Piense de manera diferente

Junio 4

Piense de manera diferente

Ya no andéis como los otros gentiles, que andan en la vanidad de su mente. (Efesios 4:17)

La salvación es, ante todo, un cambio de ma­nera de pensar. El apóstol Pablo les dice a los creyentes: “Vosotros no habéis aprendido así a Cristo” (Ef. 4:20). El cristianismo es cognoscitivo antes de que sea experimental. Una persona tiene que considerar el evangelio, creer en sus hechos históricos y en las verdades espirituales, y entonces recibir a Cristo como Salvador y Señor.

El primer paso en ese proceso es el arrepentimiento, que significa que se piensa de manera diferente de lo que se pensaba acerca del pecado, de Dios, de Cristo y de la propia vida de uno. La palabra griega para “arrepentirse” significa “cambiar la mente de uno”. Como se emplea en el Nuevo Testamento, siempre se refiere a un cambio de propósito, específicamente un abandono del pecado.

Ese cambio debe resultar en un cambio de conducta, que también se basa en la mente. En el versículo de hoy, Pablo dice que el no regenerado vive “en la vanidad de su mente”. Proverbios 23:7 dice: “Cual es su pensamiento en su corazón, tal es él”. Así que, cuando piensa de manera diferente, usted actuará de manera diferente.

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Conformados a Cristo

Junio 3

Conformados a Cristo

No améis al mundo, ni las cosas que están en el mundo.

(1 Juan 2:15)

Como cristianos, somos nuevas criaturas y miembros de la iglesia de Jesucristo, y por tanto excepcionales. Como resultado, no debemos vivir como las personas del mundo. El mundo es orgulloso; nosotros somos humildes. El mundo está fragmentado; nosotros estamos unidos. El mundo es incapaz; nosotros estamos dotados. El mundo odia; nosotros amamos. El mundo no conoce la verdad; nosotros sí la conocemos. Si no andamos de manera diferente del mundo, no lograremos las metas de Cristo. Si vivimos como las personas del mundo, estamos esencialmente imitando a los muertos (Ef. 2:1-5), y eso no tiene sentido.

Los cristianos somos como una nueva raza. Tenemos una nueva simiente espiritual incorruptible, y debemos vivir de una manera que corresponda con ella. Somos nuevas criaturas que han sido preparadas para una existencia eterna. Como resultado, podemos abandonar nuestra antigua manera de vivir y ser conformados a la vida de Cristo.

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Negligencia de los padres

 

John MacArthur

Usted no puede salvar a sus hijos. Usted puede criarlos en el temor y amonestación del Señor, cuidarlos de las influencias pecaminosas y tentaciones del mundo, y envolverlos con el compañerismo de aquellos que conocen y aman a Dios. Pero al final, como vimos la última vez, su arrepentimiento y fe no puede ser heredada o manufacturada – la salvación es obra de Dios, no suya. Como padre, su influencia llega solo hasta un cierto punto.

 

El tipo de influencia equivocada

 

Habiendo dicho esto, quiero resaltar que a veces – debería decir, con frecuencia– los padres son parcialmente responsables por la rebelión de los hijos descarriados. Y ha sido mi observación a través de los años, que los padres son generalmente más culpables por los hijos descarriados que la sociedad, compañeros, o cualquier otra influencia a la que los padres tienden a culpar. Ocasionalmente encuentro padres que han violado casi todos los principios bíblicos de la crianza, quienes, de todas maneras, vienen al pastor buscando algún tipo de absolución de la responsabilidad por la rebeldía de los hijos. Ellos quieren una garantía verbal de que de ninguna manera ellos son los culpables, sino que alguien más lo es.

 

Aun así, Dios mismo le ha dado la responsabilidad de criar a los hijos, a los padres – no a los maestros de escuela, compañeros, empleados de guardería, u otras personas fuera de la familia – y por lo tanto está mal que los padres intenten descargar la responsabilidad o culpar a otro cuando las cosas salen mal.

