Buenas Noticias: ¡No Todo es Acerca de Usted!

Buenas Noticias: ¡No Todo es Acerca de Usted!

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Charles R. Swindoll

alimentemos_el_almaLe tengo buenas noticias: el propósito de Dios no es asegurarse de que usted esté contento. Por mucho que le cueste creer esto, es el momento de hacerlo.

La vida no está diseñada para que usted se sienta cómodo y contento, triunfador y libre de dolor. Sino para que usted llegue a ser la persona que Dios le ha llamado a ser. Muy rara vez oímos este mensaje en el cristianismo de hoy impulsado por el consumidor. Otra razón más para decirle de nuevo: ¡la vida no es acerca de usted! Entonces. . . ¿acerca de qué es?

Es acerca de Dios.

¿Cómo puedo decirlo con tanta certeza? Por la respuesta de Pablo en 2 Corintios 12:9-10:

Cada vez él me dijo: «Mi gracia es todo lo que necesitas; mi poder actúa mejor en la debilidad». Así que ahora me alegra jactarme de mis debilidades, para que el poder de Cristo pueda actuar a través de mí. Es por esto que me deleito en mis debilidades, y en los insultos, en privaciones, persecuciones y dificultades que sufro por Cristo. Pues, cuando soy débil, entonces soy fuerte.

¡Eso es! Mientras Pablo trataba de cumplir con la Gran Comisión en Europa, él se enfrentó a innumerables pruebas. No obstante, Pablo entendió acerca de qué es la vida. . . y con ello avanzó el resto de sus días. Nosotros debemos hacer lo mismo.

Cuando usted y yo nos jactamos de nuestros puntos fuertes, nosotros recibimos el crédito, y continuamos avanzando con nuestro propio esfuerzo. Este es una mala idea. Pero cuando nos jactamos en lo que Dios está haciendo en nuestra debilidad, incapacidad e ineptitud, Cristo sale al frente donde Él debe estar. Su fuerza viene a nuestro rescate. Él recibe el honor. Todo es acerca de Él.

Las mismas cosas que tememos y de las que huimos en nuestras vidas son precisamente las que le dieron contentamiento a Pablo. No lo pase por alto al leer su lista:

• Estoy contento cuando pierdo.

• Estoy contento cuando soy débil.

• Estoy contento cuando me insultan.

• Estoy contento cuando me difaman.

• Estoy contento en la angustia.

• Estoy contento en las persecuciones.

• Estoy contento con las dificultades y presiones que son tan apretadas que ni siquiera puedo dar la vuelta.

¿Estos son contextos de contentamiento? ¡Parece imposible! Pablo nos dice cómo él lo hizo: “Pues, cuando soy débil, entonces soy fuerte” (v. 10). Léalo de nuevo. El saber eso llevó al apóstol, que ardía con los ardientes oráculos del cielo, a sus rodillas. Pablo entendió que todo no era acerca de él. Era acerca de Dios. ¡Qué manera de vivir su vida! Contento en todo, sabiendo que la fuerza divina viene cuando la debilidad humana es evidente.

Notablemente, nunca leemos que Pablo le dijo a su guardia romano, cuando estaba encarcelado: “Quiero que me hagas un favor. La próxima vez que estés con alguno de los ayudantes del emperador, háblale para que me saque de esta pocilga. Yo no debería estar aquí, para empezar. He estado aquí por un año, siete meses, cuatro días, cinco horas y nueve minutos, ¡y ya es suficiente!” La actitud de Pablo de una humildad desinteresada le impedía llevar un registro meticuloso de los males que le habían hecho en Roma, o en cualquier otra parte. Él estaba en la cárcel por asignación divina. Pablo entendió que Dios había preparado su situación de antemano, y el apóstol de buen agrado se sometió a esa situación. ¿Cómo pudo hacerlo? Todo era acerca de Dios.

¿Mis palabras le encuentran en un lugar donde no quisiera estar? Si desea aprender el secreto de Pablo acerca de estar contento genuinamente, el lugar perfecto para comenzar es el desarrollar una actitud de humildad desinteresada. Empiece con su familia o amigos. Modélela ante sus empleados o clientes. Usted casi ni va a creer el impacto que ese tipo de actitud mental desinteresada ejercerá sobre otros, y sobre sí mismo.

