25/27 –El ministerio de los 40 días

Aviva Nuestros Corazones

Serie: El Cristo incomparable

25/27 –El ministerio de los 40 días

Nancy Leigh DeMoss

https://www.avivanuestroscorazones.com/podcast/aviva-nuestros-corazones/el-ministerio-de-los-40-dias/

Leslie Basham: Nancy Leigh DeMoss, describe las apariciones que Jesús  hizo después de Su resurrección.

Nancy Leigh DeMoss: Es interesante el hecho de que estas apariciones no fueran llamativas, ni grandes. Jesús no estaba, en este momento, tratando de ser noticia de primera plana. La mayoría de estas apariciones fueron pequeñas, personales, encuentros íntimos con personas o con pequeños grupos.

Leslie: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss, en la voz de Patricia de Saladín. Nancy continúa con la serie, El Cristo incomparable.

Nancy: He tenido que viajar mucho a través de los años a causa del ministerio. Pero soy una persona hogareña. Me gusta quedarme en casa. Acerca de viajar he dicho muchas veces, que no haría esto por nadie más que no fuera por el Señor Jesús. Pero lo he hecho por Él, y Él me ha bendecido. Pero cuando estoy viajando, fuera de la ciudad, estoy ansiosa por regresar a mi casa. Y a través de los años ha habido ocasiones, en las que me han retrasado el regreso, y me piden hacer otra parada o cumplir con otra responsabilidad. Tengo que decirte que es duro, porque quiero llegar a casa.

A mí me encanta servir, me encanta lo que el Señor me ha llamado a hacer. Pero también, me encanta dormir en mi propia cama. Y quiero llegar a casa. Pensé en esto cuando venía a hacer esta sesión de nuestra serie, El Cristo incomparable, y en lo deseoso en que después de Su resurrección, ¡Jesús debió de estar de regresar al cielo y ver a Su Padre!  Después de todo lo que Él había soportado, después de todo lo que había atravesado —desde el tiempo en que vino  a la tierra como un bebé, hasta hacerse hombre, Su vida adulta, Su ministerio, Su juicio, Su crucifixión—  después de toda esa prolongada separación física de Su Padre, cuán deseoso Él debió de haber estado de regresar a Su hogar.

Pero las Escrituras nos dicen que Él se quedó aquí en esta tierra por 40 días más después de Su resurrección—cinco semanas y cinco días. Bueno, eso pudiera parecer no mucho tiempo, pero cuando estás viajando y estás lista para regresar a tu hogar, puede parecer muchísimo tiempo. Pienso que este ministerio de Cristo durante los 40 días que pasaron entre Su resurrección y Su ascensión al cielo, nos muestran el corazón tierno y compasivo de Cristo. ¿Para qué o por qué pasar 40 días más en este mundo tan miserable  —quiero decir, quien quiere quedarse aquí cuando puedes estar en el cielo?

Pero a Él le importaban más sus discípulos que Él mismo. A Él le importamos más nosotros que Él mismo.  Él estaba más comprometido con la agenda y con el plan de Su Padre que con Su propia comodidad y Su propia agenda.  De hecho, Su agenda era la agenda de Su Padre. Él siempre dijo, «Yo vine a hacer la voluntad de mi Padre». Porque este período de 40 días  era parte de la voluntad de Su Padre, y por eso Él lo abrazó y lo completó.

Ahora, esa transición entre la resurrección y la ascensión dijimos que fue de 40 días. Y es algo interesante.

Pero ahora tenemos que preguntarnos. ¿Por qué Jesús se quedó en la tierra semanas después de Su resurrección? La respuesta obvia es que Su Padre quería que Él lo hiciera. Pero ¿por qué Dios no lo resucitó y lo llevó enseguida al cielo, de la tumba a la diestra del trono de Dios? ¿Cuál fue el propósito de esos días? ¿Qué hizo Él?

Permíteme pedirte que si tienes una Biblia, vayas al libro de los Hechos, capítulo uno. En el párrafo que abre el libro de los Hechos, encontramos el más breve resumen —en sólo tres versículos —que resume este ministerio de 40 días. Vamos a ver en la medida en que leemos en solo unos momentos, que esos 40 días no fueron un accidente. No fueron solo un paréntesis. Fueron una parte intencional del plan de Dios. Ten en cuenta que los discípulos acababan de perder a su amigo más querido y su Señor, por lo menos así pensaban. Él había muerto.  Estaban confundidos, estaban de duelo por su pérdida. Ellos pensaban que Él era el Rey, que había venido a traer el reino de Dios a la tierra, y ahora su Rey estaba muerto.

Ahora estaban recibiendo la palabra de la resurrección. Pero ¿cómo  creerían esto? ¿Cómo sabrían que era realmente cierto? Bueno Jesús usó este breve período de 40 días para alentar a Sus discípulos. Lo hizo principalmente de dos maneras que puedes ver en Hechos capítulo 1. Primero Él ministró a sus dudas proveyéndoles pruebas — pruebas sólidas — de Su resurrección, de que estaba realmente vivo. Y en segundo lugar, los preparó para el futuro durante esos 40 días. Les dio una esperanza, les dio una visión y la orden de marchar después de Su partida. Él utilizó este tiempo para darles  prueba de Su resurrección, y para prepararlos para el futuro.

Permíteme leer este párrafo de Hechos capítulo 1, y luego vamos a verlo por separado.

El primer relato que escribí, [refiriéndose al Evangelio de Lucas, porque ambos fueron escritos por el Dr. Lucas] Teófilo, trató de todo lo que Jesús comenzó a hacer y a enseñar, hasta el día en que fue recibido arriba, después de que por el Espíritu Santo había dado instrucciones a los apóstoles que había escogido. A éstos también, después de su padecimiento, se presentó vivo con muchas pruebas convincentes, apareciéndoseles durante cuarenta días y hablándoles de lo concerniente al reino de Dios (Hechos 1:1-3).

Desglosémoslo ahora un poco:

Él proveyó pruebas o evidencias de Su resurrección durante esos 40 días. Las Escrituras afirman que fueron muchas pruebas. Se les presentó Él mismo a ellos, apareciéndoseles durante 40 días. La palabra prueba es una palabra fuerte en el lenguaje original.  Significa «prueba positiva»  «señal segura». Algunas traducciones dicen  «muchas pruebas convincentes» o «muchas pruebas infalibles».

Él usó esas semanas para construir la fe de Sus discípulos. Él los iba a dejar. Todo el futuro de Su misión dependía de que ellos  tuvieran confianza en que Él estaba vivo, que Él había vencido la tumba. Y no solo ellos tenían que tener confianza, ellos iban a tener que convencer a otros de que Él había sido crucificado, y de que este supuesto criminal, era el hijo de Dios que se había levantado de los muertos. Y eso no iba a ser fácil de vender. Así que primero ellos mismos tenían que estar seguros. Durante esos días, Jesús se presentó ante ellos con evidencias que no podían refutar.

