Orando por nuestros gobernantes

Isha – Salmos

DÍA 109 – Salmo 72

Dosis: Intercesión

Orando por nuestros gobernantes

“Oh Dios, concede al rey tu amor por la justicia, y da rectitud al hijo del rey. Ayúdale a juzgar correctamente a tu pueblo; que los pobres siempre reciban un trato imparcial.” (Salmo 72:1–2) (NTV)

Me encontraba en una conferencia internacional. Me senté con colegas y amigos de América Latina y, para no perder la costumbre, la conversación giró en torno a las próximas elecciones presidenciales en mi país. Me quejé de la corrupción y el manejo de los medios, de la pobreza extrema y la ignorancia. Cuando me desahogué, guardé silencio. Un hombre de Centroamérica solo se encogió de hombros: “No nos cuentas nada nuevo. Esto pasa en todos los países de América Latina”.

Resulta fácil enumerar las debilidades de nuestros gobiernos. Podemos enlistar en unos minutos las muchas fallas de nuestros gobernantes, pero la Biblia es clara. Se nos pide orar por nuestras autoridades: “Ora de ese modo por los reyes y por todos los que están en autoridad, para que podamos tener una vida pacífica y tranquila, caracterizada por la devoción a Dios y la dignidad.”

Este salmo fue escrito por Salomón, el hijo de David, el rey más grande que tuvo Israel en poder, dominio y riqueza. Él construyó el magnífico templo y hubo paz en la tierra. Sin embargo, al pedir Salomón ayuda a Dios, mira más allá y pide por el reino que perdurará para siempre, y sabemos que el reino perfecto solo vendrá cuando Cristo mismo sea coronado rey de toda la tierra. Mientras tanto, debemos pedir por nuestras autoridades.

Resulta interesante leer que cuando los israelitas fueron deportados, estando aún en situaciones extremas de humillación e injusticia, Dios les enseñó que debían aún procurar la paz de la nación que los había conquistado y orar por ella. ¡Qué paradójico! Pero escondido en este mandato había una ley espiritual. La paz de la ciudad redundaría en bienestar y paz para ellos mismos. Dios les dice así: “Además, busquen el bienestar de la ciudad adonde los he deportado, y pidan al SEÑOR por ella, porque el bienestar de ustedes depende del bienestar de la ciudad.» A través de muchos de estos salmos hemos leído el mismo clamor por la paz y la justicia. Pidamos sabiduría para nuestros gobernantes, que tengan amor por la justicia, que juzguen correctamente, que los pobres reciban un trato imparcial, que salven a los necesitados.

¿Por qué oramos generalmente? En una encuesta se descubrió que 9 de cada 10 adultos dice orar. ¿Y por qué oran? El 90% ora por sus propias familias. El 81% ora por la niñez. El 77% ora por la paz mundial. El 69% ora por su trabajo. Supongo que el 100% ora por sí mismo y sus necesidades. ¿Y por las autoridades? No se menciona en la encuesta, pero temo que si un 10% ora con regularidad por ellas, sería sorprendente. Oremos hoy por los que están en eminencia. Obedezcamos a Dios.

Oración: Señor, da rectitud a nuestros gobernantes y que en sus días florezca la justicia y haya gran prosperidad. Amén.

De Vergara, P. A., de Vera, A. D., & Harris, K. O. (2012). Isha-Salmos: Una dosis diaria de fe para ti. (P. A. de Vergara, Ed.) (Primera Edición, p. 125). Lima, Perú: Ediciones Verbo Vivo.

Oración de un Anciano

Isha – Salmos

DÍA 108 – Salmo 71

Dosis: Virtud

Oración de un Anciano

“Aun cuando sea yo anciano y peine canas, no me abandones, oh Dios, hasta que anuncie tu poder a la generación venidera, y dé a conocer tus proezas a los que aún no han nacido.” (Salmo 71:18) (NVI)

La señorita Phyllis, porque nunca se casó, era hija de padres ingleses, misioneros en mi ciudad. Desde que nací la vi como una mujer mayor de edad. Después me enteré que me llevaba cincuenta años. Todos los domingos, sin falta, llegaba puntualmente a la reunión y se sentaba junto a la puerta para recibir a los fieles. Vendía Biblias y repartía folletos. Toda la semana asistía a distintas reuniones para niños y mujeres donde ayudaba en lo que podía.

