La falsa enseñanza y la paz y pureza de la Iglesia | 1ra Parte

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La falsa enseñanza y la paz y pureza de la Iglesia | 1ra Parte

Eric Landry

Nota del editor: Esta es la primera parte del articulo «La falsa enseñanza y la paz y pureza de la Iglesia», que es el tercer capítulo en la serie «Falsos maestros«, publicada por la Tabletalk Magazine. 

Luego de más de dos décadas de ministerio, el pastor Bob se había enfrentado a una gran cantidad de desafíos en la iglesia. Presenció con sus propios ojos los efectos divisivos de aquellas batallas en cuanto a la manera correcta de adorar. Había visto cómo novedosas técnicas ministeriales surgían y desaparecían. Incluso le había tocado reconstruir luego de la devastación dejada por pastores caídos. Pero nada de esto en realidad lo preparó para enfrentarse con el efecto corrosivo de la falsa enseñanza que se dispersó en la iglesia con la llegada de una nueva familia.

Los Smith eran el tipo de familia que todo pastor sueña tener. Eran amigables, tenían un matrimonio estable con hijos piadosos y estaban listos para involucrarse en la iglesia. Unos pocos meses después de su llegada, el padre se ofreció como voluntario para enseñar en la escuela bíblica de niños, la madre se ofreció como voluntaria en la guardería y varios de sus hijos jóvenes se integraron al grupo de adoración. Solo había un problema: los Smith tenían una visión muy desviada en cuanto a la enseñanza bíblica sobre el divorcio y el nuevo casamiento. Ellos creían que volver a casarse después de un divorcio estaba prohibido. Pensaban que un nuevo casamiento en realidad era «adulterio», independientemente de las circunstancias que llevaron al divorcio, y no mantenían su punto de vista en secreto.

Pronto, el pastor Bob comenzó a ver la preocupación de algunos miembros por la forma en la que el Sr. Smith defendía su posición en la iglesia. Después de la adoración o entre los servicios, el Sr. Smith se acercaba a una pareja y, con el pretexto de querer conocerlos, preguntaba sobre su matrimonio. Si habían estado casados antes, el Sr. Smith les instaba a divorciarse, recordándoles que Dios amenazó con juzgar a los adúlteros y que éstos no tendrían lugar en el reino de Dios. Este tipo de interrogatorios fue suficiente para crear una verdadera crisis de fe en la vida de algunas personas, y el pastor Bob sabía que debía confrontar al Sr. Smith.

No debería sorprendernos el peligro que representa la falsa enseñanza. Ponemos cerraduras en nuestras puertas porque sabemos que hay personas que robarán nuestras pertenencias si se les presenta la oportunidad.

Cuando se reunieron, el Sr. Smith acusó al pastor Bob de ser como los pastores de las otras iglesias a las que ellos habían asistido antes (y de las cuales habían sido expulsados): «Usted no defiende la verdad», dijo. Aunque el pastor Bob no expulsó a los Smith, sí les dijo que su punto de vista estaba perturbando la paz de la congregación, que no estaba alineado con las doctrinas de la iglesia y que no podían promover su posición dentro de la misma. Después de algunas semanas de tensión, los Smith retiraron su servicio voluntario en la iglesia y comenzaron un grupo en su casa con algunos amigos de la congregación que compartían sus creencias.

Tristemente, ejemplos como este pueden repetirse vez tras vez. Además de trabajar en la Palabra, esforzándose por equipar al pueblo de Dios con las herramientas necesarias para vivir como peregrinos en una cultura hostil, muchos pastores a menudo se encuentran a la defensiva en contra de la falsa enseñanza dentro de la iglesia. Incluso cuando la enseñanza en cuestión no ataca el corazón del evangelio, la paz y pureza de la iglesia pueden ser sacudidas. En lugar de mantener la unidad en el vínculo de la paz, como Jesús ora en Juan 17:22-23 y como Pablo describe en Efesios 4:1-3, una iglesia que es atormentada por falsas enseñanzas se divide y angustia.

No debería sorprendernos el peligro que representa la falsa enseñanza. Ponemos cerraduras en nuestras puertas porque sabemos que hay personas que robarán nuestras pertenencias si se les presenta la oportunidad. De la misma manera, debemos anticipar que en la iglesia surgirán lobos que no perdonarán al rebaño (Hechos 20:29). Saber que los problemas vendrán debería estimular a los líderes a ser guardianes aún más vigilantes, listos para proteger la paz y pureza de la iglesia. Sin embargo, cuidado con ponerlas a competir entre sí. Podemos estar tan ansiosos por mantener la paz que terminamos en negligencia doctrinal. Por otro lado, podemos estar tan ansiosos por mantener la pureza que dejamos que nuestra vigilancia se convierta en sospecha y miedo.

Entonces, ¿qué podemos hacer para ayudar a mantener la paz y pureza de la iglesia? Esta será la pregunta que estaremos respondiendo en la segunda parte de este artículo.

Este articulo fue publicado originalmente en la Tabletalk Magazine.

Eric Landry

Eric Landry

El reverendo Eric Landry es pastor de la Redeemer Presbyterian Church (Austin, Texas) y editor ejecutivo del Modern Reformation.

 

La falsa enseñanza adentro y afuera | 4ta parte

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La falsa enseñanza adentro y afuera | 4ta parte

Sean Michael Lucas

Nota del editor: Esta es la cuarta y última parte del articulo «La falsa enseñanza adentro y afuera«, que es el segundo capítulo en la serie «Falsos maestros«, publicada por la Tabletalk Magazine.

Pastoreando con la Palabra

Al final, la única esperanza de preservarnos a nosotros mismos y a nuestra gente es enseñando y predicando todo el consejo de Dios. De hecho, el mejor medio que tenemos a mano para pastorear o guiar al pueblo de Dios es el ministerio de la Palabra desde el púlpito en nuestra reunión semanal de adoración corporativa. Eso significa que tenemos que ser intencionales en la forma en que predicamos y enseñamos la Palabra de Dios “a fin de poder presentar a todo hombre perfecto en Cristo” (Col. 1:28).

Una forma de ser intencional al guiar al pueblo de Dios con la Palabra es abrazar la predicación expositiva consecutiva a través de libros bíblicos. Si bien puede haber temporadas en las que una serie temática sea de gran beneficio, la mayor necesidad que tiene el pueblo de Dios es comprender la Palabra de Dios y aplicarla a sus vidas. Y la mejor manera de ayudar a las personas a entender la Palabra de Dios es predicándola expositivamente para que puedan irse a sus casas no solo entendiendo el mensaje general de un libro bíblico, sino también de textos específicos dentro de este.

A medida que los pastores predican y enseñan a través de los libros de la Biblia, surgen oportunidades para abordar diversas formas de falsa enseñanza. Predicar a través de Gálatas naturalmente le permite a los expositores abordar el moralismo y el legalismo como formas de falsa enseñanza. Predicar el evangelio de Juan o sus cartas requerirá que el predicador aborde el antinomianismo. La predicación a través del evangelio de Mateo le permite al pastor lidiar con una variedad de problemas, que incluyen el divorcio fácil, la inmoralidad sexual y la idolatría política. La predicación a través de Génesis pondrá la mayor suposición cultural de autonomía bajo el microscopio. Y la predicación a través del Cantar de los Cantares brinda una manera natural de enseñar sobre la excelencia y la belleza del deseo sexual y el amor dentro de un matrimonio bíblico.

Mientras más podamos estar entre nuestra gente, escuchándola, y mientras más podamos escuchar y analizar nuestra cultura, más posibilidades tendremos de enseñar y aplicar la Palabra de Dios de una manera que nuestra gente pueda entender y aplicar en su vida.

Estos ejemplos sugieren otra forma de ser proposital en el pastoreo con la Palabra: los ancianos, maestros y pastores deben exponer al pueblo a varias secciones de la Biblia: yendo y viniendo entre el Antiguo y el Nuevo Testamento, navegando a través de la historia en el Antiguo Testamento y del evangelio en el Nuevo Testamento, explicando literatura de sabiduría o apocalíptica. Todo esto es necesario para enseñarle al pueblo todo el consejo de Dios, pero también para proporcionarle ejemplos de cómo estudiar y aplicar la Biblia por sí mismo. Además de que estudiar distintas secciones de la Palabra de Dios brinda oportunidades naturales para abordar la falsa enseñanza en sus diversas formas y ropajes y reemplazarla con la verdad.

