Cuando golpea la tragedia

4 Octubre 2016

Cuando golpea la tragedia
por Charles R. Swindoll

1 Reyes 17:17-19

Estoy sumamente impresionado por la benignidad de Elías. Aunque él no merecía ningún reproche de la mujer, se mantiene callado durante la descarga. Eso es benignidad. Alguien, en algún lugar, ha llamado a esto el fruto del Espíritu, «la marca de que algo fue hecho en el cielo.» Cuando la benignidad está presente en un ambiente tan cargado como este, se convierte en un testimonio del Espíritu de Dios actuando en alguien que pudiera reaccionar con dureza, pero no lo hace. Es la vida del Señor en él que se hace evidente, en ese momento de benignidad y de ternura.

También me impresiona esta afligida madre. Ella, sin ninguna vacilación, pone su precioso hijo sin vida en los brazos de Elías. Quizás la benignidad del profeta derritió de pronto su corazón y la indujo, una vez más, a confiar en él.

Después, Elías, el siervo de Dios, sube silenciosamente la escalera hasta la habitación donde él batallaba con regularidad delante de Dios. Digo esto porque creo que Elías había pasado horas, incluso días, de rodillas en ese cuarto. Se había formado ese hábito mientras estuvo solo con Dios en Querit.

¿Tiene una habitación como esa, un lugar de encuentro con Dios? ¿Tiene un tranquilo retiro donde usted y el Señor se comunican regularmente? Si no lo tiene, lo animo seriamente a buscar ese lugar, un lugar especial donde usted y Dios puedan reunirse. Será allí donde usted se preparará para las contingencias de la vida. Sin ese, usted no tendrá el acero necesario en el fundamento de su fe.

¿Qué hace usted cuando le golpea la tragedia? ¿Qué hace cuando viene una prueba? ¿Cuál es su primera reacción? ¿Quejarse? ¿Enojarse? ¿Culpar a otros? ¿Buscar una salida utilizando su propio razonamiento? ¿O se ha formado el hábito de hacer lo que Elías hacía? ¿Va a su lugar especial para estar a solas con Dios? Elías nos ofrece un maravilloso ejemplo. Nada de pánico. Nada de temor. Nada de apresuramiento. Nada de dudas.

Tomado del libro Buenos Días con Buenos Amigos (El Paso: Editorial Mundo Hispano, 2007). Con permiso de la Editorial Mundo Hispano (www.editorialmundohispano.org). Copyright © 2016 por Charles R. Swindoll Inc. Reservados mundialmente todos los derechos.

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Confiado en el Poder del Señor

3 Octubre 2016

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Confiado en el Poder del Señor
por Charles R. Swindoll

1 Reyes 17:17-19

Las lágrimas corren en abundancia sobre el rostro de la mujer mientras sostiene el cadáver de su hijo en brazos. En ese preciso momento, Elías extiende sus brazos y dice: «Dámelo.»

Elías le dice: «Dame tu hijo.» Entonces lo toma de sus brazos y lo lleva a la habitación de arriba donde él vivía, y lo acuesta en su propia cama (1 Reyes 17:19).
Allí está la mujer, sosteniendo el cuerpo marchito, sin vida, de su único hijo. Su mundo se le ha venido al paso de repente y sin previo aviso. Elías simplemente le dice: «Dámelo.»

¿Sabe usted lo que me impresiona de verdad aquí? El silencio de Elías. De alguna manera, él sabe que nada que pueda decir en este momento consolará a esta acongojada madre. Ninguna palabra que le diga podrá aliviar su abatido espíritu. Por tanto, no argumenta con ella. No la reprende. No trata de razonar con ella. No le recuerda todo lo que ella le debe, ni la vergüenza que debiera darle echarle la culpa a él. Simplemente le pide que ponga su carga en sus brazos.

Haga una pausa por un momento para darse cuenta de que Elías está una vez más en una situación que, al menos desde un punto de vista humano, no se lo merece. Obedeció a Dios presentándose ante Acab, y luego se escondió en Querit. Caminó con el Señor desde Querit hasta Sarepta. Había hecho exactamente lo que el Señor le dijo. Confió en Dios, y ahora está recibiendo todo el peso del reproche de esta mujer.