Permítame decirle que este tipo de humildad no significa andar como un buen ejemplo del libro de Lamentaciones. Por el contrario, Pablo exhorta a los creyentes a tener una actitud de aceptación gozosa. Así es, gozosa. Pablo no escatimó palabras en cuanto a cómo los creyentes deben relacionarse unos con otros:

Hagan todo sin quejarse y sin discutir, para que nadie pueda criticarlos. Lleven una vida limpia e inocente como corresponde a hijos de Dios y brillen como luces radiantes en un mundo lleno de gente perversa y corrupta. (Filipenses 2:14-15, NTV)

Pablo buscó tener una actitud de aceptación gozosa, libre de disputas quisquillosas y controversias, pleitos y lloriqueos. Él abogó por una alegría auténtica. Le insto a vivir de esta manera. . . los resultados le sorprenderán.

Después de todo, no es acerca de usted. Es acerca de Dios.


chuck_swindollConocido sencillamente como “Chuck” en la comunidad cristiana en todo el mundo, el pastor, maestro y escritor Charles R. Swindoll ha dedicado más de cuatro décadas a
la comunicación clara de la Palabra de Dios.  Junto con una devoción abrumadora por ver la gracia de Dios transformando vidas, el pastor Chuck modela a la vez el gozo contagioso que brota al seguir al Señor Jesucristo de todo corazón.
 Copyright © 2016 por Charles R. Swindoll Inc. Reservados mundialmente todos los derechos. http://www.visionparavivir.org

Tiempo de escrutinio

28 Octubre 2016

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Tiempo de escrutinio
por Charles R. Swindoll

2 Reyes 2:1-14

alimentemos_el_almaEl renunciar a lo personal no nos llega de manera natural. Es una virtud que se aprende (muchas veces de manera dura), estimulada por unos pocos y modelada por un número menor aún, especialmente por quienes han llegado a ser conocidos como personalidades del tipo A. Los profetas son famosos por mostrar este temperamento, lo cual hace a Elías aún más admirable. Sin sacarle el cuerpo de heroísmo, era tan blando como la arcilla en las manos de su Señor. Como vimos antes, Elías daba lo mejor de sí mismo cuando estaba “bajo la sombra del Todopoderoso”. Su vida fue de poder, porque había llegado al punto en el que aceptaba la muerte de sus propios deseos, si eso significaba poder mostrar al máximo la gloria de Dios.

El punto del comienzo, el punto de la oración, el punto de la batalla, el punto de la muerte; nosotros también, tenemos estos puntos en nuestras vidas.

En primer lugar, hay un punto de comienzo, de partida, el comienzo mismo de nuestra experiencia cristiana cuando nacemos de nuevo. Ese es nuestro punto de comienzo. En nuestro Gilgal, nos volvemos enteramente nuevos.

Para algunos de nosotros, ese punto de comienzo, de partida, ha quedado distante en el pasado. Escudriñe su memoria. ¿Puede recordar el momento cuando dio sus primeros pasos, como bebé en la fe? Se tambaleaba un poco y aquellas personas que le amaban y guiaban, le ayudaban a mantenerse firme sobre sus pies. Pero aprendió lo más importante de la vida: cómo compartir su fe.

Luego viene el punto de la oración. ¿Lo recuerda? Comenzó primero a aprender lo que era sacrificar, rendir las cosas que le eran queridas y preciosas. Para algunos otros, fue una pérdida por un aborto, o la muerte de un hijo. Para algunos, fue la muerte de un esposo o una esposa. Quizás para usted fue la pérdida de un empleo, o de su negocio, o de su largamente acariciado sueño y que usted sabe, nunca podrá realizar. Al llegar totalmente solo a su propio Betel, aprendió a orar.

Dios hizo un verdadero trabajo en su vida al llevarle desde ese punto de comunión a la siguiente fase que Él dispuso para usted. Y porque ya había aprendido el valor de la oración, usted construyó su altar y aprendió aun más a los pies del Señor. Escudriñe su pasado. ¿Lo recuerda?

El renunciar a lo personal es difícil de aprender, pero bien vale el esfuerzo.

El renunciar a lo personal es difícil de aprender, pero bien vale el esfuerzo.—Charles R. Swindoll

Tomado del libro Buenos Días con Buenos Amigos (El Paso: Editorial Mundo Hispano, 2007). Con permiso de la Editorial Mundo Hispano (www.editorialmundohispano.org). Copyright © 2016 por Charles R. Swindoll Inc. Reservados mundialmente todos los derechos.

Palabras francas

27 Octubre 2016

Palabras francas
por Charles R. Swindoll

2 Reyes 1:1-18

alimentemos_el_almaEs incontable el número de personas que hoy en día quieren conocer el futuro. Los periódicos y revistas tienen columnas de horóscopos. La televisión hace publicidad de servicios psíquicos por línea telefónica directa. En las bancas de las paradas de autobuses hay avisos de quirománticos. Y los estantes de revistas que están junto a las cajas registradoras en los supermercados ofrecen libros sobre astrología, numerología y otros temas similares.

