7- ¿Es una secta…? – Los miembros

¿Es una secta…? – Los miembros

a1Y él mismo constituyó a unos, apóstoles; a otros, profetas; a otros, evangelistas; a otros, pastores y maestros, a fin de perfeccionar a los santos para la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo, hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, a un varón perfecto, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo; para que ya no seamos niños fluctuantes, llevados por doquiera de todo viento de doctrina, por estratagema de hombres que para engañar emplean con astucia las artimañas del error, sino que siguiendo la verdad en amor, crezcamos en todo en aquel que es la cabeza, esto es, Cristo, de quien todo el cuerpo, bien concertado y unido entre sí por todas las coyunturas que se ayudan mutuamente, según la actividad propia de cada miembro, recibe su crecimiento para ir edificándose en amor.

(Ef. 4:11–16)

Es posible discernir si una iglesia está en peligro de convertirse en secta. Para ello hay que formular seis preguntas:

1. Los miembros que dejan la iglesia, ¿son animados a encontrar otra iglesia y a seguir adelante en su vida cristiana? En las ilustraciones que el pastor ofrece desde el púlpito, ¿hace referencias frecuentes a diversos ex miembros de la iglesia? Si los llama apartados, infieles, muertos, depravados, perros, publicanos, paganos o algo semejante, es mala señal. Los sectarios suelen enseñar que las demás iglesias no poseen la verdad o, peor todavía, que están bajo el control de Satanás. Unos amigos íntimos de Joel, nuestro hijo, se mudaron a otra ciudad por motivos de trabajo. Joel y Cristina, su esposa, nos esperaban en el aeropuerto cuando regresamos de una cruzada evangelística en Honduras. En forma inmediata mi esposa y yo vimos preocupación en el rostro de los dos. Habían visitado a sus amigos durante un fin de semana y habían ido a un retiro de la nueva iglesia donde asistían estos amigos. Joel me explicó: —Papá, creo que están en una secta.

Entre las características de este grupo se destaca que quienes salen de esa iglesia para asistir a otra congregación, son considerados como apartados de la fe. Tiempo después los amigos visitaron a sus respectivas familias, pero se les prohibía asistir a la iglesia donde antes se habían congregado con Joel y Cristiana. Los había limitado a visitar congregaciones que correspondieran a ese mismo grupo.

Nuestra preocupación como líderes de la obra del Señor debe ser que los feligreses maduren en la fe, no que necesariamente asistan a nuestra congregación. En el discurso de Pablo a los ancianos de la iglesia en Éfeso, después de amonestarlos acerca de los peligros inminentes de los falsos profetas y maestros, los encomendó a Dios y a «la palabra de su gracia, que tiene poder para sobreedificaros y daros herencia con todos los santificados» (Hechos 20:32). Sabiendo que las iglesias tienen diferentes idiosincrasias y que de vez en cuando hay personas que por cierto motivo optan por cambiarse de iglesia, una congregación madura oraría por ellos encomendándolos a Dios y a la Palabra de su gracia. Al mismo tiempo, es importante ayudarlos a encontrar otra congregación que enseñe el verdadero evangelio.

En cierta iglesia en Centroamérica, el miembro que se cambia a otra congregación es oficialmente entregado a Satanás. Pablo, en vez de hablar mal de los hermanos, nos instruye: «Animaos unos a otros, y edificaos unos a otros, así como lo hacéis… os rogamos, hermanos, que amonestéis a los ociosos, que alentéis a los de poco ánimo, que sostengáis a los débiles, que seáis pacientes para con todos» (1 Tesalonicenses 5:11, 14–15).

2. ¿Existe un temor inexplicable en los miembros de la iglesia? Ya nos hemos referido al tema del temor, pero conviene mencionarlo otra vez porque se expresa de diferentes maneras. En líneas generales, el miembro de la secta teme perder la salvación si no asiste a todas las reuniones, si no se viste de cierta forma, si no obedece una lista de reglas, o si no recibe el visto bueno de los líderes antes de tomar una decisión. En el caso de los amigos de nuestro hijo, temen que se los llame «infieles» por no ofrendar cierta cantidad de dinero.

El temor demuestra que uno está sirviendo al hombre y no a Dios. El proverbio bien nota: «El miedo a los hombres es una trampa» (Pr. 29:25 VP). Por otro lado, el apóstol Pablo ofrece la pauta bíblica: «…no sirviendo al ojo, como los que quieren agradar a los hombres, sino como siervos de Cristo, de corazón haciendo la voluntad de Dios; sirviendo de buena voluntad, como al Señor y no a los hombres» (Ef. 6:6–7).

3. Las mujeres cuyos esposos no son de Cristo, ¿son instruidas a sujetarse a sus esposos (1 Pedro 3:1–6), o son adoctrinadas a seguir lo que dicen los líderes por encima de los deseos del esposo? Hemos visto grupos que enseñan a las mujeres que, a pesar de lo que dice el marido, ellas no deben faltar a ninguna reunión, deben responder siempre a las peticiones de dinero e insisten en que los niños obedezcan sólo la palabra de la iglesia. Como contraposición Pedro instruye: «Asimismo vosotras, mujeres, estad sujetas a vuestros maridos; para que también los que no creen a la palabra, sean ganados sin palabra por la conducta de sus esposas, considerando vuestra conducta casta y respetuosa» (1 Pedro 3:1–2).1

4. ¿Se les enseña a todos los miembros la doctrina bíblica del sacerdocio de todos los santos, o acaso tienen que acudir a los líderes (o al predicador itinerante) para recibir una contestación, una bendición, la unción, etc.? Uno de los abusos corregidos por la reforma de la iglesia del siglo XVI fue el concepto del sacerdocio. Antes la autoridad residía en el sacerdote y por ende el feligrés debía acudir a él para recibir perdón, indulgencias, contestaciones, sanidad, etc. La Reforma volvió a hacer hincapié en que cada creyente es sacerdote, con sus correspondientes privilegios y responsabilidades.

Siempre ha existido confusión sobre la naturaleza de la iglesia y el rol de los creyentes. El apóstol Pedro era singularmente idóneo para hablar sobre estos temas. A él le habían sido dadas las llaves del reino de Dios cuya función era abrir el camino de la salvación a los gentiles (Mateo 16:18). Consideremos brevemente lo que Pedro enseña sobre la iglesia en 1P 2:4–10.

La naturaleza de la iglesia

El apóstol comienza hablando acerca de la naturaleza o carácter de la iglesia.

«Vosotros también, como piedras vivas, sed edificados como casa espiritual y sacerdocio santo, para ofrecer sacrificios espirituales aceptables a Dios por medio de Jesucristo»

(1 Pedro 2:5)

«Mas vosotros sois linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido por Dios, para que anunciéis las virtudes de aquel que os llamó de las tinieblas a su luz admirable»

(9)

La iglesia es una casa espiritual formada por piedras vivas. Es algo inmaterial. Dios no construye con ladrillos y acero sino con piedras vivas, es decir gente. Usted y yo somos la iglesia. «Dios…no habita en templos hechos por manos humanas» (Hechos 17:24). Él vive en los corazones de su pueblo. Las implicaciones son muchas: El edificio de la iglesia no es «la iglesia»; los verdaderos cristianos forman la iglesia. El santuario no es un lugar en el templo (edificio); el santuario es el corazón de cada cristiano (1 Corintios 3:16; 6:19).

De igual importancia es saber que somos un sacerdocio santo (1 Pedro 2:5) o real sacerdocio (9). El sacerdote tiene acceso directo a la presencia de Dios. En el Antiguo Testamento era una clase especial, descendientes de Aarón. La palabra proviene de «vicario» (puente). El sacerdote llevaba las peticiones de la gente a Dios. Él tenía derecho a acercarse a Dios. Constituía una especie de puente entre el pueblo y Dios.

Sin embargo, con la muerte de Cristo el velo (de separación) se rasgó en dos, de arriba abajo (Mateo 27:51), abriendo así el camino de acceso directo a Dios para cada creyente. En la iglesia de Cristo bajo el nuevo pacto los sacerdotes no son una clase especial. Cada creyente es un sacerdote. Todos tenemos acceso directo a la presencia de Dios.

Los hebreos siempre habían recibido la enseñanza (de la tradición, de sus padres y de la ley) de permanecer lejos de Dios. Había una sola persona que podía entrar en la presencia divina, el sumo sacerdote, y lo hacía una vez al año yendo al lugar santísimo. Según la tradición, ataban una soga alrededor de su pie para que si moría adentro fuera posible sacarlo sin la necesidad de entrar. Además, Moisés tuvo que poner límites alrededor del monte santo para que la gente no pasara: «cualquiera que toque el monte, ciertamente morirá» (Exodus 19:12). Con el arca del pacto sucedía algo similar. Dios mató a 50.070 hombres porque habían mirado dentro del arca de Jehová (1 Samuel 6:19). Uza perdió su vida cuando quiso sostener el arca (2 Samuel 6:6–7). El mensaje no podía ser más claro: Quedarse lejos de Dios. Los destinatarios del libro a los Hebreos crecieron con ese trasfondo. Sin embargo, reflejando la realidad del nuevo pacto, la exhortación es :

«…acerquémonos con confianza al trono de la gracia para que recibamos misericordia, y hallemos gracia para la ayuda oportuna»

(Hebreos 4:16 BLA)

Por medio de la muerte de Jesucristo todo cristiano tiene acceso directo a la presencia de Dios. No necesitamos a un cura, un pastor, un misionero, un evangelista o un predicador itinerante que interceda por nosotros. El concepto de que Dios habita en una persona en forma especial y debo acudir a tal persona para recibir una bendición, NO ES BÍBLICO. Es hora de que el pueblo de Dios madure y se valga de sus privilegios como sacerdocio santo.

5. ¿Existen rumores, chismes y acusaciones contra miembros que por algún motivo no son considerados fieles? Para ser visto como miembro fiel, la secta o semisecta generalmente mantiene una lista de normas externas. Cuando alguno no alcanza a cumplir toda la lista de leyes impuestas por la iglesia, en los pasillos y los baños (por así decirlo) se escuchan chismes en contra de esa persona. Se tolera el chisme y a veces se incita a él a fin de presionar a la persona a conformarse. Sin embargo Dios nunca tolera la chismorrería (Proverbios 20:19, 26:20; Tito 3:10).

