La Injusticia de la Justicia Social

La Injusticia de la Justicia Social

El pecado dominante de los evangélicos pragmáticos y preocupados por el estilo siempre ha sido que, sin pudor, toman prestadas las modas y temas de conversación del mundo incrédulo. Los evangélicos de hoy evidentemente no creen que la sabiduría del mundo es insensatez para con Dios (1 Corintios 3:19). Prácticamente cualquier teoría, ideología o diversión que capture la fantasía de la cultura secular popular será adoptada, ligeramente adaptada, quizás disfrazada con un lenguaje que suene espiritual, defendida con textos de prueba engañosos y ofrecida como un asunto que es de vital importancia que los evangélicos acepten -si es que no quieren volverse completamente irrelevantes.

Así fue precisamente como los evangélicos a mitad del siglo XX se obsesionaron durante muchas décadas con el pensamiento positivo, la autoestima y la “psicología cristiana”. Después de eso, fue el uso del marketing y las estrategias promocionales. A principios del siglo XXI fue el postmodernismo, reempaquetado y que agresivamente se promocionó a sí mismo como el movimiento de la Iglesia Emergente.

Hoy, la teoría critica de la raza, el feminismo, la teoría interseccional, el apoyo al movimiento LGBT, las políticas inmigratorias progresivas, los derechos de los animales y otras causas políticas de izquierda, están todas activamente compitiendo por la aceptación evangélica bajo la rúbrica de la “justicia social”.

Por supuesto, no todos los lideres evangélicos que actualmente están hablando de la justicia social, apoyan el espectro completo de las causas radicales. La mayoría de ellos (al menos, por el momento) no lo hacen. Pero están usando la misma retórica y razonamiento de victimismo y opresión que está siendo usado incansablemente por los secularistas quienes están agresivamente abogando por todo tipo de estilos de vida e ideologías pervertidas. Cualquier persona que afirme la condición de víctima puede fácil y efectivamente aprovecharse de la súplica por “justicia social” tanto como para ganar apoyo, como para silenciar la oposición.

Sin lugar a dudas, a medida que la retórica de la justicia social ha ganado popularidad entre los evangélicos, casi todas las causas que son estimadas como políticamente correctas en el mundo secular están sostenidamente ganando impulso entre los evangélicos. Sería una necedad pretender que el movimiento de justicia social no representa ninguna amenaza en absoluto a la convicción evangélica.

Los evangélicos, rara vez definen de forma explícita a qué se refieren ellos por “justicia social,” posiblemente debido a que, si daban una definición precisa de dónde vino ese término y lo que significa en la academia secular, perderían mucho apoyo evangélico.  Un sinnúmero de críticos ha señalado que la retórica de la “justicia social” está profundamente arraigada en el Marxismo Gramsciano. Por muchas décadas, la “justicia social” ha sido empleada como una simplificación política por radicales de izquierda, como una forma de exigir la distribución de la riqueza, ventajas, privilegios y beneficios – incluido el socialismo Marxista puro.

La retórica ha sido efectiva, y hoy en día el típico guerrero de la justicia social está convencido de que la igualdad de oportunidades y la igualdad de trato bajo la ley no son lo suficientemente justos; no habremos alcanzado la verdadera justicia social hasta que tengamos igualdad de resultados, estatus y riqueza. Es por eso que escuchamos tanto acerca de las comparaciones de ingresos, cuotas raciales y otras estadísticas sugiriendo, por ejemplo, que la opresión sistemática de la oligarquía masculina es probada contundentemente por la escasez de mujeres que persiguen una carrera en el campo de la ciencia, la tecnología, la ingeniería y las matemáticas.

Marxistas, socialistas, anarquistas y otros radicales usan esos argumentos a propósito, para fomentar resentimiento, lucha de clases, disputas étnicas, tensión entre los sexos y otros conflictos entre varios grupos de personas, porque para reestructurar la sociedad de acuerdo con sus ideologías, primero deben romper las normas sociales existentes.

Todo eso es verdad, y la conexión entre el marxismo y la retórica de la justicia social postmoderna, seguramente es un punto válido e importante. Pero es aún más vital que nosotros, como cristianos, empleemos la luz de la Escritura para escudriñar y evaluar las ideas promovidas actualmente en el nombre de la justicia social.

No existe la justicia excepto la justicia de Dios.