Dios parece a veces ponernos en un torno, y luego aprieta y aprieta hasta que pensemos, en medio del dolor de su soberana presión: «¿Qué está tratando el Señor de hacer conmigo?». Caminamos, entonces, más y más cerca de Él. No sé cómo podríamos caminar más cerca, pero siguen viniendo las pruebas, una tras otra.

Así es cómo se encuentra Elías, pero no flaquea. Se mantiene confiado y callado a la sombra de Dios, firme en su fe, confiado en el poder del Señor. Esa es humildad en su mejor expresión.

Elías no cuestiona a Dios. Se mantiene tranquilo. No pierde el control. No discute con la mujer. Simplemente le dice, con calmada compasión: «Dame el niño.»

Tomado del libro Buenos Días con Buenos Amigos (El Paso: Editorial Mundo Hispano, 2007). Con permiso de la Editorial Mundo Hispano (www.editorialmundohispano.org). Copyright © 2016 por Charles R. Swindoll Inc. Reservados mundialmente todos los derechos.

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El eterno YO SOY

El eterno YO SOY

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Charles R. Swindoll

Mientras sus ojos no estén fijo en el Señor, usted no podrá resistir los días que van de mal en peor.

¡Fije sus ojos en el Señor! Hágalo una vez. Hágalo a diario. Hágalo diez mil veces, cien mil veces. Hágalo constantemente. Cuando su calendario le pone presión, cuando sus perspectivas se diluyen, cuando su esperanza se apaga, cuando la gente lo desilusiona, cuando los sucesos se vuelven en su contra, cuando los sueños mueren, cuando las paredes se estrechan, cuando la prognosis se ve lúgubre, cuando su corazón se parte, mire al Señor, y siga mirándolo a Él.

¿Quién es Él? Él es Jehová, el eterno YO SOY, el soberano Señor del universo. Él no puede hacer lo injusto; es contra su naturaleza. Él nunca ha perdido el control. Siempre es fiel, inmutable, todopoderoso, omnisciente, bueno, compasivo, lleno de gracia, sabio, lleno de amor, soberano, confiable.

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Asociaciones increíbles

30 Septiembre 2016

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Asociaciones increíbles
por Charles R. Swindoll

1 Reyes 17:10-16

Elías estaba en una situación que, desde toda perspectiva humana, era imposible. Pero la buena noticia es que él vio más allá de la dificultad. Manejó el problema con fe, no con temor.

Elías había decidido que no se iba a dejar vencer por esta melancolía inicial. La viuda tenía puestos sus ojos en las imposibilidades; un puñado de harina, una minúscula cantidad de aceite, unos pocos leños. Elías se preparó para trabajar y se concentró en las posibilidades.

¿Por qué pudo hacerlo? Porque en él estaba aflorando un nuevo hombre de Dios. Había estado en Querit. Había visto la prueba de la fidelidad de Dios. Había sobrevivido al arroyo seco. Había obedecido a Dios y, sin ninguna vacilación, se había ido a Sarepta.

Usted no puede hablar de lo que no tiene experiencia. Usted no puede animar a alguien a creer lo imposible si antes no ha creído lo imposible. Usted no puede encender la lámpara de la esperanza de otra persona si su propia antorcha de fe no está ardiendo.

Cuando Elías vio el recipiente de harina y la botella de aceite casi vacíos, dijo, casi con un encogimiento de hombros: «Eso no es problema para Dios. Entra y prepara esas tortas. Y prepara también algunas para ti y para tu hijo.» Luego le dijo porqué. Escuche estas confiadas palabras de fe: «La harina de la tinaja no se acabará, y el aceite de la botella no faltará hasta el día en que el SEÑOR de lluvia sobre la superficie de la tierra.»

¡Qué gran promesa! La mujer debió haber mirado a Elías, a este cansado y polvoriento extranjero, asombrada y perpleja, mientras escuchaba esas palabras que ella jamás había oído antes.

