Obedecer, someterse y ser paciente | Hebreos 12:9

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¿Por qué no obedeceremos mucho mejor al Padre?
Hebreos 12:9
Obedecer, someterse y ser paciente
Una vida cristiana normal surge de una visión precisa de nosotros mismos en relación con Dios. En primer lugar, debemos aprender a obedecer. El término más común del Nuevo Testamento traducido como obedecer es una palabra que significa «escuchar debajo». Si aceptamos que estamos por debajo de Dios, entonces ciertamente debemos obedecerlo. Después de obedecer primero a Cristo como nuestro Salvador (He. 5:9), también debemos responder a la enseñanza cristiana “según es en verdad, la palabra de Dios” (1 Ts. 2:13). Los que conscientemente no obedecen la Palabra de Dios deben ser amonestados (2 Ts. 3:14).

En segundo lugar, después de la obediencia debemos aprender a someternos. La sumisión es ante todo una respuesta a Dios, nuestro Padre (He. 12:9). Si nos sometemos a él, aceptaremos fácilmente todo lo que nos dé. Interpretaremos los momentos de dificultad como ocasiones de su buena disciplina, que nos ayuda a crecer espiritualmente. Someterse también significa reconocer las influencias de Dios en nuestras vidas. Pablo dijo a los corintios que se sometieran a la casa de Estéfanas, donde había siervos consagrados al Señor (1 Co. 16:15-16). La forma más clara de mostrar sumisión a Dios es mostrar una actitud de sujeción a nuestros empleadores, autoridades gubernamentales y conductores en la Asamblea. En dos ocasiones se nos dice simplemente que nos sometamos a otros cristianos, independientemente de nuestras relaciones mutuas (Ef. 5:21; 1 P. 5:5).

En tercer lugar, debemos aprender a ser pacientes o soportar. Esto conlleva la idea de soportar las dificultades en lugar de tratar de salir de ellas. La paciencia se aprende verdaderamente solamente a través de la tribulación (Ro. 12:12). Naturalmente, esta no es una lección agradable, pero espiritualmente es muy provechosa, porque siempre produce una mayor madurez cristiana (Stg. 1:4). ¿Queremos ser cristianos más fuertes? Entonces podemos pedirle al Señor que nos ayude a obedecer, someternos y ser pacientes.

Stephen Campbell
© Believer’s Bookshelf Canada Inc.

Nuestro Dios puede hacer infinitamente más

Nuestro Dios puede hacer infinitamente más

A la noche siguiente se le presentó el Señor y le dijo: Ten ánimo, Pablo.
Hechos 23:11
El Señor estuvo a mi lado, y me dio fuerzas.
2 Timoteo 4:17
Estos pasajes de la Escritura marcan el comienzo del cautiverio de Pablo en Jerusalén (Hch. 23) y el final de su cautiverio en Roma (2 Ti. 4). Creemos que este periodo fue aproximadamente de unos diez años, incluyendo un corto período de libertad, pero el Señor Jesús estuvo junto al apóstol desde el principio hasta el final, conforme a su promesa: “No te desampararé, ni te dejaré” (He. 13:5; Jos. 1:5).

El apóstol Pablo estaba ansioso por ir a Jerusalén. Más de una vez sus hermanos le habían aconsejado, por el Espíritu, que no fuera; pero él estaba dispuesto no solo a ser encarcelado allí, sino a morir por el nombre del Señor Jesús (Hch. 21:13). Solo una semana después de su llegada, él estuvo a punto de ser linchado por los judíos antes de que la guarnición romana acudiera en su ayuda y lo encadenara (Hch. 22:27-34). Algunos podrían pensar que él era responsable de esto y que debía ser culpado; pero el Señor no lo culpó, sino que lo animó.

Los motivos de Pablo eran puros. El Señor Jesús vio un fiel reflejo de su propio amor en el corazón de su siervo: “Tengo gran tristeza y continuo dolor en mi corazón. Porque deseara yo mismo ser anatema, separado de Cristo, por amor a mis hermanos, los que son mis parientes según la carne” (Ro. 9:2-3). Al igual que Moisés, con celo santo, él estaba dispuesto a sacrificarse en la conducción del pueblo a los pies del Señor (Ex. 32:32).

Pero eso no iba a pasar. Pablo, al igual que su Maestro, el Señor Jesús, había llorado por Jerusalén: “Como la gallina junta sus polluelos debajo de las alas, y no quisiste” (Mt. 23:37). Las puertas del templo se cerraron (Hch. 21:30) y Pablo no pudo continuar su testimonio en Jerusalén. Pero el Señor, en su gracia soberana, transformó todo en una bendición mucho más amplia. Pablo iba a testificar en Roma, anunciando allí el misterio de Cristo y la Iglesia a través de sus escritos. Sí, nuestro Dios “es poderoso para hacer todas las cosas mucho más abundantemente de lo que pedimos o entendemos” (Ef. 3:20).

