¿Qué es discipular?

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Serie: Discipulado

Clase 1

¿Qué es discipular?

Si has sido cristiano por mucho tiempo, probablemente has escuchado palabras como «discípulo» y «discipular» ser utilizadas en varios contextos diferentes. Mientras comenzamos en esta mañana, podría ser útil obtener un mejor entendimiento de las imágenes e ideas que esas palabras traen a nuestra mente. ¿En qué piensas cuando escuchas la palabra «discípulo?» ¿Qué te recuerda la palabra «discípulo»? [Las respuestas pueden incluir: disciplina, seguidor, imitador, discípulos de Jesús, relaciones individuales, etc.]

No hay dudas de que existen muchas ideas acerca de lo que puede ser un discípulo. Principalmente en la Biblia, un discípulo es presentado como alguien que sigue la vida y enseñanza de otra persona. De hecho, como veremos en breve más detalladamente, el último mandato que Jesús le dio a sus seguidores fue ir y hacer discípulos (Mateo 28:16-20). Como seguidores de Jesús, nosotros mismos tenemos mucho interés en conocer cómo podemos ser más obedientes a ese mandato – de ir y llevar a cabo la obra de hacer discípulos – a lo cual nos referiremos como la obra de «discipular.»

I. ¿Qué es un DISCÍPULO?

Necesitamos comenzar considerando de manera bíblica lo que pudieran ser algunas de las marcas de un discípulo.

Ciertamente, podemos ser tentados a observar solo a los primeros discípulos o los doce discípulos que son mencionados en el Nuevo Testamento. Sin embargo, frecuentemente ellos tienen un papel único que no puede ser totalmente atribuido a nosotros. No obstante, si observamos los testimonios más amplios de la Escritura podemos obtener una ilustración muy buena de lo que buscamos cuando hablamos acerca de lo que es hacer discípulos.

¿Cuáles son algunas de las marcas generales de un discípulo de Dios?

No empleamos mucho tiempo aquí ahora, pero estas son algunas de los rasgos de un discípulo que buscaríamos motivar si estamos trabajando en hacer discípulos que sean bíblicamente fieles.

II. El MAYOR CONTEXTO para el DISCIPULADO—la IGLESIA LOCAL

Aunque ayuda a conocer el esquema de lo que es un discípulo, también necesitamos saber cómo luce el «discipulado» según las Escrituras. Podríamos mencionar muchas definiciones diferentes acerca de la obra del discipulado. No existe ninguna definición autoritaria dada en ningún lugar de la Escritura. En cambio, el proceso de hacer discípulos es tan crítico para el mensaje de la Biblia que encontramos el tema en toda la Escritura. En el Antiguo Testamento vemos al pueblo de Dios siendo ordenado de manera regula a discipularse constantemente unos a otros, recordándose la fidelidad de Dios y hablando acerca de sus obras, especialmente su rescate durante el Éxodo de Egipto. En el Nuevo Testamento vemos que el proceso de hacer discípulos comenzó con el ministerio de Juan el Bautista cuando él prepara a los hombres y mujeres para la venida de Cristo. Lo vemos en la obra de Cristo cuando Él llama y entrena a sus primeros seguidores. Lo vemos mientras se forma la iglesia en el libro de los Hechos para implementar el mandato del Cristo resucitado que dice «vayan y hagan discípulos.» Lo vemos en las epístolas mientras la iglesia crece en su entendimiento de la tarea de hacer discípulos, tanto para la iglesia como un todo como para los creyentes de manera individual.

Cuando hablamos acerca del discipulado, también necesitamos definir el alcance de lo que tenemos en mente. Para la mayoría, en esta clase estaremos hablando acerca del discipulado relacional o individual—que consiste en relacionarse con otra persona o dos con el fin de hacerle un bien espiritual. Pero eso no es todo lo que sucede cuando estamos haciendo discípulos. Ni tampoco es la forma más importante en que es llevado a cabo el discipulado. Piensa en el discipulado en una escala mayor—lo que hacemos juntos como iglesia en nuestros servicios de adoración pública. En realidad, el discipulado es lo que sucederá si Dios quiere, en solo un momento cuando un predicador se para delante de nosotros y expone la Palabra de Dios. Hacer discípulos es lo que la iglesia a través de las canciones que cantamos, de la Escritura que es leída, de las oportunidades semanales de servir juntos y motivarnos unos a otros, en las relaciones de rendición de cuentas que fomenta, y en la diversidad de dones y amor que forman parte del cuerpo de Cristo en la tierra. En un sentido, el cuerpo de la iglesia es como invernadero que Dios mismo ha construido para hacer crecer y cultivar discípulos de Cristo, para la gloria de Dios el Padre. Lo que estamos hablando en esta clase (por ejemplo, el discipulado individual) es una de las muchas herramientas que Dios utiliza en su invernadero (por ejemplo, la iglesia local) y no debe considerarse de manera aislada con relación a los demás.

