¡Nada más que esperar de la vida!

Sábado 26 Marzo

Padre de huérfanos y defensor de viudas es Dios en su santa morada.

Salmo 68:5

Bienaventurado el hombre que puso en el Señor su confianza.

Salmo 40:4

¡Nada más que esperar de la vida!

Es la historia de una viuda que vivía cerca de Sidón, en la época del profeta Elías (1 Reyes 17:9-16). La hambruna se había extendido por todo el país. Esta mujer se había quedado sin recursos y no podía seguir alimentando a su único hijo. Le quedaba un poco de harina en una tinaja y un poco de aceite en una vasija. La viuda iba a recoger leña para cocer el último pan. Lo comerían y luego morirían de hambre. ¡No tenía nada más que esperar de la vida!

Cuando estaba recogiendo la leña apareció el profeta y le pidió que le diese de comer. Ella le contó su triste situación, pero él insistió: “Hazme a mí primero… una pequeña torta” (v.  13). La mujer obedeció al profeta de Dios y, como él se lo había prometido, el milagro se produjo. La harina no se agotó y el aceite no faltó. La viuda, su hijo, su casa y el profeta fueron alimentados hasta el final de la hambruna.

Quizás estemos, como esta viuda, en una situación aparentemente desesperada. Ya no aguardamos nada de la vida. Pensamos que no hay más esperanza, pronto llegará la muerte…

Pero todavía queda un puñado de harina y un poco de aceite (v. 12), recursos que nos parecen muy insuficientes. Sin embargo, hagamos como esta viuda, utilicemos lo poco que nos queda dando a Dios el primer lugar y depositando nuestra confianza en él. Dios se interesa por las viudas y los huérfanos. Él es poderoso para transformar nuestros pocos recursos en una abundancia suficiente para responder a nuestras necesidades y a las de nuestros allegados (2 Corintios 9:8).

Éxodo 38 – Hechos 26:19-32 – Salmo 37:1-7 – Proverbios 12:9-10

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Paz en la prueba (2)

Viernes 25 Marzo

(Jesús dijo:) La paz os dejo, mi paz os doy; yo no os la doy como el mundo la da. No se turbe vuestro corazón, ni tenga miedo.

Juan 14:27

Por nada estéis afanosos, sino sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias. Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús.

Filipenses 4:6-7

Paz en la prueba (2):

Estoy bien con mi Dios

He aquí el himno compuesto por Horatio Spafford luego de la tragedia ocurrida y la pérdida de sus cuatro hijas (ver el texto de ayer).

De paz inundada mi senda ya esté

O cúbrala un mar de aflicción,

cualquiera que sea mi suerte, diré:

¡Estoy bien, tengo paz, gloria a Dios!

Estoy bien (estoy bien)

gloria a Dios (gloria a Dios)

Tengo paz en mi ser, gloria a Dios.

Ya venga la prueba o me tiente Satán,

No amengua mi fe ni mi amor;

Pues Cristo comprende mis luchas, mi afán

Y su sangre obrará en mi favor.

Oh cuánto me gozo en Su salvación

Fue pleno Su amor y perdón

Clavó mi pecar en la cruz lo olvidó

¡Gloria a Dios! ¡Gloria al Hijo de Dios!

La fe tornarase en feliz realidad

Al irse la niebla veloz,

Desciende Jesús con su gran Majestad,

¡Aleluya! Estoy bien con mi Dios.

Horatio Spafford

Éxodo 37 – Hechos 26:1-18 – Salmo 36:7-12 – Proverbios 12:7-8

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Paz en la prueba (1)

Jueves 24 Marzo

Aunque… tengáis que ser afligidos… para que sometida a prueba vuestra fe, mucho más preciosa que el oro, el cual aunque perecedero se prueba con fuego, sea hallada en alabanza, gloria y honra cuando sea manifestado Jesucristo.

