La esperanza cristiana, ancla del alma

Jueves 29 Septiembre
La esperanza… la cual tenemos como segura y firme ancla del alma.
Hebreos 6:18-19
Es, pues, la fe la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve.
Hebreos 11:1
La esperanza cristiana, ancla del alma
Un cristiano que hablaba de su esperanza en Dios recibió esta respuesta: “¡Déjenos tranquilos, ocúpese de su cielo y déjenos la tierra!”.

Respetamos las convicciones de nuestros lectores, sean escépticos o no creyentes, pero ¿es posible estar tranquilo sin Dios? Uno puede vivir sin conocer a Dios, pero en realidad ¿puede ser completamente feliz sin él? La vida en la tierra no se limita solo a su dimensión materialista. Jesucristo afirmó: “No solo de pan (o de bienes materiales) vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios” (Mateo 4:4). El hombre solo puede hallar una plenitud de vida cuando recibe a Dios en su vida.

En cuanto a la esperanza cristiana, no se trata de esperar vagamente la realización de lo que uno desea. Es la fe en la Palabra de Dios, que es segura. Jesús dijo: “El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán” (Mateo 24:35). Muchas profecías bíblicas dan al creyente la certeza de un futuro feliz. Él descansa en Dios, quien envió a Jesús para librarnos de nuestra condición de pecadores y reconciliarnos con él.

Jesús volverá, pues lo prometió (Juan 14:2-3). ¿Estamos preparados? La certeza del retorno de Cristo da a los cristianos ánimo y paz interior. Mientras lo esperan, Jesús les da la fuerza para afrontar las pruebas de la vida y para no estar tristes como los que no tienen esperanza (1 Tesalonicenses 4:13).

La fe es el ancla que une firmemente al creyente con el lugar celestial, donde se halla Jesús, el objeto de su esperanza.

Lamentaciones 5 – Filipenses 4 – Salmo 108:1-6 – Proverbios 24:10

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Seguir a Jesús

Miércoles 28 Septiembre
Andando junto al mar de Galilea, vio a Simón y a Andrés su hermano, que echaban la red en el mar; porque eran pescadores. Y les dijo Jesús: Venid en pos de mí, y haré que seáis pescadores de hombres. Y dejando luego sus redes, le siguieron.
Marcos 1:16-18
Seguir a Jesús
En los evangelios, a menudo hallamos esta invitación de Jesús: “Sígueme”, o: “Venid en pos de mí”. Jesús nunca llama a servirle, sino a seguirle. Hoy Jesús invita a todos sus redimidos por su obra en la cruz, a todos aquellos por quienes dio su vida, a seguirle. Jesús escogió a sus discípulos, en primer lugar, para “estar con él”. Y “estableció a doce, para que estuviesen con él, y para enviarlos a predicar, y que tuviesen autoridad para sanar enfermedades y para echar fuera demonios” (Marcos 3:14-15).

Cuando Jesús llamó a Simón y a Andrés, quienes estaban pescando, les dijo: “Venid en pos de mí, y haré que seáis pescadores de hombres”. El Señor quería, pues, compañeros para trabajar con él en su obra de gracia. Él los llamó, a pesar de su debilidad, y les proveyó todos los recursos necesarios. Él forma al que está dispuesto a acompañarlo: “Aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón” (Mateo 11:29). Sus discípulos, enseñados por él, adquirieron sus costumbres, y la gente los reconocía por haber “estado con Jesús” (Hechos 4:13).

Para nosotros esto significa aprender a conocer a Jesús leyendo su Palabra. Y si vivimos cerca de él, nos pareceremos más a él. El Señor nos quiere totalmente entregados a él y nos dice: “Sígueme”. Pero a menudo respondemos: “Déjame que primero vaya…” (Lucas 9:59). Quizá debamos dejar algunas cosas a las cuales estamos apegados, algunas costumbres… Sigamos el ejemplo de Pedro y Juan: “Dejando luego sus redes, le siguieron”.

Lamentaciones 4 – Filipenses 3 – Salmo 107:33-43 – Proverbios 24:8-9

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¿Qué significa ser cristiano?

