10 características de un líder humilde | Moses Y. Lee

10 características de un líder humilde
MOSES Y. LEE

Las historias recientes de pastores famosos y líderes de adoración apostatando me han hecho pensar en la idea del liderazgo cristiano. Si los líderes caen en desgracia a regañadientes debido a un fracaso moral o renuncian públicamente a su fe en Instagram para ser más “auténticos”, una cosa está clara: la humildad no es un factor contribuyente.

Aunque no me considero un líder humilde —puedo ser descarado y cabezota (tanto en sentido literal como figurado)—, por la gracia de Dios he sido bendecido al servir con muchos líderes humildes. He visto muchos más desde la distancia.

En lo que he observado, he podido notar 10 rasgos comunes de los líderes que demuestran humildad, en contraste con aquellos que demuestran orgullo. Al proteger nuestros corazones de los engaños penetrantes del orgullo y, especialmente los líderes, de las tentaciones tóxicas del poder, es bueno reflexionar sobre cuáles de estos rasgos marcan nuestras propias vidas.

Líderes humildes vs. líderes arrogantes
Los líderes humildes tienden a compartir sus recursos, tengan poco o mucho. Los líderes arrogantes tienden a atesorar sus recursos, y están dispuestos a compartir solo si obtienen algo a cambio.
Los líderes humildes tienden a construir puentes, y se niegan a demonizar o descuidar a los demás. Los líderes arrogantes tienden a trabajar solos, y se niegan a asociarse con otros, especialmente aquellos que tienen puntos de vista diferentes.
Los líderes humildes tienden a ignorar los chismes, pues son lo suficientemente sabios como para saber que siempre hay otro lado de la historia. Los líderes arrogantes tienden a difundir y oír chismes, siempre queriendo escuchar lo peor de los demás para sentirse mejor.
Los líderes humildes tienden a ser hacedores de reyes, sin exigir ser ellos los reyes. Los líderes arrogantes tienden a buscar atención, y prefieren quemar puentes o llegar con armas de fuego si no se salen con la suya.
Los líderes humildes tienden a celebrar los logros de los demás y no los suyos. Los líderes arrogantes tienden a ignorar los logros de otras personas si no beneficia su agenda.
Los líderes humildes tienden a dar el beneficio de la duda, pues saben que nadie está siempre en su mejor momento. Los líderes arrogantes tienden a asumir lo peor, y son incapaces de ver las vigas en sus propios ojos.
Los líderes humildes tienden a apreciar los matices, ya que saben que se han equivocado muchas veces antes. Los líderes arrogantes tienden a ver todo extremadamente blanco y negro, y están poco dispuestos a considerar puntos de vista contrarios.
Los líderes humildes tienden a ser empáticos, y a menudo priorizan a las personas sobre las ideas. Los líderes arrogantes tienden a ser rígidos, incapaces de recibir críticas constructivas.
Los líderes humildes tienden a aceptar la rendición de cuentas, porque saben cuánto la necesitan. Los líderes arrogantes tienden a rechazar la rendición de cuentas, y la consideran una molestia o una pérdida de tiempo.
Los líderes humildes tienden a reconocer sus errores, ya que saben que están lejos de ser perfectos. Los líderes arrogantes tienden a culpar a los demás por sus defectos o fracasos, y no están dispuestos a reconocer sus propias tendencias pecaminosas.
Cristo, el líder perfecto
Jesús no es solo un modelo a seguir y admirar; Él es la imagen a la que nos estamos conformando.

Quizá esta lista te abruma. ¿Cómo llegaré a ser un líder humilde?, te preguntas. Pero la belleza del evangelio es que, en Jesús, ya tenemos el modelo perfecto de liderazgo humilde. Y no es solo un modelo a seguir y admirar; Él es la imagen a la que nos estamos conformando por el poder del Espíritu Santo en nosotros.

Jesús muestra que el liderazgo humilde comienza en la cruz: “Quien quiera ser grande entre ustedes debe ser su servidor, y quien sea el primero entre ustedes debe ser su siervo. Así como el Hijo del Hombre no vino para ser servido sino para servir, y dar su vida en rescate por muchos” (Mt. 20:26-28). El líder-siervo que se inclina para lavar los pies de los infieles (Jn. 13:1-17) pone de cabeza la idea que el mundo tiene del liderazgo. Él nos muestra el camino hacia arriba (Lc. 22:26), y que el postrero será el primero (Mt. 20:16). En su reino, la ambición egoísta conduce a la muerte, mientras que servir a los demás hasta el punto de la muerte conduce a la vida (Fil. 2:2-9).

Incluso para los cristianos, que tienen el modelo perfecto de humildad en Jesús, ese tipo de liderazgo sigue siendo una lucha. Esto es un testimonio a la incansable atracción del orgullo en nuestros corazones. Por supuesto, el mundo del posicionamiento en las redes sociales, la construcción de plataformas, y la obsesión con las celebridades no ayuda. Pero pocas cosas confunden más al mundo y endurecen los corazones hacia el evangelio que seguidores de Jesús que secuestran Su nombre para promocionarse ellos mismos. ¿Por qué nosotros, que llevamos el nombre del hombre más humilde de la historia, seríamos tan pomposos? Eso es confuso y da tristeza.

La necesidad de un liderazgo humilde, el de cristianos que realmente se parecen a Cristo en la forma en que viven y lideran, es urgente. Que podamos controlarnos con sobriedad y volver a comprometernos humildemente por Su causa, para nuestro testimonio y Su gloria.

Publicado originalmente en The Gospel Coalition. Traducido por Equipo Coalición.
Imagen: Lightstock.
Moses Y. Lee (MDiv, ThM) es un plantador de iglesias que vive y sirve en la “DC Metro Area” de los Estados Unidos.

Examinando el orgullo en nuestros corazones | Alex Díaz

Examinando el orgullo en nuestros corazones

Alex Díaz

Cuando nos preguntan cómo nos va con el orgullo muchos tenemos una reacción inmediata: “¿Orgulloso, yo? No creo”. Así nos convencemos de que no somos orgullosos. Pero, ¿qué es el orgullo, cómo nos afecta, y cómo el evangelio nos libra de él?

Cuando somos orgullosos tenemos un concepto de nosotros mismos más alto del que debemos tener. Dejamos de escuchar las necesidades de otros y minimizamos sus aportaciones. Desarrollamos autoaprobación para aferrarnos a una postura, incluso a una equivocada. También solemos ser hirientes, amenazadores, o hacemos que los errores de otros se vean exagerados y sin solución. Somos orgullosos cuando cerramos nuestros oídos a las correcciones e incluso vemos como amenazas las sugerencias más simples y honestas.

El evangelio hace que los muertos vivan y que los orgullosos nos rindamos en humildad

El orgullo produce una vida pendiente de las apariencias. Nos susurra que debemos controlar lo que otros piensan de nosotros y crear una imagen sin debilidad o necesidad. Ser una persona orgullosa es tener una actitud ególatra.

El orgullo debilita y rompe nuestras relaciones personales. Esto se debe a que el orgullo nos induce a buscar satisfacción en nosotros mismos, pues creemos que tenemos mayor conocimiento y habilidades.

Examinando el orgullo en nosotros
“Digo, pues, por la gracia que me es dada, a cada cual que está entre vosotros, que no tenga más alto concepto de sí que el que debe tener, sino que piense de sí con cordura, conforme a la medida de fe que Dios repartió a cada uno”, Romanos 12:3 (RV60, cursiva añadida).

La frase alto concepto de sí, implica un pensamiento arrogante que sobreestima el “yo”. El orgullo nos convence de creer la mentira: “yo soy mejor”. Para examinar el orgullo que hay en ti, pregúntate lo siguiente:

1) ¿Busco siempre tener la razón por encima de otros?

2) ¿Cuido y me preocupo por mantener una reputación ante otros?

3) ¿Mis conversaciones se concentran o terminan por señalar los errores de otros?

4) Cuando soy cuestionado, ¿argumento como si fuera criticado?

5) ¿Produzco escenarios para ser reconocido porque siento que merezco aprobación?

6) ¿Me siento vulnerable frente a otros y prefiero alejarme de ellos?

7) ¿Culpo a otros para evitar responsabilidades?

8) ¿Señalo a otros para evitar reconocer que estoy equivocado?

9) ¿Busco ser competitivo incluso en los momentos sencillos y de diversión?

10) ¿Descalifico a todo el que me rodea?

11) En una conversación, ¿quiero tener la última palabra?

12) ¿Para cada indicación tengo una respuesta o un desafío?

Nuestra lucha contra el orgullo comienza a dar fruto cuando reconocemos que necesitamos la gracia de Dios en Cristo

No importa cuántas de tus respuestas sean afirmativas, el orgullo está presente en nuestra vida por nuestra naturaleza. Eso indica nuestra necesidad de Cristo y de un cambio radical por medio del evangelio. El evangelio hace que los muertos vivan y que los orgullosos nos rindamos. Nuestra lucha contra el orgullo comienza a dar fruto cuando reconocemos que necesitamos toda la gracia de Dios en Cristo.

