Cuando la obediencia parece imposible

FEBRERO, 16

Cuando la obediencia parece imposible

Devocional por John Piper

Por la fe Abraham, cuando fue probado, ofreció a Isaac… (Hebreos 11:17)

Para muchos de ustedes ahora —y para otros ya llegará el momento— la obediencia parece ser el final de un sueño. Sienten que si hacen lo que la Palabra de Dios o el Espíritu de Dios los está llamando a hacer, esto los hará miserables, y que no hay manera de que Dios lo haga todo para bien.

Quizás el mandamiento o el llamado de Dios que escuchan ahora sea quedarse casado o quedarse soltero, permanecer en ese trabajo o dejarlo, bautizarse, hablar en el trabajo acerca de Cristo, rehusarse a ceder en su estándar de honestidad, confrontar a una persona que está en pecado, aventurarse a una nueva vocación, ser un misionero. Y como lo ve nuestra mente limitada, la posibilidad de hacer esto es terrible —es como la pérdida de Isaac—.

Han considerado cada perspectiva humanamente posible y es imposible que se obtenga un buen resultado.

Ahora ya saben qué es lo que Abraham sintió. Esta historia de la Biblia es para ustedes.

¿Desean a Dios y sus caminos y sus promesas más que a nada, y creen que él puede honrar y honrará la fe y obediencia de ustedes, al no avergonzarse de llamarse su Dios, y usar toda su sabiduría y poder y amor para convertir este camino de obediencia en un camino de vida y gozo?

Esa es la crisis que enfrentan ahora: ¿Lo desean? ¿Confiarán en él? La palabra de Dios para ustedes es que Dios es digno y Dios es capaz.


Devocional tomado del sermón “La esperanza de los exiliados en la Tierra”

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Cada paso dado hacia el calvario fue por amor

FEBRERO, 15

Cada paso dado hacia el calvario fue por amor

Devocional por John Piper

En esto conocemos el amor: en que Él puso su vida por nosotros… (1 Juan 3:16)

El amor de Cristo por nosotros en su muerte fue tan consciente como fue intencional su sufrimiento. Si fue intencional al dar su vida, fue por nosotros. Fue amor.

Antes de la fiesta de la Pascua, sabiendo Jesús que su hora había llegado para pasar de este mundo al Padre, habiendo amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el fin (Juan 13:1).

Cada paso dado hacia el Calvario significaba: «te amo».

Por lo tanto, sentir el amor de Cristo al dar su vida por nosotros ayuda a ver que fue totalmente intencionado.

Observemos lo que Jesús dijo inmediatamente después del momento violento en que Pedro trató de atravesar el cráneo del siervo, pero que solo le cortó la oreja.

Entonces Jesús le dijo: Vuelve tu espada a su sitio, porque todos los que tomen la espada, a espada perecerán. ¿O piensas que no puedo rogar a mi Padre, y Él pondría a mi disposición ahora mismo más de doce legiones de ángeles? Pero ¿cómo se cumplirían entonces las Escrituras que dicen que así debe suceder? (Mateo 26:52-54).

Una cosa es decir que los detalles de la muerte de Jesús fueron predichos en el Antiguo Testamento; pero es ir mucho más allá decir que Jesús mismo estaba tomando decisiones precisamente para asegurarse de que las Escrituras se cumplieran.

Eso es lo que Jesús dijo que estaba haciendo en Mateo 26:54: «Yo podría escaparme de esta desgracia, pero ¿cómo se cumplirían entonces las Escrituras que dicen que así debe suceder?».

No estoy escogiendo el camino que podría escoger para salirme de estas circunstancias porque conozco las Escrituras. Sé lo que debe ocurrir. Es mi elección cumplir con todo lo que se ha predicho de mí en la Palabra de Dios.


Devocional tomado del articulo “The Intensity of Christ’s Love and the Intentionality of His Death”

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Cristo es el medio y el fin

FEBRERO, 14

Cristo es el medio y el fin

Devocional por John Piper

Con Cristo he sido crucificado, y ya no soy yo el que vive, sino que Cristo vive en mí; y la vida que ahora vivo en la carne, la vivo por fe en el Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí. (Gálatas 2:20)

¿Para qué creó Dios el universo y por qué lo está gobernando de la manera que lo hace? ¿Qué es lo que Dios está logrando? ¿Es Jesucristo un medio para este fin, o es el fin de este logro?

