Vistiéndonos sin sensualidad

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Vistiéndonos sin sensualidad

Charbela El Hage de Salcedo

El uso de la sensualidad como mecanismo para llamar la atención habla claramente del estado de mi corazón, y me informa sobre quién está en el trono de mi vida, si es Dios o yo.

alimentemos_el_almaEn el capítulo 7 del libro de Proverbios, vemos los consejos que un padre le da a su joven hijo para que no arruine su vida con la inmoralidad, y le habla de una mujer que se lanza a la calle a seducir a los hombres. Esta mujer es descrita como una que se viste como ramera y cuyo corazón es astuto, combinación peligrosa en el andar de una mujer.

No cabe duda que nuestra apariencia externa no es lo más importante, pero no por eso debemos ignorarla. Es importante que prestemos atención a la forma en la que como mujeres lucimos y de manera específica a cómo nos vestimos.

Recuerdo haber escuchado en una ocasión a un pastor, que en su intención de corregir a las mujeres de su congregación, en relación a su atuendo, dijo: “Tu apariencia externa es una muestra del estado de tu corazón”. Esto es una verdad bíblica, pues es en el corazón donde se originan nuestras pasiones y todas nuestras motivaciones (Marcos 7: 21-23), y en Proverbios 4:23 vemos como el padre instruye a su hijo a que “con diligencia guarde su corazón, porque de él brotan los manantiales de la vida”. Definitivamente nuestra apariencia externa no es lo más importante, pero no por eso debemos ignorarla.

Los deseos de nuestro corazón

Una de las características de esta mujer que se presenta en Proverbios 7 es que está vestida como ramera. ¿Alguna vez has pensado qué lleva a una prostituta a usar ropa sensual? Su ropa sensual es un mecanismo que usa como “anzuelo” para atraer la atención de sus clientes.

Con mucho pesar, veo que algunas mujeres usan un criterio similar a la hora de elegir su ropa, y terminan escogiendo un atuendo sensual, no para obtener un pago metálico, pero sí un “pago emocional”: aprobación, admiración, o el sentirse deseadas y apreciadas. El uso de la sensualidad como mecanismo para llamar la atención habla claramente del estado de mi corazón, y me informa sobre quién está en el trono de mi vida. Cuando esto ocurre, queda en manifiesto que la prioridad de mi corazón se ha volcado a cumplir mis anhelos y deseos, y en satisfacerme yo, en vez de agradar a Dios y obedecer su Palabra.

La Biblia mide nuestro guardarropas

Observa lo que nos enseña 1 Timoteo 2:9-10: “Asimismo, que las mujeres se vistan con ropa decorosa, con pudor y modestia, no con peinado ostentoso, no con oro, o perlas, o vestidos costosos, sino con buenas obras, como corresponde a las mujeres que profesan la piedad”.

En estos versículos podemos encontrar tres aspectos que deben caracterizar nuestra manera de vestir:

1. Decorosa: El decoro puede ser definido como pudor y decencia en lo referente a lo moral. La decencia debe ser una característica de nuestro vestir.

2. Pudor: El comentarista William Macdonald dice que podemos ver el pudor como el evitar todo lo que cause vergüenza. Así debe ser nuestra vestimenta, una que no nos cause vergüenza a nosotros ni a aquellos que nos ven.

3. Modestia: Decente, en orden, que no llame la atención, un vestir humilde que carece de vanidad o engreimiento y evita los extremos.

¿Qué tal si en vez de solo mirarnos en el espejo, pasamos nuestra ropa por el espejo de la Palabra?

La aprobación de nuestro Maestro

Se cuenta la historia de un hombre joven que estudió violín bajo la tutela de un maestro de fama mundial. En su primer recital, luego de tocar cada pieza, el joven recibía aplausos y ovaciones de su público, pero aun así, no se sentía satisfecho, ni se veía felicidad en su rostro. Luego de la última pieza, y con los aplausos más fuertes que nunca, el joven se mantenía mirando a un anciano que estaba sentado en el balcón. Finalmente, el anciano sonrió y movió su cabeza en señal de aprobación, e inmediatamente el joven artista se llenó de alegría.

