Expresar el sufrimiento

14 Enero 2017

Expresar el sufrimiento
por Charles R. Swindoll

Job 3:1-26

alimentemos_el_almaHay días demasiado oscuros para la persona que sufre, días así le impiden ver la luz. Así es como se encuentra Job al final de este capítulo. Lamentablemente, sus supuestos amigos no le darán ningún alivio. Al igual que Job, es posible que usted tampoco haya visto la luz durante mucho tiempo.

Hay experiencias demasiado severas que no dejan que el que sufre conserve la esperanza. Cuando una persona se deprime mucho debido al sufrimiento que lleva por dentro, es como si perdiera todas las esperanzas. Por eso Job reconoce su falta de tranquilidad, su ausencia de paz y su profundo deseo.

Hay valles que son demasiado profundos como para que los angustiados encuentren alivio. Pareciera que cuando están en esta situación, no hay razón para seguir adelante. Ya no tenemos lugares donde dirigir nuestra mirada y hallar consuelo. Es entonces cuando nuestra mente comienza a jugarnos malas pasadas, haciéndonos pensar que ni siquiera Dios se interesa por nosotros. ¡Falso! ¿Recuerda las palabras que solía citar Corrie ten Boom? Yo siempre las recuerdo: “No hay hoyo tan profundo que sea más profundo que el Señor”. Yo lo sé. Quienes están con una depresión profunda no recuerdan que no podemos razonar con ella. Esto es algo que ellos negarían, porque sienten que hay una inmensa distancia entre ellos y Dios, y eso es turbador y atemorizante. Pero la buena noticia es que Dios no solo está allí. . . sino que también se interesa.

Es importante mencionar que no hay ninguna crítica severa contra Job al final del capítulo 3. Dios no le dice: “¡Qué vergüenza, Job!” Dios sabía cómo tratar las palabras de Job. Él entendía por qué dijo lo que dijo. El Señor también le entiende a usted. Lamentablemente, las palabras de Job quedaron escritas y los predicadores las han estado utilizando durante siglos. Afortunadamente, las de usted y las mías se mantendrán, así esperamos, siendo un secreto dentro de nuestros autos, en nuestros dormitorios, o a lo largo del estrépito de las olas, o quizás bajo los enormes árboles de un bosque. Dios puede encargarse de todo esto; por lo tanto, dígale todo lo que siente. Dígale lo que hay en su corazón. Usted nunca podrá reponerse totalmente de su sufrimiento si no lo expresa del todo. Job no se quedó con nada. Y ahora lo admiro más que cuando comencé a leer el libro.

Dirija su mirada a lo alto para encontrar la Luz.

Dios puede encargarse de todo, dígale todo lo que siente. —Charles R. Swindoll

Tomado del libro Buenos Días con Buenos Amigos (El Paso: Editorial Mundo Hispano, 2007). Con permiso de la Editorial Mundo Hispano (www.editorialmundohispano.org). Copyright © 2017 por Charles R. Swindoll Inc. Reservados mundialmente todos los derechos.

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Palabras de consuelo

13 Enero 2017

Palabras de consuelo
por Charles R. Swindoll

Job 3:1-26

alimentemos_el_almaEn los primeros años de la década de los 60, cuando un cristiano sufría una depresión como la de Job lo reconocía con sinceridad, nunca lo decía públicamente. Se tragaba su sufrimiento. El primer libro que leí sobre este tema, que trataba de los trastornos emocionales y de la enfermedad mental entre los cristianos, fue considerado herético por la mayoría de mis hermanos evangélicos.

La opinión reinante en ese tiempo era sencilla: los cristianos no tenían colapsos emocionales. Además, ¡usted siempre se recuperaba rápidamente de una depresión!

¿Sabe usted qué palabra se utilizaba en la primera mitad de la década de los años 60 para referirse a los que luchaban con una depresión profunda? Nervioso. “Tiene un problema nervioso”. O, simplemente: “Ella está nerviosa”. Si usted, Dios no lo quisiera, tenía que ser hospitalizado por su trastorno “nervioso”, no había una palabra cristiana que pudiera definir eso. Repito: usted no se lo contaba a nadie. Debía darle mucha vergüenza el no confiar en el Señor en medio de su lucha ni descansar en su fidelidad para “sacarle” de su depresión.