La Biblia tiene mucho que decir acerca de la justicia. En la Versión Estándar Inglesa de la Biblia, la palabra es usada más de 130 veces. Nunca está precedida por un adjetivo, excepto en Ezequiel 18:8, que habla de “verdadera justicia”. Está ocasionalmente acompañada con pronombres posesivos. Dios mismo habla dos veces de “mi justicia” en la Escritura. Dos veces en oraciones dirigidas a Dios, leemos la expresión “tu justicia”.

¿Cuál es el punto? No hay diferentes tipos de justicia. Solo existe la justicia verdadera, definida por Dios mismo y siempre de acuerdo con Su carácter.

Es un hecho que la Biblia pone un enorme énfasis en los aspectos caritativos de la justicia -buena voluntad hacia todos; compasión por el desamparado; asistencia para el huérfano y la viuda; amor por los extranjeros; y cuidado por los pobres, especialmente proveer a la gente necesitada con las necesidades de la vida (Deuteronomio 10:18; Salmos 140:12; Ezequiel 22:29).

Pero la justicia bíblica no es un asunto unilateral, que muestra parcialidad hacia el pobre o el privado de derechos en un esfuerzo por igualar las escalas de privilegio. De hecho, la Escritura expresamente condena esa mentalidad como injusta (Éxodo 23:3; Levítico 19:15).

La justicia en la Escritura está a menudo vinculada con las palabras equidad y justiciaEquidadexpresa trato igualitario para todos bajo la ley. Justicia significa eso que es consistente con las demandas de la ley de Dios, incluido el castigo de los malvados (Jeremías 5:26-29); obediencia a las autoridades gubernamentales (Romanos 13:1-7); penalidades que se ajustan al crimen y son aplicadas sin parcialidad (Levíticos 24:17-22); y una firme ética de trabajo, impuesto por el principio de que gente sin discapacidad que se rehúsa a trabajar no se debe beneficiar de la caridad pública (1 Tesalonicenses 4:11; 2 Tesalonicenses 3:10).

Esos aspectos de verdadera justicia están visiblemente ausentes del reciente diálogo evangélico que promociona la “justicia social”. En su lugar, lo que escuchamos es un eco de la misma retórica acusatoria y slogans políticos gritados por guerreros seculares de la justicia social. Ese hecho, debería despertar el instinto Bereano en cada cristiano.

Ampliando el Evangelio

Aún más preocupantes son las declaraciones que han hecho ciertos líderes del pensamiento evangélico que afirman que cualquiera que no defienda la justicia social está predicando un evangelio limitado. Algunos dicen que los que rechazan la ideología de justicia social de ellos no tienen ningún Evangelio en absoluto. Anthony Bradley, Presidente de Estudios Religiosos y Teológicos del King’s College, recientemente publicó este comentario en línea:

Aquí está el problema (y esto va a ser duro): desde la perspectiva de una iglesia negra, los evangélicos nunca han tenido el evangelio. Jamás. Lea el libro Doctrina y Raza. Aquí está entonces la pregunta real: ¿Cuándo aceptarán los evangélicos el Evangelio por primera vez?

Aquellos que dicen tales cosas, típicamente se molestan cuando los críticos comparan sus opiniones con las de Walter Rauschenbusch y el evangelio social. Pero el argumento y la mayor parte de la retórica son idénticas. Rauschenbusch fue un teólogo liberal de principios del siglo XXI y el autor de un libro llamado Una Teología para el Evangelio Social. Él enseñó que los cristianos necesitaban arrepentirse, no solamente de sus transgresiones personales, sino también de sus “pecados sociales”. Como la mayoría de los defensores de la justicia social evangélica de hoy, Rauschenbusch insistió (al principio) que él no tenía intenciones de deshacerse de ninguna verdad vital del Evangelio; él solo quería ampliar el foco del Evangelio para que también abarcara los males sociales, así como también el tema del pecado individual y la redención. Pero pronto Rauschenbusch estaba diciendo cosas como estas:

Los males públicos impregnan de tal manera la vida social de la humanidad en todos los tiempos y en todos los lugares que nadie puede compartir la vida común de nuestra raza sin caer bajo los efectos de esos pecados colectivos. Él va pecar al consentirlos o va a sufrir al resistirlos. Jesús en ningún sentido real cargó los pecados de algún británico de la antigüedad que golpeó a su esposa en el año 56 A. C., o de algún montañista en Tennessee que se emborrachó en el año 1917, pero en un sentido muy real cargó el peso de los pecados públicos de la sociedad organizada y estos a su vez están casualmente conectados con todos los pecados privados.[1]

Varias de las denominaciones protestantes convencionales más grandes de Estados Unidos adquirieron ansiosamente las ideas de Rauschenbusch. Todas las que lo hicieron, rápidamente flotaron cada vez más lejos a la deriva, hacia el liberalismo, hasta que abandonaron cualquier compromiso que pudieron haber tenido con la autoridad de la Escritura. Para ese entonces, hacía tiempo que habían perdido por completo el Evangelio.

