El aborto y la campaña por la inmoralidad

El aborto y la campaña por la inmoralidad


martes, 16 de octubre de 2012

Estimado Amigo,

La elección presidencial estadounidense se avecina; y este año, temas bíblicos son un foco importante en el debate -más que en cualquier otra elección en la historia de nuestra nación.

Si usted ha visto las convenciones políticas cuando finalizaba el verano, sabe que el partido político más prevaleciente en Estados Unidos ha adoptado una plataforma que enfáticamente afirma los mismos pecados condenados en Romanos 1:18-32. De hecho, en la versión que fue ratificada inicialmente, ellos no consideran adecuado reconocer a Dios (cf. Romanos 1:28).

Estos políticos abogan explícitamente por el asesinato de bebés no nacidos y quieren legalizar diversos tipos de perversión sexual. Por otra parte, tienen la intención de aprovechar el proceso legislativo para obligar a todos a aceptar y respetar su moral alterada.

No son cuestiones «políticas». Se trata de un ataque a gran escala a la Escritura usando (y abusando) el proceso democrático. Es un intento de redefinir el pecado como justicia y viceversa. Esto trae a la mente las palabras de Isaías 5:20: «¡Ay de los que a lo malo dicen bueno, y a lo bueno malo; que hacen de la luz tinieblas, y de las tinieblas luz; que ponen lo amargo por dulce, y lo dulce por amargo!»

En resumen, ellos «cambiaron la verdad de Dios por la mentira» (Romanos 1:25).

Nosotros, los que amamos a Cristo y queremos honrarlo, no podemos quedarnos pasivos, en silencio mientras que los políticos de nuestra nación prosiguen una agenda tan nefasta. La Escritura condena expresamente no sólo a «los que practican tales cosas», sino también a aquellos que «se complacen con los que las practican» (Romanos 1:32).

El mes pasado prediqué dos sermones sobre cuestiones morales y bíblicas que se debaten en la arena política. El primero de la serie es tan urgente que lo hemos producido en masa; y hemos tomado la decisión -sin precedentes- de enviar automáticamente una copia en CD a cada persona en nuestra lista de correo. (Eso es cerca de 100.000 copias.) Usted debería tener ahora una copia de ese mensaje, titulado «El aborto y la campaña por la inmoralidad.»

Quiero que también tenga la segunda parte de esta nueva serie. Se llama «La homosexualidad y la campaña por la inmoralidad»; y trata bíblicamente otro tema efervescente que está siendo ampliamente discutido en estos días. Para recibir su copia gratuita, sólo tiene que completar la tarjeta de respuesta adjunta y enviarla hoy mismo.

Usted podrá preguntarse por qué queremos hacer frente a estas cuestiones en vísperas de una elección. Después de todo, mi oposición a llevar la política partidista al púlpito es bien conocida. Escribí un libro entero sobre el tema. (Llamado Por qué el gobierno no lo puede salvar y, lamentablemente, ahora sólo está disponible en versión digital.) Pero muy rara vez menciono, mucho menos comento, acerca del proceso político.

Esto se debe a que la Verdad avanza en este mundo caído no por la fuerza o el poder político -no por la sabiduría humana o la influencia burocrática- sino por la proclamación del Evangelio y la predicación de la Palabra de Dios (1 Corintios 1:21). Debemos permanecer en esa tarea, y con la ayuda de Dios, lo haremos.

Pero el proceso político a veces se convierte en un medio para acelerar la propagación de la iniquidad y la injusticia. En este caso, los temas son claramente bíblicos, no meramente «políticos». Las perversiones sexuales y la matanza de los niños no nacidos son pecados atroces -en absoluto «derechos civiles»- de acuerdo a la Escritura. Cuando los políticos tratan de legalizar y regularizar estos males, son ellos quienes han propasado los límites de su función.

Durante este ciclo electoral, la inmoralidad flagrante ha sido decidida, enérgica y abiertamente integrada en la plataforma de un partido político nacional. No seríamos fieles a la Palabra de Dios             -seríamos culpables de no proclamar todo el consejo de Dios- si pretendiéramos que no está sucediendo. Usted recordará que Juan el Bautista confrontó la maldad en los más altos niveles del gobierno (Marcos 6:18). El suyo no fue un esfuerzo político, estaba tomando una posición de justicia, porque respondía a una autoridad superior a Herodes.

Permítanme ser claro: no estoy pidiendo su voto a favor de algún partido o candidato en particular; yo simplemente deseo exponer los temas bíblicos vitales que sustentan las agendas morales corruptas y están pasando como derechos civiles. Mientras hacemos esto, nuestro objetivo final es exaltar al Señor Jesucristo y llevar Su evangelio a los incrédulos. Después de todo, esto éramos algunos de nosotros (1 Corintios 6:11). Los incrédulos no son nuestros enemigos, sino nuestro campo de misión en necesidad de la verdad bíblica.

Siempre hemos creído y enseñado que la Palabra de Dios es siempre pertinente y totalmente suficiente para cada necesidad espiritual. En temporada y fuera de ella, en año de elecciones o no, nuestra misión es proclamar el Evangelio de la Biblia, enseñar a la gente lo que la Biblia quiere decir por lo que dice, ayudar a la gente a pensar bíblicamente acerca de los tiempos en que viven y equiparlos en sus ministerios a los demás.

