Éxodo 1 | Lucas 4 | Job 18 | 1 Corintios 5

18 FEBRERO

Éxodo 1 | Lucas 4 | Job 18 | 1 Corintios 5

El segundo discurso de Bildad de Súah (Job 18) contiene una nota de desesperación. Cuando el argumento es débil, algunas personas simplemente gritan más fuerte.

Prácticamente, Bildad comienza diciendo a Job que no tiene sentido hablar con él hasta que adopte una postura sensata (18:2). Job está más que equivocado: es perverso o está loco. Según Bildad, está dispuesto a desbaratar el propio tejido del universo para justificarse: “Es tal tu enojo que te desgarras el alma; ¡mas no por ti quedará desierta la tierra, ni se moverán de su lugar las rocas!” (18:4).

El resto del capítulo se dedica a una terrible descripción de lo que ocurre al impío, que acaba destruido, despreciado, atrapado, sometido a calamidades y desastres, aterrorizado, quemado y apartado de la comunidad. “Borrada de la tierra ha sido su memoria; de su fama nada queda en el país” (18:17). Tanto los pueblos de oriente como los de occidente “se asombran de su suerte” (18:20), una lección moral para aquellos que lo ven.

Llegados a este punto, los tres “consoladores miserables” se han puesto de acuerdo en que Job es impío. A no ser que el último versículo del capítulo sea una simple analogía, la acusación parece ahora intensificarse un poco: “Así es la morada del malvado, el lugar del que no conoce a Dios” (18:21). En otras palabras, Job no es únicamente impío, sino totalmente ignorante de Dios.

Es tiempo de reflexionar sobre este tipo de acusación. Por un lado, lo que Elifaz, Bildad y Zofar siguen diciendo concuerda totalmente con un tema repetido en las Escrituras: Dios es justo, hará justicia, y todo ello se verá. Todo el mundo reconocerá un día que Dios es justo, en la sumisión reverente de la fe o en el terror que clama por rocas y montañas donde puedan esconderse de la ira del Cordero (Apocalipsis 6). Este asunto es recurrente prácticamente en todas las partes importantes de la Biblia. La alternativa al juicio es espantosa: no existe el juicio final y perfecto, por lo que no hay justicia, ni distinción entre lo correcto y lo incorrecto, entre el bien y el mal. De no haber juicio, se estaría negando el significado del mal.

Sin embargo, aplicar esta perspectiva con demasiada rapidez, o mecánicamente, o como si tuviésemos acceso a todos los hechos, es anular el significado del mal desde otro ángulo. El sufrimiento inocente (como hemos visto) está descartado. Llamar malo a un buen hombre a fin de preservar el sistema no solo es personalmente cruel, sino que relativiza el bien y el mal; cuestiona a Dios al decir que no existe diferencia entre ambos. En algunas ocasiones, debemos apelar simplemente al misterio de la impiedad.

Carson, D. A. (2014). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (L. Viegas, Trad.) (1a edición, Vol. II, pp. 49–50). Barcelona: Publicaciones Andamio.

La expresión de la victoria

Cuando Jesús hubo tomado el vinagre, dijo: Consumado es. Y habiendo inclinado la cabeza, entregó el espíritu.

Juan 19:30

La expresión de la victoria

Las siete expresiones de Jesús en la cruz (6)

“Consumado es”. La sexta frase de Jesús está llena de poder; expresa una seguridad, subraya con fuerza un resultado. Al final de esas seis horas de la cruz, en el momento que precedió la muerte de Jesús, algo que había sido anunciado pero que hasta ahora no podía ser comprendido, halló su sentido definitivo. ¿Cómo entender esta expresión? La respuesta es vasta e infinita…

Por medio de ella se cumplieron las Escrituras, es decir, todas las profecías relacionadas con la venida, el ministerio y la muerte de Jesús, pero igualmente todo lo que Dios había dicho sobre los sacrificios, es decir, los ritos prescritos por la ley de Moisés. Jesús fue el Cordero de Dios ofrecido en sacrificio.

La obra de salvación se llevó a cabo en sus múltiples aspectos. Jesús se convirtió en el que redime, el redentor, pues pagó la deuda que teníamos con respecto a Dios debido a nuestros pecados; en aquella época la expresión “consumado es” aparecía al final de una factura e indicaba que esta había sido totalmente pagada. Jesús fue nuestro sustituto en la cruz: “llevó él mismo nuestros pecados en su cuerpo sobre el madero” (1 Pedro 2:24). Fue nuestra propiciación, es decir, ahora Dios nos es propicio, favorable.

