El llamado de Dios al ministerio pastoral

Coalición por el Evangelio

El llamado de Dios al ministerio pastoral

Sugel Michelén

Alguien dijo una vez con mucha razón que “si bien es cierto que trabajar en el ministerio es una tarea que debemos considerar como un privilegio, también debemos tomar en cuenta las advertencias que encontramos en la Escritura de no entrar en el oficio pastoral sin estar debidamente señalado por Dios para esa obra.”

Hablando de los falsos maestros, dice el Señor en Jer. 23:32: “Yo no los envié ni les mandé; y ningún provecho hicieron a este pueblo.” Si no es Dios mismo que los está enviando, tampoco serán de provecho, porque no tendrán los dones y capacidades necesarios, ni tendrán la bendición de Dios; y muy probablemente tampoco tendrán una buena motivación.

El ministerio pastoral debe ser llevado a cabo por hombres que Dios ha llamado y capacitado para ello. Es Dios mismo quien llama a los hombres al ministerio, no la iglesia.

Lo que hace la iglesia en ese proceso, como bien señala Charles Bridges, es acreditar “a aquel a quien Dios interna y apropiadamente ha cualificado. Este llamado, entonces, [el de la iglesia] sólo comunica una autoridad oficial” (The Christian Ministry; pg. 91). Pero la iglesia no hace pastores, ni puede impartir a los pastores los dones y capacidades que ese hombre necesitará para el oficio.

Veamos brevemente algunos textos.

“Recorría Jesús todas las ciudades y aldeas, enseñando en las sinagogas de ellos, y predicando el evangelio del reino, y sanando toda enfermedad y toda dolencia en el pueblo. Y al ver las multitudes, tuvo compasión de ellas; porque estaban desamparadas y dispersas como ovejas que no tienen pastor. Entonces dijo a sus discípulos: A la verdad la mies es mucha, mas los obreros pocos. Rogad, pues, al Señor de la mies, que envíe obreros a su mies” (Mt. 9:35-38).

A la vista de toda esa multitud de personas desamparadas y dispersas como ovejas que no tenían pastor y ante la realidad de que la mies es mucha y los obreros son pocos, ¿cuál es la exhortación del texto?

“Vamos a compartir públicamente la necesidad que hay de pastores, a ver si alguien se anima; o podemos acercarnos a todos aquellos que tengan ciertas capacidades de liderazgo y de oratoria para que asuman el pastoreo de esta gente. Después de todo es mejor tener pastores que hagan medianamente el trabajo que no tener ningún pastor.”

Eso no fue lo que hizo el Señor. Cristo exhorta a Sus discípulos que rueguen al Dueño de la mies que envíe obreros a Su mies. Nadie debe enviarse a sí mismo al ministerio cristiano, ni tomar la prerrogativa de enviar a otros. El Señor no ha conferido a nadie ese derecho. Sólo Dios posee la autoridad de designar quiénes son los que deben trabajar en este oficio.

Hch. 20:28: “Por tanto, mirad por vosotros, y por todo el rebaño en que el Espíritu Santo os ha puesto por obispos, para apacentar la iglesia del Señor, la cual él ganó por su propia sangre”.

Antes que nada, noten que los términos “ancianos”, “obispos” y “pastores” se usan indistintamente en el NT (comp. vers. 17); todos señalan el mismo oficio pero desde distintos ángulos. Estos ancianos/obispos/pastores debían considerar seriamente la enorme responsabilidad que tenían en sus manos, no sólo por la naturaleza de aquello que debían cuidar, la iglesia del Señor, sino también por el origen del encargo. “Fue el Espíritu Santo el que los colocó como supervisores para pastorear ese cuerpo local de creyentes que Cristo compró con Su sangre”.

Ef. 4:8-11: “Por lo cual dice: Subiendo a lo alto, llevó cautiva la cautividad, y dio dones a los hombres. Y eso de que subió, ¿qué es, sino que también había descendido primero a las partes más bajas de la tierra? El que descendió, es el mismo que también subió por encima de todos los cielos para llenarlo todo. Y él mismo constituyó a unos, apóstoles; a otros, profetas; a otros, evangelistas; a otros, pastores y maestros”.

Pablo presenta al Señor Jesucristo aquí como el Salvador resucitado que da dones a Su iglesia. Y para hacernos conscientes de todo lo que implicó ese proceso, Pablo enmarca su instrucción en la enseñanza del Sal. 68:18, el cual cita libremente, y en donde se habla de la victoria de Jehová sobre Sus enemigos.

Lo que se dice de Jehová en ese Salmo del AT, Pablo lo explica como teniendo su cumplimiento en Cristo nuestro Señor, una clara indicación de que Pablo veía a Jesús como el Dios encarnado. Ahora ¿de qué está hablando Pablo aquí cuando dice que Cristo subió a lo alto, y llevó cautiva la cautividad?

En aquellos días, cuando el ejército regresaba victorioso de la batalla, el que los había capitaneado era recibido en medio de una procesión triunfal, llevando consigo a todos los enemigos que habían sido tomados cautivos. Entonces el capitán o el general solía repartir con los suyos los despojos que habían sido quitados a los enemigos vencidos; él repartía el botín.

Y esa es precisamente la figura que Pablo nos presenta aquí. Cristo nuestro Señor es el guerrero victorioso que en la cruz del calvario tuvo una victoria aplastante sobre las huestes del mal. Él venció la muerte por medio de Su muerte.

Y luego subió a lo alto, aludiendo a su ascensión a los cielos, pero no como un capitán derrotado, sino como un glorioso Salvador que había comprado salvación y liberación para un sinnúmero de almas que antes eran cautivas de Satanás, pero que ahora eran Sus cautivos.

El llevó cautiva una multitud de cautivos, y de ellos tomó el botín y lo repartió con los Suyos. ¿Cuál era este botín? Los dones que Él ha repartido a Su pueblo, algunos de los cuales se mencionan de manera particular en el vers. 11, y entre los cuales están los pastores y maestros.

La enseñanza bíblica no puede ser más clara. Es Dios quien llama a los hombres al ministerio, no la iglesia, ni los seminarios. Este es un llamamiento tan solemne que en los textos que acabamos de leer las tres personas de la Trinidad son mencionadas de manera distintiva como involucradas en el llamado.

En Mt. 9:38 Cristo dice a Sus discípulos que debían orar al Señor de la mies para que envíe obreros a Su mies, en una clara referencia a Dios el Padre. Pero Pablo dice en Hch. 20:28 a los ancianos de Éfeso que fue el Espíritu Santo el que los colocó como supervisores de la iglesia que el Señor compró con Su sangre. Y en Ef. 4 dice que fue el mismo Cristo el que repartió esos dones.

Es Dios quien llama. El papel que la iglesia juega en todo esto es la de reconocer a esos hombres que Dios ha llamado, usando como norma de evaluación los principios que el Señor dejó establecido en Su Palabra en pasajes como 1Tim. 3 y Tito 1.