Todo creyente es llamado a la obra del discipulado. Solo algunos serán llamados a predicar; solo algunos dirigirán la alabanza pública; o enseñarán a grupos grandes. Sin embargo, es la opinión de esta clase que todo cristiano es llamado por Dios a contribuir en la obra de la iglesia de hacer discípulos a través de relaciones deliberadas y mutuamente motivadoras. Acerca de esto es que primeramente pensamos en esta clase—la relación interpersonal con otras personas que podemos nosotros iniciar. Recuerda, el discipulado individual no debe ser visto como algo diferente a la obra mayor de la iglesia local. Las relaciones individuales de discipulado deben siempre ser parte del amplio contexto bíblico de la obra de hacer discípulos de la iglesia.

III. ¿Qué es DISCIPULAR?

Habiendo dicho eso, consideremos ahora como luce el discipulado 1 a 1 o discipulado relacional. Según la síntesis de la verdad bíblica, pienso que una manera cómo podríamos definir la obra de discipulado es: la motivación intencional de cristianos sobre la base de relaciones deliberadas, de amor y entrenamiento en la Palabra de Dios.

Aunque nuestra definición no es autoritaria, es importante. Las palabras claves en esta definición puede ayudarnos a enfocarnos en que:

  • El discipulado es INTENCIONAL y DELIBERADO – no es algo que simplemente sucede, es el resultado de una iniciativa con propósito de parte de otros cristianos.
  • El discipulado implica MOTIVACIÓN – los cristianos necesitan motivación para ser fieles y perseverar en su fe.
  • El discipulado está enfocado en hacer seguidores de Jesús, es decir, CRISTIANOS – no solo en una reforma moral o algo aun peor, copias de ti mismo.
  • El discipulado está fundamentado en la PALABRA de DIOS – no solo en nuestro buen consejo.
  • Discipular es AMAR – cuidar del alma de alguien de esta manera ES amor.
  • Y finalmente, el discipulado es RELACIONAL porque implica más que solo observar una lección que está en video – implica que los humanos compartamos nuestras vidas unos con otros.

Para entender mejor este tema quiero que pasemos el resto de esta clase pensando en algunos componentes claves de su definición y algunas implicaciones.

Primero, el discipulado bíblico es intencional y deliberado.

Estas son palabras que vas a escuchar mucho en esta clase – intencional, deliberado. Pero necesitamos entender que hacer discípulos no es algo que simplemente sucede, sino que es el resultado de cristianos que responden en obediencia a un mandato imperativo de Dios. El mandato de hacer discípulos no es sólo una estrategia que soñamos para hacer crecer la iglesia, sino la obra principal que Jesús le dio a su pueblo redimido (la iglesia) mientras se prepara para volver desde la diestra del Padre. Recuerda el encargo de Mateo 28:18-20.

Mateo 28:18-20. Y Jesús se acercó y les habló diciendo: Toda potestad me es dada en el cielo y en la tierra. Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo; enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado; y he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo. Amén. (RVR60)

Este no es un encargo que implica simplemente comunicar el mensaje del evangelio, sino hacer discípulos. Ese debe ser en enfoque de nuestro evangelismo – hacer discípulos. Jesús instruye a sus discípulos a volver y hacer discípulos de los demás. Ellos no deben hacer discípulos de ellos mismos, sino de Jesús. Así como Él hizo, ellos deben invertir sus vidas con el propósito de enseñar a los demás a seguir a Cristo.

Y eso es lo que entendemos que estamos llamados a hacer como cristianos-darnos intencionalmente/deliberadamente/a propósito para relacionarnos con los demás y así ayudarles a convertirse en creyentes maduros de Cristo. Esto no es tampoco una obra que es sólo para individuos especiales. A lo largo de la Escritura vemos que todo el pueblo de Dios está llamado a exhortarse unos a otros como una marca de su propio discipulado de Dios.

En Hebreos capítulo 10 el escritor de los Hebreos le dice a los cristianos que reciben su carta «Y considerémonos unos a otros para estimularnos al amor y a las buenas obras.» (He. 10:24). Fíjate que él dice «nosotros» y «unos a otros.» Esta motivación de la vida cristiana es presentada aquí y a través de las Escrituras como una labor obligatoria del pueblo de Dios, y no sólo de algunos profesionales pagados. Y también te fijaste en las palabras «considerar» y «estimular.» Esto no es simplemente algo que sucede si es que sucede, sino algo que el escritor nos dice que «consideremos» pensar, crear estrategias y trabajar deliberadamente con el fin «estimular» a nuestros hermanos y  hermanas hacia adelante en el amor y crecimiento como cristianos.