En la iglesia de los amigos de nuestro hijo ni siquiera permiten la cara triste. A la melancolía se la considera falta de espiritualidad, y la persona es animada a confesarla, no a Dios sino al grupo. En los cultos públicos se espera que todos los asistentes tengan el rostro alegre. El Nuevo Testamento, por supuesto, aclara que existe una tristeza que agrada a Dios. Lo que se debe confesar es la tristeza mundana (2 Corintios 7:9–10).

6. ¿Se condena a un miembro cuando éste no ofrenda según las exigencias del grupo? ¿Qué tiene prioridad? ¿Las necesidades financieras del grupo o las necesidades de la familia de los miembros? En un caso, un hombre de negocios vació sus cuentas bancarias y dio todo el dinero al grupo. En otro caso una pareja joven tuvo que sacar un préstamo bancario para pagar a la iglesia una promesa hecha bajo coacción. Personas han dado hasta el dinero correspondiente a sus necesidades básicas para obtener las bendiciones prometidas —como que milagrosamente el dinero se devolviera duplicado.

Con relación al tema del dinero, la Biblia proporciona principios claros. Para entender la cuestión de la mayordomía (administración del dinero) en el nuevo pacto, en primer lugar consideremos la actitud que hallamos en 2 Corintios 8:9:

«Porque ya conocéis la gracia de nuestro Señor Jesucristo, que por amor a vosotros se hizo pobre, siendo rico, para que vosotros con su pobreza fueseis enriquecidos»

Jesús nos da el ejemplo para seguir, y todo comienza con «la gracia». Gracia significa bondad, generosidad, favor no merecido, misericordia. Todo esto es gracia, pero hay mucho más: «por amor a vosotros se hizo pobre». No podemos afirmar que hemos ofrendado hasta que nos haya costado hacerlo. El Señor Jesús, nuestro modelo, dio sin esperar que le devolviéramos nada. ¿Con qué propósito? «Que vosotros con su pobreza fueseis enriquecidos». Es decir, la ofrenda sólo adquiere su sentido completo cuando beneficia a otros y no a nosotros. Debemos escudriñar nuestro corazón y examinar nuestros motivos para tener la seguridad de que no estamos ofrendando a fin de conquistar el favor de Dios, duplicar el dinero o beneficiarnos.

En 1 Corintios 16:1–2 Pablo enseña que nuestras ofrendas han de ser hechas en forma regular: «Cada primer día de la semana». Para librarnos de la mala costumbre de ofrendar por un impulso o de vez en cuando, Pablo afirma que debemos ofrendar regular, sistemática y persistentemente, un hábito santo para toda la vida.

En segundo lugar, Pablo indica que todos debemos participar: «cada uno de vosotros ponga aparte algo…» Incluye a los ricos, pobres, jóvenes y adultos, hombres y mujeres. Nadie puede ofrendar en mi lugar. La ofrenda es una expresión del amor del corazón humano y nadie puede tomar nuestro lugar para expresar nuestro amor.

En tercer lugar, debemos apartar algo con premeditación, de antemano: «ponga aparte algo». La razón es que cuando se recoge la ofrenda en el culto, la persona no debe sentirse bajo presión o coacción (algo muy común en las sectas). En oración y bajo la dirección del Espíritu Santo cuando llega al templo el creyente ya debe tener su ofrenda preparada.

Es peligroso cuando existe presión, coacción, amenazas y constantes reclamos para que la persona ofrende. En una oportunidad fui testigo cuando el líder de un grupo exigió más ofrendas de su congregación con la amenaza de que no compartiría la palabra del Señor hasta que entrara cierta cantidad de dinero.

VP «Dios Habla Hoy», 1994© por Sociedades Bíblicas Unidas.

1 Para una explicación de cómo una mujer cristiana ha de responder frente a un esposo que no es de Cristo, ver Jaime Mirón, Mi esposo no es cristiano. ¿Qué hago? (Miami: Editorial Unilit, 1990).

BLA «La Biblia de las Américas», 1986© por The Lockman Foundation.

Mirón, J. (1997). ¿Iglesia o secta? (pp. 57–64). Miami, Florida, EE. UU. de A.: Editorial Unilit.

6-¿Es una secta…? – El líder

¿Es una secta…? – El líder

a1Pues el que preside la comunidad está encargado de las cosas de Dios, y por eso es necesario que lleve una vida irreprochable. No debe ser terco, ni de mal genio; no debe ser borracho, ni amigo de peleas, ni desear ganancias mal habidas. (Tito 1:7 VP)

Muchas iglesias comienzan siendo parte de la corriente cristiana evangélica, pero gradualmente se alejan de la doctrina de Cristo. En los próximos tres capítulos presentaremos una lista de preguntas que ayudan a discernir si una iglesia tiene el potencial de convertirse en secta, comenzando con el líder del grupo.

1. ¿Es humilde el líder? (Santiago 4:6, 10). Los líderes sectarios anhelan los lugares de honor y los aplausos de los hombres. Los fariseos, los primeros sectarios en el Nuevo Testamento, son buenos ejemplos:

«¡Ay de vosotros, fariseos! que amáis las primeras sillas en las sinagogas, y las salutaciones en las plazas»

(Lc. 11:43)

«¿Cómo podéis vosotros creer, pues recibís gloria los unos de los otros, y no buscáis la gloria que viene del Dios único?»

(Juan 5:44)

«Porque amaban más la gloria de los hombres que la gloria de Dios»

(Juan 12:43)

La Palabra de Dios, en cambio, toma precauciones para que los dirigentes en la iglesia no se hagan caudillos ni usurpen la autoridad de Cristo como Maestro y Guía:

«Pero ustedes no deben pretender que la gente los llame maestros, porque todos ustedes son hermanos y tienen solamente un Maestro. Y no llamen ustedes padre a nadie en la tierra, porque tienen solamente un Padre: el que está en el cielo. Ni deben pretender que los llamen guías, porque Cristo es su único Guía»

(Mateo 23:8–10 VP)

Para que no haya dudas, Cristo mismo describe al verdadero líder:

«El que es el mayor de vosotros, sea vuestro siervo. Porque el que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido»

(Mateo 23:11–12)

2. ¿Es el líder irreprensible? (1 Timoteo 3:2). Muchos líderes sectaristas mantienen dos normas de conducta diferentes, una para la congregación y otra para sí mismos; es decir que son hipócritas. Por un lado predican que sus feligreses deben vivir una vida severa (que en realidad es una carga)1, pero por otro lado ellos se conceden ciertas libertades. Es más, hemos visto que ciertas sectas permiten o por lo menos toleran que el líder viva en pecado, y de alguna manera lo justifican.2

El pecado más visible, aunque no el único, es la inmoralidad sexual. Cuando era joven y recién convertido y estaba tratando de ubicarme en el panorama denominacional, con unos amigos visitamos las reuniones presididas por un hombre que encajaría dentro de las nuevas sectas contemporáneas —a pesar de ser entonces los años 50. Noche tras noche nos maravillábamos de las promesas que hacía al público si éste tan sólo daba su dinero. Hablaba mucho del ayuno y la oración, empleando su persona como modelo. Vendía porciones de su antigua carpa con la promesa de que la persona que se arrodillara sobre el pedazo de carpa y orara allí, recibiría siempre las contestaciones deseadas. Vimos a la concurrencia como hipnotizada, entregando hasta las llaves de su automóvil. Nos preocupamos por las ofrendas, que duraban hasta una hora.

Una noche estábamos de pie en la fila junto con los crédulos que esperaban una bendición del «ungido de Dios», cuando una de las muchachas en nuestro grupo que asistía por primera vez no aguantó más y protestó expresando en voz alta lo que todos pensábamos: —¡Es un fraude!

Uno de los asistentes del ungido nos miró, y con un guiño replicó: —Sí, pero es un buen fraude.

Desilusionados, decidimos esperar hasta que terminaran todas las actividades para poder conversar con el «ungido». Los cultos duraban hasta seis horas, y por lo tanto el hombre no salía hasta las dos de la madrugada. Para nuestro horror, esperando a la salida había prostitutas para cada uno de la comitiva del predicador (y por cierto para él mismo). Años más tarde este supuesto ungido de Dios murió solo en un hotel a causa de cirrosis al hígado por haber bebido demasiado. Murió con 10.000 dólares en efectivo en su bolsillo.

Conviene repetir que, según el apóstol Pablo, el verdadero líder será «irreprensible» (1 Timoteo 3:2). En el original griego, «irreprensible» significa «que no se puede agarrar». No significa que será perfecto, pero no dará motivos para acusaciones.

3. ¿Tiene el líder que dar razón de sus acciones a un grupo de hombres piadosos —junta de ancianos o como se llame? Una de las señales más evidentes de que algo anda mal es escuchar de los labios de un líder: «Yo doy razón de mis acciones solamente a Dios». Judas explica que una de las marcas de los falsos maestros es que «rechazan la autoridad» (Jud. 8). Pablo agrega que los engañadores son «rebeldes» (Tit. 1:10 VP). El Nuevo Testamento siempre habla de «ancianos», es decir en plural (Hechos 20:17; 1 Timoteo 5:17; Tit. 1:5; 1 Pedro 5:1) a fin de que se ayuden mutuamente. Salomón explica: «Hierro con hierro se aguza; y así el hombre aguza el rostro de su amigo» (Pr. 27:17).

Esta clase de líder cada vez se va aislando más, no tiene verdaderos amigos, se vuelve preponderante, recalcitrante y cada día se desvía más de la verdad. Cristo tuvo que lidiar con esta clase de «caciques» y anunció: «En la cátedra de Moisés se sientan los escribas y los fariseos» (Mateo 23:2). La cátedra de Moisés era una silla en la sinagoga reservada para el maestro que enseñaba la ley de Moisés. Aquí la expresión se refiere a aquel que asume el lugar de Dios. Es notable que la Biblia aclara que los escribas y fariseos «se sentaron» por sí solos; nadie los puso allí.

Después de estudiar la vida de 600 pastores y líderes cristianos, los autores Clinton y Stanley descubrieron que una de las cinco características principales de quienes llegaban bien al final de su carrera es que se relacionaban con personas que influenciaban su vida para bien, como así también con mentores capacitados.3 Ni el «llanero solitario» ni el hombre orquesta encajan dentro del cuadro bíblico. El caso de un famoso evangelista que cometió pecado sexual es una escuela de principios enseñados por vía negativa. Es posible analizar su vida y ministerio y aprender valiosas lecciones. Uno de los factores contribuyentes a su repentina caída fue la falta de autoridad espiritual en su vida y ministerio. Aun cuando su denominación se interpuso para ponerlo bajo disciplina, él la rechazó alegando que Dios le había dicho que debía seguir adelante.

