Las cosas que no se ven

16 Mayo 2017

Las cosas que no se ven
por Charles R. Swindoll

Hechos 18:1-17

2 Corintios 4:7-15

Pablo veía todo lo que le sucedía a través de los ojos de la fe. Esa extraordinaria peculiaridad le permitió ser contado entre los gigantes de la fe como Moisés, recordado en la lista de Hebreos 11, quien, de acuerdo con las Escrituras, “abandonó Egipto, sin temer la ira del rey, porque se mantuvo como quien ve al Invisible” (11:27). Al igual que Moisés, Pablo soportó las dificultades concentrándose en lo eterno. Usó sus adversidades como recordatorio de que debía mantener centrada su atención en las cosas que no se ven. Cuando nuestro corazón es recto, podemos hacer eso.

Hace un tiempo, Cynthia y yo viajamos a Houston para asistir a un evento de Visión para Vivir. Mientras estábamos allí, disfrutamos de la breve visita que hicimos a la casa de unos buenos amigos. Estar de nuevo en la ciudad donde me crié me hizo recordar la casa en que ella y yo habíamos estado muchos años antes. Aquella casa tenía una enorme chimenea de piedra, lo suficientemente grande para meterse en ella a gatas. Disfruto grandemente de esas raras ocasiones cuando puedo sentarme junto a un fuego trepidante para leer o escuchar música clásica. ¡Soy un tipo a quien le encanta una chimenea!

Pues bien, grabadas en la gruesa pieza de madera que formaba la campana de esa magnífica chimenea, estaban estas palabras:

“Si tienes el corazón frío, mi fuego no podrá calentarlo”.

Cynthia y yo jamás olvidaremos esas palabras que estaban sobre esa gran chimenea. No hay ningún fuego en el mundo capaz de calentar a un corazón frío. Un corazón frío se mantiene clavado en las dificultades y se niega a ver más allá del presente. El corazón de Pablo ardía con el fuego de la fe, permitiéndole ver lo invisible. Eso es lo que lo mantenía en su sano juicio cuando estaba bajo presión; eso es lo que mantenía su corazón caliente.

Nada de lo que tocaba externamente a Pablo podía enfriarlo por dentro. Por el contrario, ello alimentaba la llama que ardía en su interior. Cuanto más se prolongaba la persecución, más ardía su fuego para Dios. Pablo mantenía su mirada centrada en aquel que lleva a cabo sus propósitos eternos en la esfera de lo invisible, cuando todo lo que había alrededor de él se venía abajo. Es que la adversidad fortalece nuestra fe, consumiendo la escoria del temor y de la incredulidad, al llevarse las dudas.

“La fe es la constancia de las cosas que se esperan y la comprobación de los hechos que no se ven” (Hebreos 11:1). ¡Aférrese a la fe!

No hay ningún fuego en el mundo capaz de calentar a un corazón frío.—Charles R. Swindoll

Tomado del libro Buenos Días con Buenos Amigos (El Paso: Editorial Mundo Hispano, 2007). Con permiso de la Editorial Mundo Hispano (www.editorialmh.org). Copyright © 2017 por Charles R. Swindoll Inc. Reservados mundialmente todos los derechos.

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¿Y qué de nosotros?

15 Mayo 2017

¿Y qué de nosotros?
por Charles R. Swindoll

Hechos 17:1-9

1 Tesalonicenses 2:1-6

Para algunas personas, el llegar a entender la verdad bíblica de que los últimos serán los primeros y los primeros serán los últimos, les toma toda la vida, pero a otros solo unos pocos semestres de estudios en el seminario.

Cada mayo, al concluir el semestre en el Seminario de Dallas, tenemos el gusto de escuchar a los mejores predicadores de la institución, que son propuestos y elegidos por los profesores de ministerio pastoral. Un año, un talentoso joven predicó sobre ese significativo pasaje de Juan 13 en el que Jesús lava los pies de sus discípulos. Después de una impresionante exposición de este texto, el joven estudiante de último año se inclinó hacia el micrófono, miró los rostros de los que estaban en la capilla, y preguntó a sus colegas estudiantes: “¿Quieren tener un gran ministerio.., o solo quieren ser grandes?”.