Jesucristo es la revelación suprema de Dios. Él es Dios en forma humana. Como tal, él es el fin, y no un medio.

La manifestación de la gloria de Dios es la razón de la existencia del universo. Es esto lo que Dios está logrando. Los cielos y la historia del mundo «declaran la gloria de Dios».

Sin embargo, Jesucristo fue enviado a hacer algo que debía hacerse. Él vino a remediar la caída del hombre. Vino a rescatar a los pecadores de la destrucción inevitable por su pecado. Los que sean rescatados verán y saborearán y reflejarán la gloria de Dios con gozo eterno.

Otros continuarán amontonando desdén hacia la gloria de Dios. Así que Jesucristo es el medio para lo que Dios quería lograr en la manifestación de su gloria para el regocijo de su pueblo.

Pero en ese logro en la cruz, al morir por los pecadores, Cristo revela de manera suprema el amor y la justicia del Padre. Esa fue la cumbre de la revelación de la gloria de Dios —la gloria de su gracia—.

Por lo tanto, en el preciso momento de su acto perfecto como medio para llevar a cabo el propósito de Dios, Jesús se convirtió en el fin de ese propósito. Al morir en el lugar de los pecadores y al resucitar por la vida de ellos, Cristo se convirtió en la revelación central y suprema de la gloria de Dios.

El Cristo crucificado es, por lo tanto, tanto el medio como el fin del propósito de Dios en el universo.

Sin su obra, el fin de revelar la plenitud de la gloria de Dios para el regocijo del pueblo de Dios no habría ocurrido.

Y en esa misma obra como medio, Cristo se convirtió en el fin —aquel que será por siempre el centro de nuestra adoración, mientras pasamos la eternidad viendo y saboreando más y más de lo que él reveló de Dios cuando se convirtió en maldición por nosotros—.

Jesús es el fin por el que el universo fue creado, y es el medio que hace posible que podamos gozar de ese fin.


Devocional tomado del articulo “A Good Friday Meditation: Christ and the Meaning of the Universe”

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La ciudad perfecta

FEBRERO, 13

La ciudad perfecta

Devocional por John Piper

Pues [Dios] les ha preparado una ciudad. (Hebreos 11:16)

Sin contaminación, ni grafito, ni basura, ni paredes despintadas o garajes de podredumbre, ni césped muerto o botellas quebradas, ni lenguaje grosero de la calle, ni confrontaciones con actitud desafiante, ni violencia doméstica, ni peligros en la noche, ni incendios provocados o mentiras o robos o asesinatos, sin vandalismos y sin monstruosidades.

La ciudad de Dios será perfecta porque Dios estará en ella. Él caminará y hablará y se manifestará en cada parte de esta ciudad. Todo lo que es bueno y hermoso y santo y pacífico y verdadero y feliz existirá en ese lugar, porque Dios estará ahí.

La justicia perfecta estará presente, así como recompensa que retribuye mil veces cada dolor sufrido en obediencia a Cristo. Y nunca se deteriorará. Es más, brillará cada vez más a medida que la eternidad va estirándose hacia una era infinita de gozo creciente.

Cuando deseamos esta ciudad por sobre todas las cosas en la tierra estamos dando honor a Dios, quien, de acuerdo a Hebreos 11:10, es el arquitecto y constructor de la ciudad. Cuando honramos a Dios, él se agrada y no se avergüenza de ser llamado nuestro Dios.


Devocional tomado del sermón “La esperanza de los exiliados en la Tierra”

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La providencia de Lincoln

FEBRERO, 12

La providencia de Lincoln

Devocional por John Piper

¡Oh, profundidad de las riquezas y de la sabiduría y del conocimiento de Dios! ¡Cuán insondables son sus juicios e inescrutables sus caminos! (Romanos 11:33)

Abraham Lincoln, quien naciera en este día en 1809, en lo que respecta a religión permaneció escéptico, y hasta a veces cínico, como hasta los cuarenta años. Es por eso que llama la atención cómo el sufrimiento personal y nacional llevó a Lincoln hacia la realidad de Dios en lugar de alejarlo.