Esa comisión de la iglesia es indispensable y sumamente importante para que un hombre pueda entrar al ministerio de una forma ordenada. Pero no debemos perder de vista que ese llamado viene de Dios no de los hombres.

El pastor Michelén ha formado parte del Consejo de Ancianos de Iglesia Bíblica delSeñor Jesucristo en Santo Domingo, República Dominicana, durante más de 30 años.Tiene la responsabilidad de predicar la Palabra regularmente en el día del Señor.Tiene una Maestría en Estudios Teológicos y es autor de varios libros: Historia de las Iglesias Bautistas Reformadas de Colombia, Coautor junto al Pastor Julio Benítez; La Más Extraordinaria Historia Jamás Contada, Palabras al Cansado – Sermones de aliento y consuelo; Hacía una Educación Auténticamente Cristiana, El que Perseverare Hasta el Fin; y publica regularmente artículos en su blog “Todo Pensamiento Cautivo”https://www.todopensamientocautivo.com/

Él es instructor asociado en Universidad Wesleyana en Indiana (IWU), extensión en español; enseña Filosofía en el Colegio Cristiano Logos; y durante 10 años, ha sido profesor regular de la Asociación Internacional de Escuelas Cristianas (ACSI)  para América Latina.

El pastor Michelén, junto a su esposa Gloria tiene tres hijos y cuatro nietos.

El Maná y El Agua

Coalición por el Evangelio

Conferencia Muestra a Cristo

El Maná y El Agua

José Mercado

José Mercado (Joselo) es miembro del concilio de Coalición por el Evangelio. Oriundo de Puerto Rico, renuncia a su carrera de consultoría en el año 2006 para ingresar al colegio de pastores de Sovereign Grace Ministries.

Es el pastor principal de la Iglesia Gracia Soberana en Gaithersburg, Maryland.

José completó su Maestría en Artes en estudios teológicos en SBTS, y está casado con Kathy Mercado y es padre de Joey y Janelle.

 

Precauciones sobre “Mero cristianismo”

Coalición por el Evangelio

Precauciones sobre “Mero cristianismo”

Kevin DeYoung

Mero cristianismo de C. S. Lewis es un clásico. Es una defensa atractiva, reflexiva, y bien escrita de la fe cristiana. Algunas de sus secciones más conocidas —como el famoso trilema: lunático, mentiroso, o Señor— se han convertido en parte de la forma en que los evangélicos piensan y hablan. Sin duda, Dios ha usado a Lewis y Mero cristianismo para despertar afectos por Cristo, involucrar la mente por Cristo, y eliminar obstáculos para que el Espíritu Santo atraiga personas a Cristo. Estoy agradecido por todo esto. Más que eso, me he beneficiado de cada libro de Lewis que he leído.

Pero C. S. Lewis no era un evangélico. Su Mero cristianismo muestra por qué.

Permíteme destacar dos problemas importantes.

Expiación… ¿pero cómo?

La primera advertencia a plantear se refiere a la visión de Lewis sobre la expiación. Lewis creía que Jesús murió en la cruz por causa del pecado, pero él no pensaba que era importante entender los detalles de lo que Cristo realizó en la cruz.

“Ahora, antes de ser cristiano, yo tenía la impresión de que la primera cosa que los cristianos tenían que creer era una teoría particular sobre lo que significaba esta muerte. Según esa teoría, Dios quería castigar a los hombres por haber desertado y unirse al Gran Rebelde, pero Cristo en cambio se ofreció voluntariamente para ser castigado, y así Dios nos dejó libres. Ahora, admito que incluso esta teoría no parece tan inmoral y necia como la consideraba antes; pero ese no es el punto que quiero destacar. Lo que vine a ver más adelante fue que ni esta teoría ni otra es el cristianismo. La creencia central es que la muerte de Cristo de alguna manera nos ha puesto bien con Dios y nos ha dado un nuevo comienzo. Las teorías acerca de cómo se hizo esto, es otro tema. Un buen número de diferentes teorías se han realizado sobre cómo funciona; lo que todos los cristianos están de acuerdo es que funciona” (57-58 [las páginas varían según la edición]).

Después, Lewis dice que “Cristo fue muerto por nosotros”, y “su muerte ha lavado nuestros pecados”, pero “cualquier teoría que construyamos en torno a cómo la muerte de Cristo hizo todo esto son, a mi juicio, totalmente secundarias”. Esta impaciencia al pensamiento cuidadoso acerca de la expiación es bastante mala, pero luego Lewis continúa dejando claro que rechaza la comprensión de la expiación que los evangélicos (y la Biblia, yo diría) encuentran más central y más gloriosa.

“Lo que la mayoría de las personas han escuchado es aquello que mencioné anteriormente, que fuimos perdonados porque Cristo se ofreció voluntariamente para sufrir el castigo en nuestro lugar. Ahora, aparentemente es una teoría muy tonta. Si Dios estaba dispuesto a perdonarnos, ¿por qué simplemente no lo hizo? ¿Y qué sentido tendría castigar a una persona inocente? Ningún sentido que yo pueda ver, si es que se piensa en un castigo en el sentido de una corte judicial. Por otro lado, si se piensa en una deuda, hay bastante sentido en que una persona que tiene los medios pague en nombre de alguien que no tiene cómo pagar” (59).

Preste mucha atención a lo que Lewis dice en ese párrafo. Él cree en una teoría sustitutiva de la expiación, pero él rechaza la sustitución penal. Él admite que la sustitución penal no es tan tonta como una vez le pareció, pero todavía no la acepta. En lugar de ella argumenta que Cristo paga una deuda (lo cual es verdad), pero no como un castigo por nosotros.

La teología de Lewis sobre la expiación es confusa, pero yo diría que su punto de vista es más como Christus victor, o un rescate a Satanás, que la sustitución penal. La muerte de Aslan, como recordarás, fue un sacrificio a la Bruja, y se explicó con ambigüedad como “magia más profunda”. Este no es el lugar para defender la importancia crítica de la sustitución penal. Mi punto es simplemente que Lewis no lo enseña en Mero cristianismo, y de hecho lo socava.

Un inclusivista primitivo

El segundo problema con Mero cristianismo es el inclusivismo de Lewis. Los evangélicos creemos que Jesucristo es el único camino hacia Dios. Además, creemos que la fe consciente en Jesucristo es necesaria para la salvación (suponiendo que estamos hablando de seres conscientes, todos los cristianos admiten que los bebés y aquellos con discapacidad mental puedan estar en una categoría diferente). Lewis, por el contrario, creía en lo que podríamos llamar “cristianos anónimos”. Es decir, que la gente puede ser salva a través de Cristo sin poner una fe explícita en Cristo. Es decir, que hay personas que no aceptan completamente la doctrina cristiana acerca de Cristo, pero que son fuertemente atraídos por Él, y que son suyos en un sentido mucho más profundo de lo que ellos mismo puedan entender. Hay personas de otras religiones que están siendo guiadas por una influencia secreta de Dios, para concentrarse en aquellas partes de sus religiones que están de acuerdo con el cristianismo, y que por lo tanto, pertenecen a Cristo sin saberlo. Por ejemplo, un budista de buena voluntad puede ser guiado a concentrarse cada vez más en la enseñanza budista sobre la misericordia y dejar en segundo plano (aunque se podría decir que todavía cree en ello) la enseñanza budista en ciertos otros puntos (178).

