Nada se le compara

18 Febrero 2017

Nada se le compara
por Charles R. Swindoll

Job 38:1-41

Dios es prominente y preeminente. Es majestuoso en Su poder, magnífico en Su persona y maravilloso en sus propósitos. ¡Qué reconfortante es replegarnos a la sombra de nuestra propia insignificancia y dar total atención a la grandeza de nuestro Dios! ¡Se trata solamente de Él!

Muy diferente al caso de la niñita que iba caminando al lado de su madre bajo un fuerte aguacero con truenos ensordecedores. Cada vez que se producía un relámpago, su madre notaba que la niña se daba vuelta y sonreía. Caminaban un poco más, había otro relámpago, y la niña se volvía otra vez y sonreía. La madre finalmente le dijo: “Querida, ¿qué sucede? ¿Por qué te volteas y te sonríes después del resplandor del relámpago?”

“Bueno”, dijo ella, “quiero estar serena y sonreír para Dios, porque Él me está tomando una fotografía”.

Damos un gran paso hacia la madurez cuando finalmente entendemos que no se trata de nosotros ni de nuestra importancia. Se trata de la magnificencia de Dios. De Su santidad. De Su grandeza. De Su gloria.

El SEÑOR marcha en el huracán y en la tempestad; las nubes son el polvo de sus pies.

¡Bueno es el SEÑOR! Es una fortaleza en el día de la angustia y conoce a los que en Él se refugian. (Nahúm 1:3, 7)

Dios es trascendente. Él es magnífico. ¡Solo Él es admirable! Él está en todas partes, encima de nosotros, dentro de nosotros. Sin Él no hay justicia. Sin Él no hay santidad. Sin Él no hay la promesa del perdón ni la fuente de verdad absoluta ni razones para soportar ni esperanza más allá de la tumba. Nada se compara con Él.

Dios es majestuoso en su poder y maravilloso en sus propósitos.—Charles R. Swindoll

Tomado del libro Buenos Días con Buenos Amigos (El Paso: Editorial Mundo Hispano, 2007). Con permiso de la Editorial Mundo Hispano (www.editorialmundohispano.org). Copyright © 2017 por Charles R. Swindoll Inc. Reservados mundialmente todos los derechos.

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Aprenda del sufrimiento

16 Febrero 2017

Aprenda del sufrimiento
por Charles R. Swindoll

Job 28:1-28

En nuestra congregación hay un hombre que hace poco fue operado del cerebro. El tumor que tenía en la parte central de su cráneo estaba empujando hacia atrás su cerebro y destruyendo poco a poco su memoria. Cada semana, el crecimiento del tumor se le hacía más pronunciado y más debilitante, de modo que la única alternativa era la operación del cerebro.

Después de salir con éxito de la operación, lo visité en el hospital. Tenía una cicatriz sobre el cuero cabelludo, que iba desde su oreja izquierda, pasando por la parte superior de la cabeza, hasta la oreja derecha. La incisión se mantenía cerrada con grapas de acero inoxidable. Estaba acostado en su cama y sonriendo cuando entré a la habitación. No pasó mucho tiempo sin que me diera cuenta de que mi visita a él tuvo una razón diferente a la que yo había planeado. Al ir recibí una nueva carga de sabiduría. Él no recibió nada de mí; yo la recibí de él.

Estuvo hablando del Señor desde el momento que iniciamos nuestra conversación hasta que me marché. Mencionó percepciones que el Señor le había dado. Habló de las lecciones que había comenzado a aprender. Habló de la enorme sensación de paz que había disfrutado desde el comienzo mismo de su enfermedad. Quiero decir si alguna vez un hombre estuvo totalmente concentrado en el Señor, ese hombre era él. Sus palabras fluían con un tono de dulzura. Había un ritmo de tranquilidad en nuestra conversación cuando él respondía. Él estaba diciendo, en realidad: “Por favor, no me compadezca. Esta operación del cerebro se ha convertido en mi oportunidad para confiar en el Señor con todo mi corazón, para que Él me enseñe algunas cosas que de otra manera no habría aprendido”. Estaba, literalmente, regocijado, como también su esposa. La sabiduría y el entendimiento habían eclipsado totalmente el dolor y el pánico.