¡El anciano era su maestro!  El aplauso de la multitud no significó nada hasta que obtuvo la aprobación de su maestro. Ese es mi deseo para toda mujer que. al elegir qué vestir, la aprobación y ovación del mundo no signifiquen nada, hasta obtener la aprobación de su supremo Señor.

Tu identidad y la mía no está en lo que hacemos o en cómo nos vemos: está en Cristo y su obra redentora a nuestro favor.

Oro que el Señor te lleve no solo a revisar tu guardarropas, sino también tu corazón, y que puedas sacar de él aquellos deseos que contradicen la Palabra de Dios y que te llevan a tomar decisiones en tu forma de vestir que deshonran el nombre de Dios y hacen de ti una mala representante de su Reino.

Procura siempre buscar que tu atuendo o lo que te adorne “sea el yo interno, con el adorno incorruptible de un espíritu tierno  y sereno, lo cual es precioso delante de Dios”,1 Pedro 3: 3-4.

Una versión de este artículo fue publicada originalmente en Mujer Para la Gloria de Dios.

Charbela El Hage de Salcedo, tiene quince años caminando con el Señor, es diaconisa en la IBI, y en la misma forma parte del ministerio de mujeres EZER. Está casada con el pastor Héctor Salcedo con quien ha procreado dos hijos Elías y Daniel. Junto a él sirve en el ministerio de jóvenes adultos solteros MAQUI. Charbela posee una maestría en Formación Espiritual y Discipulado del Moody Theological Seminary, de la ciudad de Chicago.

https://www.thegospelcoalition.org/coalicion/article/esta-tu-vestimenta-caracterizada-por-la-sensualidad

Cómo Aprender a Orar: Algo Que Todo Cristiano Necesita Saber

Cómo Aprender a Orar: Algo Que Todo Cristiano Necesita Saber

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“Prefiero enseñar a un hombre a orar que a diez hombres a predicar” — Charles Spurgeon

No hay nada en la vida cristiana más subestimado que la oración.

alimentemos_el_almaA la luz de la Biblia, he aprendido que necesitamos aprender a orar. La oración no se trata de cómo podemos orar, qué palabras podemos decir, sino de cómo Dios ha revelado que quiere que lo hagamos. Sobre esto he hablado de forma más extensa.

Considero que muchos de los líderes actuales en la iglesia han sido completos irresponsables al no enseñar a la gente orar. Y también las personas en las iglesias han fallado en esto, al no preguntar cómo hacerlo.

Nunca he oído a alguien decir: “Una pregunta, ¿me enseñas a orar?” Sin embargo, eso fue lo que los discípulos de Jesús hicieron (Lucas 11:1). Ellos no le preguntaron “Maestro, ¿me enseñas a caminar sobre el agua o a multiplicar panes?” Preguntaron cómo orar, porque vieron que Jesús era un hombre de oración y en Su ejemplo, la importancia de orar.

Orar es adoración. Y no hay nada más serio que la adoración porque eso es lo que los creyentes haremos por toda la eternidad en cielo (Apocalipsis 19:1).

Si Dios no ha consumido en Su ira a todos los millones de cristianos en el mundo que no se han tomado en serio la importancia de la oración y que no lo han hecho conforme a la Palabra de Dios, ha sido por Su grandiosa misericordia. Realmente merecemos ser destruidos por Su ira cuando no hacemos las cosas como Él lo ordena (Levítico 10:1-2 es un ejemplo de eso). Sé que esto suena muy incómodo, lo entiendo perfectamente, pero en realidad la oración es un asunto ASÍ de serio porque Dios es infinitamente santo. ¡Qué bueno que Él ha tenido misericordia de nosotros!

Piénsalo: Acercarnos a Dios a nuestra manera, y no a la manera de Él, es el acto de orgullo más grande que un hombre puede realizar… Por eso me importa aprender a orar correctamente y a ti también debería importarte.

