fuente.

*Ofertas disponibles solo durante la emisión de la serie de radio.

Lo que refleja nuestra vestimenta

Aviva Nuestros Corazones

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Lo que refleja nuestra vestimenta

Por: Marisol Pérez de Díaz

Vivimos una época que nos arropa con sus valores y estilos.  A veces no reflexionamos lo suficiente sobre cómo actuamos o pensamos. En muchas ocasiones somos atraídas, seducidas o engañadas con la última moda, ya sea en la ropa, lo que vemos, leemos o hasta lo que comemos.

No nos preguntamos qué hay detrás de todo esto, o cuál es la filosofía de su creador, ya sea sensualidad, rebeldía o cualquier otro interés.  El furor de lo “último” nos envuelve y nos nubla impidiéndonos reflexionar con cuidado lo que comunicamos nosotras mismas.  No nos detenemos a pensar si nuestros actos son contrarios a los principios hallados en las Escrituras.

Frecuentemente esto sucede en el renglón de la vestimenta, por más que su objetivo sea cubrir, abrigar y adornar el cuerpo, también encontramos elementos de comunicación.  Estos elementos hablan de lo que creemos, nuestra cultura, posición social y económica, el tipo de trabajo que realizamos, el reflejo de nuestro yo interno, nuestras preferencias y nuestra nacionalidad.

No creas que Dios no se interesa en lo que llevas puesto. O que El no ve tu corazón al vestirte.  Él nos muestra en Su Palabra que la vestimenta importa. Desde el libro de Génesis hasta el de Apocalipsis lo vemos a Él como el Diseñador Supremo de todo. En Su Palabra, no te pide que vayas vestida de la época bíblica o del siglo XVIII, por dar un ejemplo; Él quiere que, aunque uses lo actual, sea reflejando siempre el diseño que tiene para ti.

Debemos volver a lo más básico. ¿Qué agrada a mi Señor? ¿Esto refleja un corazón conforme a las verdades bíblicas y a mi nueva ciudadanía?

La moda en el vestir debe ser una herramienta que dé testimonio de que somos creyentes y que refleje Su diseño divino.  En la medida en que nuestro corazón esté lleno de Sus verdades y Su Palabra nos atrape por completo, reflejaremos pudor y modestia en el vestir. Nuestro interés será cada vez más buscar agradarle a Él, no a mí misma; cómo visto conforme a su verdad, aun en medio de cualquier época en que estemos.

Recordemos que nuestro amado Dios tuvo que cubrir la desnudez de Adán y Eva, haciendo un sacrificio. Al igual que ellos decidieron que la mejor vestidura eran hojas de higuera, nosotras hoy, también tomamos nuestras propias decisiones erróneas, con nuestras hojas de higuera.  Hoy conocemos el sacrificio perfecto que cubrió nuestros pecados, como dice 1ª Pedro 1:18-21:

“…sabiendo que fuisteis rescatados de vuestra vana manera de vivir, la cual recibisteis de vuestros padres, no con cosas corruptibles, como oro o plata, sino con la sangre preciosa de Cristo, como de un cordero sin mancha y sin contaminación, ya destinado desde antes de la fundación del mundo, pero manifestado en los postreros tiempos por amor de vosotros, y mediante el cual creéis en Dios, quien le resucitó de los muertos y le ha dado gloria, para que vuestra fe y esperanza sean en Dios…” (RVR1960)

¡Vivamos conforme a estas verdades!

—-¡Déjanos tu comentario y únete a la conversación!—-

Este artículo procede del Ministerio Aviva Nuestros Corazones ® http://www.avivanuestroscorazones.com

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“Buscándole a Él” diariamente

Más allá del tiempo de quietud con Dios

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Serie: En busca de Dios | La vida devocional personal: “Buscándole a Él” diariamente

alimentemos_el_almaAnnamarie Sauter: Con nosotras, Henry Blackaby.