Un contraste con la humildad
Antes de hablar de cómo el evangelio nos ayuda en nuestra lucha contra el orgullo, veamos una comparación entre el orgulloso y el humilde:

1) El orgulloso impone sus razonamientos mientras el humilde renuncia a la imposición, busca reconciliación, y cede su lugar a otros por medio de la paz y el amor de Cristo.

2) El orgulloso no considera a otros, los ve con menosprecio. En cambio, el humilde siempre considera primero a los otros, los estima siempre como superiores a sí mismo, y les sirve sin importar si son personas difíciles.

3) El orgulloso está cegado por sus propios intereses y siempre se da la razón. El humilde encuentra en la misericordia de Dios el impulso para ayudar, escuchar, y amar a otros. El humilde se considera un servidor, no un héroe.

4) El orgulloso es ambicioso y egoísta, esto produce pleitos y divisiones debido a su aspiración de reconocimiento y admiración. Cuando no logra tener lo que quiere, busca culpables y se aísla. El humilde sabe quién es a la luz de la persona de Cristo y está satisfecho con eso, entiende sus limitaciones y pide ayuda.

5) El orgulloso no aprecia la gracia porque esta desafía sus supuestos méritos, y él piensa que lo hace ver como inútil. El humilde vive agradecido por la gracia y sabe que necesita más para vivir diariamente.

El humilde sabe quién es a la luz de la persona de Cristo y está satisfecho con eso, entiende sus limitaciones y pide ayuda

En Filipenses 2:1-4, vemos a Cristo como el mayor ejemplo de humildad. Este pasaje demuestra que el orgullo sencillamente no existe en Él. Cristo se describe como “manso y humilde de corazón” (Mt. 11:29). Él no toma ejemplo de otro para ser humilde. Él es el autor y consumador de la humildad. Para quienes luchamos contra el orgullo, esto es esperanzador.

Luchemos a la luz del evangelio
El evangelio nos muestra la realidad de que necesitamos depender de Cristo. Vivir a la luz de esta verdad destruye el orgullo y edifica la humildad en nosotros. La Biblia revela que Cristo nos libró de la necesidad de tener la razón y pelear por ella; ahora podemos tener deleite en que Él es la verdad y siempre tiene la razón. El evangelio nos libra de “ser fuertes” según nuestro criterio para reconocer nuestra debilidad e identificar nuestra fuerza en Cristo (2 Co. 12:10).

Nuestra batalla contra el orgullo no terminará cuando dejes de leer estas líneas, pero algo sí sabemos: Cristo, siendo en forma de Dios, se humilló para ser como nosotros y así nos libró del pecado para formar en nosotros su carácter (Ro. 8:29). Él sigue salvando orgullosos. ¡Humillémonos ante su gloria y demos testimonio de su humillación que trajo salvación!

Alex Díaz es el pastor Titular de Iglesia Central, la cual está plantando en Cuernavaca, México. Es consejero y maestro de Biblia, y está cursando una Maestría en Divinidad con énfasis en misiones y evangelismo en el Southern Baptist Theological Seminary. Está casado desde hace 19 años con Ana Laura Sánchez, y tiene dos hijos adolescentes, Fernando y Elías. Síguelo en Twitter.

Por qué un mundo poscristiano necesita pastores-teólogos | Kevin J. Vanhoozer

Karl Marx se quejó una vez de que la filosofía «solo ha interpretado el mundo de diversas maneras; el punto es cambiarlo». ¿Qué hay de la teología? ¿Tiene un mejor historial efectuando cambios?

Hoy en día, algunos descartan alegremente la teología por considerar que hace tiempo que pasó su fecha de caducidad. Esta postura es corta de vista. La verdad es que los pastores-teólogos son dones del Cristo ascendido para la iglesia (Ef 4:8). Informados por la Palabra y fortalecidos por el Espíritu, Cristo usa a los pastores teólogos tanto para interpretar el mundo como para transformarlo. Como si fueran socorristas, se adentran en la crisis de nuestro mundo poscristiano y forman discípulos para atender sus necesidades más urgentes.

Desastre en potencia
Ya no estamos en países cristianos. Las señales reveladoras de nuestro mundo poscristiano son la disminución de la influencia del cristianismo, el descenso de la asistencia a las iglesias, la disminución del respeto por la iglesia y la disminución de la influencia cristiana en los principales ingredientes de nuestra cultura: sus creencias, valores y prácticas. En nuestro mundo poscristiano, también se ha producido un cambio en la forma en que las personas entienden y reaccionan ante el término «cristiano».

Informados por la Palabra y fortalecidos por el Espíritu, Cristo usa a los pastores teólogos tanto para interpretar el mundo como para transformarlo

En algún momento del siglo XX, el mundo occidental se despertó, al igual que el ministro de la novela de John Updike In the Beauty of the Lilies [En la belleza de los lirios], para descubrir que había perdido la fe. La velocidad a la que el «post» ha afectado el entendimiento del cristianismo es sorprendente. ¿Qué acaba de pasar?

Ningún argumento o descubrimiento científico es responsable del fin de la era cristiana. La obra de Charles Taylor A Secular Age [Una era secular] sugiere que la revolución fue interior, en la forma en que la sociedad imagina el mundo y el lugar de la humanidad en él. Las razones son complejas, pero el resultado es palpable: habitamos un mundo en el que la existencia de Dios no se siente como algo obvio, intuitivamente correcto o plausible. El mundo se siente de este mundo.

Una de las muchas consecuencias de nuestra cultura poscristiana sobresale: la posalfabetización. Desde el principio, y más aún después de la Reforma y la imprenta, el cristianismo se ha centrado en la Palabra. En una cultura posalfabetizada, sin embargo, las personas se comunican a través de una variedad de plataformas multimedia; la palabra escrita ya no ocupa un lugar de honor. En una cultura saturada de TikTok, Instagram y YouTube, los periodos de atención deben ser de solo unos minutos (lo siento, predicadores de larga duración).

Una cosa es tener una visión elevada de las Escrituras, y otra muy distinta saber leer los diversos libros y géneros de la Biblia como parte de una historia canónica unificada

Si combinamos poscristiano y posalfabetizado, el resultado es el analfabetismo bíblico: la incapacidad de comprender la gramática, la historia o la lógica del cristianismo bíblico. Una cosa es tener una visión elevada de las Escrituras, y otra muy distinta saber leer los diversos libros y géneros de la Biblia como parte de una historia canónica unificada. En nuestra cultura poscristiana, incluso a los cristianos les cuesta saber cómo leer bien la Biblia o cómo navegar por los desacuerdos interpretativos.

Las personas siguen consumiendo noticias, pero el evangelio (las buenas noticias) es en gran medida ininteligible en un mundo poscristiano. La sobrecarga de información y las continuas noticias de última hora nos insensibilizan ante lo que realmente necesitamos saber: la verdadera noticia de última hora de que el reino de Dios está irrumpiendo en nuestro mundo a través del Espíritu de Jesucristo. No se puede concebir una noticia mejor.

El pastor-teólogo como socorrista
Para un secularista, el mundo es materia en movimiento, sin sentido a menos que los humanos puedan hacer algo con él. Abundan las historias distópicas y se respira un desencanto general. Sin embargo, en lugar de dejarse llevar por el pánico, muchos se divierten hasta la muerte.

La situación actual es una catástrofe en la que los pastores-teólogos actúan como socorristas, personas preparadas y capaces de aparecer y ayudar en emergencias y crisis.

Cuando oímos «socorristas», tendemos a pensar en bomberos, paramédicos y personal de búsqueda y rescate. Sin embargo, los pastores-teólogos también están en las trincheras, enfrentándose a vidas quebrantadas, familias fracturadas, muerte y desesperación. Están en la primera línea de los debates sobre ética, espiritualidad y política.

Podría decirse que la crisis más importante a la que deben enfrentarse los pastores-teólogos es el analfabetismo bíblico en la iglesia. La iglesia es la sociedad de Jesús, y los pastores son los encargados de garantizar que la historia que gobierna el imaginario de la congregación es la historia de lo que el Padre está haciendo en el Hijo a través del Espíritu para reunir todas las cosas a Cristo (Ef 1:10) y renovar y reconciliar todas las cosas en Él (2 Co 5:17-19).

Los pastores-teólogos responden a las exigencias de la vida y al reto exegético de leer la Biblia sirviendo a Cristo: proclamando, enseñando y celebrando su nueva realidad de el «ya pero todavía no».

La iglesia local: Lugar para la alfabetización bíblica y el cristianismo de nuevo nacimiento
No es momento para la desesperanza. No necesitamos reinventar la iglesia, sino redescubrirla, porque la iglesia es creación de Dios. No es momento de abandonar la teología, sino de profundizar en ella para llevar cautivo a Cristo todo pensamiento y todo imaginario social. La iglesia local es el lugar para cultivar la alfabetización bíblica, para aprender lo que todo cristiano necesita saber para representar a Cristo y Su reino.

No es momento de abandonar la teología, sino de profundizar en ella para someter a Cristo todo pensamiento y todo imaginario social

La iglesia local es la esperanza del mundo, pero solo si permanece en el dominio de la Palabra, al ser un lugar donde se cultivan hábitos de lectura y donde la Palabra que se lee se escucha y se practica. Los pastores-teólogos, quienes ministran la Palabra, son catalizadores de la alfabetización cristiana en parte ayudando a las personas a leerla como su principal narrativa de identidad.

