A él sea gloria en la iglesia. (Efesios 3:21)

El motivo de la iglesia

3/11/2018

A él sea gloria en la iglesia. (Efesios 3:21)

Si se fuera a entrevistar a un grupo de personas y pedirles que mencionen el propósito fundamental de la iglesia, es probable que se obtengan muchas respuestas diferentes.

Algunas pudieran sugerir que la iglesia es un lugar para hacer amistades con personas espirituales. Es donde los creyentes se fortalecen los unos a los otros en la fe y donde se cultiva y se expresa el amor.

Otros pudieran sugerir que la misión de la iglesia es enseñar la Palabra, preparar a los creyentes para diversas responsabilidades e instruir a los niños y a los jóvenes con el propósito de ayudarlos a crecer en Cristo.

Aun otras pudieran decir que otro propósito de la iglesia es alabar a Dios. La iglesia es una comunidad de alabanza que exalta a Dios por lo que es y por lo que ha hecho. Algunas personas sugerirían que como la alabanza es la actividad principal del cielo, debe ser la responsabilidad primordial de los que están en la tierra.

Pero tan importante como son la comunión, la enseñanza y la alabanza, el motivo principal de la iglesia es glorificar a Dios. El apóstol Pablo describió la salvación como “para alabanza de la gloria de su gracia” (Ef. 1:6).

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La emoción de la gracia

La emoción de la gracia

3/9/2018

Porque de su plenitud tomamos todos, y gracia sobre gracia. (Juan 1:16)

¿Es la experiencia de la gracia de Dios en su vida algo emocionante? ¡Lo es para mí! Es conmovedor el solo pensar en el hecho de que Dios, por su propio plan soberano, decidió tener misericordia conmigo.

Él derramó su gracia sobre mí. Él perdonó todos mis pecados. Me dio la presencia interior del Espíritu Santo. Me dio el entendimiento de su Palabra. Me llamó al ministerio espiritual. Todos los días me da abundante comunión con los santos, y me gozo en ser parte de su pueblo redimido. Él me permite ver el mundo como la obra de sus manos. Soy su hijo, y Él me ama de una forma personal.

No hay nada mejor que recibir gracia sobre gracia. Pido a Dios que esa sea la experiencia de usted.

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El aborto y la campaña por la inmoralidad

El aborto y la campaña por la inmoralidad


martes, 16 de octubre de 2012

Estimado Amigo,

La elección presidencial estadounidense se avecina; y este año, temas bíblicos son un foco importante en el debate -más que en cualquier otra elección en la historia de nuestra nación.

Si usted ha visto las convenciones políticas cuando finalizaba el verano, sabe que el partido político más prevaleciente en Estados Unidos ha adoptado una plataforma que enfáticamente afirma los mismos pecados condenados en Romanos 1:18-32. De hecho, en la versión que fue ratificada inicialmente, ellos no consideran adecuado reconocer a Dios (cf. Romanos 1:28).

Estos políticos abogan explícitamente por el asesinato de bebés no nacidos y quieren legalizar diversos tipos de perversión sexual. Por otra parte, tienen la intención de aprovechar el proceso legislativo para obligar a todos a aceptar y respetar su moral alterada.

No son cuestiones «políticas». Se trata de un ataque a gran escala a la Escritura usando (y abusando) el proceso democrático. Es un intento de redefinir el pecado como justicia y viceversa. Esto trae a la mente las palabras de Isaías 5:20: «¡Ay de los que a lo malo dicen bueno, y a lo bueno malo; que hacen de la luz tinieblas, y de las tinieblas luz; que ponen lo amargo por dulce, y lo dulce por amargo!»

En resumen, ellos «cambiaron la verdad de Dios por la mentira» (Romanos 1:25).

Nosotros, los que amamos a Cristo y queremos honrarlo, no podemos quedarnos pasivos, en silencio mientras que los políticos de nuestra nación prosiguen una agenda tan nefasta. La Escritura condena expresamente no sólo a «los que practican tales cosas», sino también a aquellos que «se complacen con los que las practican» (Romanos 1:32).