Para muchos esta promoción puede sonar como pura tontería; puede parecer solo una diversión inocente. Después de todo, ¿qué tan malo puede ser leer el horóscopo todos los días? Pero escuche bien: ¡eso es territorio del enemigo! No es ninguna tontería ni una diversión inocente. Al igual que los ídolos de piedra y madera de Ecrón, estos videntes modernos son sus sustitutos, para impedirnos poner nuestra confianza en el Dios vivo.

A Dios le desagrada cualquier participación nuestra en el ocultismo. No importa cuál sea el motivo, no importa lo grande que sea la necesidad, jugar con el ocultismo es pecado. La Palabra de Dios es muy clara en este asunto. En el libro de Levítico, Dios le da a su pueblo este expreso mandamiento: “No recurráis a los que evocan a los muertos ni busquéis a los adivinos para contaminarnos con ellos. Yo, el SEÑOR, vuestro Dios” (Levítico 19:31).

Más allá de esto, Dios es deshonrado por la averiguación específica del futuro que no tiene como fuente a su Palabra. Me doy cuenta de que la mayoría de las personas que comienzan a jugar con la astrología, la adivinación o las tablas de la ouija, no toman este asunto con seriedad. La astrología, por ejemplo, tiene su atractivo, y la mayoría de las personas lo hacen por diversión o curiosidad. Pero estos sencillos y aparentemente juegos dan inicio a un proceso que muchos no pueden manejar; se abren puertas que debieran permanecer cerradas. Luego será solo cuestión de tiempo antes de que esas personas se vean absorbidas y atrapadas por los tenebrosos poderes de las fuerzas demoníacas.

Pero permítame asegurarle que Dios se siente complacido cuando confiamos solamente en Él. El Señor fortalece a quienes ponen su confianza en Él. Si no estamos arraigados en la Palabra de Dios, y no lo buscamos a Él cada día como nuestra fuerza de fortaleza y conocimiento del futuro, nosotros también podemos fácilmente ser presos de la trampa del ocultismo.

Aprenda una lección permanente de Elías. Manténgase firme en la verdad y cuídese del enemigo. El enemigo no solo juega sucio, sino que también juega para quedarse con todo, y él está jugando por su alma.

El Señor fortalece a quienes ponen su confianza en Él.—Charles R. Swindoll

Tomado del libro Buenos Días con Buenos Amigos (El Paso: Editorial Mundo Hispano, 2007). Con permiso de la Editorial Mundo Hispano (www.editorialmundohispano.org). Copyright © 2016 por Charles R. Swindoll Inc. Reservados mundialmente todos los derechos.

Valentía invariable

26 Octubre 2016

Valentía invariable
por Charles R. Swindoll

2 Reyes 1:1-18

alimentemos_el_almaNo podemos evitar admirar la invariable valentía de Elías. El hombre está solo, delante del rey y, seguramente, rodeado de soldados atravesándolo con una lanza. Pero el siervo de Dios no pensó dos veces en el peligro. Estaba tan convencido, tan dedicado a su Señor, que el pensamiento de protegerse a sí mismo jamás cruzó por su mente.

La valentía de los hombres y las mujeres de Dios demuestra por su disposición a enfrentar condiciones desagradables, incluso circunstancias amenazantes, con una calma admirable. Actúan con firme decisión, aunque eso signifique acarrearse a la impopularidad personal. Nada frena su pasión de obedecer a su Dios. . . cueste lo que cueste.

Pocos en la historia de la iglesia poseyeron esta cualidad de valentía apasionada en mayor medida que Martin Lutero. Se ha dicho que fue, quizás, el hombre más valiente que jamás ha existido.  Lutero dijo en su histórico viaje a Worms lo siguiente: “Ustedes pueden esperar de mí cualquier cosa, menos que me atemorice o que me retracte. No huiré, ni mucho menos me retractaré.”

Los amigos de Lutero estaban preocupados por su seguridad. Al pensar en los graves peligros que le esperaban, trataron de disuadirlo. Pero el simple pensamiento de no ir a Worms lo disgustaba hasta el punto de llevarlo a decir: “Iré a Worms aunque allí haya tantos demonios como tejas en las azoteas”.

En una ocasión posterior, mientras aguardaba reunirse con todos los prelados de la iglesia, le preguntaron a Lutero si sentía temor. “¿Temor? Más que al Papa y a sus cardinales, a quién más temo es ese gran Papa, a mí mismo.”

Elías se alzó por encima de sus enemigos, de su rey e incluso de sí mismo; se mantuvo firme, dio el mensaje, y se negó a restarle fuerza. Que cada vez sea más grande el número de personas como él, en estos días en los que es tan común encontrar una teología superficial y complaciente, tan característica de los ministerios superficiales y superefusivos.