Por supuesto, orar de una forma correcta no nos hará merecedores de que Dios nos escuche, pero es algo que nacimos para hacer. Es decirle a Dios: “Señor, orar a ti de la forma en que tú quieres que yo lo haga me importa mucho porque tú me importas mucho”.

Hoy quiero compartir contigo cinco consejos que te ayudarán a aprender a orar cada día mejor.

Lee también: 35 Frases sobre la oración que necesitas leer.

1. Usa tu cabeza.

Es necesario que cuando oremos, pensemos por qué oramos lo que oramos.

Muchas frases en muchas oraciones que incluso podemos escuchar en nuestras congregaciones, podrán sonar muy bonitas y hasta inspiradoras, pero no son bíblicas, ni siquiera un poco. Muchas de esas cosas rayan en la herejía, como la manía de declarar cosas a diestra y siniestra.

Es alarmante que la mayoría del conocimiento sobre la oración que los cristianos tienen en Latinoamérica, no proviene de la Biblia, sino de ideas que otras personas nos han enseñado o de otras oraciones que hemos escuchado.

Cuando decidimos pensar más sobre la oración, nos veremos desechando un montón de ideas que no agradan a Dios y depurando nuestro conocimiento al respecto. ¡Y eso es bueno!

Lee también: 40 cosas que he aprendido sobre la oración en mi viaje espiritual.

2. Conoce el propósito de la oración.

“Mientras no sepas que la vida es una guerra, no podrás saber la razón de la oración” — John Piper.

“Si no permanecemos en la oración, vamos a permanecer en la tentación” — John Owen.

Es importante que entendamos el propósito de la oración y meditemos en eso. ¿Para qué orar si Dios es soberano y llevará a cabo Su voluntad? Esa es una pregunta crucial y de ella he hablado en mi artículo: Hay cosas que no pasarán si no las pides en oración.

La oración es usada por el Espíritu Santo para cambiar nuestros corazones. La oración también sirve para bajar al corazón el conocimiento que tenemos en nuestras cabezas sobre Dios.

Además, como David Platt enseña, “Dios quiere obrar en este mundo de manera que sean el eco de nuestras oraciones”. Él pone en nuestros corazones así el querer como el hacer, incluso en la oración (Filipenses 2:13).

“La oración no es para cambiar los planes de Dios. Es para confiar y descansar en Su soberana voluntad” — Martin Lutero.

Cuanto más bíblicamente oremos, más sorprendidos seremos por el amor de Dios y viviremos experiencias profundas de Su gracia.

Dios quiere que cada día veamos más las cosas a nuestro alrededor y en nuestras vidas, como Él quiere que las veamos para que sepamos que Él es realmente fiel a Sus promesas, es soberano y maravilloso. La oración correcta es clave en esto porque al orar así, se puede decir que interiorizamos y grabamos en nuestra mente la Palabra de Dios. En otras palabras: Cuando oramos, no solo hablamos con Dios, sino que también escuchamos lo que decimos a Dios, y si lo que decimos a Él es conforme a Su voluntad revelada en Su palabra, al orar así y escucharnos, comprendemos y abrazamos cada día más lo que la Biblia nos muestra.

Lee tambiénSpurgeon sobre la oración.

3. Lee la Palabra de Dios y analízala.

Durante el sermón del monte, Jesús nos hace ver que la forma en que los paganos oran es equivocada porque ellos no conocen la revelación de Dios: Su Palabra (Mateo 6:7-8).

Por eso los gentiles, dice Jesús, por ejemplo, no saben que el verdadero Dios sabe exactamente lo que necesitamos incluso antes de que lo pidamos.

“Una buena lectura de la Palabra de Dios nos guiará a una oración más acorde a Su voluntad”

Allí está la clave del asunto: Tenemos que conocer los atributos de Dios. Necesitamos adentrarnos en Su Palabra… y hacerlo correctamente. Una buena lectura de la Palabra de Dios nos guiará a una oración más acorde a Su voluntad, como necesitamos orar.