1 Pedro 1:6-7

Paz en la prueba (1)

En 1871 una familia cristiana de Chicago, los Spafford, perdieron brutalmente a su hijo de 4 años. Poco después un terrible incendio consumió todos sus bienes.

Dos años más tarde la familia debía tomar un barco para ir a Europa. Al momento de partir, el padre, llamado a Chicago por motivos profesionales, dejó a su mujer y a sus hijas partir sin él. Pocos días después el barco, “Ville du Havre”, colisionó con otro navío y se hundió en pocos minutos. La señora Spafford, agarrada a una tabla, vio impotente cómo sus cuatro hijas se ahogaban. Rescatada por la tripulación de otro navío llegó al país de Gales, desde donde envió un telegrama a su marido: “Única salvada”. Este decidió ir a su encuentro; para ello tomó el primer barco que iba a Europa. Una noche, durante el viaje, el capitán llamó a su puerta y le dijo: “Ahora estamos en el lugar donde murieron sus hijas”. El padre miró un instante las turbias aguas, volvió a su cabina y escribió un poema cuya primera estrofa es esta:

De paz inundada mi senda ya esté

O cúbrala un mar de aflicción,

cualquiera que sea mi suerte, diré:

¡Estoy bien, tengo paz, gloria a Dios!

Cada uno de nosotros puede verse enfrentado a pruebas insuperables. Pero Dios, quien es fiel y nos ama, es el único que puede darnos la fuerza para soportarla y llenarnos de paz: “Todo lo puedo en Cristo que me fortalece” (Filipenses 4:13).

Éxodo 36 – Hechos 25 – Salmo 36:1-6 – Proverbios 12:5-6

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Mi hijo está en la presencia del Dios de amor (2)

Miércoles 23 Marzo

Padre de misericordias y Dios de toda consolación… nos consuela en todas nuestras tribulaciones, para que podamos también nosotros consolar a los que están en cualquier tribulación, por medio de la consolación con que nosotros somos consolados por Dios.

2 Corintios 1:3-4

Mi hijo está en la presencia del Dios de amor (2)

“Sentí la dulzura y la bondad de Dios cuando clamaba a él en medio de mi dolor, sentada en la habitación de Haddon, mientras leía mi Biblia. Ese Dios dulce y lleno de amor se llevó a mi niño a un lugar donde ahora está seguro. Allí puede experimentar todo el amor de Dios. Como madre no debo preocuparme, recordando ese momento en que partió, porque sé que fue introducido instantáneamente en la presencia de Cristo. Ahora Haddon puede gozar de la misericordia y de la gracia, y no estar más enfermo.

Dios no nos prometió un camino rápido o fácil hacia el cielo, pero nos promete conducirnos en este camino. Y hasta que llegue ese moment, “cercano está el Señor a los quebrantados de corazón; y salva a los contritos de espíritu” (Salmo 34:18).

En medio de nuestras lágrimas y días de gran tristeza, deseamos que quienes nos rodean sepan esto: soportamos nuestro dolor porque Jesús llevó el castigo por nuestro pecado, porque resucitó y venció a la muerte. Para el cristiano la muerte no es el fin, pero para los que no quisieron aceptar a Jesucristo como Salvador, la muerte conduce al castigo eterno. Oro para que escuchen la buena nueva del Evangelio hoy, y depositen su confianza en Dios, el gran vencedor de la muerte”.

Lisa

Éxodo 35 – Hechos 24 – Salmo 35:22-28 – Proverbios 12:3-4

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Mi hijo está en la presencia del Dios de amor (1)

Martes 22 Marzo

El Señor te bendiga, y te guarde; el Señor haga resplandecer su rostro sobre ti, y tenga de ti misericordia; el Señor alce sobre ti su rostro, y ponga en ti paz.