Otro aspecto del pastoreo con la Palabra de Dios es la disposición del pastor para «redargüir, reprender y exhortar con mucha paciencia e instrucción» (2 Tim 4:2). La mayoría de los predicadores preferimos un modo particular en nuestra predicación y enseñanza; sin embargo, nuestra gente a veces necesita reproche y reprensión, otras veces exhortación y motivación. Si siempre estamos motivando pero nunca reprendiendo, nuestra gente quizá pudiera estar expuesta a distintas porciones de las Escrituras, pero no siempre la recibirá como la necesita en ese momento. Si siempre estamos reprobando pero nunca exhortando, es posible que la gente no reciba las fuerzas o el estímulo necesarios para seguir avanzando en la vida.

Eso significa, entonces, que tenemos que conocer a nuestra gente. Una de las partes más difíciles del ministerio pastoral es nuestro aislamiento: en un ministerio de predicación semanal, tendemos a mantener un ritmo de vida definido, preparando sermones y lecciones. Con el tiempo, asumimos que todos ven el mundo como nosotros; pero de hecho, debido a que nuestros días están llenos de reflexiones bíblicas y cosas de nuestro ministerio, podemos llegar a perder el contacto con la realidad de nuestra gente y su manera de razonar o ver las cosas.

Entonces, mientras más podamos estar entre nuestra gente, escuchándola, y mientras más podamos escuchar y analizar nuestra cultura, más posibilidades tendremos de enseñar y aplicar la Palabra de Dios de una manera que nuestra gente pueda entender y aplicar en su vida. Esa es una de las razones, pienso yo, por la cual el modelo bíblico para el ministerio pastoral es el pastoreo o apacentamiento, y es una de las razones por las que las Escrituras nos llaman a «pastoread el rebaño de Dios entre vosotros» (1 Pe 5: 2). Existe la presunción de que vamos a conocer a nuestra gente, no solo por nombre, sino también en términos de lo que están pensando, lo que le da forma a su cosmovisión y cómo enfrentan la vida.

Creo que esta es la razón por la cual el apóstol Pablo le dice a Timoteo: «ocúpate en la lectura, la exhortación y la enseñanza» (1 Tim 4:13). La Palabra de Dios es el mejor medio para cultivar cristianos sólidos. Nuestro llamado como pastores y maestros es a equipar nuestra gente para que puedan discernir el camino correcto, el camino ordenado por Dios y caminar en él. Sabemos que los herejes siempre apelan a la Biblia, por eso debemos equipar a nuestra gente no solo para que sepan por qué algunas formas de enseñanza «cristiana» son falsas, pero aún más, para que sepan cuál es la forma correcta de enseñanza.

Al hacer esto, cumpliremos con este ministerio que Dios nos ha encomendado, un ministerio que tiene como objetivo el que cada persona confiada a nuestro cargo llegue al cielo de manera segura. Para ese fin, trabajamos y luchamos con toda la fuerza de Dios otorgada por el Espíritu Santo.

Este articulo fue publicado originalmente en la Tabletalk Magazine. Lo hemos dividimos en 4 partes para facilitar la lectura:
Este articulo fue publicado originalmente en la Tabletalk Magazine. Lo hemos dividimos en 4 partes para facilitar la lectura:
1ra parte: Introducción
2da parte: El peligro de adentro
3ra parte: El peligro de afuera
4ta parte: Pastoreando con la Palabra

 

 

Sean Michael Lucas

Sean Michael Lucas

El Dr. Sean Michael Lucas es pastor principal de Independent Presbyterian Church en Memphis, Tennessee, y profesor principal de Historia de la Iglesia en el Reformed Theological Seminary.

R.C. Sproul es el fundador de Ligonier Ministries, el maestro principal de la programación de radio Renewing Your Mind, y el editor general de la Biblia de estudio Reformation

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La falsa enseñanza adentro y afuera | 3ra parte

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La falsa enseñanza adentro y afuera | 3ra parte

Sean Michael Lucas

Nota del editor: Esta es la tercera parte del articulo «La falsa enseñanza adentro y afuera«, que es el segundo capítulo en la serie «Falsos maestros«, publicada por la Tabletalk Magazine.

El peligro de afuera

Existen fuerzas culturales que ejercen presión sobre el mensaje y la misión de la iglesia, provocando que se desvíe del camino. Cuando la iglesia comienza a acomodar su mensaje a las normas culturales imperantes, inevitablemente su mensaje se convierte en una falsa enseñanza que aleja a los fieles del evangelio de Jesús.

Para muchas iglesias evangélicas aquí en los Estados Unidos, una forma de falsa enseñanza sería esa especie de evangelio engañoso de “Dios y patria». Tal vez hayas visto esas placas de carros y camisetas que unen la bandera cristiana y la bandera estadounidense, como si estas dos banderas se reforzaran mutuamente y nunca compitieran entre sí. O quizás te has encontrado con iglesias que ven a los Estados Unidos como una «nación redentora», que tiene un papel importante en la profecía o la historia de la redención.

Las presiones de nuestra cultura política conservadora de bautizar a los Estados Unidos como una «nación cristiana», sin ninguna calificación o requisito, en realidad representan una forma de falsa enseñanza. El reino de Dios no se identifica con ningún orden político o estado-nación, sino que es juez sobre todos ellos. Después de todo, el gobierno y el reinado de Dios son la roca que aplasta a las naciones y llena el mundo (Dan 2:44-45). Los reinos de este mundo se convertirán en los reinos de nuestro Dios y de Su Cristo (Ap 11:15). No hacer distinción entre el reino de Dios y nuestro país es una forma de falsa enseñanza.

Otro género de falsa enseñanza que está «allá afuera» es una forma de enseñanza tipo “familiares y amigos”: uno que le da preferencia a una raza o color de piel sobre otras razas o etnias. Algunos evangélicos reformados han argumentado que la ley de Dios requiere la separación de las razas y una lealtad primaria a la herencia étnica propia. Si bien tal enseñanza se basa en motivos bíblicos muy inestables, esto no le impide a muchos que con el motivo de tener familias sólidas aceptan una forma de falsa enseñanza que se opone al mensaje general de la Biblia: que la cruz de Jesús derrumba el muro divisorio entre las razas para hacer una nueva humanidad en Él (Efe 2:14-16).

Estas dos primeras formas de falsa enseñanza en nuestra cultura tienen una orientación más «derechista». Pero, por supuesto, hay tensiones peligrosas desde el otro lado que buscan cambiar la enseñanza de la iglesia. A medida que nuestra cultura promueve la legitimidad de los matrimonios homosexuales, el cambio de sexo y otros estilos de vida y creencias alternativos, aumenta la presión sobre las iglesias evangélicas para que acomoden el mensaje bíblico. Algunos evangélicos profesantes argumentan que Jesús nunca habló de la homosexualidad, por lo que es un tema abierto para los cristianos; otros aceptan la afirmación o creencia errónea de que el apóstol Pablo no tenía en mente matrimonios homosexuales «monógamos» cuando escribió Romanos 1. Algunas iglesias, por otro lado, no abrazan tales puntos de vista, pero nunca hablan de ellos tampoco. Sin embargo, al permanecer en silencio sobre temas relacionados con la homosexualidad o el cambio de sexo, estas iglesias dejan la puerta abierta para que sus feligreses tracen su propio camino, fuera de la sabiduría bíblica disponible sobre estos temas.

Hay mucho que los pastores y maestros evangélicos pueden y deben decir acerca de la belleza y excelencia del amor sexual dentro de los límites del matrimonio bíblico.

Ese es especialmente el caso con respecto a otras premisas culturales relacionadas con la sexualidad. Fue impactante para mí cuando un maestro de Biblia en una escuela cristiana me dijo en una ocasión que tal vez el 60 por ciento de sus estudiantes de secundaria creía que la convivencia antes del matrimonio es una forma aceptable de resolver la «compatibilidad». Por supuesto, sus iglesias no les enseñaban eso explícitamente, pero no les estaban enseñando nada sobre sexualidad más allá de un simple (y básicamente negativo) mensaje de abstinencia. Hay mucho más que los pastores y maestros evangélicos pueden y deben decir acerca de la belleza y excelencia del amor sexual dentro de los límites del matrimonio bíblico, pero a menudo nuestros jóvenes son dejados a la deriva, navegando las aguas de esta sociedad con las premisas básicas de la cultura.