No importa cuánto nos pueda gustar Lewis, esto es simplemente una profunda incomprensión de la misión del Espíritu Santo (y un rechazo de Jn. 14:6). La obra del Espíritu Santo es traer gloria a Cristo tomando lo que es suyo —su enseñanza, la verdad acerca de su muerte y resurrección— y dándolo a conocer. El Espíritu no obra indiscriminadamente sin la revelación de Cristo en vista. Podría decirse que la obra más importante del Espíritu Santo es glorificar a Cristo, y Él no hace esto separadamente de brillar el foco en Cristo para que los elegidos lo vean y lo saboreen. Una vez más, vemos al inclusivista Lewis al final en Narnia, donde Emeth, un adorador de Tash, es aceptado por Aslan por seguirlo todo el tiempo sin saberlo.

Todo eso para decir: sí, tengo algunas precauciones cuando se trata de Mero cristianismo. Buen libro. Pero con algunas deficiencias graves.

PUBLICADO ORIGINALMENTE EN THE GOSPEL COALITION. TRADUCIDO POR FELIPE CEBALLOS ZÚÑIGA.

10 características de la teología liberal

Coalición por el Evangelio

10 características de la teología liberal

Will Graham

En los últimos dos siglos, la amenaza más grande contra el cristianismo bíblico no ha surgido desde las otras religiones mundiales más destacadas tales como el islam, el budismo, sino dentro de la misma Iglesia. Es el peligro de la teología liberal, la cual, haciéndose pasar por cristiana, niega prácticamente todo lo que enseña la Palabra de Dios.

La teología liberal vació una gran parte de las iglesias protestantes de Europa a lo largo de los siglos XIX y XX y ahora está haciendo exactamente lo mismo en países como los Estados Unidos. Si los pastores no estamos preparados ni arraigados en las grandes verdades de las Escrituras, estamos en peligro de permitir que esta teología pervierta y desvíe lo que el Señor está haciendo en nuestra generación, sobre todo en el mundo hispano.

Entonces, aquí hay 10 características de la teología liberal y de los teólogos liberales para que podamos entender mejor este peligro y cómo protegernos de él.

1. La teología liberal no cree en la infalibilidad bíblica.

El punto de partida para la teología liberal no es la voz del Señor tal cual se revela en las Escrituras, sino la razón humana. Por esta razón, los liberales sacrifican cualquier enseñanza que no cuadre con su forma de razonar. Esta observación explica la razón por la que el alemán Rudolf Bultmann (1884-1976) propuso su método de ‘desmitologización’, mediante el cual negó todos los milagros registrados en la Biblia en el nombre de la racionalidad moderna. En palabras de Bultmann, “No se puede utilizar la luz eléctrica y la radio, usar medicamentos y medios clínicos modernos en casos de enfermedad, y al mismo tiempo creer en el mundo de espíritus y de los milagros del Nuevo Testamento”. Para el liberal, en primer lugar está la razón y luego la revelación de Dios. El evangélico, sin embargo, invierte este orden, es decir, primero la revelación, luego la razón.

2. La teología liberal no hace hincapié en la doctrina.

La teología liberal critica el uso de credos, confesiones de fe y catecismos, ya que dichos documentos dan por sentado la importancia de la doctrina. La meta del liberal es tener “una mente abierta” y por lo tanto ataca cualquier sistema que atenta contra su libertad intelectual. Puesto que la verdad no se puede transmitir mediante palabras, el liberal razona que puede creer lo que bien le da la gana. La doctrina, dicen, es para los “fundamentalistas” o “los que pertenecen a la Edad de Piedra”. A los liberales no les gustan para nada las declaraciones doctrinales empleadas en las Escrituras (1 Co. 15:3-51 Tim. 3:16, etc.)

3. La teología liberal se enfoca en la experiencia.

Ya que la doctrina no importa, los liberales priorizan la “experiencia” de Dios. El padre de la teología liberal, Friedrich Schleiermacher (1768-1834), definió la teología como el sentimiento de nuestra “absoluta dependencia de Dios”. A nivel práctico, quiere decir que en vez de empezar con la revelación de Dios según las Escrituras, Schleiermacher arrancó con la subjetividad de la experiencia humana. Lo más importante en la teología entonces no es hablar sobre Dios sino más bien nuestra experiencia de Él (o de Ella). Las consecuencias de tal sistema liberal fueron desastrosas. Schleiermacher negó prácticamente todas las doctrinas cardinales del cristianismo (la Trinidad, la doble naturaleza de Cristo, la obra expiatoria del Hijo de Dios, la condenación eterna para los impíos, etc.) y al fin y al cabo, convirtió la teología en antropología. En vez de someter sus experiencias a las Escrituras, sujetó las Escrituras a su experiencia. Con razón algunos han llamado a Schleiermacher el ‘Judas Iscariote’ de los siglos XVIII y XIX.

4. La teología liberal solo cree en un Dios de amor.

El único atributo de Dios que los liberales mencionan desde el púlpito y en sus círculos académicos es el amor de Dios. No se habla sobre Su santidad, Su justicia y Su ira contra los impíos. Han creado a otro dios conforme a su imagen y semejanza. Por esta razón los liberales nunca predican sobre el pecado ni el peligro de la condenación eterna. Dicen que todos somos buenos. Todos somos hijos de Dios. Todos vamos al Cielo. ¿Por qué? Porque Dios es amor, amor, amor.

5. La teología liberal no predica el evangelio apostólico.

Si Dios es amor y todos vamos al Cielo, entonces ¿qué necesidad hay de predicar el evangelio? Según el liberal, el evangelio no tiene nada que ver con la vida eterna ni con el perdón de los pecados sino más bien con la liberación socio-política o el progreso económico. Dios no está airado contra los pecadores; por lo tanto, el evangelio apostólico que se centra en la sangre del Cordero de Dios derramada para redimir y hacer propiciación por el pueblo de Dios es abiertamente negado (Ro. 3:24-26). Este mensaje, según el liberalismo, es “arcaico” y ya pasado de moda. Dado el hecho de que no se predica el evangelio bíblico desde los púlpitos liberales, sus ministros se limitan a hablar sobre la ética y la moralidad. “Hay que ser una buena persona”, “Hay que ayudar a los necesitados”, “Hay que ser amigo de todos”, “Hay que tolerarlo todo”. Es una teología humanista no fundamentada en la gracia salvadora del Dios trino.