Podríamos continuar, pero espero que por lo menos puedas apreciar un poco la verdad bíblica de que hacer discípulos no es algo pasivo. Para ser fieles al llamado de hacer discípulos estamos llamados a lanzarnos a la obra de manera intencional y deliberada.

Segundo, el discipulado bíblico es relacional.

La idea de que el discipulado es relacional está entretejida a través del Antiguo y Nuevo Testamentos. En las Escrituras vemos a un Dios que no es simplemente revelado, sino a un Dios que es relacional. A lo largo de la Biblia vemos a Dios revelarse a sí mismo no sólo para transmitir información, sino para revelar la verdad que tiene como fin una relación con Él. En cada momento vemos a dios moviéndose intencional y deliberadamente hacia niveles más profundos y significativos de relación con su pueblo—desde la aparición de su Ley en el Éxodo hasta la promesa de Dios con nosotros en Isaías, hasta la aparición del Cristo encarnado en los evangelios, culminando en una relación cara a cara y sin medicación con el Dios descrito en Apocalipsis.

Tal vez la razón por la cual el proceso por el que trabajamos para construir el pueblo es tan relacional, es porque representa y describe la gran verdad de la naturaleza relacional de Dios. Vemos este enfoque relacional a través de la descripción bíblica de la reunión de los hijos de Dios en la iglesia local. Estas reuniones son descritas como «hogares,» «cuerpos,» «edificios» – imágenes que representan la interrelación y las labores integradas de las diferentes partes. La simple transferencia de información no es suficiente. La iglesia está llamada a relacionarse unos con otros para añadir un aspecto relacional diferente a todo lo que hace, aun al discipulado individual.

Así como muchas otras cosas de la vida de iglesia, el discipulado individual debe desarrollarse en el contexto de relaciones de amor y exhortación. A través de esto llegamos a conocer la vida, las luchas y los dones de los demás y construimos una cultura de iglesia de edificación mutua.

Tercero, el discipulado bíblico es amoroso.

El discipulado intencional relacional no es frío y práctico, sino que se parece mucho a la misma esencia de como Dios nos ha llamado a amarnos unos a otros dentro de su iglesia. Estamos llamados a entregar de forma deliberada nuestras vidas para el bien espiritual de los demás, así como Cristo entregó su vida para nuestro bien eterno. Ciertamente, Cristo hizo por nosotros lo que nunca haríamos unos por otros, Él cargó nuestros pecados como un sustituto perfecto sin pecado – nosotros no podemos hacer eso. Sin embargo, estamos llamados en nuestro estado imperfecto y caído, a reflejar ese perfecto amor de Cristo. ¿Cómo? Derramando nuestras vidas para el bien espiritual de los demás, para su motivación y bendición. Eso es lo que la Biblia describe como amor entre cristianos.

El apóstol Juan lo dice claramente en 1 Juan 3:16 En esto hemos conocido el amor, en que él puso su vida por nosotros; también nosotros debemos poner nuestras vidas por los hermanos. (RVR60)

¿Qué significa decir que Jesús «entregó su vida por nosotros?» Bueno, puede referirse a su obra redentora… porque no podemos imitar eso en nuestras relaciones unos con otros. Debe significar algo más, algo que nosotros como humanos podemos imitar. Debido a esto, pienso que está claro que Él está observando la manera como Jesús entregó su vida, no en la muerte sino en el discipulado.

¿Por qué Jesús entregó su vida por nosotros? Para glorificar a Dios y hacernos un bien espiritual. Para enseñar, modelar, exhortar y amar a sus discípulos.

Debemos reflejar ese amor en nuestras pequeñas maneras de entregar nuestra vida por los demás, con el objetivo de glorificar a Dios y hacerles un bien. Eso es lo que significar amar.

Cuarto, el discipulado bíblico implica entrenar en la Palabra de Dios.

El discipulado implica entrenamiento. Tiene mucho contenido para transmitir y aplicar. Sin embargo, este entrenamiento no puede estar en cualquier cosa. Lo que le enseñamos a las personas y le ayudamos a asimilar es lo que pasarán contemplando y haciendo el resto de su vida. Si le enseñamos a la gente a depender de sí mismos o volverse a las cosas del mundo, nunca encontrarán a Dios.

El discipulado debe estar fundamentado en la Palabra de Dios. Es la Palabra de Dios la que da vida y no el consejo sabio del discipulador. La auto-certificación del poder y habilidad de las Escrituras para transformar es evidente a través de todo el canon.

