Mi experiencia con el “don” de lenguas

Coalición por el Evangelio

imgres-2

Mi experiencia con el “don” de lenguas

Enrique Oriolo

Nota del editor: Lo que sigue es un testimonio de un hermano en particular, y no representa la postura de todos dentro del concilio de The Gospel Coalition ni de los contribuyentes de Coalición Por El Evangelio. Sin embargo, entendemos que es útil para conversar sobre estos temas y luego, lo más importante de todo, regresar a las Escrituras y observar qué nos está diciendo Dios a través de Su Palabra.


Antes de que leas mi experiencia, quisiera afirmar que no creo que lo que hoy se conoce como “don de lenguas” sea verdaderamente el don del Espíritu Santo. Para un entendimiento exegético de esta postura, puedes leer el artículo “Por qué soy cesacionista”. Lo que sí quiero es presentarte mi experiencia, orando que sea de edificación para tu vida.

Mi experiencia con el “don de lenguas” comienza en una reunión evangelística, alrededor de agosto de 2007. Hasta ese entonces, mi trasfondo era solo de curanderos y ocultistas. Esta era mi segunda visita, en toda mi vida, a una iglesia evangélica.

En ese lugar encontré que todos hablaban unas palabras tan extrañas, y hasta graciosas. Al final de la reunión, en medio del ambiente emotivo que se había armado, me tomé del hombro con un hermano de la iglesia y terminamos los dos repitiendo esas palabras. Debes entender: para mí no fue algo forzado. Simplemente se dio de esa manera cuando no lo pensé.

De ahí en adelante seguí visitando esta iglesia y seguí esta práctica. Luego fueron enseñándome más sobre ese “don”. Me dijeron que era la evidencia del bautismo del Espíritu Santo, junto con una serie de doctrinas de hombres alrededor de este tema; herejías y mentiras engañosas que eran sus conclusiones propias sobre el tema nacidas de la ignorancia. Los que me enseñaban a mí ni siquiera habían sido enseñados por otros, algo bastante común en mi región.

Como dije anteriormente, yo venía de un trasfondo de curanderos y espiritismo. Como un principiante en ocultismo, ya había tenido muchas experiencias sobrenaturales, como visiones, sueños y “sentir cosas en el cuerpo”. En un sentido, estas experiencias no eran tan diferentes a lo que ya había hecho.

De tanto en tanto se nos instruía que pidiéramos al Señor que nos “renueve las lenguas”: que nos diera lenguas frescas para comunicarnos “en el espíritu” con Dios. Esto suponía repetir otro tipo de palabras. Una de las tantas cosas que nos enseñaron es que la habilidad de orar en lenguas era algo odiado por Satanás, ya que él no las entendía y no podía interferir en nuestra comunión con Dios. No sé de donde sacan estas cosas.

Al pasar el tiempo, me fui sintiendo inquieto. Al examinar las Escrituras no veía que un culto congregacional en el Nuevo Testamento fuera similar a lo que yo veía domingo tras domingo. Pero no podía negar que lo que vivía se sentía real.

Luego de pasar años de seminario, y años de estudiar las Escrituras, de ver sermones en Youtube, buscar estudios y mucho material bíblico sobre el tema, llegué a la convicción de que mis experiencias no están por encima de la Biblia. Entendí por las Escrituras que la Palabra de Dios es la mayor autoridad en nuestra fe, práctica y moral, y que aquello que no se conforme a la Biblia no tiene lugar en nuestra vida cristiana.

Entendí y fui convencido fuertemente de que aunque yo pudiera haber sentido muchas cosas –como el haberme caído cientos de veces al suelo, temblado, tenido “risa santa”, visiones, hablado en lenguas, sentir calor, y tantas otras experiencias– debía pasar mis experiencias por la Escritura, y no pasar a la Escritura por mi experiencia.

¿Qué hice luego de tener mayor convicción? Oré al Señor, me arrepentí por darle mayor importancia a la experiencia que a la verdad bíblica. Le pedí perdón de haber llevado a que mi relación con Dios se basara en conseguir poder y experiencias sobrenaturales a través de las lenguas, de los decretos o de revelaciones nuevas. Me sometí a la Biblia, diciendo que no iba a proveer más para mi carne, sino a aprender cada vez más a vivir como Cristo, conforme a las Escrituras y a la voluntad de Dios.

Hoy continúo siendo santificado progresivamente y creciendo en conformidad a Cristo por su Palabra y no por ninguna experiencia mística. Años hablé en esas “lenguas” en privado y nunca edificaron nada bueno en mí. Hasta recuerdo ver cómo muchos hermanos sufrían y lloraban, creyendo que no tenían el Espíritu Santo porque no las hablaban, y que se estaban perdiendo ese “algo más” de parte de Dios.

¿Tengo experiencias emocionales hoy? ¡Claro que sí! Hoy tengo experiencias más profundas que nunca antes. Una y otra vez soy quebrantado al ver la maravillosa obra de amor de Cristo en la cruz, al ver la belleza del evangelio de la gracia, y al meditar en el amor de Dios al haberme escogido desde antes de la fundación del mundo para sí. Ahora sé que en Cristo Jesús está ese “algo más” que no alcancé antes, y eso es más que suficiente.

En defensa contra la corrupción moral

Coalición por el Evangelio

imgres-2

 En defensa contra la corrupción moral

Tony Flaquer

Recuerdo hace dos años hablar con varios pastores en la República Dominicana sobre la revolución moral ocurriendo en nuestras naciones, cambiándolas de una forma que ya no están tan fácilmente abiertas a principios cristianos, y van más y más abrazando perspectivas seculares sobre la familia, la sexualidad, y la moralidad.

Este patrón cultural continúa, y recientemente se ha visto aún más en las declaraciones de la embajada de Estados Unidos para apoyar la agenda gay en la República Dominicana. En respuesta a estas declaraciones, varias organizaciones cristianas han intervenido para defender el desarrollo social de su nación.

Esta semana tuve la oportunidad de corresponder con Tony Flaquer, presidente del Grupo Acción Cristiana RD, sobre su próximo evento, el papel del cristiano en la política, y la importancia de defender contra la corrupción moral de una sociedad.


Gracias por acompañarnos en Coalición. Este evento se titula “El gobierno, los líderes, y el rol de la iglesia en la esfera política”. ¿Por qué realizar este evento en este tiempo?

El mundo está experimentando una revolución moral, la cual está siendo promovida a través de las agencias de los centros de poder global, y mediante legislaciones que están siendo incorporadas en muchas naciones. Élites compuestas por minorías urbanas neopaganas están diseminando su cosmovisión para convertirla en un ordenamiento ético mundial. La herejía antropológica se ha tornado en el debate de estos tiempos, torciendo la verdad revelada por Dios sobre lo que es la masculinidad y feminidad bíblica, el matrimonio, la sexualidad, la autoridad paterna, y el derecho a disponer de la vida del no nato, etc.Las iglesias han sido arrastradas a un debate en la esfera política; la libertad de expresión de las iglesias para manifestar la voz de Dios a las naciones en donde se han implantado estas legislaciones está siendo coartada. El resultado ha sido una persecución abierta a la iglesia de Cristo. Los valores judeocristianos, que permearon nuestras leyes en occidente, están siendo desguazados para traer un enfoque amoral, individualista y hedonista al orden social.