Es en la iglesia local donde aprendemos la historia del Cristo cuyo nombre llevamos. Es en la vida en común de la iglesia donde el cristianismo se hace sentir socialmente plausible. El lugar de la iglesia local es en el mundo poscristiano, pero no es desde él donde el cristianismo debe nacer de nuevo.

El gobierno de Cristo se hace visible cuando llama, reúne y reconcilia la vanguardia de una nueva humanidad. ¿Puedes ver soplar al Espíritu?

Con disculpas a Marx, quien pensaba que había que superar el cristianismo, la verdad es que el mundo poscristiano nunca podrá ser más que precristiano, porque el mundo ya es y siempre será del Señor: «Del SEÑOR es la tierra y todo lo que hay en ella» (Sal 24:1).

Publicado originalmente en The Gospel Coalition. Traducido por Eduardo Fergusson.
Kevin J. Vanhoozer es profesor de investigación de teología sistemática en la Trinity Evangelical Divinity School de Deerfield, Illinois. Es autor de varios libros sobre teología, hermenéutica y cultura.

Desde Ecuador: Nuestra esperanza en medio de la conmoción

Una reflexión pastoral en respuesta al asesinato de Fernando Villavicencio
10 AGOSTO, 2023

MATÍAS PELETAY • JUAN MONCAYO

Ayer, 9 de agosto, fue asesinado el candidato presidencial Fernando Villavicencio, tras finalizar un acto político en Quito. A la salida del evento, un grupo de sicarios abrió una ráfaga de disparos que terminó con la vida de Villavicencio, quien recibió tres disparos en la cabeza. El político fue trasladado de urgencia a la clínica de La Mujer, donde confirmaron su deceso. Otras nueve personas resultaron heridas en el hecho.

Fernando Villavicencio era uno de los ocho candidatos que competirían el próximo 20 de agosto en las elecciones presidenciales. Su popularidad había empezado a crecer en los últimos años a raíz de sus denuncias contra casos de corrupción que involucraron a políticos y empresarios con grupos de crímen organizado. En septiembre de 2022, Villavicencio fue víctima de un atentado, cuando su casa recibió cinco disparos a modo de amenaza, según él mismo declaró. Semanas antes de su asesinato, el asambleísta denunció públicamente que tanto él como su equipo de campaña recibieron amenazas de muerte.

Ecuador arrastra una crisis política y vive momentos de conmoción a menos de dos semanas para que se celebren las elecciones presidenciales. El 17 de mayo de este año, el actual presidente Guillermo Lasso decretó la «muerte cruzada» para disolver la Asamblea Nacional y convocar a elecciones legislativas y presidenciales extraordinarias. Los comicios se celebrarán el próximo 20 de agosto y no se suspenderán a pesar del asesinato del candidato Fernando Villavicencio.

Esperanza para un mundo caído
Juan Moncayo, pastor en la iglesia La Fuente, en Quito, comparte la siguiente reflexión a la luz de los hechos que conmocionan al país sudamericano y al resto de la región:

Causa dolor lo que pasa en Ecuador. Para ser honesto, mi corazón, como el de muchos ecuatorianos, lucha con la desesperanza y la ansiedad, como también con el temor y la frustración. Estos sentimientos provienen de observar el contexto en el que vivimos: la maldad se sale con la suya, el sistema de justicia está roto, los gobernantes parecen tener las manos atadas, y el pueblo abiertamente dijo «no» a muchas medidas que sirvieron en Colombia y México para traer un poco de ayuda en la lucha contra el narcotráfico y el crimen organizado, entre otras cosas.

Debemos rogar a Dios que ministre nuestro corazón y levante nuestros ojos para que podamos ver Su presencia en medio de tanto dolor

Esto me recuerda al reporte de los espías israelitas, cuando vieron a los gigantes que habitaban en la tierra prometida (Nm 13). La mayoría de los espías trajeron noticias oscuras, difíciles y desesperanzadoras; como las que nos toca escuchar hoy. Sin embargo, en medio del desánimo, dos hombres de Dios animaron al resto del pueblo a confiar en las promesas y el poder del Señor (14:6-9). El reporte sobre los gigantes en la tierra prometida era cierto, pero Dios era más grande.

De la misma manera, en medio de tanta oscuridad necesitamos recordar ese «pero Dios». Debemos rogar a Dios que ministre nuestro corazón y levante nuestros ojos para que podamos ver Su presencia en medio de tanto dolor y recordar que:

  1. La justicia de Dios es perfecta.
    Los malvados de este mundo pueden escapar de toda la justicia imperfecta de este mundo, pero un día estaremos todos delante de la justicia perfecta de Dios, delante de la ira de un Dios Santo. Nadie podrá torcer esa justicia. Aquel momento será aterrorizante para los que cometieron iniquidades y no pusieron su confianza en Jesús para vivir según Su voluntad. En medio de nuestro lamento por la injusticia de este mundo caído, podemos descansar en que la justicia de Dios triunfará.
  2. Somos peregrinos en este mundo pasajero.
    Amo mi Ecuador. Dios me ha llamado a ser luz y sal en ese país; a orar y trabajar por la paz; a luchar para que mis hijos y mis nietos puedan tener un lugar dónde florecer y crecer. Sin embargo, mi nacionalidad terrenal no se compara con mi ciudadanía celestial y eterna.

En medio de nuestro lamento por la injusticia de este mundo caído, podemos descansar en que la justicia de Dios triunfará

La desesperanza que vivimos en este mundo es un recordatorio de que debemos gemir por el retorno de nuestro rey Cristo. Debemos fijar nuestros ojos en la eternidad. Como dijo C. S. Lewis: «Lo que no es eternamente útil es eternamente inútil». Oremos para que nuestro enfoque esté en lo eterno, para invertir toda nuestra vida en la eternidad, mientras clamamos por la misericordia de Dios para nuestro país.

  1. Alabemos a Dios y confiemos en Él.
    En estos momentos, debemos hacer nuestras las palabras del salmista:

¡Aleluya!
Oh alma mía, alaba al SEÑOR.
Alabaré al SEÑOR mientras yo viva;
Cantaré alabanzas a mi Dios mientras yo exista.
No confíen ustedes en príncipes,
Ni en hijo de hombre en quien no hay salvación (Sal 146:1-3).

Los reinos y reyes de este mundo vienen y van; solo el Rey Jesús y Su reino permanecen para siempre. Él es nuestra paz y quien trae la paz de Dios que sobrepasa todo entendimiento (Fil 4:7). Él es la torre fuerte, la roca eterna y nuestro refugio. Este triste suceso es una oportunidad que Dios nos da para calibrar nuestros corazones y examinar dónde está puesta nuestra confianza.

Oro para que estas palabras, que yo mismo me las estoy predicando, puedan ser de ánimo para muchos. Son tiempos oscuros no solo en Ecuador, sino en toda Latinoamérica. Pero vivamos como peregrinos que invierten sus vidas en lo que es eterno, aguardando a Cristo, nuestra esperanza segura.

Te invito a orar tanto por Ecuador como por toda nuestra región, y en especial, por nuestros corazones que se unen a la creación gimiendo: «Ven pronto, Señor».

Matías Peletay sirve como editor en Coalición por el Evangelio. Vive en Cachi (Salta, Argentina) con su esposa Ivana y su hija Abigail, y juntos sirven como misioneros de la Iglesia Bíblica Bautista Crecer. Puedes escucharlo en el podcast Bosquejos y seguirlo en Twitter.

Juan Fernando es uno de los pastores que plantaron la Iglesia La Fuente en Quito-Ecuador. Se graduó con una ingeniería en negocios de The Master’s University en California en donde conoció a su esposa Marissa y tienen una hija pequeña. Actualmente está terminando una Maestría en Divinidad en Clarks Summit University. Puedes encontrarlo en Twitter.

Introducción al Amilenialismo | Rafael Alcántara

Introducción al Amilenialismo

Rafael Alcántara

Nota del editor:
La verdad más fundamental que los cristianos debemos proclamar acerca de los últimos tiempos es que Jesucristo volverá. Pero a través de la historia, la Iglesia ha comprendido de diversas formas diferentes aspectos de esta doctrina. En este escrito puede encontrar una breve Introducción al Amilenialismo. Para una postura escatológica diferente, puede leer la introducción al Premilenialismo.

El amilenialismo es una postura escatológica que, de manera general, enseña que el Milenio del que habla Apocalipsis 20:1-10 se refiere al tiempo presente de la iglesia, donde Cristo está reinando en un trono celestial, y que culminará con Su Segunda Venida. El orden y la naturaleza de los eventos, según el amilenialismo, es como sigue:

  1. Gobierno actual del Mesías en un reinado espiritual.

2-La Segunda Venida de Cristo.

3-Conjuntamente con Su venida habrá una resurrección general, y todos los cristianos recibiremos al Señor en el aire.

4-Los enemigos de Cristo serán vencidos, y será celebrado el juicio final.

5-Finalmente, el mundo actual será destruido por fuego, y los justos pasaremos a habitar en el cielo nuevo y la tierra nueva por toda la eternidad.