Dr. Henry Blackaby: La cultura, la cultura evangélica, nos hace creer que si le das a Dios 15 minutos de tiempo a solas con Él en la mañana, Dios estará muy complacido contigo.  Yo diría: “No, no, no, Él es tu vida.”

Annamarie Sauter: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss de Wolgemuth, en la voz de Patricia de Saladín.

Antes de continuar con el programa de hoy, queremos recordarte algo muy importante:

Mujer:  Hermanas latinas mexicanas, las invitamos a Aviva Nuestros Corazones «En busca de Dios» Querétaro 2017.  Las esperamos con el corazón abierto.  Y bueno, pues, es de gran bendición.  Esperamos compartir con todas ustedes esta bendición de estar recibiendo la Palabra de Dios, conocer más de Él, y conocer el diseño que tiene Dios para nosotras, el cual nosotras hemos vuelto a conocer, y el propósito de Dios que tiene para nuestras vidas como mujeres.

Para más información visita MujerVerdadera17.com

Estamos en la semana final de una sustanciosa serie llamada En busca de Dios en la que hemos estado viendo qué le sucede a alguien que experimenta un avivamiento.

En esta última semana estamos aprendiendo cómo mantener encendido en nuestros corazones el fuego del avivamiento a través de la oración y de la Palabra de Dios.  Nancy tuvo la oportunidad de hablar con Henry Blackaby acerca de una vida devocional consistente, y estamos a punto de escuchar esa conversación.  El Dr. Blackaby empieza de una forma interesante, listando lo que él llama algunos de los grandes capítulos de la Biblia.

Dr. Blackaby: Leo el Salmo 119 varias veces al año.  Lo hago cuidadosamente porque me dice la increíble diferencia que la Palabra de Dios hará en mi vida diaria.  Me guarda de pecar.  Abre las puertas de mi caminar hacia Dios.  Luego Isaías 35 y 55, Deuteronomio 30—“Mi Palabra no está escondida de ti. Pongo delante de ti la vida y la bendición, la muerte y la maldición” (versos 14-15 paráfrasis). “No me dejes a Mí el cultivar la relación.”

Alguien que me escucha pudiera decir: ¿Dónde puedo encontrar en la Biblia algunos de los más grandes capítulos que descubren el corazón y la mente y el alma y el amor de Dios para mi vida? Yo diría: si tienes alguna duda sobre tu salvación, lee cuidadosamente Primera de Juan.  ¡Es una carta maravillosa! Romanos ocho, ¡qué capítulo tan increíble! Hay grandes capítulos.  Filipenses dos – pero verás, independientemente de lo que estás escuchando, todos tenemos acceso a la Palabra de Dios por nosotros mismos.

Nancy: Para una mujer que pudiera estar viviendo un matrimonio difícil con un no creyente. . .

Dr. Blackaby: Exactamente

Nancy: . . . y que tal vez no tenga personas a su alrededor que tengan hambre de Dios en sus corazones?

Dr. Blackaby: El medio ambiente no te aparta de las Escrituras, pero las Escrituras pueden ayudarte a vencer el medio ambiente.  Puedes vivir una vida cristiana victoriosa.  Esta no depende del medio ambiente, sino de tu relación con Dios.  Es importante que escuches a Dios diciéndotelo en algunos de los grandes capítulos de la Biblia, y todos tienen esa oportunidad.

Me levanto en medio de la noche y leo cuando nadie me está molestando, y también puedo tomar algún tiempo durante el día. Puedo llevar un pequeño Nuevo Testamento conmigo con los Salmos y Proverbios, y puedo hacerlo también en todos esos momentos que muchas veces malgastamos, cuando estoy esperando por el bus o en el consultorio médico.  Bueno, ¿por qué no me llevo las Escrituras conmigo y empiezo a llenar mi corazón y mi mente con las Escrituras? Toda la Escritura es una invitación de parte de Dios para que lo experimentemos a plenitud.

Nancy: ¿Así que usted encuentra a Cristo y encuentra vida en las Escrituras mientras ésta se hace viva para usted?