Recuerdo al profesor de un seminario, que nos hablaba en cuanto a la ayuda que podíamos dar a las familias cuando había que oficiar un funeral. Si la persona se había suicidado y había sido creyente, nunca debíamos hablar de ese hecho. Francamente eso no sonaba correcto entonces, ni tampoco suena correcto hoy. ¡El consejo basado en los sentimientos de culpa nunca suena correcto porque no es correcto! Y eso que yo no estaba bien enterado entonces de que Job capítulo 3 se había escrito. De haberlo sabido, le habría dicho al profesor: “Oiga, ¿y qué me dice de Job?”.

Quiero escribir esto para los que están leyendo estas palabras, y que puedan estar en el foso, luchando por volver a la normalidad. Es posible que las cosas se les hayan vuelto tan sombrías que estén necesitando la ayuda de un psicólogo (o un psiquiatra) cristiano competente para que le ayude a orientarse. Lo más inteligente que pueden hacer es encontrar uno y visitarlo. En realidad, vaya hasta donde tenga que ir. Pero asegúrese de que el consejero conozca realmente al Señor Jesucristo y que sea de verdad competente, capaz de darle la dirección que necesita, para que usted pueda batallar con su maraña de sufrimiento. Y añadiría algo más: “Que el Señor le bendiga por cada hora que pase tratando de salir del hoyo donde ha estado. Tenga esperanza. Nuestro fiel Dios le sacará adelante”.

Tomado del libro Buenos Días con Buenos Amigos (El Paso: Editorial Mundo Hispano, 2007). Con permiso de la Editorial Mundo Hispano (www.editorialmundohispano.org). Copyright © 2017 por Charles R. Swindoll Inc. Reservados mundialmente todos los derechos.

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Cruda realidad

12 Enero 2017

Cruda realidad
por Charles R. Swindoll

Job 3:1-26

alimentemos_el_almaSi existiera una película sobre la vida de Job y su familia, la hubiera alquilado para verla esta noche, al llegar a esta parte de la historia la habría adelantado; no habría querido que sus hijos la vieran. Es que esta parte no sólo no está editada, ¡sino es muy cruda y casi raya en lo herético!

Parte de la historia es francamente odiosa. No queremos creer que un hombre tan excelente como Job, al que vimos en los capítulos 1 y 2, sea el mismo que usted encuentra en el capítulo 3. Simplemente, no queremos creerlo. ¿Por qué razón? En parte, porque tenemos la falsa idea de que cualquiera que tiene una vida de intimidad con Dios no tendrá nunca jamás problemas en su vida. Después de todo, “Dios le ama y tiene un plan maravilloso para su vida”. ¿Correcto? Usted supo muy bien, después de una semana de haberse convertido, que no podría desarrollar alas para remontarse sobre los problemas de la vida.

Tenemos que entender que el “plan maravilloso” de Dios es maravilloso desde su perspectiva, no desde la suya o la mía. Para nosotros, “maravilloso” significa comodidad, salud, todas las facturas pagadas, cero deudas, cero enfermedades, un matrimonio feliz con dos hijos de buena conducta, un trabajo gratificante y bien pagado, y a la expectativa de muchas bendiciones, éxitos y prosperidad todo el tiempo. Eso es “maravilloso” para nosotros, pero el plan maravilloso de Dios no es así.

Job nos hace volver a la realidad, a la clase de realidad de Dios. ¿Recuerda la pregunta que le hizo Job a su mujer? “Recibimos el bien de parte de Dios, ¿y no recibiremos también el mal? ¿Recuerda, también, sus palabras finales? “En todo esto Job no pecó con sus labios” (Job 2:10).

