Conocer a Dios

Sábado 12 Enero

Lo que es imposible para los hombres, es posible para Dios.

Lucas 18:27

Nadie conoce al Hijo, sino el Padre, ni al Padre conoce alguno, sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo lo quiera revelar.

Mateo 11:27

Conocer a Dios

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¿Es posible conocer a Dios? ¿Quién puede decirlo? ¡Pero él nos conoce y nos ama! Su deseo profundo es darse a conocer, revelarse como un Dios de amor que vive en la luz. Él promete a cada uno: “Me buscaréis de todo vuestro corazón. Y seré hallado por vosotros” (Jeremías 29:13-14). Jesús declara: “Conozco mis ovejas, y las mías me conocen, así como el Padre me conoce, y yo conozco al Padre” (Juan 10:14-15). ¡Qué felicidad hacer parte de su familia!

También se revela mediante dádivas:

– El perdón: “Yo soy el que borro tus rebeliones por amor de mí mismo, y no me acordaré de tus pecados” (Isaías 43:25).

– La vida eterna: “Yo les doy vida eterna” (Juan 10:28).

– La certeza de la salvación: “Estas cosas os he escrito a vosotros que creéis en el nombre del Hijo de Dios, para que sepáis que tenéis vida eterna” (1 Juan 5:13).

– La sabiduría y el conocimiento (Eclesiastés 2:26).

– Y el don más grande de todos: “De tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna” (Juan 3:16).

“En esto se mostró el amor de Dios para con nosotros, en que Dios envió a su Hijo unigénito al mundo, para que vivamos por él. En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó a nosotros, y envió a su Hijo en propiciación por nuestros pecados” (1 Juan 4:9-10).

1 Samuel 9 – Mateo 9:1-17 – Salmo 8 – Proverbios 3:9-10

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La confirmación del Hijo de Dios

11 de enero

La confirmación del Hijo de Dios

Declarado Hijo de Dios con poder, según el Espíritu de santidad, por la resurrección de entre los muertos.

Romanos 1:4

Jesucristo tenía que ser más que hombre; tenía que ser también Dios. Si Jesucristo fuera solo hombre, aun el mejor de los hombres, no podía haber salvado a los creyentes de su pecado. Si fuera incluso el hombre justo de la simiente de David, pero no Dios, no podía haber soportado el castigo de Dios el Padre en la cruz y haber resucitado de los muertos. No podía haber vencido a Satanás y al mundo, sino que habría sido vencido como son vencidos todos los hombres.

Si hubo alguna duda de que Jesucristo era el Hijo de Dios, su resurrección de los muertos debiera eliminarla. Tenía que ser hombre para llegar a nosotros, pero tenía que ser Dios para resucitarnos. Cuando Dios resucitó a Cristo de los muertos, confirmó que era verdad lo que Él dijo.

Tan claro como el horizonte separa la tierra del cielo, así la resurrección separa a Jesucristo del resto de la humanidad. Jesucristo es Dios encarnado.

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Mi larga búsqueda de la verdad

Viernes 11 Enero

Jesús le dijo: Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí.

Juan 14:6

Para esto he venido al mundo, para dar testimonio a la verdad.

Juan 18:37

Mi larga búsqueda de la verdad

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«Siempre amé la verdad, nos contó Nicole. Desde que tengo memoria, la buscaba. En mi adolescencia esta búsqueda se transformó en una sed insaciable. ¿Cómo apaciguarla? Me volví hacia la filosofía y la sicología. Sin embargo, fue decepcionante: terminé mis estudios y no encontré la verdad. Todo me parecía relativo y triste. No creía más en Dios, la vida me parecía vacía y absurda.

Fue entonces cuando una colega cristiana me manifestó su amistad. Ella había notado mi tristeza, y tener contacto con ella me hizo bien. Poco a poco mi ateísmo tambaleó. La oración y la lectura de la Biblia (el Antiguo Testamento, porque soy judía) se convirtieron en la mano tendida para mí. Una mano que me sacó de las tinieblas para conducirme a una luz llena de esperanza.