La iglesia tiene que dar respuesta a estos retos de una manera bíblica, para no caer en dos extremos errados. Por un lado, el de dejar su rol primario de pastorear las almas de sus miembros, siendo columna y baluarte de la verdad, edificando a los santos para la obra del ministerio, y llevando el evangelio por todo lugar. Por otro lado, no ser una iglesia aislacionista fuera del debate de este tiempo. Esto último ha llevado a la iglesia a sufrir las consecuencias de ser golpeada por esta ola muy tarde, porque no se preparó para esta lucha, ni estuvo presente en los foros en donde se discutían estas cosas.

¿Hay lugar en la política para un cristiano?

Cristo es el Señor de todas las esferas de la vida, y la esfera política no es una excepción. El creyente está llamado a ser luz del mundo y sal de la tierra, y debe llevar la verdad y la justicia a todo lugar. No todos los creyentes deben involucrarse directamente en la política: esta requiere un llamado y dones que no todos poseen. Pero algunos serán llamados a este servicio.

No existe ningún texto bíblico que impida que un creyente con estos dones y vocación entre en la arena política, más bien Dios nos ha dejado ejemplos de hombres que hicieron un gran bien a su generación desde estas esferas. Daniel, Josías, Ezequías, William Wilberforce, y otros son ejemplos de lo que decimos. La diferencia en los creyentes llamados a la política debe ser, que su motivación allí sea la de servir con integridad a Cristo y a la patria. Lamentablemente algunos políticos llamados cristianos van a la política detrás de gloria, dinero y poder. Cuando esto ocurre es un vituperio al nombre del Señor, pero esto no debe disuadir a aquellos que con limpia conciencia van a glorificar a Dios desde allí.

Los pastores sin embargo no deben estar metido a políticos como ocurre en muchos lugares; su llamado es a pastorear la grey de Dios y a preparar a los santos para la obra del ministerio. Esto no impide que en momentos críticos de la nación, líderes y pastores se involucren en luchar por temas como la defensa de la vida, y en contra del matrimonio homosexual, lo cual aunque son temas políticos, porque afectan las políticas de una nación, no son necesariamente partidarios, es decir en abierto proselitismo de un partido especifico, lo cual debe ser evitado, porque puede ser divisivo en las iglesias.

¿Por qué es importante para los cristianos defender contra la corrupción moral de una sociedad?

La Gran Comisión del cristianismo no es moralizar un pueblo, sino predicar el evangelio para la salvación de las almas. Nosotros no creemos que la moral salve a nadie.

No obstante el grado de corrupción moral de una sociedad es un termómetro de cuán alejada está de Dios y de Sus leyes. Esto tiene un efecto en el buen desempeño de un gobierno, y en su desarrollo económico y social. Así se mostró en la Reforma protestante, en donde las legislaciones y constituciones políticas que resultaron de este movimiento ayudaron al desarrollo de esas naciones. En contraste a lo anterior, otras naciones que no adoptaron esta ética quedaron rezagadas económica y socialmente.

El grado de moral de una sociedad afecta el buen desenvolvimiento de la obra de la Iglesia en el mundo. Mientras más tinieblas hay, más oposición habrá al evangelio. Pablo nos exhorta a orar en I Timoteo 2:1-3 para que podamos vivir quieta y reposadamente, y esto es el resultado de una sociedad en donde impera la justicia. Sin un orden moral no es posible la justicia, y sin esta los pueblos van hacia la anarquía. En sociedades donde impera el mal y gobiernos corruptos, es difícil predicar el evangelio y propagar el mismo.

Las leyes de una nación son la expresión de su moral. La otra cara de la moneda es que las leyes se convierten en su moral. Si permitimos leyes que erradiquen la moral judeo cristiana que forjó la civilización occidental, y peor, sin el consenso de las mayorías, la nación terminará adoptando esas leyes como su código ético para todos. El resultado de esto será más tinieblas y más injusticia.

Finalmente, la moral no es posible sin el referente de un absoluto, y a la larga esto tiene que llevar a un pueblo a buscar ese absoluto en Dios, el soberano. Sin los absolutos de un Dios legislador a quien hay que dar cuentas, la ética entra en un relativismo absurdo como el que vemos hoy en día.

En Romanos 13, Pablo dice que los gobiernos están para castigar lo malo e incentivar lo bueno. Obviamente esta ética implícita en Romanos 13 viene de Dios, quien instituyó los gobiernos. El estándar ético de este código de castigo y premio era para aplicarse no solo a los creyentes sino a todos, aunque su origen era la ley divina.

¿Cómo pueden nuestros lectores participar en este conversación? ¿Qué pueden hacer para recibir más información e involucrarse en este tema?

El panel del día 14 de marzo del 2016 a las 6:00 PM AST titulado “Los gobiernos, los líderes y el rol de la Iglesia en la esfera política”, será transmitido por internet en vivo por Radio Eternidad. Pueden verlo en este enlace. Habrá abierto un cuarto de conversación (chat room) para los que deseen hacer preguntas a los panelistas.

Si quieres saber más del movimiento “Grupo Acción Cristiana RD “que auspicia este seminario, y conocer de su Misión, Visión y Manifiesto, puedes buscar información en nuestra página.

Muchas gracias por su tiempo, hermano.

Steven Morales

Steven sirve como el director de operaciones de Coalición por el Evangelio. Él vive en Guatemala con su esposa, Gabriela. Actualmente está realizando una Maestría en Divinidad en línea en el Southern Baptist Theological Seminary y es uno de los pastores de Iglesia Reforma. Puedes encontrarlo en Twitter.

¿Yo declaro? Una reseña del libro de Joel Osteen

Edgar R. Aponte 

¿Yo declaro? Una reseña del libro de Joel Osteen

Reseña del libro “Yo declaro, 31 promesas para proclamar sobre su vida”, Joel Osteen, (NY: Hachette Book Group, Inc., 2013). 174 páginas.