Es preocupante cuando el líder no da razón de sus acciones a nadie ni es responsable ante un grupo de hombres espirituales. Recientemente quedó al descubierto inmoralidad en casi todo el liderazgo de cierta semisecta. Al indagar más, resultó ser otro caso de un autoproclamado profeta cuyo cuerpo de ancianos eran solamente sus familiares y amigos íntimos.

4. ¿Se jacta el líder de tener una «unción especial»?  La frase «unción especial» se usa inocentemente para referirse a que el Espíritu Santo ha dotado a cierto predicador de manera especial. Sin embargo, es más común adaptarla para que connote «algo» que un líder posee y los demás cristianos todavía no tienen o ni siquiera podrían tener.

Pensemos en la popular frase de nuestros días «no hay que tocar el ungido de Dios». Es lo que declaran personas que temen el juicio divino si intentan cuestionar al líder de una congregación. Consideremos lo que dice la Biblia.

Pablo explica que todo cristiano recibe la unción del Espíritu Santo cuando entra en el reino de Dios:

«Y el que nos confirma con vosotros es Cristo, y el que nos ungió, es Dios…»

(2 Corintios 1:21)

Al lidiar con los gnósticos que alegaban haber recibido una nueva luz o unción, el apóstol Juan asegura a todo cristiano:

«Pero vosotros tenéis unción del Santo, y todos vosotros lo sabéis»

(1 Juan 2:20 BLA)

En el Antiguo Testamento la palabra «ungido» se refería a personas apartadas para una tarea especial (Lv. 16:32; 1S. 16:6–13; 2S. 1:14; Is. 61:1). Ungido es un término basado en la práctica de ungir con aceite de oliva al que era escogido y consagrado como sacerdote o rey. Sin embargo en ningún momento la práctica comunica la idea de que no se puede confrontar al líder cuando éste cae o vive en pecado. Notemos que Natán «tocó» al ungido de Dios cuando confrontó a David por ser asesino y adúltero (2 Samuel 12:1–14). De igual manera, el sumo sacerdote Azarías junto con otros 80 sacerdotes enfrentó al rey Uzías cuando éste entró en el santuario para quemar incienso (2 Crónicas 27:16–21). Abigaíl previno a David, el ungido de Dios, para que en su enojo no matara a un hombre (1 Samuel  25). Pablo reprendió a Pedro «en su propia cara, porque lo que estaba haciendo era condenable» (Gálatas 2:11 VP). Los cristianos de Tiro avisaron a Pablo «por el Espíritu, que no subiese a Jerusalén» (Hechos 21:4). Ninguno recibió castigo por intervenir.

La expresión «ungido de Dios» también se encuentra en 1 Crónicas 16:22 y se repite en Salmos 105:15. En las dos ocasiones incluye a todo el pueblo de Dios como ungido; no se refiere a un individuo. El Nuevo Testamento enseña que todo cristiano es un sacerdote (1 Pedro 2:4–10) con iguales privilegios y responsabilidades. Nunca debemos escabullirnos de la responsabilidad de «probar los espíritus» y discernir, confrontar, avisar, prevenir, aconsejar, restaurar, animar, exhortar, y alentarnos los unos a los otros (He. 10:25) incluyendo, cuando sea necesario, a quienes Dios ha puesto por líderes.

5. ¿Admite el líder cuando está equivocado? ¿Está dispuesto a recibir sugerencias de los miembros de la iglesia? Es mala señal cuando el líder es inaccesible e intocable. Es notable que Pablo trabajaba en equipo y nunca estaba lejos de la ayuda espiritual de sus consiervos.

Por cierto que los líderes de la iglesia deben procurar cumplir la visión que Dios les ha dado, y evitar desviarse ante cada capricho de la tía Mabel o el tío Martín, y también es cierto que los feligreses deben sujetarse y obedecer a sus líderes (Hechos 20:27–30; He. 13:17; 1 Pedro 5:1–5). Sin embargo, autocolocarse en un pedestal distante de los miembros de la iglesia es rehusar la ayuda y la sabiduría de la congregación y negar que el Espíritu Santo ha dado dones a todo el cuerpo de Cristo a fin de servir a los demás (1 Pedro 4:10).

En una oportunidad Luis Palau tuvo que predicar a 2000 pastores en un congreso. En la primera fila del auditorio estaba uno de los más destacados predicadores de los últimos cincuenta años. Después del mensaje este predicador corrió a donde estaba Luis, lo abrazó y le susurró al oído: —Estoy enfermo y solo, ansioso de compañía y comunión. Oro por todo el mundo y nadie ora por mí.

En su iglesia se había construido una «torre» donde él podía subir para orar a solas. De esa manera, y en forma simbólica, el hombre se estaba distanciando de la gente. Llegó a tal extremo que no tenía amigos íntimos. Nadie sabía de su enfermedad ni de su soledad. Nadie podía exhortarlo, animarlo ni confortarlo. ¡Qué tragedia!

6. ¿Vive el líder libre del «amor al dinero»? Pablo aclara que «raíz de todos los males es el amor al dinero, el cual codiciando algunos, se extraviaron de la fe, y fueron traspasados de muchos dolores» (1 Timoteo 6:10). Como ya indicamos, muchos líderes de sectas o semisectas viven vidas hipócritas. Al investigar el origen de los problemas, en la mayoría de los casos todo comenzó con amor al dinero; incluso muchos se estaban haciendo ricos.

Pedro instruye a que el líder bíblico no sirva a la iglesia «por ambición al dinero» (1 Pedro 5:2 VP). Uno de los requisitos de los líderes de la iglesia es ser «desinteresados en cuanto al dinero» (1 Timoteo 3:3 VP). Pablo condena a los avaros (1 Corintios 6:10) e instruye a la iglesia a «ni comer» con ellos (1 Corintios 5:11). El apóstol menciona que los sectarios enseñan falsa doctrina «para obtener ganancias mal habidas» (Tito 1:11 VP) y que usan la religión «[para] una fuente de riqueza» (1 Timoteo 6:5 VP). ¿Las consecuencias?

«…los que quieren hacerse ricos caen en la tentación como en una trampa, y se ven asaltados por muchos deseos insensatos y perjudiciales, que hunden a los hombres en la ruina y la condenación»

(1 Timoteo 6:9 VP)

Para nosotros lo que Pablo dice al pastor Timoteo nos sirve de advertencia: «Pero tú, oh hombre de Dios, huye de estas cosas» (1 Timoteo 6:11 BLA).

Evidentemente existe un creciente problema que nuestras congregaciones deben resolver: no pagar lo suficiente a sus pastores. Sin embargo otra cosa es que el líder se haga rico a expensas de los miembros de la iglesia.

VP «Dios Habla Hoy», 1994© por Sociedades Bíblicas Unidas.

VP «Dios Habla Hoy», 1994© por Sociedades Bíblicas Unidas.

1 “Ahora pues, ¿por qué desafían ustedes a Dios imponiendo sobre estos creyentes una carga que ni nosotros ni nuestros antepasados hemos podido llevar?” (Hch. 15:10 VP).

2 Ciertas personas entran en el ministerio o forman su propio grupo austero a fin de controlar un pecado desenfrenado.

VP «Dios Habla Hoy», 1994© por Sociedades Bíblicas Unidas.

3 Roberto Clinton y Pablo Stanley, “Un buen final: Características de quienes llegan bien al final de la carrera,” Apuntes Pastorales (Vol. XIV Nº 3 Mar. 1997): 12–16. Las otras cuatro características son: Una perspectiva que permitió mantener un claro objetivo; intimidad con Cristo; continua renovación interior; disciplina en las áreas importantes de la vida; una actitud de positiva aprendizaje durante toda la vida.

BLA «La Biblia de las Américas», 1986© por The Lockman Foundation.

VP «Dios Habla Hoy», 1994© por Sociedades Bíblicas Unidas.

VP «Dios Habla Hoy», 1994© por Sociedades Bíblicas Unidas.

VP «Dios Habla Hoy», 1994© por Sociedades Bíblicas Unidas.

VP «Dios Habla Hoy», 1994© por Sociedades Bíblicas Unidas.

VP «Dios Habla Hoy», 1994© por Sociedades Bíblicas Unidas.

VP «Dios Habla Hoy», 1994© por Sociedades Bíblicas Unidas.

BLA «La Biblia de las Américas», 1986© por The Lockman Foundation.

Mirón, J. (1997). ¿Iglesia o secta? (pp. 47–55). Miami, Florida, EE. UU. de A.: Editorial Unilit.

5-Lavado de cerebro

Lavado de cerebro

a1En forma breve y apoyándome en los expertos sobre el tema, quiero presentar los pasos que se han usado para lavar el cerebro tanto a prisioneros de guerra como también a miembros de una secta. No importa que sean grupos militares o religiosos, los principios son similares. Sin embargo, lo expresaremos en términos netamente religiosos.

En el mundo de las sectas, quienes se valen de estas técnicas no necesariamente están conscientes de ello. Los líderes pretenden saber mejor que nadie (a veces mejor que Dios y la Biblia) lo que la gente necesita. Pero el objetivo es claro: obtener para bien propio, el control de los feligreses y convencerlos de que es obra del Espíritu Santo.

El lavado de cerebro tiene cuatro fases básicas.

1. Para un exitoso lavado de cerebro es importante comenzar con información con la cual los oyentes estén de acuerdo. En los comienzos de una secta el líder predica mensajes que a primera vista parecieran gozar de apoyo bíblico. Es lo que hizo el copastor en el ejemplo del capítulo anterior. Había comenzado ganándose la simpatía de los congregantes y enseñando mensajes bibliocéntricos (echando así la base de lo que vendría después). Fui a escuchar a un famoso predicador que encabeza un movimiento considerado por muchos como secta. A pesar de que el pasaje bíblico en que basaba su sermón no enseña lo que él afirmaba que enseña, igual conquistó los corazones de la mayoría de los asistentes. El hombre usaba la Biblia pero no enseñaba la Biblia.

El mensaje basado en la Biblia otorga credibilidad al predicador y la gente comienza a confiar en él. Esta confianza es la clave porque una vez establecida, el oyente es susceptible a sugerencias humanas. La conclusión lógica de los crédulos de esta primera fase del lavado del cerebro, es que el líder es digno de confianza porque parece hablar la verdad.