Él hizo esto apareciéndose a ellos, como dice este pasaje ¿qué prueba mayor de la resurrección que el que ellos vieran a Aquél que ellos pensaban muerto, vivo y en persona? Él les dio evidencia física. Ellos vieron Su cuerpo físico. Era Su cuerpo glorificado. No era el mismo cuerpo, pero era reconocible. Pudieron ver las cicatrices de los clavos en Sus manos y en Sus pies. Lo vieron, lo tocaron, comieron y hablaron con Él. Él les dio evidencia física de Su resurrección.

Él lo hizo a través de múltiples apariciones, —apariciones después de la resurrección —a múltiples personas y en múltiples circunstancias. Tienes que poner los cuatro evangelios juntos para tener la lista completa de las  apariciones, y no es fácil armonizarlas, porque cada uno de ellos habla acerca de alguna aparición pero no de todas. Pero cuando las pones todas juntas parecen ser de 10 a 11 las apariciones después de Su resurrección.

Estas apariciones fueron impresionantes, porque ellos pensaban que Él estaba muerto,  pero es interesante el hecho de que estas apariciones no fueron llamativas ni grandes. Jesús no estaba, en este momento, tratando de ser noticia de primera plana. La mayoría de estas apariciones fueron pequeñas, personales, encuentros íntimos con individuos o con grupos pequeños. Por cierto, la mayoría sino todas fueron a creyentes en Cristo. Recuerda algunas de estas apariciones:

  • La primera aparición registrada, después de la resurrección fue a María Magdalena quien estaba perturbada y gimiendo fuera de la tumba. Como en muchas de las apariciones, puedes ver el tierno intercambio, y el estímulo personal que Jesús le da a esta mujer, esta mujer que amaba a Jesús tan profundamente y que había sido tan profundamente impactada por Su vida y por Su ministerio pero que estaba tan afligida por Su pérdida. Él viene y le ministra con tanta ternura en su dolor y lo puedes ver en  Marcos capítulo 16 en los versículos 9-10 y en Juan capítulo 20 versículo 11.
  • Luego tenemos otra aparición a María Magdalena, y a la otra María quienes estaban  regresando de la tumba vacía el día de la resurrección  y lees de esto  en Mateo capítulo 28 los versículos 9-10.
  • Luego se apareció a los dos discípulos que venían por el camino a Emmaus (  Lucas 24:13, y Marcos 16:12)
  • Y  también el asombroso encuentro con Pedro en Jerusalén que fue parte del proceso restaurador en su vida ( Lucas 24:34)
  • Otra aparición fue a los discípulos, en Juan capítulo 20 quienes estaban encerrados en una habitación en Jerusalén. ¿Recuerdas? En esa ocasión uno de los discípulos estaba ausente. Era Tomás— así que cuando él oyó acerca de esto tuvo mucha dificultad para creerlo y lo vemos Juan 20: de los versículos 19 al -23.
  • Pero la próxima vez que Jesús apareció fue a los 11 apóstoles en una casa. Él lo hizo a causa de Tomás, para asegurarse de que Tomás tuviera la misma evidencia, o la misma prueba de la resurrección (ver Juan 20: 26)
  • Y también está la aparición, en Juan capítulo 21, a los siete apóstoles que estaban pescando en el mar de Galilea (ver Juan 21: 1)
  • En 1ra. a los Corintios capítulo 15 dice que,  Él se le apareció a Su hermano Santiago, quien no había creído anteriormente, pero que se convirtió en un firme creyente  —uno de los líderes de la Iglesia, y el autor de la epístola de Santiago en el Nuevo Testamento (ver 1 de Corintios 15:7).
  • Después más de 500 personas le vieron al mismo tiempo.  Ese fue el grupo más grande del que sabemos. Pero la mayoría de ellos fueron encuentros mucho más personales e íntimos (ver 1 de Corintios 15:6)

En estos encuentros vemos que Jesús trata tierna y directamente con las dudas y con los temores de Sus discípulos. Por ejemplo, Lucas capítulo 24 dice:

Mientras ellos relataban estas cosas, Jesús se puso en medio de ellos, y les dijo: Paz a vosotros. Pero ellos, aterrorizados y asustados, pensaron que veían un espíritu. Y Él les dijo: ¿Por qué estáis turbados, y por qué surgen dudas en vuestro corazón? Mirad mis manos y mis pies, que soy yo mismo; palpadme y ved, porque un espíritu no tiene carne ni huesos como veis que yo tengo.

Y cuando dijo esto les mostró las manos y los pie Como ellos todavía no lo creían a causa de la alegría y que estaban asombrados, les dijo: ¿Tenéis aquí algo de comer? Entonces ellos le presentaron parte de un pescado asado. Y Él lo tomo y comió con ellos. (vv. 36-42).

¡Más evidencia! Prueba de manera positiva la evidencia de que Jesús realmente estaba vivo.

Las pruebas eran convincentes. Eran indiscutibles. Tanto es así que los apóstoles nunca dudaron de nuevo,  desde el momento en que Jesús ascendió a los cielos.  Cuando lees el libro de los Hechos, ves esta poderosa y convincente, prédica persuasiva de la resurrección de Cristo. Ellos nunca más dudaron de esto. Predicaban con convicción porque Jesús se quedó el tiempo suficiente para darles prueba de Su resurrección.

Es interesante que en Hechos capitulo 1 versículo 3  dice “A éstos también, después de su padecimiento, se presentó vivo con muchas pruebas convincentes”, El hecho de que se haya presentando Él mismo a ellos después de haber sufrido era un recordatorio y una garantía de que el sufrimiento y la muerte no son el final.  Ves, ellos sufrirían también. Y Jesús los había llamado «a tomar su cruz y a seguirlo» (Mateo 10:38).  Pero ellos también tenían que compartir, después de haber sufrido,  Su resurrección.

Por lo tanto ellos podían proclamar a Cristo con valentía y sin temor incluso cuando se volvió ilegal hacerlo bajo el gobierno opresor de Roma. Porque lo peor que podía pasarles, ellos  sabían, era que podían morir. Pero aquí estaba Jesús frente a ellos como una evidencia de que ¡hay vida después de la muerte! La muerte no es el final.

Estoy tan agradecida de que Jesús proveyera esta prueba, de la evidencia de Su resurrección, no solo para Sus discípulos, sino como evidencia para las futuras generaciones de escépticos— los relatos de testigos oculares de la resurrección de Cristo son una de las grandes pruebas de la resurrección. Tenemos los testimonios.