¿Por qué? Porque aquellos que permiten que la cultura, una ideología política o cualquier otra fuente extra bíblica defina para ellos la justicia, muy pronto encontrarán que la Escritura se opone a ellos. Si ellos están determinados a retener su idea pervertida de la justicia, ellos por lo tanto deberán oponerse a la Escritura.

Además, cada intento de ampliar el alcance del Evangelio, a la larga dejará al Evangelio tan fuera de foco que su mensaje real se perderá.

El mensaje de la justicia social desvía la atención de Cristo y la cruz. Hace volver nuestros corazones y mentes de las cosas de arriba a las cosas de este mundo. Oculta la promesa de perdón para pecadores sin esperanza, al decirles a las personas que son víctimas desafortunadas de las malas acciones de otras personas.

Por lo tanto, fomenta las obras de la carne en lugar de cultivar el fruto del Espíritu.

No nos provoquemos los unos a los otros, ni nos envidiemos los unos a los otros

Los cristianos son las últimas personas que deberían ofenderse, resentirse, envidiar o ser inclementes. El amor “no guarda rencor” (1 Corintios 13:5). La marca de un cristiano es volver la otra mejilla, amar a nuestros enemigos, orar por aquellos que nos maltratan. Cristo es el ejemplo cuyos pasos debemos seguir: “Quien cuando le maldecían, no respondía con maldición; cuando padecía, no amenazaba, sino encomendaba la causa al que juzga justamente;” (1 Pedro 2:23).

Odio, envidia, disensión, celos, arrebatos de ira, disputas, disensiones, parcialidad, hostilidad, divisiones, amargura, orgullo, egoísmo, malos sentimientos, espíritu de venganza y todas las actitudes similares de resentimiento son las autodestructivas obras de la carne. Los frutos beneficiosos que el Espíritu produce son exactamente las actitudes opuestas: amor, gozo, paz, paciencia, benevolencia, bondad, fidelidad, mansedumbre, dominio propio.” Cierta versión de la Biblia traduce 1 Corintios 13:5 así: “[El amor] no guarda registro de los errores.”

Tales cualidades, francamente, son escasas en la retórica de aquellos que abogan por la justicia social.

Hacer justicia (por ej., justicia bíblica, no el sustituto secular) junto con misericordia amorosa y caminar en humildad con Dios son virtudes esenciales. Esos son los principales deberes prácticos que le incumben a cada creyente (Miqueas 6:8). Quejarnos constantemente de que somos víctimas de la injusticia, mientras que juzgamos a otras personas culpables de pecados que ni siquiera podemos ver, es antitético del Espíritu de Cristo.

Como cristianos, cultivemos el fruto del Espíritu, las cualidades nombradas en las bienaventuranzas, las virtudes trazadas en 2 Pedro 1:5-7 y las características del amor enlistadas en 1 Corintios 13. Cualquier noción de equidad moral que omite o minimiza esas cualidades justas no tienen derecho para nada a ser llamada “justicia”.

[1] Walter Rauschenbusch, A Theology for the Social Gospel (New York: MacMillan, 1917), 247 (cursiva agregada).

Disponible sobre el Internet en: www.gracia.org
DERECHOS DE AUTOR © 2018 Gracia a Vosotros
Usted podrá reproducir este contenido de Gracia a Vosotros sin fines comerciales de acuerdo con la política de Derechos de Autor de Gracia a Vosotros.