En otros temas relativos a la naturaleza de la tribulación, el anticristo, y una salvación de judíos en el contexto del Nuevo Pacto, hay una diversidad de opiniones dentro de la misma escuela amilenial.

Argumentos a favor del Amilenialismo
1- Cristo es el verdadero Israel de Dios, de lo cual el Israel étnico del Antiguo Pacto era un tipo o sombra. Como la Iglesia está unida a Cristo, la Iglesia también es considerada como el Israel de Dios. Esta iglesia es el único pueblo de Dios en el Nuevo Pacto, y está compuesto tan solo de creyentes en Cristo, tanto de entre los judíos, como de entre los gentiles (Ro. 2:26-29; Ro. 4:9-12; Ro. 11:17-24; Ga. 3:14-16, 22, 23-29; Ef 2:11-22).

2- La Segunda Venida de Cristo será un único evento, conjuntamente con el arrebatamiento de la iglesia. Es lo que se conoce en escatología como “postribulacionismo” (Mt. 24:3-44; 2 Tes. 2:1-3).

3- La Manifestación del Reino de Dios, prometido en el Antiguo Pacto, halla su cumplimiento definitivo en la persona de Cristo. Este tendría dos etapas fundamentales: Siembra, en su Primera Venida, y Cosecha, en su Segunda Venida (Mt. 13:24-30, 36-43; Mt. 13:47-50).

4- Los autores del Nuevo Testamento interpretaron muchas profecías del Antiguo Testamento acerca de los postreros días como cumplidas plenamente en Cristo y/o la Iglesia; ya sea en la Primera Venida, en la Segunda, o en ambas venidas presentadas como un solo evento (cp. Am. 9:11-12 con Hch. 15:14-18; Is. 65:17; 66:22 con Ap. 21:1).

5- La división de la historia de la humanidad en dos etapas, esta era presente y la era venidera, como es enseñada por Cristo y Pablo, es más consistente con el esquema amilenial (Mt. 12:32, Mr. 10:29-30, Lc. 20:34-36). ¿Cuándo termina esta era presente y cuando comienza la era venidera? En la Segunda Venida de Cristo (Mt. 13:24-30, 37-43; Tit. 2:11-13).

6- La división de la historia de la humanidad en tres etapas, enseñadas en 2 Pedro 3:3-13, es también más consistente con este esquema amilenial. Pedro dice que el mundo de ahora será destruido por fuego el día en que ocurra el Juicio de Dios (2 P. 3:7). ¿Cuándo ocurrirá el juicio de Dios? Cuando Jesucristo vuelva (2 P. 3:8-10). En ese momento no habrá oportunidad de salvación (v.9). Con la Segunda Venida será establecida la Tierra Nueva.

7- La enseñanza de Cristo respecto al juicio final en Mateo 25:31-46 excluye cualquier reino terrenal intermedio entre la segunda venida y el estado eterno.

El debate en torno a Apocalipsis 20:1-10
El libro de Apocalipsis puede ser explicado como un conjunto de visiones que, aunque suceden una detrás de la otra, representan un paralelismo progresivo que atraviesa toda la nueva dispensación desde la primera venida de Cristo hasta su retorno en gloria. (Ver por ejemplo Ap. 11:15-19 con Ap. 12:1-5).

Hay algunos detalles del mismo pasaje de Apocalipsis 20:1-10 que nos pueden ayudar a defender el postulado de que el mismo se refiere a esta era evangélica:

Los mil años. Este mismo pasaje, al igual que en el resto del libro de Apocalipsis, está lleno de símbolos. (Ej.: la llave del abismo, la gran cadena, el dragón, la serpiente). Y en la Biblia el termino “mil”, muchas veces es usado de forma simbólica. (Ver. Dt 1:11; 7:9; Jos. 9:3; 1 Cr. 16:15; Job 9:3; Sal. 50:10; Cnt. 4:4; Is. 60:22). De modo que los mil años de Apocalipsis 20 pueden estar indicando un período largo pero definido de tiempo.

La atadura de Satanás. Como parte de la simbología del pasaje, la pregunta que debemos de hacernos es, ¿en qué sentido Satanás ha sido atado en esta era evangélica? Antonio Hoekema responde al respecto: “…la atadura de Satanás durante la era presente del evangelio significa que, en primer lugar, él no puede evitar la propagación del evangelio y, segundo, que Satanás tampoco puede juntar a los enemigos de Cristo para atacar a la iglesia”*. Este no es el único pasaje del Nuevo Testamento donde se menciona esta restricción del poder de Satanás (cp. Mt 12:28-29 y Heb. 2:14-15).

Los tronos y las almas: La palabra “tronos” en Apocalipsis siempre se usa para referirse a tronos en los cielos o en la nueva Jerusalén que baja del cielo, salvo cuando habla del trono de la bestia. Y tenemos también la palabra “almas”, que es usada en Apocalipsis 6:9-11 para referirse a los creyentes que han muerto (sobre todo los mártires) y que esperan el día de la resurrección. No debe resultar extraño, entonces, si en este pasaje le damos el mismo uso a estos términos. De modo que aquí parece ser que se nos habla de un reino milenial simbólico de los que han muerto en Cristo, principalmente los mártires, durante la actual Era Evangélica.

Estas almas volvieron a la vida, en el sentido de que al partir de un mundo que les fue antagónico que hasta les dio muerte, pasaron a una vida mejor, ya que en ese momento comenzaron a reinar con Cristo, a diferencia de los que mueren sin Cristo. La primera resurrección de la que habla Apocalipsis 20:5 es entonces el estado de vida superior que pasan a gozar todos los creyentes en alma, al momento de morir.

Estos no sufrirán la muerte segunda. A diferencia de la primera muerte, en la que todos participan, sean creyentes o incrédulos, la muerte segunda es la condenación que han de recibir los incrédulos por la eternidad.

La confrontación final. En Apocalipsis 20:7-10 vemos que esta era presente concluirá con el desatamiento de Satanás, es decir, con un esfuerzo final de su parte de destruir al pueblo de Dios. Pero sus propósitos serán frustrados con la intervención divina, destruyendo a sus enemigos con llama de fuego. ¿Cuándo ocurrirá esta intervención divina con fuego para destruir a los enemigos del pueblo de Dios? Cuando Cristo vuelva, según 2 Tesalonicenses 1:7-8 y 2 Tesalonicenses 2:8.

Palabras finales
El esquema escatológico amilenialista nos ayudará a enfocarnos mejor en el tema fundamental de las profecías. Este tema no es la nación de Israel, ni el reino milenial: es la persona de Jesucristo (Ap. 19:9-10). Jesús es el esposo de la Iglesia, pero en el momento de su retorno se consumará esa unión. No habrá nada que opaque ese gloriosa boda que celebraremos cuando Él venga a estar para siempre con su pueblo.

Definitivamente hay hombres de Dios, a quienes respeto y amo en el Señor, y de quienes tengo mucho que aprender, que explicarían estas cosas de una forma diferente a como yo lo he hecho. Pero estoy seguro de que ellos podrán unirse conmigo y expresar la siguiente verdad: “Que no importa cuánto avance la maldad en este mundo, ni la hostilidad en contra de la iglesia, al final el Cordero vencerá, y nosotros venceremos con Él”.

Apocalipsis 17:14: “Estos pelearan contra el Cordero, y el Cordero los vencerá, porque El es Señor de señores y Rey de reyes, y los que están con El son llamados, escogidos y fieles.”

*¿Qué es el Milenio? Cuatro enfoques para una Respuesta, Pág.154, Casa Bautista de Publicaciones, 1991.


Rafael Alcántara es uno de los pastores de Iglesia Bíblica del Señor Jesucristo, en República Dominicana, donde colabora con la enseñanza y la consejería, así como en la capacitación de líderes y la predicacion en diversas iglesias locales. Tiene una maestria en Estudios Teológicos. Ha sido profesor de Historia de la Iglesia y actualmente enseñanza Teología Sistemática en el Seminario Bautista Dominicano. Está casado con Gleny Troncoso y tiene dos hijas. Puedes encontrarlo en Twitter.

Dios te llama a una vida de servicio | Pilar Herrera

Dios te llama a una vida de servicio

Pilar Herrera

Cuando el Señor obró en mí y me transformó, yo era una jovencita sin experiencia en la vida y la iglesia. Cuando oía expresiones como “tal persona se fue a tal país a servir al Señor”, pensaba que solo los pastores o misioneros eran quienes servían a Dios, que esto era solo una labor para unos privilegiados. Y por supuesto, que un llamado de parte de Dios para servirle a tiempo completo solo es para algunas personas.

Quisiera hablarte la verdad sobre esto, pero veamos primero qué significa la palabra servir. Se trata de estar al servicio de alguien, sujeto a una persona por cualquier motivo haciendo lo que él quiere o dispone. Todo verdadero creyente es un siervo de Dios (Ro. 6:22), comprado con la sangre preciosa de Jesucristo en la cruz. Ya no nos pertenecemos a nosotros mismos. No somos los dueños de nuestra vida, sino que tenemos el mejor amo y Señor del mundo: Dios.

