La esperanza para personas imperfectas

ENERO, 04

La esperanza para personas imperfectas

Devocional por John Piper

Porque por una sola ofrenda Él ha hecho perfectos para siempre a los que son santificados.(Hebreos 10:14)

Este versículo es totalmente alentador para pecadores imperfectos como nosotros, y nos llena de motivación para buscar la santidad.

Lo que significa es que podemos tener la certeza de que, a los ojos de nuestro Padre celestial, fuimos perfeccionados y estamos completos; no porque seamos perfectos ahora, sino precisamente porque, aunque aún no somos perfectos, estamos siendo «santificados», «hechos santos». Por la fe en las promesas de Dios, estamos distanciándonos de nuestras pertinaces imperfecciones, para acercarnos cada vez más a la santidad.

¿Nos hace nuestra fe desear abandonar el pecado y crecer en santidad? Ese es el tipo de fe que, en medio de la imperfección, puede mirar a Cristo y decir: «Ya me has hecho perfecto a tus ojos».

Esa es la fe que dice: «Cristo, hoy he pecado. Pero aborrezco mi pecado, porque tú has escrito tu ley en mi corazón y anhelo cumplirla. Estás obrando en mí lo que es agradable a tus ojos, y por eso odio el pecado que todavía hay en mí y los pensamientos pecaminosos que todavía guardo».

Esa es la fe verdadera y realista que salva. No es la jactancia del fuerte. Es el clamor del débil en necesidad de un Salvador.

Los invito y los insto a ser lo bastante débiles para confiar en Cristo de esta manera.


Devocional tomado del sermón “Perfeccionados para siempre mediante una sola ofrenda” 

La fe más pequeña

ENERO, 03

La fe más pequeña

Devocional por John Piper

Así que no depende del que quiere ni del que corre, sino de Dios que tiene misericordia. (Romanos 9:16)

Dejemos en claro desde el principio del año que, como creyentes en Jesús, todo lo que recibamos de Dios este año será misericordia. Sin importar cuáles sean los deleites o aflicciones que tengamos por delante, todo será misericordia.

Esa es la razón por la que Cristo vino al mundo: «para que los gentiles glorifiquen a Dios por su misericordia» (Romanos 15:9). Nacimos de nuevo «según su gran misericordia» (1 Pedro 1:3). Oramos a diario «para alcanzar misericordia» (Hebreos 4:16), y ahora estamos «esperando ansiosamente la misericordia de nuestro Señor Jesucristo para vida eterna» (Judas 1:21). Si un cristiano demuestra ser fiel, es porque «ha alcanzado misericordia del Señor para ser fiel» (1 Corintios 7:25).

En Lucas 17:5, los apóstoles rogaron al Señor: «¡Auméntanos la fe!». Jesús les respondió: «Si tuvierais fe como un grano de mostaza, diríais a este sicómoro: “Desarráigate y plántate en el mar”. Y os obedecería» (Lucas 17:6). En otras palabras, la vida cristiana y el ministerio no dependen de la intensidad o cantidad de fe que tengamos, ya que eso no es lo que desarraiga árboles. Dios es quien lo hace. Por consiguiente, la fe que realmente nos une a Cristo, por muy pequeña que sea, nos dará suficiente poder del Señor para suplir todas nuestras necesidades.

Pero ¿qué hay de nuestros logros? ¿Acaso nuestra obediencia nos impide rogar por misericordia? Jesús nos da la respuesta en Lucas 17:7-10:

«¿Quién de vosotros tiene un siervo arando o pastoreando ovejas, y cuando regresa del campo, le dice: “Ven enseguida y siéntate a comer”? ¿No le dirá más bien: “Prepárame algo para cenar, y vístete adecuadamente, y sírveme hasta que haya comido y bebido; y después comerás y beberás tú”? ¿Acaso le da las gracias al siervo porque hizo lo que se le ordenó? Así también vosotros, cuando hayáis hecho todo lo que se os ha ordenado, decid: “Siervos inútiles somos; hemos hecho sólo lo que debíamos haber hecho”.»