Es muy probable que usted haya escuchado a varias personas que profesan ser cristianas decir “Yo declaro”, una expresión muy común en ciertos círculos pentecostales. Joel Osteen publicó un libro titulado de esta manera, y en las próximas líneas haremos una reseña de “Yo declaro: 31 promesas para proclamar sobre su vida”. Este libro está compuesto por 31 capítulos, donde cada uno es el desarrollo de una de las 31 promesas que el autor invita al lector a declarar sobre su vida, para así poder cumplir sus sueños y tener éxito. En la introducción, Osteen dice que “nuestras palabras tienen poder creativo. Cuando declaramos algo, ya sea bueno o malo, damos vida a lo que estamos diciendo” (v). Él dice que las personas no se dan cuenta de que cuando hablan de ellas mismas están profetizando su futuro. “

Si yo profetizo mi futuro, quiero profetizar algo bueno” (vii). El autor desea que las personas usen “este libro como su guía para declarar su victoria cada día. Declare salud. Declare favor. Declare abundancia” (ix). Un ejemplo de ese ejercicio de declaración es pararse frente al espejo y decir: “Buenos días, guapa. Buenos días, bendito, próspero, exitoso, fuerte, talentoso, creativo, confiado, seguro, disciplinado, enfocado y muy favorecido hijo del Dios Altísimo” (xii). Los 31 capítulos son el desarrollo de estos adjetivos y sueños.

Cualquier lector curioso se preguntaría dónde da Dios esas 31 promesas, cosa que Osteen no menciona. Mi intención en lo que resta es analizar algunos puntos importantes que pude notar durante la lectura del libro, y las enseñanzas que están detrás.

El origen de “Yo declaro”

No creo que la expresión “yo declaro” sea original de Osteen, ya que el libro no tiene un año de ser publicado, y hace años que hemos escuchado esta expresión. Lo que sí tengo claro que no es original de Osteen es la idea de que “nuestras palabras crean realidades”. En Estados Unidos y América Latina es común escuchar a líderes religiosos, regularmente asociados al llamado “evangelio de la prosperidad”, afirmar que nuestra mente y nuestras palabras tienen el poder de crear cosas materiales y hacer que los sucesos ocurran. Esa es la tesis de este libro. Este concepto tiene su origen en una corriente filosófica denominada “Nuevo Pensamiento” (“New Thought”, en inglés). El Nuevo Pensamiento comenzó en el siglo XIX, y ganó mucha popularidad en los Estados Unidos en las primeras décadas de 1900.

También se le conocía como “Mente Sanadora” o “Armonialismo”. Aunque el movimiento nace en el siglo XIX, sus orígenes se encuentran en las ideas del inventor sueco Emanuel Swedenborg, que en su búsqueda del alma humana dijo que Dios se le reveló y lo declaró “Revelador de Dios”. Swedenborg decía hablar con el apóstol Pablo, Martín Lutero, y en ocasiones con Moisés. Negó las verdades del cristianismo y enseñaba que el mundo físico era una extensión de la mente, y que por lo tanto la mente podía formar y dictar cosas materiales. Estas ideas fueron desarrolladas en Estados Unidos por Phineas Quimby, quien se conoce como el padre del Nuevo Pensamiento. Quimby decía que lo que alguien cree es realidad, incluyendo las enfermedades. Los proponentes de este movimiento tomaron ideas de diferentes religiones, especialmente del cristianismo.

Estas ideas fueron popularizadas por el gurú Ralph Waldo Trine, quien publicó un libro en 1897 que vendió millones de copias. Trine decía que lo que uno afirmaba con la mente y con palabras ocurría; que las razones de las enfermedades en las personas eran porque hablaban o pensaban en ellas. Pero las enseñanzas no llegaron a las iglesias de mano de Trine, quien negaba la Biblia y la deidad de Cristo, sino a través del pastor E. W. Kenyon. Kenyon fue compañero de estudio de Trine en la escuela de oratoria Emerson College en Massachusetts. El predicador Kenyon es conocido por su idea del “pensamiento positivo”. Él enseñó que las confesiones positivas eran la clave para una vida próspera. También se le conoce como el padre del evangelio de la prosperidad. Kenyon influenció a personas como Oral Roberts, fundador de la universidad que lleva su nombre, donde estudió Joel Osteen.

En resumen, la idea del “yo declaro” no es más que la representación de las ideas paganas originalmente conocidas como “Nuevo Pensamiento”, que luego popularizaron algunos pastores con el término “pensamiento positivo y próspero”.

El “yoísmo” de “Yo declaro”

El cristianismo bíblico es cristocéntrico. La Biblia enseña que Cristo es el centro de la Biblia, y que el Antiguo Testamento atestigua de Él (Lc. 24:44). La Palabra de Dios nos enseña que Jesucristo es Dios encarnado, el Hijo obediente, el postrer Adán, el verdadero Israel, y el heredero del trono de David (cf. Jn. 1:14; Mt. 1:1; 2:15; Ro. 5:12-21; 1 Co. 15:20-28; Fil. 2:6-11); y que al mismo tiempo es Yahweh, el Señor (Jn. 8:58; Hch. 2:36). Cristo vino a vivir la vida que nosotros no pudimos vivir, a recibir la muerte que nosotros merecemos, y resucitó al tercer día declarando victoria sobre la muerte, para que todo aquel que se arrepienta de sus pecados y ponga su fe en Él como Señor y Salvador sea salvo y tenga vida eterna.

El Cordero de Dios murió como sustituto de todos los que en Él crean. Por su parte, este libro de “Yo declaro” es estrictamente antropocéntrico, centrado en el hombre. Todo es acerca de mí, y nada acerca de Cristo y lo que Él hizo en la cruz. Expresiones como estas son comunes: “yo declaro que las personas serán buenas conmigo” (59), “éste es mi tiempo de brillar” (141). Y llega al punto de decir que el hombre está en control: “Yo tengo el control” (166).

La hermenéutica de “Yo declaro”

Es evidente en las páginas de “Yo declaro” la pobre hermenéutica del autor. Osteen trata la Biblia como si fuera un libro mágico de la novela Harry Potter, y, en los mejores casos, la moraliza de una forma triste. Por ejemplo, cita Salmos 2:8, donde Dios dice: “pídeme, y te daré por herencia las naciones”. Osteen aplica este versículo a su lector, diciéndole: pídele a Dios y te dará tus sueños (148). Cualquiera que haya leído con detenimiento su Biblia sabe que el Salmo 2 es un texto mesiánico. El libro de Hechos aplica este Salmo a Jesús (Hch. 4:23-27).

El versículo que Osteen usa en realidad habla sobre la soberanía de Cristo sobre las naciones. Dios Padre le dio a su Hijo las naciones como herencia. Esto habla del alcance del evangelio a los gentiles. Es un versículo que los misioneros han usado por años. Osteen hace algo similar con Job 3:25 (139), usando ese versículo para decir que las calamidades de Job le llegaron porque él las llamó con su mente, ignorando totalmente el contexto y todo lo que enseña el capítulo 1. Lo mismo hace con otros versículos del Nuevo Testamento, donde solo cita la mitad de un versículo para decir algo diferente a lo que el texto enseña. Por ejemplo, después de narrar la historia del milagro donde Jesús convirtió el agua en vino en Juan 2, Osteen concluye lo siguiente: Este vino era excelente. Un buen vino toma entre veinte y treinta años. Jesús aceleró el proceso del vino. Y luego añade: “Quizás normalmente le costaría veinte años pagar su casa, pero la buena noticia es que a Dios le gusta acelerar los procesos (56-57)”. En fin, el uso de la Biblia en este libro es un recordatorio de la popular expresión de que “todo texto usado fuera de contexto es un pretexto”.

