Conflictos públicos en la iglesia

Por Eric Landry 

Nota del editor: Este es el octavo capítulo en la serie de artículos de Tabletalk Magazine: Conflicto en la iglesia

¿Imaginas el malestar que sintió la gente en Antioquía cuando Pablo confrontó a Pedro, según se describe en Gálatas 2? Probablemente recuerdas la historia: hombres de Jerusalén habían venido a la iglesia en Antioquía. Su visita creó una división. En lugar de que judíos y gentiles adoraran juntos y tuvieran comunión libremente, algunos de los judíos (incluso Pedro y Bernabé) se apartaron de los gentiles. Pablo dijo a los gálatas que había confrontado a Pedro «delante de todos» (v. 14). ¿Fue durante una comida o inmediatamente después de una oración? ¿Atrapó Pablo a Pedro en el patio o lo denunció en medio de un sermón?

Aunque no sabemos las respuestas a estas preguntas, puedes preguntarte si fue un error que Pablo confrontara a Pedro de esta manera. ¿No debió haber seguido los pasos indicados en Mateo 18? No, Gálatas 2 y pasajes como Hechos 5 y Filipenses 4 demuestran que hay momentos en los que una confrontación pública del pecado y el error es necesaria para la salud y el bienestar de la iglesia.

Pablo confrontó a Pedro pública e inmediatamente cuando fue testigo de pecado público. Al apartarse de los gentiles, Pedro había actuado de una manera que negaba el evangelio. Pablo no dudó en condenar a Pedro públicamente porque el pecado fue público. Este mismo principio se demuestra en Hechos 5, donde Pedro confronta a Ananías y Safira por mentir al Espíritu Santo al no declarar que se habían quedado con una parte de las ganancias del terreno que habían vendido para dar a la iglesia. Su pecado fue público, y por lo tanto, la condena del pecado fue pública. El mismo principio se ve en Filipenses 4:2, donde Pablo «ruega» a Evodia y Síntique «que vivan en armonía en el Señor». Aunque no sabemos qué fracturó la relación de estas dos hermanas, su desacuerdo fue público y, por tanto, la confrontación de Pablo del pecado —aunque menos enérgica que la que aparece en Gálatas 2 o Hechos 5— también es pública. El principio que se expone en cada uno de estos pasajes es que la confrontación pública del pecado y el error es necesaria para corregir el pecado y el error público.

Otro principio que podemos derivar de estos textos es que la confrontación pública del pecado y el error se hace en el contexto de la iglesia local. Por desgracia, vivimos en una época de «Pablos» autoproclamados que vagan por la Internet en busca de «Pedros» a quienes denunciar. Podemos sentirnos tentados a recurrir a Gálatas 2 para justificar que tomemos los tridentes electrónicos a fin de perseguir a los villanos teológicos. Sin embargo, el principio de Gálatas 2, Hechos 5 y Filipenses 4 es que tal confrontación pertenece al contexto de la iglesia local, donde se experimenta el pecado y el error y donde al pecador puede perdírsele que rinda cuentas.

Un tercer principio está implícito en estos pasajes. No hay muchos ejemplos de este tipo de confrontación pública del pecado y el error públicos, pero los que tenemos abordan graves amenazas para la iglesia. La conducta de Pedro no era conforme al evangelio. El pecado de Ananías y Safira amenazaba la existencia misma de la iglesia, como el pecado de Acán después de que Israel cruzara a la tierra prometida (Jos 7). La fractura entre Evodia y Síntique amenazaba la unidad de esa iglesia. El hecho de que haya pocos ejemplos de este tipo de reprensión pública nos indica que no todos los errores —ni siquiera todos los errores públicos— deben ser confrontados públicamente. Pero cuando un pecado o error público amenaza la existencia misma de la iglesia, o incluso el evangelio mismo, puede ser necesaria una reprensión pública.