Simon Attwood
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Fe en acción

Sábado 9 Diciembre
Vinieron a él unos trayendo un paralítico, que era cargado por cuatro… y haciendo una abertura, bajaron el lecho en que yacía el paralítico.
Marcos 2:3-4
Fe en acción
La conmovedora escena descrita en el capítulo 2 de Marcos ilustra de forma sorprendente el poder de la fe en relación con la obra del Señor. Si los cuatro hombres cuya conducta se describe en dicho capítulo, se hubiesen dejado influenciar por un dañoso fatalismo, hubiesen convenido en que no era necesario hacer nada; si el paralítico debía ser curado, lo sería sin ningún esfuerzo humano. ¡Ah! Fue muy conveniente para el enfermo y también para ellos que no obraran de acuerdo con aquel razonamiento falaz. ¡Véase lo que obró su hermosa fe! Reconfortó el corazón del Señor Jesús; llevó al enfermo al lugar de la curación, del perdón y de otras bendiciones; dio ocasión a que se desplegase el poder divino que llamó la atención de todos los presentes, y dio testimonio a la gran verdad de que Dios estaba en la tierra en la persona de Jesús de Nazaret.

Toda la Escritura proclama el hecho de que la incredulidad impide nuestra bendición, dificulta que seamos útiles, nos priva del honroso privilegio de ser instrumentos de Dios y de ver las operaciones de su poder y de su Espíritu en medio nuestro. Por otro lado, la fe atrae bendiciones y poder, no solo para nosotros mismos sino también para otros; y así glorifica y honra a Dios, dando lugar al despliegue del poder divino.

En una palabra, nada limitaría la bendición que podríamos gozar de parte de Dios, si nuestros corazones fuesen siempre gobernados por la fe sincera que cuenta siempre con él. “Conforme a vuestra fe os sea hecho” (Mt. 9:29). ¡Preciosas palabras! ¡Ojalá que ellas nos animen a aprovechar más abundantemente los inagotables recursos que tenemos en Dios! Se complace en que acudamos a él, ¡bendito sea para siempre su santo nombre!

C. H. Mackintosh
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El Señor Jesús, ¡un desconocido tan accesible!

Domingo 22 Octubre
Jesús… vio una gran multitud, y tuvo compasión de ellos, porque eran como ovejas que no tenían pastor; y comenzó a enseñarles muchas cosas.
Marcos 6:34
El Señor Jesús, ¡un desconocido tan accesible!
Alguien dijo de Cristo: “Él fue el Hombre de mayor gracia, el más accesible que jamás hubo”. En su forma de ser vemos una ternura y una bondad nunca vistas en otros hombres y, sin embargo, vemos que siempre fue un “extraño” en la tierra. Sin embargo, estuvo muy cercano tan pronto como la miseria o la necesidad humanas lo reclamaban. Tanto la distancia a la que se mantenía como la intimidad que expresaba eran perfectas. Hacía mucho más que observar la miseria a su alrededor: se compenetraba de ella, demostrando una simpatía que le era peculiar. Por otro lado, hacía mucho más que repudiar la corrupción que lo rodeaba: mantenía siempre una plena distancia entre la santidad misma y toda contaminación y mancha.

Véanlo manifestando esta combinación de distancia y de proximidad en el relato de Marcos 6. Es una escena impresionante. Tras un largo día de servicio, los discípulos vuelven a él; Jesús se interesa por ellos; la fatiga que sienten toca su corazón; él lo toma en cuenta y de pronto provee lo necesario: “Venid vosotros aparte… y descansad un poco” (v. 31). Pero la multitud los siguió, y él se vuelve hacia ella con la misma prontitud; conoce su estado moral y, viendo que se hallan como ovejas sin pastor, comienza a enseñarles.

En todo esto lo vemos cercano, muy cercano a las múltiples necesidades que se van suscitando a su alrededor, ya sea la fatiga de sus discípulos o el hambre de la multitud. Pero de repente los discípulos se muestran algo resentidos al ver la atención de Jesús hacia la muchedumbre y le piden que la envíe a sus casas. Sin embargo, esto no lo afectará en ningún sentido; y en ese mismo instante se produce un distanciamiento entre Jesús y los discípulos, el que hallará su expresión cuando poco después les manda entrar en la barca. Los vientos y las olas se levantaron contra ellos en el mar, y entonces, en medio de su angustia, ¡Jesús nuevamente se les acercó para socorrerlos y ponerlos a salvo!