Sin embargo el nombre de Jesucristo me detenía. ¿Podía ser él el Mesías anunciado? Finalmente decidí leer también el Nuevo Testamento. Mi razón se negaba a creer la menor frase. Durante horas llamé a Dios pidiéndole socorro. De repente dos palabras penetraron profundamente en mi alma: Jesucristo, la verdad. No era un sistema filosófico, ni una religión, sino una persona.

Por primera vez en mi vida oré en el nombre de Jesús, el Hijo de Dios. Nunca olvidaré la luz, el gozo y la paz que penetraron en mi ser. Acababa de hallar la entrada a la casa de mi Padre, de mi Dios, para nunca más dejarla».

Jesús dijo: “Yo soy la luz del mundo; el que me sigue, no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida” (Juan 8:12).

1 Samuel 7-8 – Mateo 8:23-34 – Salmo 7:9-17 – Proverbios 3:7-8

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El Jesús histórico

10 de enero

El Jesús histórico

Dios envió a su Hijo unigénito al mundo, para que vivamos por él.

1 Juan 4:9

Muchos dudan si existió en realidad Jesús, pero muchos historiadores han escrito acerca del Señor Jesucristo.

Alrededor de 114 d.C., el historiador romano Tácito escribió que al fundador de la religión cristiana, Jesucristo, le dio muerte Poncio Pilato en el reinado del emperador romano Tiberio (Annals [Crónicas] 15.44).

Plinio el menor escribió una carta al emperador Trajano sobre el tema de Cristo y los cristianos (Cartas 10.96-97).

En 90 d.C., el historiador judío Josefo escribió una breve nota biográfica acerca de Jesús: «Fue alrededor de ese tiempo que Jesús, un hombre sabio, si es lícito llamarlo hombre, ya que era un hacedor de obras maravillosas, maestro de tales hombres cuando recibían la verdad con agrado. Atrajo hacia Él a muchos de los judíos y a muchos de los gentiles. Él era Cristo» (Antigüedades 18.63).

El Talmud se refiere a Jesús de Nazaret (Sanhedrin [Sanedrín] 43aAbodah Zera 16b-17a).

Jesús fue un hombre en la historia. Y sus afirmaciones fueron ciertas. ¿Duda de Su poder para salvarlo a usted?

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¿En quién creer?

Jueves 10 Enero

La verdad que está en Jesús.

Efesios 4:21

Sabemos que verdaderamente este es el Salvador del mundo.

Juan 4:42

¿En quién creer?

–No puedo creer, decía un joven que acababa de escuchar el Evangelio. –¿Es verdad?, preguntó el orador. ¿En quién no puedes creer? ¡No puedes creer lo que Dios dice, pero confías en tantas personas a lo largo del día!

–Es verdad, creo a mis amigos. No pongo en duda sus mensajes, los respondo. Sí, finalmente yo confió en muchas personas de ambientes variados. Solo en Dios y en su Palabra no quiero creer. Es extraño. Pensándolo bien, no tengo ninguna razón válida para no confiar en Dios…

Este joven no se imaginaba que dejando penetrar un poco de luz en sus pensamientos, esta luz iluminaría todo su ser interior. El mensaje del Evangelio que había escuchado poco antes ahora era para él. Comprendió que necesitaba a Jesucristo, el Hijo de Dios. Le oró, confesando aquello de lo cual se sentía culpable en su vida. Y antes de terminar el día recibió, a través de la Biblia, la certeza de ser salvo, de estar en paz con Dios.

¿Qué es la fe? Es abandonarse enteramente a una persona digna de confianza. La fe en Dios es real cuando vamos a él con todo lo que tenemos y todo lo que somos. Dios prometió salvar a todo el que cree. Él quiere perdonarnos y purificarnos de todo pecado. Desea dar a nuestra vida una nueva dirección, positiva, concediéndonos la paz del corazón y certezas, en lugar del temor y del tormento.

Jesús dijo: “La paz os dejo, mi paz os doy; yo no os la doy como el mundo la da. No se turbe vuestro corazón, ni tenga miedo” (Juan 14:27).

“No seas incrédulo, sino creyente” (cap. 20:27).

1 Samuel 6 – Mateo 8:1-22 – Salmo 7:1-8 – Proverbios 3:1-6

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Cuando el pecado abundó, sobreabundó la gracia.

