Dios tiene el control

23 Enero 2017

Dios tiene el control
por Charles R. Swindoll

Job 12:1-23

alimentemos_el_almaSinceramente admiro el coraje de Job. Me alegra mucho que no se dé por vencido, diciendo: “Bueno, tal vez tienes razón, Zofar. Has hablado como tus otros dos amigos, y por eso no voy a contradecirte ni a argumentar contigo en cuanto a esto”. ¡De ningún modo! La fuerte crítica de Zofar es respondida con una reacción aún más fuerte por parte de Job. Esta es, a propósito, la única manera de enfrentar a un legalista. Ellos, también, son como las cucarachas. Si uno no las controla, se multiplican y atraen a otras; y cuando uno menos lo espera, los legalistas toman el control. Su método favorito para tomar el liderazgo es intimidar a los demás. Y si no pueden intimidar, se van con sus cosas a otra parte (gracias al Señor), se marchan.

Hubo un tiempo en mi vida en el que permití que los legalistas me controlaran. Pero ahora estoy recuperando el tiempo perdido. Envejecer tiene sus beneficios. He aprendido a la brava que uno tiene que combatir el fuego con el fuego cuando los intimidadores están resueltos a asumir el control. ¡Job no lo aceptó! Paró a Zofar de la misma manera que Pablo se opuso a los judaizantes y “ni por un momento cedimos en sumisión a ellos” (Gálatas 2:5).

Cuando Job habla finalmente, dice en realidad. “Muy bien. Ya es suficiente”. Se enfrentó con valentía a ellos. Yo, por lo menos, admiro mucho a Job el no haberse quedado allí aguantando el ataque.

Job dice: “¡Se trata de nuestro Dios! Es el Dios inescrutable y poderoso quien tiene el control de todas las cosas. ¿Pensaban ustedes que yo no sabía eso?” ¡Qué forma tan creativa de decirlo! “El Dios que yo adoro se deleita en trastornar los planes humanos y en desbaratar las empresas humanas, y mientras lo hace, lleva a cabo su obra milagrosa. Solo Él tiene todo el control”.

Job está dejando en claro que solo Dios es el único ante quien él se inclina, y al hacerlo da a entender esto: “No estoy seguro de que ustedes lo hayan conocido jamás. No me intimiden. Aunque no sé por qué estoy sufriendo así, puedo decirles que por alguna razón y de alguna manera el Dios del cielo, el Dios callado, aquel que parece estar ausente desde mi perspectiva, sigue teniendo el control”.

¿Sería usted capaz de decir lo mismo si estuviera en la situación de Job?

Tomado del libro Buenos Días con Buenos Amigos (El Paso: Editorial Mundo Hispano, 2007). Con permiso de la Editorial Mundo Hispano (www.editorialmundohispano.org). Copyright © 2017 por Charles R. Swindoll Inc. Reservados mundialmente todos los derechos.

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Tocando la superficie

21 Enero 2017

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Tocando la superficie
por Charles R. Swindoll

Job 11:1-20

Querido lector le pregunto ¿Está usted buscando diligentemente conocer las profundidades de Dios, o solo está tocando la superficie?

¿Alcanzarás tú las cosas profundas de Dios?
¿Alcanzarás el propósito del Todopoderoso?
Es más alto que los cielos;
¿qué puedes tú hacer?
Es más profundo que el Seol;
¿qué puedes tú saber?
(Job 11:7, 8)

alimentemos_el_almaPermítame repetirle la pregunta: ¿Está usted buscando diligentemente conocer las profundidades de Dios, o solo está tocando la superficie? Solo usted conoce la respuesta. Nuestra cultura actual está tan ocupada, que podemos volvernos expertos fingiendo que lo hacemos. Pudiera parecer que estamos yendo a las profundidades cuando, en realidad, solo estamos tocando la superficie. Por eso la respuesta se la debe dar usted mismo. ¿Está buscando diligentemente conocer las profundidades de Dios? ¿O lo que está haciendo es sólo asistir a un montón de reuniones religiosas, leer unos cuantos libros religiosos y aprender todo ese vocabulario que suena a religioso?

