Menú 20. Dioses de menú

Menú 20. Dioses de menú

a1L a manera en la que vivimos la vida del Reino, el evangelio, nuestra vida espiritual cristiana, tiene mucho que ver con el concepto que tenemos de Dios. Es decir nuestra teolog ía práctica (lo que hacemos día a día en el nombre de Dios) tiene que ver con la teología propia (quién es Dios).

Si tenemos una imagen equivocada de Dios podemos caer en idolatría. Por mucho que tú llames a tu dios, Jesús, si ese Jesús que tienes en tu mente no es el Jesús de la Biblia, y le atribuyes características que Él no tiene, estarás adorando a un dios inventado por tu mente, lo llames como lo llames, y vivirás de acuerdo a ese dios que has creado a tu imagen y semejanza.

Cuando el pueblo de Israel fue librado de Egipto sabían que JHVH les había sacado de allí, ese era su nombre, pero no lo conocían. Un día Moisés se alejó del pueblo para estar a solas con Dios que le iba a dar los diez mandamientos.

No puedo hablar de esta historia sin recordar a Charlton Heston, su barba y la manta de invierno que le robó a mi abuela para hacerse el disfraz de Moisés.

Sigo.
El pueblo de Israel se quedó solo y al ver que Moisés tardaba en regresar le dijeron a Aaron que hiciese algo, esto fue lo que ocurrió:

“Viendo el pueblo que Moisés tardaba en descender del monte, se acercaron entonces a Aarón, y le dijeron: Levántate, haznos dioses que vayan delante de nosotros; porque a este Moisés, el varón que nos sacó de la tierra de Egipto, no sabemos qué le haya acontecido. Y Aarón les dijo: Apartad los zarcillos de oro que están en las orejas de vuestras mujeres, de vuestros hijos y de vuestras hijas, y traédmelos. Entonces todo el pueblo apartó los zarcillos de oro que tenían en sus orejas, y los trajeron a Aarón; y él los tomó de las manos de ellos, y le dio forma con buril, e hizo de ello un becerro de fundición. Entonces dijeron: Israel, estos son tus dioses, que te sacaron de la tierra de Egipto”. Y viendo esto Aar ón, edificó un altar delante del becerro; y pregonó Aarón, y dijo: Mañana será fiesta para Jehová. Y al día siguiente madrugaron, y ofrecieron holocaustos, y presentaron ofrendas de paz; y se sentó el pueblo a comer y a beber, y se levantó a regocijarse. Entonces Jehová dijo a Moisés: Anda, desciende, porque tu pueblo que sacaste de la tierra de Egipto se ha corrompido. Pronto se han apartado del camino que yo les mandé; se han hecho un becerro de fundición, y lo han adorado, y le han ofrecido sacrificios, y han dicho: Israel, estos son tus dioses, que te sacaron de la tierra de Egipto”. Éxodo 32:1–8.

Y sí, increíblemente, ese becerro de oro al que adoraban, que habían creado con su mente, lo llamaban JHVH (v.5). Habían creado su dios, su JHVH como ellos querían, a la moda de la época, de oro, como los otros dioses que imperaban por allí, con forma de animal, como los otros dioses que habían conocido, un Y dios hecho por manos humanas, por mentes humanas. Como cuando vas a un restaurante y pides el menú que te apetece, el que más se ajusta a tu forma de ser, un dios a la carta. Así le ocurrió a Israel, se inventaron su becerro, su menú.

Y nosotros, quizás, pecamos de lo mismo, hablamos acerca del Dios de la Biblia y lo adoramos, pero nos puede ocurrir como a la gente que vivía en Atenas cuando Pablo fue a la ciudad. Tenían un altar donde adoraban “al dios no conocido”.

“Entonces Pablo, puesto en pie en medio del Areópago, dijo: Varones atenienses, en todo observo que sois muy religiosos; porque pasando y mirando vuestros santuarios, hallé también un altar en el cual estaba esta inscripción: AL DIOS NO CONOCIDO. Al que vosotros adoráis, pues, sin conocerle, es a quien yo os anuncio”. Hechos 17:22, 23.

¿Estaremos adorando a un dios que no conocemos? ¿Estaremos adorando a un dios que hemos creado en nuestra mente? La única manera de no hacer eso es ¡conociendo a Dios! Y desechando las imágenes que esta sociedad nos ha enseñado acerca de Él.