¿Alguna vez ha estado usted en presencia de una persona de fe? ¿Se ha rosado alguna vez con hombres o mujeres de Dios que no tienen la palabra «imposible» en su vocabulario? Si no ha sido así, encuentre algunas personas así, porque las necesita en su vida. ¡Esta clase de asociaciones increíbles son las que Dios utiliza para desarrollar nuestra fe!

Tomado del libro Buenos Días con Buenos Amigos (El Paso: Editorial Mundo Hispano, 2007). Con permiso de la Editorial Mundo Hispano (www.editorialmundohispano.org). Copyright © 2016 por Charles R. Swindoll Inc. Reservados mundialmente todos los derechos.

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Prueba severa

29 Septiembre 2016

Prueba severa
por Charles R. Swindoll

1 Reyes 17:8-9

Tal como hicimos antes, veamos primero el significado de este lugar donde se le ordenó al profeta que fuera. Sarepta proviene de un verbo hebreo que significa «mezclar, fundir.» Curiosamente, la forma sustantiva significa «prueba severa.» El lugar pudo haber sido llamado así porque habría alguna planta para fundir en algún sitio cercano; pero no podemos asegurarlo. Sin embargo, cualquiera que sea el origen del nombre, Sarepta sería una «prueba severa» para Elías, un lugar designado por Dios para refinar más el profeta, y para que marcara una gran diferencia en el resto de su vida.

Fue casi como si el Señor le estuviera diciendo a su siervo: «Primero te llevé a Querit para alejarte de las luces brillantes y de la plataforma pública, donde pudiera bajarte los humos y reducirte a un hombre que confiara en mí, pese a todo. Fue allí que comencé a renovarte interiormente por medio de las disciplinas de la soledad, el silencio y el anonimato. Pero ahora llegó el momento de hacer un trabajo aún más profundo. Ahora, Elías, aumentaré el fuego del horno y te fundiré para convertirte exactamente en la clase de hombre que yo necesito para que cumpla el propósito que tengo en mente.»

Si usted camina con el Señor bastante tiempo, descubrirá que sus pruebas vendrán muchas veces una después de la otra. O quizás sería mucho más exacto decir una tras otra, tras otra, tras otra. Por lo general, sus pruebas preparatorias no se limitan a una o dos, sino que se multiplican. Tan pronto como usted sale de una prueba severa pensando: «Bien, salí de esta,» cae en otra, donde la llama es todavía más caliente.

Las pruebas severas crean un carácter como el de Cristo. Esto es precisamente lo que el himnólogo tenía en mente cuando escribió ¡Cuán firme cimiento! Leemos en su tercera estrofa:

La llama no puede dañarte jamás,
si en medio del fuego te ordena pasar;
el oro de tu alma más puro será,
pues solo la escoria se ha de quemar.

Eso es lo que hace una prueba severa. Eso es lo que hace un horno de fundición. Saca toda la escoria a la superficie para que pueda ser retirada, dejando así una mayor pureza.

Las pruebas severas crean un carácter como el de Cristo. —Charles R. Swindoll

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Carrera de obstáculos

28 Septiembre 2016

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Carrera de obstáculos
por Charles R. Swindoll

1 Reyes 17:5-7

Una experiencia que es parte de todo campamento de entrenamiento es la agotadora, penosa y a veces intimidante carrera de obstáculos. No es divertida ni fácil, pero su exigente disciplina prepara al recluta para cualquier situación que enfrentara en el futuro, particularmente bajo fuego enemigo. En la vida espiritual, antes de que podamos sacarle provecho verdaderamente a la «vida escondida» que Dios utiliza para prepararnos para cualquier situación que Él tenga para nosotros en el futuro, tenemos que vencer por lo menos cuatro grandes obstáculos. Pienso en ellos como cuatro membranas de la carne: orgullo, temor, resentimiento y hábitos arraigados. El conquistar estas capas de resistencia nos preparará para el futuro y nos fortalecerá para el combate con el adversario.