 

Los padres deben comprometerse suficientemente en la vida de sus hijos, para asegurarse que ninguna otra influencia haya tomado precedente. Para los padres que se quejan que las fallas de sus hijos son culpa de los amigos de estos, mi respuesta inevitable es que al fin de cuentas los culpables son los padres, porque ellos fueron los que permitieron que los compañeros tengan más participación en la vida de sus hijos, que la que ellos mismos tienen.

 

Culpa y rendición de cuentas

 

Sin dudas que muchos padres, cínicamente no van a estar de acuerdo con esto, insistiendo en que no es realista el día de hoy, esperar que los padres influencien a sus hijos más que los compañeros, la cultura, televisión, maestros de escuela, y todos los otros factores que compiten por un interés controlador en la vida típica de un niño.

 

Aun así, un momento de reflexión revelará porque los padres en nuestra cultura tienen menos influencia en sus hijos de lo que los compañeros de grupo tienen: la mayoría de los padres, simplemente han abdicado su rol paterno. Han entregado sus hijos a los compañeros de estos. Han invertido menos tiempo en enseñarle a sus hijos, que la cantidad de tiempo que les han permitido a sus hijos mirar televisión. Han permitido mucha – sino toda – la instrucción espiritual, moral y ética de sus hijos, provenir de la televisión, películas, música, y otros niños. Aun en los mejores casos, los padres se apoyan demasiado en los maestros de escuela, maestros de Escuela Dominical, y líderes de jóvenes – todos fuera de la esfera de la familia. Los padres deben darse cuenta que el carácter no es innato a través de la genética, ni recogido por la ósmosis. A los niños se les enseña a ser lo que llegan a ser. Si se han convertido en otra cosa de lo que los padres esperaban, usualmente, es porque ellos simplemente han aprendido de esos que estaban ahí, para enseñarles en la ausencia de sus padres.

 

En otras palabras, los padres, no los niños – y tampoco los grupos de compañeros – son finalmente los culpables por la influencia cada vez menor de los padres en nuestra cultura. Siempre que las influencias externas moldean el carácter de un niño más que los padres, los padres han fracasado en su deber. Es tan simple como eso.

 

Los padres cristianos de hoy, desesperadamente necesitan adueñarse de este principio simple. Delante del trono de Dios, seremos tenidos como responsables, si hemos entregado a nuestros hijos a otras influencias que moldean su carácter en maneras impías. Dios ha puesto en nuestras manos la responsabilidad de criar a nuestros hijos en el temor y amonestación del Señor, y vamos a rendir cuentas a Dios de nuestra mayordomía de este gran regalo. Si otros tienen más influencia en nuestros niños que nosotros, somos culpables, no excusables, por esos motivos.

 

Su trabajo a tiempo completo

 

Dios ha hecho de la crianza una responsabilidad de tiempo completo. No hay un periodo de relajo, para nuestras obligaciones de padres. Este principio fue aun construido dentro de la ley en Sinaí. Dios precedió sus instrucciones a los israelitas con esta solemne demanda:

 

Y estas palabras que to te mando hoy, estarán sobre tu corazón; y las repetirás a tus hijos, y hablarás de ellas estando en tu casa, y andando por el camino, y al acostarte, y cuando te levantes. (Deuteronomio 6:6-7)

 

Esa es la propia definición de Dios de la tarea de los padres. Significa que la crianza es una asignación de tiempo completo en cada sentido de la expresión. Ninguna fase de la vida está excluida. No hay tiempo libre para el padre que quiere ser fiel a este llamamiento.

 

Algunos padres piensan que pueden compartimentar la vida de su hijo, asignar una cantidad de horas por semana para usar en la crianza, y luego cumplir las obligaciones como padres al asegurarse que las horas que ellos ponen en esa tarea son “tiempo de calidad”. Esa filosofía entera es contraria al espíritu de Deuteronomio 6:7, y es una manera segura de garantizar que las influencias del exterior tendrán más influencia que los padres en formar el carácter de su hijo.