¡Cuán cierto es esto! Mi amigo que estaba en el hospital no necesitaba compasión sino respeto, ¡y lo tuvo de mí ese día! Él nos aventaja en sabiduría a muchos de nosotros. Por eso, cuando habla, es con una nueva visión en cuanto a la vida. Él sigue todavía respondiendo a los problemas de la vida con alegría. Esa visión y ese gozo les han venido de Dios a través de la experiencia del sufrimiento. El beneficio más importante ha sido el reordenamiento de sus prioridades.

Job nos enseña una lección única: Cuanto mayor es el sufrimiento, mejor sabemos lo que realmente importa. Ahora volvemos al punto donde comenzamos: El sufrimiento nos ayuda a tener claras nuestras prioridades y a pensar sólo en los objetivos correctos.
¿Qué sabiduría ha logrado usted por medio del sufrimiento?

El sufrimiento nos ayuda a tener claras nuestras prioridades.—Charles R. Swindoll

Tomado del libro Buenos Días con Buenos Amigos (El Paso: Editorial Mundo Hispano, 2007). Con permiso de la Editorial Mundo Hispano (www.editorialmundohispano.org). Copyright © 2017 por Charles R. Swindoll Inc. Reservados mundialmente todos los derechos.

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Dios y solamente Dios

15 Febrero 2017

Dios y solamente Dios
por Charles R. Swindoll

Job 28:1-28

Permítame darle una definición sencilla de la palabra sabiduría. Sabiduría es ver la vida desde la perspectiva de Dios. Cuando empleamos la sabiduría, estamos viendo la vida como Dios la ve. Por eso es tan importante pensar como lo hace Dios. Uno verá las circunstancias y las pruebas como Dios las ve. Verá la vida en familia y la crianza de los hijos como Dios las ve. Interpretará los acontecimientos actuales como Dios los interpretaría. Se enfocaría en una perspectiva amplia. Vería la verdad, aunque todo lo que haya a su alrededor sea engaño y mentiras.

Demos un paso más y definamos otro término espiritual: Entendimiento. ¿Qué significa? Entendimiento es responder a las luchas y los problemas de la vida como quisiera que lo hagamos. No con pánico y confusión. No renunciando a las cosas que son valiosas para nosotros, y no comprometiendo nuestra integridad. Cuando tenemos entendimiento, respondemos a los problemas de la vida como Dios quiere que respondamos. Confiamos en Él. Creemos en Él. Rechazamos el miedo. No vivimos de acuerdo con los impulsos humanos ni tampoco conforme a los convencionalismos de la cultura de hoy.

Es sumamente importante que tengamos una visión firme, y que respondamos con entendimiento. Esta visión y este entendimiento no podemos encontrarlos con nuestros propios esfuerzos ni son el resultado de nuestra búsqueda personal. Dios nos los proporciona por su gracia. El versículo 20 hace dos grandes preguntas:

¿De dónde, pues proviene la sabiduría?

¿Dónde está el lugar del entendimiento?

No dice: ¿Dónde podemos hallar consejo? No dice: ¿De dónde viene la opinión? Yo podría nombrar una o dos docenas de fuentes, pero la mayoría de ellas no valen la pena. Entonces, ¿de dónde viene esta sabiduría? ¿Dónde podemos encontrar verdadero entendimiento?

Usted puede conseguir cuatro doctorados, y nunca adquirir sabiduría o entendimiento. Usted, en verdad, no logrará temor del Señor de la educación superior. Ni siquiera las mejores universidades ofrecen un curso en cuanto al temor del Señor. ¿Cuál es la fuente de este temor? Dios y solamente Dios. Con “temor del Señor” me estoy refiriendo a un gran respeto hacia Dios, acompañado de un aborrecimiento personal al pecado. Ahora podemos ver por qué Salomón escribió: “El comienzo de la sabiduría es el temor del SEÑOR, y el conocimiento del Santísimo es la inteligencia” (Proverbios 9:10).

Tomado del libro Buenos Días con Buenos Amigos (El Paso: Editorial Mundo Hispano, 2007). Con permiso de la Editorial Mundo Hispano (www.editorialmundohispano.org). Copyright © 2017 por Charles R. Swindoll Inc. Reservados mundialmente todos los derechos.

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Convicciones verdaderas

14 Febrero 2017

Convicciones verdaderas
por Charles R. Swindoll

Job 27:1-23

Considerar las bendiciones pasadas nos da razones para regocijarnos. A ustedes, que son padres y todavía están criando a hijos, permítanme aconsejarles que les enseñen a hacer esto, practicándolo a menudo. El momento de la cena es una gran oportunidad para recordarlo. Es un momento ideal para pensar en el día transcurrido y contar las bendiciones que recibimos.