La atestada capilla se quedó en silencio. Nadie parpadeó. Nunca olvidaré su pregunta. Ninguno de nosotros la olvidará. Y espero que él tampoco. Con una sola pregunta, el joven captó el punto crucial: la grandeza. No como el mundo la define, sino la grandeza según el concepto del Dios todopoderoso. Los grandes líderes son primero siervos. Como Pablo… como su Maestro Jesucristo.

Esto es para usted y para mí. Si usted nunca se ha sometido completamente al Maestro, este es el momento. Si sigue siendo arrogante, probablemente no quedará ciego de pronto ni se verá encadenado en una prisión romana. Esa fue la experiencia de Pablo. Pero ahora que he captado su atención, le animo a que dé una buena mirada a su interior.

Usted sabe lo testarudo y orgulloso que es. Y también lo saben las personas que usted lidera. Sabe lo lento y reacio que es para estimular a los demás. Y ellas también lo saben. Usted sabe si es egoísta. Usted sabe si busca su propia gloria. Sinceramente, ya es tiempo de que le diga adiós a todo eso. Volvamos, entonces, a la pregunta crucial: ¿Quiere usted tener un gran ministerio… o solo quiere ser grande?

Su respuesta revelará su manera de liderar.

Tomado del libro Buenos Días con Buenos Amigos (El Paso: Editorial Mundo Hispano, 2007). Con permiso de la Editorial Mundo Hispano (www.editorialmh.org). Copyright © 2017 por Charles R. Swindoll Inc. Reservados mundialmente todos los derechos.

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Los líderes estimulantes

13 Mayo 2017

Los líderes estimulantes
por Charles R. Swindoll

Hechos 17:1-9

1 Tesalonicenses 2:1-11

Los buenos líderes son entusiastamente estimulantes. Una vez más, Pablo escribe: “Vosotros sois testigos, y Dios también, de cuán santa, justa e irreprensiblemente actuamos entre vosotros los creyentes. En esto, sabéis que fuimos para cada uno de vosotros como el padre para sus propios hijos: Os exhortábamos, os animábamos” (1 Tesalonicenses 2:10, 11). Primero fue como una madre que cuida tiernamente a sus pequeños, y ahora vemos a un padre alentando y exhortando a sus hijos.

¿Se ha sentado usted alguna vez en las gradas de un campo de juego, frente al padre del jugador defensa de un equipo de fútbol de la escuela secundaria? Él es su animador exclusivo. ¿Por qué razón? ¡Porque es su papá! El chico en el campo piensa: “Papá, cállate”. Pero él está allí, de pie, gritando a todo pulmón, saboreando cada momento de lo que hace su hijo.

Quizás usted ha anhelado recibir más estímulo de sus padres. Seamos realistas: El estímulo juega un papel muy importante en la preparación de un hijo para la vida. Nadie debe recibir más estímulo de nosotros que nuestros propios hijos.

Bastante irrefutable, ¿no le parece?

Lo que vale para nuestros propios hijos, vale también para los hijos de Dios. El buen liderazgo equilibra el tierno cuidado de una madre con el amoroso estímulo de un padre. El estímulo es como un oasis en el desierto. Proporciona el necesario refrigerio a los cansados cuyas almas están resecas por el tiempo pasado en el desierto de sus dudas acerca de sí mismos. También está el desierto del fracaso cuando nos hemos esforzado por tener éxito, y el desierto de la falta de avance cuando queremos que algo suceda y no sucede. Está, asimismo, el desierto del rechazo familiar, del maltrato y de mil otros paisajes áridos e infecundos de la vida.

En esas experiencias de desierto, usted anhela tener un oasis donde pueda conseguir un sorbo de agua fría. Aunque no lo tuvo de su padre, finalmente vienen de las palabras de estímulo de un líder que, al hablar, hunde su cucharón en el agua fría y la saca para calmar su sed y refrescar su alma.

Los líderes que estimulan crean seguidores fieles.—Charles R. Swindoll

Tomado del libro Buenos Días con Buenos Amigos (El Paso: Editorial Mundo Hispano, 2007). Con permiso de la Editorial Mundo Hispano (www.editorialmh.org). Copyright © 2017 por Charles R. Swindoll Inc. Reservados mundialmente todos los derechos.