Y que usted encuentre el espíritu de valentía en su propio corazón.

Tomado del libro Buenos Días con Buenos Amigos (El Paso: Editorial Mundo Hispano, 2007). Con permiso de la Editorial Mundo Hispano (www.editorialmundohispano.org). Copyright © 2016 por Charles R. Swindoll Inc. Reservados mundialmente todos los derechos.

Dos solemnes recordatorios

25 Octubre 2016

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Dos solemnes recordatorios
por Charles R. Swindoll

1 Reyes 21:1-29

alimentemos_el_almaDespués de dejar constancia de estas terribles profecías, dichas por el Señor a través de Elías, el escritor de 1 Reyes hace este comentario en cuanto a las vidas de Acab y Jezabel: “No hubo realmente nadie, como Acab, que se vendiera para hacer lo malo ante el SEÑOR, pues su mujer Jezabel lo incitaba” (1 Reyes 21:25). ¡Qué pareja! Estaban asociados para las peores iniquidades, hasta que Dios finalmente les dijo: “¡basta!”.

Aquí encontraremos dos serios y solemnes recordatorios que debemos considerar:

En primer lugar, que la paciencia de Dios tiene un límite. Nadie sabe hasta cuando. Los molinos de la justicia de Dios muelen despacio, pero muelen muy bien. El Señor, por su gran paciencia y misericordia, espera que nosotros escuchemos su voz y le obedezcamos. La gente oye el Evangelio de la salvación y no responde. Pero Dios espera. Algunos dicen conocerlo, pero viven de una manera que dice todo lo contrario. Dios sigue esperando.

La paciencia de Dios a veces nos frustra, particularmente cuando el mal persiste y Él no interviene para detenerlo. En momentos así nos resulta fácil convencernos de que el mal pasa todo el tiempo desapercibido.

Usted y yo no sabemos en qué punto llega Dios a su divino límite, y dice: “¡Basta! ¡Es suficiente! ¡No voy a seguir tolerando esto!” Pero yo sé por este pasaje y otros de la Biblia, por lo que hizo con Sodoma y Gomorra, con Herodes Agripa, y con Acab y Jezabel, que la paciencia de Dios puede finalmente agotarse, y de hecho se agota. No se engañe creyendo que su paciencia es eterna.

En segundo lugar, Dios cumple su palabra. Nadie la detiene. Jamás olvide lo que leyó en esta parte. Acab y Jezabel eran muy poderosos, muy intimidantes, muy impíos. Pensaban que ellos lo controlaban todo, que eran invencibles. Pero cuando Dios intervino, fue su fin. No pudieron detener el castigo divino.

Si usted es un hijo de Dios, Él no le echará de su familia. Pero si se niega tercamente a obedecerlo, andando en sus propios caminos, su disciplina será muy dura para con usted. Él le ama demasiado como para no tener en cuenta sus acciones.

Dios es bueno y justo. Y cuando su justicia finalmente decide actuar, no hay forma de escapar de ella. Si usted piensa lo contrario, está lamentablemente fuera de la realidad.

Tomado del libro Buenos Días con Buenos Amigos (El Paso: Editorial Mundo Hispano, 2007). Con permiso de la Editorial Mundo Hispano (www.editorialmundohispano.org). Copyright © 2016 por Charles R. Swindoll Inc. Reservados mundialmente todos los derechos.

Levantemos la mirada

24 Octubre 2016

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Levantemos la mirada
por Charles R. Swindoll

1 Reyes 19:20-21

alimentemos_el_almaGracias a la actitud tierna y compasiva de Dios, Elías salió a gatas de la cueva. «Se fue de allí». Dios lo reanimó por medio del descanso y la comida, le dio un sabio consejo y lo hizo sentir importante de nuevo. ¡Eso sí que es compasión!

Después, Dios le permitió a Elías que pasara su manto a Eliseo, su sucesor. Pero el Señor hizo mucho más que eso, muchísimo más. Porque Eliseo “se levantó, fue tras Elías y le servía”. Dios no solamente le dio un sucesor, sino además un amigo íntimo, personal, alguien que amaba a Elías y lo comprendía lo suficiente como para ayudarlo y animarlo.

Dios no nos ha creado para que vivamos como ermitaños en una cueva. Nos ha creado para que vivamos en un compañerismo, en comunión y en comunidad unos con otros. Por eso es tan importante la iglesia, el cuerpo de Cristo, ya que allí nos unimos en amor y en apoyo muto. Estamos llamados a ser parte de la vida de otros porque, de lo contrario, nos replegamos y nos concentramos en nosotros mismos, pensando en lo difícil que es nuestra situación o en qué injustos son los demás.