Por consiguiente, concluyo que la obediencia más completa y la fe más pequeña reciben la misma recompensa de parte de Dios: misericordia. Una fe del tamaño de un mero grano de mostaza se nutre de aquella misericordia que hace posible mover árboles. Asimismo, aun con una obediencia intachable, seguimos siendo absolutamente dependientes de la misericordia.

El punto es el siguiente: Cualquiera sea el momento o la forma en que se manifieste la misericordia de Dios, nunca estamos por encima de la condición de ser beneficiarios de esta. Dependemos totalmente y para siempre de lo que no merecemos.

Por lo tanto, ¡humillémonos, regocijémonos y «glorifiquemos a Dios por su misericordia»!


Devocional tomado del articulo “All We Will Get in 2002 Is Mercy”

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Lo que Jesús hizo a la muerte

ENERO, 02

Lo que Jesús hizo a la muerte

Devocional por John Piper

Y así como está decretado que los hombres mueran una sola vez, y después de esto, el juicio, así también Cristo, habiendo sido ofrecido una vez para llevar los pecados de muchos, aparecerá por segunda vez, sin relación con el pecado, para salvación de los que ansiosamente le esperan. (Hebreos 9:27-28)

La muerte de Jesús carga con pecados. Es el verdadero corazón del cristianismo y el corazón del evangelio y el corazón de la gran obra de redención de Dios en el mundo. Cuando Cristo murió, llevó consigo el pecado. Tomó pecados que no eran suyos. Sufrió por los pecados que otras personas habían cometido, para que ellos pudieran ser libres del pecado.

Esa es la solución para el mayor problema de nuestra vida, ya sea que lo sintamos o no como el problema principal. Hay una forma de ponernos a cuentas con Dios, a pesar de que somos pecadores: la muerte de Jesús es «una ofrenda para cargar los pecados de muchos». Él quitó nuestros pecados, los llevó a la cruz y allí murió la muerte que nosotros merecíamos morir.

Ahora bien, ¿cuál es la implicación respecto de mi muerte? «Está decretado que [yo muera] una sola vez.» Mi muerte ya no es punitiva; ya no es más un castigo por el pecado. Mi pecado ha sido borrado; ha sido «quitado» por la muerte de Cristo. Cristo tomó mi castigo.

Entonces, ¿por qué morimos? Porque la voluntad de Dios es que la muerte permanezca en el mundo, aun entre sus propios hijos, para dar testimonio de los terribles horrores del pecado. En nuestra muerte, aún se ven los efectos externos del pecado en el mundo.

Sin embargo, para los hijos de Dios, la muerte ya no es la manifestación de su ira contra ellos. Para nosotros, la muerte se ha convertido en la puerta de entrada a la salvación, no a la condenación.


Devocional tomado del sermón “¿Qué hará Cristo en la segunda venida?”  

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Gracia para el nuevo año

ENERO, 01

Gracia para el nuevo año

Devocional por John Piper

Pero por la gracia de Dios soy lo que soy, y su gracia para conmigo no resultó vana; antes bien he trabajado mucho más que todos ellos, aunque no yo, sino la gracia de Dios en mí. (1 Corintios 15:10)

La gracia no solo es la disposición de Dios para bendecirnos cuando no lo merecemos. Es el poder de Dios que, en efecto, obra y hace que ocurran cosas buenas en nosotros y para nosotros.

La gracia de Dios en Pablo era la obra de Dios en él que lo hacía trabajar arduamente. Por eso, cuando Pablo dijo que nos ocupemos de nuestra salvación, luego añadió: «porque Dios es el que en vosotros produce así el querer como el hacer, por su buena voluntad» (Filipenses 2:13). La gracia es el poder de Dios que produce buenas obras en nosotros y para nosotros.

Esa gracia es del pasado y del futuro. Está siempre cayendo, como una cascada, sobre la catarata infinitesimal del presente: proviene del inagotable río de la gracia que viene a nosotros del futuro hacia la siempre creciente reserva de gracia en el pasado.

