12 maneras en las que puedes pastorear a tu pastor

Coalición por el Evangelio

12 maneras en las que puedes pastorear a tu pastor

David Barceló

El ministerio pastoral está lleno de retos. En su peregrinaje hacia el cielo, cada pastor debe velar por su corazón y por el de todos aquellos que el Señor ha puesto bajo su cuidado: su esposa, sus hijos, su iglesia. La labor del pastor puede llegar a ser compleja y demandante… reuniones, consejerías, eventos, retiros, conflictos matrimoniales, finanzas, bodas, entierros, sermones… Ha de proteger al rebaño cuando rondan lobos disfrazados de oveja. Debe lidiar con cabras que desvían a los corderos hacia al acantilado. Muchos pastores ven cómo sus fuerzas se desgastan. Su tiempo de oración se ve mermado. Su esfuerzo en el estudio se debilita. Se apaga la ilusión, y aún las más pequeñas cosas terminan convirtiéndose en una pesada carga. Hay quienes se arrastran durante años soportando un ministerio seco… mientras otros abandonan por el camino… y entonces es cuando la iglesia se pregunta “¿Qué ha pasado? ¿Qué podríamos haber hecho por nuestro pastor?”.

Aunque en el ministerio, lo ideal es la pluralidad pastoral, lamentablemente muchos siervos del Señor están muy solos. Entonces, más que nunca, hemos de recordar el llamado de “cuidarnos los unos a los otros” expresado de tantas formas en la Palabra de Dios (cp. 1 Tes. 5:11Santiago 5:161 Pedro 1:22Hebreos 3:13 y 10:24…).

Querido hermano, huye del “consumismo evangélico” que te empuja a “usar” la iglesia y la atención de sus líderes. Si eres cristiano, tú no “vas” a la iglesia. Tú “eres” iglesia, y si el día de mañana Dios te pregunta por el bienestar de tu hermano –el pastor incluido- nunca podrás responder como Caín respondió: “¿Soy yo acaso guarda de mi hermano?” (Génesis 4:9). Más bien pregúntate, ¿de qué manera puedes amar a tu pastor y cuidar de él? ¿Cómo puedo pastorear a mi pastor?

Como pastor, e hijo de pastor, quisiera compartir algunas áreas que he observado y en las que podemos cuidar de aquellos que cuidan a otros. Por favor, que quede claro que nada de todo esto lo escribo como indirecta para los miembros de mi propia iglesia (¡aunque harán bien en leer estas líneas!). Me mueve a escribir este artículo mi profunda preocupación por muchos pastores que están solos y abatidos, y la tristeza que siento cada vez que oigo que un predicador ha dejado su púlpito y su rebaño.

Veamos 12 consejos muy prácticos:

(1) Ora por él y por su familia. El diablo está muy interesado en derribar a los que están en lugares de liderazgo. Sabe que si ellos caen, puede hacer caer a muchos otros que tenían sus ojos puestos sobre ellos. Ora por tu pastor. Ora con tenacidad. Ora por su matrimonio. Ora por sus hijos. Ora por su vida de oración. Ora por que el Señor le fortalezca y avive. Ora por que tu pastor no caiga en desánimo ni pierda la ilusión. Ora por que el Señor le guarde de todo mal.

(2) Ama a tu pastor y a su esposa. Ámale, con un amor práctico. Ama a tu pastor de palabra, expresando tu afecto y cuidado. Pero también ámale con gestos y acciones concretas (1 Tesalonicenses 5:12-13). Que se sienta querido levantará su ánimo y le hará sentir parte del cuerpo de Cristo. Es el pastor, pero también es un hermano, y necesita del cariño y afecto de su familia espiritual. El rol del pastor es difícil, porque ha de ayudar a mucha gente, pero más difícil aún es el rol de aquella que ayuda al que ayuda. Si tienes oportunidad de cuidar de la esposa del pastor, hazlo; con tus palabras de ánimo, con tus oraciones, con tu servicio. A veces su marido llega tan agotado a casa, que ella tiene el difícil reto de levantar su espíritu. La esposa de un siervo del Señor necesita mucho de tus palabras de aliento.

 (3) Vela por sus necesidades materiales. Hay pastores que prefieren ganar su sustento por otros medios (1 Tesalonicenses 2:9), y hay quienes no pueden ser sostenidos por la iglesia local. Sin embargo, vemos claramente en la Palabra que el obrero es digno de su salario (1 Timoteo 5:17-18). Es cierto –tristemente– que hay líderes religiosos que oprimen al rebaño para vivir con opulencia, y también es cierto que hay iglesias que pretenden que el pastor viva de las migajas que caen de la mesa. Ni una cosa ni la otra. La iglesia tiene la responsabilidad de sostener de una forma digna a su pastor y su familia, según sus necesidades y según la capacidad de la iglesia.

(4) Obedécele servicialmente. A veces es fácil obedecer, cuando entendemos el porqué se nos pide algo. Otras veces no es tan fácil, porque no lo entendemos, o no estamos de acuerdo. Confía en que tu pastor busca el bien del rebaño, sírvele con confianza. Dice la Palabra “Obedeced a vuestros pastores… porque ellos velan por vuestras almas… para que lo hagan con alegría, y no quejándose…” (Hebreos 13:17). Si hay en nosotros rebeldía, o insumisión, esto “no os es provechoso”. Será en detrimento del bien de toda la congregación y una fuerte traba en su ministerio.

(5) Protégele. No es un superhombre. Es humano. De carne y hueso. Está sujeto a las mismas tentaciones y amenazas que cualquiera de nosotros. ¿Qué peligros has visto rondando cerca de él? Tal vez su cansancio es demasiado grande… o su doctrina hace aguas… o un nuevo lobo ronda las ovejas… o un falso maestro siembra cizaña… o una mujer muy perfumada se le acerca peligrosamente… o todo eso a la vez… ¡Protégele! Habla con él, con su esposa, o con los demás pastores según sea el caso, pero no le dejes a su suerte (Hechos 20:28-31).

(6) Infórmale. Hay hombres a los que Dios realmente ha capacitado de una forma prodigiosa para el ministerio pastoral, pero aún así, ¡no tienen el don de la omnisciencia! El pastor no puede saber si un hermano está en casa enfermo, o de viaje, o abatido, o pasando una crisis familiar… pero se le puede tener informado. La tecnología de hoy día nos permite comunicarnos con suma facilidad. Tan solo un mensaje le permitirá saber al pastor cómo estás, cómo puede orar por ti, y cómo puede ayudarte mejor. Recuerda, que él debe dar cuentas a Dios por tu alma (Hebreos 13:17).

(7) Confía en aquellos en los que él confía. Los pastores de la iglesia tienen el reto de delegar ciertas tareas y funciones en otros hermanos: los diáconos, los líderes de jóvenes, los maestros, los líderes de ministerios… Es necesario aplicar el principio que Jetro dio a Moisés para que el pastor no se agote (Éxodo 18). Si el pastor ha puesto su confianza en alguien para cierta función, confía tú también en esa persona. Todos los asuntos no pueden llegar al pastor, y menos en una iglesia numerosa. Así qué, antes de pedirle o preguntarle algo al pastor, pregúntate a ti mismo: ¿Han delegado los pastores o los diáconos este asunto en alguien? Y si es así, confía en aquellos en los que el pastor confía.

(8) Recuérdale lo hermoso que es el pastorado. En el ministerio uno trata diariamente con dificultades de todo tipo, y el pastor fácilmente puede pensar que todo son solo problemas. Es demasiado fácil olvidar que el ministerio pastoral es un gozo y un honor. Recuérdale que Dios le ha llamado a la labor más preciosa de todas: anunciar todo el consejo de Dios, alcanzar a los perdidos con las Buenas Nuevas, y edificar a los creyentes con la Palabra. Recuérdale que sus esfuerzos tienen implicaciones eternas. Recuérdale que su vida y su labor están siendo usadas por Dios para seguir edificando su Iglesia.

(9) Explícale los frutos de su ministerio. Cuando el sembrador ve crecer el trigo, y ve cómo se dora al sol, tiene mucha satisfacción. Pero el fruto espiritual es invisible. Si en tu corazón hay gozo, o paz, o templanza, no se puede ver. Comparte con tu pastor lo que Dios está haciendo en tu vida a través de su ministerio. Tal como lo expresa el apóstol Pablo, “el que es enseñado en la Palabra, haga partícipe de toda cosa buena al que lo instruye” (Gálatas 6:6). El fruto espiritual en tu vida es una muestra de que el Señor está usando a tus pastores como instrumentos para tu edificación.

(10) Sé su amigo. La soledad del pastor puede llegar a ser muy profunda si solo habla con otros para tratar problemas. Acércate a él para explicarle otras cosas. Como harías con un amigo. Pregúntale cómo está. No es nada fácil. Lo sé. Es difícil ser amigo de alguien sin tiempo para la vida social. Exprésale tu cariño y amistad aunque no seas correspondido. Permítele que te diga que no cuando le quieras invitar a algo. No supongas que “no va a poder porque está siempre ocupado”. No supongas que su esposa no podrá, o que sus hijos no podrán. Toma la iniciativa, y permítele que te diga que no puede, aunque te lo diga muchas veces… En algún momento dirá que sí, y tendrá mucho gozo.