Nos damos cuenta de que no estamos solos en nuestras convicciones o nuestra misión. El Señor nos ha rodeado de amigos como usted, celosos de la verdad bíblica, que ven que hay grandes necesidades espirituales a su alrededor, que reconocen la oportunidad que tienen de hacer un impacto y que están con nosotros, proveyendo para sustentar este trabajo.

El resultado es que muchos hombres y mujeres -algunos que anteriormente tenían poco acceso o interés en recursos bíblicos sólidos- nos están encontrando, están aprendiendo, creciendo e invirtiendo en los demás lo que hemos invertido en ellos. A través de su apoyo, usted forma parte de esa cadena de eventos que está haciendo eco en el cielo mismo. Gracias por sus oraciones y, a medida que nos acercamos al final del año, por su ayuda financiera. Que el Señor, quien ve, se lo devuelva, tanto en esta vida como en la vida por venir.

Con Amor en la Verdad,

John MacArthur

Pastor-Maestro

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Paz

Paz

John MacArthur

Paz es una palabra bella, ¿verdad que sí? Jesús dijo: “La paz os dejo, mi paz os doy; yo no os la doy como el mundo la da. No se turbe vuestro corazón, ni tenga miedo” (Jn. 14:27). Jesús nos dio su paz. Primera Corintios 7:15 dice: “Sino que a paz nos llamó Dios”. Filipenses 4:7 dice que dejemos que la paz de Dios reine en nuestros corazones. Segunda de Corintios 13:11 dice: “Vivid en paz”. Primera de Tesalonicenses 5:13 dice: “Tened paz entre vosotros”.

 Mientras que  el gozo es un sentimiento exterior, la paz es un contentamiento interior que viene cuando sentimos que todo está bajo control. Usted no va a tener paz si hay pecado en su vida. Pero cuando su vida está limpia de pecado y está caminando en el Espíritu, usted tendrá paz. Nunca permita que alguien o algo le priven de su paz.

 En nuestra iglesia tratamos de cultivar una actitud de paz, de descanso y confianza en Dios. No hay razón para dejarse perturbar. Pablo dijo: “Por nada estéis afanosos” y que permitamos que la paz de Dios reine en nuestros corazones (Fil. 4:6-7). Todos experimentamos pruebas que nos causan ansiedad. No vivimos en perfecta paz, pero, no obstante, tenemos que tener una actitud de paz.

 En Mateo 5:9 nuestro Señor dice: “Bienaventurados los pacificadores, porque ellos serán llamados hijos de Dios”. Los cristianos debieran ser pacificadores. Usted no podría hacer nada más maravilloso por el reino de Dios y la iglesia de Cristo Jesús que el ser un pacificador. La naturaleza humana tiende al conflicto. Job dijo: “Pero como las chispas se levantan para volar por el aire, así el hombre nace para la aflicción” (5:7). Las personas continuamente experimentan conflictos de personalidad. No obstante, estamos llamados a ser pacificadores. Somos llamados a suavizar los conflictos, no a fomentarlos. A veces un problema insignificante lo hacemos explotar en algo desproporcionado y se convierte en una marea destructora. Los seres humanos están más inclinados a incrementar las dificultades que a hacer la paz.

 Dígase a sí mismo: “Estoy en paz, Dios está en control y yo seré un pacificador”. Cada vez que se vea metido en un conflicto, sea un pacificador. Cuando vea a dos personas metidas en un conflicto, ayúdelas a abrazarse la una a la otra en paz. No se ponga del lado de ninguno. Procure encontrar lo bueno en cada persona en vez de enfocarse en lo malo. Cultive buenas relaciones, empezando con su propia familia. Si sabe que decir cierta cosa va a causar irritación a alguien, no lo diga. A veces cuando siento que estoy en lo correcto acerca de algo y alguien piensa que estoy equivocado, no me pongo a reafirmar que yo tengo la – razón porque no quiero perturbar la paz entre nosotros. No voy a comprometer mis convicciones, pero tampoco voy a defender innecesariamente mis derechos. La paz es más importante que el salirme con la mía. Sin embargo, si alguien niega la verdad de Dios, lucharé por lo que es la verdad. No obstante, con los de la familia de Dios tenemos que ser pacificadores. ¡Cuán sencilla sería la vida si todos fuéramos pacificadores!


Extraído del libro, “El plan del Señor para la iglesia” escrito por el Pastor John MacArthur y publicado por Editorial Portavoz.

Usted es la persona indicada, 2ª Pte.

Usted es la persona indicada, 2ª Pte.

John MacArthur

              Pablo, en su segundo viaje misionero, cumplió el ministerio que Dios había planeado para Galacia, una provincia grande del imperio romano. Él fortaleció, animó y confirmó exitosamente a los santos. La tarea, en ese entonces, se cumplió. Pero Pablo no había terminado, él se estaba moviendo. Él fue un modelo de persistencia.

             Pablo se fue al oeste, sin saber específicamente la voluntad de Dios, pero estaba en movimiento para que Dios lo pudiera guiar. La siguiente provincia fue Asia menor con sus ciudades de Éfeso, Esmirna, Filadelfia, Laodicea, Colosas, Sardis, Pérgamo y Tiatira. Pablo se fue con Silas y Timoteo hacia Asia Menor, emocionado por el prospecto de llevarle el evangelio a la gente de allí.