En los próximos cinco minutos, recibiremos la gracia que fluye a nosotros del futuro para nuestro sustento, y acumulará otros cinco minutos de gracia en la reserva del pasado. La respuesta adecuada por la gracia que hemos experimentado en el pasado es gratitud; y la respuesta adecuada por la gracia que Dios promete para nuestro futuro es fe. Estamos agradecidos por la gracia que hemos recibido este último año, y confiamos en que contaremos con gracia venidera para el nuevo año.


Devocional tomado del articulo “Reconstrucción de algunos conceptos básicos de Bethlehem: El poder purificador de vivir por fe en la gracia futura”

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Ensayo de mi muerte

DICIEMBRE, 31

Ensayo de mi muerte

Devocional por John Piper

Tú los has barrido como un torrente, son como un sueño; son como la hierba que por la mañana reverdece; por la mañana florece y reverdece; al atardecer se marchita y se seca… Enséñanos a contar de tal modo nuestros días, que traigamos al corazón sabiduría. (Salmo 90:5-612)

Para mí, el fin de año es como el fin de la vida; y el 31 de diciembre, a las 11:59 pm, es como el momento de mi muerte.

Los 365 días del año son como una vida entera en miniatura, y estas últimas horas son como los últimos días en el hospital después de que el médico me haya dicho que se acerca el momento de mi muerte. En esas últimas horas, todo lo que viví ese año pasa delante de mis ojos, y me enfrento a la pregunta inevitable: ¿Habré vivido bien la vida? ¿ Jesucristo, el juez justo, me dirá «Bien hecho, siervo bueno y fiel»?

Me siento muy afortunado de que esta sea la forma de terminar mi año. Y oro para que el fin de año cobre el mismo significado para ustedes.

La razón por la que me siento afortunado es que es una gran ventaja haber hecho una prueba de mi propia muerte. Es un gran beneficio ensayar una vez al año la preparación de la ultima escena de la vida. Es en verdad beneficioso porque la mañana del primero de enero hallará vivos a la mayoría de nosotros, en el comienzo de toda una nueva vida, con la capacidad de empezar todo desde cero una vez más.

Lo mejor de los ensayos es que nos muestran dónde están nuestras debilidades, dónde falta mas preparación; y nos dejan tiempo para cambios antes de la verdadera puesta en escena.

Supongo que para algunos de ustedes el pensamiento de morir es tan mórbido, tan triste y cargado de duelo y dolor que harán lo posible para no pensar en ello, especialmente durante las fiestas. Creo que eso es imprudente y que los perjudicaría mucho. Pues he descubierto que hay pocas cosas que provoquen cambios radicales en mi vida como el meditar periódicamente en mi propia muerte.

¿Cómo traeremos al corazón sabiduría para saber cómo vivir de la mejor manera? El salmista responde:

Tú los has barrido como un torrente, son como un sueño; son como la hierba que por la mañana reverdece; por la mañana florece y reverdece; al atardecer se marchita y se seca… Enséñanos a contar de tal modo nuestros días, que traigamos al corazón sabiduría (Salmos 90:5-612).

Contar nuestros días simplemente significa recordar que nuestra vida es corta y que nuestra muerte está cerca. Gran sabiduría —tan grande como para cambiar la vida radicalmente— proviene de tener estas reflexiones con cierta frecuencia.

El criterio del éxito que Pablo usaba para medir su vida era si había perseverado en la fe. Es en esto que quiero hacer hincapié.

Si ustedes descubren que no perseveraron en la fe en este año que termina, pueden alegrarse, como yo me alegro, de que este fin de año la muerte es solo un ensayo (o eso esperamos), y una vida entera de fe para perseverar potencial está por delante en el próximo año.