Al final, sin embargo, el peligro más importante que nos presenta nuestra cultura es su constante ritmo de autonomía. Como occidentales, suponemos que somos individuos autosuficientes y autodeterminantes, y que podemos crear nuestras propias identidades y nuestro propio futuro. Como resultado, asumimos que nadie realmente tiene el derecho de decirnos cómo usar nuestros cuerpos o incluso pedirnos cuentas. Y así, en áreas de la sexualidad, definimos nuestras propias prácticas sexuales o de género; en áreas de concepción, racionalizamos el aborto; en las áreas de matrimonio, justificamos el divorcio fácil, el adulterio, el matrimonio abierto o el poliamor.

Pero esta autonomía también se desarrolla de otras maneras. Debido a que nosotros mismos determinamos lo que somos y nuestro destino, no hay un Dios que pueda o que en verdad pudiera enviar personas al infierno. De hecho, de todos modos no existe una verdadera religión; todas las religiones son simplemente medios privados por los cuales podemos funcionar en este mundo. Hacer proselitismo (predicar el evangelio y el peligro del infierno) no solo es de mala educación, sino que es una mala política ya que contradice la autonomía fundamental que cada uno de nosotros tiene para elegir nuestros propios caminos. Desde el jardín del Edén, seguimos la promesa del enemigo: «Serás como Dios», y hacemos la pregunta del enemigo: «¿En verdad ha dicho Dios eso?»

Si bien las formas de autonomía de nuestra cultura pueden no encontrar su camino directamente en una iglesia evangélica local, eso no significa que estemos libres de las tentaciones de la autonomía. Cuando las personas se rehúsan a unirse a una iglesia local que cree en la Biblia porque quieren permanecer independientes, esa es una forma de autonomía peligrosa, una que está alineada con las premisas fundamentales de nuestra cultura. Cuando otros huyen de sus iglesias en lugar de someterse al gobierno y la disciplina de la iglesia, eso también es obra de la autonomía. Cuando pastores o ancianos mantienen una reunión secuestrada con «su visión» para la iglesia en lugar de someterse a los demás hermanos, ese es un ejemplo de la peligrosa autonomía de nuestra cultura en acción.

Cuando fallamos en reconocer y señalar estos peligros culturales, o cuando nos acomodamos o conformamos, nuestra cultura—cualquiera que sea su forma—termina corrompiendo el mensaje de la iglesia y llevándonos a la falsa enseñanza. Como pastores y ancianos, tenemos que ser conscientes de la manera en que nuestra enseñanza y predicación pueden llegar a ser culturalmente prisioneras de derecha o de izquierda, porque almas preciosas están en juego.

Nota del editor: En la cuarta y última parte de este articulo, “La falsa enseñanza adentro y afuera”, veremos como la única esperanza de preservarnos a nosotros mismos y a nuestros feligreses es a través de la enseñanza y predicación fiel de todo el consejo de Dios.
Este articulo fue publicado originalmente en la Tabletalk Magazine. Lo hemos dividimos en 4 partes para facilitar la lectura:
1ra parte: Introducción
2da parte: El peligro de adentro
3ra parte: El peligro de afuera
4ta parte: Pastoreando con la Palabra
Sean Michael Lucas

Sean Michael Lucas

El Dr. Sean Michael Lucas es pastor principal de Independent Presbyterian Church en Memphis, Tennessee, y profesor principal de Historia de la Iglesia en el Reformed Theological Seminary.

R.C. Sproul es el fundador de Ligonier Ministries, el maestro principal de la programación de radio Renewing Your Mind, y el editor general de la Biblia de estudio Reformation

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La falsa enseñanza adentro y afuera | 2da parte

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La falsa enseñanza adentro y afuera | 2da parte

Sean Michael Lucas

Nota del editor: Esta es la segunda parte del articulo «La falsa enseñanza adentro y afuera«, que es el segundo capítulo en la serie «Falsos maestros«, publicada por la Tabletalk Magazine. 

El peligro de adentro

Ciertamente, dentro de la iglesia evangélica hay una variedad de errores que requieren corrección y reprensión ministerial. La mayoría de estos tienen algo que ver con el trabajo del evangelio en la vida del creyente; la falsa enseñanza en esta área inevitablemente plantea preguntas sobre la esencia misma del evangelio.

Quizás la falsa enseñanza que más comúnmente se disfraza del evangelio es el moralismo. Típicamente en las iglesias evangélicas el evangelio básico es predicado y enseñado: los pecadores que confían solo en Jesús tienen sus pecados perdonados y se les promete el cielo. Sin embargo, a partir de ahí, muchas de estas mismas iglesias enseñan a sus feligreses que una vez son salvos les corresponde a ellos «caminar bien y mejorarse». La vida cristiana es de esfuerzo, y Dios bendice a quienes se ayudan a sí mismos, trabajan duro, no se meten en problemas, dicen la verdad y «viven una vida buena «. Inconscientemente, tal vez, las personas comienzan a creer que este es el evangelio, una transacción casi económica en la que le damos a Dios nuestra obediencia y Él nos da bendición: suficiente comida y refugio, buenos matrimonios y niños bien educados, buen trabajo y vacaciones ocasionales.

Claro está que este no es el evangelio en lo absoluto, es moralismo. Y sin embargo, como el sociólogo Christian Smith nos mostró hace varios años en su libro Soul Searching: The Religious and Spiritual Lives of American Teenagers (Un examen de conciencia: La vida religiosa y espiritual de los adolescentes estadounidenses), esta es la fe básica de la mayoría de los adolescentes evangélicos y, por extensión, la de sus padres y sus iglesias. Dios está relativamente distante de nuestras vidas, excepto en tiempos de tristeza o dolor cuando se acerca para sanarnos; lo que Él realmente quiere de nosotros es que seamos buenos y amables con los demás, y Él les da la bendición del cielo a las personas buenas cuando mueren.

En el peor de los casos, este tipo de moralismo puede deslizarse hacia una versión ligera del evangelio de la prosperidad. Aquí las bendiciones no son meramente alimentos suficientes o refugio, matrimonios y niños relativamente buenos; más bien, nuestra obediencia es el camino hacia un fantástico éxito material . Aquellos que viven bien son los que conducen los Cadillac Escalades con un «Bendecido» escrito en letras brillantes en la ventana trasera; supuestamente, la bendición de conducir el Cadillac fue el resultado de que Dios honró nuestra obediencia. Los que agradan a Dios son esos que pueden pagar la educación privada de sus hijos o los campamentos de verano más caros. Aquellos que son cristianos obedientes son los que viven en las grandes comunidades privadas. Este tipo de compensación o “quid pro quo” es el corazón mismo del moralismo, que es el meollo del pensamiento en el evangelio de la prosperidad.

Necesitamos prestar atención a nosotros mismos y a nuestra enseñanza, incluso mientras tratamos de proteger al pueblo de Dios de los errores que puedan ocurrir adentro.

Otro tipo de falsa enseñanza es el legalismo. El legalismo y el moralismo están relacionados entre sí, pero mientras el moralismo afirma su intercambio con Dios en términos generales —moralidad por bendición— el legalismo tiene un entendimiento muy específico, aunque no bíblico, del tipo de obediencia que Dios demanda y bendice. En Gálatas, el legalismo tomó el aspecto de prácticas judías particulares requeridas para ser parte del pueblo de Dios: circuncisión, leyes dietéticas y días festivos. En nuestros días, el legalismo puede lucir como maneras muy específicas y extra escriturales de honrar el Día del Señor; puede lucir como prácticas o reglas especiales para el noviazgo; o puede lucir como una manera de rechazar o relacionarse con la cultura popular que hace de una preferencia personal o familiar un mandato bíblico. En el fondo, sin embargo, el legalismo es un tipo de moralismo que hace ver como el evangelio enseñara que ultimadamente nos ganamos el favor de Dios por lo que hacemos.