Por ejemplo, Dios no es una fuerza impersonal que puedo manejar a mi antojo. Algunos hablan de visualizar cosas y desearlas para que Dios te las conceda. He visto cristianos que ponen fotos de lo que quieren en sus neveras para “atraer eso” a sus vidas. Esta filosofía está de moda, algunos la llaman la ley de la atracción y algunos libros de mayor venta en las librerías versan sobre ese tema. Usan esa “fuerza” para su bien. Para los fans de Star Wars esto les sonará y se estarán imaginando a un Jedi moviendo con la mano una nave espacial. Esto, que tiene que ver con la psicología positiva, a veces se confunde con el Dios de la Biblia, y algunos que se dicen creyentes hablan de este Dios/fuerza universal/dios a la carta/peliculero, como si fuera el Dios verdadero. Mientras el Dios no conocido espera a los verdaderos adoradores…

Otros se imaginan un Dios castigador, que está pendiente de cada error para apuntarnos con el dedo y acusarnos. Muchas de las personas que no creen en Dios piensan así, en parte porque es el dios que algunos cristianos han mostrado. Mientras, el Dios no conocido espera a los verdaderos adoradores…

Otros creen que Dios es imposible de conocer, y que está demasiado lejos de nosotros. Que, sea lo que sea, está más allá de nuestra comprensión y sería insensato tener una relación personal con Él, por lo tanto, no le prestan atención. Mientras el Dios no conocido espera a los verdaderos adoradores…

Otros ven a un Dios con barba de Santa Claus sentado en una mecedora y que quiere a todo el mundo, y que no le importa nada de lo que pase, al final todos seremos felices “forever”. Mientras el Dios no conocido espera los verdaderos adoradores…

Otros… Otros…

Otros…

Pero Dios,

en su infinita misericordia se cansa de esperar, viene, se hace un hombre para hacerse comprensible a mí, que pensaba que el dios que había creado en mi mente era lo único que había y me dice:

Aquí estoy, deja de imaginarme

y conóceme.

“Mas la hora viene, y ahora es, cuando los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad; porque también el Padre tales adoradores busca que le adoren”. Juan 4:23.

“Y esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien has enviado”. Juan 17:3.

Sampedro, Á. (2013). Igleburger (pp. 101–103). Álex Sampedro.

Menú 19. El reino de Dios, más mostaza por favor

Menú 19. El reino de Dios, más mostaza por favor

a1“Decía también: ¿A qué haremos semejante el reino de Dios, o con qué parábola lo compararemos? Es como el grano de mostaza, que cuando se siembra en tierra, es la más pequeña de todas las semillas que hay en la tierra; pero después de sembrado, crece, y se hace la mayor de todas las hortalizas, y echa grandes ramas, de tal manera que las aves del cielo pueden morar bajo su sombra”. Marcos 4:30–32

El reino de Dios no se siembra con grandes sumas de dinero, con grandes sueños que hay que cumplir, con grandes campañas. La semilla de mostaza es la más pequeña de todas; desde el punto de vista físico es la más insignificante. Al peso, la semilla de mostaza sería la de menos valor. La iglesia debe aprender que su semilla parece insignificante a los ojos de cualquiera. Pero debe tener la fe de que si se cuida y crece llega a ser la mayor de las hortalizas. La humildad de la Palabra de Dios, sin rimbombancias ni grandilocuencias, actúa en lo secreto del corazón, pero puede afectar toda una vida y ser de refugio para otros que, como pájaros, se acercan a ese árbol de mostaza que empezó siendo pequeño. Porque la semilla es potencial. Es alimento, mucho alimento, si sabes cómo hacerlo. Continuemos sembrando esa semilla de la sencillez, del evangelio de la esperanza, del amor a nuestros amigos (y enemigos) de una manera real y sincera, presentando la buena semilla, sabiendo que el crecimiento lo da Dios y que el Espíritu Santo está detrás.

Sembremos semillas pequeñas

Como este capítulo, el más pequeño de todos.

Sampedro, Á. (2013). Igleburger (pp. 99–100). Álex Sampedro.

Menú 18. La primera igleburger: Corinto

Menú 18. La primera igleburger: Corinto

a1“¿Qué es lo que fue? Lo mismo que será. ¿Qué es lo que ha sido hecho? Lo mismo que se hará; y nada hay nuevo debajo del sol”. Eclesiastés 1:9.

Yo pensaba que la igleburger era hija de este tiempo, pero cuál ha sido mi sorpresa al descubrir que en el Nuevo Testamento Pablo ya tenía problemas con el concepto de comida rápida.

La iglesia de Corinto era particular. Como nosotros, tenían problemas de muchos tipos. Algunos vivían con problemas de faldas (1 Co. 5), otros querían tener lugares prominentes dentro de la congregación; muchos iban a la iglesia para comer su hamburguesa, pero no para compartir con el que tenía hambre; había problemas de divisiones y litigios entre hermanos (1 Co 6). También había algún exceso espiritual que Pabio quiso poner en su lugar dando instrucciones sobre cómo usarlo (1 Co 14), aunque 2000 años después seguimos sin hacerle caso. No se congregaban para lo mejor sino para lo peor (1 Co 11:17) Se estaba perdiendo la esencia de lo que era una comunidad cristiana. ¡Qué pronto nos desviamos de lo que Dios quiere!