Uno de los más recientes libros del psicólogo y maestro bíblico Lawrence Crabb, se titula The Pressure’s Off (Libre de presión). Él dice:

Como una cultura, el cristianismo de hoy ha redefinido a la madurez espiritual. Los reformadores sabían que éramos salvos para glorificar a Dios. Nosotros, los cristianos modernos, vivimos para ser bendecidos. Ahora se piensa que los maduros entre nosotros son los exitosos, los felices, la gente eficiente que está a la cabeza de las cosas y haciéndolo bien… Somos más atraídos por los sermones, libros y conferencias que revelen los secretos para tener una vida plena… que por la orientación que nos guíe en medio de las aflicciones a la presencia del Padre…

Parece que tenemos más interés en tener una existencia cómoda, que en dejar que Dios nos transforme espiritualmente por medio de las dificultades de la vida.

Eso toca en lo vivo, ¿verdad? No huya de las dificultades. No busque a un amigo para que este le ayude a salir de ellas rápidamente. Persevere. El Señor le sacará adelante. El resultado será que usted dejará de patinar.

Esta pregunta es para que usted la responda de manera personal, introspectiva y honestamente: ¿Está usted buscando diligentemente conocer las profundidades de Dios, o solo está tocando la superficie?

Tomado del libro Buenos Días con Buenos Amigos (El Paso: Editorial Mundo Hispano, 2007). Con permiso de la Editorial Mundo Hispano (www.editorialmundohispano.org). Copyright © 2017 por Charles R. Swindoll Inc. Reservados mundialmente todos los derechos.

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Preguntas inútiles

19 Enero 2017

Preguntas inútiles
por Charles R. Swindoll

Job 10:1-22 – Job sigue luchando. Elifaz no lo impresionó. Ni tampoco recibió consuelo ni sabiduría de Bildad. No tiene ningún mediador para presentar su caso; por consiguiente, Job habla con mucha sinceridad. En realidad vuelve a hacer las preguntas que había hecho antes, y con todo el derecho. Está confundido. No lo entiende. Por eso, pregunta y con razón:

¿Por qué, pues me sacaste de la matriz?Hubiera yo perecido, y ningún ojo me habría visto.
Habría sido como si nunca hubiera existido, conducido desde el vientre hasta la tumba.
¿Acaso no son pocos los días de mi existencia?
Apártate de mí, de modo que me aliente un poco (Job 10:18-20).

alimentemos_el_alma«¿Por qué no me saco de la matriz y me llevó a la tumba?” Ay, Job, de nuevo al punto donde comenzaste. En efecto, cuando termina su respuesta, cae de nuevo en la depresión. Habla de su desaliento, de sus densas tinieblas y de su oscuridad. Por respeto a la lucha íntima de Job, sugiero que no vayamos más allá. Esto termina con una nota de tristeza, pero no sin ciertas lecciones que debemos recordar.

Primera: Cuando el sufrimiento deshace nuestro espíritu, las palabras filosóficas no ayudan a hacerle frente a la realidad. Lo único que pudieron ofrecerle a Job sus supuestos amigos consoladores fueron palabras huecas en forma de divagaciones filosóficas y conceptos teóricos. Eso no le produjo ningún alivio, ningún respiro en su sufrimiento. Las palabras filosóficas no sirven para nada cuando se dan a quienes están sufriendo.

Segunda: Cuando no se halla un mediador, las preguntas inútiles no nos darán esperanza. Estamos rodeados de personas hoy en día que están preguntándose dónde hay esperanza para seguir adelante. . . para soportar la mañana de su sufrimiento. Muchas de ellas anhelan tener un mediador, alguien que pueda representar su causa y defender su caso. Es posible que usted sea esa persona. Si es así, puede saber lo que Job no supo. El mediador que él anhelaba no sólo está vivo, sino además accesible y listo para oír su historia. A diferencia de los amigos de Job, Él no es un filósofo. Él es el Redentor, su nombre es Jesús. Y cualquiera que viene a Él en busca de consuelo lo encontrará. La misericordia del Señor es más grande que su sufrimiento.