Poniendo palabras en la boca de Dios

La Biblia es bastante clara en su prohibición de añadirle o quitarle palabras (Dt. 4:2; Ap. 22:19). Dios nos da eso como mandamiento; desobedecerle es condenatorio. Tristemente, eso es lo que Osteen hace en su libro, cuando pone palabras en la boca de Dios cuando la Biblia no las expresa (cf. 10, 52, 68, 84, 148, 156), trayendo condenación sobre su alma. Y no es que use palabras a modo de ilustración, sino que cita usando comillas. Por ejemplo, en la página 148, inmediatamente después de citar Salmos 2:8, Osteen añade: “Dios dice: Pídeme cosas grandes, pídeme acerca de esos sueños ocultos que yo he puesto en tu corazón, y pídeme por esas promesas que en lo natural parecen imposibles de cumplir”. En ninguna parte la Biblia dice eso. Esto es herejía.

El panenteísmo de “Yo declaro”

El panenteísmo enseña que la creación es una extensión de lo divino. El término significa “todo en dios”. Esto está ligado a la idea de que todo está cambiando, incluyendo “dios” y los seres humanos, lo cual es totalmente opuesto a lo que la Biblia enseña. Lamentablemente, entre los maestros del evangelio de la prosperidad es común encontrar ideas panenteístas y panteístas (todo es dios). Por ejemplo, Paul Crouch ha dicho públicamente: “yo soy un pequeño dios. Críticos, ¡aléjense!” Otro predicador de la prosperidad, Kenneth Copeland, ha dicho: “Usted no tiene a Dios en usted, usted es uno”.

Osteen es un poco más sofisticado y sutil. Él usa el lenguaje de ADN. Dice que los humanos tenemos el ADN de Dios, que nuestra sangre es real porque somos hijos del Rey (118-120). Y ¡claro!, sí tenemos la sangre de realeza divina, debemos andar, vestir y hablar como reyes, concluye Osteen (120). Yo me pregunto si el supuesto hecho de que los humanos tengan el ADN de Dios es lo que le permite a Osteen igualar la Palabra de Dios a la palabra humana. Esto es lo que hace cuando motiva a su lector a que crea en el poder de su propia palabra y le diga al cáncer “te derrotaré”. Para ilustrar esto, él hace una analogía con el poder de la Palabra de Dios en la creación cuando dijo “sea la luz” y la luz fue (170-171).

Conclusión

Permítame ser claro en algo, este libro no es cristiano. Estas “promesas” son cosas que cualquier libro espiritista, místico y de auto ayuda le dirían. Estamos ante un libro religioso motivacional, pero no un libro cristiano. La motivación de hacer esta reseña es la cantidad de personas que han creído estas distorsiones. Me preocupa que algunas personas entiendan que son salvas por estar de acuerdo o por agradarle lo que leen en este libro, cuando quizás no lo sean. “Yo declaro” es un libro con un carácter universal, que cualquier religioso o pagano puede afirmar.

Aquí no hay evangelio, no hay cruz, no hay pecado, y mucho menos hay perdón y reconciliación con el Dios trino y verdadero. El “dios” que se presenta en este libro se parece más a la imagen de un abuelo tierno que está en la grada del estadio animando y gritándole a su nieto que siga corriendo, que todo va bien en la carrera. No es el Dios santo, omnipresente, omnisciente, verdadero, justo y misericordioso que se reveló en la Biblia, el que “de tal manera amó al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna”.

Edgar R. Aponte es el Director de Desarrollo de Liderazgo Hispano en el Southeastern Baptist Theological Seminary en Wake Forest, NC, donde cursa su Ph.D. en Teología Sistemática, y donde vive junto a su esposa y dos hijos. Puedes seguirlo en twitter.

Cuando perdemos a Dios en una subcultura evangélica

Cuando perdemos a Dios en una subcultura evangélica

En el mundo real, hay libros, CDs, sermones, organizaciones, arte, eventos, proyectos empresariales, métodos de evangelismo, estrategias de ‘conquista’, y superestrellas.

En las conferencias evangélicas, se habla sobre un sinfín de temas: la historia evangélica, el presente y futuro de la iglesia, cómo desarrollar tus dones, cómo ser un buen padre, cómo convertirte en un gran líder, pastor o cantante evangélico, la sexualidad, la ética evangélica, y el igle-crecimiento.

En fin, hay de todo en el mundo evangélico, y en medio de esta gigantesca cultura en la cual nos vemos completamente inmersos, la pregunta más importante que nos podemos hacer es: ¿y dónde está el Dios de los evangélicos?

Un avivamiento falso

“Ah, Dios” —piensan algunos—, “Este asunto está más que claro. Él solo quiere que estemos felices. Al fin y al cabo, Dios es amor. ¿No? Hablemos de algo más relevante, por favor”.

Tristemente, estoy llegando a la conclusión de que esta subcultura que hemos creado podría seguir adelante sin el apoyo de la presencia del Señor. Es poco común toparte con hermanos que lloran, claman y gimen a Dios para que Su nombre sea santificado, Su reino establecido y Su voluntad hecha en la tierra. Aquí predomina un espíritu frívolo, ligero, altivo, y light que confía más bien en métodos humanos que en el poder del Espíritu.

Muchos están tan emocionados por el próximo gran evento evangélico que se han olvidado completamente del Dios a quien son llamados a amar y a buscar. Hoy en día con tal de que haya luces brillantes, música fuerte, un predicador conocido en la plataforma que se dedica a soltar unos chistes y un par de ilustraciones emotivas y luego un llamado al altar al acabar la reunión, decimos: “¡Oh, sí, el Señor se ha movido hoy!”.

Pero esto no es el avivamiento genuino sobre el cual leemos en la Biblia.

Conocer a Dios es lo más importante

Creo en el avivamiento genuino. Ese avivamiento se ve cuando Dios desciende y el ego humano se queda aplastado en el suelo rogando al Omnipotente por misericordia. Creo en la oración de Isaías 64:1, 2:

“¡Oh, si rasgaras los cielos y descendieras! Si los montes se estremecieran ante tu presencia (como el fuego enciende el matorral, como el fuego hace hervir el agua), para dar a conocer tu nombre a tus adversarios, para que ante tu presencia tiemblen las naciones!”.

Como la historia del avivamiento nos enseña una y otra vez, cuando Dios se mueve con poder, es para mostrarnos quién es, y no hacen falta luces ni altavoces ni guitarras ni proyectores ni llamados al altar ni manipulación psicológica desde el púlpito. Lo único que hace falta es la brisa del Señor. ¡Necesitamos conocer a Dios desesperadamente! J.I. Packer dice que la ignorancia sobre Dios, “está en la raíz de buena parte de la debilidad de la iglesia en la actualidad”.[1] No dice que la debilidad de la iglesia se debe a la falta de micrófonos ni altavoces ni ordenadores sino a la falta de conocimiento de Dios.