Corinto nos habla de una realidad que es constante en el ser humano. Gracias a Dios en la Biblia ya aparecen advertencias para nosotros hoy que debemos tener en cuenta.

Pablo viendo el panorama de la iglesia en Corinto explica lo que es realmente tomar la cena del Señor: Comunión con Dios y con los demás.

Cuando se toma la “santa cena” a veces nos animan a tener en cuenta a todos los hermanos del mundo mundial. Pabio de Tarso era más práctico, quería que se tuvieran en cuenta unos a otros.

Nos recuerda las palabras del Maestro: “ama a tu prójimo como a ti mismo” (Mateo 22:39).

El prójimo no es un señor X teórico, es el próximo, el que tienes al lado, el que se sienta cerca y te molesta, los vecinos. Es fácil amar teóricamente a las personas que tienes lejos, pero ¿qué me dices de amar a los que ves todas las semanas, todos los días?

“Si alguno dice: Yo amo a Dios, y aborrece a su hermano, es mentiroso. Pues el que no ama a su hermano a quien ha visto, ¿cómo puede amar a Dios a quien no ha visto?” 1 Juan 4:20.

Uno de mis mejores amigos dice que durante la comida se puede ver muy bien el egoísmo de la gente. ¿Has estado en una comida donde alguien se adelantaba a comer? ¿Que cogía la carne antes que nadie para que no se la robaran? ¿Qué no sabía compartir? Comer, una de las necesidades primarias del ser humano, revela lo que hay en nuestro corazón, algo que grita desde nuestro interior que, aunque lo intentemos, no podemos disimular: Yo soy lo primero en mi vida. Lo primero son mis necesidades. Y ahí, en el corazón de nuestra existencia, en el centro de nuestras deseos, Jesús nos enseñó a compartir, a tomar juntos pan y vino, a no ser codiciosos, a tomar conciencia de que somos un cuerpo, los demás y yo, y empezando por lo básico, la comida, compartir también todo lo demás: recursos, tiempo, amor, cariño, respeto, dinero, hogar, abrazos y palabras, enseñanza, lágrimas, dolor y cansancio, verdad, servicio, paciencia, comprensión, iglesia, Dios.

La Cena del Señor nos recuerda lo que Él hizo por nosotros, cómo negó sus derechos de Hijo de Dios por amor.

Seguir a Jesús es todo lo contrario a ser egoísta, todo lo contrario a una igleburger. Eso y mucho más es lo que nos enseña la Cena del Señor. Decidamos tomar ejemplo y corregir, para celebrar en la mesa del Señor dignamente, sabiendo que no estamos solos en esto, que formamos parte de comunidades, con problemas sí, con cosas que mejorar, pero que se aman y comparten algo más que patatas fritas. El llamado de la Cena del Señor es a tener en cuenta a los demás. Esperarnos los unos a los otros, compartir una mesa como iguales, y dar de nuestra vida a los otros por amor.

Sampedro, Á. (2013). Igleburger (pp. 95–97). Álex Sampedro.

Menú 17. Mostaza de la buena: La Palabra de Dios

Menú 17. Mostaza de la buena: La Palabra de Dios

a1Cuando uno siembra, lo normal es que si cuida la semilla, la siembra en un buen lugar, la riega como Dios manda y a su tiempo arranca las malas hierbas que crecen alrededor y que intentan robarle los nutrientes, dé fruto.

Lo que no es normal es que no dé fruto. Hay muchos cristianos “normales” por el mundo, se supone, o así nos llamamos, pero sin fruto.

Esto es simplemente insostenible.

La semilla de la Palabra de Dios debe dar fruto, sí o sí; si ha caído en buena tierra que ha sido cuidada, da fruto.

Miremos a la iglesia, y a nosotros. ¿Qué es un cristiano normal? Alguien que va a la iglesia y que más o menos se comporta como un cristiano más, como los demás, como la cultura evangélica le ha enseñado, cristianos domados, acomodados, cristianos burgueses. Que pecan poco:) y a veces hacen algo, siempre y cuando no les venga mal con su trabajo, o no les coincida con sus vacaciones, puente, tardes libres para ver la televisión, siesta o Play Station.

Y yo me pregunto ¿será ese el fruto que Dios nos ha llamado a dar al treinta, sesenta y ciento por uno?

¿Qué fruto es el que espera Dios que demos como buena tierra?

Cuando hablamos de fruto, lo primero que nos viene a la cabeza es el fruto del Espíritu que es

“Amor, Gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre y templanza”. Gálatas 5:22, 23.

Y eso está muy bien. Debemos buscar dar ese fruto en nuestras vidas. Pero me atrevería a decir que el fruto del Espíritu se da dentro de una vida cristiana de verdad, nunca al margen de ella. Una vida dinámica, una vida en comunidades activas de fe, arriesgada, que lucha contra las obras de la carne.