 

Negligencia de los padres

 

La historia del Israel del Antiguo Testamento es un objeto de lección acerca de los peligros de descuidar este principio vital. Israel falló miserablemente en lo que tuvo que ver con su deber de enseñarle a sus hijos acerca de la justicia de Dios. Considere este versículo revelador acerca de la generación de Israelitas quienes primeramente entraron en la Tierra Prometida. Y note que esta era apenas una generación después de que Dios les había dado la ley en el monte de Sinaí:

 

Y el pueblo había servido a Jehová todo el tiempo de Josué, y todo el tiempo de los ancianos que sobrevivieron a Josué, los cuales habían visto todas las grandes obras de Jehová, que Él había hecho por Israel…Y toda aquella generación también fue reunida a sus padres. Y se levantó después de ellos otra generación que no conocía a Jehová, ni la obra que Él había hecho por Israel. (Jueces 2:7, 10)

 

En otras palabras, esa generación entera de Israelitas falló en su responsabilidad. Ellos descuidaron el enseñarles a sus hijos acerca de las cosas que Dios había hecho por Israel. Y como consecuencia, la próxima generación se alejó en masa del Señor:

 

Después los hijos de Israel hicieron lo malo ante los ojos de Jehová, y sirvieron a los Baales. Dejaron a Jehová el Dios de sus padres, que los había sacado de la tierra de Egipto, y se fueron tras otros dioses, los dioses de los pueblos que estaban en sus alrededores, a los cuales adoraron; y provocaron a ira a Jehová. Y dejaron a Jehová y adoraron a Baal y a Astarot.

 

Los hijos se volvieron a los dioses malvados de los Cananitas. Su medio ambiente los influenció más que los padres, debido a que los padres abdicaron su rol paternal. El resultado fue idolatría, caos, y destrucción. “Cada uno hacía lo que bien le parecía” (21:25).

 

El mismo modelo fue repetido una y otra vez a través de la historia de Israel. Cada vez que una generación de padres descuidó el plantar las semillas que proveerían árboles de sombra para las siguientes generaciones, los hijos sufrieron la hambruna espiritual que inevitablemente siguió.

 

La misma cosa todavía está pasando hasta el día de hoy. En este momento, las perspectivas para la próxima generación son tan sombrías como siempre lo han sido. Y no va a haber un cambio, a no ser que esta generación de padres vuelva al trabajo de tiempo completo de plantar árboles de sombra espiritual.

 

La paternidad correcta y las prioridades personales

 

Para muchos padres, el primer paso hacia volver al camino debe ser un compromiso fresco hacia las cosas de Dios, por ellos mismos. Si nuestras propias prioridades en la vida están torcidas, no hay esperanza de enseñarles a nuestros niños lo que necesitan aprender.

 

Padres, hagan un inventario en sus propios corazones. ¿Tiene usted sed de Dios, como el ciervo brama por las corrientes de las aguas? O ¿está su vida enviándole a sus hijos un mensaje de hipocresía e indiferencia espiritual? ¿Es su compromiso con Cristo lo que usted espera ver en las vidas de sus hijos? ¿Es su obediencia a Su Palabra el mismo tipo de sumisión que usted espera ver en sus propios hijos?

 

Estas son preguntas cruciales que cada padre debe enfrentar, si realmente queremos ser padres exitosos y buenos modelos de conducta para nuestros hijos. Que los padres sean abandonados en su propia vida espiritual, es equivalente a talar todos los árboles de sombra para la próxima generación en su familia.

 

Padres cristianos – aliéntense. Tienen una responsabilidad delante de Dios de usar su influencia con sus hijos para Su gloria y el bien de ellos. Pero el peso de la eternidad de ellos no está en sus hombros – recuerden que ellos no han nacido moralmente neutros. Dios va a usar cualquier medio que Él elija para atraer a Su pueblo a Si Mismo. Ore para que Él lo use en las vidas de sus hijos, y confíe que Él es fiel aun a través de sus fracasos.

 

(Adaptado de Cómo ser padres cristianos exitosos.)