Miércoles 9 Enero

Como el pecado entró en el mundo por un hombre, y por el pecado la muerte, así la muerte pasó a todos los hombres, por cuanto todos pecaron.

Romanos 5:12

Cuando el pecado abundó, sobreabundó la gracia.

Romanos 5:20

El Evangelio

Génesis 2:15-17 y 3:6-12

Yo no fui creado como un robot programado, incapaz de decidir por mí mismo. La Biblia me enseña que Dios me creó a su imagen y semejanza (Génesis 1:26-27), es decir, con la facultad de amar, de pensar, de razonar, de querer o de rechazar, por lo tanto libre.

Esta libertad conlleva una responsabilidad. El hombre no es un animal sumiso a sus instintos. De esta manera es responsable de obedecer conscientemente a su Creador. En el paraíso terrenal, cuando Adán y Eva fueron puestos a prueba, escogieron desobedecer a Dios. Infringieron la única prohibición que les fue hecha. Las consecuencias para todos los seres humanos son el pecado, la miseria, el sufrimiento y la muerte, porque todos pecaron.

Pero la Palabra de Dios no se detiene ahí. Ella proclama una buena noticia: “La paga del pecado es muerte, mas la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro” (Romanos 6:23). Dios no trató de mejorar la raza humana. Él envió a su Hijo Jesucristo al mundo, quien se hizo hombre y vivió en la tierra exactamente como Dios lo esperaba. Jesús ofreció a Dios una vida perfecta, sin pecado, “haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz” (Filipenses 2:8). Allí sufrió el castigo que nosotros merecíamos como pecadores, a fin de que seamos salvos aceptando esta salvación por la fe.

He aquí el mensaje del evangelio, simple, profundo, eficaz.

1 Samuel 5 – Mateo 7:7-29 – Salmo 6 – Proverbios 2:16-22

© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
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El cumplimiento de la ley

Enero 8

El cumplimiento de la ley

Sed, pues, vosotros perfectos, como vuestro Padre que está en los cielos es perfecto. (Mateo 5:48)

Jesús se enfrentó a gran oposición durante su ministerio cuando no estuvo de acuerdo con la teología judía contemporánea (Mt. 15:1-3). Como era hipocresía, rechazó la presunta devoción de los fariseos.

Muchos en su época decían: “¿Está Jesús diciendo una nueva verdad? ¿Está realmente hablando en nombre de Dios? Él no dice lo que dicen los fariseos. En realidad, dice lo opuesto de lo que se nos enseña”.

Jesús dijo: “No penséis que he venido para abrogar la ley o los profetas; no he venido para abrogar, sino para cumplir” (Mt. 5:17). Jesús no condenó la ley del Antiguo Testamento, sino que condenó la tradición que se había creado alrededor de ella. Los guías religiosos habían pervertido tanto la ley de Dios que Jesús declaró: “Os digo que si vuestra justicia no fuere mayor que la de los escribas y fariseos, no entraréis en el reino de los cielos” (v. 20).

¿De qué justicia depende usted? ¿De la suya o de la de Cristo?

Del libro La Verdad para Hoy de John MacArthur DERECHOS DE AUTOR © 2001 Utilizado con permiso de Editorial Portavoz, www.portavoz.com

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¿Cómo está su alma?

Martes 8 Enero

En quien creyendo… os alegráis… obteniendo el fin de vuestra fe, que es la salvación de vuestras almas.

1 Pedro 1:8-9

¿Cómo está su alma?

Mire a los ojos a uno de sus seres queridos, o mírese usted mismo en un espejo. ¿Puede escapar a esta convicción profunda de que el hombre no está hecho simplemente de carne y huesos, sino que posee un alma inmaterial?

Jesús hizo una pregunta seria: “¿Qué aprovechará al hombre si ganare todo el mundo, y perdiere su alma? ¿O qué recompensa dará el hombre por su alma?” (Marcos 8:36-37). También refirió una parábola concerniente a un hombre que había almacenado muchos bienes y se decía a sí mismo: “Alma, muchos bienes tienes guardados para muchos años; repósate, come, bebe, regocíjate. Pero Dios le dijo: Necio, esta noche vienen a pedirte tu alma; y lo que has provisto, ¿de quién será?” (Lucas 12:16-20).