2 Timoteo 3:16-17 Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia, a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra. (RVR60) (Ver Isaías 55:10-11Santiago 1:212 Pedro 1:3-4).

En su forma más simple, hacer discípulos es la tarea diaria de enfocar a otros en la Palabra de Dios. Como discipuladores, trabajamos duro para no cultivar una dependencia en nosotros y en lugar de eso entrenar cristianos para que se vuelvan a las Escrituras de forma consistente.

IV. EL DISCIPULADO BÍBLICO ES COMO UNA TUBERÍA

Para comprender mejor el concepto de discipulado, consideremos la imagen de un conducto para derramar bendiciones espirituales en la vida de otra persona.

A mi hijo le gustan los equipos de construcción. Él se emociona cuando una grúa toma una pieza de tubería, la levanta en el aire y la coloca entre piezas contiguas de tubería.

El propósito de una tubería es mover el fluido hacia la dirección que debe ir, asegurarse de que va desde la fuente hasta el destino previsto. El discipulado bíblico se parece mucho a lo que es una tubería. Los cristianos que se fundamentan en la verdad de Dios se encuentran en la posición de hacerles un bien a los demás. Dios usa a los cristianos como conductos de su verdad. Tomamos la verdad de Dios, aprendemos a vivir de acuerdo a ella y luego lo pasamos a los demás.[Ilustración: EN UN EXTREMO ESTÁ LLENO DE LA PALABRA «VERDAD DE DIOS» Y AGUA QUE FLUYE HACIA LA TUBERÍA; EN LA TUBERÍA ESTÁ LA PALABRA «TU»; Y EN EL OTRO EXTREMO ESTÁ LLENO DE LA PALABRA «OTROS»]

Las tuberías no tienen mucho de que enorgullecerse (1 Co. 4:7Gá. 6:14). La función de la tubería es simplemente estar en el lugar correcto, llevando la verdad de Dios hacia los demás. ¿Eres tú una tubería?

V. UN PROCESO, NO UN PROGRAMA

¿Por qué puede ser fácil pensar en el discipulado como un programa en lugar de un proceso? Muchos programas han sido desarrollados para hacer «crecer» discípulos. Pero debido a que cada persona es diferente y tiene diferentes luchas y tentaciones, el discipulado no puede ser presentado muy fácilmente.

En esencia, el discipulado es más que todo cualquier cosa que hacemos de manera intencional para ayudar a otros cristianos a crecer en santidad. Es un proceso de ser transformados a la imagen de Cristo; no es un programa. Puede incluir la lectura de un buen libro cristiano y discutirlo; puede significar hacer un resumen de un libro de la Biblia juntos; puede significar tomar una clase de fundamento y discutirla durante el almuerzo; puede significar compartir conocimientos del sermón de la semana durante un café; puede significar llevar a tus hijos a jugar en la casa de otra madre para hablar acerca del devocional del último domingo; puede significar invitar a un hombre o mujer solteros a cenar y hablarles sobre lo que enseña la Escritura del matrimonio y la crianza… y podríamos seguir. Lo que representa el discipulado en la práctica es algo muy amplio. La clave está en que cualquier cosa que hagas debe estar fundamentada en la verdad de la Escritura y ser presentada sobre la base de una relación intencional y amorosa. En pocas palabras, eso es el discipulado.

CONCLUSIÓN

Mientras avanzamos en esta clase consideraremos muchas de las especificaciones de lo que parece ser el discipulado en la práctica, por ejemplo, como discutir un libro con alguien, como estudiar la Biblia juntos, y muchos otros temas específicos. Pero conforme terminamos esta mañana, quiero recordarte que:

  • El discipulado es intencional deliberado – no es algo que simplemente sucede. Requiere que decidas, con la ayuda de Dios, trabajar para ser un canal de transmisión de bendición espiritual en la vida de otra persona – como un aspecto de tu obediencia personal al mandato de Cristo de ir y hacer discípulos.
  • El discipulado es relacional – requiere que busques conocer a otras personas e invertir tiempo en ellas para su bien espiritual. No puede ser hecho a través de un video o cursos de internet… requiere que tu (como parte de la iglesia local) inviertas tiempo real en personas reales.
  • El discipulado es amar – no existe una mejor manera en que puedas mostrar amor a tu hermano creyente en Cristo que considerando de forma deliberada y seria como puedes hacerle un bien espiritual a través de tu relación con Él.
  • El discipulado implica entrenamiento en la Palabra de Dios – queremos que sea la Palabra que transforme y cambie a las personas, y no nuestras opiniones e ideas personales.

Te exhorto a comenzar a pensar en cómo puedes crecer en tu propio discipulado de Cristo, al convertirte en un contribuidor intencional y deliberado de la cultura de discipulado de Capitol Hill Baptist Church.

