Fuentes secas

Lunes 26 Junio
Dios, Dios mío eres tú; de madrugada te buscaré; mi alma tiene sed de ti… en tierra seca y árida donde no hay aguas.
Salmo 63:1
Al que tuviere sed, yo le daré gratuitamente de la fuente del agua de la vida.
Apocalipsis 21:6
Fuentes secas
Temprano en la mañana, Esteban, Pablo y Marcos se subieron a sus bicicletas de montaña para dar un largo paseo por la sierra. Bajo el sol abrasador, sentían morirse de sed, pues sus botellas de agua ya estaban vacías.

¡De repente divisaron un pueblo! Seguro que allí encontrarían una fuente pública donde pudiesen saciar su sed y aprovisionarse de agua fresca. Desafortunadamente, la primera fuente que encontraron estaba seca, y el agua de la segunda no era potable. Felizmente, desde su casa, un lugareño vio la decepción de nuestros amigos y les ofreció el preciado líquido; además les dio algunas instrucciones sobre la ruta que debían seguir.

Esto nos hace pensar en otra sed, mucho más intensa que la de estos jóvenes ciclistas, y en la ausencia de fuentes para saciarla. ¡Cuántas personas sienten la necesidad de certeza, consuelo, ánimo, amor, esperanza o paz!

¿Qué respuestas pueden encontrar en las fuentes de este mundo, a principios del siglo 21? Los líderes políticos, los filósofos, los gurús o las estrellas son incapaces de responder a estas expectativas. Solo hay una respuesta a estas necesidades, y una fuente que puede saciar la sed. Como lo hizo en otro tiempo con la samaritana que encontró junto a un pozo, hoy el Señor Jesús quiere saciar su sed: “El que bebiere del agua que yo le daré, no tendrá sed jamás; sino que el agua que yo le daré será en él una fuente de agua que salte para vida eterna” (Juan 4:14).

2 Reyes 25 – 2 Timoteo 2 – Salmo 76 – Proverbios 18:4-5

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¿Quién soy yo? ¿Quién es usted?

Domingo25 Junio
(Jesús) les dijo: Y vosotros, ¿quién decís que soy yo? Respondiendo Simón Pedro, dijo: Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente.
Mateo 16:15-16
¿Quién soy yo? ¿Quién es usted?
El filósofo alemán Arthur Schopenhauer (1788-1860) paseaba por un jardín de Dresde, buscando respuestas a las preguntas que le inquietaban. Notando su extraño comportamiento, un policía se le acercó y le preguntó: «¿Quién es usted?». Schopenhauer lo miró de los pies a la cabeza y le dijo.

–Si puede responder a esta pregunta, le estaré eternamente agradecido.

A pesar de su gran inteligencia, el filósofo no había encontrado una respuesta satisfactoria a la pregunta: ¿Quién soy yo? Quizá porque el único que puede responder esta pregunta es Dios. De hecho, para nosotros los cristianos, esta pregunta está vinculada a otra pregunta esencial que cada uno de nosotros debe plantearse ante Cristo: «Señor, ¿quién eres tú para mí?».

Después de responder a la pregunta de Jesús: “Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?”, Pedro escuchó al Señor decirle: “Tú eres Pedro” (Mateo 16:15, 18). Este discípulo descubrió quién era, no como él se veía a sí mismo, sino como Jesús lo veía.

Solo entiendo realmente quién soy cuando con fe empiezo a hablar con el Señor Jesús y a escucharle.

No permita que los demás, ni la moda o las marcas definan quién es usted. Elija responder a la pregunta ¿quién es usted? pensando en la segunda pregunta, dirigida a Cristo: «Señor, ¿quién eres tú para mí?». Descubriendo quién es Jesús, y confiando en su amor, descubrirá su verdadera identidad y el plan del Señor para su vida.