Solo Jesús podía pronunciar esta frase. Ella lo muestra en el centro de los planes divinos. Dios nos pide solo una cosa: creer y apropiarnos de la total eficacia de la obra cumplida. ¡Qué pobres se vuelven las exhortaciones de las religiones que invitan al hombre a «hacer», al lado de esta frase de Jesús, dirigida a toda la humanidad: ¡“Consumado es”!

(continuará el próximo domingo)

Éxodo 2 – Hechos 3 – Salmo 24:1-6 – Proverbios 10:3-4

¿Cree verdaderamente en Dios?

¿Cree verdaderamente en Dios?

2/17/2018

[Abraham] tampoco dudó, por incredulidad, de la promesa de Dios, sino que se fortaleció en fe, dando gloria a Dios. (Romanos 4:20)

Decir que se cree lo que Dios ha dicho es mucho más fácil que confiar en Él verdaderamente. Por ejemplo, muchos que afirman que “Dios, pues, suplirá todo lo que os falta conforme a sus riquezas” (Fil. 4:19) caen en la ansiedad cuando afrontan dificultades económicas.

También la Biblia dice que, si damos generosamente con los motivos correctos, Dios nos recompensará (Mt. 6:3-4). Muchos dicen que creen también en ese principio, pero les resulta difícil ponerlo en práctica. Muchos cristianos también temen a la muerte, aunque Dios ha dicho que nos dará la gracia que necesitamos para afrontarla y que nos llevará después al cielo.

Creer en Dios significa que reconocemos su gloria, que es la suma de todos sus atributos y la plenitud de toda su majestad. Si Él es quien dice que es, entonces se le debe creer. Usted crecerá espiritualmente cuando le diga a Dios: “Si tu Palabra lo dice, lo creeré; si tu Palabra lo promete, lo reclamaré; y si tu Palabra lo ordena, lo obedeceré”.

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Los dulces designios de Dios

FEBRERO, 17

Los dulces designios de Dios

Devocional por John Piper

Pero cuando Dios, que me apartó desde el vientre de mi madre y me llamó por su gracia… (Gálatas 1:15)

Meditemos en la conversión de Pablo, la soberanía de Cristo y lo que los pecados de Pablo tienen que ver con nuestra salvación.

Pablo dice que Dios «me apartó desde el vientre de mi madre», y que luego, en el camino a Damasco, «me llamó por su gracia» (Gálatas 1:15). Esto significa que, entre el nacimiento de Pablo y el llamamiento en el camino a Damasco, él ya había sido escogido pero aún no había sido llamado como instrumento de Dios (Hechos 9:1522:14).

Lo anterior significa que Pablo estaba golpeando y encarcelando y asesinando a cristianos como un escogido de Dios que pronto se convertiría en un misionero cristiano.

Y aconteció que cuando iba de camino, estando ya cerca de Damasco, como al mediodía, de repente una luz muy brillante fulguró desde el cielo a mi derredor, y caí al suelo, y oí una voz que me decía: “Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues?” (Hechos 22:6-7).

No había forma de negarlo o escaparse. Dios lo había escogido para esto antes de que él naciera, y ahora lo estaba llevando a cabo. La palabra de Cristo es soberana. No había negociación posible.

Levántate y entra a Damasco; y allí se te dirá todo lo que se ha ordenado que hagas (Hechos 22:10).

Damasco no fue el lugar donde el libre albedrío de Pablo cediera a Cristo después de décadas de intentos divinos inútiles para salvarlo. Dios tenía un tiempo para escogerlo (antes de que naciera) y un tiempo para llamarlo (en el camino a Damasco). Pablo cedió cuando Dios lo llamó.

Por lo tanto, los pecados que Dios permitió que ocurrieran entre el nacimiento de Pablo y su llamamiento fueron parte del plan, ya que Dios podría haber hecho la obra de Damasco antes.

¿Tenemos alguna idea de lo que el plan de esos pecados podría ser? Sí. Fueron permitidos para ustedes y para mí —para todos aquellos que teman que sus pecados estén fuera del alcance de la gracia—. Es de esta manera que los pecados de Pablo se relacionan con nosotros.

Aun habiendo sido yo antes blasfemo, perseguidor y agresor. Sin embargo, se me mostró misericordia… por esto hallé misericordia, para que en mí, como el primero, Jesucristo demostrara toda su paciencia como un ejemplo para los que habrían de creer en Él para vida eterna (1 Timoteo 1316).