Pero la edad cayó sobre ella. Ya no podía vivir sola. Se discutió con ella qué hacer, y ella estuvo de acuerdo en ingresar a un asilo. En ese lugar, como en muchos, había ancianos que terminaban su vida angustiados, abandonados, rechazados, ignorados, y por lo tanto, amargados y enfadados. No ella. Hacía bromas, cuando podía. Se sentaba para ver partidos de fútbol, una afición que había ocultado de muchos de nosotros. Cuando murió, sus cuidadoras lloraron. “La vamos a echar de menos. Iluminaba nuestros días”.

El cómo vivimos hoy, afectará cómo vemos el mañana. Quizá ya estás en una edad avanzada, o tal vez ni siquiera piensas en ello, pero la ancianidad es una realidad para todas nosotras. La pregunta es: ¿podremos hablar como el salmista? Este anciano tenía un testimonio claro: “Mi vida es un ejemplo para muchos, porque tú has sido mi fuerza y protección.” Vivamos desde hoy siendo ejemplo, no tanto por lo que hagamos, sino por aquel en quien confiamos.

Y ya que su vida era un ejemplo, el salmista clama a Dios y le ruega más tiempo. Aún no terminaba su labor. Debía anunciar las maravillas de Dios a una generación venidera. Una persona jamás será suficientemente adulta para servir a Dios, ni demasiado anciana para orar. Si bien algunas actividades físicas cesan, no las espirituales. Aún en el asilo, la señorita Phyllis cantaba himnos y recitaba salmos. Aunque su mente ya no podía articular bien un sermón, dejó huella en los que la escuchaban.

Mis abuelos me regalaron un cuadro con una leyenda que ha marcado mi vida: “Cuando tú naciste, todos sonreían y tú llorabas. Vive de tal manera que cuando mueras, todos lloren y tú sonrías”. Vivamos el día de hoy de modo que el día de mañana podamos anunciar la fidelidad de Dios a los que todavía no nacen.

Oración: Señor, ayúdame a proclamar lo que has hecho por mí. Sostén a todas las ancianitas que aún hoy te sirven en oración y en alabanza. Gracias porque jamás nos abandonas.

De Vergara, P. A., de Vera, A. D., & Harris, K. O. (2012). Isha-Salmos: Una dosis diaria de fe para ti. (P. A. de Vergara, Ed.) (Primera Edición, p. 124). Lima, Perú: Ediciones Verbo Vivo.

 

En Apuros

Isha – Salmos

DÍA 107 – Salmo 70

Dosis: Ayuda

En Apuros

“Apresúrate, oh Dios, a rescatarme; ¡apresúrate, SEÑOR, a socorrerme!…Yo soy pobre y estoy necesitado; ¡ven pronto a mí, oh Dios! Tú eres mi socorro y mi libertador; ¡no te demores, Señor!” (Salmo 70:1, 5) (NVI)

¿Cuántas veces has estado en apuros, necesitando desesperadamente del socorro de Dios? En este breve salmo, David se encuentra en problemas. Así que suplica a Dios que venga en su ayuda a toda prisa porque parece ser que ya no puede más. Lo curioso es que aún, en medio de su pánico, no olvida alabar a Dios. Parece increíble que alguien que está en aprietos pueda pronunciar estas palabras: “Pero que todos los que te buscan se alegren en ti y se regocijen; que los que aman tu salvación digan siempre: «¡Sea Dios exaltado!»”

En ocasiones queremos ver a Dios como un Papá Noel o una máquina que vende productos. “Presione el botón y obtenga sus deseos”. “Haga una lista, y recibirá sus peticiones”. Sin embargo, Dios es una persona. Y como David, debemos reconocer que al pedir ayuda podemos alabar también a Dios, sin importar lo hondo del pozo en el que estemos.