2. Una vez que la confianza ha sido establecida, el siguiente paso es lo que algunos estudiosos llaman la etapa de la «sugerencia». Abusando de la confianza, se introduce una nueva enseñanza —no antibíblica sino extrabíblica, algo «profundo» que no se encuentra en la Palabra de Dios. Bien puede ser algo que Dios (supuestamente) ha revelado al líder en forma personal. ¿Quién no desea ser partícipe de algo que nadie más sepa?

Casandra creció con mi esposa. Provenía de una excelente familia cristiana. Durante los años universitarios a su hermano le diagnosticaron cáncer y en poco tiempo falleció. A partir de entonces Casandra comenzó una búsqueda espiritual y terminó en un grupo extraño que no era una secta propiamente dicha. El pastor principal era, en todo el sentido de la palabra, un caudillo. Era idóneo para predicar brillantes mensajes sobre la Biblia. De esta manera se ganó la confianza de miles de personas. Al poco tiempo el pastor comenzó a predicar cosas que no provenían de la Biblia, e incluía sus propias revelaciones y opiniones políticas. Deseosos de oír una nueva palabra de parte de Dios, la congregación seguía creciendo.

La conclusión deseada en esta fase del lavado de cerebro es, «bueno, él (o ella) no es antibíblico y es un hombre (o mujer) de Dios». A esta altura algunos de los creyentes maduros abandonan la iglesia, y el líder explica que no son espirituales y que Dios está purificando su grey.

3. Los sectarios siembran dudas sobre lo que uno ha creído y ha retenido como verdad. Llega el momento en que los feligreses hacen lo que el líder ordena. El grupo está bajo su control. El pastor ha tomado posesión de su congregación, y su palabra se considera ex cátedra, autoritaria y prácticamente infalible. Volviendo al pastor de Casandra, poco tiempo transcurrió hasta que comenzó a revelar su verdadero carácter. Mientras vivía en opulencia, regañaba a la congregación cuando no entraba suficiente dinero. Se divorció y se casó de nuevo. Ya años más tarde sigue con sus fieles (lo tratan como si fuera un dios) a pesar de que mientras predica fuma puros y emplea palabras groseras. Tristemente la congregación se «traga» todo. La iglesia se ha convertido en una secta. La amiga de mi esposa sigue leal al grupo y no está dispuesta ni siquiera a hablar del tema.

Durante esta fase otros dejan la iglesia y son catalogados como «traidores». La conclusión de quienes han quedado es que el líder es el ungido de Dios y no hay que tocarlo.

4. La última fase es asegurarse de que nadie más se vaya del grupo. La secta mantiene a sus miembros con todo tipo de presiones psicológicas: amenazas del infierno, expulsión del reino, imposición de manos, interrogatorios y cuestionamientos que hagan pensar y sentir al interlocutor que está disgregado, perdido y sin opción, y que la única alternativa es aceptar la oferta propuesta por el grupo. Los mantiene tan ocupados que no tienen tiempo para otras actividades o amistades fuera del grupo. Este aislamiento ha sido un arma potente y eficaz en las manos de los lavadores de cerebro. La demanda de tiempo, dinero y sacrificio son vistos como maneras de probar la entrega total a la causa. Mientras los miembros de una congregación evangélica pueden volver a casa, orar y decidir si participar o no en cierta actividad, los sectarios no gozan del mismo libre albedrío. Benjamín Zablocki, un sociólogo de la Universidad de Rutgers en Nueva Jersey en EE.UU. explica que los miembros llegan a ser adictos de la secta a la cual pertenecen.1

Una vez que el lavado de cerebro se completa los líderes se dedican a llenar la mente de los interlocutores con nuevos conceptos, utilizando una estrategia de seguimiento de tal manera que en poco tiempo convierten a todos no solamente en discípulos sino también en propagadores de la secta.

1 Ibid.

Mirón, J. (1997). ¿Iglesia o secta? (pp. 43–46). Miami, Florida, EE. UU. de A.: Editorial Unilit.

4-Por qué la gente acude a las sectas

Por qué la gente acude a las sectas

Por qué es difícil salir

a1Nos quedan algunas preguntas espinosas. ¿Por qué tanta gente acude a las sectas cuando «todas las cosas que pertenecen a la vida y a la piedad nos han sido dadas por su divino poder, mediante el conocimiento de aquel que nos llamó por su gloria y excelencia…» (2 Pedro 1:3)? ¿Cómo es posible que gente sincera crea lo que en realidad es una mentira? ¿Por qué quienes están en una secta no se dan cuenta y simplemente salen de ella? Para contestar estas preguntas es necesario tomar en cuenta varias cosas:

1. Nunca olvidemos el poder y la astucia del enemigo de nuestras almas. Después de estudiar todos los pasajes relacionados con el diablo,1 llegué a la conclusión de que Satanás pasa la mayor parte de su tiempo en engaños y mentiras (Juan 8:44). Satanás es el creador de las sectas; presenta una religión que niega la eficacia de la muerte de Jesucristo y la sustituye por un camino que apela al ego humano; cuestiona la salvación de los fieles y los acusa haciéndolos sentir culpables (Apocalipsis 12:10); edifica grupos falsos que en realidad son «sinagoga de Satanás» (Apocalipsis 2:9). Además Apocalipsis 12:9 declara que él «engaña al mundo entero». Y «no es de extrañar, pues aun Satanás se disfraza como ángel de luz» (2 Corintios 11:13–14 BLA).

2. La secta proporciona a la persona un (falso, por cierto) sentido de la vida. Daniel Jerusalimiec, profesor del Seminario de Fe en Buenos Aires explica:

«Puede ser que estas personas han encontrado la hermandad y el compañerismo que la iglesia no supo proporcionar. Una secta sabe integrar rápidamente a un nuevo miembro haciéndolo sentir aceptado entre ellos. De esta manera, el nuevo integrante encuentra una sensación de seguridad y una organización que cuida de él. Más aun, la secta le ofrece una vida radicalmente diferente que le presenta un desafío atractivo. Esto le da “sentido a la vida”. En este nuevo grupo él empieza a sentirse valorado, [y] ya no le importa si es ridiculizado por sus vecinos o amigos pues él ahora ha encontrado dirección a la vida que nadie antes pudo proporcionarle.»2

3. Últimamente en la mente de muchos «éxito» equivale a »grande». En varios sitios de América Latina las sectas —no las importadas sino los grupos cultivados en casa— son los grupos más numerosos y cuentan con miles y miles de seguidores. La conclusión lógica es que porque es algo grande tiene que estar favorecido por Dios, o que porque hay mucho dinero Dios está bendiciendo. ¡Cuidado! Durante el tiempo del profeta Elías más personas seguían a Baal y a Asera que a Jehová. Jesús afirma:

«…ancha es la puerta, y espacioso el camino que lleva a la perdición, y muchos son los que entran por ella; porque estrecha es la puerta, y angosto el camino que lleva a la vida, y pocos son los que la hallan»

(Mateo 7:13–14)

4. La persona escuchará testimonios asombrosos de cómo el grupo ha cambiado la vida de alguien, cómo ha sanado a un niño, o cómo Dios ha contestado oraciones. Por eso no siempre es fácil detectar los peligros de participar en una secta. No nos dejemos cautivar por testimonios y aparentes milagros porque «se levantarán falsos Cristos y falsos profetas, y harán señales y prodigios, para engañar, si fuese posible, aun a los escogidos» (Marcos 13:22). El Señor advirtió: «Muchos me dirán en aquel día: Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre echamos fuera demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros? Y entonces les declararé: Nunca os conocí; apartaos de mí, hacedores de maldad»(Mateo 7:22–23).

Además, después de un «lavado del cerebro» la persona no se dará cuenta de su situación pues el proceso habrá alterado su manera de pensar.

5. Gran parte de quienes recurren a las sectas es gente crédula, que sinceramente busca cómo apaciguar la ira de Dios por sus fracasos y pecados, cómo aliviar su culpa y cómo hallar una vida mejor. Las sectas prometen todo esto y más todavía: sanidad física, financiera y emocional; la divulgación de «misterios» antes ocultos y ahora revelados al «ungido»; prometen ser la única iglesia que verdaderamente sirve a Dios; aseguran una unción especial, cosas por el estilo. Todo eso cautiva, seduce, hipnotiza y finalmente atrapa a muchos. Pablo advierte al joven pastor Timoteo que debe seguir predicando la Palabra de Dios porque «vendrá tiempo cuando no sufrirán la sana doctrina, sino que teniendo comezón de oír, se amontonarán maestros conforme a sus propias concupiscencias, y apartarán de la verdad el oído y se volverán a las fábulas [mitos, BLA]» (2Timoteo 4:3–4). El mito, por definición, es algo inventado por los hombres. Puede ser algo bien pensado, bien enunciado, impactante y que inspira fe, pero sigue siendo algo inventado por la mente humana. Los cristianos somos personas de la verdad, de la Biblia.

6. Para muchos es más sencillo dejar que otro (los líderes del grupo) tome las decisiones y que les digan qué creer y qué hacer. La secta ofrece una manera visible (externa) de medir la espiritualidad. El legalismo es externo y demanda obediencia a reglamentos humanos. Una mujer atrapada en una secta me confesó una vez: —Yo sé que ando bien con Dios porque no corto mi cabello, no voy al cine…

Ella había pedido hablar conmigo porque estaba molesta con el predicador Luis Palau por haber predicado que las relaciones sexuales fuera del matrimonio siempre son pecaminosas. La mujer estaba separada de su esposo y disfrutaba de una o dos aventuras sexuales al año «solamente con gente buena». Me dijo que Dios no la condenaría porque ella cumplía los mandamientos humanos que me había mencionado arriba (entre otros). Sin embargo, vivir por la gracia del Señor es algo interno y requiere responsabilidad, discernimiento, dominio propio y una relación íntima con Dios.

Para muchos es difícil comprender por qué la gente queda atrapada en una secta falsa. Sin embargo, sumando los seis aspectos ya citados, posiblemente sea más fácil apreciar y compadecerse de la situación de los prisioneros espirituales.

Ahora pasamos a una incógnita más espinosa todavía: ¿Por qué encontramos a tantos ex evangélicos en las sectas y semisectas?

Las sectas: ¿Una trampa para los evangélicos en particular?