¡Oh, cuán dulces son los designios de Dios, que en su soberanía salva a pecadores endurecidos!


Devocional tomado del articulo “God’s Sovereignty, Paul’s Conversion”

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Génesis 50 | Lucas 3 | Job 16–17 | 1 Corintios 4

17 FEBRERO

Génesis 50 | Lucas 3 | Job 16–17 | 1 Corintios 4

Cuando Job responde al segundo discurso de Elifaz, sus primeras palabras son tan poco moderadas como las de sus oponentes, aunque, sin duda, más provocadoras (Job 16–17): “He escuchado muchas cosas como estas; ¡valiente consuelo el de todos vosotros!” (16:2). Aparentemente, han venido a compadecerse de él y consolarlo (2:11), pero cada vez que abren la boca sus palabras son como cera hirviendo sobre heridas abiertas. Desde la perspectiva de Job, pronuncian “peroratas” que no tienen “fin” (16:3). Job declara que, si se intercambiasen sus papeles, él no se rebajaría a su nivel, sino que les proporcionaría aliento y alivio genuinos (16:4–5).

Existe una forma de emplear la teología y sus argumentos que hiere en lugar de curar. No es culpa de estos, sino del “consolador miserable” que se ciñe a un fragmento inapropiado de la verdad, cuyo manejo de los tiempos no es el adecuado, cuya actitud es condescendiente, cuya aplicación es insensible o cuya verdadera teología se fundamenta en tópicos culturales que hacen daño en lugar de consolar. En tiempos de gran angustia y pérdidas, he recibido muchas veces el ánimo y la sabiduría de otros creyentes; algunos de ellos también me han dado algún golpe, sin que fuesen conscientes de que estaban haciéndolo. Eran consoladores miserables.

Por supuesto, esas experiencias me han llevado a preguntarme cuándo habré utilizado la Palabra de forma errónea, causando un dolor parecido. No quiere decir que nunca se deba administrar la clase de amonestación bíblica que induce adecuadamente al dolor: Dios ordena que se aplique la disciplina justificada (Hebreos 12:5–11). Es triste, sin embargo, que cuando causamos daño a otra persona por nuestra aplicación de la teología, demos por hecho de forma natural que el mismo se debe a su torpeza. Puede ser, pero al menos deberíamos examinarnos, analizar nuestras actitudes y argumentos con detenimiento para que no nos engañemos mientras oprimimos a otros.

La mayor parte del resto del discurso de Job se dirige a Dios y se sumerge profundamente en la retórica de la desesperación. No es sabio condenar a Job si nunca hemos experimentado lo que él. No querríamos hacerlo si hubiésemos pasado por sus calamidades. Para comprender su retórica correctamente, y hacerlo a un nivel más profundo que el meramente intelectual, deben confluir dos cosas: en primer lugar, deberíamos estar seguros de que el nuestro es un sufrimiento inocente. En cierta medida, podemos comprobarlo comparando nuestro propio historial con el modelo excepcional que Job mantuvo (véase especialmente caps. 26–31). En segundo lugar, por muy amarga que sea nuestra queja a Dios, nuestra postura seguirá siendo la de un creyente que trata de solucionar las cosas, no la de un cínico que menosprecia al Señor.

Carson, D. A. (2014). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (L. Viegas, Trad.) (1a edición, Vol. II, p. 48). Barcelona: Publicaciones Andamio.

¿Quién dirige el mundo?

El dios de este siglo cegó el entendimiento de los incrédulos, para que no les resplandezca la luz del evangelio de la gloria de Cristo, el cual es la imagen de Dios.

2 Corintios 4:4

El Dios de paz aplastará en breve a Satanás bajo vuestros pies.

Romanos 16:20

¿Quién dirige el mundo?

Cuando todo va mal, rápidamente encontramos al responsable: ¡Dios! Pero, ¿quién dirige actualmente el mundo? El diablo, nos dice la Biblia; él es “el dios de este siglo”. Desde el día en que Adán escuchó la voz del tentador, el hombre fue expulsado del paraíso y vive en un mundo donde reina Satanás, “el príncipe de la potestad del aire, el espíritu que ahora opera” (Efesios 2:2). Jesús llama a Satanás “el príncipe de este mundo” (Juan 12:31; 16:11). Sin embargo, Satanás no puede rebasar los límites fijados por Dios.

