Creer porque otros dieron testimonio

Miércoles 16 Marzo

(Tomás dijo del Señor:) Si no viere en sus manos la señal de los clavos… no creeré… Jesús le dijo: Porque me has visto, Tomás, creíste; bienaventurados los que no vieron, y creyeron.

Juan 20:2529

Es, pues, la fe la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve.

Hebreos 11:1

Creer porque otros dieron testimonio

 – ¡Yo solo creo lo que veo!

 – Ah, ¿entonces no cree que Napoleón existió?

 – Sí. Creo lo que veo y también lo que otros vieron y luego lo cuentan. Sé que las galaxias existen porque los astrónomos las vieron con sus telescopios, y creo que Napoleón existió porque los historiadores lo afirman. Basta con que algunos hombres fiables hayan visto un evento para que lo crea.

 – Entonces usted quizá sea cristiano.

 – ¿Por qué dice que soy cristiano?

 – Porque su actitud se parece a la mía: creo en Jesucristo, no porque lo haya visto, sino porque otros lo vieron y escribieron testimonios con respecto a él. Creo que está vivo porque sus discípulos, y muchos otros, más de 500 personas, lo vieron resucitado (1 Corintios 15:4-6).

Los profetas de la Biblia transmitieron lo que Dios les había dicho, y muy a menudo escribieron: “Así dice el Señor”. Jesús afirmó que venía del cielo y que actuaba de parte de Dios. Muchos cristianos dieron testimonio de la manera en que Dios obró con ellos. Podemos, pues, creer esos numerosos testimonios.

Recibiéndolos creo en Dios, incluso si no lo he visto a él. No se trata de reflexionar sobre Dios, sino de aceptar lo que él nos comunicó de sí mismo. Los cristianos creemos lo que la Santa Escritura dice, lo que los profetas de la Biblia escribieron. Jesús dijo que el que cree así es “bienaventurado”.

Éxodo 28 – Hechos 20:1-16 – Salmo 33:16-22 – Proverbios 11:21-22

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Un evento excepcional

Martes 15 Marzo

He aquí, os digo un misterio: No todos dormiremos (no moriremos); pero todos seremos transformados.

1 Corintios 15:51

El Señor… es paciente para con nosotros, no queriendo que ninguno perezca, sino que todos procedan al arrepentimiento.

2 Pedro 3:9

Un evento excepcional

En la Biblia, las profecías del Antiguo Testamento anunciaron con certidumbre algunos hechos históricos de los siglos pasados mucho antes de que tuviesen lugar. Las profecías con respecto al futuro son igualmente seguras. Por encima de todos los eventos anunciados hay uno excepcional, que puede tener lugar de un momento a otro, sin que sepamos la fecha. Cada cristiano debe esperarlo con fervor y gozo, porque se trata del regreso del Señor Jesús para llevar con él a todos sus redimidos (1 Tesalonicenses 4:15-17).

La Palabra de Dios da varios indicios que muestran que ese momento está cerca y que el tiempo de la gracia pronto se acabará: la indiferencia de las multitudes hacia el Evangelio; la cristiandad que tiene apariencia de piedad pero que niega su poder (2 Timoteo 3:5); las naciones que buscan un camino hacia la paz pero sin Dios (1 Tesalonicenses 5:3); el renacimiento de un estado judío (Ezequiel 37:21).

Esperar al Señor debería desligar al creyente de las cosas del mundo, y hacer de él un ferviente testigo, siempre listo para ir al cielo. Jesús prometió a los suyos: “Vendré otra vez, y os tomaré a mí mismo, para que donde yo estoy, vosotros también estéis” (Juan 14:3). Esta perspectiva regocija a los creyentes y los anima a proclamar la urgencia del mensaje del Evangelio: “Reconciliaos con Dios” (2 Corintios 5:20).