No es de sorprender que los estudios hayan revelado que las sectas están llenas de gente que estaba asistiendo a una iglesia. Lo que sí desconcierta es la cantidad de ex evangélicos dentro de las sectas. Es bueno enfrentar la realidad y preguntarse por qué está sucediendo y qué podemos hacer para cerrar la puerta trasera de la iglesia a fin de que la gente no se aleje. Sin repetir los seis motivos ya mencionados (que, por cierto, son aplicables tanto a evangélicos como a no evangélicos) queremos presentar ciertas prácticas —en especial de los evangélicos— que ayudan a un terreno fértil para el advenimiento de una secta.

1. En nuestros círculos existe una fuerte tendencia a definir el cristianismo por lo que uno hace (orar, asistir a la iglesia, leer la Biblia, testificar, ofrendar, etc.) y por lo que uno deja de hacer (no fumar, no beber, no jugar y otras cosas que varían según la cultura) en vez de por una relación personal con Cristo a través de la Biblia. La mayoría de las sectas adhieren a las mismas prohibiciones que los evangélicos, y más todavía. Cuando un creyente que sinceramente busca ser más consagrado al Señor, encuentra a un grupo que hace más o ha dejado de hacer más que él (llevando una vida más severa), muchas veces llega a la conclusión de que tal grupo «tiene que ser más cristiano que yo». Esta forma de representar el cristianismo nos hace vulnerables a las sectas y al mismo tiempo causa que las sectas resulten atractivas. Una íntima amiga de mi esposa le confesó que admira a cualquier persona con una vida más rigurosa que la de ella, y que si no fuera por la buena doctrina enseñada en su iglesia, llegaría a la conclusión de que tal persona es más espiritual que ella.

Durante los últimos tres años notamos un ambiente extraño en una congregación muy querida por nuestra familia. El pastor es un joven dinámico con un profundo anhelo de vivir una vida consagrada al Señor; es lo que predica desde el púlpito. La congregación crecía y estaba haciendo planes para ampliar el templo. Para aliviar la carga de trabajo que tenía Esteban, el pastor, contrataron a un copastor, que parecía un hombre con vasta experiencia. Sutilmente y con el pretexto de ayudar a la congregación a consagrarse más a Dios y a la Biblia, el copastor comenzó a imponer ciertas reglas «más espirituales». Algunas eran: La mujer debe llevar faldas hasta los tobillos; para el hombre llevar corbata es más espiritual que no llevar corbata; no hay que tener TV en la casa; debe haber aislamiento del mundo en forma extrema; nadie puede enseñar a los hijos con excepción de los propios padres (el copastor llegó a tal extremo que no permitía que sus propios hijos asistieran a la escuela dominical a menos que él estuviera enseñando); no había que juntarse con otras iglesias para no contaminarse.

No sabemos lo que hubiera sucedido después porque la gente más madura de la iglesia comenzó a cuestionar al copastor alegando que había impuesto sus convicciones como si fueran mandamientos divinos. Después de sesiones extraordinarias del cuerpo de ancianos, reuniones congregacionales, chismes y personas heridas, la congregación se dividió. En ese momento alguien sugirió investigar los antecedentes del copastor. Descubrieron que había sido despedido como profesor de un seminario y que los directores no querían decir por qué; luego había tomado el pastorado de una iglesia y en dos años ésta se había dividido; había aceptado el pastorado de otra congregación, que también terminó dividiéndose. Como resultado de la investigación, el hombre fue despedido de la iglesia y comenzó su propio grupo, un grupo pequeño de seguidores que se reúne en su casa. La secretaria de la iglesia (divorciada dos veces) era la defensora número uno del copastor, y lo hacía buscando desesperadamente una vida más cerca del Señor. Es notable que el pastor Esteban originalmente también había creído todo debido a que «la consagración» del copastor lo había conmovido. Esto demuestra una vez más que el legalismo es llamativo, tiene su encanto y hasta personas maduras pueden caer en su trampa. Por gracia de Dios la iglesia sobrevivió el golpe y está volviendo a crecer. Debido al discernimiento de varios hombres y mujeres maduras fue posible detener el proceso de lavado de cerebro, ¡pero había comenzado!

2. En nuestros círculos es común escuchar la frase «Dios me dijo» o «Dios me guió». La mayoría de nosotros quedamos impactados cuando Dios habla a un individuo. Somos fácilmente manipulados por cualquier dicho que suena espiritual. Las sectas abundan en todo tipo de frases similares que pretenden provenir de una línea directa del Señor. Primera Reyes 13 relata la historia de un profeta que engañó a otro profeta empleando la frase «…por palabra de Dios me ha sido dicho» (17). Jacob hizo lo mismo cuando engañó a su padre Isaac en Gn. 27:20.

Todos deseamos seguir a un líder fuerte, espiritual, con carisma, es decir un modelo. Cuando a este se le suma la tendencia (en la cultura latina) a pensar que en el pueblo de Dios hay diferentes niveles espirituales, terminamos con una situación ideal para el engañador. He sido testigo de que la gente acude al pastor o al predicador itinerante imaginando que, simplemente por ser predicador o pastor, goza de un acceso superior al trono de la gracia. Esta tendencia bien podría ser la base para que una persona, aprovechándose de la ingenuidad de los oyentes, forme su propio grupo.

Frente a tales tendencias ofrecemos varios consejos:

a) Ser escéptico cuando alguien declara: «Dios me dijo». Pablo mandó a los tesalonisences, «examinadlo todo; retened lo bueno» (1Ts. 5:21).

b) Resistir la tentación de responder a ilustraciones e historias que simplemente apelan a las emociones. En su lugar, prestar cuidadosa atención al contenido del mensaje y preguntar si las historias ilustran el pasaje o bien sólo recurren al elemento emocional. Es posible evaluar las palabras por medio de las Escrituras pero no existe lo mismo para evaluar las emociones.

c) Estar alerta cuando un predicador «usa» (en realidad abusa) de la Escritura en vez de predicar o exponer la Biblia. Cuando una persona cita la Biblia para apoyar sus argumentos, hay que seguir el ejemplo de la gente de Berea (Hechos 17:10–11), investigar si lo que dice es verdad.

Existen varias maneras comunes de usar la Biblia para fines propios en vez de exponer la Palabra de Dios. Menciono cuatro de los más comunes.

En primer lugar, lo más usual es valerse de pasajes fuera de su contexto bíblico. Empleando versículos fuera de contexto, es factible alegar que algo es Palabra de Dios cuando en realidad se persuade a la gente a creer una mentira.

El segundo es el método alegórico de interpretar la Biblia en el que cada personaje, objeto o evento representa o significa algo más. Por ejemplo, escuché a un predicador utilizar la historia de Abigaíl, Nabal y David (1S. 25) en un sentido alegórico. En dicho mensaje David representaba a Dios, Abigaíl al alma humana (o posiblemente al Espíritu Santo, no estaba claro) y Nabal la carne (la naturaleza humana). La idea principal era que hay que crucificar la carne (Dios mató a Nabal). Como consecuencia, Abigaíl y David deben casarse, es decir tiene que haber comunión entre la persona y Dios. Ahora bien, hay excelentes lecciones en este pasaje pero esta alegoría no es una de ellas. Es fácil entender cómo es posible «lavar el cerebro» de la gente valiéndose del método alegórico porque éste se presta para cualquier enseñanza.3

La tercera desviación en la predicación de la Biblia que es común en las sectas es tergiversar el pasaje para que respalde conceptos propios. Fui testigo cuando un predicador (que ya ha establecido su propio grupito) predicó un mensaje sobre Romanos 12. Nuestro hijo, Joel, quien en aquel entonces tenía sólo 12 años, comentó: «Papi, me parece que el pasaje enseña lo contrario de lo que el predicador dijo esta mañana». ¡Joel tenía razón!

Finalmente, hay predicadores que creen que los oyentes deben aceptar lo que ellos dicen sencillamente porque ellos mismos lo han dicho. En efecto, lo que han hecho es sustituir la Palabra de Dios con su propia palabra.

Por qué es difícil salir de una secta

La muchacha que escribió la triste historia narrada en capítulo 11 es sólo un ejemplo de los miles de personas que luchan para escapar de una secta aun después de haber tomado la decisión de salir. ¿Por qué?

1. Algunos temen salir debido a lo que les pasaría a ellos y a su familia. El libro de Hebreos es una exhortación a los destinatarios a perseverar, a seguir en la gracia y a no volver a obras muertas. Los hebreos habían salido de su vida de legalismo y habían entrado en la gracia del Señor, cuando inesperadamente las cosas cambiaron. No solamente fueron perseguidos por los romanos por ser judíos, sino también perseguidos por los judíos por ser seguidores del Mesías. Seguramente lo que pasó por sus mentes fue algo como: «¿Está Dios enojado con nosotros por haber salido de la »sinagoga» (la iglesia madre)? ¡Volvamos a ella!»

Las personas atrapadas en una secta han sido instruidas para creer que «aquí» (en la secta) Dios las ama y las bendice; y «allí» (fuera de la secta) Dios no las ama y tal vez las envíe al infierno. Además, muchos creen en la eficacia de las maldiciones. Al salir de una secta, cualquier cosa insólita que les sucede los lleva a creer que es resultado de una maldición instigada por el grupo. Sin duda ese temor (de una maldición) infundado por parte de muchos sectarios es el fundamento de la decisión de no salir.

2. El apóstol (ungido, siervo, profeta o cómo se llame) se ha sentado «en la cátedra de Moisés» (Mateo 23:2), es decir ha convencido a la gente de que él mismo posee la máxima autoridad y es vocero de Dios. ¿Quién se atrevería a contradecir al vocero de Dios?

Este líder «explota necesidades universales: el ansia de parte de algo, el deseo de cierto orden y seguridad, el querer conectarse con algo más grande que uno, el anhelo secreto de hallar un padre solícito que ofrezca protección y bienestar».4

3. Si la secta logra uno de sus propósitos, el interlocutor ha sido apartado de sus familiares y amigos. Este aislamiento causa que la persona esté más ligada al grupo y sea menos capaz de existir sin el grupo. Después de haber tomado la decisión de apartarse de la secta, la muchacha que cuenta su historia en el capítulo 11 permaneció otros seis meses porque «estaba sin amigos».

Un hecho notable a la lucha de quienes quieren salir de una secta lo constituyen aquellos que después de escaparse luchan para encontrar una nueva iglesia. Uno de los motivos se ilustra con la experiencia de un adolescente en México. Después de haber sido engatusado por una secta durante más de dos años, entró en razón, se dio cuenta de que el grupo estaba manipulando su vida y pudo salir. Cuando acudió a mí para pedir ayuda, andaba de iglesia en iglesia, no queriendo echar raíces en ninguna porque, decía, «ya no puedo confiar en nadie, y menos en los líderes».