6. La teología liberal convierte a Jesús en un mero hombre.

Los liberales no creen en la divinidad de Jesús. Argumentan que era un hombre inspirado e iluminado por Dios; pero de ninguna forma era Dios manifestado en carne (Jn. 1:14). Consiguientemente, los liberales por un lado niegan que la crucifixión del Hijo de Dios fue una obra expiatoria en el sentido de que Cristo dio Su vida por nuestros pecados; y por el otro, niegan que Jesús resucitó literalmente al tercer día. Según los teólogos liberales, Jesús resucitó en los corazones de los discípulos; pero no resucitó corporal ni históricamente. Esto contradice expresamente la declaración apostólica: “Si Cristo no resucitó, vana es entonces nuestra predicación, vana es también vuestra fe” (1 Co. 15:14). En cuanto al tema de la expiación, el liberalismo estipula que Jesús murió para darnos un ejemplo ético a seguir. No estaba efectuando la salvación de los escogidos del Padre en la cruz. ¿Por qué no? Porque era un mero hombre: nada más, nada menos.

7. La teología liberal promueve el movimiento ecuménico.

En nuestros días muchos liberales están atacando a los evangélicos conservadores porque no se juntan con el movimiento ecuménico. El ecumenismo está centrado en la unidad eclesiástica a todo costo. Para formar parte de la corriente, todo lo que hace falta es confesar algún tipo de “experiencia religiosa”. No obstante, la fe evangélica —como explicó el amado príncipe de los predicadores Charles Spurgeon (1834-92)— cree en la unidad basada en la doctrina del Evangelio de Cristo. Una unidad no fundamentada en la Palabra de Dios es falsa. “Unidad en el error…”, dijo el predicador inglés, “…es unidad en la perdición”. El momento que alguien se adhiere al movimiento ecuménico, lo primero que tiene que hacer es olvidarse de todas sus convicciones bíblicas y prostituirse por amor a una unidad falsificada, anti-escritural, y no evangélica.

8. La teología liberal elogia las demás religiones.

Puesto que la base de la teología liberal es el ser humano juntamente con su razón, su experiencia y su afán por el ecumenismo, en las últimas décadas el liberalismo se ha abierto al diálogo interreligioso, alabando las virtudes de las religiones mundiales. ¡Incluso han llegado a participar en la adoración interreligiosa! Hace un par de semanas el cardenal arzobispo de Valencia, Antonio Cañizares, y los líderes de las religiones musulmana, judía y budista, junto con representantes de diferentes confesiones cristianas, oraron por la paz en el mundo y la convivencia en un acto interreligioso en la Facultad de Teología de Valencia. Dijo el cardenal, “Las religiones no dividen sino que unen y esta tarde lo hemos podido no solamente experimentar, sino gozar”. En cierto sentido, el cardenal lleva la razón. Las religiones liberales centradas en la autonomía del hombre sí unen. Pero el evangelio de Jesucristo no trae paz, sino separación. Proclama el Salvador: “No piensen que vine a traer paz a la tierra; no vine a traer paz, sino espada. Porque vine a poner al hombre contra su padre, a la hija contra su madre, y a la nuera contra su suegra; y los enemigos del hombre serán los de su misma casa” (Mt. 10:34-36). No puede haber paz verdadera entre la fe evangélica y la teología liberal.

9. La teología liberal no cree en la exclusividad de salvación en Jesucristo.

La razón teológica por la que los liberales se abren al movimiento ecuménico y a la adoración interreligiosa es porque ya no creen en la exclusividad de salvación en Jesucristo. De acuerdo a su sistema filosófico, el apóstol Pedro se equivocó cuando predicó: “En ningún otro hay salvación, porque no hay otro nombre bajo el cielo dado a los hombres, en el cual podamos ser salvos” (Hch. 4:12). Si Dios es únicamente un Dios de amor, entonces la doctrina del castigo eterno necesariamente tiene que ser falsa. Por consiguiente, los liberales —al no estar satisfechos con la impecable obra de Jesucristo realizada según el evangelio— van buscando cosas loables en las demás religiones que, en última instancia, esclavizan al ser humano. Al no creer que solo Cristo salva, los teólogos liberales inventan su propia religión. En palabras de Pablo, “Pues desconociendo la justicia de Dios y procurando establecer la suya propia, no se sometieron a la justicia de Dios” (Ro. 10:3).

10. La teología liberal no cree en nada ofensivo para el hombre natural.

En sus exposiciones sobre el Sermón del monte, Martyn Lloyd-Jones (1899-1981) tomó tiempo para instruir a su congregación en Londres sobre el peligro de los falsos profetas. Basándose en Mateo 7:15 – “Cuídense de los falsos profetas, que vienen a ustedes con vestidos de ovejas, pero por dentro son lobos rapaces”— el predicador destacó que la primera característica del falso ministro es que no tiene “puerta estrecha” en él. Con esto quiso decir que en el teólogo liberal, no hay nada que ofenda al hombre natural. Es el tipo de mensajero que agrada a todos por ende todos hablan bien de él. No tiene enemigos. Nadie le persigue por sus sermones. Sabe comportarse en cualquier contexto y “se hace todo a todos”. Es carismático, dinámico, popular, agradable a la vista y al oído. En suma, “Muy consolador, muy tranquilizante; siempre es así el falso profeta, en su vestido de oveja; siempre inofensivo y agradable, siempre invariablemente atractivo”.

No necesitamos más iglesias calvinistas

Coalición por el Evangelio

No necesitamos más iglesias calvinistas

Steven Morales

Recientemente estaba hablando con alguien sobre el estado del evangelicalismo en Guatemala. En medio de esa conversación, ambos llegamos a la misma conclusión: Guatemala necesita ser reevangelizada. Pero un momento después me di cuenta de que teníamos ideas muy diferentes de lo que esto significaba. Para mí, la iglesia en mi país debía regresar a un conocimiento sólido de las Escrituras y a una vida centrada en el evangelio. Me di cuenta de que él pensaba de manera diferente cuando respondió: “Pero…¿sabes lo que realmente necesitamos? Necesitamos iglesias calvinistas”.

¿Es cierto eso?

Cristiano: tu identidad individual

Voy a ser honesto. Me encantan las doctrinas de la gracia y admiro, respeto y pertenezco a la tradición reformada. Las 5 Solas, los 5 puntos del calvinismo, y la soberanía de Dios en la salvación de los pecadores son cosas que con mucho gusto abrazo. Pero solo las abrazo porque en ellas el evangelio es claro, glorioso y hermoso. Podrías decir que funcionan como clarificadores para mi fe y mi identidad, pero no definen mi identidad. El error que muchos de nosotros cometemos es que elevamos los clarificadores sobre el objeto que clarifican: el evangelio.