2 Reyes 24 – 2 Timoteo 1 – Salmo 75 – Proverbios 18:2-3

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La mansedumbre

Sábado 24 Junio
El Señor no estaba en el terremoto. Y tras el terremoto un fuego; pero el Señor no estaba en el fuego. Y tras el fuego un silbo apacible y delicado.
1 Reyes 19:11-12
(Jesús dijo:) Soy manso y humilde de corazón.
Mateo 11:29
El fruto del Espíritu (9)
La mansedumbre
El octavo sabor del fruto del Espíritu es la mansedumbre. Tristemente la manifestamos muy poco: ella excluye toda forma de brusquedad, dureza, amargura. Y produce una sensación de seguridad y comodidad.

Dios es un Dios lleno de dulzura… su voz es “apacible” y delicada; su dulzura se muestra en su amor y compasión por nosotros. Nos habla, e incluso nos corrige, con dulzura (Jeremías 30:11). Si conocemos la mansedumbre de Dios, podremos reflejar aunque sea un poco de ella con la ayuda del Espíritu Santo.

En el Nuevo Testamento, a menudo la mansedumbre se asocia a la humildad (Efesios 4:1-2), al hecho de no insistir sobre nuestros derechos. No puedo ser manso si soy orgulloso.

Amigos cristianos, hay dos ámbitos en los cuales debemos manifestar especialmente la mansedumbre: cuando estamos en una posición de autoridad o poder, ya sea en el entorno familiar, profesional, o incluso en las reuniones cristianas; y cuando hablamos de nuestra fe a personas que aún están alejadas de Dios. ¡No las despreciemos! Esta no sería una demostración de mansedumbre (1 Pedro 3:15), sino de un orgullo deplorable. Algunas personas han pasado por momentos difíciles y se han alejado de la fe. ¡Ayudémosles a mantener encendida la pequeña llama! (Gálatas 6:1). Y recordemos este versículo: “Vuestra gentileza sea conocida de todos los hombres” (Filipenses 4:5). ¡La mansedumbre es uno de los caracteres de Jesús! (2 Corintios 10:1).

(continuará el próximo sábado)
2 Reyes 23:21-37 – 1 Timoteo 6 – Salmo 74:12-23 – Proverbios 18:1

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El niño y su madre

Viernes 23 Junio
Grande es el misterio de la piedad: Dios fue manifestado en carne.
1 Timoteo 3:16
Dios envió a su Hijo, nacido de mujer.
Gálatas 4:4
Vieron al niño con su madre María, y postrándose, lo adoraron.
Mateo 2:11
El niño y su madre
Jesús nació en Belén. Los magos de Oriente, advertidos de su nacimiento por la presencia de una estrella, vinieron a adorar al futuro rey de los judíos. Pero el rey Herodes se enteró de su nacimiento y, celoso, quería matarlo. Entonces Dios dio instrucciones a José para que pusiera a salvo al niño y a su madre. Esta conmovedora expresión se repite cinco veces en el capítulo 2 de Mateo. Subraya el hecho de que un niño necesita a su madre y que Dios no quiere que estén separados. De hecho, un niño depende totalmente de su madre para todas sus necesidades. Ella lo alimenta y lo cuida con ternura. El Salmo 22 nos revela anticipadamente los sentimientos de este niño recién nacido mientras mama del pecho de su madre. Se dirige a Dios diciendo: “Tú eres el que me sacó del vientre; el que me hizo estar confiado desde que estaba a los pechos de mi madre” (Salmo 22:9).

Pero este humilde niño, nacido de una mujer como todos nosotros, también es “Hijo del Altísimo”, “Hijo de Dios” (Lucas 1:32, 35). Este frágil recién nacido no es nada más y nada menos que el Creador del universo. Y aunque acostado en un pesebre, es el que controla los movimientos de las estrellas y las galaxias, “quien sustenta todas las cosas con la palabra de su poder” (Hebreos 1:3). Él creó los mundos con su entendimiento, y por su autoridad perduran.

La humillación sin igual de nuestro Creador, hasta nacer en el humilde pesebre de Belén, es “el misterio de la piedad”, ¡un gran misterio en verdad!