Una mente renovada

junio 9

Una mente renovada

Renovaos en el espíritu de vuestra mente. (Efesios 4:23)

Cuando usted se hace cristiano, Dios le da una nueva mente; pero usted debe llenarla de nuevos pensamientos. Un bebé nace con una mente nueva y fresca, y entonces se van haciendo impresiones en la mente del bebé que determinan el curso de su vida. Lo mismo ocurre con un cristiano. Cuando usted entra en el reino de Dios, recibe una mente nueva y fresca. Entonces tiene que formar los buenos pensamientos en su nueva mente. Por eso Filipenses 4:8 dice: “Todo lo que es verdadero, todo lo honesto, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo que es de buen nombre; si hay virtud alguna, si algo digno de alabanza, en esto pensad”. Tenemos una mente renovada, no una mente depravada.

En vez de tener una mente depravada, vil, lasciva, avara, sucia, tenemos una mente llena de justicia y santidad. Y eso debe caracterizar naturalmente nuestro modo de vivir.

Del libro La Verdad para Hoy de John MacArthur DERECHOS DE AUTOR © 2001 Utilizado con permiso de Editorial Portavoz, http://www.portavoz.com

Usted podrá reproducir este contenido de Gracia a Vosotros sin fines comerciales de acuerdo con la política de Derechos de Autor de Gracia a Vosotros. Disponible sobre el Internet en: www.gracia.org

La vida centrada en Cristo

junio 8

La vida centrada en Cristo

Vosotros no habéis aprendido así a Cristo, si en verdad le habéis oído. (Efesios 4:20-21)

Los cristianos ya no estamos dominados por una mente ególatra; aprendemos de Cristo. Cristo piensa por nosotros, obra por medio de nosotros, ama por medio de nosotros, siente por medio de nosotros y sirve por medio de nosotros. La vida que tenemos no es nuestra, sino que es Cristo viviendo en nosotros (Gá. 2:20).

Filipenses 2:5 dice: “Haya, pues, en vosotros este sentir que hubo también en Cristo Jesús”. Un inconverso anda en la vanidad de su mente, pero una persona salva anda conforme a la mente de Cristo.

Dios tiene un plan para el universo, y mientras Cristo esté obrando en nosotros, Él está realizando una parte de ese plan por medio de nosotros. Pablo observó que Él “es poderoso para hacer todas las cosas mucho más abundantemente de lo que pedimos o entendemos, según el poder que actúa en nosotros” (Ef. 3:20).

Cada día debiera ser una aventura fantástica para nosotros porque estamos en medio del plan de Dios para los siglos.

Del libro La Verdad para Hoy de John MacArthur DERECHOS DE AUTOR © 2001 Utilizado con permiso de Editorial Portavoz, http://www.portavoz.com

Usted podrá reproducir este contenido de Gracia a Vosotros sin fines comerciales de acuerdo con la política de Derechos de Autor de Gracia a Vosotros. Disponible sobre el Internet en: www.gracia.org

La importancia del arrepentimiento

Junio 7

La importancia del arrepentimiento

Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados. (Hechos 2:38)

Nadie puede ir a Jesucristo a menos que se arrepienta. Jesús comenzó su ministerio proclamando la necesidad del arrepentimiento (Mt. 4:17), y Pedro y Pablo siguieron proclamándola. El arrepentimiento es una decisión consciente de apartarse del mundo, del pecado y del mal. ¡Es algo decisivo!

Si usted acudió a Jesucristo pensando que lo único que tenía que hacer era creer, pero que no tenía que confesar su pecado ni estar dispuesto a apartarse de la maldad de este mundo, no ha entendido el mensaje de salvación. La vida de muchas personas no ha cambiado nada desde que supuestamente creyeron en Cristo. Por ejemplo, algunas eran inmorales y siguen siendo inmorales. Algunas cometían adulterio y siguen cometiendo adulterio. Y algunos cometían fornicación y siguen cometiendo fornicación. Pero según 1 Corintios 6:9-10, los fornicarios y los adúlteros no heredarán el reino de Dios.

Si verdaderamente usted es salvo, se esforzará por apartarse de las cosas del mundo.

Del libro La Verdad para Hoy de John MacArthur DERECHOS DE AUTOR © 2001 Utilizado con permiso de Editorial Portavoz, http://www.portavoz.com

Usted podrá reproducir este contenido de Gracia a Vosotros sin fines comerciales de acuerdo con la política de Derechos de Autor de Gracia a Vosotros. Disponible sobre el Internet en: www.gracia.org

Examínese

Junio 6

Examínese

¿No sabéis que la amistad del mundo es enemistad contra Dios? Cualquiera, pues, que quiera ser amigo del mundo, se constituye enemigo de Dios. (Santiago 4:4)

¿Sigue aferrado usted al estilo de vida que llevaba antes de ser cristiano? Como revela el versículo de hoy, si no hizo un esfuerzo consciente por separarse de este mundo cuando se entregó a Cristo, tiene razón para poner en tela de juicio si su salvación fue genuina.