Cuando el apóstol Pablo tuvo un encuentro con Jesús en el camino a Damasco, una de las primeras cosas que le preguntó fue: “Señor, ¿qué quieres que yo haga?” (Hch. 9:6). Esto nos recuerda que todo discípulo de Jesús es su siervo. En el Nuevo Testamento, tenemos algunos ejemplos. Mencionaré solo dos como ilustración:

La suegra de Pedro cuando el Señor la sanó de su fiebre; ella le servía a Él y a sus discípulos (Mt. 8:15).
Un grupo de mujeres que seguían a Jesús y sus discípulos mientras iban por las ciudades y aldeas predicando el evangelio; ellas le servían con sus bienes (Lc. 8:1-3).
El servicio a Dios fluye de un corazón agradecido a Él por perdonarnos y salvarnos

El servicio a Dios fluye de un corazón agradecido a Él por perdonarnos y salvarnos. Queremos servir a Dios sirviendo a los demás. Para servir a los demás, hace falta tener un corazón humilde y amoroso. Debemos considerar a los demás como superiores a nosotros mismos:

“No hagan nada por egoísmo o por vanagloria, sino que con actitud humilde cada uno de ustedes considere al otro como más importante que a sí mismo, no buscando cada uno sus propios intereses, sino más bien los intereses de los demás”, Filipenses 2:3-4.

Los intereses de un siervo
Dios nos llama a una vida de servicio, y un siervo no mira por sus intereses en primer lugar, sino por las necesidades de los que le rodean. Por eso no hay un lugar específico de servicio, porque toda nuestra vida tiene que ser de servicio a Dios. No tenemos un traje de siervo para ciertas horas del día, o para ciertos días de la semana. El siervo cristiano lo es las 24 horas del día y los siete días de la semana.

Para servir a los demás, hace falta tener un corazón humilde y amoroso. Debemos considerar a los demás como superiores a nosotros mismos

A veces creemos que la iglesia es el lugar para el servicio cristiano, cuando tenemos un ministerio o responsabilidad de servir a los demás. Esto es verdad en un sentido. En la iglesia debe haber un orden y no todos pueden o deben predicar desde un púlpito, no todos pueden o deben ser maestros de jóvenes o niños, no todos son evangelistas, etc. Para que una iglesia funcione, todos los miembros han de poner al servicio del Señor los dones que recibieron de parte de Él. Dios nos da dones para servir a los demás, no para nuestro propio beneficio o disfrute, sino para la edificación de su pueblo. El apóstol Pedro lo deja claro:

“Según cada uno ha recibido un don especial, úselo sirviéndose los unos a los otros como buenos administradores de la multiforme gracia de Dios. El que habla, que hable conforme a las palabras de Dios; el que sirve, que lo haga por la fortaleza que Dios da, para que en todo Dios sea glorificado mediante Jesucristo, a quien pertenecen la gloria y el dominio por los siglos de los siglos. Amén”, 1 Pedro 4:10-11.

Por lo tanto:

Todos tenemos uno o varios dones que hemos recibido de Dios. No pongas excusa de que no sabes hacer nada; tienes algo que ofrecer sirviendo a la iglesia. Si no estás seguro, pregunta a tu pastor o a alguien que te conozca bien.
Los dones que recibiste no son para lucirte y que otros digan qué bien sirves o haces cualquier trabajo. Son para ministrar a los demás, para edificación de la iglesia.
Debemos servir y ministrar a otros como buenos administradores, con un espíritu humilde. No te alabes por lo que haces. ¡Qué triste es ver a algunos recitando y pavoneándose de todo lo que hacen por el Señor! ¡Cuidado con el orgullo!
Los dones que Dios nos da son regalos de su gracia, no los merecemos.
Si tienes ciertos dones, no pienses que se debe a que eres muy inteligente o sabes ministrar bien. El poder para servir viene de Dios. Por nuestras propias fuerzas, sería imposible. Se trata del poder de Dios obrando y capacitándonos para servir.
Todo lo que hagamos para servir a Dios y los demás es para la gloria de Dios como fin último. No para tu propia gloria o para que te den aplausos.
Servicio más allá del templo
Al mismo tiempo, necesitamos entender que servir es un estilo de vida. No solo servimos en la iglesia, sino que en todas las esferas de nuestra vida debemos tener un espíritu de servicio.

Así que cuando estás cambiando el pañal de tu bebé, estás sirviendo; cuando estás cuidando y siendo ayuda idónea para tu esposo, estás sirviendo; cuando cuidas los niños de un matrimonio para que puedan salir a pasear o cenar solos, estás sirviendo; cuando estás en tu trabajo y tienes que hacer tareas desagradables, estás sirviendo al Señor. Debemos remangar nuestras mangas y hacer el trabajo sucio, o el trabajo que nadie quiere hacer. Tenemos que estar dispuestos a servir a los que no pueden recompensarnos.

El Dios santo, creador del universo, el rey de reyes, ¡se hace siervo! Por amor a nosotros y para salvarnos

A mí me ha ayudado mucho, a la hora de hacer una tarea desagradable, como limpiar baños en la iglesia —por ejemplo—, pensar que lo hago para mi Señor. Cuando pienso en eso, mi actitud cambia por completo. “Todo lo que hagan, háganlo de corazón, como para el Señor y no para los hombres” (Col. 3:23). Servir trae una satisfacción personal de saber que estamos haciendo lo que el Señor quiere, y Él ve cada vaso de agua fría que ofreces a un niño en su nombre.

Quiero terminar con el mejor ejemplo, el de nuestro Señor Jesús:

El Hijo del Hombre no vino para ser servido, sino para servir y dar su vida en rescate por muchos (Mt. 20:28).
Recuerda cómo Jesús lavó los pies de sus discípulos. Allí tenemos un buen ejemplo de servicio y humildad, para que siguiéramos su ejemplo (Juan 13:1-20).
Jesús se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres. Se humilló a sí mismo y fue a la cruz. El Dios santo, creador del universo, el rey de reyes, ¡se hace siervo! Por amor a nosotros y para salvarnos (Fil. 2:5-8).
Por lo tanto, si nuestro Señor se hizo siervo por nosotros, ¿acaso haremos algo de más si nosotros nos hacemos siervos por Él?

Pilar Herrera es hija y sierva de Dios por pura gracia. Esposa del pastor Luis Cano desde 1985, madre de Bequi y Débora. Junto a su esposo sirve en la “Iglesia Cristiana Evangélica” de Ciudad Real, España. También es maestra de inglés en un colegio público de infantil y primaria. Desde hace 30 años participa activamente en la “Asociación de Campamentos Cristianos Castilla La Mancha” para niños y adolescentes.

El significado de la masculinidad | PHILLIP HOLMES

El significado de la masculinidad | PHILLIP HOLMES

Una de las cosas que más me gusta hacer mientras limpio la cocina o hago otras tareas de la casa es llamar a mi mamá. Se ha convertido en un patrón, tanto que cuando llamo, ella me dice en broma: «Debes estar limpiando la cocina».

En una conversación reciente, le confesé que he estado luchando como esposo. Le expliqué que no había logrado comprender del todo cómo luce la verdadera masculinidad. Durante la mayor parte de mi vida, había asumido que si me ocupaba de mí mismo —trabajando, pagando mis facturas, comprando mi comida y encontrando un refugio adecuado— estaba cumpliendo con el llamado de Dios a la masculinidad.

El papel de liderazgo que Dios ha dado a los hombres no es una oportunidad para ser servido, sino un llamado a servir de forma sacrificial

A medida que crecía en mi comprensión de la masculinidad bíblica, descubrí que la verdadera masculinidad exigía más de mí. Como hombre soltero, no había puesto en práctica lo que sabía que requiere el matrimonio. En secreto, pensaba que el matrimonio me cambiaría milagrosamente y me haría un mejor hombre. No bebí de la fuente de la verdadera masculinidad como soltero, así que ahora estoy bebiendo a borbotones desde una gran manguera como nuevo esposo. Ahora estoy aprendiendo de la manera más difícil sobre el elevado y arduo llamado de la masculinidad.

La entrega y sacrificio de Jesús
La vida de Jesús encarnó la verdadera masculinidad. ¿Cómo no iba a hacerlo? Sin duda, podríamos enumerar una larga lista de características que Jesús encarnó y que lo convirtieron en un hombre verdadero. Sin embargo, dos rasgos dignos de mención son Su entrega y sacrificio.

Las enseñanzas de Jesús en los evangelios están empapadas de estos temas. Cuando le preguntaron: «Maestro, ¿cuál es el gran mandamiento de la ley?», Jesús responde:

Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente. Este es el grande y primer mandamiento. Y el segundo es semejante a este: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. De estos dos mandamientos dependen toda la ley y los profetas (Mt 22:36-40).

Además, Jesús no solo nos enseñó a amar al prójimo, sino a amar y orar por nuestros enemigos (Mt 5:44). Es más fácil sacrificarse y actuar desinteresadamente hacia aquellos que consideramos dignos de nuestro afecto, amor y recursos, pero la verdadera masculinidad se muestra cuando nos sacrificamos libre y desinteresadamente por los indignos.