             De repente, como si fuera una muralla de concreto en una autopista, el Espíritu Santo les prohibió predicar el evangelio en Asia (Hech. 16:6). No sabemos cómo Dios los detuvo, pero lo hizo. La puerta cerrada cambió su dirección y se fueron al norte a Misia, esperando entrar a la provincia de Bitinia. “Pero el Espíritu de Jesús no se lo permitió” (16:7). Otra barrera en el camino. Se les había detenido de ir al norte, al sur y al este, hacia Galacia. ¿Y ahora qué? A estas alturas podríamos haber dicho: “Todas las puertas están cerradas, será mejor que nos vayamos a casa”. Pero Pablo no dijo eso. ¡Todavía quedaba el oeste! De manera que siguieron la frontera entre Asia Menor y Bitinia hacia el oeste hasta que llegaron al mar Egeo. Estaban en la ciudad playera de Troas, “y por la noche se le mostró a Pablo una visión en la que un hombre de Macedonia estaba de pie rogándole y diciendo: ‘¡Pasa a Macedonia y ayúdanos!’” (Hech. 16:9). Nunca más se volvería a considerar al cristianismo como otro culto asiático. Se estaba dirigiendo a Europa, toda una cultura diferente, ¡un nuevo mundo!

             Dios quiso que estuvieran en Macedonia todo el tiempo. Pero nunca se los dijo hasta que demostraron su fe y persistencia y no podían dar otro paso más.

             Manténgase en movimiento, ¡qué principio! Hay tantas personas que se quedan sentadas esperando que la grúa celestial los mueva y dicen: “No sé lo que Dios quiere que haga”. Ellos necesitan comenzar a moverse para que Dios pueda guiarlos a esa área de servicio que él ha planificado. Conocer la voluntad de Dios puede significar a caminar por un camino estrecho hasta llegar a un callejón sin salida. En ese momento, Dios abrirá una puerta tan ancha que usted no podrá ver lo que está a su alrededor, ¡sino sólo a través de ella!

             ¿Cuál fue la respuesta de Pablo? Se encuentra registrada en el libro de Hechos: “En cuanto vio la visión, de inmediato procuramos salir para Macedonia, teniendo por seguro que Dios nos había llamado para anunciarles el evangelio” (Hech. 16:10).

             Pablo respondió inmediatamente y esa es la única reacción cuando un corazón persistente se encuentra con una puerta abierta.

             Me acuerdo cuando era niño y me iba al parque de diversiones y pagaba unos pocos centavos para perderme en un laberinto. Estaba lleno de espejos, espacios abiertos y vidrios transparentes. La idea era encontrar los espacios abiertos y abrirse paso para salir del laberinto. Un niñito se rindió y se quedó parado en un lugar llorando hasta que viniera su mamá. ¡Yo no! Yo me golpeaba con los vidrios y los espejos hasta encontrar los espacios abiertos y salía después de 15 minutos.

             Usted puede rebotar contra muchas puertas cerradas, pero esa es la forma en que Dios lo guía a la fuerza hacia la puerta que él tiene abierta. ¡Muévase! Sea persistente.

             ¿Sabe qué? La voluntad de Dios no es primordialmente un lugar. La voluntad de Dios no es, ante todo, un sitio donde ir o un lugar donde trabajar. La voluntad de Dios tiene que ver con usted como persona. Si usted es una persona que está en la condición correcta, entonces puede seguir sus deseos y cumplirá así con la voluntad de él.

             “Así que, hermanos, os ruego por las misericordias de Dios que presentéis vuestros cuerpos como sacrificio vivo, santo y agradable a Dios, que es vuestro culto racional. NO os conforméis a este mundo; más bien, transformaos por la renovación de vuestro entendimiento, de modo que comprobéis cuál sea la voluntad de Dios, buena, agradable y perfecta” (Rm. 12:1,2).

             Y cualquier cosa que pase en su vida, a lo largo de su recorrido dé gracias, porque “esta es la voluntad de Dios para vosotros en Cristo Jesús” (1 Tes. 5:18). Él está usando eso para amoldarlo a su voluntad.

Extraído del libro, “La voluntad de Dios escrito por el Pastor John MacArthur y publicado por Editorial Mundo Hispano. 

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Usted es la persona indicada, 1ª Pte.

Usted es la persona indicada, 1ª Pte.

John MacArthur

La voluntad de Dios es que usted sea salvo, lleno del Espíritu, santificado, sumiso y sufrido. La Palabra de Dios aclara todo esto. No continúe leyendo hasta que haya entendido estos cinco principios.

 Usted dirá: “MacArthur, usted me iba a decir a qué universidad debería ir. Me iba a decir específicamente la voluntad de Dios. ¡No lo ha hecho!”

 Bueno, permítame darle el principio final, ¡pero agárrese de su silla! ¡Quizás va a querer saltar y gritar! Si usted está haciendo todas estas cinco cosas básicas, ¿sabe cuál es el siguiente principio de la voluntad de Dios? ¡Hacer lo que usted quiera! Si esos cinco elementos de la volunta de Dios están funcionando en su vida, ¿Quién está gobernando sus deseos? ¡Dios! El salmista dijo: “Deléitate en el SEÑOR, y él te concederá los anhelos de tu corazón” (Sal. 37:4). ¡Dios aquí no dice que va a cumplir todos los deseos! Si usted está viviendo una vida devota, él le dará los deseos correctos.