En 1862, cuando Lincoln tenía 53 años, su hijo de 11 años, Willie, murió. La esposa de Lincoln «trató de lidiar con la pena acudiendo a médiums de la Nueva Era». Lincoln recurrió a Phineas Gurley, pastor de la iglesia New York Avenue Presbyterian Church en Washington.

Varias largas conversaciones llevaron a lo que Gurley describía como «una conversión para Cristo». Lincoln contó que «fui movido muchas veces a ponerme de rodillas debido a un sentimiento de convicción tan incontenible que no tenía adonde más ir».

De manera similar, los horrores de las muertes y soldados heridos lo torturaban a diario. Había cincuenta hospitales para los heridos en Washington. La rotonda del Capitolio acomodó 2000 catres para soldados heridos.

Normalmente, morían cincuenta soldados al día en estos hospitales transitorios. Todo esto llevó a Lincoln de una manera más profunda a la providencia de Dios. «No podemos hacer otra cosa más que creer que Aquel que creó el mundo lo sigue gobernando».

La declaración más famosa que hiciera sobre la providencia de Dios en relación a la Guerra Civil fue su Segundo Discurso de Toma de Posesión, pronunciado un mes antes de que fuera asesinado. Es notable por no presentar a Dios como simpatizante ni de la causa de la Unión ni de la causa de la Confederación. Dios tiene sus propios propósitos y no justifica el pecado de ninguna de las partes.

Con gran afecto esperamos —con fervor oramos— que este tremendo azote de la guerra pueda pasar rápidamente…

Pero si es de Dios que esto continúe hasta que todas las riquezas acumuladas por doscientos años de trabajo duro de esclavos, sin contrapartida, se hayan acabado, y hasta que cada gota de sangre extraída con el látigo haya sido pagada con otra extraída con la espada, como fuera dicho hace tres mil años atrás, deberá decirse aún: «los juicios del Señor son verdaderos, todos ellos justos».

Oro para que todos aquellos que sufren pérdidas, daños y gran dolor, que el sufrimiento los despierte, así como lo hizo en Lincoln, para producir no un nihilismo vacío sino una profunda confianza en la sabiduría infinita y el amor de la providencia inescrutable de Dios.


Devocional tomado del articulo “Abraham Lincoln’s Path to Divine Providence”

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La mejor forma de esclavitud

FEBRERO, 11

La mejor forma de esclavitud

Devocional por John Piper

Porque el que fue llamado por el Señor siendo esclavo, liberto es del Señor; de la misma manera, el que fue llamado siendo libre, esclavo es de Cristo. (1 Corintios 7:22)

Yo habría esperado que Pablo intercambiara los lugares de Señor y Cristo.

Él relaciona nuestra liberación con el hecho de que Jesús sea nuestro Amo y Señor («liberto es del Señor»), y relaciona nuestra esclavitud con Jesús como nuestro Mesías («esclavo es de Cristo»). Pero en realidad el Mesías vino a liberar a su pueblo de sus captores, y los amos toman el control de la vida de la gente que liberan.

¿Por qué lo dice de esta manera? Una sugerencia: el intercambio tiene dos efectos en nuestra nueva libertad y dos efectos en nuestra nueva esclavitud.

Al llamarnos «libertos del Señor», él asegura y limita nuestra nueva libertad:

1. Su señorío es por encima del de todos los otros señores, por lo que nuestra liberación no es disputada —está segura—.

2. Al ser liberados de los otros señores no nos liberamos de él. Nuestra libertad es misericordiosamente limitada.

Al llamarnos «esclavos de Cristo», él suaviza y endulza nuestra esclavitud:

1. El Mesías reclama a los que son suyos desde los confines del cautiverio a espacios amplios de paz: «el aumento de su soberanía y de la paz no tendrán fin» (Isaías 9:7).

2. Y él los hace suyos para darles el gozo más dulce: «…con miel de la peña te saciaría». (Salmos 81:16). Y esa peña o Roca es Cristo.


Devocional tomado del articulo “The Happy Paradoxes of Christian Freedom and Slavery”

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La fe salvadora no se satisface fácilmente

FEBRERO, 10

La fe salvadora no se satisface fácilmente

Devocional por John Piper

Y si en verdad hubieran estado pensando en aquella patria de donde salieron, habrían tenido oportunidad de volver. Pero en realidad, anhelan una patria mejor, es decir, celestial.(Hebreos 11:15-16)

La fe ve el futuro prometido que Dios ofrece y lo «anhela». Insistamos en este pensamiento por un momento.