Recontar presenta pruebas que nos obligan a tragarnos nuestro orgullo. Sugiero que recontemos las pruebas por las que estamos pasando en el presente, y les permitamos que nos pongan debidamente en nuestro sitio.

Reafirmar nuestro compromiso con la integridad nos fortalece con confianza y valentía. Esto es lo que más me encanta de Job: aunque está desanimado y decepcionado, no está derrotado.

Mi esposa y yo regresamos hace poco de un viaje trascendental a sitios que se hicieron famosos gracias a un pequeño grupo de hombres justos e intrépidos. Hoy los conocemos como los reformadores. Fueron los líderes de la Gran Reforma que recorrió a Europa Central en el siglo XVI.

Juan Huss, de Checoslovaquia; Martín Lutero y Felipe Melanchton, de Alemania; Ulrico Zwinglio y Juan Calvino, de Suiza; y Juan Knox, de Escocia (para nombrar solo unos pocos), no fueron superiores en estatura ni en fuerzas. Tampoco fueron perfectos ni mucho menos, pero fueron hombres íntegros, con cualidades de carácter que los mantuvieron fieles. Esto también les permitió no sentirse intimidados frente a la oposición, que no sólo era de palabra, sino que también constituía una amenaza para sus vidas. Al igual que Lutero, cada uno de ellos estaba diciendo, en realidad: “Aquí estoy, no puedo proceder de otra manera”, al negarse a flaquear o retractarse. Como Job, fueron malinterpretados, difamados, falsamente acusados y abiertamente insultados por sus críticos. Representaban voces solitarias de la verdad al ser fieles a sus convicciones.

Durante nuestro recorrido, muchas veces me quedaba largo rato frente a una estatua de bronce o de pie en el púlpito donde uno de ellos predicó una vez, y me preguntaba si, quizás, se sintieron fortalecidos al mantenerse solos en la brecha siguiendo el ejemplo dejado por Job en la Biblia. Mucho antes de que ellos nacieran, él testificó: “Hasta que muera, no renunciaré a mi integridad. Me he aferrado a mi rectitud y no la cederé” (Job 27:5, 6).

También me preguntaba: “¿Habría tenido yo la valentía de hacer lo que ellos hicieron?” ¿La habría tenido usted?

Considerar las bendiciones pasadas nos da razones para regocijarnos.—Charles R. Swindoll

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Bíblicamente correcto

13 Febrero 2017

Bíblicamente correcto
por Charles R. Swindoll

Job 27:1-23

Piénselo: ¿No es excelente ese comentario final? El hombre malo puede tener más ropa en su clóset, pero terminará dejándola para nosotros. ¿Recuerda ese texto materialista que se puede leer en algunos automóviles que dice: “Quien muere con más juguetes gana”? La verdad es que quien al morirse tiene más juguetes, se los pasa al bueno, y es el justo quien los disfruta! Job se ha dado cuenta de esta prioridad: El mal ocurrirá, pero no triunfará al final. Eso produce un sentido de justicia.

¡Allí es donde se van esas grandes riquezas! Cuántas veces hemos visto o sabido de personas que tienen mucho dinero, pero no pasa mucho tiempo sin que se les acabe. Esas riquezas fueron como un águila, se fabricaron alas para sí mismas. Tenga la seguridad de que Dios lleva una cuenta exacta de todo. Además, Él sabe quién es el bueno y quién es el malo.

Es fácil desconcentrarse si uno ve demasiadas noticias en la televisión. Tenga mucho discernimiento en cuanto a lo que ve, escucha y lee. Si la fuente no es confiable, la información será errada. Afortunadamente, todavía hay algunos hoy en día que piensan bien y que no tienen temor de decirlo. Sus palabras nos recuerdan que lo malo es malo, que la maldad será juzgada, ¡y que el malvado será el perdedor al final, no importa que parezca estar ganando! James Russell Lowell, poeta y ensayista estadounidense del siglo XIX, lo expresó muy bien cuando escribió en su libro The Present Crisis (La crisis presente):

La verdad, para siempre en el cadalso,
El mal, para siempre sobre el trono.
Pero al futuro lo mece ese cadalso,
detrás de la ignota oscuridad,
Está Dios, en medio de las sombras,
Protegiendo a los suyos.