Pero este mismo hombre pronto parece ser otra persona, por eso Job capítulo 3 nos inquieta tanto. No queremos que nuestro héroe piense o hable de la manera que lo hace aquí. No parece ser ya un hombre de Dios. Tiene incluso, la osadía de decir al final: “Estoy intranquilo. Estoy molesto. Estoy confundido”. ¿Qué le ha sucedido? Es que se nos ha permitido conocer el lado pesaroso de Job, que es tan real como cualquiera de nosotros en el día de hoy, pero con la diferencia de que Job lo revela todo. Por fortuna, Job nos recuerda que aun los buenos se pueden deprimir.

¿Se ha deprimido usted seriamente alguna vez? No lo olvide, Dios sigue estando allí.

Tomado del libro Buenos Días con Buenos Amigos (El Paso: Editorial Mundo Hispano, 2007). Con permiso de la Editorial Mundo Hispano (www.editorialmundohispano.org). Copyright © 2017 por Charles R. Swindoll Inc. Reservados mundialmente todos los derechos.

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Amigo?

11 Enero 2017

Sin pedirlo
por Charles R. Swindoll

Job 2:11-13

alimentemos_el_almaLos amigos se ocupan de nosotros sin que se lo pidamos. Nadie envió un mensaje a Elifaz, Bildad y Zofar diciendo: “¿Quisieran hacer el favor de venir a traer un poco de compasión y consuelo a Job? El hombre se está muriendo en esta vía crucis de angustia y sufrimiento”. Eso no era necesario, porque los verdaderos amigos se presentan cuando la persona que aman está sufriendo de verdad. Los amigos no necesitan una invitación oficial. Ellos vienen espontáneamente.

Los amigos responden con compasión y consuelo. La compasión incluye identificarse con la persona que sufre. Eso es lo que hacen los amigos. Entran a su vía crucis con el propósito de sentir su angustia y de ser tocados personalmente por el dolor. Consolar es tratar de aliviar el dolor, ayudando a hacer más ligera la aflicción. El amigo hace mandados para ellos. Cuida de los niños. Les trae comida. Hace lo que sea para ayudar, porque quiere consolar a su amado amigo.

Los amigos expresan abiertamente la intensidad de sus sentimientos. Tienen maneras de hacerlo, ¿no? No es extraño ver a un amigo en la habitación de un hospital conteniendo las lágrimas. No es raro que un amigo exprese sus sentimientos más profundos. Los conocidos circunstanciales no hacen eso, por lo general; los amigos verdaderos dan a conocer sus sentimientos.

Los amigos no se sienten mal cuando ven algo desagradable. Por el contrario, vienen a nuestro lado y se acercan a nosotros lo más posible. Los amigos no se sienten ofendidos si la habitación huele mal. Los amigos no se apartan de nosotros porque la persona que han venido a visitar es solo un esqueleto y su peso es la mitad de lo que era antes.

Los amigos ven más allá de todo eso. No nos abandonan porque el mundo se nos vino abajo y uno tiene los nervios destrozados. Por el contrario, eso los acerca más. Estos hombres literalmente rasgaron sus mantos, se echaron polvo en la cabeza, levantaron sus voces y se echaron a llorar cuando se sentaron en el suelo con Job. Demostraron la intensidad de su angustia permaneciendo siete días y siete noches sin decir una sola palabra.

Los amigos entienden, y por eso dicen muy poco. Las palabras no son siempre lo que necesita quien sufre. Lo que el amigo necesita es a usted, su amigo.

Las palabras no son siempre lo que necesita quien sufre. —Charles R. Swindoll

Tomado del libro Buenos Días con Buenos Amigos (El Paso: Editorial Mundo Hispano, 2007). Con permiso de la Editorial Mundo Hispano (www.editorialmundohispano.org). Copyright © 2017 por Charles R. Swindoll Inc. Reservados mundialmente todos los derechos.

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Nuevas alturas para la fe

10 Enero 2017

Nuevas alturas para la fe
por Charles R. Swindoll

Job 2:11-13

alimentemos_el_almaPuesto que nuestra vida está llena de problemas, necesitamos recordar que siempre habrá más. Job lo reconoce: «El hombre nace para el sufrimiento, así como las chispas vuelan hacia arriba» (Job 5:7) y tiene toda la razón. Los problemas son inevitables y por eso usted no debe sorprenderse. Esté consciente de que nuestro adversario, Satanás, anda suelto.