Analizando el salmo: ¿Quién necesita ayuda? David comienza con una confesión: “Soy pobre y estoy necesitado”. Si recordamos las bienaventuranzas, el Señor Jesús llama dichosos a los pobres de espíritu, y ser pobre de espíritu significa reconocer nuestra necesidad de Dios. ¿Somos pobres de espíritu? En ocasiones no. Creemos tener todo resuelto y no acudimos a Dios. Que este día podamos aceptar que lo necesitamos.

Sigue una súplica. “¡Ven pronto!” Cuanto más apremiante es el dolor, más necesitaremos de su gracia. Tal vez este versículo nos haga recordar también el anhelo de la iglesia por la segunda venida de nuestro Señor, conforme a la promesa que Él nos hizo de volver.

Después viene el reconocimiento. David declara que el Señor es su socorro y su libertador. David sabía en quién podía confiar. No tenía ninguna duda de ello. ¿Y nosotras confiamos así? El otro día enfermó mi hijo. Empezó a vomitar y a llorar. Sentí pánico. ¿Sabes qué hice? Llamé a mi madre, pero no estaba. Busqué en el Internet para ver qué remedios encontraba. Hice todo, menos acudir a Dios. Cuando finalmente, aturdida porque nada salía, me arrodillé y oré, vi las cosas con claridad. ¡Qué pobre y necesitada estaba! En cualquier situación, primero acudamos a Él.

Oración: Señor, reconozco que soy pobre y necesitado. ¡Ven pronto a socorrerme! Sí, ¡ven, Señor Jesús! Amén.

De Vergara, P. A., de Vera, A. D., & Harris, K. O. (2012). Isha-Salmos: Una dosis diaria de fe para ti. (P. A. de Vergara, Ed.) (Primera Edición, p. 123). Lima, Perú: Ediciones Verbo Vivo.

 

Los Sufrimientos de nuestro Señor

Isha – Salmos

DÍA 106 – Salmo 69

Dosis: Identificación

Los Sufrimientos de nuestro Señor

“Tú bien sabes cómo me insultan, me avergüenzan y denigran; sabes quiénes son mis adversarios. Los insultos me han destrozado el corazón; para mí ya no hay remedio. Busqué compasión, y no la hubo; busqué consuelo, y no lo hallé. En mi comida pusieron hiel; para calmar mi sed me dieron vinagre… Y a mí, que estoy pobre y adolorido, que me proteja, oh Dios, tu salvación.” (Salmo 69:19–21, 29) (NVI)

Este es otro de los salmos que más se citan en el Nuevo Testamento. David se encontraba en desgracia, físicamente exhausto y cansado de llorar. Poco sabía que al enunciar sus penas, describiría los sufrimientos de alguien superior a él: Jesús mismo. Repasemos este salmo para después agradecer a Jesús por su inagotable amor.

“Muchos son los enemigos gratuitos que se han propuesto destruirme.” Después de haber sanado a multitudes, el Señor Jesús se encontró rodeado de enemigos. La noche que fue apresado incluso sus más cercanos seguidores lo abandonaron. David profetiza: “Soy como un extraño para mis hermanos; soy un extranjero para los hijos de mi madre”.296 Poco pensamos en la familia cercana de Jesús, pero Él tenía hermanos que no creyeron en sus palabras sino hasta después de su resurrección. ¿Te imaginas que tu propia carne y sangre te abandone? Eso padeció Cristo por nosotras.

El verso 9 muestra el celo de David por su Dios, pero el Señor Jesús ardió en celo cuando observó el templo convertido en un mercado, más en un negocio que un lugar santo. ¿Y a nosotras nos consume el celo por su casa? ¿Ardemos cuando miramos cómo otros usan lo sagrado para fines viles? Pablo también usó el verso 9 para explicar cómo el Señor no buscó lo suyo: “Cada uno debe agradar al prójimo para su bien, con el fin de edificarlo. Porque ni siquiera Cristo se agradó a sí mismo sino que, como está escrito: «Sobre mí han recaído los insultos de tus detractores.»”

Finalmente llegamos a los versos que se cumplirían en la cruz: “Los insultos me han destrozado el corazón; para mí ya no hay remedio. Busqué compasión, y no la hubo; busqué consuelo, y no lo hallé. En mi comida pusieron hiel; para calmar mi sed me dieron vinagre”. ¡Cuánto amor de nuestro Señor! Lo que David sufría no se comparaba con lo que el Hijo de David debería de padecer siendo inocente.