Hay muchas personas que diluyen lo que es la fe salvadora al hacer de ella una simple decisión que no conlleva ningún cambio en lo que uno desea y busca. Pero el punto de este pasaje es que vivir y morir por fe significa tener nuevos deseos y buscar nuevas satisfacciones.

El versículo 14 dice que los santos de antaño (que son elogiados por su fe en Hebreos 11) buscaban una patria diferente a la que este mundo les ofrecía. El versículo 16, mencionado anteriormente, dice que ellos estaban anhelando algo mejor que lo que una existencia terrenal podía ofrecer en el presente.

Ellos estaban tan aferrados a Dios que nada menos que el cielo podía satisfacerlos.

Esta es la verdadera fe salvadora: ver las promesas de Dios desde lejos y experimentar un cambio en los valores —de manera que uno desee y busque las promesas por encima de lo que el mundo tiene para ofrecer—.


Devocional tomado del sermón “La esperanza de los exiliados en la Tierra”

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Mejor que el dinero, el sexo y el poder

FEBRERO, 09

Mejor que el dinero, el sexo y el poder

Devocional por John Piper

Por tanto, no desechéis vuestra confianza, la cual tiene gran recompensa. (Hebreos 10:35)

Tenemos que meditar en la superioridad de Dios como nuestra gran recompensa por sobre todo lo que el mundo tiene para ofrecer. Si no lo hacemos, amaremos el mundo como el resto lo hace, y viviremos como todos los demás.

Tomemos las cosas que mueven al mundo y meditemos en lo bueno y perpetuo que Dios es en comparación. Consideremos el dinero, el sexo o el poder, y pensemos acerca de ellos en relación con la muerte. La muerte acabará con cada uno de ellos. Si vivimos para ellos, no conseguiremos mucho; y lo que lleguemos a conseguir, lo perdemos.

En cambio, el tesoro de Dios permanece, dura, va más allá de la muerte. Es mejor que el dinero porque Dios posee todo el dinero y es nuestro Padre. «Todo es vuestro, y vosotros de Cristo, y Cristo de Dios» (1 Corintios 3:22-23).

Es mejor que el sexo. Jesús nunca tuvo relaciones sexuales y fue el ser humano más pleno y completo que existirá por siempre. El sexo es una sombra —una imagen— de una realidad más grande, de una relación y un placer que harán que el sexo parezca un bostezo.

La recompensa de Dios es mejor que el poder. No existe mayor poder humano que el de ser un hijo del Dios Todopoderoso. «¿No sabéis que hemos de juzgar a los ángeles?» (1 Corintios 6:3).

Y así continúa la lista. Dios es mejor y más permanente que todo lo que el mundo tiene para ofrecer.

No hay comparación. Dios gana —cada vez—. La pregunta es la siguiente: ¿Lo tendremos nosotros a él? ¿Nos despertaremos del trance de este mundo estupefaciente, para en su lugar ver y creer y regocijarnos y amar?


Devocional tomado del sermón “El poder presente de una posesión futura”

Contento de no ser Dios

FEBRERO, 08

Contento de no ser Dios

Devocional por John Piper

Tributad al Señor, oh familias de los pueblos, tributad al Señor gloria y poder.(Salmos 96:7)

He aquí lo que yo pienso que debería ser parte de la experiencia plena de lo que el salmista llama a hacer cuando dice: «tributad [= dad] al Señor gloria y poder».

Primero, por la gracia de Dios, prestamos atención a Dios y vemos que él es fuerte. Prestamos atención a su fortaleza. Luego aprobamos la grandeza de su fuerza y le damos el respeto que merece por su valor.

Nos damos cuenta de que su fortaleza es increíble. Pero lo que hace que este asombro sea un tipo de maravilla que «se entrega» es que estemos especialmente contentos de que esta grandeza en fortaleza sea de él y no nuestra.

Sentimos una profunda idoneidad en el hecho de que él sea infinitamente fuerte y no nosotros. Amamos esa verdad. No envidiamos a Dios por su fortaleza. No codiciamos su poder. Estamos llenos de gozo de que toda la fuerza sea suya.