(11) Predica el Evangelio a sus hijos. Sí, has oído bien. A veces el pastor puede descuidar a los discípulos que tiene más cerca, y tristemente son muchos los hijos de pastores que se van al mundo. Otras veces el problema no es la negligencia, sino la familiaridad. Sin duda creemos que Dios es soberano en la salvación, pero humanamente hablando, ¿no será que sus hijos ya le tienen muy oído? El domingo escuchan desde el púlpito la misma voz que en casa les dice que han de hacer los deberes o arreglar su habitación. El domingo escuchan hablar de gozo y paz al mismo hombre que a veces ven en casa luchando con el desánimo y la ansiedad. Si el pastor les recuerda el evangelio a los tuyos, recuerda tú recordarles el evangelio a los suyos. Evangeliza a los hijos del pastor.

(12) Ayúdale a descansar. Después de lo intenso que es el domingo, el lunes es el momento de intentar reponer fuerzas lo antes posible. Ayuda a tu pastor a reservar el lunes para descansar. Si no es un tema de vida o muerte, no le llames un lunes. Ni le escribas tampoco. Ayúdale a proteger su tiempo de descanso, sus vacaciones, su tiempo familiar… En el ministerio el pastor gestiona su propia agenda y sus propias fuerzas, y es fácil caer en los dos extremos: la dejadez, o el activismo. Dile que es humano y que sus fuerzas son pocas. Ayúdale a huir del síndrome de “pequeño mesías” recordándole que Dios no depende de él para llevar a cabo sus planes.

Soli Deo Gloria. 

David Barceló

Westminster en California (MA) y Westminster en Filadelfia (DMin)

David es licenciado en Psicología y graduado de los seminarios Westminster en California (MA) y Westminster en Filadelfia (DMin). Es miembro de la NANC y graduado en Consejería Bíblica por IBCD. David ha estado sirviendo en la Iglesia Evangélica de la Gracia, desde sus inicios en mayo de 2005, siendo ordenado al ministerio pastoral en la IEG en junio de 2008.

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Una mirada histórica al Premilenialismo

Coalición por el Evangelio

Una mirada histórica al Premilenialismo

​Juan José Binet

El término Premilenialismo o Premilenarismo no era manejado sino hasta mediados del siglo XIX. Hasta ese momento solo se lo conocía como milenarismo, que fue el término acuñado por los primeros padres de la Iglesia. Sobre esto dice Phillip Schaff, en su libro Historia de la Iglesia Cristiana lo siguiente:

“El punto más impactante en la escatología de la edad pre-nicena es el prominente quiliasmo, que es la creencia en un reino visible del Cristo glorificado sobre la tierra con los santos resucitados por un período de mil años y antes de la resurrección general y juicio final. Ciertamente no era la doctrina de la iglesia plasmada en algún credo o forma de devoción, pero sí la amplia opinión de distinguidos eruditos como Bernabé, Papías, Justino Martir, Ireneo, Tertuliano, Metodio y Lactancio, mientras que Cayo, Orígenes, Dionisio Magno, Eusebio (y más adelante Jerónimo y Agustín) se opusieron a ello”.

El término es eventualmente labrado hasta lo que hoy nos referimos como Premilenialismo. Como hablamos en nuestra introducción al Premilenialismo, esta postura tiene sus marcados aspectos y variaciones, y por causa de ello nos vemos precisados a distinguir el Premilenialismo Histórico (o Clásico) del Premilenialismo Dispensacional. La razón por la cual el término evoluciona se debe a la necesidad de enfatizar y vincular el reino milenial con la previa venida de Cristo en gloria, de modo que el prefijo “pre” significa “venida previa al milenio”.

Como resumen, a continuación describimos los rasgos característicos más relevantes de estas posturas:

El Premilenialismo es una alternativa tanto al Postmilenialismo (que enseña que la segunda venida de Cristo ocurrirá luego de un período de mil años de justicia) como al Amilenialismo (que enseña que el período de mil años no debe ser tomado literalmente, sino que se trata de la edad mesiánica/eclesiástica actual). Esta postura teológica se desprende primordialmente de Apocalipsis 20, pero está vinculada concomitantemente a las promesas de reino futuro tanto en el AT como en las palabras de Jesús (Hch. 1:6-7)

El Premilenialismo Histórico o Clásico es distintivamente no Dispensacional. Esto significa, entre otras cosas, que no ve distinción teológica radical entre Israel y la Iglesia. A menudo se perfila como post-tribulacional, lo cual significa que el arrebatamiento de la iglesia ocurrirá luego de un período de tribulación. El Premilenarismo Histórico se adhiere al Quiliasmo por causa de su enfoque de que la Iglesia será arrebatada para recibir a Jesús en el aire y de inmediato escoltarlo a la tierra, a fin de establecer su gobierno de mil años literales. Entre los proponentes de esta postura se encuentran Charles H. Spurgeon, George Eldon Ladd, Francis Schaeffer y Albert Mohler.

Por su parte, el Premilenialismo Dispensacional inició alrededor del 1830, como fuese planteada por John Nelson Darby. Simplificando un poco esta postura, podríamos decir que el Premilenialismo Dispensacional entiende que la nación de Israel será salvada y restaurada a un lugar de preeminencia durante el Milenio. Además, y de manera general, los que se suscriben a esta enseñanza creen en un rapto pre-tribulacional. Es decir, que los escogidos no han de pasar por toda o la mayor parte de la Gran Tribulación. En esta postura se encuentran Donald Barnhouse, Norman Geisler, John Macarthur y Evis L. Carballosa.

Mirando a la historia

Existe literatura judía temprana que alude a un reino mesiánico temporal previo al estado eterno, como  IV Esdras 12:34, II Baruc 24:1-430:1-539:3-840:1-4; Jubileos 1:4-29 y 23:14-31. La creencia judía en una era mesiánica terrenal transitoria continuó expandiéndose durante y más allá del tiempo de la redacción del libro del Apocalipsis.

Justino Martir en el Siglo II fue uno de los primeros escritores cristianos que declaró concordar con la creencia judía de un reino mesiánico temporal previo al estado eterno. De acuerdo a Johannes Quasten:

“En sus ideas escatológicas, Justino comparte los puntos de vista de los quiliastas respecto al milenio”. Él insiste en un distintivo premilenial, a saber, que habrá dos resurrecciones, una de los creyentes antes del reino de Cristo y luego una resurrección general más adelante.Justino escribió en el capítulo 80 de su obra Diálogo con Trifo, “Yo y otros cristianos en nuestros justos juicios estamos convencidos de que habrá una resurrección de muertos, y un bloque de mil años en Jerusalén que luego será erigido… porque Isaías habló en esos términos respecto a este período de mil años”.

Ireneo (130-202), el otrora Obispo de Lyon en el siglo II, fue un premilenialista declarado. Es mejor conocido por sus tomos voluminosos escritos contra la amenaza gnóstica del segundo siglo, comúnmente conocido como Contra Las Herejías. En el quinto libro Contra Las Herejías, Ireneo se concentra primordialmente en escatología. En un pasaje él defiende el Premilenialismo al argüir que un futuro reino terrenal era necesario por causa de la promesa de Dios a Abraham. En otra porción Ireneo también explica que la bendición a Jacob “pertenece incuestionablemente a los tiempos del reino cuando los justos llevarán espada luego de levantarse de entre los muertos”.

Muchos de estos teólogos y otros de la iglesia primitiva expresaron su creencia en el Premilenialismo por medio a su aceptación de la tradición sexta-septimilenial. Esta postura aduce que la historia humana continuará por 6000 años y luego disfrutará de un sabático de 1000 años (el reino milenial), de ese modo toda la historia humana consistirá de un total de 7000 años previo a la nueva creación. De tal modo, aunque entendemos que hay otras posturas, es evidente que la historia de la iglesia tiene un marcado énfasis premilenial.

Cuando nos hacemos pequeños y Dios se hace grande

Coalición por el Evangelio

Cuando nos hacemos pequeños y Dios se hace grande

Jared C. Wilson 

“El eterno Dios es tu refugio, y debajo están los brazos eternos…”Deuteronomio 33:27

La vida y el ministerio han ocupado la mayor parte de mi tiempo, y lamento informar que nuestra iglesia está sufriendo cada vez más los desafíos de la bestia llamada cáncer. En los últimos 6 meses hemos perdido a nuestros amigos Ana y Richard, y aún tenemos más que siguen batallando, incluyendo a nuestra amiga Natalie. ¿Puedo contarte un poco acerca de ella?

Natalie es una de nuestras diaconisas. Digo “es” a pesar de que trató de renunciar, pero no aceptamos. No nos parecía correcto. Uno de mis primeros recuerdos de Natalie fue en un funeral; de hecho, uno de los primeros de los muchos que he oficiado en cinco años en nuestra iglesia. Ni siquiera recuerdo de quién era —no era un miembro de la iglesia, sino una persona del pueblo— y yo estaba haciendo mi típico acto del nuevo pastor introvertido, joven, tímido y asustado, pasando el rato en la cocina por el pasillo. Natalie viene caminando y me dice: “¿Qué estás haciendo aquí? ¡Sal y ve a conocer gente!”.

¿Perdón? ¿Quién cree que es esta señora?