Esto también tiene que ver con conocer realmente las promesas de Dios para nuestras vidas, para así orar de acuerdo a ellas. Agustín dio en el blanco cuando dijo:

“Tanta así es, Señor, tu misericordia, que te dignas de ligarte con tus promesas y te conviertes en deudor de la criatura a quien le perdonas tú sus deudas”

Lee también: 3 Preguntas que Debes Hacer Cuando Lees la Biblia.

4. Memoriza fragmentos de la Biblia y óralos.

No hay forma más segura de orar bíblicamente que orando fragmentos de la Palabra de Dios con un corazón agradecido y que ame a Dios. Por ejemplo, puedes orar Salmos en situaciones específicas en tu día a día, o las oraciones del apóstol Pablo (registradas en sus cartas) por la iglesia cuando vayas a orar por tus hermanos en la fe. De hecho, Jesús en la cruz oró el Salmo 22 (Mateo 27:46).

En los últimos meses he estado memorizando la Biblia y orando Salmos en mis oraciones, y eso me ha servido para conocer más la Palabra y guardarla en mi corazón, así que te animo a hacer lo mismo. Orar pasajes de la Biblia no es una fórmula para que la oración sea efectiva, pero sí nos enseña cómo dirigirnos a Dios y nos sirve para entender más Su voluntad, y eso es abrumador y muy bueno.

Aquí explico cómo memorizar la Biblia mediante el método que uso. Es menos tedioso de lo que te imaginas, es mucho más fácil de lo que crees, y es mucho más valioso que lo que puedes pensar.

Por supuesto, ten cuidado de no memorizar mal la Biblia y sacar textos de contextos. Además, es importante saber que orar de memoria fragmentos de la Biblia no siempre es orar “bíblicamente”. Si no hay discernimiento, revelación en Cristo, de algún pasaje bíblico que digamos cuando oremos, por mucho que lo que hablemos esté en la Biblia, no será más que una vana repetición (y Jesús nos advirtió sobre pretender orar así en Mateo 6:7)

“Lo único que hace efectiva nuestra oración es la intercesión de Cristo por nosotros”

Es vital que memorizar no sea una tarea para alimentar el orgullo, ni un engaño, al creer que es lo que hace falta para que la oración sea efectiva. Lo único que hace efectiva nuestra oración es la intercesión de Cristo por nosotros (1 Timoteo 2:5). Memorizar la Biblia debe ser un producto de amar a Dios y la revelación que hay de Él en Su Palabra.

5. Sé una persona de oración.

“Perseverad en la oración, velando en ella con acción de gracias” (Colosenses 4:2)

“El secreto de la oración es orar en secreto” — Leonard Ravenhill

Cuanto más apliquemos las cosas que aprendemos en la Biblia sobre la oración, ¡más aprenderemos a orar!

En este post no te he hablado como un experto. Te he hablado como una persona que está aprendiendo a orar y desea que tú también lo hagas.

Es esencial que seamos personas de oración. Que oremos por largos ratos a solas. Que no subestimemos la oración como muchos tienen por costumbre.

Ora mucho, crece en oración y el Espíritu Santo te guiará conforme a la Palabra a orar como Dios quiere que lo hagas porque Él está con nosotros para conducirnos a toda verdad (Juan 16:13). Y cuando no sepas qué pedir, confía en lo que significan estas maravillosas palabras:

“Además, el Espíritu Santo nos ayuda en nuestra debilidad. Por ejemplo, nosotros no sabemos qué quiere Dios que le pidamos en oración, pero el Espíritu Santo ora por nosotros con gemidos que no pueden expresarse con palabras. Y el Padre, quien conoce cada corazón, sabe lo que el Espíritu dice, porque el Espíritu intercede por nosotros, los creyentes, en armonía con la voluntad de Dios” (Romanos 8:26-27 NTV)

Y recuerda:

“Si te amó, cuando estabas lleno de corrupción; ¿no escuchará tus oraciones ahora que te ha hecho heredero del cielo?” — Charles Spurgeon.

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¡CUIDADO CON LA DECADENCIA ESPIRITUAL!