Éxodo 27 – Hechos 19:23-41 – Salmo 33:10-15 – Proverbios 11:19-20

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La Biblia habla de usted y de mí (6)

Lunes 14 Marzo

Nos acordamos del pescado que comíamos en Egipto de balde, de los pepinos, los melones, los puerros… y ahora nuestra alma se seca…

Números 11:56

El Dios de toda gracia… después que hayáis padecido un poco de tiempo, él mismo os perfeccione, afirme, fortalezca y establezca.

1 Pedro 5:10

La Biblia habla de usted y de mí (6)

¡Era mucho mejor antes! Esto decían los israelitas, a quienes aluden los primeros versículos del encabezamiento. Sin embargo, habían sido liberados de un país en el que eran esclavos, y se dirigían a un lugar donde la vida sería mejor. Pero aun así no estaban satisfechos y se quejaban. ¡Se quejaban incluso de Dios, como si él les hubiese engañado prometiéndoles maravillas!

A veces, lo mismo hago yo, y quizá también usted. Es normal que no nos gusten las dificultades. Pero, ¿al menos estamos satisfechos con lo que va bien? ¿Sabemos verlo y apreciarlo? Yo no lo hago necesariamente. Y a menudo esta insatisfacción va acompañada de un sentimiento de injusticia: ¡A los demás todo les sale bien! ¡Ellos sí tienen suerte, aunque no son mejores que yo!

La Biblia nos dice que, por medio de Jesucristo, Dios quiso salvarnos de un estado de miseria profunda, de un camino que nos llevaba a la perdición. Debemos aceptar esto por la fe. Y luego, ese Dios que nos dio la vida, también cuidará de nosotros en cada detalle de nuestra existencia. No nos prometió una vida fácil, pero sí nos prometió estar con nosotros, paso a paso, y que la meta hacia la cual nos conduce será una felicidad perfecta y definitiva junto a él. Quizá debamos dar solo un paso a la vez, felices de haber sido rescatados de la muerte por medio de Jesucristo, y felices de avanzar junto a él.

(continuará el próximo lunes)

Éxodo 26 – Hechos 19:1-22 – Salmo 33:1-9 – Proverbios 11:17-18

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Trasplantados

Domingo 13 Marzo

Todo tiene su tiempo… tiempo de plantar, y tiempo de arrancar lo plantado… tiempo de llorar, y tiempo de reír.

Eclesiastés 3:124

Cantaré al Señor, porque me ha hecho bien.

Salmo 13:6

Trasplantados

Llegó el día de hacer trasplantes en el jardín. Los retoños crecieron y hay que sacarlos de su maceta, que ya es demasiado pequeña, para colocarlos en una más grande. Así las raíces tendrán más espacio y la planta podrá desarrollarse mejor.

Esta operación probablemente es un poco “traumatizante” para la planta: algunas raíces y hojas se estropean, hay que estirar, empujar… Primero debemos dejar que la tierra se seque un poco para que se desprenda más fácil del recipiente.

A veces Dios emplea circunstancias de la vida de sus hijos para efectuar un trabajo análogo: nos “trasplanta” regularmente cuando nuestra fe “carece de espacio”, para que así podamos crecer y desarrollarnos nuevamente. Es cierto que podemos pasar por momentos de sequía que nos despegan, en cierto modo, de situaciones que debemos dejar. También debemos salir de nuestra zona de confort, de nuestra rutina, lo cual a menudo es doloroso. Pero Dios nos cuida y quiere que nos desarrollemos plenamente, hasta el día en que seamos llevados al cielo, para gozar siempre de la vida eterna que nos dio en su Hijo (1 Juan 5:11).

No nos desanimemos, pues, debido a los sufrimientos y situaciones difíciles que debemos atravesar ahora; confiemos en Dios, quien nos ama y sabe lo que hace en nuestras vidas.

“Aunque ande en valle de sombra de muerte, no temeré mal alguno, porque tú estarás conmigo; tu vara y tu cayado me infundirán aliento” (Salmo 23:4).

Éxodo 25 – Hechos 18 – Salmo 32:8-11 – Proverbios 11:15-16

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La Biblia de Adán

Sábado 12 Marzo

Mandó el Señor Dios al hombre, diciendo: De todo árbol del huerto podrás comer; mas del árbol de la ciencia del bien y del mal no comerás; porque el día que de él comieres, ciertamente morirás.