Números 6:24-26

Mi hijo está en la presencia del Dios de amor (1)

“El Señor se llevó a nuestro pequeño hijo, Haddon, para estar junto a él. Justo antes de su muerte le cantamos un himno lo mejor que pudimos. Lo tuve en mis brazos por última vez diciéndole que pronto iríamos a verlo. Lo pasé a mi marido Ernie, quien le murmuró este bello versículo: “El Señor te bendiga, y te guarde; el Señor haga resplandecer su rostro sobre ti, y tenga de ti misericordia; el Señor alce sobre ti su rostro, y ponga en ti paz”. Estas fueron las últimas palabras que Haddon escuchó.

Mientras todas nuestras esperanzas como padres desaparecían en medio de la confusión y la tristeza, el Señor permitió que viviésemos un entierro en una paz increíble. Temía ver su pequeño ataúd, pero cuando llegó el momento, Dios me mostró rápidamente que mi hijo ya no estaba ahí, que solo se trataba de su cuerpo, en el que ya no sufría. Me recordó que Jesús resucitó de los muertos, y que Haddon también resucitaría. En mi vida nunca había experimentado una paz tan grande como la que sentí en ese momento. Miré alrededor las numerosas tumbas de bebés imaginando a esos niños despertar un día en la presencia de la gloria de Dios. ¡Lo mismo sucederá con Haddon! Esta es nuestra confianza respecto a nuestro bebé. ¡Nuestro gozo eterno está por llegar!

Mi corazón dolorido aprende a creer que ser madre no es mi última felicidad. Cuando el pueblo de Dios esté al fin ante Cristo, experimentará el gozo eterno y vivificante del que a veces ya tenemos una pequeña muestra en la tierra, incluso en medio de las lágrimas”.

(mañana continuará)

Éxodo 34 – Hechos 23:12-35 – Salmo 35:15-21 – Proverbios 12:1-2

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La Biblia habla de usted y de mí (7)

Lunes 21 Marzo

Anduvieron perdidos por el desierto… hambrientos y sedientos, su alma desfallecía en ellos. Entonces clamaron al Señor en su angustia, y los libró de sus aflicciones. Los dirigió por camino derecho… Alaben la misericordia del Señor, y sus maravillas para con los hijos de los hombres.

Salmo 107:4-8

La Biblia habla de usted y de mí (7)

¡Este pasaje habla de mí! Cuando leo el salmo 107 me identifico con cada versículo. Muy a menudo me siento perdido, hambriento de felicidad, sediento de paz y de una vida que valga la pena ser vivida… Me siento humillado, cansado. Incluso fui destrozado por la desgracia, estuve desesperado, desorientado… Tuve la impresión de estar en un mar tempestuoso, sin ninguna solución para sobrevivir…

La Biblia afirma que otros experimentaron estas cosas, antes que yo. Pero lo que me interesa aún más es que muchos de ellos clamaron a Dios en medio de la desesperación, dejando de lado su incredulidad, sus dudas, su propia sabiduría, su rebelión contra el Creador. Clamaron… porque ya no sabían qué hacer, porque no tenían nada más que perder y estaban dispuestos a aceptar cualquier cosa para salir de esa situación desesperada.

Esto me hace pensar en mí. ¿También le hace pensar en usted, en ciertas situaciones desesperadas de su vida, en la circunstancia con la que está luchando quizás en este mismo momento? Dios quiere responderle, no haciendo todo lo que usted desea, sino conduciéndole por el “camino derecho”, el único bueno. Le muestra al Salvador que le dio, Jesucristo. Le invita a reconocer ante él que usted está perdido, que necesita su perdón y su ayuda. Le invita a confiar en él. La continuación del pasaje bíblico nos muestra que, clamando a Dios con fe, vemos las maravillas de su amor.

(continuará el próximo lunes)

Éxodo 33 – Hechos 22:22-23:11 – Salmo 35:9-14 – Proverbios 11:31

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Salomón y Pablo

Domingo 20 Marzo

(El rey Salomón dijo:) Gozarás de bienes. Mas he aquí esto también era vanidad.

Eclesiastés 2:1

(El apóstol Pablo dijo:) He aprendido a contentarme, cualquiera que sea mi situación.