Dr. Blackaby: ¡Oh, pero por supuesto! ¡Por supuesto! Cada vez que examino las Escrituras, estoy cara a cara con su Autor.

Nancy: La Palabra está viva.

Dr. Blackaby: Es Él.

Nancy: No son solo palabras en una página.

Dr. Blackaby: No lo son.  Son Él mismo.  Este libro es diferente a cualquier otro.  Es un libro vivo, y las Escrituras dicen en varios lugares: “No solo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios” (Mateo 4:4).

La Biblia completa es inspirada por Dios.  Cada palabra es palabra de la boca de Dios, así que cada palabra en la Biblia lleva en sí el potencial de vida que Dios tiene para mí. Lo ves a Él, y ves su naturaleza.  Ves sus caminos, sus propósitos para que ajustes tu vida sin demora.

Es casi como si Dios estuviera hablando, y lo está, y dijera: “Henry, esto es lo que quiero.  Esto es lo que quiero que sepas sobre mí.  Tienes algunas cosas en orden, pero ésta aquí está mucho más allá que donde alguna vez hayas estado.  Quería que supieras que soy de esta forma también, así que la razón por la que estoy abriendo tu mente con respecto a esto es porque estoy en medio de querer hacer eso por ti”.

Nancy: ¿Alguna vez ha abierto las Escrituras, ha empezado a leer y se ha dado cuenta de que su corazón no ha estado dispuesto hacia las Escrituras o que las Escrituras parecían solo palabras en una página, que estaban solo escritas y no se estaban haciendo vivas? ¿Cómo llegó al punto de amar la Palabra y encontrar la vida?

Dr. Blackaby: Bueno, mi vida, y las Escrituras lo dicen así, tiene que ir de ser un bebé, a la niñez a la adolescencia a la adultez.  Uno no empieza como un cristiano ya consumado.  Tengo que pasar por un proceso, de manera que hay leche que satisface.  También hay carne, que satisface también, pero tengo que pasar por el proceso.

Veía a las demás personas, y ellas me decían de lo emocionante que era la Palabra de Dios.  No era así para mí, pero no era porque no pudiera ser así.  Era a causa de mi inmadurez, pero siempre sentía que Dios me tenía en la fase inicial de mi madurez.

Es decir, no trato de que mi hijo de seis años funcione como uno de doce.  Quiero que viva plenamente como un niño de seis años, y si él puede hacerlo, luego cuando tenga siete años, estará listo para experimentar todo lo que un niño de siete años puede experimentar.

Me he dado cuenta de que desde el principio Dios siempre me ha mantenido viviendo al máximo de mi madurez espiritual.  Eso me prepara para la próxima etapa en mi madurez, pero no podía saltar una etapa.  No podía ir de 12 a 20.  Ahora bien, cuando tenía 12 ó 13 quería conducir un vehículo, pero no podía.  No estaba en el nivel de madurez en que pudiera hacerlo, y espiritualmente encontré que era cierto.

Iba a una reunión de oración y escuchaba a algunos de los santos queridos orar por una hora, y yo no podía hacerlo.  Decía: “Me pregunto si mi espiritualidad es tal que no puedo orar por una hora.  No sabría qué decir”. Y Dios dice: “Estás orando al máximo como un niño de 12 años, así que disfruta tener 12 años.”

Nancy: Pero sigue adelante a niveles mayores de madurez.

Dr. Blackaby: Sí, siempre vive al filo de tu nivel de madurez, pero nunca te desanimes porque estés alrededor de personas mucho más maduras.  No tiene nada que ver con la edad espiritual.  Una persona que se hace cristiana a los 40 necesita reconocer que es un bebé cristiano.  Puede que físicamente tenga 40, pero es un bebé cristiano.

No te sientas mal por ser un bebé cristiano.  No permitas que nadie te intimide si no te sabes todas las Escrituras, y no estás caminando en las doctrinas completas de la Biblia.