Otro joven, después de haber salido de una situación similar, me explicó que tampoco se tenía confianza como para tomar la decisión de seleccionar una nueva iglesia. Confesó sentirse paralizado emocionalmente.

Cuando se juntan los varios ingredientes presentados en este capítulo: gente sincera pero crédula, la astucia de Satanás, el encanto del legalismo, las promesas de las sectas, la sagacidad del lavado de cerebro (ver capítulo siguiente), la desesperación de la gente por encontrarle sentido a la vida, la satisfacción al imaginar que uno está en presencia del «vocero de Dios», uno comienza a comprender por qué la gente entra en el mundo de las sectas y por qué simplemente no las abandonan cuando se dan cuenta de que se trata de sectas.

1 “Diablo” significa acusador o calumniador. La Biblia presenta también a Satanás como el tentador (1 Ts. 3:5). Además él es Abadón y Apolión (Ap. 9:11). El nombre tanto en hebreo (Abadón) como en griego (Apolión) significa “destructor”. La Biblia dice que él es Beelzebú, príncipe de los demonios (Mt. 12:24; 10:25; Mr. 3:27; Lc. 11:15, 18, 19). Beelzebú es una trasliteración de un nombre hebreo o arameo que quería decir “señor del cielo”. Además es el malo (RV) o el maligno (BLA) (Mt. 13:19, 38; 1 Jn. 5:18); el enemigo (Mt. 13:39); homicida y mentiroso (Jn. 8:44); príncipe de este mundo, príncipe de la potestad del aire, dios de este siglo (Jn. 12:31; 14:30; 16:11; 2 Co. 4:4; 1 Jn. 4:4; 5:19); Belial (2 Co. 6:15 —Belial es un nombre derivado de un vocablo hebreo que significa maldad 1 S. 25:25)—; león rugiente (1 P. 5:8); nuestro adversario (1 P. 5:8); el dragón (Ap. 12:3, 7, 9; 20:2); Satanás (1 Cr. 21:1; Job 1–2; Zac. 3:1–2).  Satanás significa adversario, oponente de Dios y de su pueblo.

BLA «La Biblia de las Américas», 1986© por The Lockman Foundation.

2 Daniel Jerusalimiec, “Cómo testificar a una persona que pertenece a una secta”, Continente Nuevo (N° 26, 1993): 7.

BLA «La Biblia de las Américas», 1986© por The Lockman Foundation.

3 Existen pasajes de la Escritura que fueron escritos para un entendimiento alegórico (como en el caso de Gá. 4:24) pero la gran mayoría de las veces la alegoría es especulativa.

4 Goode, 34.

Mirón, J. (1997). ¿Iglesia o secta? (pp. 30–41). Miami, Florida, EE. UU. de A.: Editorial Unilit.

3-Tres pruebas de una verdadera iglesia

3-Tres pruebas de una verdadera iglesia

a1Una y otra vez en su libro, Juan resalta tres pruebas principales para «probar los espíritus». Las tres deben estar presentes para que determinado grupo sea considerado auténtico. No es suficiente que un grupo exhiba una o aun dos de estas marcas sino que, según el apóstol Juan, las tres juntas dan la pauta de una verdadera iglesia. Al mencionar estas pruebas, es importante distinguir entre una iglesia separatista —o tal vez un poco rara— y una secta. Además, ciertas iglesias o grupos comienzan bien pero paulatinamente se convierten en sectas y lo manifestarán en alguna de las tres áreas. Las tres pruebas son la teológica, la moral y la social.

1. La prueba teológica. Esta prueba tiene que ver mayormente con Dios Hijo, Jesucristo. Me gustaría poder afirmar que las otras dos automáticamente surgen de la prueba doctrinal (como si doctrina correcta siempre llevara a comportamiento correcto) pero no es necesariamente cierto. Todos conocemos a personas o grupos enteros cuya doctrina es intachable y sin embargo hay frialdad, chismes, rencor, amargura y hasta odio hacia otros hermanos en Cristo. Esto no significa que la doctrina no sea importante porque nadie puede ser un verdadero cristiano sin creer que Cristo es lo que la Biblia declara que es. Sin embargo, simplemente asentir una declaración doctrinal ortodoxa nunca equivale a conocer al Salvador. «Por sus frutos los conoceréis» (Mateo 7:20).

Las preguntas para probar al grupo teológicamente son: ¿Quién dicen ellos que es Jesucristo? Según esa doctrina, ¿qué debe hacer uno para ser salvo? (Hechos 16:30). Juan declara que el verdadero cristiano tiene que confesar al Hijo (1 Juan 2:23). Confesar literalmente significa estar de acuerdo o decir la misma cosa. Si el grupo que investigamos cree la verdad, deberá decir acerca de Jesucristo lo mismo que la Biblia declara sobre Él: que Cristo es Dios (Col. 2:9), que murió por nuestros pecados (Ro. 4:25), que la salvación se encuentra solamente en Él (Hechos 4:11–12) y es un regalo de Dios (Ro. 6:26) pero no consecuencia de obras humanas (Tit. 3:5).

En las sectas existen varias maneras de «negar al Hijo». La primera manera es negar directamente en su doctrina escrita que Jesús sea el único Hijo de Dios, el Mesías, el Salvador del mundo. Es lo que hacen los Testigos de Jehová. Otra manera de «negar al Hijo» es negar la eficacia de la obra de Jesucristo en la cruz. Una forma de hacerlo es la enseñanza de un sistema de obras para alcanzar y mantener la salvación. Numerosas sectas nuevas imaginan que uno tiene que hacerse digno de la salvación realizando obras humanas. Es notable que Jesús afirma:

«… no he venido a llamar a justos, sino a pecadores, al arrepentimiento»

(Mateo 9:13)

Otra forma común de negar al Hijo, es agregar obras humanas al plan de la salvación: Cristo + otra cosa. Una iglesia cerca de casa alega que uno no es salvo si no se bautiza en esa iglesia. En un caso extremo, una mujer nos escribió atribulada porque su iglesia la había puesto bajo disciplina pues estaba en peligro de «no heredar el reino de Dios» porque llevaba un vestido verde, un color prohibido por el pastor. Es sólo un ejemplo de no confiar en Cristo para la salvación sino en algo externo, en un sistema de obras humanas.

Sin embargo, existe otra manera más sutil de negar al Hijo. Muchas sectas al principio intentan convencer al interesado de que su doctrina es ortodoxa, mientras por otro lado ocultan su doctrina de la salvación —algo que a menudo hacen los mormones. Sólo cuando uno alcanza «cierto nivel» descubre los grandes secretos de lo que en verdad es esa falsa doctrina.

«Pero hubo también falsos profetas entre el pueblo, como habrá entre vosotros falsos maestros, que introducirán encubiertamente herejías destructoras, y aun negarán al Señor que los rescató…»

(2 Pedro 2:1)

2. La prueba moral. La confesión de que Cristo es el Hijo de Dios, el Mesías, el Ungido es tanto una verdad inalterable como algo práctico y personal en la vida de una persona. Con relación a la prueba moral, Juan nos exhorta: «Si sabéis que él es justo, sabed también que todo el que hace justicia es nacido de él» (1 Juan 2:29). La membresía en la familia de Dios se hará evidente porque el creyente se va conformando más y más a la imagen del Hijo de Dios (Ro. 8:29). Por otra parte, la doctrina falsa conducirá a comportamiento hipócrita y vida falsa: «Profesan conocer a Dios, pero con los hechos lo niegan…» (Tit. 1:16).

La prueba moral, entonces, consiste en preguntar: ¿Es gente santa? ¿Hay obediencia a la Escritura o acaso obediencia a una creciente lista de mandatos humanos? Existe una investigación adicional que uno puede hacer: Estudiar la vida de los fundadores y actuales líderes del grupo o iglesia. ¿Vivieron o viven una vida de santidad bíblica?

En cuanto a sus amigos y conocidos ya involucrados, pregúntese cómo les ha afectado la asistencia a este grupo en sus relaciones con Dios. ¿Los hace más conforme a la imagen de Cristo? La parte que ellos tienen con el grupo, ¿hace que Cristo sea más y más indispensable o los hace cada vez más subordinados a la iglesia? ¿Dan gloria a Dios, a un hombre o al grupo? Finalmente, preguntémonos sobre la actitud que ellos tienen hacia la Escritura. ¿Los induce a pasar tiempo en la Biblia de una manera práctica, o simplemente a memorizar ciertos pasajes que apoyan las creencias del grupo sectario?

No nos confundamos cuando al entrar en un grupo extraño una persona comienza a estudiar la Escritura más que antes. Al cambiar de ciudad por razones del empleo, unos amigos buscaron y hallaron una congregación cerca de su nueva casa. Era admirable el nuevo celo y el tiempo que pasaban estudiando la Biblia. Sin embargo, notamos una diferencia nada positiva en sus actitudes. Rehusaban llamarse «cristianos» para no ser confundidos con cualquier otra iglesia. Ahora eran «discípulos». Valiéndose de Stg. 5:16 insistían en que los fieles confesaran sus pecados a otros miembros de la iglesia, algo que alimenta un sistema de chismes que permite a los líderes controlar al grupo. Sus cultos incluyen mucha confesión de pecados los unos a los otros, hasta las cosas más insignificantes como «Te pido perdón por no haberte saludado esta mañana cuando entré».

Advertidos por estas señales y algunas otras, indagamos acerca de su estudio bíblico que nos había parecido tan admirable. Resultó ser que lo hacían para agradar al líder de su grupo de discipulado y para no perder la salvación. El motivo de hacerlo para mantener comunión con Dios, para conocer a Dios de manera más profunda o para estar conformados a la imagen de Cristo, no había pasado por sus mentes. Finalmente notamos que estudiaban sólo las porciones de la Biblia proporcionadas por los líderes de la iglesia.

3. La prueba social. El tercer elemento que debe existir en la vida de un creyente o grupo con la verdad es la palabra ágape, el amor de Dios (1 Juan 2:9–11; 4:7–8). La esencia básica de este amor se encuentra en 1 Juan 3:16:

«En esto hemos conocido el amor, en que él [Jesús] puso su vida por nosotros; también nosotros debemos poner nuestras vidas por los hermanos»

Es evidente que yo no puedo redimir a alguien muriendo por él porque yo también soy pecador. Jesucristo es el único que puede efectuar la redención eficaz. Sin embargo, existen mil maneras en que puedo «poner mi vida» por los hermanos.