En primer lugar, nuestra identidad está en el evangelio: la vida, muerte y resurrección de Jesucristo, a través de quién los pecadores son salvos y reconciliados con Dios. Las doctrinas de la gracia son muy útiles para nosotros, ya que nos conducen hacia el evangelio. Nos dan una imagen bíblica de un Dios grande que salva a los pecadores pequeños. Hacen que el evangelio sea claro.

El error que veo que muchos de nosotros cometemos es revertir ese pensamiento y convertir el evangelio en una especie de “peldaño” hacia la tradición reformada. Debemos preguntarnos: “¿Amo a las doctrinas de la gracia porque me conducen al evangelio, o amo el evangelio porque me conduce a las doctrinas de la gracia?”. Hay un océano de diferencia entre esas dos respuestas.

Ser apasionado sobre las 5 Solas o la tradición reformada es algo muy bueno, siempre y cuando no creas que el evangelio no es suficiente en sí mismo. Si piensas que es necesario agregar algo más convincente al evangelio, entonces estás reclamando que el evangelio está incompleto, y estás dando un mensaje anatema (Gálatas 1:8).

No es necesario añadir algo al evangelio. Es el poder de Dios para la salvación de todos los hombres (Romanos 1:16-17), es de primera importancia (1 Corintios 15:3), y ha sido confiado para que lo proclamemos sin excusas (1 Corintios 9:16). Entender la verdad central del evangelio da una base a través de la cual podemos entender otras verdades importantes de la Biblia. Aún así, las otras verdades importantes nunca son más importantes que el propio evangelio.

La definición de un cristiano comienza con Cristo, no el calvinismo. Un cristiano ha sido perdonado de sus pecados y reconciliado con Dios por la fe en la vida, muerte, y resurrección de Jesús. Como cristianos, olvidamos fácilmente esto y tratamos de sustituir nuestra identidad en Cristo con otras cosas, incluso cosas buenas como la sana doctrina. Necesitamos poner cada cosa en su lugar. Piensa en tu propia vida: ¿llegaste al conocimiento de Cristo por las 5 Solas, o porque escuchaste y creíste el evangelio? Ahora, profundizar en las verdades del evangelio con toda probabilidad te llevarán a las 5 Solas.

Iglesia: tu identidad colectiva

El problema con decir algo como “Necesitamos iglesias calvinistas” es que confunde un buen clarificador con la cosa que está clarificando. Las 5 Solas son buenas flechas para apuntar al evangelio. Son lentes que clarifican, pero no son el evangelio. Si confundes el clarificador con el objeto que clarifica entonces empiezas a asumir el evangelio y decirle a la gente, “si no eres un calvinista, no eres un cristiano”.

Es similar a lo que  sucedió con los cristianos en Corinto (1 Corintios 1). Algunos decían seguir a Pablo, otros a Cefas y Apolos, y otros a Cristo. Pero sabemos que incluso los cristianos que afirmaban seguir a Cristo no estaban en realidad gloriándose en Cristo, sino en ellos mismos por hacerlo. Ya es hora de dejar de identificarnos orgullosamente en los “ismos” y comenzar a vernos con humildad como realmente somos a la luz del evangelio: pecadores necesitados de la gracia de Dios.

El factor determinante que decidirá la unidad de la iglesia es la identidad de la iglesia. Cada iglesia se centrará en algo, y nada trae humildad, la unidad, el poder, y gozo a un grupo de discípulos como el evangelio.

Veamos esto un poco más. Cuando una persona es salva, no solo se une a Cristo, sino también a cualquier otra persona que se une a Cristo. Efesios 2:14-16 explica que ser reconciliado con Dios significa reconciliarse con todos los demás que se han reconciliado con Dios. También somos “conciudadanos” y “miembros de la familia de Dios” (v.19); nos “unimos” con Cristo en un “templo santo” (v. 21). Hebreos 2:11 describe la naturaleza de nuestra relación con otros creyentes, “Porque el que santifica y los que son santificados, todos tienen una fuente”. Todos los creyentes genuinos pertenecemos al mismo Dios, y la Iglesia es un grupo de hermanos pecadores, enemigos naturales, que han sido reconciliado con el mismo Dios y adoptados en la misma familia.

Entonces, ¿qué es lo que alimenta y empodera la unidad de los creyentes? ¿Qué impulsa a la misión de la iglesia? ¿Qué permite la adopción de pecadores rebeldes como hijos justos? Desde luego, es el evangelio, no una tradición. Así que, por supuesto que debemos abrazar cosas como el calvinismo que nos ayudan a ver al evangelio más claro y brillante, pero no bajo la bandera del propio calvinismo, sino bajo la bandera del evangelio. Como Iglesia, no crecemos por enseñar una y otra vez las 5 solas: crecemos por el estudio de las Escrituras y el evangelio. Y el profundizar en las Escrituras y en la belleza del evangelio nos ha de llevar a enseñar las 5 Solas y a otras verdades profundas.

Entonces, ¿qué tipo de iglesias necesitamos?

Espero que entiendas que no estoy argumentando en contra del calvinismo y la tradición reformada. ¡Todo lo contrario! Son guías para un mayor amor, aprecio, y comprensión de lo que Jesús ha dicho y hecho por mí. Clarifican al evangelio, y espero que muchos lleguen a apreciarlas de la misma manera en que yo lo he hecho. Sin embargo, mi mayor esperanza es que no nos concentremos en los clarificadores, sino en el objeto que clarifican.

Entonces, ¿qué tipo de iglesias necesitamos? No necesitamos iglesias calvinistas. Necesitamos iglesias centradas en el evangelio; que sean alimentadas, impulsadas ​y sostenidas por el evangelio. Necesitamos iglesias que sean más de Jesús que de cualquier tradición, ya sea el calvinismo, arminianismo, o cualquier otra cosa. Necesitamos iglesias compuestas de individuos que permanecen en Cristo por encima de todas las cosas. Como John MacArthur explica:

“El enfoque sencillo de mi vida es ser como Cristo. Es por eso que tengo que dejar que la palabra de Cristo habite en mí ricamente, como dice Colosenses 3:16. Es por eso que tengo que contemplar la gloria de Cristo, 2 Corintios 3:18, de modo que pueda ser cambiado en su imagen. Por eso Cristo debe ser formado plenamente en mí, Gálatas 4:19. Es por eso que si digo que permanecemos en él, tengo que andar como él anduvo, 1 Juan 2. Debo ser como Cristo. Este es el objetivo de mi vida”. —John MacArthur, Huyendo de los enemigos.

Soli Deo Gloria.

Las 4 “C” del liderazgo bíblico

Coalición por el Evangelio

Las 4 “C” del liderazgo bíblico

 

¡El liderazgo importa! Importa en el hogar. Importa en el lugar de trabajo. Importa en equipos deportivos y en grupos musicales. Y, por supuesto, el liderazgo es importante en la iglesia.