Pero al concluir el salmo, David ruega por venganza, y tanto Pablo como Pedro ven en sus palabras lo que ciertamente ocurrió. Judas traicionó a su Señor y quedó desierta su habitación. Los judíos cerraron sus corazones y sus ojos fueron cegados. No importa cuánto estemos sufriendo, recordemos que el Señor padeció aún más pues lo hizo por amor a nosotras, sin merecer el castigo. No olvidemos que la salvación de Jesús nos protege, nos ampara y nos auxilia en cualquier tribulación.

Oración: Señor, gracias porque sufriste en mi lugar y te puedes identificar con el sufrimiento de la humanidad. Amén.

De Vergara, P. A., de Vera, A. D., & Harris, K. O. (2012). Isha-Salmos: Una dosis diaria de fe para ti. (P. A. de Vergara, Ed.) (Primera Edición, p. 122). Lima, Perú: Ediciones Verbo Vivo.

Repartición de Dones

Isha – Salmos

DÍA 105 – Salmo 68

Dosis: Dones y Talento

Repartición de Dones

“Cuando tú, Dios y Señor, ascendiste a las alturas, te llevaste contigo a los cautivos; tomaste tributo de los hombres, aun de los rebeldes, para establecer tu morada.” (Salmo 68:18) (NVI)

El salmo 68 describe a Dios como un conquistador que marcha a las puertas de la ciudad y toma el tributo que la ciudad caída le otorga. ¡Por eso el pueblo debe alegrarse! Pablo usa este mismo cuadro en Efesios 4:8 para enseñar cómo nuestro Señor Jesús venció a Satanás en su crucifixión y resurrección, y además, en su generosidad, al tomar tributo nos repartió regalos a nosotros, sus hijos. ¡Qué maravilloso! Cada una de nosotras tiene un regalo especial a través de Jesús.

Veamos algunos de los muchos dones que Jesús ha repartido entre sus hijos. Algunos son buenos para presentar la palabra de Dios de modo persuasivo. Otros se acercan a una persona de modo individual para consolar, animar o corregir con amor. Sin embargo, existen aquellos que logran comprender las verdades de forma sistemática y la transmiten en orden y con palabras sencillas. ¿Tienes algunas de estas cualidades? ¿Te gusta hablar con otros y explicar lo que aprendes de la Biblia? ¿Te agrada enseñar a niños o a otras mujeres?

A otras personas les gusta dar de modo deliberado y abundante. Hay quienes son sensibles y se ponen en los zapatos de aquellos que están sufriendo, así que piensan en maneras de visitarles, ayudarles y animarles. Incluso ciertas personas buscan formas de llevar las pesadas cargas de trabajo que tienen otros para que se concentren en la enseñanza o en otras áreas de oportunidad. Tal vez a ti no te gusta estar frente a un grupo, pero te agrada visitar a los enfermos y llevarles un poco de sopa caliente, o limpias las aulas de clases antes de que lleguen los maestros o das de tu tiempo y de tu dinero para el servicio de Dios. ¡Esto también edifica a la iglesia!

Admiro a las personas que comunican el Evangelio con poder y persuasión, y que no cierran la boca ante ninguna circunstancia. También están los que inspiran a otros a ir y servir, y que con su ejemplo respaldan sus palabras. Existen los que organizan todo, y desarrollan planes para seguir una ruta y lograr un objetivo. Pero siempre hace falta aquel que ante cualquier obstáculo sabe que Dios nos ayudará. ¿Estás en algunas de estas categorías?

¿Sabes cuál es ese regalo que Jesús te ha dado? La mejor manera para saberlo es buscando oportunidades para servir a Dios y ejercitar tus habilidades. Lo que Dios te ha dado es aquello que haces bien y que disfrutas hacer.

Oración: Señor, gracias porque nos has dado dones para servir en tu iglesia. Muéstrame cuál es mío y permite que lo use para ti. Amén.

