Del vientre de la virgen

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Serie: El Mesías prometido

Del vientre de la virgen

Brandon C. Crowe

Nota del editor: Este es el noveno de 13 capítulos en la serie de artículos de Tabletalk Magazine: El Mesías prometido.

El nacimiento virginal de Jesús es una parte importante del mensaje de la Navidad. «A salvar los pecadores vino al seno virginal”. Esta doctrina es a menudo relacionada con la profecía de Isaías 7:14, pero este pasaje puede ser difícil de entender. ¿Qué significó originalmente? ¿Cómo encaja en el contexto del Antiguo Testamento? ¿Cómo cumplió Cristo esta profecía? Veamos brevemente a Isaías 7:14 —uno de los textos clave que habla del nacimiento virginal— y cómo se relaciona con la obra de Jesús.

Comenzamos con el contexto del Antiguo Testamento, que tiene muchos enredos que desenredar. En Isaías 7, el profeta Isaías es enviado al rey Acaz de Judá para instruirlo a pedir una señal de Dios (vv. 10-11). Esta iba a ser una señal de la provisión de Dios frente a la devastación potencial de Siria e Israel. Aunque pedir una señal de Dios está a menudo relacionado a la falta de fe, aquí Dios ordenó a Acaz que pidiera una señal. En este caso, no pedir una señal indica la falta de fe del rey (v. 12). En lugar de confiar en una alianza política con Asiria (ver 2 Reyes 16:1-9), Acaz fue instruido a confiar en el Dios que gobierna sobre las naciones. El rechazo de Acaz a obedecer la palabra profética y a confiar en Dios llevó finalmente a la invasión de los asirios en forma de abeja (Is 7:17-25).

Aunque Acaz no pidió una señal de Dios, una señal le fue dada. Esto es relatado en Isaías 7:14: “Por tanto, el Señor mismo os dará una señal: He aquí, una virgen concebirá y dará a luz un hijo, y le pondrá por nombre Emmanuel”. Dios mismo escogió la señal: el nacimiento de un niño especial. No está del todo claro a qué niño se refiere aquí. ¿Será Ezequías? ¿O uno de los hijos de Isaías? Pero lo que sí es cierto es que el niño viene de Dios como una señal para Acaz.

Lo que quizás no esté tan claro es si la joven en discusión era en realidad una virgen. Algunos han argumentado que el término hebreo traducido como «virgen» en Isaías 7:14 no es aparentemente el término más común para una virgen y es un término que puede referirse simplemente a una mujer joven que aún no ha tenido un hijo. De modo que, algunos han afirmado que Isaías no está hablando de un nacimiento virginal.

Dios mismo es nuestra ayuda y refugio, y no debemos poner nuestra confianza y esperanza en otro lugar.

Sin embargo, esta objeción es exagerada. Isaías tiene a una virgen en mente. El término que Isaías usa para referirse a una mujer joven consistentemente se refiere a una virgen en el Antiguo Testamento. Además, la traducción griega del Antiguo Testamento (la Septuaginta) traduce el término hebreo sin ambigüedades, usando la palabra griega para «virgen». Finalmente, el testimonio del Nuevo Testamento confirma que Isaías 7:14 se refiere a un nacimiento virginal (Mt 1:22-23).

Este niño prometido es identificado como Emmanuel. Este título significa «Dios con nosotros» y necesita ser entendido en el contexto del pacto de Dios. Emmanuel puede evocar alentadores himnos de Navidad. Aunque en el contexto de Isaías, Emmanuel es una advertencia para Acaz, quien estaba rechazando la Palabra de Dios. En su caso, Emmanuel no era una bendición sino una maldición y una advertencia para que Acaz se arrepintiera. Así es como los pactos de Dios funcionan: Dios pone delante de nosotros una bendición y una maldición, y debemos responder en fe para obtener la bendición.

En resumen, el niño prometido por Isaías a Acaz era una señal de la fidelidad pactual de Dios y una crítica a la falta de fe de Acaz. Dios no abandonaría a Su pueblo. Dios mismo es nuestra ayuda y refugio, y no debemos poner nuestra confianza y esperanza en otro lugar.

La profecía a través Isaías tiene un referente cercano: antes de que este niño creciera, la coalición política que Acaz temía desaparecería (Is 7:16). Sin embargo, el niño que era una señal para Acaz apunta hacia un cumplimiento más definitivo. No está claro si el niño Emmanuel de Isaías 7:14 en los días de Acaz tuvo un nacimiento milagroso, pero sin duda fue una señal de «Dios con nosotros» para bendecir o para maldecir. Esto anticipa la gran venida de Jesús, que ciertamente nació de una virgen y es «Dios con nosotros» como el divino Hijo de Dios. Como en Isaías 7:14, la presencia pactual de Jesús con nosotros trae la posibilidad de una bendición o una maldición, dependiendo de si nos volvemos a Él o lo rechazamos.