J. G. Bellett
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Jeroboam y su culto falso

Sábado 21 Octubre
Y habiendo tenido consejo, hizo el rey [Jeroboam] dos becerros de oro, y dijo al pueblo… he aquí tus dioses, oh Israel, los cuales te hicieron subir de la tierra de Egipto. Y puso uno en Bet-el, y el otro en Dan. Y esto fue causa de pecado; porque el pueblo iba a adorar delante de uno hasta Dan.
1 Reyes 12:28-30
Tras aquellos acudieron también de todas las tribus de Israel los que habían puesto su corazón en buscar a Jehová Dios de Israel; y vinieron a Jerusalén para ofrecer sacrificios a Jehová, el Dios de sus padres.
2 Crónicas 11:16
Jeroboam y su culto falso
Después de los tiempos gloriosos de gran consagración a Dios bajo el reinado de David y Salomón, ¡qué triste es ver cómo se impuso una nueva forma de adoración que era, ciertamente, una adoración falsa! Con esto los hijos de Israel abandonaron a Dios por los ídolos. Sin embargo, hubo quienes permanecieron fieles porque sus corazones permanecieron en Dios.

Es terrible ver lo cambiante que es el corazón del hombre: convencido de algo un día, abandona al siguiente lo que creía tan verdadero. Puede ser por conveniencia que cambie de opinión de esta manera, o por lazos o influencias familiares, o para obtener, más o menos conscientemente, alguna ventaja. O puede ser que esta nueva forma de pensar sea más atractiva que la anterior. Nuestras mentes están, por supuesto, convencidas de que tenemos razón, pero debemos recordar que nuestro corazón natural es engañoso y desesperadamente perverso.

Sin embargo, leemos que los “que habían puesto su corazón en buscar a Jehová Dios de Israel” hicieron lo que Dios quería. Se dieron cuenta de que este nuevo culto no era conforme a la Palabra de Dios, y lo rechazaron, porque querían ser fieles a Dios y obedecerlo. Buscaban su aprobación y su comunión. Que nosotros también tengamos un corazón que busque a Dios y su gloria, dándole el lugar que le corresponde.

Albert Blok
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Tenemos acceso con confianza a Dios

Miércoles 11 Octubre
Cristo Jesús nuestro Señor, en quien tenemos seguridad y acceso con confianza por medio de la fe en él.
Efesios 3:11-12
Tenemos acceso con confianza a Dios
Podemos ver ilustrada esta verdad, la cual nos es abierta en el Nuevo Testamento, en un acontecimiento del Antiguo Testamento, pero en forma de contraste. Durante la época de la reina Ester, se había desatado una viciosa amenaza contra las familias judías de Persia, una amenaza de muerte estimulada por el odio hacia Mardoqueo, el primo mayor que había cuidado de Ester cuando era niña. Este le advirtió que incluso ella sería arrastrada por la violencia a menos que el rey actuara para evitar tal desenlace.

Ester le recordó a Mardoqueo que el acceso al rey era muy limitado. Se sentaba en un trono real en una casa real. Por ley, entrar incluso en el patio que rodea esa casa se castigaba con la muerte. Aunque el rey había hallado gran complacencia en Ester y la amaba por encima de todas las mujeres de su corte, Ester no tenía ninguna seguridad de que fuera a ser bienvenida. De hecho, no había sido llamada ante el rey desde hacía un mes; y cuando aceptó ir sin invitación, anticipó plenamente que podría significar su muerte (Est. 4:11-16).

¡Qué contraste con el pasaje de hoy! En la época de la Iglesia, mediante la fe en Cristo Jesús, nuestro Señor, todo creyente tiene acceso con confianza a la presencia de Dios. Venimos con valentía ante el trono de la gracia para buscar ayuda oportuna, y venimos con la seguridad de que Dios se deleita en vernos allí. La reina Ester solo podía esperar, con incertidumbre, que el rey extendiera su cetro de oro, indicando su aprobación por el momento. Sin embargo, el cristiano ve a Cristo mismo en la presencia de Dios y, por lo tanto, tiene una aceptación inmediata allí. “Esta es la confianza que tenemos en él, que si pedimos alguna cosa conforme a su voluntad, él nos oye” (1 Jn. 5:14). Estos versículos del Nuevo Testamento son como el cetro de oro de Dios, siempre extendido en gracia hacia nosotros.