 La gente me dice:
– ¿Por qué entró a su ministerio actual cuando antes tenía un ministerio tan placentero en otra área?
Siempre respondo:
– Porque quería.
– Ajá. Hizo su propia voluntad.
Tuve un amigo que se me acercó y dijo:
– John, no sé donde quiere el Señor que sirva.
Yo le dije:
– Martín, si pudieras escoger cualquier servicio en el mundo, ¿Cuál quisieras?
Él dijo:
– Ah, tengo una carga tremenda por el pueblo de Israel. Hablo francés con fluidez, y París está lleno de gente judía que no conoce a Jesús. A mí personalmente me encantaría ir a París como misionero a los judíos.
Verifiqué si entendía los cinco principios espirituales y le dije:
– Martín, ¿has hecho todas estas cosas?
Él contestó:
– Sí, creo sinceramente que estoy comprometido con Cristo en estas áreas.
Yo le dije:
– Martín, adiós, que tengas un buen viaje.
Él vaciló y dijo:
– Pero tengo que escribir a 42 juntas misioneras.
Yo le dije:
– ¡No! Anda nomás.
Él dijo:
– Pero ese sólo es mi deseo.
– Entonces confía en que Dios fue quien plantó ese deseo. Vete de aquí.

 Él se enlistó en una misión de fe y se inscribió para ir a Francia. Pusimos un letrero bien grande en nuestra iglesia que decía: “Martín Wolfe se va a Francia”. Recaudó todo el apoyo que necesitaba y ahora está sirviendo a Cristo, ¡en Canadá!

 ¿Qué sucedió? Una vez que se estableció que él era la persona indicada, no fue gran problema el lugar a donde iba. Él está en la ciudad de Montreal, trabajando con judíos de habla francesa. Él tenía la idea correcta; Dios tenía una ciudad diferente.

 Esto trae a colación otro principio crucial. Imagínese tratando de virar y cambiar la dirección de un tractor estacionado. Tarea muy difícil. Se requerirían grúas y cadenas para siquiera moverlo. Pero una vez que está rodando, un vehículo que pesa 18.000 kilos no es difícil de controlar.

 Una vez que Martín se puso en marcha, Dios tomó control del timón con los brazos fuertes de su voluntad y fue fácil. Supongo que Dios pudo haber transportado su grúa celestial, recogido y empujado a Martín en la dirección correcta, pero a él le gusta usar gente que ya se está moviendo.

 Escuche este comentario sobre uno de los apóstoles más grandes: “Aconteció que mientras Pedro recorría por todas partes, fue también a visitar a los santos que habitaban en Lida. Allí encontró a cierto hombre llamado Eneas, que estaba postrado en cama desde hacía ocho años, pues era paralítico. Pedro le dijo: ‘Eneas, ¡Jesucristo te sana! Levántate y arregla tu cama’. De inmediato se levantó, y le vieron todos los que habitaban en Lida y en Sarón, los cuales se convirtieron al Señor” (Hech. 9:32-35).

 Este relato emocionante registra que Dios usó a Pedro para sanar a un hombre enfermo y comenzar un avivamiento. ¡Qué experiencia bienaventurada la de servir en la voluntad del Señor! Y cuidadosamente insertado en este evento se encuentra un pequeño pensamiento sencillo: “…mientras Pedro recorría por todas partes”.

 Pedro ya se estaba moviendo, estaba a la disposición de puertas que estuviesen abiertas. Entonces fue cuando Dios lo dirigió a Lida. Recuerde, Dios tiene ministerios abundantes para sus santos más ocupados.

En Génesis encontramos una ilustración fascinante de la misma verdad: “Diciendo: ‘¡Bendito sea el SEÑOR, Dios de mi señor Abraham, que no apartó de mi señor su misericordia y su verdad! En el camino el SEÑOR me guió hacia la casa de los hermanos de mi Señor’” (Gen. 24:27). El siervo fue enviado por Abraham para encontrar una esposa para Isaac. Él ni siquiera sabía quién o qué estaba buscando. Pero estuvo involucrado en el servicio y el Señor se hizo cargo de resto.

Participe en la corriente dominante de lo que Dios está haciendo y deje que él lo guíe a esa voluntad perfecta.


Extraído del libro, “La voluntad de Dios” escrito por el Pastor John MacArthur y publicado por Editorial Mundo Hispano. 

Dios hace que todo ayude para bien

Dios hace que todo ayude para bien

John MacArthur

Y sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados.

  –Romanos 8:28

  ¿Es bueno todo lo que le ocurre a usted? Eso no es lo que dice este versículo. Dice que Dios hace que todas las cosas malas obren para el bien de quienes aman a Dios.

Los cristianos no niegan que hay muchísima maldad en el mundo. Ni siquiera niegan que hay muchísima maldad en ellos. Sin duda usted puede identificarse con la confesión de Pablo en Romanos 7:19: “Porque no hago el bien que quiero, sino el mal que no quiero, eso hago”. Él exclama: “¡Miserable de mí!” (7:24) Y confiesa: “en mi carne, no mora el bien: (7:18). Así que Romanos 8:28 no dice que no haya nada malo. Dice que aun lo que es malo en nosotros puede obrar para bien.

Observe que el versículo no dice que las cosas por sí mismas obran para bien. Eso es lo que el mundo piensa: Que las “cosas les ayudan a bien”. Pero los mejores manuscritos griegos de este versículo ponen en claro que el sujeto de la oración no es cosas sino Dios: “Sabemos que Dios hace que todas las cosas obren para bien”.