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Líderes cariñosos

12 Mayo 2017

Líderes cariñosos
por Charles R. Swindoll

Hechos 17:1-9

1 Tesalonicenses 2:1-6

Los buenos líderes aman a la gente. Pablo escribe: “Tanto es nuestro cariño para vosotros que nos parecía bien entregaros no sólo el evangelio de Dios…” (1 Tesalonicenses 2:8). Maravilloso, ¿no? Pablo no evitaba compartir sus emociones con su rebaño. Ese hombre fuerte, un apóstol de Cristo, cuando pensaba en los tesalonicenses decía: “Oh, que cariño tan grande tengo por ustedes! ¡Cuánto los amo!”. Estas son palabras íntimas de cariño.

Para mantener esto sencillo y fácil de recordar, quiero proponerle que el cariño por las personas se puede demostrar de dos maneras: Con demostraciones pequeñas, pero frecuentes, de afecto, y con palabras de aprecio por escrito cada tiempo. Las personas que lidera deberían estar recibiendo de usted ahora mismo una nota de aprecio y estímulo. Ellas deben acostumbrarse cada vez más a sus expresiones de cariño que incluyan pequeñas pero frecuentes demostraciones de afecto. Nadie es tan importante que esté más allá de las demostraciones de cariño. Ese aspecto del liderazgo cobra ánimo y  transmite confianza al espíritu por la gracia de Dios.

Encontré estos versos que resumen muy bien este punto:

La vida no es sino espuma,
hay dos cosas de valor:
cariño por los demás,
y arrojo en el corazón.

Me causan tristeza los líderes fuertes que siempre tratan mal a las personas. Nos preguntamos cómo gente así pudo llegar a tener posiciones importante influencia. Aquí tiene este consejo gratis: Si a usted no le gusta la gente, háganos a todos un favor, no se dedique al liderazgo. Dedíquese a otra cosa. Todo el mundo estará mejor así. Diga no cuando le ofrezcan la oportunidad de liderar.

Ni el mundo ni el ministerio se necesitan más autócratas. Ambos necesitan más líderes, almas con corazón de siervo para liderar, como lo hizo Pablo, sensibilidad y cariño hacia los demás. El amor y el cariño, cuando se dan de manera correcta, llenan el vacío cuando las palabras solas no son capaces consolar. Si las personas saben que usted las ama y las valora, le darán todo su respaldo. Pablo les dijo a los cristianos de Tesalónica que los amaba, y ellos nunca lo olvidaron.

Los buenos líderes aman a la gente.—Charles R. Swindoll

Tomado del libro Buenos Días con Buenos Amigos (El Paso: Editorial Mundo Hispano, 2007). Con permiso de la Editorial Mundo Hispano (www.editorialmh.org). Copyright © 2017 por Charles R. Swindoll Inc. Reservados mundialmente todos los derechos.

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Líderes sensibles

11 Mayo 2017

Líderes sensibles
por Charles R. Swindoll

Hechos 17:1-9

1 Tesalonicenses 2:1-6

Los buenos líderes son sensibles a las necesidades de los demás. Pablo comparaba su ministerio al de una madre que se ocupa tiernamente de las necesidades de sus hijos. Me encanta esa imagen. Yo observaba a mi esposa cuando cuidaba de nuestros niños cuando eran pequeñitos, sin ocuparse para nada de sus propias necesidades. A mí también me llena de dicha ver a mis hijas, ya crecidas, cuidar de nuestros nietos. Es precioso contemplar eso.

El ver a mi esposa y a mis hijas sostener tiernamente a sus pequeños cerca de sus pechos, y de ocuparse amorosamente de sus necesidades, me ayuda a entender lo que Pablo quería decir con la palabra “tiernos”. Su ministerio se caracterizó por un tierno cuidado del rebaño. Él dice: “Entre vosotros fuimos tiernos, como la nodriza que cría y cuida a sus propios hijos”.

Si Dios le ha puesto a usted en una responsabilidad de liderazgo, le animo a cultivar un espíritu tierno. Esto es, en realidad, un fruto del Espíritu (Gálatas 5:23). Su ternura obrará maravillas en las vidas de quienes están bajo su cuidado.