De Vergara, P. A., de Vera, A. D., & Harris, K. O. (2012). Isha-Salmos: Una dosis diaria de fe para ti. (P. A. de Vergara, Ed.) (Primera Edición, p. 121). Lima, Perú: Ediciones Verbo Vivo.

 

 

¿Dónde está Dios?

Isha – Salmos

DÍA 104 – Salmo 66 y 67

Dosis: Alabanza y Presencia

¿Dónde está Dios?

“Si en mi corazón hubiera yo abrigado maldad, el Señor no me habría escuchado; pero Dios sí me ha escuchado, ha atendido a la voz de mi plegaria. ¡Bendito sea Dios, que no rechazó mi plegaria ni me negó su amor!” (Salmo 66:18–20) (NVI)

El salmo 66 alaba los poderosos hechos de Dios, el salmista no sólo recuerda los portentos de Dios a favor de su pueblo sino además cómo Él interviene en la vida personal de quienes le aman y le temen. Por eso, invita a que canten y alaben al Señor pues aunque permite pruebas, Él nos sostiene. Pero a la vez, nos recuerda algo fundamental; que si hay pecado en nuestra vida, nuestra oración será estorbada. Dios siempre nos oye, pero el pecado puede obstaculizar que recibamos la respuesta que queremos hasta que venga la confesión y el cambio de conducta. ¿Hay pecado en nuestras vidas que no le hemos confesado al Señor? Oraremos como David para que el Señor nos lo muestre.

El salmo 67 exhorta a que todos los pueblos le alaben. ¡Qué maravilla será cuando esto se cumpla! Mientras tanto, debemos ir a las naciones y anunciar el Evangelio para que todos crean. El salmista anhela que la bendición de Dios alcance a todos: “Dios haga resplandecer su rostro sobre nosotros, para que se conozcan en la tierra sus caminos, y entre todas las naciones su salvación. Que te alaben, oh Dios, los pueblos; que todos los pueblos te alaben. Sin embargo, muchos hoy se enfrentan a la duda: ¿dónde está Dios? ¿Cómo explicamos su presencia cuando un huracán o un terremoto destruyen toda una ciudad o un pueblo? ¿Dónde está Dios durante un genocidio?

Se cuenta de un niño que fue llevado ante un famoso maestro. “Hijo, te daré un florín si me dices dónde vive Dios”, le pidió el sabio. El niño respondió: “Yo te daré dos, si me dices dónde no está”. Dios está en todo lugar. Aunque no podamos verlo, Él está ahí, en medio de las tragedias más terribles. Como dice el salmista, él nos escucha y no rechaza nuestras plegarias. ¿Dónde está Dios durante los problemas? Una cosa te aseguro: ahí está. Él está en todo lugar.

También se cuenta de un famoso rabino que preguntó a sus invitados dónde habita Dios. Ellos se rieron de él: “¿Qué estás diciendo? ¡El mundo está lleno de su gloria!” Pero él contestó: “Dios habita donde se le deja pasar”. ¿Percibes la diferencia? Dios está en todo lugar. Él está atento a todo lo que pasa. Nada escapa de su escrutinio, pero Dios habita, vive, mora, ayuda, auxilia a todo aquel que le busca.

En las tragedias de la vida la gente se acuerda de que Dios existe, pero Dios atiende a las plegarias solo de aquellos que le dejan entrar a su vida. Cuida que nada se interponga entre tú y Dios. Confiesa hoy si algún pecado está estorbando tu oración. Recuerda que Dios está más cerca que tu propio corazón.

Oración: Señor, muestra si hay pecado que estorbe hoy mi oración. Gracias porque estás en mi vida y puedo acudir a ti en todo momento. Amén.

De Vergara, P. A., de Vera, A. D., & Harris, K. O. (2012). Isha-Salmos: Una dosis diaria de fe para ti. (P. A. de Vergara, Ed.) (Primera Edición, p. 120). Lima, Perú: Ediciones Verbo Vivo.

