El uso de la Palabra de Dios

Febrero 26

El uso de la Palabra de Dios

Estas palabras que yo te mando hoy, estarán sobre tu corazón; y las repetirás a tus hijos, y hablarás de ellas estando en tu casa, y andando por el camino, y al acostarte, y cuando te levantes. (Deuteronomio 6:6-7)

El crecimiento espiritual no puede ocurrir sin el aprendizaje regular de la Palabra de Dios, así como el crecimiento físico no puede ocurrir sin la ingestión regular de alimentos. ¡Por eso comer es una necesidad diaria! Ir a la iglesia el domingo para oír un mensaje y luego esperar que eso sea suficiente para toda la semana es como cenar el domingo y esperar que eso lo sostenga a uno hasta el domingo siguiente. Usted necesita comer todos los días de la semana. Lo mismo puede decirse de lo espiritual: debe haber una alimentación diaria de la Palabra de Dios para el óptimo crecimiento.

Los cristianos de experiencia saben que hay incluso mayor gloria en dar la Palabra que en alimentarse de ella. Cuando usted predica la Palabra, la está cimentando en su propia vida. De esa manera, se vuelve realidad el dicho “Cuanto más se da, tanto más se tiene”. He descubierto que tiendo a recordar lo que enseño a los demás, pero olvido lo que leo y nunca enseño. Así que déle prioridad a enseñar a otros lo que está aprendiendo de la Palabra de Dios cada día.

Del libro La Verdad para Hoy de John MacArthur DERECHOS DE AUTOR © 2001 Utilizado con permiso de Editorial Portavoz, http://www.portavoz.com

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Jesús sanó mi corazón

Martes 26 Febrero

(Jesús dijo:) La paz os dejo, mi paz os doy; yo no os la doy como el mundo la da. No se turbe vuestro corazón, ni tenga miedo.

Juan 14:27

Jesús sanó mi corazón

Testimonio

«Nací en una familia cristiana y fui educada según las enseñanzas de la Biblia, aunque no las seguía ni las respetaba. Por el contrario, era muy rebelde con mis padres. Pero lo que yo no sabía era que Dios en su gran bondad y amor infinito tenía un plan para mí.

En el año 2010 contraje una rara enfermedad. Es una afección que ataca los músculos, ligamentos y articulaciones. Lo peor es que no existe ningún tratamiento, y los dolores persisten día y noche.

Una tarde fui a una reunión cristiana. A través de la predicación, Dios obró profundamente en mi corazón. Esa misma tarde supe que mi vida ya no me pertenecía: ahora era de Cristo. Me sentí liberada, transformada. La paz reinaba en mi corazón.

Hoy, después de años de sufrimiento, me doy cuenta de que una vida con Dios es un cambio radical y una gracia infinita. Nunca le he pedido a Dios que me sane de mi enfermedad; sé que si es su voluntad sanarme, lo hará, lo creo sinceramente. Todo lo que quiero es conocer cada día más a Jesús mi Salvador.

Dios me concede la gracia de poder dar testimonio de lo que él hizo por mí. Y les digo, una vida sin Dios, sin Jesús, es desdichada. Mi vida no es nada, yo no soy nada, solo por la gracia de Dios puedo ser lo que Cristo quiere que sea».

Suzanne P.

“He aprendido a contentarme, cualquiera que sea mi situación… Todo lo puedo en Cristo que me fortalece” (Filipenses 4:11, 13).

2 Samuel 19:1-23 – Hechos 8:26-40 – Salmo 27:1-4 – Proverbios 10:19

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Alabanza por las respuestas

Febrero 25

Alabanza por las respuestas

Orad sin cesar. Dad gracias en todo. (Tesalonicenses 5:17-18)

Cuando Dios contesta la oración acerca de determinada situación, tenemos el privilegio de ser parte de su obra y de alabarlo por ella. Cuando no participamos mediante la oración, perdemos la oportunidad de darle gloria.

Suponga que alguien fuera a una reunión de oración y dijera: “Ha ocurrido algo maravilloso: la señora a quien le he estado dando testimonio ha entregado su corazón a Cristo. Ahora es creyente y está aquí con nosotros esta noche. Gracias por orar por ella durante estos últimos meses”. Las personas presentes pueden alabar al Señor, en particular quienes habían estado orando por la conversión de esa mujer.

Pero también habría algunos que, aunque dando alabanza, no se sentirían como que han participado porque no habían orado por la señora. Hay que participar en lo que Dios está haciendo para que pueda alabar con sinceridad.