La misericordia del Señor es más grande que su sufrimiento. —Charles R. Swindoll

Tomado del libro Buenos Días con Buenos Amigos (El Paso: Editorial Mundo Hispano, 2007). Con permiso de la Editorial Mundo Hispano (www.editorialmundohispano.org). Copyright © 2017 por Charles R. Swindoll Inc. Reservados mundialmente todos los derechos.

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Un árbitro

18 Enero 2017

Un árbitro
por Charles R. Swindoll

Job 9:1-35

alimentemos_el_almaJob anhela tener un árbitro que pudiera servir como intermediario para comunicarse con este Dios santo y poderoso. Desea tener a alguien que pudiera defender su caso. A Job le encantaría presentar su caso en la corte divina, pero no tiene un mediador. Lo que él está diciendo, en realidad, es esto: “Me encantaría venir y presentarme delante del Juez santo, de mi Dios, pero no puedo hacerlo. Él no es hombre para que pueda venir a mí, y yo no tengo en mí mismo lo que se necesita para presentarme delante de Él. Necesito un intermediario, un mediador. ¿Hay algún árbitro que esté disponible?”

¡Si Job hubiera vivido muchos siglos después! “Hay un mediador”, le escribe Pablo a su joven amigo Timoteo, refiriéndose a aquel que nos representa delante de Dios el Padre. No es otro que Jesucristo el Señor.

Esto es bueno y aceptable delante de Dios nuestro Salvador, quien quiere que todos los hombres sean salvos y que lleguen al conocimiento de la verdad. Porque hay un solo Dios y un solo mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo hombre, quien se dio a sí mismo en rescate por todos, de lo cual se dio testimonio a su debido tiempo (1 Timoteo 2:3-6).

Pablo habla de nuestro mediador, de nuestro árbitro. “Hay un solo mediador entre Dios y el hombre”, y Él es identificado específicamente como “Jesucristo hombre”. Cuando se trata de la vida eterna, no hay muchos mediadores. Solo hay uno: Jesucristo. No tenga miedo de ser tan específico, Jesús no lo tuvo. Durante su ministerio terrenal, Él habló de sí mismo como “el camino, la verdad y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí” (Juan 14:6).

Cuando se trata de la persona de Cristo, Él es solo y único mediador entre Dios y la humanidad. ¡Él es el solo y único Salvador! Y por eso respondemos: “Oh Job, hay un mediador. No lo has conocido, pero algún día, Job, el mundo sabrá de Él.

¿Y usted amigo? ¿Conoció ya a mi Salvador?

Tomado del libro Buenos Días con Buenos Amigos (El Paso: Editorial Mundo Hispano, 2007). Con permiso de la Editorial Mundo Hispano (www.editorialmundohispano.org). Copyright © 2017 por Charles R. Swindoll Inc. Reservados mundialmente todos los derechos.

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Ahora lo sé

17 Enero 2017

Ahora lo sé
por Charles R. Swindoll

Job 3:1-26

alimentemos_el_almaHay veces en que las palabras de otras personas sólo sirven para empeorar las cosas. Decir esto puede ser demasiado simple; por lo tanto, ¿para qué hacerlo? Bueno, ¿lo aprendió ya? ¿Está usted todavía prestando oídos a alguien? Si es así, no es extraño que esté confundido.

Hay ocasiones en las que lo que Dios hace solo sirve para confundirnos más. Bueno, ya lo dije. ¿Qué trato de decir con esto? Que no espere entender todo lo que sucede en cuanto ocurre.