Primera Juan 2:15 dice: “No améis al mundo, ni las cosas que están en el mundo. Si alguno ama al mundo, el amor del Padre no está en él”. Cuando usted se hace cristiano, desea que se le separe del mundo. Sin duda el mundo seguirá tentándolo a usted en lo sucesivo, pero usted debe dejar el malvado sistema de Satanás.

Es una mentira decir que una persona puede ir a Cristo sin haberse apartado del mundo. ¡Tiene que haber un cambio de la manera de vivir! No es algo fácil de hacer. Pablo nos dijo que no vivamos como vivíamos antes de que conociéramos a Cristo (Ef. 4:17). Pero podemos vivir de esa manera porque tenemos una nueva naturaleza.

Del libro La Verdad para Hoy de John MacArthur DERECHOS DE AUTOR © 2001 Utilizado con permiso de Editorial Portavoz, http://www.portavoz.com

Usted podrá reproducir este contenido de Gracia a Vosotros sin fines comerciales de acuerdo con la política de Derechos de Autor de Gracia a Vosotros. Disponible sobre el Internet en: www.gracia.org

Vivamos en la luz

Junio 5

Vivamos en la luz

Vosotros sois la luz del mundo; una ciudad asentada sobre un monte no se puede esconder. (Mateo 5:14)

El apóstol Pablo observó al mundo pagano y llegó a la conclusión de que su manera egoísta e inútil de pensar lleva al entendimiento entenebrecido y a un corazón endurecido. Eso, a su vez, lleva a la insensibilidad al pecado y a la conducta sin pudor, que entonces lleva a la obscenidad desvergonzada. Y no es en realidad muy diferente en la actualidad.

Los creyentes ni siquiera hemos de tener el mínimo interés en alguna de las malvadas características de los incrédulos. Debemos ser una luz sobre un monte, separados del mal que nos rodea. Debemos ser diferentes. No puede esconderse una ciudad sobre un monte. Debemos levantarnos como sal y luz. Pero si somos corrompidos por el sistema, nos volvemos inservibles.

Nuestro bendito Señor Jesucristo nos compró a costa de su propia vida. Nos dio una nueva naturaleza que es santa, sin mancha y santificada para siempre. Solo nos pide que vivamos conforme a lo que nos ha dado abandonando nuestra vieja manera de vivir y adoptando la nueva.

Del libro La Verdad para Hoy de John MacArthur DERECHOS DE AUTOR © 2001 Utilizado con permiso de Editorial Portavoz, http://www.portavoz.com

Usted podrá reproducir este contenido de Gracia a Vosotros sin fines comerciales de acuerdo con la política de Derechos de Autor de Gracia a Vosotros. Disponible sobre el Internet en: www.gracia.org

Piense de manera diferente

Junio 4

Piense de manera diferente

Ya no andéis como los otros gentiles, que andan en la vanidad de su mente. (Efesios 4:17)

La salvación es, ante todo, un cambio de ma­nera de pensar. El apóstol Pablo les dice a los creyentes: “Vosotros no habéis aprendido así a Cristo” (Ef. 4:20). El cristianismo es cognoscitivo antes de que sea experimental. Una persona tiene que considerar el evangelio, creer en sus hechos históricos y en las verdades espirituales, y entonces recibir a Cristo como Salvador y Señor.

El primer paso en ese proceso es el arrepentimiento, que significa que se piensa de manera diferente de lo que se pensaba acerca del pecado, de Dios, de Cristo y de la propia vida de uno. La palabra griega para “arrepentirse” significa “cambiar la mente de uno”. Como se emplea en el Nuevo Testamento, siempre se refiere a un cambio de propósito, específicamente un abandono del pecado.

Ese cambio debe resultar en un cambio de conducta, que también se basa en la mente. En el versículo de hoy, Pablo dice que el no regenerado vive “en la vanidad de su mente”. Proverbios 23:7 dice: “Cual es su pensamiento en su corazón, tal es él”. Así que, cuando piensa de manera diferente, usted actuará de manera diferente.