Lo que hace que el moralismo y el legalismo sean tan difíciles de manejar para nosotros es que el evangelio sí prescribe prácticas espirituales particulares. El evangelio dice que si en verdad estamos en Jesús daremos fruto visibles. Jesús dijo: «Si me amáis, guardaréis mis mandamientos» (Jn 14:15), y: «Si guardáis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor, así como yo he guardado los mandamientos de mi Padre y permanezco en su amor «(Jn 15:10).

La diferencia, sin embargo, entre la obediencia al evangelio y un tipo de pensamiento moralista o legalista es la siguiente: obedecemos en respuesta al amor de Dios que se nos muestra en Jesucristo. No obedecemos para obtener ganancias de Dios, ya sean Sus bendiciones o Su amor. De hecho, ninguno de nosotros puede obedecer a Dios en el estándar requerido para Su bendición; nuestras obras son aceptables para Él solo porque Él las recibe en y por medio de Jesús. Y nuestra obediencia no ocurre independientemente de la influencia y el poder del Espíritu Santo, quien trabaja en nosotros para querer y hacer Su voluntad.

Hay otro tipo de falsa enseñanza que es lo opuesto al moralismo y el legalismo. Algunos pueden ver todo esto y decir: «Todo este énfasis sobre la obediencia realmente distorsiona el evangelio. Dios no exige nada de nosotros, sino el confiar en Su Hijo. Mientras creamos en Jesús, Él nos recibe tal como somos con Su «amor unilateral». Como resultado, estos cristianos restan importancia a la obediencia hasta tal punto que se vuelven antinomianos.

Estrictamente hablando, los antinomianos están «en contra de la ley», negándole cualquier lugar legítimo a la ley de Dios como guía para la vida cristiana. La mayoría de los evangélicos no son tan tontos como para negar específicamente el lugar que ocupa la obediencia a la ley de Dios; no pueden negar las enseñanzas explícitas de Jesús, Pablo, Santiago y Juan sobre la obediencia cristiana. El antinomianismo contemporáneo tiende a ser un poco más sutil: denigrando el papel de los imperativos en la predicación, restando énfasis a la necesidad de cualquier esfuerzo en la vida cristiana, ofreciendo condiciones fáciles para la restauración en casos de pecados graves y restándole importancia a la disciplina en la iglesia.

De nuevo, lo que hace que el antinomianismo sea difícil es que está muy cerca de la verdad. Nuestra justificación se basa no en algo que hacemos, sino en la obra de Cristo que recibimos solo por la fe. Como ya lo dijimos, nuestro esfuerzo viene como resultado de la influencia y el empoderamiento del Espíritu. Y el perdón es gratuito para el arrepentido, ya que venimos una y otra vez al Padre arrepentidos de nuestro pecado y nuestra transgresión. La diferencia entre el antinomianismo y el evangelio, sin embargo, es una de énfasis. Somos justificados libremente en Cristo, pero eso nos lleva a actuar: debemos trabajar y luchar contra nuestro pecado. El arrepentimiento requiere que nos alejemos del pecado y nos sometamos a la disciplina de la iglesia.

Estos peligros están todos dentro de la iglesia evangélica. Tal vez los reconozcas y los hayas escuchado, o tal vez incluso los hayas creído. Y sin embargo, el moralismo, el legalismo y el antinomianismo son todas formas de falsa enseñanza. Necesitamos prestar atención a nosotros mismos y a nuestra enseñanza, incluso mientras tratamos de proteger al pueblo de Dios de los errores que puedan ocurrir adentro.

Nota del editor: En la tercera parte de este articulo, “La falsa enseñanza adentro y afuera”,  veremos como la cultura que nos rodea puede hacernos distorsionar el mensaje del evangelio.
Este articulo fue publicado originalmente en la Tabletalk Magazine. Lo hemos dividimos en 4 partes para facilitar la lectura:
1ra parte: Introducción
2da parte: El peligro de adentro
3ra parte: El peligro de afuera
4ta parte: Pastoreando con la Palabra
Sean Michael Lucas

Sean Michael Lucas

El Dr. Sean Michael Lucas es pastor principal de Independent Presbyterian Church en Memphis, Tennessee, y profesor principal de Historia de la Iglesia en el Reformed Theological Seminary.

R.C. Sproul es el fundador de Ligonier Ministries, el maestro principal de la programación de radio Renewing Your Mind, y el editor general de la Biblia de estudio Reformation

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La falsa enseñanza adentro y afuera | 1ra parte

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La falsa enseñanza adentro y afuera | 1ra parte

Sean Michael Lucas

Nota del editor: Esta es la primera parte del articulo «La falsa enseñanza adentro y afuera», que es el segundo capítulo en la serie «Falsos maestros«, publicada por la Tabletalk Magazine.

 Una de mis materias favoritas cuando enseño historia de la iglesia a seminaristas trata sobre los primeros cuatro concilios ecuménicos. Mientras navegamos la historia a través de los Arianos y Nicea, los Capadocios y Constantinopla, una de las cosas que trato de mostrarle a los estudiantes es que cada hereje apela a la Biblia. De hecho, gran parte de la controversia cristológica en estos siglos se centró en cómo entender Proverbios 8.

El reconocer que las herejías a menudo comienzan desde una plataforma y base bíblicas debe humillarnos y advertirnos. Debería humillarnos, incluso castigarnos, el reconocer que podríamos propagar involuntariamente el error, incluso cuando enseñamos la Palabra inerrante de Dios. Aunque trabajamos en nuestros sermones y lecciones, luchando con el texto, tratando de hacerlo bien, siempre existe la posibilidad de que podamos enseñar el error de maneras que desvíen o confundan a los pequeñitos de Dios.

Pero esto también debería advertirnos que lo que pareciera ser una enseñanza bíblica obvia o útil podría en realidad ser una falsa enseñanza o incluso una herejía que pudiera destruirnos a nosotros y a nuestros oyentes. Especialmente hoy, cuando se empacan y se consumen tantas enseñanzas religiosas según la popularidad del maestro o el tamaño de su plataforma, no podemos simplemente decir que algo es «bíblico» y dejarlo así. Tenemos que poner la enseñanza a prueba, porque los pequeñitos de Dios son preciosos para Él y deben ser protegidos (Mat 18:6, 1 Jn 4:1).

Nuestra tarea es proteger al rebaño incluso mientras nos examinamos para asegurarnos de que nuestra enseñanza y nuestra doctrina sean puras.

Entonces, ¿cómo deberíamos responder ante el error? A lo largo del Nuevo Testamento, los apóstoles trataron de luchar contra la falsa enseñanza y la herejía. De hecho, en casi todas las epístolas alguna falsa enseñanza o herejía es puesta al descubierto y tratada. Por ejemplo, 1 Corintios trata con maestros que negaban la resurrección corporal de Jesús. Gálatas argumenta en contra de aquellos que decían que la justificación se recibía por fe en Jesús más el convertirse en judío, no por fe en Jesús solamente. En Colosenses, Pablo advierte contra una extraña enseñanza místico-judía que parecía combinar las leyes dietéticas judías con la filosofía griega esotérica. Primera de Juan se enfrenta a muchos que negaron que Jesús, el Hijo de Dios, vino en un cuerpo humano. Una y otra vez, los líderes de la iglesia lucharon contra la falsa enseñanza en sus iglesias.

Pero ese espíritu de lucha que mostró la iglesia primitiva parece estar muy lejos de la más refinada y posmoderna sensibilidad de nuestra cultura contemporánea. Inevitablemente, cualquier postura valiente en favor de la verdad bíblica es refutada con la simple acusación de que solo somos los «hijos guerreros» de algún maestro. O a veces aquellos que se esfuerzan por defender la sana doctrina son relativizados con la afirmación de que «en realidad no podemos conocer» la verdad después de todo. O algunos te dicen que tal o cual tiene el Espíritu sobre él, lo que significa que sus errores bíblicos no son realmente tan significativos. En fin, parece que nuestra generación está más preocupada por el tono que por la verdad.