Después de la tragedia del 11 de septiembre, el mundo observó maravillado cómo poderosos líderes del mundo dedicaron tiempo para escuchar los desgarradores relatos de los socorristas y de los angustiados neoyorquinos. El alcalde Rudy Giuliani impresionaba al mundo día tras día cuando se paraba frente a la gente de esa gran ciudad para informar sobre la marcha de los tétricos trabajos que se realizaban en la llamada Zona Cero. Hablaba con dulzura y compasión, y a veces con lágrimas en los ojos, mientras la horrorosa cifra de muertes se le atascaba en la garganta. Pero de alguna manera se las arreglaba para hacerlo. Contener las lágrimas parecía tan inútil como tratar de recuperar las víctimas de la montaña de diez pisos que formaban los escombros del retorcido World Trade Center. Los estadounidenses necesitaban ver llorar tiernamente a sus líderes.

Lo mismo necesitan ver los cristianos. Los líderes espirituales deben ser igualmente auténticos, tiernos, comprensivos y sensibles. Usted y yo respetamos a los líderes que revelan todo el tiempo su lado humano. Contrariamente a la opinión popular, Pablo, el líder valeroso, apasionado y firme, fue también conocido por su compasión y su ternura.

¿Es usted conocido por lo mismo?

Los buenos líderes son sensibles a las necesidades de los demás.—Charles R. Swindoll

Tomado del libro Buenos Días con Buenos Amigos (El Paso: Editorial Mundo Hispano, 2007). Con permiso de la Editorial Mundo Hispano (www.editorialmh.org). Copyright © 2017 por Charles R. Swindoll Inc. Reservados mundialmente todos los derechos.

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Su sola prioridad

10 Mayo 2017

Su sola prioridad
por Charles R. Swindoll

Hechos 17:1-9

1 Tesalonicenses 2:1-6

El estilo de liderazgo de Pablo no era distante ni esquivo. Él vivía en medio de la gente. Conocían su dirección. Hablaba con ellos. No les predicaba un sermón y después se marchaba convenientemente por la puerta trasera en el momento de la bendición final. Pablo era siempre accesible y auténtico. Su vida era un libro abierto. La mayoría estaría de acuerdo con que ese tipo de líder es inspirador. No tiene nada que probar, ningún secreto que guardar, ninguna pretensión o aire de jactancia, y nunca se siente obligado a recordar a los demás lo hábil que es para el trabajo que hace. Así era Pablo. Era auténtico. John Stott escribe:

El ministerio de Pablo en Tesalónica había sido público. Había sido ejercido a la vista de todos, delante de Dios y de los hombres, porque él no tenía nada que ocultar. ¡Felices los líderes cristianos hoy, que detestan la hipocresía y aman la integridad, que no tienen nada que esconder ni de lo cual avergonzarse, que son bien conocidos por quienes son y por lo que son, y que son capaces de apelar sin temor a Dios y al público como sus testigos! Hoy necesitamos más transparencia y naturalidad de esa clase.

Un líder que vive su vida con transparencia no tiene nada que ocultar o temer. Pero si no para ni un momento, si está escondiéndose siempre detrás de puertas con cerrojo y con las persianas cerradas, el público tiene razones para sospechar que no es genuino. Tenga cuidado de no seguir a un líder que no sea accesible y vulnerable.

Recuerde, sin embargo, que el ministerio de Pablo no fue un lecho de rosas. Él literalmente entró cojeando a Tesalónica, con el cuerpo magullado y debilitado por los golpes que había recibido en Filipos, y por el encarcelamiento. Afortunadamente, yo nunca he tenido que soportar una persecución tan brutal. Pablo sí. Pero la buena noticia es esta: Esto no frenó su determinación. Él escribió lo siguiente: “A pesar de que habíamos padecido antes y habíamos sido maltratados en Filipos, como sabéis, tuvimos valentía en nuestro Dios para anunciaros el evangelio de Dios en medio de grande conflicto”
(1 Tesalonicenses 2:2).

Uno de los secretos del triunfo de Pablo se puede describir con cinco palabras: Siguió con su trabajo laborioso. Siguió adelante con su trabajo sin importarle si los vientos lo golpeaban con fuerza. La oposición y las dificultades no Ie importaban. La sola prioridad que le importaba a Pablo era que Cristo fuera proclamado. Cada camino en que él transitaba conducía a otros a la cruz.