El liderazgo es un tema tan importante que parece no haber fin de escribir, vender, y comprar libros de liderazgo. De hecho, pudiéramos decir que este artículo se trata sobre el liderazgo y tiene como propósito ayudar a los pastores a crecer en su liderazgo de la iglesia. Pero, ¿cómo debemos evaluar a los líderes, tanto los líderes hoy como los de mañana? Desafortunadamente, nosotros (y nuestras iglesias) evaluamos a los líderes con base en su capacidad y resultados. ¿Puede “predicar”? ¿Está la iglesia “creciendo”?

Ahora, antes de entrar en lo que estoy a punto de decir sobre el liderazgo, permíteme ofrecer una nota: no soy un experto en liderazgo (lo que sea que signifique eso). Sin embargo, he cometido muchos errores de los cuales el Señor me ha enseñado mucho. De todos modos, lo que diré sobre el liderazgo no depende de haberme inscrito en “la escuela de los duros golpes pastorales”. En cambio, lo que diré depende de lo que la Escritura misma dice sobre el liderazgo en la iglesia. Y de acuerdo con las Escrituras, hay cualidades más importantes para evaluar a los líderes que la “capacidad” y los “resultados”. Permíteme ofrecer, entonces, algunos pensamientos bíblicos sobre la evaluación y el desarrollo del liderazgo.

El pastor debe ser un hombre que sigue la santidad y se caracteriza por luchar contra el pecado.

Al evaluar a los líderes de la iglesia (tanto líderes actuales como potenciales), considera estas cuatro “C” del liderazgo bíblico:

Carácter: Mientras que tendemos a elevar la capacidad como si fuera la cualidad más alta para el liderazgo, la Biblia destaca el carácter: hombres de carácter piadoso, como se describe en 1 Timoteo 3:1-14 y Tito 1:5-16. La cualidad básica del carácter de un hombre piadoso es que sea irreprochable. Estar por encima del reproche significa que cuando (no “si…”) las acusaciones lleguen contra un pastor, sean desechadas porque no caracterizan al acusado. Pablo comparte cuatro áreas en las que un anciano debe estar por encima de cualquier reproche:

  • Irreprochable en su carácter: el pastor, aunque no se espera que sea perfecto, debe ser un hombre que sigue la santidad y se caracteriza por luchar contra el pecado: “irreprochable, marido de una sola mujer, sobrio, prudente, de conducta decorosa, hospitalario, apto para enseñar, no dado a la bebida, no pendenciero, sino amable, no contencioso, no avaricioso” (1 Ti. 3:2-3).
  • Irreprochable en su vida familiar: el pastor debe ser un hombre que primero haya demostrado madurez al pastorear bien su propio hogar. Debe ser fiel a su esposa, sin descuidarla. Debe amarla y cuidarla. Debe ser fiel en su crianza al disciplinar a sus hijos. Si alguien no puede administrar su propia casa, ¿cómo podrá administrar la casa de Dios (1 Ti. 3:4-5)?
  • Irreprochable en su vida pública: el pastor también debe ser de buena reputación ante los extraños (1 Ti. 3:7). ¿Cómo liderará un pastor si no tiene una buena reputación?

Convicción: Un pastor también debe ser un hombre de convicciones bíblicas y sin reproche en su vida doctrinal. Debe ser un creyente maduro (no un nuevo converso). “Debe retener la palabra fiel que es conforme a la enseñanza, para que sea capaz también de exhortar con sana doctrina y refutar a los que contradicen” (Ti. 1:9).

Cuidado: La palabra pastor indica alimentación, protección, y el cuidado de un rebaño. Los pastores o ancianos, entonces, están llamados a “pastorear el rebaño de Dios que está entre ustedes” con amor y compasión, liderando con el ejemplo (1 Pe. 5:1-4). Algunas evidencias de un hombre que cuida del rebaño son: está con el rebaño cuando se reúne en el día del Señor (mañana y tarde, si así se acostumbra); está con la iglesia cuando se cuida entre ella públicamente, en las reuniones de miembros; se preocupa por mostrar amor a otros miembros (como orar por los miembros, visitar a los enfermos o en prisión, practicar la hospitalidad con otros miembros de la iglesia); se preocupa por otros hermanos al entablar relaciones de discipulado; y cuida de los no creyentes al compartir el evangelio regularmente.

Capaz: Si bien las Escrituras enfatizan el carácter sobre la capacidad, el pastor debe ser un hombre que sea “capaz de enseñar” (1 Ti. 3:2). Él debe poder no solo enseñarle al pueblo de Dios la Palabra de Dios, sino que también debe poder refutar con amabilidad y paciencia a quienes se oponen al evangelio, para que el Señor pueda concederles el arrepentimiento, incluso a los enemigos del evangelio (2 Ti. 2:24-26).

Debemos considerar a hombres que están por encima de cualquier reproche y que aman a la iglesia lo suficiente como para cuidar y proteger al rebaño.

Estas cuatro “C”, si se demuestran a lo largo de un tiempo (1 Ti. 5:22), producen credibilidad. En nuestra iglesia utilizamos la siguiente fórmula de liderazgo cuando estamos considerando hombres para el cargo de pastor (anciano):

C (carácter) + C (convicción) + C (cuidado) + C (capacidad) = Credibilidad

T (tiempo)

Nuevamente, no soy un experto en liderazgo, pero las Escrituras son claras: para los cargos públicos en la iglesia, debemos considerar a hombres que están por encima de cualquier reproche y que aman a la iglesia lo suficiente como para cuidar y proteger al rebaño, alimentándolo con la Palabra de Dios. Como pastor, luchemos por ser hombres así, y busquemos cultivar a hombres así en nuestras iglesias. A medida que nos enfocamos en la fidelidad como líderes, somos libres de confiar en el Señor para recibir cualquier resultado que Él considere que sea apropiado para bendecirnos.

PUBLICADO ORIGINALMENTE EN FACTS AND FRIENDS. TRADUCIDO POR EQUIPO COALICIÓN.

Cuando la esposa gana más dinero que el esposo

Coalición por el Evangelio

Cuando la esposa gana más dinero que el esposo

No es novedad que la igualdad salarial entre hombres y mujeres es un tema vigente y sensible que despierta muchas rencillas, especialmente en los últimos años. Esta discusión forma parte del tema del rol de la mujer en la sociedad, un asunto que incluso ha permeado algunos sectores de la iglesia.

Como cristianos, debemos procurar ser moldeados por la Escritura para así darle una lectura bíblica al tema. Necesitamos que la verdad bíblica no solo nos informe y nos de pautas, sino que ella sea como los lentes por medio de los cuales interpretamos y entendemos nuestra realidad.

Ahora bien, ¿qué pasa cuando una esposa gana más dinero que su esposo? Como cristianos que creemos en los roles bíblicos que Dios asigna a cada cónyuge, ¿cómo debemos mirar este escenario? ¿Cómo debemos pensar al respecto?

Creo que podemos abordar este escenario apuntando a dos posibles tentaciones que cada cónyuge puede enfrentar en el caso de que una esposa gane dinero más que su esposo.