El mes pasado prediqué dos sermones sobre cuestiones morales y bíblicas que se debaten en la arena política. El primero de la serie es tan urgente que lo hemos producido en masa; y hemos tomado la decisión -sin precedentes- de enviar automáticamente una copia en CD a cada persona en nuestra lista de correo. (Eso es cerca de 100.000 copias.) Usted debería tener ahora una copia de ese mensaje, titulado «El aborto y la campaña por la inmoralidad.»

Quiero que también tenga la segunda parte de esta nueva serie. Se llama «La homosexualidad y la campaña por la inmoralidad»; y trata bíblicamente otro tema efervescente que está siendo ampliamente discutido en estos días. Para recibir su copia gratuita, sólo tiene que completar la tarjeta de respuesta adjunta y enviarla hoy mismo.

Usted podrá preguntarse por qué queremos hacer frente a estas cuestiones en vísperas de una elección. Después de todo, mi oposición a llevar la política partidista al púlpito es bien conocida. Escribí un libro entero sobre el tema. (Llamado Por qué el gobierno no lo puede salvar y, lamentablemente, ahora sólo está disponible en versión digital.) Pero muy rara vez menciono, mucho menos comento, acerca del proceso político.

Esto se debe a que la Verdad avanza en este mundo caído no por la fuerza o el poder político -no por la sabiduría humana o la influencia burocrática- sino por la proclamación del Evangelio y la predicación de la Palabra de Dios (1 Corintios 1:21). Debemos permanecer en esa tarea, y con la ayuda de Dios, lo haremos.

Pero el proceso político a veces se convierte en un medio para acelerar la propagación de la iniquidad y la injusticia. En este caso, los temas son claramente bíblicos, no meramente «políticos». Las perversiones sexuales y la matanza de los niños no nacidos son pecados atroces -en absoluto «derechos civiles»- de acuerdo a la Escritura. Cuando los políticos tratan de legalizar y regularizar estos males, son ellos quienes han propasado los límites de su función.

Durante este ciclo electoral, la inmoralidad flagrante ha sido decidida, enérgica y abiertamente integrada en la plataforma de un partido político nacional. No seríamos fieles a la Palabra de Dios             -seríamos culpables de no proclamar todo el consejo de Dios- si pretendiéramos que no está sucediendo. Usted recordará que Juan el Bautista confrontó la maldad en los más altos niveles del gobierno (Marcos 6:18). El suyo no fue un esfuerzo político, estaba tomando una posición de justicia, porque respondía a una autoridad superior a Herodes.

Permítanme ser claro: no estoy pidiendo su voto a favor de algún partido o candidato en particular; yo simplemente deseo exponer los temas bíblicos vitales que sustentan las agendas morales corruptas y están pasando como derechos civiles. Mientras hacemos esto, nuestro objetivo final es exaltar al Señor Jesucristo y llevar Su evangelio a los incrédulos. Después de todo, esto éramos algunos de nosotros (1 Corintios 6:11). Los incrédulos no son nuestros enemigos, sino nuestro campo de misión en necesidad de la verdad bíblica.

Siempre hemos creído y enseñado que la Palabra de Dios es siempre pertinente y totalmente suficiente para cada necesidad espiritual. En temporada y fuera de ella, en año de elecciones o no, nuestra misión es proclamar el Evangelio de la Biblia, enseñar a la gente lo que la Biblia quiere decir por lo que dice, ayudar a la gente a pensar bíblicamente acerca de los tiempos en que viven y equiparlos en sus ministerios a los demás.

Nos damos cuenta de que no estamos solos en nuestras convicciones o nuestra misión. El Señor nos ha rodeado de amigos como usted, celosos de la verdad bíblica, que ven que hay grandes necesidades espirituales a su alrededor, que reconocen la oportunidad que tienen de hacer un impacto y que están con nosotros, proveyendo para sustentar este trabajo.