A mí no me importa que usted tenga un doctorado obtenido en una grande y prestigiosa universidad. Párese frente al espejo, estando solo, sin que haya nadie a su alrededor, y diga con indiferencia, con un encogimiento de hombros: “No lo sé… realmente no lo sé». Y puede añadir: “No puedo decir por qué sucedió. No lo sé.» Repita las palabras varias veces: «No lo sé.” La gran noticia es que Dios nunca se encoge de hombros. Él nunca dice eso, sino que dice, con aguda percepción: «Yo sé exactamente por qué sucedió esto. Yo sé el camino que estás tomando. Sé por qué lo haces. Sé cuánto tiempo estarás allí, y sé cuál va a ser el resultado final». Encogerse de hombros y la persona de Dios son incompatibles.

Mientras usted se encoge de hombros y dice con humildad genuina: «No lo sé», Dios le está diciendo: “Te felicito. Confía en mí en el misterio. Fíate de mí.” Dios nunca prometió que nos informaría su plan por anticipado; Él solo ha prometido que tiene un plan. Y que, al final, será para nuestro bien y para su gloria. Él lo sabe, pero nosotros no. Por eso es que actuamos con indiferencia y admitimos: “No lo sé”. Por tanto, si usted y yo nos encontramos algún día y me hace una pregunta profunda y difícil, no se sorprenda si me encojo de hombros y le digo: “No lo sé.”

Pero esto sí sé: La muerte de Su hijo Jesucristo no fue en vano; Cristo murió por usted; y si usted cree en Él, Él perdonará sus pecados, y usted irá a vivir con Él para siempre. Usted tendrá el cielo y todas las bendiciones de que hay en Él; eso sí lo sé.

Es un viaje difícil el llegar hasta allí. Está lleno de confusión, luchas, encogimiento de hombros, seguido por una gran cantidad de “no sé”. Pero cuando los cielos se abran y estemos allí, no habrá más encogimiento de hombros, y usted podrá decir: “¡Ahora lo sé!”.

No espere entender todo lo que sucede en cuanto ocurre. —Charles R. Swindoll

Tomado del libro Buenos Días con Buenos Amigos (El Paso: Editorial Mundo Hispano, 2007). Con permiso de la Editorial Mundo Hispano (www.editorialmundohispano.org). Copyright © 2017 por Charles R. Swindoll Inc. Reservados mundialmente todos los derechos.

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Buenos y malos consejos

16 Enero 2017

Buenos y malos consejos
por Charles R. Swindoll

Job 3:1-26

alimentemos_el_almaTodos los que leen este capítulo han recibido alguna vez en su vida un mal consejo, y usted le hizo caso a quien se lo dio. Siguió el consejo que recibió y después sufrió las consecuencias. Asimismo, todos nosotros hemos sido beneficiados por los buenos consejos de alguien. Estábamos inseguros y confundidos, y por eso buscamos a alguien en quien confiábamos. Recibimos un buen consejo, lo seguimos y disfrutamos los beneficios.

Tomemos, por ejemplo, Proverbios 12:15: “En la opinión del insensato su camino es derecho, pero el que obedece el consejo es sabio.» Usted y yo hemos experimentado en verdad esas palabras. Hemos sido insensatos, pensando que teníamos la razón, pero luego, afortunadamente, vino nuestro padre o nuestra madre, un maestro o quizás un amigo que nos hizo entrar en razón. El resultado es que fuimos beneficiados de su sabio consejo.

“Como el agua refleja la cara, así el corazón del hombre refleja al hombre” (Proverbios 27:19). Estoy seguro de que usted ha vivido ocasiones así. Tenía algo profundo en el fondo de su corazón que no había podido sacar. Pero viene alguien que le ama y esa persona tiene la habilidad de lanzar un balde en ese profundo pozo, lo saca y luego derrama su contenido alrededor para que ambos lo puedan ver con claridad.

Tengo que añadir que no siempre es fácil escuchar el consejo sabio. “Fieles son las heridas que causa el que ama, pero engañosos son los besos del que aborrece” (Proverbios 27:6). El hebreo utiliza aquí una interesante raíz verbal en la primera parte del versículo. Esto se conoce como “raíz causativa”, que nos permite hacer la siguiente afirmación: “Dignos de confianza son los moretones causados por los golpes de quien te ama”. La herida que queda después del golpe verbal de alguien que le ama, es una herida digna de confianza. Con un amor genuino, su amigo le dirá la verdad; estando a solas, en privado, para que escuche lo duro que usted necesita confrontar. La herida quedará con usted, pero será una mejor persona gracias a ello. Esa herida es mucho más útil y más confiable que un hipócrita abrazo, el “beso” de un adulador a quien Salomón llama nuestro “enemigo». El buen consejo siempre es bueno, aunque duela escucharlo, ya sea usted quien lo reciba o quien lo dé.