Eso nos señala un elemento muy importante del carácter de Dios. Podemos llamarlo la soberanía de Dios. Esa es su autoridad y su poder supremo sobre todos los asuntos de la vida, para producir por ellos sus propios buenos propósitos. También la pudiéramos llamar la providencia de Dios. Es decir, la forma maravillosa en que Dios toma todas las vicisitudes de la vida, todas las contingencias, todas las decisiones, todas las cosas buenas, malas e indiferentes y las entrelaza para un buen propósito. 

Esa promesa no es para todo el mundo. Dios no dice que todo obrará para bien para todas las personas en el mundo. Esa es una promesa hecha solamente para quienes aman a Dios, quienes han sido llamados a la salvación. No todo en su vida será bueno pero todo en su vida obrará por la soberana providencia de Dios.

Pudiera no ver eso en este momento pero cada sufrimiento, cada tentación, cada prueba, incluso cada pecado, Dios los teje en un tapiz que al final es para su bien. A veces mirar su situación es como mirar la parte de atrás de una alfombra oriental. Lo único que puede ver es un montón de hilos que van en todas direcciones. Parece algo caótico. Pero si da la vuelta a la alfombra, puede ver un diseño maravilloso. Cuando se le dé la vuelta a su vida algún día en la eternidad, usted verá el diseño. Verá cómo Dios hizo que todas las cosas obran para bien.

Aun en nuestras pruebas y tentaciones, Dios está obrando para bien. ¿Le sorprendió que yo dijera que incluso Dios hace que nuestros pecados obren para bien? Cuando veo pecado en mi vida, Dios usa esos tropiezos para aumentar mi aversión por el pecado. En cuanto a la vida venidera, Dios está obrando en todos los aspectos de nuestra vida presente a fin de producir una recompensa eterna que disfrutaremos por siempre en su presencia.

No espere que todo en la vida sea bueno. Eso no sucederá. No espere que todo en usted sea bueno. Eso tampoco sucederá. Pero lo que sí puede esperar es esto: Dios tejerá todas las cosas a favor de sus amados hijos para producir un buen resultado, ahora y por toda la eternidad.

 


 Extraído del libro, “El corazón de la Biblia escrito por el Pastor John MacArthur y publicado por Editorial Portavoz.

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Sólo para maridos

Sólo para maridos

John MacArthur 

El día de San Valentín (o de los Enamorados) puede ser la única vez al año en la que la mayoría de los maridos dejan su apariencia exterior machista; y demuestran actualmente su amor por sus esposas de una manera tangible. Es posible que usted la colme a su esposa de flores o dulces o la lleve en una velada romántica. Algunos de ustedes incluso pueden hacer mayores sacrificios, tales como limpiar la casa, llevarle el desayuno a la cama o comprarle algún regalo preciado. Pero una vez que el día termina, también lo hace el Príncipe Azul; y usted vuelve a su ser normal y a su rol habitual.

Pregúntele a muchos maridos cristianos que resuman su rol bíblico en una palabra y ellos le responderán “Liderazgo”. La Escritura contesta esta pregunta con una palabra diferente: amor.

No existe ninguna duda que el diseño de Dios para usted, si usted es un esposo, incluye el aspecto de liderazgo. Pero es un liderazgo que surge del amor y está siempre templado con afecto sensible, cariñoso. El rol apropiado del esposo como líder amoroso, cuidadoso, esta óptimamente personificado por Cristo, quien tomó el rol de sirviente al lavar los pies de Sus discípulos (Juan13:3-17).

Es significativo que antes de que el apóstol Pablo instruyera a maridos y esposas en cómo amarse unos a otros, él exigiera una sumisión mutua. Efesios 5:21 lo expresa de la siguiente manera: “Someteos unos a otros en el temor de Dios.” Ésa es una orden general a todos los cristianos, en todos los contextos.

Los maridos no son una excepción a esta regla. El amor que usted debe mostrar a su esposa incluye sumisión. Está matizado y caracterizado por mansedumbre, ternura y servicio. Es un amor humilde, de siervo, como el de Cristo.

La sumisión establece la base para las instrucciones de Pablo a los maridos: “Amad a vuestras mujeres” (v.25). Toda la idea de la dirección del marido es una comparación a Cristo. La dirección del marido sobre la esposa es como la dirección de Cristo sobre la iglesia. “El marido es cabeza de la mujer, así como Cristo es cabeza de la iglesia”  (v.23). Por lo tanto, su amor por su esposa se supone que debe ser como el amor de Cristo por su Iglesia: “Amad a vuestras mujeres, así como Cristo amó a la iglesia, y se entregó a sí mismo por ella” (v.25).

El sacrificio de Cristo es el arquetipo mismo de lo que el amor exige. Primera de Juan 3:16 dice: “En esto hemos conocido el amor, en que Él puso su vida por nosotros.” Jesús mismo dijo: “Nadie tiene mayor amor que este, que uno ponga su vida por sus amigos” (Juan 15:13).

En realidad, sin utilizar la palabra amor, el apóstol Pedro describe su amor por su esposa: “Vosotros, maridos, igualmente, vivid con ellas sabiamente, dando honor a la mujer como a vaso más frágil, y como a coherederas de la gracia de la vida” (1 Pedro 3:7).

La relación de dirección-sumisión no es inherente a superioridad e inferioridad. Muchas esposas son francamente más sabias, más eruditas, más articuladas y más criteriosas que sus esposos. Sin embargo, Dios ha establecido la familia de modo tal que el hombre es la cabeza. Eso no es porque automáticamente la esposa le deba al marido deferencia servil como a alguien a quien es inferior – ya que no debe ser tratada como inferior, sino como una hermana y coheredera. El motivo para este mandato divino es que su esposa es el vaso más frágil- y usted, por lo tanto, le debe a ella sacrificio y protección.