Filipenses 4:11

Salomón y Pablo

Salomón era un rey de la Antigüedad extremadamente rico, no se privó de nada. También era un sabio que reflexionaba sobre el sentido de la vida en la tierra. En el libro del Eclesiastés hallamos sus experiencias y sus reflexiones. Como un triste estribillo, la palabra “vanidad” llena este libro. “Vanidad de vanidades, todo es vanidad” (Eclesiastés 1:2), es decir, fútil, que solo tiene un valor ilusorio.

El apóstol Pablo había trabajado duro para predicar el Evangelio. Cuando fue mayor, casi todos sus amigos lo abandonaron, y sus enseñanzas fueron descuidadas. Pablo estaba encadenado en lo profundo de una cárcel romana debido a su fe, pero era feliz. Y escribió: “Regocijaos en el Señor siempre” (Filipenses 4:4).

Salomón sintió amargura y una gran insatisfacción. Pablo no sintió nada de eso, al contrario, experimentó un verdadero gozo interior, duradero y profundo.

Dios sabe escoger a sus portavoces: “Regocijaos” en la boca de un rey rico no habría sido muy convincente. “Vanidad de vanidades” en la boca de un prisionero desanimado hubiese sido muy comprensible. ¡Lo curioso es que el que reconoce su insatisfacción es el rey, y el prisionero es feliz!

Salomón buscó la felicidad en la tierra, y fue decepcionado. Pablo encontró su gozo en Jesucristo, quien subió al cielo. Ese prisionero nos da el secreto de su felicidad: “Estimo todas las cosas como pérdida por la excelencia del conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor… y lo tengo por basura, para ganar a Cristo” (Filipenses 3:8).

Éxodo 32 – Hechos 21:37-22:21 – Salmo 35:1-8 – Proverbios 11:29-30

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La marca de Plimsoll

Sábado 19 Marzo

Humillaos, pues, bajo la poderosa mano de Dios, para que él os exalte cuando fuere tiempo; echando toda vuestra ansiedad sobre él, porque él tiene cuidado de vosotros.

1 Pedro 5:7

La marca de Plimsoll

En el siglo XIX, la carga excesiva de los barcos era una de las causas más frecuentes de naufragio. En 1872, un político británico, Samuel Plimsoll (1824-1898), lleno de compasión por los marineros y sus familias, publicó una obra en la cual revelaba el número y las causas de las pérdidas de vidas humanas en la zona costera británica. Este libro causó gran impresión en el público, pero durante años Plimsoll tuvo que luchar para que se adoptara una ley (1875) que obligase a las compañías propietarias de barcos trazar una línea de carga máxima en los costados de los barcos. Esta marca, que todavía está en vigor, es conocida con el nombre de “marca de Plimsoll o marca de francobordo”.

Cristianos, ¿conocemos nuestra marca de Plimsoll, lo que nos sobrecarga y nos lleva a correr riesgos? Por ejemplo, si estamos preocupados, agobiados, irritados… quizás hayamos sobrepasado la línea de Plimsoll. Pero hay otras cargas más sutiles que también pueden hacernos hundir, por ejemplo, nuestra indiferencia hacia los demás, estar satisfechos con nosotros mismos.

Aprendamos a ir a Jesús siempre a lo largo del día. Si, en su presencia, tomamos conciencia de cuáles son nuestras verdaderas cargas, y las ponemos a sus pies, él las llevará en nuestro lugar, y nos dará su descanso y su paz. “Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar” (Mateo 11:28).

Si nos estamos hundiendo, como Pedro, apropiémonos de su oración: “¡Señor, sálvame!”. Y al instante Jesús, “extendiendo la mano, asió de él” (Mateo 14:30-31).

Éxodo 31 – Hechos 21:17-36 – Salmo 34:15-22 – Proverbios 11:27-28

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Una palabra difícil: propiciación

Viernes 18 Marzo

El publicano, estando en pie allá lejos, no quería ni aun alzar los ojos al cielo; sino que se daba golpes de pecho, diciendo: ¡Dios, ten misericordia de mí, pecador!