Elias nos recuerda levantar la mirada.

Levantemos la mirada después de que el Señor nos saque misericordiosamente de la depresión.

Levantemos la mirada cuando el Señor nos permita descansar y renovarnos después de una agenda agotadora que ha hecho sentir sus efectos en nosotros.

Levantemos la mirada y demos gracias al Señor cuando Él nos hable tierna y pacientemente desde Su Palabra, después de que hayamos salido del foso de la autocompasión.

Levantemos la mirada y alabemos al Señor cuando nos da fielmente la compañía y el apoyo de un amigo que nos entiende y anima.

Levantemos la mirada y reconozcamos al Dador más que al regalo.

Digamos: “Gracias, Señor, por contarnos todo acerca de Elías,” quien es un ejemplo inolvidable de que lo único que debemos hacer es levantar la mirada.

Levantemos la mirada después de que el Señor nos saque de la depresión.—Charles R. Swindoll

Tomado del libro Buenos Días con Buenos Amigos (El Paso: Editorial Mundo Hispano, 2007). Con permiso de la Editorial Mundo Hispano (www.editorialmundohispano.org). Copyright © 2016 por Charles R. Swindoll Inc. Reservados mundialmente todos los derechos.

Cómo Comenzar una Relación con Dios

Cómo Comenzar una Relación con Dios

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alimentemos_el_almaHa usted alguna vez acariciado el aterciopelado pétalo de una rosa? ¿O escuchado la cascada tranquila de un arroyo montañoso? ¿O paseado admirado a través de un bosque de secoyas? En esos momentos tranquilos, un pensamiento puede brotar de su alma: Solamente Dios pudiera crear tal belleza.

La mayoría de las personas que han experimentado momentos como estos regresan creyendo que debe haber un Dios. ¿Pero cómo se relaciona una persona con su Creador? ¿Cómo llegamos a conocer a Dios?
La Biblia, el libro más maravilloso en el mundo, señala el camino a Dios con cuatro verdades fundamentales. Veamos cada una de estas señales detalladamente.

Nuestra Condición espiritual: Totalmente depravada
La primera verdad es más bien personal. Una mirada en el espejo de las Escrituras, y nuestra condición humana se vuelve dolorosamente clara:

Como está escrito:
“No hay justo, ni aun uno;
No hay quien entienda,
No hay quien busque a Dios;
Todos se han desviado, a una se hicieron inútiles;
No hay quien haga lo bueno,
No hay ni siquiera uno.”
(Romanos 3:10-12)

Somos completamente pecadores; totalmente depravados. Ahora, eso no significa que hemos cometido todo tipo de atrocidad conocida a la humanidad. No somos tan malos como podemos ser, solamente estamos tal mal como podemos estar. El pecado altera todos nuestros pensamientos, motivos, palabras, y acciones.

¿No lo cree usted? Mire a su alrededor. Todo alrededor de nosotros lleva las huellas manchadas de nuestra naturaleza pecaminosa. A pesar de nuestros mejores esfuerzos para crear un mundo perfecto, las estadísticas de crímenes continúan subiendo vertiginosamente, el porcentaje de divorcios continúa aumentando, y las familias se siguen desmoronando.

Algo ha ido terriblemente mal en nuestra sociedad y en nosotros mismos, algo mortal. Porque, contrario a cómo el mundo lo pudiera presentar, vivir para “mí primero” no es lo mismo que una individualidad robusta y la libertad; es lo mismo que la muerte. Como Pablo dijo en su carta a los Romanos, “La paga del pecado es muerte” (Romanos 6:23): nuestra muerte emocional y física a través de la destructividad del pecado, y nuestra muerte espiritual según la sentencia justa de Dios por nuestro pecado. Esto nos lleva a la Segunda señal: el carácter de Dios.

El carácter de Dios: Infinitamente santo
Nuestra propia conciencia de que las cosas no son como deben ser nos indica una norma de bondad más allá de nosotros. La norma es Dios mismo. Y la norma de santidad de Dios contrasta severamente con nuestra condición pecaminosa.

Las Escrituras dicen que “Dios es luz, y en Él no hay tiniebla alguna” (1 Juan 1:5). Él es absolutamente justo; lo cual crea un problema para nosotros. Si Él es tan puro, ¿cómo podemos nosotros que somos tan impuros relacionarnos con Él?