Del libro La Verdad para Hoy de John MacArthur DERECHOS DE AUTOR © 2001 Utilizado con permiso de Editorial Portavoz, http://www.portavoz.com

 

Conformados a Cristo

Junio 3

Conformados a Cristo

No améis al mundo, ni las cosas que están en el mundo.

(1 Juan 2:15)

Como cristianos, somos nuevas criaturas y miembros de la iglesia de Jesucristo, y por tanto excepcionales. Como resultado, no debemos vivir como las personas del mundo. El mundo es orgulloso; nosotros somos humildes. El mundo está fragmentado; nosotros estamos unidos. El mundo es incapaz; nosotros estamos dotados. El mundo odia; nosotros amamos. El mundo no conoce la verdad; nosotros sí la conocemos. Si no andamos de manera diferente del mundo, no lograremos las metas de Cristo. Si vivimos como las personas del mundo, estamos esencialmente imitando a los muertos (Ef. 2:1-5), y eso no tiene sentido.

Los cristianos somos como una nueva raza. Tenemos una nueva simiente espiritual incorruptible, y debemos vivir de una manera que corresponda con ella. Somos nuevas criaturas que han sido preparadas para una existencia eterna. Como resultado, podemos abandonar nuestra antigua manera de vivir y ser conformados a la vida de Cristo.

Del libro La Verdad para Hoy de John MacArthur DERECHOS DE AUTOR © 2001 Utilizado con permiso de Editorial Portavoz, http://www.portavoz.com

Usted podrá reproducir este contenido de Gracia a Vosotros sin fines comerciales de acuerdo con la política de Derechos de Autor de Gracia a Vosotros. Disponible sobre el Internet en: www.gracia.org

Negligencia de los padres

 

John MacArthur

Usted no puede salvar a sus hijos. Usted puede criarlos en el temor y amonestación del Señor, cuidarlos de las influencias pecaminosas y tentaciones del mundo, y envolverlos con el compañerismo de aquellos que conocen y aman a Dios. Pero al final, como vimos la última vez, su arrepentimiento y fe no puede ser heredada o manufacturada – la salvación es obra de Dios, no suya. Como padre, su influencia llega solo hasta un cierto punto.

 

El tipo de influencia equivocada

 

Habiendo dicho esto, quiero resaltar que a veces – debería decir, con frecuencia– los padres son parcialmente responsables por la rebelión de los hijos descarriados. Y ha sido mi observación a través de los años, que los padres son generalmente más culpables por los hijos descarriados que la sociedad, compañeros, o cualquier otra influencia a la que los padres tienden a culpar. Ocasionalmente encuentro padres que han violado casi todos los principios bíblicos de la crianza, quienes, de todas maneras, vienen al pastor buscando algún tipo de absolución de la responsabilidad por la rebeldía de los hijos. Ellos quieren una garantía verbal de que de ninguna manera ellos son los culpables, sino que alguien más lo es.

 

Aun así, Dios mismo le ha dado la responsabilidad de criar a los hijos, a los padres – no a los maestros de escuela, compañeros, empleados de guardería, u otras personas fuera de la familia – y por lo tanto está mal que los padres intenten descargar la responsabilidad o culpar a otro cuando las cosas salen mal.

 

Los padres deben comprometerse suficientemente en la vida de sus hijos, para asegurarse que ninguna otra influencia haya tomado precedente. Para los padres que se quejan que las fallas de sus hijos son culpa de los amigos de estos, mi respuesta inevitable es que al fin de cuentas los culpables son los padres, porque ellos fueron los que permitieron que los compañeros tengan más participación en la vida de sus hijos, que la que ellos mismos tienen.

 

Culpa y rendición de cuentas

 

Sin dudas que muchos padres, cínicamente no van a estar de acuerdo con esto, insistiendo en que no es realista el día de hoy, esperar que los padres influencien a sus hijos más que los compañeros, la cultura, televisión, maestros de escuela, y todos los otros factores que compiten por un interés controlador en la vida típica de un niño.