En realidad, es una de mis mejores y grandes amigas, quien me da las mejores críticas. Al pensar sobre nuestra amistad en las últimas semanas, me he dado cuenta que Natalie es la persona de la iglesia con quien más hablo. Varias veces a la semana intercambiamos correos electrónicos, servimos juntos en el comedor público local, y cuando tengo que reunirme con una mujer sola en la iglesia, Natalie es la que llega y pasa el rato en la habitación de al lado. Natalie es la que, cuando está a cargo, sé que las cosas se van a hacer. Cuando dice que algo es factible, es factible. Natalie pasó de ser mi retadora sagaz a mi más feroz partidaria y animadora.

El domingo de Pascua un amigo le dijo: “Natalie, tus ojos se ven de color amarillo”. Ella fue al médico ese lunes, donde le hicieron análisis de sangre y el martes la llamaron y le dijeron: “Ve a la sala de emergencia”. Ella estuvo en el hospital más de una semana, donde encontraron problemas con el conducto biliar, pero en ese proceso también encontraron cáncer de páncreas, del cual, dicen, que nadie sobrevive. Pero también le crearon todo tipo de complicaciones por los procedimientos de las vías biliares, que la dejaron débil y herida. Hablaban de acumulacion de aire, acumulación de bilis, de esto y aquello perforado, y aunque todo esto se podría curar, todavía quedaba el cáncer, del cual, de nuevo, ellos dicen, nadie sobrevive.

Natalie se negó al tratamiento, no podía soportar más cirugías. Cada cosa que los médicos hacían solo creaba tres cosas más que hacer. Ella no se iba a engañar con todo eso.

Ella está ahora en casa de un amigo en Middletown. Le dieron de unos días a dos semanas de vida; eso fue hace 11 días atrás. Ella está en muchísimo dolor. Todos esperamos que las perforaciones, el aire y la bilis y todo esto está siendo ordenado internamente por el gran diseño del cuerpo o por la gran mano milagrosa de Dios. Pero todavía el cáncer está sin tratar y dicen, que nadie sobrevive de eso.

Le he estado leyendo las Escrituras. Pidió que leyera Apocalipsis —con sus rameras y dragones, plagas y decapitaciones— y Eclesiastés —con sus vanidades e insignificancias y su correr tras el viento–. Esto te dice algo acerca de Natalie.

Le dije: “¿Por qué Apocalipsis?”, mientras le leía las cartas de Jesús a las iglesias. “Esto es lo que tengo contra ti!”, declara una y otra vez. Ella dijo: “Él no me está hablando a mí!” Muy cierto.

Le dije: “¿Por qué Eclesiastés?” Ella dijo: “Porque veo que tener muchas cosas, dinero y fama no sirve de nada. Me dice que no desperdicié mi vida”.

Algunas personas le dicen a Natalie que están enojados con Dios por esto. Ella se enoja con ellos por estar enojados. “Dios es la razón por la que tenemos algo en el primer lugar”.

Ayer señaló a la colección de cartas que ha recibido. “A veces me gustaría que se las llevaran todas”, dijo. “Porque ellos siguen y siguen hablando de lo genial que soy y de todas estas cosas maravillosas que he hecho para ellos y no saben lo egoísta que soy. Cualquier cosa buena que haya hecho no he sido yo”.

Sus hijos ya han crecido. Todos ellos están aquí, incluso su hijo, que vive en Suecia. Él dice: “¿No sería genial si, de todas las cosas que los médicos terriblemente se equivocaron, también se hayan equivocado del diagnóstico acerca de la bilis y el aire? Tal vez, si empieza a sentirse mejor, puede cambiar de opinión acerca de luchar contra el cáncer”.

Pero, siguen diciendo, nadie sobrevive el cáncer de páncreas.

Natalie estaba triste el otro día pues no sabía cuándo sería el día. “Ellos dijeron de unos días a dos semanas, eso fue hace once días. Ahora no me dirán cuánto tiempo tengo”. Hace una pausa, con sus ojos cerrados. “Dios sabe”.

No sé cuándo Natalie se irá. No sé cuándo me voy a ir. En verdad, ninguno de nosotros sabe el cuándo. Podría irme antes que ella. Cualquiera de nosotros podría.

Prediqué sobre el Salmo 1 en una conferencia la semana pasada, y esta línea del versículo 6 me llama la atención: “el Señor conoce el camino de los justos”. No hay nada más precioso que ser conocido por Dios, todos nuestros días y todos nuestros caminos.

Ha sido difícil ver a Natalie; de una mujer sana y en forma, alta y delgada, a una mujer, reducida en cuerpo y energía. Sin embargo, una cosa he aprendido a lo largo de las tribulaciones de nuestra iglesia: cuando el cuerpo de un santo cede, su espíritu se engrandece. Ellos se hacen más pequeños, y Dios se hace más grande, como si el partir es en sí mismo un anticipo del día en que Cristo pondrá todas las cosas en sujeción debajo de sus pies. Y no son aniquilados en ese día si no redimidos, resucitados, restaurados. Cuando morimos, nos hacemos mas pequeños y Dios se hace más grande, para que él sea todo en todos (1 Cor. 15:28).

El día antes de que Richard muriera, esuve en su habitación mientras él yacía en su lecho de muerte. Otra cama había sido acomodada en contra de ella, donde su esposa dormía a su lado en la noche. Me dijeron que podía hablar con él, a pesar de que Richard no estaba consciente pues estaba fuertemente sedado. Debido a que la otra cama estaba paralela a la suya, no podía sentarme cerca de él, tenía que acostarme a su lado. Así que lo hice. Mientras su hermana y su tía miraban, básicamente me deslice en la cama con él, de costado para mirarlo, y estábamos acostados allí con solo pulgadas entre nosotros, mientras miraba su cara delgada. Tenía los ojos cerrados y su boca abierta. Podía sentir y oler su aliento, lento y forzado en mi propia cara. Yo le dije: “Richard, Dios te ama y aprueba de ti”. (Estas fueron las palabras que el Espíritu habló a mi corazón, en mi momento de debilidad en el evangelio hace años). “Richard, el Señor está orgulloso de ti y listo para darte la bienvenida a causa de tu fe en él”. Entonces dije algo que ha sido una exhortación significativa para mí desde que Ray Ortlund me la dijo mientras comíamos unas enchiladas en el restaurante mexicano Cancún en Nashville, Tennessee. “Eres un hombre poderoso de Dios”.

Las palabras sonaban raras teniendo en cuenta nuestra posición íntima, tierna y vulnerable.

En lo cotidiano, en lo mundano, en el aburrimiento, en pleno proceso de sufrimiento, de los dolores y el entumecimiento de la depresión, de las amenazas a la vida y la seguridad, Cristo lo es todo.

Richard murió temprano la mañana siguiente. Su cuerpo finalmente se dio paso a la ruptura y a la maldición. Pocas personas sobreviven a los tumores cerebrales. Sin embargo, él sí lo hizo. Realmente y verdaderamente lo hizo. Pensando en él, de pie ante la presencia de Dios en gran gloria, presentado irreprensible en virtud por la justicia de Cristo, llevado al reino divino en el que ya estaba sentado con Cristo, en el mismo Dios en el que ya se había escondido. Richard fue —es— más que vencedor.

Jesús mira directamente a los ojos de la hermana de Lázaro y le dice: “Yo soy la resurrección y la vida. El que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá. ¿Crees esto?”

Lo creo. Por la gracia de Dios, realmente lo creo. Lo mismo sucede con Natalie. Nadie sobrevive el cáncer de páncreas, “ellos” dicen, pero la sangre de Cristo habla una palabra mejor. Natalie sobrevivirá.

Todo el que está en Cristo va a sobrevivir. De hecho, prevalecerá.

“Es necesario que él crezca, y que yo disminuya”
 —Juan 3:30.

PUBLICADO ORIGINALMENTE EN THE GOSPEL COALITION. TRADUCIDO POR SARAÍ CHARÓN

​Jared C. Wilson es el pastor de la iglesia Middletown Springs Community Church en Middletown Springs, Vermont, y es el autor de Gospel Wakefulness (Crossway, 2011).

Manteniendo la fe en una época sin fe

Coalición por el Evangelio

Manteniendo la fe en una época sin fe

Albert Mohler

“La más grande cuestión de nuestro tiempo”, dijo el historiador Will Durant, “no es el comunismo contra el individualismo, ni Europa contra Estados Unidos, ni siquiera Oriente contra Occidente; es si los hombres pueden vivir sin Dios o no”. Por lo que veo, esa pregunta se responderá en nuestros días.

Durante siglos, la Iglesia cristiana ha sido el centro de la civilización occidental. La cultura, el gobierno, la ley, y la sociedad occidental se han basado en principios explícitamente cristianos. La preocupación por el individuo, el compromiso con los derechos humanos, y el respeto por lo bueno, lo bello, y lo verdadero, todo esto surgió de las convicciones cristianas y la influencia de la religión revelada.

Todos estos temas, me apresuro a agregar, están bajo serio ataque. La noción de lo correcto y lo incorrecto ahora es descartada por grandes sectores de la sociedad estadounidense. Si no se descarta, se ridiculiza. Esto se ilustra en Las aventuras de Alicia en el país de las maravillas, pues los secularistas modernos simplemente declaran que lo bueno es malo, y lo malo, bueno.

Un nuevo paisaje
El teólogo cuáquero D. Elton Trueblood describió una vez a los Estados Unidos como una “civilización de flor cortada”. Nuestra cultura, argumentó, está separada de sus raíces cristianas como una flor cortada por el tallo. Aunque la flor mantendrá su belleza por un tiempo, está destinada a marchitarse y morir.

