¿Un cristianismo sin la cruz?

Miércoles 26 Julio
(Jesús dijo:) Un mandamiento nuevo os doy: Que os améis unos a otros; como yo os he amado, que también os améis unos a otros.
Juan 13:34
¿Un cristianismo sin la cruz?
Jesús dijo: Amaos “unos a otros”, y la mayoría de la gente está de acuerdo con este mandamiento. Todos reconocemos que sería útil ponerlo en práctica, pues el resultado sería una vida pacífica y feliz en la sociedad. Pero la vida cotidiana muestra una realidad muy diferente. Los conflictos, las guerras y los crímenes, resultado de los celos y los odios de unos contra otros, abundan.

En cambio, y durante toda su vida, Jesús mostró un amor puro, entregado a los demás. “Como yo os he amado”, esta es la medida del amor que Jesús nos pide. La Biblia dice: “En esto hemos conocido el amor, en que él puso su vida por nosotros” (1 Juan 3:16). El que era justo y estaba lleno de amor por los demás fue condenado a muerte por quienes habían visto su ejemplo: “Me devuelven mal por bien, y odio por amor” (Salmo 109:5). Esta es la prueba de nuestra incapacidad para amar según el modelo divino, y también de la necesidad de un cambio profundo en el ser humano.

Solo una nueva naturaleza, un corazón nuevo, puede llevarnos a seguir el ejemplo del Señor. Es un error pensar que podemos seguir el camino de Jesús, por muy atractivo que sea, sin reconocer que nuestra naturaleza es mala. La muerte de Jesús en la cruz condena a los que lo rechazaron en el pasado, así como a los que lo rechazan hoy. Pero a los que creen en él les da el derecho a ser hijos de Dios. Entonces reciben la naturaleza divina y pueden seguir el camino que Jesús ha trazado para nosotros. ¡El cristianismo sin la cruz no es más que una ilusión!

1 Crónicas 7 – Lucas 10:1-20 – Salmo 88:13-18 – Proverbios 20:6-7

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Ayuda urgente

Martes 25Julio
Un viento tempestuoso… encrespa sus ondas. Suben a los cielos, descienden a los abismos; sus almas se derriten con el mal… Entonces claman al Señor en su angustia, y los libra de sus aflicciones. Cambia la tempestad en sosiego, y se apaciguan sus ondas.
Salmo 107:25-29
Ayuda urgente
Leer Mateo 14:22-33
Jesús envió a sus discípulos a la otra orilla del lago, pero no fue con ellos en la barca. Cuando estaban en medio del mar, se levantó una fuerte tormenta, y los discípulos remaban con dificultad. Al ver su angustia, Jesús caminó sobre el agua para reunirse con ellos y tranquilizarlos. Pero ellos se asustaron pensando que era un fantasma. “Y dieron voces de miedo. Pero en seguida Jesús les habló, diciendo: ¡Tened ánimo; yo soy, no temáis!”. No quería que ellos tuvieran miedo, por eso les habló inmediatamente para tranquilizarlos. Su voz los calmó, aunque la tormenta seguía.

Ante la invitación de Jesús a venir a él, ¡Pedro también caminó sobre las aguas! Pero de repente, al ver las grandes olas, volvió a asustarse y empezó a hundirse; entonces gritó pidiendo ayuda. “Al momento Jesús, extendiendo la mano, asió de él, y le dijo: ¡Hombre de poca fe! ¿Por qué dudaste?”. Jesús no dejó que se hundiese más, sino que acudió inmediatamente en su ayuda; y solo cuando estuvo fuera de peligro, Pedro escuchó el reproche lleno de amor del Señor.

Cristianos, tenemos al mismo Salvador lleno de gracia y misericordia para ayudarnos en nuestras debilidades. ¡Cuántas veces lo afligimos con nuestros miedos o falta de fe! Pero cuando nos encontramos en medio de dificultades que nos aterrorizan, la misma voz está ahí para tranquilizarnos, de inmediato, con unas pocas palabras.