En 1553, estalló una disputa en Ginebra sobre quién tenía la autoridad para excomulgar. El gobierno de la ciudad quería que Philibert Berthelier fuera readmitido para tomar la Cena del Señor. Berthelier, opositor a Juan Calvino y abogado del hereje Miguel Serveto, había sido excomulgado por rebelión. El día en que debía celebrarse la Cena del Señor, Berthelier y sus amigos abarrotaron la iglesia de St. Pierre y se sentaron en primera fila. Sin embargo, Calvino se negó a servir la comunión a los «aborrecedores de los misterios sagrados». Dijo: «Pueden aplastar estas manos; pueden cortar estos brazos; pueden quitarme la vida; mi sangre es de ustedes, pueden derramarla; pero nunca me obligarán a dar cosas sagradas a los profanos, ni a deshonrar la mesa de mi Dios». Tal audacia es necesaria ante el pecado y el error público. Que Dios dé a Sus ministros el valor de tomar tales medidas para proteger la pureza y la paz de la iglesia.

Publicado originalmente en Tabletalk Magazine.

Eric Landry
El reverendo Eric Landry es pastor de la Redeemer Presbyterian Church (Austin, Texas) y editor ejecutivo del Modern Reformation.

La falsa enseñanza y la paz y pureza de la Iglesia | 2da Parte

Ministerios Ligonier

El Blog de Ligonier

La falsa enseñanza y la paz y pureza de la Iglesia | 2da Parte

Eric Landry

Nota del editor: Esta es la conclusión del articulo «La falsa enseñanza y la paz y pureza de la Iglesia», que es el tercer capítulo en la serie «Falsos maestros«, publicada por la Tabletalk Magazine. 

¿Qué podemos hacer para mantener la paz y pureza de la iglesia?

Aunque no podemos evitar cada ataque del enemigo, algunos simples pasos ayudarán a prevenir el tipo de daño que la falsa enseñanza puede hacer en una iglesia local.

Primero, mantén expectativas altas en cuanto a líderes ordenados y no ordenados. El apóstol Pablo le indica a Timoteo y a Tito qué cualidades buscar al considerar líderes para sus nuevas iglesias. Sus ancianos y diáconos deben tener una buena teología, un carácter piadoso y un buen testimonio para con los de afuera (1 Tim 3:1-7, Tito 1:5-9). ¿Se aseguran nuestras iglesias de que los candidatos para el liderazgo cumplan con las calificaciones establecidas por el apóstol Pablo? Me temo que, en algunas iglesias, esas calificaciones se han puesto a un lado para darle preferencia al hermano que tiene éxito en los negocios, que tiene una gran personalidad y que ha donado (o puede donar) una suma significativa de dinero a la iglesia. La iglesia debe aspirar a tener un liderazgo que coincida con la expectativa apostólica en lugar de las expectativas de la junta directiva o cuerpo pastoral.

En segundo lugar, sé parte de la solución y no del problema. Los líderes de la iglesia leen mucho y variado mientras se preparan para enseñar al pueblo de Dios, pero si queremos garantizar una dieta continua de sana teología, debemos citar regularmente a escritores y referirnos a libros que no desvíen a la gente. No vale la pena mencionar la perla teológica de una fuente aberrante o pensador heterodoxo que vaya a confundir al pueblo de Dios. Echa un vistazo a los libros en la biblioteca de tu iglesia; revisa cuidadosamente los libros o recursos en la mesa de entrada. ¿Conducen estos recursos al corazón de la sana doctrina, o fomentan la «teología radical» que lleva a la congregación por caminos extraños? Los líderes de la iglesia deben usar su influencia para constantemente guiar a la iglesia hacia lo comprobado y verdadero en vez de lo nuevo y extremo.

Un día vendrá cuando Jesús presente la iglesia a Sí mismo como Su esposa santa e inmaculada.

Tercero, recuerda que todo ministerio fluye de la predicación de la Palabra el domingo. Los líderes de la iglesia deben revisar regularmente con sus líderes laicos para ver cómo las clases de entresemana o grupos pequeños están alineados con la reunión congregacional de los domingos. Es fácil para los grupos pequeños convertirse en “entidades” aisladas del ministerio general de la iglesia. Ese aislamiento puede amplificar la voz de un líder sobre el liderazgo ordenado de la iglesia y darle una plataforma para introducir falsas enseñanzas. Este peligro se puede mitigar, en parte, eligiendo cuidadosamente a quién le es permitido enseñar y dirigir grupos formales dentro de la iglesia y eligiendo cuidadosamente el plan de estudios que usará cada grupo. Sin embargo, generalmente se requiere un paso adicional: reúne periódicamente a los líderes de grupo y los maestros de estudio bíblico para entrenarlos, pasar tiempo en oración y motivarlos. Asegúrate de que ellos vean su ministerio como una extensión del ministerio de la Palabra, no como una competencia de este. Los pastores, ancianos, diáconos y líderes laicos deben unir sus esfuerzos en los ministerios para los que Dios los ha llamado y dotado. Juntos, «funcionando adecuadamente», el cuerpo de Cristo se edifica a sí mismo en amor (Ef 4:16).