Devocional tomado del sermón “I Have Kept the Faith”

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Revestidos de poder

DICIEMBRE, 30

Revestidos de poder

Devocional por John Piper

Y el Dios de paz, que resucitó de entre los muertos a Jesús nuestro Señor, el gran Pastor de las ovejas mediante la sangre del pacto eterno, os haga aptos en toda obra buena para hacer su voluntad, obrando Él en nosotros lo que es agradable delante de Él mediante Jesucristo, a quien sea la gloria por los siglos de los siglos. Amén. (Hebreos 13:20-21)

Cristo derramó la sangre del pacto eterno. Por medio de esta exitosa redención, obtuvo la bendición de la resurrección de entre los muertos. Ahora él es nuestro Señor y Pastor viviente.

Y gracias a todo esto, Dios hace dos cosas:

1. Nos provee de todo lo que es bueno para que podamos hacer su voluntad; y

2. Obra en nosotros lo que es agradable delante de él.

El «pacto eterno», garantizado por la sangre de Cristo, es el nuevo pacto. Y la promesa del nuevo pacto es la siguiente: «Pondré mi ley dentro de ellos, y sobre sus corazones la escribiré» (Jeremías 31:33-34). Por lo tanto, la sangre de este pacto no solo nos da la certeza de que Dios nos proveerá de lo que necesitemos para hacer su voluntad, sino que también nos asegura que Dios obrará en nosotros para hacer que esa provisión cumpla su propósito.

La voluntad de Dios no solo fue escrita en piedra o en el papel como un medio de gracia. Dios obra su voluntad en nosotros, y el resultado es que sentimos, pensamos y actuamos de una forma que agrada más a Dios.

Aún se nos manda que hagamos uso de la provisión que él nos da: «ocupaos en vuestra salvación con temor y temblor». Pero lo más importante es que se nos explica el porqué: «porque Dios es quien obra en vosotros tanto el querer como el hacer, para su beneplácito» (Filipenses 2:13).

Si tenemos la capacidad de agradar a Dios —si hacemos lo que le agrada— es porque la gracia de Dios, adquirida por el precio de la sangre de Cristo, ha pasado de ser mera provisión a omnipotente transformación.


Devocional tomado del articulo “God Gives the Equipment and Makes It Successful”

Un destino horrible

DICIEMBRE, 29

Un destino horrible

Devocional por John Piper

… Jesús, quien nos libra de la ira venidera. (1 Tesalonicenses 1:10)

¿Recuerdan haberse perdido cuando eran pequeños, o resbalarse al borde de un precipicio, o estar a punto de ahogarse, y de pronto ser rescatados? Se aferraron a su preciada vida. Temblaron por lo que casi habían perdido. Se sentieron felices, muy felices, y agradecidos. Se estremecieron de gozo.

Así me siento al final del año por haber sido rescatado de la ira de Dios. Esta Navidad encendimos la chimenea en nuestro hogar. Por momentos, el carbón estaba tan caliente que cuando lo avivaba sentía que la mano me quemaba. Retrocedí y sentí un escalofrío ante el horrendo pensamiento de la ira de Dios en el infierno por el pecado. ¡Cuán indeciblemente espantoso será!

En la tarde del día de Navidad visité a una mujer que se había quemado más del ochenta y siete por ciento del cuerpo. Ha estado internada desde agosto. Mi corazón se conmovió al verla. ¡Qué maravilloso fue darle esperanza por medio de la Palabra de Dios! Salí del hospital no solo pensando acerca de su dolor en esta vida, sino también del dolor eterno del cual fui salvo por medio de Jesús.

Considerémoslo juntos. ¿Será que este gozo estremecedor es el modo adecuado de terminar el año? Pablo se alegraba en que el Señor que está en los cielos es «Jesús, quien nos libra de la ira venidera» (1 Tesalonicenses 1:10). También nos advirtió que Dios «pagará a cada uno conforme a sus obras… a los que… no obedecen a la verdad, sino que obedecen a la injusticia: ira e indignación» (Romanos 2:8), y que «por causa de [la fornicación, la impureza y la codicia] la ira de Dios viene sobre los hijos de desobediencia» (Efesios 5:6).