Si leemos el resto de Gálatas 5 y 6 (esto sería un ejemplo de referencia, cuando puedas échale un vistazo a la carta de Pablo) verás que después del fruto nos habla de no cansarnos de hacer el bien, no desmayar, seguir luchando, cuidar de todos, especialmente de los de la familia de la fe.

Y también nos habla de seguir sembrando. (Gálatas 6:7) Seguir sembrando ¿qué?

Si volvemos a la parábola del sembrador, lo que se siembra es

Palabra de Dios. Jesús lo explica en Lucas:

“Esta es, pues, la parábola: La semilla es la palabra de Dios”. Lucas 8:11.

Por lo tanto, en el contexto de la parábola, si hacemos una interpretación natural es que el fruto debe ser también Palabra de Dios.

Si siembro con la semilla de la naranja, el árbol dará naranjas, si siembro con la semilla de la Palabra de Dios, el árbol dará Palabra de Dios. ¿No?

Si somos buena tierra debemos dar como fruto más Palabra de Dios, para mí y para otros, ayudando así a extender el reino de los cielos. Comprender la Palabra, ponerla por obra, vivirla, extenderla y sembrarla en más y más tierra.

Si estamos plantados en el lugar correcto y no junto al camino, la semilla no será devorada por esos pájaros que tantas veces revolotean nuestra cabeza.

Si ahondamos bien nuestras raíces en su Palabra, lo que quema a otros, ese sol abrasador que son las pruebas, para nosotros será un factor de crecimiento.

Es interesante que el mismo sol, las mismas pruebas, no tengan los mismos efectos para todos. Si la semilla no ha profundizado en sus raíces se quemará rápidamente pero si ha ahondado lo suficiente en su Palabra, las pruebas ayudarán a la fotosíntesis, al crecimiento. Las pruebas son necesarias para que la semilla al final dé fruto.

Si sabemos guardarnos en santidad, apartados para él, arrancando de raíz esas malas hierbas que crecen a nuestro alrededor, si no nos descuidamos, podremos mantener limpio ese brote y los espinos no nos harán sombra, y podremos gracias a los nutrientes y el agua que proviene de la tierra y a las pruebas del sol que nos ayudan a crecer, dar fruto a su tiempo con perseverancia.

Si no estamos dando ese fruto debemos examinar nuestras vidas delante de Dios y ver si realmente somos buena tierra o nos hemos acomodado a ser parte de una igleburger.

“Los que sembraron con lágrimas, con regocijo segarán”. Salmo 126:5.

“Cuando, pues, os reunís vosotros, eso no es comer la mesa del Señor. Al comer, cada uno se adelanta a comer su propia cena; y mientras uno tiene hambre, otro se embriaga”1 Corintios 11:20.

“El que come y bebe indignamente, sin discernir el cuerpo del Señor, juicio come y bebe para sí. Por lo cual hay muchos enfermos y debilitados entre vosotros, y muchos duermen”1 Corintios 11:28, 29.

Sampedro, Á. (2013). Igleburger (pp. 78-80). Álex Sampedro.

Menú 16. La palabra descuidada

Menú 16. La palabra descuidada

a1“El que fue sembrado entre espinos, éste es el que oye la palabra, pero el afán de este siglo y el engaño de las riquezas ahogan la palabra, y se hace infructuosa”.

Sin querer, aunque se siembra Palabra de Dios también se siembran en nuestra tierra otras cosas: Los espinos.

Malas hierbas que quién sabe quien las puso ahí, pero crecen sin que nadie los haya invitado a la fiesta, ¿O sí?

Algunos sin querer (espero) siembran junto a la Palabra de Dios otras cosas, a saber:

Preocupaciones, riquezas y placeres de la vida.

Espinos que crecen en nuestra mente a la vez que la semilla de Dios y que, si descuidamos la tierra, ahogarán nuestra vida espiritual. ¿Conoces a gente así? Gente que lleva años en la iglesia que incluso tienen brotes con la intención de servir a Dios pero nunca pueden, siempre están demasiado ocupados, tienen otras responsabilidades, otras preocupaciones.

Ruego a Dios que los que educan a otros no fomenten esto, sembrando semilla de la Palabra y a la vez diciéndole a la gente que se ocupe de sus asuntos, poniendo su vida por encima de los propósitos del reino.

Pero no todo es culpa del que siembra.

La propia tierra tiene estas otras semillas que crecen sin que aparentemente nadie las haya sembrado. Y es que estos tres hierbajos que nos ahogan están en todos nosotros y si no los cortamos conoceremos sus consecuencias. Es muy fácil descuidar la semilla una vez sembrada, casi sin darte cuenta:

Las preocupaciones de la vida van desviando tu mirada de lo importante.

Las riquezas también ocupan espacio mental.

Y qué decir de los placeres de la vida, los que todos sabemos: sexo, en todas sus manifestaciones, bienestar, y todos los demás gustos de la vida que nos damos, y que creemos tener por derecho.