Mi desafío a ustedes, esposos, es que todos los días sean de San Valentín para sus esposas. Haga de estas tres acciones su prioridad diaria en su relación con su esposa; y estará cumpliendo su obligación como Cristo, sacrificial para con ella. 

Sea Considerado

“Vivid con ellas sabiamente”, Pedro dice en el verso 7. Él habla de ser considerado. Es lo opuesto a la mentalidad del hombre de las cavernas que algunos hoy en día recomendarían. Es incompatible con el machismo independiente, orgulloso, egocéntrico que muchos piensan que personifica la verdadera masculinidad. Llama a una comprensión, sensibilidad y satisfacción de las necesidades de su esposa. Involucra un esfuerzo sincero de comprender sus sentimientos, miedos, ansiedades, preocupaciones, objetivos, sueños y deseos. En resumen, usted debe ser considerado.

A menudo, se reduce a escuchar. Usted debe comprender el corazón de su esposa. ¿Cómo puede usted expresar un amor sacrificial, que satisface las necesidades de ella, si no tiene idea de cuáles son esas necesidades?

Francamente, esta es una lucha para la mayoría de los hombres. No es algo que nos llega naturalmente. Tal como nuestros hijos, peleamos contra nuestras propias tendencias pecaminosas y deseos egoístas. Pero Dios nos llama a ser modelos de amor sacrificial en nuestras familias; y eso comienza siendo considerado.

Sea Caballeroso

La esposa es el “vaso más frágil”, de acuerdo con Pedro. ¿En qué sentido son las mujeres “más frágiles”? Esto tiene referencia principalmente al aspecto físico. Las mujeres son, como clase, físicamente más frágiles que los hombres. Ahora, sin lugar a dudas, es cierto que existen algunos hombres cuyas esposas son más fuertes que ellos. Pero esto no es usual; y yo creo que aún en esos casos excepcionales, el principio también se aplica. Usted debe tratar a su esposa con tierna caballerosidad. Lo puede hacer de muchas maneras, desde abriéndole las puertas, moviendo los muebles o haciendo trabajos pesados en la casa.

Un marido amoroso no le diría a su esposa: “Después de que hayas cambiado la llanta, con gusto te llevaré a la tienda.” Les servimos con nuestra fuerza. Las tratamos como vasos más frágiles, mostrándoles una deferencia particular en temas en donde su debilidad física las coloca en desventaja. Primera de Pedro 3:7 sugiere en realidad que Dios diseñó a la mujer para estar bajo la protección del hombre, beneficiándose de su fuerza. Y sirviendo a nuestras esposas, prestándoles esa fuerza, es una de las principales maneras en que les mostramos un amor como el de Cristo, sacrificial.

Tenga Comunión

Debemos considerar a nuestras esposas “como a coherederas de la gracia de la vida.” Los hombres y las mujeres pueden ser diferentes físicamente, pero espiritualmente son iguales. Trate a su esposa como a su par espiritual. Mientras que está legítimamente preocupado con la tarea de liderazgo espiritual en su hogar, no se olvide la responsabilidad de comunión delante de Dios con su esposa como coheredera de Su gracia. Su rol como el líder de ella no significa que usted es su superior. Ustedes son ambos completamente dependientes de la gracia divina; y juntos, ambos son herederos de esa gracia.

En Cantar de los Cantares, la esposa le dice al esposo: “Tal es mi amado, tal es mi amigo” (5:16). Me encanta esa expresión. Ella se regocija en su amor por él, pero no es sólo la devoción romántica de él que le emociona a ella. No es su machismo o su liderazgo que causa que su corazón cante. ¿Qué es? Ella está feliz de que él sea su amigo. Ése es el tipo de relación que los esposos deberían cultivar. Es un sentido profundo de compartir cosas espirituales íntimamente, en igualdad. Es una comunión juntos, tal como no hay otra relación en la tierra.

Este es un modo sencillo de resumir el amor sacrificial: el esposo lleno del Espíritu ama a su esposa no por lo que ella pueda hacer por él, sino por lo que él puede hacer por ella. Así es exactamente como trabaja el amor de Cristo. Él nos ama no porque haya algo en nosotros que Le atraiga, no porque Él gane algún beneficio por amarnos, sino simplemente porque Él se propuso amarnos y Le deleita otorgarnos Su favor.

¿Se ha dado cuenta usted que el amor es un acto de voluntad, no un sentimiento? Es un compromiso al bienestar de su objeto. Es una devoción voluntaria. Involucra sacrificio, consideración, caballerosidad, comunión, cortesía y compromiso. Es precisamente el tipo de amor que usted le debe a su pareja. Y si usted está dispuesto a obedecer a Dios, por el poder del Espíritu de Dios, usted puede mostrar ese tipo de amor a su esposa.

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Sacuda al mundo

Sacuda al mundo

John MacArthur

 Tantas veces me digo a mí mismo que si los cristianos alguna vez aprenden a vivir la clase de vida que Pedro describió, sacaríamos al mundo de su eje. Pero a veces el mundo no puede distinguirnos de sí mismo. El apóstol Pablo hace un llamado a los cristianos que están trabajando para jefes que no son cristianos, para que les den un día de trabajo honesto por cada día pagado y les muestren que esa es la norma de un cristiano (ver Efe. 6:5-8).