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Bienaventurados los misericordiosos

Lunes 25 Febrero

Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia.

Mateo 5:7

Sed, pues, misericordiosos, como también vuestro Padre es misericordioso.

Lucas 6:36

Las bienaventuranzas

Bienaventurados los misericordiosos (5)

En la Biblia, ser misericordioso significa identificarse con el sufrimiento del otro y actuar en consecuencia. Ella nos habla de “la entrañable misericordia de nuestro Dios” (Lucas 1:78), que nos invita a comprender el sufrimiento de los demás, procurando aliviar la miseria de nuestro prójimo. Cristo realizó concretamente lo que expresa el nombre de Dios: “misericordioso y piadoso… grande en misericordia y verdad” (Éxodo 34:6).

Esta bienaventuranza parece simple de comprender, aun cuando no encaja con la imagen un poco egoísta que nos hacemos de la felicidad. No obstante, notemos que la misericordia de Dios hacia nosotros no depende de la nuestra hacia los demás. Varios versículos de la Biblia dicen claramente lo contrario. El amor de Dios, su gracia y su misericordia están siempre en primer lugar. “Nosotros le amamos a él, porque él nos amó primero” (1 Juan 4:19).

No se trata de una especie de trato con Dios. No puedo hacer una demostración heroica de misericordia hacia los demás, esperando que, a cambio, Dios tenga misericordia de mí. Más bien, solo podré disfrutar de la misericordia divina al ser misericordioso, sensible a la miseria que me rodea.

La misericordia tuvo un lugar central en la vida y las enseñanzas del Señor Jesús. La ejerció continuamente hacia los que sufrían: se conmovía y los sanaba. Ahora invita a todos los que creen en él a seguir sus pisadas, mostrando así algo de lo que Dios es.

(continuará el próximo lunes)

2 Samuel 18 – Hechos 8:1-25 – Salmo 26:8-12 – Proverbios 10:17-18

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La obediencia

Domingo 24 Febrero

(Jesús dijo:) Amo al Padre, y como el Padre me mandó, así hago.

Juan 14:31

La copa que el Padre me ha dado, ¿no la he de beber?

Juan 18:11

La obediencia

Cuando salía a hacer las compras, pedí a Julia que ordenara su habitación. Al volver, un delicioso aroma a torta llenaba la casa. Julia había decidido sorprenderme. Sin embargo, su habitación estaba en el mismo estado que antes. Julia quería mostrar su cariño por su madre, pero en esto eligió no obedecer.

Antes de la cena, llamé a Gregorio para que pusiera la mesa. Me respondió refunfuñando y, aunque de mal humor, hizo el trabajo.

El día siguiente fue el turno de Paula. Llegó antes de la hora de la comida, puso la mesa y preguntó si podía ayudarme en otra cosa. Al igual que su hermano, ella puso la mesa… pero, ¡qué diferencia cuando el amor y la abnegación reinan en una familia! Nuestra naturaleza egoísta y orgullosa está al frente de esos duros combates para obedecer o hacerse obedecer. Solo el amor produce la obediencia gozosa.

Cuando Jesús vino al mundo, mostró su abnegación por su Padre en su vida de obediencia voluntaria. El amor era el motivo profundo. Hacer la voluntad de su Padre era su gozo. “El hacer tu voluntad, Dios mío, me ha agradado” (Salmo 40:8). Recibió de su Padre una aprobación sin reserva: “Este es mi Hijo amado, en quien tengo complacencia” (Mateo 17:5). Esa obediencia le costó caro: fue “obediente hasta la muerte, y muerte de cruz” (Filipenses 2:8).

Por su obediencia, Jesús abrió el camino de la salvación a todos, y “vino a ser autor de eterna salvación para todos los que le obedecen” (Hebreos 5:9).

2 Samuel 17 – Hechos 7:30-60 – Salmo 26:1-7 – Proverbios 10:15-16

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¿Qué hacer para ser fuerte?

Sábado 23 Febrero

(Dijo a Jesús:) Creo; ayuda mi incredulidad.

Marcos 9:24

Por fe… sacaron fuerzas de debilidad.

Hebreos 11:33-34

¿Qué hacer para ser fuerte?