Espinos y cardos que si simplemente dejamos crecer harán sombra al brote que proviene de la semilla.

Estaremos vivos, seremos una planta en el reino de Dios, pero sin la capacidad de dar fruto. Estaremos sobreviviendo, nada más.

Por eso la única solución es:

“Haced morir, pues, lo terrenal en vosotros: fornicación, impureza, pasiones desordenadas, malos deseos y avaricia, que es idolatría”. Colosenses 3:5.

Sin piedad, debemos arrancar de raíz, aquellas cosas que nos estorban para dar fruto. Un proceso que nunca debemos descuidar en nosotros. Dicen que mala hierba nunca muere ¿O sí? (Romanos 7:24, 25).

Si simplemente sembramos pero descuidamos el crecimiento pensaremos que sembramos mucho pero en realidad estamos desperdiciando mucha semilla.

Sampedro, Á. (2013). Igleburger (pp. 78-80). Álex Sampedro.

Menú 15. La palabra rápida

Menú 15. La palabra rápida

a1“Y el que fue sembrado en pedregales, éste es el que oye la palabra, y al momento la recibe con gozo; pero no tiene raíz en sí, sino que es de corta duración, pues al venir la aflicción o la persecución por causa de la palabra, luego tropieza”.

Las piedras, ¡Qué emocionante es recibir el evangelio! He visto mucha gente escuchar un mensaje puramente emocional que han saltado de alegría al recibir el regalo de la vida eterna, han crecido aparentemente más rápido que los demás, pero tan rápido como crecen se queman.

Los responsables, líderes y pastores no deben buscar estas reacciones en primer lugar, sino que la semilla ahonde bien en la tierra y eche raíces. Muchos de nosotros sembramos descuidadamente, queriendo ver el fruto ¡YA! Sistemas de crecimiento rápido típico de la igleburger. Pero el precio espiritual de esto es muy alto, un afluente de personas que tan rápido entran en nuestros locales como salen mientras los líderes se regodean de nuevo en sus números.

El verdadero evangelio es sencillo sí, pero también profundo. Si las emociones vienen ¡Gloria a Dios! Sé que es hermoso llorar o reír cuando Dios te habla de verdad. O saltar, cantar e intentar expresar lo que Dios está haciendo en nuestras vidas. Pero debemos procurar, en medio de todo eso, enraizar nuestra vida en la Palabra. Porque cuando lleguen los problemas (que te aseguro llegarán) no serán las emociones las que te sostengan, sino la Palabra de Dios y sus raíces en tu corazón.

En la igleburger, donde el placer del cliente es prioridad, y cuanto antes mejor, descuidamos estas raíces porque “no se ven” y creemos equivocadamente que lo que “no se ve” no sirve, no es importante.

Una vez oí que la Palabra de Dios actúa fundamentalmente en lo secreto. Pero nosotros queremos hacerla espectacular. Quizás en el fondo hay un afán de reconocimiento: “Mirad que bien y que rápido lo hago” “Mirad cómo crecen” “crecemos más rápido que…”. Pero luego no les contamos a los demás la segunda parte. Esa semilla se quema y de nuevo algunos

creen que siembran mucho pero en realidad están desperdiciando mucha semilla

Al tener poco enraizamiento es la que más pronto brota, pero acaba por desaparecer. Se quema por el sol, porque no tienen la humedad suficiente, el agua suficiente para soportarlo.

¿Cuán profunda ha sido sembrada la semilla del evangelio en mí? ¿Está en las emociones a flor de piel o en mis deseos y anhelos más hondos? ¿Me ha transformado por completo o simplemente me ha afectado como lo podría hacer una buena película?

Sampedro, Á. (2013). Igleburger (pp. 78-80). Álex Sampedro.

Menú 14. La palabra barata

Menú 14. La palabra barata

a1“Oíd, pues, vosotros la parábola del sembrador: Cuando alguno oye la palabra del reino y no la entiende, viene el malo, y arrebata lo que fue sembrado en su corazón. Este es el que fue sembrado junto al camino”.

Cuando un hombre que tiene muchas tierras se muere, los hijos se reparten la herencia. Pongamos por caso que son dos hijos y cada uno se queda con la mitad de la propiedad. Normalmente el terreno que queda en el medio, los límites de la propiedad de cada uno, suponen un problema porque no acaba de decidirse ese metro de más o de menos. Y entonces, para dividirlo hacen un camino, que no es de nadie, o es de todos, según se mire, lo que se siembra ahí cerca, nadie sabe de quién es, no se cuida y, o lo roban, se lo comen los pájaros, o lo pisan.

La palabra barata es aquel mensaje que oímos pero que queremos compatibilizar con nuestra vida. No está en el centro de la siembra.