Quizás pudiéramos tratar de ser mejores personas, tratar de inclinar la balanza a favor de nuestras buenas obras. A través de la historia, personas han tratado de vivir de acuerdo a las normas de Dios guardando los Diez Mandamientos. Desdichadamente, nadie puede acercarse a satisfacer las demandas de la ley de Dios. La traducción de J. B. Phillips de Romanos 3 indica:

Ningún hombre puede justificarse a sí mismo ante Dios por un cumplimiento perfecto de las demandas de la Ley; de hecho es la regla de la Ley la que nos muestra qué tan torcidos estamos. (Romanos 3:20 PHILLIPS)

Nuestra necesidad: Un substituto
Así que aquí estamos, pecadores por naturaleza, pecadores por elección, tratando de levantarnos por nuestros propios esfuerzos y alcanzar una relación con nuestro Creador santo. Pero cada vez que tratamos, nos caemos de narices. No podemos vivir una vida suficientemente buena para compensar por nuestro pecado, porque la norma de Dios no es “suficientemente bueno”; es perfección. Y no podemos reparar la ofensa que nuestro pecado ha creado sin morir por él.

¿Quién puede sacarnos de este dilema?

Si alguien pudiera vivir perfectamente, honrando la ley de Dios, y pagara la pena de muerte del pecado por nosotros, entonces pudiéramos ser salvados de nuestro aprieto. ¿Pero existe tal persona? Gracias a Dios, ¡Sí!

Conozca a su substituto: Jesucristo. ¡Él es Aquel que tomó el lugar de la muerte por usted!
[Dios] hizo al que no conoció pecado [Jesucristo], pecado por nosotros, para que fuéramos hechos justicia de Dios en Él.
(2 Corintios 5:21)

La provisión de Dios: Un Salvador
Dios nos rescató enviando a Su Hijo, Jesús, a morir en la cruz por nuestros pecados (vea 1 Juan 4:9-10). Jesús era totalmente humano y totalmente divino, una verdad que asegura Su comprensión de nuestras debilidades, Su poder para perdonar, y Su capacidad de llenar el vacío entre Dios y nosotros (Vea Romanos 5:6-11). En resumen, somos “justificados gratuitamente por su gracia por medio de la redención que es en Cristo Jesús” (Romanos 3:24). Dos palabras en este versículo necesitan una explicación adicional: justificados y redención.

La justificación es el acto de misericordia de Dios, en el cual Él declara justos a los pecadores creyentes, mientras ellos aún están en su condición de pecadores. La justificación no significa que Dios nos hace justos, para que nunca pequemos de nuevo, mas bien Él nos declara justos al igual que un juez perdona a un criminal culpable. A causa de que Jesús tomó nuestro pecado sobre sí mismo y sufrió nuestra sentencia en la cruz, Dios perdona nuestra deuda y nos proclama PERDONADOS.

La redención es el acto de Dios de pagar el precio de rescate para liberarnos de nuestra esclavitud al pecado. Siendo cautivos por Satanás, estábamos aprisionados por las cadenas de hierro del pecado y la muerte. Como cualquier padre amoroso cuyo hijo ha sido secuestrado, Dios gustosamente pagó el rescate. ¡Y qué precio Él pagó! Él dio a Su único Hijo para cargar todos los pecados de la humanidad: pasados, presentes, y futuros. La muerte y la resurrección de Jesús rompieron nuestras cadenas y nos hicieron libres para ser hijos de Dios. (vea Romanos 6:16-18, 22; Gálatas 4:4-7).

Poniendo nuestra fe en Cristo
Estas cuatro verdades describen cómo Dios ha proporcionado un camino a Él a través de Jesucristo. Pero Dios no nos forzará a seguirlo. Él no nos arrastrará por un camino por el que no queremos ir. Es nuestra decisión ofrecernos a entrar a una relación con Él, y lo hacemos por fe.

Porque por gracia habéis sido salvados por medio de la fe, y esto no de vosotros, sino que es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe. (Efesios 2:8-9)

Aceptamos el regalo de Dios de la salvación sencillamente poniendo nuestra fe solamente en Cristo para el perdón de nuestros pecados. ¿Desearía usted entrar a una relación con su Creador confiando en Cristo como su Salvador? Si es así, he aquí una oración sencilla que usted puede utilizar para expresar su fe:

Amado Dios,
Yo sé que mi pecado ha creado una barrera entre Tú y yo. Gracias por enviar a Jesús a morir en mi lugar. Yo confío solamente en Jesús para perdonar mis pecados y acepto Su regalo de vida eterna. Yo le pido a Jesús que sea mi Salvador personal y el Señor de mi vida. Gracias. En el nombre de Jesús, amen.

Si usted ha orado esta oración y desea saber más acerca de conocer a Dios y Su plan para usted en la Biblia, contáctenos en Visión Para Vivir. Escríbanos a la dirección que aparece abajo. Dirija su carta al Departamento de Ministerios Pastorales.