En un sentido muy real, Dios ha creado un campamento de entrenamiento para Sus hijos, pero esto no dura ocho o diez semanas. Tampoco es un seminario de fin de semana que podemos tomar, o un taller de un día al cual podemos asistir. El curso de capacitación de Dios se realiza periódicamente a través de toda la vida cristiana. Allí, en el centro mismo de los obstáculos, del dolor y de la soledad, llegamos a darnos cuenta de cuán vivo está Dios en nuestras vidas, de Su realidad y Su control. Él nos invadirá, nos reducirá, nos doblegará y nos humillará, para que podamos convertirnos en las personas que Él quiere que seamos.

No importa cuántos años hayamos andado con el Señor, tenemos todavía, a veces, que pasar por nuestro propio Getsemaní. Esto sucede cada vez que Él nos envía al arroyo para vivir la vida escondida. Ocurre cada vez que Él nos desorienta cuando nos desplaza; cada vez que Él quita todos los apoyos; cada vez que Él nos quita las comodidades; cada vez que Él nos quita la mayoría de los «derechos» que una vez disfrutamos. Y Él hace todo esto para poder convertirnos en la persona que no podríamos ser en otras circunstancias. Él sabe muy bien lo que hace.

Elías fue a Querit como el enérgico vocero de Dios, un profeta. Salió de Querit siendo un hombre de Dios más espiritual. Todo esto sucedió porque fue puesto junto a un arroyo que se secó. Estuvo solo, pero no olvidado. Fue probado, pero no abandonado.

El curso de capacitación de Dios se realiza a través de toda la vida cristiana. —Charles R. Swindoll

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Situaciones difíciles

26 Septiembre 2016

Situaciones difíciles

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por Charles R. Swindoll

1 Reyes 17:5-7

Elías estaba en una situación difícil. Una situación en la que su vida estaba en riesgo. El arroyo se había secado. ¿Es que Dios se había olvidado de su fiel siervo? ¿Se ha olvidado de Dios usted? ¿Lo ha dejado solo? El Dios que da el agua puede también negar el agua. Ese es Su derecho soberano.

Nuestros sentimientos humanos nos dicen que una vez que nuestro fiel Padre celestial nos da agua, no debe negarla nunca. Que no sería justo. Que una vez que nos da una esposa o esposo, nunca debe llevárselo. Que una vez que nos da un hijo, nunca debe quitárnoslo. Que una vez que nos da un buen negocio, no tiene derecho a arrancárnoslo. Que una vez que nos da un pastor, nunca debe llamarlo a servir en otro lugar. Que una vez que nos da un crecimiento rápido y mucha satisfacción en un ministerio, no tiene ningún derecho a presentarse y decirnos: «Espera un momento. No hay ninguna necesidad de que crezcas más. Permíteme ahora darte a ti una mayor profundidad espiritual.» Pero muy por el contrario, ¡Él tiene todo el derecho!

Cuando nos encontramos en situaciones difíciles, tendemos a sentirnos abandonados, a volvernos resentidos y a pensar. ¿Cómo pudo Dios abandonarme? En realidad, es todo lo contrario. En tiempos de prueba es cuando somos, más que nunca, el objeto de su preocupación.

Dios le dice, en medio de su arroyo seco: «He aquí que en las palmas de mis manos te tengo grabada; tú estás siempre delante de mí.» Luego, Él utiliza esa hermosa imagen de una joven madre con su nuevo bebé, y nos sorprende con un recordatorio muy real: «¿Acaso se olvidará la mujer de su bebé, y dejará de compadecerse del hijo de su vientre?» Usted no pensaría que eso puede ocurrir, ¿verdad? Pero vea las historias de la prensa y sabrá cuántas mujeres hacen sus pequeños bebés, y a veces hasta abusan de ellos, los torturan o los matan. Sí, por más inimaginable que parezca, hasta una madre puede olvidarse de su niño de pecho. Pero he aquí la gran verdad; Dios no es así. ¡Él no es así! Él nunca nos olvidará, porque nuestros nombres están siempre grabados en las palmas de sus manos. Haga una pausa, y deje que este pensamiento le invada profundamente.