 

Como un tierno agricultor

Isha – Salmos

DÍA 103 – Salmo 65

Dosis: Misericordia y Cuidado

Como un tierno agricultor

“¡Dichoso aquel a quien tú escoges, al que atraes a ti para que viva en tus atrios! Saciémonos de los bienes de tu casa, de los dones de tu santo templo. (Salmo 65:4) (NVI)

¿Cuáles son los motivos por los que alabas a Dios? En este bello poema el salmista encuentra dos motivos fundamentales. En la primera parte se deleita en la misericordia de Dios en su perdón y su salvación: “A ti, oh Dios de Sión, te pertenece la alabanza. A ti se te deben cumplir los votos, porque escuchas la oración. A ti acude todo mortal, a causa de sus perversidades. Nuestros delitos nos abruman, pero tú los perdonaste.”

¿Has aprendido a alabarle por su misericordia? La biblia dice que éstas son nuevas cada mañana.

En la segunda parte del salmo lo alaba por ser un Dios Creador, que así como da fertilidad a la tierra, y alimento a su pueblo, sigue saciando nuestra alma. Conjuga así en su pensamiento el concepto de un Dios justo y perdonador con el de un Dios creador que es Señor de la naturaleza, del mundo y la historia. Leamos las preciosas imágenes: “Tú, oh Dios y Salvador nuestro, nos respondes con imponentes obras de justicia; tú eres la esperanza de los confines de la tierra y de los más lejanos mares. Tú, con tu poder, formaste las montañas, desplegando tu potencia. Tú calmaste el rugido de los mares, el estruendo de sus olas, y el tumulto de los pueblos.

Dios solamente tiene la capacidad de controlar la naturaleza. Ahora que vivimos tiempos de cambios climáticos, de crisis ecológica, este Salmo revela la preocupación de Dios por la naturaleza que creó y puso a nuestra disposición. Y sobre la cual solamente Él tiene poder. ¿A quién entonces clamar cuando nos sentimos amenazadas por algún terrible pronóstico?

Pero las más conmovedoras imágenes las encontramos al final del poema, cuando el salmista describe a Dios como un agricultor divino: “Con tus cuidados fecundas la tierra, y la colmas de abundancia. Los arroyos de Dios se llenan de agua, para asegurarle trigo al pueblo. ¡Así preparas el campo! Empapas los surcos, nivelas sus terrones, reblandeces la tierra con las lluvias y bendices sus renuevos.”

Amada, Él es el agricultor divino. Así como Dios prepara la tierra para que produzca fruto abundante, prepara también la tierra de nuestros corazones, para que su Palabra, la buena semilla, pueda germinar, crecer y dar fruto. Seamos siempre esa tierra fértil y dócil en sus manos.

Oración: Señor gracias porque puedo reconocer tu bondad en mi vida y en la naturaleza que creaste. Amén.

De Vergara, P. A., de Vera, A. D., & Harris, K. O. (2012). Isha-Salmos: Una dosis diaria de fe para ti. (P. A. de Vergara, Ed.) (Primera Edición, p. 118). Lima, Perú: Ediciones Verbo Vivo.

Poderoso Defensor

Isha – Salmos

DÍA 102 – Salmo 64

Dosis: Seguridad

Poderoso Defensor

“Escucha, oh Dios, la voz de mi queja; protégeme del temor al enemigo. Escóndeme de esa pandilla de impíos, de esa caterva de malhechores. Afilan su lengua como espada y lanzan como flechas palabras ponzoñosas. Emboscados, disparan contra el inocente; le tiran sin temor y sin aviso.” (Salmo 64:1–4) (NVI)

Este salmo es también un clamor por apoyo divino de alguien que se siente atacado y perseguido por un grupo de personas organizadas para atacarle. Nuevamente las intrigas y los planes de sus enemigos cargan su alma. ¿Alguna vez experimentaste este tipo de ansiedad? ¿Qué le aconsejarías a una persona que se siente así? Generalmente cuando atravesamos una experiencia similar nuestro corazón se endurece y nos llenamos de amargura.

Pero en este caso, el salmista derrama su corazón a Dios y le pide que haga tres cosas que está seguro Él puede hacer para defenderlo: “escúchame”, “protégeme” y “escóndeme”, de personas que se ocultan para atacarle, que le lanzan flechas ponzoñosas de mentiras y calumnias. Nuevamente vemos aquí imágenes de guerra para describir la forma como sus adversarios lo atacan hasta hacerlo sentir muy vulnerable. Sin duda estas personas quieren acabar con su reputación y con su resistencia emocional.