Así que haciéndolo personal para nuestros propios corazones, se nos recuerda que Jesús está vivo.  Estamos llamadas a que desaparezcan nuestras dudas y nuestros temores.  Él se mostró vivo por un período de 40 días.  Lo nuestro es creer en la evidencia y recibir Su paz.

Así que Jesús durante estos 40 días dio pruebas de Su resurrección y preparó a Sus discípulos para el ministerio después de Su partida. ¿Cómo Jesús preparó a Sus discípulos para lo que les esperaba? Déjame sugerirte tres cosas que para mí sobresalen en estos recuentos después de la resurrección.

Primero, Él les proporcionó instrucción. Les estaba hablando acerca del reino de Dios. Éstas posiblemente fueron las cosas de las que Él les había hablado antes, pero que ellos todavía no habían entendido y comprendido. Y a medida que avanzas en el libro de los Hechos el capitulo 1 versículo 6 ves que aún estaban buscando algo terrenal, un reino político que los liberaría de los romanos. Pero Jesús les habla del reino de Dios, Su reinado y gobierno en el corazón de Su pueblo que transformaría las vidas y los hogares y que impactaría este mundo con Su Señorío. Él estaba tratando de instruirles en el significado real del reino de Dios.

Mientras lo hacía, les enseñaba las Escrituras. ¿Recuerdas los dos hombres en el camino a Emmaus que inicialmente no reconocieron a Jesús el día de la resurrección?  Dice, «Y comenzando por Moisés y continuando con todos los profetas, les explicó lo referente a Él en todas las Escrituras (Lucas 24:27). Él les señaló de nuevo la Palabra de Dios para instruirlos, a fin de prepararlos para proclamar el Evangelio después de que Él se fuera.

De nuevo vemos en Lucas capítulo 24 cuando se le aparece a los discípulos,

«Y les dijo: Esto es lo que yo os decía cuando todavía estaba con vosotros: que era necesario que se cumpliera todo lo que sobre mí está escrito en la ley de Moisés, en los profetas y en los salmos.45 Entonces les abrió la mente para que comprendieran las Escrituras,46 y les dijo: Así está escrito, que el Cristo padeciera y resucitara de entre los muertos al tercer día;» (Lucas 24:44-46).

Aquí están ellos, viéndole con sus propios ojos, pero Él les está diciendo que la cosa más segura que tienen, la evidencia más convincente, es lo que está escrito en las Escrituras. Yo estoy tan contenta de que tengamos esa Palabra, y de que Él nos haya dado Su Espíritu Santo para que ilumine nuestro entendimiento y nos enseñe cómo debemos trabajar en  el ministerio— como debemos contribuir a acercar Su reino a esta tierra. Así que la instrucción es parte de su preparación para sus futuros ministerios.

Y entonces, la misión, en esos 40 días, Él les confirmó lo que ellos tenían que hacer después de Su partida. Él les dijo, «21  como el Padre me ha enviado, así también yo os envío (Juan 20:21). Él los estaba enviando de la misma manera que el Padre lo había enviado a Él. Así que ¿cómo los estaba enviando? Los estaba enviando:

  • A vivir vidas santas, humildes, obedientes como Él lo había hecho.
  • A proclamar el reino de Dios como Él lo había hecho.
  • A llamar a la gente a arrepentirse y a creer en el Evangelio como Él lo había hecho.
  • A vivir en dependencia consciente de Su Padre celestial y el Espíritu Santo como Jesús lo hizo.
  • A vivir una vida de oración, de sacrificio y de servicio como Jesús vivió.

Ellos no debían solo  sentarse y hablar de los viejos tiempos y de lo que disfrutaron de las bendiciones de su relación con el Señor cuando Él estuvo aquí en la tierra. Porque entonces, si eso era cierto,  ¿por qué no llevarlos al cielo con Él?  Él se iba y los dejaba en la tierra con un propósito. Él les explicó esa misión.

Id, pues, y haced discípulos de todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo,  enseñándoles a guardar todo lo que os he mandado; y he aquí, yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo. (Mateo 28:19-20)

Él les dejó clara esta misión. Y les dice en Lucas capítulo 24:

Y que en Su nombre se predicara el arrepentimiento para el perdón de los pecados a todas las naciones, comenzando desde Jerusalén. Vosotros sois testigos de estas cosas (v. 47-48).

Esta era su misión, ser testigos. Ellos tenían que salir de su zona de confort. Había un arduo trabajo que hacer y un mensaje que proclamar.

Pues bien, Jesús nos ha dejado con una misión, con un mandato y un mensaje. Él va a regresar algún día, y en ese momento Él nos hará responsables de lo bien que hemos llevado a cabo nuestra misión en Su ausencia. Como Jesús dijo en Lucas  capítulo 12:  «Dichoso aquel siervo a quien, cuando su señor venga, lo encuentre haciendo así. (v. 43). ¿Seremos fieles cumplidores de la misión que nos ha encomendado hacer?

Durante ese período de 40 días, Jesús instruyó a Sus discípulos acerca del reino de Dios, Él les encargo una misión,  les dejó saber qué hacer. Luego hizo  provisión en la medida en que ellos eran dirigidos hacia el ministerio.

¿Cómo iban a cumplir su misión de proclamar Su Reino? Ellos tenían que  estarse preguntando «¿cómo vamos a poder hacer esto sin ti Jesús? Parece imposible.» El gobierno romano era tan grande, tan poderoso y tan opuesto a Cristo. Pues bien, en las últimas horas antes de Su crucifixión, Jesús les había prometido a los discípulos que cuando Él se fuera al cielo le pediría al Padre que enviara al Espíritu Santo. Ahora durante este período de 40 días, Él les recordó a ellos esa promesa y la provisión que les enviaría.

Puedes leer sobre esto en el último capítulo del Evangelio de Lucas y en el primer capítulo del libro de los Hechos.  Ambos libros fueron escritos por el doctor Lucas. Lucas  capítulo 24

Y les dijo: Así está escrito, que el Cristo padeciera y resucitara de entre los muertos al tercer día… Vosotros sois testigos de estas cosas. Y he aquí, yo enviaré sobre vosotros la promesa de mi Padre; pero vosotros, permaneced en la ciudad hasta que seáis investidos con poder de lo alto. (vv. 46-49).

¿Cuál era ese poder? El poder del Espíritu Santo. Ves lo mismo en Hechos capítulo 1 en el versículo 4

Y reuniéndolos, les mandó que no salieran de Jerusalén, sino que esperaran la promesa del Padre: La cual, les dijo, oísteis de mí; pues Juan bautizó con agua, pero vosotros seréis bautizados con el Espíritu Santo dentro de pocos días. pero recibiréis poder cuando el Espíritu Santo venga sobre vosotros; y me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea y Samaria, y hasta los confines de la tierra. (vv. 4-5, 8).