1 Crónicas 6:49-81 – Lucas 9:44-62 – Salmo 88:8-12 – Proverbios 20:4-5

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En el horno con él

Lunes 24 Julio
No temas… Cuando pases por las aguas, yo estaré contigo… Cuando pases por el fuego, no te quemarás, ni la llama arderá en ti.
Isaías 43:1-2
El Señor… es más poderoso que el estruendo de las muchas aguas.
Salmo 93:4
En el horno con él
El rey caldeo Nabucodonosor mandó construir una enorme estatua de oro y ordenó que “al oír el son de la bocina, de la flauta… y de todo instrumento de música”, todos se postraran y adoraran “la estatua de oro… Porque si no la adorareis, en la misma hora seréis echados en medio de un horno de fuego ardiendo; ¿y qué dios será aquel que os libre de mis manos?” (Daniel 3:5-6, 15).

A pesar de las amenazas de ese cruel rey, algunos de los jóvenes deportados no obedecieron. No se inclinaron ante el ídolo que el poderoso monarca erigió. El rey les repitió la orden de postrarse ante la estatua, pero la respuesta de los tres cautivos hebreos fue magnífica: “No es necesario que te respondamos sobre este asunto… Nuestro Dios… puede librarnos del horno… y de tu mano, oh rey, nos librará”. Entonces el rey, enfurecido, hizo calentar el horno al máximo; allí fueron arrojados los tres valientes testigos, pero Dios no permitió que el fuego los tocara. Y más extraordinario todavía: un misterioso ser celestial vino a hacerles compañía en medio de las llamas.

Por supuesto, Dios podría haber evitado que sus siervos fueran arrojados al fuego, pero experimentar su presencia en la prueba era mejor que haber sido librados de ella. El Señor puede evitar que pasemos por una enfermedad, un problema, un accidente… No siempre lo hace, pero cumple su promesa: “Yo estoy con vosotros todos los días” (Mateo 28:20). Todos los días, tanto los que consideramos malos como los buenos.

1 Crónicas 6:1-48 – Lucas 9:21-43 – Salmo 88:1-7 – Proverbios 20:2-3

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Dios siempre responde

Domingo 23 Julio
También les refirió Jesús una parábola sobre la necesidad de orar siempre, y no desmayar.
Lucas 18:1
Los ojos del Señor están sobre los justos, y sus oídos atentos a sus oraciones.
1 Pedro 3:12
Dios siempre responde
Una noche varios cristianos se reunieron para orar. Algunos de los presentes estaban cansados y luchaban para no dormirse. De repente un anciano se levantó y tomó la palabra:

«Amigos, hoy me gustaría compartir con ustedes un gran tema de gozo. Hace sesenta y cinco años estaba arrodillado junto a la cama de mi madre, quien me dijo: Eres el único de la familia que conoce al Señor Jesús. Te recomiendo a tu padre y a tus hermanos. Ora por ellos todos los días hasta que sean salvos. Pues bien, esta mañana recibí una carta de Robert, el único hermano que me queda. Así comienza la carta: Mi querido hermano, tengo la mejor noticia para ti, finalmente he aceptado a Jesús como mi Salvador».

Esta historia cambió el ambiente de la reunión. Todos se animaron al constatar, una vez más, que orar a Dios no es en vano. La carta continuaba expresando una inmensa gratitud por este hermano que, durante sesenta y cinco años, había orado con perseverancia para que él, Robert, se volviera al Señor Jesús. Y esa noche la victoria de nuestro Dios Salvador renovó el fervor de cada uno para agradecerle y alabarle.

Aunque a veces, según su sabiduría, Dios espera mucho tiempo para respondernos, él no olvida nuestras oraciones. A veces oramos durante años por uno de los nuestros, sin ver ningún cambio. Como este anciano, recordemos que nuestro Dios es fiel, y perseveremos. Dios siempre escucha nuestras oraciones y las responderá a su debido tiempo.