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La nueva naturaleza

Junio 2

La nueva naturaleza

Siendo renacidos, no de simiente corruptible, sino de incorruptible, por la palabra de Dios que vive y permanece para siempre. (1 Pedro 1:23)
1 Pedro 1:23

Cuando nos hacemos cristianos no se nos remodela ni se nos añade nada; somos trans­for­ma­dos. Los cristianos no tenemos dos naturalezas diferentes; tenemos una nueva naturaleza, la nueva na­tu­raleza en Cristo. La vieja muere y la nueva vive; no coexisten. Jesucristo es justo, santo y santificado, y tene­mos ese principio divino en nosotros; lo que Pedro llamó la simiente “incorruptible” (1 P. 1:23). Así que nues­tra nueva naturaleza es justa, santa y santificada porque Cristo vive en nosotros (Col. 1:27).

Efesios 4:24 nos dice que nos vistamos “del nuevo hombre”, una nueva conducta que es apropiada a nuestra nueva naturaleza. Pero para hacer eso tenemos que eliminar las normas y las prácticas de nuestra vieja vida. Por eso Pablo nos dice que hagamos morir “lo terrenal en [nosotros]: fornicación, impureza, pasiones desordenadas, malos deseos y avaricia” (Col. 3:5).

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Un cambio de naturaleza

Junio 1

Un cambio de naturaleza

Si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas. (2 Corintios 5:17)

Cuando usted recibe a Jesucristo, nace de nuevo y entra en el reino de Dios. Usted se convierte en una persona totalmente distinta. El cambio que ocurre cuando usted es salvo es más espectacular que el cambio que ocurrirá cuando usted muera porque entonces ya usted tiene una nueva naturaleza y es ciudadano del reino de Dios. La muerte simplemente lo lleva a la presencia de Dios.

En sus epístolas, el apóstol Pablo dice que, cuando Dios nos transformó, nos dio una nueva voluntad, una nueva mente, un nuevo corazón, un nuevo poder, un nuevo conocimiento, una nueva sabiduría, una nueva vida, una nueva herencia, una nueva relación, una nueva justicia, un nuevo amor, un nuevo deseo y una nueva ciudadanía. Él llamó a eso “vida nueva” (Ro. 6:4). Algunos enseñan que, cuando una persona se hace cristiana, Dios le da algo nuevo además de su vieja naturaleza pecaminosa. Pero según la Palabra de Dios, no recibimos algo nuevo. ¡Nosotros mismos nos volvemos nuevos!

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Una venida poderosa

Mayo 31

Una venida poderosa

[Cristo] transformará el cuerpo de la humillación nuestra, para que sea semejante al cuerpo de la gloria suya, por el poder con el cual puede también sujetar a sí mismo todas las cosas. (Filipenses 3:21)

El versículo de hoy nos asegura que Jesucristo tiene el poder para hacer las cosas asombrosas que nos ha prometido. Aunque no puede someter a todo el universo a su control soberano, sin duda tiene el poder suficiente para resucitar nuestro cuerpo y hacernos semejantes a Él. Dios tiene el poder de crear providencialmente leyes naturales y milagrosamente anularlas. Tiene el poder de dar vida y de quitarla. El apóstol Pablo dijo: “Luego el fin, cuando entregue el reino al Dios y Padre, cuando haya suprimido todo dominio, toda autoridad y potencia. Porque preciso es que él reine hasta que haya puesto a todos sus enemigos debajo de sus pies” (1 Co. 15:24-25).

El mismo poder que retomará todo el universo caído y lo devolverá a Dios es el que hace posible que seamos semejantes a Cristo. ¿En dónde se está concentrando? Espero que sea en el cielo y que no se distraiga.

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Goce anticipado de la gloria

Mayo 30

Goce anticipado de la gloria

Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos bendijo con toda bendición espiritual en los lugares celestiales en Cristo. (Efesios 1:3)

En la actualidad no vivimos físicamente en el cielo, pero en cierto sentido sí vivimos en el reino celestial. Aunque no estamos en el cielo, estamos experimentando la vida celestial. Tenemos la vida de Dios en nosotros. Estamos bajo el gobierno de un Rey celestial, y obedecemos las leyes del cielo.