 

Aun así, un momento de reflexión revelará porque los padres en nuestra cultura tienen menos influencia en sus hijos de lo que los compañeros de grupo tienen: la mayoría de los padres, simplemente han abdicado su rol paterno. Han entregado sus hijos a los compañeros de estos. Han invertido menos tiempo en enseñarle a sus hijos, que la cantidad de tiempo que les han permitido a sus hijos mirar televisión. Han permitido mucha – sino toda – la instrucción espiritual, moral y ética de sus hijos, provenir de la televisión, películas, música, y otros niños. Aun en los mejores casos, los padres se apoyan demasiado en los maestros de escuela, maestros de Escuela Dominical, y líderes de jóvenes – todos fuera de la esfera de la familia. Los padres deben darse cuenta que el carácter no es innato a través de la genética, ni recogido por la ósmosis. A los niños se les enseña a ser lo que llegan a ser. Si se han convertido en otra cosa de lo que los padres esperaban, usualmente, es porque ellos simplemente han aprendido de esos que estaban ahí, para enseñarles en la ausencia de sus padres.

 

En otras palabras, los padres, no los niños – y tampoco los grupos de compañeros – son finalmente los culpables por la influencia cada vez menor de los padres en nuestra cultura. Siempre que las influencias externas moldean el carácter de un niño más que los padres, los padres han fracasado en su deber. Es tan simple como eso.

 

Los padres cristianos de hoy, desesperadamente necesitan adueñarse de este principio simple. Delante del trono de Dios, seremos tenidos como responsables, si hemos entregado a nuestros hijos a otras influencias que moldean su carácter en maneras impías. Dios ha puesto en nuestras manos la responsabilidad de criar a nuestros hijos en el temor y amonestación del Señor, y vamos a rendir cuentas a Dios de nuestra mayordomía de este gran regalo. Si otros tienen más influencia en nuestros niños que nosotros, somos culpables, no excusables, por esos motivos.

 

Su trabajo a tiempo completo

 

Dios ha hecho de la crianza una responsabilidad de tiempo completo. No hay un periodo de relajo, para nuestras obligaciones de padres. Este principio fue aun construido dentro de la ley en Sinaí. Dios precedió sus instrucciones a los israelitas con esta solemne demanda:

 

Y estas palabras que to te mando hoy, estarán sobre tu corazón; y las repetirás a tus hijos, y hablarás de ellas estando en tu casa, y andando por el camino, y al acostarte, y cuando te levantes. (Deuteronomio 6:6-7)

 

Esa es la propia definición de Dios de la tarea de los padres. Significa que la crianza es una asignación de tiempo completo en cada sentido de la expresión. Ninguna fase de la vida está excluida. No hay tiempo libre para el padre que quiere ser fiel a este llamamiento.

 

Algunos padres piensan que pueden compartimentar la vida de su hijo, asignar una cantidad de horas por semana para usar en la crianza, y luego cumplir las obligaciones como padres al asegurarse que las horas que ellos ponen en esa tarea son “tiempo de calidad”. Esa filosofía entera es contraria al espíritu de Deuteronomio 6:7, y es una manera segura de garantizar que las influencias del exterior tendrán más influencia que los padres en formar el carácter de su hijo.

 

Negligencia de los padres

 

La historia del Israel del Antiguo Testamento es un objeto de lección acerca de los peligros de descuidar este principio vital. Israel falló miserablemente en lo que tuvo que ver con su deber de enseñarle a sus hijos acerca de la justicia de Dios. Considere este versículo revelador acerca de la generación de Israelitas quienes primeramente entraron en la Tierra Prometida. Y note que esta era apenas una generación después de que Dios les había dado la ley en el monte de Sinaí:

 

Y el pueblo había servido a Jehová todo el tiempo de Josué, y todo el tiempo de los ancianos que sobrevivieron a Josué, los cuales habían visto todas las grandes obras de Jehová, que Él había hecho por Israel…Y toda aquella generación también fue reunida a sus padres. Y se levantó después de ellos otra generación que no conocía a Jehová, ni la obra que Él había hecho por Israel. (Jueces 2:7, 10)

 

En otras palabras, esa generación entera de Israelitas falló en su responsabilidad. Ellos descuidaron el enseñarles a sus hijos acerca de las cosas que Dios había hecho por Israel. Y como consecuencia, la próxima generación se alejó en masa del Señor:

 

Después los hijos de Israel hicieron lo malo ante los ojos de Jehová, y sirvieron a los Baales. Dejaron a Jehová el Dios de sus padres, que los había sacado de la tierra de Egipto, y se fueron tras otros dioses, los dioses de los pueblos que estaban en sus alrededores, a los cuales adoraron; y provocaron a ira a Jehová. Y dejaron a Jehová y adoraron a Baal y a Astarot.