Junto a sus enseñanzas, Jesús añadió un testimonio insuperable de Su entrega y sacrificio: la creciente humildad de Su vida, incluso hasta la muerte. A lo largo de Su ministerio, renunció desinteresadamente a Su tiempo, energía y recursos por el bien de los demás. Pablo escribe que Cristo «se despojó a Sí mismo» y asumió «forma de un siervo». Pablo nos exhorta a adoptar esta mentalidad: «Haya, pues, en ustedes esta actitud que hubo también en Cristo Jesús» (Fil 2:5-8). El estilo de vida de Cristo es un modelo no solo para los casados, sino también para la forma en que deben vivir los hombres (y mujeres) solteros.

La mejor muestra de la entrega y el sacrificio de Jesús fue cuando fue libremente a la cruz por el bien de Su novia, por obediencia a Su Padre y por el gozo puesto ante Él. Nuestro perfecto Salvador murió por una novia que, sin lugar a dudas, había demostrado que no era digna de tal sacrificio. Lo cual presenta un hermoso cuadro de cómo los esposos pecadores deben amar y apreciar a sus esposas.

Los hombres de verdad dan libremente
Muchos manifiestan una enorme desconexión entre lo que dicen y hacen. Sin embargo, como podemos ver, la vida de Jesús encarnó Su enseñanza de forma completa y perfecta. A diferencia de nosotros, Jesús comprendió mejor que nadie las implicaciones de Sus enseñanzas y nunca recortó las distancias por comodidad y conveniencia personal.

Aprendemos de Jesús que la verdadera masculinidad no consiste simplemente en mantener nuestras cosas limpias y ordenadas. La verdadera masculinidad significa ir más allá de nosotros mismos para amar a nuestro prójimo, el cual es cualquiera que conozcamos que tenga alguna necesidad. Los verdaderos hombres dan libremente su tiempo, sus recursos, su atención, su energía y su apoyo emocional a los que lo necesitan sin tener en cuenta lo que puedan recibir a cambio.

La verdadera masculinidad significa ir más allá de nosotros mismos para amar a nuestro prójimo

Para el hombre cristiano soltero, esto significa dar libremente de su tiempo y sus recursos mostrándose hospitalario, ofreciéndose como voluntario en la iglesia, atendiendo a los necesitados, visitando a los enfermos y ayudando a los ancianos. Tiene implicaciones aún para la administración de su dinero. ¿Podrías dar más a la causa de Cristo ya que tus gastos actuales son menores? ¿Cómo puedes honrar a tus padres en esta etapa? Podrías comprobar con más regularidad si tienen alguna necesidad que puedas satisfacer.

Para el hombre casado, su prójimo más cercano es su mujer y sus hijos. La masculinidad significa inclinarse en su matrimonio y en su familia. Significa proveer para ellos física, financiera, emocional y espiritualmente. Significa amar humildemente a su esposa, incluso en los momentos en que siente que ella es especialmente indigna de ese amor, y amar a sus hijos cuando parecen ser los que menos lo merecen. Los hombres de verdad honran a su padre y a su madre, y están deseosos de «recompensar a sus padres, porque esto es agradable delante de Dios» (1 Ti 5:4).

El gran llamado de la masculinidad
La primera vez que llamé a mi mamá mientras lavaba los platos, se sorprendió porque sabía que los actos así no eran naturales. Siempre he sido rápido para pensar en mí mismo y lento para pensar en los demás. Pero su reacción al verme limpiar la cocina, que fue divertida en el momento, me anima hoy. Me recuerda que, aunque el camino hacia la masculinidad ha sido lento y difícil, he crecido, aunque el crecimiento parezca insignificante. Su asombro me recuerda que Dios está obrando.

La verdadera masculinidad es un llamado difícil e incómodo, ya sea que estés soltero o casado. El papel de liderazgo que Dios ha dado a los hombres no es una oportunidad para ser servido, sino un llamado a servir de forma sacrificial. En un mundo que ofrece gratificación inmediata —en términos financieros, emocionales y sexuales— la masculinidad cristiana puede parecer poco atractiva e incluso sin sentido por momentos. ¿Por qué vivir de forma desinteresada y sacrificada cuando puedo hacer lo contrario y disfrutar de un placer instantáneo? Cuando la sociedad nos dice que el liderazgo equivale a un privilegio, ¿por qué aferrarse a la visión bíblica del liderazgo como sacrificio?

Los verdaderos hombres se niegan a sí mismos los placeres carnales para tener un verdadero gozo en Jesús

Los verdaderos hombres se niegan a sí mismos los placeres carnales para tener un verdadero gozo en Jesús. Ya sea que estés casado o soltero, si no estás sirviendo a tu prójimo de manera desinteresada y sacrificial, no estás caminando plenamente en la masculinidad bíblica. Los niños dicen: «Soy responsable de mí mismo». Los hombres dicen: «Soy responsable por mi prójimo». Los niños son obligados a dar, pero los hombres dan libremente porque se les ha dado libremente. Los niños esperan que su esposa o su madre laven los platos, pero los hombres se apresuran a tomar la esponja y el jabón. En última instancia, la masculinidad significa servir a los demás tanto o más que a uno mismo.

Aunque las recompensas temporales no siempre son inmediatas, las eternas valen la pena. Dios Padre demuestra que sí recompensará a los obedientes y fieles, como lo hizo con Su desinteresado y sacrificado Hijo:

Por lo cual Dios también lo exaltó hasta lo sumo, y le confirió el nombre que es sobre todo nombre, para que al nombre de Jesús se doble toda rodilla de los que están en el cielo, y en la tierra, y debajo de la tierra, y toda lengua confiese que Jesucristo es Señor, para gloria de Dios Padre (Fil 2:9-11).

Publicado originalmente en Desiring God. Traducido por Equipo Coalición.
Phillip Holmes es el vicepresidente de comunicaciones institucionales del Reformed Theological Seminary [Seminario Teológico Reformado] y propietario de Highest Good, una agencia de marketing y estrategia digital. Él y su esposa Jasmine tienen dos hijos, Walter Wynn y Ezra Langston. Son miembros de la iglesia Redeemer de Jackson, Mississippi.

¿Qué dice la Biblia sobre los 144 mil de Apocalipsis | NATHAN DÍAZ

¿Qué dice la Biblia sobre los 144 mil de Apocalipsis?
NATHAN DÍAZ

Nota del editor:
Este es un fragmento adaptado del libro Escatología práctica: Cómo vivir los últimos tiempos hoy (Poiema Publicaciones, 2023).

El grupo de personas más misterioso y controversial de todo Apocalipsis sin duda son los 144 mil mencionados por el apóstol Juan. Por lo tanto, dedicaré espacio y tiempo a analizar este grupo descrito en Apocalipsis 7 y 14. Leamos primero los pasajes:

Después de esto, vi a cuatro ángeles de pie en los cuatro extremos de la tierra, que detenían los cuatro vientos de la tierra, para que no soplara viento alguno, ni sobre la tierra ni sobre el mar ni sobre ningún árbol. También vi a otro ángel que subía de donde sale el sol y que tenía el sello del Dios vivo. Y gritó a gran voz a los cuatro ángeles a quienes se les había concedido hacer daño a la tierra y al mar: «No hagan daño, ni a la tierra ni al mar ni a los árboles, hasta que hayamos puesto un sello en la frente a los siervos de nuestro Dios». Oí el número de los que fueron sellados: 144000 sellados de todas las tribus de los Israelitas. De la tribu de Judá fueron sellados 12000; de la tribu de Rubén, 12000; de la tribu de Gad, 12000; de la tribu de Aser, 12000; de la tribu de Neftalí, 12000; de la tribu de Manasés, 12000; de la tribu de Simeón, 12000; de la tribu de Leví, 12000; de la tribu de Isacar, 12000; de la tribu de Zabulón, 12000; de la tribu de José, 12000 y de la tribu de Benjamín fueron sellados 12000 (7:1-8).

Miré que el Cordero estaba de pie sobre el Monte Sion, y con Él 144000 que tenían el nombre del Cordero y el nombre de Su Padre escrito en la frente. Oí una voz del cielo, como el estruendo de muchas aguas y como el sonido de un gran trueno. La voz que oí era como el sonido de arpistas tocando sus arpas. Y cantaban un cántico nuevo delante del trono y delante de los cuatro seres vivientes y de los ancianos. Nadie podía aprender el cántico, sino los 144000 que habían sido rescatados de la tierra. Estos son los que no se han contaminado con mujeres, pues son castos. Estos son los que siguen al Cordero adondequiera que va. Estos han sido rescatados de entre los hombres como primicias para Dios y para el Cordero. En su boca no fue hallado engaño; están sin mancha (14:1-5).

¿Por qué 144 mil? ¿Por qué es omitida la tribu de Dan en la lista? ¿Son solo hombres solteros? ¿Tienen el nombre del Cordero y del Padre escrito en la frente? ¿Son personas que nunca han pecado? Sería imposible contestar todas estas preguntas con una explicación racional si quisiéramos forzar una interpretación literal del texto. Las respuestas realmente son bastante fáciles si profundizamos más sobre el origen de estos símbolos. Tratemos con cada una de las preguntas que surgen de aquí a continuación.