2 Reyes 23:1-20 – 1 Timoteo 5 – Salmo 74:1-11 – Proverbios 17:27-28

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Muerte de Juan el Bautista

Jueves 22 Junio
Otros fueron atormentados… Otros experimentaron vituperios y azotes, y a más de esto prisiones y cárceles. Fueron apedreados, aserrados, puestos a prueba, muertos a filo de espada; anduvieron de acá para allá… angustiados, maltratados; de los cuales el mundo no era digno.
Hebreos 11:35-38
Muerte de Juan el Bautista
Leer Marcos 6:14-29
Juan el Bautista, precursor de Jesús, sabía que el rey Herodes se había divorciado para casarse con su cuñada Herodías, y se lo reprochó valientemente. Entonces Herodes se deshizo de este molesto testigo encarcelándolo. Juan estaba en una prisión mientras Herodes celebraba su cumpleaños. La hija de Herodías bailó delante de todos y agradó tanto al rey, que este le prometió darle todo lo que ella quisiera. Por consejo de su madre, la hija pidió que le trajesen la cabeza de Juan en un plato. Herodes se entristeció, pero demasiado orgulloso para cambiar de opinión, mandó decapitar a Juan. Así, un día de fiesta, por culpa de una joven que bailó bien, de los celos de una mujer y de la soberbia de un rey impulsivo, la cabeza del más grande de los profetas fue cortada (Mateo 11:11). Y Dios lo permitió…

A lo largo de los siglos, la historia dramática de la muerte de Juan el Bautista se ha repetido más de una vez. ¡Cuántos cristianos han sido condenados a muerte en condiciones indescriptibles, para satisfacer las ambiciones o los caprichos de los grandes de este mundo! Tales muertes son indignas y repugnantes, pero para Dios tienen un valor que el mundo no puede discernir: “Estimada es a los ojos del Señor la muerte de sus santos” (Salmo 116:15).

El mundo no era digno de todos estos mártires de la fe, nos dice el versículo del día, pero Dios no se avergüenza de ellos (Hebreos 11:16, 38).

2 Reyes 22 – 1 Timoteo 4 – Salmo 73:21-28 – Proverbios 17:25-26

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La vida es frágil

Miércoles 21 Junio
Hazme saber, Señor, mi fin, y cuánta sea la medida de mis días; sepa yo cuán frágil soy.
Salmo 39:4
La vida es frágil
Atrapado entre dos camiones, salió ileso de un accidente de tránsito. Conmocionado por la gravedad y la velocidad con la que se produjo el accidente, dijo: «Podría haber pasado de la vida a la muerte sin darme cuenta». Los medios de comunicación nos informan todos los días sobre acontecimientos similares, algunos dramáticos. Muchas personas pierden la vida súbitamente, «mueren en el acto», sin ni siquiera darse cuenta.

La Biblia nos recuerda la fragilidad de los seres humanos. “El hombre… sale como una flor y es cortado, y huye como la sombra y no permanece” (Job 14:1-2). Por eso nos invita a estar preparados para encontrarnos con Dios (Amós 4:12). Mientras estemos vivos en la tierra, debemos preocuparnos por nuestra relación con él. Después será demasiado tarde: “En el lugar que el árbol cayere, allí quedará” (Eclesiastés 11:3). La muerte nos coloca en una situación que no se puede cambiar. Si no nos hemos preparado para encontrarnos con Dios, nos aleja de él eternamente; pero si hemos creído en él, nos llevará al cielo con Jesús.

¿Está usted preparado? Este es un tema demasiado importante para aplazarlo. Dios quiere que usted disfrute de su gracia; dentro de poco puede ser demasiado tarde.

“Si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo. Porque con el corazón se cree para justicia, pero con la boca se confiesa para salvación. Pues la Escritura dice: Todo aquel que en él creyere, no será avergonzado… porque todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo” (Romanos 10:9-13).

2 Reyes 21 – 1 Timoteo 3 – Salmo 73:10-20 – Proverbios 17:23-24

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¿A quién pertenece mi cuerpo?