Martes 27 Septiembre
Nosotros sabemos que hemos pasado de muerte a vida, en que amamos a los hermanos.
1 Juan 3:14
Esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien has enviado.
Juan 17:3
¿Qué significa ser cristiano?
Ser cristiano no significa poner en práctica una religión, unos valores morales o un estilo de vida. Ser cristiano es tener una relación viva y personal con Dios.

Esta relación se hizo posible gracias a la muerte y a la resurrección de Jesús; se establece si creo en él. Pero si esta relación no es el centro de mi vida, no podré crecer espiritualmente, incluso con una práctica religiosa irreprochable.

Amar a nuestro prójimo es el resultado de nuestra relación con Dios. Para comprenderlo basta pensar en los dos grandes mandamientos citados por Jesús: amar a Dios y amar al prójimo; los dos son inseparables. Un cristiano no puede ser indiferente a las necesidades de los otros. Para el apóstol Juan esto es inconcebible: “El que tiene bienes de este mundo y ve a su hermano tener necesidad, y cierra contra él su corazón, ¿cómo mora el amor de Dios en él?” (1 Juan 3:17).

Tener una verdadera relación con Dios y amar a nuestro prójimo no se impone por obligaciones exteriores. Es la expresión de la vida divina recibida por la fe en el Señor Jesús. Es la vida misma de Jesús. Él fue manso y humilde, estuvo atento a las necesidades de los demás. Confió en Dios y le obedeció en todos los detalles de su vida, hasta la cruz. Jesús, el Hijo de Dios, resucitó. Es el Salvador de todos los que creen en él. Solo ellos pueden imitar el modelo perfecto de la vida cristiana que Cristo manifestó.

Lamentaciones 3 – Filipenses 2 – Salmo 107:23-32 – Proverbios 24:7

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¿Valores cristianos sin Cristo?

Lunes 26 Septiembre
(Jesús dijo:) Este pueblo de labios me honra; mas su corazón está lejos de mí.
Mateo 15:8
¿Por qué me llamáis, Señor, Señor, y no hacéis lo que yo digo?
Lucas 6:46
¿Valores cristianos sin Cristo?
“¿Qué queda del occidente cristiano cuando ya no es más cristiano? Si no queda nada, somos una civilización muerta”, escribió un filósofo ateo.

Muchas personas, incluso ateas, reconocen los valores morales que Jesús enseñó y que caracterizaban su conducta: humildad, amor, bondad, verdad, rectitud, abnegación, amor al prójimo. Pero rechazan a Jesús y no conocen su obra salvadora. Si el valor de su mensaje todavía es apreciado hoy, ¿por qué no es recibido verdaderamente?

Los que escuchaban a Jesús se sorprendían “de las palabras de gracia que salían de su boca” (Lucas 4:22). Pero poco a poco, reprendidos en su conciencia, trataron de matarlo. Finalmente Jesús fue crucificado.

Rechazando a Jesús, el hombre demostró su estado de rebelión contra Dios. Al dar a su Hijo para pagar la deuda por nuestros pecados, Dios reveló su inmenso amor. Además, si creemos en su amor, Dios nos da un corazón nuevo, nos hace capaces de seguir a Jesús. El que reconoce su fracaso en el plano moral y cree en Jesús como su Salvador, recibe una vida nueva capaz de reproducir los caracteres morales de Jesús.

Leamos los evangelios y veremos a Jesús en su actividad incesante haciendo el bien.

Si usted no posee al menos un evangelio, le será enviado gratuitamente pidiéndolo a nuestra dirección postal o a: labuena@semilla.ch

Lamentaciones 2 – Filipenses 1 – Salmo 107:17-22 – Proverbios 24:5-6

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¿Amar al prójimo?