Estas palabras son muy actuales. Gastamos una energía considerable para asegurar nuestro futuro terrenal y el de nuestros hijos; cuidamos la salud y el bienestar de nuestro cuerpo, e incluso velamos por la protección del planeta. Pero, ¿hemos pensado en nuestra alma? Lo que está en juego no es nuestro futuro terrenal, sino la suerte eterna de nuestra alma: perdida o salvada.

¿Qué hacer para ser salvo? Poner nuestra confianza en Jesús. En la cruz el Señor Jesús adquirió una salvación completa para todo el que cree en él, la cual concierne a todo nuestro ser, cuerpo y alma: el perdón de los pecados y la salvación de nuestra alma, pero también la resurrección futura de nuestro cuerpo. Su promesa es segura: “El que levantó de los muertos a Cristo Jesús vivificará también vuestros cuerpos mortales por su Espíritu que mora en vosotros” (Romanos 8:11).

1 Samuel 4 – Mateo 6:19-7:6 – Salmo 5:8-12 – Proverbios 2:10-15

© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
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El Cristo incomparable

Enero 6

El Cristo incomparable

Él es antes de todas las cosas, y todas las cosas en él subsisten. (Colosenses 1:17)

Jesucristo es la personalidad incomparable de toda la historia humana.

Sócrates enseñó cuarenta años, Platón cincuenta y Aristóteles cuarenta. El ministerio público de Jesús duró menos de tres años, pero la influencia de su vida es mucho más importante que los ciento treinta años combinados de los tres filósofos más grandes de toda la antigüedad.

Jesús nunca pintó un cuadro, pero algunas de las mejores pinturas de Rafael, Miguel Ángel, Da Vinci y de muchos otros artistas encontraron en Él su inspiración.

Jesús no escribió poesía, pero Dante, Milton y muchos de los más grandes poetas del mundo han sido inspirados por Él como ningún otro. Ralph Waldo Emerson dijo que el nombre de Cristo “más que escribirse se ha grabado en la historia de este mundo”.

Jesús no compuso música, pero Haydn, Händel, Beethoven, Bach, Mendelssohn y muchos otros alcanzaron la más elevada perfección de melodía en composiciones acerca de Él.

Jesucristo ha influido en la sociedad humana como ningún otro. El Cristo incomparable es las buenas nuevas. Y lo que la hace tan buena noticia es que el hombre no merece nada y que Dios es muy misericordioso.

Del libro La Verdad para Hoy de John MacArthur DERECHOS DE AUTOR © 2001 Utilizado con permiso de Editorial Portavoz, www.portavoz.com

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La caja de la humanidad

Enero 5

La caja de la humanidad

Porque en él habita corporalmente toda la plenitud de la Deidad. (Colosenses 2:9)

Si consideráramos este mundo como una dimensión de tiempo y espacio, entonces una caja cerrada pudiera representarlo, con Dios fuera de la caja. Es imposible que la humanidad escape de la caja porque, por definición, lo natural no puede entrar en lo sobrenatural. Lo que está confinado al tiempo y al espacio no puede escapar a la eternidad ni a lo infinito.

Como hay algo dentro del hombre que anhela saber lo que hay fuera de la caja, él inventa deidades, que es la forma en la que proliferan las religiones. Las distintas religiones se convierten en una extensión del deseo del hombre de escapar de su caja, pero el anhelo del hombre de trascender la caja no puede resolverse porque él está confinado a la caja por su propia naturaleza.

¿Hay una forma de escapar de esa caja? Sí, las buenas noticias son que hay una manera, y es por medio de Cristo. El cristianismo reconoce que usted no puede salir de su caja, pero proclama que Dios ha invadido la caja desde afuera. Jesucristo ha entrado en su mundo para mostrarle cómo puede morar con Dios para siempre. ¿No aceptará su invitación?

Del libro La Verdad para Hoy de John MacArthur DERECHOS DE AUTOR © 2001 Utilizado con permiso de Editorial Portavoz, http://www.portavoz.com

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