Stephen Campbell
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Un espíritu quebrantado como sacrificio a Dios

Martes 10 Octubre
Venid y volvamos a Jehová; porque él arrebató, y nos curará; hirió, y nos vendará… misericordia quiero, y no sacrificio, y conocimiento de Dios más que holocaustos.
Oseas 6:1, 6
Un espíritu quebrantado como sacrificio a Dios
Este capítulo comienza de una forma mucho más alegre que el anterior. Los tratos de Dios con Israel habían obtenido el resultado deseado. Hubo un verdadero retorno a Dios. Llegaron a confiar en él, quien, a pesar de sus fracasos, los vendó amorosamente debido a Su propia bondad. Conocieron a su Dios, y él los bendijo.

¿Perduró este cambio? Lamentablemente, pronto se envolvieron de un espíritu fariseo. No dejaron de observar la ley de Moisés, sino que enseñaban meticulosamente todos los mandamientos de Dios. Incluso el Señor Jesús pudo decir: “Todo lo que os digan que guardéis, guardadlo y hacedlo” (Mt. 23:3). Sin embargo, su corazón estaba lejos de Dios. Por eso Dios les dijo que no quería sacrificios ni holocaustos. Pero ¿por qué los pidió entonces en primer lugar?

He aquí una lección para nosotros, una lección que David comprendió después de haber caído tan profundamente (Sal. 51:16-17). Dios quiere sacrificios solo cuando están acompañados de un espíritu de obediencia, de corazón contrito, de amor y de conocimiento de Dios.

Hoy en día, los cristianos también pueden conducirse y servir de forma meticulosa y perfecta; pueden, como los fariseos, aplicar la Palabra al pie de la letra en todo lo que hacen. Pero todo esto no tiene valor si no muestran la bondad y el carácter de Dios. Si pisoteamos la conciencia de nuestros hermanos y hermanas y despreciamos sus ejercicios de corazón y de conciencia, nuestros orgullosos sacrificios serán una abominación para Dios. Porque entonces no estaremos manifestando el carácter de nuestro Señor en nuestra vida práctica, por muy bíblica que esta luzca. Actuar con un espíritu de orgulloso legalismo es un gran peligro para todos los que buscan obedecer la Palabra de Dios. ¡Cuidémonos de ello!

John van Dijk
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Yo seguí plenamente al Señor mi Dios.

Sábado 9 Septiembre
Yo seguí plenamente al Señor mi Dios.
Josué 14:8 NBLA
El poder de la fe
La fe es un principio poderoso. Purifica el corazón, obra por amor y vence al mundo. En una palabra, enlaza el corazón con Dios mismo y ese es el secreto de toda verdadera nobleza, santa benevolencia y divina pureza. No es extraño, pues, que Pedro diga que es “mucho más preciosa que el oro” (1 P. 1:7), ya que en verdad es preciosa, mucho más de lo que el pensamiento humano pueda alcanzar.

Véase cómo este poderoso principio actuó en Caleb, y el bendito fruto que produjo. Le fue permitido comprobar la verdad de aquellas palabras, empleadas siglos después: “Conforme a vuestra fe os sea hecho”. Él creyó que Dios era capaz de hacerlos entrar en la tierra, y que todas las dificultades y obstáculos serían simplemente para ejercicio de la fe. Y Dios, como sucede siempre, contestó a su fe: “Quizá Jehová estará conmigo, y los echaré, como Jehová ha dicho” (Jos. 14:12).

¡Cuán reconfortantes son las expresiones de una cándida fe! ¡Cuán edificantes! ¡Cuán verdaderamente alentadoras! ¡Qué intenso contraste con la tenebrosa y depresiva incredulidad, con sus acentos deslucidos que deshonran a Dios! Caleb fue firme en la fe, dando gloria a Dios. Podemos decir, con la mayor certeza, que, como la fe siempre honra a Dios, él se complace a su vez en honrar la fe; y estamos convencidos de que, si el pueblo de Dios confiara más en él, si ellos extrajeran más abundantemente de Sus recursos infinitos, veríamos una situación muy diferente a nuestro alrededor. ¡Ah! ¡Si tuviéramos una más viva fe en Dios, asiéndonos más audazmente a su fidelidad, a su bondad, a su poder! Entonces podríamos esperar resultados más gloriosos en el campo de la evangelización; más celo, más energía, más intensa dedicación en la Iglesia, y más frutos de justicia en los creyentes individualmente.