Génesis 2:16-17

Así como en Adán todos mueren… en Cristo todos serán vivificados.

1 Corintios 15:22

La Biblia de Adán

Después de haber creado a Adán, Dios lo instaló en un huerto maravilloso, lleno de árboles frutales. Adán podía admirar la naturaleza creada, testimonio de la bondad del Creador hacia él. Dios también habló dándole instrucciones claras. Para Adán esta era la “Palabra de Dios”, “la Biblia de Adán”.

¿Qué hizo Adán con su “Biblia”? El capítulo 3 de Génesis nos lo dice: Satanás se presentó, mintió y contradijo abiertamente la palabra de Dios. Adán y Eva lo escucharon, pusieron en duda la bondad de Dios y su palabra. Desobedecieron, ¡y fue la catástrofe! Como Dios lo había anunciado, Adán y Eva murieron…

Ahora, como Adán en otro tiempo, los hombres tienen ante ellos la naturaleza, un testimonio universal del poder y de la bondad del Creador. También tienen su palabra, la Biblia, que hoy está completa.

Y la triste historia se repite: los hombres, cegados por Satanás, no creen en lo que la Biblia dice y ponen en duda la bondad de Dios. Al igual que sus primeros padres, son pecadores, desobedecen y mueren…

Pero en medio de este panorama desolador apareció una luz: Jesús, el Hijo de Dios, vino a la tierra. Resistió a Satanás y confió en Dios. Obedeció hasta el final. Dio su vida en la cruz por la humanidad, formada por hombres culpables y desobedientes. Murió por ellos, pero resucitó al tercer día. La muerte fue vencida, Satanás fue destruido (Hebreos 2:14). ¡Todos los que creen en Jesús reciben la vida eterna!

Éxodo 24 – Hechos 17:16-34 – Salmo 32:5-7 – Proverbios 11:13-14

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Mi vida cambió de dirección

Viernes 11 Marzo

Estaba yo postrado, y (Dios) me salvó.

Salmo 116:6

Vida y misericordia me concediste.

Job 10:12

Mi vida cambió de dirección

“Tenía un inmenso vacío en mí, un vacío tan grande que caí en una profunda depresión.

 – Para mí Dios no existía como tal, pues pensaba que él era simplemente aquello que me permite vivir: aire, sol, agua y alimento.

 – Jesús hablaba de amor, pero para mí, solo era un hombre.

 – Para mí, la Biblia era un libro como los demás, del ámbito de la fantasía.

Yo era militar. En cierta ocasión, después de una noche en el bar de mi regimiento, un compañero me habló del Evangelio. Aunque estaba un poco ebrio, reflexioné sobre ello durante la noche. Al día siguiente, cuando regresaba a casa para pasar el fin de semana, llevé a un autoestopista; luego él me invitó a beber algo. Entramos en un café cristiano justo cuando se terminaba una reunión de evangelización. Después de conversar con el predicador me di cuenta de que Dios me llamaba, pues no creía en el azar. Fue allí donde sentí y comprendí la necesidad de cambiar. A menudo mi compañero me hablaba del Evangelio, y juntos asistimos a reuniones semanales para estudiar la Biblia. En agosto del mismo año empecé a ir a una congregación cristiana de mi pueblo; allí fui bautizado a principios del siguiente año. El Señor cambió todo en mí. Hace 30 años que le pertenezco, y aunque la vida no siempre ha sido fácil desde entonces, no me arrepiento de haberlo aceptado como Salvador”. V.G.

“No son del mundo, como tampoco yo soy del mundo. Santifícalos en tu verdad; tu palabra es verdad” (Juan 17:16-17).

Éxodo 23 – Hechos 17:1-15 – Salmo 32:1-4 – Proverbios 11:11-12

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Criticada por los hombres

Jueves 10 Marzo

Yo en muy poco tengo el ser juzgado por vosotros… el que me juzga es el Señor… El Señor… aclarará también lo oculto de las tinieblas, y manifestará las intenciones de los corazones; y entonces cada uno recibirá su alabanza de Dios.