La venida del Espíritu Santo, la provisión prometida significaba que Jesús siempre estaría con ellos a través del Espíritu Santo que mora en nosotros. ¿No fue esto lo que Él dijo al final de Mateo capítulo 28?, «…y he aquí, yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo» (v 20)  Aquí Él se está preparando para partir. Pero Él les dice, «yo estaré siempre con ustedes.» Y eso fue por la provisión prometida del Espíritu Santo. Él no los enviaba a hacer esto de Su cuenta. Él no nos envía a servirle por nuestra propia cuenta.

¿No estás consciente, como yo lo estoy,  cuando el Señor nos pide servirle de diferentes maneras lo débiles e inadecuadas que somos? ¿Y cuán grande es nuestra necesidad de provisión, del poder del Espíritu Santo, del poder del Espíritu Santo y el aliento de que Dios ha dispuesto los recursos para ayudarnos a llevar a cabo Su misión y mandato de vivir nuestras vidas en el Espíritu Santo y la presencia de Cristo?

A lo largo de estos 40 días, Él le  recordó a Sus discípulos que la ventana de oportunidades no sería eterna —que había un tiempo limitado en el cual ellos estarían sirviéndole a Él y extendiendo Su reino de esta manera. Él les dijo a ellos, hagan  esto «hasta que yo vuelva» (Juan 21:22) «hasta el final  [la consumación] de los tiempos» (Mateo 28:20). Él les dejó saber que había un período de tiempo definido en el que ellos tendrían que completar su llamado.

El reto para los discípulos, y para nosotras hoy, es vivir para lo que realmente tiene importancia. No para nuestros programas, metas, agendas, sino para Él. Redimiendo el tiempo. Porque como Jesús dijo llegará la noche cuando nadie podrá trabajar. Y  cuán agradecidas debemos estar por esos 40 días de que Jesús se tomó esos días para proporcionarnos las pruebas de Su resurrección, para preparar a Sus discípulos para la tarea que tenían por delante dándoles instrucciones, un sentido de misión, la comisión de lo que tendrían que hacer  y luego Su provisión divina para este llamado.

Leslie: Nancy Leigh DeMoss ha estado explicando un asunto importante: ¿Por qué Jesús se quedó 40 días en esta tierra después de haber resucitado de entre los muertos? Toda la serie, El Cristo incomparable, ha sido así. Nancy ha hecho preguntas que nunca antes consideré. Las respuestas nos han dado un conocimiento mucho más profundo de Quien es Cristo.  La enseñanza nos ha ayudado a apreciar de manera diferente la obra que Él ha hecho.

Podemos hacer que el programa les llegue cada día gracias a las donaciones de nuestras oyentes. Llámanos si Dios te dirige a darnos una ofrenda; al número 1-800-569-5959. Puedes llamar desde los EE UU o Canadá. Cuando llames especifica que deseas que se aplique tu ofrenda al ministerio en Español.  También puedes hacer tus donaciones en línea al visitar AvivaNuestrosCorazones.com.

Bueno, 40 días después de haber resucitado de entre  los muertos,  Jesús ascendió al cielo. La mayoría de las iglesias no dan tanta importancia a este evento.  ¿Realmente Importa? En el día de mañana, Nancy analizará esta pregunta.  Por favor regresa con nosotras a Aviva Nuestros Corazones.

Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras son tomadas de La Biblia de las Américas a menos que se indique lo contrario.

«Las apariciones del Cristo Resucitado» Sermón por Doremus A. Hayes, en Grandes Sermones sobre Cristo, Vol. 3: La Resurrección de Jesús, (Grand Rapids: Baker, 1991), Wilbur M. Smith, ed., 63 (citando «Westcott»).

Usado con permiso del Ministerio Aviva Nuestros Corazones 

Tomado de: Aviva Nuestros Corazones

Todos los Derechos Reservados

Disponible sobre el Internet en: http://www.avivanuestroscorazones.com

Orando por nuestros gobernantes

Isha – Salmos

DÍA 109 – Salmo 72

Dosis: Intercesión

Orando por nuestros gobernantes

“Oh Dios, concede al rey tu amor por la justicia, y da rectitud al hijo del rey. Ayúdale a juzgar correctamente a tu pueblo; que los pobres siempre reciban un trato imparcial.” (Salmo 72:1–2) (NTV)

Me encontraba en una conferencia internacional. Me senté con colegas y amigos de América Latina y, para no perder la costumbre, la conversación giró en torno a las próximas elecciones presidenciales en mi país. Me quejé de la corrupción y el manejo de los medios, de la pobreza extrema y la ignorancia. Cuando me desahogué, guardé silencio. Un hombre de Centroamérica solo se encogió de hombros: “No nos cuentas nada nuevo. Esto pasa en todos los países de América Latina”.

Resulta fácil enumerar las debilidades de nuestros gobiernos. Podemos enlistar en unos minutos las muchas fallas de nuestros gobernantes, pero la Biblia es clara. Se nos pide orar por nuestras autoridades: “Ora de ese modo por los reyes y por todos los que están en autoridad, para que podamos tener una vida pacífica y tranquila, caracterizada por la devoción a Dios y la dignidad.”

Este salmo fue escrito por Salomón, el hijo de David, el rey más grande que tuvo Israel en poder, dominio y riqueza. Él construyó el magnífico templo y hubo paz en la tierra. Sin embargo, al pedir Salomón ayuda a Dios, mira más allá y pide por el reino que perdurará para siempre, y sabemos que el reino perfecto solo vendrá cuando Cristo mismo sea coronado rey de toda la tierra. Mientras tanto, debemos pedir por nuestras autoridades.

Resulta interesante leer que cuando los israelitas fueron deportados, estando aún en situaciones extremas de humillación e injusticia, Dios les enseñó que debían aún procurar la paz de la nación que los había conquistado y orar por ella. ¡Qué paradójico! Pero escondido en este mandato había una ley espiritual. La paz de la ciudad redundaría en bienestar y paz para ellos mismos. Dios les dice así: “Además, busquen el bienestar de la ciudad adonde los he deportado, y pidan al SEÑOR por ella, porque el bienestar de ustedes depende del bienestar de la ciudad.» A través de muchos de estos salmos hemos leído el mismo clamor por la paz y la justicia. Pidamos sabiduría para nuestros gobernantes, que tengan amor por la justicia, que juzguen correctamente, que los pobres reciban un trato imparcial, que salven a los necesitados.