Domingo 25 Septiembre
En esto hemos conocido el amor, en que él (Jesús) puso su vida por nosotros; también nosotros debemos poner nuestras vidas por los hermanos. Pero el que tiene bienes de este mundo y ve a su hermano tener necesidad, y cierra contra él su corazón, ¿cómo mora el amor de Dios en él?
1 Juan 3:16-17
¿Amar al prójimo?
Lectura propuesta: Lucas 10:25-37
“Amarás… a tu prójimo como a ti mismo”: nadie puede negar el valor moral de este mandamiento divino. La fraternidad es recordada en las fachadas de las alcaldías francesas. También preconizamos el hecho de “vivir juntos” en un mundo pluralista. Sin embargo, continuamente se habla de personas que han sido robadas o asesinadas por otros.

Un líder religioso preguntó a Jesús: “¿Quién es mi prójimo?”. La pregunta demostraba que su corazón era incapaz de ver a su semejante como a su prójimo. ¿Tal vez pensaba que el prójimo se limitaba a su familia? El hombre es básicamente egoísta. Solo se preocupa por sí mismo y por sus intereses.

Jesús mostró que el que comprende quién es su prójimo se acerca con compasión a los desdichados, como lo hizo el buen samaritano de la parábola. Jesús siempre obró así. Él “anduvo haciendo bienes” (Hechos 10:38). No obstante, fue menospreciado y crucificado. El hombre demostró que no ama el bien y que su corazón es ajeno al amor. Por naturaleza nosotros somos “aborrecibles”, y nos aborrecemos “unos a otros” (Tito 3:3). ¿Cómo poner en práctica lo que Jesucristo nos pide hacer con nuestro prójimo: “Ve, y haz tú lo mismo”? Necesitamos un corazón semejante al suyo, que ame incluso cuando es rechazado. Si creemos en Jesucristo, él nos da ese corazón, un corazón renovado. Luego tendremos que sacar constantemente de la fuente del amor que está en Jesucristo.

Lamentaciones 1 – 2 Corintios 13 – Salmo 107:10-16 – Proverbios 24:3-4

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Jesús de Nazaret (2)

Viernes 23 Septiembre
Los hombres amaron más las tinieblas que la luz, porque sus obras eran malas.
Juan 3:19
Cristo padeció una sola vez por los pecados, el justo por los injustos, para llevarnos a Dios.
1 Pedro 3:18
Jesús de Nazaret (2)
 – Un juicio injusto. En su gran mayoría, los hombres rechazaron a Jesús. Sus compatriotas lo entregaron a los romanos para que lo mataran. Pilato, el gobernador romano, les preguntó tres veces: “¿Qué mal ha hecho este? Ningún delito digno de muerte he hallado en él; le castigaré, pues, y le soltaré. Mas ellos instaban a grandes voces, pidiendo que fuese crucificado. Y las voces de ellos y de los principales sacerdotes prevalecieron. Entonces Pilato sentenció que se hiciese lo que ellos pedían” (Lucas 23:22-24).

Los dos versículos de hoy explican por qué los hombres condenaron a Jesús, pero también por qué Jesús permitió que lo hicieran.

 – La crucifixión. Se acostumbraba crucificar a los peores criminales, a los delincuentes más peligrosos. Y los hombres escogieron este suplicio para deshacerse de Jesucristo, el justo.

Jesús aceptó ser castigado en nuestro lugar, por nuestros pecados. Es como si dijera: “Sus pecados son los míos. Dios está airado contra el mal, entonces yo tomo ese mal y la ira de Dios sobre mí”.

Esto fue lo que sucedió mientras Jesús sufría clavado en la cruz. Las tinieblas cubrieron la tierra durante tres horas en pleno día. ¡El juicio de Dios contra el pecado cayó con toda su fuerza sobre Jesús! Al final de estas tres horas, Jesús dijo: “Consumado es” (Juan 19:30).

Luego murió. Después un soldado romano traspasó su costado con su lanza. De allí salió agua y sangre. El cuerpo de Jesús fue puesto en una tumba bien sellada y custodiada.