Sin embargo, el salmista cree que Dios tiene la capacidad de obstaculizar las malas intenciones y transformar el curso de las acciones humanas: “Pero Dios les disparará sus flechas, y sin aviso caerán heridos. Su propia lengua será su ruina, y quien los vea se burlará de ellos. La humanidad entera sentirá temor: proclamará las proezas de Dios y meditará en sus obras. ¿Crees en un Dios así? ¿En un Dios capaz de defenderte? Él siempre responderá más allá de nuestras expectativas y su amor será como un cerco de fuego alrededor nuestro.289 ¡Podemos vivir confiadas!

Amada, debemos estar seguras que ningún complot que se levante en nuestra contra prosperará, porque Dios es nuestro poderoso defensor. El salmista pasa del lamento a la gratitud, al experimentar la acción liberadora de Dios. Es interesante notar que muchas veces, antes que la respuesta de Dios se evidencie en hechos, Él ya pondrá la certeza en nuestro corazón que hemos sido escuchadas, está con nosotras y responderá nuestra oración. Su Espíritu es el que nos ayuda a confiar y a declarar como el salmista: “Que se regocijen en el SEÑOR los justos; que busquen refugio en él; ¡que lo alaben todos los de recto corazón!”

Oración: Señor, defiéndeme de las malas intenciones y sé tú mi poderoso defensor. Amén.

De Vergara, P. A., de Vera, A. D., & Harris, K. O. (2012). Isha-Salmos: Una dosis diaria de fe para ti. (P. A. de Vergara, Ed.) (Primera Edición, p. 117). Lima, Perú: Ediciones Verbo Vivo.

 

 

Almas Sedientas

Isha – Salmos

DÍA 101 – Salmo 63

Dosis: Comunión

Almas Sedientas

“Oh Dios, tú eres mi Dios; yo te busco intensamente. Mi alma tiene sed de ti; todo mi ser te anhela, cual tierra seca, extenuada y sedienta. Te he visto en el santuario y he contemplado tu poder y tu gloria. Tu amor es mejor que la vida; por eso mis labios te alabarán.” (Salmo 63:1–3) (NVI)

¿Has aprendido a sentirte satisfecha en Dios? ¿Disfrutas de una intimidad con Él? ¿Qué es lo que llena tu alma? El salmista expresa aquí un deseo intenso de buscar a Dios y seguir disfrutando de su amor, su poder y su misericordia aún en los momentos más difíciles de su vida.

El salmista compara su alma con una tierra seca, extenuada y sedienta. Tal vez esta figura haga referencia a la experiencia de David de haberse visto obligado a vivir en el desierto, perseguido y amenazado. Entonces los temores por su vida, lo llevaban a clamar más aún a ese Dios todopoderoso. ¿Cuál puede ser tu “tierra árida” o tu desierto”? ¿Te has sentido también extenuada y sedienta de Dios?

Lo conmovedor es que inmediatamente después de hacer la oración el tono del poema cambia y el salmista dice: “Mi alma quedará satisfecha como de un suculento banquete, y con labios jubilosos te alabará mi boca. Pues a pesar del desierto que simbolizan las dificultades y las crisis, el salmista ha aprendido a superarlas en la presencia de Dios. Ha aprendido el secreto de la alimentación divina para su alma. Y por eso lo alaba. ¿Te sacia de esta manera tu comunión con Dios? ¿Te deleitas por completo en su presencia?

David declara también que Dios está continuamente en sus pensamientos: “En mi lecho me acuerdo de ti; pienso en ti toda la noche. A la sombra de tus alas cantaré, porque tú eres mi ayuda. Mi alma se aferra a ti; tu mano derecha me sostiene.

¡Qué hermoso saber que nuestros pensamientos pueden fijarse en la persona de Dios! ¡En su bondad y en su misericordia!” Aún en medio de las preocupaciones que pueden quitarnos el sueño, el salmista nos anima a acordarnos de Dios, a tener un espacio de meditación, pues es allí donde nuestra confianza será restaurada para volver otra vez a la protección de sus alas y a aferrarnos totalmente a Él.