1 Corintios 4:3-5

Criticada por los hombres, pero aprobada por Dios

Tres ocasiones con María de Betania:

 – Lucas 10:38-42: Marta y su hermana María recibieron a Jesús en su casa. Marta se afanaba para atender bien a su huésped, pero María estaba sentada a los pies de Jesús, escuchándolo. Había olvidado todo lo demás. Su hermana se indignó y se quejó ante Jesús, quien le dijo: “María ha escogido la buena parte, la cual no le será quitada” (v. 42).

 – Juan 11:1-44: María acababa de perder a su hermano Lázaro y estaba en su casa llorando. Unos judíos fueron a consolarla. Jesús estaba cerca, pero todavía no había llegado… Marta envió un mensaje a María: “El Maestro (Jesús) está aquí y te llama” (Juan 11:28). María se levantó rápidamente. Los judíos no comprendieron. Pensaban que iba al sepulcro a llorar, pero ella iba a llorar a los pies del Señor. Jesús lloró con ella y luego resucitó a su hermano.

 – Juan 12:1-8: El odio de los judíos hacia Jesús fue aumentando, y María presentía que la muerte de Jesús estaba cerca. Ella quería expresar su amor y adoración a aquel que estaba a punto de dar su vida por los culpables. Mientras Jesús estaba a la mesa con Marta, Lázaro y varios discípulos, ella derramó sobre sus pies un perfume de mucho precio. Por ello recibió fuertes críticas. Pero para Jesús este gesto tenía un gran valor y lo aprobó públicamente: “Déjala; para el día de mi sepultura ha guardado esto”.

María escuchó a su Maestro, lloró a sus pies y lo adoró. Fue incomprendida y criticada. ¡Pero recibió la aprobación del Señor, y eso bastaba!

Éxodo 22 – Hechos 16:11-40 – Salmo 31:21-24 – Proverbios 11:9-10

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¿Soy un verdadero cristiano?

Miércoles 9 Marzo

Estáis… llamados a ser de Jesucristo.

Romanos 1:6

Vosotros sois la sal de la tierra.

Mateo 5:13

¿Soy un verdadero cristiano?

¿Quién es un verdadero cristiano? ¿Alguien que va a la iglesia, o que fue bautizado? O más sencillamente, ¿un ciudadano de un país “cristianizado”? A lo largo del tiempo este término ha perdido gran parte de su sentido y valor. Pocas veces es empleado para designar a una persona realmente convertida a la fe cristiana, a un verdadero discípulo de Jesucristo. Se escucha mucho la expresión “el hábito no hace al monje”. Dios no mira la apariencia, sino el corazón (1 Samuel 16:7). Así, una persona que no tiene en cuenta a Jesucristo, pero se considera cristiana porque “va a la iglesia” o participa en buenas obras, solo es cristiana de apariencia. ¡No tiene ningún vínculo con Dios, quien lee el corazón!

Un verdadero cristiano se reconoció como pecador ante el Dios santo, y puso su fe y confianza enteramente en Jesucristo, crucificado por sus pecados. ¡Qué descanso saber que Jesús soportó el castigo! Murió, luego resucitó, mostrando que Él es Hijo de Dios.

El cristiano no es mejor que los demás. Tiene la misma naturaleza, que produce pensamientos impuros y malas obras: orgullo, mentira, ira… Pero aceptando a Jesús como Salvador, recibe la vida eterna, con la capacidad y la responsabilidad de mostrar en el mundo los caracteres de su Salvador. El Señor Jesús espera que sus rescatados sean sus testigos: “sois carta de Cristo” (2 Corintios 3:3). ¿Mi vida muestra esto?

Algunos “profesan conocer a Dios, pero con los hechos lo niegan, siendo abominables y rebeldes, reprobados en cuanto a toda buena obra” (Tito 1:16). “Así que, si alguno se limpia de estas cosas, será instrumento para honra, santificado, útil al Señor” (2 Timoteo 2:21).