            Si usted es ciudadano de cierto estado, obedezca las leyes de ese estado para que la gente pueda saber que su fe es real, que alcanza e influye cada área de su vida. Siempre me perturba cuando un individuo que tiene un eslogan cristiano en el parachoques de su auto,  pasa zigzagueando a los otros carros como un maniático.

            El principio de la buena ciudadanía lo sostiene además Pablo, quien dice que cuando la iglesia escoge a un anciano, debe elegir a uno que sea irreprensible (ver 1 Tim. 3:10).

            Usted podría preguntar: “¿Se supone que deba obedecer todas las leyes del lugar?”. Sí, cada una de ellas. Si no está de acuerdo con ellas, eso no cambia el tema. Obedézcalas. Ahora, si usted conoce una manera de trabajar políticamente para cambiar leyes esta bien; pero hasta que sean cambiadas, obedézcalas.

             ¿Pero qué tal si le dicen que haga algo que infringe la clara revelación y el mandamiento de Dios? ¡Entonces no lo obedezca! Esa es la única excepción. Esto es lo que sucedió cuando los gobernantes judíos detuvieron a Pedro y Juan. Les dijeron que ya no predicara en el nombre de Jesús. Pero Pedro y Juan contestaron: “Juzgad vosotros si es justo delante de Dios obedecer a vosotros antes que a Dios”. Y salieron de ese sitio y comenzaron a predicar (ver Hech. 4:18-20). La única vez en que un creyente debe infringir la ley del lugar es cuando la ley le prohíbe hacer lo que se le ha dicho por medio del mandamiento directo de Dios, o cuando se le ordena hacer lo que Dios prohíbe.

             ¿Qué estoy diciendo? Es que Dios quiere que seamos la clase de ciudadanos en el mundo que llamará la atención del mundo. Necesitamos ser diferentes. Necesitamos tener las cualidades de la sal y la luz (Mat. 5:13-16). Eso implica sometimiento, lo cual ordena claramente la Escritura.

Extraído del libro, La voluntad de Dios” escrito por el Pastor John MacArthur y publicado por Editorial Mundo Hispano.

Cristo ha vencido al mundo

Cristo ha vencido al mundo

John MacArthur

Estas cosas os he hablado para que en mí tengáis paz. En el mundo tendréis aflicción; pero confiad, yo he vencido al mundo.
–Juan 16:33

 Jesús dijo esas palabras en el aposento alto la noche que fue traicionado. Fue la conclusión del largo discurso de despedida que comienza: “No se turbe vuestro corazón” (Jn. 14:1). Jesús les dijo a sus discípulos que Él se iba. Les dijo que se sentirían temerosos y preocupados, que serían perseguidos, que serían esparcidos y abandonarían a Jesús. Pero durante todo su discurso hizo promesas de que no los abandonaría. Su amor continuaría. Les daría el Espíritu Santo para que los animara como lo había hecho Jesús. Prometió responder a sus oraciones.

 Al final del discurso, Él dijo: “El propósito de todo lo que les he dicho es que tengan paz en el corazón. No tienen por qué estar ansiosos. No quiero decir que no tendrán problemas. Ya les he advertido de persecuciones. En este mundo tendrán problemas”. La palabra griega tiene una raíz que significa “presión”. Usted estará bajó presión, oprimido por los problemas de esta vida. Pero en medio de eso, anímese, ya que al fin al cabo Él ha vencido al mundo.

 Ya la batalla se ha decidido, dice Jesucristo. No hay nada que el mundo pueda hacerte que pueda finalmente derrotarte, ya que he ganado una absoluta victoria sobre el pecado y la muerte. Estoy a punto de terminar es obra en la cruz. El mundo, las fuerzas que se oponen a Dios, seguirán causándote problemas pero no pueden derrotarte porque yo ya vencí. Su ataque contra ti no puede dañarte porque todo el sistema del mundo opuesto a Dios ha sido aplastado. Yo he vencido al mundo. Mientras permanezcas en este mundo, tendrás problemas. Pero cuando permaneces en mí, tendrás paz.


 Extraído del libro, “El corazón de la Biblia escrito por el Pastor John MacArthur y publicado por Editorial Portavoz.

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Murió por los impíos

Murió por los impíos

John MacArthur

Porque Cristo, cuando aún éramos débiles, a su tiempo murió por los impíos. Ciertamente, apenas morirá alguno por un justo; con todo, pudiera ser que alguno osara morir por el bueno. Mas Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros.
— Romanos 5:6-8

 Pablo concentra nuestra atención en una verdad convincente: Cristo no murió por nosotros porque fuéramos piadosos. Él no murió por los religiosos ni por los morales ni por los buenos. Murió por nosotros, los impíos, aunque todavía éramos pecadores.

 Es ya muy raro que las personas mueran por otras personas. A veces leemos acerca de alguien que da la vida en una guerra o en un desastre para salvar a otra persona. Pablo reconoce que en raras oportunidades pudiera alguien morir por una persona justa, alguien que merecía ser salvo. Sería una persona muy notable que dio su vida por salvar a una buena persona. ¿Pero ha oído alguna vez de alguien dispuesto a morir por un malvado? ¿Moriría alguien por un hombre miserable, malvado y ruin? Solo Jesucristo lo haría.