Aquí estoy, a fin de año, terminando mi recorrido por la Biblia y leyendo el último libro, Apocalipsis. Es una gloriosa profecía de la victoria de Dios y del gozo eterno de todos los que «[toman] gratuitamente del agua de la vida» (Apocalipsis 22:17). No más lágrimas, no más dolor, no más depresión, no más tristeza, no más muerte (21:4).

Pero ¡cuán terrible es el destino de los que no se arrepienten ni se sujetan al testimonio de Jesús! La descripción de la ira de Dios que nos ofrece el «apóstol del amor» (Juan) es aterradora. Aquellos que rechazan el amor de Dios «beberá[n] del vino del furor de Dios, que está preparado puro en el cáliz de su ira; y será[n] atormentado[s] con fuego y azufre delante de los santos ángeles y en presencia del Cordero. Y el humo de su tormento asciende por los siglos de los siglos; y no tienen reposo, ni de día ni de noche» (Apocalipsis 14:10-11). «Y el que no se encontraba inscrito en el libro de la vida fue arrojado al lago de fuego» (20:15). Jesús «[pisará] el lagar del vino del furor de la ira de Dios Todopoderoso» (19:15). Y «del lagar [saldrá] sangre que [subirá] hasta los frenos de los caballos por una distancia como de trescientos veinte kilómetros» (14:20).

¡Tiemblo con gozo de que soy salvo! La santa ira de Dios es un destino horrible. Hermanos y hermanas, corran lejos de esa ira, corran con todas sus fuerzas. ¡Salvemos a cuantas personas podamos! ¡No me extraña que haya más gozo en los cielos por un pecador que se arrepiente que por noventa y nueve justos! (Lucas 15:7).


Devocional tomado del articulo “Trembling With Joy Over My Escape”

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La gloria es la meta

DICIEMBRE, 28

La gloria es la meta

Devocional por John Piper

Por medio de [Él] también hemos obtenido entrada por la fe a esta gracia en la cual estamos firmes, y nos gloriamos en la esperanza de la gloria de Dios. (Romanos 5:2)

Ver la gloria de Dios es nuestra esperanza final. «Nos gloriamos en la esperanza de la gloria de Dios» (Romanos 5:2). Dios nos presentará «sin mancha en presencia de su gloria con gran alegría» (Judas 24).

Él dará a conocer «las riquezas de su gloria sobre los vasos de misericordia, que de antemano Él preparó para gloria» (Romanos 9:23). Él nos llama «a su reino y a su gloria» (1 Tesalonicenses 2:12). «[Aguardamos] la esperanza bienaventurada [que es] la manifestación de la gloria de nuestro gran Dios y Salvador Cristo Jesús» (Tito 2:13).

Jesús, en toda su persona y obra, es la encarnación y revelación final de la gloria de Dios. «Él es el resplandor de su gloria y la expresión exacta de su naturaleza» (Hebreos 1:3). «Padre, quiero que los que me has dado, estén también conmigo donde yo estoy, para que vean mi gloria» (Juan 17:24).

«Por tanto, a los ancianos entre vosotros, exhorto yo, anciano como ellos y testigo de los padecimientos de Cristo, y también participante de la gloria que ha de ser revelada» (1 Pedro 5:1). «La creación misma será también liberada de la esclavitud de la corrupción a la libertad de la gloria de los hijos de Dios» (Romanos 8:21).

«Hablamos sabiduría de Dios en misterio, la sabiduría oculta que, desde antes de los siglos, Dios predestinó para nuestra gloria» (1 Corintios 2:7). «Pues esta aflicción leve y pasajera nos produce un eterno peso de gloria que sobrepasa toda comparación» (2 Corintios 4:17). «Y a los que justificó, a ésos también glorificó» (Romanos 8:30).

Ver y compartir la gloria de Dios es la esperanza final en el evangelio de Cristo.

La esperanza que realmente conocemos y atesoramos tiene un peso enorme y decisivo sobre nuestros valores y elecciones y acciones de hoy.

Profundicemos en el conocimiento de la gloria de Dios. Estudiemos la gloria de Dios, la gloria de Cristo, la gloria del mundo que revela la gloria de Dios, y la gloria del evangelio que revela la gloria de Cristo.