Junto al camino, la tierra más indefinida. Parece que no le pertenece completamente a nadie. Servimos a Dios, vamos al templo, pero no nos consideramos propiedad de Dios, somos nuestros propios dueños. Luego hacemos lo que queremos con nuestro tiempo. Oímos, pero no entendemos, ni creemos lo que escuchamos.

De hecho, si le sirvo será porque considero que es lo mejor para mí, lo que me conviene en ese momento. Pero no estoy seguro de a quién pertenezco. Tengo mis límites para con Dios.

¿Cuántas veces he oído que si sirves a Dios todo te irá bien según nuestros parámetros, si das tanto Dios te dará tanto? Es barata porque cuesta poco de asumir, no tienes que negar ninguno de tus derechos. No te hace falta un único Señor. Tú das algo a cambio de otra cosa, y si no sales ganando no lo haces. Cuando se siembra así la semilla del evangelio pronto desaparece, porque se la llevan los pájaros, y aunque dicen formar parte del terreno del sembrador, no dan fruto. Ni siquiera germinan, no brotan. Porque en realidad no han entendido nada. Las tierras junto al camino no tienen una identidad definida. No se sabe bien de quién son, si del dueño que siembra, o del camino, tierra de nadie, donde son presa fácil de los pájaros, o son pisoteados por los hombres. Están en un lugar del que no se sienten parte.

Cuando un sembrador siembra así, en esos lugares, es probable que no de fruto, quizás se enorgullezca de tener un terreno más grande, como muchos predicadores que por el número de gente a la que alcanzan se enorgullecen, pero quien sabe si son semillas junto al camino, que dicen que forman parte del terreno del reino pero en realidad no son de nadie. Solo atraídos por la cultura, la gente, “el estar”.

Sé que la semilla en la parábola del sembrador es la Palabra de Dios, y que debemos sembrar en todas partes. No estoy diciendo que no haya que predicar a todo el mundo, solo que hay que conocer la tierra. Saber vallarla, protegerla y cuidarla. Debemos “saber sembrar” no nos quejemos si no sabemos hacerlo, si mezclamos la Palabra de Dios con malas técnicas de siembra.

La palabra barata es un peligro que debemos evitar. Los predicadores, los discípulos que no se esfuerzan en estudiar la Palabra de Dios en profundidad y predican un evangelio descuidado, son un peligro para el reino,
porque creen que siembran mucho, pero en realidad lo que están haciendo es desperdiciar mucha semilla

¿Qué clase de tierra seré yo? ¿Una tierra que no sabe a quién pertenece? ¿Me mantengo en los límites entre lo correcto y lo incorrecto? ¿Sé de quién soy? ¿Entiendo el verdadero evangelio y lo que eso supone para mí hoy? Es muy peligroso ser esa tierra, la Biblia dice que Satanás está interesado en robar la semilla, poniendo carroñeros en nuestra cabeza que se comen la semilla.

No lo dudes, estar junto al camino, estar expuesto a esos pájaros, es peligroso para nosotros.

Sampedro, Á. (2013). Igleburger (pp. 78–80). Álex Sampedro.

Menú 13. Predicadores con extra de queso

Menú 13. Predicadores con extra de queso

Somos lo que comemos”, una expresión española que es una gran verdad, al menos en las iglesias.

a1Desde el liderazgo hay quejas de que la gente, los jóvenes, ya no son como antes. El compromiso ha bajado, los jóvenes son moralmente más laxos, la verdadera adoración se ha enfriado y cuesta encontrar personas dispuestas a servir con un corazón sincero.

Todo esto es el resultado de algo que hemos hecho mal, un fruto que demuestra la clase de semilla que hemos sembrado. ¿O aún estamos con el viejo cuento de: “Esta generación no hay quien la entienda”?

Desde el púlpito, la cátedra, en muchas ocasiones se ha dejado de sembrar el evangelio del compromiso y se ha empezado a hablar de nuestros sueños, lo importantes que somos, y todas esas cosas que caracterizan a la Igleburger. No tenemos derecho a quejarnos si después los jóvenes ponen sus sueños, sus vidas, su tiempo y su YO, por encima de lo que Dios quiere hacer realmente con ellos.

Es lo que les hemos predicado, lo que han visto en nuestras vidas, es el fruto de lo que hemos sembrado. (Si eres joven, querido lector, tampoco eches balones fuera, al final el que toma la decisión de ser como eres, eres tú, no me uses como excusa, que me buscarás problemas).

Hemos sustituido la Palabra por entretenimiento barato. Frases hechas sacadas de libros del último psicólogo de moda.

Predicadores convertidos en motivadores, “Coachers”, positivos y humanistas. Con pocas referencias bíblicas y muchas frases célebres de gente de éxito, según los parámetros de este siglo, de este mundo occidental que nos tiene tan ensimismados. Nos ponen ejemplos de cómo creció el negocio McDonalds (esto no es una parábola, es real, lo he vivido muchas veces) en vez de explicarnos como funcionaba la iglesia en Hechos. Nos explican cómo un empresario levantó su negocio, en vez de contarnos lo que hizo Jesús para levantarnos y cómo los primeros cristianos siguieron su ejemplo, y extendieron el evangelio hasta lo último de la tierra conocida.