¡CUIDADO CON LA DECADENCIA ESPIRITUAL!

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alimentemos_el_almaEl hecho de que la salvación sea segura para el que realmente la tiene de ningún modo debe llevar al creyente al descuido y la pereza, porque el pecado todavía mora en nosotros; y no como una bomba desactivada o un volcán extinguido. Como hemos dicho muchas veces, el pecado ha dejado de ser nuestro rey, pero sigue siendo nuestro enemigo, y su meta es llevarnos a lo peor; esa es la lección del apóstol Pablo en Romanos 6, así como en 7:14-25, por sólo citar algunos.


Octavio Winslow dice al respecto que en todos nosotros hay una tendencia “secreta, perpetua y alarmante de alejarnos de Dios”. Y si esa tendencia no es vigilada y mantenida a raya, puede apartarnos sutilmente de nuestra comunión íntima con Él y causar serios daños a nuestra vida espiritual. 
“Tal desvío – sigue diciendo Winslow – devora al alma de su vigor, de su fuerza, de su energía espiritual; e incapacita al creyente, por un lado, para servir, amar, obedecer y deleitarse en Dios; y por otro lado, para resistir las tentaciones de la carne, el mundo y Satanás”.

Noten que aquí no estamos hablando de un pecado en particular. Nos referimos, más bien, a un estado de deterioro en el que las gracias que Cristo ha implantado en nosotros, tales como la fe, el amor, el gozo, la esperanza, la mansedumbre, se encuentran en franco decaimiento; es un estado en el que nuestra comunión con Dios ha descendido a su mínima expresión.

Y lo terrible de esta condición es que comienza de una manera sutil, secreta, imperceptible para las personas que nos rodean, y a veces hasta para nosotros mismos. En lo que respecta a la conducta externa, éste creyente no se distingue de los demás hermanos de la Iglesia. Pero su alma se encuentra en un franco y abierto deterioro espiritual. No hay vigor en su fe, no hay incremento en su amor, no experimenta el gozo de saberse perdonado y de pertenecer a Cristo, ni el gozo de la obediencia; no vive amparado en la esperanza, no manifiesta humildad y mansedumbre; y su comunión con Dios es rígida, externa, ritualista.

Y nos preguntamos, ¿cómo es posible que un verdadero creyente caiga en un estado espiritual tan penoso? Antes de responder esta pregunta, permítanme corregir un concepto equivocado que muchos tienen al evaluar el estado de su vida espiritual. Algunos creyentes se dan cuenta que algo no anda bien en su vida cristiana, que su piedad y su relación con Dios han decaído, lo mismo que su servicio en el reino. Pero al querer encontrar la causa de su deterioro caen en lo que podemos llamar el síndrome adámico. ¿Qué hizo Adán cuando Dios lo confrontó con su pecado? Le echó la culpa a su mujer. Y ¿qué hizo la mujer? Echarle la culpa a Satanás. Todos son culpables de mi desgracia, menos yo.

Sin embargo, según la evaluación divina en Génesis 3, cada uno fue responsable de su pecado y cada uno recibió la consecuencia de sus actos. Querido hermano, querida hermana, ninguna causa externa a ti puede ser responsable de tu decadencia espiritual. Ese mal comenzó en tu corazón y se desarrolló en tu corazón (comp. Mt. 15:17-20).

Si quieres encontrar a quien echarle la culpa de tu condición seguramente lo vas a encontrar, pero no vas a solucionar tu problema. Puede que al principio te haga sentir mejor contigo mismo, pero la fuente de tu decadencia seguirá produciendo productos tóxicos que no te permitirán salir del estado en que estás.

Y, por supuesto, cuando achacamos la culpa de nuestro mal a una causa equivocada, inevitablemente vamos a llegar a una solución equivocada. Es por eso que muchas personas cifran la esperanza de su mejoría en un cambio de circunstancia: “Un cambio de aire me vendrá bien; tal vez si cambio de amistades, o de iglesia, o de trabajo, incluso de país, puede que mi situación mejore”.