(mañana continuará)
Jeremías 52:1-16 – 2 Corintios 11:16-33 – Salmo 106:40-48 – Proverbios 23:29-35

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Jesús de Nazaret (1)

Jueves 22 Septiembre
Por tanto, el Señor mismo os dará señal: He aquí que la virgen concebirá, y dará a luz un hijo, y llamará su nombre Emanuel (Dios con nosotros).
Isaías 7:14
Jesús de Nazaret (1)
 – Un nacimiento milagroso. Jesús es el Hijo de Dios desde siempre. Él nació en la tierra en Belén, de una virgen llamada María. ¿Esto le parece imposible? Para Dios, el Creador del universo, todo es posible. Centenas de años antes, varios profetas judíos hablaron de él: “Pero tú, Belén… de ti me saldrá el que será Señor en Israel; y sus salidas son desde el principio, desde los días de la eternidad” (Miqueas 5:2; Isaías 7:14, versículo del día).

 – Una vida de bien. Jesús se dedicó totalmente al bien de los de su tiempo. Alivió el sufrimiento físico, moral y espiritual de muchos.

Jesucristo hacía lo que decía, y decía lo que pensaba. Su vida era la expresión de lo que Dios es: amor y luz. Su conducta era el ejemplo de una pureza perfecta. Los que lo veían se asombraban y decían: “Bien lo ha hecho todo; hace a los sordos oír, y a los mudos hablar” (Marcos 7:37).

Jesús de Nazaret enseñaba. Sus palabras y su vida demostraban su sabiduría y su autoridad. “¡Jamás hombre alguno ha hablado como este hombre!” (Juan 7:46), declararon los que le deseaban el mal, pero que, desconcertados por lo que decía, cambiaron de opinión. Jesús nunca dejó indiferente a nadie. Unos se postraron a sus pies, otros llegaron a ser sus enemigos. Amor demasiado grande y luz demasiado fuerte, que revelan el mal en el corazón de los hombres. Poco antes de morir, Jesús afirmó: “Yo soy el camino, y la verdad, y la vida” (Juan 14:6).

(mañana continuará)
Jeremías 51:33-64 – 2 Corintios 11:1-15 – Salmo 106:32-39 – Proverbios 23:26-28

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El diablo, ¿puede creerlo?

Miércoles 21 Septiembre
El dios de este siglo (Satanás) cegó el entendimiento de los incrédulos, para que no les resplandezca la luz del evangelio de la gloria de Cristo, el cual es la imagen de Dios.
2 Corintios 4:4
El Dios de paz aplastará en breve a Satanás bajo vuestros pies.
Romanos 16:20
El diablo, ¿puede creerlo?
En los últimos años, los medios de comunicación han asociado varios hechos trágicos (suicidios, asesinatos…) con Satanás. Pero esto no impide que a veces oigamos decir irónicamente: Satanás, ¿puede creerlo? En efecto, son muchos los que no creen en su existencia. Se suele decir: “El mejor truco del diablo es convencerlo de que él no existe”.

Tal vez usted no crea en la existencia del diablo. Sin embargo, la Biblia afirma que este ser extremadamente inteligente es un terrible enemigo espiritual. Este espíritu maligno, que se rebeló contra Dios y acusa a los creyentes, dirige las “huestes espirituales de maldad” (Efesios 6:12). Jesús nos advierte que el diablo es “homicida desde el principio… mentiroso, y padre de mentira” (Juan 8:44). Desde el comienzo de la humanidad, en el huerto del Edén, Satanás desvió al hombre. Y continúa haciéndolo a través de las artimañas más variadas (Efesios 6:11) para empujarlo al mal. Engaña a los seres humanos que están expuestos a sus ataques y a sus artificios. También “se disfraza como ángel de luz” (2 Corintios 11:14) para seducir, si es posible, incluso a los creyentes: él es el verdadero enemigo de su alma. No obstante, aunque Satanás continúa cegando el entendimiento de los hombres, “la luz del evangelio de la gloria Cristo” aún resplandece. Satanás, poder de maldad, obra para mal y para la muerte. Pero Jesucristo, quien lo venció en la cruz, anuló la muerte y sacó a luz la vida por el evangelio del amor de Dios (2 Timoteo 1:10).