Por vivir en un mundo caído, tenemos que quienes nos aman es posible que nos den consejos equivocados. En los muchos años que he vivido, he recibido, en varias ocasiones, consejos errados de personas que me aman realmente. Eran sinceras, pero estaban equivocadas. No es que quisieran actuar mal, pero lo hicieron.
Ya que Dios es soberano, debemos estar preparados para la bendición como para la adversidad. Por ser Dios, Él es impredecible. ¿Quiere que le dé un consejo? No se desilusione. Debemos estar preparados para la bendición y también para la adversidad, porque Dios es soberano.

Nuestro Dios no tiene la obligación de dar explicaciones de lo que hace. Él no tiene que entrar en la habitación de un hospital, y decir: “Déjame darte cinco razones por lo que le sucedió esto a tu hijo”. Entiéndame bien: Dios está lleno de compasión, pero su divino plan a largo plazo está más allá de nuestra comprensión humana a corto plazo.

Por eso, digamos con Job: “Oh, Señor, confío en ti. No sé por qué me está sucediendo esto. Si es algo que debo aprender, excelente. Si es algo que otra persona debe aprender, maravilloso. Sólo te pido que estés conmigo hasta el final. Mantenme cerca de ti. Sostenme. Ensánchame. Transfórmame”.

“Es más fácil rebajar nuestro concepto de Dios, que elevar nuestra fe a tal altura” escribe un agudo autor, y luego añade: “Observaremos la lucha a medida que la fe de Job es puesta a prueba de todas las formas con toda tentación, para ver que la causa de su desgracia es algo que no se puede comparar con Dios”. El Señor tiene el control de manera total, completa y absoluta. Acepte, por favor, y sométase a esta enseñanza. ¡Qué magnifico es encontrar a personas que confíen en Él hasta el final en este valle de lágrimas, y que digan: “Alabado sea su nombre!” No soy capaz de entenderlo. No sé cómo explicarlo. Sin embargo, alabado sea su nombre. Eso es adoración a su más alto nivel.

Que el Señor le permita elevar su fe a esas alturas, en vez de rebajar su concepto de Él.

Tomado del libro Buenos Días con Buenos Amigos (El Paso: Editorial Mundo Hispano, 2007). Con permiso de la Editorial Mundo Hispano (www.editorialmundohispano.org). Copyright © 2017 por Charles R. Swindoll Inc. Reservados mundialmente todos los derechos.

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Aceptación total

9 Enero 2017

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Aceptación total
por Charles R. Swindoll

Job 2:10

alimentemos_el_almaPor haber vivido con nuestras esposas durante muchos años y habernos vuelto sumamente cómodos con ellas, tenemos la tendencia a no ser prudentes con las cosas que les decimos. Nuestras esposas, por lo general, son víctimas de nuestras peores palabras. Ya que esto es verdad, tomemos hoy la decisión de ponerle freno a nuestra falta de pureza verbal. Job no dijo nada blasfemo. No insultó a Dios. Tampoco la insulto a ella. Como leímos antes, Job no la llamó “impía” sino “insensata”.

Es cierto que Job fue una figura pública, pero no era desconsiderado con los demás. No importa lo muy conocido o lo importante que usted sea; no importa cuánto tiempo haya estado casado; no importa cuánto dinero tenga; no importa qué tan grande sea su compañía, o su iglesia; ningún hombre tiene el derecho de dirigirse a su esposa con aires de superioridad. Ella es su socia. Además, ella sabe muchas cosas de usted, ¡y es posible que algún día escriba su largamente aguardada biografía no autorizada!

Acepte a su esposa totalmente; ámela incondicionalmente. Una esposa florece en un contexto de amor y aceptación. Ella es quien es. Dios la convirtió en la mujer que es. Y me permito recordarle, también, que ella es la esposa que usted eligió. Su mujer se ha convertido en la mujer que Dios está formando, y eso exige aceptación total y amor incondicional por parte de usted.