1 Crónicas 5 – Lucas 9:1-20 – Salmo 87 – Proverbios 20:1

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La elección equivocada

Sábado 22 Julio
Os he puesto delante la vida y la muerte, la bendición y la maldición; escoge, pues, la vida, para que vivas.
Deuteronomio 30:19
La elección equivocada
Leer Mateo 19:16-24; Marcos 10:17-23
Un joven rico, talentoso y además religioso, vino a interrogar a Jesús. Estos privilegios no eran suficiente para él, pues una pregunta lo atormentaba. Quizá Jesús de Nazaret, el profeta del que había oído hablar, podría ayudarle a resolverla. Entonces le preguntó: “Maestro bueno, ¿qué bien haré para tener la vida eterna?” (Mateo 19:16).

¿Buscaba certezas sobre la vida futura? ¿Qué condiciones exige Dios? ¿Se trataba más bien de una toma de conciencia? ¿Alguna vez tendría que rendir cuentas al Dios creador, de quien dependía para el uso de sus bienes y su vida?

Jesús lo miró con amor y no dudó en responderle. Sabía cuál era su verdadero problema y le puso el dedo en la llaga, pidiéndole que vendiese todo lo que tenía y lo diese a los pobres.

Este joven se fue triste, sin respuesta, porque era esclavo de las riquezas. En realidad, no era él quien las poseía, sino que eran las riquezas las que lo poseían. En efecto, no es posible servir a dos señores, a Dios y a las riquezas (Mateo 6:24). Este joven no tenía ninguna fuerza para invertir su escala de valores, a menos que reconociese el amor de Jesús y la verdad de su mensaje. Sus muchas posesiones se apoderaron de su corazón sin que él se diese cuenta, y lo que Jesús le pedía debía hacerle tomar conciencia de ello. Este encuentro, ¿produciría en él un resultado positivo?

“Si oyereis hoy su voz, no endurezcáis vuestros corazones” (Hebreos 3:15).

“Si puse en el oro mi esperanza… esto también sería maldad juzgada; porque habría negado al Dios soberano” (Job 31:24, 28).

1 Crónicas 4 – Lucas 8:26-56 – Salmo 86:14-17 – Proverbios 19:28-29

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¿Vivo o muerto?

Viernes 21 Julio
Dios, que es rico en misericordia, por su gran amor con que nos amó, aun estando nosotros muertos en pecados, nos dio vida juntamente con Cristo.
Efesios 2:4-5
¿Vivo o muerto?
¿Puede una persona estar oficialmente viva, si las autoridades la han declarado muerta? Esta pregunta se ha escuchado hace algunos años en los medios de comunicación.

Un hombre, reportado como desaparecido, fue declarado muerto después de veinte años. En el momento de su desaparición estaba desempleado, enfermo y en bancarrota. Veinticinco años después reapareció con buena salud física y financiera. Quería que se anulara la decisión que, según la ley, lo había declarado muerto. Pero esto solo era posible tres años después de la declaración judicial…

En cuanto a la vida espiritual (nuestra relación con nuestro Dios creador), por el contrario, es absolutamente posible volver a la vida en todo momento; no hay fecha límite. Dios declara que todos los hombres están espiritualmente “muertos” mientras quieran vivir sin Él. El pecado trajo consigo la muerte de nuestros cuerpos, y también produjo el mal en nuestros corazones y en nuestra conducta.

Siendo culpables ante Dios, ¿estamos sin esperanza? No. Dios aborrece el pecado, pero ama a su criatura. Envió a su Hijo Jesús para que sufriera el castigo que nosotros merecíamos por nuestros pecados. Él da la vida eterna a quienes aceptan a Jesucristo como su Salvador personal. Así los “muertos” cobran vida para Dios. El Señor lo había anunciado a los que buscaban entender quién era él. ¡Para comprenderlo es “necesario nacer de nuevo”! Este nuevo nacimiento es una gracia que resulta del amor infinito de Dios por nosotros. No tenemos ningún mérito para recibirlo, por eso lo agradecemos a Dios de todo corazón.