Atesoremos la gloria de Dios por sobre todas las cosas.

Examinemos nuestra alma. Sepamos qué es aquello cuya gloria nos seduce, y examinemos por qué atesoramos otras glorias que no son la gloria a Dios.

Examinemos nuestra propia alma para saber cómo hacer para que las glorias del mundo se derrumben como Dagón (1 Samuel 5:4), en míseros pedazos esparcidos por el piso de los templos del mundo.


Devocional tomado del libro “Rebuilding the Basics: The Centrality of God’s Glory”

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¿Cuál es nuestro objetivo?

DICIEMBRE, 27

¿Cuál es nuestro objetivo?

Devocional por John Piper

Consideremos cómo estimularnos unos a otros al amor y a las buenas obras. (Hebreos 10:24)

Cuando se levantan en la mañana y ven el día que tienen por delante, ¿qué se dicen a sí mismos acerca de lo que esperan en ese día? Cuando consideran desde el principio del día hasta el final del día, ¿qué es lo que desean que suceda porque ustedes han vivido ese día?

Si su respuesta es: «Ni siquiera lo pienso, solo me levanto y hago lo que tengo que hacer», entonces se están privando de un medio de gracia esencial y de una fuente de guía y fuerza y fructificación y gozo. En la Biblia está claramente expresado, inclusive en este texto, que Dios quiere que tengamos en la mira, a conciencia, algo significativo para nuestros días.

La voluntad revelada de Dios para ustedes, desde el momento en que se levantan en la mañana, es que no caminen por el día a la deriva, dejando que solo las meras circunstancias dicten lo que tienen que hacer, sino que apunten hacia algo —que pongan la mirada en cierto tipo de propósito—. Aquí me refiero a niños, y a adolescentes, y a adultos —sean solteros, casados, viudos, madres, y en todo tipo de oficio—.

Una vida sin rumbo es como una vida sin vida. Las hojas secas en el jardín de mi casa podrían moverse de un lugar a otro más que ninguna otra cosa —más que el perro y más que los niños—. Si el viento sopla para un lado, las hojas van para ese lado. Si el viento sopla para el otro lado, las hojas van para el otro lado. Dan vueltas, se levantan, caen, se amontonan contra un cerco, pero no tienen dirección de ningún tipo. Están llenas de movimiento, pero carentes de vida.

Dios no creó a los seres humanos a su imagen para que anduvieran sin rumbo, como hojas secas que vuelan por el patio de la vida. Él nos creó para que tengamos un propósito, algo en qué enfocarnos, un objetivo en todos nuestros días. ¿Cuál es el de ustedes hoy?


Devocional tomado del sermón “Consideremos cómo estimularnos unos a otros al amor”

 

Cómo considerar la calamidad

DICIEMBRE, 26

Cómo considerar la calamidad

Devocional por John Piper

Las ondas de la muerte me cercaron, los torrentes de iniquidad me atemorizaron… En cuanto a Dios, su camino es perfecto. (2 Samuel 22:531)

Luego de perder a sus diez hijos en un «desastre natural» (Job 1:19), Job dijo: «El Señor dio y el Señor quitó; bendito sea el nombre del Señor» (Job 1:21). Al final del libro, el inspirado autor confirma que Job comprendió lo que había sucedido, y dice que los hermanos y hermanas de Job «lo consolaron por todo el mal que el Señor había traído sobre él» (Job 42:11).

Esto tiene varias implicaciones para nosotros cuando pensamos en la gran catástrofe del 26 de diciembre de 2004 en el océano Índico —uno de los desastres naturales más mortífero que haya sido registrado—.

1. Satanás no tiene la última palabra, Dios sí.

Satanás estuvo involucrado en el sufrimiento de Job, pero su obra no fue decisiva. Dios le dio permiso a Satanás para afligir a Job (Job 1:122:10). Sin embargo, Job y el autor de este libro consideran a Dios como la causa final y decisiva. Cuando Satanás lo hirió con llagas, Job le dijo a su esposa: «¿Aceptaremos el bien de Dios y no aceptaremos el mal?» (Job 2:10), y el escritor llama a estas llagas satánicas «todo el mal que el Señor había traído sobre él» (Job 42:11). Eso significa que Satanás es real y que trae miseria, pero no es quien tiene la última palabra. Tiene una correa atada al cuello. No va más lejos de lo que Dios decididamente le permita.