Lucas 18:13, V. M.

Cristo Jesús, a quien Dios puso como propiciación por medio de la fe en su sangre.

Romanos 3:24-25

Una palabra difícil: propiciación

Al leer los dos versículos del día, quizás usted haya notado que las palabras griegas traducidas por “ten misericordia de mí” y “propiciación” son muy similares, es decir, son de la misma familia. La primera expresión indica que la justa ira de Dios contra el pecador tiene que ser desviada del pecador; la segunda revela el medio que Dios encontró para que esa conciliación sea posible.

Dios es santo, sus ojos son muy limpios para ver el mal (Habacuc 1:13). Es paciente, pero no puede soportar el pecado, y quiere que lo sepamos: “La ira de Dios se revela desde el cielo contra toda impiedad” (Romanos 1:18). Al mismo tiempo, “quiere que todos los hombres sean salvos” (1 Timoteo 2:4), porque los ama, a pesar de todo. Entonces encontró una forma de conciliar esta ira contra el pecado con su amor por cada uno de nosotros. Dio “a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna” (Juan 3:16). Jesucristo aceptó sufrir en nuestro lugar el castigo que nosotros merecíamos. Él llevó sobre sí mismo la ira divina. En hebreo, la palabra “propiciación” se deriva del verbo “cubrir”: Jesús “cubrió” nuestro pecado (ver Salmo 32:1), y ahora Dios nos es “propicio”, favorable.

No descuidemos “una salvación tan grande” (Hebreos 2:3), pues solo hay dos opciones: “El que cree en el Hijo tiene vida eterna; pero el que rehúsa creer en el Hijo no verá la vida, sino que la ira de Dios está sobre él” (Juan 3:36).

Éxodo 30 – Hechos 21:1-16 – Salmo 34:7-14 – Proverbios 11:25-26

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La telaraña

Jueves 17 Marzo

Su confianza es tela de araña. Se apoyará él en su casa, mas no permanecerá ella en pie; se asirá de ella, mas no resistirá.

Job 8:14-15

Tejen telas de arañas… Sus telas no servirán para vestir, ni de sus obras serán cubiertos.

Isaías 59:5-6

La telaraña

Seguramente usted ha visto alguna vez una telaraña tejida entre las altas hierbas. Cubierta por el rocío, es preciosa, ¡pero qué obra tan frágil! Basta con tocarla ligeramente para romperla.

 – Un amigo del patriarca Job utiliza esta imagen para hablar de “los que olvidan a Dios”: declara que “su confianza es tela de araña” (Job 8:13-14). Descansar sobre sus propios méritos para estar en regla con Dios es inútil.

 – El profeta Isaías retoma la imagen de la telaraña al hablar de los hombres pecadores (Isaías 59:5). ¿Cómo hacer una prenda con una telaraña? Lo mismo sucede con el que trata de hacer valer sus buenas obras para presentarse ante Dios. En realidad, esos vestidos son insuficientes para esconder nuestros pecados. Solo la fe en Jesús nos hace justos ante Dios, nos cubre con vestiduras de salvación y con el manto de justicia (Isaías 61:10).

 – La telaraña también es una imagen que habla a los creyentes. ¿Con qué, o con quién, contamos para la vida de cada día? ¿Con nuestros recursos, con un salario regular, con amigos influyentes, con nuestro ingenio? Todo esto podría desaparecer tan rápido como una telaraña. Pongamos nuestra confianza en el Señor, quien dijo: “No te desampararé, ni te dejaré; de manera que podemos decir confiadamente: El Señor es mi ayudador; no temeré lo que me pueda hacer el hombre” (Hebreos 13:5-6).

“El padre dijo a sus siervos: Sacad el mejor vestido, y vestidle; y poned un anillo en su mano, y calzado en sus pies” (Lucas 15:22).

Éxodo 29 – Hechos 20:17-38 – Salmo 34:1-6 – Proverbios 11:23-24

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