¿Por qué oramos generalmente? En una encuesta se descubrió que 9 de cada 10 adultos dice orar. ¿Y por qué oran? El 90% ora por sus propias familias. El 81% ora por la niñez. El 77% ora por la paz mundial. El 69% ora por su trabajo. Supongo que el 100% ora por sí mismo y sus necesidades. ¿Y por las autoridades? No se menciona en la encuesta, pero temo que si un 10% ora con regularidad por ellas, sería sorprendente. Oremos hoy por los que están en eminencia. Obedezcamos a Dios.

Oración: Señor, da rectitud a nuestros gobernantes y que en sus días florezca la justicia y haya gran prosperidad. Amén.

De Vergara, P. A., de Vera, A. D., & Harris, K. O. (2012). Isha-Salmos: Una dosis diaria de fe para ti. (P. A. de Vergara, Ed.) (Primera Edición, p. 125). Lima, Perú: Ediciones Verbo Vivo.

Oración de un Anciano

Isha – Salmos

DÍA 108 – Salmo 71

Dosis: Virtud

Oración de un Anciano

“Aun cuando sea yo anciano y peine canas, no me abandones, oh Dios, hasta que anuncie tu poder a la generación venidera, y dé a conocer tus proezas a los que aún no han nacido.” (Salmo 71:18) (NVI)

La señorita Phyllis, porque nunca se casó, era hija de padres ingleses, misioneros en mi ciudad. Desde que nací la vi como una mujer mayor de edad. Después me enteré que me llevaba cincuenta años. Todos los domingos, sin falta, llegaba puntualmente a la reunión y se sentaba junto a la puerta para recibir a los fieles. Vendía Biblias y repartía folletos. Toda la semana asistía a distintas reuniones para niños y mujeres donde ayudaba en lo que podía.

Pero la edad cayó sobre ella. Ya no podía vivir sola. Se discutió con ella qué hacer, y ella estuvo de acuerdo en ingresar a un asilo. En ese lugar, como en muchos, había ancianos que terminaban su vida angustiados, abandonados, rechazados, ignorados, y por lo tanto, amargados y enfadados. No ella. Hacía bromas, cuando podía. Se sentaba para ver partidos de fútbol, una afición que había ocultado de muchos de nosotros. Cuando murió, sus cuidadoras lloraron. “La vamos a echar de menos. Iluminaba nuestros días”.

El cómo vivimos hoy, afectará cómo vemos el mañana. Quizá ya estás en una edad avanzada, o tal vez ni siquiera piensas en ello, pero la ancianidad es una realidad para todas nosotras. La pregunta es: ¿podremos hablar como el salmista? Este anciano tenía un testimonio claro: “Mi vida es un ejemplo para muchos, porque tú has sido mi fuerza y protección.” Vivamos desde hoy siendo ejemplo, no tanto por lo que hagamos, sino por aquel en quien confiamos.

Y ya que su vida era un ejemplo, el salmista clama a Dios y le ruega más tiempo. Aún no terminaba su labor. Debía anunciar las maravillas de Dios a una generación venidera. Una persona jamás será suficientemente adulta para servir a Dios, ni demasiado anciana para orar. Si bien algunas actividades físicas cesan, no las espirituales. Aún en el asilo, la señorita Phyllis cantaba himnos y recitaba salmos. Aunque su mente ya no podía articular bien un sermón, dejó huella en los que la escuchaban.

Mis abuelos me regalaron un cuadro con una leyenda que ha marcado mi vida: “Cuando tú naciste, todos sonreían y tú llorabas. Vive de tal manera que cuando mueras, todos lloren y tú sonrías”. Vivamos el día de hoy de modo que el día de mañana podamos anunciar la fidelidad de Dios a los que todavía no nacen.

Oración: Señor, ayúdame a proclamar lo que has hecho por mí. Sostén a todas las ancianitas que aún hoy te sirven en oración y en alabanza. Gracias porque jamás nos abandonas.

De Vergara, P. A., de Vera, A. D., & Harris, K. O. (2012). Isha-Salmos: Una dosis diaria de fe para ti. (P. A. de Vergara, Ed.) (Primera Edición, p. 124). Lima, Perú: Ediciones Verbo Vivo.

 

En Apuros

Isha – Salmos

DÍA 107 – Salmo 70

Dosis: Ayuda

En Apuros

“Apresúrate, oh Dios, a rescatarme; ¡apresúrate, SEÑOR, a socorrerme!…Yo soy pobre y estoy necesitado; ¡ven pronto a mí, oh Dios! Tú eres mi socorro y mi libertador; ¡no te demores, Señor!” (Salmo 70:1, 5) (NVI)

¿Cuántas veces has estado en apuros, necesitando desesperadamente del socorro de Dios? En este breve salmo, David se encuentra en problemas. Así que suplica a Dios que venga en su ayuda a toda prisa porque parece ser que ya no puede más. Lo curioso es que aún, en medio de su pánico, no olvida alabar a Dios. Parece increíble que alguien que está en aprietos pueda pronunciar estas palabras: “Pero que todos los que te buscan se alegren en ti y se regocijen; que los que aman tu salvación digan siempre: «¡Sea Dios exaltado!»”

En ocasiones queremos ver a Dios como un Papá Noel o una máquina que vende productos. “Presione el botón y obtenga sus deseos”. “Haga una lista, y recibirá sus peticiones”. Sin embargo, Dios es una persona. Y como David, debemos reconocer que al pedir ayuda podemos alabar también a Dios, sin importar lo hondo del pozo en el que estemos.

Analizando el salmo: ¿Quién necesita ayuda? David comienza con una confesión: “Soy pobre y estoy necesitado”. Si recordamos las bienaventuranzas, el Señor Jesús llama dichosos a los pobres de espíritu, y ser pobre de espíritu significa reconocer nuestra necesidad de Dios. ¿Somos pobres de espíritu? En ocasiones no. Creemos tener todo resuelto y no acudimos a Dios. Que este día podamos aceptar que lo necesitamos.

Sigue una súplica. “¡Ven pronto!” Cuanto más apremiante es el dolor, más necesitaremos de su gracia. Tal vez este versículo nos haga recordar también el anhelo de la iglesia por la segunda venida de nuestro Señor, conforme a la promesa que Él nos hizo de volver.

Después viene el reconocimiento. David declara que el Señor es su socorro y su libertador. David sabía en quién podía confiar. No tenía ninguna duda de ello. ¿Y nosotras confiamos así? El otro día enfermó mi hijo. Empezó a vomitar y a llorar. Sentí pánico. ¿Sabes qué hice? Llamé a mi madre, pero no estaba. Busqué en el Internet para ver qué remedios encontraba. Hice todo, menos acudir a Dios. Cuando finalmente, aturdida porque nada salía, me arrodillé y oré, vi las cosas con claridad. ¡Qué pobre y necesitada estaba! En cualquier situación, primero acudamos a Él.