 Ese es el verdadero amor, el amor del que la Biblia nos habla. Es la clase de amor que hizo que Cristo muriera por los peores, no por los mejores. Esa es la maravilla del amor de Dios. Su asombroso amor hacia nosotros se muestra en que Cristo murió por nosotros aunque todavía éramos pecadores. El amor de Dios no tuvo nada que ver con nuestro atractivo o dignidad. Solo tuvo que ver con el carácter de Dios, el hecho de que Dios es amor.

  Cristo no murió por nosotros porque fuéramos dignos o encantadores o piadosos. Pablo dice que estábamos sin fuerzas, indefensos e incapaces de salvarnos a nosotros mismos. No había nada que admirar en nosotros pero Dios nos amó. Cristo murió por nosotros porque éramos indignos e indefensos. No se puede expresar el evangelio de una forma más directa que esa: Cristo murió por los impíos, no por los justos. Lo hizo porque nos ama, no por ninguna otra razón. Un amor que no merecíamos produjo un sacrificio que no merecíamos. Pero eso es lo que hace la gracia.

 Ese amor, ese sacrificio, produce gratitud en nuestra vida. Espero que usted sienta gran gratitud todos los días, sin olvidar jamás cuán indigno es del amor de Dios en Jesucristo. No hemos hecho nada para merecer su misericordia. No tenemos ningún atributo deseable para atraer su amor. Aunque estábamos indefensos y éramos impíos, aunque estábamos en rebelión contra Él, Dios mostró su amor por nosotros al enviar a Cristo a que muriera en nuestro lugar.


Extraído del libro, “El corazón de la Biblia” escrito por el Pastor John MacArthur y publicado por Editorial Portavoz.  

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¿Cómo puedo superar un mal hábito?

¿Cómo puedo superar un mal hábito?

John MacArthur 
02/13/2018

Una mala costumbre es usualmente conectada con creencias y actitudes erróneas. No debemos querer cambiar nuestras costumbres solamente porque son vergonzosos, caros, insalubres, o porque nos hacen sentir culpables – sino debemos desear el más grande propósito de Dios para que estemos satisfechos. Hasta que tratemos con las creencias erróneas que debilitan nuestra resistencia a la mala costumbre, solamente tendremos éxito limitado en superarlo.

El cristiano debe ver que las malas costumbres son últimamente problemas espirituales. No debemos dudar a llamarles pecados. Y debemos hacer que los medios de la santificación descrita en las Escrituras (especialmente en la Palabra de Dios y la oración) sean esenciales para superar malas costumbres.

Somos responsables por nuestro propio pecado – incluyendo aquellos pecados que tan fácilmente nos acosan. El hecho que hacemos algo malo habitualmente no nos excusa de nuestra responsabilidad. Al contrario, podría empeorar el pecado. Entonces debemos tomar responsabilidad personal por nuestros propios hábitos y no evitar de llamarlos pecado.

Hábitos pecaminosos no son problemas insuperables para el cristiano. Después de todo, el Espíritu Santo mora en nosotros y está obrando a conformarnos más a la imagen de Cristo. ¿Y si Él es con nosotros, quien contra nosotros? (Romanos 8:31) Además, Gálatas 5:16 dice que si andamos “en el Espíritu,… no satisfagáis el deseo de la carne”. Y 1 Corintios 10:13 es una promesa que Dios no nos permitirá ser tentados más de nuestra habilidad. Si usamos los recursos que Dios nos a provisto por medio de Su Espíritu y Su Palabra, podremos atacar cualquier hábito sabiendo que podemos ser victoriosos.

Permítame darle algunas sugerencias prácticas para superar las malas costumbres, los malos hábitos. Espero que le ayuden.

Primeramente, acuérdese que el pecado comienza en la mente. Santiago 1:14-15 compara a una persona cayendo en pecado a un pez o animal que es capturado con cebo. Ve el cebo, lo desea, y es atrapado en el proceso de arrebatarlo. Asimismo, son los pecados que nos atrapan en la mente.

La persona que roba primero piensa en lo que él quiere. Después piensa en un plan para poder tenerlo. Luego que haya conspirado en su mente, se lo lleva. Hubiera podido parar el pecado en su mente antes que se convirtiera en una acción completa. Es por eso que la Escritura nos manda que renovemos nuestra mentes (Romanos 12:2), a pensar en cosas buenas (Filipenses 4:8), y a meditar en la Palabra (Salmo 1:2).

Derrotar un hábito también requiere un cambio de vida. No debemos hacer provisión para nuestra carne (Romanos 13:14). La persona que quiere dejar de fumar debe tirar todos sus cigarrillos y no comprarlos; la persona luchando con pecado sexual debe deshacerse de todo material sugestivo que posee. Evite la compañía de aquellos que tienen el mismo problema (1 Corintios 15:33), y evite los lugares y circunstancias que le tentarían.

Por último, no trate de batallar con el hábito solo. Desarrolle relaciones con cristianos más maduros quienes le animen y le apoyen (Gálatas 6:2). Pase tiempo en oración con ellos. Pídales que le estén preguntando como está regularmente, y sea honesto cuando falle (Santiago 5:16).

El cambio bíblico no es solamente voltear contra el pecado; es mirar hacia la justicia. La persona que miente debe hablar la verdad (Efesios 4:25). El que roba debe dejar de robar, debe trabajar y dar a otros (versículo 28); y el que habla palabras que no edifican, debe decir palabras que animan a otros (v. 29). No solo deje de pecar – empiece a hacer lo que es correcto. Las buenas costumbres que construirá reemplazaran las costumbres pecaminosas.

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