Jeremías 51:1-32 – 2 Corintios 10 – Salmo 106:28-31 – Proverbios 23:24-25

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Engaño

Martes 20 Septiembre
Si alguno se cree religioso entre vosotros, y no refrena su lengua, sino que engaña su corazón, la religión del tal es vana.
Santiago 1:26
Nadie os engañe en ninguna manera.
2 Tesalonicenses 2:3
Engaño
En la Biblia, las palabras “engañar” y “engaño” tienen el sentido de “seducir o desviar a alguien de su objetivo”. Dios nos invita a no dejarnos seducir por la ilusión y la mentira que nos prometen una felicidad sin Dios. Podemos ser engañados por:

 – Las cosas materiales. Uno de los objetivos de la publicidad es producir el deseo de poseer lo que no tenemos, y lo cual no necesitamos realmente. El Señor nos pone en guardia contra el engaño de las riquezas que “ahogan la palabra” (Marcos 4:19), que impiden escuchar la Palabra de Dios y ponerla en práctica.

 – Las personas. No se trata de desconfiar sistemáticamente, pues debemos amar a nuestro prójimo como a nosotros mismos (mandamiento de la ley de Moisés, recordado siete veces en el Nuevo Testamento). Sin embargo, debemos velar para no dejarnos arrastrar al mal por algún compañero, para no escuchar la adulación de un colega, para no ceder a la insistencia de un cristiano que quisiera hacernos participar de opiniones que no son conforme a la Biblia.

 – El diablo. El apóstol Pablo dice a los creyentes: “Temo que como la serpiente con su astucia engañó a Eva, vuestros sentidos sean de alguna manera extraviados” (2 Corintios 11:3).

 – Nosotros mismos. Es el engaño más sutil. Pablo dice: “El que se cree ser algo, no siendo nada, a sí mismo se engaña” (Gálatas 6:3).

¿Cómo mantenerse alerta y no dejarse seducir? Buscando la verdad en la Palabra de Dios, que nunca nos engaña, y dejándonos guiar por el Espíritu Santo.

Jeremías 50:21-46 – 2 Corintios 9 – Salmo 106:24-27 – Proverbios 23:23

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El orgullo me había impedido arrepentirme

Lunes 19 Septiembre
¿O menosprecias las riquezas de su benignidad, paciencia y longanimidad, ignorando que su benignidad te guía al arrepentimiento?
Romanos 2:4
El orgullo me había impedido arrepentirme
Testimonio
“En mi infancia tuve una instrucción cristiana. Aparentaba ser un cristiano, incluso a los ojos de los creyentes. No me daba pena decir a mis amigos que yo era un cristiano evangélico; sin embargo, estaba perdido, lejos de Dios. A menudo, en la noche, tenía pesadillas que me aterrorizaban. La eternidad sin Dios me asustaba, porque yo sabía que era un pecador ante él y que él no llevaría pecadores al cielo. Con frecuencia reflexionaba sobre el sentido de la vida y llegaba a la conclusión de que yo llevaba una vida inútil. Y me decía: “¿De qué sirve esta vida? No tiene sentido porque todo pasa”. Nunca había tomado una decisión firme en mi corazón, pero la necesidad de creer en Cristo crecía en mí.

Y fue así como una tarde, después de haber escuchado una vez más la invitación a aceptar a Jesucristo como mi Salvador personal, convencido de ser un pecador, me arrepentí de mis pecados y creí en Cristo. Reconocí mis pecados y pedí perdón a Dios, rogándole que hiciera de mí su hijo. El orgullo que durante años me había impedido arrepentirme de mis pecados y humillarme delante de Dios fue vencido con su ayuda. Al instante sentí que un peso era quitado de mis espaldas; el gozo y la paz llenaron mi corazón; gustaba la bondad de Dios. A partir de ese momento estuve seguro de ser salvo.

Así comenzó mi vida en Cristo. El Señor estaba conmigo, fortaleciéndome en la fe”.

Giacinto B
Jeremías 50:1-20 – 2 Corintios 8 – Salmo 106:19-23 – Proverbios 23:22

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