Cuando Trueblood dijo esas palabras hace más de dos décadas, la flor todavía tenía algo de color y signos de vida. Pero la flor hace tiempo que perdió su vitalidad, y es hora de reconocer los pétalos caídos.

“Si Dios no existe”, argumentó Ivan Karamazov, en la novela de Fyodor Dostoevsky, “todo está permitido”. La permisividad de la sociedad moderna no se puede exagerar, pero sí se puede rastrear directamente a los hombres y las mujeres de hoy, quienes actúan como si Dios no existiera o no pudiese cumplir Su voluntad.

La Iglesia cristiana ahora se encuentra frente a una nueva realidad. La Iglesia ya no representa el núcleo central de la cultura occidental. Aunque todavía ocupa puestos de influencia, estas son excepciones en lugar de la regla. En su mayor parte, la Iglesia ha sido desplazada por el reino del secularismo.

El periódico trae un bombardeo constante que confirma el estado actual de la sociedad. Esta época no es la primera en ser testigo de horror y maldad indescriptibles, pero es la primera que niega que haya una base consistente para identificar lo malo como malo, y lo bueno como bueno.

Las convicciones de la Iglesia no deben surgir de las cenizas de nuestra propia sabiduría caída, sino de la Palabra de Dios.

A la Iglesia fiel, mayormente, la toleran como una de las voces en la arena pública, pero solo mientras no intente ejercer una influencia creíble en el estado de las cosas. Si la Iglesia habla enérgicamente ante un tema de debate público, la castigan diciendo que es coercitiva y desactualizada.

Un nuevo rol
¿Qué piensa la Iglesia de sí misma al enfrentar esta nueva realidad? Durante la década de los ochentas, era posible pensar con ambición sobre cómo la Iglesia estaba a la vanguardia de una mayoría moral. Esa confianza ha sido seriamente sacudida por los eventos de la última década.

Se detecta poco progreso hacia restablecer un centro de gravedad moral. En cambio, la cultura se ha movido rápidamente hacia abandonar por completo toda convicción moral.

La Iglesia, aquella que sigue firme en su confesión, ahora debe estar dispuesta a ser una minoría moral, si así lo demandan los tiempos. La Iglesia no debe seguir el escandaloso llamado secular hacia el revisionismo moral y las posiciones políticamente correctas con respecto a los temas del día.

Cualquiera que sea el problema, la Iglesia debe hablar como la Iglesia, es decir, como una comunidad de caídos pero redimidos que están bajo autoridad divina. La preocupación de la Iglesia no es conocer su propia mente, sino conocer y seguir la mente de Dios. Las convicciones de la Iglesia no deben surgir de las cenizas de nuestra propia sabiduría caída, sino de la autorizada Palabra de Dios, que revela la sabiduría de Dios y sus mandamientos.

El primer propósito de una historia es ser una buena historia. El carácter que se produce en un pueblo que está bajo la autoridad del Dios soberano del universo inevitablemente estará en desacuerdo con la cultura de incredulidad.

Una antigua convocatoria
La Iglesia enfrenta una nueva situación. Este nuevo contexto es tan actual como el periódico de la mañana y tan antiguo como las primeras iglesias cristianas en Corinto, Éfeso, Laodicea, y Roma. La eternidad dará fe de si la Iglesia actual está dispuesta a someterse solo a la autoridad de Dios, o si la Iglesia perderá su vocación para servir a los dioses menores.

La Iglesia debe despertarse y percatarse de su condición de minoría moral y aferrarse al evangelio que se nos ha confiado para predicarlo. Al hacerlo, los manantiales de la verdad permanente revelarán que la Iglesia es un oasis vivificante en medio del desierto moral de los Estados Unidos, y de toda América.

PUBLICADO ORIGINALMENTE EN LIGONIER. TRADUCIDO POR EMANUEL ELIZONDO.

​El Dr. R. Albert Mohler Jr. es el presidente del Southern Baptist Theological Seminary (Lousville, Kentucky) y una de las voces de mayor influencia en el panorama evangélico de los Estados Unidos actualmente. El Dr. Mohler es conocido por su firme y clara defensa del evangelio y por su fidelidad a las Escrituras. Puedes seguir sus publicaciones mediante su sitio webTwitter y Facebook.

3 advertencias al cristiano sobre la psicoterapia

Coalición por el Evangelio

3 advertencias al cristiano sobre la psicoterapia

David Barceló

Nota del editor: En Coalición por el Evangelio estamos comprometidos con representar las perspectivas que consideramos se encuentran dentro del cristianismo evangélico, histórico, y conservador. Por esa razón publicamos este artículo. Para una perspectiva diferente a la presentada aquí, puedes escuchar Cristianismo y Psicología.

Empecé mis estudios en la facultad de psicología en 1991. Era un joven de 18 años ilusionado y convencido de que la psicología podía ayudar a la gente y podía ayudar a la iglesia del Señor. Cuando hablaba de ello con pastores, amigos, y líderes cristianos, todos me animaban y me aconsejaban libros sobre cómo integrar la psicología y la fe: “Será muy bueno para ti y para la iglesia”, “¡Ánimo! Necesitamos cristianos que sean psicólogos”, “Toda la verdad es verdad de Dios, no estamos en contra de la ciencia”.

No recibí ni una sola palabra de advertencia, pero pronto pude sentir el ateísmo que inundaba el aula. Gracias al Señor me agarré fuertemente a mi Biblia para mantenerme a flote, tomar aire, y seguir buceando en un mar de humanismo. Dios me sustentó. Recuerdo que en el último año de carrera un compañero me preguntó: “David, ¿tú no eras cristiano? ¿Aún lo eres después de lo que has escuchado?”. Aún hoy me sigue sorprendiendo que algo tan evidente a ojos de un joven ateo no sea percibido por los ojos de muchos cristianos. El gran esfuerzo que algunos hacen por justificar la integración de la psicología y la fe no es, me parece, sino la mayor evidencia de cuán incompatibles son.

Busqué respuestas en los libros de “psicología cristiana”, pero me sonaban a la misma psicología secular, con algunos versículos bíblicos espolvoreados por encima. En medio de mi desorientación, mis padres recordaron una crítica que escucharon años atrás sobre la “consejería noutética”, un modelo que deseaba ser netamente bíblico. A partir de ahí empecé a leer a Jay Adams, Wayne Mack, John MacArthur, David Powlison, Tedd Tripp, y Ed Welch, entre otros, y en un cambio radical de cosmovisión adopté la consejería bíblica, y Dios me llamó al ministerio.

En la providencia del Señor, diez años después de entrar en la facultad de psicología me preparaba para aprender teología. Junto con mi esposa Elisabet, y ya con nuestro primer hijo Moisés, nos mudamos a Norteamérica para estudiar en el seminario Westminster. Entonces sí que llegaron las advertencias, y algunas fueron muy vehementes: “Cuidado con el seminario”, “Ya sabes que la doctrina divide”, “La letra mata, pero el espíritu vivifica”, “No es tan necesario, ¿no te parece?”, “Westminster ¿es antipsicología, no? ¡A ver qué te enseñan ahí!”. Cuanto más lo recuerdo, más psicodélico me parece. Es como aconsejarle a tu hijo que no beba del “vaso teológico” porque el cristal pudiera estar sucio… pero animarle a beber del “vaso psicológico” invitándole a separar el agua del veneno con la lengua mientras va tragando.

Sé que el tema es profundo, y este artículo es pequeño. Quisiera con la ayuda del Señor escribir más en el futuro sobre otros asuntos relacionados con este, pero en un espacio tan breve solo deseo compartir algunas advertencias que yo no escuché en su día. Es necesario recalcar que al hablar de psicología me refiero a la clínica, a las psicoterapias, al intento del hombre por tratar los asuntos del alma. Hay otras aplicaciones, por ejemplo, en el campo de la educación o la empresa, con las que no tenemos conflicto. Usamos las observaciones de la psicología al ayudar a un niño en su proceso de aprendizaje, o en la selección de personal en una empresa. Otras ramas de la psicología están más cerca de la fisiología o la biología. El conflicto se produce cuando la psicología pretende responder a aquello que la Palabra de Dios responde. Entonces los temores, las ansiedades, y las tristezas del alma son medicadas como asuntos meramente orgánicos, o encaminadas con alguna de las muchas psicoterapias, que son el intento de sanar mediante la conversación según las filosofías de vida del mundo.

Esas psicoterapias son las que llamamos coloquialmente psicología, o psicologías —con “p” minúscula y en plural, como prefiero llamarlas dada su falta de acuerdo—, y representan el esfuerzo del hombre por cambiar al hombre con los recursos del hombre. Son más de 400 filosofías de ayuda, que expresan el desesperado intento de la humanidad por repararse a sí misma. El esfuerzo es loable, pero intentar entender al ser humano aparte de la Revelación de Dios es como intentar leer un idioma desconocido. El humanismo puede contentar a los incrédulos, pero no debiera satisfacer a los creyentes, y espero que estas letras nos hagan pensar sobre las repercusiones de dejar entrar las psicologías en nuestras vidas y en nuestras iglesias. Podríamos hablar largo y tendido sobre si las psicoterapias funcionan como una medicina para el alma o más bien como una droga, pero lo que es seguro es que vienen sin prospecto y causan serios efectos secundarios.