C. H. Mackintosh
Danos la fe que dio poder
A los soldados de la cruz,
Que hasta la muerte por vencer,
Firmes, marcharon por Jesús;
Fe de los fieles, pura fe,
¡De nuestra vida el ancla sé!
F. W. Faber
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Oír, moverse y trabajar

Viernes 8 Septiembre
Por la fe Noé, cuando fue advertido por Dios acerca de cosas que aún no se veían, con temor preparó el arca en que su casa se salvase; y por esa fe condenó al mundo, y fue hecho heredero de la justicia que viene por la fe.
Hebreos 11:7
Oír, moverse y trabajar
El comportamiento piadoso de Noé lo diferenció de los que lo rodeaban. Pedro escribió que la justicia es totalmente ajena a los incrédulos (véase 1 P. 4:3-4), por lo que los vecinos de Noé seguramente ya consideraban extraño su comportamiento. Sin embargo, Noé no había obrado para mejorar y alcanzar cierto nivel determinado de bondad. En lugar de eso, el versículo de hoy revela que su vida fue una vida de fe.

Esta fe fue puesta a prueba cuando Dios le dijo que construyera un arca. La fe es “la convicción de lo que no se ve” (v. 1); por eso, aunque el juicio de Dios aún no era visible, Noé comenzó a construir el arca. Sin duda todos comenzaron a burlarse aún más de él; pero la fe confía en Dios, no en la opinión de los demás. Noé tuvo cuidado de seguir las instrucciones divinas, pues había sido advertido divinamente. También nuestra fe encontrará un lugar de descanso en la Palabra de Dios.

Noé fue impulsado por un “temor reverente” (NBLA). El temor de Dios llevó a Noé a obedecer, sin rechistar, y en concordancia con las instrucciones de Dios. Otra traducción dice: “Movido por temor reverente” (RVA-2015). Noé fue impulsado internamente, lo cual lo llevó a preparar el arca. Su corazón fue impactado por lo que había oído.

Noé todavía tenía que ponerse a trabajar, así que empezó a construir el arca. No solo escuchó y reaccionó en su corazón, ¡también utilizó sus manos! Construyó un arca, lo que sugiere que debió estudiar cuidadosamente los materiales utilizados en su construcción. La verdadera obediencia se caracteriza siempre por una diligencia comprometida. Si deseamos heredar las bendiciones que nos depara la “justicia que viene por la fe”, podemos pedirle al Señor oídos abiertos, corazones motivados y manos diligentes para hacer su voluntad.

Stephen Campbell
© Believer’s Bookshelf Canada Inc.

Los cuatro pilares de la Iglesia primitiva

Jueves 7 Septiembre
Perseveraban en la doctrina de los apóstoles, en la comunión unos con otros, en el partimiento del pan y en las oraciones.
Hechos 2:42
Los cuatro pilares de la Iglesia primitiva
Los primeros capítulos de los Hechos presentan el inicio del testimonio cristiano en este mundo en el que Cristo ha sido rechazado. Dios recibió a Cristo, lo sentó a su diestra en la gloria, “y lo dio por cabeza sobre todas las cosas a la iglesia” (Ef. 1:20-23).

Cuando Cristo fue glorificado como Cabeza, el Espíritu de Dios fue enviado desde el cielo (Hch. 2:1-4). Los discípulos, llenos del Espíritu, dieron inmediatamente testimonio del poder de Dios. Ahora estaban unidos como miembros los unos con los otros, y también unidos a Cristo, la Cabeza viva en el cielo.

Las cuatro cosas mencionadas en el versículo de hoy eran la base de esta unidad. La primera fue la doctrina de los apóstoles. El Nuevo Testamento aún no se había escrito, por lo que la enseñanza oral de los apóstoles (los testigos del ministerio, de la muerte, resurrección y ascensión del Señor Jesús) era el fundamento sobre el que se edificaba la Iglesia (Ef. 2:19, 20). La perseverancia en la doctrina de los apóstoles se asocia inmediatamente con la comunión. Cristo es la clave que revela el gran misterio de Cristo y su Iglesia, y quien une los corazones de los creyentes entre sí.

En el partimiento del pan, tal como se revela en 1 Corintios 10 y 11, expresamos la realidad práctica de la unidad de los miembros del un solo Cuerpo del Señor Jesús, la Cabeza glorificada en el cielo. Por fe entendemos nuestro santo privilegio y el ferviente deseo del Señor de reunir a los suyos, a quienes ha comprado con su sangre, en torno a su Persona cada primer día de la semana para hacer memoria de él.

Se menciona un cuarto y último punto: la importancia de la oración. Para mantener el equilibrio del testimonio cristiano, tal como se vislumbraba en sus inicios en la tierra, es esencial que dependamos absolutamente del Señor.

Todos estos recursos siguen estando a nuestra disposición hasta que el Señor nos llame al hogar.

Jacob Redekop
© Believer’s Bookshelf Canada Inc.