1 Crónicas 3 – Lucas 8:1-25 – Salmo 86:7-13 – Proverbios 19:26-27

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El bautismo (3): Identificados con Jesús en su muerte

Jueves 20 Julio
¿No sabéis que todos los que hemos sido bautizados en Cristo Jesús, hemos sido bautizados en su muerte? Porque somos sepultados juntamente con él para muerte por el bautismo, a fin de que como Cristo resucitó de los muertos por la gloria del Padre, así también nosotros andemos en vida nueva.
Romanos 6:3-4
El bautismo (3): Identificados con Jesús en su muerte
En el capítulo 6 de su carta a los Romanos, el apóstol Pablo da esta enseñanza sobre el bautismo cristiano, en respuesta a la pregunta: “¿Perseveraremos en el pecado para que la gracia abunde?”. Su respuesta es contundente: “En ninguna manera”. Y la sustenta en cuatro puntos:

– Es incompatible con el hecho de que estamos identificados con Cristo (Romanos 6:1-11).

– Pecar ya no es inevitable, pues el poder del pecado ha sido vencido por la gracia (v. 12-14).

– No debemos tolerar el pecado en nuestras vidas, porque se convertirá en nuestro amo (v. 15-19).

– Practicar el pecado lleva a la muerte (v. 20-23).

Así, el bautismo es la señal de que hemos sido identificados con Jesús en su muerte, para que podamos vivir una vida nueva. Como cristianos, hemos muerto a nuestra antigua manera de vida egocéntrica, a nuestras mentiras y codicias de todo tipo… Todo ello fue sepultado con Cristo. Esto es lo que Dios declara, y ahora somos exhortados a vivir esta nueva condición: “Así también vosotros consideraos muertos al pecado, pero vivos para Dios en Cristo Jesús” (Romanos 6:11). Sí, ahora somos invitados a considerarnos de una manera nueva

(continuará el próximo jueves)
1 Crónicas 2 – Lucas 7:24-50 – Salmo 86:1-6 – Proverbios 19:24-25

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¿A dónde vas?

Miércoles 19 Julio
Sois esclavos de aquel a quien obedecéis.
Romanos 6:16
Así que, si el Hijo os libertare, seréis verdaderamente libres.
Juan 8:36
¿A dónde vas?
Un hombre intentaba llegar a su casa. Su andar tambaleante delataba su estado de embriaguez. Era un conocido residente del pueblo, pero fue incapaz de encontrar su casa. Profiriendo malas palabras, dijo a un transeúnte: «Me he perdido; ¿a dónde voy?».

Este transeúnte era un cristiano que lo conocía y le respondió solemnemente: «Vas a la destrucción, al infierno». Nuestro hombre lo miró fijamente durante un momento y luego suspiró: «¡Tienes razón!».

Lo llevaron a su casa y se acostó, pero no pudo conciliar el sueño. Esas terribles palabras daban vueltas en su cabeza: destrucción, infierno… Debió admitir que esto era cierto. Varias veces repitió: «Voy al infierno». Esta terrible perspectiva despertó su conciencia y lo llevó a confesar sus pecados a Dios y a aceptar su perdón. Se convirtió al Señor, y poco a poco se fue liberando de su adicción.

En efecto, la fe en el Señor Jesucristo trae la verdadera libertad. Jesucristo no solo libera de la culpa del pecado, sino también de su esclavitud. Dios transforma al que acepta a su Hijo como Salvador. Luego le da la capacidad de resistir al mal y a sus malas inclinaciones. Dios no quiere que nos quedemos diciendo: “¡Miserable de mí! ¿quién me librará de este cuerpo de muerte?”. Él quiere darnos la victoria sobre el pecado, y que digamos con gratitud: “Gracias doy a Dios, por Jesucristo Señor nuestro” (Romanos 7:24-25).

Jesus dijo: “Me ha enviado a sanar a los quebrantados de corazón; a pregonar libertad a los cautivos, y vista a los ciegos; a poner en libertad a los oprimidos” (Lucas 4:18).