No importa la cantidad de sermones que hayas descargado en el último mes ni por el número de mensajes que tal vez hayas predicado. Lo más importante no son los eventos a los que hayas asistido ni tu cantante evangélico favorito. La pregunta más importante a la que debes responder es: ¿de verdad conoces a Dios? ¿Es Dios tu perla de gran precio, tu joya, tu tesoro, tu riqueza, tu gozo, tu amor de amores?

Aun siendo joven, ya me he cansado de todo aquello que no me lleva a contemplar la gloria de Dios en Cristo. Las opiniones, ideas, estrategias y teorías de los “grandes” predicadores y evangelistas no nos deben importar. Debemos poner nuestra mirada sobre la exposición de la Palabra de Dios. La cantidad de asistentes en nuestras conferencias evangélicas no es lo más importante. Más importa tener la presencia de Dios. El éxito y la fama de nuestros superestrellas evangélicas son insignificantes comparados a la gloria del Hijo de Dios. El número de “decisiones tomadas por Cristo” no importa más que el auténtico mover del Espíritu Santo para que Dios se lleve toda la gloria.

No obstante, perder a Dios en medio de una subcultura evangélica sí importa porque importa Dios el Padre, Dios el Hijo y Dios el Espíritu.

No pierdas a Dios en medio de nuestra subcultura evangélica. No permitas que nada ni nadie quite tu mirada del hermoso Creador  y Redentor. Dios es infinitamente más importante que nuestra subcultura.

“Pues les digo que algo mayor que el templo está aquí” (Mt. 12:6).


[1] PACKER, J.I., El conocimiento del Dios santo (Vida: Miami, 2006), p. 10.imgres-2

¿DE DÓNDE SALIÓ SAN VALENTÍN?

Coalición por el Evangelio

imgres-2

¿DE DÓNDE SALIÓ SAN VALENTÍN?

Jairo Namnún

El 14 de febrero, para algunos es el día más depresivo del año, para otros el día más feliz que pueden imaginar, y para muchísimos más, es martes. Este día, conocido como “San Valentín” o “El día del amor y la amistad”, es una de esas celebraciones que están altamente ligadas con el comercio (en Estados Unidos solamente se estima un gasto de 19 mil millones en el 2015), pero el hecho de que se llame “San” Valentín indica que algo tiene que ver la Iglesia con esta celebración, ¿cierto? Pues, más o menos.

La historia detrás de Valentín

Como dice el Dr. Justin Taylor, la respuesta corta a “¿Quién fue San Valentín?” es “No sabemos”. Pero en su escrito sobre el origen de esta festividad (de donde sale la información de esta sección) él apunta a los estudios de Maggi Dawn, quien nos dice que San Valentín pudiera basarse en una de estas tres historias, o en una amalgama de las tres:

  • La historia más popular y de mayor peso habla de un obispo (o sacerdote) del siglo III, cuando el emperador romano Claudio II había impuesto una prohibición al matrimonio. Este emperador, que era perseguidor de la fe cristiana, necesitaba más hombres para su ejército, y para los hombres casados el servicio militar no era obligatorio, por lo que muchos varones preferían casarse que verse obligados a la guerra. Para mantener lo sagrado del matrimonio cristiano, el padre Valentino continuó haciendo matrimonios en secreto, lo que le llevó a la cárcel y a una sentencia de muerte. Se dice que mientras estuvo preso, él recibió notas de amor y agradecimiento de las diversas parejas que él casó, lo que puede ser la inspiración de enviar cartas en esta fecha, ya que él fue ejecutado el 14 de febrero del 269.
  • Hubo otro Valentino que también se encontró en prisión en el siglo tercero, también por servir a los cristianos. Se dice que él quedó enamorado de la hija de su carcelero, a quien le enviaba cartas firmadas como “De tu Valentín”. Algunos comentan que estos dos eran el mismo Valentino, y que de hecho Dios hizo un milagro y sanó de ceguera a esta hija del carcelero, lo que hace su historia de amor aún más increíble.
  • También se habla de que hubo un conocido maestro gnóstico en el siglo II llamado Valentino. Este no era un cristiano, pero sí tuvo mucha influencia en su área, argumentando que el sexo y el matrimonio eran de vital importancia para el cristianismo.

Sea cual sea el caso, en el 469 se hizo el primer festín de “Valentín” y, como tantas otras celebraciones, era una festividad por parte de la Iglesia buscando sustituir con el amor ágape y lo valioso del martirio las fiestas paganas del amor y la fertilidad que se realizaban a mitad de febrero.

¿Qué hago con San Valentín?

Los cristianos no celebramos a los santos, puesto que nuestra adoración es a Dios y no a los hombres. A la vez, es una muestra de gracia común que un mundo tan egoísta y cargado de pecado como el que vivimos tenga un día de celebración al amor y a la amistad, ambos regalos de Dios, y que pueda celebrarse con regalos y palabras de aliento. Los cristianos podemos aprovechar esta ocasión para celebrar de una manera diferente.

Entonces, si Dios te ha dado el privilegio de estar casado, todavía estás a tiempo de darle alguna muestra de cariño. Quizás no tengas mucho dinero para comprar algo costoso, pero puedes esforzarte de otra manera y dejarle saber a tu esposo o esposa cuán agradecido estás del Señor por su compañía, perdón, y cariño.

Aun si no estás casado, puedes expresarle a tus amistades el amor del Señor, recordándoles cuán agradecido estás de su afecto y compañerismo, y cómo agradeces al Señor por ellos. Y si estás de novios camino al matrimonio, probablemente ni tenga que decirte nada, porque ya gastaste el dinero del mes en el regalo.

Sea lo que sea que vayas a decir o hacer el 14 de febrero, mi recomendación es que sea algo concreto y no solo palabras generales de “amor y amistad para todos, ¡Bendiciones!”. La cruz es el mayor ejemplo de que el amor se muestra en acciones, y tú puedes mostrarle a los que te rodean cuánto los amas. No sabemos exactamente quién fue Valentino y qué hizo, pero sí sabemos que “ahora permanecen la fe, la esperanza, el amor: estos tres; pero el mayor de ellos es el amor” (1 Co. 13:13).

Encuentra más recursos en http://coalicionporelevangelio.org

¿Por qué la mujer no debe ser pastora?