Oración: Señor, reconozco que soy pobre y necesitado. ¡Ven pronto a socorrerme! Sí, ¡ven, Señor Jesús! Amén.

De Vergara, P. A., de Vera, A. D., & Harris, K. O. (2012). Isha-Salmos: Una dosis diaria de fe para ti. (P. A. de Vergara, Ed.) (Primera Edición, p. 123). Lima, Perú: Ediciones Verbo Vivo.

 

Los Sufrimientos de nuestro Señor

Isha – Salmos

DÍA 106 – Salmo 69

Dosis: Identificación

Los Sufrimientos de nuestro Señor

“Tú bien sabes cómo me insultan, me avergüenzan y denigran; sabes quiénes son mis adversarios. Los insultos me han destrozado el corazón; para mí ya no hay remedio. Busqué compasión, y no la hubo; busqué consuelo, y no lo hallé. En mi comida pusieron hiel; para calmar mi sed me dieron vinagre… Y a mí, que estoy pobre y adolorido, que me proteja, oh Dios, tu salvación.” (Salmo 69:19–21, 29) (NVI)

Este es otro de los salmos que más se citan en el Nuevo Testamento. David se encontraba en desgracia, físicamente exhausto y cansado de llorar. Poco sabía que al enunciar sus penas, describiría los sufrimientos de alguien superior a él: Jesús mismo. Repasemos este salmo para después agradecer a Jesús por su inagotable amor.

“Muchos son los enemigos gratuitos que se han propuesto destruirme.” Después de haber sanado a multitudes, el Señor Jesús se encontró rodeado de enemigos. La noche que fue apresado incluso sus más cercanos seguidores lo abandonaron. David profetiza: “Soy como un extraño para mis hermanos; soy un extranjero para los hijos de mi madre”.296 Poco pensamos en la familia cercana de Jesús, pero Él tenía hermanos que no creyeron en sus palabras sino hasta después de su resurrección. ¿Te imaginas que tu propia carne y sangre te abandone? Eso padeció Cristo por nosotras.

El verso 9 muestra el celo de David por su Dios, pero el Señor Jesús ardió en celo cuando observó el templo convertido en un mercado, más en un negocio que un lugar santo. ¿Y a nosotras nos consume el celo por su casa? ¿Ardemos cuando miramos cómo otros usan lo sagrado para fines viles? Pablo también usó el verso 9 para explicar cómo el Señor no buscó lo suyo: “Cada uno debe agradar al prójimo para su bien, con el fin de edificarlo. Porque ni siquiera Cristo se agradó a sí mismo sino que, como está escrito: «Sobre mí han recaído los insultos de tus detractores.»”

Finalmente llegamos a los versos que se cumplirían en la cruz: “Los insultos me han destrozado el corazón; para mí ya no hay remedio. Busqué compasión, y no la hubo; busqué consuelo, y no lo hallé. En mi comida pusieron hiel; para calmar mi sed me dieron vinagre”. ¡Cuánto amor de nuestro Señor! Lo que David sufría no se comparaba con lo que el Hijo de David debería de padecer siendo inocente.

Pero al concluir el salmo, David ruega por venganza, y tanto Pablo como Pedro ven en sus palabras lo que ciertamente ocurrió. Judas traicionó a su Señor y quedó desierta su habitación. Los judíos cerraron sus corazones y sus ojos fueron cegados. No importa cuánto estemos sufriendo, recordemos que el Señor padeció aún más pues lo hizo por amor a nosotras, sin merecer el castigo. No olvidemos que la salvación de Jesús nos protege, nos ampara y nos auxilia en cualquier tribulación.

Oración: Señor, gracias porque sufriste en mi lugar y te puedes identificar con el sufrimiento de la humanidad. Amén.

De Vergara, P. A., de Vera, A. D., & Harris, K. O. (2012). Isha-Salmos: Una dosis diaria de fe para ti. (P. A. de Vergara, Ed.) (Primera Edición, p. 122). Lima, Perú: Ediciones Verbo Vivo.

Repartición de Dones

Isha – Salmos

DÍA 105 – Salmo 68

Dosis: Dones y Talento

Repartición de Dones

“Cuando tú, Dios y Señor, ascendiste a las alturas, te llevaste contigo a los cautivos; tomaste tributo de los hombres, aun de los rebeldes, para establecer tu morada.” (Salmo 68:18) (NVI)

El salmo 68 describe a Dios como un conquistador que marcha a las puertas de la ciudad y toma el tributo que la ciudad caída le otorga. ¡Por eso el pueblo debe alegrarse! Pablo usa este mismo cuadro en Efesios 4:8 para enseñar cómo nuestro Señor Jesús venció a Satanás en su crucifixión y resurrección, y además, en su generosidad, al tomar tributo nos repartió regalos a nosotros, sus hijos. ¡Qué maravilloso! Cada una de nosotras tiene un regalo especial a través de Jesús.

Veamos algunos de los muchos dones que Jesús ha repartido entre sus hijos. Algunos son buenos para presentar la palabra de Dios de modo persuasivo. Otros se acercan a una persona de modo individual para consolar, animar o corregir con amor. Sin embargo, existen aquellos que logran comprender las verdades de forma sistemática y la transmiten en orden y con palabras sencillas. ¿Tienes algunas de estas cualidades? ¿Te gusta hablar con otros y explicar lo que aprendes de la Biblia? ¿Te agrada enseñar a niños o a otras mujeres?

A otras personas les gusta dar de modo deliberado y abundante. Hay quienes son sensibles y se ponen en los zapatos de aquellos que están sufriendo, así que piensan en maneras de visitarles, ayudarles y animarles. Incluso ciertas personas buscan formas de llevar las pesadas cargas de trabajo que tienen otros para que se concentren en la enseñanza o en otras áreas de oportunidad. Tal vez a ti no te gusta estar frente a un grupo, pero te agrada visitar a los enfermos y llevarles un poco de sopa caliente, o limpias las aulas de clases antes de que lleguen los maestros o das de tu tiempo y de tu dinero para el servicio de Dios. ¡Esto también edifica a la iglesia!

Admiro a las personas que comunican el Evangelio con poder y persuasión, y que no cierran la boca ante ninguna circunstancia. También están los que inspiran a otros a ir y servir, y que con su ejemplo respaldan sus palabras. Existen los que organizan todo, y desarrollan planes para seguir una ruta y lograr un objetivo. Pero siempre hace falta aquel que ante cualquier obstáculo sabe que Dios nos ayudará. ¿Estás en algunas de estas categorías?