¿Armonizan sus prioridades personales con las de Pablo?

Un líder que vive su vida con transparencia no tiene nada que ocultar o temer.—Charles R. Swindoll

Tomado del libro Buenos Días con Buenos Amigos (El Paso: Editorial Mundo Hispano, 2007). Con permiso de la Editorial Mundo Hispano (www.editorialmh.org). Copyright © 2017 por Charles R. Swindoll Inc. Reservados mundialmente todos los derechos.

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Una actitud de genuina acción de gracias

9 Mayo 2017

Una actitud de genuina acción de gracias
por Charles R. Swindoll

Hechos 16:16-40

Filipenses 2:1-18

Pablo tenía una actitud de genuina acción de gracias. “Perseverad siempre en la oración, vigilando en ella con acción de gracias. A la vez, orad también por nosotros, a fin de que el Señor nos abra una puerta para la palabra, para comunicar el misterio de Cristo, por lo cual estoy aún preso. Orad para que yo lo presente con claridad, como me es preciso hablar” (Colosenses 4:2-4).

Aquí tenemos a un hombre en sus sesenta que está pidiendo oraciones para comunicar con claridad el mensaje, a pesar de haber estado predicando durante años. No hay ninguna hipocresía en Pablo. Ninguna cantidad de éxito o número de años en el ministerio le daban la falsa sensación de un desempeño perfecto. Él sabía que todavía no lo había logrado. Estaba convencido de que podía mejorar su predicación. Por eso, con un corazón genuinamente agradecido ruega las oraciones de sus hermanos creyentes. ¿Puede usted ver la importancia de esa clase de actitud? Eso es algo muy reconfortante.

No es de extrañarse que Pablo tuviera una influencia tan duradera para Cristo. Su secreto se ve en cada una de sus epístolas. Había aprendido a tener contentamiento en todas las cosas. Pero no podemos dejar que la tinta de esas verdades se quede solo en el papel. Debemos hacer nuestro el mismo secreto si queremos tener la misma influencia duradera. Aquí cabe una reflexión personal.

Quitemos el proyector del hombre que está en Roma, y dirijámoslo a usted, en la situación que se encuentra ahora mismo. ¿Está usted marcando una diferencia en las vidas de quienes le rodean por la manera como responde a sus circunstancias? ¿Están siendo inspiradas otras personas por su fe, o se sienten desilusionadas por sus temores? ¿Son evidentes en usted, por la manera como responde a las circunstancias, las actitudes de abnegada humildad, de gozosa aceptación, de firme determinación y de acción de gracias? Quizás sea el momento de que haga algunos cambios. Veamos si podemos ayudarle.

Comience por rechazar que su situación determine su actitud. Si su actitud prevalece sobre su situación, comenzará en realidad una transformación. Como vimos en Pablo, el poder para transformar una terca actitud de temor y rencor, de ira y derrota, proviene de Cristo. El Señor y Dios nuestro está listo para derramar su poder en usted. Solo él tiene el poder para librarle de estos implacables enemigos, y para hacer que usted se remonte a las alturas.

Mantenga una actitud de genuina acción de gracias.

Tomado del libro Buenos Días con Buenos Amigos (El Paso: Editorial Mundo Hispano, 2007). Con permiso de la Editorial Mundo Hispano (www.editorialmh.org). Copyright © 2017 por Charles R. Swindoll Inc. Reservados mundialmente todos los derechos.

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Gozo aprendido

8 Mayo 2017

Gozo aprendido
por Charles R. Swindoll

Hechos 16:16-40

Filipenses 2:1-18

Pablo recomienda una actitud de abnegada humildad. Es muy admirable que uno nunca lee que Pablo le haya dicho a su guardia romano: “Necesito que me hagas un favor. La próxima vez que estés cerca de uno de los ayudantes del emperador, pídele que me saque de este cuartucho. Para empezar, yo no debería estar aquí. He estado aquí durante un año, siete meses, cuatro días, cinco horas y cinco minutos, y eso es ya demasiado tiempo”. La actitud de abnegada humildad de Pablo le impedía llevar un registro meticuloso de las injusticias que sufría en Roma o, en realidad, en cualquier otra parte. Él estaba allí por disposición divina y sometido gozosamente a su situación.