Pero Jesucristo, el Hijo de Dios, mediante su muerte en la cruz, seguida de su resurrección, venció definitivamente al diablo (Hebreos 2:14). Sin embargo, actualmente el diablo continúa haciendo daño. Solo cuando el Señor Jesús venga a reinar, Satanás será atado y no podrá actuar durante mil años, antes de ser echado en “el lago de fuego y azufre” (Apocalipsis 20:10). El diablo sabe que fue vencido y cuál será su destino. Mientras tanto, moviliza a las “huestes espirituales de maldad” (Efesios 6:12) para arruinar a la humanidad y tratar de detener el testimonio de los cristianos.

Nunca olvidemos, pues, que nuestro enemigo está vencido. Sin embargo, perseveremos en la oración, pues la Palabra de Dios nos advierte: “Velad; porque vuestro adversario el diablo, como león rugiente, anda alrededor buscando a quien devorar” (1 Pedro 5:8). Tampoco olvidemos que puede tratar de engañarnos disfrazándose “como ángel de luz” (2 Corintios 11:14).

Éxodo 1 – Hechos 2 – Salmo 23 – Proverbios 10:1-2

Nuestro mecanismo de defensa

Nuestro mecanismo de defensa

2/16/2018

Si en mi corazón hubiese yo mirado a la iniquidad, el Señor no me habría escuchado. (Salmo 66:18)

Según el versículo de hoy, ni siquiera se puede conversar con Dios, mucho menos crecer espiritualmente, si se albergan pecados en el corazón. Por eso es tan esencial la confesión.

Primero tiene que estar dispuesto a aceptar el castigo de Dios por su pecado. Si piensa que Él está obrando con rudeza, debe examinar su vida para ver si lo merece. Por la misma razón que los padres deben castigar la mala conducta de un hijo, Dios lo castiga a usted para que no repita sus errores.

Dios también ha puesto un sistema de sentido de culpa en usted para su propio bien. La vida espiritual sin sentido de culpa sería como la vida física sin dolor. El sentido de culpa es un mecanismo de defensa; es como una alarma que funciona para guiarlo a la confesión cuando usted peca. Es cuando usted tiene que confrontar su pecado y reconocer delante de Dios que es una afrenta para Él. Ese reconocimiento debe ser parte de su vida antes de que pueda crecer espiritualmente, ya que elimina el pecado que lo detiene a usted.

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Cuando la obediencia parece imposible

FEBRERO, 16

Cuando la obediencia parece imposible

Devocional por John Piper

Por la fe Abraham, cuando fue probado, ofreció a Isaac… (Hebreos 11:17)

Para muchos de ustedes ahora —y para otros ya llegará el momento— la obediencia parece ser el final de un sueño. Sienten que si hacen lo que la Palabra de Dios o el Espíritu de Dios los está llamando a hacer, esto los hará miserables, y que no hay manera de que Dios lo haga todo para bien.

Quizás el mandamiento o el llamado de Dios que escuchan ahora sea quedarse casado o quedarse soltero, permanecer en ese trabajo o dejarlo, bautizarse, hablar en el trabajo acerca de Cristo, rehusarse a ceder en su estándar de honestidad, confrontar a una persona que está en pecado, aventurarse a una nueva vocación, ser un misionero. Y como lo ve nuestra mente limitada, la posibilidad de hacer esto es terrible —es como la pérdida de Isaac—.

Han considerado cada perspectiva humanamente posible y es imposible que se obtenga un buen resultado.

Ahora ya saben qué es lo que Abraham sintió. Esta historia de la Biblia es para ustedes.

¿Desean a Dios y sus caminos y sus promesas más que a nada, y creen que él puede honrar y honrará la fe y obediencia de ustedes, al no avergonzarse de llamarse su Dios, y usar toda su sabiduría y poder y amor para convertir este camino de obediencia en un camino de vida y gozo?

Esa es la crisis que enfrentan ahora: ¿Lo desean? ¿Confiarán en él? La palabra de Dios para ustedes es que Dios es digno y Dios es capaz.


Devocional tomado del sermón “La esperanza de los exiliados en la Tierra”

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Génesis 49 | Lucas 2 | Job 15 | 1 Corintios 3

16 FEBRERO

Génesis 49 | Lucas 2 | Job 15 | 1 Corintios 3

El libro de Job comienza ahora un segundo ciclo de reflexiones de Elifaz, Bildad y Zofar, con respuestas de Job en cada caso (Job 15–21). Los argumentos se repiten de muchas formas, pero con más intensidad. Casi como si fuesen conscientes de esta repetición, los tres amigos dicen menos esta vez que en la primera ronda.