Nancy: Pero asegúrate de estar creciendo.

Dr. Blackaby: Sí, y disfruta cada etapa.  Pienso que la razón de que mis hijos crecieran tan bien es que disfrutaron, y tratamos de ayudarlos a disfrutar cada edad a plenitud.  Cuando llegaban a la próxima etapa, podían partir de allí, y trataba de hacerlo como pastor.  Nunca esperé que el nuevo creyente lo supiera todo, y traté de ver dónde estaban espiritualmente.  Dios puede darte ese discernimiento.

Ahora, porque una persona sea pastor no significa que sea espiritualmente madura.  Puede que académicamente sea madura, pero no necesariamente lo es espiritualmente.  Estaba hablando con un pastor y su esposa.  Llamaron la semana pasada, y nunca los había conocido.  Dijeron: “Nuestra iglesia está muriendo, y estamos desanimados.  Estamos descorazonados”.

Los dejé hablar, y describieron bastante bien el lío en que se encontraban.  Luego les hablé por el teléfono y dije: Díganme dónde Dios los tiene en el tiempo que pasan a solas con las Escrituras.  ¿En qué porción de las Escrituras los tiene Dios?”

Hubo una pausa, y él dijo: Tengo que confesar, el único momento en que leo la Biblia es para preparar un sermón.”

Le dije: Mi hermano, parte de tu problema es que estás muriendo espiritualmente.  Te has movido de una relación con Dios a una actividad religiosa.

Nancy: Eso también puede ser verdad para una mamá o un laico.  No sólo para los pastores.

Dr. Blackaby: Oh, sí, ¡absolutamente! Podemos hacer toda la actividad y perder la relación, y la actividad no es equivalente a esto.

Para cuando terminé, y les hablé la verdad en amor, ambos estaban llorando y diciendo: “Esta es la mejor llamada que hemos tenido.  Gracias. Gracias”.

Les dije: “Saben, posiblemente Dios los dejó llegar a este punto porque esto los conduciría hacia Él, y eso es lo mejor que puede suceder.  Si Él hubiera ayudado a que la iglesia creciera exitosamente, ustedes nunca hubieran llegado a este punto; y perderse este punto es perderse de Él.  Perderse de Él es perderse de la vida.”

Bueno, el Espíritu de Dios tomó esas palabras y otras más y los ayudó a volver a la realidad de lo que estaba sucediendo en sus vidas.  Dije: “Estoy convencido de que cuando regresen a la relación íntima con Dios, verán una diferencia radical en la forma en que su gente les responde.  No están escuchando una palabra de parte de Dios.  Están escuchando un sermón, y las personas que vienen a la iglesia quebrantadas por haber tenido una semana pesada, no necesitan un sermón.  Quieren una palabra de parte de Dios.”

Nancy: Eso es cierto para una mamá que está criando a sus hijos, que sus hijos necesitan una mamá que haya estado con Dios . . .

Dr. Blackaby: . . . que haya estado pasando tiempo con Dios

Nancy: . . . que haya escuchado de Dios, y no solo es comunicar contenido, cómo deberían vivir. . .

Dr. Blackaby: o reglas, sabías…

Nancy: . . . o reglas, sino que es pasar una relación

Dr. Blackaby: Sí, y dar testimonio sobre la emoción de la relación.

Nancy: Dr. Blackaby, usted probablemente no sabe esto, pero no he sido tan impactada por las cosas que usted ha escrito, los libros que ha escrito, que como lo he sido en los últimos diez años más o menos en las ocasiones que he estado a su alrededor de solo sentir que usted ha estado con Dios, que usted está experimentando la realidad de Dios en su vida, y que su tiempo con Dios en Su Palabra es consistente.  Es dulce. Es real.

Tengo que decir que su vida ha sido un verdadero reto para mí porque mientras Dios más me ha dado un ministerio fructífero y oportunidades para el ministerio, mayor ha sido la batalla. . .

Dr. Blackaby: Mayor la exigencia..