El resultado es que muchos hombres y mujeres -algunos que anteriormente tenían poco acceso o interés en recursos bíblicos sólidos- nos están encontrando, están aprendiendo, creciendo e invirtiendo en los demás lo que hemos invertido en ellos. A través de su apoyo, usted forma parte de esa cadena de eventos que está haciendo eco en el cielo mismo. Gracias por sus oraciones y, a medida que nos acercamos al final del año, por su ayuda financiera. Que el Señor, quien ve, se lo devuelva, tanto en esta vida como en la vida por venir.

Con Amor en la Verdad,

John MacArthur

Pastor-Maestro

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¿Qué ama usted en realidad?

¿Qué ama usted en realidad?

3/7/2018

Si alguno viene a mí, y no aborrece a su padre, y madre, y mujer, e hijos, y hermanos, y hermanas, y aun también su propia vida, no puede ser mi discípulo. (Lucas 14:26-27)

Aparte de Dios, nadie pudo haber sido más amado para Abraham que su hijo Isaac. Pero esa era la prueba: “Averiguar si amaba a Isaac más que a Dios”. Si amamos a Dios sobre todas las cosas, le daremos gracias por lo que está logrando a través de nuestras pruebas y de nuestros sufrimientos. Pero si nos amamos a nosotros mismos más de lo que amamos a Dios, pondremos en tela de juicio la sabiduría de Dios y nos enojaremos y amargaremos. Si hay algo para nosotros más amado que Dios, entonces Él tiene que quitar eso para que crezcamos espiritualmente.

En el versículo de hoy, Jesús no dijo que debemos odiar a todo el mundo. Más bien quiso decir que si no se ama a Dios hasta el punto de que se esté dispuesto, si fuera necesario, a separarse del padre, de la madre, del cónyuge, de los hijos, del hermano, de la hermana, o incluso de la propia vida, entonces no se le ama sobre todas las cosas. Usted debe decidir hacer la voluntad de Dios ante todo, sin que importe cuánto pueda amar a los demás.

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Llamados a sufrir

Llamados a sufrir

3/6/2018

Para [el sufrimiento] fuisteis llamados. (1 Pedro 2:21)

Aunque el versículo de hoy parece indicar que se nos llama a sufrir, en realidad se refiere a la última parte del versículo 20, que dice: “Si haciendo lo bueno sufrís, y lo soportáis, esto ciertamente es aprobado delante de Dios”. Cuando los cristianos soportan con paciencia el sufrimiento, eso agrada a Dios.

Eso no debiera sorprendernos. Al comienzo de este capítulo de Primera Pedro, el apóstol afirma que los cristianos “sois linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido por Dios, para que anunciéis las virtudes de aquel que os llamó de las tinieblas a su luz admirable” (v. 9). Nuestro mundo sombrío se resiente y a menudo es hostil con quienes representan al Señor Jesucristo. Ese resentimiento y esa hostilidad pueden sentirse en determinados momentos y lugares más que en otros, pero siempre está allí en cierto modo como parte del privilegio de ser suyos.

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Dispuestos a sufrir

Dispuestos a sufrir

3/5/2018

Puesto que Cristo ha padecido por nosotros en la carne, vosotros también armaos del mismo pensamiento. (1 Pedro 4:1)

Una de las bendiciones de ser cristiano es nuestra identificación con Cristo y sus privilegios resultantes. Sin embargo, para que no demos por sentado esas bendiciones, suponiendo que resultarán en que seamos amados y respetados por el mundo, Dios también permite que suframos. En realidad, el apóstol Pedro en su primera epístola muestra con toda claridad que quienes son más bendecidos en la fe sufren más.

La vida cristiana es un llamado a la gloria a través del sufrimiento. Eso es porque quienes están en Cristo están inevitablemente en pugna con su cultura y su sociedad. Todos los sistemas estimulados por Satanás están en pugna con las cosas de Cristo. El apóstol Juan dijo que una persona no puede amar a Dios y al mundo al mismo tiempo (1 Jn. 2:15). Y Santiago dijo: “Cualquiera, pues, que quiera ser amigo del mundo, se constituye enemigo de Dios” (Stg. 4:4).