Advertencia 1: La psicoterapia te aleja gradualmente de las Escrituras  

La cultura psicológica que nos rodea es titánica, y en el caso de acabar entrando en la iglesia la inundación puede ser irreversible. Conferencias, publicaciones, retiros, entidades, y un sinfín de eventos introducen el discurso psicológico en las iglesias y en los púlpitos. A la psicología poco a poco se le atribuye más autoridad y mayores competencias. La sabiduría humana va reemplazando la sabiduría divina. La ansiedad, el temor, o las relaciones familiares dejan de ser asuntos espirituales para pasar a ser problemas psicológicos, y los cristianos van buscando respuestas fuera de la Palabra, y ven la Biblia cada vez más como un libro lleno de buenos consejos pero sin soluciones para los retos de la vida.

Pero la psicología tiene apenas doscientos años de existencia. ¿Cómo ha tratado siempre los asuntos de la vida la iglesia del Señor? Si en los momentos turbulentos la iglesia busca dirección en las filosofías de ateos como Freud, Rogers, o Skinner, es señal de que necesitamos urgentemente una nueva Reforma que redescubra la suficiencia de la Palabra de Dios. Sin embargo, la consejería bíblica aboga por el sola Scriptura de los reformadores (2 Ti. 3:16-17), porque aquello que llamamos “consejería bíblica” supone ministrar la Palabra de Dios en privado.

Si bien la predicación y la enseñanza tienen una función formativa, la consejería bíblica tiene un rol curativo. La consejería bíblica supone el reto de predicar la Palabra en medio de la tormenta, de tal modo que encontremos en Cristo todo el sentido, consuelo, y dirección que el alma necesita. La consejería bíblica pregona el sola Scriptura, y la iglesia que practica la consejería bíblica crece más y más en su apetito por la Palabra de Dios al ver su riqueza y trascendencia para los asuntos cotidianos (2 Pe. 1:3).

Advertencia 2: La psicoterapia estorba seriamente la santidad 

No hemos sido redimidos para vivir vidas felices, sino para vivir vidas santas y dedicadas al Señor (1 Pe. 1:15). Todos queremos ver iglesias que crezcan en santidad, pero muchos son los obstáculos que el enemigo, el mundo, y nuestra propia concupiscencia lanzan a nuestros pies para hacernos tropezar. En medio de las dificultades, Dios usa el sufrimiento de una forma muy especial para purificarnos al mostrarnos los ídolos que escondemos en el corazón, y al renovar nuestras fuerzas con su Espíritu.

Pero vivimos en una época muy impaciente y hedonista. La idea de proceso de cambio produce aversión, y dejarse arrastrar por las rápidas respuestas de la industria psiquiátrica supone una gran tentación porque la meta de las psicologías es la felicidad. Con una etiqueta diagnóstica, la persona halla una explicación rápida y plausible a su dolor. Pero el etiquetaje victimiza y aleja a los cristianos de las respuestas bíblicas.

En las iglesias parece haber, por tanto, cada vez menos pecadores y cada vez más enfermos que se han refugiado en la cosmovisión psicológica de sus experiencias. Ese rol pasivo ante la vida nos aleja de la santificación para la cual fuimos comprados, y la lucha contra el pecado es sustituida por psicoterapia.

Sin embargo, allá donde la consejería bíblica está presente, Dios es el centro de la ecuación. Los síntomas físicos se tratan con compasión, y la responsabilidad humana es encarada con valentía. La meta del cristiano sigue siendo la misma a pesar de las emociones y circunstancias, y el creyente comprende que debe seguir creciendo en santidad aun en medio de su fragilidad. Como Job en su dolor, como José en prisión, como Daniel en el exilio, somos llamados a dar gloria a Dios aun en la adversidad sin dejar que nuestra historia excuse nuestra conducta. El vocabulario bíblico nunca nos mueve a la pasividad o el victimismo, sino al deseo de reconocer nuestras debilidades, nuestras culpas, y nuestras pruebas, y en medio de ellas confiar en Jesucristo al ir hacia la meta en el poder del Espíritu. La consejería bíblica, en tu vida y en tu iglesia, estorba la carnalidad y fomenta la formación del carácter de Cristo.

Advertencia 3: La psicoterapia mina profundamente el ministerio pastoral 

En mi juventud pensé que la psicología sería una gran ayuda para el ministerio de los pastores. Pero es más bien todo lo contrario. No lo alimenta. Lo devora. Hace unos años visité un pastor conocido en Estados Unidos. Durante el almuerzo, él y su esposa me contaban lo bien que estaban en su iglesia. “La gente es muy amable y simpática —decía ella—. Estamos muy felices aquí”. Parecían estar viviendo un ministerio de ensueño. Ella añadió: “Son tan amables. Nuestra gente nunca nos dice sus problemas”. Eso me inquietó. Por la tarde me pasearon por las instalaciones del precioso edificio que habían construido, y en la zona de despachos mi mirada se clavó atónita sobre el rótulo de una de las puertas: “Psychologist”.

En las iglesias donde la psicología ha hecho su nido, el pastor va perdiendo terreno en su labor de cura de almas. A algunos no les molesta, pero muchos otros lo viven con frustración al ver cómo el intrusismo del psicólogo les va dejando fuera de la vida de sus feligreses. El llamado “secreto profesional”, versión secular del secreto de confesión, cierra la puerta a cualquier exhortación pastoral o disciplina eclesial que pudiera ser necesaria, al desautorizar a los líderes que Dios ha puesto en la congregación (Heb. 13:17).

Ante esta inundación psicológica, muchos pastores reemplazan la cura de almas por el evangelio social, sucedáneo de la tarea pastoral que han abandonado en manos de los psicólogos. El mito de la integración no ha llevado la Biblia a las facultades de psicología, pero sí ha introducido en los seminarios el DSM, el manual de diagnósticos psiquiátricos.

Muchos siervos del Señor se sienten incapacitados y frustrados al no poder desempeñar bien su tarea, y cansados de derivar sus ovejas al “psicólogo cristiano” más cercano, acaban viéndose abocados a estudiar psicología ellos mismos. Pero allá donde la consejería bíblica resurge, el pastor apacienta las almas que Dios le ha encomendado (1 Pe. 5:2). Allá donde la consejería bíblica abunda, el pastor habla a los corazones de sus hermanos tal como la iglesia del Señor ha hecho a lo largo de los siglos, exponiendo las Escrituras (Heb. 4:12).

Usemos los recursos de Dios

Querido hermano, prosigamos adelante en la tarea de “hacer discípulos a todas las naciones” (Mt. 28:19), lo cual implica la evangelización de los pueblos y el establecimiento de iglesias sanas. Pero la gran comisión también implica enseñar a guardar “todas las cosas que el Señor nos ha mandado” (Mt. 28:20). Esa tarea supone enseñar lo que el Señor nos dijo sobre cómo lidiar con la ansiedad, cómo vencer el temor, cómo vivir en el matrimonio, como afrontar el sufrimiento, la ira, el perdón, la tristeza, y cómo aplicar la Palabra a nuestras vidas de forma cotidiana. En esta hermosa tarea de edificar la Iglesia de Cristo, tengamos siempre a Cristo como el centro de todo.

Seamos precavidos. Las psicologías son filosofías de ayuda que representan el esfuerzo del hombre por cambiar al hombre, y se nos presentan como aquellas “filosofías y huecas sutilezas, según las tradiciones de los hombres, conforme a los rudimentos del mundo, y no según Cristo” de las que nos advierte el apóstol Pablo (Col. 2:8).

Sin embargo, la consejería bíblica supone ayudar al hombre con los recursos de Dios. Aconsejemos con la Palabra, para ver cómo la consejería bíblica vigoriza a la iglesia y la llena de compromiso, cómo nos hace crecer en santidad y nos aleja del victimismo y el letargo espiritual, y cómo llena a los pastores de una confianza renovada en su labor. Que todos con pasión y compasión llevemos a cabo la labor que el Señor nos encomendó, y para la cual nos compró con su sangre preciosa.

David Barceló

David es licenciado en Psicología y graduado de los seminarios Westminster en California (MA) y Westminster en Filadelfia (DMin). Es miembro de la NANC y graduado en Consejería Bíblica por IBCD. David ha estado sirviendo en la Iglesia Evangélica de la Gracia, desde sus inicios en mayo de 2005, siendo ordenado al ministerio pastoral en la IEG en junio de 2008.

El liderazgo que permanece

Coalición por el Evangelio

El liderazgo que permanece

Albert Mohler 

Este es un fragmento adaptado de Un líder de convicciones: 25 principios para un liderazgo relevante (B&H Español, 2017), de Albert Mohler.

Admiramos con razón las cosas duraderas. Ese instinto casi siempre es correcto, en especial, cuando se trata de compromisos y llamados. Honramos a las parejas que tienen matrimonios largos y duraderos, y reconocemos a la gente por sus extensos períodos de servicio. Podemos vivir en una cultura de gratificación instantánea y con períodos de concentración cada vez más breves, pero aun así, sabemos admirar lo que permanece.

Esto es especialmente cierto cuando hablamos de liderazgo. Los líderes que dejan las marcas más grandes son aquellos con muchos años de trayectoria. Un impacto grande requiere un período extenso de liderazgo, y el líder que desea producir un cambio debe asumir un compromiso público de perseverar. Las organizaciones son asombrosamente resistentes al cambio.