Nancy: con mucha ocupación, con prisa.

Dr. Blackaby: Dímelo a mí.

Nancy: Lo he escuchado hablar en su propio peregrinaje sobre lidiar con la prisa y las exigencias.  Las mamás también experimentan eso.  Pueden ser niños pequeños o un bebé en brazos.

Dr. Blackaby: Así es.

Nancy: ¿Cómo ha lidiado usted, en su vida devocional, en su tiempo en la Palabra con el Señor, cómo ha lidiado usted con la prisa y las ocupaciones y ha mantenido ese tiempo a solas como una prioridad en su vida?

Dr. Blackaby: Bueno, número uno, Dios me dijo que lo amara con toda mi mente.  Es obvio que mi tiempo con Dios es más importante que cualquier otro factor.  Aunque tenga una agenda apretada, no hay nada que se compare con lo que habré perdido si dejo de lado mi tiempo a solas con Dios.

Nancy: ¿Y tiene que luchar para obtenerlo?

Dr. Blackaby: Puede que haya sido así alguna vez en mi inmadurez, pero no es así hoy.

Nancy: Probablemente tiene que decir que no a muchas cosas.

Dr. Blackaby: Él me ayuda a saber cuándo decir no.  Me ayuda a saber cómo ordenar el día, cuándo descansar, así que sé que mi tiempo con Dios es lo principal para yo ahorrar tiempo.  Puede dirigirme sobre algunas cosas que tenga que hacer durante el día.  Puede alertarme sobre otras cosas de las que ni siquiera me había dado cuenta, pero ese tiempo a solas con Dios en la mañana es lo mejor que puedo hacer para ahorrar tiempo durante el día.

No hay nada en mi vida que afecte mi día a día, que mi caminar con Dios.  Siempre le digo a la gente: “¿Dios hace morada dentro de ti? ¿Está contigo todo el día? Entonces, ¿hay alguna parte del día en que pudiera hablarte? Bueno, ¿por qué lo limitas al tiempo que pasas a solas con Él? ¿Por qué dices: “Le daré 30 minutos en la mañana”?  ¡Qué afrenta para un Dios santo!”

La cultura, la cultura evangélica, nos hace creer que si le das a Dios 15 minutos de tiempo a solas con Él en la mañana, Dios estará muy complacido contigo.  Yo diría: No, no, Él es tu vida.  Jesús dijo: es como la viña y los pámpanos.  ¿Le dices a la viña: Bueno, me saciaré de la viña en la mañana y luego voy a separarme de ella. Estaré bien durante el resto del día”?

No puedes.  Él es tu vida, y Él dice: “Sin mí nada podéis hacer” (Juan 15:5). Cuando leo esto, sólo digo: “Esto es absolutamente cierto”, así que tengo comunión con Dios durante todo el día.

Nancy: Usted también aparta tiempo lejos de las multitudes, lejos de otras personas para estar a solas con el Señor.

Dr. Blackaby: Oh, sí.

Annamarie: Qué privilegio es poder escuchar a Nancy DeMoss de Wolgemuth y a Henry Blackaby hablar sobre las riquezas disponibles en la Palabra de Dios y la oración.

Cada semana a lo largo de esta serie nos hemos enfocado en un aspecto del avivamiento en la relación personal con Dios. Esta semana nuestro enfoque es: una vida personal de devoción—la búsqueda diaria de Dios.

Una de las barreras más comunes para la vida devocional es la mucha ocupación—las personas que están muy involucradas y ocupadas con actividades en la iglesia saben a lo que nos referimos. Le hemos pedido a algunas de nuestras radioescuchas que compartan con nosotras cómo vencieron este ocuparse en muchas cosas para conectarse con Dios.  Comencemos con Kim Wagner.

Kim Wagner: Mi esposo estaba pastoreando en Indiana hace unos 12 años, y recuerdo que yo estaba tratando de llegar apresuradamente a Indianápolis a una oportunidad ministerial.  Como esposa de un pastor, estaba muy envuelta en las ocupaciones del ministerio.