Desafortunadamente, a pesar de nuestros mejores esfuerzos preventivos, la confrontación aún puede ser necesaria si descubrimos que la falsa enseñanza ha echado raíces en la iglesia. Entonces, el cuarto paso es hacer el arduo trabajo de confrontación. A pesar de las cosas horribles que las personas sienten la libertad de decirse en internet, protegidas por el anonimato de la interacción virtual, vivimos en una era no confrontacional. Nuestra tendencia a «ser amables» a veces nos lleva a evitar conversaciones difíciles. Aquellos que son sabios en la fe, que son los hermanos y hermanas mayores, los padres y las madres de la iglesia, deben estar dispuestos a reprender y exhortar gentilmente a aquellos que puedan estar perturbando la paz y pureza de la iglesia.

El ejemplo del pastor Bob en la historia anterior es útil aquí. Él con firmeza, pero con cuidado, explicó la posición de la iglesia al Sr. Smith. No pasó por alto el problema (esperando que mejorara por sí solo), ni reaccionó de forma exagerada (confrontando al Sr. Smith públicamente o echándolo de la iglesia). Cada oportunidad que tenemos para proteger la paz y pureza de la iglesia es también una oportunidad de ministrar personalmente a aquellos que están en el error.

Mientras los líderes ordenados tienen la tarea particular de proteger a la congregación de las falsas enseñanzas, todos los miembros de la iglesia están llamados a ser como los de Berea (Hch 17:11) y a «retened lo bueno» después de probar la enseñanza que escuchan (1 Tes 5:21). Cuando Dios bendice nuestros esfuerzos, el resultado es una iglesia segura donde los hombres, mujeres y niños pueden confiar en que Dios les está hablando a través de la predicación de la Palabra y ministrándoles de domingo a domingo cuando la iglesia se une en adoración.

Luchar por la paz y pureza de la iglesia no es normalmente un trabajo fácil. Requiere una ardua labor de estudio y un carácter firme. A veces es tentador rendirnos ante la desesperación. En esos momentos, recuerda que, si bien la paz y pureza de la iglesia pueden parecer una realidad frágil ahora, nuestra búsqueda de estas se basa en el futuro prometido por Dios. Un día vendrá cuando las puertas de la nueva Jerusalén nunca serán cerradas, cuando el pueblo de Dios nunca estará en peligro (Ap 21:25). Un día vendrá cuando Jesús presente la iglesia a Sí mismo como Su esposa santa e inmaculada (Ef 5:27). Luchamos por la paz y pureza de la iglesia con ese día en mente, seguros de que llegará en el tiempo de Dios.

Este articulo fue publicado originalmente en la Tabletalk Magazine.

Eric Landry

Eric Landry

El reverendo Eric Landry es pastor de la Redeemer Presbyterian Church (Austin, Texas) y editor ejecutivo del Modern Reformation.

La falsa enseñanza y la paz y pureza de la Iglesia | 1ra Parte

Ministerios Ligonier

El Blog de Ligonier

La falsa enseñanza y la paz y pureza de la Iglesia | 1ra Parte

Eric Landry

Nota del editor: Esta es la primera parte del articulo «La falsa enseñanza y la paz y pureza de la Iglesia», que es el tercer capítulo en la serie «Falsos maestros«, publicada por la Tabletalk Magazine. 

Luego de más de dos décadas de ministerio, el pastor Bob se había enfrentado a una gran cantidad de desafíos en la iglesia. Presenció con sus propios ojos los efectos divisivos de aquellas batallas en cuanto a la manera correcta de adorar. Había visto cómo novedosas técnicas ministeriales surgían y desaparecían. Incluso le había tocado reconstruir luego de la devastación dejada por pastores caídos. Pero nada de esto en realidad lo preparó para enfrentarse con el efecto corrosivo de la falsa enseñanza que se dispersó en la iglesia con la llegada de una nueva familia.