El significado del enigmático número de 144 mil
A lo largo de la Biblia encontramos que el número doce es usado para representar la elección de un pueblo especial y apartado para Dios. En el Antiguo Testamento, vemos a las doce tribus de Israel; en el Nuevo Testamento, a los doce apóstoles (incluso Judas tuvo que ser reemplazado para completar este número, como narra Hechos 1:24-26). Por tanto, no debe sorprendernos que cuando llegamos a un libro simbólico como Apocalipsis, el pueblo escogido de Dios se describa varias veces con múltiplos del número doce. Los veinticuatro ancianos representan a la iglesia triunfante. La nueva Jerusalén representa a la iglesia en perfecta comunión con Dios, tiene a los doce apóstoles y a las doce tribus de Israel junto con medidas que también resultan en doce mil estadios y 144 codos (ver Ap 21:9-27, la única vez que se repiten estos números en el libro). Es decir, en el libro de Apocalipsis encontramos que los múltiplos de doce se usan para representar al pueblo escogido de Dios de todos los tiempos. Por otro lado, el número 1000 tiene la idea de un número grande y completo (cp. Ap 6:11, el número completo de escogidos establecido por Dios). Sobre este número, José Grau comenta:

Para expresar el concepto de aquello que está completo en grado sumo y último, el hombre primitivo —que no podía expresar dicho concepto en su limitado idioma— elevaba el número 10 al cubo, es decir, 10 por 10 por 10, y así tenía el número 1000.1

Por lo tanto, el simbolismo de 12 por 12 por 1000 es muy importante en cuanto al número completo del pueblo de Dios. Así pues, 144 mil representa el grupo de santos que pueden sostenerse en pie en el día de la ira del Cordero (Ap 6:17).

Razones por las que se enlistan 12 mil de cada tribu
Cuando entendemos los paralelos que existen en el Antiguo Testamento, vemos que cuando las tribus eran enlistadas con números, era porque estaban siendo consideradas como un ejército para la batalla y para la conquista (Nm 1:23). La iglesia de Cristo representa esta realidad: somos el ejército de Dios. La única razón por la que se necesita un ejército es porque hay un enemigo, y ese es justamente el contraste de Apocalipsis: el pueblo de Dios contra los enemigos de Dios.

Sobre la identidad étnica que se resalta en Apocalipsis 7, aunque se mencionan específicamente a las doce tribus de Israel, tenemos que poner atención a las diferencias y similitudes que existen con las otras listas de tribus en la Biblia. Primero, veamos cómo las diferencias son importantes e intencionales. Este es el único lugar donde aparece en primer lugar la tribu de Judá. Tal pista nos apunta a la diferencia principal que existe con otros lugares donde aparecen las doce tribus, pues su principal identidad radica en el representante máximo, en el León de la tribu de Judá: Jesucristo (ver Ap 5:5).

La exclusión de Dan por ser una tribu idólatra (Jue 18; 1 R 12:29-30) representa la pureza y la fidelidad de la iglesia (en la tradición judía, se consideraba que el anticristo vendría de Dan). Esto nos apunta a las siguentes características: se dice por eso que son vírgenes (Ap 14:4); se incluye a Leví, que no heredaría tierra, pero que representaría el rol sacerdotal (Ap 1:6; 5:10; 7:15); y se expone la preeminencia que reciben las tribus provenientes de las concubinas Bilha y Zilpa (Manasés, Neftalí, Gad y Aser), las cuales normalmente se enlistaban al final, que representan la inclusión de los gentiles. Al considerar lo que Apocalipsis enseña respecto a la iglesia como la esposa de Cristo, un ejercicio útil es recordar los significados de los nombres de las tribus de Israel y las razones por las que se les dieron esos nombres (Gn 29:31 – 30:23; 35:16-18). Si usamos el significado del nombre en lugar del nombre, estas serían las doce tribus:

Ahora alabaré al Señor; el Señor ha mirado mi aflicción; ¡qué afortunado!; feliz soy, con luchas de Dios he contendido y he vencido; Dios me hizo olvidar todo mi trabajo; porque el Señor oyó que era menospreciado, me ha dado este hijo; ahora esta vez se unirá mi marido conmigo; el Señor me ha dado mi recompensa; Dios me ha dado un buen regalo; ahora morará conmigo mi marido; añádame el Señor el hijo de Su diestra.

¿No es maravillosa y relevante esta realidad y a la vez una esperanza para la iglesia de todos los tiempos? No estoy apelando a ningún código oculto dentro del libro, sino más bien a un entendimiento más profundo de las alusiones al Antiguo Testamento que existen en Apocalipsis.

Ahora bien, ¿qué pistas encontramos en Apocalipsis sobre la identidad de los que Dios considera como verdaderos judíos? En las cartas a las siete iglesias de Apocalipsis 2 – 3, encontramos dos iglesias sin reprensión: Esmirma y Filadelfia. A ambas se les aclara que hay personas judías étnicamente hablando, pero no a los ojos de Dios:

Yo conozco tu tribulación y tu pobreza (pero tú eres rico), y la blasfemia de los que se dicen ser judíos y no lo son, sino que son sinagoga de Satanás (Ap 2:9).

Por tanto, yo entregaré a aquellos de la sinagoga de Satanás que se dicen ser judíos y no lo son, sino que mienten; yo haré que vengan y se postren a tus pies, y sepan que yo te he amado (Ap 3:9).

Por tanto, vemos que Apocalipsis está retomando los términos «judíos» e «Israel» para ampliar su significado, así como sucede en muchos lugares del Nuevo Testamento (Gá 2:6-9; 3:29; 4:28; 6:15-16; Ro 4:11-17; 9:6-8; Ef 2:11-22). Si los reyes, los sacerdotes, el cordero, el templo y Jerusalén toman un significado mucho más amplio y glorioso en Apocalipsis que en el Antiguo Testamento, ¿por qué pensaríamos que los «judíos» no? También los enemigos del pueblo de Dios son representados como naciones étnicas del Antiguo Testamento, pero en Apocalipsis tienen un sentido más amplio (p. ej., Sodoma, Egipto o Babilonia). Este cumplimiento más amplio se afirma cuando vemos todos los paralelos que existen entre la iglesia redimida y los 144 mil.

Adquiere el libro.

1 José Grau, Las profecías de Daniel (Barcelona, España: Ediciones Evangélicas Europeas, 1977) p. 190.
​Nathan Díaz es pastor de enseñanza en la Iglesia Evangélica Cuajimalpa en la ciudad de México y productor del programa de radio “Clasificación A”, que se transmite en diversas emisoras a lo largo del mundo hispano. Estudió Biblia y teología en el Instituto Bíblico Moody de Chicago. Él y su esposa Cristin tienen tres hijos, Ian, Cael y Evan.

Divisiones en la iglesia | Jairo Namnún

Divisiones en la iglesia

Jairo Namnún

Imagina una iglesia en una ciudad importante, repleta de nuevos creyentes y con varios pastores en medio de ellos. Resulta que esta congregación tuvo un pastor “plantador”. Ese que llegó a arar el terreno y poner la semilla. El que llegó nuevo a la ciudad y presentó el evangelio y preparó a los primeros líderes. Pero resulta que con el tiempo llegaron otros líderes. Uno en específico, vino de otra congregación, mostrando sabiduría y poder. El pastor plantador ya se ha ido: está en otro lugar, plantando iglesias. Por supuesto, muchos lo extrañan. “Ay, las cosas eran diferentes antes”, dicen. Pero este otro impactante líder también tiene sus seguidores. “Por fin esta iglesia es lo que tiene que ser”.

Una división como esta debe causar muchos problemas dentro de la iglesia, ¿cierto? Quizás tú mismo has estado en una situación similar.

Ahora, no tenemos que imaginarnos una iglesia como esa: la tenemos en la Biblia.

“Así que yo, hermanos, no pude hablarles como a espirituales, sino como a carnales, como a niños en Cristo. Les di a beber leche, no alimento sólido, porque todavía no podían recibirlo. En verdad, ni aun ahora pueden, porque todavía son carnales. Pues habiendo celos y discusiones entre ustedes, ¿no son carnales y andan como hombres del mundo? Porque cuando uno dice: “Yo soy de Pablo,” y otro: “Yo soy de Apolos,” ¿no son como hombres del mundo?”, 1 Corintios 3:1-4

El contexto de la división
La iglesia en Corinto tenía problemas serios. Uno de los problemas que se repite constantemente en la carta es este: la división. Pablo fundó la iglesia en Corinto poco después de su visita a Atenas (Hch. 18:1-17), y estuvo entre ellos no menos de un año y seis meses (Hch. 18:11). Aparentemente, Priscilla y Aquila estuvieron con él por algún tiempo en esta plantación (Hch. 18:3-5). Esta misma pareja es aquella que se encuentra con e instruye a Apolos un poco más adelante en Éfeso (Hch. 18:26), quien tenía una presencia imponente en la iglesia, por su elocuencia y su habilidad del manejo del Texto. Es la iglesia en Éfeso –en la cual estaban Priscilla y Aquila– quienes motivan a Apolos a que fuera a Corinto (Hch. 18:27-19:1. Corinto era la capital de la provincia de Acaya). Éste predicador estuvo entre los corintios por algún tiempo después de Pablo, enseñando y alentando a la congregación, y sin duda algunos lo prefirieron a él antes que al apóstol Pablo. Otros evidentemente se quedaron con el recuerdo de Pablo y preferían al apóstol que a este predicador.