Esto no quiere decir que al defender la fe podemos o debemos abandonar la amabilidad. Una señal de nuestra conversión es que tratamos a todos, incluso a los que están en error, con gentileza y cortesía (2 Tim 2:24, Tito 3: 2). Sin duda, podemos estar en desacuerdo sin ser desagradables. Y sin embargo, hay verdades en juego, e incluso más que verdades, hay personas preciosas a quienes Dios nos ha confiado para el cuidado pastoral y la supervisión. Nuestra tarea es proteger al rebaño incluso mientras nos examinamos para asegurarnos de que nuestra enseñanza y nuestra doctrina sean puras (1 Tim 4:16).

Nota del editor: En la segunda parte de este articulo, “La falsa enseñanza adentro y afuera”,  veremos las tres falsas enseñanzas que podemos encontrar dentro de la iglesia y cómo detectarlas y tratar con ellas: el moralismo, el legalismo y el antinomianismo.
Este articulo fue publicado originalmente en la Tabletalk Magazine. Lo hemos dividimos en 4 partes para facilitar la lectura:
1ra parte: Introducción
2da parte: El peligro de adentro
3ra parte: El peligro de afuera
4ta parte: Pastoreando con la Palabra

Sean Michael Lucas

Sean Michael Lucas

El Dr. Sean Michael Lucas es pastor principal de Independent Presbyterian Church en Memphis, Tennessee, y profesor principal de Historia de la Iglesia en el Reformed Theological Seminary.

R.C. Sproul es el fundador de Ligonier Ministries, el maestro principal de la programación de radio Renewing Your Mind, y el editor general de la Biblia de estudio Reformation

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El origen y la presencia de la falsa enseñanza | 3ra parte

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El origen y la presencia de la falsa enseñanza | 3ra parte

Fred Greco

Nota del editor: Esta es la tercera y última parte del articulo «El origen y la presencia de la falsa enseñanza«, que es la introducción a la serie «Falsos maestros«, publicada por la Tabletalk Magazine.

En esta oportunidad veremos cómo la falsa enseñanza echa raíces y qué podemos hacer para estar listos a combatirla.

Cómo la falsa enseñanza echa raíces

Hemos visto algunas de las maneras en que surge la falsa enseñanza en la iglesia. ¿Cómo es, entonces, que se arraiga y permanece, a pesar de ser contraria a la verdad de la Palabra de Dios y la misión de la iglesia? Si podemos ver cómo la falsa enseñanza se propaga y se hace aceptable, estaremos mejor preparados para enfrentarla. Hay una variedad de factores involucrados aquí, pero, por brevedad, veamos tres: uno educativo, uno institucional y uno relacionado con el liderazgo.

Uno de los contribuyentes más comunes a la difusión de la falsa enseñanza en la iglesia es la falta general de conocimiento y discernimiento bíblico entre la gente. Puede parecer contradictorio decir que los estudiantes deberían ser capaces de corregir a los maestros cuando traen falsedad a la iglesia, pero eso es exactamente lo que la Biblia nos enseña. Cuando Pablo estaba en Berea, su enseñanza no fue simplemente aceptada por su propia autoridad, sino que sus oyentes la examinaron diariamente mediante las Escrituras para ver si era verdadera (Hch 17:11). Por esto, fueron elogiados por Lucas como «más nobles». Todos los creyentes deben leer las Escrituras por sí mismos y comparar lo que se les enseña con las Escrituras. Esto no requiere un escepticismo radical, pero sí significa que los creyentes no deben confiar ciegamente en palabra de hombres. Deben confiar solo en las Escrituras de esa manera. Surge un problema cuando los creyentes no tienen la voluntad o la capacidad de estudiar las Escrituras por sí mismos. Esto conduce a una dependencia de la autoridad humana y permite que la falsa enseñanza se arraigue y se extienda. El objetivo educativo de la iglesia no debe ser simplemente transmitir el conocimiento de la Biblia, sino también transmitir el amor por la Biblia y el deseo de estudiarla.

La falsa enseñanza es un peligro para la iglesia de Jesucristo, y puede surgir de diferentes partes y florecer si no se confronta.

Un segundo contribuyente a la difusión de la falsa enseñanza es institucional: el hecho de no responsabilizar a las personas por su falsa enseñanza. A menudo se ha enseñado que hay tres marcas de una iglesia verdadera: la predicación fiel de la Palabra, la administración correcta de los sacramentos y el ejercicio de la disciplina. La tercera marca existe para asegurarse de que las primeras dos sean sostenidas. Cuando la iglesia se hace de la vista gorda a la falsa enseñanza porque sus proponentes son populares o tienen «ministerios exitosos» (más personas o más dinero), o simplemente para evitar conflictos, la iglesia entonces permite que esta falsa enseñanza se extienda y sea la fuente de mayor división y conflicto. La disciplina de la iglesia existe para defender la gloria de Cristo y Su verdad y para proteger al pueblo de Dios del error y sus consecuencias.

Hay un tercer contribuyente al avance de la falsa enseñanza en la iglesia, y está relacionado con el liderazgo. Incluso cuando el pueblo de Dios está ansioso por estudiar Su Palabra y la iglesia está preparada para ejercer disciplina, la falsa enseñanza puede florecer cuando el liderazgo de la iglesia está mal preparado y mal entrenado. Mientras más sacrifiquemos los estándares de entrenamiento ministerial a pastores y ancianos, menos preparados estarán para reconocer la falsa enseñanza. Los pastores y ancianos que no están entrenados en teología histórica no se darán cuenta cuando falsas enseñanzas de la antigüedad se presenten con ropa moderna. Aquellos que no han sido entrenados bien en la Biblia, sus idiomas y los principios de su correcta interpretación, pueden ser presa fácil de nuevas enseñanzas que parecieran explicar problemas o contradicciones. Para combatir la falsa enseñanza, la iglesia necesita pastores, ancianos y maestros que estén dispuestos y sean capaces de confrontar la falsedad (Tito 2: 81 Pe 2:15).

Qué podemos hacer con la falsa enseñanza

La falsa enseñanza es un peligro para la iglesia de Jesucristo, y puede surgir de diferentes partes y florecer si no se confronta. ¿De qué manera el conocer el origen y la presencia de la falsa enseñanza nos ayuda a combatirla? Dicho brevemente, tal conocimiento nos impide ser complacientes con la falsa enseñanza y el peligro que esta presenta. Saber de dónde proviene la falsa enseñanza nos mantiene alerta. Y quizás lo más importante, si somos conscientes de la realidad de la falsa enseñanza, nos veremos obligados a estudiar nuestras Biblias cada vez más, y a estar preparados para defender la verdad que el Señor nos ha dado y que graba en nuestros corazones por la obra del Espíritu Santo.

Este articulo fue publicado originalmente en la Tabletalk Magazine.

Fred Greco

Fred Greco

El reverendo Fred Greco es pastor principal de Christ Church (PCA) en Katy, Texas.

R.C. Sproul es el fundador de Ligonier Ministries, el maestro principal de la programación de radio Renewing Your Mind, y el editor general de la Biblia de estudio Reformation

http://www.ligonier.es

El origen y la presencia de la falsa enseñanza | 2da parte

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El origen y la presencia de la falsa enseñanza | 2da parte

Fred Greco

Nota del editor: Este articulo, que consta de 3 partes, es la introducción a la serie «Falsos maestros«, publicada por la Tabletalk Magazine.

En esta oportunidad analizaremos las tres vías por las que la falsa enseñanza puede entrar en la iglesia: la búsqueda de alguna enseñanza o doctrina nueva e interesante, una reacción exagerada ante otros errores de enseñanza en la iglesia, y un afán de evitar las críticas, particularmente las críticas del mundo que nos rodea.

La búsqueda de nueva enseñanza

Tal vez la forma más «inocente» en que la falsa enseñanza puede llegar a la iglesia es cuando alguien intenta encontrar una forma nueva e innovadora de entender la Biblia. La Biblia es un libro antiguo que pastores, ancianos y eruditos han estudiado durante milenios. Es difícil pensar en un tema bíblico sobre el cual no se hayan escrito cientos de libros. En los temas más polémicos, como el bautismo o la escatología, prácticamente todas las posiciones teológicas han sido replanteadas. No todos los maestros están satisfechos con relatar las diversas interpretaciones históricas o presentar la verdad bíblica histórica de una manera clara y convincente. Para algunos, es necesario ir a donde nadie haya ido antes, enseñando la Biblia de una manera que no dependa de ningún predecesor.