Éxodo 21 – Hechos 15:36-16:10 – Salmo 31:14-20 – Proverbios 11:7-8

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¡Cuidado! ¡Peligro de muerte!

Martes 8 Marzo

Cercano está el día grande del Señor, cercano y muy próximo… Día de ira aquel día, día de angustia y de… asolamiento.

Sofonías 1:14-15

Prepárate para venir al encuentro de tu Dios.

Amós 4:12

¡Cuidado! ¡Peligro de muerte!

Hace unos 2000 años, una torre de la muralla de Jerusalén se desplomó súbitamente: 18 personas murieron aplastadas. Este hecho trágico es semejante a los que suceden hoy en día. Pero Jesús, contemporáneo de ese drama, sacó una lección para nosotros: es una imagen del juicio que merecen todos los hombres por haber desobedecido a Dios, y que vendrá sobre ellos si no se arrepienten (Lucas 13:4-5).

¡Uno se arrepiente porque es culpable! Y todos lo somos, porque hemos cerrado nuestro corazón a la voz de Dios y vivimos independientemente de él. Somos culpables por haber hecho, dicho y pensado cosas contrarias a su voluntad, despreciando así su autoridad. Aún más, somos culpables cuando rechazamos el amor de Dios, porque él envió a su Hijo Jesucristo para liberarnos del juicio y de la condenación. Por amor, Dios nos advierte a todos del peligro, y también proclama el medio para ser liberados. Jesucristo es el único camino para acercarse a Dios, la verdad que debemos escuchar, la vida que es preciso recibir yendo a él. ¡Solo seremos salvos por la fe en él! Esta salvación es gratuita, pues el Dios de gracia nos la ofrece.

Si alguien hubiese podido advertir a las 18 víctimas de la torre sobre el peligro que las amenazaba, ¡hubiera sido una locura rechazar la advertencia! Igualmente, sin Dios, nuestros caminos nos llevan a la perdición. La muerte llega a todos, luego el juicio y una condenación eterna, lejos de Dios. Hoy Dios nos invita a aceptar su perdón y la vida eterna en Jesucristo.

Éxodo 20 – Hechos 15:1-35 – Salmo 31:9-13 – Proverbios 11:5-6

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La Biblia habla de usted y de mí (5)

Lunes 7 Marzo

El Señor lo sustentará sobre el lecho del dolor; mullirás toda su cama en su enfermedad. Yo dije: Señor, ten misericordia de mí; sana mi alma.

Salmo 41:3-4

La Biblia habla de usted y de mí (5)

Es difícil hablar de enfermedad cuando el sufrimiento físico está ahí, cuando las fuerzas disminuyen, cuando el médico no puede garantizar nada… cuando estamos cansados de sufrir, cuando quisiéramos estar sanos, volver a nuestras actividades, disfrutar de nuestros familiares y amigos, cuando incluso tenemos que soportar los comentarios incómodos de algunos visitantes que quieren expresarnos su simpatía…

Los que están enfermos pueden encontrar en la Biblia expresiones o pasajes que corresponden a lo que están viviendo, a sus percepciones. Dios les dará una palabra de ánimo, de consuelo.

No nos sanará necesariamente, aunque podría hacerlo. Él es soberano y no tiene que darnos explicaciones.

Sin embargo, en la Biblia encontramos palabras reconfortantes. Sea cual sea el desenlace de la enfermedad, Dios quiere que el creyente experimente su presencia y sus cuidados en medio de la prueba. Él es quien mejor comprende a la persona que sufre, y además tiene el poder para sostenerla.

Pero hay una curación que es segura, es la curación del alma. Jesús vino a la tierra como el médico divino. Si bien es cierto que sanó enfermedades físicas, sobre todo quiso salvarnos de la enfermedad mortal del pecado. Esta es la primera curación que debemos desear, pues todos la necesitamos y está asegurada a todos los que se la piden.

(continuará el próximo lunes)

Éxodo 19 – Hechos 14 – Salmo 31:1-8 – Proverbios 11:3-4

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