1 Crónicas 1 – Lucas 7:1-23 – Salmo 85:8-13 – Proverbios 19:22-23

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Lo que sale de mi boca

Martes 18 Julio
El que guarda su boca guarda su alma; mas el que mucho abre sus labios tendrá calamidad.
Proverbios 13:3
Pon guarda a mi boca, oh Señor; guarda la puerta de mis labios.
Salmo 141:3
Mas la lengua de los sabios es medicina.
Proverbios 12:18
Lo que sale de mi boca
Hace poco una amiga me habló de la actual obsesión por las dietas y el entusiasmo por la gastronomía. «Pero estos días, agregó, me preocupa más lo que sale de mi boca que lo que entra». La reflexión de mi amiga cristiana me recuerda las palabras de Jesús: “Lo que sale de la boca, del corazón sale; y esto contamina al hombre. Porque del corazón salen los malos pensamientos, los homicidios, los adulterios, las fornicaciones, los hurtos, los falsos testimonios, las blasfemias. Estas cosas son las que contaminan al hombre” (Mateo 15:18-20).

A menudo lo que decimos revela lo que pensamos: por eso debemos aprender a juzgar nuestros malos pensamientos. Lo que decimos también puede afectar a los demás: “Hay hombres cuyas palabras son como golpes de espada” (Proverbios 12:18). Las palabras mentirosas, hipócritas y maliciosas hieren a los demás, y también a nosotros mismos, como si se tratase de una espada.

Pero si vigilamos nuestras palabras, juzgando nuestros motivos, producimos ese fruto del Espíritu Santo llamado benignidad. Pidamos a Dios que ponga un guarda en nuestra boca, y que nos ayude a vigilar la puerta de nuestros labios. De este modo, nuestras palabras pueden traer paz y no guerra. Para ello es necesario recibir cada día la luz de la vida dada por la lectura de la Biblia.

“Ninguna palabra corrompida salga de vuestra boca, sino la que sea buena para la necesaria edificación, a fin de dar gracia a los oyentes” (Efesios 4:29).

Nahum 3 – Lucas 6:20-49 – Salmo 85:1-7 – Proverbios 19:20-21

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El poder de Dios

Lunes 17 Julio
Ellos dijeron: Cree en el Señor Jesucristo, y serás salvo.
Hechos 16:31
El poder de Dios
Basilio, un levantador de pesas, estuvo en la cumbre de su carrera durante varios años. Luego algunos problemas de salud y accidentes lo detuvieron, por lo que tuvo que dejar el deporte y empezar a trabajar en una empresa. Alex, un cristiano, también trabajaba allí. Un día dijo a Basilio:

–¡Te dices cristiano y ni siquiera conoces la Biblia!

Este comentario despertó la curiosidad en Basilio. Al llegar a su casa, después del trabajo, buscó su Biblia abandonada en una estantería, y en pocas semanas la leyó de principio a fin.

Incluso pasó una noche sin dormir leyendo la Biblia. Por la mañana, cuando era la hora de ir al trabajo, se le hizo tarde para poder tomar su autobús habitual. Entonces se dijo a sí mismo: «Ve de todos modos, llegarás a tiempo». Y oró a Dios: Si realmente existes, muéstramelo hoy. De repente, un autobús vacío se acercó y se detuvo inesperadamente. La puerta se abrió para el conocido deportista, y el autobús lo llevó a su trabajo sin que él hubiese pronunciado una sola palabra.

Dios acababa de manifestársele. Pronto, el mensaje de la cruz tocó el corazón de Basilio. Reconoció que era un pecador, y por la fe aceptó el perdón de Jesucristo. Entonces se volvió un redimido y un discípulo del Señor. Luego habló a sus colegas de su nueva fe. Más tarde se produjo un verdadero despertar espiritual en la empresa, provocado por una simple frase de Alex.

“Cosas que ojo no vio, ni oído oyó, ni han subido en corazón de hombre, son las que Dios ha preparado para los que le aman. Pero Dios nos las reveló a nosotros por el Espíritu” (1 Corintios 2:9-10).

Nahum 1-2 – Lucas 6:1-19 – Salmo 84:8-12 – Proverbios 19:18-19

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