Un ejemplo de esto fue John Nelson Darby, cuyo deseo de organizar la Biblia y su profecía en un solo sistema definitivo produjo lo que ahora se conoce como dispensacionalismo. Sus enseñanzas llevaron a desviaciones de la comprensión histórica de la iglesia, los sacramentos y, de alguna manera, el pecado original.

Para otros, existe ese afán de resolver definitivamente algún tema bíblico espinoso sobre el cual teólogos han debatido durante siglos. Esto los lleva a un territorio inexplorado, expresando ideas e interpretaciones no probadas de la Biblia. El erudito jesuita Luis de Molina pensó que había descubierto una manera de reconciliar el conflicto antiguo entre teólogos sobre el libre albedrío y la predestinación en su nueva enseñanza del «conocimiento medio». Al final, todo lo que logró fue confundir a la gente acerca de la voluntad de Dios y Su cuidado providencial. Un ejemplo más actual sería aquellos que han presentado la idea del «teísmo abierto» en un esfuerzo por proteger a Dios de ser acusado de responsabilidad por el mal en el mundo. El resultado ha sido presentar a un Dios que es débil, incapaz de proveer a Su pueblo y, finalmente, a merced de las acciones de los hombres. Deberíamos estar conscientes de este punto de entrada a la falsa enseñanza, tanto cuando otros vienen a convencernos de una gran nueva revelación que nunca se ha escuchado antes, así como cuando nosotros somos tentados a hacernos famosos con alguna nueva enseñanza. Es mucho mejor ser considerado como monótono o aburrido mientras nos mantenemos firmes y «contendemos ardientemente por la fe que de una vez para siempre fue entregada a los santos» (Jud 3).

Una reacción exagerada ante el error

Una segunda manera en que la falsa enseñanza puede entrar a la iglesia es cuando algunos maestros intentan proteger exageradamente a la iglesia del error. Al decir «exageradamente», no me refiero al mero esfuerzo realizado para proteger a la iglesia del error, sino más bien a los extremos que algunos llegan en nombre de la protección de la iglesia. Las verdades más grandes y preciosas de la Biblia han sido explicadas y entendidas con gran cuidado a lo largo de los siglos. Doctrinas como la Trinidad, la persona de Cristo y la relación entre la fe y las obras se han desarrollado a partir de una comprensión de la totalidad de las Escrituras, y con el conocimiento de que existen errores iguales y opuestos en los que alguien puede caer. En El progreso del peregrino, Juan Bunyan describió el viaje del cristiano a través del valle de la sombra de la muerte como un caminar entre dos peligros: una profunda zanja a la derecha y un peligroso atolladero a la izquierda. Si uno se mueve bruscamente en una dirección para evitar un peligro, puede caer en el otro peligro opuesto.

Quizás el mejor ejemplo histórico de esto es la forma en que la falsa enseñanza sobre la persona de Cristo entró en la iglesia. Al tratar de entender cómo Cristo puede ser a la vez humano y divino, Nestorio y sus seguidores enseñaron una clara división en Cristo que esencialmente lo hizo dos personas, una humana y otra divina. La iglesia discrepó de esta enseñanza y la condenó en el Primer Concilio de Éfeso. Pero en un intento exagerado de corregir el error nestoriano, Eutiques y sus seguidores enseñaron que la manera de evitar concebir a Cristo en dos personas era entender que la divinidad de Cristo aplastaba Su humanidad, esencialmente negando Su verdadera humanidad. Ellos habían evitado exitosamente una falsa enseñanza solo para caer de cabeza en otra. Otro ejemplo es cuando varios falsos maestros a lo largo de la historia han intentado lidiar con el supuesto problema del triteísmo en la doctrina de la Trinidad (que la doctrina parece enseñar que hay tres Dioses). Desde Sabelio en el siglo III y Miguel Servet durante la Reforma, hasta los teólogos unicitarios de hoy en día, los intentos por «asegurar» que la iglesia enseñe el monoteísmo a menudo han resultado en falsas enseñanzas sobre la Trinidad.

Ser cristiano significa creer que lo que Dios dice en Su Palabra es verdad, aun cuando todos a tu alrededor no estén de acuerdo.

El afán de evitar la crítica

Una tercera manera en que la falsa enseñanza entra en la iglesia es cuando algunos maestros tratan excesivamente de evitar la crítica, especialmente cuando esa crítica proviene de la cultura que nos rodea. Aquí es donde interviene la naturaleza humana, especialmente nuestro orgullo pecaminoso. A las personas no les gusta que se les considere ignorantes, incultos o sin educación. No les gusta que otros les desprecien por cosas que creen o dicen. Y, sin embargo, esta es una parte fundamental de ser cristiano.

Ser cristiano significa creer que lo que Dios dice en Su Palabra es verdad, aun cuando todos a tu alrededor no estén de acuerdo. «Sea hallado Dios veraz, aunque todo hombre sea hallado mentiroso», nos dice la Biblia (Rom 3:4). Martín Lutero lo expresó con su ingenio característico: «Uno con Dios es la mayoría». Pero a menudo es más fácil decirlo que hacerlo. Algunos maestros dentro de la iglesia pueden llegar a temer que no tendrán ningún impacto en el mundo a menos que enseñen de una manera que sea culturalmente aceptable.

Fue esta manera de pensar que llevó a una desviación de la verdad bíblica sobre la expiación y el sacrificio de Cristo. Los gritos contra el «abuso infantil cósmico» y un «Padre duro y vengativo» han llevado a algunos a enseñar en contra de la expiación sustitutiva de Cristo. Esto, a su vez, ha llevado a la redefinición del pecado, el arrepentimiento y la santidad. Una vez que el hilo comienza a deshacerse, toda la tela comienza a rasgarse.

Otro ejemplo de esta tendencia es la forma en que algunos maestros dentro de la iglesia se han alejado de la doctrina bíblica de la creación como se establece en Génesis 1-2, Isaías 40 y Colosenses 1, entre otros lugares. Con tal de no parecer ir en contra de un «consenso» científico, tales maestros negarán hasta que Dios es el Creador de todas las cosas.

Algo que es particularmente peligroso es que la falsa enseñanza puede entrar en la iglesia desde la cultura porque las personas tienen buenas intenciones: quieren llegar a los perdidos, por lo que intentan eliminar todo lo que consideran como una barrera. No deberíamos atacar intencionalmente a nuestros vecinos, pero tampoco debemos tener miedo de pararnos firmes en la Palabra de Dios, incluso cuando tal postura no sea popular. Eso también significa que debemos ser cautelosos con aquellos dentro de la iglesia que constantemente intentan acomodarse al último pensamiento cultural.

Nota del editor: En la tercera parte de este articulo, «El origen y la presencia de la falsa enseñanza»,  veremos cómo la falsa enseñanza echa raíces y qué podemos hacer para estar listos a combatirla.

Este articulo fue publicado originalmente en la Tabletalk Magazine.

Fred Greco

Fred Greco

El reverendo Fred Greco es pastor principal de Christ Church (PCA) en Katy, Texas.

R.C. Sproul es el fundador de Ligonier Ministries, el maestro principal de la programación de radio Renewing Your Mind, y el editor general de la Biblia de estudio Reformation

http://www.ligonier.es

El origen y la presencia de la falsa enseñanza | 1ra parte

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El origen y la presencia de la falsa enseñanza | 1ra parte

Fred Greco

Nota del editor: Este articulo, que consta de 3 partes, es la introducción a la serie «Falsos maestros«, publicada por la Tabletalk Magazine. 

El seguir la verdadera enseñanza del Señor Jesucristo es fundamental para lo que significa ser cristiano. La Gran Comisión (Mat 28:18-20), tal vez el pasaje más conocido sobre el propósito de la iglesia, tiene en su núcleo este concepto: «Id, pues, y haced discípulos de todas las naciones… enseñándoles a guardar todo lo que os he mandado». Como resultado, la iglesia siempre ha hecho grandes esfuerzos para enseñar la Biblia. Pero los esfuerzos no siempre producen resultados. La interacción con la cultura, los pasajes difíciles de la Biblia y el poder del pecado para afectar la mente han contribuido a la formulación y difusión de enseñanzas falsas o incorrectas. Las iglesias y los creyentes individuales cometen un grave error si piensan para sí mismos: «Eso no puede suceder aquí». Pensar que somos inmunes al error nos coloca en una posición muy peligrosa. Es exactamente lo que quiere el enemigo: que estemos dormidos y desprevenidos ante sus esfuerzos de atacar a los creyentes mediante la falsa enseñanza.