La próxima vez que usted examine una rosa o admire una puesta del sol, considere a Aquel que creó nuestro maravilloso mundo. ¡Usted lo conoce personalmente!

Adaptado del sermón de Chuck Swindoll, “Mr. Smith, Meet Your Substitute” [Señor Smith, conozca a su substituto], de la guía de estudio bíblico, God’s Word, God’s World, and You[La Palabra de Dios, el mundo de Dios, y usted] (Anaheim, Calif.: Insight for Living, 1997), pp. 41-48.

 

Sal de allí

21 Octubre 2016

1 Reyes 19:10-18

alimentemos_el_almaDios tuvo un encuentro con su siervo Elías en un momento en que este se encontraba desaminado y desesperado. Esto se llama misericordia en su mejor expresión, ilustrada por el Amo y el Señor mismo.

En primer lugar, Dios le permitió a Elías un tiempo de descanso y renovación. Ningún sermón, ningún reproche, ninguna acusación, ninguna humillación. No cayó ninguna centella del cielo que le dijera: “¡Qué aspecto tienes! ¡Levántate, inútil! ¡Ponte de pie! ¡Regresa de pie! ¡Regresa de inmediato a tu trabajo!”.

Por el contrario, Dios le dijo: “Tranquilo, hijo mío. Relájate. No has tenido una buena comida durante mucho tiempo.” Entonces le envió una torta de pan recién horneado y una botella de refrescante agua fría. Eso debió haberle traído agradables recuerdos de aquellos sencillos días que pasó junto al arroyo de Querit. ¡Qué grande es la misericordia de Dios!

La fatiga puede llevar a toda clase de pensamientos raros, haciéndonos creer una mentira. Elías estaba creyendo una mentira, en parte porque estaba agotado. Por eso, Dios le dio descanso y renovación, y Elías caminó después durante 40 días y 40 noches por las fuerzas que eso le proporcionó.

En segundo lugar, Dios se comunicó con Elías de una manera sensible. Le dijo: ¡Elías, levántate y sal de esa cueva! Allí hay mucha oscuridad, hombre, sal y párate en la luz. Ponte de pie sobre la montaña, delante de mí. Ese es el lugar donde vas a recibir confianza. Olvídate de Jezabel. Quiero que pongas tus ojos en mí. Ánimo, que yo estoy contigo y siempre lo estaré.”

La presencia de Dios no estuvo en el viento, ni en el terremoto ni en el fuego. Su voz vino a Elías en una suave brisa. Esos agradables y apacibles murmullos fueron como imanes invisibles, arrastrados por el viento, que sacaron a Elías de la cueva. ¿Ve lo que hizo Dios? Sacó a Elías de la cueva de la autoconmiseración y la depresión. Y una vez que Elías estuvo fuera de la cueva, Dios le preguntó de nuevo: “¿Qué haces aquí Elías?”

El Señor le mostró a Elías que este tenía todavía trabajo por hacer, que seguía habiendo un lugar para él. A pesar de lo desilusionado y agotado que estaba, continuaba siendo el siervo de Dios y el hombre que Él había elegido para “un tiempo como este” (Ester 4:14). Ante la queja de que estaba solo, Dios le dijo: “Aclaremos esto, Elías. Hay siete mil fieles que no se han inclinado ante Baal. En realidad, tú no estás solo. En cualquier momento que yo quiera, con solo un chasquido de mis dedos, puedo traer al frente a todo un batallón nuevo de mis soldados.” ¡Qué confianza le produjo todo eso!

 

La fatiga puede llevar a pensamientos raros, haciéndonos creer mentiras.—Charles R. Swindoll

Tomado del libro Buenos Días con Buenos Amigos (El Paso: Editorial Mundo Hispano, 2007). Con permiso de la Editorial Mundo Hispano (www.editorialmundohispano.org). Copyright © 2016 por Charles R. Swindoll Inc. Reservados mundialmente todos los derechos.

Cuando la depresión ataca

20 Octubre 2016

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Cuando la depresión ataca
por Charles R. Swindoll

1 Reyes 19:1-9

alimentemos_el_alma¿Por qué Elías tuvo miedo de las amenazas de Jezabel? ¿Por qué huyo de su permanente prioridad de servir a Dios y se escondió temeroso bajo la sombra de ese solitario árbol, en lo más recóndito del desierto?

En primer lugar porqué no estaba pensando de manera clara o realista. Estaba tan miope que no era capaz de pensar en el origen de esa amenaza. Pensemos en esto. La amenaza no había vendido de Dios, sino de un ser humano carnal e incrédulo que vivía su vida impía a años luz de Dios. Si Elías hubiera pensado de manera clara y realista, se habría dado cuenta de esto.