¿Sabes cuál es ese regalo que Jesús te ha dado? La mejor manera para saberlo es buscando oportunidades para servir a Dios y ejercitar tus habilidades. Lo que Dios te ha dado es aquello que haces bien y que disfrutas hacer.

Oración: Señor, gracias porque nos has dado dones para servir en tu iglesia. Muéstrame cuál es mío y permite que lo use para ti. Amén.

De Vergara, P. A., de Vera, A. D., & Harris, K. O. (2012). Isha-Salmos: Una dosis diaria de fe para ti. (P. A. de Vergara, Ed.) (Primera Edición, p. 121). Lima, Perú: Ediciones Verbo Vivo.

 

 

¿Dónde está Dios?

Isha – Salmos

DÍA 104 – Salmo 66 y 67

Dosis: Alabanza y Presencia

¿Dónde está Dios?

“Si en mi corazón hubiera yo abrigado maldad, el Señor no me habría escuchado; pero Dios sí me ha escuchado, ha atendido a la voz de mi plegaria. ¡Bendito sea Dios, que no rechazó mi plegaria ni me negó su amor!” (Salmo 66:18–20) (NVI)

El salmo 66 alaba los poderosos hechos de Dios, el salmista no sólo recuerda los portentos de Dios a favor de su pueblo sino además cómo Él interviene en la vida personal de quienes le aman y le temen. Por eso, invita a que canten y alaben al Señor pues aunque permite pruebas, Él nos sostiene. Pero a la vez, nos recuerda algo fundamental; que si hay pecado en nuestra vida, nuestra oración será estorbada. Dios siempre nos oye, pero el pecado puede obstaculizar que recibamos la respuesta que queremos hasta que venga la confesión y el cambio de conducta. ¿Hay pecado en nuestras vidas que no le hemos confesado al Señor? Oraremos como David para que el Señor nos lo muestre.

El salmo 67 exhorta a que todos los pueblos le alaben. ¡Qué maravilla será cuando esto se cumpla! Mientras tanto, debemos ir a las naciones y anunciar el Evangelio para que todos crean. El salmista anhela que la bendición de Dios alcance a todos: “Dios haga resplandecer su rostro sobre nosotros, para que se conozcan en la tierra sus caminos, y entre todas las naciones su salvación. Que te alaben, oh Dios, los pueblos; que todos los pueblos te alaben. Sin embargo, muchos hoy se enfrentan a la duda: ¿dónde está Dios? ¿Cómo explicamos su presencia cuando un huracán o un terremoto destruyen toda una ciudad o un pueblo? ¿Dónde está Dios durante un genocidio?

Se cuenta de un niño que fue llevado ante un famoso maestro. “Hijo, te daré un florín si me dices dónde vive Dios”, le pidió el sabio. El niño respondió: “Yo te daré dos, si me dices dónde no está”. Dios está en todo lugar. Aunque no podamos verlo, Él está ahí, en medio de las tragedias más terribles. Como dice el salmista, él nos escucha y no rechaza nuestras plegarias. ¿Dónde está Dios durante los problemas? Una cosa te aseguro: ahí está. Él está en todo lugar.

También se cuenta de un famoso rabino que preguntó a sus invitados dónde habita Dios. Ellos se rieron de él: “¿Qué estás diciendo? ¡El mundo está lleno de su gloria!” Pero él contestó: “Dios habita donde se le deja pasar”. ¿Percibes la diferencia? Dios está en todo lugar. Él está atento a todo lo que pasa. Nada escapa de su escrutinio, pero Dios habita, vive, mora, ayuda, auxilia a todo aquel que le busca.

En las tragedias de la vida la gente se acuerda de que Dios existe, pero Dios atiende a las plegarias solo de aquellos que le dejan entrar a su vida. Cuida que nada se interponga entre tú y Dios. Confiesa hoy si algún pecado está estorbando tu oración. Recuerda que Dios está más cerca que tu propio corazón.

Oración: Señor, muestra si hay pecado que estorbe hoy mi oración. Gracias porque estás en mi vida y puedo acudir a ti en todo momento. Amén.

De Vergara, P. A., de Vera, A. D., & Harris, K. O. (2012). Isha-Salmos: Una dosis diaria de fe para ti. (P. A. de Vergara, Ed.) (Primera Edición, p. 120). Lima, Perú: Ediciones Verbo Vivo.

 

Como un tierno agricultor

Isha – Salmos

DÍA 103 – Salmo 65

Dosis: Misericordia y Cuidado

Como un tierno agricultor

“¡Dichoso aquel a quien tú escoges, al que atraes a ti para que viva en tus atrios! Saciémonos de los bienes de tu casa, de los dones de tu santo templo. (Salmo 65:4) (NVI)

¿Cuáles son los motivos por los que alabas a Dios? En este bello poema el salmista encuentra dos motivos fundamentales. En la primera parte se deleita en la misericordia de Dios en su perdón y su salvación: “A ti, oh Dios de Sión, te pertenece la alabanza. A ti se te deben cumplir los votos, porque escuchas la oración. A ti acude todo mortal, a causa de sus perversidades. Nuestros delitos nos abruman, pero tú los perdonaste.”

¿Has aprendido a alabarle por su misericordia? La biblia dice que éstas son nuevas cada mañana.

En la segunda parte del salmo lo alaba por ser un Dios Creador, que así como da fertilidad a la tierra, y alimento a su pueblo, sigue saciando nuestra alma. Conjuga así en su pensamiento el concepto de un Dios justo y perdonador con el de un Dios creador que es Señor de la naturaleza, del mundo y la historia. Leamos las preciosas imágenes: “Tú, oh Dios y Salvador nuestro, nos respondes con imponentes obras de justicia; tú eres la esperanza de los confines de la tierra y de los más lejanos mares. Tú, con tu poder, formaste las montañas, desplegando tu potencia. Tú calmaste el rugido de los mares, el estruendo de sus olas, y el tumulto de los pueblos.

Dios solamente tiene la capacidad de controlar la naturaleza. Ahora que vivimos tiempos de cambios climáticos, de crisis ecológica, este Salmo revela la preocupación de Dios por la naturaleza que creó y puso a nuestra disposición. Y sobre la cual solamente Él tiene poder. ¿A quién entonces clamar cuando nos sentimos amenazadas por algún terrible pronóstico?

Pero las más conmovedoras imágenes las encontramos al final del poema, cuando el salmista describe a Dios como un agricultor divino: “Con tus cuidados fecundas la tierra, y la colmas de abundancia. Los arroyos de Dios se llenan de agua, para asegurarle trigo al pueblo. ¡Así preparas el campo! Empapas los surcos, nivelas sus terrones, reblandeces la tierra con las lluvias y bendices sus renuevos.”