Cristo fue modelo del gran principio de vaciarse a sí mismo que impregnó la vida de Pablo. Si queremos aprender lo que es el gozo, lo mejor que podemos hacer es desarrollar una actitud de abnegada humildad. Comience con su familia o sus vecinos. Sea ejemplo de ella con sus clientes o con sus empleados. Usted no dará crédito al efecto que tendrá sobre las personas esta clase de generosa actitud mental. No tendrá que desplegar banderas ni repartir folletos para anunciarlo. Simplemente demuestre una actitud de abnegada humildad.

Los resultados le dejarán maravillado.

Pablo exhorta a los creyentes a tener una actitud de gozosa aceptación. Y fue muy claro en cuanto a la manera como deben tratarse los creyentes unos a otros. “Hacedlo todo sin murmuraciones y contiendas, para que seáis irreprensibles y sencillos, hijos de Dios sin mancha en medio de una generación torcida y perversa, en la cual vosotros resplandecéis como luminares en el mundo” (Filipenses 2:14, 15).

Pablo sabía que era mucho lo que estaba en juego, ya que el mundo tenía bajo su mirada a los flamantes seguidores de Cristo del primer siglo. Si los cristianos se quejaban y reñían por cosas, eso ponía en riesgo la credibilidad del evangelio. Por consiguiente, Pablo recomendaba una actitud de gozosa aceptación, libre de disputas y de discusiones sin sentido.

El rogaba que hubiera un gozo auténtico. Nada es más contagioso que eso. Pablo decía: “1No se quejen; estén alegres!”. Eso es lo que se debe hacer. La alegría atrae. La queja ahuyenta. El buen sentido del humor es maravillosa mente cautivador.

Mi maestro, Ray Stedman, solía decir: “Vivimos en un mundo de pillos y corruptos. ¡Qué oportunidad tan grande de ser atractivamente diferentes!”. Me encanta esa clase de actitud. ¡La aceptación gozosa ilumina a este sombrío planeta!

¡La aceptación gozosa ilumina a este sombrío planeta!—Charles R. Swindoll

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A pesar de las circunstancias

6 Mayo 2017

A pesar de las circunstancias
por Charles R. Swindoll

Hechos 16:16-40

Filipenses 1:12

Pocas personas del primer siglo tuvieron una compresión tan profunda de la gracia de Dios como el apóstol Pablo. Después de haber sido rescatado de una vida de despiadada ferocidad como un rígido fariseo legalista, dio un giro a su vida, se arrepintió y se convirtió, por el poder Cristo, en una persona buena, sencilla y misericordiosa; comprensiva, perdonadora, accesible. Llegó al punto de estar dispuesto no solo a ofrecer esperanza a los gentiles, sino también, vivir entre ellos, aunque por sus venas circulara la más pura sangre judía.

No conozco a nadie que haya soportado, como Pablo, tantas aflicciones como buen soldado de Cristo; pero lo más admirable de él es esto: Nunca deja la más mínima insinuación de queja por haber estado encadenado a un corpulento soldado romano, o por la incomodidad que fue para él estar reducido a esos espacios tan estrechos. Él simplemente no se quejaba. Por la gracia de Dios, vivía por encima de todo eso. Repito, había aprendido el secreto del gozo.

La gran tentación que tenemos es permitir que eso amargue nuestra existencia, que nos convierta en alguien que viva bajo una nube oscura, donde la fatalidad y el desaliento caractericen nuestra perspectiva de vida. La vida es difícil. Usted vive en una situación que se asemeja a un arresto domiciliario. Se siente encadenado a su pasado, incapaz de escapar de las circunstancias negativas. Tal vez ha vivido así por tanto tiempo que pensar negativamente se ha vuelto un hábito en usted, de manera que no puede imaginar la posibilidad de pensar de otra manera.