Por CHBC Capitol Hill Baptist Church (CHBC) es una iglesia bautista en Washington, D.C., Estados Unidos

1/26 – Introducción a la teología sistemática y doctrina de la Palabra

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Serie: Clases esenciales: Teología Sistemática

Clase 1/26

Introducción a la teología sistemática y doctrina de la Palabra

1. Introducción a la teología sistemática

1.1. ¿Qué es la teología sistemática?

Nuestra palabra «teología» proviene de dos palabras griegas, theos, que significa «Dios», y logos, que significa «palabra» o «mensaje». Cuando hablamos de teología sistemática nos referimos a la disposición metódica del estudio de Dios en divisiones lógicas y tópicas.

Por ejemplo, ¿qué dice la Biblia acerca de la creación? La práctica de la teología sistemática tiene como fin reunir todos los textos que aborden el tema de la creación, interpretarlos dentro de la gran historia de la Escritura, y luego resumirlos de una manera fiel y coherente. Si te diriges al reverso de tu folleto, verás el bosquejo para nuestra clase y los temas que estaremos discutiendo juntos.

1.2. ¿Por qué estudiar teología sistemática?

(1) Para la gloria de Dios

Dios se glorifica cuando buscamos conocerle (Filipenses 1:9-11). Por tanto, el objetivo de estudiar teología es llegar a conocer mejor a Dios y aprender cada vez más como complacerle. 1 Juan 2:3 dice: «Y en esto sabemos que nosotros le conocemos, si guardamos sus mandamientos».

(2) Reflejar corporativamente a Cristo a los demás

Como cuerpo de Cristo, estudiamos teología para que la iglesia pueda ser un fiel reflejo de Dios al mundo. En tiempos donde el concepto de la verdad es cuestionado, la iglesia necesita estar preparada para «presentar defensa de la esperanza que hay en vosotros». Porque es a través de nosotros corporativamente, es a través de la iglesia, dice Pablo en Efesios 3 que la multiforme sabiduría de Dios es dada a conocer a los principados y potestades en los lugares celestiales (Ef. 3:10).

(3) Santificación y crecimiento individual

Individualmente, debemos estudiar teología a fin de que podamos ser santificados y crecer en conocimiento y fe. No queremos simplemente conocer acerca de Dios, como si él solo pudiera ser conocido a la distancia. No, en realidad queremos conocer a Dios personalmente y tener una relación con él. «El principio de la sabiduría es el temor de Jehová» (Pr. 1:7).

La verdad alimenta la adoración. La teología provoca la doxología. Es bueno preguntar, si nuestra adoración se siente superficial, ¿podría ser porque tenemos una teología superficial? Sin teología no hay combustible para el fuego de nuestra adoración. El calor duradero no viene de buscar más chispas (un orador motivacional, una conferencia nueva y genial, gran sonido musical). El calor duradero viene cuando vertimos la verdad de la Palabra de Dios en nuestras almas. ¡Lo que el pueblo de Dios más fundamentalmente necesita es una gran visión de Dios!

(4) La doctrina importa

Por último, deberíamos estudiar teología porque la doctrina importa. Ser un discípulo va más allá de tomar una decisión única. Escucha a Jesús en Juan 8:31: «Si vosotros permaneciereis en mi palabra, seréis verdaderamente mis discípulos». No podemos simplemente inventar lo que creemos que Dios es o imaginar que él aprobará esto o aquello. Si lo hiciéramos, con mucha frecuencia terminaría pareciéndose a nosotros. Quizá esta sea la razón por la cual Pablo advierte a Timoteo: «Porque vendrá tiempo cuando no sufrirán la sana doctrina, sino que teniendo comezón de oír, se amontonarán maestros conforme a sus propias concupiscencias, y apartarán de la verdad el oído y se volverán a las fábulas» (2 Ti.4:3-4).

Es la tentación del hombre caído determinar nuestra teología como un almuerzo bufé o un equipo de fútbol de fantasía. Pero la Biblia no concede a ningún cristiano el derecho de escoger y elegir qué doctrinas bíblicas quiere creer. La Biblia habla acerca del infierno, entonces necesitamos saber acerca del infierno. La Biblia habla acerca de la elección, necesitamos saber todo lo que las Escrituras dicen acerca de la elección.

La doctrina importa no solo porque necesitamos guardar las enseñanzas de Jesús, sino porque también debemos aclarar lo que Jesús y la Biblia no enseñan. ¿Es el mormonismo compatible con el cristianismo? ¿Promete Dios a sus seguidores prosperidad material? ¡Estas preguntas importan!