Como resultado, recibimos “gracia divina, santo poder”, como escribiera Fanny Crosby en el himno “Dulce consuelo”, es decir, un goce anticipado de la gloria divina. Estamos viviendo en una nueva comunidad, disfrutando de una nueva comunión que llegará a su cumplimiento en un lugar llamado cielo.

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Motivados por la venida de Cristo

Mayo 29

Motivados por la venida de Cristo

De donde también esperamos al Salvador, al Señor Jesucristo. (Filipenses 3:20)

Esperar la venida de Cristo es el mayor recurso de motivación espiritual, responsabilidad y seguridad. Eso da una gran motivación en la búsqueda de Cristo porque usted deseará estar preparado cuando Él venga. Deseará haber sido fiel en su servicio. Usted puede hallar motivación con la esperanza de que un día Cristo lo recompense y usted oiga: “Bien, buen siervo y fiel… Entra en el gozo de tu señor” (Mt. 25:23).

La venida de Cristo da responsabilidad porque es cuando “cada uno de nosotros dará a Dios cuenta de sí” (Ro. 14:12).

Y su venida lo hará sentirse seguro, sabiendo que Jesús dijo: “Esta es la voluntad del Padre, el que me envió: Que de todo lo que me diere, no pierda yo nada, sino que lo resucite en el día postrero” (Jn. 6:39).

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Nuestra patria celestial

Mayo 28

Nuestra patria celestial

Nuestra ciudadanía está en los cielos. (Filipenses 3:20)

Los cristianos no somos ciudadanos de este mundo. La palabra griega para “ciudadanía” en el versículo de hoy se refiere a una colonia de extranjeros. En una fuente secular, se emplea para describir una ciudad capital que mantenía en un registro el nombre de sus ciudadanos. En realidad, somos ciudadanos inscritos de otro lugar: “El cielo”. Nuestros nombres están allí, nuestro Padre está allí, nuestros hermanos y hermanas están allí, y nuestra herencia está allí; es nuestra patria.

Los israelitas llevados al cautiverio babilónico nos dan un paralelo histórico con la iglesia contemporánea. Su patria seguía siendo la Tierra Prometida aunque vivieron durante tantos años en una sociedad extranjera. Pero cuando llegó el momento de regresar, muchos se habían arraigado de tal modo en la cultura babilónica que no quisieron irse. Cuando el Señor dice que es el momento de ir al cielo, luchamos contra eso como si fuera lo peor que pudiera ocurrirnos porque este mundo ha llegado a ser todo para nosotros. Por eso siempre se nos debe recordar que nuestra ciudadanía está en el cielo.

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¿Dónde está su tesoro?

Mayo 27

¿Dónde está su tesoro?

Haceos tesoros en el cielo. (Mateo 6:20)

El dejar esta tierra e ir al cielo no es un pensamiento popular en la iglesia contemporánea. El énfasis cada vez mayor en el éxito, la prosperidad y la solución de los problemas personales refleja nuestra perspectiva terrenal.

También es difícil para nosotros concebir una futura recompensa celestial. En esta época materialista, rara vez sentimos satisfacción en lo que se demora. Casi todo lo que deseamos lo podemos tener de inmediato. Ni siquiera necesitamos dinero; podemos usar una tarjeta de crédito. No tenemos que construir nada; podemos comprarlo todo. Y no tenemos que ir muy lejos para obtenerlo.

La falta de interés en el cielo es la otra cara del interés en este mundo. Los evangélicos modernos prácticamente se olvidan del cielo. Se predica y se enseña poco sobre el tema, pero hay una cantidad colosal de material disponible sobre la prosperidad en esta vida. Para buscar a Cristo con la misma pasión que Pablo debemos concentrar nuestra atención en el mundo venidero.

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