Este salmo debe estimularnos a la devoción personal. Yo anhelo también saciar mi alma, decirle como el salmista cada día: “Mi alma está apegada a ti; Tu diestra me ha sostenido.”

Oración: Señor, enséñame a saciar mi alma de tu presencia. Y a alabarte con todo mi corazón. Amén.

De Vergara, P. A., de Vera, A. D., & Harris, K. O. (2012). Isha-Salmos: Una dosis diaria de fe para ti. (P. A. de Vergara, Ed.) (Primera Edición, p. 116). Lima, Perú: Ediciones Verbo Vivo.

No Resbalaremos

Isha – Salmos

DÍA 100 – Salmo 62

Dosis: Confianza

No Resbalaremos

“Sólo en Dios halla descanso mi alma; de él viene mi salvación. Sólo él es mi roca y mi salvación; él es mi protector. ¡Jamás habré de caer!” (Salmo 62:1–2) (NVI)

¿Quién es la persona en la que más confías? ¿Aquella que crees jamás te decepcionaría? Ciertamente por más que las personas nos amen pueden fallarnos alguna vez. Pero en este salmo, el poeta expresa una confianza plena en Dios aún en las mayores dificultades de la vida, pues sólo en Él encuentra la paz y la protección que necesita como refugio y roca inconmovible. ¿Cuántas veces has necesitado confiar y depender de Dios de esta manera? ¿Necesitas en estos momentos protegerte en este refugio eterno?

El salmista empieza a describir la crisis en la que se encuentra. Ha sido traicionado, perseguido, y reconoce que han urdido un plan en su contra para destruirlo y desprestigiarlo: “¿Hasta cuándo atacarán todos ustedes a un hombre para derribarlo? Es como un muro inclinado, ¡como una cerca a punto de derrumbarse! Sólo quieren derribarlo de su lugar de preeminencia. Se complacen en la mentira: bendicen con la boca, pero maldicen con el corazón.” ¿Alguna vez te sentiste como una pared a punto de caer? Herida y atacada en tu dignidad. ¡David había sido traicionado y perseguido por su propio hijo! Tal vez de esta experiencia surgieron estas palabras de lo profundo de su alma. ¿Puedes identificarte con este dolor, alguien que amabas te traicionó?

Sin embargo en medio de esta circunstancia el salmista repite las palabras con las que inicia el salmo: “Sólo en Dios halla descanso mi alma; de él viene mi esperanza. Sólo él es mi roca y mi salvación; él es mi protector y no habré de caer. Dios es mi salvación y mi gloria; es la roca que me fortalece; ¡mi refugio está en Dios! A la convicción de Dios como refugio y roca inconmovible, de estabilidad y firmeza, añade el concepto de protector. David está seguro que Dios es quien guarda nuestra dignidad y nuestro prestigio. Dice “no habré de caer” en otras versiones “no resbalaré mucho”. David sabe que aunque podamos tambalearnos frente a las dificultades de la vida, Dios no nos suelta de su mano, Él hace que no perdamos el equilibrio. ¡No resbalaremos!

A veces es nuestro corazón el que decae. Tenemos frustraciones, angustias, pesares que Dios quiere que le entreguemos. El salmista habiendo vivido en carne propia esta experiencia, anima a otros a refugiarse en Dios como él lo hace. Confiando además en que finalmente, Dios pagará a los seres humanos de acuerdo a sus acciones de bondad o maldad. Amada, si estás sufriendo algún desengaño o alguna decepción, acude al mejor refugio, preséntale tu causa y pídele que Él defienda tu integridad, te consuele, y no te suelte de su mano. ¡Aprendamos a confiar en Él plenamente!

Oración: Señor permíteme experimentarte como mi roca y mi refugio en tiempo de angustia. Amén.

De Vergara, P. A., de Vera, A. D., & Harris, K. O. (2012). Isha-Salmos: Una dosis diaria de fe para ti. (P. A. de Vergara, Ed.) (Primera Edición, p. 115). Lima, Perú: Ediciones Verbo Vivo.