Entonces, ¿por qué estudiamos teología sistemática? La estudiamos (1) para la gloria de Dios; (2) para reflejar corporativamente a Cristo a los demás; (3) para santificación y crecimiento individual; y (4) porque la doctrina importa.

Habiendo aclarado por qué queremos estudiar teología sistemática, veamos algunas características fundamentales de la teología sistemática.

1.3. Hacer teología sistemática – Características fundamentales

1.3.1. Fundamentada bíblicamente

La teología sistemática debería tener algunas características clave. En primer lugar, debería estar fundamentada bíblicamente.

Últimamente, cada cosmovisión apela a una norma, un estándar, un tribunal de apelación de última instancia para determinar lo que es verdad. Cuando se trata de asuntos teológicos, la Biblia es esa norma.

Aunque esa es la posición de esta clase, debes saber que muchos no estarán de acuerdo con esta afirmación. El catolicismo romano, por ejemplo, alega que la enseñanza de la Iglesia tiene autoridad al menos a la par, si no superior, a la autoridad de la Biblia.

El «modernista» eleva la razón por encima de la revelación. Alega que «la base adecuada para creer una cosa no es que la Biblia o la tradición la contengan, sino que la razón y la conciencia la recomiendan» (Packer, Fundamentalism and the Word of God).

Mientras que el «posmodernista» niega la capacidad de hacer declaraciones absolutas de la verdad. No hay Autor (A mayúscula) que dé significado y orden al mundo. Por tanto, no hay una sola historia que defina nuestra existencia, ninguna metanarrativa bíblica de la creación a la redención. En cambio, cada uno de nosotros tiene lenguajes y experiencias propias, y versiones igualmente viables de la verdad. Para el «posmodernista» es ilógico apelar a verdades universales o a la «exactitud» de una religión por encima de otra.

Pero la enseñanza de esta iglesia es que solo la Biblia es la inspirada e inerrante Palabra de Dios, decisiva y completamente autoritativa para la fe y la vida. Veremos por qué creemos esto en unos momentos.

Así que, en primer lugar, la teología bíblica necesita estar fundamentada bíblicamente…

1.3.2. Informada históricamente

En segundo lugar, nuestra teología sistemática debería estar informada históricamente. Eso no quiere decir que la Biblia tenga un papel secundario frente a tradiciones históricas. Quiere decir que no hacemos teología en el vacío. Estamos parados sobre los hombros de gigantes. La historia tiene mucho que enseñarnos, y los evangélicos de hoy en día a menudo olvidan esto.

1.3.3. Contextualizada

En tercer lugar, nuestra teología sistemática debería estar contextualizada. No hacemos teología sistemática en un laboratorio estéril. No es nada fría, seca y clínica. Lee acerca del ejemplo de Pablo en Atenas en Hechos 17. Debemos tomar la enseñanza de la Biblia y aplicarla a los asuntos apremiantes de nuestros días. ¿Qué significa ser hombre y mujer? ¿Realmente existe algo como la verdad? ¿De qué manera definimos la vida? Esto tiene consecuencias para todo desde lo que pensamos acerca de los dormitorios mixtos hasta la ingeniería genética.

1.3.4. Vivida

Finalmente, nuestra teología sistemática debería ser y debe ser, vivida. La ortodoxia muerta no es verdadera ortodoxia. Recuerda la iglesia en Sardis de Apocalipsis 3:1, el apóstol Juan escribió: «tienes nombre de que vives y estás muerto. Sé vigilante». Estaban siendo condenados por no vivir la palabra viva que habían recibido. Así que si sales de esta clase y tus afectos no se agitan, tu alma no es alentada y tu vida transformada, no estás haciendo teología sistemática sin importar cuánto conocimiento poseas. La verdadera teología es la teología viva. Debería fortalecer nuestra fe y facilitar nuestro caminar.

Por tanto, queremos asegurarnos de que cualquier teología sistemática que hagamos esté (1) fundamentada bíblicamente, (2) informada históricamente, (3) contextualizada y (4) siendo vivida en nuestras vidas.

La doctrina de la Palabra
2.1. Introducción

Vayamos a nuestro primer tema de la clase: la doctrina de la Palabra. Aquí veremos por qué creemos que solo la Biblia, sola scriptura como lo expresan los reformadores, debe ser nuestra máxima autoridad cuando se trata de la fe cristiana.

A lo largo de nuestro curso mantendremos dos suposiciones o presuposiciones: (1) existe un Dios (trino, soberano y personal); y (2) él habla o se revela a nosotros.