El buen consejo siempre es bueno, aunque duela escucharlo.—Charles R. Swindoll

Tomado del libro Buenos Días con Buenos Amigos (El Paso: Editorial Mundo Hispano, 2007). Con permiso de la Editorial Mundo Hispano (www.editorialmundohispano.org). Copyright © 2010 por Charles R. Swindoll Inc. Reservados mundialmente todos los derechos.

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Expresar el sufrimiento

14 Enero 2017

Expresar el sufrimiento
por Charles R. Swindoll

Job 3:1-26

alimentemos_el_almaHay días demasiado oscuros para la persona que sufre, días así le impiden ver la luz. Así es como se encuentra Job al final de este capítulo. Lamentablemente, sus supuestos amigos no le darán ningún alivio. Al igual que Job, es posible que usted tampoco haya visto la luz durante mucho tiempo.

Hay experiencias demasiado severas que no dejan que el que sufre conserve la esperanza. Cuando una persona se deprime mucho debido al sufrimiento que lleva por dentro, es como si perdiera todas las esperanzas. Por eso Job reconoce su falta de tranquilidad, su ausencia de paz y su profundo deseo.

Hay valles que son demasiado profundos como para que los angustiados encuentren alivio. Pareciera que cuando están en esta situación, no hay razón para seguir adelante. Ya no tenemos lugares donde dirigir nuestra mirada y hallar consuelo. Es entonces cuando nuestra mente comienza a jugarnos malas pasadas, haciéndonos pensar que ni siquiera Dios se interesa por nosotros. ¡Falso! ¿Recuerda las palabras que solía citar Corrie ten Boom? Yo siempre las recuerdo: “No hay hoyo tan profundo que sea más profundo que el Señor”. Yo lo sé. Quienes están con una depresión profunda no recuerdan que no podemos razonar con ella. Esto es algo que ellos negarían, porque sienten que hay una inmensa distancia entre ellos y Dios, y eso es turbador y atemorizante. Pero la buena noticia es que Dios no solo está allí. . . sino que también se interesa.

Es importante mencionar que no hay ninguna crítica severa contra Job al final del capítulo 3. Dios no le dice: “¡Qué vergüenza, Job!” Dios sabía cómo tratar las palabras de Job. Él entendía por qué dijo lo que dijo. El Señor también le entiende a usted. Lamentablemente, las palabras de Job quedaron escritas y los predicadores las han estado utilizando durante siglos. Afortunadamente, las de usted y las mías se mantendrán, así esperamos, siendo un secreto dentro de nuestros autos, en nuestros dormitorios, o a lo largo del estrépito de las olas, o quizás bajo los enormes árboles de un bosque. Dios puede encargarse de todo esto; por lo tanto, dígale todo lo que siente. Dígale lo que hay en su corazón. Usted nunca podrá reponerse totalmente de su sufrimiento si no lo expresa del todo. Job no se quedó con nada. Y ahora lo admiro más que cuando comencé a leer el libro.

Dirija su mirada a lo alto para encontrar la Luz.

Dios puede encargarse de todo, dígale todo lo que siente. —Charles R. Swindoll

Tomado del libro Buenos Días con Buenos Amigos (El Paso: Editorial Mundo Hispano, 2007). Con permiso de la Editorial Mundo Hispano (www.editorialmundohispano.org). Copyright © 2017 por Charles R. Swindoll Inc. Reservados mundialmente todos los derechos.