Las tentaciones de la esposa

Hay varias cosas con que la esposa tendrá dificultad. Es importante mantener un enfoque bíblico.

1. La tentación de sentirse con más autoridad que su marido

Una de las posibles tentaciones de una esposa que gana más que su marido es pensar que ella es superior y ahora tiene más poder y autoridad que él. La esposa que trae más dinero que su cónyuge puede ser tentada a pensar que ella está al mando del hogar o creer que está ganando a su esposo en una competencia.

La mujer cristiana debe tener presente que el diseño de Dios para el matrimonio y los roles que Él asignó a cada cónyuge no están sujetos a cambios y no dependen de las distintas circunstancias que se presenten. Es decir, el llamado a la sujeción de la esposa no termina y no se reduce porque lleve más dinero a casa. La esposa piadosa quiere agradar a Dios y eso empieza reconociendo el liderazgo de su esposo, honrando el diseño bíblico para la mujer.

Por eso, aún cuando ella gane más que él, siempre entenderá y abrazará gozosamente el rol que Dios la llama a cumplir. Desde un aspecto práctico, esto implica que la esposa piadosa le dará su lugar al esposo, se dejará liderar por él, y apoyará a su marido en las decisiones que él pueda tomar, incluso en las decisiones de carácter monetario.

2. La tentación de desentenderse de su responsabilidad en el hogar

Otra de las posibles tentaciones de una esposa que gana más dinero que su esposo es desligarse de los asuntos de su hogar. De hecho, esto suele ser una tentación para toda esposa que trabaja fuera del hogar.

Es claro que el diseño bíblico en la familia es que la esposa sea quien esté a cargo de los asuntos domésticos de su casa. Aunque no sea la esposa misma quien haga estas labores todo el tiempo, ella es responsable ante Dios de esto. La descripción de la mujer virtuosa de Proverbios 31 sugiere que la mayoría de sus responsabilidades giran alrededor de su casa. Además, según Pablo, el discipulado a las mujeres más jóvenes tenía que ver con enseñarles a cómo comportarse y cómo manejar las cosas de su hogar (Tit. 2:3-5).

Por otro lado, debemos afirmar que la Biblia no prohíbe a la mujer trabajar fuera de casa. El teólogo Douglas Wilson dice que “la Biblia no enseña que el lugar de la mujer es en el hogar; la Biblia exige que el hogar sea su prioridad, pero ella no está limitada solamente a la casa”.[1]

Ahora, es cierto que en muchas ocasiones la esposa debe salir a trabajar y eso puede representar una mayor carga para ella. Pero, aun así, lo cierto es que la esposa sigue siendo responsable ante Dios de su hogar. Esto no significa que, incluso trabajando fuera, ella debe tener el mismo grado de involucramiento en los quehaceres del hogar, ya que eso sería muy difícil e injusto para ella. En ese caso el esposo tendrá que mostrarse sensible, ser de apoyo, lograr algunos acuerdos, y buscar junto a su esposa las formas más viables para que estas tareas se lleven a cabo. Un poco de sentido común y de previa planificación puede ser de mucha ayuda para la esposa, y de beneficio para el hogar.

La autora Martha Peace capta mejor esta verdad en su libro La esposa excelente. En su capítulo acerca de las responsabilidades de la esposa, ella dice:

“Una esposa piadosa es organizada y trabaja duro para manejar su hogar con el menor desorden posible. También crea un ambiente optimista y alegre para su familia. Dios siempre ha querido que el hogar sea el dominio de la esposa. Desgraciadamente, este tema no es muy popular en nuestra cultura pero Dios propuso y aún sostiene que la esposa sea cuidadosa de su casa (Tit. 2:5)”.[2]

Las tentaciones del esposo

De la misma manera, el esposo debe estar al tanto de situaciones que pueden ser problemáticas.

1. La tentación de sentirse con menos autoridad que su esposa

Para el esposo que gana menos, la posible tentación será la opuesta: sentirse inferior a su esposa y pensar que ahora ella es quien tiene la autoridad del hogar. En esta sociedad pragmática que valora más la utilidad y la productividad, el esposo puede ser tentado con un fuerte complejo de inferioridad frente a su esposa, y sentirse menos que ella. Puede sentir que ha perdido autoridad o que ahora la comparte con la mujer.

El esposo cristiano también debe recordar el diseño divino para la familia y el liderazgo que Dios le ha otorgado. El liderazgo del esposo no depende de la cantidad de dinero que lleve al hogar, y su autoridad como cabeza no está determinada por un cheque (Ef. 5:22-24).

Es cierto que esta situación puede ser un mayor desafío si el esposo no es un líder en el hogar o si en el pasado no ha sido un buen proveedor. Aún así, la solución es la misma: volver al diseño divino para el matrimonio, confiar en Dios, y ajustarse a Su sabio propósito. El esposo debe asumir la responsabilidad que Dios le ha dado como cabeza del hogar. Que su esposa gane más dinero no disminuye su responsabilidad y tampoco compromete su liderazgo.

2. La tentación de abandonar su responsabilidad de proveedor

Otra de las posibles tentaciones de un esposo que hace menos dinero que su esposa es desentenderse de su responsabilidad como proveedor en el hogar. Es decir, ignorar el llamado de ser el principal proveedor de su casa. El hombre puede ser tentado a tomar el asiento trasero y dejar que la esposa lleve el volante de la provisión familiar.

Esto sería un gran pecado porque, ante Dios, el hombre está llamado a cuidar y a sostener a los suyos. La misma naturaleza del hombre, su contextura física, nos confirma esa verdad. Su instinto protector y su fuerza corporal nos apunta en esa dirección. Como explica el pastor Miguel Núñez:

“Entre las características observadas típicamente en el sexo masculino encontramos el liderazgo, la fuerza, la confrontación, la independencia, la capacidad de ser proveedor, y protector. Gran número de estas cualidades simbolizan responsabilidades dadas por Dios, quien creó al hombre para reflejar aspectos de su Creador”.[3]

El esposo cristiano es llamado cabeza de su esposa, así como Cristo es cabeza de su Iglesia (Ef. 5:21-33). Esto hace referencia al liderazgo al que Dios llama a cada esposo cristiano. El esposo debe asumir este liderazgo como Cristo lo hace con la iglesia, que es su esposa: amándola sacrificadamente, protegiéndola, y proveyendo para ella.

Es decir, una de las maneras como el hombre cumple su responsabilidad ante Dios es siendo un proveedor para su casa. Esto no significa que un esposo que gane menos que su esposa no está cumpliendo su responsabilidad. Pero sí significa que el hombre debe asegurarse por todos los medios de asumir la tarea de proveer para los suyos. Como explica John Piper: “Ser cabeza es el llamado divino del esposo a tomar la responsabilidad principal del liderazgo de servicio, de protección y provisión en el hogar, a semejanza de Cristo”.[4]

Palabra finales

Por último, los creyentes debemos agradecer a Dios por su provisión. Este posible escenario, de una esposa ganando más que su esposo, debe primeramente fortalecer nuestra confianza y dependencia en Dios. Su cuidado y provisión son muestra de su amor paternal, y los medios que usa también son una expresión de su sabiduría.