Martes 20 Junio
Tus manos me hicieron y me formaron… como a barro me diste forma; ¿y en polvo me has de volver?
Job 10:8-9
Jesucristo… transformará el cuerpo de la humillación nuestra, para que sea semejante al cuerpo de la gloria suya, por el poder con el cual puede también sujetar a sí mismo todas las cosas.
Filipenses 3:21
¿A quién pertenece mi cuerpo?
A esta pregunta, el portavoz de una asociación por el derecho a morir dignamente respondió: «A mí y solo a mí. Ni a una iglesia, ni a un partido político, ni a la medicina. Soy un ciudadano libre desde que nací y, aún más, desde que alcancé la mayoría de edad. Tengo la intención de permanecer así hasta mi último día y que nada me sea impuesto ni por los médicos, ni por mi familia, ni por mis herederos».

Esta afirmación es comprensible: nadie tiene derecho sobre la vida de otro ni sobre su cuerpo. Pero tiene un defecto: ¡ignora a Dios! Si Dios no existiera, sería lógico, e incluso saludable, querer seguir siendo dueño de su destino…

Pero el creyente sabe que fue creado por Dios, que él lo conocía incluso antes de su concepción. Y Dios también es el que decide el día de su muerte: “El Señor mata, y él da vida; él hace descender al Seol, y hace subir” (1 Samuel 2:6).

Entonces, para mí que creo en Jesús, que conozco el amor de Dios, los demás no deben decidir sobre mi vida y mi muerte, pero yo tampoco debo hacerlo. Dejo ese cuidado y esa responsabilidad a un Dios mucho más sabio que yo y que me ama. Tengo la seguridad de que este frágil cuerpo en el que habito será un día como el de mi Salvador en la gloria. Mientras tanto, recuerdo que ya no me pertenezco a mí mismo, sino a Cristo, quien pagó un alto precio (su muerte en una cruz) para comprarme; y me esfuerzo para glorificarlo con mi conducta (1 Corintios 6:19-20).

2 Reyes 20 – 1 Timoteo 2 – Salmo 73:1-9 – Proverbios 17:21-22

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¿No necesita a Dios?

Lunes 19 Junio

Buscad al Señor mientras puede ser hallado, llamadle en tanto que está cercano.

Isaías 55:6

El conocimiento de la verdad que es según la piedad, en la esperanza de la vida eterna, la cual Dios, que no miente, prometió desde antes del principio de los siglos.

Tito 1:1-2

¿No necesita a Dios?

Testimonio

«Aunque había seguido un camino religioso como muchas personas, es decir, me había bautizado, tomaba la comunión… no sentía la necesidad de buscar a Dios. Cuando conocí a la mujer que hoy es mi esposa, ella me habló de Dios y de la fe cristiana. Como quería compartir el mayor tiempo posible con ella, la acompañaba al culto. A medida que las semanas pasaban, me conmovía lo que oía, y a menudo hablaba de ello con su familia… ¡Pero mi vida espiritual no iba mucho más allá del domingo por la mañana! Con el paso del tiempo, quise saber más sobre el cristianismo. Y Dios puso en mi camino a un compañero de trabajo cristiano. Ahora nos une más que una relación profesional, pues es un verdadero hermano que me ha ayudado a crecer espiritualmente. Hace más o menos tres años tomé conciencia de la realidad de Dios y reconocí a Jesús como el Salvador que necesitaba. Hoy sé que está conmigo cada día, en mis alegrías y en mis penas. ¡La vida es mucho más fácil de vivir cuando se tiene la esperanza de la vida eterna!».

Ludovic

Amigo lector, como esta persona que dio testimonio de su camino hacia Dios, quizás usted forma parte de los que no sienten la necesidad de conocer a Dios. Pero, ¿sabe que Dios lo está buscando? Él ama a todas las personas y “quiere que todos los hombres sean salvos y vengan al conocimiento de la verdad” (1 Timoteo 2:4).

