Cuando Dios trabaja en derrumbar nuestro orgullo

Cuando Dios trabaja en derrumbar nuestro orgullo
CARLOS LLAMBÉS

No sé si alguna vez te pasó que estabas muy entusiasmado con una tarea o ministerio, pues sentías que ese era el llamado del Señor para tu vida… hasta que empezaste a ver que los resultados no eran los que imaginabas al inicio. ¿Te ha pasado alguna vez? Es así como descubrimos nuestra necesidad de ser humillados por Dios para quitar el orgullo de nuestro corazón.

El próximo Billy Graham
Después de estudiar para ser capellán, comencé a visitar y predicar en la cárcel. Tenía gran entusiasmo y pasión por ver a aquellas personas conocer el evangelio. El Señor me había preparado de diferentes maneras para esto, como por ejemplo, sirviendo en tareas de evangelismo en nuestra iglesia local. Además, estaba entusiasmado de ser parte de un ministerio que pondría a nuestra iglesia en buena consideración a ojos de los miembros y del resto de la sociedad.

Yo pensaba que sería el próximo Billy Graham, un referente contemporáneo del evangelismo. Sin embargo, el Señor no había terminado conmigo y tenía muchas cosas que enseñarme.

Dios trabajará en tu vida para quitar el orgullo, aunque tenga que hacerlo mediante procesos dolorosos

Para mi desilusión, nadie mostró frutos de arrepentimiento durante los primeros meses de mi servicio regular en la cárcel. Aunque me dedicaba a predicar el evangelio a todos y cada uno en aquellas celdas húmedas, no hubo ni un solo convertido.

Mi frustración fue en aumento, al punto de querer tirar la toalla por la ausencia de resultados. Me preguntaba: «¿Será verdad que el Señor me llamó a este ministerio? ¿Se equivocó Dios o me equivoqué yo?».

Tiempo de ser humillado
Desde luego que el equivocado era yo. El llamado de Dios era cierto, pero mi actitud orgullosa al responder a Su llamado estaba mal. Fue un tiempo humillante para mí, pero con el paso del tiempo entendí que el Señor estaba trabajando en derrumbar mi orgullo, y Él siempre logra lo que se propone.

La gracia de Dios salió a mi encuentro en medio de mi angustia y frustración. Él me hizo entender por medio de Su Palabra cuál era el problema: Necesitaba confesar mi pecado de orgullo y clamar por ayuda al Señor. Yo no era el próximo Billy Graham.

Al igual que el rey Uzías, quien fue castigado con lepra por el Señor (2 Cr 26:16-20), yo también había caído en el orgullo. El apóstol Pablo también entendía este asunto del orgullo y las consecuencias que trae a nuestras vidas. La razón y propósito del famoso aguijón de Pablo era mantenerlo humilde:

Y dada la extraordinaria grandeza de las revelaciones, por esta razón, para impedir que me enalteciera, me fue dada una espina en la carne, un mensajero de Satanás que me abofetee, para que no me enaltezca (2 Co 12:7 énfasis añadido).

Trabajando de rodillas
Cuando Dios te hace ver las cosas con tanta claridad, solo te queda caer de rodillas y reconocer que estás teniendo una actitud que no le honra. Debes confesar tu pecado y clamar por Su intervención.

Los mejores resultados vienen cuando trabajamos de rodillas y en humildad delante de Dios

Las personas que sienten en sus corazones la disposición de servir a Dios necesitan una intervención divina en primer lugar. El orgullo y la arrogancia no tienen cabida en el reino de Dios; tarde o temprano lo podrás comprobar, porque Él mismo te lo hará ver. Dios trabajará en tu vida para quitar el orgullo, aunque tenga que hacerlo mediante procesos dolorosos.

A partir de ese «reencuentro» que tuve con el Señor de rodillas, ¿qué crees que sucedió? Las cosas en la cárcel comenzaron a cambiar, los reclusos comenzaron a prestar atención al mensaje del evangelio y Dios comenzó a obrar en sus corazones. Algunos hombres mostraron arrepentimiento y pudimos comenzar con ellos un estudio bíblico.

Esto no significa que siempre que nos humillamos ante Dios veremos automáticamente los resultados exactos que queremos en nuestros ministerios, pero muchos misioneros hemos aprendido (¡y seguimos aprendiendo!) que los mejores resultados —de acuerdo a la soberanía de Dios y Su plan para nosotros— vienen cuando trabajamos de rodillas y en humildad delante de Dios. Lo mismo aplica para toda la vida del creyente.

Recuerda que «la recompensa de la humildad y el temor del Señor son la riqueza, el honor y la vida» (Pr 22:4). La humildad encierra un tesoro incalculable, pero muchas veces se nos olvida. Entonces el Señor tiene que intervenir para hacernos recordar el peligro del orgullo y los beneficios de la humildad bíblica.

Carlos Llambés es pastor misionero de origen cubano, sirviendo con la International Mission Board por más de 15 años en República Dominicana y México. Hoy reside y sirve en Panamá, cubriendo parte de las islas del Caribe. Su pasión es llevar el mensaje de salvación a donde el Señor le envíe, hacer discípulos y plantar iglesias con el fundamento bíblico de la Palabra de Dios. Es parte del equipo de escritores de Coalición Por El Evangelio, Soldados de Jesucristo y Editorial EBI. Tiene una Maestría en Estudios Teológicos de Southern Baptist Theological Seminary. Es autor del libro 7 disciplinas espirituales para el hombre. Está casado con Liliana Llambés, quien es de origen colombiano, y juntos tienen cuatro hijos adultos y nueve nietos. Puedes encontrarlo en Facebook y Twitter.