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Palabras de consuelo

13 Enero 2017

Palabras de consuelo
por Charles R. Swindoll

Job 3:1-26

alimentemos_el_almaEn los primeros años de la década de los 60, cuando un cristiano sufría una depresión como la de Job lo reconocía con sinceridad, nunca lo decía públicamente. Se tragaba su sufrimiento. El primer libro que leí sobre este tema, que trataba de los trastornos emocionales y de la enfermedad mental entre los cristianos, fue considerado herético por la mayoría de mis hermanos evangélicos.

La opinión reinante en ese tiempo era sencilla: los cristianos no tenían colapsos emocionales. Además, ¡usted siempre se recuperaba rápidamente de una depresión!

¿Sabe usted qué palabra se utilizaba en la primera mitad de la década de los años 60 para referirse a los que luchaban con una depresión profunda? Nervioso. “Tiene un problema nervioso”. O, simplemente: “Ella está nerviosa”. Si usted, Dios no lo quisiera, tenía que ser hospitalizado por su trastorno “nervioso”, no había una palabra cristiana que pudiera definir eso. Repito: usted no se lo contaba a nadie. Debía darle mucha vergüenza el no confiar en el Señor en medio de su lucha ni descansar en su fidelidad para “sacarle” de su depresión.

Recuerdo al profesor de un seminario, que nos hablaba en cuanto a la ayuda que podíamos dar a las familias cuando había que oficiar un funeral. Si la persona se había suicidado y había sido creyente, nunca debíamos hablar de ese hecho. Francamente eso no sonaba correcto entonces, ni tampoco suena correcto hoy. ¡El consejo basado en los sentimientos de culpa nunca suena correcto porque no es correcto! Y eso que yo no estaba bien enterado entonces de que Job capítulo 3 se había escrito. De haberlo sabido, le habría dicho al profesor: “Oiga, ¿y qué me dice de Job?”.

Quiero escribir esto para los que están leyendo estas palabras, y que puedan estar en el foso, luchando por volver a la normalidad. Es posible que las cosas se les hayan vuelto tan sombrías que estén necesitando la ayuda de un psicólogo (o un psiquiatra) cristiano competente para que le ayude a orientarse. Lo más inteligente que pueden hacer es encontrar uno y visitarlo. En realidad, vaya hasta donde tenga que ir. Pero asegúrese de que el consejero conozca realmente al Señor Jesucristo y que sea de verdad competente, capaz de darle la dirección que necesita, para que usted pueda batallar con su maraña de sufrimiento. Y añadiría algo más: “Que el Señor le bendiga por cada hora que pase tratando de salir del hoyo donde ha estado. Tenga esperanza. Nuestro fiel Dios le sacará adelante”.

Tomado del libro Buenos Días con Buenos Amigos (El Paso: Editorial Mundo Hispano, 2007). Con permiso de la Editorial Mundo Hispano (www.editorialmundohispano.org). Copyright © 2017 por Charles R. Swindoll Inc. Reservados mundialmente todos los derechos.

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Cruda realidad

12 Enero 2017

Cruda realidad
por Charles R. Swindoll

Job 3:1-26

alimentemos_el_almaSi existiera una película sobre la vida de Job y su familia, la hubiera alquilado para verla esta noche, al llegar a esta parte de la historia la habría adelantado; no habría querido que sus hijos la vieran. Es que esta parte no sólo no está editada, ¡sino es muy cruda y casi raya en lo herético!

Parte de la historia es francamente odiosa. No queremos creer que un hombre tan excelente como Job, al que vimos en los capítulos 1 y 2, sea el mismo que usted encuentra en el capítulo 3. Simplemente, no queremos creerlo. ¿Por qué razón? En parte, porque tenemos la falsa idea de que cualquiera que tiene una vida de intimidad con Dios no tendrá nunca jamás problemas en su vida. Después de todo, “Dios le ama y tiene un plan maravilloso para su vida”. ¿Correcto? Usted supo muy bien, después de una semana de haberse convertido, que no podría desarrollar alas para remontarse sobre los problemas de la vida.