2 Reyes 19 – 1 Timoteo 1 – Salmo 72:12-20 – Proverbios 17:19-20

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Banda ancha con Dios

Domingo 18 Junio
(Jesús dijo:) Pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis; llamad, y se os abrirá. Porque todo aquel que pide, recibe; y el que busca, halla; y al que llama, se le abrirá.
Mateo 7:7-8
Banda ancha con Dios
Los operadores de telecomunicaciones compiten en todo el mundo para instalar estructuras de acceso a internet. No solo tienen que equipar muchas regiones aún vírgenes, sino también aumentar la velocidad, la banda ancha y la capacidad de almacenamiento para mejorar la navegación. Así podemos «navegar» con tiempos de carga cada vez más reducidos. ¡Cuántos avances tecnológicos se han producido en los últimos años!

Sin embargo, hay un canal de comunicación que todos utilizamos muy poco: la banda ancha es ilimitada, el paquete es gratuito, la disponibilidad del interlocutor está garantizada 7 días a la semana, 24 horas al día. ¿Quién es el interlocutor? ¡Dios mismo! Él nos escucha: “Y esta es la confianza que tenemos en él, que si pedimos alguna cosa conforme a su voluntad, él nos oye” (1 Juan 5:14). Y sabemos que su voluntad es que todo hombre sea salvo (1 Timoteo 2:4).

Aún más, si conocemos a Dios como nuestro Padre, esta es una línea en la que podemos encontrar una respuesta a los temas fundamentales: felicidad, justicia, pero también una respuesta a nuestras preocupaciones y dificultades cotidianas.

Primero debemos dirigirnos a él reconociendo nuestra injusticia, nuestro pecado, y admitir simplemente que necesitamos a Jesús, el Hijo de Dios, como nuestro Salvador. Reconocerlo y aceptarlo nos permitirá utilizar constantemente nuestra “conexión” con Dios, para solicitar más y más sus infinitos recursos.

“Me buscaréis y me hallaréis, porque me buscaréis de todo vuestro corazón. Y seré hallado por vosotros, dice el Señor” (Jeremías 29:13-14).

2 Reyes 18 – Efesios 6 – Salmo 72:1-11 – Proverbios 17:17-18

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Fidelidad o confianza

Sábado 17 Junio
Confía en el Señor, y haz el bien; y habitarás en la tierra, y te apacentarás de la verdad. Deléitate asimismo en el Señor, y él te concederá las peticiones de tu corazón.
Salmo 37:3-4
Son muchos los que pregonan cada cual su propia bondad; ¿mas quién hallará al hombre fiel?
Proverbios 20:6 – V. M.

El fruto del Espíritu (8)
Fidelidad o confianza
El séptimo sabor del fruto del Espíritu es la fidelidad. En la Biblia se dice varias veces que Dios es fiel (1 Corintios 1:9), es decir, veraz, que mantiene sus promesas y cumple lo que dice. Entonces podemos confiar en él y en su Palabra, y a nuestra vez, ser fieles a nuestros compromisos, a nuestra palabra, en nuestras relaciones, y fieles administradores de todo lo que Dios nos ha confiado (1 Corintios 4:2).

Esta fidelidad va de la mano de la fe, de la confianza en Dios, pues en nosotros mismos no tenemos fuerzas. Además, la palabra traducida en estos versículos por “fidelidad” contiene ambos pensamientos: fidelidad y fe. Como Dios es fiel, podemos confiar en él, tener fe en él, y esta confianza nos da la fuerza para ser fieles.

En ciertos casos la fidelidad podría no ser buena. Como cristianos debemos preguntarnos: lo que creemos que es la fidelidad, ¿es el fruto del Espíritu? ¿O acaso es un simple apego a nuestra educación, a las tradiciones, a las reglas sociales, al miedo a los demás, a las amistades a veces insanas?

¡Nuestra fidelidad debe ser a Jesús! ¡Una confianza absoluta en su amor! Sus resultados son una buena conciencia, fuente de paz y serenidad. La fidelidad produce un testimonio, fruto del Espíritu, que muestra nuestros vínculos de comunión con el Salvador.

(continuará el sábado próximo)
2 Reyes 17:24-41 – Efesios 5 – Salmo 71:19-24 – Proverbios 17:15-16

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