Eso no es una excepción. Cada cosmovisión comienza con una presuposición, o serie de ellas. Para el empirista, es que nuestro mundo es una caja cerrada, solo podemos conocer lo que tocamos, probamos, sentimos, y que nuestros sentidos son guías confiables. Para el racionalista, es que se nos da un conjunto de ideas innatas en la mente (ya sea porque nacemos con ellas o porque el alma preexistía), y que el conocimiento surge cuando aplicamos la razón a dichas ideas.

Para el cristiano bíblico, es que Él está presente y no está callado (título reconocido de Francis Schaeffer). Que Dios existe y habla es, de hecho, una de las principales formas en que la Biblia distingue al Dios verdadero del resto de los dioses falsos (1 Reyes 18:24ff; Salmo 115:5ff; Habacuc 2:18-20).

Piensa en Elías desafiando a los profetas de Baal a un duelo y viendo como el único Dios verdadero trae fuego al agua de la zanja mientras que el falso dios Baal falla en responder.

O piensa en el salmista en el Salmo 115 diciendo: «Los ídolos de ellos… tienen boca, mas no hablan, tienen ojos, mas no ven».

Ahora bien, cuando nos referimos a la Palabra de Dios, no nos referimos simplemente a la Biblia. La Biblia es simplemente la Palabra de Dios escrita. La Palabra de Dios incluiría el poder por el cual Dios lleva a cabo todas las cosas según el designio de su voluntad (Ef. 1:11), incluida la creación (Gn. 1.3, Jn. 1.3). Es su presencia personal con sus criaturas. Pablo escribe en Romanos 10: «Cerca de ti está la palabra, en tu boca y en tu corazón» (Ro. 10:6-8). La Palabra de Dios lo revela. Por tanto, obedecer la Palabra de Dios es obedecer a Dios, despreciar su palabra es despreciarlo a él (Is. 66:2).

Incluso podríamos decir que la palabra o el habla de Dios es uno de sus atributos. Él es un Dios que habla. Eso no significa que la Biblia sea necesaria para su ser, pero la comunicación sí lo es. Hay compañerismo dentro de la Deidad. De la misma manera que Dios no tuvo que crear para ser creativo, no tuvo que hablarnos para demostrar que es comunicativo. Damos por hecho esto, pero el habla es el obsequio de Dios para nosotros.

Y una de las formas clave que toma la revelación… es la Escritura, la revelación especial de Dios comprometida con la escritura.

Entonces, comenzamos con las presuposiciones de que (1) existe un Dios y que (2) él habla o se revela a nosotros…

2.2. El caso de la Biblia como nuestra autoridad

¿Pero cómo sabemos que la Biblia es la palabra autoritativa de Dios para su pueblo? ¿Simplemente citamos 2 Ti. 3:16: «Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia»? ¡No! La Biblia como la palabra autoritativa de Dios impregna toda la Escritura. No está aislada simplemente a uno o dos versículos.

2.2.1. El Antiguo Testamento

Volviendo al Antiguo Testamento, vemos que la fe del antiguo Israel se basaba en la autoridad de la palabra escrita. No necesitamos ir más allá de los Diez Mandamientos, los cuales Dios mismo escribió, sobre dos tablas de piedra.

Moisés escribe en Dt. 5:22: «Estas palabras habló Jehová a toda vuestra congregación en el monte, de en medio del fuego, de la nube y de la oscuridad, a gran voz; y no añadió más. Y las escribió en dos tablas de piedra, las cuales me dio a mí».

Al entrar en una relación pactal con Israel, Dios le dio al pueblo su Palabra. Y a medida que se desarrolla la historia de la redención, Dios constantemente lleva a su pueblo de vuelta a su Palabra del pacto (véase Dt. 32).

¿Y dónde es puesta esta palabra? En el lugar más sagrado, en el Arca del Pacto. ¿Por qué? ¡Porque vino directamente de Dios!

El resto de los escritos de Moisés y las posteriores escrituras proféticas fueron siempre considerados no menos divinos, no menos verdaderas palabras de Dios, que las palabras que Dios había escrito con su propio dedo. El hecho de que el hombre escribió las palabras nunca afectó la realidad de que su autoridad e inspiración eran divinas (Romanos 3:2, Hechos 4:25, 28:25, Hebreos 3:7, 8:8, 10:15). «Así dice el Señor» de un profeta es equivalente a Dios hablando directamente.

2.2.2. El Nuevo Testamento reconoce la autoridad de las Escrituras del Antiguo Testamento

Y el Nuevo Testamento comparte este mismo testimonio de la autoridad divina del Antiguo Testamento. Jesús mismo trató las Escrituras del Antiguo Testamento como absolutamente autoritativas. En el Sermón del Monte, leemos que Jesús no vino a abolir la Ley o los Profetas (forma abreviada para hablar de todo el Antiguo Testamento), ni a corregirlos, sino a cumplirlos (Mt. 5:17). Él no solo tiene una alta visión de sí mismo, ¡sino que claramente tiene una gran visión de las Escrituras del Antiguo Testamento!