Aun cuando el cambio se produce, puede deshacerse en un instante si la gente regresa a los viejos y arraigados hábitos de pensamiento y de trabajo. El líder más eficaz sabe permanecer en la tarea, decidido a lograr que se cumpla.

El líder más eficaz sabe permanecer en la tarea, decidido a lograr que se cumpla.

La paciencia es una virtud altamente honrada por los cristianos. La Biblia revela que la paciencia es uno de los frutos del Espíritu Santo. El apóstol Pablo oró para que los creyentes fueran “fortalecidos con todo poder según la potencia de su gloria, para obtener toda perseverancia y paciencia, con gozo” (Col. 1:11, LBLA). Es evidente que la paciencia, la perseverancia y el gozo van juntos. Pablo también le dijo a Timoteo que predicara “con mucha paciencia e instrucción” (2 Ti. 4:2, LBLA).

El liderazgo requiere madurar, aprender, adaptarse, repensar, y reequiparse. Ninguna de estas cosas se logra rápida o fácilmente. Demasiados líderes pasan de una posición a la otra, una y otra vez, precisamente porque no quieren soportar las lecciones que solo el tiempo y la antigüedad pueden enseñar. Saltan de una posición y aterrizan en la otra, con lo cual elaboran un largo currículum, pero sin arrojar ninguna sombra. Se privan a sí mismos y privan a aquellos que lideran de las lecciones que se obtienen solo mediante la perseverancia y la experiencia. Son prueba de la espantosa verdad de que puedes servir en una posición de liderazgo sin jamás liderar de verdad.

Los líderes por convicción valoran la permanencia por otra razón fundamental: la permanencia de la verdad. Las verdades que sostenemos y las creencias que valoramos adquieren la forma de convicciones que enmarcan cada aspecto de la realidad. Nuestra misión es ocuparnos de que esas convicciones se conozcan, se crean y se traduzcan en una acción combinada y significativa. La verdad es eterna, establecida por el Dios eterno. Aquellos que conocen la convicción para liderar deben poseer el compromiso de permanecer y la capacidad de esperar. La verdad permanece y nosotros también debemos hacerlo.

Dios habla hoy por medio de Su Palabra escrita

Coalición por el Evangelio

Dios habla hoy por medio de Su Palabra escrita

Sugel Michelén

Fragmento de De parte de Dios y delante de Dios: Una Guía de predicación expositiva. Sugel Michelén. B&H publicaciones. Lee la reseña aquí.

“ La Biblia fue escrita por hombres”. No sé cuántas veces escuché esta frase a lo largo de mi vida cristiana, como un argumento en contra de nuestra fe. La realidad es que es un argumento a favor. El cristianismo no se basa en la suposición de tener un libro que cayó del cielo, sino en que tenemos en nuestras manos una revelación de Dios escrita por hombres bajo la inspiración del Espíritu Santo. Más de 40 escritores humanos escribieron un libro de coherencia perfecta, sin error, tratando temas que suelen ser muy conflictivos, ¡en un lapso de tiempo de más de 1500 años! La próxima vez que alguien te desafíe a probarle que la Biblia es la Palabra de Dios, trata con este argumento: “Pruébame que no lo es”.

Por lo tanto, la Biblia fue escrita por hombres, pero estos fueron guiados de tal modo por el Espíritu de Dios que los escritos que salieron de su pluma pueden ser llamados con toda propiedad la Palabra de Dios (2 Tim. 3: 16-172 Ped. 1: 19-21). Aunque la inspiración no anula la paternidad literaria ni el estilo de los escritores humanos, la paternidad literaria no altera en nada la perfección de lo que escribieron. De esta manera, la Biblia es la Palabra de Dios escrita por hombres.

Imagina a un músico experto, capaz de tocar a la perfección todos los instrumentos de viento que existen, interpretando en cada uno de ellos la misma melodía. La ejecución es impecable, pero el sonido que produce cada instrumento es distinto de los demás. Eso es lo que ocurre cuando Dios “exhala” Sus propias palabras a través de instrumentos humanos.[1] Percibimos la diferencia en el sonido, pero la ejecución evidencia la maestría inigualable del Artista.

Inspiración, no fosilización

No todas las palabras de Dios quedaron registradas en las Escrituras, sino únicamente aquellas que Él quería preservar para las generaciones futuras. De esta manera, cuando Dios dijo lo que está registrado en la Biblia, “Él tenía dos auditorios en mente, la generación que estaba presente allí y las futuras generaciones” (traducido por el autor)[2] que vendrían después (comp. Rom. 15:42 Tim. 3:16-17)[…] La inspiración hace posible que las palabras vivas de Dios sigan hablando y obrando a través de todas las épocas, más allá del marco histórico en que fueron pronunciadas originalmente.

Por lo tanto, en las Escrituras no solo tenemos un registro de lo que Dios habló hace miles de años, sino de lo que Dios sigue hablando. El hecho de poner por escrito la Palabra del Dios vivo no fosiliza la Palabra. Es la Palabra de Dios escrita la que “es viva y eficaz, y más cortante que toda espada de dos filos” (Heb. 4: 12). John Stott dice al respecto: “Las Escrituras son mucho más que una colección de documentos antiguos en que se preservan las palabras de Dios. No se trata de un museo en que la Palabra de Dios se exhibe tras un vidrio, como un fósil o una reliquia. Por el contrario, es una Palabra viva, dirigida a personas vivas, que proviene del Dios vivo”.[3]

“Si oyereis hoy su voz…”

En los capítulos 3 y 4 de la Carta a los Hebreos, encontramos un ejemplo impresionante de esta permanencia viva de las palabras de Dios. Aquellos creyentes de trasfondo judío corrían peligro de ceder ante la presión de sus hermanos de raza y volverse al judaísmo. De ahí la advertencia del autor a partir de 3: 7:

Por lo cual, como dice el Espíritu Santo: Si oyereis hoy su voz, no endurezcáis vuestros corazones, como en la provocación, en el día de la tentación en el desierto, donde me tentaron vuestros padres; me probaron, y vieron mis obras cuarenta años. A causa de lo cual me disgusté contra esa generación, y dije: Siempre andan vagando en su corazón, y no han conocido mis caminos. Por tanto, juré en mi ira: No entrarán en mi reposo. Mirad, hermanos, que no haya en ninguno de vosotros corazón malo de incredulidad para apartarse del Dios vivo; antes exhortaos los unos a los otros cada día, entre tanto que se dice: Hoy; para que ninguno de vosotros se endurezca por el engaño del pecado (Heb. 3:7-13).

La escena histórica que se describe en este pasaje ocurrió en la época de Moisés, poco tiempo después de cruzar el mar Rojo (Ex. 17:1-7) […] Muchos años después el salmista trae a colación este incidente para hacerle una advertencia al pueblo de Israel de su propia generación (Sal. 95: 7b-8). El peligro de apartarse de Dios continuaba siendo una amenaza para el pueblo en los días del salmista, y este incidente histórico debía hacerlos recapacitar. Pero ahora el autor de la Carta a los hebreos cita el Salmo 95 para advertirles a los israelitas de su propia generación que profesaban creer en Cristo, afirmando que el Espíritu Santo continuaba haciendo la misma advertencia que había hecho cientos de años antes, en los días del salmista: “Por lo cual, como dice el Espíritu Santo: Si oyereis hoy su voz, no endurezcáis vuestros corazones” (Heb. 3: 7-8a, énfasis agregado). ¡El Espíritu Santo continuaba hablando a través de las palabras del salmista!

De esta manera, el “hoy” del Salmo 95 y el “hoy” del autor de la Carta a los Hebreos están conectados con el “hoy” de la experiencia de Israel en el desierto. Han pasado casi 2000 años desde que la Carta a los Hebreos fue escrita y más de 3500 años del incidente original en el desierto, pero Dios sigue advirtiéndonos a través de Su Palabra inspirada para que no nos apartemos de Él. Es por esto que John Stott afirma que “la Biblia es Dios predicando”.[4]

“La Biblia es Dios predicando”

La inspiración no fosiliza la Palabra de Dios, como decía hace un momento, sino que la preserva para que Dios continúe hablando hoy a través de ella. Si no tenemos esa convicción, ¿qué sentido tendría que nosotros la prediquemos? Predicamos porque creemos que lo que Dios quiere decirnos hoy nos lo dice a través de Su Palabra escrita, que es infalible, inerrante y suficiente. Ese es el instrumento que Dios ha usado, sigue usando y usará para obrar en Su Iglesia y en el mundo hasta la segunda venida en gloria de nuestro Señor Jesucristo. Si lo crees, permite que el texto bíblico hable porque la Biblia es Dios predicando, y Él actúa por medio de Su Palabra.

Piensa en los símiles que la Biblia usa para referirse a sí misma. Ella es como un martillo que parte los corazones de piedra (Jer. 23: 29), como un fuego que quema la basura de nuestro interior (Jer. 5: 14), como una espada aguda que traspasa nuestras conciencias (Heb. 4: 12), como una lámpara que ilumina nuestro camino (Sal. 119: 105), como un espejo que nos muestra lo que realmente somos (Sant. 1: 23), como una semilla que produce el nuevo nacimiento (Luc. 8: 111 Ped. 1: 23), como la leche que sirve de alimento espiritual (1 Ped. 2: 2), como la miel que nos endulza (Sal. 19: 10119: 103), como el oro que posee un valor incalculable y que enriquece nuestra vida espiritual (Sal. 19: 10119: 72,127).