2. Aún si Satanás hubiera causado el sismo del océano Indico el día siguiente a Navidad, él no es la causa decisiva de las más de 200? 000 muertes; Dios es.

Dios afirma tener poder sobre los tsunamis en Job 38:8-11, donde le hace a Job una pregunta retórica: «¿Quién encerró con puertas el mar, cuando, irrumpiendo, se salió de su seno… y dije: “Hasta aquí llegarás, pero no más allá; aquí se detendrá el orgullo de tus olas”?». El Salmo 89:8-9dice: «Oh Señor… tú dominas la soberbia del mar; cuando sus olas se levantan, tú las calmas». Y Jesús mismo hoy tiene el mismo control que tuvo una vez sobre las amenzas de muerte de las olas: «Y Él… reprendió al viento y a las olas embravecidas, y cesaron y sobrevino la calma» (Lucas 8:24). En otras palabras, aun si Satanás hubiera provocado el maremoto, Dios podría haber detenido las olas.

3. Las calamidades destructivas de este mundo son una mezcla de juicio y misericordia.

Sus propósitos no son simples. Job era un hombre piadoso y sus aflicciones no eran un castigo de Dios (Job 1:18). El motivo de su calamidad fue purificar, no castigar (Job 42:6). Pero no sabemos cuál era el estado espiritual de sus hijos. Con certeza, Job estaba preocupado por ellos (Job 1:5). Es probable que Dios les haya quitado la vida como juicio. Si eso es cierto, entonces la misma calamidad, al final, demuestra ser misericordia para Job y juicio para sus hijos. Lo mismo sucede con todas las calamidades. Son una mezcla de juicio y misericordia. Son tanto para castigar como para purificar. El sufrimiento, e incluso la muerte, pueden ser al mismo tiempo para juicio y misericordia.

La ilustración más clara de esta verdad es la muerte de Jesús. Esta fue tanto juicio como misericordia: juicio sobre Jesús porque cargó con nuestros pecados (no suyos), y misericordia para nosotros que confiamos en él para que cargara con nuestro castigo (Gálatas 3:131 Pedro 2:24) y para que fuera nuestra justicia (2 Corintios 5:21). Otro ejemplo es la maldición que yace sobre esta tierra caída por el pecado. Para aquellos que no creen en Cristo, es juicio; pero para los creyentes es una misericordiosa, aunque dolorosa, preparación para la gloria. «Porque la creación fue sometida a vanidad, no de su propia voluntad, sino por causa de aquel que la sometió, en la esperanza» (Romanos 8:20). Tal es la sujeción de la creación a Dios, y es por eso que hay tsunamis.

4. El corazón que Cristo da a su pueblo siente compasión por aquellos que sufren, independientemente de sus creencias.

Cuando la Biblia dice «llorad con los que lloran» (Romanos 12:15), no agrega «a menos que Dios haya provocado el llanto». Hubiera sido mejor que los amigos que intentaban consolar a Job lloraran con él en lugar de hablar tanto. Nada de eso cambia cuando descubrimos que el sufrimiento de Job provenía de Dios en última instancia. No; está bien llorar con los que sufren. El dolor es dolor, sin importar quien lo provoque. Todos somos pecadores. La empatía fluye no por la causa del dolor, sino por la compañía en el dolor. Y todos estamos juntos en esa situación.

5. Por último, Cristo nos llama a mostrar misericordia a aquellos que sufren, incluso cuando no lo merezcan.

Ese es el significado de la misericordia —ayuda inmerecida—. «Amad a vuestros enemigos; haced bien a los que os aborrecen» (Lucas 6:27).


Devocional tomado del articulo “Tsunami, Sovereignty, and Mercy

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