El testimonio de la Biblia sobre la falsa enseñanza debería dejar en claro que no somos invulnerables ante esta amenaza.

La realidad de la falsa enseñanza

La falsa enseñanza es una amenaza real para la iglesia. La falsa enseñanza no es una amenaza solo en ciertas circunstancias, o solo en iglesias con ciertas estructuras gubernamentales, o solo en ciertos lugares y culturas en el mundo. Debemos reconocerla como una amenaza porque la Biblia continuamente nos advierte que es una amenaza. Jesús nos advierte que los falsos maestros vendrán desde afuera de la comunidad de creyentes, tratando de ocultar sus verdaderas intenciones (Mat 7:15-20). Pedro nos dice que los falsos maestros también pueden surgir dentro de la comunidad de creyentes, trayendo una doctrina que es destructiva y venenosa (2 Pe 2:1). El apóstol Pablo continuamente advirtió a las iglesias que él servía que, si los falsos maestros entre ellos no eran controlados, los resultados serían desastrosos (Gal 1:6-92 Cor 11:1-211 Tim 6:3-5). En pocas palabras, la falsa enseñanza no es solo un problema para otras personas e iglesias; es un problema sobre el cual todos los creyentes deben estar atentos y contra el cual deben estar vigilantes.

El testimonio de la Biblia sobre la falsa enseñanza debería dejar en claro que no somos invulnerables ante esta amenaza. Cuando seamos tentados a pensar que estamos exentos de tales amenazas porque somos fuertes y muy espirituales, haremos bien en recordar la advertencia del apóstol Pablo a la iglesia de Corinto, la cual pensaba que nunca caería en los errores que habían surgido en el Israel del Antiguo Testamento: «Por tanto, el que cree que está firme, tenga cuidado, no sea que caiga» (1 Co 10:12). Si las aberraciones doctrinales pueden surgir en iglesias que fueron nutridas con las enseñanzas de los apóstoles, ¿qué nos hace pensar que somos inmunes? Pablo tuvo que advertir a los gálatas sobre las falsas enseñanzas con relación a la doctrina central de la fe —cómo el hombre es justificado ante Dios— cuando la generación de discípulos que Jesús enseñó directamente todavía estaba caminando por la tierra. ¿Cómo, entonces, podemos darnos el lujo de ser complacientes?

Cómo entra la falsa enseñanza

Ya que estamos llamados a estar alertas ante la amenaza de la falsa enseñanza en medio nuestro, ¿qué deberíamos tener en cuenta? ¿Deberíamos esperar a que alguien se ponga de pie en medio de un servicio de adoración y declare: «La iglesia ha estado equivocada por muchos años… permítanme decirles lo que la Biblia realmente enseña»? ¿Esperamos declaraciones fuertes que golpeen el corazón de enseñanzas bíblicas tales como: «Dios no es real» o «Jesús no es Dios»? Si creemos que una falsedad solo entrará a la iglesia de manera repentina y dramática, no estaremos bien preparados. Es cierto que se han encontrado grandes falsedades en la iglesia, pero no necesariamente de manera repentina. El enemigo de nuestras almas prefiere un enfoque más sutil, sembrando dudas y torciendo la verdad para lograr que la falsedad sea aceptable. Después de todo, el primer ataque al hombre no fue: «¿Cómo puedes creer eso?», sino: «¿Seguro que Dios dijo eso?»

Otra cosa que debemos recordar es que la falsa enseñanza no siempre llega a la iglesia como resultado de intentos deliberados de engañar a los cristianos y hacerlos que nieguen la fe. Tales tácticas ciertamente son posibles, ya que el Nuevo Testamento registra instancias de «los falsos hermanos… que se habían infiltrado para espiar la libertad que tenemos en Cristo Jesús» (Gal 2:4), y aquellos que «se han infiltrado encubiertamente… impíos que convierten la gracia de nuestro Dios en libertinaje, y niegan a nuestro único Soberano y Señor, Jesucristo» (Jud 4). No deberíamos ser ingenuos e ignorar los signos de tales ataques, pero más a menudo, el peligro de la falsa enseñanza llega por otras vías. Tres vías a las cuales debemos prestar especial atención son: la búsqueda de alguna enseñanza o doctrina nueva e interesante, una reacción exagerada ante otros errores de enseñanza en la iglesia, y un afán de evitar las críticas, particularmente las críticas del mundo que nos rodea.

Nota del editor: En la segunda parte de este articulo, «El origen y la presencia de la falsa enseñanza», analizaremos las tres vías por las cuales la falsa enseñanza puede entrar a una iglesia.

Este articulo fue publicado originalmente en la Tabletalk Magazine.

Fred Greco

Fred Greco

El reverendo Fred Greco es pastor principal de Christ Church (PCA) en Katy, Texas.

Cielos nuevos y tierra nueva

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Cielos nuevos y tierra nueva

Dennis E. Johnson

Nota del editor: Esta publicación es la novena y última parte de la serie «El corazón del evangelio«, publicada por la Tabletalk Magazine.

Right Now Counts Forever (Este instante cuenta para siempre). El título de la columna del Dr. Sproul en cada edición de la Tabletalk Magazine captura de forma concisa la relación entre el evangelio y los cielos nuevos y la tierra nueva. Las buenas nuevas de la muerte sacrificial de Cristo y Su resurrección gloriosa, tienen ramificaciones eternas para el destino de cada ser humano. Su respuesta a ese mensaje, ya sea con una confianza humilde o con una incredulidad desafiante, hará la diferencia entre una felicidad sin límites más allá de sus mejores sueños y un tormento implacable más allá de sus peores pesadillas.

El Dios viviente, soberano sobre cada átomo en Su universo y cada nanosegundo de la historia, está dirigiendo el cosmos hacia una consumación que muestre la majestad de Su sabiduría, poder, justicia y misericordia para que todas las criaturas de todo el mundo la contemplen. Los cielos y la tierra actuales, manchados por el pecado humano y la maldición a que fueron sometidos, «envejecerán» y “serán mudados» (Heb 1:11-12), temblarán y serán removidos (Heb 12:26-27). Para el primer cielo y tierra, no se encontrará «lugar», sino que en su lugar aparecerán un cielo nuevo y una tierra nueva (Ap 20:1121:1).

La promesa es tan antigua como la profecía de Isaías: «Pues he aquí, yo creo cielos nuevos y una tierra nueva, y no serán recordadas las cosas primeras ni vendrán a la memoria» (Is 65:17-18; véase Is 66:22-23). El apóstol Pedro afirma que la justicia morará en los nuevos cielos y nueva tierra que esperamos (2 Pe 3:13). Pablo agrega que toda la creación, ahora sujeta a vanidad y decadencia, se une a los hijos de Dios en su anhelo de liberación de “la esclavitud de la corrupción» el día de nuestra resurrección (Rom 8:19-22).

¿Cómo describir los cielos nuevos y la tierra nueva? Para describir el cosmos venidero negativamente, podemos decir que las miserias que ahora causan tanto daño y angustia se habrán ido: no habrá duelo, dolor, muerte; no quedará ningún resto de maldición (Ap 21:422:3). Es más difícil describir positivamente lo que será un mundo libre de maldad y aflicción. Los profetas y los apóstoles llevan el lenguaje hasta sus límites para así poder ofrecer vistazos de realidades gloriosas más allá de nuestra experiencia. Podemos decir que la resurrección de Jesús es el primer fruto de la nueva creación consumada, por lo que Su glorioso cuerpo resucitado anuncia la resurrección que le espera a Su pueblo (1 Cor 15:20-22Fil 3:21). Después de levantarse, podía comer y ser tocado (Lc 24:39-43), así que la materialidad de Su cuerpo nos lleva a esperar que el panorama pintado en el libro de Apocalipsis —las hojas curativas y la fertilidad incesante del árbol de la vida, por ejemplo (Ap 22:1-5)— no es totalmente simbólico. Al menos podemos decir que nuestro hogar final no es etéreo e inmaterial, sino una robusta reafirmación del diseño original del Creador, ya que Él declaró el primer cielo y tierra como «muy buenos» (Gen 1:31).