La Biblia es todo eso y mucho más porque es la Palabra viva y eficaz del Dios vivo y todopoderoso. “Porque como desciende de los cielos la lluvia y la nieve, y no vuelve allá, sino que riega la tierra, y la hace germinar y producir, y da semilla al que siembra, y pan al que come, así será mi palabra que sale de mi boca; no volverá a mí vacía, sino que hará lo que yo quiero, y será prosperada en aquello para que la envié” (Isa. 55: 10-11).

Dios ha hablado y Él continúa hablando a través de Su Palabra escrita. Estas dos convicciones deben atar nuestras conciencias para resistir a la presión “antisermónica” de nuestra generación.


[1] La palabra que se traduce como “inspirada” en 2 Timoteo 3:16 significa literalmente ‘exhalada por Dios’ o ‘espirada por Dios’.

[2] Peter Adam, Speaking God’s Words (Vancouber, Canada: Regent College Publishing, 2004), 27.

[3] John Stott, La predicación (Grand Rapids, MI: Libros Desafío, 2000), 96.

[4] John Stott, La predicación (Grand Rapids, MI: Libros Desafío, 2000), 98.

Sugel Michelén (MTS) es miembro del concilio de Coalición por el Evangelio. Ha sido por más 30 años uno de los pastores de Iglesia Bíblica del Señor Jesucristo, en República Dominicana, donde tiene la responsabilidad de predicar regularmente la Palabra de Dios en el día del Señor. Es autor de Palabras al Cansado, Hacia una Educación Auténticamente Cristiana y un libro ilustrado para niños titulado La más Extraordinaria Historia Jamás Contada. El pastor Michelén y su esposa Gloria tienen 3 hijos y 4 nietos. Puedes encontrarlo en twitter.

Una mirada a los roles en el matrimonio

Coalición por el Evangelio

Una mirada a los roles en el matrimonio

Juan Sánchez

Podemos, y debemos, celebrar que Dios creó tanto al hombre como a la mujer a su imagen, iguales como seres humanos. Sin embargo, aunque ambos están llamados a reflejar el dominio de Dios sobre toda la creación, a cada uno se le asigna un papel distinto en el cumplimiento de ese llamado. El hombre fue creado primero, se le colocó en el Edén como el único ser humano, y se le llamó a guiar, proteger. y proveer amorosamente a todos los que estaban bajo su cuidado (Gen. 2:4-15).

La clave para entender el papel del hombre se encuentra en Génesis 2:15: “Tomó, pues, Jehová Dios al hombre, y lo puso en el huerto del Edén, para que lo labrara y lo guardase” (RV60). La palabra traducida como labrar en Génesis 2:15 también puede traducirse como trabajar, servir, o ministrar. Y guardar también puede significar proteger. Ambas palabras también aparecen juntas en relación con el sacerdocio levítico (Nm. 3:7-8). Los sacerdotes debían servir (trabajar) en la presencia de Dios y guardar (proteger) la entrada al tabernáculo.

Dado que Edén era el lugar de la tierra en el que originalmente Dios estaba en la presencia del hombre (Gen. 3:8), y dado que Adán también sirvió ante la presencia de Dios, es apropiado considerar a Adán como sacerdote, ya que tenía el mismo papel: servir en la presencia de Dios y proteger el lugar en el que estaba dicha presencia (Edén) de la entrada de los intrusos. Como imagen de Dios, Adán fue creado para representar el dominio amoroso de Dios sobre los que estaban a su cuidado. Para cumplir con el mandato creativo de Génesis 1:28, sin embargo, Adán necesitaría ayuda.

El esposo guía, protege, y provee, mientras que la esposa acompaña a su esposo para ayudarlo, afirmándolo, y siguiendo su liderazgo. 

Dios creó a la mujer como ayuda idónea y complementaria del hombre (Gen. 2:18-25). Con la ayuda de la mujer, Adán podría cumplir el mandato de “Fructificad y multiplicaos; llenad la tierra y sojuzgadla” (Gn. 1:28 RV60). Juntos, el hombre y la mujer, como gobernantes representativos de Dios sobre la creación, estaban llamados a reproducir una descendencia piadosa, hijos que también tuvieran la imagen de Dios. Pero, aunque Adán y Eva eran iguales en cuanto a la imagen de Dios, el rol de Eva era diferente al de Adán.

En la relación hombre-mujer establecida en el Edén, el hombre fue creado para liderar y la mujer para seguir. Él estaba orientado a trabajar; ella estaba orientada hacia el hombre. Él fue creado para proteger; ella fue creada con la necesidad de ser protegida. A él se le encomendó proporcionar; a ella la tarea de ayudar.

La relación hombre-mujer de autoridad y sumisión la vemos establecerse en Génesis 2:18-25. A medida que avanza la narración, es como si Dios le estuviera enseñando a Adán que su ayuda idónea no se encuentra en el reino animal; no se encuentra en otro hombre; y no se encuentra en las mujeres en general. Su ayuda idónea es una única mujer, y están unidos de por vida entre sí en una relación de pacto a la cual llamamos matrimonio (Gn. 2:22-25). Por tanto, el patrón de liderazgo se establece primero en la relación dentro de la alianza matrimonial, es decir, en el hogar.

El esposo guía, protege, y provee, mientras que la esposa acompaña a su esposo para ayudarlo, afirmándolo, y siguiendo su liderazgo. De manera que, el patrón de liderazgo establecido en Génesis 1 y 2, es uno de igualdad entre el hombre y la mujer como portadores de una misma imagen, pero de diferencia en cuanto a sus roles. En la relación matrimonial, el hombre ejerce la autoridad y la mujer se coloca voluntariamente bajo esa autoridad establecida por Dios. Pero ¿con qué fin?

La historia de la Biblia que se está desarrollando apunta a una persona que de forma fiel y verdadera crearía una imagen de Dios. 

En última instancia, Dios desea que su gloria llene toda la tierra y, en un principio, que su gloria se extendiera por toda la tierra mientras Adán y Eva reproducían la imagen divina al tener una descendencia piadosa. A veces olvidamos que el Jardín de Edén era un lugar específico marcado por límites naturales, a saber: cuatro ríos (Gn. 2:10-14). Cuando se tiene en cuenta el mandamiento de “fructificad y multiplicaos; llenad la tierra, y sojuzgadla”, entendiendo que el Edén era un espacio limitado sobre la faz de la tierra, es evidente que a medida que Adán y Eva cumplieran con la tarea que Dios mismo les encomendó, necesitarían expandir los límites del jardín para adaptarlos al aumento de la población.

El objetivo del mandamiento de Dios de ser fructíferos, multiplicarse, y llenar la tierra, era reproducir portadores de la imagen de Dios y continuar expandiendo los límites del jardín hasta que este cubriera todo el mundo, y así la tierra estuviera llena de la gloria y la imagen de Dios.

Como imagen de Dios, por tanto, fuimos creados para reflejar el reinado soberano de Dios sobre la creación, representar su cuidado amoroso sobre los que están bajo nuestra autoridad, y tener descendientes piadosos hasta que toda la tierra se llenara de la gloria de Dios. Aunque el pecado entró en el mundo por medio de la rebelión de Adán (Gn. 3), y la imagen de Dios en la humanidad ahora está distorsionada, el plan de Dios no ha cambiado.

La historia de la Biblia que se está desarrollando apunta a una persona que de forma fiel y verdadera crearía una imagen de Dios. A través de la predicación del evangelio y el poder del Espíritu Santo, Jesús, la verdadera imagen del Dios invisible (Col. 1:15), ahora da a luz a un pueblo a quien está restaurando progresivamente a la imagen divina (2 Co. 3:18).

Las 5 solas de la Reforma

Coalición por el Evangelio

Las 5 solas de la Reforma

Miguel Núñez

Lo que comenzó con una simple protesta de parte de Martín Lutero, en contra de una serie de prácticas religiosas de parte de la iglesia de Roma, culminó siendo un movimiento transformador de la Iglesia y de toda la sociedad. Este movimiento, denominado como la Reforma, se expandió por los próximos 200 años, cruzando el océano y llegando a Norteamérica. Las cinco “Solas” que vamos a ver resumieron la teología propulsada por la Reforma.

Lutero clavó sus 95 tesis en la puerta de la catedral de Wittenberg el 31 de Octubre de 1517. La queja principal de estas tesis era la venta de indulgencias, con las cuales se pagó una buena parte de la construcción de la Basílica de San Pedro. Sin embargo, esto inició todo un movimiento que culminó revisando no solo la venta de las indulgencias, sino también toda la teología que la iglesia de Roma practicaba y enseñaba. Por años, los teólogos de la Reforma cuestionaron y cambiaron el entendimiento de la salvación del hombre que la iglesia católica abrazaba, junto con toda la teología relacionada al plan de redención. Con el paso del tiempo se hizo necesario resumir todo ese nuevo entendimiento teológico, con tal de que otros pudieran visualizarlo de una manera sencilla, pero no simplista. Esto dio origen a estas cinco famosas frases:

  • SOLA SCRIPTURA: La Palabra de Dios es la máxima autoridad en materia de fe y práctica. Por tanto, nada que contradiga la revelación de Dios puede regular la vida del creyente (Gálatas 1:6-102 Timoteo 3:162 Pedro 1:3).
  • SOLUS CHRISTUS: La salvación se encuentra solo en Cristo, excluyendo así todo otro camino para llegar a Dios (Hechos 4:12).
  • SOLA GRATIA: La salvación es un don de Dios. Por tanto, es algo que el pecador recibe de forma inmerecida basada en los méritos de Cristo alcanzados durante su vida, muerte y resurrección (Efesios 2:8).
  • SOLA FIDE: La salvación solo puede ser recibida cuando ponemos nuestra fe en Aquel que murió por nosotros, excluyendo la posibilidad de que nuestras obras puedan contribuir (Efesios 2:8-9Romanos 3:28).
  • SOLI DEO GLORIA: El propósito de la salvación que recibimos es glorificar a Dios; poner de manifiesto las excelencias o virtudes de su carácter (Efesios 1:4-61 Pedro 2:9).