Y nosotros…

¿Qué debemos hacer para cambiar esta tendencia?

Se me ocurren algunas cosas acerca del contenido (no de las formas) de lo que los predicadores y los líderes, que tienen audiencia y serán escuchados, deben compartir si no quieren recoger un fruto a base de pepinillos para la próxima hamburguesa:

Hablemos con claridad la Palabra de Dios. Digamos lo que ella dice acerca de quién es Dios y acerca de qué somos nosotros sin Él, su compasión, nuestro amor, nuestra condición real delante de Él y cómo esto afecta a nuestra vida real.

Digámosle a la gente lo que necesita hacer para acercarse a Dios.

Volvamos a enfatizar el precio de seguir a Jesús, la santidad y la entrega. Nunca rebajemos el precio de seguirle.

Hablemos más acerca de la eternidad y de que nuestro servicio aquí es sobretodo en agradecimiento por algo que ya tenemos y por la expectativa futura, no para conseguir objetivos egoístas en esta tierra solamente; sino porque sabemos que disfrutaremos de la eternidad y la podemos vivir hoy.

Y por supuesto, prediquemos con el ejemplo, no digamos nada que no estemos dispuestos a hacer nosotros en primer lugar.

Porque si no, tendremos frutos que no deseamos.

Sampedro, Á. (2013). Igleburger (p. 56). Álex Sampedro.

Menú 12. Lo que es un líder

Menú 12. Lo que es un líder

a1En primer lugar, quiero reconocer que hay un montón de libros sobre el tema, buenos y no tanto. Por eso te escribiré lo que me sirve para resumir lo que es un líder según la Biblia y si quieres saber más cosas busca buena literatura, que la hay, pero sé crítico a la hora de escoger.

Un líder cristiano es un discípulo de Jesús que por amor a Dios y a la gente sirve a los demás a través de inspirarlos y motivarlos para que sirvan.

Es alguien que la gente sigue porque lo quieren, porque su ejemplo es digno de seguir.

“Hermanos, sed imitadores de mí, y mirad a los que así se conducen según el ejemplo que tenéis en nosotros”. Filipenses 3:17.

Porque sienten que él es el que les sirve. Cuando lo oyen saben que es lo mejor para ellos y están dispuestos a escucharlo y apoyar sus iniciativas. Un líder cristiano, al contrario de cómo nos han enseñado, se pone por debajo de las personas y las empuja hacia arriba para que lleguen hasta donde él no puede.

“Pero él les dijo: Los reyes de las naciones se enseñorean de ellas, y los que sobre ellas tienen autoridad son llamados bienhechores; mas no así vosotros, sino sea el mayor entre vosotros como el más joven, y el que dirige, como el que sirve”. Lucas 22:25, 26.

El tema del liderazgo está tan trillado hoy que creo que debemos enfocarlo de otra manera. Muchas veces se ha querido hacer líder a la gente para motivarlos, o llenar algún vacío de autoestima, y me parece que eso no es ni sano ni prudente, ni siquiera, visto en perspectiva, productivo. El que es líder en áreas de su vida, no lo es en otras, como un padre, que a la vez es un trabajador asalariado; y tener un rol en una faceta de su vida no le convierte en líder en todas las demás. Al igual que en muchas otras cosas, creo que en este caso prima la naturalidad, que las cosas se den, que el liderazgo venga dado, no impuesto. Y que nos centremos sobretodo en ser, insisto y mucho, discípulos del verdadero líder, la verdadera cabeza.

“…sino que siguiendo la verdad en amor, crezcamos en todo en aquel que es la cabeza, esto es, Cristo”. Efesios 4:15.

Sampedro, Á. (2013). Igleburger (p. 56). Álex Sampedro.

Menú 11. Igleburger vs. Dadles vosotros de comer

Menú 11. Igleburger vs. Dadles vosotros de comer

a1¿Entonces, qué es un líder? ¿Qué debe hacer? Para empezar creo que deberíamos hablar de discípulos en vez de líderes, al menos por el momento. Quizás no abarca todo el concepto del liderazgo tal y como lo entendemos ahora. Pero Dios no nos llamó a ser líderes y producir líderes sino a ser discípulos y hacer discípulos:

“Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo; enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado; y he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo. Amén”. Mateo 28:19, 20.

Hacer discípulos, no nuestros, sino de Jesús. Así que para empezar decidamos ser discípulos de Jesús, seguirlo, oirlo, aprender de Él y obedecerlo.

Cuando uno es un buen discípulo, puede, si Dios quiere, ser un buen líder.

Entonces ¿Cómo ser un discípulo?