Idealmente, esta combinación da como resultado un fuerte compromiso. Ambos estarán en esta relación por mucho tiempo. Se mantendrán juntos. Y ninguna cantidad de apuros, dificultades, aflicciones o pruebas les separará. En realidad, esto puede unirlos aún más.

Lamentablemente, muchos matrimonios se mantienen unidos por hilos muy delgados y frágiles. Cuando lleguen las pruebas, por causa de los parientes políticos, de los hijos, quizás una dificultad en su nacimiento que les produce algún defecto; o reveses en el área comercial o financiera.., lo que sea; unan deliberadamente sus fuerzas y tomen la resolución de mantenerse unidos. Dígale a su esposa lo mucho que ella significa para usted. Háblele del valor que ella tiene en su vida, de lo mucho que ella representa para usted. Son muchos los hombres que buscan la manera de escapar cuando los problemas se agudizan. No huya. Póngase firme consigo mismo y permanezcan juntos, pase lo que pase.

Una esposa florece en un contexto de amor y aceptación.—Charles R. Swindoll

Tomado del libro Buenos Días con Buenos Amigos (El Paso: Editorial Mundo Hispano, 2007). Con permiso de la Editorial Mundo Hispano (www.editorialmundohispano.org). Copyright © 2017 por Charles R. Swindoll Inc. Reservados mundialmente todos los derechos.

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La verdad dicha con amor

Palabras Para Vivir

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7 Enero 2017

por Charles R. Swindoll

Job 2:10

alimentemos_el_almaMe causa admiración que Job pusiera atención a las palabras de su esposa. Las analizó, meditó en ellas, las consideró cuidadosamente. Job no malinterpretó ni ignoró a su mujer. Escuchó lo que ella dijo, y no la interrumpió mientras las decía. Eso, francamente, pone a Job en una categoría única entre los esposos.

Caballeros, yo he descubierto que la mayoría de nosotros no tenemos problemas de audición sino de atención. Nuestras esposas quieren, con frecuencia, decimos cosas mucho más importantes que todo lo demás que escucharemos en el día, pero por alguna extraña razón nos hemos formado el hábito de cerrarnos a su consejo. Pero permítame añadir que, si le responde, dígale siempre la verdad. Si lo que ella dice es prudente y está de acuerdo con lo que usted sabe que es verdad, si en verdad es útil, dígaselo. Y dele también las gracias. Si no lo es, dígaselo también, Job no estuvo de acuerdo, y se lo dijo. Su respuesta, después de escucharla, fue: “Hablas como las mujeres insensatas.”

Job detectó en su esposa un problema de amargura, cierta desilusión; por eso le dijo, en realidad: “Este es un consejo que no puedo seguir y que no seguiré. No es sabio. Es un conejo equivocado, y no puedo aceptarlo”.

En los 40 años que llevo trabajando y ministrando con personas casadas, encuentro que una de las cosas más difíciles es lograr que las parejas se digan mutuamente la verdad. Reconozcamos cuando nos hemos equivocado, en vez de ponernos a dar rodeos, justificamos o excusamos. Digamos simplemente: “Me equivoqué”. O si escuchamos que nuestra pareja dice algo que sabemos que no es sabio, o si detectamos una motivación dudosa, tenemos la tendencia a no decirle la verdad. Mucho mejor sería responder: “Querida, me doy cuenta de que sinceramente quieres mi bien, pero honestamente tengo que decirte que no estoy de acuerdo contigo. Pienso que no has sido sabia al sugerirme eso”. A la larga, su matrimonio será más saludable si deja que la verdad se imponga, especialmente si se dice con amor. Escuche bien, y diga la verdad revestida de amor.

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generic_sleeve_new_btb_2Visión Para Vivir es el ministerio de enseñanza bíblica de los pastores Charles R. Swindoll y Carlos A. Zazueta.

El ministerio está comprometido a la excelencia en la comunicación de las verdades de la Escritura y la persona de Jesucristo de una manera fiel, clara, práctica y culturalmente relevante para que la gente pueda venir al entendimiento del plan de Dios para sus vidas, al igual que de su función significativa como cristianos auténticos en un mundo necesitado, hostil y desesperado.