 

Los hijos se volvieron a los dioses malvados de los Cananitas. Su medio ambiente los influenció más que los padres, debido a que los padres abdicaron su rol paternal. El resultado fue idolatría, caos, y destrucción. “Cada uno hacía lo que bien le parecía” (21:25).

 

El mismo modelo fue repetido una y otra vez a través de la historia de Israel. Cada vez que una generación de padres descuidó el plantar las semillas que proveerían árboles de sombra para las siguientes generaciones, los hijos sufrieron la hambruna espiritual que inevitablemente siguió.

 

La misma cosa todavía está pasando hasta el día de hoy. En este momento, las perspectivas para la próxima generación son tan sombrías como siempre lo han sido. Y no va a haber un cambio, a no ser que esta generación de padres vuelva al trabajo de tiempo completo de plantar árboles de sombra espiritual.

 

La paternidad correcta y las prioridades personales

 

Para muchos padres, el primer paso hacia volver al camino debe ser un compromiso fresco hacia las cosas de Dios, por ellos mismos. Si nuestras propias prioridades en la vida están torcidas, no hay esperanza de enseñarles a nuestros niños lo que necesitan aprender.

 

Padres, hagan un inventario en sus propios corazones. ¿Tiene usted sed de Dios, como el ciervo brama por las corrientes de las aguas? O ¿está su vida enviándole a sus hijos un mensaje de hipocresía e indiferencia espiritual? ¿Es su compromiso con Cristo lo que usted espera ver en las vidas de sus hijos? ¿Es su obediencia a Su Palabra el mismo tipo de sumisión que usted espera ver en sus propios hijos?

 

Estas son preguntas cruciales que cada padre debe enfrentar, si realmente queremos ser padres exitosos y buenos modelos de conducta para nuestros hijos. Que los padres sean abandonados en su propia vida espiritual, es equivalente a talar todos los árboles de sombra para la próxima generación en su familia.

 

Padres cristianos – aliéntense. Tienen una responsabilidad delante de Dios de usar su influencia con sus hijos para Su gloria y el bien de ellos. Pero el peso de la eternidad de ellos no está en sus hombros – recuerden que ellos no han nacido moralmente neutros. Dios va a usar cualquier medio que Él elija para atraer a Su pueblo a Si Mismo. Ore para que Él lo use en las vidas de sus hijos, y confíe que Él es fiel aun a través de sus fracasos.

 

(Adaptado de Cómo ser padres cristianos exitosos.)

Usted podrá reproducir este contenido de Gracia a Vosotros sin fines comerciales de acuerdo con la política de Derechos de Autor de Gracia a Vosotros. Disponible sobre el Internet en: www.gracia.org

La nueva naturaleza

Junio 2

La nueva naturaleza

Siendo renacidos, no de simiente corruptible, sino de incorruptible, por la palabra de Dios que vive y permanece para siempre. (1 Pedro 1:23)
1 Pedro 1:23

Cuando nos hacemos cristianos no se nos remodela ni se nos añade nada; somos trans­for­ma­dos. Los cristianos no tenemos dos naturalezas diferentes; tenemos una nueva naturaleza, la nueva na­tu­raleza en Cristo. La vieja muere y la nueva vive; no coexisten. Jesucristo es justo, santo y santificado, y tene­mos ese principio divino en nosotros; lo que Pedro llamó la simiente “incorruptible” (1 P. 1:23). Así que nues­tra nueva naturaleza es justa, santa y santificada porque Cristo vive en nosotros (Col. 1:27).

Efesios 4:24 nos dice que nos vistamos “del nuevo hombre”, una nueva conducta que es apropiada a nuestra nueva naturaleza. Pero para hacer eso tenemos que eliminar las normas y las prácticas de nuestra vieja vida. Por eso Pablo nos dice que hagamos morir “lo terrenal en [nosotros]: fornicación, impureza, pasiones desordenadas, malos deseos y avaricia” (Col. 3:5).

Del libro La Verdad para Hoy de John MacArthur DERECHOS DE AUTOR © 2001 Utilizado con permiso de Editorial Portavoz, http://www.portavoz.com

Usted podrá reproducir este contenido de Gracia a Vosotros sin fines comerciales de acuerdo con la política de Derechos de Autor de Gracia a Vosotros. Disponible sobre el Internet en: www.gracia.org