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Madurez en el sufrimiento

Madurez en el sufrimiento

3/4/2018

El Dios de toda gracia, que nos llamó a su gloria eterna en Jesucristo, después que hayáis padecido un poco de tiempo, él mismo os perfeccione, afirme, fortalezca y establezca. (1 Pedro 5:10)

Un llamado del cristiano a la gloria tiene que ir por la senda del sufrimiento. El versículo de hoy explica por qué. El sufrimiento es el método de Dios para que su pueblo madure espiritualmente. Lo complace cuando soportamos con paciencia la prueba que afrontamos en el camino. El sufrimiento es parte del plan de Dios a fin de preparar a su pueblo para la gloria.

El apóstol Pedro dijo esto respecto al valor del sufrimiento: “En lo cual vosotros os alegráis, aunque ahora por un poco de tiempo, si es necesario, tengáis que ser afligidos en diversas pruebas, para que sometida a prueba vuestra fe, mucho más preciosa que el oro, el cual aunque perecedero se prueba con fuego, sea hallada en alabanza, gloria y honra cuando sea manifestado Jesucristo” (1 P. 1:6-7). Dios permite el sufrimiento como una confirmación de nuestra fe. También produce paciencia, aunque la paciencia es una virtud que no necesitaremos en la eternidad; no habrá razón alguna para la impaciencia allí. Pero además de esos beneficios, el sufrimiento aumenta nuestra capacidad de alabar, honrar y glorificar a Dios, y eso es algo que usaremos por toda la eternidad.

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Paz

Paz

John MacArthur

Paz es una palabra bella, ¿verdad que sí? Jesús dijo: “La paz os dejo, mi paz os doy; yo no os la doy como el mundo la da. No se turbe vuestro corazón, ni tenga miedo” (Jn. 14:27). Jesús nos dio su paz. Primera Corintios 7:15 dice: “Sino que a paz nos llamó Dios”. Filipenses 4:7 dice que dejemos que la paz de Dios reine en nuestros corazones. Segunda de Corintios 13:11 dice: “Vivid en paz”. Primera de Tesalonicenses 5:13 dice: “Tened paz entre vosotros”.

 Mientras que  el gozo es un sentimiento exterior, la paz es un contentamiento interior que viene cuando sentimos que todo está bajo control. Usted no va a tener paz si hay pecado en su vida. Pero cuando su vida está limpia de pecado y está caminando en el Espíritu, usted tendrá paz. Nunca permita que alguien o algo le priven de su paz.

 En nuestra iglesia tratamos de cultivar una actitud de paz, de descanso y confianza en Dios. No hay razón para dejarse perturbar. Pablo dijo: “Por nada estéis afanosos” y que permitamos que la paz de Dios reine en nuestros corazones (Fil. 4:6-7). Todos experimentamos pruebas que nos causan ansiedad. No vivimos en perfecta paz, pero, no obstante, tenemos que tener una actitud de paz.

 En Mateo 5:9 nuestro Señor dice: “Bienaventurados los pacificadores, porque ellos serán llamados hijos de Dios”. Los cristianos debieran ser pacificadores. Usted no podría hacer nada más maravilloso por el reino de Dios y la iglesia de Cristo Jesús que el ser un pacificador. La naturaleza humana tiende al conflicto. Job dijo: “Pero como las chispas se levantan para volar por el aire, así el hombre nace para la aflicción” (5:7). Las personas continuamente experimentan conflictos de personalidad. No obstante, estamos llamados a ser pacificadores. Somos llamados a suavizar los conflictos, no a fomentarlos. A veces un problema insignificante lo hacemos explotar en algo desproporcionado y se convierte en una marea destructora. Los seres humanos están más inclinados a incrementar las dificultades que a hacer la paz.