Amada, Él es el agricultor divino. Así como Dios prepara la tierra para que produzca fruto abundante, prepara también la tierra de nuestros corazones, para que su Palabra, la buena semilla, pueda germinar, crecer y dar fruto. Seamos siempre esa tierra fértil y dócil en sus manos.

Oración: Señor gracias porque puedo reconocer tu bondad en mi vida y en la naturaleza que creaste. Amén.

De Vergara, P. A., de Vera, A. D., & Harris, K. O. (2012). Isha-Salmos: Una dosis diaria de fe para ti. (P. A. de Vergara, Ed.) (Primera Edición, p. 118). Lima, Perú: Ediciones Verbo Vivo.

Poderoso Defensor

Isha – Salmos

DÍA 102 – Salmo 64

Dosis: Seguridad

Poderoso Defensor

“Escucha, oh Dios, la voz de mi queja; protégeme del temor al enemigo. Escóndeme de esa pandilla de impíos, de esa caterva de malhechores. Afilan su lengua como espada y lanzan como flechas palabras ponzoñosas. Emboscados, disparan contra el inocente; le tiran sin temor y sin aviso.” (Salmo 64:1–4) (NVI)

Este salmo es también un clamor por apoyo divino de alguien que se siente atacado y perseguido por un grupo de personas organizadas para atacarle. Nuevamente las intrigas y los planes de sus enemigos cargan su alma. ¿Alguna vez experimentaste este tipo de ansiedad? ¿Qué le aconsejarías a una persona que se siente así? Generalmente cuando atravesamos una experiencia similar nuestro corazón se endurece y nos llenamos de amargura.

Pero en este caso, el salmista derrama su corazón a Dios y le pide que haga tres cosas que está seguro Él puede hacer para defenderlo: “escúchame”, “protégeme” y “escóndeme”, de personas que se ocultan para atacarle, que le lanzan flechas ponzoñosas de mentiras y calumnias. Nuevamente vemos aquí imágenes de guerra para describir la forma como sus adversarios lo atacan hasta hacerlo sentir muy vulnerable. Sin duda estas personas quieren acabar con su reputación y con su resistencia emocional.

Sin embargo, el salmista cree que Dios tiene la capacidad de obstaculizar las malas intenciones y transformar el curso de las acciones humanas: “Pero Dios les disparará sus flechas, y sin aviso caerán heridos. Su propia lengua será su ruina, y quien los vea se burlará de ellos. La humanidad entera sentirá temor: proclamará las proezas de Dios y meditará en sus obras. ¿Crees en un Dios así? ¿En un Dios capaz de defenderte? Él siempre responderá más allá de nuestras expectativas y su amor será como un cerco de fuego alrededor nuestro.289 ¡Podemos vivir confiadas!

Amada, debemos estar seguras que ningún complot que se levante en nuestra contra prosperará, porque Dios es nuestro poderoso defensor. El salmista pasa del lamento a la gratitud, al experimentar la acción liberadora de Dios. Es interesante notar que muchas veces, antes que la respuesta de Dios se evidencie en hechos, Él ya pondrá la certeza en nuestro corazón que hemos sido escuchadas, está con nosotras y responderá nuestra oración. Su Espíritu es el que nos ayuda a confiar y a declarar como el salmista: “Que se regocijen en el SEÑOR los justos; que busquen refugio en él; ¡que lo alaben todos los de recto corazón!”

Oración: Señor, defiéndeme de las malas intenciones y sé tú mi poderoso defensor. Amén.

De Vergara, P. A., de Vera, A. D., & Harris, K. O. (2012). Isha-Salmos: Una dosis diaria de fe para ti. (P. A. de Vergara, Ed.) (Primera Edición, p. 117). Lima, Perú: Ediciones Verbo Vivo.

 

 

Almas Sedientas

Isha – Salmos

DÍA 101 – Salmo 63

Dosis: Comunión

Almas Sedientas

“Oh Dios, tú eres mi Dios; yo te busco intensamente. Mi alma tiene sed de ti; todo mi ser te anhela, cual tierra seca, extenuada y sedienta. Te he visto en el santuario y he contemplado tu poder y tu gloria. Tu amor es mejor que la vida; por eso mis labios te alabarán.” (Salmo 63:1–3) (NVI)

¿Has aprendido a sentirte satisfecha en Dios? ¿Disfrutas de una intimidad con Él? ¿Qué es lo que llena tu alma? El salmista expresa aquí un deseo intenso de buscar a Dios y seguir disfrutando de su amor, su poder y su misericordia aún en los momentos más difíciles de su vida.

El salmista compara su alma con una tierra seca, extenuada y sedienta. Tal vez esta figura haga referencia a la experiencia de David de haberse visto obligado a vivir en el desierto, perseguido y amenazado. Entonces los temores por su vida, lo llevaban a clamar más aún a ese Dios todopoderoso. ¿Cuál puede ser tu “tierra árida” o tu desierto”? ¿Te has sentido también extenuada y sedienta de Dios?

Lo conmovedor es que inmediatamente después de hacer la oración el tono del poema cambia y el salmista dice: “Mi alma quedará satisfecha como de un suculento banquete, y con labios jubilosos te alabará mi boca. Pues a pesar del desierto que simbolizan las dificultades y las crisis, el salmista ha aprendido a superarlas en la presencia de Dios. Ha aprendido el secreto de la alimentación divina para su alma. Y por eso lo alaba. ¿Te sacia de esta manera tu comunión con Dios? ¿Te deleitas por completo en su presencia?

David declara también que Dios está continuamente en sus pensamientos: “En mi lecho me acuerdo de ti; pienso en ti toda la noche. A la sombra de tus alas cantaré, porque tú eres mi ayuda. Mi alma se aferra a ti; tu mano derecha me sostiene.

¡Qué hermoso saber que nuestros pensamientos pueden fijarse en la persona de Dios! ¡En su bondad y en su misericordia!” Aún en medio de las preocupaciones que pueden quitarnos el sueño, el salmista nos anima a acordarnos de Dios, a tener un espacio de meditación, pues es allí donde nuestra confianza será restaurada para volver otra vez a la protección de sus alas y a aferrarnos totalmente a Él.

Este salmo debe estimularnos a la devoción personal. Yo anhelo también saciar mi alma, decirle como el salmista cada día: “Mi alma está apegada a ti; Tu diestra me ha sostenido.”

Oración: Señor, enséñame a saciar mi alma de tu presencia. Y a alabarte con todo mi corazón. Amén.

De Vergara, P. A., de Vera, A. D., & Harris, K. O. (2012). Isha-Salmos: Una dosis diaria de fe para ti. (P. A. de Vergara, Ed.) (Primera Edición, p. 116). Lima, Perú: Ediciones Verbo Vivo.