Todo nuestro ser se regocija al contemplar este poder como si hubiéramos llegado a la celebración de la victoria de un corredor de fondo que nos ganó en la carrera, y sintiéramos el gozo más grande al admirar su fortaleza, en lugar de resentir nuestra derrota.

Encontramos el significado más profundo de la vida cuando nuestro corazón se abre libremente a admirar el poder de Dios, en lugar de volcarse hacia adentro y jactarse en el de uno mismo —o siquiera pensar en el de uno mismo—. Descubrimos algo impresionante: es profundamente gratificante no ser Dios, y desistir a todos nuestros pensamientos y deseos de ser Dios.

Al prestar atención al poder de Dios, aumenta nuestro entendimiento de que Dios creó el universo con este motivo: que pudiéramos tener la experiencia supremamente gratificante de no ser Dios, sino de admirar la divinidad de Dios —la fortaleza de Dios—. Se asienta en nosotros la paz que conlleva el darnos cuenta de que la admiración de lo infinito es el fin de todas las cosas.

Nos estremece pensar en la mínima tentación de atribuirnos cualquier poder como si viniera de nosotros. Dios nos creó débiles para protegernos de eso: «Pero tenemos este tesoro en vasos de barro, para que la extraordinaria grandeza del poder sea de Dios y no de nosotros» (2 Corintios 4:7).

¡Oh, cuán grande amor es este, que Dios nos proteja de reemplazar las alturas de la eterna admiración de su poder con el intento vano de jactarnos en el nuestro!


Devocional tomado del libro “How Do You “Give” God Strength?”

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Avances importantes en la última hora

FEBRERO, 07

Avances importantes en la última hora

Devocional por John Piper

Y decía: Jesús, acuérdate de mí cuando vengas en tu reino. (Lucas 23:42)

Uno de los enemigos mortales de la esperanza es el hecho de haber tratado de cambiar por mucho tiempo y no haberlo logrado.

Miramos hacia atrás y pensamos: ¿Qué sentido tiene? Aún si lograra hacer un avance importante, no me quedaría mucho tiempo para vivir de esta nueva manera, en comparación con las muchas décadas de fracasos.

El ratero de antaño (el ladrón en la cruz al costado de Jesús) vivió aproximadamente por una hora más antes de morir. Él fue transformado. Vivió en la cruz como un hombre nuevo, con nuevas actitudes y acciones (no más insultos). Pero si el 99.99 % de su vida fue un desperdicio, ¿tendrá importancia el último par de horas de vida como hombre nuevo?

Importa de manera infinita. Este antiguo ladrón, como todos nosotros, se presentará ante el tribunal de Cristo para rendir cuentas por su vida. «Porque todos nosotros debemos comparecer ante el tribunal de Cristo, para que cada uno sea recompensado por sus hechos estando en el cuerpo, de acuerdo con lo que hizo, sea bueno o sea malo» (2 Corintios 5:10). ¿Cómo es que su vida dará testimonio de su nuevo nacimiento y su unión con Cristo en ese día?

Las últimas horas contarán la historia. Este hombre era un hombre nuevo. Su fe era real. Él estaba verdaderamente unido a Cristo. La justicia de Cristo es suya. Sus pecados son perdonados.

Eso es lo que las últimas horas proclamarán en el juicio final. Su cambio era importante. Ese fue, y será, un hermoso testimonio del poder de la gracia de Dios y de la realidad de la fe de ese hombre y de su unión con Cristo.

Regresando a nuestra lucha por cambiar, no digo que los creyentes que luchan por cambiar no sean salvos, como el ladrón. Simplemente estoy diciendo que los últimos años y horas de vida son importantes.

Si en el último 1 % de nuestra vida podemos obtener la victoria sobre un hábito pecaminoso que tuviéramos por muchos años o sobre un defecto dañino de nuestra personalidad, esta victoria será un maravilloso testimonio del poder de la gracia, y será un testimonio añadido (no el único) de nuestra fe en Cristo y nuestra unión con él en el juicio final.

Tengan ánimo, aquellos que luchan. Continúen pidiendo, buscando, tocando. Continúen mirando a Cristo. Si Dios es glorificado al salvar a ladrones en la última hora, ciertamente él tiene un propósito en haber esperado hasta esta hora para darles la victoria que buscaron por tantas décadas.


Devocional tomado del libro “It’s Never Too Late to Keep Asking”

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