¿Por qué la mujer no debe ser pastora?

alimentemos_el_almaAl hablar del ministerio de la mujer en la iglesia, nosotros tenemos que ir no directamente al Nuevo Testamento, sino al Antiguo Testamento, y más específicamente al orden de la creación. Dios hizo al hombre varón y hembra, a su imagen y semejanza; eso quiere decir que Dios tenía la intención de que el hombre lo representara en la Tierra. Nosotros sabemos por las Escrituras que en la Trinidad hay un orden: está Dios el Padre, Dios el Hijo y Dios el Espíritu Santo. Dios el Hijo voluntariamente se somete a la voluntad del Padre, y eso no lo hace menos Dios, eso no lo hace inferior. Cuando Dios crea la sociedad humana, Él la crea con esa estructura de autoridad y pone al hombre como cabeza.

Cuando hablamos de la mujer como pastora, en 1 Timoteo 2:12, el apóstol Pablo dice claramente que él no permite que la mujer asuma ese papel, precisamente porque estaría violentando ese orden estructural que Dios creó para la sociedad humana, cómo debería funcionar el hogar, cómo debería funcionar la sociedad y cómo debe funcionar la Iglesia. Entonces, en ese sentido la respuesta es que la Biblia claramente enseña que la mujer no debe ministrar en la Iglesia, como pastora. Ahora bien, primero tenemos que remachar el hecho, resaltar el hecho, que eso no hace a la mujer inferior al hombre en el mismo sentido que el Hijo –como decíamos hace un momento– no es inferior al Padre. Eso dice 1 Corintios 11:3, que el Padre es la cabeza del Hijo y el hombre de la mujer. Si hubiera alguna inferioridad en esto, entonces tendríamos que decir que Dios el Hijo es menos Dios que Dios el Padre.

Por otro lado, yo creo que cuando se plantea esta pregunta, generalmente las personas piensan en lo que la mujer no puede hacer. Pero tal vez, deberíamos ser más positivos y preguntarnos cuántas cosas puede hacer la mujer en la Iglesia, porque la mujer tiene un papel importante en la vida y ministerio de la iglesia local. El hecho de que nosotros no permitamos que una mujer sea pastora en la iglesia no quiere decir que la estamos anulando. Cuando personas me preguntan: ¿si una mujer no puede ser pastora, entonces, qué va a hacer en la iglesia? Pues, ¡lo mismo que hacen un montón de hombres que tampoco son pastores! Porque si bien es cierto que Dios llama al hombre a ser pastor, no todos los hombres son pastores, y los hombres también tienen un ministerio que hacer en la iglesia aunque no prediquen. Entonces, en ese sentido Dios le da dones de enseñanza a la mujer, Dios le da dones de liderazgo a la mujer; sin embargo, Dios quiere que lo ejerza en un contexto particular. Nosotros no estamos anulando a la mujer, estamos simplemente colocándola en la posición en la que Dios la coloca.

Muchas personas me dicen: “Pero mira, hay mujeres que predican muy bien”. Y de hecho yo conozco personas que se han convertido al Señor a través de la predicación de pastoras. Y yo no lo dudo. Pero por el hecho de que Dios en su soberanía haga cosas como estas, no quiere decir necesariamente que Él apruebe tal cosa, y yo voy a poner un ejemplo aquí: ¿no ha pasado en iglesias evangélicas que violando claramente el mandato de no unirse a yugo desigual, hay hermanas creyentes que han entrado en una relación con jóvenes inconversos, esos jóvenes han ido a la iglesia y se han convertido? Dios en su Soberanía puede hacer tal cosa, pero nosotros no podemos alentar a las hermanas de la iglesia que hagan esa labor misionera de ir al mundo a buscar novios inconversos para traerlos al Señor. Eso es una misericordia que el Señor hace, de hecho, Dios ha usado aun pastores inconversos para traer a otros a la Salvación. Entonces, en ese sentido, el hecho pragmático de que haya personas que clamen haberse convertido al Señor a través de la predicación de pastoras no anula la clara enseñanza de la Palabra de Dios en textos como 1 Timoteo 2, 1 Corintios 14; de que Dios no le permite a la mujer ejercer ese tipo de ministerio en la Iglesia.

Otros citan Gálatas 3:28, cuando dice que: “En Cristo Jesús, no hay varón ni hembra”, y eso es verdad, en el sentido de que el hombre creyente no tiene más privilegio espirituales que la mujer creyente. Pero vuelvo y repito, ese principio general de unidad en Cristo no anula la clara enseñanza de que la mujer no debe ejercer este ministerio de autoridad en la Iglesia.

https://www.thegospelcoalition.org/coalicion/article/por-que-la-mujer-no-debe-ser-pastora-coalicionresponde

 

10 características de la teología liberal

10 características de la teología liberal

TGC-Logo

Will Graham

alimentemos_el_almaEn los últimos dos siglos, la amenaza más grande contra el cristianismo bíblico no ha surgido desde las otras religiones mundiales más destacadas tales como el islam, el budismo, sino dentro de la misma Iglesia. Es el peligro de la teología liberal, la cual, haciéndose pasar por cristiana, niega prácticamente todo lo que enseña la Palabra de Dios.

La teología liberal vació una gran parte de las iglesias protestantes de Europa a lo largo de los siglos XIX y XX y ahora está haciendo exactamente lo mismo en países como los Estados Unidos. Si los pastores no estamos preparados ni arraigados en las grandes verdades de las Escrituras, estamos en peligro de permitir que esta teología pervierta y desvíe lo que el Señor está haciendo en nuestra generación, sobre todo en el mundo hispano.

Entonces, aquí hay 10 características de la teología liberal y de los teólogos liberales para que podamos entender mejor este peligro y cómo protegernos de él.

1. La teología liberal no cree en la infalibilidad bíblica.

El punto de partida para la teología liberal no es la voz del Señor tal cual se revela en las Escrituras, sino la razón humana. Por esta razón, los liberales sacrifican cualquier enseñanza que no cuadre con su forma de razonar. Esta observación explica la razón por la que el alemán Rudolf Bultmann (1884-1976) propuso su método de ‘desmitologización’, mediante el cual negó todos los milagros registrados en la Biblia en el nombre de la racionalidad moderna. En palabras de Bultmann, “No se puede utilizar la luz eléctrica y la radio, usar medicamentos y medios clínicos modernos en casos de enfermedad, y al mismo tiempo creer en el mundo de espíritus y de los milagros del Nuevo Testamento”. Para el liberal, en primer lugar está la razón y luego la revelación de Dios. El evangélico, sin embargo, invierte este orden, es decir, primero la revelación, luego la razón.

2. La teología liberal no hace hincapié en la doctrina.

La teología liberal critica el uso de credos, confesiones de fe y catecismos, ya que dichos documentos dan por sentado la importancia de la doctrina. La meta del liberal es tener “una mente abierta” y por lo tanto ataca cualquier sistema que atenta contra su libertad intelectual. Puesto que la verdad no se puede transmitir mediante palabras, el liberal razona que puede creer lo que bien le da la gana. La doctrina, dicen, es para los “fundamentalistas” o “los que pertenecen a la Edad de Piedra”. A los liberales no les gustan para nada las declaraciones doctrinales empleadas en las Escrituras (1 Co. 15:3-5; 1 Tim. 3:16, etc.)

