Hagamos Fiesta

Isha – Salmos

DÍA 118 – Salmo 81

Dosis: Alegría

Hagamos Fiesta

“Canten alegres a Dios, nuestra fortaleza; ¡aclamen con regocijo al Dios de Jacob!¡Entonen salmos! ¡Toquen ya la pandereta, la lira y el arpa melodiosa! Toquen el cuerno de carnero en la luna nueva, y en la luna llena, día de nuestra fiesta.” (Salmo 81:3) (NVI)

Este salmo se usaba durante una de las celebraciones judías. Los estudiosos no se ponen de acuerdo si se cantaba en la Fiesta de las Trompetas o en la Pascua. Algunos proponen que se entonaba en ambas. Lo cierto es que nos recuerda el gozo y la celebración que debe haber cuando pensamos en las bondades de Dios.

Dios estableció siete fiestas a lo largo del año para que Israel se detuviera y se acordara y celebrara la fidelidad de Dios. Comprendemos por los salmos que en estas celebraciones se usaba música. ¿Qué hacen los niños cuando están contentos? Mucho ruido. ¿Qué hacen cuando escuchan instrumentos musicales? Bailan y se mueven al ritmo. Sin embargo, algo que me sorprende de este salmo de victoria es que trae consigo una advertencia: “Si mi pueblo tan sólo me escuchara, si Israel quisiera andar por mis caminos, ¡cuán pronto sometería yo a sus enemigos, y volvería mi mano contra sus adversarios!” ¡Qué interesante que en medio del gozo surge un recordatorio a la fidelidad!

Pero además Dios les expresa que su anhelo es seguir bendiciéndoles como lo hizo en el pasado: “Yo soy el SEÑOR tu Dios, que te sacó de la tierra de Egipto. Abre bien la boca, y te la llenaré. ¡Qué hermosa promesa! Yo también quiero abrir mi boca para que Él la llene de bendiciones y alabanzas. Pero en su gracia incomparable, les expresa aún más en un diálogo tierno: “Y a ti te alimentaría con lo mejor del trigo; con miel de la peña te saciaría.»315 ¡Sólo Él puede hacer brotar agua y miel de una peña seca! ¿Cómo no hacer entonces fiesta? ¿Cómo no celebrar sus bondades infinitas?

Podemos aprovechar las fiestas que se celebran en nuestra cultura, sobre todo aquellas cuyo origen es bíblico, como la Navidad y la Resurrección. ¡Qué motivo más grande para cantar puede haber que saber que Jesús vino y resucitó! Celebremos a nuestro Dios con sinceridad, de corazón. ¡Él se lo merece!

En cierta ocasión mis abuelos organizaron una Navidad en pleno julio, ya que todos los nietos nos reunimos, y por cuestiones de distancia, algunos primos no pasarían con nosotros Navidad. Me parece que disfruté mucho más la ocasión que en la fecha exacta pues no hubo prisa, ni el trajín de las festividades, ni el barullo de las compras. Pensamos en el nacimiento de Jesús, dimos gracias, compartimos regalos hechos a mano por cada uno de nosotros, cantamos villancicos y finalmente celebramos con luces de bengala. Ha sido una de mis mejores Navidades, pues nació de un gozo sincero y ese día de fiesta, agradecimos como familia que Jesús vino al mundo a salvarnos.

Oración: Señor, enséñame a celebrar, ya sea en las fiestas establecidas o en algunas propias. Quiero gozarme en ti. Amén.

De Vergara, P. A., de Vera, A. D., & Harris, K. O. (2012). Isha-Salmos: Una dosis diaria de fe para ti. (P. A. de Vergara, Ed.) (Primera Edición, p. 134). Lima, Perú: Ediciones Verbo Vivo.

Una Salvación tan Grande

Isha – Salmos

DÍA 117 – Salmo 80

Dosis: Restauración

Una Salvación tan Grande

“Pastor de Israel, tú que guías a José como a un rebaño, tú que reinas entre los querubines, ¡escúchanos! ¡Resplandece delante de Efraín, Benjamín y Manasés! ¡Muestra tu poder, y ven a salvarnos! Restáuranos, oh Dios; haz resplandecer tu rostro sobre nosotros, y sálvanos.” (Salmo 80:3) (NVI)

Este salmo es un gemido que enternece el corazón. El salmista hace referencia a la deportación de las tribus del norte, conocidas como el reino de Israel después de la división que hubo en tiempos del rey Roboam. El pueblo de Israel se marchaba a Asiria, y rogaba de parte de Dios restauración, favor y salvación: “¡Vuélvete a nosotros, oh Dios Todopoderoso! ¡Asómate a vernos desde el cielo y brinda tus cuidados a esta vid! ¡Es la raíz que plantaste con tu diestra! ¡Es el vástago que has criado para ti! ¡Qué palabras tan poéticas para expresarle a Dios que su pueblo, su especial tesoro, estaba sufriendo las consecuencias de su desobediencia en manos de naciones extranjeras y crueles! Pero conmueve más aún que el salmista repita tres veces la misma frase: “Restáuranos, oh Dios; haz resplandecer tu rostro sobre nosotros, y sálvanos.”311

¿Cuántas veces has necesitado ser restaurada? La palabra restaurar viene de la raíz hebrea que implica “volver”. Más que un regreso físico, se refiere a un momento anterior donde la persona vivía mejor. En las computadoras existe un comando que restaura el sistema a un punto anterior. Si descargas un programa que solo afecta tu sistema, puedes dar esa orden y dar marcha atrás, es decir, como si nada hubiera pasado. La salvación de Cristo “borra” los programas de pecado que bajamos a nuestro sistema y lo deja limpio delante de Dios. ¡Qué maravilla!

La frase “haz resplandecer tu rostro sobre nosotros” nos traslada a los reinos del pasado, donde el rey era tan poderoso que decidía la muerte o la vida de una persona. Podemos pensar en el César que con un ademán de la mano enviaba a un esclavo a muerte o le otorgaba el perdón. Hay un verso en Proverbios que nos confirma esta idea: “La ira del rey es presagio de muerte, pero el sabio sabe apaciguarla. El rostro radiante del rey es signo de vida; su favor es como lluvia en primavera”. Por gracia, aunque merecíamos la muerte, Dios hizo resplandecer su rostro sobre nosotros y nos ha dado vida.

Finalmente, la palabra salvación nos habla de rescate. “La vida del cristiano”, decía Martín Lutero, “se caracteriza por el uso de los pronombres posesivos”. Tiene razón. Una cosa es decir: “Jesús salva” o “Jesús es el Salvador”. Una muy diferente es decir: “Jesús me salva” o “Jesús es mi Salvador”. Muchos, pueden decir lo primero. Solo el verdadero cristiano puede decir lo segundo pues ha sido rescatado del pecado. Imagina a una mujer cayendo por un precipicio, pero alguien con una cuerda la rescata. Así estábamos tú y yo, pero la mano horadada de Jesús se extendió para ofrecernos el rescate. ¡Qué salvación tan grande!