Permanezca en el cadalso. Siga teniendo una mente clara. ¡Rechace tolerar el mal! Al igual que Job, siga teniendo sus prioridades en armonía con la Palabra de Dios. Deje que Dios le dicte su agenda y le ayude a interpretar los sucesos de nuestro tiempo. Vuélvase correcto en las cosas de la Biblia, antes que convencional en las cosas del mundo.

El mal ocurrirá, pero no triunfará al final. —Charles R. Swindoll

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Mirar hacia arriba

10 Febrero 2017

Mirar hacia arriba
por Charles R. Swindoll

Job 26:1-14

He vivido bastante como para estar convencido de que el sufrimiento no es un enemigo. Parece extraño decir esto, pero la verdad es que el sufrimiento es un amigo. Pero no lo es hasta que reconozcamos que cosecharemos sus beneficios. Job está viviendo un vía crucis. Su desgracia en esta difícil situación lo ha obligado a concentrarse en las cosas que realmente importan.

Por fin he llegado a darme cuenta de que uno de los beneficios de experimentar tiempos de sufrimiento es que mi perspectiva se vuelve vertical. Charles Spurgeon, el gran predicador fue una persona controversial. La prensa de su tiempo disfrutaba grandemente armándole líos. Se aprovechaban de un blanco tan importante.

Normalmente, Spurgeon se defendía bien, pero hubo una ocasión en que comenzó a darse por vencido. Es que todos nosotros tenemos nuestro punto límite. Su esposa notó la depresión que no lo dejaba. Le preocupaba que perdiera su celo y las oportunidades que tenía mientras pasaba por ese período de dificultad, y eso la llevó a hacer algo extraño. Buscó en su Biblia el Sermón del monte donde Jesús dice:

Bienaventurados sois cuando os vituperan y os persiguen, y dicen toda clase de mal contra vosotros por mi causa, mintiendo. Gozaos y alegraos, porque vuestra recompensa es grande en los cielos; pues así persiguieron a los profetas que fueron antes de vosotros. (Mateo 5:11-12)

Ella copió estas palabras en un pedazo de papel, y las puso en el trecho del dormitorio, sobre la cama de ambos. Cuando el predicador se dio vuelta boca arriba en la cama la mañana siguiente, parpadeó, y estando en esa posición leyó esas palabras, y volvió a leerlas en voz alta. Se enfocó verticalmente en lo que Dios estaba diciendo, y eso le produjo una renovación. Entonces siguió adelante con una nueva pasión. ¡Qué idea tan maravillosa y creativa tuvo la señora Spurgeon!

Lo que trato de decir es esto: Cuando estamos tendidos de espaldas, solo se puede mirar hacia arriba. Mantenga enfocada su atención en Dios, no en su dolor; y ocupe totalmente su mente pensando en Él.

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¿Quién lo podrá comprender?

9 Febrero 2017

¿Quién lo podrá comprender?
por Charles R. Swindoll

Job 26:1-14

Al leer este pasaje no podemos dejar de pensar: ¡Qué idea tan sobrecogedora! “Bildad, por más admirable que sean todas estas cosas, lo que he mencionado representa apenas los bordes de sus caminos.” ¿No es “bordes” una magnífica palabra? Los bordes, las márgenes exteriores de sus caminos; sólo los callados susurros de su poderosa voz, los murmullos de la omnipotencia. ¡Escúchame, Bildad! ¿Quién lo podrá comprender plenamente? Y pensar que el Dios-Creador atraviesa las millones de galaxias de “los cielos” para dar su atención a este diminuto planeta del tamaño de un fréjol, llamado Tierra, para descender hasta personas como nosotros, sabiendo aun el número de los cabellos que hay en nuestras cabezas.

Se necesita tener una perspectiva así cuando las llagas de mi cuerpo estén supurando y la fiebre no baje. Job termina donde Bildad debió haber comenzado: “¿Quién lo podrá comprender?”

Es cierto. ¡Cuán incomprensibles son sus juicios e inescrutables sus caminos! Pero tenga cuidado aquí. Eso no significa que Él no está al corriente, que no tiene el control, que no tiene un plan. Solo significa que Él no está obligado a darnos explicaciones, y ya que Dios no lo revela todo, no nos quedan sino tres palabras muy honestas, que son útiles cuando provienen de los labios de una persona que no es orgullosa. ¿Cuáles son estas tres palabras? No lo sé.