Esperar y observar

6 Enero 2017

Esperar y observar
por Charles R. Swindoll

Job 2:10

alimentemos_el_almaLa respuesta de Job a la sugerencia de su mujer de que maldijera a Dios y muriera es excelente “¡Has hablado como hablaría cualquiera de las mujeres insensatas!” (Job 2:10). ¡Felicitaciones al anciano patriarca! En su debilitada condición, en medio del sufrimiento que le producían todas esas llagas, y sin saber si algo de su situación iba a cambiar, Job se mantuvo firme, e incluso la reprendió. Él le dijo, en realidad: “No puedes hablar de esa manera. Eso nunca”.

Pero Job fue más allá de una reprensión; le hizo una pregunta magnífica: “Recibimos el bien de parte de Dios, ¿y no recibiremos también el mal?” (Job2:10). Su perspectiva era extraordinaria, no solo entonces, sino también hoy en día. ¡Qué teología tan excelente! Es muy raro que de nuestro secularizado sistema surja una declaración así.

Job estaba teniendo estos pensamientos: ¿No tiene Él el derecho de hacerlo? ¿No es Él el alfarero? ¿No somos nosotros el barro? ¿No es Él el pastor y nosotros las ovejas? ¿No es Él el amo y nosotros los siervos? ¿No es así corno tiene que ser?  Por alguna razón, él ya sabía que el barro no le dice al alfarero: “¿Qué haces?”. Por eso le dice a su mujer: “No,,, no… no, querida. No hagamos eso. Nosotros servimos a un Dios que tiene el derecho de hacer lo que quiere, y que no está obligado a dar explicaciones o pedir permiso. Detente y reflexiona: ¿Debemos pensar que vamos a recibir únicamente cosas buenas? ¿Es ese el tipo de Dios a quien servimos? Él no es nuestro sirviente celestial pendiente del chasquido de nuestros dedos, ¿verdad? ¡Él es nuestro Señor y nuestro amo! Necesitamos recordar que el Dios a quien servimos tiene un plan que está más allá de nuestra comprensión, incluyendo tiempos difíciles como este”.

Me encantan las últimas palabras: “En todo esto Job no pecó con sus labios” (v. 10). Aquí encontramos una confianza absoluta. Y fe. “Querida, no podemos explicar nada de esto, así que esperemos y observemos lo que Dios hará. Nunca esperábamos que nos sucediera esto. Tu corazón y el mío están destrozados por la pérdida.

Lo perdimos todo. Bueno, pero no todo. Todavía nos tenemos el uno al otro. Nuestro Dios tiene un plan que está en desarrollo, aunque no podamos entenderlo ahora. Por tanto, esperamos y observemos para ver lo que Él va a hacer después.”.

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Comprensión, por favor

5 Enero 2017

Comprensión, por favor
por Charles R. Swindoll

Job 2:1-9

alimentemos_el_almaQuiero confesar que por mucho tiempo en mi ministerio fui injusto con la esposa de Job, especialmente porque ella no estaba presente para defenderse. Pienso que fue probablemente por inmadurez de mi parte, y porque, además, no había estado casado por mucho tiempo como para ser más prudente al decir esas cosas. Por tanto, no puedo dejar este vistazo fugaz de la señora Job en esta historia, sin decir las cosas como son y hablar en su defensa.

Ahora que usted ha visto el increíble desastre que compartieron los dos, ¿nos resulta un poco más fácil comprender por qué ella pudo decir: “Job, querido, pongámosle fin a esto? No sigas. No puedes continuar viviendo así, y yo no puedo soportarlo. Maldice a Dios, y pídele que te lleve al cielo a estar con Él.” Yo lo comprendo. Ella ha llegado al límite y está dispuesta a dejar que se marche. No estoy justificando el razonamiento de esta mujer sino más bien tratando de entenderlo.