Pero le tengo una noticia maravillosa. Hay esperanza más allá de sus circunstancias. Usted puede vivir por encima de ellas. Si un hombre llamado Pablo pudo vivir por encima de sus increíbles y angustiosas circunstancias, usted también puede hacerlo. Pero Cristo tiene que convertirse en el centro de su vida. Solo Él puede enseñarle y darle el poder para vivir por encima de los rigores de la adversidad. Es posible que sus circunstancias externas no cambien, pero en lo más profundo de su ser se producirá un cambio. Cuando Cristo ocupa el primer lugar en sus pensamientos, se produce un cambio. Ese cambio será evidente para su pareja, sus hijos, sus amigos y sus compañeros de trabajo. En vez de verse como una víctima, usted comenzará a tener conciencia de una fortaleza que no es suya. ¿El resultado? Usted marcará una diferencia por la manera cómo responderá a las circunstancias que antes le derrotaban. Para las personas que están más cerca de usted, su gozo, a pesar de sus circunstancias, será algo verdaderamente heroico.

¡Aférrese a la esperanza! Concéntrese en Cristo, a pesar de las circunstancias.

¡Aférrese a la esperanza! Concéntrese en Cristo, a pesar de las circunstancias.—Charles R. Swindoll

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La autoridad final

4 Mayo 2017

La autoridad final
por Charles R. Swindoll

Hechos 16:1-10

Hechos 17:1-11

Un hombre de Macedonia había dicho: “¡Pasa a Macedonia y ayúdanos!” Dios tenía en mente a una vendedora de púrpura, a una joven esclava explotada y a un rudo y brutal carcelero romano. Cuando uno viaja como Dios quiere que viaje, como Pablo, uno es sensible a las puertas que se abren y está en paz con las puertas que se cierran.

Más tarde, Pablo apeló a Roma. Después de enterarse de que habían torturado a unos ciudadanos romanos, el magistrado que gobernaba la ciudad se llenó de miedo. Al darse cuenta de que había actuado ilegalmente contra estos dos hombres, el funcionario les rogó a Pablo y a Silas que se marcharan de Filipos para evitar más disturbios en la población.

El competente fundador de iglesias siguió adelante, flanqueado por la fiel compañía de sus compañeros en la obra. La parada siguiente fue Tesalónica. Pablo, volvió a su lugar preferido para comenzar: la sinagoga. Muchos creyeron, entre ellos un gran número de griegos y de mujeres influyentes. Esto bastó para despertar los celos de los líderes judíos, hasta el punto de que Pablo y su equipo se vieron obligados a escapar bajo el manto de la noche (Hechos 17:10).

De allí se fueron a Berea y, de nuevo, predicaron en la sinagoga local. Por ser más nobles que los de Tesalónica, el interés de los habitantes de Berea los llevó a escudriñar “las Escrituras para verificar si estas cosas eran así” (Hechos 17:11).

Tengo que aprovechar esta oportunidad para decirle que este es un ejemplo que debe ser imitado. No importa lo inteligente, carismático o preparado que sea su maestro de Biblia o su pastor, fórmese el saludable hábito de comprobar con las Escrituras lo que ellos le digan.

Los arquitectos y los constructores utilizan medidas precisas para asegurarse de tener un resultado exacto. No se guían por sus sentimientos. Hacen cuidadosamente su trabajo utilizando metros y centímetros. Ni siquiera los constructores más veteranos confían en cálculos aproximados o conjeturas. Se rigen por la norma. Las Escrituras son también su herramienta de medición para tener la seguridad de que la enseñanza que usted recibe es verdadera y confiable. Evalúela siempre.

A medida que usted crece en su vida espiritual, tiene que haber una congruencia de ángulos entre lo que se le dice y lo que ha sido escrito en la Biblia. Si usted no puede apoyarlo con las Escrituras, algo está faltando en la enseñanza. No crea al maestro, si éste contradice la enseñanza divina; de hacerlo, usted estará construyendo sobre arena. Ríjase por lo que dice y enseña la Biblia. Esta sigue siendo su autoridad final para la fe y para la vida.

Tomado del libro Buenos Días con Buenos Amigos (El Paso: Editorial Mundo Hispano, 2007). Con permiso de la Editorial Mundo Hispano (www.editorialmh.org). Copyright © 2017 por Charles R. Swindoll Inc. Reservados mundialmente todos los derechos.

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