Salvación 101

Coalición por el Evangelio

Salvación 101

CARLOS LLAMBÉS

La salvación es uno de esos temas que la mayoría de los cristianos cree maneja muy bien, y sin embargo, a la hora de explicarlo, nos encontramos dudando.

Una de las cosas que más hace un misionero es hablar con las personas de su necesidad de arrepentimiento. Es por eso que al hablar con personas, ya estamos esperando preguntas como: ¿Por qué tengo que arrepentirme? ¿Qué es eso de salvación? ¿Salvación de qué? ¿Por qué necesito salvación? Aunque las respuestas parezcan ser obvias para cualquier cristiano, muchas veces no dominamos el tema como debiéramos, y es por eso que queremos repasar esto que es de suma importancia y fundamental. Lo que quisiera es que este breve escrito pueda servirte para repasar estas verdades y tenerlas más claras, o quizás para entenderlas por primera vez.

Hablando bíblicamente, la salvación se refiere a la obra de Dios en favor del hombre que provee un camino de liberación de la condena y castigo del pecado y la justa ira de Dios.

Para entender la salvación, entonces, debemos entender el estado perdido del hombre.
La Biblia nos deja ver que el hombre esta en un estado caído en pasajes como Romanos 3:9-1923Efesios 2:1-3; y Hechos 9:27.
De manera que, para que el hombre pueda ser salvo, el necesita saber primeramente que está perdido.

El apóstol Pablo, inspirado por el Espíritu Santo, presenta argumentos poderosos que demuestran el estado perdido del hombre.

Es importante reconocer que la mayoría de los individuos parecen creer:

  1. Que no son realmente pecadores.
  2. Que no son tan malos como algunos otros.
  3. Que el infierno no es real.
  4. Que sus buenas obras sobrepasan sus malas acciones, lo que les será tomado en cuenta a su favor.
  5. Que Dios es tan bueno y tan amoroso que no permitirá que la gente vaya al infierno
  6. Que al final, de alguna manera, toda la gente se salvará.

El problema con todas esas creencias, excusas y argumentos es que todas son falsas. Ninguna tiene soporte en la Escritura.

La realidad del asunto es que sin Cristo todos los hombres:

  1. Están perdidos y sin remedio, la ira de Dios está sobre ellos (Juan 3:36).
  2. Están condenados a morir en sus pecados (Ezequiel 18:20).
  3. Están separados y alienados de Dios por causa del pecado (Romanos 3:23).
  4. La única solución es la provisión de Dios para salvación en Cristo. El hombre carece de la habilidad y la capacidad para salvarse a sí mismo. El pecado del hombre es la razón por la cual el hombre pierde la justicia, la rectitud y la pureza moral que le impide tener una posición correcta delante de Dios.

Por su parte, el hombre insiste en salvarse a sí mismo de múltiples maneras. Las formas más comunes:

Siendo buenos.

En otras palabras por medio del mérito y justicia personal. Sin embargo la Biblia nos deja ver que la justicia del hombre son como trapos de inmundicia, Isaias 64:6. La justicia que es aceptable para Dios no es inherente en el hombre, pues si los escribas y fariseos (que habían dedicado sus vidas a conocer la Palabra y agradar a Dios) no lo lograron, nosotros tampoco lo haremos.

“Porque les digo a ustedes que si su justicia no supera la de los escribas y Fariseos, no entrarán en el reino de los cielos”, Mateo 5:20.

Haciendo el bien.

Las obras de caridad, los ritos religiosos, el guardar la ley. La Biblia nos deja ver claramente que las obras no pueden salvar al hombre.

“Sabiendo que el hombre no es justificado por las obras de la ley, sino mediante la fe en Cristo Jesús, también nosotros hemos creído en Cristo Jesús, para que seamos justificados por la fe en Cristo, y no por las obras de la ley; puesto que por las obras de la ley nadie será justificado”, Gálatas 2:15-16.

Confiando en su herencia religiosa.

El asunto no es por herencia o por tradición.

“Sino que es judío el que lo es interiormente, y la circuncisión es la del corazón, por el Espíritu, no por la letra; la alabanza del cual no procede de los hombres, sino de Dios”, Romanos 2:29.

Conocimientos, sabiduría e inteligencia.

El hombre no puede discernir por sí mismo la realidad de quien es Jesús. Solamente Dios puede revelarle al hombre el significado de Jesús para salvación.

“Pero el hombre natural no acepta las cosas del Espíritu de Dios, porque para él son necedad; y no las puede entender, porque se disciernen espiritualmente”, 1 Corintios 2:14.

Mi oración es que este breve escrito te sirva para explicar a otros las buenas nuevas. Ahora, si Dios ha abierto tu entendimiento para reconocer que eres un pecador que necesitas un Salvador, arrepiéntete de tus pecados y deposita toda tu esperanza y confianza en la obra salvadora de Cristo en la cruz para el perdón de nuestro pecados. Hoy es un buen día para comenzar una relación con él.