Vendas divinas

Sábado 5 Agosto
Mas yo haré venir sanidad para ti, y sanaré tus heridas, dice Jehová; porque desechada te llamaron, diciendo: Esta es Sion, de la que nadie se acuerda.
Jeremías 30:17
Vendas divinas
En un día futuro, estas palabras llegarán a Israel como un rayo de luz al final de un largo período de oscuridad. Habiendo pasado por el “tiempo de angustia para Jacob”, un tiempo de sufrimiento sin precedentes, el pueblo experimentará la restauración de Dios. Entonces sabrán que sus heridas pueden ser sanadas, por muy graves que sean, y que su salud puede restablecerse, aunque su vida haya quedado destrozada.

Estas palabras no solo se aplican al futuro. Los cristianos de hoy en día sufren heridas que no se pueden curar, y están rodeados de gente que no los entiende. Algunos han sido abusados y maltratados en su niñez. Otros han sido profundamente heridos por otros cristianos. Otros se han sentido amargados y desilusionados por un matrimonio infeliz. ¿Existe realmente un remedio para estos casos?

Consideremos tres cosas. En primer lugar, las heridas de Israel no fueron superficiales. Dios había calificado previamente sus dolencias como incurables y sus heridas como graves. En segundo lugar, las cosas y personas a las que podrían haber recurrido (medicinas y amantes) no les habrían ayudado. En tercer lugar, sus heridas eran consecuencia de sus propias iniquidades; Dios mismo se las había infligido. Aunque nos inflijamos nuestras propias heridas, no desechemos esta realidad demasiado rápido: Dios aún está al control. Él ha permitido todo lo que nos ha sucedido, y todo obrará para nuestro propio bien (cf. Ro. 8:28).

Comprender esto es el primer paso a la sanidad. El segundo paso es darse cuenta de que solo Dios puede restablecer la salud y curar los corazones rotos. Puede utilizar a otras personas para ello, pero son solo instrumentos en sus manos. El tercer paso es dejar la autocompasión y la amargura, confesando en qué nos equivocamos, y perdonando a los que nos han hecho daño.

Grant W. Steidl
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Simón Pedro (1) – Su conversión

Viernes 4 Agosto
Andrés, hermano de Simón Pedro, era uno de los dos que habían oído a Juan… Este halló primero a su hermano Simón, y le dijo: Hemos hallado al Mesías… Y le trajo a Jesús. Y mirándole Jesús, dijo: Tú eres Simón, hijo de Jonás; tú serás llamado Cefas.
Juan 1:40-42
Simón Pedro (1) – Su conversión
Andrés había oído predicar a Juan el Bautista, y por ello creyó que Jesús de Nazaret era el Mesías. Luego se lo dijo a Simón, su hermano; esto fue lo primero que hizo. El deseo ardiente de dar a conocer a Cristo a los demás es una de las manifestaciones evidentes de una auténtica conversión, y eso es precisamente lo que vemos en Andrés. No se le menciona mucho en el Nuevo Testamento; era un hermano de “bajo perfil”, pero al llevar a Simón a Cristo, hizo posible que miles de personas se salvaran (véase Hechos 2:38-41). Andrés “le trajo a Jesús”, ¡e innumerables multitudes a lo largo de los tiempos se lo agradecen!

El encuentro de Simón con el Señor Jesús fue transformador -¡su vida nunca volvería a ser la misma! Cristo le dio un nuevo nombre, el cual era indicio de una nueva vida y una nueva naturaleza. Nuestros nombres son escritos en el cielo cuando nos convertimos (Lc. 10:20), y cuando lleguemos allí, recibiremos un nuevo nombre, el cual será un secreto especial entre el Señor y nosotros (Ap. 2:17). El nuevo nombre de Simón fue “Cefas”, que significa piedra en arameo (la palabra griega es “petros”, de la que deriva el nombre “Pedro”). Más adelante comprenderemos el significado más profundo de este nombre cuando consideremos el caminar de Simón con el Señor (Mt. 16:18).

El título “Mesías” puede no ser el más elevado de los títulos y nombres del Señor. Sin embargo, alguien ha dicho: “Al aceptar a Jesús recibimos todo lo que él es, aunque cuando lo aceptamos solo percibimos la parte menos exaltada de su gloria”. Si tenemos a Cristo, lo tenemos todo, y nuestra percepción de lo que él es crecerá con el tiempo.