 

En tiempos de prueba es cuando somos el objeto de la preocupación de Dios. —Charles R. Swindoll

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El arroyo se ha secado

23 Septiembre 2016

El arroyo se ha secado

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por Charles R. Swindoll

1 Reyes 17:5-7

Una mañana, Elías notó que el arroyo no estaba fluyendo sobre las piedras, ni tampoco corriendo como antes. Puesto que su vida dependía de ese arroyo, se puso a observarlo con cuidado. En los días siguientes observó que el agua era cada vez menos, hasta que se redujo a un hilillo. Luego, una mañana, ya no había agua, solo arena húmeda. Los fuertes vientos pronto hicieron desvanecer incluso esa humedad y la arena se endureció. No pasó mucho tiempo sin que se formasen grandes grietas en el lecho reseco del río, ya no había más agua; el arroyo se había secado.

¿Le suena familiar esta clase de experiencia? Hubo un tiempo en que usted conoció la satisfacción de tener una respetable cuenta bancaria, un negocio próspero, una carrera emocionante y en expansión, un emocionante y magnifico ministerio cristiano. Pero el arroyo se ha secado.

Hubo un tiempo en que conoció la satisfacción de usar su voz para cantar las alabanzas del Señor. Pero después desarrolló un tumor en las cuerdas vocales, lo cual requirió una cirugía; pero la operación quitó más que el tumor; se llevó también su melodiosa voz. El arroyo se ha secado.
Su esposo o esposa se ha vuelto indiferente, y hace poco le pidió el divorcio. Ya no hay amor y tampoco ninguna promesa de cambio. El arroyo se ha secado.

Personalmente he tenido períodos en los que el arroyo se ha secado, y me he encontrado haciéndome preguntas a mí mismo en cuanto a las cosas que he creído y que he predicado durante años. ¿Qué sucedió? ¿Es que Dios se murió? No. Es que mi visión se volvió un poco borrosa. Las circunstancias hicieron que mi pensamiento se volviera un poco confuso. Levantaba mis ojos al cielo, y ya no podía ver a Dios tan claramente. Y para agravar el problema, sentía como si Él no me estuviera oyendo. Los cielos se me volvieron de bronce. Le hablaba, y no escuchaba ninguna respuesta. Mi arroyo se secó.

Eso fue lo que le sucedió a Juan Bunyan en Inglaterra del siglo diecisiete. Predicaba contra la incredulidad de su tiempo, y las autoridades lo echaron en prisión. Su arroyo de oportunidad y de libertad se secó. Pero gracias a que Bunyan creía firmemente que Dios estaba vivo, convirtió esa prisión en un lugar de alabanza, servicio y creatividad cuando comenzó a escribir su libro El Progreso del Peregrino, la alegoría más famosa en la historia de la lengua inglesa. Los arroyos secos no eliminan el plan providencial de Dios. Muchas veces, lo que hacen es que su plan surja.

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Un paso a la vez

22 Septiembre 2016

Un paso a la vez

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por Charles R. Swindoll

1 Reyes 17:4

La dirección de Dios incluye también su provisión. Dios dice: «Ve al arroyo, yo te sustentaré.» En su libro, It is Toward Evening (Se hace de Noche), Vance Havner cuenta la historia de un grupo de agricultores que cultivaban algodón en el sureste de los Estados Unidos cuando el devastador parásito invadió los sembrados. Estos hombres habían invertido todos sus ahorros, dedicado sus tierras y puesto toda sus esperanzas en el algodón. Pero luego llegó el parásito. No pasó mucho tiempo sin que pareciera que todos ellos estarían destinados a vivir de la beneficencia.

Pero los agricultores, como personas resueltas e ingeniosas que son, dijeron: «Bueno, no podremos sembrar algodón, así que sembraremos maní.» Asombrosamente, el maní les produjo más dinero que lo que habrían ganado jamás sembrando algodón. Cuando los agricultores se dieron cuenta de que aquello que parecía un desastre, en realidad había sido una bendición, erigieron un enorme e impresionante monumento en honor al parásito; un monumento de aquello que ellos habían creído los iba a destruir.