Jesús trató los argumentos de las Escrituras del Antiguo Testamento como decisiones finales. En Juan 10:35, Jesús declara que «la Escritura no puede ser quebrantada», refiriéndose al Antiguo Testamento. Cuando Jesús dice, «escrito está», la discusión ha terminado. Un buen ejemplo de esto es cuando Jesús cita Deuteronomio cuando es tentado en el desierto por el diablo.

Además, Jesús mismo acató las Escrituras. Se nos dice que vivió una vida perfecta de acuerdo con las Escrituras del Antiguo Testamento. Según su propio testimonio, incluso su muerte en la cruz ocurrió porque «era necesario que se cumpliese todo lo que está escrito de [Él] en la ley de Moisés y los profetas» (Lc. 24:44).

2.2.3. El Nuevo Testamento reconoce una autoridad a la par del Antiguo Testamento

Pero el Nuevo Testamento no solo testifica de la autoridad del Antiguo Testamento, sino que también reconoce su propia autoridad a la par con el Antiguo Testamento. Entonces en Mateo 28, Jesús habló a los discípulos después de su resurrección y parece ungirlos particularmente para completar su enseñanza. En Juan 14-16, Jesús promete enviar a los discípulos el Espíritu Santo que les recordará lo que les ha enseñado en el curso de su ministerio y guiarlos a toda verdad, incluyendo la enseñanza que Jesús no dio durante su ministerio terrenal porque era más de lo que los discípulos podían soportar (Véase también 1 Corintios 2:13 y Juan 16:12-15).

Los discípulos entendieron esto también. En 2 Pedro 3:16, Pedro dice de los escritos de Pablo que: «[Él] ha escrito, casi en todas sus epístolas, hablando en ellas de estas cosas, entre las cuales hay algunas difíciles de entender, las cuales los indoctos e inconstantes tuercen, como también las otras Escrituras…». Las cartas del apóstol Pablo se equiparan con las Escrituras.

En 1 Timoteo 5:18, Pablo dice: «Pues la Escritura dice…» y luego cita Deuteronomio y el Evangelio de Lucas, que no fue escrito por un apóstol sino que fue claramente aprobado y afirmado por aquellos apóstoles que todavía estaban vivos.

El punto inconfundible es este: el Antiguo Testamento y el Nuevo Testamento dan fe de las Escrituras como la revelación autoritativa de Dios para su pueblo. La Biblia nos llega en un paquete unificado, lo que significa que no podemos escoger y elegir lo que nos gusta. Si es la Palabra de Dios, no estamos por encima de ella, determinando lo que aceptaremos y lo que no, sino que nos mantenemos debajo de ella, como los llamados a someternos humildemente a ella.

2.3. El canon de la Escritura

Pero esto hace surgir la pregunta de cuáles escritos representan la revelación autoritativa de Dios. Esta es la pregunta del canon. Canon es la transliteración griega de una palabra semítica que significa «caña de medir», «regla» o «estándar».

Inherentes a la discusión hay una cantidad de preguntas. Primero, ¿cómo obtuvimos estos 66 libros? Esa es la pregunta histórica que consume los programas de PBS o History Channel, donde la historia de la Biblia se convierte en un drama político sórdido con tratos clandestinos para conseguir este libro, mantener ese libro, etc.

Pero también hay más preguntas teológicas. Entonces, ¿cuál es la relación entre el canon y la autoridad? ¿Cuál vino primero? A saber, ¿los libros tenían una autoridad inherente que el canon simplemente reconoció o la Iglesia creó el canon, y así la iglesia le confirió autoridad a los libros colocándolos dentro del canon? U otra pregunta, ¿está cerrado el canon? Si es así, ¿por qué?

Estas son las preguntas que comenzaremos a considerar la próxima semana.

Clases Esenciales

Las clases esenciales de Capitol Hill Baptist Church nos ayudan a entender las sutiles complejidades y las grandes verdades de nuestro Dios, de la teología, del ministerio y de la historia, de la cual él es el autor. Diseñadas para usarse los domingos por la mañana, como una escuela dominical, las clases esenciales están abiertas a todas las personas. Por favor, siéntete libre para usar estos materiales de las clases esenciales en tu iglesia. Puedes imprimir y copiar todos los archivos (manuscritos, apuntes, etc.) como sea necesario, incluso adaptándolos para tus necesidades locales (personalizando los documentos para tu congregación). Es posible que existan enlaces en algunas de las clases que te dirijan a materiales protegidos por derechos de autor, pertenecientes a otras organizaciones.

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