 Dígase a sí mismo: “Estoy en paz, Dios está en control y yo seré un pacificador”. Cada vez que se vea metido en un conflicto, sea un pacificador. Cuando vea a dos personas metidas en un conflicto, ayúdelas a abrazarse la una a la otra en paz. No se ponga del lado de ninguno. Procure encontrar lo bueno en cada persona en vez de enfocarse en lo malo. Cultive buenas relaciones, empezando con su propia familia. Si sabe que decir cierta cosa va a causar irritación a alguien, no lo diga. A veces cuando siento que estoy en lo correcto acerca de algo y alguien piensa que estoy equivocado, no me pongo a reafirmar que yo tengo la – razón porque no quiero perturbar la paz entre nosotros. No voy a comprometer mis convicciones, pero tampoco voy a defender innecesariamente mis derechos. La paz es más importante que el salirme con la mía. Sin embargo, si alguien niega la verdad de Dios, lucharé por lo que es la verdad. No obstante, con los de la familia de Dios tenemos que ser pacificadores. ¡Cuán sencilla sería la vida si todos fuéramos pacificadores!


Extraído del libro, “El plan del Señor para la iglesia” escrito por el Pastor John MacArthur y publicado por Editorial Portavoz.

Usted es la persona indicada, 2ª Pte.

Usted es la persona indicada, 2ª Pte.

John MacArthur

              Pablo, en su segundo viaje misionero, cumplió el ministerio que Dios había planeado para Galacia, una provincia grande del imperio romano. Él fortaleció, animó y confirmó exitosamente a los santos. La tarea, en ese entonces, se cumplió. Pero Pablo no había terminado, él se estaba moviendo. Él fue un modelo de persistencia.

             Pablo se fue al oeste, sin saber específicamente la voluntad de Dios, pero estaba en movimiento para que Dios lo pudiera guiar. La siguiente provincia fue Asia menor con sus ciudades de Éfeso, Esmirna, Filadelfia, Laodicea, Colosas, Sardis, Pérgamo y Tiatira. Pablo se fue con Silas y Timoteo hacia Asia Menor, emocionado por el prospecto de llevarle el evangelio a la gente de allí.

             De repente, como si fuera una muralla de concreto en una autopista, el Espíritu Santo les prohibió predicar el evangelio en Asia (Hech. 16:6). No sabemos cómo Dios los detuvo, pero lo hizo. La puerta cerrada cambió su dirección y se fueron al norte a Misia, esperando entrar a la provincia de Bitinia. “Pero el Espíritu de Jesús no se lo permitió” (16:7). Otra barrera en el camino. Se les había detenido de ir al norte, al sur y al este, hacia Galacia. ¿Y ahora qué? A estas alturas podríamos haber dicho: “Todas las puertas están cerradas, será mejor que nos vayamos a casa”. Pero Pablo no dijo eso. ¡Todavía quedaba el oeste! De manera que siguieron la frontera entre Asia Menor y Bitinia hacia el oeste hasta que llegaron al mar Egeo. Estaban en la ciudad playera de Troas, “y por la noche se le mostró a Pablo una visión en la que un hombre de Macedonia estaba de pie rogándole y diciendo: ‘¡Pasa a Macedonia y ayúdanos!’” (Hech. 16:9). Nunca más se volvería a considerar al cristianismo como otro culto asiático. Se estaba dirigiendo a Europa, toda una cultura diferente, ¡un nuevo mundo!

             Dios quiso que estuvieran en Macedonia todo el tiempo. Pero nunca se los dijo hasta que demostraron su fe y persistencia y no podían dar otro paso más.

             Manténgase en movimiento, ¡qué principio! Hay tantas personas que se quedan sentadas esperando que la grúa celestial los mueva y dicen: “No sé lo que Dios quiere que haga”. Ellos necesitan comenzar a moverse para que Dios pueda guiarlos a esa área de servicio que él ha planificado. Conocer la voluntad de Dios puede significar a caminar por un camino estrecho hasta llegar a un callejón sin salida. En ese momento, Dios abrirá una puerta tan ancha que usted no podrá ver lo que está a su alrededor, ¡sino sólo a través de ella!