Hoy seguiremos brevemente la línea de pensamiento del segundo discurso de Elifaz (Job 15):

(1) Comienza atacando (15:2–6). Desde su perspectiva, Job no puede ser un hombre sabio, porque responde con “vana sabiduría” y “explota en violenta verborrea”, exponiendo “argumentos vanos” (15:2–3). La consecuencia es que incluso socava la piedad y dificulta la devoción a Dios (15:4). Elifaz cree que quien piense que Dios no reparte el castigo con justicia está atentando contra las bases morales del universo. La causa de estos sentimientos renegados solo puede ser el pecado: “Tu maldad pone en acción tu boca; hablas igual que los pícaros” (15:5).

(2) Elifaz vuelve a la cuestión de la autoridad sin responder a ninguno de los argumentos de Job. Este ha declarado que es tan anciano, experimentado y sabio como cualquiera de los que le atacan; Elifaz responde con sorna: “¿Eres acaso el primer hombre que ha nacido? ¿Naciste acaso antes que los montes?” (15:7). Job es un anciano, pero otros muchos comparten las opiniones de aquel (15:10). Peor aún, al querer morir y justificarse delante de Dios, Job está declarando que las consolaciones del Señor, todas las que los tres amigos han estado exponiendo bondadosamente, no son suficientes para él (15:11). Es como si Job quisiese someter a Dios a juicio.

(3) Sin embargo, ¿cómo es posible esto? Dios es tan santo que incluso el propio cielo no es puro a sus ojos (15:14–15): “¡Cuánto menos confiará en el hombre, que es vil y corrupto y tiene sed del mal!” (15:16). Por tanto, Elifaz repite la parte principal de su reflexión (15:17–26): el impío sufre tormentos de varias clases todos sus días, “y todo por levantar el puño contra Dios y atreverse a desafiar al Todopoderoso. Contra Dios se lanzó desafiante, blandiendo grueso y resistente escudo” (15:25–26).

(4) Elifaz dice que donde existan aparentes excepciones a esta regla, el tiempo las destruirá (15:27–35). Estos impíos podrán estar bien alimentados y ser prósperos durante años, pero finalmente la justicia de Dios les dará caza. El sentido es obvio: Job no solo es impío, sino que su pasada prosperidad no era otra cosa que la calma anterior a la tempestad que ha quebrantado y puesto de manifiesto su miserable maldad.

Reflexionemos en lo correcto y lo incorrecto de este argumento.

Carson, D. A. (2014). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (L. Viegas, Trad.) (1a edición, Vol. II, p. 47). Barcelona: Publicaciones Andamio.

Ganar el premio mayor

¿Qué aprovecha al hombre, si gana todo el mundo, y se destruye o se pierde a sí mismo?

Lucas 9:25

Ganar el premio mayor

Mientras el premio mayor de una lotería no se haya alcanzado, el valor va aumentando, y cada vez más jugadores prueban suerte. Entonces la probabilidad de ganar va disminuyendo para cada uno de ellos, pero todos sueñan con ganar ese dinero.

Pero la Biblia hace una pregunta: ¿Qué aprovecha al hombre si gana todo el mundo, todas las riquezas de la tierra? Al final de nuestra vida, ricos o pobres, no podremos llevar nada con nosotros, salvo el peso grande de nuestros pecados: una inmensa deuda ante el Dios santo, a quien cada uno tendrá que rendir cuentas.

¡Gracias a Dios es posible liberarse de esa deuda, de esa carga! La Biblia nos muestra a quién debemos ir para hallar el precio de ese rescate. El precio es la sangre preciosa de Cristo derramada en la cruz. Fue su vida dada en rescate por todo el que quiere ser perdonado de sus pecados. No hay que pagar nada, todos podemos disfrutar de esa salvación gratuita; no hay incertidumbre alguna, pues Jesucristo mismo lo asegura: “Al que a mí viene, no le echo fuera” (Juan 6:37).

Tenemos que recibir el regalo de su vida como un regalo perfecto, sin contrapartida. “Fuisteis rescatados… no con cosas corruptibles, como oro o plata, sino con la sangre preciosa de Cristo” (1 Pedro 1:18-19). Solo debemos cumplir una condición: reconocer nuestra deuda, nuestra total incapacidad para pagar, y aceptar que Cristo pagó todo por nosotros. Pero hay que hacerlo ahora. ¡Mañana quizá sea demasiado tarde!

“Haceos bolsas que no se envejezcan, tesoro en los cielos que no se agote, donde ladrón no llega, ni polilla destruye” (Lucas 12:33).

Génesis 50 – Hechos 1 – Salmo 22:25-31 – Proverbios 9:13-18