Oración: Señor, gracias por una salvación tan grande. Gracias por restaurarme. Gracias por hacer resplandecer tu rostro sobre mí. Gracias por salvarme.

De Vergara, P. A., de Vera, A. D., & Harris, K. O. (2012). Isha-Salmos: Una dosis diaria de fe para ti. (P. A. de Vergara, Ed.) (Primera Edición, p. 133). Lima, Perú: Ediciones Verbo Vivo.

 

Confesión y Súplica

Isha – Salmos

DÍA 116 – Salmo 79

Dosis: Perdón

Confesión y Súplica

“No nos tomes en cuenta los pecados de ayer; ¡venga pronto tu misericordia a nuestro encuentro, porque estamos totalmente abatidos! (Salmo 79:13) (NVI)

Probablemente este salmo fue escrito cuando Babilonia destruyó Jerusalén, y este descendiente de Asaf clamó a Dios con dolor por ver su ciudad en ruinas. Leamos su lamento: “Oh Dios, los pueblos paganos han invadido tu herencia; han profanado tu santo templo, han dejado en ruinas a Jerusalén. Han entregado los cadáveres de tus siervos como alimento de las aves del cielo; han destinado los cuerpos de tus fieles para comida de los animales salvajes. Por toda Jerusalén han derramado su sangre, como si derramaran agua, y no hay quien entierre a los muertos. ¡Qué situación tan lamentable, que sin duda conmovía profundamente el corazón de Dios!
Sin embargo en el verso que citamos al inicio, vemos que el pecado de Israel continuó generación tras generación. Dios les advertía vez tras vez que dejaran atrás sus ídolos, pero vez tras vez Judá no hizo caso. Solamente cuando experimentaron las consecuencias de su infidelidad es que clamaban a Él: “Oh Dios y salvador nuestro, por la gloria de tu nombre, ayúdanos; por tu nombre, líbranos y perdona nuestros pecados.”
Los judíos tienen un dicho que indica que todo castigo que reciben trae una onza de sanción por el pecado con el becerro de oro. Se refieren a la primera vez que erigieron un dios falso después que Dios los rescató de Egipto. Con este dicho, ellos piensan que los pecados de sus ancestros, pasados, presentes y futuros continúan en la mente de Dios.
Pero ¡gracias a Dios que esto no así! Cuando el Señor nos perdona por medio del sacrificio de Jesús, nos perdona de modo total. Su promesa dice: “Yo soy el que por amor a mí mismo borra tus transgresiones y no se acuerda más de tus pecados.” ¿No es maravilloso? Una amiga que se sentía muy insegura de su salvación por un pecado de su pasado me preguntó una vez por este versículo. Alegaba que resulta imposible olvidar. Si nosotros, como seres humanos, no podemos desechar un recuerdo, ¿cómo será posible para Aquel que todo lo sabe lo haga? Entonces analizamos el verso en Isaías. Comprendimos que no dice “olvidará” tus pecados, sino “no se acuerda”. Mi amiga sonrió. “Eso sí se puede. Yo puedo decidir ‘no acordarme’. Eso mismo hace Dios. Decide no acordarse”.
¿Alguna vez has tenido una deuda? Una amiga mía contaba con un buen trabajo y empezó a comprar a crédito. Le aconsejamos que no lo hiciera, pero su cheque de cada mes pagaba los intereses. Entonces, de la noche a la mañana y sin previo aviso hubo recorte de personal. Se quedó sin empleo. Las deudas aumentaron, su angustia la enfermó. Poco a poco fue pagando, pero jamás olvidaré cuando comentó lo siguiente: “Cuando tuve aquella experiencia con el banco, pensé cierta noche que si yo sufría por esos intereses, ¡cuánto pesaba mi deuda de pecado! Pero Cristo vino y la pagó toda. Hizo un trabajo total”. Ella confesó a Dios su avaricia que la había llevado a endeudarse, pero sobre todo, aprendió cuánto le debemos a Aquel que no toma en cuenta nuestros pecados del ayer.

Oración: Señor, gracias porque tu perdón es total y no te acuerdas del ayer. Amén.

De Vergara, P. A., de Vera, A. D., & Harris, K. O. (2012). Isha-Salmos: Una dosis diaria de fe para ti. (P. A. de Vergara, Ed.) (Primera Edición, p. 132). Lima, Perú: Ediciones Verbo Vivo.

4/9 – El río de Dios

Aviva Nuestros Corazones

Serie: Castillo fuerte es nuestro Dios | Salmo 46

4/9 – El río de Dios

Nancy Leigh DeMoss

https://www.avivanuestroscorazones.com/podcast/aviva-nuestros-corazones/el-rio-de-dios2/

Nancy DeMoss Wolgemuth: En los últimos 60 años, el grupo inglés de rock, Led Zeppelin, lanzó una canción que creo que refleja el deseo en cada corazón humano por aquello que es verdaderamente duradero.

Annamarie Sauter: Esta es Nancy DeMoss de Wolgemuth.

Nancy: Las primeras letras de la canción dicen: «Si el sol se negara a brillar, yo seguiría amándote. Aún si las montañas se desplomasen en el mar, todavía seremos tú y yo».

¿Te das cuenta? La gente está buscando algo confiable, algo inamovible, algo o alguien en quien puedan confiar. A menudo las personas piensan que han encontrado eso en una relación o en una carrera o en una fuente de ingresos o en un amigo.

El hecho es que la mayoría de las personas hoy en día están poniendo su esperanza en lo que el escritor del himno llamó «arena movediza». Solo Dios es inquebrantable, y cuando las montañas se desmoronen al mar, y el sol se niegue a brillar, solo Él estará allí por siempre.

Annamarie: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss de Wolgemuth en la voz de Patricia de Saladín.

Esta semana estamos en la serie titulada Castillo fuerte es nuestro Dios. Nancy nos está guiando a lo largo del Salmo 46. Abramos juntas nuestras Biblias.

Nancy:

Dios es nuestro refugio y fortaleza, nuestro pronto auxilio en las tribulaciones. Por tanto, no temeremos aunque la tierra sufra cambios, y aunque los montes se deslicen al fondo de los mares; aunque bramen y se agiten sus aguas,  aunque tiemblen los montes con creciente enojo (Salmos 46: 1-3).

En los últimos programas, hemos estado viendo que tenemos aguas tumultuosas, agitadas, rugientes, y las inundaciones están devastando las montañas y todo lo que parecía estar seguro. Cuando pensamos en algo ‘seguro’, una montaña vendría a la mente, ¿verdad? ¡Uno simplemente no puede mover una montaña! Sin embargo, estas aguas están causando que las montañas sean arrojadas al mar. El resultado es el caos; la agitación.