Para ser discípulo, hace falta fundamentalmente una cosa:

Tener un Maestro.

El discípulo no puede existir sin el maestro. Es algo sin sentido. Jesús como nuestro maestro debe ser el primer rasgo como discípulos. Es lo que nos da identidad, alrededor de Él, y al seguirlo. Y Él no es solo un maestro teórico, es eminentemente práctico. Debemos por lo tanto aprender y poner en práctica, aprender y poner en práctica y muchas veces poner en práctica para poder aprender e ir creciendo hacia la madurez.

“Y saliendo Jesús, vio una gran multitud, y tuvo compasión de ellos, y sanó a los que de ellos estaban enfermos. Cuando anochecía, se acercaron a él sus discípulos, diciendo: El lugar es desierto, y la hora ya pasada; despide a la multitud, para que vayan por las aldeas y compren de comer. Jesús les dijo: No tienen necesidad de irse; dadles vosotros de comer. Y ellos dijeron: No tenemos aquísino cinco panes y dos peces. El les dijo: Traédmelos acá. Entonces mandó a la gente recostarse sobre la hierba; y tomando los cinco panes y los dos peces, y levantando los ojos al cielo, bendijo, y partió y dio los panes a los discípulos, y los discípulos a la multitud. Y comieron todos, y se saciaron; y recogieron lo que sobró de los pedazos, doce cestas llenas. Y los que comieron fueron como cinco mil hombres, sin contar las mujeres y los niños. En seguida Jesús hizo a sus discípulos entrar en la barca e ir delante de él a la otra ribera, entre tanto que él despedía a la multitud”. Mateo 14:14–22.

¿Y qué nos enseña el Maestro?

Aquel día Jesús les iba a enseñar a sus seguidores a dar de comer a los demás y el precio que tenían que pagar. Había cinco mil personas (al menos) y muy pocos recursos en sus manos para alimentarlos a todos. Quizás la solución fácil hubiera sido mandarlos a la hamburguesería más próxima. Pero no, Jesús no quería desperdiciar esa oportunidad. La gente se sentó. Ahí vemos un montón de grupos de gente, niños, hombres y mujeres, tirados en el césped, esperando. Jesús los amaba y quería darles de comer, ya les había enseñado muchas cosas, pero también tenían necesidades físicas que suplir. A este grupo la Biblia los llama “la multitud” los que estaban recostados, v.19. Hoy en día la cosa no ha cambiado demasiado. La multitud sigue recostada esperando que les den de comer. Jesús los amaba, sí, y les dio de comer, aunque sabemos que cuando ocurrió la cruz, ninguno de esos cinco mil entraron en la historia; y en Hechos capítulo 2 (esto es un ejemplo de referencia que hay que buscar) solo había 120 personas esperando la promesa para trabajar.

Hoy las iglesias están llenas de gente recostada que oyen lo que Jesús les dice, pero quien sabe si algún día se levantarán del césped. Aun así insisto, Dios los ama.

Pero hay un grupo especial. En medio de ese gentío hay doce personas de pie (No se sabe cuántos Discípulos había pero el contexto nos habla de que probablemente eran los doce).

Con doce cestas

Ellos también tenían hambre, tenían las mismas necesidades que los demás, pero estaban de pie, cada uno con una cesta prácticamente vacía, con unos trocitos de pan y pescado. Jesús bendijo esos pocos recursos, y mientras esos nuevos camareros servían a los demás, veían que los recursos no se agotaban sino que superando toda lógica, cada cesta se iba llenando en la medida que repartían. Los discípulos tenían hambre, pero no podían comer, tendrían que esperar, un discípulo piensa en servir en primer lugar.

Un líder piensa en servir en primer lugar, incluso a los recostados.

Al final de la historia, después de dar de comer a cinco mil personas, a esos doce se les hacia la boca agua. Estaban más que cansados, imagina un restaurante con doce camareros para atender a tanta gente. Pero así lo hicieron, un trabajo agotador.

Pero al final de la jornada, esos camareros tenían en sus manos cada uno una cesta llena de panes y peces.

Aquel día aprendieron a servir a los demás, aprendieron a depender de Jesús, a amar a la gente como Él los amó, a saber repartir con equidad, a trabajar con denuedo, a no quedarse recostados, a no formar parte de una multitud acomodada, a trabajar con los pocos recursos que tenían, a obedecer a Jesús, incluso cuando no les apetecía. Y quizás inspiraron a otros con su ejemplo. Aquel día, estaban aprendiendo lo que era ser un discípulo de Jesús a través del servicio a los demás.

Recuerda que Dios no busca clientes, busca discípulos y quiere que nosotros hagamos discípulos y no personas que solo esperan el próximo menú. No preguntemos ¿Cuánta gente hemos alimentado? Sino ¿A cuántos hemos enseñado a dar de comer?

Sampedro, Á. (2013). Igleburger (p. 56). Álex Sampedro.