             ¿Cuál fue la respuesta de Pablo? Se encuentra registrada en el libro de Hechos: “En cuanto vio la visión, de inmediato procuramos salir para Macedonia, teniendo por seguro que Dios nos había llamado para anunciarles el evangelio” (Hech. 16:10).

             Pablo respondió inmediatamente y esa es la única reacción cuando un corazón persistente se encuentra con una puerta abierta.

             Me acuerdo cuando era niño y me iba al parque de diversiones y pagaba unos pocos centavos para perderme en un laberinto. Estaba lleno de espejos, espacios abiertos y vidrios transparentes. La idea era encontrar los espacios abiertos y abrirse paso para salir del laberinto. Un niñito se rindió y se quedó parado en un lugar llorando hasta que viniera su mamá. ¡Yo no! Yo me golpeaba con los vidrios y los espejos hasta encontrar los espacios abiertos y salía después de 15 minutos.

             Usted puede rebotar contra muchas puertas cerradas, pero esa es la forma en que Dios lo guía a la fuerza hacia la puerta que él tiene abierta. ¡Muévase! Sea persistente.

             ¿Sabe qué? La voluntad de Dios no es primordialmente un lugar. La voluntad de Dios no es, ante todo, un sitio donde ir o un lugar donde trabajar. La voluntad de Dios tiene que ver con usted como persona. Si usted es una persona que está en la condición correcta, entonces puede seguir sus deseos y cumplirá así con la voluntad de él.

             “Así que, hermanos, os ruego por las misericordias de Dios que presentéis vuestros cuerpos como sacrificio vivo, santo y agradable a Dios, que es vuestro culto racional. NO os conforméis a este mundo; más bien, transformaos por la renovación de vuestro entendimiento, de modo que comprobéis cuál sea la voluntad de Dios, buena, agradable y perfecta” (Rm. 12:1,2).

             Y cualquier cosa que pase en su vida, a lo largo de su recorrido dé gracias, porque “esta es la voluntad de Dios para vosotros en Cristo Jesús” (1 Tes. 5:18). Él está usando eso para amoldarlo a su voluntad.

Extraído del libro, “La voluntad de Dios escrito por el Pastor John MacArthur y publicado por Editorial Mundo Hispano. 

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Usted es la persona indicada, 1ª Pte.

Usted es la persona indicada, 1ª Pte.

John MacArthur

La voluntad de Dios es que usted sea salvo, lleno del Espíritu, santificado, sumiso y sufrido. La Palabra de Dios aclara todo esto. No continúe leyendo hasta que haya entendido estos cinco principios.

 Usted dirá: “MacArthur, usted me iba a decir a qué universidad debería ir. Me iba a decir específicamente la voluntad de Dios. ¡No lo ha hecho!”

 Bueno, permítame darle el principio final, ¡pero agárrese de su silla! ¡Quizás va a querer saltar y gritar! Si usted está haciendo todas estas cinco cosas básicas, ¿sabe cuál es el siguiente principio de la voluntad de Dios? ¡Hacer lo que usted quiera! Si esos cinco elementos de la volunta de Dios están funcionando en su vida, ¿Quién está gobernando sus deseos? ¡Dios! El salmista dijo: “Deléitate en el SEÑOR, y él te concederá los anhelos de tu corazón” (Sal. 37:4). ¡Dios aquí no dice que va a cumplir todos los deseos! Si usted está viviendo una vida devota, él le dará los deseos correctos.