Pero ahora, en el versículo 4 vemos otro cuerpo de agua que tiene un efecto muy diferente. El versículo 4 dice:

“Hay un río cuyas corrientes alegran la ciudad de Dios, las moradas santas del Altísimo”.

Vamos a detenernos aquí y a meditar sobre esto por un momento.

En los versículos 2 y 3, vimos que las aguas eran amenazadoras, destructivas y mortales. Derribaron las montañas. Pero ahora en el versículo 4, por el contrario, tenemos un río, pero esta es agua con un efecto muy diferente, fertiliza la tierra, trae vida y vitalidad,  refresca trae gozo y alegría

Casi se puede oír, en los versículos 2 y 3, los gritos de las personas que estaban aterrorizadas por estas aguas, como las de un  tsunami. Y ahora, aquí tienes un río que hace que la gente se sienta  feliz, ¿que trae alegría a la gente? Bueno, es el río de Dios, una metáfora de la presencia de Dios, de la gracia de Dios, del favor de Dios que bendice y alegra los corazones de Su pueblo. «Hay un río cuyas corrientes alegran la ciudad de Dios».

El pueblo de Dios aquí se asemeja a una ciudad, y la ciudad de Dios está siendo rodeada y amenazada por enemigos, y como las aguas rugientes de un tsunami, las fuerzas del mal amenazan con abrumar y con tragarse al pueblo de Dios y Su santa ciudad. Pero los habitantes de esa ciudad, en el contexto del Antiguo Testamento, Jerusalén, están calmados.

Se debe a que Dios es su refugio. Él es su fuerza. Él es su ayuda, y están confiando en Él para su protección.

Estas personas, con la invasión del ejército asirio de la cual hemos hablado en los últimos días, tienen toda la razón para sentirse temerosas y tal vez incluso furiosas. Pero el río de la presencia de Dios y de Su gracia que fluye en medio de su pueblo los alegra. Incluso cuando están rodeados y amenazados por sus enemigos, la ciudad de Dios, tiene una fuente inagotable de alimento y de sustento que fluye de ella. Nunca se secará.

Esta gente, el pueblo de Dios, no puede ser separado de su provisión. Sus necesidades serán satisfechas. Están seguros de esto porque saben en Quién han creído y en Quién han confiado, y que no hay necesidad de caer en el miedo o en la desesperación.

Quiero recordarte que no importa lo que está sucediendo a tu alrededor, sin importar las agitadas aguas turbulentas o las aguas tumultuosas que te rodean, Dios siempre tiene un río de gracia para llevar alegría y paz a Su pueblo. Es Su gracia. Es Su provisión. Es Su sustento en tiempos difíciles.

Ahora quiero mirar el río de Dios un poco más extensamente, pero antes voy a hablar de esta ciudad de Dios a la que se hace referencia aquí: «Hay un río cuyas corrientes alegran la ciudad de Dios, las moradas santas del Altísimo».

¿Qué es la ciudad de Dios?  Es el lugar sagrado donde Dios vive, donde Él reina, donde Él es adorado y donde Él es honrado. Se llama el Altísimo. Se trata de «la santa morada, la casa del Altísimo».  Él es el gobernante soberano del mundo, y la ciudad de Dios es esa gente que está gobernada por el Altísimo.

Ahora bien, como ya hemos dicho, en el contexto del Antiguo Testamento, la ciudad de Dios era Jerusalén, la ciudad terrenal de Dios, y creemos que tal vez el motivo de la redacción de este salmo fue el momento cuando  la ciudad santa, Jerusalén, estaba siendo amenazada por los ejércitos asirios del rey Senaquerib.

«La santa morada del Altísimo», era, en ese contexto, Jerusalén, pero la ciudad de Dios es mucho más que un lugar geográfico. Hay una ciudad espiritual de Dios, y esa es el pueblo de Dios, una comunidad santa de aquellos que son Sus verdaderos hijos. La Escritura nos enseña que Dios vive con Su pueblo. Dios mora en medio de Su pueblo. Ellos son Su santa morada.

Así que en el sentido del Nuevo Testamento, esto describe la Iglesia, que somos nosotros, los que realmente ponen su fe en Cristo. Nuestras vidas son Su templo, Su lugar santo. «La santa morada del Altísimo»—esa soy yo, esa eres tú, somos nosotros, es Su Iglesia—la ciudad de Dios.

Y por supuesto, también esperamos la ciudad eterna y celestial de Dios, que Gálatas llama «la Jerusalén celestial» que tiene su culminación definitiva en el cielo. La morada que Dios tiene ahora y está preparando para su pueblo, un cielo nuevo y una tierra nueva, donde habrá gozo y alegría eterna y sin fin—esa ciudad que vemos a la distancia… que no está lejos de Dios, aunque sí luce lejos para nosotras desde nuestra perspectiva.

En esa ciudad de Dios hay un río cuyas corrientes hacen la ciudad de Dios, el pueblo de Dios, la habitación de Dios, alegre.

Ahora bien, ese río es una idea central poderosa, fascinante y emocionante que se ve a todo lo largo de la Escritura, desde los primeros capítulos del Génesis hasta el último capítulo de Apocalipsis. Quiero tomar unos momentos para leerles algunos pasajes, por orden cronológico a través de la Escritura, que nos dan una idea de este río de Dios que se menciona en el Salmo 46.

Comenzando en Génesis, en el capítulo 2, en el versículo 8—esa es la primera referencia donde vemos este río. La Escritura dice: «Y plantó el SEÑOR Dios un huerto hacia el oriente, en Edén, el paraíso en la tierra; y puso allí al hombre que había formado. El árbol de la vida estaba en medio del jardín”. [Recuerda este versículo porque cuando llegamos al Apocalipsis, vas a ver otra vez  ese árbol de la vida.] “Un río salía de Edén para regar el jardín, y allí se repartía en cuatro brazos”.

Así, en el Jardín del Edén, Dios creó un río para que sea exuberante, hermoso y fructífero, y ese río, como podemos ver a través de la Escritura, es una imagen de la presencia de Dios y de la gracia de Dios que nos sostiene y hace que nuestra vida sea bendecida y fructífera.

Este río en el Edén se divide en cuatro ríos, que son nombrados a medida que continuamos leyendo Génesis capítulo 2 y servían para regar toda la región. Pero es interesante que en el Salmo 46 leemos: «hay un río [singular] cuyas corrientes [plural] alegran la ciudad de Dios».

Así que hay un río de Dios, un río de la gracia de Dios, un río de Su presencia que fluye de Su corazón y se canaliza y distribuye en cada lugar de la ciudad de Dios—entre el pueblo de Dios.