Pero Dios sí lo sabe, y Él hace bien todas las cosas. Él tiene el control. Yo soy el barro; Él es el Alfarero. Yo soy el discípulo; Él es el Señor. Yo soy la oveja; Él es el Pastor. Yo soy el siervo; Él es el Amo. Eso significa que debo someterme. Que debo humillarme bajo su mano poderosa. Que debo estar dispuesto a ajustar mi vida a lo que Él decida para mí, a escuchar, a aprender, a adaptarme a su dirección cualquiera que esta sea, aunque esté cómodo, feliz o con salud. A esto se le llama obediencia. Job, por ahora, está comenzando a verlo, y cuando llega al final de su breve explicación, pregunta sabiamente: “¿Quién lo podrá comprender?”

Disciplínese para pensar de manera teológica. Hágase el firme propósito de pensar de la manera que Dios lo hace, reconociendo su majestuosa magnificencia. Auto enséñese a sentirse cómodo diciendo las palabras: “No lo sé”. Job pensaba correctamente en cuanto a Dios, y por eso pudo soportar todo, aunque sin comprender el porqué. Quiera Dios que haya más como él. Y que usted sea uno de ellos.

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Ninguna sorpresa

8 Febrero 2017

Ninguna sorpresa
por Charles R. Swindoll

Job 26:1-14

El tacto que le faltó aquí a Job lo compensó con su absoluta honestidad. Pero, francamente, este no era el momento para tener tacto. Bildad ha sido tremendamente duro. Es de dudar que le hubiera puesto atención a Job si este hubiera utilizado un lenguaje suave y diplomático. ¡Job se pone tenaz!

Eso es lo que nos hacen las llagas. Cualquier enfermero o profesional de la salud le dirá, especialmente quienes cuidan de pacientes que sufren un dolor intenso, que el tacto se desvanece a medida que el dolor avanza. Hay algo acerca de la prolongación de la angustia que finalmente lleva al alma a una cruda y desesperante realidad.

Hace muchos años me encontré con estas palabras: “El dolor planta la bandera de la realidad en el fortín de un corazón rebelde”. Incluso en aquellos que han sido tercos y rebeldes, cuando el dolor golpea y persiste, la realidad se presenta en toda plenitud. Eso fue lo que sucedió con Job. Se quitó los guantes, miró fijamente a Bildad, y le habló claro. Este hombre necesitaba esa clase de respuesta.

Hay una breve oración que quisiera sugerirle que la haga cada mañana:

Señor, ayúdame hoy a no hacer más pesada la carga de alguien. Ayúdame a dar aliento a otros. Cuando pueda, hazme capaz de consolar. Y cuando no sepa cómo hacerlo, ayúdame a admitirlo. Cuando sienta dolor y compasión por alguien, ayúdame a expresarlo. Ayúdame a hacer más liviana la carga de los que sufren, en vez de hacerla más pesada.

Si otros están pasando por una situación angustiosa, ellos necesitan nuestra ayuda y nuestra fortaleza. Bildad nunca aprendió ese principio; nunca hizo la oración anterior, qué lástima.

Se produce entonces un curioso cambio de papeles. En vez de que Bildad enseñe a Job, este se convierte en el maestro. Es como si Job hubiera dicho: “Ya que no tienes ninguna respuesta, déjame hablarte del Dios infinito e incomprensible que no nos ha revelado el cómo y el porqué de sus actividades».

Desde el versículo 5 al 13 del capítulo 26, Job le da una lección a Bildad. Le comunica lo que pudiéramos llamar una explicación fascinante y cosmológica. Curiosamente, Job comienza con los espíritus de los que han muerto, para llegar después hasta la cumbre del universo. Job está diciendo de una manera sencilla y directa: “Dios tiene el control de lo más mínimo en cuánto a él. Dios lo conoce, lo entiende, está en medio de él, y se responsabiliza por todo lo que hay en él. Nada de esto es una sorpresa para el Dios vivo”.

Si otros están pasando por una situación angustiosa, necesitan nuestra ayuda.—Charles R. Swindoll

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Gracia bajo presión

6 Febrero 2017

Gracia bajo presión
por Charles R. Swindoll

Job 24:1-25

Podríamos recorrer toda la lista hasta el final. Hay pecados, hay faltas, hay injusticias. Hay robos, pecados sexuales y maldades ocultas que se realizan en la oscuridad. ¿Y dónde está Dios? Él lo está permitiendo. ¿Por qué razón? “No lo sé”, dice Job. “Creo que Él permite estas cosas con un propósito desconocido para nosotros. ¡Dios lo ha permitido todo!” Quienes cometen el mal muchas veces no reciben castigo. Los que se aprovechan de otros tampoco son castigados. También el sufrimiento inexplicable cae dentro de la misma categoría.

