Anhelando Su Presencia

Isha – Salmos

DÍA 68 – Salmo 43

Dosis: Comunión

Anhelando Su Presencia

¡Hazme justicia, oh Dios! Defiende mi causa frente a esta nación impía; líbrame de gente mentirosa y perversa. Tú eres mi Dios y mi fortaleza: ¿Por qué me has rechazado. ¿Por qué debo andar de luto y oprimido por el enemigo? Envía tu luz y tu verdad; que ellas me guíen a tu monte santo, que me lleven al lugar donde tú habitas. (Salmo 43:1–3) (NVI)

Se cree que este Salmo es la continuación del anterior. El poeta ha sido confrontado con el supuesto silencio y la ausencia de Dios frente a su sufrimiento. Sabemos que eligió confiar en el Señor. En este Salmo va a reafirmar su convicción teológica de que Dios es como una roca firme, a pesar que sus enemigos siguen turbándolo. En estas líneas leemos que vence la tentación de sentirse derrotado, que invoca a Dios como su juez frente a sus enemigos e implora la luz del Señor y su verdad. Esa luz tiene el poder de vencer su oscuridad y a la vez guiarlo en la vida y hacia su santa morada.

Estas palabras confirman que el salmista era un adorador y que anhela llegar al altar de Dios para alabarlo con gozo: “Llegaré entonces al altar de Dios, del Dios de mi alegría y mi deleite, y allí, oh Dios, mi Dios, te alabaré al son del arpa.” ¿Cuánto gozo le expresas en tu alabanza? La mejor forma de superar el luto, la depresión y la melancolía es afianzar nuestra fe en medio de la alabanza. No estamos negando la realidad del dolor, pero sí demostramos que en medio del sufrimiento es posible cimentar nuestra fe y seguir adorando a un Dios soberano y Todopoderoso.

En tiempos de crisis, la alabanza y la oración sincera nos libran de caer en la depresión y alimentan nuestra fe. Si dialogamos con Dios no vamos a sentirlo lejano ni ausente. Debemos aprender a contarle lo que nos está pasando, nuestras luchas, dudas, desconciertos y emociones. El salmista tuvo victoria sobre su sufrimiento y demuestra que jamás pierde su sentido de alabanza y gratitud: Hagamos nuestras sus reflexiones profundas y digamos como él: “¿Por qué voy a inquietarme? ¿Por qué me voy a angustiar? En Dios pondré mi esperanza, y todavía lo alabaré. ¡Él es mi Salvador y mi Dios!”

Amada, sea cual sean las circunstancias por las que estés atravesando, anhela también postrarte en su altar, corre a su santa presencia, pídele que llene tu corazón de gozo y alegría, para que puedas tener una actitud diferente frente a las pruebas. Recuerda que Él defiende tu causa, que es tu Fortaleza y que jamás alejará de ti su luz y su verdad aunque te sientas en tinieblas.

Oración: Señor, enséñame a alabarte con gozo en tiempos de oscuridad confiando en tu verdad y tu fidelidad. Amén.

De Vergara, P. A., de Vera, A. D., & Harris, K. O. (2012). Isha-Salmos: Una dosis diaria de fe para ti. (P. A. de Vergara, Ed.) (Primera Edición, p. 83). Lima, Perú: Ediciones Verbo Vivo.

Como ciervas sedientas

Isha – Salmos

DÍA 66 – Salmo 42

Dosis: Comunión

Como ciervas sedientas

“Cual ciervo jadeante en busca del agua, así te busca, oh Dios, todo mi ser. Tengo sed de Dios, del Dios de la vida. ¿Cuándo podré presentarme ante Dios? Mis lágrimas son mi pan de día y de noche, mientras me echan en cara a todas horas: «¿Dónde está tu Dios?»” (Salmo 42:1–3) (NVI)

¡Qué hermosa metáfora! El salmista compara en este Salmo su necesidad de comunión con Dios con una sed insaciable. Y lo expresa como un deseo vehemente de la presencia de Dios en su vida. Se cree que se encontraba en la zona montañosa al sur del Monte Hermón, donde en los últimos meses de verano había sequías, quizá vio a un venado jadear muerto de sed buscando alguna corriente de agua. Entonces descubrió que él moría de sed también por su Dios. Se dice que el ciervo tiene más sed cuando huye presuroso de sus cazadores y la cierva tiene aún más sed que el ciervo cuando cría. Ambos braman por el agua. En aquel tiempo, la sed se saciaba con el agua de los pozos y los manantiales, pero hay un tipo de sed espiritual que sólo puede ser saciada en un íntimo diálogo con su Dios. O mejor dicho por Dios mismo ¿Sientes esa sed? ¿Cómo la sacias?

Si leemos todo el Salmo vamos a encontrar un reflejo del corazón del salmista lleno de temores y a la vez de esperanzas, alegrías y tristezas en conflicto, y hasta un profundo dolor; pero que finalmente se resuelven poniendo su confianza en Dios: “¿Por qué te abates, oh alma mía, y te turbas dentro de mí? Espera en Dios; porque aún he de alabarle, Salvación mía y Dios mío.” Ese reflejo puede ser también el espejo de nuestro propio corazón que necesita fortalecer cada día la fe y la esperanza.

¿Estás sufriendo? ¿Se ha nublado tu presente? El salmista sufre y evoca mejores tiempos con Dios: “Recuerdo esto y me deshago en llanto: yo solía ir con la multitud, y la conducía a la casa de Dios.

Entre voces de alegría y acciones de gracias hacíamos gran celebración. ¿Por qué voy a inquietarme?

¿Por qué me voy a angustiar? En Dios pondré mi esperanza y todavía lo alabaré. ¡Él es mi Salvador y mi Dios! Me siento sumamente angustiado; por eso, mi Dios, pienso en ti desde la tierra del Jordán, desde las alturas del Hermón, desde el monte Mizar.

¡Tremenda enseñanza! Cuando nos debatimos entre el temor y la esperanza, el pesar y el gozo, cuando nuestros sentimientos entran en conflicto, debemos aprender a mirar nuestras circunstancias “desde las alturas de la fe”, solidificándola recordando todas las bendiciones recibidas. Para lograrlo, necesitamos cultivar una vida devocional que nos ayude a fortalecer nuestra fe y mantener su frescura. Necesitamos oír la voz de Dios cada día guiándonos, y correr a Él como ciervas sedientas.

Oración: Señor enséñame a saciar mi sed espiritual en tu santa presencia. Amén.

De Vergara, P. A., de Vera, A. D., & Harris, K. O. (2012). Isha-Salmos: Una dosis diaria de fe para ti. (P. A. de Vergara, Ed.) (Primera Edición, p. 81). Lima, Perú: Ediciones Verbo Vivo.