Fluye hacia donde tú vives, hacia tu familia, hacia tu iglesia, hacia tu comunidad, hacia tu vida. Un río—la presencia de Dios—que luego se divide y se distribuye y fluye hacia todos los lugares—todas las ciudades donde se escucha este programa; en tu ciudad, en tu vecindario.

Si vives en Argentina, en un pequeño suburbio, el río de Dios tiene un arroyo que pasa por ahí. Y algunas de ustedes que viven en los EE. UU. o en Colombia, o en Guatemala o en México, donde quiera que vivas…el río de Dios tiene una corriente de agua que va hasta allí y por todas partes.

Ahora leemos en el Salmo 1 una descripción del hombre que se complace, que se deleita, en la ley del Señor. Dice: «Será como árbol firmemente plantado junto a corrientes de agua,  que da su fruto a su tiempo,  y su hoja no se marchita;   en todo lo que hace, prospera».

Aquí vemos la refrescante y vivificante provisión de la gracia de Dios que viene a nosotras, ¿cómo? A través de Su Palabra. Mediante la meditación de día y de noche en la Palabra de Dios, es como se llega a ese río que fluye dentro y corre por tu cuerpo.

El Salmo 46 se ha convertido, para mí en un río de Dios en estos últimos días, regando la sequedad de mi corazón, convirtiéndolo de un desierto a un lugar hermoso, un lugar fructífero, un lugar bendecido.

El Salmo 36 dice: «les das a beber del río de tus delicias. Porque en ti está la fuente de la vida”. En el Salmo 65, «Tú visitas la tierra y la riegas en abundancia, en gran manera la enriqueces; 
el río de Dios rebosa de agua”.

Estos versículos hablan de una abundante provisión, una provisión suficiente de la gracia de Dios y de Su presencia.

A veces nos sentimos como si el río de Dios fuera solo un pequeño goteo, minúsculo, corriendo por nuestras vidas. Y a veces nos sentimos como si el lecho del río se hubiera secado, ¿no es así? Ve a las Escrituras y recuerda que Dios te da a beber del río de Sus delicias.  Él es la fuente de la vida, y en Él no hay sequedad, dice Su Palabra. «Tú visitas la tierra y la riegas en abundancia, en gran manera la enriqueces; el río de Dios rebosa de agua».

Ahora mismo yo estoy atravesando por algunas circunstancias desesperantes en mi vida, y algunas de ustedes también las tendrán. Pero quiero decirte que el río de Dios no nos falta. Está lleno. Está siempre lleno. Está lleno cuando yo estoy vacía. Está lleno aun cuando yo estoy seca. Él todavía está lleno. Y ese río de Dios puede correr a través de mi vida por la fe, si le permito ser mi  fuente completa de provisión.

Luego escucha este pasaje de Isaías 8:

Y volvió el SEÑOR a hablarme de nuevo, diciendo: Por cuanto este pueblo ha rehusado las aguas de Siloé que corren mansamente, 
he aquí el Señor va a traer sobre ellos las aguas impetuosas y abundantes del Éufrates, 
 es decir, al rey de Asiria con toda Su gloria, que se saldrá de todos sus cauces y pasará sobre todas sus riberas.  Fluirá con ímpetu en Judá, inundará y seguirá adelante,  hasta el cuello llegará,   y la extensión de sus alas   llenará la anchura de tu tierra, oh Emmanuel.» (vv. 5-8).

En este pasaje se describen dos cuerpos de agua. El primero es el de «las aguas de Siloé, que fluyen suavemente». Ese es el agua de la provisión de Dios, Su protección. «Las aguas tranquilas de Siloé», dijo un comentarista, «eran una pequeña fuente, y un arroyo en las afueras de Jerusalén, que suministraban agua a una piscina dentro de la ciudad para el uso de los habitantes». 1

Así que no había un río que corría a través de Jerusalén, pero había una pequeña fuente y un arroyo que siempre proveían el suministro suficiente para las necesidades de las personas, y Dios dice aquí: «Yo soy como las aguas de Siloé, que fluyen suavemente, pero,» Él añade: «Por cuanto este pueblo ha rehusado, no las quieren, las aguas de Siloé que corren mansamente”.

La presencia de Dios está representada como un río manso, que fluye apacible y Dios dice, «porque mi pueblo ha rechazado mi gracia y mi presencia, y el río de mis delicias, voy a traer contra ellos río  torrencial  que los vencerá, inundará, y abrumará.» Es el río de los enemigos de Dios. En este caso, es el ejército asirio.

Dios dice: ¿Tú no me quieres?, ¿No quieres mi gracia? ¿Yo no soy suficiente para ti? ¿No puedes confiar en Mí? Entonces déjame mandar un poco de agua hacia ti. «Y Dios dice que si recibimos Su favor y Su gracia, ese río suave es suficiente para soportar las olas tumultuosas y amenazantes que se oponen a nosotros en el mundo. Pero si rechazamos ese río manso, y de suave fluir, de Su presencia, de Su gracia, vamos a terminar siendo abrumados por el adversario.

Realmente importa si confiamos en la presencia de Dios y en Su provisión para nuestras vidas. Tú dirás, «Bueno, me gustaría tener más». Dios dice: «Tienes suficiente. ¿De verdad quieres más? Te voy a dar algo que te dará más. . . Puedo enviarte agua, pero no quisieras que sea el ejército asirio que viene a desbordarte y a conquistarte. Dios dice: «Toma tu elección. Pon tu confianza en mí, o estarás abrumado por el enemigo».

Isaías capítulo 33 lo expresa de esta manera: «Porque allí, el Majestuoso, el SEÑOR, será para nosotros   lugar de ríos y de anchos canales» (v. 21). Dios es para Su pueblo un lugar de ríos y  de arroyos muy anchos. Eso sugiere abundancia, suficiencia. Su plenitud divina es la fuente inagotable de nuestra plenitud, de nuestra fecundidad, de nuestra paz y de nuestra alegría.

Escucha también lo que dice Jeremías capítulo 17:

Bendito es el hombre que confía en el SEÑOR,  cuya confianza es el SEÑOR. Será como árbol plantado junto al agua, que extiende sus raíces junto a la corriente; no temerá cuando venga el calor, 
y sus hojas estarán verdes; en año de sequía no se angustiará ni cesará de dar fruto (vv. 7-8).

Él está diciendo, «¿Quieres ser fructífera? ¿Quieres ser protegida de la sequedad espiritual? Pues plántate junto al río. «¿Y cuál es el río? Es el Señor. Él es la fuente de la vida y de la fecundidad, la protección contra la sequedad espiritual.

Veamos unos pasajes más. En Ezequiel capítulo 47— algún día tal vez haremos toda una serie sobre este pasaje, me encanta este pasaje. Al profeta Ezequiel se le da una visión en la que ve una corriente de agua que sale hacia delante del templo y riega la tierra. Este río, a medida que sale, da vida y salud a todo lo que toca.