La historia del rey Acaz debe servir de advertencia y ánimo. Debe advertir al pueblo pactual de Dios de los peligros de rechazar la Palabra de Dios; al parecer, Acaz incluso hizo pasar a su hijo por el fuego (2 Re 16:32 Cr 28:3). No obstante, también debe animarnos el hecho de que Dios no rechazará a Su pueblo. Él prometió enviar a un niño que traería bendición duradera a Su pueblo y vencería la maldad aparente en el corazón de Acaz, y en nuestros propios corazones. 

El último Emmanuel pasó por el ardiente bautismo del sufrimiento (Lc 12:49-50), culminando en Su muerte sacrificial. Sin embargo, fue resucitado a una nueva vida para que pudiera ser Dios con nosotros por siempre. Como cantamos en Navidad de este fruto del vientre de la virgen:   “Pues al dar Tu vida entera Tú nos traes vida y luz. Has Tu majestad dejado y buscarnos te has dignado; para darnos el vivir a la muerte quieres ir. Canta la celeste voz: ‘¡En los cielos gloria a Dios!’”.

Este articulo fue publicado originalmente en Tabletalk Magazine.
Brandon C. Crowe
Brandon C. Crowe

El Dr. Brandon Crowe es profesor asociado de Nuevo Testamento en Westminster Theological Seminary en Filadelfia y autor del libro “Was Jesus Really Born of a Virgin?” [¿Verdaderamente Jesús nació de una virgen?]

Ni una iota ni una tilde

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Ni una iota ni una tilde

Brandon C. Crowe

Nota del editor: Este es el decimoctavo y último capítulo en la serie «Las duras declaraciones de Jesús», publicada por Tabletalk Magazine. 

El pasaje de Mateo 5:17-18 es clave para interpretar el Sermón del Monte y todo el Evangelio de Mateo:

No penséis que he venido para abolir la ley o los profetas; no he venido para abolir, sino para cumplir. Porque en verdad os digo que hasta que pasen el cielo y la tierra, no se perderá ni la letra más pequeña [una iota] ni una tilde de la ley hasta que toda se cumpla”.

Aquí Jesús dice que ni una iota ni una tilde se perderán de la ley. La referencia a la letra más pequeña del alfabeto hebreo nos indica que el Antiguo Testamento es completamente confiable, incluso hasta el más mínimo detalle. Esto es consistente con la postura de Jesús en otras ocasiones. Nunca encontramos a Jesús expresando desacuerdo con las Escrituras. A pesar de que algunos han argumentado que Jesús discrepa con las Escrituras en la llamada antítesis de Mateo 5:21-48, Él explícitamente nos enseña lo contrario en los versículos 17-18. Jesús no ha venido a abolir la ley Mosaica (o los profetas) sino a cumplirla. En los versículos 21-48, Él no está en desacuerdo con el “escrito está”, sino con el “habéis oído que se dijo” (versículos 21, 27, 33, 38, 43; también ver el versículo 31). Jesús critica las interpretaciones erróneas de las Escrituras, no las palabras escritas en sí mismas.

Por lo tanto, es necesario apreciar la veracidad perdurable de la ley de Moisés ya que Jesús es el cumplimiento de esta ley (5:17; ver Rom 10:4). Jesús no la anula, sino que viene para que todo lo que hay en ella se cumpla (Mt 5:18). Y Él logra esto a través de toda Su obediencia representativa. Aunque la enseñanza de Jesús desafía hasta el alma, Él no vino a agobiarnos con cargas imposibles de llevar (11:28–30; ver 23:4). Solo Jesús, el último Adán y perfecto Hijo de Dios, es capaz de cumplir perfectamente la ley de Dios (3:15) y por consiguiente, capaz de derramar Su sangre para el perdón de los pecados (26:28; ver 1:21; 20:28).

Es necesario apreciar la veracidad perdurable de la ley de Moisés ya que Jesús es el cumplimiento de esta ley.

Esto no significa que los cristianos no deban preocuparse por seguir la ley de Dios; Cristo nos hace libres para obedecerla. Los discípulos de Jesús son llamados a amar genuinamente a Dios y a su prójimo (22:37–40; ver 7:21). Este es un llamado muy elevado, pero Jesús mismo lo personificó a lo largo de Su vida. Por medio de Su obediencia, Jesús nos libera de la carga de tratar de ganar nuestra salvación. Debemos ser misericordiosos por causa de la misericordia que Jesús nos ha mostrado (5:7; 9:13; 12:7; 23:23; ver Os 6:6Mt 18:33). En pocas palabras, la ley de Dios es un testigo permanente de la persona y obra de Cristo, y por medio de Él podemos llamar esta ley, nuestra delicia.

Este artículo fue publicado originalmente en la Tabletalk Magazine.
Brandon C. Crowe
Brandon C. Crowe

El Dr. Brandon Crowe es profesor asociado de Nuevo Testamento en Westminster Theological Seminary en Filadelfia y autor del libro “Was Jesus Really Born of a Virgin?” [¿Verdaderamente Jesús nació de una virgen?]