Problemas entre ovejas
Desde aquí podemos ver que entre Pablo y Apolos no había división. Pablo plantó la iglesia, compañeros de ministerio de Pablo instruyeron a Apolos, y Apolos fortaleció a la iglesia en Corinto. Lo que es más, en la misma Carta a los Corintios (1 Co. 16:12) vemos que Pablo y Apolos mantenían una constante relación. La Biblia no presenta ningún tipo de problemas entre estos líderes. El problema era entre las ovejas.

Sin duda, en algún momento todos hemos pasado por una situación similar, donde preferimos la manera de un líder hacer las cosas por encima de la del otro. Pero en Corinto no era algo esporádico: ellos tenían divisiones reales y profundas. Pareciera ser que no era solo un asunto de preferencias, era ya de jactancias (1 Co.3:21-23). Que los que habían conocido a Cristo por Pedro o por Pablo o por Apolos pensaban que su fidelidad a estos hombres los hacía de alguna manera superior a los demás. Quizás algunos admiraban y se gloriaban en que Pedro era uno de los 12 apóstoles y era un hombre de acción; quizás otros se mofaban en el conocimiento y los milagros de Pablo; quizás los otros pretendían de que su maestro Apolos era como pocos en su elocuencia. Y otros se consideraban mucho mejor que los demás, pues su Maestro Cristo era como ningún otro. (Es muy posible que estos últimos, “los de Cristo” se jactaran en que no tenían que hacer caso a ningún hombre porque ellos eran siervos solo de Cristo). Debía ser bastante incómodo pastorear esta iglesia.

¡No sean carnales!
Este pasaje de 1 Corintios es uno que de diversas formas hoy es malinterpretado. De seguro lo has visto: dices que te gusta algún maestro o que sigues alguna enseñanza, y casi de inmediato alguien dice “¡Cuánta carnalidad! Yo no sigo a hombres, ¡yo soy de Cristo!”. O tal vez presentas con gracia y verdad lo que enseña la Palabra sobre algún falso maestro y la persona te responde “¡Yo sé muy bien a quién sigo. Yo soy de los de Fulano! Tu porque eres de los de Mengano te crees eso”. También lo oyes como “dices eso porque eres de los calvinistas. Yo soy cristiano, no arminiano ni reformado ni nada de eso”.

Esta mentalidad pasa por alto que la fiebre no está en las sábanas. Pocos hombres han influido tanto en mi vida espiritual como Miguel Núñez. Yo amo la retórica de C.S. Lewis. Respeto profundamente el testimonio del pastor MacArthur. Soy miembro gozoso de la iglesia que pastorea C.J. Mahaney. Y de más está decir que siento una profunda deuda y gratitud hacia el pensamiento de Juan Calvino. Tú de seguro tendrás tus propios nombres que poner ahí. Eso no nos hace carnales, tanto como tampoco serían carnales los corintos (1 Co. 11:1), los filipenses (Fil. 3:17), ni los tesalonicenses (1 Tes. 1:6). Ellos eran seguidores de Pablo, y al serlo, estaban siendo obedientes al Señor.

El problema de la división no es que nos guste lo que alguien tenga que decir. Es que encontremos nuestra identidad en ese alguien. Es que, al menos en la práctica, consideremos lo que diga esa persona como de igual peso a lo que enseña la Biblia. Es que nuestra gloria sea el ser seguidor de esa persona. Que nuestra jactancia sea haber sido enseñados por algún hombre. Esto lleva entonces a que haya “celos y discusiones entre (n)osotros”, porque cada uno representa a un “partido”. Esto es lo normal en el mundo, pero en la iglesia, todos somos de Cristo (1 Co. 3:23), y Pablo y Apolos y Priscila y Aquila y Núñez y MacArthur y Mahaney y Calvino son nuestros (1 Co. 3:22).

En contra de las divisiones
Podemos tener nuestras preferencias. Sin duda tendremos predicadores favoritos. Y en nuestra misma iglesia, tendremos pastores que apreciamos y admiramos más que otros. Simplemente, esa es la vida debajo del sol.

Pero que la palabra o la preferencia de ninguno de esos pastores se comparen a la Palabra del gran Pastor. Que entre nosotros no haya ni rastros de “celos y discusiones”. En la iglesia, procuremos unidad. Lo demás es carnalidad e inmadurez.

“¿Qué es, pues, Apolos? ¿Y qué es Pablo? Servidores mediante los cuales ustedes han creído, según el Señor dio oportunidad a cada uno. Yo planté, Apolos regó, pero Dios ha dado el crecimiento. Así que ni el que planta ni el que riega es algo, sino Dios, que da el crecimiento”, 1 Corintios 3:5-6.

Jairo Namnún sirve como pastor plantador de la Iglesia Piedra Angular en República Dominicana, y tiene estudios en el Southern Baptist Theological Seminary (MATS, M.Div). Está casado con Patricia y tienen tres hijos. Puedes encontrarlo en Twitter.

Lo fundamental del liderazgo es el carácter | Albert Mohler Jr.

Nota del editor: Este es un fragmento adaptado de Un líder de convicciones: 25 principios para un liderazgo relevante. Albert Mohler. B&H Publicaciones.

Los líderes no son máquinas y sus seguidores tampoco lo son. Somos seres humanos de carne y hueso que debemos realizar constantes juicios en relación con la confianza. Pareciera que existe un instinto dentro de nosotros que gravita hacia aquellos en quienes podemos confiar y que mira con cautela a los que no inspiran tal confianza. Dentro de nosotros, tenemos una especie de detector de confianza que funciona constantemente, y aprendemos a depender de él incluso desde pequeños. El liderazgo es tan antiguo como la humanidad y también lo es la preocupación por el carácter de los líderes.

Nuestra dificultad para tratar la cuestión de carácter está directamente relacionada con que no tenemos un concepto común de lo que verdaderamente implica el carácter. Este es el punto en el cual el líder cristiano debe tener un llamado al carácter mucho más profundo y urgente; un llamado al carácter que no se trate solo de una cuestión de personalidad pública, no una mera negociación con las confusiones morales de nuestra propia era. Como seguidores de Cristo, sabemos que la afirmación de que podemos tener una vida privada y una pública con diferentes términos morales no tiene legitimidad. Además, también sabemos que los términos morales a los que nos debemos no los establecemos nosotros; Dios los ha revelado en Su Palabra. «Pues como piensa dentro de sí, así es» (Prov. 23:7, LBLA).

La Biblia revela que el carácter es una condición de nuestro corazón. El Antiguo Testamento contiene las leyes mediante las cuales Israel debía aprender sobre el carácter, y el Nuevo Testamento presenta a la Iglesia como una comunidad de carácter. Jesús les dijo a Sus discípulos que debían vivir ante el mundo de modo que su carácter fuera tan evidente que la gente diera gracias a Dios.

Aquellos a quienes lideramos esperan que vivamos y lideremos en concordancia con nuestras convicciones.

Como comunidad de carácter, los cristianos debemos reflejar los compromisos morales a los cuales se nos ha llamado. Tal como Jesús dejó en claro, la credibilidad moral del evangelio depende de aquellos que han sido transformados por la gracia y la misericordia de Dios, y que demuestran esa transformación en toda dimensión de la vida. Dentro de la iglesia, el liderazgo recae sobre aquellos cuya luz brilla con integridad y poder.

La Iglesia debe vivir de acuerdo a la Palabra de Dios y del evangelio de tal manera que los demás se queden rascándose la cabeza, preguntándose cómo es posible que la gente viva así. ¿Por qué se aman los unos a los otros? ¿Por qué son tan generosos? ¿Por qué siguen casados con su primer cónyuge? ¿Por qué viven con tanto esmero? El líder eficaz sabe que las expectativas con respecto al carácter comienzan desde arriba.

Aquellos a quienes lideramos esperan que vivamos y lideremos en concordancia con nuestras convicciones. No se quedarán satisfechos con el carácter que se presente solo en público, una simulación de algo que no somos. Tienen hambre y sed de un verdadero liderazgo y de verdaderos líderes. Han visto adónde conduce el liderazgo sin un carácter recto y no quieren saber nada con él. Una vez que declaramos nuestras convicciones, se esperará que vivamos de acuerdo a ellas en público y en privado. Las convicciones vienen primero, pero el carácter es el producto de esas convicciones. Si no, nuestro liderazgo se hará pedazos y se quemará.

El carácter es indispensable para la credibilidad y la credibilidad es esencial para el liderazgo. Los líderes de carácter producen organizaciones de carácter porque este, al igual que la convicción, es contagioso. Los seguidores se sienten atraídos a aquellos cuyo carácter es tal que lo desean para sí mismos.


​El Dr. R. Albert Mohler Jr. es el presidente del Southern Baptist Theological Seminary (Lousville, Kentucky) y una de las voces de mayor influencia en el panorama evangélico de los Estados Unidos actualmente. El Dr. Mohler es conocido por su firme y clara defensa del evangelio y por su fidelidad a las Escrituras. Puedes seguir sus publicaciones mediante su sitio web, Twitter y Facebook.