Brian Reynolds
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Conflicto con Satanás: lucha por tus hermanos

Jueves 3 Agosto
No tenemos lucha contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este siglo, contra huestes espirituales de maldad… orando en todo tiempo… en el Espíritu… por todos los santos.
Efesios 6:12, 18
Conflicto con Satanás: lucha por tus hermanos
La lectura de este versículo me hizo ver que esta lucha es mucho más seria de lo que solemos pensar. No se trata de un conflicto individual con Satanás solamente, sino que se trata del ataque de los poderes de las tinieblas a la Iglesia de Dios en la tierra: “Todos los santos”. El cristiano que permanece vigilante en este aspecto se ocupa de toda la Iglesia, pues esta es una sola; y si el enemigo logra abrir una brecha en algún lugar, no es solo allí donde saldrá victorioso.

Supongamos que me mantengo firme pero mi hermano cae, ¿acaso eso no me afecta? Sin embargo, esto debería ser el caso. Si mis afectos no se ven conmovidos, esto no hace más que demostrar que no comprendo el carácter del conflicto, y que no me importa mucho.

El diablo obra con sus artimañas, engañando a los creyentes con lo que es “popular”. Satanás utiliza alguna doctrina engañosa, o algún elemento religioso ajeno a Cristo, para tratar de desestabilizar a los creyentes de su firme posición por Cristo y por la verdad. ¡Cómo debe odiar la Epístola a los Efesios! Y uno de sus trucos es hacer creer a los cristianos que la verdad que esta presenta es demasiado elevada para ellos.

Cada uno debe vestirse de “toda la armadura” (v. 13), pero no debe pensar solo en sí mismo. Debe orar por todos los santos y por el anuncio del “misterio del evangelio” (v. 19) -y no solo por el anuncio del evangelio, sino por el anuncio del misterio que este involucra: Cristo y la Iglesia unidos en un solo cuerpo Cuerpo (Ef. 5:29-32).

J. T. Mawson
Alcemos pues la frente, hermanos: ¡A luchar!
Es Cristo suficiente, Él nos hará triunfar;
Del Padre es Hijo amado, de nos fiel Salvador,
A quien de allá esperado, sirvamos con amor
Hasta el eterno albor.
Louis Barbey
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La noche actual y el día futuro

Miércoles 2 Agosto
La noche está avanzada, y se acerca el día. Desechemos, pues, las obras de las tinieblas, y vistámonos las armas de la luz.
Romanos 13:12
La noche actual y el día futuro
La noche simboliza el periodo actual en el que el Señor está ausente. Sin embargo, como el “Sol de justicia” (Mal. 4:2a), él dará paso a un nuevo día para esta tierra, un día que durará 1. 000 años (Ap. 20:6). Este es el día en que “el Señor será rey sobre toda la tierra” (Zac. 14:9 NBLA). Vendrá con “salud en sus alas” (Mal. 4:2b NBLA) para la nación de Israel, como dijo el profeta Oseas: “Yo sanaré su rebelión, los amaré de pura gracia; porque mi ira se apartó de ellos” (Os. 14:4). Será un tiempo de paz, prosperidad y bendición sin precedentes, no solo para Israel, sino también para multitudes de entre las naciones. Esta notable perspectiva le fue dada a Juan cuando escribió: “Después de esto miré, y he aquí una gran multitud, la cual nadie podía contar, de todas naciones y tribus y pueblos y lenguas, que estaban delante del trono y en la presencia del Cordero, vestidos de ropas blancas, y con palmas en las manos” (Ap. 7:9).

Pero la estrella de la mañana aparece antes que el sol. Cristo es el Sol de justicia para Israel, pero es la Estrella resplandeciente de la mañana para la Iglesia. Él dice: “Yo soy… la estrella resplandeciente de la mañana. Y el Espíritu y la Esposa dicen: Ven” (Ap. 22:16-17). Si la noche está muy avanzada, “y se acerca el día”, ¿puede ser posible que su venida para buscar a su Esposa esté muy lejana?