Tenemos que entender que el “plan maravilloso” de Dios es maravilloso desde su perspectiva, no desde la suya o la mía. Para nosotros, “maravilloso” significa comodidad, salud, todas las facturas pagadas, cero deudas, cero enfermedades, un matrimonio feliz con dos hijos de buena conducta, un trabajo gratificante y bien pagado, y a la expectativa de muchas bendiciones, éxitos y prosperidad todo el tiempo. Eso es “maravilloso” para nosotros, pero el plan maravilloso de Dios no es así.

Job nos hace volver a la realidad, a la clase de realidad de Dios. ¿Recuerda la pregunta que le hizo Job a su mujer? “Recibimos el bien de parte de Dios, ¿y no recibiremos también el mal? ¿Recuerda, también, sus palabras finales? “En todo esto Job no pecó con sus labios” (Job 2:10).

Pero este mismo hombre pronto parece ser otra persona, por eso Job capítulo 3 nos inquieta tanto. No queremos que nuestro héroe piense o hable de la manera que lo hace aquí. No parece ser ya un hombre de Dios. Tiene incluso, la osadía de decir al final: “Estoy intranquilo. Estoy molesto. Estoy confundido”. ¿Qué le ha sucedido? Es que se nos ha permitido conocer el lado pesaroso de Job, que es tan real como cualquiera de nosotros en el día de hoy, pero con la diferencia de que Job lo revela todo. Por fortuna, Job nos recuerda que aun los buenos se pueden deprimir.

¿Se ha deprimido usted seriamente alguna vez? No lo olvide, Dios sigue estando allí.

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Amigo?

11 Enero 2017

Sin pedirlo
por Charles R. Swindoll

Job 2:11-13

alimentemos_el_almaLos amigos se ocupan de nosotros sin que se lo pidamos. Nadie envió un mensaje a Elifaz, Bildad y Zofar diciendo: “¿Quisieran hacer el favor de venir a traer un poco de compasión y consuelo a Job? El hombre se está muriendo en esta vía crucis de angustia y sufrimiento”. Eso no era necesario, porque los verdaderos amigos se presentan cuando la persona que aman está sufriendo de verdad. Los amigos no necesitan una invitación oficial. Ellos vienen espontáneamente.

Los amigos responden con compasión y consuelo. La compasión incluye identificarse con la persona que sufre. Eso es lo que hacen los amigos. Entran a su vía crucis con el propósito de sentir su angustia y de ser tocados personalmente por el dolor. Consolar es tratar de aliviar el dolor, ayudando a hacer más ligera la aflicción. El amigo hace mandados para ellos. Cuida de los niños. Les trae comida. Hace lo que sea para ayudar, porque quiere consolar a su amado amigo.

Los amigos expresan abiertamente la intensidad de sus sentimientos. Tienen maneras de hacerlo, ¿no? No es extraño ver a un amigo en la habitación de un hospital conteniendo las lágrimas. No es raro que un amigo exprese sus sentimientos más profundos. Los conocidos circunstanciales no hacen eso, por lo general; los amigos verdaderos dan a conocer sus sentimientos.

Los amigos no se sienten mal cuando ven algo desagradable. Por el contrario, vienen a nuestro lado y se acercan a nosotros lo más posible. Los amigos no se sienten ofendidos si la habitación huele mal. Los amigos no se apartan de nosotros porque la persona que han venido a visitar es solo un esqueleto y su peso es la mitad de lo que era antes.

Los amigos ven más allá de todo eso. No nos abandonan porque el mundo se nos vino abajo y uno tiene los nervios destrozados. Por el contrario, eso los acerca más. Estos hombres literalmente rasgaron sus mantos, se echaron polvo en la cabeza, levantaron sus voces y se echaron a llorar cuando se sentaron en el suelo con Job. Demostraron la intensidad de su angustia permaneciendo siete días y siete noches sin decir una sola palabra.

Los amigos entienden, y por eso dicen muy poco. Las palabras no son siempre lo que necesita quien sufre. Lo que el amigo necesita es a usted, su amigo.

Las palabras no son siempre lo que necesita quien sufre. —Charles R. Swindoll

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