3. La teología liberal se enfoca en la experiencia.

Ya que la doctrina no importa, los liberales priorizan la “experiencia” de Dios. El padre de la teología liberal, Friedrich Schleiermacher (1768-1834), definió la teología como el sentimiento de nuestra “absoluta dependencia de Dios”. A nivel práctico, quiere decir que en vez de empezar con la revelación de Dios según las Escrituras, Schleiermacher arrancó con la subjetividad de la experiencia humana. Lo más importante en la teología entonces no es hablar sobre Dios sino más bien nuestra experiencia de Él (o de Ella). Las consecuencias de tal sistema liberal fueron desastrosas. Schleiermacher negó prácticamente todas las doctrinas cardinales del cristianismo (la Trinidad, la doble naturaleza de Cristo, la obra expiatoria del Hijo de Dios, la condenación eterna para los impíos, etc.) y al fin y al cabo, convirtió la teología en antropología. En vez de someter sus experiencias a las Escrituras, sujetó las Escrituras a su experiencia. Con razón algunos han llamado a Schleiermacher el ‘Judas Iscariote’ de los siglos XVIII y XIX.

4. La teología liberal solo cree en un Dios de amor.

El único atributo de Dios que los liberales mencionan desde el púlpito y en sus círculos académicos es el amor de Dios. No se habla sobre Su santidad, Su justicia y Su ira contra los impíos. Han creado a otro dios conforme a su imagen y semejanza. Por esta razón los liberales nunca predican sobre el pecado ni el peligro de la condenación eterna. Dicen que todos somos buenos. Todos somos hijos de Dios. Todos vamos al Cielo. ¿Por qué? Porque Dios es amor, amor, amor.

5. La teología liberal no predica el evangelio apostólico.

Si Dios es amor y todos vamos al Cielo, entonces ¿qué necesidad hay de predicar el evangelio? Según el liberal, el evangelio no tiene nada que ver con la vida eterna ni con el perdón de los pecados sino más bien con la liberación socio-política o el progreso económico. Dios no está airado contra los pecadores; por lo tanto, el evangelio apostólico que se centra en la sangre del Cordero de Dios derramada para redimir y hacer propiciación por el pueblo de Dios es abiertamente negado (Ro. 3:24-26). Este mensaje, según el liberalismo, es “arcaico” y ya pasado de moda. Dado el hecho de que no se predica el evangelio bíblico desde los púlpitos liberales, sus ministros se limitan a hablar sobre la ética y la moralidad. “Hay que ser una buena persona”, “Hay que ayudar a los necesitados”, “Hay que ser amigo de todos”, “Hay que tolerarlo todo”. Es una teología humanista no fundamentada en la gracia salvadora del Dios trino.

6. La teología liberal convierte a Jesús en un mero hombre.

Los liberales no creen en la divinidad de Jesús. Argumentan que era un hombre inspirado e iluminado por Dios; pero de ninguna forma era Dios manifestado en carne (Jn. 1:14). Consiguientemente, los liberales por un lado niegan que la crucifixión del Hijo de Dios fue una obra expiatoria en el sentido de que Cristo dio Su vida por nuestros pecados; y por el otro, niegan que Jesús resucitó literalmente al tercer día. Según los teólogos liberales, Jesús resucitó en los corazones de los discípulos; pero no resucitó corporal ni históricamente. Esto contradice expresamente la declaración apostólica: “Si Cristo no resucitó, vana es entonces nuestra predicación, vana es también vuestra fe” (1 Co. 15:14). En cuanto al tema de la expiación, el liberalismo estipula que Jesús murió para darnos un ejemplo ético a seguir. No estaba efectuando la salvación de los escogidos del Padre en la cruz. ¿Por qué no? Porque era un mero hombre: nada más, nada menos.

7. La teología liberal promueve el movimiento ecuménico.

En nuestros días muchos liberales están atacando a los evangélicos conservadores porque no se juntan con el movimiento ecuménico. El ecumenismo está centrado en la unidad eclesiástica a todo costo. Para formar parte de la corriente, todo lo que hace falta es confesar algún tipo de “experiencia religiosa”. No obstante, la fe evangélica —como explicó el amado príncipe de los predicadores Charles Spurgeon (1834-92)— cree en la unidad basada en la doctrina del Evangelio de Cristo. Una unidad no fundamentada en la Palabra de Dios es falsa. “Unidad en el error…”, dijo el predicador inglés, “…es unidad en la perdición”. El momento que alguien se adhiere al movimiento ecuménico, lo primero que tiene que hacer es olvidarse de todas sus convicciones bíblicas y prostituirse por amor a una unidad falsificada, anti-escritural, y no evangélica.

8. La teología liberal elogia las demás religiones.

Puesto que la base de la teología liberal es el ser humano juntamente con su razón, su experiencia y su afán por el ecumenismo, en las últimas décadas el liberalismo se ha abierto al diálogo interreligioso, alabando las virtudes de las religiones mundiales. ¡Incluso han llegado a participar en la adoración interreligiosa! Hace un par de semanas el cardenal arzobispo de Valencia, Antonio Cañizares, y los líderes de las religiones musulmana, judía y budista, junto con representantes de diferentes confesiones cristianas, oraron por la paz en el mundo y la convivencia en un acto interreligioso en la Facultad de Teología de Valencia. Dijo el cardenal, “Las religiones no dividen sino que unen y esta tarde lo hemos podido no solamente experimentar, sino gozar”. En cierto sentido, el cardenal lleva la razón. Las religiones liberales centradas en la autonomía del hombre sí unen. Pero el evangelio de Jesucristo no trae paz, sino separación. Proclama el Salvador: “No piensen que vine a traer paz a la tierra; no vine a traer paz, sino espada. Porque vine a poner al hombre contra su padre, a la hija contra su madre, y a la nuera contra su suegra; y los enemigos del hombre serán los de su misma casa” (Mt. 10:34-36). No puede haber paz verdadera entre la fe evangélica y la teología liberal.

9. La teología liberal no cree en la exclusividad de salvación en Jesucristo.

La razón teológica por la que los liberales se abren al movimiento ecuménico y a la adoración interreligiosa es porque ya no creen en la exclusividad de salvación en Jesucristo. De acuerdo a su sistema filosófico, el apóstol Pedro se equivocó cuando predicó: “En ningún otro hay salvación, porque no hay otro nombre bajo el cielo dado a los hombres, en el cual podamos ser salvos” (Hch. 4:12). Si Dios es únicamente un Dios de amor, entonces la doctrina del castigo eterno necesariamente tiene que ser falsa. Por consiguiente, los liberales —al no estar satisfechos con la impecable obra de Jesucristo realizada según el evangelio— van buscando cosas loables en las demás religiones que, en última instancia, esclavizan al ser humano. Al no creer que solo Cristo salva, los teólogos liberales inventan su propia religión. En palabras de Pablo, “Pues desconociendo la justicia de Dios y procurando establecer la suya propia, no se sometieron a la justicia de Dios” (Ro. 10:3).