Ezequiel capítulo 47, comenzando en el versículo 9:

“Y sucederá que dondequiera que pase el río, todo ser viviente que en él se mueve, vivirá. Y habrá muchísimos peces, porque estas aguas van allá, y las otras son purificadas; así vivirá todo por donde pase el río. . .

Junto al río, en su orilla, a uno y otro lado, crecerán toda clase de árboles que den fruto para comer. Sus hojas no se marchitarán, [¿Hemos escuchado esto antes?] ni faltará su fruto. Cada mes darán fruto porque sus aguas fluyen del santuario; su fruto será para comer y sus hojas para sanar «(v. 9, 12).

Y Dios quiere que de nuestras vidas corran ríos de agua viva. ¿No es eso lo que Jesús dijo en Juan capítulo 7?

El que cree en mí, como ha dicho la Escritura: «De lo más profundo de su ser brotarán ríos de agua viva.” Esto dijo acerca del Espíritu, que recibirían los que creyeran en Él «(vv. 38-39).

Escucha, no habrá una fuente de río de agua viva, dentro de mí o dentro de ti apartados del Espíritu de Cristo de mora en nosotros. Pero con el Espíritu de Cristo que mora en nosotros hay un manantial inagotable, una fuente de agua viva. La presencia, la gracia y el favor de Dios pueden fluir a través de nosotros en la medida que el Espíritu Santo de Dios nos llena.

Bueno, vamos al último capítulo de la Biblia, Apocalipsis capítulo 22. Leamos el pasaje, o escúchalo en el contexto de los otros pasajes que hemos estado leyendo desde el principio en el libro de Génesis.

“Y me mostró un río de agua de vida, resplandeciente como cristal, que salía del trono de Dios y del Cordero…”

¿Ves la ciudad de nuevo? Tienes el río y la ciudad juntos en el Salmo 46, y ahora de nuevo en Apocalipsis 22.

Además, a cada lado del río, está el árbol de la vida… ¿Recuerdas Génesis 2? ¡No habíamos vuelto a ver ese  árbol de la vida desde que el hombre pecó! Pero ahora lo volvemos a ver, y está en la ciudad de Dios.] …Que produce doce clases de fruto, dando su fruto cada mes; y las hojas del árbol eran para sanidad de las naciones (vv. 1-2).

Entonces, ¿qué es este río de agua de vida que fluye del trono de Dios y del Cordero? Pues bien, el Evangelio de Juan nos ayuda con un pequeño detalle, y está en el libro de Juan, capítulo 19, en el versículo 34. ¿Recuerda que en la cruz después de que Jesús murió uno de los soldados en Juan capítulo 19 dice: «le abrió el costado con una lanza y al instante salió sangre y agua»? (V. 34).

Ahora bien, en Juan capítulo 2, el cuerpo de Cristo ya había sido identificado como el templo de Dios. Y de ese templo salió sangre y agua. El río que da la vida al mundo es la corriente de la gracia de Dios que brota del corazón de Cristo, entregado por nosotros en Su sacrificio en la cruz.

A partir de ese arroyo que fluye del costado de Cristo hay un río que bendice a toda la creación y que trae alegría y paz a la ciudad de Dios, al pueblo de Dios, y nos permite ser fructíferas y llegar a ser una fuente de bendición para otros en necesidad. «Hay un río cuyas corrientes alegran la ciudad de Dios, la santa habitación del Altísimo».

Si tú eres morada de Dios, si tu vida es su templo— y lo es, si has puesto tu fe en Cristo—entonces Dios tiene la intención de que haya fuentes de agua viva llenándote, que fluyen a través de ti, dándote vida a ti y a los demás que te rodean, y es la vida de Su gracia.

Annamarie: Nancy estará de regreso para darte un mensaje especial y para orar.

Ella nos ha estado preparando para las tormentas de la vida, llevándonos a lo largo del Salmo 46. El mensaje de hoy es parte de una serie llamada, Castillo fuerte es nuestro Dios. Para escuchar este programa en línea, puedes visitarnos en AvivaNuestrosCorazones.com. También puedes escucharlo a través de la aplicación de Aviva Nuestros Corazones, y no solo escucharlo, sino que fácilmente puedes compartirlo con tus amigas o hermanas.

Como Nancy ha explicado, esta serie surgió a raíz de circunstancias personales, y sabemos que muchas oyentes se pueden identificar con lo que han estado escuchando.

Nancy: Bueno, yo sé que no soy la única que tiene que seguir viniendo al Señor para buscar fortaleza cuando los vientos rugen a mí alrededor. Nuestras oyentes suelen escribir y compartir con nosotros acerca de algunas de las luchas que están enfrentando.

Una mujer nos escribió diciendo: «He sido realmente probada en los últimos tiempos hasta el punto de darme por vencida. Sus palabras que nos dicen que debemos estar quietos y esperar en el Señor realmente levantaron mi espíritu.»

Estoy muy agradecida de que hemos sido capaces de animar a esa mujer y día a día, a través de este programa somos capaces de ayudar a un sinnúmero más, justo como ella. Nuestras oyentes juegan un papel crucial en ayudarnos a seguir transmitiendo este tipo de mensaje esperanzador.

Si has sido alentada de alguna manera por Aviva Nuestros Corazones, si has encontrado esperanza en el Señor a través de los mensajes que has escuchado en esta emisión, ¿considerarías  ayudarnos a difundir este mensaje a otras mujeres?  Permanecemos en el aire gracias a las donaciones de oyentes como tú. Así que ¿podrías detenerte un momento y orar y preguntarle al Señor si Él quiere que te involucres en ayudar a este ministerio?

Annamarie: Solo tienes que visitarnos en nuestra página web, AvivaNuestrosCorazones.com y hacer tu ofrenda conforme el Señor lo ponga en tu corazón.

Como agradecimiento por tu ofrenda de cualquier monto te enviaremos una copia del libro “En la quietud de Su presencia”, este es una invitación a fortalecer tu vida devocional con Dios. Visitanos en AvivaNuestrosCorazones.com, haz tu ofrenda e indica que quieres recibir el libro. Los envíos están disponibles a EEUU y Canadá.

Bueno, aquí uno de los temas más sorprendentes que encontramos en la Escritura: Dios habita en medio de Su pueblo. ¿Por qué es esto tan sorprendente? Nancy lo explicará en el próximo programa de Aviva Nuestros Corazones. Ahora oremos juntas.

Nancy: Te doy gracias, Señor, por ese río de agua de vida, que cuando las circunstancias y el dolor, o las tormentas, los vientos y las olas están golpeando nuestra vida, en nuestro interior «hay un río cuyas corrientes alegran la ciudad de Dios, la santa habitación del Altísimo». Y a medida que confiamos en Ti y que tomamos de ese río, encontraremos abundancia y fecundidad, seguimos creyendo y recibiendo debido a la vida que nos has dado a través de Cristo, en cuyo nombre oramos con acción de gracias, amén.

Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss de Wolgemuth es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras son tomadas de La Biblia de las Américas a menos que se indique lo contrario.
Thank You, Led Zeppelin, Led Zeppelin II (Remastered) ℗ 1969; Río De Dios, Miriam Bloise, Respuesta De Amor ℗ 2011.

Usado con permiso del Ministerio Aviva Nuestros Corazones 

Tomado de: Aviva Nuestros Corazones

Todos los Derechos Reservados

Disponible sobre el Internet en: http://www.avivanuestroscorazones.com

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Dosis: Misericordia

De Generación en Generación

“Él promulgó un decreto para Jacob, dictó una ley para Israel; ordenó a nuestros antepasados enseñarlos a sus descendientes, para que los conocieran las generaciones venideras y los hijos que habrían de nacer, que a su vez los enseñarían a sus hijos. Así ellos pondrían su confianza en Dios y no se olvidarían de sus proezas, sino que cumplirían sus mandamientos.” (Salmo 78:5, 6) (NVI)

Si eres madre, supongo que como yo querrás preservar a tus hijos de cometer tus mismos errores. Tal vez por eso te esfuerzas en criarlos y formarlos y darles una instrucción que les ayude a tomar decisiones sabias. Este es un salmo muy largo que podríamos titular: Lecciones de historia para la vida. Asaf recuenta la historia de la nación de Israel desde su esclavitud en Egipto hasta el reinado de David. Esta historia se debía repetir de generación en generación para que no olvidaran a Dios y no cometieran los mismos errores que sus ancestros.
La memoria es frágil y parece ser que el pueblo de Israel había olvidado dos cosas fundamentales: las bondades y hazañas a favor de ellos y la infidelidad de sus corazones. Por eso Asaf empieza diciéndoles: “Pueblo mío, atiende a mi enseñanza; presta oído a las palabras de mi boca. Mis labios pronunciarán parábolas y evocarán misterios de antaño, cosas que hemos oído y conocido, y que nuestros padres nos han contado. No las esconderemos de sus descendientes; hablaremos a la generación venidera, del poder del SEÑOR, de sus proezas, y de las maravillas que ha realizado.
¡Qué impacto podía tener entonces este largo relato que te animo a leer por completo, donde Dios manifestaba a través de los años su cuidado, protección y misericordia a un pueblo infiel! ¿Les cuentas a tus hijos el maravilloso obrar de Dios en tu vida con la misma pasión y gratitud? Este salmo nos muestra la importancia de la educación religiosa en casa. Los niños deben conocer de nuestros labios las historias de la Biblia para obedecer a Dios y poner en Él su confianza. Solo así evitarán cometer los errores del pasado. ¿Qué estamos haciendo para transmitir estas historias a nuestros hijos, sobrinos, nietos y conocidos?
No nos conformemos con llevarlos a un templo o a una iglesia. A nosotras nos corresponde entrenar a la siguiente generación. Tomemos en serio la disciplina del estudio para ser mejores madres espirituales de la siguiente generación. Sembremos valores y principios cristianos fundamentales para la vida. ¿Quieres empezar ya? Hazlo con este precioso salmo, úsalo como un repaso de historia. ¡Es una hermosa narración del amor de Dios y los caminos equívocos que puede tomar el ser humano! Cuéntale a tus hijos o nietos, a tus sobrinos estas verdades que les servirán para obedecer a Dios y no caer en errores pasados.

Oración: Señor, enséñame a estudiar tu palabra y a buscar en ella con profundidad, para poder así escucharte y obedecerte.

De Vergara, P. A., de Vera, A. D., & Harris, K. O. (2012). Isha-Salmos: Una dosis diaria de fe para ti. (P. A. de Vergara, Ed.) (Primera Edición, p. 131). Lima, Perú: Ediciones Verbo Vivo.

 

 

Rebobinando la mente

Isha – Salmos

DÍA 114 – Salmo 77

Dosis: Alabanza

Rebobinando la mente

“A Dios elevo mi voz suplicante; a Dios elevo mi voz para que me escuche. Cuando estoy angustiado, recurro al Señor; sin cesar elevo mis manos por las noches, pero me niego a recibir consuelo. Me acuerdo de Dios, y me lamento; medito en él, y desfallezco. No me dejas conciliar el sueño; tan turbado estoy que ni hablar puedo.” (Salmo 77:1–4)) (NVI)

¡Qué sinceridad de este hombre! Asaf no podía orar por las noches. Tan mal estaba que sufría de insomnios, y su angustia le impedía elevar su oración a Dios. ¿Te ha sucedido? La importancia de la oración es fundamental en nuestras vidas. Aún en las noches más oscuras, orar nos trae de nuevo a Dios y a su propósito. Es así que en medio de esta crisis emocional Asaf descubre cuál es la clave, en tiempos malos, recordar las bondades y los hechos poderosos de Dios a favor de su pueblo: “Prefiero recordar las hazañas del Señor, traer a la memoria sus milagros de antaño. Meditaré en todas tus proezas; evocaré tus obras poderosas.”

Los grandes estudiosos de la historia de la iglesia nos dicen que Lutero, Calvino, Brainerd, Hudson, Wesley, tantos nombres y muchos más, no pertenecían a las mismas denominaciones, ni vivieron las mismas circunstancias, ni eran de clases sociales similares, ni compartieron opinión en muchos puntos de práctica y doctrina, pero una cosa tuvieron en común: fueron hombres y mujeres de oración.

¿Cuánto tiempo apartamos para orar cada día? Debo confesar que en ocasiones lucho por tener un tiempo para orar. Con un niño de un año, los deberes de la casa, las exigencias del ministerio, no logro encontrar el tiempo. Sin embargo, no seré la mejor madre si no soy la mejor hija del Padre, ni seré eficaz en mi servicio para el Reino si primero no paso tiempo con el Rey.

Los salmos nos enseñan que por sobre todas las cosas debemos comenzar alabando a Dios. Alabar viene de la palabra francesa: “premiar”. Alabar es darle el lugar y el valor que Dios merece. Alabar es “besar la mano” de alguien que reconocemos superior. ¿Y qué podemos alabar de Dios? Su nombre, su carácter, su creación, pero en este salmo aprendemos que Asaf lo alabó por sus milagros de antaño. Y al hacerlo, su tristeza se desvaneció.

Traigamos a nuestra mente los milagros que Dios ha hecho en nuestra vida y alabémosle. Traigamos a nuestra mente los milagros que Dios ha hecho en nuestra familia, en nuestra iglesia, en nuestra ciudad, en su pueblo Israel, en el mundo, y alabemos a Dios con todo el corazón. Bien dice el catequismo de Westminster: “El fin principal y más noble del hombre es el de glorificar a Dios y gozar de él para siempre”.