Ya es hora de despertar de nuestro sueño espiritual, en el cual nuestras lámparas tienden a atenuarse y la promesa de su venida genera poco efecto en nuestras vidas. Preparemos nuestras lámparas rechazando las “obras de las tinieblas, y vistámonos las armas de la luz”. Las armas de la luz es Cristo brillando en ti y a través de ti, en mí y a través de mí -como Moisés en el monte, o como Esteban ante el sanedrín. ¡No formemos parte de los que contribuyen a la oscuridad actual!

Richard A. Barnett
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El planeta azul (1): Contrastes

Martes 1 Agosto

Él (Dios) hizo la Osa, el Orión y las Pléyades, y los lugares secretos del sur; él hace cosas grandes e incomprensibles, y maravillosas, sin número.

Job 9:9-10

Creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó.

Génesis 1:27

El planeta azul (1): Contrastes

¿Ha visto las fotos de la Tierra tomadas con ayuda del telescopio Hubble girando alrededor de ella? Son sorprendentes, hermosas y apacibles. El color dominante es el azul, y esto básicamente debido a la inmensidad de los océanos. Por eso la Tierra ha sido poéticamente llamada «el planeta azul».

Pero, ¿qué vemos cada día en este hermoso planeta? Violencia, guerras, actos terroristas, inmoralidad, injusticias, corrupción, muerte, enfermedades, degradación del medio ambiente… ¿Cuál es la causa fundamental de esta situación? La Biblia da la respuesta (leer Génesis 2 y 3).

Al principio el hombre y la mujer, creados por Dios a su imagen y semejanza, se encontraban en un entorno perfecto y tenían una relación de total confianza con Dios. Pero el panorama se oscureció rápidamente… Tentados por Satanás, fueron llevados a desobedecer a su Creador (Génesis 3:1-6); así se rompió su relación con Dios. La violencia estalló y el primer asesinato se produjo (Génesis 4:8). Desde entonces, la humanidad perdió su relación con Dios (Romanos 3:11-12), trayendo todas las consecuencias mencionadas anteriormente. Y hay algo muy solemne para cada ser humano: después de la muerte, esta separación de Dios será definitiva y eterna.

¿Entonces ya no hay esperanza? Sí, porque Dios ama a su criatura y quiere establecer una relación filial con cada uno de nosotros.

(mañana continuará)

1 Crónicas 13-14 – Lucas 12:41-59 – Salmo 89:38-45 – Proverbios 20:18-19

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El propósito de Pirro

Lunes 31 Julio
¿Qué aprovechará al hombre, si ganare todo el mundo, y perdiere su alma? ¿O qué recompensa dará el hombre por su alma?
Mateo 16:26
El propósito de Pirro
Pirro, rey de Epiro (Antigua Grecia, 319-272 a. C.), fue uno de los más grandes generales de la historia. Había decidido convertirse en el amo y señor del mundo. Tras intentar expandir su reino hacia Macedonia, se dirigió hacia Italia y derrotó a los romanos en Heraclea, en el año 280, y en Ásculo, en el año 279. Después del sur de Italia esperaba conquistar Cartago y África. Su consejero Cineas le preguntó un día:

–¿Y qué haremos luego?

–Descansaremos, respondió el rey, beberemos todo el día y nos divertiremos.

–¿Por qué no lo hacemos ahora? Tenemos suficiente de todo; así nos ahorraremos mucho esfuerzo, sufrimientos y peligros.

La lógica de este argumento preocupó a Pirro; sin embargo, continuó sus guerras. Finalmente lo mataron inesperadamente durante una expedición contra la ciudad de Esparta, cuando una mujer le lanzó una teja.

El consejo de Cineas, ¿era más razonable que la ambición desmedida de su amo? No, ambos estaban equivocados. Uno quería conquistar el mundo, el otro quería embriagarse con las diversiones… “Esto es vanidad y aflicción de espíritu” (Eclesiastés 4:4), y conduce a la pérdida del alma. Dios nos dice que busquemos “primeramente el reino de Dios y su justicia” (Mateo 6:33), y nos advierte: “Necio, esta noche vienen a pedirte tu alma; y lo que has provisto, ¿de quién será?” (Lucas 12:20). ¡No seamos necios!