«A veces caemos en una aburrida rutina, tan monótona como cultivar algodón años tras año,» dice Havner, quien era un viejo y experimentado hombre de Dios cuando escribió estas palabras. «Luego Dios envía el parásito. Nos saca violentamente de nuestra rutina, y tenemos que encontrar nuevas maneras de vivir. Los reveses económicos, una gran aflicción, un padecimiento físico, la pérdida de una posición. ¡Cuántos han llegado a ser mejores agricultores por causa de un problema, y tener una mejor cosecha en sus almas! Lo mejor que nos ha sucedido a algunos de nosotros fue que tuviéramos nuestro propio ‘parásito’.»
Cuando Dios dirige, Él también provee. Eso fue lo que sostuvo a Elías durante su experiencia en el campamento de entrenamiento.

Tenemos que aprender a confiar en Dios un día a la vez. ¿Notó usted que Él nunca le dijo a Elías cuál sería el segundo paso, hasta que este dio el primero? Dios le dijo a su profeta que fuera donde Acab. Cuando Elías llegó al lugar, Dios le dijo lo que debía decir, el Señor le indicó: «Ve ahora al arroyo». No le dijo a Elías qué iba a suceder en Querit; simplemente le dijo: «Ve al arroyo y escóndete.» Elías no conocía el futuro, pero sí tenía la promesa de Dios: «Te sostendré mientras estés allí.» Y Dios no le comunicó el paso siguiente sino hasta que el arroyo se secó.

Tenemos que aprender a confiar en Dios un día a la vez. —Charles R. Swindoll

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En las sombras

21 Septiembre 2016

En las sombras

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por Charles R. Swindoll

1 Reyes 17:2-6

Cualquier recluta que haya pasado por un campamento de entrenamiento podrá decirle que a toda hora del día alguien le está ordenando a uno a dónde ir, cuándo estar allí, qué hacer y cómo sobrevivir. Eso es parte fundamental del entrenamiento básico. Y Dios hizo lo mismo con su profeta. Le dijo a Elías exactamente a dónde debía ir, qué iba a hacer cuando llegara a allí, y cómo se las arreglaría para sobrevivir. A Elías debió parecerle muy extraño ese plan.

Lo primero que tenía que hacer era esconderse.

«¿Esconderme? ¡Yo soy un profeta! Un hombre de palacio. Yo estoy proclamando tu Palabra. Pareces olvidar, Señor, que fui llamado a predicar.»

No, le dijo Dios a Elías. Esta vez no. «Escóndete», le dijo.

La palabra hebrea utilizada aquí sugiere la idea de ocultamiento, de mantenerse aparte con un propósito. «Ocúltate, mantente en secreto».

Una de las órdenes más difíciles de escuchar, una de las más difíciles de obedecer, es la orden de esconderse. La orden de marcharse solo, de desaparecer de la vista del público, de retirarse y de permanecer oculto deliberadamente. Esto es especialmente cierto si usted se siente cómodo siendo el centro de la atención pública, si es una persona franca y abierta, y si está dotada de habilidades para el liderazgo. También es cierto si es una persona activa que le gusta que las cosas se hagan.

Es posible que usted sea una mujer muy capaz, ya sea ama de casa o profesional. Pero, de repente, es sacada de su mundo de actividad interminable y de envolvimiento efectivo. Pero Dios le dice, claramente: «Escóndete. Permanece a solas. Deja de estar en primer plano. Aléjate de las cosas que satisfacen tu orgullo y tu ego, y ve a vivir en el arroyo.»

A veces, la enfermedad obliga a hacer este cambio. A veces, es cuando llegamos al límite de nuestras energías y comenzamos a agotarnos, o estamos a punto de eso. Algunas veces, Dios, sin darnos explicaciones, sencillamente nos quita de un lugar y nos moldea de nuevo para ponernos en otro.

Dios tenía un par de razones para ordenarle a Elías que se escondiera. Primera: quería protegerle de Acab; y, segunda: quería prepararlo para que se convirtiera en un hombre de Dios. Cuando Dios nos dice, de repente, casí como viniendo del mismísimo cielo: «Escóndete». Él tiene, por lo general, estos propósitos en mente: protección y preparación.

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