Oración: Señor, te alabo por los milagros que has hecho en mi vida, por cada ocasión en que respondiste mis plegarias, porque no me falta la luz del sol ni el canto de las aves. Amén.

De Vergara, P. A., de Vera, A. D., & Harris, K. O. (2012). Isha-Salmos: Una dosis diaria de fe para ti. (P. A. de Vergara, Ed.) (Primera Edición, p. 130). Lima, Perú: Ediciones Verbo Vivo.

La ira de Dios

Isha – Salmos

DÍA 113 – Salmo 76

Dosis: Justicia

La ira de Dios

“Cuando tú, Dios de Jacob, los reprendiste, quedaron pasmados jinetes y corceles. Tú, y sólo tú, eres de temer. ¿Quién puede hacerte frente cuando se enciende tu enojo? Desde el cielo diste a conocer tu veredicto; la tierra, temerosa, guardó silencio cuando tú, oh Dios, te levantaste para juzgar, para salvar a los pobres de la tierra. (Salmo 76:6–9) (NVI)

¿Concibes a Dios enojado? Poco pensamos en la ira de Dios. Nos gusta meditar en su amor, su misericordia, su gracia, pero ¿su enojo? Este salmo celebra la victoria de Israel sobre Senaquerib, y el salmista dice: “No debemos temer a Senaquerib, sino a Dios”. Pues los israelitas, a pesar de lo que pasaba, continuaban con ídolos extraños. La palabra hebrea que se usa para expresar la ira de Dios proviene de “nariz”, de un “resoplido fuerte”, lo que nos hace pensar que Dios se enoja en verdad.

Aunque no meditemos en ello, la ira de Dios es esencial a su naturaleza divina. El evangelio de Juan nos narra que Jesús se indignó porque usaban el templo como un mercado. En esa historia vemos que el enojo fue usado para la gloria de Dios. Era correcto lo que Jesús sentía. ¿Pero cómo saber que el enojo es santo?

A diferencia de los seres humanos, la ira de Dios no surge en el calor del momento o por emociones volátiles. Al contrario, su enojo es racional y directo, en una respuesta calculada contra el pecado. En ningún lado se expresa mejor esta parte de Dios que en el Antiguo Testamento. El pueblo de Israel hizo vez tras vez lo que a Dios le enfadaba. No bien el Señor los rescataba de sus enemigos, los israelitas olvidaban su protección y cuidado y volvían a sus dioses.

¿Te has sentido alguna vez llena de enojo santo? Tal vez te enfada la pederastia o la violencia. Quizá te ha molestado que se burlen de Dios y su creación. Pero piensa por un momento en el enojo que siente una mujer cuando su esposo coquetea con otra, o está con otra, o busca a otra. Eso es lo que nuestro Dios siente cada vez que le somos infieles. Su ira se enciende justamente. Él nos creó, nos rescató, nos amó. Jesús murió en la cruz por nosotras, y en ocasiones, nosotras coqueteamos con la fama, el dinero, el egoísmo.

Recuerdo que hacía lo imposible por no hacer enojar a mi papá cuando él estaba enfermo. Andaba de puntillas, le llevaba la cena, lo mimaba. ¡Con más razón debo hacer todo lo posible por no encender el enojo de mi Señor! ¿Y cómo podemos lograrlo? Obedeciéndole y siendo fieles a él.

Oración: Señor, enséñame a serte fiel y ayúdame a agradarte cada día. Y si alguna vez te enojo, perdóname Señor y restáurame. Amén.

De Vergara, P. A., de Vera, A. D., & Harris, K. O. (2012). Isha-Salmos: Una dosis diaria de fe para ti. (P. A. de Vergara, Ed.) (Primera Edición, p. 129). Lima, Perú: Ediciones Verbo Vivo.

El tiempo de Dios

Isha – Salmos

DÍA 112 – Salmo 75

Dosis: Confianza

El tiempo de Dios

“Tú dices: «Cuando yo lo decida, juzgaré con justicia. Cuando se estremece la tierra con todos sus habitantes, soy yo quien afirma sus columnas.» (Salmo 75:2–3) (NVI)

“Mamá, ¿y cuánto falta para Navidad?” Mamá responde: “Tres meses, hija”. ¿Y cuánto son tres meses? “Papá, dijiste que en quince minutos íbamos al parque. Ya es hora”. “No, hijo, solo han transcurrido dos minutos”. Los niños tienen dificultad por comprender el concepto del tiempo. La respuesta: “aún no es hora”, no les dice mucho. A veces solo entienden el tiempo presente. Hoy, ahora, en este instante. El futuro les cuesta. El pasado poco les importa. En ocasiones es dulce ser un niño.

Pero en este salmo, Asaf nos recuerda que ante Dios actuamos como esos niños insistentes que preguntan: ¿Cuánto falta? ¿Ya es hora? Y realmente nos cuesta comprender el concepto de su eternidad. Asaf habla de que Dios es el juez que juzgará con justicia y recompensará a los justos. Él tiene determinado el tiempo. Luego añade que aún cuando se estremezca la tierra, Él la afirmará sobre sus cimientos. ¿No te parece hermoso? Una verdadera dosis de confianza. El salmista nos recuerda que cuando estemos en problemas, debemos confiar en Dios pues él, tarde o temprano, destruirá la maldad.

Mientras tanto, nos removemos en nuestros asientos, armamos rabietas, nos mordemos las uñas, pues no podemos entender la perspectiva del tiempo que nuestro Dios maneja. Queremos todo hoy, ahora, en este instante. El futuro nos cuesta. El pasado poco nos importa. Pero cuando Dios esté listo, hará lo que se deba hacer.

Me identifico con Sara. Dios le dio una promesa, pero los años pasaron y ella seguía sin concebir. Como una niña pequeña quizá inquietaba a Abraham con la misma pregunta: ¿ya es hora? Pero los meses transcurrían y ella no concebía. Entonces, decidió actuar por sí misma. Tomó el asunto en sus manos, y todo salió mal. Abraham tuvo un hijo con su sierva Agar, pero ese niño llegó para traer problemas. Dos naciones se formaron que aún hoy siguen en guerra. La impaciencia de Sara tuvo un alto precio.

Quizá hoy estamos impacientes esperando una respuesta o muchas respuestas. Como niñas, insistimos vez tras vez, lo que no está mal pues Jesús se agrada con que le pidamos. Solo tengamos cuidado de no querer tomar el asunto en nuestras manos. Confiemos en Dios y en su perfecto tiempo. Esperemos a que Él se revele y nos muestre su plan. Así como nosotras, como madres, sabemos que es mejor ir al parque en quince minutos porque el sol estará más agradable, así como entendemos que Navidad no tarda en arribar pues solo restan unos meses, así Dios sabe que su tiempo es lo mejor para nosotras. Confiemos en él.