Tenga siempre cuidado con sus palabras cuando su marido esté pasando por momentos terriblemente difíciles. Quiero confesarle algo acerca de nosotros los hombres. Básicamente, quiero que recuerde esto: Los períodos prolongados de dificultades serias debilitan a la mayoría de los hombres. Pero, por alguna razón, los problemas parecen fortalecer a las mujeres; nosotros las admiramos por eso. Pero los hombres nos debilitarnos cuando nos golpea la aflicción y esta no nos deja. En nuestra debilitada condición perdemos nuestra objetividad y a veces nuestra estabilidad. Nuestro discernimiento también es afectado y nuestra determinación disminuye. Nos volvemos vulnerables, y la mayoría no sabemos cómo manejarnos en ese frágil estado mental. Por eso, a la luz de todo esto, escúcheme por favor necesitarnos la clara perspectiva, la sabiduría y la fuerza espiritual de las esposas. Pero más que todo, necesitamos que oren por nosotros como nunca han orado antes. Necesitamos no solo sus oraciones sino también su apoyo emocional. Necesitamos que ustedes tomen la iniciativa de actuar.

Necesitamos sus palabras de confianza y aliento. A nosotros los hombres nos resulta difícil decir: “Te necesito ahora mismo”. Mi esposa puede decirle que durante los primeros diez años de matrimonio, ella nunca pensó que yo la necesitaba. Pero finalmente lo reconocí y aprendí cómo decirlo. En las horas solitarias de la prueba de un gran hombre, ninguna palabra de otros significa tanto para él como las palabras de su esposa. Esa es una de las razones dadas por Dios para unirles como marido y mujer. Cuando nosotros los esposos perdemos el rumbo, ustedes las esposas nos ayudan a encontrarlo de nuevo.

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Primer asalto

4 Enero 2017

Primer asalto
por Charles R. Swindoll

Job 2:1-9

alimentemos_el_almaCuando algo malo sucede, a menudo le sucede a la persona que menos lo merece; y cuando esto ocurre, siempre nos quedamos con la inquietante pregunta: “¿Por qué?”. En algún lugar de todo esto, hay espacio para la historia de Job. Porque, como hemos aprendido, ningún hombre fue mejor que él en el tiempo que le tocó vivir. No solo era un hombre bueno, sino además un hombre piadoso. No solo era un fiel esposo, sino también un padre amoroso y consagrado. Era un buen jefe. Con todas las tierras que poseía, con la abundancia de comida y con ganado y camellos suficientes para costear todos sus sueños, parecía que todo el futuro de Job iría de maravilla.

Imagino que en la lucha que tuvo esa primera noche, tratando de dormir después de sepultar a sus diez hijos con sus propias manos, y teniendo al lado a su afligida esposa, que también había soportado la pérdida, mucho de lo que sucedió seguía siendo una sombra para él. Y habría de venir más, mucho más. Job no pudo haberlo imaginado, de la misma manera que no imaginaron nada quienes estaban en el Pentágono ocupados activamente en sus labores diarias, y los de la bahía de Nueva York, donde los terroristas habían atacado. El personal militar de los Estados Unidos de América no tenía idea de lo que vendría después. Un tercer avión en otra diabólica misión daría contra el mismo lado del edificio de Washington donde algunos ya se estaban ocupando de la atrocidad que acababa de suceder en Nueva York.

He conversado con algunos de los funcionarios que estaban en el edificio en esos momentos. Uno reconoció, para su propia vergüenza: “A la mayoría de nosotros nunca se nos ocurrió que el Pentágono sería el objetivo siguiente”. Jamás sabremos con seguridad si el tercer avión estaba tratando de ubicar a la Casa Blanca  y que no pudo hacerlo debido al follaje de mediados de septiembre. El piloto, con su desquiciante plan de estrellar el avión, divisó este edificio pentagonal e hizo un hueco de sesenta metros debido a un par de explosiones, la primera desde el mismo avión al estrellarse contra el edificio, y la segunda por la inflamación del combustible que incendió al extenso pasillo.

¡Como sucedió con Job, eso no fue justo! Por lo menos, no lo fue desde nuestra perspectiva. Job había sido un modelo de verdadera integridad. Había bendecido a su Padre celestial, lo había adorado y Satanás no podía soportar eso. El adversario había perdido el primer asalto.

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