En mi vehículo, me sentí tan agradecida de que Dios tan soberana y profundamente haya convencido a mi corazón, diciéndome: “Estás de camino al ministerio, y no pasaste tiempo conmigo esta mañana”.  Solo estaba tratando de llevarme lo que encontrara en el camino.  Mi comida rápida espiritual del día era la estación de radio cristiana.  Dije: Oh, pero este es mi tiempo a solas contigo, Señor, aquí mismo”.

Él dijo: “No, no dejaste que te hablara”.  Estoy tan agradecida por la radio cristiana, pero temo que muchos cristianos en esta sociedad acelerada en que vivimos hoy día la están usando como sustituto para reunirse con Dios.

Estoy tan agradecida de que Él haya tenido que llevarme a mis rodillas para hacer el compromiso con Él de que nunca, nunca, nunca pasaría otro día sin reunirme con Él primero y escuchar de mi Padre, no escuchar de alguien más que había estado con Él o escuchar a otra persona enseñar la Palabra, sino que dejaría que Él me hablara donde yo estuviera, donde Él me encuentre ese día.

Ese ha sido el cambio más importante en mi vida después de la salvación, desde mi salvación, ha sido ese compromiso con la Palabra y la oración y con pasar tiempo a solas con Él diariamente.  Pero es tan fácil, es decir, hasta como esposa de un pastor, como personas del ministerio, es tan fácil enredarse en las ocupaciones y dejar a un lado la reunión más importante de todas.

Mujer: Bueno, yo soy, como dijo Pablo, “el primero de los pecadores”.  Ese tiempo devocional, quieres que sea tan perfecto.  Luchas constantemente con él, pero he tratado de mantenerme, he seguido con la lucha.

Algo específico que quería compartir sobre la perseverancia es que cuidé a mi papá durante nueve años, y luego él tuvo un derrame.  Fui al doctor y el doctor dijo que probablemente viviría unas seis semanas.

Bueno, él me estaba contactando con un centro para enfermos terminales.  Yo lo había cuidado con esta fortaleza que me había dado el Señor.  Lo había hecho tan bien, pero aquí había algo irrevocable, y tenía que aceptar el hecho de que iba a ser aproximadamente seis semanas.  El centro significaba que era irrevocable. Así que el día siguiente, la enfermera venía a hablar conmigo, a entrevistarme sobre admitir a mi papá en el centro.

Me había ido a dormir, y daba vueltas, y oraba y clamaba, y decía: “Señor, no puedo aceptar la irrevocabilidad de esto.  No quiero hablar con la enfermera mañana.  Simplemente no quiero esa entrevista.  No puedo manejarla”.  Y me fui a acostar y me dormí.

A las 4:30 de la madrugada, el Señor me despertó.  Mi Biblia estaba en el piso donde la había puesto junto a la cama, así que la tomé con esta debilidad, para abrirla donde había estado leyendo.  El marcapáginas estaba ahí, y no estaba buscando nada en específico.

Cuando lo abrí, estaba en 1ra de Corintios 15.  Es el capítulo que habla sobre la muerte.  Empecé a leerlo y lo cerré.  Pensé: “Bueno, no tengo que leer esto hoy”.  Luego pensé: “No, ahí era que estaba el marcapáginas.  Dios sabía que yo estaría ahí en ese momento.  Lo leeré”.

Empecé a leer.  Bueno, era tan difícil de leer al principio, cuando empecé a leer sobre la muerte, pero Dios empezó a obrar en mí y a consolarme.  Hay un versículo que dice: “Aunque el hombre exterior se desgasta, el hombre interior se renueva” (2 Corintios 4:16, paráfrasis). Dije: “Señor, permíteme ver que el hombre interior está siendo renovado (Papá era un hombre tan bueno) y no permitas que me enfoque en que se está consumiendo.”