La Palabra de Dios revela lo suficiente acerca de los cielos nuevos y la tierra nueva para hacernos reflexionar en la urgencia de la pregunta: «¿Cómo puedo entrar a esa patria prometida, repleta de puro placer en la presencia de Dios?» Esta pregunta nos lleva al evangelio. Los cielos nuevos y la tierra nueva serán poblados por los «siervos» de Dios (Ap 22:3-5), que se han aferrado a la Palabra de Dios y han confesado a Jesús (Ap 1:2920:4). Han sido redimidos por la sangre del Cordero, y sus nombres están escritos en Su Libro de la Vida (Ap 12:1120:121521:27).

Sin embargo, las visiones de Apocalipsis subrayan la importancia crucial del evangelio desde otra perspectiva muy edificante. Aquellos cuyos nombres no están en el libro del Cordero serán juzgados por sus propias acciones a lo largo de la vida. Sin la cobertura de la sangre expiatoria del Cordero, ellos estarán expuestos a la justa ira de Dios, serán condenados y «arrojados al lago de fuego», la muerte segunda (Ap 20:13-15). Sus almas serán reunidas con los cuerpos de usaron para su rebelión, y en ese lago ardiente experimentarán no solo una incesante angustia física, sino también una absoluta privación de alivio mental y espiritual. Jesús mismo habló de esta muerte terrible y eterna que espera a los rebeldes, un lugar donde «el gusano de ellos no muere, y el fuego no se apaga” (Mr 9:43-48Is 66:24).

Esa perspectiva de una aflicción eterna, garantizada por la inquebrantable justicia de Dios, ¿no aterroriza tu corazón? Debería. Ahora es el momento de confiar en el Cordero y Su sangre redentora.

Esos deleites que han de venir en los cielos nuevos y la tierra nueva, ¿no despiertan los anhelos de tu corazón? Deberían. Ahora es el momento de confiar en el Cordero y Su sangre redentora. Este instante realmente cuenta para siempre.

Publicado originalmente en la Tabletalk Magazine.

Dennis E. Johnson
Dennis E. Johnson
El Dr. Dennis E. Johnson es profesor emérito de teología práctica en el Westminster Seminary California. Es autor de varios libros, incluyendo Walking with Jesus through His Word [Caminando con Jesús a través de Su Palabra]..

Predicándote el evangelio a ti mismo

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Predicándote el evangelio a ti mismo

John Thorn

Nota del editor: Esta publicación es la octava parte de la serie «El corazón del evangelio«, publicada por la Tabletalk Magazine.

Hay una gran seguridad en la salvación del Señor. Dios nos eligió en Cristo antes de la fundación del mundo, y Su decisión permanece. El Espíritu Santo nos ha hecho nacer de nuevo, y no hay ningún medio por el cual podamos destruir la vida que Él nos ha dado. Cada creyente ha sido crucificado con Cristo, y en ninguna parte de las Escrituras encontramos una manera en que esto pueda ser revertido. Todos los que han creído en Jesucristo son justificados, y ninguna obra del hombre o Satanás puede revocar el veredicto de Dios. Jesús ejerce el cuidado soberano sobre todo Su pueblo. Los que están en Sus manos no pueden ser arrebatados de Él. Sin embargo, a pesar de la seguridad de nuestra salvación y nuestra posición ante Dios a través de Jesucristo, aún podemos encontrarnos en problemas cuando nos alejamos de la esperanza del evangelio.

Y usualmente nos alejamos. Mientras que el alejarse puede venir en forma de ceder a la inmoralidad, más a menudo se enmascara como una especie de cristianismo. Para muchos, la vida cristiana está impulsada por una precisión doctrinal. Bien podemos valorar nuestro legado confesional y ver la importancia de una teología sólida, pero esto puede convertirse en el objetivo por el que nos esforzamos, mientras perdernos la conexión de toda la teología con el evangelio. El conocimiento a menudo se «hincha» y nuestro orgullo nos lleva a tener más convicción en nuestra doctrina que en el evangelio. Algunos cristianos basan su vida espiritual en las emociones: esas intensas agitaciones del corazón que a menudo están conectadas con las verdades profundas de Dios. Pero mientras que las verdades de Dios nunca cambian, nuestras experiencias sí. Y cuando los sentimientos no están ahí, nuestra fe termina en crisis. Al encontrar confianza en nuestras emociones, nos alejamos de lo que debería ser nuestra única esperanza en la vida y en la muerte. Muchos de nosotros perdemos de vista el evangelio mientras nos enfocamos en nuestras propias obras y en lo bien que lo estamos haciendo espiritualmente. Al medirnos en base a estándares autoimpuestos, creemos que somos fuertes o débiles, pero en cada caso encontramos la solución en hacer nuestro mejor esfuerzo, en lugar de la obra de Cristo.

Fundamentalmente, el evangelio es olvidado cuando ya no funciona como nuestra esperanza y confianza permanentes delante de Dios, o cuando llega a perder su importancia para el diario vivir de la vida cristiana. El evangelio que a menudo olvidamos debe ser reclamado y retenido por el bienestar y seguridad de nuestras almas, y esto se logra predicándonos el evangelio a nosotros mismos.

Predicarnos el evangelio a nosotros mismos es hacernos un llamado a regresar a Jesús en busca de perdón, limpieza, empoderamiento y propósito. Es responder nuestras dudas y temores con las promesas de Dios. ¿Mis pecados me condenan? Jesús los ha cubierto todos con Su sangre. ¿Mis obras se quedan cortas? La justicia de Jesús es contada como mía. ¿Están conspirando contra mí el mundo, el diablo y mi propia carne? Ni siquiera un cabello puede caerse de mi cabeza, fuera de la voluntad de mi Padre celestial, y Él ha prometido cuidarme y conservarme para siempre. ¿Realmente puedo negarme a mí mismo, llevar mi cruz y seguir a Jesús? Sí, porque Dios está trabajando en mí, dispuesto a obrar en mí para Su propio deleite. Así es como luce el predicarnos a nosotros mismos.

Esta predicación privada y personal solo puede suceder cuando la Palabra de Dios es conocida y creída; cuando la ley de Dios revela nuestro pecado e impotencia, y Su gracia cubre ese pecado y supera nuestras debilidades. Predicarnos el evangelio a nosotros mismos no es simplemente el acto de estudiar la Biblia (aunque podemos predicarnos a nosotros mismos de esa manera), sino que es el activamente hacernos un llamado a creer las promesas de Dios en Jesús, Su Hijo.

Nos predicamos a nosotros mismos a través de las disciplinas de oración y meditación en las Escrituras. Al orar, esperamos que Dios satisfaga misericordiosamente nuestras necesidades, y en el acto mismo ejercitamos la fe. En su exposición del Padrenuestro, Thomas Manton dijo: «La oración … es una predicación a nosotros mismos ante el oído de Dios. Hablamos con Dios para exhortarnos a nosotros mismos, no para Su información, sino para nuestra edificación». Las promesas del evangelio en la Palabra de Dios nos guían en la oración, guiándonos hacia la seguridad que se encuentra en la obra y el sacrificio de Jesús. Al meditar, recordamos el evangelio; mediante la oración, reclamamos el evangelio como nuestra gran esperanza.

La mayoría de nosotros necesitamos redescubrir el evangelio. Y esta es una tarea de todos los días ya que nuestra necesidad es constante y nuestros corazones son propensos a alejarse. Pero la recuperación del evangelio solo ocurre cuando sentimos el peso de nuestros pecados, la debilidad de nuestra carne y la fragilidad de nuestra fe. Esto significa que solo aquellos que saben que son pecadores indignos y que la Palabra de Dios es verdadera, encontrarán que el evangelio no solo es una buena noticia, sino que es una buena noticia para sus propias almas.

Publicado originalmente en la Tabletalk Magazine

John Thorn

John Thorn

Joe Thorn es el pastor principal de Redeemer Fellowship en Saint Charles, Illinois.

R.C. Sproul es el fundador de Ligonier Ministries, el maestro principal de la programación de radio Renewing Your Mind, y el editor general de la Biblia de estudio Reformation

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