Consideremos el siguiente versículo:

«Pero el que tiene bienes de este mundo y ve a su hermano tener necesidad, y cierra contra él su corazón, ¿cómo mora el amor de Dios en él?»

(1 Juan 3:17)

Si alguien tiene una necesidad (una verdadera necesidad, no un mero deseo) y yo tengo lo que ese alguien necesita —ya sea tiempo, comida, dinero, transporte, un talento, una habilidad, u otra cosa —debo hacer lo posible por suplir esa necesidad.

La prueba social entonces es: ¿Existe esta clase de amor en el grupo? Usemos discernimiento al investigar este tema en particular. Ciertos grupos tienen la apariencia de «amor» y hablan mucho de ello, pero tal amor no está de acuerdo con la verdad de la Biblia; por otra parte, el amor de Dios siempre va de la mano de la verdad (Ef. 4:15). En realidad ese amor de las sectas es un «amor» egocéntrico y superficial, o son actos de caridad a fin de ganar el favor de Dios (o apaciguar la ira divina). No aman a su prójimo como a sí mismos (Gá. 5:13–14) y no se cumple lo que Cristo manda en Mateo 5:44 en cuanto a bendecir a los que nos maldicen, hacer bien a los que nos odian y orar por quienes nos hacen daño. Todo lo contrario, maldicen a quienes perciben como enemigos.

A veces escuchamos al ex miembro de una secta declarar que en nuestras congregaciones no ha podido encontrar las mismas amistades profundas que gozaba en la secta. Por un lado eso demuestra una gran falta en nuestras iglesias, la necesidad de profunda koinon entre los hermanos en Cristo.1 Por otro lado, a veces no será posible igualar «la calidez y el cariño» que sentían en la secta sin violar principios bíblicos.

En cierta instancia, por ejemplo, una dama que vino a nuestra congregación confesó inquieta que anhelaba entablar amistades tal como tenía antes. En la secta a la que había pertenecido, todos vivían en la misma calle. Criaban a los chicos en conjunto. Dormir con la esposa de otro no era considerado pecado con tal de que no lo hicieran por pura pasión. Incluso al líder se le permitía acostarse con la mujer de su antojo. Esta clase de relaciones «profundas» no se puede ni se debe igualar.

En otro caso, un hombre finalmente decidió apartarse del grupo sectario pero su esposa, por temor al infierno, decidió quedarse. Le aconsejaron a la esposa que se divorciara de él por ser «apóstata». Conclusión: para continuar con el matrimonio el hombre tendría que volver a la secta —y lo hizo.

Otra pregunta que toma en cuenta la prueba social es ¿existe en ese grupo amor al cuerpo de Cristo en general? ¿Se anima a los feligreses a participar en eventos con otras iglesias evangélicas, o hay una tendencia a condenar a los demás grupos? Por otra parte, ¿hay amor por los inconversos? ¿Está la iglesia participando en la gran comisión con conversiones a Cristo (Mateo 28:18–20), o está haciendo proselitismo entre miembros de otras iglesias?2 La Gran Comisión a la iglesia es «hacer discípulos» (Mateo 28:19–20), ser testigos de Cristo (Hechos 1:8), ser embajadores de Cristo (2 Corintios 5:20), predicar la Palabra (Ro. 10:14–15; 2Timoteo 4:2) a fin de convencer a los que no conocen al Salvador en forma personal a que se conviertan a El. Jamás es separar a los creyentes de sus iglesias haciéndolos dudar de su salvación afirmando que su grupo es el único con la verdad.

Quién los oye

Finalmente, hay otra cuestión que Juan hace resaltar: «Ellos son del mundo; por eso hablan del mundo, y el mundo los oye. Nosotros somos de Dios; el que conoce a Dios, nos oye; el que no es de Dios, no nos oye. En esto conocemos el espíritu de verdad y el espíritu de error» (1 Juan 4:5–6). El apóstol nos insta a preguntarnos quiénes están escuchando a ese grupo o a su líder. Por más religioso que sea un grupo, si enseña doctrina falsa, es «del mundo». La pregunta que surge, entonces, es: la mayoría de los cristianos maduros que conozco, ¿están de acuerdo con este grupo? ¿O acaso quienes forman la mayor parte de esa congregación son los inmaduros, los que son arrastrados por el viento y echados de una parte a otra (Santiago 1:6)?

1 Ver el artículo por este autor, “La necesidad de la koinonía”, Continente Nuevo (Nº 28, 1993), 6–8.

2 La palabra proselitismo en el griego significa “agregado” o “el que se acerca” y originalmente se usaba en un buen sentido.  Todavía mantiene el significado de convertirse de una religión a otra pero ha tomado un sentido negativo de “robar ovejas”.

Mirón, J. (1997). ¿Iglesia o secta? (pp. 23–29). Miami, Florida, EE. UU. de A.: Editorial Unilit.

2-Características básicas de las sectas falsas

2-Características básicas de las sectas falsas

Amados, no creáis a todo espíritu, sino probad los espíritus si son de Dios; porque muchos falsos profetas han salido por el mundo.

(1 Juan 4:1)

a1El apóstol Juan nos exhorta, o mejor dicho, nos ordena probar los espíritus. En realidad uno de los propósitos de 1Juan es el discernimiento,1 y por ello el estudio de esta epístola resulta idóneo para ayudarnos con este tema. Esta epístola fue escrita hacia fines del primer siglo. Había pasado suficiente tiempo desde el comienzo de la iglesia como para que herejías, doctrinas extrañas, falsos profetas y engañadores entraran en las congregaciones.2 Primera Juan es el libro más apropiado del Nuevo Testamento para conocer las características básicas de una secta falsa, a fin de poder discernirlas y preparar a los cristianos con sana doctrina para que no caigan en la trampa del enemigo. Vemos que los cristianos de Berea fueron premiados y llamados «más nobles» porque «día tras día estudiaban las Escrituras para ver si era cierto lo que se les decía» (Hechos 17:11 VP). Debido a que los mismos vientos de doctrina que circulaban en el primer siglo todavía están molestando a la iglesia contemporánea, con urgencia necesitamos escudriñar la Escritura para ver si «estas cosas son ciertas».

1. Salen de nosotros. La gran mayoría de quienes comienzan una secta falsa tuvieron sus principios en el movimiento cristiano evangélico, como advierte Juan:

«Salieron de nosotros, pero no eran de nosotros; porque si hubiesen sido de nosotros, habrían permanecido con nosotros»

(2:19)

Durante una visita a Argentina encontré literatura sobre la iglesia «evangélica» homosexual. Al indagar más, me enteré de que sus líderes anteriormente habían sido pastores de iglesias bíblicas. En Guadalajara, México, los fundadores de «La Luz del Mundo» también salieron de dos grupos netamente evangélicos. Es más, hemos recibido cartas (especialmente de Sudamérica) de personas atrapadas en la Iglesia de Unificación, cuyo fundador Sun Myung Moon antes de iniciar su propio grupo había comenzado en una iglesia presbiteriana y luego había sido miembro de una iglesia pentecostal. Cuando con mi esposa vivíamos en México, «Los Niños de Dios» —ahora conocidos como «La Familia de Amor»— casi se llevaron el grupo de jóvenes de nuestra iglesia. El fundador, el ya fallecido David Berg, antes había sido ministro con la Alianza Cristiana y Misionera. Jim Jones, el fundador del «People’s Temple», el grupo que se suicidó masivamente en Guyana, profesó su conversión en una Iglesia del Nazareno y luego pastoreó una iglesia carismática. El grupo conocido como «Dios es Amor» que proviene de Brasil, profesa ser una iglesia evangélica pentecostal.

De las sectas más conocidas podemos mencionar a Russell de los Testigos de Jehová, que comenzó en una iglesia congregacional; Mary Baker Eddy, fundadora de la Iglesia de Ciencia Cristiana, quien nació en una familia con tradición bíblica congregacional, y fue influenciada por las doctrinas de un hombre que había pertenecido primero a la iglesia metodista y más tarde a una iglesia pentecostal; José Smith de los mormones fue tocado por el avivamiento evangélico en Nueva Inglaterra en los Estados Unidos de América.

Seguramente cerca de nuestra casa se encuentra funcionado una secta cuyo fundador salió de una sólida iglesia bíblica. Pablo explica:

«Y de vosotros mismos se levantarán hombres que hablen cosas perversas para arrastrar tras sí a los discípulos»

(Hechos 20:30)

2. El error básico de la secta falsa radica en lo que cree sobre el Hijo de Dios y por ende sobre el plan de salvación.

«¿Quién es el mentiroso, sino el que niega que Jesús es el Cristo?»

(2:22)

De este versículo deducimos que es posible estar equivocado acerca de la doctrina de Dios Padre o aun de Dios Espíritu Santo y seguir llamándose verdadero cristiano, pero jamás se puede estar equivocado acerca del Hijo de Dios. Juan afirma:

«Todo aquel que niega al Hijo, tampoco tiene al Padre. El que confiesa al Hijo, tiene también al Padre»

(1 Juan 2:23; véase también 2 Juan 7)

Hace tiempo una persona me escribió preguntando sobre un grupo en Centroamérica. Sucedía que al visitarlo le había impresionado el ambiente de «amor» y no le había parecido tan diferente de su iglesia a la que había asistido durante años. Después de investigar el tema, encontré en el grupo algo que Pablo seguramente denominaría «doctrinas de demonios» (1 Timoteo 4:1). Entre otras cosas, descubrí que ese grupo sostiene que Jesucristo evolucionó hasta llegar a ser un dios, y alega que Jesucristo y Satanás son hermanos. A este grupo Juan diría: «Cualquiera que se extravía, y no persevera en la doctrina de Cristo, no tiene a Dios» (2Jn. 9).

Pasé varias horas escribiendo una cuidadosa contestación a la carta. Tres semanas más tarde recibí la respuesta, mejor dicho una protesta acusándome de que yo había falseado la doctrina del grupo y que era imposible que lo que yo decía fuera verdad. Como por mi parte había hecho un estudio cauteloso y sabía que yo tenía razón, entonces en mi réplica le expliqué a esta persona que aunque un grupo hasta el momento no hubiera enseñado cierta doctrina, ésta igualmente forma parte de sus creencias. Muchas sectas esperan hasta que la persona sea parte integral del grupo para entonces revelar las grandes doctrinas falsas, que generalmente tienen que ver con la persona de Cristo.