“Los que quieren enriquecerse caen en tentación y lazo, y en muchas codicias necias y dañosas, que hunden a los hombres en destrucción y perdición” (1 Timoteo 6:9).

1 Crónicas 12 – Lucas 12:22-40 – Salmo 89:28-37 – Proverbios 20:16-17

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El camino de Lot

Domingo 30 Julio
(Si Dios) libró al justo Lot, abrumado por la nefanda conducta de los malvados… sabe el Señor librar de tentación a los piadosos.
2 Pedro 2:7-9
El camino de Lot
Lot, huérfano, fue acogido por su tío Abraham, un hombre de fe (Génesis 11:27-31). Lot también creía en Dios, como lo atestigua el apóstol Pedro, quien lo llama justo. Sin embargo, se alejó progresivamente de Dios.

Se había deslumbrado por las riquezas de Egipto, y se dejó llevar por ellas hasta establecerse en un lugar codiciable: “Alzó Lot sus ojos, y vio toda la llanura del Jordán, que toda ella era de riego, como el huerto del Señor, como la tierra de Egipto”. Entonces eligió vivir en la llanura, en la comodidad del mundo de la época. Y más grave aún, se instaló cerca de Sodoma, una ciudad conocida por su desenfreno e inmoralidad, cerca de hombres “malos y pecadores contra el Señor en gran manera” (Génesis 13:10, 12-13). Poco después vivió en Sodoma; y luego, durante una guerra (Génesis 14:12), fue llevado prisionero con los demás habitantes de la ciudad. Liberado gracias a la intervención de su tío, no cambió de lugar, sino que volvió a vivir en Sodoma. Allí se hizo importante, administrando los asuntos públicos en la puerta de la ciudad. Cuando la paciencia de Dios con la ciudad corrupta llegó a su fin, dos ángeles tuvieron que sacarlo antes de que fuese destruida. Tocó fondo; perdió todo, menos su vida y a sus dos hijas (Génesis 19:1-29).

¿A qué carrera aspiramos? El mundo deslumbrante y lleno de pecado, ¿tiene tal dominio sobre nuestros corazones que lo dedicamos todo a él, en lugar de vivir para Dios y estar cerca de Él? Todavía es posible cambiar de rumbo. ¡Tomemos la mano tendida de nuestro Salvador!

1 Crónicas 11 – Lucas 12:1-21 – Salmo 89:19-27 – Proverbios 20:14-15

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Un diagnóstico de mí mismo

Sábado 29 Julio
La palabra de Dios es viva y eficaz, y más cortante que toda espada de dos filos; y penetra hasta partir el alma y el espíritu, las coyunturas y los tuétanos, y discierne los pensamientos y las intenciones del corazón. Y no hay cosa creada que no sea manifiesta en su presencia.
Hebreos 4:12-13
Lámpara es a mis pies tu palabra, y lumbrera a mi camino.
Salmo 119:105
Un diagnóstico de mí mismo
Para mí, que soy médico, una de las razones más convincentes del poder de la Biblia es que hace un diagnóstico muy seguro de mi condición espiritual; ningún otro libro puede hacer eso. “Discierne los pensamientos y las intenciones del corazón” (Hebreos 4:12). Me muestra claramente que por naturaleza estoy condenado a causa de mis pecados, privado de toda relación con un Dios santo. Mientras hacía este descubrimiento en la Biblia, encontré una maravillosa revelación de Dios, un Dios muy diferente al que había imaginado. Lleno de amor y misericordia, vino a mí por medio de Jesucristo, su Hijo, el creador del universo, quien se hizo hombre para poder redimirme.

Creo en la Biblia porque se dirige a todos, cualquiera que sea su clase social o su país. ¡Conocer la Biblia y no creerla es un suicidio espiritual!

Y si la fe me pone en contacto con un Dios así, voy a donde él me lleve, sin cuestionar su voluntad. Sé que ella es mejor que todos mis pensamientos, pues él me ama. Puedo abandonar mis planes más deseados y considerar los argumentos de los hombres como una locura, cuando se oponen a lo que él dice. ¡La fe en Dios no tiene límites! La Biblia quita las dudas y llena el corazón de certeza: “Tu palabra me fue por gozo y por alegría de mi corazón” (Jeremías 15:16).