Pero si entendemos que el mal radica en nuestro propio corazón, entonces podremos aplicar la medicina apropiada en el lugar apropiado. ¿Cuál es, entonces, la verdadera causa de la decadencia espiritual? Hablaré un poco acerca de esto en la próxima entrada, si el Señor lo permite.

© Por Sugel Michelén. Todo pensamiento cautivo. Usted puede reproducir y distribuir este material, siempre que sea sin fines de lucro, sin alterar su contenido y reconociendo su autor y procedencia.

EL LEGALISMO Y EL ESPÍRITU HIPERCRÍTICO

 

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EL LEGALISMO Y EL ESPÍRITU HIPERCRÍTICO

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Sugel Michelén

Pocas cosas pueden tener un mayor potencial de división en las iglesias que el legalismo, porque el legalismo promueve un espíritu hipercrítico que impide la verdadera comunión cristiana. El legalismo, como bien ha dicho alguien, eleva las preferencias personales a la categoría de mandatos bíblicos; ¡y ay de aquel que no se someta a las reglas!

Alguien escribió siete pasos sencillos para convertirse en un legalista:

1.     Inventa reglas que no están en la Biblia.

2.     Esfuérzate por cumplir esas reglas.

3.     Castígate a ti mismo cuando no las cumplas.

4.     Enorgullécete cuando las obedezcas.

5.     Constitúyete a ti mismo en juez de los demás.

6.     Enójate con aquellos que rompan tus reglas o que tengan reglas distintas a las tuyas.

7.     “Golpea” a los perdedores.

Por eso Pablo tiene que advertir a los Colosenses: “Que nadie os juzgue en comida o en bebida, o en cuanto a días de fiesta, luna nueva o días de reposo” (Col. 2:16).

Pablo sabía que los legalistas no se contentan con seguir sus propias reglas para ganar el favor de Dios, sino que quieren meter a todo el mundo en el mismo molde.

Y es lógico que así sea. Si yo me siento superior a los demás por las reglas que guardo, debo “ayudar” a los demás a alcanzar mi estatura espiritual siguiendo mis reglas.

En la parábola de Lc. 15, es obvio que el hermano mayor se sentía superior a su hermano menor y que había generado hostilidad hacia él (“ese hijo tuyo”, vers. 30). Eso es lo que produce el legalismo. Un espíritu de superioridad que es al mismo tiempo hostil hacia los demás.

Y ¿saben una cosa? La razón por la que muchas personas se mantienen alejadas de las iglesias es porque perciben ese síndrome del hermano mayor en muchos de los que están dentro.

Es interesante notar que el Señor concluye esta parábola dejando al hermano mayor fuera de la fiesta, y al hermano menor dentro de ella. El Señor no vino a buscar a los que se creen justos, sino a llamar a los pecadores al arrepentimiento. Para disfrutar de esa fiesta, lo primero que necesitamos es saber que somos pecadores.

Y si eso es lo que somos a final de cuentas, ¿por qué ese espíritu de superioridad? ¿Qué tú tienes que no hayas recibido? Y si lo recibiste, ¿por qué te glorías como si no lo hubieras recibido?

© Por Sugel Michelén. Todo Pensamiento Cautivo. Usted puede reproducir y distribuir este material, siempre que sea sin fines de lucro, sin alterar su contenido y reconociendo su autor y procedencia.

 

¿Por qué hay tantas denominaciones?

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¿Por qué hay tantas denominaciones?

Si la Iglesia es una sola, ¿por qué hay tantas denominaciones? ¿Pueden haber otras diferencias además de doctrinales? ¿Nos hacen más fuerte como cristianos (porque definen más claramente lo que creemos) o menos fuerte (porque separan a cristianos en diferentes grupos)? En este diálogo, José Mendoza, Carlos Astorga y David Casas conversan sobre el origen de las denominaciones protestantes y lo que significa para la Iglesia hoy.

 

http://www.thegospelcoalition.org/coalicion/article/por-que-hay-tantas-denominaciones