–«Yo creo, ¡pero me gustaría tanto tener una fe más grande!». Si consideramos la calidad de nuestra fe terminaremos desanimados. Sin embargo, el Señor Jesús dice que Dios responderá incluso a quien tenga una fe tan pequeña “como un grano de mostaza” (Mateo 17:20). Dios no espera necesariamente grandes cosas de nosotros. Él ama la fidelidad en las pequeñas cosas (Lucas 16:10; 19:17). Después de poner nuestra confianza en Jesús, crecemos en la fe viviendo cerca de él, orando y leyendo la Biblia.

–«Yo creo, ¡pero me gustaría tener una fe más sólida!». Cada día es una ocasión para darnos cuenta de que somos inconstantes. Lo que considerábamos adquirido, todavía está por aprenderse. Aun los siervos más fieles a Dios tuvieron sus dudas. El profeta Elías era un hombre con “pasiones semejantes a las nuestras” (Santiago 5:17). Después de haber obtenido extraordinarias liberaciones, dudó y huyó. Pero Dios continuó ocupándose de él (1 Reyes 17 al 19).

–«Yo creo, ¡pero me gustaría tener una fe más viva!». Después de haber creído que Jesús es el Hijo de Dios, que murió en la cruz por nosotros, tenemos tendencia a volver a nuestra rutina. Los discípulos de Jesús lo acompañaron durante tres años, y creyeron sus palabras. Sin embargo, después de Su crucifixión, muchos volvieron a sus antiguos trabajos. Entonces Jesús resucitado se les apareció y les habló (Juan 21:1-14).

Cuidemos diariamente nuestra comunión con el Señor, hablándole y escuchando sus palabras. Esta relación permanente hará que nuestra fe sea viva.

2 Samuel 16 – Hechos 7:1-29 – Salmo 25:16-22 – Proverbios 10:13-14

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Confiemos en Dios

Viernes 22 Febrero

No temas, porque yo estoy contigo; no desmayes, porque yo soy tu Dios que te esfuerzo; siempre te ayudaré, siempre te sustentaré.

Isaías 41:10

Confiemos en Dios

Los períodos más difíciles de la vida cristiana son quizá los tiempos de espera. Hay “valles” donde nos encontramos entre el temor y la esperanza, o entre la angustia y el socorro. No obstante, es en esos tiempos de crisis cuando la fe puede adquirir su verdadera madurez. Aprendamos a permanecer tranquilos, esperando en Dios (Salmo 37:7). A menudo solo vemos el giro de las circunstancias de la vida, en lugar de dirigir inmediatamente nuestras miradas hacia Él.

Muchas personas viven confiadas en el mundo. Se acostumbran a la comodidad, olvidando que todo proviene de Dios, y que las riquezas son inciertas. Cuando las cosas visibles sobre las cuales nos apoyamos comienzan a tambalear, nos desesperamos. El único fundamento firme, el único refugio, es la fidelidad de Dios, Dios mismo. “Mi refugio eres tú en el día malo” (Jeremías 17:17).

Los pensamientos de Dios hacia nosotros no son negativos, son pensamientos de paz. “Tú guardarás en completa paz a aquel cuyo pensamiento en ti persevera; porque en ti ha confiado” (Isaías 26:3). Cuando creemos esto, podemos contar con Dios. Él quiere conducirnos hasta el fin con bondad. Abandonemos toda confianza en nosotros mismos. Dios, ¿no es nuestro Dios? Nuestra espera y nuestra confianza en él serán más eficaces que todo apoyo humano.

¡Cuán bueno es esperar la liberación del Señor!

“Sea bendito el nombre de Dios de siglos en siglos, porque suyos son el poder y la sabiduría” (Daniel 2:20).

2 Samuel 15 – Hechos 6 – Salmo 25:11-15 – Proverbios 10:11-12

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Promesas de Jesús para los suyos

Jueves 21 Febrero

El Consolador, el Espíritu Santo, a quien el Padre enviará en mi nombre, él os enseñará todas las cosas, y os recordará todo lo que yo os he dicho.

Juan 14:26

Promesas de Jesús para los suyos

Leer el evangelio según Juan 14:15-31

Jesús iba a dejar a sus amados discípulos, pero no quedarían huérfanos. La primera promesa que les hizo fue que les enviaría una Persona divina para consolarlos, sostenerlos y ayudarlos: “Yo rogaré al Padre, y os dará otro Consolador, para que esté con vosotros para siempre” (Juan 14:16). El Espíritu Santo no solo estaría con los creyentes, sino en ellos, para instruirlos: “El Espíritu Santo… os enseñará todas las cosas, y os recordará todo lo que yo os he dicho” (v. 26). El Señor lo llama “otro Consolador”, porque él mismo sigue siendo el Consolador celestial, el Abogado que está junto al Padre (1 Juan 2:1).