«Porque algunos hombres han entrado encubiertamente, los que antes habían sido destinados para esta condenación, hombres impíos, que convierten en libertinaje la gracia de nuestro Dios, y niegan a Dios el único soberano, y a nuestro Señor Jesucristo»

(Judas 4)

3. Emplea material extrabíblico colocándolo al mismo nivel que la Biblia. Puede ser algo escrito como El libro del Mormón o Las cartas de MO (David «Moisés» Berg, de «La Familia de Amor»), o la palabra de un líder caudillo —como el ejemplo del joven pastor que presentamos al comenzar este libro.

Aduciendo «revelaciones directas de Dios», esta clase de líder (generalmente llamado profeta, apóstol o ungido) controla a los miembros del grupo. Recuerdo un triste incidente en un país de Centroamérica. Durante el culto el líder de la iglesia recibió la «revelación» de que una mujer soltera tenía que casarse con cierto hombre en la congregación. En forma inmediata celebraron el casamiento (por cierto no legal). La dama, que no estaba de acuerdo pero a la vez no quería oponerse al ungido de Dios, luego admitió: «Aquella noche básicamente fui violada». Lo que más me molesta de este incidente es que los líderes de la congregación tratan a los miembros como si no fueran «coherederos de la gracia de la vida» (1 Pedro 3:7), como si no tuvieran capacidades espirituales (1 Corintios 12) con derecho al acceso directo al trono de la gracia (He. 4:16), como si fueran súbditos a quienes pueden manipular por su palabra.

4. Alegan que son los únicos con la verdad. La mayoría de las sectas profesan haber encontrado la iglesia y la doctrina «ideal» y su razón de ser es no seguir cometiendo los errores de las demás iglesias. Es propio decir que Jesús es el único camino porque la Biblia lo enseña (Juan 14:6), pero es totalmente diferente decir que mi iglesia o el grupo al que asisto es el único con la verdad, y como consecuencia los demás no son salvos o, peor todavía, que están bajo el control de Satanás. En un grupo de ese tipo la salvación no consiste tanto en ir a Cristo sino en ir a un grupo o iglesia, o en un sistema de obras humanas. Declarándose los únicos poseedores de la verdad, ciertos grupos no permiten que sus miembros pisen el umbral de otra iglesia.

Hace poco mi hijo Joel, a quien Dios le ha dado una preocupación especial por los que están atrapados en doctrina falsa, asistió a la iglesia de unos amigos a quienes había estado testificando de su fe. Joel me comentó que el culto fue similar al de una iglesia evangélica, pero con una diferencia notable: cuando la gente pasaba a dar testimonio ninguno alababa al Salvador Jesús sino que toda la alabanza estaba dirigida a la iglesia en sí. Dar la gloria a otro es peligroso porque Dios mismo declara: «…a otro no daré mi gloria ni mi alabanza a esculturas» (Is. 42:8).

5. Emplean sólo porciones de la Biblia, y generalmente fuera de contexto. Fundamentan su doctrina en unos pocos pasajes de la Escritura, pero ¡cuidado! pues llegan a ser expertos en los pasajes que apoyan sus creencias. Hace tiempo José, un miembro de nuestra iglesia, tuvo un encuentro con un miembro de una semisecta y se sentía confundido porque el hombre había declarado que José no era salvo por no haber sido bautizado de la manera prescrita en su iglesia. Grupos así son peligrosos pues conocen muy bien su doctrina y ciertos versículos —generalmente oscuros— que apoyan tal doctrina,3 y se valen de ellos para confundir a la gente. José no fue el único caso; a otros miembros de nuestra iglesia les han dicho que no son salvos porque celebran la Navidad, toman café, comen carne, no dan su diezmo a cierto grupo, y varias otras cosas relacionadas con la manera de vestir, el maquillaje, etc. El apóstol Pablo debió enfrentarse con muchas de las mismas creencias (y aun más), y como respuesta escribió:

«Por tanto, nadie os juzgue en comida o en bebida, o en cuanto a días de fiesta, luna nueva o días de reposo, todo lo cual es sombra de lo que ha de venir; pero el cuerpo es de Cristo…. Pues si habéis muerto con Cristo en cuanto a los rudimentos del mundo, ¿por qué, como si vivieseis en el mundo, os sometéis a preceptos tales como: No manejes, ni gustes, ni aun toques (en conformidad a mandamientos y doctrinas de hombres), cosas que todas se destruyen con el uso? Tales cosas tienen a la verdad cierta reputación de sabiduría en culto voluntario, en humildad y en duro trato del cuerpo; pero no tienen valor alguno contra los apetitos de la carne»

(Col. 2:16–17, 20–23)

6. Emplean terminología bíblica pero con su propia definición de los distintos términos. Si cerca de su casa funciona una secta y usted llega a conversar con uno de sus integrantes, sugiero que le pregunte el significado de las siguientes palabras: salvación, pecado, redención, anticristo, evangelismo, reino de Dios, Hijo de Dios, Cuerpo de Cristo, justificación por la fe. Luego, entonces, compare lo que ellos dicen con el significado bíblico. ¡Cuidado! Quizá al principio las definiciones de la secta tengan apariencia de verdad. Por eso es tan importante el discernimiento. Si Bernabé pudo ser arrastrado y engañado por falsa doctrina (Gá. 2:13), cuánto más nosotros.

1 1 Jn. 2:26. Para los otros tres propósitos ver 1:4; 2:1 y 5:13.

2 1 Jn. 2:26. Para los otros tres propósitos ver 1:4; 2:1 y 5:13.

VP «Dios Habla Hoy», 1994© por Sociedades Bíblicas Unidas.

3 Véase Mateo 24:24.

Mirón, J. (1997). ¿Iglesia o secta? (pp. 15–21). Miami, Florida, EE. UU. de A.: Editorial Unilit.

1- ¿Qué es una secta?

¿Iglesia o secta?

por Jaime Mirón

1- ¿Qué es una secta?

Porque yo sé que después de mi partida entrarán en medio de vosotros lobos rapaces, que no perdonarán al rebaño. Y de vosotros mismos se levantarán hombres que hablen cosas perversas para arrastrar tras sí a los discípulos. Por tanto, velad…

(Hechos 20:29–31)

a1Hace poco leí en los titulares de uno de los diarios de mayor circulación en Buenos Aires: «Invasión de las sectas». Al leer el artículo me di cuenta de que para el autor en «las sectas» estábamos incluidos nosotros, los cristianos evangélicos. En el primer siglo de nuestra era los judíos consideraban a Cristo y a sus seguidores como una secta. El tema de las sectas es tan candente que durante una cruzada en Brasil, el evangelista Luis Palau se vio obligado a explicar por televisión la diferencia entre una secta y una verdadera iglesia. No es fácil definir la palabra «secta». Una prominente revista secular, después del suicidio de 39 miembros de una secta explicó: «La línea divisoria entre religión y secta, entre fe y fanatismo, a menudo es difícil de trazar».1 El diccionario Espasa Calpe define secta como «conjunto de seguidores de una parcialidad religiosa o ideología», pero al agregar los sinónimos incluye «herejía».

En este libro consideramos que una secta es un grupo (generalmente sincero) que ha dejado la verdad enseñada en la Biblia y ha ido tras una doctrina extraña y/o un líder con mucho carisma. La secta se compone de elementos doctrinales y sociológicos. Para lograr sus propósitos termina manipulando y controlando a los feligreses.

Al exponer las marcas distintivas de las sectas, veremos que hay iglesias que no son sectas propiamente dichas pero exhiben una o más de las características; todavía no son sectas pero están en peligro de abusar de sus miembros y de convertirse en sectas.

Antes de entrar en el tema específico, es importante para el lector comprender lo siguiente:

1) La iglesia nunca estará libre de falsos profetas. «Pero hubo también falsos profetas entre el pueblo, como habrá entre vosotros falsos maestros, que introducirán encubiertamente herejías destructoras, y aun negarán al Señor…» (2 Pedro 2:1). No nos sorprendamos de que las sectas estén creciendo, pero al mismo tiempo estemos alertas. En la Biblia también hallamos exhortaciones como: «Guardaos de los falsos profetas, que vienen a vosotros con vestidos de ovejas, pero por dentro son lobos rapaces» (Mateo 7:15); «Guardaos de los perros, guardaos de los malos obreros, guardaos de los mutiladores del cuerpo» (Filipenses 3:2);2 «…algunos apostatarán de la fe, escuchando a espíritus engañadores y a doctrina de demonios» (1 Timoteo 4:1); «Y no es maravilla, porque el mismo Satanás se disfraza como ángel de luz» (2 Corintios 11:14).

2) Según el apóstol Juan, la proliferación de las sectas falsas es una señal de que la última hora está cercana. «Hijitos, ya es el último tiempo; y según vosotros oísteis que el anticristo viene, así ahora han surgido muchos anticristos; por esto conocemos que es el último tiempo» (1 Juan 2:18).

3) Al referirse a las sectas, la prensa (y hasta algunos gobiernos) en Latinoamérica tiene en mente a todos los grupos que no pertenecen a la religión tradicional. Prueba de ello es que en muchos diarios aparece una lamentable traducción al español del nombre de la secta «Heaven’s Gate» como «Puerta al Cielo». Numerosas iglesias evangélicas se llaman «Puerta del cielo» o «Puerta al cielo». Los enemigos del evangelio lo han aprovechado para probar que el movimiento evangélico es una secta. El resultado es que al criticar a las sectas falsas por sus necedades y conductas extremas (un ejemplo es la malversación de fondos), incluyen a todos los cristianos evangélicos. Por eso es crucial que la iglesia misma sepa cómo distinguir entre una secta y una verdadera iglesia bíblica.

4) Este libro sólo incluye sectas que son derivaciones del verdadero cristianismo, y no hace referencia a otras religiones (por ejemplo el budismo, el hinduismo, etc.).

1 Una semisecta es un grupo que exhibe ciertas características de una secta, pero no es una secta propiamente dicha.

1 Erica Goode, “The Eternal Quest for a New Age”, US News and World Report (7 abr. 97): 32.

2 Los judíos llamaban perros a los no judíos. Aquí Pablo, usando sarcasmo, aplica el término a los mismos judíos que querían imponer a los cristianos la circuncisión y otros ritos externos.

Mirón, J. (1997). ¿Iglesia o secta? (pp. 11–13). Miami, Florida, EE. UU. de A.: Editorial Unilit.