Oración: Señor, gracias porque tú juzgarás cuando llegue el tiempo. Gracias porque responderás cuando sea el tiempo. Ayúdame a saber esperar. Amén.

De Vergara, P. A., de Vera, A. D., & Harris, K. O. (2012). Isha-Salmos: Una dosis diaria de fe para ti. (P. A. de Vergara, Ed.) (Primera Edición, p. 128). Lima, Perú: Ediciones Verbo Vivo.

 

La posesión más preciada

Isha – Salmos

DÍA 111 – Salmo 74

Dosis: Pertenencia

La posesión más preciada

“Recuerda que somos el pueblo que elegiste hace tanto tiempo, ¡la tribu a la cual redimiste como tu posesión más preciada! Y acuérdate de Jerusalén, tu hogar aquí en la tierra.” (Salmo 74:2) (NVI)

Este salmo, es probablemente de uno de los descendientes de Asaf, se escribió después de la caída de Jerusalén. En él, el salmista ruega a Dios que ayude a su pueblo y recuerde sus promesas. Cuando estamos devastados y nos creemos olvidados, podemos, como el salmista, enumerar lo que Dios ha hecho en el pasado, y así confiar que nos ayudará en el presente.

En el verso 2, el salmista usa una de las ilustraciones más bellas que hay: la redención. A Dios no le bastó comprar a su pueblo, tuvo que rescatarlo. Dios lo liberó y se convirtió en su Redentor. Aún más, lo hace suyo. Lo vuelve su posesión preciada, su más grande tesoro. Para entender este concepto, me gusta usar la siguiente historia que escuché de niña.

Un niño, a quien llamaremos Tomás, construyó un barco de madera. Lo pintó, lo barnizó y le puso una vela. Después salió al río para verlo navegar. Ató a su mástil una cuerda, pero cuando la corriente se puso más violenta, perdió la cuerda y el barquito de madera se fue río abajo. Tomás perdió su bote. Semanas después, pasaba por el centro del pueblo cuando en la vitrina de la juguetería principal vio su barco. Entró corriendo y le dijo al vendedor: “Señor, este es mi barco. Yo lo construí. ¿Me lo devuelve?”

El dueño de la tienda lo miró con curiosidad: “Disculpa, hijo, pero si lo quieres, deberás comprarlo. Cuesta treinta monedas”. Tomás no tenía ni diez, y por más que insistió, el hombre del negocio no rebajó el precio ni le entregó el barco. Finalmente, Tomás juntó el dinero y volvió por el barco. Al tenerlo en brazos, lo abrazó y dijo: “Te amo, barquito, porque eres dos veces mío”.

Del mismo modo, somos preciadas para Dios. Somos dos veces suyas. Por creación le pertenecíamos, pero el pecado nos separó de él y terminamos en la vitrina de la esclavitud al pecado. Pero Jesús pagó el precio y nos recuperó. Hemos sido redimidas. Le pertenecemos a él. ¿No es esto maravilloso? Amada, no importa los problemas que hoy tengas, o cómo te sientas al mirarte en el espejo. Empieza a verte a ti misma con los ojos de Dios. Eres dos veces suya, porque te creó y te compró. ¡Eres su posesión preciada!

Oración: Señor, gracias porque me redimiste y me compraste del pecado. Gracias porque soy preciada para ti.

De Vergara, P. A., de Vera, A. D., & Harris, K. O. (2012). Isha-Salmos: Una dosis diaria de fe para ti. (P. A. de Vergara, Ed.) (Primera Edición, p. 127). Lima, Perú: Ediciones Verbo Vivo.

La recompensa de los justos

Isha – Salmos

DÍA 110 – Salmo 73

Dosis: Contentamiento

La recompensa de los justos

“Entonces me di cuenta de que mi corazón se llenó de amargura, y yo estaba destrozado por dentro… Puede fallarme la salud y debilitarse mi espíritu, pero Dios sigue siendo la fuerza de mi corazón; Él es mío para siempre.” (Salmo 73:21, 26) (NTV)

A partir del salmo 73 comienza el tercer libro de los Salmos, la mayoría escrito o compilado por Asaf, uno de los líderes de los coros levíticos bajo el reinado de David. En este salmo, Asaf habla de dos grandes temas que se van entretejiendo: la prosperidad de los malos versus la aparente pobreza de los justos.

Asaf abre de par en par su corazón dolido y comienza confesando su envidia hacia los malos porque estos prosperan, aparentemente no sufren, triunfan en todo lo que hacen, blasfeman a Dios y se salen con la suya. ¿Te has sentido así? ¿Tu compañera de clases de la escuela elemental ahora tiene una casa grande, un auto nuevo, una familia perfecta, en tu opinión, mientras que tú luchas por el sustento diario? Y ella decidió no confiar en Dios, mientras que tú le sirves. De repente te parece injusto.

Podemos caer en la misma trampa en que tropezó Asaf y pensar tres cosas: que no vale la pena ser fiel a Dios, que desperdiciamos nuestras vidas y que aquellos que se ríen de nuestra fe son los que más se enriquecen. Pero Asaf no se quedó en sus quejas. Eso es lo que hace la oración. Aunque tengamos reclamos, al entrar en la presencia del Señor vamos recuperando la visión. Cuando asistimos a la iglesia y escuchamos la palabra de Dios ordenamos nuestros pensamientos. Así le sucedió a Asaf. Entró al santuario y finalmente comprendió las cosas.

El fin de los malos será inexorable. Los ricos ponen su confianza y su gozo en las riquezas, pero esto solo crea un sueño que pronto se desvanece. Un día, el Señor se reirá de sus sueños y sus ideas pues le negaron a Él. A final de cuentas, los ricos y malos no son dignos de envidia sino de lástima.

Entonces Asaf descubre cómo Dios le ha cuidado y le guiado. Declara que en medio de la enfermedad y la pobreza, cuenta con una riqueza eterna que nadie le arrebatará: Dios mismo. Así que se propone seguir adelante y hablar a otros de su Dios. Como Asaf, habrá días en que envidiemos a los que hacen el mal y prosperan, pero no olvidemos que nuestra herencia es eterna, y es lo mejor que puede existir: Dios mismo. Quizá hoy no lo entendemos del todo, pero un día lloraremos de gratitud por haber sido salvadas por Jesús, pues tendremos lo que jamás perderemos: a Jesús mismo, la verdad y la vida.

Oración: Señor, enséñame a no envidiar. Gracias porque tú eres lo que más deseo en esta tierra. Y te pido por aquellos que aún andan ciegos pensando que la riqueza lo es todo. Dame valor para hablarles de ti. Amén.

De Vergara, P. A., de Vera, A. D., & Harris, K. O. (2012). Isha-Salmos: Una dosis diaria de fe para ti. (P. A. de Vergara, Ed.) (Primera Edición, p. 126). Lima, Perú: Ediciones Verbo Vivo.