1 Crónicas 10 – Lucas 11:29-54 – Salmo 89:15-18 – Proverbios 20:12-13

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La cigarra

Viernes 28 Julio
¡Miserable de mí! ¿quién me librará de este cuerpo de muerte? Gracias doy a Dios, por Jesucristo Señor nuestro.
Romanos 7:24-25
Alabaré al Señor… y cantaré al nombre del Altísimo.
Salmo 7:17
La cigarra
En la grava del jardín, un gran insecto se debatía sobre su espalda, girando desesperadamente sobre sí mismo. Me acerqué y vi que era una cigarra. La tomé con cuidado, le di la vuelta y la puse en mi otra mano, y, para mi gran sorpresa, voló inmediatamente para desaparecer entre los árboles. Sin duda, el insecto había caído al suelo y era incapaz de darse la vuelta por sí mismo, pues sus grandes alas se lo impedían. Al tomarlo en mis manos le había ofrecido, sin saberlo, la posibilidad de salir de ese apuro. Acababa de arrancarla de la tierra, de la muerte, para reintroducirla en su elemento, el aire, el cielo. El grito estridente que emitió justo después me pareció una especie de agradecimiento o un himno de alabanza.

Esta pequeña experiencia me recordó la época de mi vida cuando luchaba contra las tentaciones, las dudas y todo tipo de malos pensamientos. Yo también giraba sobre mí mismo y me hacía daño de tanto luchar; era incapaz de levantarme de mi miseria. Entonces pedí a Jesús que me salvara. Él se inclinó a mí, me tomó con su poderosa mano, me rescató de la muerte espiritual perdonando mis pecados, y me introdujo en una nueva vida. Una vida eterna, que continuará en el cielo con él. ¡Ahora mi corazón canta con gratitud! ¡Mi libertador es Jesús, el Hijo de Dios!

“Y el que había muerto salió, atadas las manos y los pies con vendas, y el rostro envuelto en un sudario. Jesús les dijo: Desatadle, y dejadle ir” (Juan 11:44).

1 Crónicas 9 – Lucas 11:1-28 – Salmo 89:7-14 – Proverbios 20:10-11

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Señal de que me he revestido de Cristo

Jueves 27 Julio
Todos los que habéis sido bautizados en Cristo, de Cristo estáis revestidos. Ya no hay judío ni griego; no hay esclavo ni libre; no hay varón ni mujer; porque todos vosotros sois uno en Cristo Jesús.
Gálatas 3:27-28
El bautismo (4): Señal de que me he revestido de Cristo
En su carta a los cristianos de Galacia, el apóstol Pablo compara el bautismo cristiano con un cambio de ropa. Nuestra nueva vestidura es Jesús. En otra carta, Pablo escribe: “Vestíos, pues, como escogidos de Dios, santos y amados, de entrañable misericordia, de benignidad, de humildad, de mansedumbre, de paciencia” (Colosenses 3:12). Todas estas características, las mismas que el Señor Jesús manifestó, forman el tejido de la tela.

El vestido nos habla de lo que es visible, de cómo vivimos nuestra vida cotidiana. Cuando creemos en el Señor Jesús, se produce un cambio vital. Cambiamos nuestro comportamiento porque tenemos una nueva vida, aunque a menudo este cambio sea gradual y con altibajos. Dios quiere que manifestemos, que reflejemos las cualidades morales de Jesús.

Otra idea derivada de la vestidura es la de pertenencia. Cuando yo estaba en el ejército, tenía un uniforme: la gente que me veía, veía mi uniforme y sabía que yo estaba en el ejército. Mi vestuario mostraba a qué regimiento pertenecía. Asimismo, el bautismo nos identifica públicamente con Jesús; rompe las barreras sociales, culturales o de identidad. Es la señal de que pertenecemos a Cristo y, en consecuencia, estamos vinculados a todos los que, por la fe, han acudido a él. Es una posición nueva en Cristo.

“Mi alma se alegrará en mi Dios; porque me vistió con vestiduras de salvación, me rodeó de manto de justicia” (Isaías 61:10).

(continuará el próximo jueves)
1 Crónicas 8 – Lucas 10:21-42 – Salmo 89:1-6 – Proverbios 20:8-9

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