Los Smith eran el tipo de familia que todo pastor sueña tener. Eran amigables, tenían un matrimonio estable con hijos piadosos y estaban listos para involucrarse en la iglesia. Unos pocos meses después de su llegada, el padre se ofreció como voluntario para enseñar en la escuela bíblica de niños, la madre se ofreció como voluntaria en la guardería y varios de sus hijos jóvenes se integraron al grupo de adoración. Solo había un problema: los Smith tenían una visión muy desviada en cuanto a la enseñanza bíblica sobre el divorcio y el nuevo casamiento. Ellos creían que volver a casarse después de un divorcio estaba prohibido. Pensaban que un nuevo casamiento en realidad era «adulterio», independientemente de las circunstancias que llevaron al divorcio, y no mantenían su punto de vista en secreto.

Pronto, el pastor Bob comenzó a ver la preocupación de algunos miembros por la forma en la que el Sr. Smith defendía su posición en la iglesia. Después de la adoración o entre los servicios, el Sr. Smith se acercaba a una pareja y, con el pretexto de querer conocerlos, preguntaba sobre su matrimonio. Si habían estado casados antes, el Sr. Smith les instaba a divorciarse, recordándoles que Dios amenazó con juzgar a los adúlteros y que éstos no tendrían lugar en el reino de Dios. Este tipo de interrogatorios fue suficiente para crear una verdadera crisis de fe en la vida de algunas personas, y el pastor Bob sabía que debía confrontar al Sr. Smith.

No debería sorprendernos el peligro que representa la falsa enseñanza. Ponemos cerraduras en nuestras puertas porque sabemos que hay personas que robarán nuestras pertenencias si se les presenta la oportunidad.

Cuando se reunieron, el Sr. Smith acusó al pastor Bob de ser como los pastores de las otras iglesias a las que ellos habían asistido antes (y de las cuales habían sido expulsados): «Usted no defiende la verdad», dijo. Aunque el pastor Bob no expulsó a los Smith, sí les dijo que su punto de vista estaba perturbando la paz de la congregación, que no estaba alineado con las doctrinas de la iglesia y que no podían promover su posición dentro de la misma. Después de algunas semanas de tensión, los Smith retiraron su servicio voluntario en la iglesia y comenzaron un grupo en su casa con algunos amigos de la congregación que compartían sus creencias.

Tristemente, ejemplos como este pueden repetirse vez tras vez. Además de trabajar en la Palabra, esforzándose por equipar al pueblo de Dios con las herramientas necesarias para vivir como peregrinos en una cultura hostil, muchos pastores a menudo se encuentran a la defensiva en contra de la falsa enseñanza dentro de la iglesia. Incluso cuando la enseñanza en cuestión no ataca el corazón del evangelio, la paz y pureza de la iglesia pueden ser sacudidas. En lugar de mantener la unidad en el vínculo de la paz, como Jesús ora en Juan 17:22-23 y como Pablo describe en Efesios 4:1-3, una iglesia que es atormentada por falsas enseñanzas se divide y angustia.

No debería sorprendernos el peligro que representa la falsa enseñanza. Ponemos cerraduras en nuestras puertas porque sabemos que hay personas que robarán nuestras pertenencias si se les presenta la oportunidad. De la misma manera, debemos anticipar que en la iglesia surgirán lobos que no perdonarán al rebaño (Hechos 20:29). Saber que los problemas vendrán debería estimular a los líderes a ser guardianes aún más vigilantes, listos para proteger la paz y pureza de la iglesia. Sin embargo, cuidado con ponerlas a competir entre sí. Podemos estar tan ansiosos por mantener la paz que terminamos en negligencia doctrinal. Por otro lado, podemos estar tan ansiosos por mantener la pureza que dejamos que nuestra vigilancia se convierta en sospecha y miedo.

Entonces, ¿qué podemos hacer para ayudar a mantener la paz y pureza de la iglesia? Esta será la pregunta que estaremos respondiendo en la segunda parte de este artículo.

Este articulo fue publicado originalmente en la Tabletalk Magazine.

Eric Landry

Eric Landry

El reverendo Eric Landry es pastor de la Redeemer Presbyterian Church (Austin, Texas) y editor ejecutivo del Modern Reformation.