El autor de Hebreos nos llama a confiar en el Señor diciendo: “Sea el carácter de ustedes sin avaricia, contentos con lo que tienen, porque Él mismo ha dicho: ‘Nunca te dejaré ni te desamparare’” (Heb. 13:5). ¡Dios prometió no desampararnos!

Por eso, si en un hogar la esposa gana más que el esposo, lo primero que debemos hacer es celebrar, dar gracias al Señor por su provisión, y continuar dependiendo de Él. Esta verdad siempre debe moldear nuestra conversación en estos casos.

[1] Douglas Wilson, Reformando el matrimonio (Publicaciones Faro de Gracia, 2014).

[2] Martha Peace, La esposa excelente (Publicaciones Faro de Gracia, 2008).

[3] Catherine Scheraldi de Núñez y Miguel Núñez, Revolución sexual (B&H Español, 2018).

[4] John Piper, Pacto Matrimonial (Tyndale House, 2009).

​Gerson Morey es pastor en la Iglesia Día de Adoración en la ciudad de Davie en el Sur de la Florida y autor del blog cristiano El Teclado de Gerson. Está casado con Aidee y tienen tres hijos, Christopher, Denilson y Johanan. Puedes encontrarlo en Twitter: @gersonmorey.

http://www.coalicionporelevangelio.org

Te amaré

Coalición por el Evangelio

Te amaré

David Barceló

Así como nuestra sociedad desconoce que el matrimonio es un pacto, también desconoce lo que es el amor. Sí, puede parecer extraño al ver cuántas canciones, poemas, películas y novelas ha inspirado el amor, pero abunda un falso concepto del amor en nuestro tiempo.

Hoy día las personas se casan porque sienten una irresistible atracción romántica hacia otra persona. Una emoción que te embarga. Mariposas en el estómago. El hombre se acerca a una mujer y piensa “Creo que estoy enamorado de ella”, y al considerar el matrimonio no se hace preguntas respecto a la fe, a sus virtudes, a su carácter… la única pregunta que impera en su mente es “¿Estoy realmente enamorado de ella?”. El dilema está servido, porque al pasar el tiempo uno puede caer en la cuenta de que ya no está enamorado de su esposa, sino de la secretaria, o de la vecina del quinto… “Cariño, se acabó todo. Ya no estoy enamorado de ti”.

¿Es eso el amor? ¿No se parece todo esto más a una gripe que a otra cosa? ¿Es el amor un virus que viene y va de forma caprichosa? ¿Será verdad que Cupido va lanzando flechas al azar?

La gente se casa y se divorcia por la misma razón: “estoy enamorado de ti” o “no estoy enamorado de ti”. Las películas de Hollywood nos han vendido un concepto del amor romántico, y nuestra cultura dice “Haz lo que te diga el corazón, pero primero apaga el cerebro”. Según nuestra sociedad el “amor” es una especie de impulso biológico, una atracción irresistible, un apetito, un deseo, un capricho, un sentimiento… ¿Por qué se quieren casar? -preguntan a la joven pareja- ¡Por que estamos enamorados!… ¿y ya está? ¿Es que estar “enamorados” es el único fundamento que debe tener el matrimonio? ¿Nos hemos parado a contemplar las virtudes de la mujer de Proverbios 31, y del hombre del Salmo 1? ¿No deberían llamar nuestra atención en primer lugar el carácter espiritual de la otra persona?

No quiero parecer poco romántico. El romanticismo es algo hermoso que se debe de cuidar y cultivar en el matrimonio. El atractivo físico tiene su lugar en la relación de pareja, y está bien que te suba la adrenalina cuando ella se acerca a ti… o que pienses continuamente en tu amada… Cuando leemos el Cantar de los Cantares vemos esa pasión y esa ternura del amor romántico, y el romanticismo dentro del matrimonio se ha de cuidar y nutrir cada día como quien cuida de un hermoso rosal.

La cuestión es que el romanticismo es parte del amor, pero no es todo el amor. La Coca-Cola está más rica con sus burbujas; sin burbujas se convierte en una bebida aburrida, pero sigue siendo Coca-Cola. Ahora bien, jamás pedirías un vaso lleno de burbujas y nada más… ¿verdad?

Así mismo, el amor romántico es parte del amor, pero no es todo el amor. En todo matrimonio ha de haber romanticismo, emoción, sorpresa, deseo, pasión, ilusión… pero cuando todo esto no está, sigue habiendo amor.

Entonces descubrimos esta gran verdad, que el amor no es un sentimiento que te lleva a una acción, sino una acción que te lleva a un sentimiento. Según el mundo es al revés: “Haz lo que te dicte el corazón”. Pero el amor matrimonial según Dios es un pacto incondicional entre un hombre y una mujer, en el cual ponen su voluntad. Una hermosa decisión, que vendrá acompañada de hermosos sentimientos.

El amor ante todo es un acto de la voluntad. Amar no es una emoción; amar es una decisión. Si no fuera así, parecería injusto que Dios nos ordenara amar“Maridos amad a vuestras mujeres así como Cristo amó a la Iglesia” (Ef. 5:25); Las ancianas “enseñen a las mujeres jóvenes a amar a sus maridos” (Tit. 2:4); “Amad a vuestros enemigos, bendecid a los que os maldicen” (Mt. 5:44).

¡Puedes imaginar amar a tu enemigo! Por supuesto, no estás enamorado de él. Sin embargo, puesto que el amor es una decisión del corazón, en obediencia a Dios puedo tratar a mi enemigo con benignidad, con caridad, con paciencia, devolviéndole bien por mal.

Dios nos amó, no porque estuviera enamorado de nosotros, sino porque quiso amarnos. El amor es una decisión del corazón, pero lo más hermoso del asunto es que tras la decisión de amar, Dios te regala los sentimientos de amor. Cuando la pareja contrae matrimonio dice claramente “te amaré, en la riqueza y en la pobreza, en la salud y en la enfermedad…”, y tal vez debieran añadir “te amaré cuando esté enamorado de ti y cuando deje de estarlo…”, porque un anillo en nuestra mano nos va a recordar toda la vida que hemos contraído con nuestra esposa un pacto de amor. Que el Señor te bendiga. Este es el cuarto artículo en esta serie del matrimonio.

La mujer y la pornografía

Coalición por el Evangelio

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Si el feminismo se trata de la igualdad de géneros, ¿por qué no somos feministas?

Coalición por el Evangelio

Si el feminismo se trata de la igualdad de géneros, ¿por qué no somos feministas

 

En esta plática, Patricia Namnún y Liliana Llambés conversan sobre las diferencias de roles y la identidad de la cristiana.