10. La teología liberal no cree en nada ofensivo para el hombre natural.

En sus exposiciones sobre el Sermón del monte, Martyn Lloyd-Jones (1899-1981) tomó tiempo para instruir a su congregación en Londres sobre el peligro de los falsos profetas. Basándose en Mateo 7:15 – “Cuídense de los falsos profetas, que vienen a ustedes con vestidos de ovejas, pero por dentro son lobos rapaces”— el predicador destacó que la primera característica del falso ministro es que no tiene “puerta estrecha” en él. Con esto quiso decir que en el teólogo liberal, no hay nada que ofenda al hombre natural. Es el tipo de mensajero que agrada a todos por ende todos hablan bien de él. No tiene enemigos. Nadie le persigue por sus sermones. Sabe comportarse en cualquier contexto y “se hace todo a todos”. Es carismático, dinámico, popular, agradable a la vista y al oído. En suma, “Muy consolador, muy tranquilizante; siempre es así el falso profeta, en su vestido de oveja; siempre inofensivo y agradable, siempre invariablemente atractivo”.

Casado con Agota, Will Graham sirve como predicador itinerante en España y es profesor de Pneumatología, Apologética y Teología contemporánea en la Facultad de Teología (Córdoba). Escribe semanalmente en sus blogs ‘Brisa fresca’ en Protestante Digital y ‘Fresh Breeze’ en Evangelical Focus. Puedes encontrarlo en Facebook.

Integridad en la predicación

TGC-Logo

Integridad en la predicación

Sugel Michelén

alimentemos_el_almaAlguien dijo una vez que la piedad consiste en hacer lo correcto, con la vista puesta únicamente en la aprobación de Dios. Esa es, en resumen, la enseñanza del Señor en Mateo 6:1-18. Al hacer limosnas, al orar, al ayunar, hazlo para tu Padre que ve en lo secreto, y Él te recompensará en público. Lo mismo debe dominarnos cuando predicamos la Palabra de Dios. Aunque esa es una labor que realizamos en público, al predicar debemos buscar únicamente la aprobación de Dios, no la de los hombres.

Pablo lo dice de esta manera en 2 Corintios 2:14-17: “Mas a Dios gracias, el cual nos lleva siempre en triunfo en Cristo Jesús, y por medio de nosotros manifiesta en todo lugar el olor de su conocimiento. Porque para Dios somos grato olor de Cristo en los que se salvan, y en los que se pierden; a éstos ciertamente olor de muerte para muerte, y a aquéllos olor de vida para vida. Y para estas cosas, ¿quién es suficiente? Pues no somos como muchos, que medran falsificando la palabra de Dios, sino que con sinceridad, como de parte de Dios, y delante de Dios, hablamos en Cristo”. La palabra que la Reina-Valera traduce como falsificar en el texto anterior se usaba para señalar a los buhoneros que, para vender su mercancía, usaban todo tipo de astucia. Tenían fama de tramposos. Pues así son los falsos maestros, dice Pablo. Comercian con la Palabra de Dios; tuercen el mensaje o lo diluyen para hacerlo más potable al oído de los hombres. Pero Pablo no pertenecía a ese grupo. Él se veía a sí mismo como un hombre que hablaba de parte de Dios y delante de Dios. Cuando predicaba el evangelio, su preocupación no era procurar la aprobación de los hombres, porque lo dominaba la mirada escrutadora de Dios (cp. 2 Co. 12:19).

Estamos diciendo entonces que hablamos para la edificación de los hermanos, pero lo hacemos delante de Dios. Podemos predicar ante un auditorio de quince personas o de veinte mil, pero a final de cuentas solo importa la opinión de Uno de los presentes, Uno que puede ver lo que ningún hombre podrá ver jamás, porque su mirada penetra hasta lo más profundo de nuestros corazones: “Pues no somos como muchos, que medran falsificando la palabra de Dios, sino que con sinceridad, como de parte de Dios, y delante de Dios, hablamos en Cristo” (2 Co. 2:17).

La palabra sinceridad parece derivarse de un vocablo que significa “examinar bajo la luz del sol”. Pablo estaba consciente del hecho de que todo su ser era como un libro abierto delante de Dios, y esa conciencia lo movía a ser real y genuino. Cuando un hombre predica con esa conciencia, eso afecta el mensaje y su disposición al entregarlo. ¿Por qué muchos predicadores evitan condenar el pecado abiertamente o evaden hablar del juicio de Dios contra el pecado? ¿Por qué muchos púlpitos no proclaman hoy día la centralidad de Dios y su grandeza, sino que parecen predicar con el propósito de que todo el mundo se sienta bien? Porque no los domina esta perspectiva apostólica. El hombre que predica de parte de Dios y delante de Dios procurará no hacer otra cosa más que transmitir con integridad el mensaje que Él nos ha confiado en su Palabra.

Por supuesto, de más está decir que no vamos al púlpito con la intención expresa de ofender a nadie. Pablo mismo exhorta a los hermanos en Colosas a que sus palabras sean siempre con gracia, sazonadas con sal. El tacto es una virtud, no una señal de debilidad. Pero todo hombre que predica la Palabra con integridad sabe que tendrá que tocar temas que no son agradables al oído de mucha gente. Pero esta conciencia no sólo incide en el mensaje, sino que también guarda al predicador de todo tipo de afectación mientras predica. El hombre que predica delante de Dios no sube al púlpito para hacer un espectáculo teatral. Él sabe que a los ojos de Dios es completamente transparente. Dios está viendo los movimientos de su corazón mientras expone su Palabra. Por eso, este siervo de Dios se preocupa por tener una limpia conciencia y un corazón puro; porque él puede engañar a su auditorio y hacerle creer que es celoso de la gloria de Dios, y que ama la verdad y las almas de los hombres, pero él sabe que no puede engañar a Dios. Amados pastores y predicadores, si hay algo que el siervo de Dios debe cultivar es esa conciencia de que vive y ministra de parte de Dios, y delante de Dios.

sugel100x100Sugel Michelén

Sugel Michelén (MTS) es miembro del concilio de Coalición por el Evangelio. Ha sido por más 30 años uno de los pastores de Iglesia Bíblica del Señor Jesucristo, en República Dominicana, donde tiene la responsabilidad de predicar regularmente la Palabra de Dios en el día del Señor. Es autor de Palabras al Cansado, Hacia una Educación Auténticamente Cristiana y un libro ilustrado para niños titulado La más Extraordinaria Historia Jamás Contada. El pastor Michelén y su esposa Gloria tienen 3 hijos y 4 nietos. Puedes encontrarlo en twitter.

https://www.thegospelcoalition.org/coalicion/article/integridad-en-la-predicacion/