Ya estaba preparada para hablar con la enfermera del centro cuando viniera, pero ese fue un momento tan especial.  Se trataba de mi devocional y era algo que tenía delante de mí tan rutinariamente. No traté de encontrar ese texto; trata de ser perseverante en tu devocional.

Mujer 2: Me siento agradecida de cuando me hice cristiana.  Dios penetró su Palabra en mi corazón, no solo a través del Espíritu Santo, sino de hombres y mujeres llenos de los dones de Dios que Él puso en mi vida y que sabían cómo articular la verdad, que me retaron, que me hicieron querer adentrarme en ese Libro.  Hay algunas personas que Dios bendice con el don de articular Sus Escrituras de tal forma que te hace querer entrarte en ellas y excavar la verdad por ti misma.

He tenido una condición del corazón.  Se llama dureza de corazón.  No sé si a alguna de ustedes alguna vez le haya pasado eso, pero ha habido puntos en mi vida cuando me he apartado de Dios ya sea porque estaba enfadada con Él o estaba enfadada conmigo misma.  Me ha causado dureza de corazón.  Algunas veces, debido a esa condición, no podía entrar al trono, sino que escuchaba alabanzas que me enfocarían nuevamente hacia arriba.  Él me recordaba que Él es quien levanta mi cabeza.

Segundo, hace apenas unos años, vi esa escritura cuando Samuel le habló a Saúl, y Saúl había endurecido su corazón también.  Samuel dijo: “La obediencia es mejor que el sacrificio” (1 Samuel 15:22). Dios usó eso para recordarme que aún cuando no sabía qué decir frente a Él, me sentaba en silencio y abría mi libro y miraba y sólo trataba de sentarme ahí y enfocaba mi mente y no la dejaba divagar, sino que me sentaba ahí y esperaba, que eso es obediencia.  Después de un tiempo, se convirtió en una fuente de agua para mí.  Alabo al señor porque me estaba secando, pero Él se encontró conmigo.

Suzanne: Bueno, soy tan bendecida.  Tengo tantos amigos maravillosos en mi vida.  El Señor Jesús está primero, pero a veces no lo trato así.  Cada miércoles, tenemos un grupo de abuelas.  Siempre empezamos con las Escrituras, y siempre empezamos orando por nuestros nietos pero enfocándonos en un himno y en la Palabra.

Es tan especial, y solo quiero alabar al Señor por las personas maravillosas que sigue poniendo en mi vida para ayudarme a ser más como Él.  Son modelos excelentes.

Annamarie: Algunas radioescuchas de Aviva Nuestros Corazones han estado describiendo tiempos valiosos de quietud con Dios.

Hay muchas herramientas disponibles en nuestra página web AvivaNuestrasCorazones.com que te ayudarán a estudiar la Biblia de manera más efectiva. Otra buena herramienta es el libro de Nancy, En la quietud de Su presencia. ¿Suena la palabra “quietud” como un sueño muy lejano? En este libro Nancy te ayudará a aprender a manejar las distracciones, crear consistencia en tu vida de oración y a entender la Biblia con más claridad.

Si has sido bendecida con este estudio, ¿por qué no lo compartes con otras hermanas? Puedes compartir el enlace del programa de hoy, descargarlo o regalar una copia del libro de Nancy.

Puedes ordenar el libro “En la quietud de Su presencia, o el libro de estudio “En busca de Dios” llamando al 1-800-569-5959, desde EEUU o Canadá o puedes obtenerlos en tu librería cristiana favorita. Para más información visita AvivaNuestrosCorazones.com

Nancy dice: “No puedes escuchar la Palabra de Dios y permanecer neutral.  Tienes que responder de alguna manera”.  Aprende más acerca de esto cuando regreses mañana, en nuestro próximo programa de Aviva Nuestros Corazones.

 

Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss de Wolgemuth es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras fueron tomadas de la Biblia de las Américas a menos que se indique otra fuente.

*Ofertas disponibles solo durante la emisión de la serie de radio.

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