En segundo lugar, porque se separó de las relaciones que podían fortalecerlo.

En tercer lugar, porque se vio atrapado en la fama de una gran victoria. Nuestros momentos más vulnerables vienen, por lo general, después de una gran victoria, especialmente si esa victoria es una experiencia sublime con Dios. Ahí es cuando necesitamos prepararnos para defendernos del enemigo.

En cuarto lugar, porque estaba agotado física y emocionalmente. Elías había tenido una vida muy difícil durante años. Era un hombre perseguido, considerado por el rey como el enemigo público número uno. No hay dudas de que Elías había llegado al fin de sus fuerzas físicas y, con toda seguridad, emocionales, todo lo cual no podía sino debilitarlo espiritualmente. No sé si Elías estaba disgustado, pero lo que sí puedo decirle es que estaba agotado. Podemos oírlo en sus cansadas palabras: “¡Basta ya, oh SEÑOR! ¡Quítame la vida, porque yo no soy mejor que mis padres!”.

En quinto lugar, porque cayó en la autocompasión. La autocompasión es una emoción patética. Nos engaña. Exagera. Nos lleva a las lágrimas. Cultiva una mentalidad de víctima en nuestra mente. Y en el peor de los casos, puede llevarnos al punto de hacernos querer morir, que es exactamente lo que le sucedió a Elías.

Le abrimos la puerta a esa patética mentira, a esa autocompasión cuando no fijamos una norma no realista y luego no podemos estar a la altura de ella. La autocompasión ataca nuestra mente como una bestia y nos tritura con sus garras.

 

A veces nuestros momentos más vulnerables vienen después de una gran victoria.—Charles R. Swindoll

Tomado del libro Buenos Días con Buenos Amigos (El Paso: Editorial Mundo Hispano, 2007). Con permiso de la Editorial Mundo Hispano (www.editorialmundohispano.org). Copyright © 2016 por Charles R. Swindoll Inc. Reservados mundialmente todos los derechos.

Depresión

19 Octubre 2016

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Depresión
por Charles R. Swindoll

1 Reyes 19:1-9

alimentemos_el_almaElías fue un profeta heroico, sin duda. También fue un hombre de gran humildad, como hemos visto. Pero recordemos también que fue simplemente un hombre, un ser humano, sujeto a la condición humana, como todos nosotros. Supo lo que era el desánimo, el abatimiento y la depresión, y en una ocasión no pudo librarse de ella.

No es de sorprenderse que en este momento de la vida de Elías, el gran profeta haya tocado fondo. Por varios años se había mantenido firme en medio de circunstancias y dificultades casi insuperables. Pero, ahora, después de una gran victoria, cae en la agonía del desánimo y la postración total.

Recuerde que Elías fue un hombre, un ser humano, lo mismo que nosotros. Puesto que es así, no debe alarmarnos que se asustara y huyera para salvar su vida yendo a Beerseba, que pertenece a Judá y que dejara a su criado allí.

Pero Elías caminó durante todo un día por el desierto, hasta que se sentó debajo de una mata de retama; allí pidió morir, y dijo: “¡Basta ya, oh SEÑOR! ¡Quítame la vida, porque yo no soy mejor que mis padres!” (1 Reyes 19:3-4).

Me alegra que este capítulo haya sido incluido en la Biblia. Me alegra que cuando Dios pinta los retrasos de sus hombres y mujeres, los pinta con todos sus defectos. No se desentiende de sus debilidades ni oculta sus fracasos.

Elías tuvo que volver a poner sus ojos en el Señor. Eso era absolutamente necesario. Había sido usado poderosamente, pero era el Señor quien lo había hecho poderoso. Se mantuvo firme contra el enemigo, pero fue el Señor quien le dio las fuerzas para hacerlo.

Muchas veces nos prendemos más de los regalos que Dios nos da, que del Dador mismo. Cuando el Señor nos da descanso y nos renueva, nos sentimos más agradecidos por el descanso y por la renovación que por el Dios que nos da ese descanso. Cuando Dios nos da un buen amigo, nos absorbe esa amistad y nos ocupamos tanto del amigo que nos olvidamos que fue nuestro buen Dios quien nos dio el amigo. ¡Qué fácil es concentrarse en las cosas equivocadas!

A veces nos prendemos más de los regalos que Dios nos da, que del Dador mismo.—Charles R. Swindoll

Tomado del libro Buenos Días con Buenos Amigos (El Paso: Editorial Mundo Hispano, 2007). Con permiso de la Editorial Mundo Hispano (www.editorialmundohispano.org). Copyright © 2016 por Charles R. Swindoll Inc. Reservados mundialmente todos los derechos.