 La gente me dice:
– ¿Por qué entró a su ministerio actual cuando antes tenía un ministerio tan placentero en otra área?
Siempre respondo:
– Porque quería.
– Ajá. Hizo su propia voluntad.
Tuve un amigo que se me acercó y dijo:
– John, no sé donde quiere el Señor que sirva.
Yo le dije:
– Martín, si pudieras escoger cualquier servicio en el mundo, ¿Cuál quisieras?
Él dijo:
– Ah, tengo una carga tremenda por el pueblo de Israel. Hablo francés con fluidez, y París está lleno de gente judía que no conoce a Jesús. A mí personalmente me encantaría ir a París como misionero a los judíos.
Verifiqué si entendía los cinco principios espirituales y le dije:
– Martín, ¿has hecho todas estas cosas?
Él contestó:
– Sí, creo sinceramente que estoy comprometido con Cristo en estas áreas.
Yo le dije:
– Martín, adiós, que tengas un buen viaje.
Él vaciló y dijo:
– Pero tengo que escribir a 42 juntas misioneras.
Yo le dije:
– ¡No! Anda nomás.
Él dijo:
– Pero ese sólo es mi deseo.
– Entonces confía en que Dios fue quien plantó ese deseo. Vete de aquí.

 Él se enlistó en una misión de fe y se inscribió para ir a Francia. Pusimos un letrero bien grande en nuestra iglesia que decía: “Martín Wolfe se va a Francia”. Recaudó todo el apoyo que necesitaba y ahora está sirviendo a Cristo, ¡en Canadá!

 ¿Qué sucedió? Una vez que se estableció que él era la persona indicada, no fue gran problema el lugar a donde iba. Él está en la ciudad de Montreal, trabajando con judíos de habla francesa. Él tenía la idea correcta; Dios tenía una ciudad diferente.

 Esto trae a colación otro principio crucial. Imagínese tratando de virar y cambiar la dirección de un tractor estacionado. Tarea muy difícil. Se requerirían grúas y cadenas para siquiera moverlo. Pero una vez que está rodando, un vehículo que pesa 18.000 kilos no es difícil de controlar.

 Una vez que Martín se puso en marcha, Dios tomó control del timón con los brazos fuertes de su voluntad y fue fácil. Supongo que Dios pudo haber transportado su grúa celestial, recogido y empujado a Martín en la dirección correcta, pero a él le gusta usar gente que ya se está moviendo.

 Escuche este comentario sobre uno de los apóstoles más grandes: “Aconteció que mientras Pedro recorría por todas partes, fue también a visitar a los santos que habitaban en Lida. Allí encontró a cierto hombre llamado Eneas, que estaba postrado en cama desde hacía ocho años, pues era paralítico. Pedro le dijo: ‘Eneas, ¡Jesucristo te sana! Levántate y arregla tu cama’. De inmediato se levantó, y le vieron todos los que habitaban en Lida y en Sarón, los cuales se convirtieron al Señor” (Hech. 9:32-35).

 Este relato emocionante registra que Dios usó a Pedro para sanar a un hombre enfermo y comenzar un avivamiento. ¡Qué experiencia bienaventurada la de servir en la voluntad del Señor! Y cuidadosamente insertado en este evento se encuentra un pequeño pensamiento sencillo: “…mientras Pedro recorría por todas partes”.

 Pedro ya se estaba moviendo, estaba a la disposición de puertas que estuviesen abiertas. Entonces fue cuando Dios lo dirigió a Lida. Recuerde, Dios tiene ministerios abundantes para sus santos más ocupados.

En Génesis encontramos una ilustración fascinante de la misma verdad: “Diciendo: ‘¡Bendito sea el SEÑOR, Dios de mi señor Abraham, que no apartó de mi señor su misericordia y su verdad! En el camino el SEÑOR me guió hacia la casa de los hermanos de mi Señor’” (Gen. 24:27). El siervo fue enviado por Abraham para encontrar una esposa para Isaac. Él ni siquiera sabía quién o qué estaba buscando. Pero estuvo involucrado en el servicio y el Señor se hizo cargo de resto.

Participe en la corriente dominante de lo que Dios está haciendo y deje que él lo guíe a esa voluntad perfecta.


Extraído del libro, “La voluntad de Dios” escrito por el Pastor John MacArthur y publicado por Editorial Mundo Hispano.