Estas frases representan el corazón de la teología reformada, y resumen verdades no negociables del evangelio. La fortaleza de una iglesia depende de las verdades que la sustentan, y de ahí que toda iglesia bíblica necesite no solo abrazar estos principios, sino también proclamarlos de una manera que garantice que estos sean pasados a la próxima generación.

Lamentablemente, muchas iglesias han asumido estos principios y han dejado de proclamarlos con claridad y frecuencia. Con el tiempo, todo lo que es asumido va siendo olvidado poco a poco. Nuevas generaciones en los últimos 200 años desconocen parcial o completamente toda la historia detrás de esta teología, y poco a poco fueron desarrollando una teología liberal (a final del siglo XIX), o un pragmatismo ignorante de la centralidad de la gloria de Dios en el plan de redención (segunda mitad del siglo XX).

No sé cuántos se han percatado de que hay un resurgimiento de las doctrinas de la gracia en nuestros días, aun dentro de iglesias que vienen de un trasfondo pentecostal. Por tanto, hablar de estos temas contribuye a fortalecer y a promover este nuevo mover en Latinoamérica. Ciertamente, la iglesia primitiva no usó esta terminología para hablar de sus creencias; pero cada una de estas frases está arraigada en la revelación del Nuevo Testamento, que daba continuidad al pacto anterior. A lo largo de la historia, la Iglesia ha elaborado credos, declaraciones de fe y frases como las que aquí definimos, no como una forma de traer nueva revelación, sino buscando maneras de afirmar lo ya conocido, para evitar que las verdades fundamentales de nuestra fe sean olvidadas en el tiempo, o tratando de llamar a la Iglesia a sus raíces. Oramos para que el mismo Dios que levantó a un Martín Lutero o a un Juan Calvino vuelva a hacer lo mismo en nuestros días, y que la transformación de la iglesia y de la sociedad vista en Europa y Estados Unidos en los años de 1500 – 1700 pueda ser vista en nuestra región.

​Miguel Núñez es vicepresidente de Coalición por el Evangelio. Es el pastor de predicación y visión de la Iglesia Bautista Internacional, y presidente de Ministerios Integridad y Sabiduría. El Dr. Núñez y su ministerio es responsable de las conferencias Por Su Causa, que procuran atraer a los latinoamericanos a las verdades del cristianismo histórico. Puede encontrarlo en Twitter.

http://www.coalicionporelevangelio.org/articulo/las-5-solas-de-la-reforma/

El predicador debe hablar con convicción y denuedo

Coalición por el Evangelio

El predicador debe hablar con convicción y denuedo

Sugel Michelen

Los predicadores no solo deben predicar con autoridad, como vimos en la entrada anterior, sino también con convicción. Y estos dos elementos se encuentran íntimamente asociados el uno con el otro. Es imposible predicar con autoridad cuando no se tiene convicción, y esa convicción emana a su vez de la seguridad de que lo que estamos proclamando y defendiendo es verdadero.

Si tenemos la plena certeza de que la Biblia es la Palabra de Dios, y al mismo tiempo tenemos la certeza de que lo que vamos a predicar es el mensaje de la Biblia, entonces predicaremos con convicción.

La convicción emana de la fe. ¿Creemos que todo lo que la Biblia dice es verdad? ¿Estamos seguros de que eso que vamos a predicar es lo que la Biblia dice?

Hasta tanto no respondamos estas dos preguntas satisfactoriamente no estamos preparados para predicar con convicción. Y si nosotros no estamos convencidos, ¿cómo vamos a convencer a los que escuchan?

Por eso es que nadie debe predicar de un pasaje que no entiende del todo. Si no estás seguro de que has podido desentrañar el verdadero significado del texto, es mejor que prediques de lo que sí entiendes y conoces. “Creí, por lo cual hablé”, dice Pablo en 2Cor. 4:13. La convicción emana de la fe.

Pero no solo debemos predicar con autoridad y convicción, sino también con denuedo. Si hay un elemento distintivo en la predicación apostólica es precisamente este: predicaban con denuedo la Palabra de Dios (comp. Hch. 4:132931).

La palabra griega que nuestra versión traduce como “denuedo” es parresía, que significa literalmente “osadía”, confianza, “sin miedo”, “con valor”. En el griego clásico esta palabra se usaba para referirse al derecho que tenían los ciudadanos libres de hablar franca y abiertamente.

Algunas veces se usa en el NT para referirse a algo que se dice con toda claridad y franqueza, como cuando el Señor reveló a Sus discípulos en Mr. 8:32 que habría de ser llevado a la muerte por los líderes religiosos de la nación. Pero en estos textos del libro de los Hechos señala el valor y la osadía de los discípulos al predicar el evangelio.

Ese denuedo lo vemos una y otra vez en la predicación apostólica (comp. Hch. 2:22-23363:13-15). Un predicador que no posea denuedo no podrá decir nunca como el apóstol Pablo: “Estoy limpio de la sangre de todos; porque no he rehuido anunciaros todo el consejo de Dios” (Hch. 20:26-27).

Hay verdades de las Escrituras que la gente no quiere oír, así como hay personas que manifiestan abierta hostilidad hacia todo lo que tiene que ver con el evangelio. Pero el ministro que ha sido atrapado por la verdad de Dios revelada en Su Palabra no cerrará su boca para hablar lo que debe hablar (comp. 1Ts. 2:24).

Muchos predicadores carecen de denuedo en su predicación por causa del temor a los hombres. Pero hay algo que atenta también contra ese denuedo y que no es tan evidente como el temor a los hombres: la sinceridad del predicador.

Debemos reconocer que nosotros mismos estamos envueltos en un proceso de santificación y que no somos perfectos; todavía tenemos mucho que crecer para seguir conformándonos a la imagen de nuestro Señor.

Pero no por eso debemos predicar con timidez. Consideren el ejemplo del apóstol Pedro en Hch. 3:14, cuando acusa a los judíos de negar al Señor. Pero ¿acaso no fue el mismo Pedro quien había negado a Cristo tres veces la noche del arresto? Él se arrepintió y lloró amargamente su traición; pero eso no elimina este hecho de su historia. Pedro negó a Cristo.

Sin embargo, eso no impidió que en este momento, con todo denuedo, clavara esta acusación en la conciencia de estos judíos, porque ellos necesitaban oír eso. Comentando acerca de este incidente, Ted Donnelly dice lo siguiente:

“¿Dudaremos en aplicar el evangelio por nuestra indignidad? ¿Predicaremos más suavemente por miedo a que nos consideren arrogantes o más santos que el resto? ¿No es esto orgullo con una máscara de humildad? Mientras predicamos, solo una cosa importa – que el mensaje de salvación sea traído a aquellos que nos escuchan. No podemos permitir que nada interfiera con el impacto de lo que estamos diciendo”.

“Debemos examinar nuestros propios corazones. Debemos sentir profundamente el dolor de nuestro pecado. Pero el lugar para esto es en lo secreto, no en el púlpito. El arrepentimiento profundo y la humillación del alma, si son genuinos, nos harán mansos y gentiles. Nuestra actitud mostrará evidentemente si nos estamos poniendo a nosotros mismos en un pedestal o no. Pero es un error trágico el predicar tímidamente porque somos imperfectos. Cristo, nuestro tema, es perfecto. Proclamémosle sin restricción” (Peter: Eyewitness of His Majesty; pg. 78). Comp. Ef. 6:19-20.

El pastor Michelén ha formado parte del Consejo de Ancianos de Iglesia Bíblica delSeñor Jesucristo en Santo Domingo, República Dominicana, durante más de 30 años.Tiene la responsabilidad de predicar la Palabra regularmente en el día del Señor.Tiene una Maestría en Estudios Teológicos y es autor de varios libros: Historia de las Iglesias Bautistas Reformadas de Colombia, Coautor junto al Pastor Julio Benítez; La Más Extraordinaria Historia Jamás Contada, Palabras al Cansado – Sermones de aliento y consuelo; Hacía una Educación Auténticamente Cristiana, El que Perseverare Hasta el Fin; y publica regularmente artículos en su blog “Todo Pensamiento Cautivo”https://www.todopensamientocautivo.com/

Él es instructor asociado en Universidad Wesleyana en Indiana (IWU), extensión en español; enseña Filosofía en el Colegio Cristiano Logos; y durante 10 años, ha sido profesor regular de la Asociación Internacional de Escuelas Cristianas (ACSI)  para América Latina.

El pastor Michelén, junto a su esposa Gloria tiene tres hijos y cuatro nietos.