Jesús hizo tres promesas más a los suyos: la vida nueva, que fluye de la suya (Juan 14:19); una cercanía particular en el amor del Hijo y del Padre, para quien muestre su afecto guardando sus mandamientos (v. 21, 23); y finalmente la paz, su propia paz: “La paz os dejo, mi paz os doy; yo no os la doy como el mundo la da. No se turbe vuestro corazón, ni tenga miedo” (v. 27). ¡Cuán real es que él no la da “como el mundo la da”! El mundo ofrece poco y toma mucho, distrae y aturde la conciencia. Actúa como un tranquilizante engañando momentáneamente las inquietudes y los tormentos del alma. Pero esto es solo una paz ilusoria. La paz que Jesús da satisface el corazón, y es eterna.

Finalmente, el Señor dio a entender a sus discípulos que si tenían verdadero amor por él, no debían tratar de retenerlo egoístamente en la tierra, sino regocijarse con su gozo (v. 28).

Extracto de «Cada día las Escrituras»

2 Samuel 14 – Hechos 5:17-42 – Salmo 25:6-10 – Proverbios 10:9-10

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Clases de frutos espirituales

Febrero 20

Clases de frutos espirituales

Para que andéis como es digno del Señor, agradándole en todo, llevando fruto en toda buena obra. (Colosenses 1:10)

¿Qué clase de frutos glorifica a Dios? Filipenses 1:11 dice: “Llenos de frutos de justicia que son por medio de Jesucristo, para gloria y alabanza de Dios”. La justicia, que es hacer lo bueno, es el fruto que Dios desea en nuestra vida. Cuando hacemos lo bueno, glorificamos a Dios; cuando hacemos lo malo, no lo honramos. El fruto es sinónimo de justicia.

Hay dos clases de frutos espirituales: el fruto de la acción, que consiste en dar, guiar a otros a Cristo y expresar gratitud a Dios, y el fruto de la actitud. Gálatas 5:22-23 describe el fruto de la actitud: “El fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza”.

¿Cómo puede usted asumir las actitudes correctas? El versículo 25 dice: “Si vivimos por el Espíritu, andemos también por el Espíritu”. Cuando le ceda al Espíritu Santo el control de su vida, Él impregnará su vida y producirá el debido fruto.

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El Evangelio entre los indígenas

Miércoles 20 Febrero

El evangelio… es poder de Dios para salvación a todo aquel que cree.

Romanos 1:16

Dios nuestro Salvador… quiere que todos los hombres sean salvos y vengan al conocimiento de la verdad.

1 Timoteo 2:3-4

El Evangelio entre los indígenas

El joven misionero David Brainerd (1718-1747), yendo a una aldea indígena, se detuvo en un bosque para pasar la noche. Antes de acostarse oró fervientemente, sin darse cuenta de que algunos aldeanos lo habían seguido. En ese momento espiaban detrás de los árboles la misteriosa escena del «rostro pálido» que imploraba a Dios. Habían decidido matarlo, pues pensaban que los blancos emborrachaban a los indios para robarles sus pertenencias. Sin embargo, después de haber visto al misionero postrado en tierra, dirigiéndose al «Gran Espíritu», se retiraron discretamente.

Al día siguiente el joven, ignorando lo que había sucedido la noche anterior, siguió su camino y tuvo una inesperada recepción en la aldea. Los indígenas rodearon al misionero, quien les leyó el capítulo 53 de Isaías. Más tarde él escribió: «Muchos se emocionaron, y cuando les hablé de la salvación de sus almas, comenzaron a sollozar. Me escucharon atentamente hasta el fin. Les hablé del amor y de la compasión de Dios, quien envió a su propio Hijo para morir por los pecados de los hombres. Para mí fue una sorpresa ver cómo sus corazones parecían traspasados por el Evangelio».

Aún hoy el Evangelio del amor de Dios es anunciado. Con frecuencia la vida de los cristianos es el testimonio más poderoso. Aquí vemos cuán provechosa fue la actitud de oración del misionero para que todo el pueblo prestara atención al Evangelio. Y nosotros, ¿sabemos orar con la misma convicción?

2 Samuel 13 – Hechos 5:1-16 – Salmo 25:1-5 – Proverbios 10:7-8

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