Usted y yo pudiéramos mencionar hechos a lo largo de toda nuestra existencia que el Señor pudo haber impedido, pero no lo hizo. Esto no tiene solamente que ver con el Holocausto de los judíos. Tampoco, simplemente, con las injusticias de la época de las Cruzadas. Tampoco con los sacerdotes de la Iglesia Católica Romana que han abusado sexualmente de jovencitos. Tiene que ver también con toda clase de cosas que pudiéramos nombrar; y Dios pudo haber impedido todas ellas, pero no lo hizo. ¡Esto es un misterio! Ese es el punto. “No puedo justificar el consentimiento de Dios, pero confío en Él”.

Niéguese a creer que la vida está basada en el destino ciego o en la casualidad. Todo lo que sucede, incluso las cosas que usted no puede explicar o justificar, están siendo tejidas como un gigantesco y hermoso tapiz. Desde nuestro lado terrenal todo parece borroso y confuso, extraño y torcido. Pero desde la perspectiva del cielo, es un cuadro increíble. Y lo mejor de todo, es que es para la mayor gloria de Dios. Ahora mismo todo puede parecer confuso, pero un día los detalles convergerán y tendrán perfecto sentido.

Una parte del perfecto plan de Dios se está, entonces, revelando. Usted no puede explicarlo. No puede juntar todas sus piezas aunque lo intentara. No es capaz de entenderlo, y hasta habrá momentos en los que lo rechazará. Pero, como estamos aprendiendo de Job, Dios no le va a pedir permiso. ¿Entonces, qué? Seguimos confiando en Él de todas maneras. Lo escribiré una vez más: Quienes hacen esto descubren, sin tratar de que suceda, que han comenzado a demostrar gracia bajo presión. Conformarse con menos es una existencia miserable.

¿Confía usted en Dios, de todas maneras?

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Gracia bajo presión

6 Febrero 2017

Gracia bajo presión
por Charles R. Swindoll

Job 24:1-25

Podríamos recorrer toda la lista hasta el final. Hay pecados, hay faltas, hay injusticias. Hay robos, pecados sexuales y maldades ocultas que se realizan en la oscuridad. ¿Y dónde está Dios? Él lo está permitiendo. ¿Por qué razón? “No lo sé”, dice Job. “Creo que Él permite estas cosas con un propósito desconocido para nosotros. ¡Dios lo ha permitido todo!” Quienes cometen el mal muchas veces no reciben castigo. Los que se aprovechan de otros tampoco son castigados. También el sufrimiento inexplicable cae dentro de la misma categoría.

Usted y yo pudiéramos mencionar hechos a lo largo de toda nuestra existencia que el Señor pudo haber impedido, pero no lo hizo. Esto no tiene solamente que ver con el Holocausto de los judíos. Tampoco, simplemente, con las injusticias de la época de las Cruzadas. Tampoco con los sacerdotes de la Iglesia Católica Romana que han abusado sexualmente de jovencitos. Tiene que ver también con toda clase de cosas que pudiéramos nombrar; y Dios pudo haber impedido todas ellas, pero no lo hizo. ¡Esto es un misterio! Ese es el punto. “No puedo justificar el consentimiento de Dios, pero confío en Él”.

Niéguese a creer que la vida está basada en el destino ciego o en la casualidad. Todo lo que sucede, incluso las cosas que usted no puede explicar o justificar, están siendo tejidas como un gigantesco y hermoso tapiz. Desde nuestro lado terrenal todo parece borroso y confuso, extraño y torcido. Pero desde la perspectiva del cielo, es un cuadro increíble. Y lo mejor de todo, es que es para la mayor gloria de Dios. Ahora mismo todo puede parecer confuso, pero un día los detalles convergerán y tendrán perfecto sentido.

Una parte del perfecto plan de Dios se está, entonces, revelando. Usted no puede explicarlo. No puede juntar todas sus piezas aunque lo intentara. No es capaz de entenderlo, y hasta habrá momentos en los que lo rechazará. Pero, como estamos aprendiendo de Job, Dios no le va a pedir permiso. ¿Entonces, qué? Seguimos confiando en Él de todas maneras. Lo escribiré una vez más: Quienes hacen esto descubren, sin tratar de que suceda, que han comenzado a demostrar gracia bajo presión. Conformarse con menos es una existencia miserable.

¿Confía usted en Dios, de todas maneras?

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